Βaruc.

Introducción.

Personalidad del autor.

Baruc (en heb. Baruj: “Bendito”), el inseparable compañero y secretario de Jeremías 1,

parece que pertenecía a la nobleza de Jerusalén 2. Hacia el 604 a.C. aparece ya como secretario

del profeta 3, y más tarde coopera con éste en la compra del campo de Anatot4. Después de la

caída de Jerusalén (586) y de la muerte del gobernador Godolías, fue conducido con su maestro

Jeremías a Egipto5. Hacia el 582 aparece en Babilonia con un mensaje de esperanza a los exilados,

sin duda enviado por el propio Jeremías6. En 581 aparece de nuevo en Jerusalén para traer

parte de los vasos sagrados y llevar una colecta de dinero a los judíos que habían quedado en Palestina;

y les leyó su libro en la fiesta de los Tabernáculos.

Contenido y estructura del libro.

Según la Vg, el llamado libro de Baruc tiene dos partes: los c.1-5, del propio Baruc, y el

c.6, que contiene una epístola de Jeremías. Ambas partes aparecen claramente separadas en los

LXX. El libro propiamente atribuido a Baruc suele ser dividido en cuatro partes:

1. Introducción histórica (1:3-14): Lectura del libro ante los exilados. Colecta de dinero

y transmisión de ésta a los habitantes de Jerusalén.

2. Confesión y plegaria de los judíos exilados (1:15-3:8).

3. Panegírico de la sabiduría (3:9-4:4).

4. Triple exhortación (4:5-5:9): a la fidelidad a la Ley, a la paciencia y a la esperanza.

Lengua y lugar en el canon.

Sólo poseemos el texto griego del libro de Baruc, y por ello ha sido considerado como

deuterocanónico. Las versiones Vetus latina (actual de la Vg, pues San Jerónimo no hizo traducción

especial) 7 y las siríacas Peshitta y hexaplar están hechas sobre el texto griego. No obstante,

es común entre los autores el suponer la existencia de un texto hebraico primitivo del que se deriva

la traducción de los LXX 8, pues se encuentran muchos hebraísmos e incluso confusión de

palabras parecidas hebreas por el traductor 9. Recientemente se ha discutido el origen hebraico

2190

del fragmento 3:9-5:9 y del c.6 10, porque reflejan un griego sumamente clasicista.

Autenticidad.

La opinión tradicional es que este libro es de Baruc, secretario de Jeremías, como reza el

título del mismo: “Palabras que escribió Baruc, hijo de Nerías., en el año quinto. después que los

caldeos tomaron Jerusalén y la incendiaron.” 11 Dadas las múltiples alusiones al libro de Jeremías,

el libro de Baruc y la Epístola de Jeremías se citaban con el nombre de Jeremías en los primeros

siglos 12, y ésta es la razón de que Baruc falte en la enumeración de muchos catálogos canónicos.

Sin embargo, los comentaristas modernos difícilmente reconocen la paternidad literaria

del secretario de Jeremías a este opúsculo que lleva el nombre de Baruc. Las razones son, sobre

todo, de índole histórica: la introducción histórica (1:1-14) parece totalmente artificial y llena de

inexactitudes históricas difícilmente comprensibles en un autor que viviera en Babilonia en los

primeros años del exilio. Así, no es fácil que el rey Jeconías — encarcelado — asistiera a la lectura

del libro de Baruc 13. También parece extraño lo que se dice del retorno de los vasos sagrados

llevados por Nabu-codonosor 14, y el ruego a los judíos que están en Palestina para que oren

por Nabucodonosor 15 y por su hijo Baltasar (que fue hijo de Nabónides, último rey de Babilonia).

Además, se dice que el sumo sacerdote de Jerusalén era Joaquim, cuando sabemos por 1 Par

6:15 (5:41) que el sumo sacerdote era Josedec, que estaba en Babilonia y no en Palestina.

Es rara también la suposición de que sobre las ruinas humeantes del templo continuaran

los sacrificios normalmente, cuando sabemos que el altar de los sacrificios fue reedificado después

de la repatriación 16. Por otra parte, se sugiere que Bar 1:15-2:18 depende de Dan 9:4-19,

que es de la época macabea (166-165 a.C.).

A esta argumentación contestan los mantenedores de la tesis tradicional que se puede suponer

que el rey Jeconías gozara de una libertad relativa, y así es concebible que escuchara la

lectura de Baruc. Por otra parte, el sacerdote Joaquim puede considerarse como un representante

de Josedec en Palestina. Respecto de los sacrificios en las ruinas del templo, sabemos por Jer

41:5 que se continuaban ofreciendo sacrificios en el lugar del templo después de su destrucción.

En cuanto a la mención de Baltasar como hijo de Nabucodonosor, dicen estos autores que bien

pudiera ser un hijo desconocido de éste, aparte de su heredero Evil-Marduk. Respecto de la supuesta

dependencia de Bar 1:15-2:18 de Dan 9:4-19, pueden invertirse los términos, ya que en

Daniel el fragmento parece desplazado del contexto, de forma que probablemente es una adición

posterior. La semejanza de Bar 5:5-9 y el salmo de Salomón 11:2-7 puede mejor explicarse suponiendo

que éste depende de aquél. Por otra parte, Bar 1:15-3:8 y 3:9-5:9 tienen gran afinidad

con textos del libro de Jeremías17, si bien Bar 4:36-5:9 tiene analogías con el Deutero-Isaías.

Los que niegan a Baruc, secretario de Jeremías, la paternidad literaria de este libro, suelen

proponer como época de composición del mismo la de la dominación persa seléucida, y así

explican la ausencia de este escrito en el canon judaico. Algunos autores más radicales dan como

fecha de composición la que sigue a la destrucción de Jerusalén por Tito (70 a.C.), porque, fuera

de la catástrofe del 586, no ha habido otra destrucción del templo de Jerusalén hasta la definitiva

por las tropas romanas. Entre los católicos no faltan quienes sostengan que parte del libro de Baruc

es posterior al contemporáneo de Jeremías. Así, P. Heinisch supone que Bar 3:9-4:4 es posterior

al exilio, mientras que 4:5-5:9 sería de fines del destierro 18. A. M. Dubarle coloca la composición

de 3:9-4:4 en la mitad del siglo IV a.C. 19.

2191

Canonicidad.

El libro de Baruc no figura en el canon judaico; sin embargo, hay indicios de que formó

parte de él por algún tiempo, pues además de haberlo traducido los LXX, Teodoción — que sólo

tradujo los libros canónicos judaicos — lo vertió al griego. Por otra parte, Baruc aparece en las

antiguas listas judaicas con el título de “Jeremías con Baruc, Lamentaciones y la Epístola.” 20

Además, sabemos por ciertos testimonios cristianos primitivos que Baruc era leído en las sinagogas

21. En la tradición cristiana es común la aceptación de Baruc como canónico e inspirado 22.

Sólo en el siglo IV hay dudas transitorias sobre su canonicidad, debidas a la posición de San Jerónimo.

A pesar de la opinión adversa de éste, la Iglesia lo recibió en el canon entre los deuterocanónicos.

1 Cf. Jer 36:26. — 2 Su hermano Serayas tenía un alto cargo en la corte del rey Sedéelas (cf. Jer 51:59). — 3 Cf. Jer 46:4. — 4 Cf. Jer 32:12s. —

5 Cf. Jer 43:6s. — 6 Según Fl. Josefo, Nabucodonosor llevó a Jeremías y a Baruc a Babilonia después de tomar Egipto (cf. Antiq. 10,9.7). — 7 Así

dice en el prólogo al Com. a Jer.: “Libellum autem Baruch qui vulgo editioni Sep-tuaginta copulatur, nec habetur apud hebraeos, et pseudoepigrafon

Epístola leremiae nequáquam censui disserendam” (PL 24:680 706). — 8 Prueba de la existencia del texto hebraico primitivo es que Orígenes

en el texto de Bar pone asteriscos y obelos, como en los demás libros. En la versión siro-hexaplar se dice a propósito de

1:17 y 2:3: “esto no está en el hebreo.” Además, en esta versión a veces se ponen las variantes de Teodoción, el cual sólo tradujo

libros del hebreo o arameo. Admiten un original hebraico para todo el libro de Bar, entre otros, Kónig, Condamin, Harwell, Goetsberger,

Whitehouse, Charles. — 9 Así, en 1:10 se confunde man (maná) con minjah (oblación); en 1:22, el verbo 'abad se traduce

por “obrar” en vez de “servir” a dioses extranjeros; en 2:25 se vocaliza dabar (palabra) en vez de deber (peste). Véase H. Hopfl-

Miller-Metzinger, Introd. spec. in V.T. p.457 (Roma 1945). — 10 Dudan de la autenticidad de este fragmento E. Schürer, The Jewish

People 2.3.191. 195; Y J· T. Marshall (Hasting, Dict. ofthe Bible II 578). — 11 Bar 1:1. — 12 San Agustín: “Hoc testimonium

(Bar 3:36-38) quídam non leremiae, sed scribae eius attribuerunt, qui vocatur Baruch, sed leremiae celebratius habetur.” —

13 Bar 1:3. 15 Bar 1:11. i” Bar i,8s. 16 Cf. Esd 3:2. — 17 Cf. Kalt, Zur Echtheitsfrage von Baruch I-III 8. Citado por L. Dennefeld,

o.c., ρ·437· — 18 Cf. P. Heinisch, Zur Entstehung des Buches Baruch: “Theologie und Glaube,” 20 (1928) 696-710. — 19

Cf. A. M. Dubarle, Les Sages d'Israel p.i32. — 20 Swete, Intr. 203-10. Citado por Saydon, o.c., p.548. — 21 Asi lo afirman las

Constitutiones Apostolorum 5:20: PG 1:896. — 22 Cf. Orígenes, In Ex. hom.7:2: PG 12:342; San Atanasio, Ep. fest. 39: PG

26:1177. San Cirilo De Jerusalén, Catech. 4:35: PG 33:5po: “leremiae cum Baruch, Lamentationi; bus et Epístola unus líber”;

Conc. Laodicenum, hacia el 360 p. C. (cf. EB 9); Atenág., Legat. pro christ. 9: PG 6:908.

1. Colecta por el Templo de Jerusalen. Confesión.

Título y lectura del libro (1-4).

1 Discurso del libro escrito por Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, hijo de Sedecías,

hijo de Asadlas, hijo de Helcías, en Babilonia. 2 El año quinto, el día séptimo

del mes quinto, al tiempo en que los caldeos tomaron Jerusalén y la incendiaron, 3

leyó Baruc los discursos de este libro a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a

todo el pueblo que venía a oír la lectura del libro, 4 y a los magnates, y a los hijos de

los reyes, y a los ancianos, y, en fin, a todo el pueblo, desde el pequeño hasta el grande,

a todos los que habitaban en Babilonia a orillas del río Sud.

En la presentación de Baruc se nos da la misma genealogía que hemos encontrado en Jer 32:12,

con la adición de Sedecías, Asadlas y Helcías. No se da a Baruc el título de profeta, como tampoco

en el libro de Jeremías. La lectura de este escrito de Baruc tuvo lugar en el año quinto, día

séptimo del mes quinto (v.2). Pero no da el punto de partida para computar esta fecha. Muchos

creen que ese año quinto es a partir de la toma de Jerusalén en 586, de modo que la lectura

habría tenido lugar en el año 581-580 a.C. Es lo más probable. Entonces la frase al tiempo en que

los caldeos tomaron Jerusalén (v.2) habría que entenderla en el sentido de después que los caldeos

tomaron Jerusalén l. El libro es leído a los deportados de Babilonia, entre los que está el rey

2192

Jeconías, hijo de Joaquim, que después de tres meses de reinado fue llevado cautivo en la primera

deportación del 598, sucediéndole en el trono su tío Sedecías 2. Conocemos hoy día, por las

inscripciones cuneiformes, el trato que se le daba en la corte de Nabucodonosor 3. Fue puesto en

libertad vigilada por el sucesor de Nabucodonosor, Evil-Marduk4.

Colecta por el templo (5-14).

5 Lloraron y ayunaron ante el Señor, 6 y recogiendo dinero según las posibilidades

de cada uno, 7 lo enviaron a Jerusalén, a Joaquim, hijo de Helcías, hijo de Safan, sacerdote,

y a los demás sacerdotes y a todo el pueblo que se hallaba con ellos en Jerusalén

8 cuando tomó los utensilios de la casa del Señor, que habían sido robados del

templo, para volverlos al país de Judá, el día diez de Siván; los vasos de plata que

había hecho Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, 9 después que Nabucodonosor, rey

de Babilonia, trasladó a Jerusalén a Jeconías y a los príncipes, y a los prisioneros, y

a los magnates, y al pueblo de la tierra, y los llevó de Jerusalén a Babilonia, 10 y dijeron:

Ahí os enviamos dinero para que con él compréis holocaustos y víctimas por el

pecado, e incienso para que hagáis las oblaciones y las ofrezcáis en el altar del Señor,

nuestro Dios, u y oréis por la vida de Nabucodonosor, rey de Babilonia; y por la

vida de Baltasar, su hijo, para que sean sus días sobre la tierra como los días del cielo,

12 y nos dé el Señor fortaleza e ilumine nuestros ojos, y vivamos bajo la sombra

de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y bajo la sombra de Baltasar, su hijo, y les sirvamos

por muchos días y hallemos gracia en su presencia. 13 Orad por nosotros al

Señor, nuestro Dios, porque hemos pecado contra el Señor, nuestro Dios, y la cólera

del Señor y su furor no se apartó de nosotros hasta el presente. 14 Leeréis este libro

que os enviamos para que lo deis a conocer en la casa del Señor en el día de fiesta y

en los días oportunos.

La reacción de los oyentes ante la lectura de los discursos de Baruc fue un completo éxito desde

el punto de vista religioso: un sentimiento de compunción y de expiación fue la característica de

aquella reunión de desterrados de Babilonia, que se concretó en una colecta pecuniaria en favor

del templo de Jerusalén. No conocemos al sacerdote Joaquim, pero debe de ser el que circunstancial

-mente estaba al frente del templo de Jerusalén. El texto no dice que fuera sumo sacerdote.

Según i Par 6:15, el sumo sacerdote estaba en el exilio. En Jdt 15:8 aparece un sumo sacerdote

Joaquim, sin especificar más su genealogía 5. La frase cuando tomó los utensilios del templo,

parece tener por sujeto a Baruc, que debió de transportar algunos de los vasos sagrados robados

por las tropas de Nabucodonosor 6. El mes de Sivan corresponde a nuestro mayo-junio. Los deportados

debieron de entregar a Baruc también una carta en la que explicaban el destino que debían

dar a la colecta.

Podemos suponer que los judíos que quedaron en Jerusalén después de su destrucción tratarían

de reorganizar el culto en un altar provisional sobre las ruinas del antiguo templo, que

permanecía como lugar sagrado para todos. Así, en la carta se habla de holocaustos y ofrendas

en el altar del Señor (v.10). La petición de oraciones por Nabucodonosor, rey de Babilonia

(v.11) parece responder a la recomendación de Jer 29:7 en su carta a los exilados: “Laborad por

el bien de la ciudad a que os he desterrado y rogad por ella a Yahvé, pues su bien será vuestro

bien.” Los exilados, después de la prueba, reconocían a Yahvé como causante principal de la catástrofe,

y Nabucodonosor su instrumento. Todo ha sucedido por sus pecados. Y ahora lo mejor

era mantener buenas relaciones con la autoridad suprema babilónica si habían de aspirar algún

2193

día a conseguir la plena rehabilitación nacional.

No es fácil explicar la asociación de Baltasar a Nabucodonosor como hijo. No sabemos

que Nabucodonosor haya tenido un hijo llamado Baltasar, y, por otra parte, el Baltasar que conocemos

como último rey de Babilonia no es hijo de Nabucodonosor, sino de Nabónides. En el

libro de Daniel7 se dice también que era hijo de Nabucodonosor. No faltan autores que supongan

que la mención aquí de Baltasar hijo de Nabucodonosor sea una adición posterior, basada en el

libro de Daniel 8. Los exilados reconocen, por otra parte, sus pecados, y suplican a los de Jerusalén

que oren por ellos en el templo de Yahvé (v.13). Y piden que lean este libro, es decir, 1:15-

3:8, como confesión pública de los pecados de ellos. No se especifica la fiesta en que debe leerse,

pero quizá sea la de los Tabernáculos, en septiembre-octubre, que era la fiesta por excelencia 9.

Los días oportunos parecen ser los días de asamblea o congregación del pueblo.

Confesión de los pecados (15-22).

15 Diréis: Del Señor, Dios nuestro, es la justicia; nuestra la confusión y el sonrojo,

corno se muestra hoy en todo varón de Judá y en los moradores de Jerusalén, 16y en

nuestros reyes y en nuestros príncipes, en nuestros sacerdotes y en nuestros profetas

y en nuestros padres, 17porque pecamos en presencia del Señor 18y no le obedecimos

ni escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios, ni caminamos por los preceptos del

Señor, que dio en nuestra presencia. 19Desde el día en que sacó a nuestros padres de

la tierra de Egipto hasta hoy, hemos sido rebeldes al Señor, nuestro Dios, y nada

hicimos por oír su voz. 20Y así se apegó a nosotros el infortunio y la maldición que el

Señor intimó por Moisés, su siervo, al tiempo que sacó a nuestros padres de Egipto

para darnos la tierra que mana leche y miel, como aparece en este día. 21No escuchamos

la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a todas las palabras de los profetas

que nos envió, 22y nos fuimos cada uno según el pensamiento de su mal corazón, sirviendo

a los dioses extraños y cometiendo maldades a los ojos del Señor, Dios nuestro.

Las semejanzas entre esta oración y la de Daniel10 son sorprendentes. Parece que hay dependencia

casi literal entre ambas. Y también tiene muchas afinidades con Dan 9:4-9. El esquema de la

oración es trivial y sin originalidad alguna. Se afirma la justicia de Dios, manifestada en el castigo

enviado sobre ellos, merecido por sus muchos pecados. Toda la sociedad judía es responsable

ante Dios por la catástrofe, ya que todos pecaron: reyes, príncipes, sacerdotes, profetas y varones

en general. El pecado principal consiste en la desobediencia al Señor, haciendo caso omiso de las

amenazas intimadas por medio de Moisés en Dt 28:155 11.

1 Otros autores prefieren leer, en vez de año quinto, “mes quinto” del mismo año en que fue tomada Jerusalén. — 2 Cf. 2 Re 24:8; Jer

22:24-30. — 3 Cf. A. Βεα, Konig Jojachin in Keilschrifttexten: Bi 23 (1942) 78-82. — 4 Cf. 2 Re 25:27-30; Jer 52:31-34. — 5

Cuando la destrucción de Jerusalén, el sumo sacerdote era Serayas (Jer 52:24). — 6 Cf. 2 Re 24:13; 25:13-1? — 7 Cf. Dan 5:2;

11:13; 18:22. — 8 Cf. W. Stoderl, Zur Echtheitsfrage von Bar. 1:3-8 (Münster 1922) 21s. Citado por. Saydon en Verbum Dei II

550. — 9 Cf. 1 Re 8:2; 12:32. — 10 Cf. Dan 9:11-17. — 11 Cf. Lev 26:14-39; Jer 11:2s.

2. Enumeración de las Calamidades Sufridas (1-10).

1Cumplió Yahvé la palabra que había dado contra nosotros y contra nuestros gobernantes

que regían a Israel, contra nuestros reyes, contra nuestros príncipes y contra

todo varón de Israel y de Judá, 2de traer sobre ellos grandes males I cuales no

2194

los había hecho debajo de todo el cielo, como fueron hechos en Jerusalén, según lo

que está escrito en la Ley de Moisés, 3que comeríamos las carnes de nuestros hijos y

de nuestras hijas 4y los entregaría a poder de todos los reinos nuestros vecinos para

escarnio y espanto de todos los pueblos en derredor,entre los cuales los dispersó el

Señor. 5Fuimos abatidos, en vez de ser ensalzados, por haber pecado contra el Señor,

nuestro Dios, desoyendo su voz. 6Del Señor nuestro es la justicia, nuestra y de

nuestros padres la confusión y el sonrojo, como se ve al presente. 7Los males que el

Señor anunció contra nosotros, todos nos han sobrevenido. 8Y no aplacamos el rostro

del Señor convirtiéndonos de los pensamientos de nuestro corazón perverso.

9Veló el Señor sobre el castigo y lo trajo sobre nosotros, porque el Señor es justo en

todas las obras que nos ordenó. 10 Pero nosotros no oímos su voz, caminando en los

preceptos del Señor, que puso delante de nosotros.

El hagiógrafo enumera algunas de las mayores calamidades que les han sobrevenido, entre las

que destacan las escenas de antropofagia habidas en el asedio de Jerusalén (ν.3), según había sido

predicho 1.

Otro castigo máximo ha sido la sujeción a pueblos extranjeros, siendo así el escarnio y el

baldón ante todos los pueblos. Como pueblo elegido por Dios, tenían un puesto privilegiado entre

las demás naciones, pero han sido abatidos en vez de ensalzados (v.5).

Plegaria (11-18).

11 Y ahora, Señor, Dios de Israel, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con

mano fuerte, con señales y prodigios, con poder grande y brazo tendido, y te adquiriste

un nombre, como se ve al presente, 12hemos pecado, hemos cometido impiedades

e injusticias, Señor, Dios nuestro, contra todos tus justos preceptos. 13 Apártese

tu ira de nosotros, pues hemos quedado reducidos a poco en medio de las naciones

en que nos dispersaste. 14Escucha, Señor, nuestra oración y nuestra plegaria, líbranos

por amor de ti y danos gracia en presencia de los que nos deportaron, 15 para

que toda la tierra conozca que tú eres el Señor, Dios nuestro, que tu nombre es invocado

sobre Israel y sobre su linaje. 16Señor, mira desde tu santa casa y piensa en nosotros;

inclina, Señor, tu oído y escucha. 17Abre tus ojos y mira que no proclaman la

gloria y la justicia del Señor los muertos que están en el hades, cuyo espíritu abandonó

sus entrañas. 18Mas sólo el alma entristecida por la grandeza de los males que

padece, que camina encorvada y débil, apagados los ojos y el alma hambrienta,

pueden, Señor, pregonar tu gloria y tu justicia.

Reconociendo sus transgresiones, piden a Dios que les cambie su suerte, ya que está comprometido

el mismo honor de Yahvé (v.15). La liberación de la cautividad debe ser un timbre de

gloria para Yahvé entre los pueblos. En otro tiempo, el maravilloso éxodo de Egipto fue la

prueba de su omnipotencia ante la nación perseguidora, Egipto. Los ojos de los exilados miran

confiados en Yahvé, que habita en su casa santa, la morada celeste 2 desde donde contempla

el desarrollo de todos los hechos de la historia. Por otra parte, Yahvé debe considerar, por su

propio interés, que, si desaparece su pueblo, nadie se preocupará de darle gloria, ya que los

muertos que están en el hades no proclaman la gloria y la justicia del Señor (v.17). El hades

aquí es la traducción griega del seol hebreo, morada lúgubre de los muertos, donde éstos no llevan

una subsistencia completa, sino debilitada y como en sombra 3. El hagiógrafo, pues, aún no

tiene la luz sobre la retribución en el más allá y sobre la vida en Dios, como aparece en la época

2195

de los Macabeos 4.

Las amenazas de Yahvé, cumplidas (19-26).

19 Que no apoyados en la justicia de nuestros padres y de nuestros reyes, derramamos

nuestros ruegos delante de tu rostro, Señor, Dios nuestro, 20 porque tú has derramado

tu ira y tu cólera sobre nosotros, según tenías anunciado por tus siervos los

profetas. 21 Así dijo el Señor: Inclinad vuestros hombros para servir al rey de Babilonia,

y seguiréis habitando en la tierra que yo di a vuestros padres;22 Pero, si no escucháis

la voz del Señor, sirviendo al rey de Babilonia, 23 haré cesar en las ciudades

de Judá y en las calles de Jerusalén la voz del gozo y la voz de la alegría, la voz del

esposo y la voz de la esposa, y toda la tierra se convertirá en un desierto sin moradores.

24 Y nosotros no escuchamos tu voz, sirviendo al rey de Babilonia, y tú cumpliste

las palabras i que habías dado por tus siervos los profetas de que serían sacados fuera

de sus sepulcros los huesos de nuestros reyes y de nuestros padres. 25 Y, en efecto,

han sido arrojados al calor del día y al hielo de la noche. Han muerto en medio de

atroces males, de hambre, de espada y de peste. 2<s Y la casa en que era invocado tu

nombre la has puesto como hoy se hallapor la maldad de la casa de Israel y de la casa

de Judá.

El hagiógrafo es consciente de la falta de méritos de sus antepasados para hacer fuerza ante Dios

en orden a liberarlos de la cautividad (V.19). Todo lo que ha sucedido ha estado anunciado por

los profetas, y cita un pasaje de Jer 27:11-13. La cita es libre. Jeremías había aconsejado la sumisión

a Babilonia como mal menor (v.21). La resistencia no traería más que la devastación y la

ruina 5. La alusión a los huesos profanados de los reyes, sacándolos de sus sepulcros, no la encontramos

confirmada en ningún texto de la Biblia, pero esta práctica era bastante corriente entre

los asiro-babilónicos. Jeremías, al anunciar esto, lo hace irónicamente, ya que los huesos de los

reyes puestos a la intemperie podrán así continuar su adoración a los astros como en vida. La

destrucción ha sido total, y, entre todo lo perdido, lo que obsesiona a los israelitas es la desaparición

del templo de Yahvé en la Ciudad Santa (v.26). Pero todo ha sido por la maldad de la casa

de Israel y de la casa de Judá.

Benevolencia de Yahvé para con su pueblo (27-35).

27Has obrado, Señor, con nosotros según tu bondad y según toda tu gran misericordia,

28conforme hablaste por boca de Moisés, tu siervo, al tiempo en que le ordenaste

escribir tu Ley en presencia de los hijos de Israel, diciendo: 29Si no escuchareis mi

voz, estad seguros que esta grande y numerosa muchedumbre se volverá pequeña en

medio de las naciones entre las cuales os dispersaré, 30pues yo sé que no me oiréis,

porque este pueblo es de dura cerviz. Pero volverán en sí en el país de su destierro,

31y conocerán que yo soy el Señor, su Dios, y les daré un corazón que entienda, y

unos oídos que escuchen, 32 y me alabarán en la tierra de su cautiverio, y se acordarán

de mi nombre, 33 y ablandarán su dura cerviz, y dejarán sus máximas perversas,

acordándose del camino de sus padres, que pecaron contra el Señor, 34y yo los volveré

a la tierra que juré dar en posesión a sus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob,

para que la poseyesen, y los multiplicaré y no serán disminuidos, 35 y estableceré con

ellos mi alianza eterna, de ser su Dios y de ser ellos mi pueblo, y no moveré más a mi

pueblo de Israel de la tierra que le he dado.

2196

El hagiógrafo canta las misericordias que Yahvé ha tenido con Israel a través de la historia. Precisamente

por esta especial benevolencia divina con el pueblo elegido se ha salvado éste de su

destrucción total6. Por amor a Israel, Yahvé había anunciado de antemano el castigo futuro si no

amoldaba su conducta a los preceptos divinos7. Pero también había anunciado su rehabilitación

como pueblo, caso de ser reducido a un pequeño número8. Y, sobre todo, vendrá un tiempo en

que Israel, restaurado, vivirá vinculado con un nuevo corazón a Yahvé como centro de su vida

social y nacional 9. Es la era mesiánica, en que se restablecerá una nueva alianza eterna 10

para que Israel sea siempre el pueblo de Yahvé.

1 Cf. Lev 26:29; Dt 28,53; Jer 19:9; Lam 2:40; 4:10. — 2 Cf. Sal 33:13-14; 80,15; 1 Re 8:30. — 3 Cf. Sal 104:29; 146:4; 6:6; 88:11;

115:17. — 4 Cf. 2Mac6,18; Sab 5.16s. — 5 Cf. Jer 36:7; Ez 7:8; 14:10; 20:8; Jer 27:6-11.12-15. — 6 Cf. Lam 3:22; Jer 4:27;

5:10. — 7 Cf. Lev 26:14-39; Dt 28,62. — 8 Cf. Lev 26:40-45; Dt 30:1-10, — 9 Cf. Jer 32:39; Ez 11:19; 36:26. — 10 Cf. Jer

31,31ss; 32:40.

3. Nueva Oración y Confesión de los Pecados (1-8).

1 Señor todopoderoso, Dios de Israel, el alma angustiada y el espíritu abatido claman

a ti. 2 Oye, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti, 3 porque tú te

sientas en tu trono para siempre, pero nosotros perecemos sin retorno para siempre.

4 Señor todopoderoso, Dios de Israel, oye la oración de los muertos de Israel y de los

hijos de los que pecaron contra ti, que no oyeron la voz de su Dios, y por eso la miseria

se apegó a ellos. 5 No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres; acuérdate

más bien, en esta hora, de tu diestra y de tu nombre, 6 porque tú eres el Señor,

Dios nuestro, a quien alabaremos, Señor; 7que por eso has infundido tu temor en

nuestros corazones, para que invoquemos tu nombre y te alabemos en nuestro destierro,

porque hemos alejado de nuestro corazón toda la iniquidad de nuestros padres,

que pecaron contra ti. 8 Henos aquí a nosotros hoy en nuestro destierro, donde

nos has dispersado para oprobio, castigo y pena según la iniquidad de nuestros padres,

que se apartaron del Señor, nuestro Dios.

En una súplica encendida se resumen todos los motivos que pueden ganar el favor divino, contraponiendo

la bondad divina y los pecados del pueblo israelita. Se contrapone la suerte de

Dios, habitando eternamente en su trono de gloria, y el triste destino de los hombres, que se mueren

para no volver (v.3). Algunos entienden este verso en sentido interrogativo: “Tú estás sentado

eternamente, y ¿nosotros estaremos perdidos para siempre?” ¿Cómo va a permitir, en su omnipotencia

y bondad, que su pueblo se pierda para siempre ? Los desterrados, sin esperanzas, se

consideran como muertos en presencia de su Dios: Oye la oración de los muertos de Israel y de

los hijos que pecaron contra ti (v.4). Se sienten solidarios de los pecados de sus antepasados, y,

en consecuencia, aceptan el castigo que ha venido sobre ellos; pero saben que Dios es omnipotente

y puede, en su misericordia, borrar los pecados de todos. Por otra parte, está en juego

el mismo prestigio divino entre las naciones: acuérdate más bien, en esta hora, de tu diestra y de

tu nombre (v.5), Yahvé debe mostrar con su brazo omnipotente que es verdadero el nombre adquirido

por sus prodigios en favor de su pueblo entre las naciones. Es una invitación a renovar

las gestas pasadas en favor de Israel; por tanto, no debe acordarse de las iniquidades de sus padres.

En la balanza divina debe pesar más su omnipotencia y el celo de su nombre entre las

naciones que la justicia vengadora que busca el castigo de las ofensas hechas contra Dios.

Reconocen sus pecados, y por eso han emprendido un retorno a su Dios: hemos alejado de nues2197

tro corazón toda la iniquidad de nuestros padres (ν.7). Y terminan recordando la situación oprobiosa

en el destierro, como supremo grito de auxilio.

La transgresión de la Ley, fuente de calamidades (9.-14)

9 Oye, Israel, los preceptos de vida, aplicad los oídos para aprender la prudencia.

10¿Qué es esto, Israel? ¿Por qué estás en tierra enemiga, languideces en tierra extraña,

te has contaminado con los muertos, n has sido contado con los que descienden al

hades? 12¡Has abandonado la fuente de la sabiduría! 13 ¡Si hubieras caminado por la

senda de Dios, habitarías en perpetua paz! 14Aprende dónde está la prudencia, dónde

la fortaleza, dónde la inteligencia, para que a la vez conozcas dónde está la longevidad,

dónde la luz de los ojos y la paz.

En esta sección encontramos un elogio de la Ley, fuente de sabiduría en la vida y de paz para con

Dios. El fragmento es típico de la literatura sapiencial. Se destaca la trascendencia divina y las

excelencias de la Ley, se invita a Israel a abrazar los preceptos de vida (V.9), es decir, que conducen

a la vida, y, en este sentido, prudencia es sinónimo de sabiduría práctica, el arte de conducirse

en la vida conforme a los mandamientos divinos en orden a conseguir la protección de

Dios. Precisamente por haber abandonado esos preceptos de vida, plasmados en la Ley, Israel ha

tenido que probar las amarguras del destierro (v.10), y allí, en tierra de enemigos, se ha hecho

impuro como el que ha tocado un cadáver, se ha contaminado con los muertos. Los gentiles son

como muertos ante Yahvé; e Israel, conviviendo con ellos, se ha alejado de su Dios. Por otra parte,

Israel mismo ha perdido su vida como nación y lleva una vida lánguida como los que descienden

al hades (v.11). El pueblo elegido en el destierro lleva una vida lánguida como las sombras

del Seol Y todo ello por haber abandonado la fuente de la sabiduría (v.12). Si hubiese seguido

los preceptos de vida, caminando por la senda de Dios (v.13), su premio sería la paz perpetua.

La experiencia pasada, amarga, debe darle a conocer dónde se halla la prudencia., la inteligencia,

que llevan a la longevidad, como consecuencia de la protección divina.

La sabiduría, fuera del alcance del hombre (15-31).

15 ¿Quién halló la inorada de la sabiduría, quién encontró sus tesoros? 16¿Dónde están

los príncipes de las naciones y los domadores de las fieras de la tierra, 17 los que

se divierten con las aves del cielo, los que amontonan la plata y el oro, en que confían

los hombres, que no ponen fin a su adquisición? 18¿Dónde están los que funden

con fatiga la plata con operaciones casi impenetrables? 19Han desaparecido, han bajado

al hades, y otros surgieron en su lugar. 20Los jóvenes que vieron la luz y habitaron

sobre la tierra, tampoco conocieron el camino de la ciencia 21 ni dieron con sus

senderos. Sus hijos no lograron adueñarse de ella, están muy alejados de sus caminos.

22No supieron de ella en Canaán, ni en Teman fue vista. 23 Ni los hijos de Agar,

que buscan la inteligencia sobre la tierra; los mercaderes de Madián y de Teman, los

fabulistas y los que se afanan por adquirir inteligencia, no conocieron el camino de

la sabiduría ni dieron con sus sendas. 24¡Oh Israel, cuan grande es la casa de Dios y

cuan vasto su dominio! 25Es muy grande, y no tiene término, alto e inmenso, 26 Allí

nacieron los gigantes, los famosos desde la antigüedad, de alta estatura, diestros en

la guerra. 27Pero no eligió Dios a éstos ni les dio a conocer el camino de la sabiduría,

28y así perecieron por falta de prudencia, perecieron por su necedad. 29¿Quién subió

al cielo y se apoderó de ella y la hizo descender de las nubes? 30 ¿Quién atravesó los

2198

mares y la descubrió y la trajo con preferencia al oro más puro? 31 No hay quien conozca

sus caminos ni quien tenga noticia de sus senderos.

Supuesta la necesidad de la sabiduría como clave de felicidad, la dificultad está en encontrarla,

en rastrear sus senderos, en cuya tarea han fracasado los más audaces y dotados: los príncipes de

la tierra, con todos sus recursos, no pudieron dar con ella (v.16). Tampoco han logrado dar con

ella los poderosos en artimañas, como los domadores de las fieras (v.16). La alusión parece ser a

los príncipes, que en sus ocios pueden entretenerse en ejercicios cinegéticos tanto con las fieras

como con las aves del cielo (v.4). Son los mismos que amontonan la plata y el oro (v.17). Tampoco

los plateros, que con operaciones secretas impenetrables, hábiles en las fundiciones de metales,

han logrado rastrear las huellas de la verdadera sabiduría (v.18). A pesar de sus magníficas

habilidades artísticas, son ignorantes en lo principal, es decir, en buscar la clave de la verdadera

felicidad en la vida. Todos han pasado, yendo a morar al hades, región subterránea de los muertos

(V.19).

Nuevas generaciones se han sucedido, han empezado las mismas labores que sus antepasados,

pero tampoco dieron con el verdadero camino de la ciencia (v.20). Ni siquiera en los lugares

famosos, por ser asientos de la sabiduría tradicional, como Canaán y Teman, se han dado

huellas de la verdadera sabiduría. Aquí Canaán debe de referirse a Fenicia en general, famosa

por sus comerciantes y su alfabeto 2. En los textos ugaríticos de Ras Shamra (Siria) aparece un

sabio famoso llamado Danel. Teman era una ciudad entre Edom y Arabia, generalmente identificada

con esh-Shaubak 3. Los habitantes de ella pasaban por ser sabios 4. En el libro de Job, el interlocutor

más sutil es Elifaz de Teman. Los hijos de Agar, o agarenos, son los ismaelitas; eran

famosos comerciantes 5, como los de Madián, traficantes sobre todo de especias aromáticas, en

contacto con mercaderes del Indico. Tampoco estos mercaderes, ávidos de novedades, encontraron

la verdadera sabiduría. Ni los fabulistas, o creadores de proverbios, expresión de la sabiduría

popular, dieron con la senda de la sabiduría.

Después de enumerar a todos éstos como ignorantes, a pesar de sus conocimientos, el

hagiógrafo, en tono solemne, recuerda a Israel que la casa de Dios, o universo, es inmensa, como

creada por el Señor de los mundos; pero tampoco concedió a este universo la sabiduría ni a sus

generaciones antiguas. No sólo no encontraron la sabiduría los de Canaán, Teman, Agar y Madián,

sino que en todo el orbe inmenso no ha habido nadie que encontrara la sabiduría.

Ni siquiera los famosos gigantes 6 la poseyeron. Según la tradición popular, en la antigüedad

existieron hombres de desmesurada estatura, que dejaron sus huellas en los monumentos

megalíticos. Se les atribuían maravillas como seres dotados de fuerzas superiores y diestros en la

guerra (v.26). Pero tampoco a éstos eligió Dios, concediéndoles el secreto de la sabiduría (v.27).

Al contrario, en su necedad, perecieron al creer que todo lo podían con su descomunal fuerza

(v.28). Es que la sabiduría es inasequible a los hombres. Tiene que venir directamente por revelación

divina, pues ¿quién subió al cielo y se apoderó de ella y la hizo descender de las nubes?

(v.29). La fraseología está calcada en Dt 30:11-13, pero con sentido contrario. Aquí se destaca la

trascendencia de la sabiduría por encima de toda búsqueda humana, ya sea en los cielos, ya en

viajes por el mar (v.30). Sus senderos son desconocidos, y sólo Dios puede dar la pista de ellos,

y la dio a conocer a Israel, como dice a continuación.

La sabiduría procede de Dios (32-38).

32 Pero el que sabe todas las cosas, la conoce, y con su inteligencia la descubre. El

que cimentó la tierra para siempre y la pobló de vivientes cuadrúpedos; 33 el que

2199

manda a la luz, que luego se pone en marcha; la llama, y ella le obedece temblando,

34 Los astros brillan en sus atalayas y se complacen. 35Los llama y contestan: “Henos

aquí.” Lucen alegremente en honor del que los hizo. 36 Este es nuestro Dios; ninguno

otro cuenta a su lado para nada. 37El conoce todos los caminos de la sabiduría, y se

la comunicó a Jacob, su siervo, y a Israel, su amado. 38Y después de esto se hizo ver

en la tierra y conversó con los hombres.

Sólo Dios, trascendente, omnisciente y omnipotente, tiene el verdadero conocimiento de la

sabiduría y, por tanto, sólo El puede comunicarla7. Toda la creación está a su servicio, como

Creador de ella, y la luz y los astros están a sus órdenes (v.35); y, llevado de su misericordia, ha

tenido relaciones amistosas con su siervo Jacob, comunicándole los secretos de su sabiduría y

dándole la Ley, que es la verdadera sabiduría, los preceptos de vida. Israel, como pueblo, ha sido

privilegiado, ya que se le ha dado un plan de vida superior al de los otros pueblos. En el conocimiento

y cumplimiento de la Ley, dada por Dios, está la verdadera felicidad y sabiduría. Dios ha

entrado en relaciones particulares con su pueblo, y su sabiduría, plasmada en la Ley, se hizo ver

en la tierra y conversó con los hombres (v.38). Aquí la Sabiduría-Ley aparece personificada en

relaciones habituales con la humanidad, como en Eclo 24:12-16. Los Padres griegos y latinos

vieron en esta frase una alusión a la encarnación del Verbo, ya desde los tiempos de Atenágoras

8; pero parece mejor con el contexto suponer que nos hallamos ante una simple personificación

poética de la Sabiduría. Algunos autores incluso han insinuado que sería una glosa cristiana,

con alusión a la encarnación, siguiendo el prólogo del evangelio de San Juan 9.

1 Esta última parte del verso es oscura y muy diversamente traducida: ¿Sin que al fin quede rastro de sus obras? (Cantera). “Cuyas

obras son insondables* (Dennefeld). — 2 Cf. Ez 28:4-5; Zac 9:2. — 3 Cf. Coment. a Jer 49,7. — 4 Cf. Abd 8; Is 29:14; Jer 49,7.

— 5 Cf. Gen 37:25; 25:2. — 6 Cf. Gen 6:4; Sab 14:6; Eclo 16:8. — 7 Cf. Job 28:23. — 8 Cf. Atenágoras, Legatio ad Christianos: PG

6:908. — 9 Así Whitehouse y Goettsberger.

4. Elogio de la Ley. Rehabilitación de Israel.

Exhortación al cumplimiento de la Ley (1-4).

1Es el libro de los mandamientos de Dios y la Ley perdurable para siempre. Los que

la guardan alcanzarán la vida; los que la abandonan caerán en la muerte. 2Vuélvete

a ella, Jacob, y abrázala, camina al resplandor de su luz. 3No des a otros tu gloria, ni

tu dignidad a una nación extraña. 4Somos bienaventurados, Israel, porque conocemos

lo que a Dios place.

El autor concreta explícitamente en qué consiste la sabiduría, que no es otra cosa que el cumplimiento

de los mandamientos de Dios. El seguirla asegura una vida bajo la protección del Señor,

mientras que los que se separen de ella caerán en la muerte (v.1). La perspectiva no es de ultratumba.

No se alude a la idea de retribución al más allá, sino a la doctrina pragmática del Deuteronomio,

según la cual Dios bendice con larga vida y bienes materiales a los que cumplen su Ley

l. Por eso se exhorta a Jacob a abrazar la Ley, caminando a su luz (v.2). La Ley dada por Dios es

como una luz que ilumina el camino de Israel. Por otra parte, la Ley constituía la máxima gloria

del pueblo elegido (v.3), por la precedencia que le daba sobre los otros pueblos y por lo que suponía

de ventaja en la dirección de la vida. Por consiguiente, debe ser celoso de su posesión y no

debe comunicarla a una nación extraña. Parece aludir a la posibilidad de que, si no es digna de

2200

tal privilegio, Dios se la puede quitar y transferirla a otra nación no judía. Y el hagiógrafo

canta exultante: Somos bienaventurados porque conocemos lo que a Dios place (v.4). Israel se

halla en una situación privilegiada al conocer expresamente la voluntad de Dios, y, por tanto,

amoldándose a ella, sabe que camina seguro, disfrutando de las bendiciones divinas prometidas.

El pueblo, castigado por sus pecados (5-9).

5 Cobra aliento, pueblo mío, monumento de Israel2. 6 Fuisteis vendidos a las naciones,

mas no para ruina. Porque habéis irritado a Dios, fuisteis entregados a los enemigos.

7 Habéis irritado al que os hizo, sacrificando a demonios, no a Dios, 8 Os olvidasteis

de quien os engendró, el Dios eterno; trajisteis la tristeza sobre la que os crió,

Jerusalén, 9 porque vio venir sobre vosotros la cólera de Dios, y dijo: Oíd, naciones

vecinas de Sión, Dios ha echado sobre mí un gran duelo.

El profeta anima a los exilados, a los que, a pesar de estar postrados, les llama pueblo mío y monumento

de Israel, es decir, que recuerdan aún a Israel como pueblo glorioso y con gestas pasadas

dignas del gran antepasado Jacob-Israel. Les ha llegado la hora de la tragedia al ser vendidos

a las naciones como esclavos; pero esto no ha sido para ruina o total destrucción. La causa de la

catástrofe está en las rebeldías continuas contra Yahvé, sobre todo la idolatría (sacrificando a los

demonios, ν.7) o divinidades paganas. Así se olvidaron del que los engendró, escogiéndolos como

pueblo “santo y raza sacerdotal,” y, olvidándose del Dios eterno, atrajeron sobre ellos las calamidades

que causaron la tristeza sobre Jerusalén, que los crió. Las frases tienen un acento de

ternura, similares a Is 40:1. Dios es como una nodriza que alimenta a su pueblo a través de la historia

3, y Jerusalén es como una madre de sus habitantes4. En su dolor materno es presentada

manifestando su duelo sobre la suerte de sus hijos: Oíd, naciones vecinas, Dios ha echado sobre

mí un gran duelo (V.9). La mano de Yahvé ha pesado sobre ella con insistencia trágica, y no

puede menos de llorar por sus hijos, cuidados con tanto esmero.

Lamentaciones de Jerusalén (10-16).

10 Vi el cautiverio de mis hijos y de mis hijas, que el Eterno trajo sobre ellos. 11Con

alegría los había criado, y los despedí con llanto y duelo, 12 Nadie se alegre de verme

viuda y abandonada de muchos. Quedé en soledad por los pecados de mis hijos,

porque se apartaron de la Ley de Dios 13 y no han conocido sus mandamientos, y no

han andado por los caminos de Dios ni siguieron las sendas de la educación en su

justicia. 14 Venid, pueblos vecinos de Sión, y acordaos del cautiverio de mis hijos y

de mis hijas, que trajo sobre ellos el Eterno. 15 Pues hizo venir contra ellos una nación

lejana, una nación insolente de lengua extraña, que no respetó al ancianoni se

compadeció del niño, 16 y se llevó a los (hijos) amados de la viuda, dejándola desolada

sin sus hijas.

Habla Jerusalén, personificada en una dama que ha tenido hijos con alegría, pero que los ha visto

partir al cautiverio con llanto y duelo. Pide a las naciones vecinas que no sientan una satisfacción

maligna por su inmensa desgracia, apelando a los sentimientos naturales de la maternidad (v.12).

Ahora es una pobre madre que ha quedado sin hijos, y, por tanto, digna de compasión. Reconoce

la culpabilidad de ellos, por la que Dios envió el castigo (v.15). De nuevo les suplica comprensión

y compasión para su trágica situación: acordaos del cautiverio de mis hijos. (v.14). Todo ha

venido por designio del Eterno. En el v.16, con reminiscencias de otros pasajes bíblicos 5, des2201

cribe a la nación enemiga que fue el instrumento de la ira divina. Parece un versículo redaccional,

pues, aparte de ser muy similar a otros de la Biblia, tiene un aire bastante convencional 6. La

nación invasora no ha tenido los elementales sentimientos de piedad, ya que ha dejado a Jerusalén

desolada sin hijas.

Jerusalén conforta a sus hijos exilados (17-29).

17 ¿Pues qué socorro podía yo daros? 18 Sea el que trajo este.infortunio sobre vosotros

quien os libre del poder de vuestros enemigos. 19 Id, hijos míos, id, que yo me

quedo sola, abandonada, 20 despojada de la túnica de la paz, vestida del saco de la

plegaria. Siempre, mientras me dure la vida, estaré clamando al Eterno. 21 Y vosotros,

hijos míos, valor; clamad también al Señor, y él os librará de la dominación de

los enemigos. 22 Yo esperaré del Eterno vuestra redención; del Santo vendrá la alegría,

por la misericordia del Eterno, nuestro Salvador, que vendrá sobre vosotros. 23

Con llanto y con duelo os despedí, mas con alegría y gozo eterno os devolverá a mí.

24Pues como ahora vieron los pueblos vecinos de Sión vuestro cautiverio, así os verán

pronto redimidos por Dios, con redención espléndida y gloriosa del Eterno.

25Soportad, hijos míos, con paciencia la cólera que sobre vosotros viene de parte de

Dios. El enemigo te ha perseguido, pero pronto verás su perdición, y pondrás tu pie

sobre su cuello. 26Fueron mis delicados (hijos) caminando por caminos ásperos, fueron

arrastrados como rebaño robado por los enemigos. 27Tened ánimo, hijos, y clamad

a Dios, que ya se acordará de vosotros el que os hizo ir. 28Pues como os inclinasteis

a apartaros de Dios, así, convertidos, le buscaréis diez veces más, 29pues el que

traio sobre vosotros el castigo, os traerá, con la redención, la eterna alegría.

Jerusalén es presentada como una madre que ve partir a sus hijos al exilio con pena por no poder

prestarles alguna ayuda. Son días de luto para ella, despojada de las túnicas de la paz y vestida

de saco (v.20). Su vida será una continua plegaria al Eterno por la suerte de sus desterrados, con

la esperanza de ver su redención (v.21) del cautiverio. Tiene confianza en que un día, con alegría

y gozo eterno, los volverá a ver. Mientras tanto, deben soportar con paciencia la prueba enviada

por Dios, pues llegará el momento en que Dios castigará al perseguidor (v.25).

Mensaje de consuelo (30-37).

30 Ten ánimo, Jerusalén; el que te dio su nombre te consolará. 31 ¡Desdichados los

que te maltrataron y se alegraron de tu caída! 32 ¡Desgraciadas las ciudades en que

tus hijos estuvieron esclavizados, desdichada la que os tuvo cautivos! 33Pues así como

se alegró en tu ruina y se regocijó en tu caída, así habrá de entristecerse de su

propia soledad. 34Yo la privaré de la alegría de sus muchedumbres, y su orgullo se

convertirá en duelo, 35pues el Eterno mandará sobre ella el fuego por largos días, y

por mucho tiempo será habitación de demonios. 36Mira hacia el oriente, Jerusalén, y

contempía la alegría que te viene de tu Dios. 37Mira que llegan tus hijos, aquellos de

quienes tuviste que despedirte. Llegan congregados desde el oriente y el occidente

por la palabra del Santo, llenos de alegría por la gloria de Dios.

El profeta, exultante, anima a Jerusalén a sentirse alegre ante la nueva· perspectiva de inmediata

liberación. Sión ha recibido un nombre directamente de Yahvé, que a su vez está vinculado al

nombre de ella/por ser el lugar de su morada: El que te dio su nombre (ν.30) 7. Jerusalén pertene2202

ce de un modo especial a Dios, por ser el escabel de sus pies, y su nombre va siempre unido al de

la Ciudad Santa, Por eso, esto es una prenda de su liberación: te consolara. Ha llegado la hora de

la nación enemiga que la ha maltratado y ha llevado cautivos a sus hijos. Yahvé enviará sobre

ella el fuego, símbolo de destrucción, como en Sodoma y Gomorra8. Pero no debemos tomar la

frase al pie de la letra, como si Babilonia hubiera de ser realmente destruida por el fuego. Como

otras veces hemos hecho notar, el profeta trabaja con moldes de expresión estereotipados, y entre

ellos está el de la destrucción de las ciudades por el fuego (v.35). Babilonia se convertirá en lugar

de ruinas, habitación de demonios, o sátiros, que, según la mentalidad popular, moraban en regiones

deshabitadas y en ruinas 9.

El profeta anuncia ya la llegada del cortejo triunfal de repatriados: Mira que llegan tus

hijos. desde el oriente y el occidente :(v.37). El texto es muy similar a los conocidos pasajes del

libro de Isaías 10. Y el que guía la caravana de retorno es el Santo, designación isaiana aplicada a

Yahvé, Dios de Israel, cuya característica es la trascendencia, intangibilidad, segregación, incontaminación,

pues santidad en el A.T. es esa atmósfera especial que rodea a Dios para aislarlo de

las criaturas y purificar todo lo que en torno quiere acercarse a El.

1 Cf. Dt II.2255. — 2 Cf. Ex 3:15; Job 18:17; Prov 10:7. — 3 Cf. Os n,3s; Dt 1:31; 32:10; Is 63:10. — 4 Cf. Is 51:18. — 5 Cf. Dt 28:49;

Jer 5:15s 6 Cf. Is 28:11; 33:19; Jer 5:15; Ez 3:5-6; Dan 8:23; Lam 5:12-13 — 7 Cf. Is 43:1; 45:4; Dan 1:7. — 8 Cf. Jer 50:40. —

9 Cf. Is 13:21-22; Jer 51:37- — 10 Cf. Is 49:18; 60:4.

5. Invitación a Jerusalén a Alegrarse por la llegada de Sus Hijos

(1-9).

1 Despójate, Jerusalén, de tu saco de duelo y de aflicción, vístete para siempre los

ornamentos de la gloria que te viene de Dios, 2 envuélvete en el manto de justicia que

Dios te envía, ponte en la cabeza la mitra de la gloria del Eterno, 3 que Dios hará ver

tu gloria a toda nación debajo del cielo. 4Te llamará por siempre “Paz de justicia y

gloria de piedad.” 5Levántate, Jerusalén; sube a lo alto, mira hacia oriente y contempla

a tus hijos, reunidos desde el ocaso del sol hasta su orto por la palabra del

Santo, regocijados por haberse acordado Dios de ellos. 6De ti partieron a pie, arrastrados

por los enemigos; pero Dios te los devuelve traídos con honor, como en trono

real. 7 Porque dispuso humillar todo monte alto y todo collado eterno para que caminase

Israel con seguridad al esplendor de la gloria de Dios, 8 Los bosques y todo

árbol aromático darán sombra a Israel por disposición divina. 9 Porque Dios mismo

traerá a Israel lleno de alegría, con el resplandor de su gloria, con la misericordia y

justicia que de El vienen.

Ha pasado la hora del duelo y de la tristeza, y por ello Jerusalén debe adornarse con sus mejores

ornamentos de la gloria. Es la hora de la glorificación de sus hijos, de su retorno triunfal. Es la

misma perspectiva de Is 52:1. Jerusalén en adelante va a ser como una reina majestuosa, aureolada

por la gloria de Dios. Debe revestirse del manto de justicia como consecuencia de la liberación

de sus hijos, a los que se ha hecho justicia 1. Gloria del eterno es sinónimo de justicia. Jerusalén,

como majestuosa reina entre los pueblos, debe ponerse la mitra o aureola consiguiente a

ese estado de gloria o justicia concedida por el Eterno. Su gloria será objeto de admiración de

parte de todos los pueblos (v.3), y se le dará un nombre nuevo: Paz de justicia y gloria de piedad

(v.4). En ella habitará permanentemente la paz como fruto de la equidad o de la justicia, y, al

mismo tiempo, la piedad o temor de Dios, lo que constituye el mayor cúmulo de gloria. Los pro2203

fetas, en su idealización de los tiempos mesiánicos, inventaron nombres para designar a Jerusalén

en su plena manifestación gloriosa. En Is 1:26 se la llama ciudad de justicia, ciudad fiel 2. La

justicia es la característica de la nueva teocracia mesiánica; por eso el Mesías se ceñirá con el

“cinturón de la justicia” 3. Y esa justicia de los tiempos mesiánicos es fruto del conocimiento de

Dios, que suscribirá una nueva alianza escrita en los corazones.

El v.5 es casi una repetición de 5:47. Se invita a Jerusalén a salir gozosa a recibir sus

hijos, que vienen de todas partes 4, y se idealizan los detalles del cortejo triunfal de retorno: antes

fueron a pie camino del exilio, ahora vienen con honor, como en trono real. En Is 66:20 se dice

que vuelven en “carros, dromedarios, literas.” Todos los medios honorables de transporte están a

servicio de ellos. Vuelven como reyes, en un baldaquino o trono real. La expresión es gráfica

para designar el honor que rodeará a los repatriados en su marcha hacia la patria.

Para facilitar más el paso de la comitiva, la misma geografía se transformará, ya que Dios

abrirá una amplia avenida, allanando los montes y collados eternos (ν.7)5, y la ruta real estará

bordeada de árboles, que darán sombra a la caravana (v.8). En medio del desierto surgirán bosques

para refrescar la marcha de los exilados que vuelven a la patria, como en otro tiempo la columna

de humo o de fuego acompañó a los israelitas por la estepa del Sinaí6, y los árboles olorosos

perfumarán el ambiente. Nos hallamos en el mundo de las metáforas. En realidad, sabemos

cuan penoso fue el retorno de los repatriados bajo la égida de Zorobabel; pero, en la perspectiva

poética, el retorno del exilio aparece aureolado por una especialísima protección divina, y, por

otra parte, en su mente se superponen dos planos, uno el del retorno del exilio y otro el de la entrada

de los israelitas en la era mesiánica, de la que aquél era el principio. Y todo lo que se relaciona

con los tiempos mesiánicos lleva el sello de lo maravilloso.

1 Cf. Is 61:10. — 2 En Is 62:4 se la llama “Mi complacencia en ella,” “Desposada”; Jer 33:16: “Yahvé, nuestra justicia”; Ez 48:35:

“Yahvé allí.” — 3 Cf. Is 9,7-8. — 4 Cf. Is 51:17; 49:22; 60:4.9; 66:20; 52:12; 58:8. — 5 Cf. Is 42:16-17; Ex 13:21. 6 Cf. Ex

13:21-22.

6. Epístola de Jeremías Sobre los Ídolos.

Autenticidad y contenido.

Se ha destacado el carácter de esta epístola, similar a la glosa del Targum a Jer 10:11. Por

la forma literaria, el texto se parece a la epístola escrita a los cautivos por Jeremías, recogida en

Jer 29:15. Se trata de prevenir a los exilados contra la posibilidad de ser deslumbrados por el esplendor

del culto de los ídolos babilónicos. No es verosímil que Jeremías haya sido el autor de

esta epístola, pues en ella se refleja un conocimiento muy perfecto de la idolatría babilónica. Por

otra parte, el estilo no es apasionado ni elegiaco como el de Jeremías; no se concibe fácilmente

que el compilador de los escritos de Jeremías no la haya insertado entre ellos. Muchos autores

creen que ha sido escrita originariamente en griego, pero no faltan lexicólogos que hacen hincapié

en multitud de hebraísmos que en ella aparecen. Así podemos suponer que la epístola es obra

de un escritor anónimo del siglo VI que vivía en el exilio, escrita para prevenir a sus compatriotas

contra las seducciones de la idolatría caldea, exuberante en manifestaciones cultuales externas.

En cuanto a la canonicidad siguió las vicisitudes que hemos visto para el libro de Baruc.

Introducción (1-6).

Copia de la epístola que remitió Jeremías a los que habían sido llevados cautivos a

2204

Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios, a fin de comunicarles lo que

Dios le había ordenado. 1Por los pecados que habéis cometido contra Dios, fuisteis

llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios. 2Llegados,

permaneceréis ahí muchos años, un tiempo largo, hasta siete generaciones, pasadas

las cuales, os sacaré de ahí en paz. 3 Ahora bien, en Babilonia veréis dioses de plata,

de oro y de madera, llevados a hombros, que infunden temor a los gentiles. 4 Cuanto

a vosotros, guardaos de asemejaros a los extranjeros, y que el temor de tales dioses

no se apodere de vosotros 5 al ver la multitud apiñada delante y detrás de ellos, adorándolos.

Vosotros decid en vuestro corazón: A ti, Señor, se te ha de adorar. 6 Mi

ángel está con vosotros y es quien os pedirá cuenta.

El profeta, en primer lugar, da por asentado que la cautividad es un castigo por los pecados de

Israel. Por ello, los israelitas se verán obligados a permanecer en Babilonia siete generaciones

(v.2). La expresión es genérica para indicar un largo lapso de tiempo. En otros textos de la Biblia

se habla de “mil generaciones.”1 Por consiguiente, no hay contradicción entre este texto y Jer

29:10 2, donde se habla de setenta años como término máximo de la cautividad babilónica. Después

de dar a entender que el exilio será largo, el profeta previene a los exilados contra su posible

deslumbramiento ante las ampulosas manifestaciones religiosas de los babilonios, los cuales

se gloriaban de sus ídolos, hechos de material riquísimo 3. Sobre todo las procesiones de principios

de año, con el desfile de todos los ídolos, era una manifestación religiosa imponente, que

podía impresionar a las mentalidades provincianas de los israelitas.

La frase del v.6, mi ángel está con vosotros, está calcada en las narraciones del Éxodo4,

donde muchas veces el Ángel de Yahvé designa al mismo Yahvé en cuanto manifestado a los

hombres5.

La expresión Ángel en los textos del Pentateuco puede ser adición posterior, debido a

manipulaciones teológicas posteriores para destacar la trascendencia divina. Aquí en la Epístola

de Jeremías puede designar, pues, al mismo Yahvé en cuanto está vigilando la conducta de los

exilados, protegiéndoles de un lado, pero también dispuesto a pedir cuenta de ella 6.

Impotencia de los ídolos (7-14).

7 Esos dioses los hace un artífice, los cubre de oro y de plata, pero son mentira, no

pueden hablar. 8 Como para doncella, amiga de aderezarse, toman el oro, 9 y fabrican

coronas, que colocan en la cabeza de sus dioses. Y tal vez acontece que los sacerdotes

roban a los dioses el oro y la plata y la emplean para adornarse ellos, 10 y

aun para regalársela a las meretrices que moran bajo su techo. Como a hombres

visten a los dioses de plata sus vestidos, y a los dioses de oro y de madera, 11 pero no

pueden evitar la herrumbre ni la carcoma, vestidos con sus trajes de púrpura. 12

Hay que limpiarles el rostro para quitarles el polvo que se levanta en su templo y en

abundancia se deposita sobre ellos. 13 Tienen un cetro como el juez de un distrito,

mas no pueden quitar la vida a quien los ofende.14 Tienen asimismo un puñal o un

hacha en su diestra, pero no se defenderán del enemigo ni del ladrón. Por lo que se

pone de manifiesto que no son dioses. No los temáis, pues.

La descripción de los ídolos no puede ser más sarcástica. El tema es corriente en la Biblia 7. Los

profetas estaban poseídos de la idea monoteística como base de toda su teología. Yahvé para

ellos era el único Dios, a pesar de haber sido derrotado su pueblo por enemigos, que no fueron

2205

sino instrumentos de la cólera del Dios de Israel. Los ídolos, en cambio, son algo vano e impotentes

para defenderse a sí mismos. La acusación de que los sacerdotes robaban las riquezas de

sus ídolos aparece de nuevo en Dan 14:12. La alusión a la prostitución sagrada (las meretrices

que moran bajo el techo, v.10) está muy en consonancia con las costumbres religiosas de los babilonios.

En los templos no faltaba la hieródula consagrada a los devotos de su dios, que con sus

atractivos sensuales favorecía la concurrencia de parroquianos 8. La sátira es sangrienta y despiadada:

los ídolos, vestidos por sus devotos, carcomidos por la polilla, tienen que ser limpiados, y,

a pesar de llevar un cetro o arma en su mano, no pueden defenderse contra los ladrones. En efecto,

el dios de la tempestad, Hadad, tenía en sus manos un “hacha.” 9

Inutilidad de los ídolos (15-22).

15 Así como cualquier utensilio que un hombre tiene, si se quiebra, no es ya de utilidad,

16 así son sus dioses. Colocados en sus templos, los ojos se les llenan de polvo,

levantado por los pies de los que allí entran. 17 y así como al criminal que ofendió al

rey, o al condenado a muerte, se le cierran las puertas de la prisión, así los sacerdotes

aseguran sus templos con puertas, con cerrojos y con palancas, para que no sean

robados por los ladrones. 18 Encienden lámparas para ellos y en mayor número que

para sí mismos, pero los dioses no pueden ver ninguna. 19 Son como las vigas del

templo, de las cuales se dice que les carcomen el corazón los gusanos que nacen de la

tierra, y devoran así sus vestidos sin que ellos lo adviertan. 20 Su rostro se ennegrece

por el humo del templo. 21 Sobre su cuerpo y sobre su cabeza se arrojan las lechuzas,

las golondrinas y las otras aves, y aun los gatos. 22 Por donde conoceréis que no son

dioses. No los temáis.

Sigue el autor desplegando irónicamente una incisiva apologética popular para socavar toda posibilidad

de culto a los ídolos. Su inanidad se muestra en mil aspectos: se cierran en sus templos

como a prisioneros para que no los roben, no ven a la luz de las lámparas que les encienden, y

son pasto de animales tan diminutos como la polilla, y en ellos anidan las lechuzas y demás aves.

Todo ello es signo de impotencia.

Los ídolos no pueden valerse a sí mismos (23-28).

23 El oro que para su ornato les cubre, se empaña, y si no lo limpian, no brilla; ni

aun cuando fueron fundidos sintieron nada. 24 Fueron comprados a este o el otro

precio, y no hay en ellos ni un soplo de vida. 25 Aun teniendo pies, tienen que ser llevados

en hombros, mostrando con esto a los hombres su ignorancia para confusión

de los que los sirven. 26 Si alguna vez caen en tierra, no se levantan por sí mismos, y,

una vez puestos en pie, no pueden enderezarse, y como a los muertos, así les ponen

delante las ofrendas. 27 Los sacerdotes, viendo las víctimas sacrificadas, se aprovechan

de ellas. Y, asimismo, sus mujeres ponen en sal una porción de ellas y no dan

nada al pobre ni al débil. 28 Son manoseados por mujeres impuras por el parto o la

menstruación. Conociendo, pues, por todo esto, que no son dioses, no debéis temerlos.

La argumentación del profeta es muy lógica. Si los ídolos muestran una total impotencia, de modo

que no pueden valerse a sí mismos, ni para defenderse ni para trasladarse de un lugar a otro,

los exilados israelitas no deben temerlos ni honrarlos. Para la mentalidad israelita, acostumbrada

2206

a la sencillez y grandiosidad de Yahvé, que habitaba en los cielos y sólo simbólicamente en el

templo de Jerusalén, esa profusión de ídolos e imágenes sagradas era una abominación. Pero

siempre quedaba la propensión de las gentes sencillas a dejarse deslumhrar por lo aparente y externo,

como había ocurrido con los cultos cananeos. El profeta quiere mostrar que los cultos babilónicos

son un sucio negocio: los sacerdotes toman parte de las ofrendas para ellos 10, y, por

otra parte, las mujeres en estado de impureza se atrevían a acercarse a los ídolos y a participar en

los banquetes sagrados, lo que estaba estrictamente prohibido en la legislación hebrea 11.

Culto irracional de los ídolos (29-39).

29 ¿Cómo, pues, llamarlos dioses? Pues hasta mujeres presentan sus ofrendas a semejantes

dioses de plata, de oro y de madera, 30 y en sus templos los sacerdotes están

sentados, rasgadas las túnicas, rapadas la cabeza y la barba y descubierta la cabeza,

31 y aullan y gritan delante de ellos como en una cena fúnebre. 32 De sus vestidos roban

los sacerdotes para vestir a sus mujeres y a sus hijas. Hágaseles mal o hágaseles

bien, ellos no pueden corresponder. 33 No pueden ni poner ni quitar, 34 ni pueden

dar riqueza ni dinero, ni una pieza de cobre. Si alguno les hace un voto y no lo cumple,

no reclaman. 35 Ni libran al hombre de la muerte ni arrancan al débil de las

manos del fuerte. 36 No son capaces de dar vista al ciego ni de librar al hombre que

se halla en necesidad. 37 No pueden compadecerse de la viuda ni hacer bien al huérfano.

38 Son semejantes a piedras sacadas del monte. Son dioses de madera, dorados

y plateados, y serán confundidos los que los sirven. 39 ¿Cómo, pues, vamos a creer y

decir que son dioses?

Sigue la diatriba sarcástica contra los ídolos. Un indicio de lo indigno en los cultos idolátricos es

que en ellos intervienen mujeres, cosa que para los israelitas parecía algo absurdo. En el culto

babilónico, particularmente en el culto a Istar, tenían gran importancia las llamadas “sacerdotisas”

12. Por otra parte, los sacerdotes se entregan en el templo a escenas de duelo, cosa también

incomprensible para la mentalidad israelita, ya que a los sacerdotes en Israel se les prohibía hacer

manifestaciones de duelo 13. Aparte de las anomalías en el culto, los ídolos no pueden influir en

la vida de los hombres. Así, se les contrapone a Yahvé: no pueden corresponder a las buenas o

malas acciones (v.32), mientras que el Dios de Israel es bueno y justo, premiando a los buenos y

castigando a los malos 14; da riquezas 15 y exige el cumplimiento de los votos 16; da luz a los ciegos

17, ayuda en la necesidad 18, prestando particular auxilio a los huérfanos y a las viudas 19.

Nada de esto pueden hacer los ídolos babilónicos, sacados con tanta pompa en procesión por las

calles de Babilonia. No deben, pues, los israelitas mostrar ninguna inclinación ante semejantes

simulacros, impotentes para todo, semejantes a piedras sacadas del monte (ν.3δ).

Prácticas licenciosas en el culto idolátrico (40-43).

40 Los mismos caldeos los deshonran. Cuando ven a un mudo que no puede hablar,

lo conducen a Bel, pidiéndole que le dé el habla, siendo como es el dios incapaz de

oírlos. 41 Y sabiendo esto, no piensan en dejarlos, porque no tienen conocimiento. 42

Y las mujeres, ceñidas de cordones, se sientan en los caminos quemando salvado, 43

y cuando alguna de ellas, solicitada, se la lleva un transeúnte y duerme con ella, injuria

a las vecinas por no haber merecido ese honor de que rompieran el cordón.

El profeta echa en cara la falsedad de los sacerdotes, a los que llama caldeos 20. Saben por expe2207

riencia que sus ídolos no pueden ayudar a nadie en sus necesidades, y menos hacer milagros, pero

siguen explotando la buena fe de las gentes sencillas 21. Bel es Marduk, el principal dios nacional

de Babilonia. Después el hagiógrafo describe alguna de las prácticas licenciosas en honor

de los ídolos babilónicos. Herodoto nos habla de la prostitución sagrada, corriente en los cultos

mesopotámicos, y sus noticias han sido confirmadas por las nuevas investigaciones arqueológicas

22. Incluso Herodoto menciona esos cordones que ceñían a las mujeres, que por lo menos una

vez en la vida debían entregarse a los extranjeros en los templos de Istar (Afrodita) 23. En el texto

bíblico que comentamos se dice que estas meretrices sagradas quemaban salvado (v.42), quizá

como rito sagrado afrodisíaco, para excitar el erotismo en sus parroquianos 24.

Los ídolos, obra de manos de los hombres (44-56a).

44 Todo lo que se hace con estos dioses es un embuste. ¿Cómo, pues, vamos a creer y

decir que son dioses? 45 Han sido fabricados por artífices y orfebres, y no podrán ser

sino lo que quieran los artífices. 46 Los mismos que los fabrican no viven largo tiempo,

¿cómo va a vivir lo que ellos fabricaron? 47 Han dejado para los venideros mentira

y oprobio. 48 Cuando sobre ellos viene la guerra o la calamidad, deliberan entre

sí los sacerdotes dónde podrán ocultarse con ellos. 49¿Cómo, pues, no comprenden

que no son dioses los que ni a sí mismos se libran de la guerra ni de las calamidades?

50Luego se ve que, siendo de madera, dorados y plateados, son un embuste para todas

las naciones y los reyes, y quedará manifiesto que no son dioses, sino obras

humanas, y que no hay en ellas nada divino. 51¿Quién, pues, no conocerá que no son

dioses? 52 No podrán jamás hacer un rey en la región ni dar a los hombres la lluvia.

53 Su propia causa no podrán defenderla ni protegerse contra la injusticia por su

impotencia. 54 Son como las cornejas, que vuelan entre el cielo y la tierra. Y si alguna

vez prende el fuego en los templos de estos dioses de madera dorada o plateada,

sus sacerdotes se salvan con la huida, pero ellos se queman como vigas en medio de

las llamas. 55 Ni a un rey ni a los enemigos resistirán. 56 ¿Cómo, pues, admitir o pensar

que son dioses?

De nuevo se insiste sobre la inanidad de los ídolos, que son obra de hombres, y es absurdo que,

muriendo éstos, puedan sobrevivir sus obras. Es más o menos una repetición de los conceptos ya

expresados. El artista le da la forma que quiere sin consultar al ídolo 25. Por otra parte, en tiempos

de persecución deben los sacerdotes o cuitarlos para que no sean robados. Total, que no pueden

ser divinidades objetos que son impotentes.

Impotencia de los ídolos (56b-64).

56b Ni de ladrones ni de salteadores se salvan estos dioses de madera, plateados y dorados.

57 Cualquiera más fuerte les arrebatará el oro y la plata y el vestido de que están

cubiertos, y se marcharán sin que los dioses puedan auxiliarse. 58 De suerte que

mejor es un rey, que puede hacer ostentación de su poder, o un utensilio cualquiera

en una casa, del cual se sirve su dueño, que estos dioses falsos. Y hasta la puerta de

una casa protege las cosas que hay en ella mejor que esos falsos dioses, y una columna

de madera en un palacio real vale más que ellos. 59 El sol, la luna y las estrellas

obedecen con su resplandor para utilidad (de los hombres), 60 y asimismo el relámpago,

cuando brilla, se hace ver bien, y el viento sopla en toda la tierra, 61 y las nubes,

cuando Dios las ordena pasar por encima de ella, cumplen el mandato, 62 y el

2208

fuego, enviado de arriba para consumir los montes y las selvas, hace lo que les ha

mandado. Sus dioses ni por la belleza ni por la potencia son a estas cosas comparables.

63 No debe, pues, creerse ni decirse que son dioses, no siendo capaces de hacer

justicia ni de hacer bien a los hombres. 64 Conociendo, pues, que no son dioses, no

los temáis.

La argumentación se continúa en los mismos términos. Los supuestos dioses, al mostrar su impotencia,

son de menos valor que las puertas que guardan las casas y que los utensilios que pueden

emplearse en algo provechoso. Y, desde luego, son inferiores a las fuerzas de la naturaleza, sobre

todo a los astros, cuya utilidad y obediencia al Creador es proverbial para los hebreos 26. Los astros

no son dioses, sino elementos sometidos a la voluntad de Dios.

Los ídolos son despreciables (65-72).

65 Son incapaces de maldecir o bendecir a los reyes. Ni pueden dar en el cielo señales

a las naciones, ni pueden, como el sol, alumbrar, ni iluminar como la luna. 67

Las fieras mismas saben más que ellos, porque, huyendo a su madriguera, pueden

salvarse a sí mismas. 68 No se ve, pues, por modo alguno que sean dioses; por tanto,

no los temáis. 69 Así como en el melonar nada guarda el espantajo, así sus dioses de

madera, dorados y plateados. 70 Más parecen espino plantado en huerto, sobre el

cual todos los pájaros se posan. Son también estos dioses de madera, dorados y plateados,

semejantes a un muerto arrojado al sepulcro tenebroso. 71 Por la púrpura y

el lino que sobre ellos se envejece conoceréis que no son dioses. Y ellos mismos serán

más tarde consumidos, viniendo a ser el oprobio de la tierra. 72 Mejor es, pues, el

hombre justo, que no tiene ídolos, porque está muy lejos de tener que temer el oprobio.

El colmo de la impotencia de los ídolos es que no pueden defenderse, ni siquiera huir como las

fieras, que pueden retirarse a sus madrigueras (v.67). Son un mero espantajo, que en realidad no

guarda el melonar, sino el miedo que le tengan.

La argumentación se cierra con una frase de tipo gnómico en la que se exalta al justo, que

por no servir a los ídolos se ve libre de todo reproche. La finalidad de la Epístola era prevenir a

los exilados contra toda propensión a la idolatría como consecuencia de las manifestaciones ostentosas

de los cultos religiosos babilónicos, que en definitiva son totalmente vacíos y sin sentido.

1 CF.Dt. 7.9 Cron.16:15 — 2 Cf. Jer.22:1 — 3.Cf.Herodoto. 1, 183 — 4.Cf. Ex.23:20-23 — 5.Cf. Lagrange.p.212-25 — 6.Cf.

Jer.11,21 — 7.Cf.Is.40; 19s jer. 2:27s — 8.Cf. Herodoto,1; 181 — 9. Cf. H.Gressman, O.C. fig.314-335 10 Cf. E. Dhorme, Les

religions de Babylonie et d'Assyrie (París 1941) p.231s. — 11 Cf. Lev 12:4; 15:193. — 12 Cf. Código de Hammurabi 40.178-182; E.

Dhorme, o.c., p.212; Furlani, Religione babilonese e assira II p.354-55- — 13 Cf. Lev 21:5. — 14 Cf. Dt 32:35; 1 Sam 26:23. —

15 Cf. 1 Sam 2:7. — 16 Cf. Dt 23:21. — 17 Cf. Sal 145:8. — 18 Cf. 1 Sam 2:6; Is 25:4- — 19 Cf. Dt 10:18; Sal 145:9; Is 1:17. —

20 Cf. Herodoto (I 181) dice que se llamaba “caldeos” a todos los sacerdotes de Bel. — 21 Cf. Is 44:18-20; Jer 10,8-14; Sab 13:1;

15:14. — 22 Cf. Dt 23:18; Os 4:14; G. Furlani, o.c., II p-355; Dhorme, o.c., ρ.177· — 23 Cf. Herodoto, I 199; Estrabón, XVI 1:20;

Luciano, De Syria dea 6; Demóstenes, De corona 259. — 24 Cf. Demóstenes, De corona 259. — 25 Cf. Is 44:14-17; Jer 18:4; Sab

13,ns. — 26 Cf. Sal 19:2s; 104:235; Jer 33:20; Gen 1:14-18.

2209

Ezequiel.

Introducción.

Vida del profeta.

Ezequiel (en hebreo Yejezque'el: “Dios conforta”) era de la clase sacerdotal , y fue llevado

a Babilonia como cautivo en 598 a.C., juntamente con el rey Jeconías y parte de la aristocracia

judaica. Según el mismo nos dice, moraba en una localidad llamada Tell-Abib, junto al río

Kebar (o Naru Kabaru, de las inscripciones cuneiformes), al sur de Babilonia. Allí vivía con su

esposa, participando de las penas de los exilados. En el año quinto de su cautividad (593), mientras

se hallaba a orillas de dicho río, fue llamado misteriosamente al ministerio profético 2, que

ejerció durante veintidós años. Su último escrito datado es del 572 a.C. (año 27 de su traslado a

Babilonia). No sabemos cómo ni cuándo murió. Según una tradición antigua judaica, fue muerto

por un juez1 del pueblo que había sido reprendido por el profeta 3.

Misión del profeta.

Como Jeremías tenía por misión predicar a los judíos de Palestina los caminos del Señor,

anunciándoles los castigos y recriminándoles su pésima conducta de abandono de las vías del

Señor, Ezequiel fue el hombre providencial que se ocupó de mantener viva la fe yahvista en el

destierro de Babilonia. La situación era sumamente delicada, ya que los exilados, lejos de comprender

el sentido de su destino en los planes de Dios — como castigo de sus pecados — , continuaban

con su propensión a la idolatría. Acusaban a Yahvé de ser injusto con ellos al hacerles

cargar con culpas de sus antepasados 4. Por otra parte, estaban seguros de que su exilio duraría

muy poco tiempo, y, sobre todo, que Dios no permitiría la destrucción de Jerusalén y de su templo

por los caldeos5. Ezequiel debía hacer frente a estas falsas concepciones, fustigar sus vicios,

como la propensión a la idolatría, a los adulterios, perjurios y pecados contra la justicia social.

Sobre todo, como Jeremías en Jerusalén, predicaba contra la falsa confianza fetichista en

el templo de Jerusalén como garantía de permanencia de la nación judaica. En la misión de Ezequiel

tenemos que distinguir dos momentos o etapas: la anterior a la destrucción de la Ciudad

Santa por los babilonios (587 a.C.), durante la cual tuvo que hacer frente a las falsas esperanzas

de repatriación de los exilados, anunciándoles reiteradamente el colapso de la Ciudad Santa, y la

etapa que siguió a la toma de Jerusalén por los caldeos. Se han cumplido sus profecías exterminadoras,

y, ante la depresión colectiva nacional, empezó a predicar la resurrección de la nación,

en una nueva teocracia ideal, en la que se cumplirían las íntimas aspiraciones individuales y colectivas

de los descendientes de Abraham 6.

Basándose en numerosas alteraciones textuales, algunos autores han propuesto la tesis de

que la predicación de Ezequiel, anterior a la destrucción de Jerusalén, tuvo por escenario Palestina,

de forma que el profeta se dirigía, como Jeremías, a sus compatriotas que no habían sido llevados

en la primera cautividad 7. Esta hipótesis, al principio deslumbradora e insinuante como

solución a complejos problemas textuales del libro de Ezequiel, no parece en realidad que tenga

muchos visos de objetividad histórica, ya que crea mayores problemas en relación a la vida y actividad

literario-profética de Ezequiel, como veremos al tratar de la composición y datación de

sus oráculos.

2210

Ambiente histórico.

La situación política internacional de la época de Ezequiel es similar a la que hemos descrito

en la introducción al libro de Jeremías. Después del colapso del imperio asirio en 612, en

que tiene lugar la conquista de Nínive por Nabopolasar (625-605), caudillo babilonio, auxiliado

por los medos, Egipto quiere conquistar la zona de influencia en las antiguas provincias conquistadas

por Asiría; por ello, Necao II, en 609, sube, a través de Palestina y Siria, al encuentro de los

ejércitos medo-babilónicos. Al pasar por Megiddo, junto al Carmelo, le sale al paso el rey Josías

de Judá, que muere en el combate (609 a.C.); le sucedió su hijo Joacaz, pero éste fue depuesto

por Necao II, que había establecido su cuartel general en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria). En

su lugar colocó en el trono de Jerusalén al hijo de Josías, Eliaquim, al que cambió el nombre en

Joaquim (609-598). Poco después el faraón fue vencido en Carquemis (606 a.C.) por las tropas

acaudilladas por Nabucodonosor, hijo de Nabopolasar.

En 605 muere Nabopolasar, y su hijo le sucede en la dirección del nuevo imperio. Después

de derrotar a los egipcios, Nabucodonosor hizo una incursión por Palestina (606-5). En el

603, el rey de Judá, Joaquim, confiado en Egipto, se insurreccionó contra el monarca caldeo, y

éste se limitó de momento a enviar partidas de soldados que devastasen Judá. En 598 puso sitio

formal a Jerusalén, durante cuyo asedio murió el rey Joaquim, y le sucedió su hijo Joaquín o Jeconías,

el cual se rindió a los tres meses de reinado, siendo deportado con la aristocracia del país

a Babilonia, y entre los cautivos estaba el propio Ezequiel. Las tropas caldeas saquearon el templo,

llevándose los vasos sagrados.

El vencedor puso de rey en Jerusalén a Matanías, hijo de Josías, cambiándole el nombre

en Sedecías (598-586). Al principio éste se mantuvo sumiso a Babilonia, pero por instigación del

faraón Hofra se unió a una liga anticaldea organizada por Amón y Tiro. Las tropas de Nabucodonosor

volvieron al asedio y tomaron la ciudad en julio-agosto de 586. La ciudad fue totalmente

arrasada con su templo, y las fuerzas vivas de la población fueron deportadas, quedando sólo en

el país los labriegos y peonaje. Sedecías, capturado por los babilonios, fue llevado a Ribla, donde

delante de Nabucodonosor le sacaron los ojos después de asistir al asesinato de sus hijos. Después

fue deportado. Con ello la catástrofe nacional del pueblo judío llegó a su colmo, y la crisis

de la conciencia nacional fue el problema con que tuvieron que enfrentarse los profetas Jeremías

en Palestina y Ezequiel en el exilio.

Contenido y estructura del libro.

Podemos dividirlo en tres partes bien netas. Después de una introducción en la que se relatan

las circunstancias de la vocación profética del profeta (1:1-3:21), encontramos: a) una serie

de oráculos contra Jerusalén y Judá (3:22-24:27); b) oráculos contra las naciones paganas (c.25-

32), y c) promesas de restauración (c.33-48). Esta sistematización clara, lógica y aun cronológica

de los escritos de Ezequiel ha llamado siempre la atención de los comentaristas, aunque recientemente

los críticos han negado esta armoniosa estructura, ya que sorprenden muchas intercalaciones

y desplazamientos que interrumpen el contexto 8. Con todo, la estructura lógica general y

aun cronológica se mantiene, como se ve en el esquema siguiente:

Difisión del libro:

I. Oráculos anteriores a la destrucción de Jerusalén (58-6).

A) Introducción: Vocación del profeta (1:1-3:21).

2211

B) Conminaciones contra Juda (3:22-24:27).

1. Anuncio del castigo sobre la Ciudad Santa (acciones simbólicas y oráculos: 3:22-7:27).

2. Visión de la idolatría en el templo. La gloria de Yahvé abandona la ciudad (8:1-11:25).

3. Vaticinios sobre la cautividad del rey y el pueblo. Juicio contra los falsos profetas, cortesanos

y pecadores en general (12:1-23:40).

4. Epílogo: principio del cerco de Jerusalén.

C) Conminaciones contra las naciones paganas (25:1-32:32): Contra Amón, Moab, Edom, Filistea,

Tiro, Sidón y Egipto.

II. Oráculos después de la destrucción de Jerusalén (586).

A) Preparación para la restauración (33:1-33). Invitación a la penitencia. La ruina, castigo por

los pecados.

B) Vaticinios de restauración teocrática (34:1-39:29). Reunión de los dispersos israelitas. Devastación

de Edom, renovación de la tierra de Israel. Repatriación del pueblo exilado. Desaparición

de los enemigos de Israel.

C) Descripción del nuevo reino de Israel (40,1-48:35). El nuevo templo y su consagración. El

nuevo culto, la nueva tierra de Canaán, su fertilidad y división 9.

Composición del libro y autenticidad.

El contenido literario de Ezequiel difiere bien de los libros de Amos, Oseas, Miqueas,

Isaías y Jeremías. En éstos, lo esencial es el oráculo, o manifestación oral del profeta, puesta por

escrito con todo su vigor e independencia. En el libro de Ezequiel, en cambio, parece que nos

encontramos con un escritor que con estilo difuso y diluido va llenando páginas a base de descripciones

de visiones y acciones simbólicas. Se le ha llamado “profeta de gabinete,” porque en

sus escritos no está el “oráculo conciso y nervioso de los antiguos profetas”10, predominando la

prosa deslavazada. Pero Ezequiel, más que escritor, es ante todo un predicador que dialoga con

su auditorio y que realiza acciones simbólicas ante ellos 11. Bajo esta forma, “es el más vivo, el

más concreto de todos los profetas”12. Pero debemos descubrir también al escritor que redacta

sus oráculos para sus contemporáneos. Habla siempre en primera persona, y de hecho hay unidad

sustancial de estilo en todos los escritos que se le atribuyen.

La tradición judaico-cristiana ha sostenido siempre la autenticidad de sus escritos, como

obra del profeta del exilio, que trabajó en la formación del alma judía después de la catástrofe

napional. Sin embargo, esto no quiere decir que el libro suyo, tal como hoy ha llegado a nosotros,

sea obra redaccional definitiva del profeta. A pesar de un orden lógico general, hay, como

hemos indicado, trastrueques y desajustes en el texto, y estas anomalías han dado lugar a teorías

excéntricas respecto del origen del libro de Ezequiel. Así, hay quien adjudica al profeta del exilio

sólo las partes poéticas, mientras que la masa prosaica sería obra de un redactor del siglo ν 13.

Incluso se ha supuesto que la redacción final del libro es del siglo ni a.C., obra de un anónimo

que habría presentado los hechos como ocurridos en el siglo VII a.C. 14

Autores más moderados, como Herntrich y Bertholet, suponen que el libro de Ezequiel es

de la época inmediata anterior o posterior a la caída de Jerusalén (597-6). El primero distingue

dos autores, uno de los 39 primeros capítulos, que sería un profeta que vivió en Jerusalén en los

años críticos que precedieron a la destrucción de la ciudad. Los c.40-48 serían, pues, obra de un

redactor posterior a la época del exilio 15. El segundo cree que es Ezequiel el autor de todo el libro,

pero que lo concerniente a la predicación anterior a la caída de Jerusalén fue escrito por él

cuando habitaba en Palestina, mientras que los oráculos y escritos de restauración que siguieron

2212

a la destrucción de la Ciudad Santa fueron escritos por él mismo en Babilonia 16. Supone que

Ezequiel es el autor sustancial, en cuanto que dejó resúmenes esquemáticos de sus profecías que

fueron amplificados y publicados con su nombre por redactores posteriores que pertenecían a su

escuela profética. Esta opinión ha sido aceptada por muchos autores aun católicos 17; pero, pasada

la primera impresión de novedad, las cosas van volviendo a la tesis tradicional, ya que, si la

nueva teoría parece dar razón del sentido de algunos textos, que parecen intercalaciones redaccionales

posteriores, por otra parte, aplicada como tesis general al libro, crea mayores problemas

de composición. Por ello creemos que es preferible mantener la posición tradicional, que considera

a Ezequiel como autor de todo el libro (con ligeras excepciones) que lleva su nombre, y

también es mejor suponer que el profeta desarrolló su ministerio desde el principio entre los exilados

de Babilonia, como se desprende de sus oráculos y escritos.

Texto y versiones.

El texto hebreo masorético es muy deficiente y en muchos casos inservible. La versión

griega de los LXX es, en general, literalista y parece estar basada en un texto hebreo anterior al

TM. Por ello resulta muy útil para la reconstrucción de ciertas lecturas. En general, parece superior

el texto de los LXX; sin embargo, también en la versión de los LXX hay omisiones y traducciones

ininteligibles. Los papiros Chester Beatty (Ez 11-17) Y Scheide (Ez 19-39) han contribuido

al estudio de la versión griega, pues datan del siglo II, y son, por tanto, anteriores a la Hexaplar

de Orígenes. Sobre todo los papiros Scheide han servido para reivindicar muchas lecciones

del TM. La versión de la Vg sigue en general al TM, mientras que la siro-hexaplar acepta muchas

variantes de los LXX.

Índole literaria del libro de Ezequiel.

Característica del libro de Ezequiel es la abundancia de visiones: la cuadriga celeste de

los querubes 18, los huesos secos 19, el nuevo templo 20, la fuente de aguas 21. Esto hace que su

libro sea extremadamente misterioso y difícil de interpretar. Los autores no están concordes al

calificar la objetividad de dichas visiones, pues mientras para unos esas fisiones son meras ficciones

literarias en función de enseñanzas religiosas, para otros son fisiones reales representadas

a su imaginación o a sus sentidos externos.

Otra característica del ministerio profético de Ezequiel es la de acciones simbólicas para

representar plásticamente sus enseñanzas teológicas y sus oráculos conminatorios o de restauración.

Así, por orden de Dios se encierra en su casa para significar el asedio de Jerusalén22, delinea

el plano de la Ciudad Santa, acercando contra él planchas de hierro para simbolizar el

próximo cerco por los babilonios 23; se corta los cabellos y los aventa para significar el destino

de los exilados 24. También son frecuentes en los escritos de Ezequiel las parábolas o alegorías,

como la de las dos hermanas meretrices25, la de la vid arrancada por el águila26, los dos cachorros

27, Oola y Ooliba 2S.

El estilo literario, en general, es prosaico e inferior al de Isaías y Jeremías. San Jerónimo

lo define así: “Sermo eius nec satis di-sertus nec admodum rusticus, sed ex utroque medie tempera-

tus29. Su propensión a lo visionario y alegórico hace que sea particularmente difícil su interpretación.

Respecto de los c.40-49, en los que se habla de la estructura de la nueva teocracia, dice

el mismo San Jerónimo: “Scripturarum oceanum et mysteriorum Dei laby-rinthum30. Llevado

de la imaginación, el profeta traza idealmente los límites y organización del nuevo reino bajo

la protección especial de Dios. Nos hallamos ya en el campo de la apocalíptica, donde lo nebuloso

imaginario priva sobre lo racional concreto.

2213

Esta propensión a lo visionario, simbólico y apocalíptico ha servido para que no pocos

autores le hayan tachado de anormal y excéntrico, de forma que sus éxtasis y acciones extrañas

provendrían de una naturaleza mórbida. Así, se le ha acusado de histérico, epiléptico, cataléptico

y neurótico. En realidad, sus acciones simbólicas no son más extrañas que otras de los profetas

anteriores, como Oseas, Jeremías y aun de Isaías 31. No debemos perder de vista que nos hallamos

entre orientales, donde lo escénico tiene una importancia especial como medio de convencer.

En concreto, Ezequiel nos dice de sí mismo que es “un signo para la casa de Israel”; de ahí

que sus “acciones simbólicas” sean tan frecuentes, y desde luego tiene una mentalidad netamente

simbolista. Por ello, a sus problemas familiares personales les da un sentido “simbólico” con

proyección a la comunidad de exilados. Así, su mutismo32, la muerte de su esposa 33 y sus mismas

enfermedades 34 tienen un mensaje para Israel. En este sentido podría comparársele a Oseas,

cuya vida es una parábola en acción para sus compatriotas 35.

Doctrina teológica.

a) Atributos divinos. — La teología de Ezequiel sigue las líneas generales de sus predecesores,

los profetas escritores, Amos, Isaías y Miqueas, pues destaca la universalidad, omnipotencia

y justicia de Yahvé sobre todo. Su radio de acción no se limita a la tierra “santa,” sino que

sigue a los deportados de Babilonia 36. Es el Señor único que está sobre todo poder. Los vivientes

simbólicos que aparecen llevando el trono de su gloria son el símbolo del poder en los

distintos reinos de la naturaleza: el león, el toro, el águila, en el reino animal, son los animales

superiores, que en la mitología religiosa mesopotámica simbolizaban a determinadas divinidades.

Ezequiel los pone a todos como escabel del Yahvé de los israelitas, que sigue amorosamente la

suerte de sus exilados.

Es misericordioso y justo. Israel es su hijo predilecto 37, pero esta elección es totalmente

gratuita, sin méritos por parte de aquél 38. Esto impone particulares deberes de gratitud y obediencia.

Israel ha sido encontrada por Yahvé en el desierto como una “expósita” y ha sido elevada

a la categoría de reina, esposa de Yahvé. En consecuencia, debía haber reconocido a su único

Dios, pero ha pecado, separándose de Yahvé y yéndose tras los ídolos 39. Por eso, Yahvé, por su

propia dignidad y santidad, debe castigarle, y el exilio es la pena merecida por las generaciones

“rebeldes” que se han sucedido en Israel desde los tiempos de su instalación en Canaán 40.

b) Responsabilidad individual. — Una de las ideas nuevas en la teología de Ezequiel es la

de la valoración del individuo como tal en sus relaciones para con Dios. Hasta entonces en la teología

profética prevalecía la idea de la solidaridad, de forma que los componentes del pueblo israelita

eran considerados más como ciudadanos de una colectividad que como individuos con

derechos y deberes propios. Ante todo, los profetas consideran el destino de la nación como tal,

porque la alianza del Sinaí ha sido hecha entre Dios y la nación41. En ese supuesto, las generaciones

son solidarias en sus pecados y en sus méritos. Ciertamente que en el Deuteronomio se

condena el castigo de los hijos por los pecados de sus padres, y viceversa42, y Jeremías se hizo

eco de esta doctrina43, pero es Ezequiel “el campeón y teorizante del individualismo”44 en la tradición

israelita. La catástrofe del 587 había tenido por efecto la pérdida de las ilusiones nacionales,

y entonces la conciencia israelita se orientó más a los destinos e intereses del individuo como

tal. Ezequiel se hace eco de este estado psicológico y formula el principio de la retribución individual

estricta; los exilados se quejaban de que ellos estaban pagando por los pecados de sus antepasados.

Esto parecía injusto, y es el profeta el que anuncia un nuevo estado de cosas: “¿Qué

andáis repitiendo este proverbio. y decís: Los padres comieron las agraces y los hijos sufren la

dentera? Por mi vida, dice Yahvé, que nunca más diréis este refrán. El alma que pecare, ésta mo2214

rirá, y el hijo no llevará sobre sí la iniquidad del padre, ni el padre la del hijo; la justicia del justo

será sobre él, y sobre él será la iniquidad del malvado”45. Es sustancialmente la doctrina de Jeremías:

“En esos días ya no se dirá más: Nuestros padres comieron agraces, y los hijos sufrimos la

dentera. Sino que cada uno morirá por su propia iniquidad: quien coma el agraz, ése sufrirá la

dentera”46.

Ezequiel insiste después en la justificación del pecador que se arrepiente de sus pecados y

cambia de conducta: “Todos los pecados que cometió no le serán recordados, y en la justicia que

obró vivirá. ¿Quiero yo acaso la muerte del impío, dice Yahvé, y no más bien que se convierta de

su mal camino y viva?”47 Esta doctrina está muy por encima de la antigua, basada en la solidaridad.

En el nuevo orden de cosas habrá ante todo justicia retributiva para cada individuo. Esta

perspectiva, formulada así con toda valentía por Ezequiel, hará que se planteen en crudo la validez

de las tesis tradicionales sobre la ecuación entre la virtud y el premio en esta vida.

Este examen del problema en la literatura sapiencial, sobre todo en Job, dará como fruto

la formulación clara del principio de la retribución en ultratumba en el libro de la Sabiduría.

Ezequiel no ha llegado a estas claridades, pero ha puesto las bases de la retribución individual en

las relaciones de Dios con el hombre.

c) El mesianismo. Sus ideas mesianicas adolecen de nacionalistas, ya que prevé la

gloria de la nueva teocracia, vinculada a la restauración de Israel como nación. En sus

“idealizaciones” sistemáticas y artificiales de la nueva era, piensa en Palestina como centro de la

teocracia. Y en su falta de perspectiva histórica junta la próxima restauración después del destierro

y la mesiánica definitiva. Al lado de estos anuncios mesiánicos colectivos, Ezequiel presenta

vislumbres de un “Mesías” personal. En 17:22-24 habla de un retoño de un cedro (dinastía davídica)

plantado en Sión, que se convertirá en un gran árbol bajo cuyas ramas se cobijarán los israelitas.

En 34:23-31 se habla de un nuevo pastor, al que se identifica con David, el cual apacentará

a su grey, que ha sido reunida por el propio Yahvé. Ese nuevo Pastor — como el rey David

— será el lugarteniente de Yahvé: “Yo seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de

ellas” (las ovejas). El profeta, pues, en estos vaticinios se sitúa en la línea de las profecías isaianas

sobre el Emmanuel, en las que se anuncia un príncipe que inaugurará un reinado de paz y

tranquilidad para los descendientes de Jacob. No hay alusiones universalistas, pero tampoco se

refleja la idea de un rey despótico intransigente.

d) Ezequiel y el judaismo. — Se ha acusado a Ezequiel de haber sido el creador del “alma

judaica” en sentido peyorativo, como expresión del hermetismo y exclusivismo que encontramos

en la secta de los fariseos. En realidad, el profeta no ha hecho sino resaltar la conciencia de elección

entre los exilados, para animarlos al cumplimiento de la Ley, cuya transgresión había traído

la catástrofe nacional. Sin duda que, para hacer frente a las influencias religiosas babilónicas,

Ezequiel — mentalidad esencialmente sacerdotal — urgió el cumplimiento de ciertas leyes rituales

que fueran como un vallado defensivo. Los críticos independientes han querido deducir de

esta preocupación levítica de Ezequiel que es el verdadero autor de toda la complicada legislación

del Levítico. Pero un examen serio del problema hace ver que el profeta no sólo no es el autor

de la legislación levítica, sino que muchas veces, al proclamar los principios que han de regir

la nueva teocracia, contradice a determinadas leyes levíticas 48.

Ganonicidad del libro.

Según testimonio de San Jerónimo, los judíos no permitían la lectura del libro de Ezequiel

antes de haber cumplido los treinta años49. Precisamente por cierta oposición entre la legislación

de Ezequiel y la del Levítico, algunos rabinos se permitieron dudar de la canonicidad del

2215

libro de Ezequiel50. Pero de hecho fue recibido en el canon judaico sin dificultad. En el Eclo 49:8

se alaba a Ezequiel después de citar a Jeremías, y antes de los doce profetas menores. En el Ν.

Τ., el libro de Ezequiel no es citado expresamente, pero parece que hay alusiones51. En la Iglesia

cristiana primitiva no ha habido dificultades especiales en la admisión de Ezequiel en el canon.

1 Ez 1:3. — 2 Ez 1:1-3:21. — 3 Así lo afirman el Pseudo-Epifanio, De vitis prophetarum g: PG 43:401, y San Isidoro De Sevilla, De

ortu et obitu Patrum 39: PL 83:143; San Atanasio, Ór. de incarnatione Verbi 37: PG 25:160. — 4 Ez 18:2. 5 EZ 24:21. — 6 Cf. Ez

37:1-28; 0.40-48. — 7 Esta tesis, propuesta primeramente por Herntrich y Bertholet, ha sido recientemente resucitada por P. Auvray,

Le probléme historique du livre d'Ezechiel: RB 55 (1948) 503-19· — 8 He aquí algunos ejemplos de desplazamiento del texto:

3.16b-21 parece intercalado en el relato de la visión inaugural. Los versos del c.4 no siguen el orden debido. En los c.5.7 y 26

hay repeticiones y ampliaciones al texto original. Los v.8-17 del c.io son casi una repetición de 1:15-21, etc. Véase L. Dennefeld,

o.c., p.462. — 9 Véase H. Hopfl-Miller-Meztinger, Introd. spec. in V. T. (Roma IQ4&) P·463 -465· — 10 P. Auvray, Ezechiel: La

Sainte Bible de Jérusalem (París 1949) Ρ·9· — 11 Cf. Ez 12:9; 24:19; 33:10.17-20. — 12 ID., ibid. — 13 Así G. Holscher, Der

Dichter und das Buch: Bzatw 39 (1924)· — 14 C. Torrey, Pseudo-Ezekiel and the original prophecy (New Haven 1930). — 15 V.

Herntrich, Ezekielprobleme: Bzatw 61 (1033). — 16 A. Bertholet, Hesekielprobleme: “Mélanges F. Gumont” (Bruselas 1936)

p.517-523. — 17 Entre ellos el P. Dumeste: RB 46 (193?) 299, Y P. Auvray, Le probléme historique du livre d'Ezechiel: RB 55

(1948) 503-19. — 18 Ez 1:4-28; 10:1-22. — 19 Ez 37:1-28. — 20 Ez 40,1-43:27. — 21 Ez 47:1-12. — 22 Ez 3:24-27. — 23

Ez4,is. — 24 Ez 5:4. — 25 Ez 16:1-63. — 26 Ez 17:1-24. — 27 Ez 19:1-9. — 28 Ez 23:1-49- — 29 San Jerónimo, Praef. in Ez.:

PL 28:938 (995). — 30 ID., Comm. in Ez., Prol. in librum 14: PL 25:448 (468). — 31 Cf. 1 Re 11:29-33; Is 20; Jer 13; 18; Os 0.1-

3. — 32 Ez 3:26; 24:27; 33:22. — 33 Ez 24:15-24- — 34 Ez 4:4-17. — 35 Cf. Ose.i-3. — 36 Ez c.1-3. — 37 Ex 19:5; Ez 16:1-14.

— 38 Ez 20,ss; Jer 2; 11:1-8. — 39 Ez 5:5-17; 16:15-34; 20. — 40 Ez 14:12-21; 17:1-21; cf. Jer 8:4-12; 16:10-17. — 41 Cf. Ex

20,2. — 42 Cf. Dt 24:16; 2 Re 14:6. — 43 Jer 12:1; 31:29-30. — 44 P. Auvray, o.c., p.16. — 45 EZ 18:28. — 46 Jer 31:29-30.

47 Ez 18:22-23.

1. Visión de la Gloria de Yahve.

En este capítulo tenemos la visión inaugural de la misión profética de Ezequiel. Como Jeremías,

también Ezequiel recibió una comunicación imaginaria de parte de Yahvé en la que se anunciaba

su futura misión de profeta entre los exilados. Ezequiel debía ejercer una labor de apostolado entre

los exilados en Babilonia para mantener la fe religiosa y la esperanza en la resurrección

nacional de Israel. Como hemos visto en la introducción, algunos autores suponen una primera

fase de apostolado de Ezequiel en Palestina, y, en este supuesto, la visión de este capítulo sería la

inauguración de la segunda fase profética en Babilonia. Pero no se puede probar la fase profética

de Ezequiel en Palestina. Por consiguiente, nos atenemos a la tesis tradicional, considerando a

Ezequiel como profeta exclusivo de los exilados en Babilonia.

El capítulo consta de dos partes: a) introducción histórica (1-3); b) descripción de la visión inaugural (4-28).

Tiempo y lugar de la teofanía (1-3).

1 Y sucedió que en el año treinta, en el mes cuarto, a cinco del mes, estando yo en

medio de los cautivos, junto al río Kebar, se abrieron los cielos, y contemplé visiones

de parte de Dios. 2 En el cinco del mes, en el año quinto de la deportación del rey

Joaquín, 3fue palabra de Yahvé a Ezequiel, hijo de Buzí, sacerdote, en tierra de los

caldeos, junto al río Kebar, y fue allí sobre él la mano de Yahvé.

La datación dada en el v.1 ofrece una gran dificultad, ya que no sabemos el punto de partida del

cómputo el año treinta. Se han propuesto diversas soluciones. Unos autores suponen que es el

año treinta de la vida de Ezequiel, mientras que otros toman como punto de partida la reforma de

Josías en el 621, lo que nos llevaría hacia el 592-1, más o menos en concordancia con la fecha

que da el v.2 (año quinto de Joaquín: 593). Otros autores prefieren computar el año treinta a partir

de la subida al trono de Nabopo-lasar (625 a.C.)· No faltan quienes supongan corrompida la

cifra, y así leen año trece; pero todas las versiones consignan la fecha de treinta del TM. El mes

2216

cuarto es el mes de Tammuz (junio-julio). El río Kebar parece ser el nar-Kabari (“gran canal”)

de las inscripciones cuneiformes 1. Ezequiel, pues, se hallaba entre los deportados junto al “gran

canal” y tuvo visiones celestes, que después va a concretar. No especifica si se trata de visiones

imaginarias o sensibles, pero para el resultado doctrinal es lo mismo. En todo caso, la palabra

visión en los profetas tiene el carácter genérico de comunicación divina sobrenatural. El v.2 es

considerado por muchos autores como glosa marginal.

El año quinto del rey Joaquín es el 593, ya que el joven monarca comenzó su reinado en

el asedio de Jerusalén del 598, siendo llevado en cautividad después de reinar sólo tres meses. La

expresión fue sobre él la mano de Yahvé (v.3) aparece reiteradamente en el libro de Ezequiel 2, y

designa el estado psicológico del profeta bajo la acción de Dios: está como poseído por una

fuerza superior divina. Tal es la impresión que siente en la visión inaugural que con todo detalle

va a describir.

Visión de los cuatro vivientes (4-14).

4 Miré, y he aquí que venía del septentrión un viento impetuoso, una nube densa, y

en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como

bronce en ignición. 5 En el centro de ella había semejanza de cuatro seres vivientes,

cuyo aspecto era éste: tenían semejanza de hombre, 6 pero cada uno tenía cuatro aspectos,

y cada uno cuatro alas. 7 Sus pies eran rectos, y la planta de sus pies era como

la planta del toro. Brillaban como bronce en ignición. 8 Por debajo dé las alas, a

los cuatro lados, salían brazos de hombre, todos cuatro tenían el mismo semblante y

las mismas alas, 9 que se tocaban las del uno con las del otro. Al moverse no se volvían

para atrás, sino que cada uno iba cara adelante. 10 Su semblante era éste: de

hombre y de león a la derecha los cuatro, de toro a la izquierda los cuatro y de águila

los cuatro. n Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; dos se tocaban las del uno

con las del otro, y dos de cada uno cubrían su cuerpo. 12 Todos marchaban de frente,

a donde les impelía el espíritu, sin volverse para atrás. 13 Había entre los vivientes

(fuego) como de brasas, encendidas como antorchas, que discurrían por entre ellos,

centelleaban y salían rayos. 14 Los vivientes iban y venían como el relámpago.

La visión del profeta es apocalíptica y difícil de entender, ya que interviene más la imaginación

desbordada que la lógica del pensamiento. A la luz de los hallazgos arqueológicos asirios podemos

hoy sorprender la fuente en que se inspiró el profeta para trazar este cuadro deslumbrante

como pórtico solemne a su misión profética y a su libro. Estando el profeta junto al “gran canal,”

vio venir como un turbión o densa nube acompañada de fuerte viento. En torno aparecía como un

halo de fuego brillante como bronce en ignición. En medio de la nube, un núcleo ígneo. La nube

brillante e ígnea viene del septentrión, es decir, de la región nórdica de Mesopotamia por la que

pasaba la vía caravanera que habían seguido los exilados israelitas. Gomo veremos después, el

sentido de la visión es mostrar que Yahvé ha seguido a los exilados en su destierro para protegerlos

y darles esperanza de rehabilitación. Algunos autores creen ver en esta dirección del septentrión

una alusión al olimpo babilónico, situado en la parte norte de Mesopotamia. En ese caso, el

sentido de la visión era simbolizar la supremacía de Yahvé sobre todos los dioses mesopotámicos.

A medida que se acercaba el turbión, divisa el profeta en el centro ígneo cuatro vivientes.

A primera vista, de frente le parecen semejanza de hombre por la cabeza y el pecho. Pero, fijándose

bien, distingue en ellos cuatro aspectos o caras: de hombre por el rostro, de águila por las

2217

alas, de león y de toro por el cuerpo3. Concebida así la extraña visión, encontramos una explicación

en los karibu asirios encontrados a la entrada del palacio de Jorsabad; en el c.10 de Ezequiel

se los llama Kerubi o querubes. En efecto, en los colosos asirios que se ven en el museo de

Louvre se pueden apreciar esos extraños seres con rostro barbado de hombre, alas de águila, bajo

las cuales salen dos brazos de hombre (v.8), cuerpo mitad de toro y mitad de león. Eran los genios

protectores de los palacios asirios4. Los cuatro vivientes juntaban dos de sus alas con las del

más vecino, formando un soporte o plataforma. El conjunto de los vivientes caminaba siempre

hacia adelante, sin volverse (v.8). En el v.10 insiste sobre su cuádruple composición: por delante,

aspecto de hombre; en la derecha, aspecto de león; a la izquierda, de toro, y alas de águila 5. Con

dos de las alas de cada uno extendidas en lo alto se formaba un trono, y con las otras dos de cada

uno se cubrían el cuerpo en señal de respeto (v.1-1) 6.

El profeta ha logrado crear con los cuatro vivientes un inigualable trono para Yahvé.

En ellos están representadas las criaturas más nobles de la creación: el hombre con su inteligencia,

rey de la creación; el león y el toro con su fuerza, reyes de los animales terrestres; el águila,

reina de las aves por su raudo y elevado vuelo. Estos animales, que en el folklore babilónico estaban

destinados, como animales más nobles, a representar diversas divinidades, forman un trono

al único Dios, al Yahvé de Israel. La concepción teológica es grandiosa en todos sus detalles7. En

el número cuatro de los seres (con cuatro aspectos, y cuatro alas, y cuatro ruedas) puede verse

la idea de la universalidad del dominio de Yahvé en las cuatro direcciones del universo 8.

Los cuatro vivientes caminaban de frente, sin volverse, movidos por el espíritu o soplo de

Dios. En medio de los cuatro vivientes había fuego como de brasas (ν.13), que centelleaban en

continuo movimiento. El fuego, como elemento purificador y símbolo de la santidad, aparece

constantemente en muchas teofanías del A.T. Yahvé se manifiesta siempre entre rayos y relámpagos

y rodeado de nubes de fuego. Los autores semitas no encontraban mejor símbolo para indicar

el carácter numénico de Dios que el fuego, a cuyo contacto todo se consume y purifica.

A Moisés se apareció Yahvé en una zarza ardiendo 9

Descripción de las ruedas (15-21).

15 Y, mirando a los vivientes, descubrí junto a cada uno de ellos una rueda que tocaba

la tierra. 16 Las ruedas parecían de turquesa, eran todas iguales, y cada una dispuesta

como si hubiese una rueda dentro de otra rueda. 17 Cuando avanzaban marchaban

hacia los cuatro lados, y no se volvían al caminar. 18 Mirando, vi que sus

llantas estaban todo en derredor llenas de ojos. 19 Al ir los vivientes, giraban junto a

ellos las ruedas, y al levantarse los vivientes sobre la tierra, se levantaban las ruedas.

20 Hacia donde los impelía el espíritu a marchar, marchaban, y las ruedas se alzaban

a la vez con ellos, porque tenían las ruedas espíritu de vida. 21 Guando iban ellos,

iban las ruedas; cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando se alzaban de la

tierra, se alzaban, porque había en las ruedas espíritu de vida.

Los detalles de la visión van complicando la clara comprensión de la misma. El profeta multiplica

las imágenes en función de las ideas, pero no siempre es fácil captar bien la imagen, pues resulta

a menudo muy compleja. Así, contempla a los cuatro vivientes sobre cuatro ruedas, cada

una de las cuales tiene otra en sentido opuesto, formando ángulo, de modo que, según se dice en

el ν.17, el carro con las cuatro ruedas y vivientes marchaba en las cuatro direcciones sin volverse.

Hemos de pensar que aquí se trata de una visión apocalíptica; por tanto, no debemos preguntarnos

si efectivamente el conjunto es técnicamente realizable en la práctica. Los profetas pres2218

cinden de muchas cosas, y se levantan sobre la realidad para declarar sus ideas, muchas veces

envueltas a propósito en el misterio. Así, no sabemos el significado exacto del detalle de que las

llantas estaban llenas de ojos (v.18). Quizá tuvieran un puro valor ornamental, o se quiere indicar

que las ruedas fulguraban como chispas luminosas. No faltan quienes ven en esa pluralidad

de ojos la omnisciencia divina, múltiple en las manifestaciones de su providencia. El profeta

puntualiza después que tanto los vivientes como las ruedas se movían en completa sincronía,

empujados por el espíritu o soplo divino.

Descripción de la plataforma (22-25).

22 Sobre las cabezas de los vivientes había una semejanza de firmamento, como de

portentoso cristal, tendido por encima de sus cabezas, 23 y por debajo del firmamento

estaban extendidas sus alas, que se tocaban dos a dos, la una con la del otro,

mientras que las otras dos de cada uno cubrían su cuerpo. 24 Oía el ruido de las alas

como ruido de río caudaloso, como voz del Omnipotente, cuando marchaban, como

estruendo de campamento; cuando se detenían, plegaban las alas. 25 Y una voz hendió

el firmamento que estaba sobre sus cabezas. Al pararse ellos plegaron sus alas.

Sobre los vivientes que tienen sus alas extendidas en alto, formando como una plataforma, había

una placa sólida como firmamento de cristal (v.22); es la base del trono divino que se explicará a

continuación. Al agitarse las alas se oía como un ruido ensordecedor semejante a la voz del Omnipotente

10, es decir, del trueno, o como el estruendo de un campamento militar que se pone en

movimiento (v.24). El profeta oyó como una voz majestuosa que hizo parar el cortejo (v.25) 11.

El Señor, sentado sobre el trono (26-28).

26 Sobre el firmamento que estaba sobre sus cabezas había una piedra de apariencia

de zafiro a modo de trono, y sobre la semejanza del trono, en lo alto, una figura semejante

a un hombre que se erguía sobre él. 27 Y de lo que de él aparecía, de cintura

arriba, era como el fulgor de un metal resplandeciente, y de cintura abajo, como el

resplandor del fuego, y todo en derredor suyo resplandecía. 28 El esplendor que le

rodeaba todo en torno era como el arco iris que aparece en las nubes en día de lluvia.

Esta era la apariencia de la imagen de la gloria de Yahvé. A tal vista caí rostro a

tierra, pero oí la voz de uno que hablaba.

El profeta distingue sobre la plataforma de cristal, soportada por las alas de los vivientes, una

piedra de zafiro, de azul celeste,que hacía de trono. Es de notar en la descripción las frases

aproximativas propias de los autores apocalípticos (a semejanza de., como, a modo.), que indican

la trascendencia de las mismas cosas que se ven, presentadas de modo descriptivo imaginativo

para dar una idea aproximada de ellas. Sobre el trono había una figura semejante a un hombre.

(v.27) resplandeciente. Es Yahvé en toda su majestad y gloria, aureolado de un arco iris 12. Ante

tal manifestación de la majestad divina, Ezequiel cae de rodillas en un sentimiento de adoración

y de reconocimiento de su propia indignidad (v.28) 13.

El simbolismo de esta visión deslumbradora parece girar en torno a la idea de la presencia

de Yahvé entre los exilados de Babilonia. Aunque Yahvé habite en Jerusalén, sin embargo,

no los ha abandonado, y por eso los visita en toda su majestad, para dar idea de su omnipotencia,

muy por encima de los ídolos babilónicos. Es el Señor absoluto de toda la naturaleza, sentado

sobre los vivientes más nobles, que le sirven de escabel de sus pies: el toro, símbolo de la fuerza

2219

salvaje, dedicado en la mitología babilónica a Hadad, dios de las tormentas; el león, rey de los

animales, dedicado a Samas e Istar y Enlil; el águila, reina de las aves, símbolo del sol. Toda la

creación en su más noble manifestación está al servicio del Dios de Israel, que invade en su plena

majestad el territorio de los dioses paganos. En todas partes se siente su dominio, como Señor de

la naturaleza. Los exilados se creían en el destierro alejados de la providencia de su Dios. El castigo

del cautiverio era para ellos como un velo que se interponía en las relaciones con el Dios de

sus padres, y de ahí el desaliento y hasta la desesperación. Por eso, esta visión del profeta del

exilio por excelencia quiere hacer ver que Yahvé está también al lado de los desterrados, que tiene

providencia de ellos, y que va a abandonar definitivamente a Jerusalén, entregándola a la

destrucción y reservando a los desterrados como núcleo de la futura restauración de Israel14.

1 Cf. A. Jeremías, Das A.T. im Lichte des A. Oriente (Leipzig 1916) p.617s. — 2 Cf. Ez 3:14.22; 8:1; 33:22; 37, i; 40,1. — 3 Antes de

los hallazgos de los karibu asirios se solía interpretar el texto en el sentido de que cada animal tenía cuatro “rostros,” lo que hace

ininteligible el texto. — 4 Cf. H. Gressmann, Alt. Orient. Text. und Bild. (Berlín 1926) II ñg. 165:168. — 5 Los Santos Padres tomaron

de esta visión los símbolos de los cuatro evangelistas. — 6 Cf. Is 6:1. — 7 Cf. Les Cherubins: DBS i (1928) 74353, y

Dhorme-Vincent, Les Cherubins: RB 35 (1926) 328-358. — 8 Cf. Zac 2:1; 2:3; 6:5. — 9 Cf. Ex 3:2.5; 19:18; 24:17; Dt 4:12. —

10 Cf. Ez 10:5; Job 37:48; Sal 29:3-9- — 11 La última parte del v.25 falta en los LXX. — 12.Cf.AP4:3. — 13 Cf. Is 6:5; Jue

13:20; Tob 12:16; Dan 8:17. — 14 Sobre esta visión inaugural de Ezequiel pueden verse, además de los comentarios citados, los

artículos siguientes: A. Van Hoonacker, Le títre primitif du livre d'Ez.: “Revue Biblique Int.,” 9 (1912) 241-243; J- Goppens,

Deux passages obscurs du livre d'Ez. 1:25 et 1:18: “Muséon,” 47 (1934) 259-263.

2. Intimación de Dios al Profeta.

Vocación del profeta (1-9).

1 Y me dijo: Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte. 2 Y en habiéndome

entró dentro de mí el espíritu, que me puso en pie, y escuché al que me hablaba. 3

Me dijo: Hijo de hombre, yo te mando a los hijos de Israel, al pueblo rebelde, que se

ha rebelado contra mí; ellos y sus padres pecaron contra mí hasta el día de hoy. 4

Son gente de cara dura y de corazón empedernido esos a quienes te mando. Diles:

Así dice el Señor, Yahvé: 5 Acaso te escuchen. Y si no te escucharen, pues son gente

rebelde, al menos conocerán que hay entre ellos profeta. 6 Tú, hijo de hombre, no los

temas ni tengas miedo a sus palabras, aunque te sean cardos y zarzas y habites en

medio de escorpiones. No temas sus palabras, no tengas miedo de su cara, porque

son gente rebelde. 7 Diles lo que yo te diga, óigante o no te oigan, porque son muy

rebeldes. 8 Tú, hijo de hombre, escucha lo que yo te digo, no seas tú también rebelde,

como la casa rebelde/Abre la boca y come lo que te presento. 9 Miré y vi que se tendía

hacia mí una mano que tenía un rollo. Lo desenvolvió ante mí, y vi que estaba

escrito por delante y por detrás, y lo que en él estaba escrito eran lamentaciones,

elegías y guayes.

Ezequiel recibe una misión ingrata de parte de Yahvé. Tiene que predicar a un pueblo rebelde, de

corazón empedernido. Dios le ordena levantarse del estado de postración, llamándole con la extraña

denominación de hijo de hombre (v.1), que se repetirá constantemente en las visiones de

Ezequiel. Parece significar simplemente hombre, o perteneciente a la raza humana, en el sentido

de ser frágil e impotente, en contraposición al Dios omnipotente l. Yahvé, pues, con esta denominación

reiterada quiere insinuar que, aunque el profeta sea débil, sin embargo, será fortalecido

por la asistencia divina. La presencia divina hace que el profeta recobre fuerzas y se ponga en pie

(v.2), dispuesto a cumplir el mandato de Dios 2. El profeta es enviado a los hijos de Israel, que

2220

aquí son los exilados de Babilonia, llevados en cautividad en 598 a.C., llamados en 3:4 casa de

Israel, en cuanto eran objeto de las preferencias de Yahvé, como futuro núcleo de restauración

nacional. Pero al mismo tiempo son calificados como pueblo rebelde (ν.3) por sus numerosas

transgresiones a través de la historia contra Yahvé 3.

La misión de Ezequiel es ingrata, pero al menos no podrán quejarse de no habérseles enviado

un profeta (ν.6) ο mensajero de Yahvé. Los exilados creían próximo su retorno a Jerusalén,

y no concebían que la Ciudad Santa cayera en manos de sus enemigos. Ezequiel debe anunciarles

la catástrofe de la Ciudad Santa, y cuando se cumplan sus predicciones, entonces reconocerán

que han tenido entre ellos a un profeta. Mientras tanto, la reacción de sus contemporáneos será

hostil como la de escorpiones (v.6), punzándole con calumnias e ironías despectivas.

En todo caso, el profeta debe ser dócil a la inspiración divina (v.8). Yahvé le presenta un

rollo escrito por dentro y por fuera, en contra del uso común de estar sólo escrito por la parte interna.

Con ello se quiere expresar la abundancia de oráculos que tendrá que comunicar a sus

compatriotas; y concreta más el profeta: sus profecías llevarán el sello de la desgracia para sus

conciudadanos: lo que en él estaba escrito eran lamentaciones, elegías y guayes (v.10).

1 Cf. Is 51:12; Job 25:6; Sal 8,5. En las otras lenguas semíticas encontramos la misma expresión: árabe: 'bn'dm; asiro-babilonio: mar

améli; arameo: bar enas (Dan 7:13). — 2 Cf. Ez 3:24; Dan 8:18; 10:15-19; Ap 1:17. — 3 Cf. Núm 14:9; Jos 22:16; Ez 2:3; Jer

52:3; Os 7:13, etc.

3. El Profeta, enviado de Dios.

Obstinación de la casa de Israel.

1 Y me dijo: Hijo de hombre, come eso que tienes delante, come ese rollo, y habla

luego a la casa de Israel. 2Yo abrí la boca e hizome él comer el rollo, 3 diciendo: Hijo

de hombre, llena tu vientre e hinche tus entrañas de este rollo que te presento. Yo lo

comí y me supo a mieles. 4Luego me dijo: Hijo de hombre, ve, llégate a la casa de Israel

y habíales mis palabras. 5Mira que no eres enviado a un pueblo de habla abstrusa,

sino a la casa de Israel. 6No es a pueblos remotos, cuyas palabras no entiendes.

Ah! Si a éstos te enviara, seguramente te escucharían. 7La casa de Israel, por el

contrario, no querrá oírte, porque no quieren oírme a mí, porque toda la casa de Israel

tiene frente altanera y corazón contumaz. 8Pero yo te doy un rostro tan firme

como el de ellos, y una frente dura cuanto las frentes suyas, 9 tan dura como el diamante,

más que el pedernal. No los temas ni te atemorices ante ellos, porque son

casa rebelde.”

El profeta recibe la orden de tragar el rollo, escrito con lamentaciones. La primera impresión de

su gusto es a mieles, porque era la palabra divina acompañada de un íntimo fortalecimiento interno.

Toda misión, por ingrata que sea, si es de parte de Dios, resulta dulce a los encargados de

cumplirla, en cuanto que se sienten solidarios de una obra divina. La conciencia de estar asistidos

por Dios les hace sentir alegría y dulzura donde hay amargura y tristeza. Ezequiel es enviado

a la casa de Israel, semitismo corriente en el estilo del profeta para designar simplemente los

israelitas del exilio, a los que era enviado como profeta. De ellos habría de nacer de nuevo la casa

de Israel, concebida como unión de todos los descendientes de Jacob-Israel. Para animarle le

dice que su misión está facilitada por la lengua de los destinatarios, que es la suya (v.5). Por otra

parte, los israelitas no son tan extraños a la nueva misión del profeta, ya que no son un pueblo

2221

que no haya oído hablar de enviados de Yahvé, sino que toda su historia está salpicada de intervenciones

de los profetas, centinelas y mensajeros de su Dios. Pero tienen frente altanera y corazón

contumaz (ν.7). Por eso seguramente, si fuera otro pueblo, le escucharía. En todo caso, la

asistencia divina hará que el profeta pueda hacer frente a la obstinación de su pueblo (v.8).

Desaparece la visión (10-14).

10 Díjome también: Hijo de hombre, todas las palabras que yo te digo recógelas en tu

corazón y dales atento oído, 11 y ve luego y llégate a los deportados, a los hijos de tu

pueblo, y habíales diciéndoles: Así dice el Señor, Yahvé, óigante o no te oigan. 12 Entonces

me arrebató el espíritu, y oí tras de mí un estruendo de fuerte terremoto al

elevarse la gloria de Yahvé en su lugar, 13 y oí el rumor de las alas de los cuatro vivientes,

que daban la una contra la otra, y el ruido de las ruedas, ruido de gran terremoto.

14 Entonces me alzó el espíritu y me arrebató. Yo andaba amargado y malhumorado

en mi alma, pero fue sobre mí la mano de Yahvé, que me confortó. Llegué

así a los deportados de Tel-Abib, que habitaban en la ribera del río Kebar, a la

región donde moraban, y estuve entre ellos atónito durante siete días.

Ezequiel quedó sobrecogido ante la comunicación divina y sintió que el cortejo majestuoso, en el

que estaba Dios, se marchó, oyendo un estruendo de fuerte terremoto al elevarse la gloria de

Yahvé. Aquel batir de alas de los vivientes suplía a los truenos del Sinaí. Yahvé siempre se comunica

a los hombres en el A.T. rodeado de majestad y de poder. El profeta quedó triste y pensativo

ante la misión que se le encomendaba (v.14). Sin duda que pensaba en las rebeldías de aquel

pueblo, sobre el que habían de caer tantas calamidades. Por orden de Dios se fue a ver a los exilados

que estaban en una colonia junto al “gran canal” llamada Tel-Abib (v.15), que en hebreo

significa “colina de la espiga,”1 nombre que para ellos insinuaba fertilidad y resurrección. No

conocemos esta localidad, pero debía de ser una de tantas colonias de exilados junto a los canales

de” Mesopotamia.

Responsabilidad de Ezequiel (16-21).

16 Al cabo de los siete días me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 17 Hijo de

hombre, yo te he dado por atalaya a la casa de Israel. Tú oirás las palabras de mi

boca y de mi parte los amonestarás. 18 Si yo digo al malvado: “¡Vas a morir!” y tú

no le amonestares y no le hablares para retraer al malvado de sus perversos caminos

para que viva él, el malvado morirá en su iniquidad, pero te demandaré a ti su sangre.

19 Mas si, habiendo tú amonestado al malvado, no se convierte él de su maldad y

de sus perversos caminos, él morirá en su iniquidad, pero tú habrás salvado tu alma.

20 Y si se apartare el justo de su justicia, cometiendo maldad, y pusiere yo una trampa

delante de él, él morirá. Por no haberle tú amonestado, morirá en su pecado, y no

se recordarán las obras buenas que hubiere hecho, pero yo te demandaré a ti su

sangre. 21 Pero, si tú amonestaste al justo para que no pecara y dejare de pecar, vivirá

él, porque fue amonestado, y tú habrás salvado tu alma.

El profeta estuvo apesadumbrado por su dura misión, que fue confirmada en toda su responsabilidad

a los siete días. Ezequiel es constituido en atalaya para la casa de Israel (ν.17). Los profetas

anteriores al exilio se presentaban como centinelas de su pueblo, con la misión de anunciar

los peligros que se cernían sobre Israel 2. Es el cometido que se encomienda a Ezequiel. Si no

2222

cumple su misión, será castigado de muerte: te demandaré a ti su sangre. Será responsable de la

pésima conducta del impío si no le ha advertido su mal camino (v.18). Al contrario, salvará su

alma, es decir, su vida, si a tiempo le ha amonestado de sus malos caminos (v.21).

El profeta, recluido en su casa (22-27).

22 Fue aquí de nuevo sobre mí la mano de Yahvé, que me dijo: Levántate, vete al

campo y allí te hablaré. 23 Levánteme y salí al campo, y vi que estaba allí la gloria de

Yahvé, como la gloria que había visto en la ribera del Kebar, y caí rostro a tierra, 24

pero entró en mí el espíritu y me puso en pie, y me habló Yahvé, diciéndome: Ve y

enciérrate en tu casa. 25 Tú, hijo de hombre, verás que echan cuerdas sobre ti y te

atan con ellas, y ya no podrás salir a ellos. 26 Y haré que se te pegue la lengua al paladar,

y quedarás mudo, y ya no serás para ellos un censor, porque es casa rebelde;

27 mas, cuando yo te hable, abriré tu boca, y entonces les dirás: Así habla el Señor,

Yahvé; el que oiga, que oiga, y el que no quiera oír, no oiga, porque es casa rebelde.

Por orden divina, el profeta desciende de la colina al campo 3, y allí vio de nuevo la gloria de

Yahvé, o a Yahvé manifestándose en toda su gloria como en la primera visión. Confortado por el

espíritu (v.24) después de haber quedado en un estado de postración similar al de la primera visión,

recibió la orden de encerrarse en su casa (v.24). En vez de comunicar a los exilados su visión

y las comunicaciones divinas, debe callarse por una temporada. El v.25 debe entenderse en

un sentido simbólico; no es, pues, necesario suponer que realmente le hubieran atado con cuerdas.

Es Yahvé quien liga al profeta, como es Yahvé quien le pega la lengua al paladar (v.26).

Quizá le envió una enfermedad, como parálisis, reumatismo, etc., que le inmovilizó4. En todo

caso, parece que Yahvé mismo le impuso un período de inmovilidad bastante prolongado.

Muchos autores creen que el fin de esta acción simbólica es anunciar el asedio de Jerusalén

por Nabucodonosor 5. Pero en el contexto aparecen juntos la inmovilidad y el mutismo, lo

que parece indicar que es una misma la finalidad de ambas cosas, es decir, el mantenerse alejado

de toda actividad con los exilados antes de que Yahvé mismo lo ordene: hasta cuando yo te

hable. (v.27). Parece que se le ordena callar por un tiempo, porque los exilados aún no estaban

suficientemente preparados para oír los mensajes del profeta.

4. Acciones simbólicas sobre el Asedio de Jerusalén.

Los exilados creían que Jerusalén nunca sería tomada por las tropas de Nabucodonosor, pues

Yahvé habría de defenderla necesariamente por ser el lugar de su morada. Por otra parte, el prestigio

de Yahvé parece exigirlo. Con estas ilusiones seguían en su perversa conducta, sin reconocer

que sus pecados eran la causa de la ruina de la nación. La misión de Ezequiel es convencer a

sus compatriotas desterrados que Yahvé entregará Jerusalén a sus enemigos y que no queda sino

arrepentirse y volver a Yahvé para tener una esperanza de rehabilitación nacional. El profeta,

pues, por orden divina, quiere hacer ver a los exilados con acciones simbólicas la futura destrucción

de Jerusalén.

El plano de Jerusalén asediada (1-3).

1 Tú, hijo de hombre, toma una tableta de arcilla y póntela delante” Traza en la ta2223

bleta el plano de una ciudad, Jerusalén. 2 Pon contra ella cerco, alza contra ella torres,

haz vallado, asienta campamento delante de ella y pon contra ella arietes en

derredor. 3 Toma luego una plancha de hierro y ponía como muro de hierro entre ti

y la ciudad, y dirige a ella tus miradas. El cerco será estrecho, y lo estrecharás cada

vez más. Es señal para la casa de Israel.

La vida de Ezequiel es una continuada parábola en acción. Por orden divina tiene que llamar la

atención de sus compatriotas con acciones simbólicas extrañas para traerlos al buen camino. Ya

el aire pensativo y taciturno mostrado por el profeta después de su visión inaugural y, sobre todo,

la misteriosa reclusión y mutismo en su casa debían dar que pensar a los exilados, que veían en

Ezequiel un compatriota extraño con pretensiones de profeta. Su mismo carácter sacerdotal le

daba cierto ascendiente sobre ellos. Por otra parte, los exilados vivían obsesionados por la idea

de un pronto retorno a la patria, y así nada tiene de particular que espiaran los últimos detalles de

un hombre extraño que tenía visos de profeta, esperando oír de sus labios promesas de pronta

repatriación. Teniendo en cuenta este ambiente de expectación, el profeta, por orden divina, realiza

ciertas acciones simbólicas que debían ser anuncios concretos del futuro. Una de ellas es esta

de trazar sobre una tableta de arcilla o ladrillo el plano de la ciudad de Jerusalén. Contra ella

debía asentar torres, vallados y cerco (v.2), dando la impresión de que la ciudad iba a ser asediada

militarmente. Además se le ordena interponer una plancha de hierro entre la ciudad y el profeta

(v.3), para indicar el cerco del ejército de Nabucodonosor, instrumento de la justicia divina.

Sobre la ciudad sitiada debe dirigir las miradas amenazadoras como las de un jefe de un ejército

que asedia y no tiene otra ilusión que entrar en la ciudad. La acción simbólica de Ezequiel puede

concebirse perfectamente suponiéndolo mudo e inmóvil en su casa, desplegando su brazo ante

los exilados estupefactos, frente a un ladrillo en el que estaba dibujado el plano de la ciudad de

Jerusalén. En su mutismo era el único modo de pronosticar el asedio de la Ciudad Santa por Nabucodonosor.

Inmovilidad del profeta (4-8).

4 Échate después sobre tu lado izquierdo y pon sobre él las maldades de la casa de

Israel. Tantos días como sobre él yazcas, expiarás en ti la iniquidad suya. 5 Los años

de su expiación te los computo a ti por días: ciento noventa días 6 expiarás las iniquidades

de la casa de Israel. 6 Acabados éstos, te echarás del lado derecho para expiar

a su vez las iniquidades de la casa de Judá por cuarenta días, computándote

cada día por un año. 7 Dirigirás tus miradas contra el muro de Jerusalén, tendiendo

el brazo y profetizando contra ella. 8 Yo te ataré con cuerdas para que no puedas

volverte de un lado al otro mientras no se cumplan los días de tu atadura.

Una nueva acción simbólica. La inmovilidad obligada tendrá un sentido nuevo para los exilados.

El profeta, por orden divina, debe permanecer ciento noventa días echado sobre su lado izquierdo

para expiar otros tantos años por las iniquidades de la casa de Israel, es decir, el reino del

norte, con Samaría por capital. El mismo nombre izquierdo, que para los israelitas es el norte 7,

parece aludir al reino del norte. Después debe estar echado cuarenta días sobre su lado derecho

para expiar las iniquidades de la casa de Judá (v.6). Según lo antes apuntado, el lado derecho

debe de aludir al reino del sur, pues para los israelitas el sur era la derecha.

Haciendo el cómputo de días en años, según se indica en el texto, tenemos que la cautividad

de la casa de Israel será de ciento noventa años, y la de la casa de Judá de cuarenta años. La

2224

cautividad para los judíos terminó en el 538 con el decreto de Ciro. Tomando esta fecha como

término “ad quem,” podemos llegar a la fecha del 721 (toma de Samaría por Sargón II y fecha de

la deportación definitiva de los habitantes del reino del norte) y tenemos “grosso modo” los ciento

noventa años del texto para la casa de Israel; y para la casa de Judá, partiendo de la misma

fecha 538 y sumándole cuarenta años, llegamos al 578, que se aproxima a la fecha crucial del

586, en que tuvo lugar la definitiva deportación de Judá. Siempre hay un margen de inexactitud

en las cifras, que no han de tomarse al pie de la letra, sino como números redondos. No faltan

autores que niegan la realidad del hecho, suponiendo que todo ello es una alegoría. Partiendo del

supuesto de que Ezequiel estuvo inmóvil por una enfermedad enviada por Dios, no tiene nada de

inverosímil la realidad histórica de esta acción simbólica: yo te ataré con cuerdas. (v.8). Aquí las

cuerdas parecen designar la voluntad de Yahvé de inmovilizarle hasta que se cumplan los días

fijados por el mismo Dios.

El pan tasado e inmundo (9-17).

9 Toma también trigo, cebada, habas, lentejas, mijo, avena, y ponió en una misma

vasija, y haz de ellos tu alimento durante los días que estés echado de este o del otro

lado. 10 Lo que para comer tomes será de veinte siclos de peso por día, que es lo que

comerás de un día al otro. H También el agua la beberás medida, un sexto de “hin,”

que te servirá de bebida de un día a otro. 12 Comerás pan de cebada, que cocerás en

rescoldo de excrementos humanos y a la vista de esas gentes. 13 Y me dijo Yahvé: Así

comerán los hijos de Israel su pan inmundo en medio de las gentes a las cuales les

arrojaré. 14 ¡Ah Señor! exclamé yo: mi alma no se ha contaminado nunca; desde mi

adolescencia hasta hoy no comí mortecino ni despedazado, y jamás entró en mi boca

carne inmunda. 15 El me respondió: Mira, te concedo que, en vez de estiércol humano,

tomes estiércol de bueyes para cocer con él tu pan. 16 Y añadió: Hijo de hombre,

yo voy a quebrantar en Jerusalén el sustento del pan; comerán el pan por peso y con

angustia y beberán el agua tasada y con turbación, 17 para que, faltándoles el pan y

el agua, desfallezcan los unos con los otros y se consuman en su iniquidad.

De nuevo una acción simbólica debe completar el significado de la anterior sobre el asedio de

Jerusalén. Ahora se van a anunciar las penalidades del asedio, sobre todo el hambre y la sed de

los habitantes cercados. El profeta debe mezclar en una vasija diversos cereales y legumbres. La

Ley prohibía esta mezcla de trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y espelta, como estaba prohibido

sembrar dos clases de grano en el mismo campo 8. Sin embargo, las circunstancias del asedio serán

tan penosas, que los asediados se verán obligados a contravenir la Ley mosaica. Además,

Ezequiel debe comer lo equivalente al peso de veinte siclos al día, es decir, unos 300 gramos, lo

que es la mitad de la comida normal de una persona 9.

También tendrá tasada el agua, pues sólo podrá beber un sexto de hin, es decir, un litro

cada día 10.

Para encarecer más la escasez y anormalidad de la situación, el profeta debe cocer el pan

de cebada en rescoldo de excrementos humanos (v.12). El combustible ordinario aún hoy en las

aldeas de Palestina que no tienen carbón ni leña es el excremento de los animales. Los habitantes,

pues, de la Jerusalén asediada no tendrán siquiera esto, y se verán obligados a emplear lo

más repugnante. Pero esto, aparte de la repugnancia natural, para el profeta resultaba inmundo

ritualmente H. El profeta, de la clase sacerdotal, siempre había tenido un cuidado extremo en

guardar las leyes de la pureza legal. Estaba prohibido comer carne de animales muertos o des2225

cuartizados por otros animales, porque no había sido derramada la sangre suficientemente 12. El

profeta declara que nunca ha tomado mortecino o despedazado (v.14) ni carne inmunda, es decir,

carne empleada en los sacrificios, pero que se conservaba varios días 13. Todo esto era abominación

para su mentalidad ritualista y sacerdotal; por eso, el emplear combustible inmundo,

prohibido por la Ley, le resultaba inaceptable. Dios le condona esto y le permite utilizar el combustible

normal del excremento de animales (v.15). Todo esto se ordena a anunciar proféticamente

las estrecheces que los habitantes de Jerusalén sufrirán en el próximo asedio: yo voy a

quebrantar el sustento del pan (v.16), símbolo del alimento humano en general. Consecuencia de

ello será que languidecerán de hambre los unos con los otros (ν.17).

1 Cf. Esd 2:59: “colina de la sal.” Algunos autores creen que Tel-Abib es una deformación del babilónico tel-abubi (colina de la inundación).

— 2 Cf. Is 52:8; 56:10; Jer 6:17; Ez 33:2.6-7. — 3 Cf. Ez 8:4; 37,is. — 4 Los comentaristas antiguos tomaban al pie de la

letra las palabras del Dios, y así suponían que el profeta se hizo atar (Knab.). Muchos autores modernos ven aquí una alusión a la

supuesta epilepsia de Ezequiel (Klosterm.). Cf. BUZY, Les symboles de VA.T., p.212-218. — 5 Así San Jerónimo, Trochen, Knabenbauer

y Fillion. — 6 Así según los LXX. Según el TM, son “trescientos noventa días.” — 7 Entre los orientales, el sistema de

buscar los puntos cardinales es mirar hacia el oriente, donde nace el sol. De ahí que su izquierda es nuestro norte, y su derecha

nuestro sur. — 8 Cf. Lev 19:19; Dt 22:9-11. — 9 El sido pesaba unos 13 gramos más o menos. — 10 El hin era la sexta parte del

baíh, que equivalía a unos 39 litros; por tanto, unhin, 6:55 litros. — 11 Cf. Dt 23:135. — 12 Cf. Ex 22:30; Lev 17:15; Dt 14:21.

— 13 Cf. Lev7,18; 19,7; Js 65:4.

5. Dispersión de los Habitantes de Juda.

Continúan las acciones simbólicas para significar la trágica suerte de los moradores de Jerusalén.

No sólo serán cercados y padecerán grandes estrecheces en el asedio, sino que al final serán

unos asesinados y otros dispersos. El profeta, con todas estas predicciones, salía al paso del infundado

optimismo de sus compatriotas, que creían cerca la hora de la liberación total y, sobre

todo, no concebían que la Ciudad Santa pudiera caer en manos del enemigo.

Depopulación de Judá y de Jerusalén (1-4).

1 Hijo de hombre, toma una espada afilada y empléala como navaja de barbero para

raerte cabellos y barba. Toma luego una balanza justa y reparte el pelo. 2 Un tercio

lo quemarás al fuego en medio de la ciudad, mientras se cumplen los días del asedio;

otro tercio lo herirás con la espada en derredor de ella,y el otro tercio lo esparcirás

al viento y yo lo perseguiré con la espada desnuda. 3 Toma también de ellos unos pocos,

contados, y átalos a la orla de tu manto. 4 Toma otros pocos y los echas en medio

del fuego, que se quemen. De ahí saldrá el fuego para toda la casa de Israel.

No se especifica el momento histórico de esta nueva acción simbólica. El profeta debe rasurarse

la barba y cabellos. Lo primero resultaba un gran sacrificio para los orientales, que están orgullosos

de su barba. En Is 7:20 se habla del ejército asirio como “navaja alquilada” para quitar a Judá

toda su virilidad. En Ezequiel, el sentido es algo diverso. Debe dividir sus cabellos y barba rasurada

en tres mitades l, que habían de pesarse en una balanza, símbolo de la justicia divina (v.1).

Un tercio será entregado al fuego en medio de la ciudad (v.2) sobre el ladrillo o tableta de barro

donde había trazado el plano de Jerusalén. Así, dentro del trazado de la ciudad debe quemar parte

de su barba para indicar a los habitantes de Jerusalén que morirán durante el asedio por la peste y

el hambre. Otro tercio de pelos los herirá con la espada, simbolizando a los que habían de caer

por la espada, y un tercio será esparcido al viento, con lo que se indica la suerte de los deporta2226

dos y dispersos en la huida por los diversos países; su destino será tan trágico, que ni así se verán

libres, ya que Yahvé los perseguirá con la espada (ν.3). Pero de éstos se salvará un resto; por eso

se dice que debe ligarlos a la orla de su manto (ν.3), es decir, conservarlos con el mayor cuidado2.

El v.4 es comúnmente considerado como glosa para recalcar el castigo, pues el fuego parece

simbolizar las diversas calamidades que se cernerán sobre la casa de Israel.

Castigo de la rebeldía de Jerusalén (5-17).

5 Así dice el Señor, Yahvé: Esta es Jerusalén. Yo la había puesto en medio de las

gentes y de las tierras que están en derredor suyo. 6 Ella se rebeló contra mis mandatos,

malvada, más que las gentes, y contra mis leyes, más que las tierras que están

en torno suyo, despreciando mis mandamientos y mis leyes y no andando por ellos. 7

Por tanto, así dice Yahvé: Por ser más rebelde que las gentes que os rodean, y no

haber seguido mis mandamientos, y no haber obrado según mis leyes, y hasta ni siquiera

no haber hecho según las costumbres de las gentes que están en torno vuestro,

8 por eso así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti a mi vez para hacer justicia

en ti, a la vista de las gentes, 9 y haré en ti lo que no hice jamás, y como jamás

volveré a hacer por todas sus abominaciones. 10 Por eso dentro de ti se comerán los

padres a sus hijos, y los hijos se comerán a sus padres; cumpliré en ti mis juicios, y

lo que de ti reste, lo esparciré a todos los vientos. 11Por mi vida, dice el Señor, Yahvé,

ya que tú has profanado mi santuario con todas tus fornicaciones, yo también te

abatiré a ti, sin que perdone mi ojo, sin misericordia. 12 Una tercera parte de ti morirá

dentro, de pestilencia y de hambre; otra tercera parte caerá en derredor tuyo a

la espada, y la otra tercera parte la esparciré a todos los vientos, e iré tras ella con la

espada desenvainada. 13 Cumpliré mi furor y saciaré en ellos mi ira, y tomaré satisfacción,

y sabrán que yo, Yahvé, he hablado en mi indignación cuando desfogue en

ellos mi furor. 14 Te tornaré en desierto y en oprobio de las gentes que están en derredor

tuyo, a los ojos de todos, 15 y serás el oprobio y el escarnio, el espanto y el escarmiento

de las gentes que están en derredor de ti, cuando en medio de ti haga justicia

con furor o indignación, con terrible ira. Yo, Yahvé, lo he dicho. 16 Cuando dispare

yo contra ellos las perniciosas saetas del hambre, que los llevarán a la destrucción,

que lanzaré yo para destruirlos, y acreciente vuestra hambre y os quite todo

sustento de pan, 17 cuando lance contra vosotros el hambre y las bestias feroces que

te dejarán sin hijos, y pasen por tus calles la pestilencia y el estrago, y haga caer sobre

ti la espada. Yo, Yahvé, he hablado.”

Yahvé echa en cara a Jerusalén, la predilecta, el haber sido más culpable que los mismos pueblos

paganos que la rodeaban. El profeta declara, en nombre de Dios, la razón teológica de su inminente

y definitivo castigo. Toda la historia de Judá ha sido una serie de transgresiones y rebeldías

contra su Dios, que con tanto amor los había llamado y protegido contra innumerables peligros.

La había puesto en medio de las gentes (ν.6), lo que geográficamente es exacto, ya que Palestina

estaba en la encrucijada de los dos grandes imperios, el asirio y el egipcio 3. Israel superó en malicia

a las otras naciones, en cuanto que, teniendo una revelación especial, no quiso someterse a

los preceptos divinos, y aun se puso por debajo de las costumbres de las gentes (ν.7), ya que no

se sabe de ningún pueblo que haya renegado de su dios nacional, mientras que Israel reiteradamente

ha abandonado a su Dios para seguir a los ídolos de otros pueblos4. Esta abominación merece

un castigo desconocido, cual es el terrible asedio de Jerusalén con sus terribles escenas de

2227

antropofagia (v.10) 5.

El pecado más grave de Israel fue el de la idolatría. El santuario de Jerusalén había sido

profanado con imágenes de ídolos extraños (v.11); tus fornicaciones puede tener el sentido

metafórico de idolatrías, como es común en los profetas, y el sentido literal de actos de prostitución

sagrada, corrientes en los santuarios cananeos. Como consecuencia de sus abominaciones,

unos morirán por el hambre y la peste; otros, por la espada, y otros tendrán que huir perseguidos

por el mismo Señor (v.12). Con ello Jerusalén será objeto de oprobio y de escarmiento entre las

naciones (v.14) 6. Entonces conocerán todos que Yahvé ha hablado (v.17), manifestándose en su

pleno furor por las transgresiones de su pueblo.

1 Según los LXX, son cuatro partes, pero el contexto pide tres. — 2 Cf. Ez 11:14-15; Jer 24:5-29; Núm 15:38. — 3 Cf. Ez 38:12. — 4

Jer 2:10. — 5 Cf. 2 Re 15:283; Lev 26:29; Dt 28,53; Lam 2:20; 4:10. — 6 Cf. Jer 7:34; Lev 26:31; Lam 1:1; 2:6; 3:11; Jer 18:16; 19,8.

6. Profecías contra los centros idolátricos de Israel.

La suerte anunciada a Jerusalén por sus idolatrías y abominaciones alcanzará también a todo el

reino de Judá, ya que en todos sus contornos ha habido manifestaciones religiosas idolátricas.

El profeta quiere con estos oráculos quitar de la mente de los exilados las desmesuradas ilusiones

optimistas de liberación. Todavía no había pasado la ira divina en su plena manifestación; por

eso no deben pensar en un pronto retorno a Palestina.

Devastación de los altares idolátricos (1-7).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, vuelve el rostro a

los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3 Di: Oíd, montes de Israel, la palabra

del Señor, Yahvé. Así dice el Señor, Yahvé, a los montes, a los collados, a los torrentes,

a los valles: Voy a traer contra vosotros la espada y destruiré todos vuestros altos.

4 Vuestros altares serán devastados, y destrozados vuestros cipos solares, y haré

caer vuestros muertos ante vuestros ídolos. 5 Yo pondré los cadáveres de los hijos de

Israel delante de sus ídolos y dispersaré vuestros huesos en derredor de vuestros altares.

6 Dondequiera que habitéis serán arruinadas vuestras ciudades y devastados

vuestros altos. Vuestros altares serán arruinados, y abandonados vuestros ídolos,

destrozados, desaparecerán. Serán rotos vuestros cipos al sol y aniquiladas vuestras

obras. 7 Caerán en medio de vosotros los muertos y sabréis que yo soy Yahvé.

Sigue el anuncio de la devastación y de la ruina. Antes era contra los habitantes de Jerusalén por

sus idolatrías; ahora es contra los lugares de culto idolátrico, extendidos por todos los montes de

Judá (v.1); por eso el profeta debe volver su rostro a los montes de Israel, para lanzar sus oráculos

amenazadores. Toda la tierra de Palestina estaba contaminada con prácticas idolátricas; por

eso solemnemente dirige sus palabras a los montes, collados, torrentes y valles (v.3). Todo ha

sido puesto al servicio de la idolatría, y de ahí que hasta los mismos accidentes geográficos serán

víctimas de la ira de Dios, que destruirá sus altos (v.3), es decir, los famosos “lugares altos” o

Bamoth, tradicionales lugares de prevaricaciones idolátricas *. También los cipos solares, o estelas

dedicadas al sol, serán destruidas. Los santuarios cananeos estaban al aire libre en un pequeño

recinto, en cuyo centro se elevaba un monolito o madera en forma de estela dedicada al dios solar

2. La destrucción será general 3.

2228

Arrepentimiento de los dispersos de Judá (8-10).

8 Mas dejaré de vosotros entre las gentes unos restos que escaparán a la espada

cuando sean dispersados por las tierras. 9 Vuestros dispersos se acordarán de mí en

las naciones en que estarán en cautiverio, porque yo quebrantaré su corazón fornicario,

que se apartó de mí, y sus ojos, que fornicaron tras los ídolos. Y tendrán

horror de sí mismos por las iniquidades que cometieron y por todas sus fornicaciones.

l0 Sabrán entonces que yo soy Yahvé. No en vano había dicho que había de escarmentarlos.

No pocos autores ven en estos versos una adición posterior por su estilo convencional. El profeta

anuncia que, una vez pasado el castigo, cuando los judíos se hallen en la diáspora, sentirán una

nostalgia de Dios, y sentirán horror de sí mismos (V.9) al verse culpables de horrendos crímenes.

Yahvé los ha castigado por su corazón fornicario, es decir, su propensión a la idolatría. Las

relaciones entre Dios e Israel eran concebidas al modo de las relaciones conyugales de dos esposos.

Por eso, todo culto a los ídolos era un adulterio, y sus actos de culto, fornicaciones (V.9).

Desolación de la tierra de Judá (11-14).

11 Bate las manos y huella con tu pie, diciendo: ¡Ay! Después de tantas horribles

abominaciones, caerá la casa de Israel a espada, de hambre y de peste. 12 El que está

lejos morirá de peste, el que está cerca caerá a la espada, y el que quedare y esté

asediado morirá de hambre. Desfogaré mi ira, 13 y reconoceréis que yo soy Yahvé

cuando yazcan sus muertos junto a sus ídolos, en derredor de sus altares, en todo alto

collado y en la cima de todos los montes, bajo todo árbol frondoso y bajo toda encina

copuda; allí donde ofrecían perfumes de grato aroma a todos los ídolos, 14 yo

tenderé contra ellos mi mano y tornaré la tierra desolada y solitaria desde el desierto

a Ribla, dondequiera que habiten, y sabrán que yo soy Yahvé.

El profeta, por orden divina, debe mostrarse alegre a causa del cumplimiento de la justicia divina

sobre su pueblo, aunque esto suponga la catástrofe y la ruina. Los profetas tenían muchas veces

que ahogar sus más sagrados sentimientos patrióticos y familiares en función de exigencias divinas.

Eran los transmisores de la voluntad de Dios, y ante esto debían declinar toda otra afección

particular y personal.

Como Jeremías en Palestina, Ezequiel en Babilonia debe anunciar la tragedia de su pueblo,

en contra de sus naturales inclinaciones. Ante todo estaban los derechos de la justicia divina,

y por eso debía alegrarse del cumplimiento de la misma a costa de sus compatriotas pecadores.

Estos caerán por la peste, el hambre, la espada, los tres flagelos instrumentos de la cólera de

Yahvé. Los muertos yacerán por doquier en torno a los altares donde habían ofrecido sacrificios

a los ídolos, en los lugares altos y bajo todo árbol frondoso (v.13), es decir, en los santuarios

formados en torno a un terebinto sagrado, como aún se ve en los welys de los musulmanes de

Oriente 4. La frondosidad de la vegetación era símbolo de la fecundidad y de la vida, y por eso

los lugares frondosos eran escogidos para dar culto a divinidades afrodisíacas, como Astarté, la

Istar de los babilonios. La consecuencia de la manifestación de la cólera divina será la desolación

total desde el desierto hasta Ribla 5, es decir, toda la costa siro-fenicia-palestina, desde el desierto

del Negueb, al sur de Bersabé, hasta Ribla, sobre el Orontes, en Siria, que fue cuartel general

de Nabucodonosor en 587.

2229

1 Cf. 1 Re 12:20-35; 2 Re 17:29-32; Os 3:2; Jer 7:31; Is 15:2. Véase H. Vincent, Ca-naan d'aprés l'exploration recente (París 1907)

90-151. — 2 Véase J. M. Lagrange, Études sur les religions sémiíiques (París 1905) 2143. — 3 Cf. Am 7:9; Jer 26:9; Is 44:10-20.

— 4 Cf. Jer 2:20. — 5 El TM dice “más que e! desierto hacia Dibla,” localidad desconocida. Por otra parte, encontramos este nombre Diblí, en

vez de Ríb/α, en Jer 52:9-10; 26-27. La mayoría de los críticos leen “desde el desierto hasta Ribla,” frase paralela a la otra bíblica: “'Desde la entrada

de J'amat hasta el torrente de Egipto” (Núm 13:21).

7. Castjgo de las Idolatrías.

Inminencia de la catástrofe (1-13).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Mira, hijo de hombre, así habla

Yahvé: Es el fin para la tierra de Israel, viene el fin sobre los cuatro confines de la

tierra. 3 Llega para ti el fin, y desencadenaré mi ira contra ti y te pagaré según tus

obras; echaré sobre ti todas tus abominaciones. 4 No se apiadará de ti mi ojo, no

tendré compasión, echaré tus obras sobre ti, y en tu seno tus abominaciones, y sabréis

que yo soy Yahvé. 5 Porque así dice el Señor, Yahvé: Desdicha tras desdicha

viene, 6 llega el fin, está amenazándote el fin, ya está ahí. 7 Ya te llega el fin, habitante

de la tierra; ya viene el tiempo, ya llega el día del alboroto, pero no de alegría, en

los montes. 8 Ahora en seguida voy a derramar sobre ti mi ira y satisfaré en ti mi furor,

juzgándote según tus obras y echando sobre ti todas tus fornicaciones. 9 No se

apiadará mi ojo, no tendré compasión, sino que echaré sobre ti tus obras, y pondré

en tu seno tus abominaciones, y sabrás que yo, Yahvé, os hiero. 10 He ahí el día, ya

viene, ya llega tu suerte, ya ha brotado la opresión, ha florecido la injusticia *. n La

violencia se ha levantado como cetro de impiedad; nada quedará de ellos ni de su

orgullo, nada de su estrépito, nada de su esplendor. 12 Llega el tiempo, viene el día

en que no se alegre el que compra ni se entristezca el que vende, que sobre todos

vendrá la ira. 13 Quien venda no recobrará lo vendido por más que viva, porque la

visión sobre todos ellos no se revocará, y por las impiedades ninguno vivirá.

La manifestación de la ira vengadora de Yahvé no se hace esperar, pues sus abominaciones han

sobrepasado toda medida y han de pesar sobre sus autores. La justicia de Dios será inexorable

(v.4).

Es el día de Yahvé anunciado por los profetas, que, lejos de ser día de exultación y gozo

2, será día de alboroto, pero no de alegría, en los montes (ν.7), lugares de tradicional alegría por

estar en ellos los santuarios dedicados a los ídolos 3. Ha llegado la hora de pedir cuenta de las

fornicaciones o idolatrías de Judá (v.8). Israel debe recibir en su seno el pago de sus abominaciones

(v.8), pues la opresión y la injusticia (v.10) han florecido exuberantes en la sociedad, de

tal forma que la violencia se ha levantado como cetro de impiedad, dominando como reina todas

las manifestaciones de la vida cívica y social. Pero la ira divina barrerá toda manifestación aparatosa:

no quedara nada de su estrépito y esplendor. Las transacciones serán acompañadas de alegría

de parte del que las compra, que se aprovecha de la miseria del prójimo. Según la Ley, debían

darse facilidades de rescate a los que vendían obligados por la necesidad y la miseria. Los

acaparadores se aprovechaban de esta situación. Pero ahora no deben alegrarse de sus compras ni

entristecerse los vendedores con sus ventas, porque llega la hora de la destrucción (v.12). La ruina

alcanzará a todos. No volverán a rescatarse los bienes vendidos después de cincuenta años,

como estaba prescrito 4. La ira divina sembrará la destrucción, y otros colonos vendrán al país

2230

de Israel a establecerse, siendo los moradores de Palestina llevados en cautividad (v.15). El castigo

de Yahvé es irrevocable.

Desolación general (14-27).

14 Tocan las trompetas, todo está presto, pero nadie va al combate, porque se desencadena

mi ira sobre su muchedumbre. 15 Fuera, la espada; dentro, la peste y el

hambre; quien está en el campo morirá a la espada; quien esté dentro de la ciudad

será devorado por el hambre y por la peste. 16 Quien de ellos escape huirá a los montes,

y gemirán todos como gime la paloma, cada uno por su propia iniquidad. 17 Todas

las manos están debilitadas, y todas las rodillas flaquean. 18 Cíñense de saco y

cúbrense de terror; en todos los rostros se ve la confusión, y todas las cabezas están

rapadas. 19 Tiran en las calles su plata, y su oro se les torna en estiércol; no los salvará

su plata ni su oro el día de la ira de Yahvé. No saciarán su hambre y no llenarán

su vientre con ellos, pues les fueron incentivo para el pecado. 20 Estaban muy

orgullosos de sus brillantes joyas, y con ellas fabricaron sus abominables simulacros,

sus ídolos. Por eso se los convertirá en estiércol, 21 y los daré al saqueo de manos extranjeras

y en botín a los impíos de la tierra, para que lo contaminen. 22 Apartaré de

ellos mi rostro, y será profanado mi tesoro; entrarán en él los invasores y lo profanarán.

23 Fabrícate cadenas, porque está la tierra Üena de sangre, y la ciudad llena

de violencias. 24 Traeré gentes perversas para que se apoderen de sus casas, y pondré

fin al orgullo de los poderosos, y serán profanados sus santuarios. 25 Viene el terror,

pedirán paz, y no habrá paz. 26 Vendrá angustia sobre angustia, y el anuncio

de una seguirá al de otra. Faltará la visión a sus profetas; los sacerdotes desconocerán

la Ley, y los ancianos el consejo. 27 El rey se enlutará, y los príncipes estarán desolados,

y temblarán las manos de toda la tierra. Yo los trataré según sus caminos y

los juzgaré según su merecido, y sabrán que yo soy Yahvé.

El profeta refleja el momento del asedio de Jerusalén. Todo está presto para la defensa, tocan las

trompetas (v.14), pero de nada sirve, pues un temblor se apodera de los combatientes, de tal forma

que nadie va al combate. Es Yahvé el que ha enviado este retraimiento de las armas para

cumplir los designios de su ira. La desolación y la muerte reinan por doquier (v.15), y nadie se

atreve a salir al frente, pues todas las rodillas flaquean (ν.17). El abatimiento general se muestra

en manifestaciones generales de duelo: y cíñense de saco. todas las cabezas rapadas (v.18) 5.

Los asediados, al ver que su plata y oro no sirven para conseguir los víveres necesarios, lo arrojan

por las calles (V.19). Sus riquezas han sido un incentivo para el pecado i sobre todo para entregarse

a la idolatría, dando sus metales preciosos para la construcción de simulacros, en lo que

utilizaron sus brillantes joyas (v.20). Pero todo será botín de guerra para los invasores (v.21),

para que lo contaminen, utilizando el oro y plata de los ídolos para fines triviales y profanos. Pero,

sobre todo, la mayor calamidad es la profanación del tesoro de Yahvé, o templo de Jerusalén

(v.22). Todos deben prepararse para la cautividad (fabrícate cadenas), pues el castigo es inminente,

porque esta la tierra llena de sangre. (v.23); alusión a los homicidios y atropellos contra

los que predicaban la sumisión a Babilonia, siguiendo las indicaciones de los profetas.

En la catástrofe que se avecina no habrá ninguno a quien acudir en petición de ayuda, ya

que faltarán el sacerdote, el profeta y el sabio (v.25). Es interesante la claridad con que en este

texto se especifica la misión de los distintos directores espirituales de la sociedad: la característica

del profeta es la fisión, o revelación recibida directamente de Dios para transmitir un mensaje

2231

a la comunidad; la del sacerdote es la Ley, cuya enseñanza estaba obligado a compartir al pueblo;

y la del sabio es el consejo, o deducción doctrinal por reflexión de las revelaciones anteriores.

El sabio sustituyó al profeta cuando éste faltó, y sus enseñanzas no tenían la autoridad de los

profetas, precisamente porque no tenían comunicación directa con Dios, sino que, por reflexión

teológica, deducían conclusiones en orden al gobierno de la vida. Son los autores de los libros

que llamamos sapienciales, que vienen a llenar el vacío de los oráculos proféticos.

Israel siempre ha vivido bajo una protección especial divina; así, primero suscitó Yahvé

profetas para suplir la acción de los sacerdotes, que se limitaban a lo cultual, y después a los sabios

para que dieran consejo y dirección a las nuevas generaciones. Ezequiel en este pasaje

anuncia que, para colmo de males, Jerusalén se verá privada no sólo de los bienes elementales

materiales, sino aun de los espirituales, ya que los que representaban los valores del espíritu, corno

los sacerdotes, los profetas y los sabios, no estarán al alcance de los moradores de la Ciudad

Santa. Y en la catástrofe, los primeros en sentir una profunda amargura serán las clases dirigentes:

el rey se enlutara, y los príncipes estarán desolados. (v.27). Yahvé los castigará por su mala

conducta, para que reconozcan de una vez su poder: ν sabrán que yo soy Yahvé.

1 El TM lee lit. “ha salido la corona, ha florecido el cetro.” Nuestra versión se basa en una ligera reconstrucción del texto. La Biblc de

Jérus. traduce.: “el castigo está presto, se ha desarrollado el orgullo.” — 2 Cf. Am 5,18s; Ez 30:3. — 3 Cf. Ez 6:2s; Jer 3:22-23.

— 4 Cf. Lev 25:10.13. — 5 Cf. Jer 4:8; 6:26; Lam 2:1; Ez 27:31; Am 8:10; Is 15:2; Jer 47:5; Ez 27:31.

8. Los cultos idolátricos, practicados en el templo de Jerusalén.

Los exilados, a la vista de las extrañas acciones simbólicas de Ezequiel, llegaron a barruntar

que un profeta había surgido ante ellos. Su misión era anunciar la triste suerte reservada a los judíos

que aún permanecían en Palestina y la rehabilitación de los exilados. La suerte de la Ciudad

Santa estaba echada, y Judá sólo volvería a recuperarse después de largos años de cautividad.

Ante una concurrencia de exilados, encabezados por los ancianos de Judá, el profeta cayó en

éxtasis, asistiendo mentalmente a unas escenas que se desarrollaban en el templo de Jerusalén.

Esto tuvo lugar un año después de su visión inaugural junto al gran canal.

Los exilados creían que Yahvé debía necesariamente velar por Jerusalén y que no podía

permitir que los caldeos entrasen en la Ciudad Santa, pues Yahvé habitaba allí, en su templo.

Pero el profeta va a mostrar con una visión que precisamente el castigo destructor empezará por

el santuario de Yahvé, porque en él se están cumpliendo actos de abominación idolátrica, y, en

consecuencia, la justicia divina debe manifestarse dentro del recinto sagrado.

Nueva teofanía (1-4).

1 El año sexto, el día cinco del sexto mes, me hallaba yo en mi casa, y estaban delante

de mí los ancianos de Judá, y allí se posó sobre mí la mano del Señor, Yahvé. 2 Miré

y vi una figura con la apariencia de hombre1. De lo que aparecía, de cintura arriba

era fuego, y de cintura abajo era como un esplendor luminoso, como bronce brillante.

3Tendió una a modo de mano y me tomó por los pelos de la cabeza. El espíritu me

levantó entre la tierra y el cielo, y en visión divina me llevó a Jerusalén, a la entrada

de la puerta del atrio interior, del lado del septentrión, donde estaba puesto el ídolo

que provoca el celo. 4 Y allí estaba la gloria del Dios de Israel, semejante a la de la

visión que tuve en el campo.

El año sexto de la deportación del rey Joaquín, de donde parece partir el profeta en sus cómpu2232

tos, es el 592 2. El sexto mes es el de Ebul, correspondiente a agosto-septiembre. Esta visión,

pues, tuvo lugar poco más de un año después de la primera inaugural 3. En su casa recibió a un

grupo de exilados presididos por los ancianos de Judá. Sus acciones simbólicas desacostumbradas

habían logrado despertar la atención de aquellas gentes. Unos iban a verle con espíritu de fe,

considerándole como heredero del espíritu de los profetas, y otros por pura curiosidad. Estando,

pues, Ezequiel en medio de ellos, se sintió poseído de una gracia carismática especial del Señor:

se posó sobre mí la mano de Yahvé (v.1). La expresión indica la manifestación sensible o imaginaria

de Dios al profeta4. La aparición (sensible o imaginaria) del Señor reviste las mismas características

que la narrada en el capítulo 1. Yahvé se manifiesta en toda su majestad fulgurante y

esplendente como el fuego o el bronce brillante (v.2). Ninguna otra descripción más expresiva

para indicar el carácter santo y puro de Dios.

El profeta se siente transportado imaginariamente por el espíritu del Señor a Jerusalén. El

“espíritu” de Dios en el A.T., actuando carismáticamente sobre los profetas, es la energía divina

manifestándose de un modo especial como principio dinámico preternatural. Fuera del curso

natural, Dios tiene intervenciones directas sobre sus siervos en orden a las manifestaciones especiales

de su providencia. Todo esto que narra Ezequiel hay que entenderlo como ocurrido en visión

imaginaria; como la tercera tentación de Jesús en el desierto, según la cual Jesucristo fue

transportado por el diablo sobre el pináculo del templo de Jerusalén 5. Así Ezequiel es transportado

a la puerta del atrio interior del templo (ν.3), que estaba en el lado del septentrión, es decir,

a la izquierda del altar de los holocaustos, que estaba en el centro del atrio interior. El templo de

Jerusalén tenía un atrio exterior, o explanada amplísima, que rodeaba lo que propiamente era

santuario, al que tenían acceso las mujeres. Después, franqueando una puerta, se entraba en el

atrio interior, en el que estaba el altar de los holocaustos y al que tenían acceso sólo los varones.

Es allí donde el profeta asiste en visión a ciertas escenas idolátricas que va a describir minuciosamente.

Allí está el ídolo que provoca el celo, probable alusión a la estatua de Astarté, la

Istar asiría o Venus o la estela de Ashera que había erigido allí el impío rey Manases un siglo

antes 6, y que, quitada en la reforma de Josías 7, debió de volver a ocupar su antiguo lugar bajo el

ecléctico rey Sedecías, El ídolo es llamado provocador del celo, quizá aludiendo al celo que tiene

Yahvé de su culto en el templo de Jerusalén, ya que Israel era considerada como esposa de Yahvé.

Se dan otras explicaciones, pero parece que en la frase hay manipulaciones de un redactor

posterior8. El profeta se siente escandalizado por la presencia de estos ídolos en el santuario,

donde estaba la gloria del Dios de Israel (v.4), es decir, Yahvé, como protector de su pueblo,

manifestándose en toda su gloria y esplendor.

Escenas idolátricas en el templo de Jerusalén (5-13).

5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza tus ojos hacia el lado del septentrión. Y alzando

mis ojos al lado del septentrión, vi al norte de la puerta el altar del ídolo del celo, a

la entrada misma. 6 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen éstos? ¿Ves las

grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí mismo para alejarme de mi

santuario? Pero date la vuelta, y verás abominaciones todavía más grandes. 7 Y me

llevó a la entrada del atrio, y, mirando, vi un agujero en la pared. 8 Y me dijo: Hijo

de hombre, horada la pared. Horadé la pared, y apareció una puerta. 9 Entra, me

dijo, y mira las pésimas abominaciones que éstos hacen. 10 Entré, miré y vi toda

suerte de imágenes de reptiles y bestias abominables y todos los ídolos de la casa de

Israel pintados en la pared en derredor. 11 Y setenta hombres de los ancianos de la

casa de Israel, entre ellos Jezonías, hijo de Safan, estaban en pie ante ellos, cada uno

2233

con su incensario en la mano, de los que subía una nube de incienso. 12 Y me dijo:

Hijo de hombre, ¿has visto lo que hacen los ancianos de Israel en secreto, cada uno

en su cámara, llena de imágenes? Pues se dicen: Yahvé no nos ve, se ha alejado de la

tierra. 13 Y me dijo: Pues verás abominaciones todavía mayores que éstos hacen.

El profeta ve en la parte norte el ídolo del celo, probablemente, como decíamos antes, la estatua

o estela de Astarté, diosa fenicia, esposa de Baal, que era el trasunto de la Istar asiro-babilónica,

diosa de la fecundidad y del amor, como la Venus de los griegos. Su culto iba normalmente

acompañado de excesos sexuales en sus santuarios. Estas abominaciones debían de existir en el

templo de Jerusalén, al que se había dado acceso el culto de Istar desde los tiempos de Manases,

con el pequeño intervalo de la reforma de Josías. Todo ello era una invitación a Yahvé para que

se alejase de su morada de Jerusalén (v.6). Yahvé no puede compartir el culto con dioses paganos.

Pero Yahvé mismo invita al profeta a que penetre en el santuario para ser testigo de mayores

abominaciones; así, después de recorrer los corredores del atrio, el profeta, forzando una

pequeña abertura, se encuentra con cámaras secretas, en las que hay imágenes de reptiles y bestias

abominables (v.10). Las cámaras deben de ser las celdas de los sacerdotes, que estaban

construidas a lo largo del muro que separaba el atrio interior del exterior. En ellas hay imágenes

de reptiles. Probablemente son dioses egipcios: el cocodrilo, el buey Apis, etc. La influencia

egipcia en la corte de Jerusalén era muy profunda a causa de las alianzas políticas, ya que Egipto

era considerado como la nación protectora contra Babilonia bajo el rey Sedecías (598-586). Precisamente

los que hacen actos de adoración a estas abominaciones de animales son los ancianos

de la casa de Israel, la aristocracia judía. Uno de ellos es llamado Jezonías, que debía de ser conocido

de los exilados, pero desconocido para nosotros 9. El profeta quiere hacer ver a sus compañeros

de destierro que los judíos que han quedado en Jerusalén siguen ofendiendo a Dios con

sus cultos idolátricos, y, por tanto, el castigo definitivo no se puede dejar esperar. Los ancianos

de Israel se creían desamparados de Yahvé: Yahvé no nos ve, se ha alejado de la tierra (v.11).

La deportación del 598 y las constantes incursiones de los babilonios, amenazando con entrar en

la Ciudad Santa, les ha hecho pensar que habían perdido la gracia de su Dios, y por eso se volvían

hacia las divinidades de otros pueblos, como las de Egipto. En su mentalidad sincretista creían

poder conjurar los males que amenazaban con actos de acatamiento a los dioses de los otros pueblos;

por eso, con incensarios en las manos, les ofrecían incienso según la costumbre del templo

de Jerusalén.

Otras prácticas idolátricas (14-18).

14 Me condujo a la entrada de la puerta de la casa de Yahvé, del lado norte, y estaban

allí dos mujeres sentadas, llorando a Tammuz, 15 y me dijo: ¿Has visto, hijo de

hombre? Pues todavía verás abominaciones mucho más grandes que ésta. 16 Y me

llevó al atrio interior de la casa de Yahvé, y allí, a la misma entrada del santuario de

Yahvé, entre el vestíbulo y el altar, había unos veinticinco hombres de espaldas al

santuario de Yahvé y cara al oriente, que hacia el oriente se postraban. 17Y me dijo:

Hijo de hombre, ¿has visto? ¿Será cosa ligera para la casa de Judá hacer las abominaciones

que en este lugar se hacen, que han llenado la tierra de violencias para irritarme?

¡Hasta se llevan el ramo a las narices!18 Pues también yo obraré con furor,

no se apiadará mi ojo y no tendré compasión, y cuando griten a mis oídos en voz alta,

los escucharé.

2234

Conducido el profeta hacia la salida del atrio exterior en la parte norte, encontró a dos mujeres

sentadas llorando a Tammuz (v.14). Es el clásico duelo de las mujeres a la divinidad asirobabilónica

Tammuz (as. tamuzu: derivado del sumerio Du-muz1), dios de la vegetación. En el

solsticio de verano, al empezar a agostarse la vegetación y cuando las hoces empezaban a cortar

las espigas (junio-julio), se celebraba en Babilonia un día de duelo en honor del dios de la vegetación,

como pidiéndole perdón por la desaparición de la misma. En Fenicia había un rito similar

dedicado a Adonis, que es la versión fenicia del Tammuz mesopotámico 10. También, pues, el

culto sincretista de Tammuz había entrado en el templo de Jerusalén. Es una nueva abominación.

A ésta se une la del culto solar precisamente en el atrio interior, frente al santuario (el Santo),

por parte de 25 sujetos que de espaldas a la morada santa de Yahvé miran hacia el oriente postrados

en adoración al sol. Es el culto al dios solar asirio Samash, introducido también por el impío

rey Manases 11. Quizá estos adoradores pertenecieran a la clase sacerdotal, pues estaban entre

el vestíbulo (entrada al Santo) y el altar (v.16) de los holocaustos.

El Señor añade a estas abominaciones el pecado de violencias contra los fieles yahvistas,

que predicaban un retorno al culto puro y único de Yahvé (ν.17). La última frase es enigmática:

Hasta se llevan el ramo a las narices (v.17). Generalmente se suele explicar como alusión a una

conocida costumbre de los persas, los cuales llevaban a las narices un ramo de dátiles para purificar

el aliento y no contaminar la atmósfera y los rayos solares con él 12. Sin embargo, las versiones

dan diversos sentidos, lo que prueba que la frase hebrea era oscura y enigmática, quizá por

estar el texto corrompido. En todo caso se alude a ritos idolátricos que provocan la ira divina

1 Así según los LXX. El TM dice apariencia de fuego. El contexto pide la primera lectura. Por otra parte, la palabra hebrea que designa

fuego C~esh) es muy semejante a la que iignifica hombre ('enosh).sig — 2 Los LXX leen el quinto mes. — 3 Cf. Ez i.is. — 4

Cf. Ez 1:3; 3:22. — 5 Cf. Mt 4:5- — 6 Cf. 2 Re 21:7. — 7 Cf. 2 Re 23:6. — 8 En los LXX falta “que provoca el celo,” que tiene

visos de ser una glosa. — 9 Aparece como hijo de Safan. En tiempos anteriores aparece un secretario del rey Josías con este nombre.,

Cf. 2 Re 22:3”; Jer 29:3; 36,ios. — 10 Cf. Lagrange, Études sur les religions sémiliques (1905) 3065; A. Lemonyer, Le cuite

des dieux étrangers en Israel. Tammouz-Adonis: RsPhT 4 (1910), 271-282. — 11 Cf. 2 Re 23:11. — 12 A. Jeremías, Das A, T. im

Lichte des Altens Orients (1930) 75o.

9. Los Mensajeros de la Destrucción.

En el capítulo anterior se concretaban las grandes abominaciones de los habitantes de Jerusalén,

que llegaron hasta contaminar el recinto sagrado del templo con infiltraciones idolátricas de todo

género. El castigo de Dios no podía dejarse esperar. En este capítulo, dramáticamente se describe

la ejecución del terrible castigo. Las expresiones son radicales e hiperbólicas.

Orden de exterminio de los malvados de Jerusalén (1-7).

1 Y clamó en mis oídos con fuerte voz: ¡Acercaos los que habéis de castigar la ciudad!

2 Y llegaron seis hombres por el camino de la puerta superior del lado del septentrión,

cada uno con su instrumento destructor en la mano. Había en medio de

ellos un hombre vestido de lino, que traía a la cintura un tintero de escriba, y, entrados,

fueron a ponerse junto al altar de bronce. 3 La gloria del Dios de Israel se alzó

de sobre el querubín sobre el que estaba, hacia el umbral de la casa, y, llamando

al hombre vestido de lino que llevaba el tintero de escriba, 4 le dijo: Pasa por en medio

de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon por señal una “tau” en la frente

de los que se duelen de todas las abominaciones que en. medio de ella se cometen. 5

2235

Y a los otros les dijo: Pasad en pos de él por la ciudad y herid. No perdone vuestro

ojo ni tengáis compasión: 6 viejos, mancebos y doncellas, niños y mujeres, matad

hasta exterminarlos, pero no os lleguéis a ninguno de los que llevan la “tau.” Comenzad

por el santuario. Comenzaron, pues, por los ancianos que estaban delante

del templo. 7 Y les dijo: Profanad también el santuario, henchid de muertos los

atrios. Salid, pues. Salieron, y se pusieron a matar por la ciudad.

La visión se continúa. El profeta ve a cuatro instrumentos de la justicia divina, a los que llama

los que habéis de castigar (v.1). Son seis hombres (ángeles en forma humana), cada uno con un

instrumento mortífero en su mano (v.2). En medio de ellos había uno vestido de lino como los

sacerdotes1, con los enseres de escriba: un recipiente de bronce con departamentos para la pluma,

la tinta y el raspador. Todo colgando de la cintura (v.2). Los mensajeros de la justicia vienen

del lado del septentrión (v.2), porque del norte vendría el invasor caldeo, instrumento de la ira

divina. Dios, que estaba asentado en su gloria en el atrio interno, sale al umbral del santuario. La

expresión gloria de Dios equivale a Dios en su majestad, tal como era presentado en 8:35 sobre

los querubines refulgentes y radiantes como bronce.

Dios ordena al que lleva los instrumentos de escriba que haga una señal en forma de tau

sobre la población fiel, que no se ha contaminado en las abominaciones (v.4). En cambio, a los

otros, culpables, deben exterminarlos sin distinción de edades ni sexo. La tau que se ordena poner

sobre los buenos puede ser una pequeña cruz o equis de la antigua escritura feniciosamaritana2.

También con ocasión del éxodo un signo especial sirvió para proteger a los israelitas

contra el ángel exterminador 3. Los Padres han visto en esta señal un tipo del carácter

bautismal del cristiano, destinado por vocación a la vida eterna. La orden de exterminio es

total, y no deben sus ministros pararse ante la profanación del santuario con los cadáveres: profanad

el santuario, henchid de muertos los atrios (v.7). Los cadáveres contaminaban legalmente

todo lo que tocaban, y por eso su presencia en el santuario suscitaba particular aversión en los

israelitas. Pero ahora ha llegado la hora del castigo y nada debe ser preservado, aunque se comprometa

su santidad local. Las frases no han de entenderse necesariamente al pie de la letra,

pues se trata de una dramatización literaria de la invasión caldea. Los soldados de Nabucodonosor

no perdonarán realmente nada, y hasta en el santuario derramarán sangre humana. Son los

instrumentos de la justicia divina, representados en estos destructores de que habla el profeta.

Vana intercesión del profeta (8-11).

8 Mientras ellos herían, quédeme solo, y, postrándome rostro a tierra, grité: ¡Oh Señor,

Yahvé! ¿vas a exterminar cuanto queda de la casa de Israel, arrojando tu furor

sobre Jerusalén? 9 Y me dijo: La iniquidad de la casa de Israel y de Judá es muy

grande. La tierra está llena de sangre; la ciudad, llena de injusticia, pues se han dicho:

Yahvé se ha alejado de la tierra y no ve nada. 10 Así, pues, haré yo: no perdonará

mi ojo, no tendré compasión, haré recaer sus obras sobre sus cabezas. 11 Y el

hombre vestido de lino, con tintero de escriba a la cintura, vino a hacer relación: He

hecho lo que mandaste.

El profeta queda horrorizado al ver cumplirse la orden de Dios. Son tan pocos los justos, que Israel

va a quedar despoblada, y por eso intercede ante El (v.8). La respuesta es tajante: la violencia

y la injusticia han llenado la ciudad, y ha llegado al límite, pues, además, han sido presuntuosos,

creyendo que Yahvé ya no vigilaba sus acciones: Yahvé se ha alejado de la tierra y no ve

2236

nada (v.8). Esto es un insulto a su omnipotencia, y por eso no puede reprimir su ira (v.10). El

jefe de los ministros de la justicia divina, el hombre vestido de lino, viene a decir que su orden ha

sido ya puntualmente cumplimentada. Con esto quiere recalcar Ezequiel que su visión se cumplirá

sin falta. Los exilados debían, pues, dejar la ilusión de que Jerusalén no caería en manos de los

babilonios. Por otra parte, deben considerarse agraciados, ya que su suerte es menos penosa que

la de los que quedaron en Judá.

10. Nueva descripción de la Gloria de Dios.

Este capítulo resulta algo embarazoso y parece que ha sufrido muchos retoques redacciolíales.

Por un lado se continúa la escena del capítulo anterior, y por otro se describe una nueva visión de

la gloria de Dios, calcada sobre la del capítulo primero, con nuevos detalles.

Destrucción de la ciudad por el fuego (1-7).

1 Y miré, y vi encima del firmamento que estaba sobre las cabezas de los querubines

una como piedra de zafiro que aparecía sobre ellos como una semejanza de trono, 2

y habló Yahvé al hombre vestido de lino y le dijo: Ve por entre las ruedas de debajo

de los querubines, y llena tus manos de las brasas encendidas que hay entre los querubines

y échalas sobre la ciudad, y él fue a vista mía. 3 Los querubines se habían

parado al lado derecho de la casa cuando el hombre fue, y una nube había llenado el

atrio interior. 4 La gloria de Yahvé se alzó sobre el querubín al umbral de la casa, y

ésta se llenó de la nube, y el atrio se llenó del esplendor de la gloria de Yahvé, 5 y el

rumor de las alas de los querubines se oía hasta el atrio exterior, semejante a la voz

de Dios omnipotente cuando habla. 6 Y como dio la orden al hombre vestido de lino,

“toma del fuego de entre las ruedas de en medio de los querubines,” entró él y paróse

entre las ruedas, 7 y uno de los querubines tendió la mano al fuego que entre ellos

había, y tomó de él y lo puso en las palmas del que estaba vestido de lino, que lo tomó

y salió.

Después de haber cumplido la orden de señalar con una tau a los que habían de ser preservados

de la catástrofe, Yahvé, que estaba en un trono sobre los querubines, como en la visión del c.1,

dio orden al hombre vestido de lino, o ángel director de los destructores, de tomar en sus manos

brasas encendidas del fuego que había entre los querubines4 y después lanzarlas sobre la ciudad,

sin duda con designios de exterminio. En el v.7 es un querubín el que pone en manos del hombre

vestido de lino las brasas destructoras. El texto parece retocado, y de ahí que esté algo confuso.

La idea general es clara: Yahvé quiere abandonar su morada y castigar a la Ciudad Santa

con el incendio de la guerra. El ejército babilonio invasor será el instrumento de su justicia.

Nueva descripción de los querubines (8-17).

8 Mostróse entonces en los querubines una forma de mano de hombre bajo sus alas.

9 Miré y vi cuatro ruedas junto a los querubines, una rueda al lado de uno y otra al

lado de otro querubín. A la vista parecían las ruedas como de turquesa, 10 y en cuanto

a su forma, las cuatro eran iguales, como rueda dentro de rueda. 11 Cuando se

movían, iban a sus cuatro lados, y no se volvían atrás al marchar. 12 Todo el cuerpo

de los querubines, dorso, manos y alas, y las ruedas, estaban todo en derredor llenos

2237

de ojos, y todos cuatro tenían cada uno su rueda. 13 A las ruedas, como yo lo oí, las

llamaban torbellino. 14 Cada uno tenía cuatro aspectos: el primero, de toro; el segundo,

de hombre; el tercero, de león, y el cuarto, de águila. 15 Levantáronse los

querubines. Eran los mismos seres vivientes que había visto junto al río Kebar. 16 Al

moverse los querubines, se movían las ruedas a su lado, y cuando los querubines alzaban

las alas para levantarse de tierra, las ruedas a su vez no se apartaban de su

lado; 17 cuando aquéllos se paraban, se paraban éstas, y cuando se alzaban aquéllos,

se alzaban éstas con ellos, pues había en ellas espíritu de vida.

De nuevo el profeta detalla las figuras de la visión inaugural5. Se dice que los querubines estaban

llenos de ojos, lo que en 1:18 se decía sólo de las ruedas. Parece aludir a las chispas fulgurantes

que brillaban sobre el conjunto. Todo parece ser como un continuo despliegue de vislumbres

flameantes para encarecer más el carácter majestuoso y trascendente de la gloria de Yahvé. Los

relámpagos y el fuego son típicos en la tradición literaria bíblica para describir las teofanías desde

los tiempos del éxodo. Por eso, aquí Ezequiel amontona calificativos y detalles relativos al

carácter deslumbrante de la figura que aparece sobre el carro triunfal de los querubes. Su imaginación

es desbordante y apocalíptica, y por eso no deben urgir se demasiado las enseñanzas doctrinales

de los detalles, pues ante todo se quiere impresionar al lector con descripciones deslumbradoras

y majestuosas. Las hipérboles son frecuentes: a las ruedas las llamaban torbellino por

el fragoso ruido que hacían (ν.13): el rumor de las alas de los querubines era semejante a la voz

de Dios omnipotente cuando habla (v.5), es decir, como el trueno, que en las tormentas se manifestaba

como la voz de Dios, que siempre habla desde el torbellino para impresionar a sus fieles,

corno en el Sinaí6.

La gloria de Yahvé abandona el templo (18-22).

18 La gloria de Yahvé se quitó de sobre el umbral de la casa y se puso sobre los querubines,

19 y los querubines tendieron las alas y se alzaron de tierra a vista mía, y

con ellos se alzaron las ruedas. Paráronse a la entrada de la puerta oriental de la casa

de Yahvé, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos. 20 Eran los mismos

seres que había visto bajo el Dios de Israel junto al río Kebar, y supe que se

llamaban querubines. 21 Cada uno tenía cuatro aspectos, y cada uno cuatro alas, y

una semejanza de mano de hombre bajo las alas. 22 La semejanza de sus rostros era

la de los que vi junto al río Kebar. Cada uno iba de frente a sí.

El Señor ha actuado en su plena manifestación de majestad como Juez, dando órdenes a sus ministros

para castigar a su pueblo desde su misma morada santa. Terminada su función de Juez

justo, abandona su sala de justicia, el templo de Jerusalén, y se encamina hacia la puerta oriental

(V.19), como dando a entender que abandona a su pueblo a su suerte. En su trono majestuoso,

sostenido por los querubines, desaparece sin duda para trasladarse a convivir con los exilados de

Babilonia, que iban a constituir el núcleo escogido de resurrección nacional. Ha llegado la hora

de la manifestación de la justicia divina, y Yahvé se aleja de su pueblo de Jerusalén para que

el ejército de Nabucodonosor, instrumento de su ira vengadora, realice el decreto de exterminio

sobre Israel, de forma que no sea cohibido por la presencia divina en el templo.

Con esto Ezequiel da a entender a sus compatriotas, compañeros de cautividad, que no

deben hacerse ilusiones sobre la suerte de la Ciudad Santa, ya que está destinada por Dios a la

destrucción, y, por otra parte, el único obstáculo para que los enemigos de Sión no entraran en

Jerusalén — la presencia de Yahvé en su santuario — ha desaparecido. El profeta describe de

2238

nuevo los querubines que con sus cuatro aspectos, de león, de toro, de águila y de hombre, recordaban

a los karibu babilónicos que los exilados podían contemplar a la entrada de los palacios

asirios y caldeos 7.

1 Ex 28:495; Lev 16; Dan 10:5; 12:6s. — 2 Cf. R. Dussaud, Les inscriptions phéniciennes du tombeau d'Ahiram, roí de Ryblos: “Syria”

(1924) 136-157; A. Vaccari, Institutiones Biblicae I ed.5.a (1937) 2193 tab.I. — 3 Cf. Ex. 12:13; Job 31:35. — 4 Cf. Ez 1:4.

— 5 Cf. Ez 1:8-10. — 6 Cf. Ex. 19:16. — 7 Cf. explic. al c.i. Véase RB (1926) p.382.48153.

11. Profecías contra algunos jefes de Jerusalen. Promesa de Repatriación.

Continúa el anuncio del castigo de Jerusalén, ahora en sus jefes culpables. Precisamente en la

puerta oriental, donde se había parado la gloria de Yahvé en su carro triunfal, el profeta distingue

a varios de los responsables de la catástrofe, al anunciar al pueblo que Jerusalén debía resistir

a los babilonios, porque estaba segura con sus defensas amuralladas. Es una presunción que

no tolera la omnipotencia de Yahvé, que ve en ello un desafío a sus decretos sobre Jerusalén.

En una segunda parte del capítulo se anuncia una restauración del pueblo a base de un resto

disperso entre las naciones (ν.14-21). Por fin, Yahvé abandona definitivamente su santuario.

Castigo de los jefes culpables (1-13).

1 Me elevó el espíritu y me llevó a la puerta oriental de la casa de Yahvé, la que mira

a levante, y vi que había a la puerta veinticinco hombres, entre los cuales Jezanías,

hijo de Azur, y Peltías, hijo de Banayas, jefes del pueblo. 2 Y Yahvé me dijo: Hijo de

hombre, éstos son los que maquinan perversidades, y dan en la ciudad perversos

consejos, 3 y dicen: ¿No se han reconstruido bien pronto las casas de la ciudad? Ella

será la olla, nosotros la carne. 4 Por tanto, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de

hombre. 5 Y vino sobre mí el espíritu de Yahvé, y me dijo: Di: Así habla Yahvé: Vosotros

habéis dicho eso, casa de Israel, y yo sé muy bien lo que pensáis. 6 Habéis

multiplicado los muertos en esta ciudad, habéis llenado sus calles de cadáveres. 7 Por

tanto, así dice Yahvé: Vuestros muertos, los que habéis dejado tendidos en medio de

ella, ésos son la carne, y ella es la olla; pero yo os sacaré de ella. 8 Vosotros tenéis

miedo a la espada, y yo haré venir la espada sobre vosotros, dice el Señor, Yahvé. 9

Yo os sacaré de en medio de ella y os entregaré en manos de los extranjeros, y haré

justicia en vosotros. 10 Pereceréis a la espada; en los términos de Israel os juzgaré, y

sabréis que yo soy Yahvé. 11 No será ella para vosotros la olla, ni seréis vosotros en

ella la carne; en los términos de Israel os juzgaré, 12 y sabréis que yo soy Yahvé, cuyos

mandamientos no habéis seguido, cuyas leyes no habéis practicado, sino que

habéis obrado siguiendo las costumbres de las gentes que os rodean. 13 Apenas había

profetizado, cayó muerto Peltías, hijo de Banayas, y yo me eché rostro a tierra y grité

con todas mis fuerzas: ¡Ah Señor! ¿vas a acabar del todo con lo que queda de Israel?

El profeta es transportado en fisión por el espíritu, o fuerza ca-rismática divina, a la puerta oriental

del templo de Jerusalén, donde se había detenido la gloria de Yahvé antes de abandonar el

santuario totalmente. Allí están veinticinco hombres partidarios de la resistencia contra los invasores

babilónicos, a pesar de las reiteradas profecías de Jeremías, en las que había comunicado

2239

de parte de Yahvé la conveniencia de entregarse a las tropas de Nabucodonosor como mal menor1.

Los dos personajes que el profeta nombra no son desconocidos. Estos se sienten optimistas

y pretenden animar a sus compatriotas para una desesperada resistencia, recordándoles que las

antiguas ruinas del cerco anterior de 598 por los babilonios ya están restauradas (v.5); por otra

parte, las defensas amuralladas de la ciudad son una garantía para organizar la resistencia. Ellos,

dentro de los muros de Jerusalén, se sienten tan seguros como la carne en la olla (ν.3). Por mucho

que se caliente, el fuego no podrá pasar al interior 2.

Dios recoge la comparación de ellos y le da una nueva aplicación: en realidad, la carne

afectada por la muerte son los muertos que ellos han hecho con sus arbitrariedades. Movidos de

sentimientos ultranacionalistas, han ahogado en sangre toda voz de protesta. Y en esa situación

de tragedia, la ciudad de Jerusalén ha resultado como una olla, de la que las víctimas inocentes

no han podido salir para librarse del peligro (v.7). Sin embargo, Yahvé se encargará de sacar a

los culpables de esta olla, para hacerlos caer bajo la espada en los términos de Israel (v.11), es

decir, en los confines septentrionales de Israel, en la región siria de Ribla, donde está el cuartel

general de Nabucodonosor y donde fueron matados los magnates de Judá ante los ojos del rey

Sedecías 3.

Después de anunciar esto, el profeta vio en visión el cumplimiento de su profecía en la

muerte de Jezonías. Ezequiel se sintió horrorizado ante la suerte de sus conciudadanos, y como

antes, al contemplar la obra de los ángeles exterminadores, ahora grita angustiado: ¡Ah Señor!

¿vas a acabar del todo con la casa de Israel? (v.15). El profeta está obsesionado con el destino

trágico de su amado pueblo y pide clemencia para sus compatriotas, para que no se deje llevar

demasiado de su ira.

Repatriación de los exilados (14-21).

14 Me fue dirigida palabra de Yahvé, diciendo: 15 Hijo de hombre, tus hermanos, los

de tu parentela, la casa de Israel toda entera, son aquellos a los que dicen los habitantes

de Jerusalén: Alejaos de Yahvé, tenemos la tierra en posesión4. 16 Diles, por

tanto: Así habla el Señor, Yahvé: Los he alejado entre las gentes, los he dispersado

en tierras extranjeras, pero yo seré para ellos santuario por el poco tiempo que estarán

en las tierras a que han emigrado. 17 Diles, pues: Así habla el Señor, Yahvé: Yo

os recogeré de entre las gentes, y os reuniré de entre las tierras a que habéis sido

dispersados, y os daré la tierra de Israel. 18 Y entrarán en ella y quitarán de ella todos

sus ídolos y todas sus abominaciones” 19 Y les daré otro corazón y pondré en

ellos un espíritu nuevo, quitaré de su cuerpo su corazón de piedra y les daré un corazón

de carne, 20 para que sigan mis mandamientos, y observen y practiquen mis

leyes, y sean mi pueblo y sea yo su Dios. 21 Pero a los que se complacen en sus ídolos,

en sus abominaciones, yo les echaré sus obras sobre la cabeza, dice el Señor, Yahvé.

La respuesta del Señor es confortante en medio de la trágica suerte que espera a los judíos. El

exterminio no será total, porque habrá un núcleo de restauración, un resto de bendición, que

será la base de una nueva teocracia israelita. Ezequiel se halla en medio de compatriotas exilados,

que son su parentela, de la que debe salir como fiador y rescatador o go'el de sus hermanos

de sangre, pues tiene que dar cuenta de su suerte espiritual ante Yahvé 5. Estos se sentían

alejados de su tierra como desheredados, y por ello se consideraban en plano de inferioridad respecto

a los que habían quedado en Palestina, que bien podían decir de ellos: Alejaos de Yahvé,

tenemos la tierra en posesión (v.15). El hecho de estar exilados parecía incluir en la mentalidad

2240

de entonces la orfandad de parte de Dios, ya que Yahvé sólo tenía especial providencia de los

que habían quedado en su heredad 6.

Dios anuncia, por su parte, que el hecho de la dispersión entre las gentes no es obstáculo

para que siga protegiendo a los exilados. Aunque estén lejos del templo de Jerusalén, sin embargo,

Yahvé mismo será para los desterrados un santuario, al que pueden acogerse con toda confianza

(v.16). Además llegará un tiempo en que serán repatriados en la tierra de Israel (ν.17),

inaugurando entonces una nueva vida, pues no volverán a caer en el inveterado pecado de la idolatría

(v.15); para ello, Yahvé mismo les dará un nuevo corazón con un espíritu nuevo (V.19), de

forma que, habiendo dejado el corazón de piedra, o rebelde y duro, serán dotados de un corazón

de carne, sensible a las inspiraciones divinas. De este modo vivirán centrados en torno a los

mandamientos de Yahvé. Es la misma promesa mesiánica de Jeremías: los nuevos ciudadanos

tendrán escrito en sus “corazones” la nueva Ley, en sustitución de la antigua, esculpida en

piedra 7. De este modo Yahvé volverá a ser en sentido verdadero su Dios (v.20).

La gloria de Yahvé se aleja de Jerusalén (22-25).

22 Los querubines desplegaron sus alas y les siguieron las ruedas, y la gloria del Dios

de Israel estaba sobre ellos, 23 y la gloria de Yahvé se alzó de en medio de la ciudad y

se posó sobre el monte que está al oriente de la ciudad. 24 Me tomó el espíritu y me

llevó a Caldea entre los cautivos en visión de espíritu de Dios, y desapareció la visión

que había tenido. 25 Yo dije a los cautivos todo lo que Yahvé me había mostrado.

Yahvé, en su carro majestuoso, rodeado de una atmósfera de gloria, abandona la Ciudad Santa y

se detiene al oriente sobre el monte de los Olivos. Al abandonar a Jerusalén, los enemigos caldeos

podían entrar impunemente en ella, ya que el único obstáculo para ello era la presencia del

Dios de Israel. Jerusalén ha quedado, pues, abandonada a su suerte. Yahvé se retira hacia

oriente, donde estaban los exilados de Mesopotamia; pero antes se detiene en el monte de los

Olivos, quizá para indicar la íntima pena que le produce abandonar la que por siglos había sido

su morada.

1 Cf. Jer 21,8ss; 25:9; 27:6-16; 28:14. — 2 En Jer 1:13 la olla es el símbolo cíe la invasión babilónica. — 3 Cf. 2 Re 25:63.18-21; Jer

52:933.24-27. — 4 El texto hebreo puede traducirse “se han alejado de Yahvé.,” que hace perfecto sentido, y así es entendido por

muchos autores. — 5 Cf. Ez 3:17-21. — 6 Cf. Ex 19:5; 1 Sam 26:19. — 7 Cf. Jer 31:333; Os 3:5; Arn9:9; Is 1:26; 4:4; 44:3; 66:9;

Ex 6:7; Lev 25:18; 26:16; Dt 4:5.

12. La fuga del rey. Las angustias del asedio.

Los c.12-19 contienen otra serie de profecías relativas a la suerte de Jerusalén. Para dar a entender

la suerte que espera a los que han quedado en la Ciudad Santa, el profeta sigue ejecutando

acciones simbólicas. En este capítulo 12 encontramos dos de este tipo: a) una relativa a la huida

del rey Sedecías de Jerusalén, capturado después por las tropas babilónicas (v.1-16); b) otra sobre

la angustia de los habitantes de Jerusalén (v. 17-20), y, por fin, c) una profecía sobre la inminencia

de la catástrofe (v.21-28).

La huida del rey (1-16).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, habitas en medio

de gente rebelde, que tiene ojos para ver, y no ven; oídos para oír, y no oyen, porque

2241

son gente rebelde. 3 Tú, hijo de hombre, dispon tus trebejos de emigración y sal de

día a la vista de ellos. Parte a presencia suya del lugar en que estás para otro lugar,

a ver si reconocen que son gente rebelde. 4 Saca tus trebejos como trebejos de camino,

de día, a sus ojos, y parte por la tarde a presencia de ellos, como parten los desterrados.

5 A sus ojos horada la pared, y sal por ella, 6 llevando a sus ojos tus trebejos,

y te los echas al hombro, y sales al oscurecer, cubierto el rostro y sin mirar a la

tierra, pues quiero que seas pronóstico para la casa de Israel. 7 Yo hice lo que se me

mandaba, y salí de día con mis trebejos, como trebejos de emigración; horadé con

mis manos la pared, y los saqué al oscurecer, y me los eché al hombro a presencia

suya. 8 Por la mañana me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 9 Hijo de

hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel, csia casa de rebeldes: Qué es lo que haces?

10 Pues diles: Así habla el Señor, Yahvé: Este oráculo es para el príncipe que está en

Jerusalén y para toda la casa de Israel que allí se halla. 11 Diles: Yo soy para vosotros

una señal; lo que yo hago, eso harán ellos; irán al destierro, al cautiverio. 12 El

príncipe que entre ellos está se echará al hombro su bagaje en la oscuridad y partirá.

Se horadará la muralla para que salga y se cubrirá el rostro para no ver la tierra.

13 Yo le tenderé mis redes, y será apresado en mis mallas, y le llevarán a Babilonia,

a la tierra de los caldeos, pero no la verá, y allí morirá. 14 Y a cuantos estén a su

lado para servirle, a cuantos le acompañen, los esparciré a todos los vientos y desenvainaré

en pos de ellos mi espada.15 Y sabrán que yo soy Yahvé cuando los disemine

entre las gentes y los derrame sobre la tierra. 16Pero haré que de ellos quede un corto

numero arrancados a la espada, el hambre y la pestilencia, para que cuenten todas

sus abominaciones entre las gentes a las que llegaren, y sepan que yo soy Yahvé.

Contra todas las optimistas ilusiones de los exilados, que pensaban en un pronto retorno y en una

derrota del opresor babilónico, Ezequiel les anuncia de parte de Yahvé el desastre más inconcebible

para un israelita: la huida y captura de su rey, el ungido de Yahvé. Para dar a entender este

hecho, el profeta debe realizar una curiosa acción simbólica: debe recoger sus trebejos, o bagajes

de emigrante; un hatillo de ropa y una escudilla, y salir con ellos de día, para que le vean; después,

al oscurecer, debe huir con ellos al hombro por un orificio hecho con sus manos en las paredes

de arcilla de su casa. Con ello debía significar la huida vergonzosa del rey Sedecías en 586,

tal como se realizó, pues salió furtivamente por el sur de la ciudad, camino del desierto, siendo

capturado en Jericó por las tropas caldeas 8.

Angustias de los asediados (17-20).

17 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 18 Hijo de hombre, come tu pan

con temor y bebe tu agua con anhelo y angustia, 19 y di al pueblo de la tierra: Así

habla el Señor, Yahvé, de los moradores de Jerusalén y de la tierra de Israel: Comerán

su pan con temor, y con espanto beberán su agua, porque su tierra será despojada

de todo por la maldad de cuantos la habitan. 20 Y serán asoladas las ciudades

que habitan, y sabrán que yo soy Yahvé.

El profeta debe comer su alimento con temor y angustia, mostrándose preocupado y ansioso, de

modo que los exilados pudieran darse cuenta del nuevo sentido misterioso de sus acciones proféticas:

sus ansiedades son un símbolo de las que sufrirán los asediados en Jerusalén, privados de

lo más elemental para su sustentación.

2242

Cumplimiento de los oráculos del profeta (21-28).

21 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 22 Hijo de hombre, ¿qué refrán es

ese que corre por la tierra de Israel, diciendo: Pasan los días, y no se cumple la visión?

23 Diles, por tanto: Así habla el Señor, Yahvé: Yo haré que desaparezca ese refrán,

y no lo repetirán en Israel. 24 Diles, por lo contrario: Ya se acerca el día y se

cumplirá la visión. No habrá ya más en adelante visiones engañosas ni adivinaciones

lisonjeras en la casa de Israel. 25 Porque yo, Yahvé, digo: Se cumplirá la palabra que

pronuncié y no se dilatará. Antes en vuestros días, ¡oh casa de rebeldes! diré mi palabra

y la cumpliré. Oráculo del Señor, Yahvé. 26 Fueme dirigida la palabra de Yahvé,

diciendo: 27 Hijo de hombre, mira cómo dice la casa de Israel: Las visiones que

éste ve no son para pronto, profetiza para muy lejanos días. 28 Diles, por tanto: Así

habla el Señor, Yahvé: No se dilatará ya más. Se cumplirá toda palabra que yo

hable, dice el Señor, Yahvé.

Los oráculos de Ezequiel se oponían a las esperanzas desmesuradas de los ¡exilados, que, instigados

por falsos profetas, creían en una próxima derrota de los opresores babilonios, y, en consecuencia,

en la liberación. El profeta, machaconamente, con visiones y acciones simbólicas, iba

anunciando día tras día nuevas tribulaciones al pueblo. Como las predicciones siniestras todavía

no se habían cumplido, a pesar de que pasaba el tiempo, surgió entre los exilados un ambiente de

escepticismo y de desprecio para todo lo que anunciara Ezequiel. De ahí el refrán: pasan los días

y no se cumple la visión (v.22). El profeta sale al paso de estas ironías anunciando la inminencia

del desastre, con lo que sus predicciones serán trágicamente confirmadas, mientras que las visiones

engañosas y las adivinaciones lisonjeras (v.24) que hacen los falsos profetas en la casa de

Israel, es decir, entre los exilados israelitas, quedarán al descubierto, resultando fallidas, como

obra de puros cálculos humanos.

1 Cf. Jer 21:8ss; 25:9; 27:6-16; 28:14. — 2 En Jer 1:13 la olla es el símbolo cíe la invasión babilónica. — 3 Cf. 2 Re 25:63.18-21; Jer

52:933.24-27. — 4 El texto hebreo puede traducirse “se han alejado de Yahvé.,” que hace perfecto sentido, y así es entendido por

muchos autores. — 5 Cf. Ez 3:17-21. — 6 Cf. Ex 19:5; 1 Sam 26:19. — 7 Cf. Jer 31:333; Os 3:5; Arn9:9; Is 1:26; 4:4; 44:3; 66:9;

Ex 6:7; Lev 25:18; 26:16; Dt 4:5. — 8 Cf. 2 Re 25:4-91 Jer 39:4-7; 52:7-11.

13. Contra los falsos Profetas.

Los semitas, conscientes de la intervención directa de Dios en todos los acontecimientos de la

vida humana, eran propensos a consultar la voluntad de los dioses. En Israel pulularon, al lado de

los verdaderos profetas suscitados por Yahvé para transmitir sus mensajes al pueblo 1, falsos profetas,

que pretendían tener comunicaciones especiales de Dios, explotando así la credulidad de

las masas. Eran yahvistas, pero se apropiaban la vocación de profeta a imitación de los verdaderos

enviados de Yahvé. Contra éstos se levantaron constantemente los verdaderos profetas,

representantes de la intransigencia religiosa yahvista 2. Además de estos falsos profetas, existían

los adivinos, que, con falsos augurios y con observaciones de acontecimientos externos, anunciaban

hechos futuros. Este capítulo puede dividirse en dos partes: a) contra los falsos profetas

(v.1-16); b) contra los hechiceros y pitonisas (v.17-23).

2243

Contra los falsos profetas (1-16).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, profetiza contra

los profetas de Israel, profetiza, y di a esos que profetizan a capricho suyo: Oíd la

palabra de Yahvé. 3 Así dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de los profetas insensatos que andan

en su propio capricho, sin haber visto nada! 4 Fueron, Israel, tus profetas como

zorras entre ruinas. 5 No habéis subido a las brechas, no habéis amurallado la casa

de Israel para que resistiera en el combate en el día de Yahvé. 6 Vieron vanidad y

adivinación mentirosa. Dicen: “Ha dicho Yahvé,” y no los envió Yahvé, y hacen esperar

que se cumplirán sus palabras. 7 ¿No habéis visto visiones vanas? ¿No habéis

anunciado adivinaciones mentirosas, diciendo: “Ha dicho Yahvé,” no habiéndolo dicho

yo? 8 Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Por haber hablado vosotros vanidad y

haber visto mentiras, aquí estoy yo contra vosotros, dice el Señor, Yahvé. 9 Y será

mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira. No formarán en la

asamblea de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni volverán

a la tierra de Israel, y sabréis que yo soy el Señor, Yahvé. 10Por tanto, por haber engañado

a mi pueblo, diciendo: “Paz,” no habiendo paz, y porque, mientras mi pueblo

alzaba una pared, ellos la jarreaban con barro, 11 di a esos jarreadores con barro

que se caerá, que vendrán aguaceros, y mandaré granizadas que la derribarán y

viento impetuoso que la deshará. 12 Y cuando caiga la pared, no os dirán: ¿Dónde

está la argamasa con que la cubristeis? 13 Y, por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Yo,

en mi furor, desencadenaré la tempestad, y vendrá en mi ira un aguacero impetuoso,

y caerá furioso el granizo para destruir.14 Y derribaré la pared que vosotros revocasteis,

la echaré a tierra, y quedarán al descubierto sus cimientos. Jerusalén caerá,

y vosotros pereceréis en medio de sus escombros y sabréis que yo soy Yahvé. 15

Yo saciaré mi furor contra la pared y contra los que la revocaron de argamasa, y se

dirá: Ya no hay pared, y se acabaron los que la revocaban, 16 los profetas de Israel

que profetizan a Jerusalén y tienen para ella visiones de paz, no habiendo paz, dice

el Señor, Yahvé.

Ezequiel echa en cara a los presuntos profetas que no hablan en nombre de Dios, sino lo que les

sugiere su capricho. La expresión profetas de Israel en el contexto parece referirse a los que estaban

con los exilados en Mesopotamia, no los que quedaban en Palestina 3. La labor de ellos

entre los exilados es como la de las zorras entre ruinas (v.4), porque, haciendo madrigueras entre

las ruinas, las zorras descomponen más lo que aún queda en pie. Es justamente lo que hacen estos

falsos profetas entre los exilados de Babilonia^ arruinando lo poco que aún queda en pie de

firmeza moral y confianza en Yahvé. Anuncian cosas falsas que no se cumplirán. Con una

nueva metáfora describe su labor desmoralizadora. En lugar de tapar las brechas en los muros,

hechas por el ejército asediador, trabajando por fortificar la casa de Israel para que resistiera

(v.5), se dedican a sembrar vanas ilusiones. Debieran restañar las heridas morales de los pobres

exilados, haciéndoles ver la justicia divina en el castigo.

Pero su labor es contraproducente, ya que alientan vanas ilusiones y no fomentan el retorno

a Yahvé para conseguir perdón. Con sus supuestas visiones no hacen sino desorientarlos

(v.6). Pero sus visiones son vanidad y no tienen consistencia alguna. Por ello, Yahvé los castigará

inexorablemente4. No formarán parte de la asamblea de Israel cuando éste vuelva a organizarse

como nación, ni siquiera serán inscritos en el libro de la casa de Israel (V.9), es decir, en

2244

los registros de la Providencia divina, en los que están consignados los que van a sobrevivir al

exilio para constituir de nuevo la casa de Israel 5. No volverán a la tierra de Israel por haber

contribuido de modo especial con sus oráculos falsos a la consumación de la ruina de la nación,

anunciando paz próxima, o liberación de los babilonios, cuando en realidad esa paz no había de

venir (v.10).

No tenían otra obsesión que secundar lo que halagaba al pueblo, el cual alzaba una pared,

es decir, un edificio de ilusiones patrioteras, y ellos la jarreaban con barro o revocaban exteriormente,

dando pábulo a tales ilusiones sin fundamento (v.10). Con ello no hacían sino confirmar

los puntos de vista falsos del pueblo, cuando debieran abrirle los ojos' y echar por tierra

esa falsa pared que habían edificado. Pero Dios se encargará de que ese falso edificio edificado

con su concurso se venga abajo. Toda su labor de revoque desaparecerá ante la primera tormenta

(v.11). Cuando llegue la hora de la ruina, les pedirán cuenta por su labor ficticia: ¿Dónde está la

argamasa con que la cubristeis? (v.12). Toda su labor no pasó de ser una superficial argamasa,

que pierde su consistencia con los primeros aguaceros. En la hora de la manifestación de la justicia

divina, su obra quedará descubierta hasta los cimientos. Jerusalén caerá, y en ella perecerán.

La suerte de la Ciudad Santa está echada, y, por tanto, no deben los exilados hacerse ilusiones

con las falsas promesas de los profetas aprovechados (v.14).

Contra las profetisas y adivinos (17-23).

17 Y tú, hijo de hombre, pon tus ojos en las hijas de tu pueblo que profetizan a capricho

suyo, y profetiza contra ellas. 18 Di: Así habla el Señor, Yahvé: ¡Ay de las que

se hacen cintajos para todas las articulaciones de las manos, y lazos sobre la cabeza

de toda talla para cazar las almas! ¿Creéis que cazando las almas de mi pueblo

mantendréis las vuestras? 19 Vosotras, por dos puñados de cebada o dos pedazos de

pan, me deshonráis ante mi pueblo, predicando la muerte de quien no ha de morir,

y prometiendo la vida a quien no vivirá, y engañando así a mí pueblo, que se cree las

mentiras. 20 Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra esos vuestros cintajos

con que cazáis las almas; yo los arrancaré de vuestros brazos y dejaré volar libres

a las almas que con ellos cazáis. 2lYo arrancaré también vuestros lazos y libraré

de vuestras manos a mi pueblo. No os servirán ya más de red en vuestras manos, y

sabréis que yo soy Yahvé. 22 Por haber entristecido con vuestras mentiras el corazón

del justo, cuando yo no quería entristecerle, y haber confortado las manos del impío

para que no se volviese de su mal camino y viviese, 23 ya no tendréis más vanas visiones

ni pronunciaréis más oráculos. Libraré cíe vuestras manos a mi pueblo y sabréis

que yo soy Yahvé.

Por la tradición bíblica conocemos algunas mujeres que tuvieron el don de profecía y con sus

oráculos amonestaban al pueblo, como Débora6 y Julda7. Al lado de estas verdaderas mensajeras

de Dios había otras que, con amuletos y prácticas adivinatorias, se dedicaban a atraerse al pueblo,

viviendo de sus aportaciones. Por lo que dice Ezequiel, parece que también entre los exilados

de Babilonia había pitonisas que halagaban las vanas ilusiones de aquéllos. Las falsas profetisas

daban respuestas adaptadas a los diferentes tipos de consultantes: se hacen cintajos para

todas las articulaciones, y lazos sobre la cabeza de toda talla para cazar las almas (ν. 18). Como

la mujer sabe hacerse prendas ajustadas a su estatura y a sus articulaciones y miembros, así

estas falsas profetisas saben adaptarse a las exigencias de sus clientes, cortándoles un traje a medida,

es decir, dándoles la respuesta que desean. Algunos autores han querido ver en este verso

2245

alusiones a prácticas mágicas 8; pero parece mejor entenderlo en el contexto en sentido metafórico,

como hemos ya explicado.

Las falsas profetisas, con sus falsos oráculos, quieren cazar las almas de los exilados, es

decir, ganarles a su partido para obtener un descarado lucro. Por dos puñados de cebada deshonran

a Yahvé (V.19), presentando como oráculos de Dios cosas que son de la imaginación de ellas,

ya que sus vaticinios no se cumplen, pues predican la muerte de quien no ha de morir, y prometiendo

la vida a quien no vivirá (V.19). Con sus seducciones y engaños han logrado dar caza a

muchos incautos, pero Yahvé se encargará de que se les terminen sus medios de caza: yo arrancaré

(vuestros cintajos) de vuestros brazos. (v.20). Aquí el lazo se refiere al empleado por el pajarero

para coger a las aves incautas. El símil se presta bien para expresar la idea: Yahvé les quitará

todos los medios de atraer a los exilados israelitas, de modo que sus almas o personas queden

libres. Con sus mentiras han afligido el corazón del justo (v.22), anunciando cosas desagradables

a su sensibilidad religiosa yahvista, cuando en los planes de Dios no estaba el entristecerle;

y, en cambio, han dado pábulo a la pésima conducta de los impíos, pues han confortado las

manos del impío (v.22) aprobando su proceder. Por todo esto vendrá la hora de exterminio para

todas estas falsas profetisas, de forma que no volverán a tener mas vanas visiones.

1 Cf. Dt 18-22. — 2 Cf. Jer 14:133; 23:1-40; 26:73.11.16; 27:145; 29:21-32. Sobre los adivinos: Núm 22:58; 1 Re 18:19-40; 2 Re 3:13. — 3 Cf. Ez

4:5- — 4 Cf. Ez 5:8; 21:3; 28:22; 29:3; 30,22. — 5 Cf. Ex 32:325; Is 4:3; 65:6; Mal 3:16; Dan 12:1; Neh 13:14; Sal 69:29; Ap

3:5; 11·8·' 17:8. — 6 Cf. Jue 4:4. — 7 Cf. 2 Re 22:14. — 8 Spadafora, Ezequiele p.iog.

14. Exhortación a la conversión. Inutilidad de la Intercesión.

Representantes calificados de los exilados, conmovidos por las predicciones de Ezequiel, quisieron

hacerle una consulta. No se dice de qué trataron, pero se puede colegir del contexto, por

las manifestaciones del profeta. La consulta debió de versar sobre la posibilidad de la destrucción

de Jerusalén: ¿Cómo Yahvé había de permitir que la Ciudad Santa fuera arruinada, habiendo tantos

hombres justos en ella? La respuesta es tajante: la idolatría y rebeldía a Yahvé es la causa de

la catástrofe, y es tanta la maldad que hay en Jerusalén, que, aunque intercedieran a favor de ella

justos como Noé, Daniel y Job, Dios no oiría sus plegarias. Podemos dividir el capítulo en dos

partes: a) exhortación a dejar las prácticas idolátricas (v.1-11); b) inutilidad de la intercesión

(v.12-23).

Exhortación a la conversión (1-11).

1 Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel y se sentaron delante de mí, 2 y me

fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 3 Hijo de hombre, estas gentes llevan sus

ídolos dentro de su corazón y miran con sus ojos el escándalo de su iniquidad. ¿Voy

a dejarme consultar por ellos? 4 Habíales, por tanto, y diles: Así habla el Señor,

Yahvé: A todos los de la casa de Israel que, llevando sus ídolos en su corazón y mirando

con sus ojos el escándalo de su iniquidad, vinieron al profeta, les responderé

yo mismo, Yahvé, hablándoles de la muchedumbre de sus ídolos, 5 para agarrar a la

casa de Israel por su propio corazón, ya que por sus ídolos se aparta de mí. 6 Di, por

tanto, a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: Convertios y apartaos de vuestros

ídolos y apartad la vista de vuestras abominaciones, 7 porque a quienquiera de

la casa de Israel que de mí se apartare para poner en su corazón sus ídolos y sus

ojos en el escándalo de su iniquidad, y viniera al profeta para preguntarle, le res2246

ponderé yo, Yahvé, por mí mismo, 8 y pondré mi rostro contra él, y le haré portento

y fábula, y le arrancaré de mi pueblo de Israel, y sabréis que yo soy Yahvé; 9 y si el

profeta se deja seducir y dice alguna cosa, seré yo, Yahvé, quien le habré seducido, y

tenderé sobre él mi mano, y le exterminaré de en medio de mi pueblo, Israel. 10 Y

llevarán sobre sí su maldad; según la maldad de quien pregunta, así será la maldad

de quien responde. n Para que no yerre más la casa de Israel lejos de mí ni se contamine

con todas sus abominaciones, y sean mi pueblo y yo sea su Dios, dice el Señor,

Yahvé.

Ante la presencia de los ancianos de Israel, o dirigentes de la población exilada israelita, habla

Yahvé a Ezequiel en términos despectivos para los consultantes. Son gentes que llevan sus ídolos

en su corazón (v.3), esto es, que tienen propensión a prácticas idolátricas, mirando, complacidos,

con sus ojos lo que es ocasión de escándalo para ellos, en cuanto que son un incentivo hacia la

iniquidad, u ocasión de pecado. Por estas razones, Yahvé 110 quiere ser consultado por ellos, ya

que, por su depravada conducta, no merecen ser oídos: ¿Voy a dejarme yo consultar por ellos?

(v.3). En su mentalidad sincretista, creían posible mantener un culto a Yahvé y otro a los ídolos

paganos; pero Yahvé es celoso de su honor y no admite competidores; por eso quiere atraer el

corazón de Israel humillándole, como primer paso hacia la conversión (v.5). Si no se apartan de

sus abominaciones, o prácticas idolátricas, la respuesta de Yahvé será punitiva. El castigo será

terrible, de forma que el israelita idólatra se convertirá, por obra de Yahvé, en portento y fábula

(v.8) entre los gentiles; es decir, su castigo será proverbial entre los no israelitas, quizá los prosélitos

adheridos paganos, sin duda existentes también entre los exilados del 598 l.

Por otra parte, si el profeta se deja seducir por las dádivas de los consultantes, dándoles

las respuestas que desean, esto hubiera sido imputado a Yahvé, que la había seducido o inducido

a hacer esas manifestaciones halagüeñas, lo que está contra las exigencias de la santidad y justicia

divina. En la mentalidad semita, Dios invade con su acción la personalidad de tal forma, que

lo que nosotros atribuimos a las causas segundas, ellos lo atribuían todo directamente al mismo

Dios. Así, en 1 Re 22:2oss se dice que Yahvé envió sobre los falsos profetas un espíritu de mentira,

haciéndoles caer en la trampa. Son modos de hablar poco matizados. Nosotros distinguimos

entre inducir y permitir, pero los hagiógrafos — de mentalidad expresiva oriental — prefieren

las expresiones radicales y aun paradójicas, para llamar más la atención del lector. Aquí Dios

amonesta por Ezequiel a los profetas que se prestan a dar respuestas a los consultantes sin que en

ellas hable realmente Yahvé. Ésto es intolerable; por eso, a esos falsos profetas los exterminará

de su pueblo. Llevará el castigo correspondiente a la maldad del consultante, ya que, en vez de

recriminarle su conducta idolátrica, le ha hecho caso, comprometiendo así el buen nombre de

Dios (v.10). La intransigencia de Yahvé en este punto no tiene otra finalidad sino evitar que

Israel se contamine con todas sus abominaciones (v.11), llegando a ser su pueblo, y El realmente

su Dios 2.

Inutilidad de la intercesión por Jerusalén (12-23).

12 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 13 Hijo de hombre, cuando, por

haberse rebelado pérfidamente contra mí la tierra, tienda yo mi brazo contra ella, y

la quebrante el sustento del pan, y mande sobre ella el hambre, y extermine en ella

hombres y animales, 14 aunque hubieran estado en ella estos tres varones, Noé, Daniel

y Job, ellos por su justicia salvarían su vida, dice el Señor Yahvé. 15 Y si invadiera

esa tierra con bestias feroces para que la desolaran, sin que nadie por miedo a

2247

las fieras la atravesara, 16 si hubieran estado en ella esos tres varones, por mi vida,

dice Yahvé, no hubieran salvado a sus hijos ni a sus hijas; ellos solos habrían escapado,

y la tierra habría sido desolada. 17 Y si mando contra ella la espada y digo:

Espada, recorre la tierra y extermina hombres y animales, 18 aunque en medio de

ella estuvieran aquellos tres varones, por mi vida, dice Yahvé, que no salvarían a sus

hijos y a sus hijas; ellos solos se librarían. 19 O si mandare sobre esa tierra la peste

contra ella, derramando mi ira contra él con sangre, para exterminar hombres y

bestias, 20 aunque en medio de ella estuvieran Noé, Daniel y Job, por mi vida, dice

Yahvé, no salvarían un hijo ni una hija; por su propia justicia escaparían ellos y

salvarían la propia vida. 21 Pues así dice el Señor, Yahvé: ¡Cuánto más cuando desencadene

yo contra Jerusalén esos cuatro azotes juntamente: la espada, el hambre,

las bestias feroces y la peste, para exterminar en ella hombres y animales 22 Y, sin

embargo, quedarán en ella algunos restos, hijos e hijas, que escaparán y saldrán

fuera y vendrán con vosotros, y veréis su conducta y sus obras, y comprenderéis el

mal que yo voy a hacer a Jerusalén y todo lo que voy a hacer contra ella. 23 Lo comprenderéis

cuando veáis su conducta y sus obras, y reconoceréis que no sin razón

hago yo cuanto hago, dice el Señor, Yahvé.

El profeta quiere quitar toda ilusión de salvación para Jerusalén. Los exilados tienen vanas esperanzas

de que la Ciudad Santa, al fin, no caiga en manos de los babilonios, pero no conocen los

designios de Dios. Jerusalén ha colmado la medida de la iniquidad, y por eso no servirán para

salvarla las buenas obras de los justos que en ella habitan. Esta tesis es reiteradamente demostrada

en esta sección, ya que, para más resaltarla, presenta a tres justos legendarios incapaces por

sus buenas obras de aplacar la justicia divina. A los tres flagelos tradicionales (el hambre, la espada

y la peste) se añade la de una invasión de fieras salvajes. Sólo se salvarían los tres justos,

sin que sus buenas obras fueran capaces de salvar a sus propios hijos e hijas (v.15). Las cosas

han llegado a tal grado de maldad, que Dios suspende el principio de la solidaridad. Según la

tesis tradicional, el bien o mal de un individuo redunda en beneficio o perjuicio de los demás parientes

o conciudadanos 3. Los semitas, oriundos de organizaciones tribales, tenían muy metido

dentro el principio de la solidaridad e interdependencia dentro de la tribu. La sangre era el gran

lazo que los unía. La vida nómada del desierto los hacía cerrarse en su propia parentela como

única defensa. Fuera de la tribu, todo era hostilidad; de ahí la necesidad de la “venganza de la

sangre” como regla de subsistencia contra toda incursión enemiga.

Este sentimiento de solidaridad en la sangre era aplicado tambien a la comunidad religiosa.

Israel, en concreto, formaba una sociedad religiosa especial, basada en un pacto colectivo. De

ahí que al israelita en la época anterior al exilio se le considere más como miembro de una nación

que como persona con su responsabilidad personal. La idea de la nación como colectividad,

lanzada hacia la plena manifestación de los tiempos mesiánicos, absorbía toda otra posible consideración.

Quizá en esto hay que buscar la razón de por qué el problema del más allá no aparezca

planteado claramente hasta los libros sapienciales de la época helenística. Con la catástrofe

nacional cayeron los ídolos colectivos y se avivaron los problemas personales, y uno de ellos es

el de la retribución personal. Jeremías anunciaba que, en la era mesiánica, cada uno sería hijo de

sus obras, de forma que no tendría valor el proverbio “los padres comieron las agraces y los hijos

sufrieron la dentera.”4 Y Ezequiel es el gran campeón del individualismo, como veremos en los

capítulos siguientes.

En el texto que comentamos no se quiere negar el poder intercesor de los justos, lo que

aparece claramente enseñado en otros pasajes de la Sagrada Escritura, sino que se quiere destacar

2248

la culpabilidad de Jerusalén. Dios está ya cansado de perdonar a Jerusalén, pues su capacidad

de misericordia está como rebasada, y por eso, aunque los mayores justos estuvieran en

ella, como Noé, Daniel y Job, no les atendería por exigencias de su justicia; las frases son hiperbólicas,

y hay que entenderlas en el contexto sólo como expresión de la gran maldad de la Ciudad

Santa. Es la idea principal del capítulo. En el v.22 se afirma que se salvarán algunos, lo que

ya es una restricción a la idea de total exterminación de los habitantes de Jerusalén. La mención

de los tres personajes se debe a que en la tradición popular figuraban como modelo de virtud.

Pero es extraña esta unión de personajes de épocas tan dispares. Recientemente se ha escrito mucho

sobre la posible identificación de este Daniel con el Danel, héroe mítico de Fenicia, desenterrado

en las excavaciones de Ras Shamra (la antigua Ugarit), en la frontera del Líbano y Siria5.

Son textos del siglo xv-xiv a.C., que narran leyendas más antiguas. Por otra parte, en Ez 28:3 se

menciona al gran sabio llamado Daniel. Hay autores que sostienen que el Danel mítico sea una

deformación del Daniel histórico. Filológicamente, el Daniel de Ezequiel y el Daniel de los textos

de Ugarit pueden identificarse; por otra parte, como uno de los nombrados por Ezequiel (Job)

no es israelita, no tiene de particular que ponga como modelo de virtud a uno extrañó a Israel.

1 Sobre los prosélitos paganos cf. Lev 17:8.10.13; Ex 12:19; 20:10; 23:12; Lev 18:26; 20,2; 22:18. — 2 Cf. Ez 11:20. — 3 Sobre el

principio de solidaridad véase Gen 12:7; 13:14-1? i?i-i4; 22,i6s; Ex 33,ü Núm 32:2; Dt 34:4; 2 Sarn 7:8-16; 23:5. — 4 Cf. Jer

31:29; Ez 18,is; Dt 24:16. — 5 Cf. R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra (Ugarit) et l'Ancien Testament (París 1937) p.129;

CH. Virolleaud, La légende phénicienne de Danel (París 1936) p.242; R. De Lanche; *Les textes de Ras Shamra et leurs rapports

a la histoire des origines du peuple hebreu: “Ephemerídes Theologiae Lovanienses,” τ 6 (χ939) 245-327; R. De Vaux, Les textes

de Ras Shamra et l'Ancien Testament: “Rev. Bibl.,” 46 (193?) 526-555; P. Joüon, Trois norns de personnages bibliques a la lamiere

des textes d'Ugarit (Ras Shamra): trch, ysskr, dril: Bi 19 (1938) 283-285; G. A. Barton, Danel, a Pre-Israelite Hero of Galüee:

“Memorial La-grange” (1940) 29-37. Véase el resumen de los argumentos sobre la cuestión en Spadafora, Ezechicle p.ii7.

— 6 Cf. Is 5:1-4; Os 10:1; Jer 2:21; Sal 80,9-18.

15. Israel, Sarmiento Inútil.

Este capítulo es como una parábola en la que se anuncia la destrucción de Judá por ser estéril.

Israel había sido escogido por Dios como una viña selecta para que le diera buenos frutos 6, pero

no le ha dado sino agrazones. Su misión histórica no era otra que transmitir el fuego sagrado de

la revelación divina a los pueblos en orden a la plena manifestación de los tiempos mesiánicos.

Habiendo sido infiel a su misión, Israel no representa nada en el concierto de los pueblos en medio

de los grandes imperios mesopotámicos y egipcios. Por eso Dios le va a aniquilar, utilizándola

como simple combustible. Los sarmientos, al no dar racimos, no sirven sino para el fuego. Es

el caso de Israel, infiel a su misión histórica.

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, ¿qué tiene más el

palo de la viña que otro palo? ¿Qué es el sarmiento entre todas las maderas de la

selva? 3 ¿Sacarán de él madera para hacer obra alguna? ¿Harán de él estacas para

colgar cualquier cosa? 4 Echase al fuego para que se consuma; sus dos extremos son

consumidos y arde también el medio, ¿servirá para algún trabajo? 5 Si cuando estaba

entero no servía para hacer de él obra alguna, ¡cuánto menos servirá cuando el

fuego lo ha consumido, después que fue presa del fuego! 6Por tanto, así dice el Señor,

Yahvé: Como es el palo de la vid entre las maderas de la selva, leña que yo echo

al fuego para que se consuma, así echaré a él a los habitantes de Jerusalén. 7 Volveré

contra ellos mi rostro, escaparon del fuego, y el fuego los devorará, y sabéis que yo

soy Yahvé cuando volviere contra ellos mi rostro. 8 Y tornaré la tierra en desierto,

2249

por cuanto prevaricaron, dice el Señor, Yahvé.

La moraleja de esta corta parábola es clara: Jerusalén no ha servido para el fin que se la ha asignado,

y, por tanto, tendrá que sufrir la suerte del sarmiento que no da buenos frutos. Por su constitución

es inservible para obras de carpintería; de ahí que esté destinado al fuego. Los leños de

otros árboles, cuando no dan fruto, pueden utilizarse para mueblaje y construcción; pero la madera

de vid está en esto en manifiesta posición de inferioridad: ¿qué tiene mas al palo de la viña

que otro palo? (v.1). Es el caso de Jerusalén: Israel, de no ser fiel a su cometido histórico, como

pueblo de Dios, vinculado de un modo especial a su providencia, no tiene relieve alguno en el

abigarrado mosaico de pueblos orientales, y aun es inferior a ellos en todo, excepto en lo religioso.

Como no ha dado frutos dignos de su vocación religiosa, será entregado al fuego como sarmiento

inútil. Es el anuncio de su destrucción por las tropas babilonias en 586. Yahvé volverá su

rostro, y quedarán sin arrimo en la situación crítica que se avecina. Es la hora de la manifestación

de la justicia divina. Entonces conocerán quién es Yahvé.

16. Infidelidad de Jerusalén.

En esta alegoría, Ezequiel nos presenta a Jerusalén como una esposa adúltera que ha despreciado

los cuidados paternales de Dios, que la eligió como esposa cuando aún no tenía nada de atrayente

entre las naciones. La encumbró hasta la categoría de reina, pero después prevaricó, entregándose

a los ídolos. El estilo es fuerte y vigoroso, con trazos crudos, muy en consonancia con el

radicalismo literario de los orientales. El profeta, ante todo, quiere mostrar a los exilados la culpabilidad

de Jerusalén por su inmensa ingratitud para prepararlos espiritualmente para la hora de

la catástrofe. La alegoría de la esposa infiel es muy usada en los profetas pre exílicos.

Tierna solicitad de Yahvé por Israel (1-13).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, echa en cara a

Jerusalén sus abominaciones, 3 y di: Esto dice el Señor, Yahvé, a Jerusalén: Eres por

tu tierra y por tu origen una cananea; tu padre, un amorreo; tu madre, una jetea; 4

a tu nacimiento, el día que naciste, nadie te cortó el ombligo; no fuiste lavada en el

agua para limpiarte, no fuiste frotada con sal ni fajada; 5 nadie hubo que pusiera en

ti sus ojos para hacerte algo de esto, compadecido de ti, sino que con horror fuiste

tirada al campo el día que naciste. 6 Pasé yo cerca de ti y te vi sucia en tu sangre, y,

estando tú en tu sangre, te dije: ¡Vive! 7 Te hice crecer a decenas de millares, como

la hierba del campo. Creciste y te hiciste grande, y llegaste a la flor de la juventud;

te crecieron los pechos y te salió el pelo, pero estabas desnuda y llena de vergüenza. 8

Pasé yo junto a ti y te miré. Era tu tiempo el tiempo del amor, y tendí sobre ti mi

manto, cubrí tu desnudez, me ligué a ti con juramento e hice alianza contigo, dice el

Señor, Yahvé, y fuiste mía. 9 Te lavé con agua, te quité de encima la sangre, te ungí

con óleo, 10 te vestí de recamado, te calcé piel de tejón, te ceñí de lino fino y te cubrí

de seda. n Te atavié con joyas, puse pulseras en tus brazos y collares en tu cuello, 12

arillo en tus narices, zarcillos en tus orejas y espléndida diadema en tu cabeza. 13 Estabas

adornada de oro y plata, vestida de lino y seda en recamado; comías flor de

harina de trigo, miel y aceite; te hiciste cada vez más hermosa y llegaste hasta reinar.

2250

El profeta recuerda, en nombre de Dios, el origen poco honroso de Israel para humillarla y resaltar

la dignidad a que fue elegido como pueblo de predilección. La tierra en que se asentaron sus

patriarcas era cananea (ν.3). El gran antepasado Abraham es llamado amorreo, que es una designación

genérica de los semitas occidentales, en contraposición a los de Mesopotamia. Aunque

Abraham estaba establecido en Ur de los Caldeos, sin embargo su filiación étnica parece ser la

de los árameos, tribus semitas occidentales instaladas en las riberas del Eufrates, pero que se

cambiaban constantemente por la zona del desierto siró-arábigo l. También Israel participaba de

un origen jeteo o hitita. Abraham tuvo relaciones con esta población hitita procedente del Asia

Menor, pero que tenía ramificaciones en Hebrón y en otras partes de Palestina. Los orígenes de

Israel como nación son, pues, desde el punto de vista humano, muy modestos.

Ezequiel presenta a la nación en su infancia, como una niña abandonada en el desierto,

recién nacida, sin poder valerse y aun privada de los cuidados elementales debidos a un recién

nacido (v.4). Los detalles no tienen valor alegórico, sino puramente literario descriptivo, para

resaltar la tierna solicitud de Yahvé, que escogió esta nación, cuidándola con todo mimo hasta

hacerla llegar a la edad de la pubertad y dotándola espléndidamente como a una princesa (v.11).

Es una alusión a las especiales providencias que Yahvé tuvo para con Israel desde sus primeros

balbuceos, como clan organizado en la época patriarcal, y, sobre todo, después en el desierto,

haciéndola llegar después a ser una gran nación bajo la dinastía davídica; es entonces cuando,

rodeada de esplendor y de riquezas, llegó hasta reinar (v.13). La trayectoria no pudo ser más

providencial y desacostumbrada. En todos los momentos de la historia, Israel se salvó gracias a

la especialísima protección que recibió de su Dios.

Dios eligió a Israel como nación sacerdotal 2, y, por tanto, como pueblo aparte sobre todos

los demás, como intermediario entre Dios y ellos en orden a la transmisión del mensaje mesiánico.

La misión no pudo ser más noble. Israel, pues, era verdaderamente una reina entre las

naciones. Por eso, su ingratitud fue desproporcionada, y de ahí que su castigo debía ser también

excepcional, pues, a pesar de ser esposa de Yahvé, se entregó a todos los adulterios o idolatrías.

Conducta idolátrica de Israel (14-34).

14 Extendióse entre las gentes la fama de tu hermosura, porque era acabada la hermosura

que yo puse en ti, dice el Señor-Yahvé. 15 Pero te envaneciste de tu hermosura

y de tu nombradía y te diste al vicio, ofreciendo tu desnudez a cuantos pasaban,

entregándote a ellos. 16 Tomaste tus vestidos y te hiciste altos coloreados para prostituirte

en ellos. 17 Tomaste las espléndidas joyas que te había dado, mi plata y mi oro,

y te hiciste simulacros de hombres, fornicando con ellos. 18 Tomaste las telas recamadas

y los cubriste con ellas, y les ofreciste mi óleo y mis aromas. 19 También el

pan que yo te diera, la flor de harina de trigo y el aceite y la miel con que te mantenía,

se los ofreciste en ofrenda de suave olor. Eso hiciste, dice el Señor, Yahvé. 20 Y, a

más de esto, tomaste a tus hijos y a tus hijas, los que habías engendrado para mí, y

se los sacrificaste para que les sirvieran de comida. Te parecían poco tus prostituciones,

21 y sacrificaste a mis hijos, haciéndolos pasar por el fuego. 22 Y al cometer

todas estas tus fornicaciones y prostituciones, no te acordaste del tiempo de tu mocedad,

cuando estabas desnuda en tu vergüenza y te revolvías en tu sangre; 23 antes

al contrario, después de tantas maldades, hay de ti! dice Yahvé, 24te hiciste en cada

plaza un lupanar 25 y en cada calle un prostíbulo, mancillando tu hermosura, entregándote

a cuantos pasaban y multiplicando tus prostituciones. 26 Te prostituíste a los

2251

hijos de Egipto, tus vecinos de gordos cuerpos, multiplicando tus fornicaciones para

irritarme. 27 Por eso tendí yo a ti mi mano, y te quité parte de la dote, y te entregué

al capricho de tus enemigas, las hijas de los filisteos, que te aborrecen y se avergüenzan

de tu desenfreno. 28 No harta todavía, te prostituíste también a los hijos de Asiría,

fornicaste con ellos, sin hartarte todavía. 29 Multiplicaste tus prostituciones desde

la tierra de Canaán hasta Caldea, y ni con todo esto te saciaste. 30 ¿Cómo sanar

tu corazón, dice el Señor, Yahvé, cuando has hecho todo esto, como desvergonzada

ramera dueña de sí, 31 haciéndote prostíbulos en todas las encrucijadas y lupanares

en todas las plazas? Y ni siquiera eres comparable a las rameras que reciben el precio

de su prostitución. 32 Tú eres la adúltera que, en vez de su marido, acoge a los extraños.

33 A la meretriz se le paga su merced, pero tú hacías las mercedes a tus

amantes y les hacías regalos para que de todas partes entrasen a ti para tus fornicaciones.

34 Ha sucedido contigo en tus fornicaciones lo contrario de las otras rameras,

pues no te buscaban, y, pagando tú en vez de recibir paga, fuiste al contrario de las

otras.

Israel, convertida en nación próspera, se envaneció de su estado de privilegio, y con sus riquezas

y abundancia se dedicó a la más desenfrenada idolatría. Así, utilizó las mejores colinas y altos

coloreados, o frondosos, para entregarse a sus prostituciones, o prácticas idolátricas. Son los famosos

lugares altos o bamoth, lugares tradicionales de cultos sincretísticos, pues en ellos, juntamente

con Yahvé, se daba culto a los ídolos 3. Y en el camino de la aberración, Israel llegó a

ofrecer a sus hijos e hijas (v.20) a Moloc 4. Con ello, además de contrariar a los elementales derechos

humanos, ha violado un pacto, pues los hijos e hijas de Israel pertenecían, por derecho

especial, a Yahvé (. que habías engendrado para m1) 5. La idolatría se extendió tanto, que por

doquier había un lugar de culto a las divinidades cananeas: te hiciste en cada plaza un lupanar, y

en cada calle un prostíbulo (v.24). Y no sólo adoptó los cultos de Canaán, sino que introdujo los

de Egipto y Asiría (v.26). Con el impío rey Manases se introdujeron hasta en el mismo templo

los cultos asiríos, y después, por influencia de la facción política egiptófila, los de Egipto 6.

Precisamente por estas infidelidades, Dios le retiró parte de su dote como marido celoso,

trayendo la carestía sobre el país, y la entregó a las hijas de los filisteos, es decir, dejó que le sojuzgaran

las ciudades de la Pentápolis filistea (v.27). El desenfreno de Israel no tuvo límites, por

lo que mereció el desprecio de sus mismos enemigos. Su conducta es menos disculpable que la

de las mismas rameras, ya que éstas se entregan por necesidad, buscando un precio en su prostitución

(ν.31), mientras que Israel llegó hasta dar mercedes a sus amantes (v.33), es decir, destinar

todas sus riquezas al culto de los ídolos. Ningún pueblo renunció a su Dios para entregarse a los

dioses de pueblos enemigos, a no ser Israel, el pueblo elegido 7.

Castigo de tanta ingratitud (35-43).

35 Por tanto, oye, ¡oh ramera! la palabra de Yahvé: 36 Así dice el Señor, Yahvé: Por

haber descubierto tus vergüenzas y haber mostrado tu desnudez a tus amantes en

tus fornicaciones y a todos los abominables ídolos, y por la sangre de tus hijos que

les ofreciste, 37 por eso reuniré yo a todos tus amantes y a cuantos recibiste placentera,

y, además de los que amaste, traeré también a los que aborreciste, y los juntaré

contra ti en derredor, y les descubriré tus vergüenzas, y contemplarán todas tus

torpezas. 38 Te juzgaré como se juzga a la adúltera y a la vertedora de sangre, y te

haré sangrienta víctima del furor y del celo. 39 Te entregaré a sus manos, y ellos des2252

harán tu lecho y derribarán tus prostíbulos, te desnudarán de tus vestidos y te arrebatarán

todos los ornamentos de tu hermosura y te dejarán desnuda, en cueros. 40 Y

harán venir contra ti a las muchedumbres, y te lapidarán con piedras, y te atravesarán

con la espada, 41 y pegarán fuego a tus casas, y harán en ti justicia a ojos de muchas

mujeres, y haré que ceses de fornicar, y no harás ya más regalos. 42 Saciaré en

ti mi ira y se apartará de ti mi celo. 43 Por cuanto no te acordaste de los días de tu

mocedad y me provocaste a ira con todas esas cosas, por eso yo también echaré tus

caminos sobre tu cabeza, dice el Señor, Yahvé, y cumpliré mis designios contra todas

tus abominaciones.

Continúa la alegoría. Israel en su conducta es como una meretriz que ha mostrado su desnudez a

todos sus amantes, es decir, se ha entregado a los ídolos de los pueblos que consideró amigos

(v.36). Pero Yahvé le entregará a los pueblos que no ha amado. En efecto, por virtud de la justicia

divina, los babilonios rodearán a la ciudad de Jerusalén y la arrasarán, y ésta será condenada

como adúltera y derramadora de sangre (ν.38). La pena del adulterio era la lapidación 8, y la del

homicidio era la muerte violenta con derramamiento de sangre 9. Israel, al entregarse a los ídolos,

fue adúltera abandonando a su verdadero Esposo, Yahvé; y al sacrificar sus niños a Moloc ha

incurrido en el mayor de los homicidios. Los babilonios serán los instrumentos de la justicia divina,

de forma que todo lo que constituía el orgullo de Jerusalén como capital de la nación judía

desaparecerá como botín. Todas sus riquezas (ornamentos de su hermosura, v.43) caerán en poder

de los soldados de Nabucodonosor, y Jerusalén quedará desnuda, indigente y despreciada. En

su pobreza extrema no tendrá ya ocasión de fornicar con los ídolos, pues será despreciada de todos

sus antiguos amantes. Yahvé echará sobre la cabeza de Jerusalén sus caminos (v.43), es decir,

su inicuo proceder, haciéndola gustar el amargo fruto de su perversa conducta.

Paralelo de Jerusalén con Samaría y Sodoma (44.-58)

44 Mira que no habrá proverbista que no te aplique este proverbio: “Cual la madre,

tal la hija.” 45 Sí, eres hija de madre que aborreció a su marido y a sus hijos. Y eres

también hermana de tus hermanas, que aborrecieron a sus maridos y a sus hijos.

Vuestra madre fue una jetea, y vuestro padre un amorreo. 46 Tu hermana mayor es

Samaría, con sus hijas, que habita a la izquierda tuya, y tu hermana menor es Sodoma,

con sus hijas, que habita a tu derecha. 47 Y ni aun seguiste sólo sus caminos,

ni imitaste sólo sus abominaciones; como si esto fuera muy poco para ti, te corrompiste

más que ellas en todas tus sendas. 48 Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que tu

hermana Sodoma, con sus hijas, no hizo lo que tú con tus hijas hiciste. 49 Mira cuál

fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: Tuvo gran soberbia, hartura de pan y

gran ociosidad ella y sus hijas. No dio la mano al pobre, al desvalido; 50 se ensoberbecieron

e hicieron lo que a mis ojos es abominable, y cuando lo vi, las quité de en

medio. 51 Samaría no pecó ni la mitad de lo que tú has pecado. Tú multiplicaste tus

fornicaciones mucho más que ellas, hasta el punto de hacer justas a tus hermanas

con todas las abominaciones que has cometido. 52 Lleva, pues, sobre ti tu vituperio,

tú que has abogado por la causa de tus hermanas con las abominaciones que más

que a ellas te han hecho abominable, viniendo a ser justas ellas comparadas contigo.

Sé confundida y soporta tu vituperio también tú, pues que has venido a justificar a

tus hermanas. 53 Pero yo mudaré la suerte suya, la suerte de Sodoma y de sus hijas,

la suerte de Samaría y de sus hijas, y con la de ellas mudaré también la tuya, 54 para

2253

que soportes tu confusión y tu vituperio por todo cuanto hiciste y les sirvas a ellas de

consuelo. 55 Tu hermana Sodoma con sus hijas volverán a su anterior estado; volverán

también a él Samaría con sus hijas, y tú también y tus hijas volveréis a vuestro

estado primero. 56 Ni el nombre siquiera de tu hermana Sodoma se oía en tu boca al

tiempo de tu orgullo, 57 antes de que fuera descubierta tu perversidad. Así también

eres tú oprobio para las hijas de Aram y para las hijas de los filisteos que te rodean,

que dondequiera te desprecian. 58 Lleva sobre ti tu perversidad y tus abominaciones,

dice Yahvé.

Los exilados creían que Jerusalén no merecía el castigo de la destrucción, como anunciaba el

profeta. Por ello, éste compara la maldad de ella con la de sus hermanas en la perversidad, Samaría

y Sodoma. Ellas han sido menos culpables que la capital de Judá, en cuanto que ésta debiera

haber escarmentado en el castigo de aquéllas. En realidad, Jerusalén se ha mostrado digna de sus

antepasados: cual la madre, tal la hija (v.44). El proverbio popular tendrá en ella plena aplicación.

Jerusalén en su formación había heredado las lacras de sus antiguos poseedores los cananeos.

Ya antes el profeta le había echado en cara, para humillarla, su origen cananeo: “eres por tu

tierra y por tu origen una cananea” (v.3). Los primeros pasos de Israel como pueblo fueron en

medio de una población pagana en tierra de Canaán, de la que sufrió una gran influencia étnica y

cultural; sobre todo, de los cananeos heredó su propensión a la idolatría: eres hija de madre que

aborreció a su marido y a sus hijos (v.45a). Parece que el dios El fue la divinidad primitiva de la

población semítica de Canaán 9. En ese caso, el profeta aludiría a la infiltración de otras divinidades

entre los cananeos. Canaán, madre de Jerusalén, en cuanto que esta capital estaba en su

territorio, y sus habitantes habían sido influidos de la población cananea, había, pues, aborrecido

α su marido, el dios primitivo El, y se había entregado a prácticas crueles con sus hijos, inmolándolos

10.

Jerusalén ha imitado estas abominaciones de su madre Canaán, y además se ha puesto en

la misma línea de prevaricación que la nefanda Sodoma y su hermana de sangre Samaría n. Esta

es llamada hermana mayor por su mayor vinculación a Jerusalén y, sobre todo, por la importancia

que ha tenido su reino históricamente. Se la localiza a la izquierda o norte, según la costumbre

entre los antiguos semitas de orientarse mirando al oriente. Samaría se hallaba, pues, supuesta

la orientación hacia el este, a la izquierda de Jerusalén, mientras que Sodoma se hallaba a la

derecha o sur. Sodoma había quedado en la tradición bíblica como el símbolo de la ciudad maldita

por Dios en castigo de sus nefandas acciones. Aquí no se alude a su pecado específico sodomítico,

sino a su arrogancia e insolencia por sentirse con hartura de pan (v.49), despreciando

así al necesitado. La crueldad es un pecado que los profetas echan frecuentemente en cara a los

pueblos paganos 12. Sin embargo, aquí los pecados de Sodoma son considerados como de menor

perversidad a los ojos de Dios en comparación con los de la propia Jerusalén, elegida de

Yahvé como lugar de su morada. Este privilegio único la hizo más culpable que su hermana

Samaría, la cual, a pesar de sus pecados, fue menos culpable que ella: tú multiplicaste tus fornicaciones

mucho más allá que ellas, hasta el punto de hacer justas a tus hermanas (v.51). Todas

han sido pecadoras, pero hay todavía gradación en la misma maldad, ya que los pecados de Jerusalén

revisten una particular malicia, la de su ingratitud para con su Dios 13. Por eso es particularmente

merecedora de castigo y en mayor escala que sus hermanas en la prevaricación (v.52).

Como siempre, el anuncio del castigo sobre el pueblo elegido trae a la memoria del profeta,

por contraste, la idea de la restauración mesiánica. Los castigos enviados por Yahvé tienen,

siempre que se trata de Israel, un carácter purificador, para que se prepare para la nueva etapa

gloriosa. Sin embargo, el profeta anuncia un estado de humillación futuro para Jerusalén, ya que

2254

estará en plan de pura igualdad frente a sus hermanas, Sodoma y Samaría, en vez de la situación

de privilegio que en otros tiempos tuvo. Hubo un tiempo en que Jerusalén evitaba el nombre de

Sodoma, porque era considerada como una ciudad maldita por Dios (v.5ó); pero ahora ha sido

merecedora también la Ciudad Santa de mayores castigos por sus pecados, en tal forma que se ha

convertido en objeto de oprobio para las hijas de Aram y para las hijas de los filisteos (v.58),

e.d., las ciudades circunvecinas arameas y de la Pen-tápolis filistea. Los tradicionales enemigos

de Judá sentirán una maligna satisfacción al verla humillada por el mismo Dios, que constituía su

orgullo y su gloria.

Renovación de la alianza antigua (59-63).

59 Porque así habla el Señor, Yahvé: Voy a hacer yo contigo lo que conmigo hiciste

tú, menospreciando el juramento y rompiendo el pacto. 60 No obstante, yo me acordaré

de la alianza que contigo hice al tiempo de tu mocedad y confirmaré contigo

una alianza eterna. 61 Y tú te acordarás de tus obras y te avergonzarás cuando recibas

a tus hermanas mayores y menores, que yo te daré por hijas, mas no ya por el

pacto hecho contigo. 62 Yo renovaré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahvé,

63 para que te acuerdes y sientas vergüenza y nunca más, de vergüenza, te atrevas a

abrir la boca, cuando te habré perdonado cuanto hiciste, dice el Señor, Yahvé.

Yahvé castigará a Jerusalén por su violación del juramento, rompiendo el pacto (V.59) del Sinaí.

La intervención justiciera de Dios será muy dura, pero no anulará las cláusulas de la antigua

alianza, sino que las mantendrá, ratificándolas con una alianza eterna. La antigua alianza del Sinaí,

en tiempos de la mocedad de Israel como pueblo, será matenida sustancialmente, pero al

mismo tiempo será sublimada y colmada en contenido. La primera, hecha en tiempos de la mocedad

del pueblo elegido, fue rota por las veleidades de éste, consecuencia de su inexperiencia

juvenil. La nueva alianza será eterna, es decir, no sujeta a alteraciones por parte de Israel, porque

Yahvé se apoderará totalmente de su corazón y de sus afectos más íntimos. Es la misma promesa

de nueva alianza anunciada por Oseas y Jeremías 14. Como consecuencia de esa nueva situación

afectiva interna, Jerusalén se avergonzará de sus antiguas obras. Jerusalén volverá a ser centro de

atracción de sus hermanas mayores y menores (v.61), es decir, de Samaría y de Sodoma, símbolo

de todos los pueblos paganos o paganizados que un día integrarán el Israel de Dios, heredero directo

del Israel de la carne. La perspectiva se mueve dentro de las promesas mesiánicas universalistas

expresadas en varios textos del A.T. y explicitadas magistralmente por San Pablo 15. Y

todo ello como consecuencia de un nuevo pacto (v.62), fruto de la pura benevolencia divina,

que quiere reivindicar su honor entre las naciones gentiles. Estos beneficios de Yahvé traerán la

confusión y la vergüenza a la ingrata Jerusalén (ν.όβ).

1 Cf. P. Dhorme, Amarna: DBS i (1928) 207-225; ID., Les amorreheens: RB 37 (1928) 63-79-161-180; 39 (1930) 161-178; 40 (1931)

161-184; ID., Abraham dans le cadre de la histoire: RB 37 (1928) 367-385.481-511; 40 (1931) 364-374.503-518; De Vaux, Les

patriarches hébreux: RB 1946; F. M. Abel, Géographie I (1933) 321; II (1938) 21s; R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra

et l'A.T. (París 1937) 21.96-113. Véase Spadafora, o.c., p.125s· — 2 Ex 19:6. — 3 Cf. Os 2:7; Jer 2:20; Is 57:7-8. La frase simulacros

de hombres del v.17 quizá sea alusión a las prácticas obscenas de los santuarios cananeos, en las que no faltaba el phallus,

símbolo de la fecundidad (Is 57:8). — 4 Cf. 2 Sam 16:4; Lev 18:21; Ez 20,25; 23:37; Sal 106:36; Dt 12:31. — 5 Cf. Dt I4:1; Ex

4:228. — 6 La frase de gordos cuerpos es un eufemismo por las partes vergonzosas: Lev I5”2s; Gen 17:11; Ez 44:7. — 7 Cf. Ez

5:7; Jer 2,ios. — 8 Cf. Dt 22:24. — 9 Cf. Gen 9:6; Ex 21:12; Lev 24:17. — 9 Cf. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques

(París 1905) 71 s; R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra et VA.T. (París 1937) 673. — 10 Cf. Lev 18:21; 20,2; Dt 12:31; 18:10;

2 Re 16:3. — 11 La frase vuestra madre fue una jetea, y vuestro padre un amaneo parece una mera repetición del v.3. — 12 Cf. Is

10:135; 14:6; Jer 47:7s; 48:26-30; Ez 28:1-5; 29:1-7. — 13 Cf. Ezc.8. — 14 Jer 31:33; Os 2:19-24· — 15 Cf. Sal 87:43; Is 2:3; 60:35;

66:8s; Rom 9:1-8; Act 7:29-53-

2255

17. Deslealtad y trágica suerte del Rey Sedecías. Promesa Mesianica.

En este capítulo encontramos una clara alusión a la situación política inmediata anterior a la

catástrofe del 586. Puede dividirse en tres partes: a) parábola de la gran águila, símbolo de Nabucodonosor

(v.1-10); b) explicación de la parábola (v.11-21); c) apéndice: la restauración mesiánica

(v.22-24).

Los profetas siempre habían predicado la sumisión al coloso babilónico como mal menor.

Toda otra política nacionalista constituía entonces un verdadero suicidio colectivo, como lo demostraron

los acontecimientos. Ezequiel se mantiene, pues, en la misma línea que Jeremías, y

anuncia el fin trágico del incauto rey Sedecías, que se atrevió a hacer frente a los babilonios apoyado

en ilusorias promesas egipcias. En la deportación del 598, el rey Joaquín, o Jeconías, fue

llevado a Babilonia. Le sucedió en el trono su tío Matanías o Sedecías, quien después de diez

años de sumisión a Nabucodonosor, instigado por el faraón egipcio, se sublevó, dando con ello

lugar a la destrucción de Jerusalén por los babilonios en el 587.

Parábola de la gran águila (1-10).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, propon un enigma

y compon una parábola sobre la casa de Israel. 3 Di: Así habla el Señor, Yahvé:

La gran águila de grandes alas y de largas plumas, toda cubierta de espléndido

plumaje de colores varios, vino al Líbano y tomó el cogollo del cedro, 4 arrancó el

principal de sus renuevos y lo llevó a tierra de mercaderes, y lo puso en una ciudad

de comerciantes. 5 Escogió luego un sembrado de la tierra y !o puso en campo selecto

para la plantación. Lo puso cerca de aguas abundantes, lo plantó como un sauce

1. 6 Echó brotes y se hizo una vid frondosa, pero de poca altura, para que dirigiese

hacia el águila sus ramas y le estuvieran sometidas sus raíces. Hízose vid, y echó

sarmientos y extendió sus ramas. ? Pero había otra gran águila de grandes alas y espeso

plumaje, y la vid dirigió hacia ésta sus raíces y tendió hacia ella sus sarmientos

desde el bancal en que la otra la plantó para que estuviera bien regada. 8 Había sido

plantada en tierra buena y cerca de abundantes aguas para que echase ramas y llevase

frutos y se hiciese una vid vigorosa. 9 Di: Así habla el Señor, Yahvé: ¿Prosperará?

El águila primera, ¿no arrancará sus raíces, no las despojará, dejándolas que

se seque y sequen todas las hojas que echó? Sin gran esfuerzo, sin necesidad de mucha

gente la arrancará de raíz. 10 Había sido plantada, ¿prosperará? ¿No se secará

del todo apenas la toque el viento solano? En los bancales donde brotó se secará.

El símil es bellísimo y expresivo en extremo. Se presenta al conquistador babilónico como un

águila imponente que planea sobre los bosques del Líbano, que aquí es símbolo del reino de Judá

y de Jerusalén. El reino glorioso de la dinastía davídica es comparado poéticamente al esplendor

de los cedros del Líbano. El mismo profeta explicará el sentido alegórico de cada rasgo de la parábola

2. El cogollo del cedro (v.3) es el representante de la dinastía davídica, simbolizada en un

cedro imponente y majestuoso. Nabucodonosor escogió un retoño de ese cedro de la dinastía davídica,

a Sedecías, para que desplegase su actividad regia sometido a Babilonia, dándole todas

las facilidades de gobierno. Por eso es comparado a un sauce (v.5) plantado junto a aguas abundantes.

2256

Antes había arrancado al principal de sus renuevos, y le llevó a tierra de mercaderes, y le

puso en una ciudad de comerciantes (v.4), es decir, a Babilonia, famosa por su tráfico comercial.

La alusión es clara a la deportación del rey Joaquín, o Jeconías, en 598, después del primer sitio

de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor. El reinado del sustituto de éste, Sedecías, entronizado

por el rey babilonio, fue relativamente próspero, pues participaba de la protección del coloso

mesopotámico; por eso echó brotes y se hizo una vid frondosa (v.6), pero en su actividad estaba

mediatizado por el poder del protector; de ahí que la vid fuera de poca altura. Esta fue la

situación de Judá desde el 597 al 588 a.C. Durante este período, el dominio de Palestina por los

babilonios no fue turbado por las incursiones egipcias, pues el faraón Psamético II, después de la

derrota sufrida en Carquemis, no se aventuró en expediciones peligrosas fuera de su territorio.

Pero su sucesor, Hofra, quiso de nuevo ser el arbitro de la política de la encrucijada palestinense

y movió todos sus resortes diplomáticos para levantar contra Babilonia a los reyezuelos

palestinianos vasallos de Babilonia. Entre ellos descollaba el rey Sedecías de Judá. El faraón

egipcio es presentado aquí como otra gran águila de grandes alas y espeso plumaje (ν.7). Es la

contrarréplica de Nabucodonosor. Sedecías se dejó pronto seducir; por eso dirigió hacia esta

(águila) sus raices y tendió hacia ella sus sarmientos (v.7). Esperaba obtener mejores condiciones

de vida con la amistad egipcia. La viña había de ser bien regada y daría copiosos frutos. Sin

embargo, el profeta hace resaltar que la situación de Judá bajo los babilonios no era despreciable,

ya que había sido plantada en tierra buena y cerca de abundantes aguas (v.8), y, efectivamente,

pudo desarrollar su vida nacional con cierta holgura como para convertirse en vid vigorosa. Por

eso, la conducta de Sedecías al acercarse a Egipto puede calificarse de insensata, ya que no hará

otra cosa sino provocar al viento solano (v.10), al invasor babilonio, que vendrá por el oriente

con sus tropas deseosas de botín y de sangre. Nabucodonosor, el águila primera, arrancará de

cuajo esa vid frondosa que era el reino de Judá. Ezequiel anuncia solemnemente el desastre definitivo

de Jerusalén a los exilados. La alocada conducta del rey de Jerusalén no hará sino acelerar

la hora del castigo divino.

Explicación de la parábola (11-21).

11 Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 12 Anda, di a la casa rebelde:

¿No habéis entendido lo que esto significa? Di: El rey de Babilonia vino a Jerusalén,

cogió al rey y a sus príncipes y los deportó, llevándoselos consigo a Babilonia. 13

Tornó a uno de la real estirpe e hizo con él un pacto, tomándole juramento. Llevóse

a los poderosos de la tierra, 14 para que el reino fuese modesto y 110 se rebelase, y

guardase y mantuviese el pacto hecho con él. 15 Pero se rebeló y mandó embajadores

a Egipto para que le diese caballos y mucha gente. ¿Prosperará? ¿Escapará el que

tales cosas hizo? Rompió el pacto, ¿escapará? 16 Por mi vida, dice el Señor, Yahvé,

que en la tierra de quien le habían puesto en el trono, cuyo juramento menospreció

y cuya alianza rompió, allí morirá, en Babilonia. 17 Y el faraón no le socorrerá con

gran ejército y muchas fuerzas en la lucha cuando se levanten terraplenes y se construyan

torres para destrucción de muchas vidas. 18 Menospreció el juramento, rompió

el pacto, dio su mano, y luego hizo cosas tales; no escapará. 19 Por tanto, así

habla el Señor, Yahvé: Por mi vida que yo echaré sobre su cabeza mi juramento,

que él menospreció, y mi pacto, que él rompió, 20 y le tenderé mi red y quedará preso

en mi lazo. Le deportaré a Babilonia y allí le juzgaré por la infidelidad cometida

contra mí. 21 Todos los fugitivos de sus tropas caerán a la espada, y los que quedan

serán dispersados a todos los vientos, y sabréis que yo, Yahvé, he hablado.

2257

Ezequiel explica la parábola por orden expresa divina a la casa rebelde (v.11), es decir, a la comunidad

de exilados israelitas que no querían comprender los caminos de Yahvé, el cual había

determinado un castigo justiciero sobre Jerusalén y la dinastía davídica. La explicación de la

parábola es clara: el rey de Babilonia es Nabucodonosor, quien en 598 tomó al rey (Jeconías) y a

sus príncipes y los deportó. a Babilonia (v.12). Era el cogollo del cedro., el principal de sus renuevos.,

es decir, el principal representante entonces de la dinastía davídica, figurada en un cedro

frondoso oriundo del Líbano (aquí Jerusalén). En su lugar, Nabucodonosor tomó a uno de la real

estirpe (ν.13), es decir, a Matanías, a quien cambió el nombre en Sedecías para indicar su poder

sobre él. Este era tío carnal de Jeconías. Era, pues, de real estirpe. Nabucodonosor quiso diplomáticamente

captar la voluntad de los judíos, imponiéndoles un rey de su dinastía. Conservaba

sobre él un alto dominio, pero Sedecías, dentro de su categoría de rey vasallo, tenía una relativa

autonomía.

El nuevo rey de Judá había aceptado su nueva situación, ratificándola conjuramento

(v.13) solemne. Con todo, Nabucodonosor tomó sus medidas. Así sabemos que se llevó a las

fuerzas vivas de la nación, los poderosos de la tierra (v. 13), de modo que el reino fuera modesto

y no se preparase para nuevas rebeliones (v.14). Pero Sedecías se rebeló, buscando ayuda militar

en Egipto, la otra gran águila 3. Pero no tendrá éxito en su insurrección, porque rompió el pacto

(v.15) solemne que había hecho con el rey de Babilonia. Esto traería como consecuencia una intervención

airada del coloso mesopotámico; en efecto, el imprudente rey Sedecías, reo de perjurio,

morirá en Babilonia (v.16). De nada le servirán las fuerzas que le envíe el faraón Hofra, pues

éste será derrotado 4 y dejará a Jerusalén a su suerte. Todo el movimiento de defensa organizado

en torno a Jerusalén (construcción de terraplenes y. torres, v.17) no servirá sino para aumentar

las proporciones de la catástrofe al ocasionar la destrucción de muchas vidas (v.17).

La conducta de Sedecías no puede aprobarse en ética elemental, ya que menospreció el

juramento, rompió el pacto. (v.18). Es simplemente un perjuro; como tal, debe ser castigado.

Yahvé personalmente le castigará por tal crimen, pues se considera vinculado al juramento de

Sedecías. Sin duda que éste, como israelita, había puesto por testigo de su veracidad a su Dios,

Yahvé. Al romper el juramento, cometía un grave pecado contra Yahvé, pues comprometía su

veracidad ante los paganos; por eso aquí se pone en boca de Dios la repulsa de la conducta infiel

de Sedecías: Por mi vida que yo echaré sobre su cabeza mi juramento, que él menospreció, y mi

pacto, que él rompió (V.19Q). El pacto entre Sedéelas y Nabucodonosor era el pacto de Yahvé,

pues había sido invocado como garantía de su fidelidad por parte del rey de Judá. Es interesante

esta doctrina moral de mantener el juramento con los enemigos, expresada de un modo tan claro

en el A.T.

El castigo de la infidelidad de Sedecías se cumplirá cuando sea deportado a Babilonia,

donde será cegado. Antes fue llevado a presencia de Nabucodonosor, a su cuartel general de Ribla

(Alta Siria), y a presencia de él fueron asesinados sus hijos5. La profecía de Ezequiel se cumplió

a la letra, pues lo más selecto de sus tropas cayó ante la espada, y el resto fue dispersado a

los cuatro vientos (v.21). Es el sello de la profecía de Yahvé: sabréis que yo, Yahvé, he hablado

6.

Promesa del rey Mesías (22-24).

22 Así dice el Señor, Yahvé: También yo tomaré del cogollo del cedro elevado, y del

principal de sus renuevos cortaré un tallo y lo plantaré sobre el monte alto y sublime,

23 en el monte alto de Israel lo plantaré, y echará ramas y dará fruto, y se con2258

vertirá en magnífico cedro, y se acogerán a él las aves de toda pluma, que habitarán

a la sombra de sus ramas, 24 y conocerán todos los árboles de la selva que yo soy

Yahvé, que humillé al árbol sublime y levanté al árbol bajo, sequé el árbol verde e

hice reverdecer el árbol seco. Yo, Yahvé, he hablado y yo lo cumpliré.

Como en otras ocasiones, el profeta contrapone un horizonte de esperanza al sombrío de castigo

que acaba de presentar a los exilados. La misión de los profetas, como centinelas de los intereses

espirituales de su pueblo, es situar en su debida proporción el alcance de los castigos de

Dios a su pueblo. En medio de todas las encrucijadas críticas de la historia de Israel se cierne

siempre la esperanza mesiánica como norte de la vida nacional. Ezequiel debía hacer ver a los

exilados israelitas que sus vanas ilusiones sobre la permanencia de Jerusalén como capital de un

reino corrompido religiosamente no tenían fundamento. La hora de la ira justiciera divina llegará

inexorablemente, y la dinastía davídica se eclipsará de momento al ser deportados sus representantes

a Babilonia. Pero ésta no será una situación definitiva, porque ante todo está la promesa de

Dios de inaugurar una era mesiánica presidida por la misma dinastía davídica. El profeta

adapta el símil de la parábola antes expresada para dar un nuevo sentido más profundo favorable

a las esperanzas mesiánicas. Como Nabucodonosor, la gran águila, tomó del cogollo del cedro,

llevando al principal de sus renuevos, Jeconías, a Babilonia (v.2), así también Yahvé en un tiempo

futuro tomará del cogollo del cedro, cortando un tallo del principal de sus renuevos (v.22).

Ya hemos dicho que cedro en todos estos textos equivale a la dinastía davídica. Ahora bien, con

la deportación del principal de sus renuevos (Jeconías) no desaparece ésta, porque Yahvé se encargará

de cortar de él un tallo para plantarlo en el monte alto de Israel (v.23), en la colina santa

de Sión. Allí se desarrollará frondosamente, hasta convertirse en magnifico cedro, en el que anidarán

aves de toda pluma (v.23); es decir, todos los pueblos se reunirán en Jerusalén bajo la

sombra protectora del Mesías7. Y todos los arboles de la selva (todas las naciones) reconocerán

que todo ha sido obra providencial de Yahvé, pues es el arbitro de la historia, ya que humilla al

árbol sublime (Babilonia) y levanta al árbol bajo, o reino de Judá, humillado por el opresor babilónico

8. Yahvé ha obrado un milagro en favor de su pueblo, pues le ha hecho reverdecer cuando

todos le consideraban como un árbol seco, y, en cambio, ha secado al árbol verde, el imperio

babilónico, que con su exuberancia parecía tener una larga vida. La historia está en manos de

Dios; por eso Israel debe confiar ciegamente en El a pesar de la tragedia que se le avecina. Al fin

triunfará el pueblo elegido sobre el invasor babilónico 9.

1 Así, siguiendo el paralelo árabe y arameo del vocablo hebreo safsafah. Es la traducción de Dennefeld, Cantera y Spadafora, etc. — 2

Sobre el símil del águila para designar a los grandes conquistadores cf. Dt 28:49; Os 8:1; Abd 1:8; Jer 48:40; 49:22; Is 46:11. — 3

Sobre la insurrección del rey Sedecías véase 2 Re 24:20. — 4 Cf. Jer 37,Ss; Ez 30,21. — 5 Cf. 2 Re 25:6-7; Jer 52:9. — 6 Cf. Ez

6:13; 14:8; 21:22; 34:24.

18. La Retribución equitativa individual.

Uno de los problemas morales que plantea el A.T. es el de la responsabilidad colectiva e individual.

Dada la mentalidad semítica sobre la solidaridad del clan, generalmente se admitía antes

del exilio que las buenas o malas obras de los individuos debían ser participadas por la colectividad.

Todos eran solidarios en el bien y en el mal de los individuos. La catástrofe del exilio hizo

que el problema se estudiara más a fondo. La gran ilusión de la colectividad nacional como fin

de la actividad individual, en cuanto que Israel estaba destinada a una gran misión futura en los

tiempos mesiánicos, se fue desvaneciendo con los reveses políticos. Todo parecía perdido. ¿Por

2259

qué la generación contemporánea de Ezequiel pagaba por los pecados de sus antepasados? “Los

padres comieron las agraces, y los hijos sufren la dentera,” es el proverbio irónico que corre entre

los exilados. Dios no parecía justo en la distribución de sus bendiciones y castigos, y, por tanto,

no merecía molestarse en ser justo. Los exilados empezaban a sentirse escépticos, y el profeta se

ve obligado a aclarar la doctrina sobre la retribución. Dios es justo y dará a cada uno lo que merece.

Este es el tema del presente capítulo, de gran profundidad moral. La doctrina aquí expuesta

le ha merecido a Ezequiel el título de “campeón del individualismo en el A.T..” Sin duda que es

un gran avance doctrinal en lo referente a la retribución, supuesta la mentalidad dominante en los

profetas anteriores al exilio.

Suele dividirse el capítulo en tres partes: a) el individuo es responsable de su conducta

personal (v.1-20); b) el hombre será juzgado por su conducta actual, no por la pasada (v.21-29);

c) invitación a la conversión (v.30-32).

Responsabilidad personal del individuo (1-20).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2¿Qué andáis repitiendo este proverbio

en la tierra de Israel y decís: “Los padres comieron las agraces, y los dientes

de los hijos sufren la dentera”? 3 Por mi vida, dice Yahvé, que nunca más diréis este

refrán en Israel. 4 Mías son las almas todas; lo mismo la del padre que la del hijo,

mías son, y el alma que peca , ésa perecerá. 5 El que sea justo y haga juicio y justicia,

6 no banquetee por los montes, y no alce los ojos a los ídolos de la casa de Israel, no

deshonre a la mujer de su prójimo y no se llegue a la menstruada, 7 y no oprima a

nadie y devuelva al deudor su prenda, no robe y dé pan al hambriento y vestido al

desnudo, 8 no dé a logro ni reciba a usura, retraiga su mano del mal y haga juicio de

verdad entre hombre y hombre, 9 camine en mis mandatos y guarde mis leyes,

obrando rectamente, ése es justo, vivirá, dice Yahvé. 10 Pero, si engendró un hijo

violento, vertedor de sangre o que haga una de esas otras cosas, 11 y, no imitando a

sus padres, coma por los montes, manche a la mujer de su prójimo, 12 oprima al pobre

y al desvalido, robe, no devuelva la prenda, alce los ojos a los ídolos y haga

abominaciones, 13 dé a logro y reciba a usura, ¿vivirá éste? No vivirá. Hizo todas

esas abominaciones, de cierto morirá. Recaerá su sangre sobre él. 14 Pero, si éste engendró

un hijo que, viendo todos los pecados de su padre, no los imita, 15 ni come

por los montes, ni alza sus ojos a los ídolos de Israel, ni mancha a la mujer de su

prójimo, 16 ni oprime a nadie, ni retiene la prenda, ni roba, da su pan al hambriento

y viste al desnudo, 17 contiene su mano de la iniquidad, no recibe usura ni interés y

cumple mis preceptos, éste no morirá por la iniquidad de su padre, vivirá. 18 Su padre,

que agravió y despojó a su hermano y no obró el bien en medio de su pueblo,

éste morirá por su iniquidad. 19 Y si dijereis: ¿Por qué no ha de pagar el hijo la iniquidad

del padre? Pues porque el hijo hizo juicio y justicia y guardó mis mandamientos

y los puso por obra, y de cierto vivirá. 20 El alma que pecare, ésa morirá; el

hijo no llevará sobre sí la iniquidad del padre, ni el padre la del hijo; la justicia del

justo será sobre él, y sobre él será la iniquidad del malvado.

Ezequiel reacciona violentamente contra la opinión de los exilados, que irónicamente hacían correr

de boca en boca el proverbio “los padres comieron las agraces, y los dientes de los hijos sufren

la dentera.” Creen que ellos no merecen los castigos que les anuncia su profeta. Son sus antepasados

los que colmaron el cáliz de la cólera divina; sin embargo, ellos son los que sufrirán

2260

las terribles consecuencias. De ahí deducían que Yahvé no era justo con ellos, ya que los hacía

sólo solidarios en los castigos y no en las bendiciones prometidas a su pueblo. ¿Cómo Dios había

permitido la muerte trágica del piadoso rey Josías en la batalla de Megiddo en 609 contra el faraón

egipcio? ¿Por qué se acumularon tantas desgracias en tan poco tiempo sobre la misma generación?

¿Es que eran peores que sus antepasados? El principio de solidaridad en lo malo les angustiaba.

La doctrina tradicional no era justa.

Ezequiel quiere esclarecer el problema. En realidad, cada uno sufrirá por sus propias iniquidades,

porque todos, padres e hijos, son de Yahvé: mías son las almas todas, lo mismo la del

padre que la del hijo (v.4); por consiguiente, todos en principio están en plan de igualdad respecto

de Dios. Sólo sus obras las diversifica, en cuanto que el pecado aleja de Dios y atrae sobre él

el castigo, mientras que las buenas obras acercan a Dios y les traen las bendiciones de todo género.

Es falsa la creencia de que el hijo pertenece al padre, y, por tanto, que aquél debe ser solidario

de las obras de éste. En realidad, las almas o personas pertenecen sólo a Dios, quien las trata

conforme a sus obras: el alma que pecare, ésa morirá (v.4b). La muerte física era el máximo castigo

en una época en que no se conocía la retribución en ultratumba. Dios, pues, hará que el pecador

sufra muerte prematura en castigo de sus pecados. Al contrario, el que sea recto en su conducta,

practicando el juicio y la justicia, en el sentido de acomodarse a las leyes de Dios tal como

se especifican a continuación, ése vivirá. Hacer la justicia y el juicio no se refiere sólo a las virtudes

sociales de equidad con el prójimo, sino también equivale a ser recto o perfecto en los caminos

del Señor.

Y se opone a ello la serie de pecados que a continuación se enumeran: prácticas idolátricas

por los montes, acompañadas de festines conmemorativos. Es el culto en los lugares altos,

tan fustigado en la literatura profética *; adulterios (v.6) 2, impurezas legales, entre las que se

contaban las relaciones sexuales con mujer menstruada 3; opresiones a los débiles 4 por parte de

los afortunados, los cuales muchas veces retenían en prenda cosas necesarias para la vida del

deudor, lo que estaba expresamente prohibido en la Ley. Según ésta, debía devolverse el manto

al deudor antes de que llegara la noche 5. Estaban también prohibidos la usura y el cohecho 6; por

eso, fomentar el préstamo usurario era oponerse a las prescripciones divinas (v.8). Se permitía

cobrar intereses sólo al extranjero. El programa social que Ezequiel recomienda se resume en la

frase haga juicio entre hombre y hombre (v.8). El sentido de equidad debe presidir todas las acciones

del hombre en sus relaciones con el prójimo. El justo debe en todo acomodarse a los

mandatos de Yahvé (v.9).

Después de enumerar las diversas clases de transgresiones, el profeta especifica que sólo

el que personalmente las cometa será reo de pecado. Los padres no sufrirán por los pecados de

los hijos, ni viceversa (v.20).

El hombre será juzgado por su conducta actual (21-32).

21 Y si el malvado se retrae de su maldad, y guarda todos mis mandamientos, y hace

lo que es recto y justo, vivirá y no morirá. 22 Todos los pecados que cometió no le serán

recordados, y en la justicia que obró vivirá. 23 ¿Quiero yo acaso la muerte del

impío, dice el Señor, Yahvé, y no más bien que se convierta de su mal camino y viva?

24 Pero, si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad conforme a todas

las abominaciones que hace el impío, ¿va a vivir? Todas las justicias que hizo no le

serán recordadas; por sus rebeliones con que se rebeló, por sus pecados que cometió,

por ellos morirá 25 Y si dijereis: No es recto el camino del Señor, escucha, casa

de Israel. ¿Que no es derecho mi camino? ¿No son más bien los vuestros los torcidos

2261

? 26 Si el justo se aparta de su justicia para obrar la maldad y por eso muere, muere

por la iniquidad que cometió. 27 Y si el malvado se aparta de su iniquidad que cometió

y hace lo que es recto y justo, hará vivir su propia alma. 28 Abrió los ojos y se

apartó de los pecados cometidos, y vivirá y no morirá. 29 Y dice la casa de Israel:

¿No son derechos los caminos del Señor? ¿Que no son derechos mis caminos, casa

de Israel? ¿No son más bien los vuestros los torcidos? 30 Yo, pues, os juzgaré a cada

uno según sus caminos, ¡oh casa de Israel! dice Yahvé. Volveos y convertios de vuestros

pecados, y así no serán la causa de vuestra ruina. 31 Arrojad de sobre vosotros

todas las iniquidades que cometéis, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

¿Por qué habéis de querer morir, casa de Israel? 32 Que no quiero yo la muerte del

que muere. Convertios y vivid.

En este fragmento se expresa de un modo bellísimo la disposición de Dios a perdonar al pecador.

Sólo exige, por parte de éste, arrepentimiento y cambio de vida. En cualquier momento, pues,

puede el impío entrar por el buen camino, porque Dios no tiene interés especial en perderle. Dios

hace caso omiso de los pecados pasados supuesta la voluntad de cambiar de vida (v.21): todos

los pecados que obró no le serán recordados. Dios no sólo es justo, sino que es también misericordioso.

No puede, pues, complacerse en la muerte del impío (v.23). Aquí la muerte tiene el

sentido inmediato literal de muerte física, que era considerada como el máximo castigo. No obstante,

vida en la literatura sapiencial tiene el sentido de relaciones amistosas con Yahvé. El profeta

no alude aquí a una muerte espiritual de ultratumba. San Pablo dirá más tarde que Dios quiere

que todos se salven7, en cuanto a su vida de ultratumba; pero ésta es una nueva perspectiva

neotestamentaria que no tenemos derecho a suponer en este estadio de la revelación de la

época de Ezequiel. Aquí el profeta quiere resaltar ante los exilados el grado de responsabilidad

de cada individuo ante Dios. Lo que interesa es la voluntad de arrepentimiento del hombre en

sus relaciones actuales con Dios.

Ezequiel, en su deseo de invitar a la penitencia y a la esperanza en Yahvé, recarga las tintas,

y así dice que las justicias que hizo (el justo) no le serán recordadas. (v.24). La frase no debe

urgirse demasiado en el sentido de que las obras pasadas no tienen valor ante Dios, sino en el

sentido relativo de que lo que interesa sobre todo son las buenas obras actuales. Por muy buenas

que hayan sido las pasadas, si las presentes son malas, de nada sirven para justificarse ahora ante

Dios. Hay que colocarse en la perspectiva del profeta, el cual quiere hacer ver que lo que interesa

ahora es la conducta presente, no la pasada. Es tiempo de emprender el buen camino y concillarse

la misericordia divina. Esta es su idea principal. La otra del valor de las acciones pasadas está

subordinada conceptualmente a ésta: el pasado, quiere decir, pesa poco en comparación con el

presente. Esta doctrina era extraña a los oyentes del profeta, habituados a la idea de solidaridad

con el prójimo y con el pasado, y por eso Ezequiel, retóricamente, reproduce la supuesta reacción

del público: no es recto el camino del Señor (v.25). Pero, en realidad, lo que es recto es la nueva

doctrina de que cada uno sufra por sus pecados y de que ante todo interesa la actitud presente del

pecador. En este supuesto, les invita a entrar por el camino de la sincera conversión como único

medio de librarse de la ruina (ν.30). Es preciso un corazón y un espíritu nuevo (ν.31), una nueva

disposición interna de acercamiento sincero a Dios. Es el pacto nuevo escrito en los corazones,

de que habla Jeremías 8, como gran promesa mesiánica. En el nuevo orden de cosas, la responsabilidad

personal será la base de las relaciones de los individuos con Dios.

1 Cf. Ez 6:1s. — 2 Ex 20:14; Lev 20:10. — 3 Lev 18:19; 20:18. — 4 Cf. Am 2:6-7; Mal 3:5. — 5 Cf. Ex 22:26; Dt 24:6; Am 2:8. — 6 Cf. Ex

22:24; Lev 25:35-37; Dt 23:20. — 7 Cf. 1 Tim 2:4; 2 Pe 3:9. — 8 Cf. Jer 31:295.

2262

19. Canto fúnebre sobre los Príncipes de Israel.

Esta bellísima elegía puede dividirse en tres partes: a) llanto por la suerte de Joacaz y Jeconías

(v.2-9); b) desolación de Judá bajo Sedecías (v. 10-12); c) exilio del pueblo (v. 13-14). El ritmo

poético externo es el característico de la elegía, o qinah, que hemos visto en las Lamentaciones

atribuidas a Jeremías l.

Desgraciada suerte de Joacaz y Jeconías (1-9).

1 Canta una elegía sobre los príncipes de Israel, 2 y di: ¿Qué fue tu madre? Una leona

entre leones, agazapada en medio de leoncillos, crió sus cachorros. 3 Levantó a

uno de sus cachorros, que llegó a ser león joven, y aprendió a tomar la presa y a devorar

hombres. 4 Dieron voces contra él las gentes, y le apresaron en sus trampas, y

con anillos le llevaron a la tierra de Egipto. 5 Y viendo ella, después de esperar mucho

tiempo 2, que se desvanecía su esperanza, tomó a otro de sus cachorros y le convirtió

en león adulto. 6 Andaba entre leones, y vino también a ser león joven, y

aprendió a arrebatar la presa y a devorar hombres. 7 Rugiendo en su altanería, devastó

ciudades 3, y se desvaneció el país y cuanto había a la voz de su rugido. 8 Dieron

sobre él las gentes de las regiones del contorno, tendieron redes contra él 1 y le

cazaron en su fosa. 9 Encerráronle en una jaula con anillos y le llevaron al rey de

Babilonia, para que no se oyesen más sus rugidos en los montes de Israel.

El profeta es invitado a componer una elegía sobre la triste suerte de los príncipes de Israel4, en

el sentido de descendientes de Jacob, representados ahora en Judá como único reino superviviente

después de la desaparición del reino de Samaría en 721. El pueblo de Judá es personificado en

una leona majestuosa y señorial. La frase es irónica en labios del profeta. Los reyes de Judá han

querido parangonarse con los príncipes de los pueblos paganos y aun con los colosos egipcios y

babilonios, verdaderos leones por su poder. En su estulticia se han creído capaces de alternar con

las grandes potencias. Así, la nación israelita crió sus cachorros (v.2b) o reyes con pretensiones

belicosas. En vez de confiar en Yahvé, quiso confiar en sus jefes y en sus propias fuerzas, creyéndose

señora en medio de los leoncillos o pequeños estados palestinos circunvecinos de menor

fuerza que Israel. En un momento de euforia levantó a uno de sus cachorros, constituyéndole en

rey o león joven, con pretensiones de ataque: aprendió a coger la presa y a devorar hombres

(v.3). El profeta alude aquí a la entronización del rey Joacaz después de la muerte de Josías en la

batalla de Megiddo contra el faraón Necao II (609 a.C.). Conocido el fin trágico del piadoso rey

Josías en Jerusalén, fue nombrado rey Joacaz, segundo hijo de Josías. El nuevo rey fue violento y

cruel. La Biblia dice de él que “hizo el mal ante el Señor en todo, como lo habían hecho sus padres”

5. Es la frase estereotipada del cronista bíblico para condenar la conducta de un rey. Por eso

se concibe bien la frase de Ezequiel: aprendió a coger presa. Después de tres meses de reinado

fue depuesto por el faraón Necao II, que había establecido su cuartel general en Ribla (Alta Siria),

y llevado prisionero a Egipto: con anillos lo llevaron a la tierra de Egipto (v.4). El profeta

expresa todo esto de modo metafórico: supuesta el símil del león para designar a Joacaz, se presenta

a sus enemigos, los egipcios, como cazadores que dan voces contra él para asustarle y

hacerle caer en las trampas puestas de antemano, llevándoselo, como a una fiera, con anillos en

la nariz.

2263

El símil sigue, pero adaptado a otro personaje. Judá, después de la deposición de Joacaz,

soportó por mucho tiempo (v.5) el yugo extranjero egipcio y babilónico, y, viendo que se desvanecía

su esperanza de volver a ser un reino independiente y libre como en tiempos anteriores,

tomó a otro de sus cachorros y le convirtió en león adulto (v.5b); es decir, entronizó como rey a

Jeconías (598) en sustitución del fallecido Joaquín, impuesto por Necao. El nuevo rey, con pretensiones

de gran soberano (andaba entre leones, v.6), se mostró también cruel e impío: aprendió

a arrebatar presa. El cronista del libro de los Reyes dice de él: “se portó mal a los ojos del

Señor, como habían hecho sus padres”6. En su altanería devastó ciudades.: supuesto que esta

traducción sea correcta, pues el original está muy confuso, con esta frase se aludiría quizá a incursiones

devastadoras que habría hecho a la desesperada cuando estaba sitiado en Jerusalén por

las tropas de Nabucodonosor. El profeta quiere destacar su carácter altanero e insolente, con

pretensiones de monarca poderoso, cuando no era sino un minúsculo rey, virtualmente preso

por los babilonios. Las gentes del contorno, en cuanto pudieron, se alzaron contra él (v.8). Sabemos,

en efecto, que, juntamente con los babilonios, intervinieron en el asedio de Jerusalén los

sirios, amonitas y moabitas, enemigos tradicionales de Israel7. Lograron cazar al insolente Jeconías

como a una fiera, y en una jaula con anillos le llevaron al rey de Babilonia (V.9). El cautiverio

fue el triste destino de este joven rey. Sabemos que permaneció prisionero en Babilonia

hasta la muerte de Nabucodonosor en 562 a.C. 8, siendo libertado por el sucesor de éste, Evil-

Marduk 9.

Suerte de Judá y de Sedecías (10-14).

10 Tu madre fue como una vid plantada cerca de las aguas, vigorosa de fruto y de follaje

por la abundancia de las aguas. 11 Echó robustos sarmientos, propios para cetros

de soberanos. Su tronco se alzaba por entre las nubes 10, vistoso por su altura y

por sus numerosos sarmientos. 12 Pero fue arrancada con furor y echada a tierra, y

el viento solano la agostó, quemó sus frutos. Secáronse sus robustos sarmientos, el

fuego los devoró. 13Y ahora está plantada en el desierto, en tierra sedienta y árida. 14

Y ha salido de uno de sus sarmientos un fuego que ha consumido su fruto, y no queda

en ella rama alguna fuerte, ni un solo cetro de dominio. Elegía es ésta, y de elegía

servirá.

El profeta expone ahora la ruina de Judá bajo otro símil muy vigoroso y expresivo. El reino de

Judá es comparado a una vid vigorosa de fruto y follaje, que como tal prosperó y dio ubérrimos

frutos. Realmente Judá tuvo sus años de esplendor cuando vivía confiada a la protección de Yahvé.

Su vitalidad fue tal, que llegó a tener soberanos no inferiores a los de otros pueblos. Sus sarmientos

o retoños fueron de tal calidad, que pudieron utilizarse para ser convertidos en cetros de

soberanos (v.11). El reino de Judá llegó a remontarse y crecer como tronco que se alza entre las

nubes, de modo que en su esplendor resultaba vistoso por su altura. Las naciones vecinas reconocían

su poder y su robustez. Pero llegaron tiempos de prueba, y la vid, en otro tiempo robusta,

fue arrancada con furor ante el envite del viento solano del ejército de Nabucodonosor, que vino

del desierto oriental como el simún, que lo arrastra todo, y ahora está deportada y trasladada a las

arenas de la estepa en tierra sedienta y árida (ν.13). El profeta piensa en los exilados del 598, a

los que se unirán los de la catástrofe definitiva del 586 a.C.

Y todo esto ha sido como consecuencia de uno de sus sarmientos, de un retoño de la dinastía

davídica, el rey Sedecías, que en su arrogancia se encendió como fuego contra Nabucodonosor.

Su rebelión insensata acabó con todo lo que constituía el orgullo de la nación: ha consu2264

mido su fruto (v.14). La vid ha quedado totalmente destrozada y ya no queda ni un solo cetro de

dominio, es decir, de sus sarmientos no hay posibilidad de sacar uno capaz de convertirse en cetro

de soberano como de los anteriores. En el año 586 terminó la dinastía davídica por la insensatez

del último de sus vastagos, Sedecías. Sólo en la época mesiánica volverá a retoñar la antigua

vida. Mientras tanto, a los supervivientes sólo les quedará la posibilidad de entonar una

elegía en recuerdo de tantas glorias pasadas. Es el supremo y único homenaje a una gran dinastía

caída.

1 Según este ritmo, cada verso tiene cinco acentos, con pausa después del tercero. — 2 El TM es oscuro. Nuestra traducción se basa en

una corrección plausible de Bertholet. La Bible de Jérusalem traduce: “ella se vio decepcionada en su esperar.” — 3 Así siguiendo

en general al texto griego. El TM dice: “y conoció (sexualmente) a sus viudas y asoló ciudades.” La Bible de Jérusalem: “tomó

por asalto sus palacios,” siguiendo una corrección del texto hebreo. — 4 Elegías parecidas pueden verse en 2 Sam 1:19-27; Jer

22:183. — 5 Cf. 2 Re 23:32. — 6 Cf. 2 Re 24:9. — 7 Cf. 2 Re 24:2. — 8 Cf. 2 Re 24:15; 27-30. — 9 Cf. Jer 52:31-34- — 10 Así

según una ligera corrección del TM, seguida por la Bible de Jérusalem. — 11 Cf. Ez 17:22-24; Is 11:1.

20. Infidelidad de Israel y fidelidad de Dios. Purificación Futura.

Los c.20-24 incluyen la última serie de vaticinios contra Jerusalén y Judá. Estos tuvieron lugar

del 601 al 588, en que empezó el asedio de Jerusalén. Este capítulo 20 contiene dos partes: a)

Ezequiel recuerda las infidelidades de Israel para con Yahvé, a pesar de las solicitudes divinas, a

través de su azarosa historia (v.1-31); b) restauración de Israel en el futuro (v.32-44). Esta segunda

parte es considerada por muchos autores como adición posterior a causa de su estilo. La

primera parte, en cambio, parece compuesta antes de la destrucción de Jerusalén en el 586 a.C.

Consalta de los ancianos (1-4).

1 El año séptimo, el quinto mes, el día diez del mes, vinieron algunos de los ancianos

de Israel a consultar a Yahvé y se sentaron delante de mí, 2 y me fue dirigida la palabra

de Yahvé, diciendo: 3 Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles:

Así dice el Señor, Yahvé: Vosotros venís a consultarme. Por mi vida que yo 110 os

responderé, dice el Señor, Yahvé. 4 ¿Quieres juzgar a éstos, hijo de hombre? ¿Quieres

juzgarlos? Hazles saber las abominaciones de sus padres.

Los ancianos de Israel se presentan al profeta para consultarle sobre los destinos de la nación.

Aún tienen ilusiones sobre la suerte de Jerusalén l. La entrevista tuvo lugar en los meses de julioagosto

(quinto mes) del 591, ya que el año séptimo hay que computarlo a partir de la deportación

de Jeconías (598), es decir, once meses después de la famosa visión inaugural a orillas del río

Kebar 2. Antes de que expusieran su pensamiento, el profeta adivina sus intenciones y les habla

en nombre de Dios. Ya antes les había hablado de los designios punitivos de Yahvé sobre Jerusalén

por sus pecados 3, y al mismo tiempo les había anunciado la formación de un nuevo Israel,

que saldría del núcleo de los exilados4. El profeta da a entender que no quiere responder a su

consulta (v.4). Yahvé, por su parte, invita al profeta a que juzgue a esos ancianos, comisionados

de los exilados. El juicio que debe pronunciar es de condenación, ya que les echa en cara la historia

poco edificante de Israel, al recordarles las abominaciones de los padres. En esto el profeta

acepta el principio de la solidaridad, ya que supone que los pecados de los antepasados tienen

aún consecuencias punitivas para sus contemporáneos; pero, además, hace ver que también éstos

son culpables en gran medida.

2265

Infidelidad de Israel en Egipto (5-12).

5 Diles: Así habla el Señor, Yahvé: El día en que yo elegí a Israel, y alcé mi mano jurando

a la posteridad de Jacob, y me mostré a ellos en la tierra de Egipto, y alcé mi

mano, diciendo: Yo, Yahvé, soy vuestro Dios, 6 aquel día alcé mi mano jurando sacarlos

de la tierra de Egipto y llevarlos a la tierra que yo les había destinado, que

mana leche y miel y es la más hermosa de las tierras. 7 Y os dije: Quite cada uno de

sus ojos los ídolos y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo, Yahvé, soy vuestro

Dios. 8 Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron darme oídos, ni quitaron

de sus ojos las abominaciones, ni abandonaron los ídolos de Egipto, y dije que derramaría

sobre ellos mi ira y desfogaría mi enojo sobre ellos en la tierra de Egipto. 9

Mas por la gloria de mi nombre, para que no fuese infamado a los ojos de las gentes

en medio de las cuales estaba, a cuya vista me había dado a conocer como quien los

había de sacar de la tierra de Egipto, 10 los saqué de la tierra de Egipto y los conduje

por el desierto, 11les di mis mandamientos y mis derechos, y les hice saber que son la

vida para quien los cumple. 12 Diles también mis sábados, para que fuesen señal entre

mí y ellos, para que supiesen que yo soy Yahvé, que los santificó.

La requisitoria empieza echando en cara la mala conducta de Israel en Egipto. Dios había jurado

con gesto solemne (alcé la mano) 5 defender y bendecir a la posteridad de Jacob (v.5). La garantía

del juramento está en el mismo nombre de Dios: Yo, Yahvé, soy vuestro Dios. La expresión

tierra que mana leche y miel es muy antigua en la literatura oriental para designar la extrema fertilidad

6. Palestina, en comparación de las estepas del Sinaí, resultaba un edén, al menos en la

mentalidad hiperbólica oriental. La tierra de Canaán para los israelitas era la mas hermosa de las

tierras 7, por ser el escenario de la elección de Israel como pueblo de Yahvé; en este sentido era

la gloria de todas las tierras, según otra versión posible.

Pero la gran promesa de darles la tierra de Canaán estaba condicionada a su conducta.

Yahvé, en su celo, les exigía que abandonaran sus ídolos de Egipto. (v.7). Israel en su historia se

mostró siempre propenso a la idolatría. No sabemos qué divinidades adoraba en Egipto. En la

época del desierto se hicieron un becerro de oro 8. Yahvé hubiera derramado sobre ellos su ira,

como merecían; pero se abstuvo por la gloria de su nombre (V.9) y para que no fuese infamado a

los ojos de las gentes. El honor de Yahvé exigía que interviniera en favor de su pueblo; de lo

contrario, su inactividad sería atribuida a impotencia por parte de los gentiles. Si Israel hubiera

sido exterminado, Yahvé, su Dios, caería en descrédito total ante los paganos 9. Ezequiel destaca

constantemente esta susceptibilidad de Yahvé respecto de lo que pudieran pensar los gentiles de

El. Por su honor, pues, Yahvé sacó a su pueblo de Egipto y lo organizó en pueblo, dándole mandamientos

conforme a los derechos inalienables de El (v.11). La observancia de los mismos

atraería las bendiciones, y entre ellas una larga vida 10.

Entre las nuevas instituciones, la principal era el sábado, o descanso semanal, que era

como una señal entre Dios y su pueblo, en cuanto que era el reconocimiento solemne de su pertenencia

a El. La observancia del sábado era como una profesión pública y solemne de que Israel

era el pueblo de Yahvé , su único Dios: para que supiesen que yo soy Yahvé, que los santificó

(v.12). Aquí la palabra santificar equivale a consagrar o separar del uso profano o común.

Israel, como posesión peculiar de Yahvé, debía ser una cosa aparte de todos los pueblos, una

cosa santa en el sentido de puro y trascendente 12.

2266

Rebelión de Israel contra Yahvé en el desierto (13.-26)

13 Pero rebelóse contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis preceptos

y rechazaron mis derechos, que son la vida para quien los cumple, y profanaron

mis sábados. Entonces dije que volcaría sobre ellos mi furor y, en mi ira, los exterminaría

en el desierto. 14 Pero retraje mi mano por el honor de mi nombre, para

que no fuese profanado a los ojos de las gentes a cuya vista les había sacado. 15 Alcé

mi mano en el desierto, jurándoles no llevarlos a la tierra que les había dado, que

mana leche y miel, la más hermosa entre todas las tierras, 16 porque habían despreciado

mis derechos, y no habían seguido mis decretos, y habían profanado mis sábados,

yéndose su corazón tras los ídolos. 17 Con todo, mis ojos los miraron piadosamente

para no destruirlos, y no los exterminé en el desierto. 18 Pero dije en el desierto

a sus hijos: No sigáis las costumbres de vuestros padres, no sigáis sus caminos ni

os contaminéis con sus ídolos; 19 yo soy Yahvé, vuestro Dios; andad en mis ordenaciones,

guardad mis derechos y ponedlos por obra, 20 santificad mis sábados y sean

señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Yahvé, vuestro Dios. 2l Pero los

hijos se rebelaron contra mí, no anduvieron en mis ordenaciones ni guardaron mis

derechos, poniéndolos por obra, los que son la vida para el que los cumple; profanaron

mis sábados, y dije entonces que derramaría sobre ellos mi ira para satisfacer

en ellos mi enojo en el desierto. 22 Mas retraje mi mano por el honor de mi nombre,

para que no se infamase a los ojos de las gentes a cuya vista los saqué. 23 También

alcé mi mano en el desierto, jurándoles que los esparciría entre las gentes y los aventaría

por las tierras, 24 porque no pusieron por obra mis derechos y desecharon mis

ordenaciones, y profanaron mis sábados, y se les fueron los ojos tras los ídolos de sus

padres. 25 Por eso les di yo también a ellos ordenaciones no buenas y decretos que no

son de vida, 26 y los contaminé en sus ofrendas cuando pasaban a sus hijos por el

fuego, a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Yahvé.

De nuevo se contrapone la situación psicológica en Yahvé, que por un lado quiere castigarlos

derramando su ira implacablemente, y de otro le impide la gloria y el honor del nombre suyo,

que exigía proteger a su pueblo, que había sacado milagrosamente de Egipto13. Israel siguió, por

sus rebeliones contra su Dios 14, mereciendo mayores castigos, pero se salvó porque había sido

providencialmente elegido. En el v.15 se alude al juramento de Yahvé de no permitir a ninguno

de la generación salida de Egipto entrar en la tierra prometida 15 por sus prevaricaciones en el

desierto 16. La idolatría era la constante tentación de los israelitas a través de su historia antes

del exilio. Era el gran pecado que debían expiar en la cautividad. Ezequiel hace resaltar la

responsabilidad de los antepasados israelitas para justificar ante los exilados el castigo inminente.

Ya en tiempos antiguos, para castigar su infidelidad, Yahvé les dio ordenaciones no buenas

y decretos que no son de vida (v.25). Por lo que dice a continuación, se trata de permisión de leyes

y costumbres que encadenaron tristemente la vida cívica de Israel; en el v.26 se alude a las

abominaciones de los cultos cananeos, que pasaban sus hijos por el fuego, dedicados a Moloc 17.

Puesto que no habían querido seguir las leyes de Yahvé, que daban la vida y traían la bendición,

Dios los entregó a sus instintos y depravaciones para que reconociesen lo que habían ganado

apartándose de Yahvé. Las frases son radicales al modo semítico. De nuevo tenemos que decir

que el autor no distingue entre voluntad permisiva y voluntad positiva. Los autores sagrados

prescinden muchas veces en sus descripciones de las causas segundas, y atribuyen a Dios lo que

2267

en realidad fue obra de los hombres. Así, aquí debemos entender las frases di yo también ordenaciones

no buenas. y los contaminé en sus ofrendas. (v.25-26) en sentido permisivo: esas abominaciones

contra la naturaleza, como la de pasar a sus hijos por el fuego, fueron permitidas por

Dios en castigo de su obstinación y rebeldía. De ese modo terminaría por reconocer a Yahvé como

Dios: para hacerles saber que yo soy Yahvé (v.26) 18. En la Ley mosaica, y en general en la

Biblia, siempre se condenan estas prácticas de sacrificios humanos 19.

Anuncio de castigo por las idolatrías de Israel (27.-38)

27 Por tanto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel y diles: Así habla el Señor,

Yahvé: Hasta esta injuria me hicieron vuestros padres, entre las infidelidades que

cometieron contra mí. 28 Yo los conduje a la tierra que, alzando mi mano, había jurado

darles, y ellos, mirando a todo alto collado y a todo árbol frondoso, sacrificaron

allí sus víctimas y presentaron sus irritantes ofrendas, y pusieron suaves aromas,

y derramaron sus libaciones. 29 Yo les dije: ¿Qué es ese alto, el “Bamah, adonde

vosotros vais? Y “Bamah” se llama hasta hoy. 30Di, pues, a la casa de Israel: Así

habla el Señor, Yahvé: ¡Qué! Os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres,

fornicáis con sus ídolos, 31 y, ofreciendo vuestras ofrendas y pasando a vuestros

hijos por el fuego, os contamináis con vuestros ídolos hasta el día de hoy, y ¿me voy

a dejar consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi vida, dice Yahvé, que no me

dejaré consultar por vosotros. 32 Y no será lo que vosotros pensáis, porque vosotros

os decís: Seremos como las gentes, como las naciones de la tierra, sirviendo al leño y

a la piedra. 33 ¡Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que con puño fuerte, con brazo

tendido y en efusión de ira he de reinar sobre vosotros! 34 Os he de sacar de en medio

de las gentes y os recogeré de en medio de las tierras a que con puño fuerte, con

brazo tendido y en efusión de ira os desparramé, 35 y os llevaré al desierto de los

pueblos, y allí, cara a cara, litigaré con vosotros; 36 como litigué con vuestros padres

en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice el Señor, Yahvé. 37

Y os haré pasar bajo el cayado y os conduciré con los ligamentos de la alianza 38.

Separaré de vosotros a los rebeldes, a los que se apartaron de mí, y los sacaré de la

tierra en que moran, y no entrarán en la tierra de Israel, y sabréis que yo soy Yahvé.

Después de haber hablado de las prácticas idolátricas de los israelitas en el desierto, ahora habla

de sus cultos paganos y abominables en tierra de Canaán. Los profetas consideraban la vida sencilla

del pueblo escogido bajo la protección especial de Yahvé como la etapa ideal desde el punto

de vista religioso, pues la instalación en Canaán de los israelitas trajo consigo la decadencia moral

y religiosa de los mismos21. Los cultos de los cananeos, sensuales, atraían al pueblo hebreo,

sensual y materialista por temperamento. Una práctica cultual corriente entre los cananeos era

reunirse en los altos collados, o bamot, y bajo los árboles frondosos (v.28), símbolo de la feracidad

y de la vegetación 22. Sabemos que algunos reyes israelitas, como Acaz y Manases, hicieron

quemar a sus hijos 23. Quizá en tiempo de Ezequiel se habían dado algunos casos de éstos.

Los exilados, despechados porque ven que Yahvé los ha abandonado, dicen claramente

que quieren verse libres de los lazos de la religión yahvista y entregarse a los cultos paganos con

toda libertad: seremos como las gentes, sirviendo al leño y a la piedra (v.32); alusión a las estelas

de piedra y a los troncos de árbol, dedicados a Baal y Astarté, que constituían lo característico

de los santuarios cananeos 24. Pero Yahvé va a mostrar su omnipotencia con ellos, y no los dejará

caer en masa en la idolatría. Aunque quieran, no podrán desprenderse totalmente de los lazos de

2268

la religión yahvista, porque Yahvé va a intervenir con su poder para reinar sobre ellos: Por mi ν

ida que con puño fuerte, con brazo tendido y en efusión de ira he de reinar sobre vosotros!

(ν.3β). En Jer 2:27 se dice que los que llaman al leño mi padre, y dicen a la piedra: tú me diste la

vida, cuando llegue la prueba se volverán a Yahvé, diciendo: ¡Álzate y sálvanos! Yahvé, pues,

creará una situación trágica pára los exilados, de forma que se vean obligados a volverse a su

Dios, quien, por otra parte, desplegará su omnipotencia para atraerlos, del mismo modo que mostró

su poder al dispersarlos 25.

El profeta describe la futura repatriación como una reproducción del antiguo éxodo. Como

entonces Yahvé había reunido a su pueblo en el desierto del Sinaí para sincerarse con él y

darle la alianza, también ahora los reunirá en el desierto de los pueblos (v.35), el desierto siróarábigo,

encrucijada de muchos pueblos (Babilonia, Siria, Palestina, Arabia y Asia Menor). Allí

les pedirá cuenta cara a cara para medir sus responsabilidades (v.35). Como en el desierto de

Egipto (Sinaí) castigó a la generación culpable, negándola la posibilidad de entrar en la tierra

prometida, así ahora Yahvé va a someter a una selección a los exilados: litigaré con vosotros

(ν.36). Los israelitas indignos serán privados de la vuelta a la patria. Será un litigio de discriminación,

pues Yahvé hará como el pastor que cuenta escrupulosamente sus ovejas haciéndolas pasar

bajo su cayado (v.37), diciendo cuáles deben entrar en la patria y cuáles no. Y a los escogidos

los conducirá con los ligamentos de la alianza. El nuevo Israel estará fundado en una renovación

de la antigua alianza. Los apóstatas serán castigados por Yahvé, siendo sacados de su morada

actual en el exilio, pero sin permitirles entrar en la tierra de promisión.

Por el decreto de Ciro del 538 a.C. les estaba permitido a todos los judíos retornar a su

patria, pero los que se habían creado una fortuna no quisieron aventurarse al retorno. Las descripciones

proféticas del futuro no deben tomarse al pie de la letra, pues suelen estar idealizadas

en función de una doctrina. De hecho sabemos que retornó a Palestina un núcleo fervoroso, que

constituyó la base de la restauración nacional predicha por los profetas como preludio de la gran

restauración mesiánica.

Anuncio de restauración (39-44).

39 Y vosotros, los de la casa de Israel — así dice el Señor, Yahvé — , andad cada uno

tras sus ídolos y servidles. Pero, ¡ah! ya me daréis oídos luego, y dejaréis de profanar

mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestros ídolos. 40 Pues en mi santo

monte, en el alto monte de Israel, dice el Señor, Yahvé, allí me servirá toda la casa

de Israel, toda ella en la tierra, y allí me complaceré en ellos y demandaré vuestras

ofrendas y las primicias de vuestros dones con todo lo que me consagréis. 41 Me

agradaré de vosotros como de un suave aroma cuando os saque de en medio de las

gentes y os reúna de las tierras a que fuisteis dispersados, y me santificaré en vosotros

a los ojos de las gentes 42 y sabréis que yo soy Yahvé cuando os conduzca a la

tierra de Israel, a la tierra que, alzando la mano, juré dar a vuestros padres. 43 Allí

os vendrán a la memoria vuestras obras y todos los pecados con que os contaminasteis,

y sentiréis vergüenza de vosotros mismos por las maldades que cometisteis. 44

Entonces sabréis que yo soy Yahvé, cuando haga con vosotros conforme al honor de

mi nombre, no según vuestros malos caminos ni según vuestras perversas obras, casa

de Israel, dice el Señor, Yahvé.

El profeta pone en boca de Yahvé una concesión irónica: andad cada uno tras sus ídolos y servidles.

(v.39); en su locura deben saturarse de sus extravíos, pero se cansarán al fin viendo su va2269

nidad, y terminarán por dar oídos a Yahvé, el único que puede salvarlos. Los israelitas, reconociendo

sus aberraciones, dejarán de profanar el nombre de Dios, mezclándolo en los ritos y

ofrendas a los ídolos. Los israelitas habían creado un culto sincretista a base de ritos yahvistas e

idolátricos. Todo esto era una profanación a los ojos de Dios, que debía cesar en la época mesiánica,

en que Jerusalén volverá a ser el santo monte (v.40), donde se concentrará toda la casa de

Israel, y allí serán agradables sus ofrendas y primicias (v.40). Todo allí será santo, y Yahvé sentirá

un especial placer al ver reunido a su pueblo: y me santificaré en vosotros a los ojos de las

gentes (v.41); es decir, el milagroso retorno obrado por Dios será causa de que sea santificado o

estimado especialmente ante las gentes. Todos reconocerán la gran obra de Yahvé, y así será

honrado por todos los pueblos, ya que obró según el honor de su nombre (v.44). Por sus pecados

y transgresiones no hubieran merecido que Yahvé se acordara de ellos, pero había empeñado su

palabra de salvarlos, y la cumplió, como otra vez lo hizo al sacar a los israelitas de Egipto.

1 Cf. Ez8,i; 14:1. — 2 Cf. Ez 8:1. — 3 Cf. Ez c.i5 y 16. — 4 Cf. Ez 11:14-21; 6:8; I7.22SS. — 5 La misma expresión, con idéntico

sentido, en Gen 14:22; Dt 32:405; Sal 106:26. — 6 Cf. Ex 3:8; 13:5; 33:3; Lev 20,24; Núm 13:27; Dt 6:3; Jer 11:5. Aparece una

frase parecida en los textos de Ras Samra. Cf. R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra (Ugarit) et l'Ancien Testament (París

1937) 795. — 7 Cf. Jer 19; Dan 8:9; 11:16.41. — 8 Cf. Ex 32:1s. — 9 Cf. Ez 36:19-20. — 10 Cf. Ez 18:4;.Dt 4:40; 5:16. — 11

Cf. Ex 31:13; Is 56:2-4. Véase sobre el sábado F. X. Kortleiner, Commentattones Biblicae IV (1930), Babyíoniorum auctoritas.

595.98; ID., Cananaeorum auctoritas. VI (1932) 30. — 12 Cf. Lev 19,3.30; 20:8; 21:8; Ex 31:13. Véase DB, Suppl. 2 (1934)

343S. Como verá el lector, Ezequiel da suma importancia a la institución sabática, como símbolo de las relaciones de Israel con su

Dios. En cambio, no alude para nada al rito de la circuncisión, que era el signo externo de vinculación al pueblo de Dios. La explicación

habrá que buscarla en que el profeta, como perteneciente a la clase sacerdotal, urge de modo especial lo estrictamente

cultual, como la observancia del sábado. — 13 Cf. Ex 32:12; Núm 14:1 is; Dt 9:27. — 14 Cf. Ex 32:1-6; Núm 14:1-4; Ex 16:27.

— 15 Cf. Núm 14:20. — 16 Cf. Ex 32:4; Lev 17:7; Núm 14:22-23; Dt 1:35; Sal 95:11. — 17 Cf. 2 Sam 16:3; 2 Crón 28:2; 2 Sam

17:16; 2 Crón 33:6; Jer 7:31; 32:35; Ez 16:205; 23:37s; Sal io6:37s. Véase Dict. Bib. Suppl. I (1926) 23-27; A. Lemonnyer, Le

cuite des dieux étrangers en Israel Moloch: “Rev. des Scien. Phil. et Théol.,” 7 (1913) 45os; A. Βεα, Kinderop-fer für Moloch

oder für Jahwe?: Bi 18 (1937) 95-107. — 18 Tomás dice que a estas “ordenaciones no buenas” son las leyes rituales, lat cuales se

dicen no buenas en cuanto no conferían la gracia (ST I-II 98:1 ad 1). Pero esta interpretación no puede avalarse en el contexto,

pues se habla en él de la importancia de la observancia del sábado para dar la vida. — 19 Ex 13:2; 22:28; Lev 18:21; 20,2; Dt

12:31; Jer 7:31; 19:5; Ez 16:20. — 20 El texto griego traduce <y los contaré exactamente,” lo que hace muy buen sentido con la

idea del v.38. — 21 Cf. Os 9:10; 10:1; 11:1s; 13:55; Jer 2:1s. — 22 Cf. Ez 6:13; Dt 32:19; 2 Sam 23:8. Ezequiel aquí, en el v.29,

parece que juega irónicamente con la palabra bamah (lugar alto), descomponiéndola en mah (¿qué es?), ba', entrar. Un bamah es a

“donde vais o entráis,” aludiendo quizá a las prácticas licenciosas. — 23 Cf. 2 Re 16:3; 21:6. — 24 Cf. Kortleitner, Cümmentaíiones

biblicae I (1927) 21, De religione populan. — 25 Cf. Ez 11:17; 28:25; 34.13; 36:24.

21. La Espada Vengadora De Yahvé.

Este capítulo ha sido denominado el “canto de la espada.” En los v.1-4, el profeta anuncia un

fuego devorador que consumirá a Judá y a Jerusalén l. A continuación presenta a Nabucodonosor

con la espada en la mano, blandiéndola, contra el norte primero, contra la coalición siroefraimita,

y después, contra Jerusalén, abatiéndose, finalmente, sobre Amón.

El fuego devorador sobre Judá (1-5).

1

45 Y fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2

46 Hijo de hombre, vuélvete de

cara hacia el sur y derrama la palabra sobre el mediodía. Profetiza contra el bosque

del campo del Negueb, 3

47 y di al bosque del Negueb: Oye la palabra de Yahvé: Así

dice el Señor, Yahvé: Voy a encender en ti un fuego que devorará todos los árboles,

los verdes y los secos. No se apagarán las abrasadoras llamas hasta no quemar todo

rastro del mediodía al septentrión, 4

48 y verá toda carne que yo soy Yahvé, quien lo

encendió. No se apagará. 5

49 Dije yo: ¡Oh Señor, Yahvé! Mira que éstos me dicen:

¿No es éste un trovador de parábolas?

2270

El profeta recibe la orden de volverse hacia el sur (v.2), es decir, hacia Palestina, en el supuesto

de que el vaticinador esté en Babilonia, y para ir a Palestina tiene que bordear el norte sirófenicio

por la ruta caravanera tradicional. Aquí Ezequiel debe, en dirección de Palestina, lanzar

su palabra hacia el mediodía 2. El bosque del campo del Negueb indica la región esteparia del sur

palestinense. La palabra bosque aquí está insertada literariamente para jugar mejor con la idea de

gran incendio que asolará la región. La comparación de la destrucción de una nación a una selva

devorada por las llamas no es rara en la Biblia 3. El profeta destaca aquí que es el mismo Yahvé

quien envía el fuego devastador. La desolación será total, la verá toda carne. Ese fuego encendido

por Yahvé no se apagara. La frase tiene un valor absoluto que no ha de tomarse a la letra.

Aquí lo que se quiere destacar son las grandes proporciones del incendio, en este caso la ruina

del reino de Judá. De hecho, Jerusalén fue pasto de las llamas en su totalidad, y podemos suponer

que las llamas del terrible incendio provocado por los soldados de Nabucodonosor duraron días y

aun semanas ante los ojos curiosos y atónitos de los pueblos vecinos de Judá, testigos de la intervención

justiciera de Yahvé, Dios de Israel. Los oyentes de Ezequiel, al oír sus predicciones, se

preguntan irónicamente: ¿No es éste un trovador de parábolas? (ν.5). No pueden creer que Dios

permita la destrucción de la Ciudad Santa, y creen que el profeta habla en enigmas, o parábolas,

de cosas que no están a su alcance. La frase del auditorio es despectiva y sarcástica; para ellos,

Ezequiel no está en sus cabales.

La espada vengadora de Yahvé (6-12).

6 Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 7 Hijo de hombre, vuélvete de cara

a Jerusalén y derrama tu palabra sobre sus santuarios. Profetiza contra la tierra

de Israel 8 y di a la tierra de Israel: Así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti;

voy a desenvainar mi espada y a exterminar en ti al justo y al impío, 9 pues para eso

saldrá mi espada de la vaina contra toda carne, desde el mediodía hasta el septentrión,

10 y sabrá toda carne que yo soy Yahvé, que he desenvainado mi espada y no

volverá a la vaina, 11y tú, hijo de hombre, gime con quebranto de ríñones y amargura,

gime a la vista suya. 12Y cuando te digan: ¿Por qué gimes? diles: Por una noticia

que, cuando llegue, se derretirá todo corazón, desmayarán todas las manos, todas

las almas se consternarán y todas las rodillas se disolverán como agua. Ya viene, ya

se cumple, dice el Señor, Yahvé.

Puesto que los interlocutores de Ezequiel se hacían sordos y no querían entender la parábola del

incendio del bosque, ahora el profeta va a hablar más claro. En nombre de Dios se pone cara a

Jerusalén para profetizar sobre sus santuarios. El bosque de que hablaba antes es Jerusalén, y el

incendio es la espada que siembra la muerte por doquier. La devastación será general y en ella

perecerán el justo y el injusto (v.8). En 9,8, el profeta se escandalizaba de que Yahvé exterminara

a todo Israel, sin distinción de buenos o malos. Aquí, para destacar el carácter general de la destrucción,

dice que afectará a todos. En efecto, la catástrofe nacional del 586 cayó indistintamente

sobre justos y pecadores. Para que hubiera una justa discriminación hubiera sido necesaria una

intervención milagrosa de Dios. Los profetas pre-exílicos hablaban de un resto que se salvaría

en las catástrofes para constituir el núcleo de resurrección nacional. De hecho sabemos que el

fuego sagrado del yahvismo no se apagó, y se salvó precisamente en ese reducido número de

justos que en todos los momentos críticos de la nación fueron reservados por Yahvé. En este caso,

el profeta quiere fijarse sólo en las proporciones de la devastación.

2271

El canto de la espada (13-22).

13 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 14 Hijo de hombre, profetiza y di:

Así habla el Señor, Yahvé: Di: ¡La espada! ¡La espada! Está afilada y bruñida. 15

Afilada para degollar, bruñida para fulgurar como el rayo. 16 La he hecho bruñir

para blandiría, hícela afilar y bruñir para ponerla en manos de un degollador. 17

Grita y gime, hijo de hombre, porque viene sobre mi pueblo, sobre todos los príncipes

de Israel. Caen a la espada juntamente con mi pueblo. ¡Hiere, pues, tus muslos!

18 Porque es una prueba, y ¿qué si el cetro menospreciador no existe? oráculo del

Señor, Yahvé 4. 19 Tú, pues, hijo de hombre, profetiza batiendo una palma contra

otra. Se duplicará la espada, se triplicará; es la espada de la matanza, la espada de

la gran matanza que los amenaza. 20 Para que se encojan los corazones i y se multiplique

el estrago, sobre todas sus puertas he puesto el espanto de la espada. ¡Ah!

¡Bruñida para fulgurar, afilada para degollar! 21Taja a derecha, raja a izquierda,

adondequiera que te vuelvas. 22Y también batiré yo palmas, y desfogaré mi ira. Yo,

Yahvé, he hablado.

En este bellísimo poema, entrecortado de emoción, el profeta describe dramáticamente la intervención

sangrienta de Nabucodonosor, el degollador escogido por Yahvé para castigar a su pueblo.

Es el anuncio de la campaña de cerco sobre Jerusalén, iniciada en 588 a.C. Ezequiel canta la

intervención de la espada vengadora de Yahvé en manos del instrumento de su justicia, el rey de

Babilonia; y en este sentido apostrofa al final a la espada para que cumpla fielmente su cometido,

ya que es obra de Yahvé (v.22).

El estilo es nervioso y entrecortado, como si el profeta asistiese al desarrollo del terrible

drama doloroso de su pueblo en su momento decisivo. El degollador (Nabucodonosor) blande la

espada, haciéndola fulgurar como el rayo sobre el pueblo de Judá y sobre los príncipes de Israel

(ν.17).

El espectáculo de horror es tal, que se invita al profeta a dar signos de duelo y desesperación:

hiere tus muslos (v.17) 5. Es la gran tragedia psicológica de los profetas: de un lado deben

alegrarse del cumplimiento de la voluntad divina castigando a su pueblo, y de otro deben participar

del dolor de sus compatriotas. Todo lo que constituía las fuerzas vivas de la nación es presa

de la espada. Sin embargo, el profeta debe seguir profetizando la ruina batiendo una palma contra

otra (V.19), e.d., mostrando su alegría por el cumplimiento de la voluntad de Dios. La exterminación

es total: se duplicará la espada, se triplicara (V.19); y el mismo profeta anima al

degollador: ¡Raja a derecha, raja a izquierda! (v.21); es la obra exterminadora de Yahvé, que

personalmente aplaude: también yo batiré palmas. (v.22). En toda esta fraseología debemos ver

siempre el genio oriental, propenso a la exageración y a la frase radical para recalcar la idea

fundamental de la justicia vengadora de Dios, purificando a su pueblo por la guerra para

después hacerle sentir la nostalgia de los días de amistad con El.

Nabucodonosor se dirige contra Jerusalén (23-32).

23 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 24 Tú, hijo de hombre, traza dos

caminos para la espada del rey de Babilonia, que salgan ambos de la misma tierra, y

pon una señal al comienzo de cada camino que indique la ciudad adonde va. 25 Traza

un camino por donde vaya la espada a Rabat de los hijos de Amón, y otro por

donde vaya a Judá, a la ciudad fuerte de Jerusalén. 26 Porque el rey de Babilonia se

2272

ha parado en el cruce de donde parten los dos caminos para consultar, augurando

por el lanzamiento de las flechas, por la pregunta a los “terafim,” por el examen de

las entrañas. 27 El augurio ha señalado la derecha, Jerusalén, para dar la orden de

ataque, lanzar los gritos de guerra, alzar arietes contra sus puertas, levantar terraplén

y hacer vallado. 28 Para ellos, éstos son presagios vanos, pues ha habido juramentos

solemnes; pero él se acuerda de su iniquidad, y serán cogidos en el lazo. 29

Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Por haber traído a la memoria vuestra iniquidad,

poniendo al descubierto vuestras traiciones y vuestros pecados en todas vuestras

acciones, puesto que os jactáis, seréis entregados a su mano. 30 Y tú, infame, impío,

príncipe de Israel, llegó tu día, el término del tiempo de la iniquidad. 31 Así dice

Yahvé: ¡Fuera tiara! ¡Fuera corona! Eso no será más. Será ensalzado lo humilde y

humillado lo alto. 32 ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras

no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré.

Por medio de una acción simbólica, Ezequiel presenta ya en marcha al rey de Babilonia, deteniéndose

en una encrucijada de caminos, pues duda sí ir primero a Jerusalén o a Rabat-Amón, en

TransJordania. La suerte decide su marcha hacia la capital de Judá. Nabucodonosor tenía su

cuartel general en Ribla (Alta Siria). Así, pues, cuando se encamina hacia Palestina, viene del

norte. Ezequiel, para dramatizar la situación, recibe la orden divina de trazar dos caminos para

la espada del rey de Babilonia (v.23). Quizá para ello se sirvió de una tableta de arcilla, como

cuando diseñó el plano de Jerusalén a la vista de los exilados6. Debe señalar la dirección de las

dos vías, una a Jerusalén y otra a Rabat-Amón, la actual Aman, en TransJordania. Nabucodonosor

queda perplejo sobre el camino a seguir, y lo decide por flechas (v.26); es la rabdomancia, o

adivinación por las flechas de un carcaj, sacadas al azar, práctica muy usual en las tribus arábigas.

Pregunta también a los terafim, o dioses familiares penates7, y, por fin, acude al tercer medio

de adivinación, el examen de las entrañas, muy practicado en Babilonia. El profeta enumera los

tres sistemas de consultación usuales entre los paganos. El resultado de la consulta es que debe

dirigirse a Jerusalén (v.27).

Sin embargo, los judíos no creen en la inminencia de la destrucción de la ciudad, a pesar

de que se alzan en torno suyo los terraplenes y arietes del cerco (v.28). Creen más bien en los

juramentos solemnes de Yahvé relativos a la protección de su pueblo. Pero Yahvé había condicionado

su protección, y se acuerda de su iniquidad (v.28), y, en consecuencia, va a obrar con

mano airada, como merecen, de forma que serán cogidos en el lazo que les ha tendido y entregados

al invasor (v.29).

El profeta se encara airadamente con el principal culpable de la catástrofe, el rey Sedecías:

y tú, infame, impío, príncipe de Israel, llegó tu día. (v.30). Se ha deshonrado al romper la fidelidad

jurada al rey de Babilonia. Debe, pues, deponer la diadema real: ¡Fuera tiara! ¡Fuera

corona! (ν.31). Es hora de que se pongan las cosas en su punto y que Sedecías, enorgullecido,

ceda el paso al humillado rey Jeconías, entonces en el exilio babilónico: Será ensalzado lo

humilde y humillado lo alto (ν.31). Es el tiempo de la ruina, y no volverá a levantarse más Judá

hasta que no venga aquel a quien de derecho pertenece, y a él se las daré (v.32), probable alusión

a un deseo de reentronización de Jeconías, prisionero en el exilio 8. La misteriosa frase ha

sido relacionada con la otra, no menos enigmática, de Gen 49:10, donde se dice que no desaparecerá

el cetro de Judá hasta que “venga aquel a quien le pertenece,” el Mesías9. Quizá en las

palabras de Ezequiel haya también una sobrecarga mesiánica, viendo en el trasfondo, sobre la

suerte del desgraciado rey Jeconías, la figura radiante del Mesías, restaurador de la dinastía

davídica, a quien en justicia pertenece realmente la diadema real. De todos modos, la frase resul2273

ta un poco aislada y no debe desconectarse del contexto general.

Profecía de destracción contra Amón (33-37).

33 Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé, de los hijos de Arnón

y de su oprobio. Di, pues: ¡La espada! Desenvainada está la espada para degollar,

bruñida para consumir, para fulgurar, 34 para hacerla caer sobre el cuello de

los más inmundos de los impíos, mientras te profetizan vanidad y te adivinan mentiras.

Llegó su día en el tiempo de la consumación de la iniquidad. 35 ¿La volveré a la

vaina? Yo te juzgaré en la tierra donde te criaste, en la tierra donde has vivido. 36

Derramaré sobre ti mi furor, soplaré contra ti el fuego de mi ira, y te entregaré en

manos de hombres despiadados, artífices de la destrucción. 37 Serás pasto del fuego,

se empapará la tierra de tu sangre y se perderá tu memoria, porque yo, Yahvé, lo

digo.

Los amonitas sentirán también el peso de la espada de Nabuco-donosor. La perícopa relativa a la

suerte de Amón es considerada, desde el punto de vista literario, como un mosaico de frases usadas

en secciones anteriores 10. Los habitantes de Amón, vecinos del reino de Judá, sentían una

maligna satisfacción al ver a éste destruido definitivamente. El profeta alude a esta burla escarnecedora

u oprobio (v.33) lanzado contra Judá por los vecinos paganos de Amón. Dios castigará

esta actitud malévola, sometiéndolos también a la terrible prueba de la espada. Lejos de sacar

beneficio de la ruina de Judá, sentirán en su suelo las huellas de la destrucción, particularmente

sufrirán los falsos profetas (los más inmundos de los impíos, v.34), que adivinan mentiras, e.d.,

engañan al pueblo anunciando perspectivas de victoria sobre Judá, ahora arruinada. Los amonitas

serán atacados por Nabucodonosor en su misma tierra (v.35). Su destrucción será total. Flavio

Josefo nos dice que esto tuvo lugar cinco años después de la ruina de Jerusalén (587) 11.

1 En la traducción griega de los LXX y en la Vulgata latina, los cinco primeros versículos de este capítulo están incrustados en el capítulo

anterior, con la numeración de v.45 al 49, que conservamos a continuación con su correspondiente (v.i al 5) del capítulo 21

del hebreo. — 2 La palabra heb. Darom (los LXX leen Dagón).designa en la Biblia la parte meridional d(g Palestina: Dt 33:23; Job 37:17; Eclo

1:6; 11:3; y aparece trece veces en Ezequiel. — 3 Cf. Is 9:17; 10:17; Jer 21:14; Sal 83:15. — 4 Este verso es ininteligible en el contexto, y

parece que en el TM tiene alguna relación de sentido con el v.15. La traducción de los LXX es totalmente diversa: “¿por qué ha

estado justificado, y qué si la tribu es rechazada? No será, dice el Señor, Yahvé.” — 5 Sobre este gesto de dolor cf. Jer 31:19. En

asirlo existe la misma frase: majasu suma, con el mismo sentido traslaticio. — 6 Cf. Ez 4:1s. — 7 Cf. Gen 31:19; Os 3:4; Zac

10,2. — 8 Sobre la existencia de partidarios del destronado Jeconías, véase Jer 28:3-4. — 9 Sobre la profecía de Jacob cf.

CEUPPENS, De prophetiis messianicis in A.T. (Roma 1935) 61-84, especialmente p.?2. Véase también L. Dennefeld, Le Messianisme:

DTC 10 (1929) i 416. — 10 Cf. v.33: v.14s; v.34: v.30; v.3Ó: v.3s. — 11 FL. Jos., Ant. Jud. X 9,7.

22. Los pecados de Jerusalén.

El profeta quiere demostrar con hechos concretos que Jerusalén merece el más severo castigo

divino, ya que se está ultrajando a la justicia divina con toda clase de abominaciones y crímenes.

La situación no puede sostenerse más, y el castigo no puede tardar en venir. Es una exigencia de

la misma justicia divina. La enumeración de los pecados es escalofriante, y hemos de notar que,

a diferencia de los capítulos 16, 20 y 23, en los que se insistía en los pecados pasados de Israel,

aquí se insiste en los presentes de su generación. Suele dividirse el capítulo en tres partes: a) pecados

de Jerusalén (v.-16); b) castigo de los mismos (v. 17-22); c) pecados de las clases dirigentes

(v.23-31). Los autores suelen destacar la labor redaccional del editor posterior a Ezequiel en

este fragmento.

2274

Los pecados de Jerusalén (1-12).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Y tú, hijo de hombre, ¿no juzgarás

a la ciudad sanguinaria, echándola en cara todas sus abominaciones? 3 Di, pues:

Así habla el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad derramadora de sangre en medio de sí!

Para que llegue su hora y para su ruina se ha hecho ídolos, contaminándose. 4 Por

haberte hecho culpable de la sangre que has derramado y haberte contaminado con

los ídolos que hiciste, has apresurado tu día, has llegado al término de tus años. Por

eso te haré yo oprobio de las gentes, ludibrio de la tierra toda. 5 Cercanos y lejanos

se burlarán de ti, famosa por tus abominaciones, grande por la corrupción. 6 He

aquí que los príncipes de Israel, cada uno en la medida de su poder, se ocupan en

derramar sangre. 7 En ti desprecian al padre y oprimen al huérfano y a la viuda. 8

Menosprecias mis santuarios y profanas mis sábados. 9 Hay en ti calumniadores para

derramar sangre, quienes comen por los montes, quienes en medio de ti hacen

torpezas. 10 En ti se descubre la desnudez del padre y se hace violencia a la mujer

durante el menstruo. 11 Todos adulteran con la mujer de su prójimo, contaminan incestuosamente

a la nuera y fuerzan a la hermana, a la hija de su padre. 12 Hay en ti

quien recibe dones para derramar sangre; exiges usura e intereses, despojas con violencia

al prójimo, y a mí me olvidas, dice el Señor, Yahvé.

El profeta enumera fríamente las aberraciones de Jerusalén, a la que se da el epíteto de ciudad

sanguinaria (v.2) por los muchos crímenes de sangre que se cometían durante aquellos momentos

de pasiones políticas entre las facciones egiptófila y babilonófila. En 11:6 se dice con toda

crudeza: “habéis multiplicado los muertos en esta ciudad, habéis llenado sus calles de cadáveres.”

Es el mejor comentario, pues, al título de sanguinaria que aquí se le da. La maldad se ha

colmado, y por eso ha llegado la hora de su castigo (v.3). Juntamente con estos crímenes de sangre

está el tradicional de idolatría, pues Jerusalén se ha contaminado con los ídolos (v.4) 1. No

faltan tampoco las injusticias sociales de desprecio al huérfano y a la viuda (ν.7), tantas veces

denunciados por los profetas anteriores al exilio 2. Al lado de estas aberraciones contra el amor al

prójimo están los desprecios contra los santuarios y sábados de Yahvé 3. Los mismos padres son

objeto de desprecio, en contra de los sentimientos naturales de respeto y filial amor 4.

La calumnia está a la orden del día5, incitando al asesinato. También los banquetes en los

altos lugares (quienes comen por los montes, v.8), en cuanto asociados a actos de culto idolátrico,

eran una abominación a los ojos de un fiel israelita. Y como conclusión o terminación de todas

estas transgresiones están las desviaciones en las relaciones sexuales: incestos, adulterios,

etc. 6 Junto a los excesos lujuriosos están los pecados de avaricia: soborno 7 y usura 8.

Castigo de Jerusalén por sus pecados (13-22).

13 He aquí que yo he batido mis palmas por tu avaricia y por la sangre que hay en

medio de ti. 14 ¿Resistirá tu corazón, tendrán fuerzas tus manos en los días en que

me ocuparé de ti? Yo, Yahvé, he hablado, y lo haré. 15 Yo te esparciré entre las gentes

y te aventaré por las tierras, y haré desaparecer tu inmundicia de en medio de ti,

16 y serás a tus ojos ignominia entre las gentes, y sabrás que yo soy Yahvé. 17 Fueme

dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha

tornado en escoria; todos son en el crisol cobre, estaño, hierro, plomo, plata, escorias.

19 Por tanto, así habla el Señor, Yahvé: Por cuanto vosotros os habéis vuelto es2275

corias, yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien reúne en la hornaza plata,

bronce, hierro, plomo y estaño, y sopla al fuego para fundirlos, así os reuniré yo

en mi furor y en mi ira, y os echaré en la hornaza para fundiros. 21 Yo os reuniré y

soplaré contra vosotros el fuego de mi furor, y seréis fundidos en medio de Jerusalén.

22 Como se funde la plata en el crisol, así seréis vosotros fundidos en medio de él,

y sabréis que yo soy Yahvé, que derramo mi furor sobre vosotros.

Después de la descripción de los pecados de Judá, el profeta, como de costumbre, pasa al anuncio

del castigo por ellos merecido. Los exilados se quejaban de que Yahvé había sido demasiado

duro con ellos. Ezequiel ahora ha demostrado que todo ha sido merecido por las continuas prevaricaciones

de la comunidad israelita, que abusó de la gracia divina, yéndose tras de las abominaciones

de las gentes. Yahvé, ante tanta sangre derramada, tanta idolatría e injusticias sociales,

hace un gesto de indignación y de desprecio: he batido mis palmas por tu avaricia (ν.13) 9. El

castigo que se avecina es tan grave, que Jerusalén no podrá resistirlo (v.14). La forma interrogativa

es irónica: ¿Serán tan fuertes para resistir su ira como para cometer los pecados? ¿Podrá resistir

a la máxima prueba como nación, cual es la dispersión total?: Te esparciré entre las gentes.

(v.15). Esta será la mejor manera de purificarla, de hacer desaparecer su inmundicia de ella. En

efecto, sabemos que el pueblo israelita se curó totalmente en el exilio de su pecado tradicional, la

idolatría. Después de la repatriación, la comunidad israelita vuelve a caer en pecados múltiples,

pero no en la inmundicia de la idolatría. El exilio será la gran humillación del pueblo escogido:

serás a tus ojos ignominia entre las gentes (v.16).

En los versículos que siguen, el profeta representa el juicio sobre Israel bajo la figura de

un horno de fundición, en el que se mezclan sus metales para separarlos y probar su valor. Israel,

por su corrupción, se ha convertido en escorias, que hay que fundir en el crisol10. Aquí el

fuego del horno no es tanto para purificar cuanto para castigar derritiendo las escorias. Israel,

por sus malas acciones, se ha convertido en una mezcla de metales, que sólo ha de destinarse al

fuego. No hay metales íntegros y puros, sino restos, escorias de metal, útiles sólo para alimentar

al fuego: así os reuniré yo en mi furor. para fundiros (v.20). Israel como pueblo será fundido y

derretido, como se disuelve el metal en el crisol; no se dice que es para separar los metales, sino

simplemente para fundirlos y hacerlos desaparecer de su estado actual; la idea principal en el

fragmento es la del castigo como tal, enviado por Dios a los habitantes de Judá.

Los pecados de las clases directoras (23-31).

23 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 24 Hijo de hombre, diles: Eres una

tierra no bañada desde lo alto, no rociada por la lluvia en el día de la cólera. 25 Dentro

de ella se conjuran los príncipes; como ruge el león y despedaza la presa, así

devoran ellos las almas, se apoderan de los tesoros y riquezas y multiplican en medio

de ella las viudas. 26 Sus sacerdotes han violado mi Ley y han profanado mis cosas

santas; no hacen diferencia entre lo santo y lo profano, ni enseñan a distinguir entre

lo puro y lo inmundo; cierran los ojos a las violaciones de mis sábados, y yo soy profanado

en medio de ellos; 27 sus príncipes son como lobos, que despedazan la presa,

derramando sangre, destruyendo las almas, para dar pábulo a su avaricia. 28 Sus

profetas revocan con barro, contemplando visiones vanas y prediciendo mentiras, y

dicen: “Así habla el Señor, Yahvé,” sin que Yahvé haya hablado. 29 Y el pueblo de la

tierra oprime, roba, hace violencia al desvalido y al menesteroso, y al extranjero le

veja contra derecho. 30 También de entre ellos busqué yo quien levantase muro y se

2276

pusiese en la brecha frente a mí en favor de la tierra, para que yo no la devastase, y

no la hallé. 31 Por tanto, derramaré sobre ellos mi ira y los consumiré con el fuego de

mi furor, y les echaré sobre la cabeza sus obras, dice el Señor, Yahvé.

El profeta vuelve a enumerar los pecados, pero ahora hace hincapié en las transgresiones de las

clases dirigentes, los sacerdotes, los príncipes y los sacerdotes. Judá, por sus pecados, tiene el

aspecto de una tierra no bañada desde lo alto (v.24), estéril por no haber recibido lluvia alguna

del cielo. La frase día de la cólera alude al día del castigo de Yahvé. En ese día, la lluvia beneficiosa

serán algunas personas benéficas que, como se dice en el ν.3ο, se pondrán en la brecha para

neutralizar el castigo divino con sus obras. El profeta juega con la imagen y lo significado por

ella. Los príncipes, que por su posición debían promover el bien común y dirigir al pueblo por

las sendas del bien, no se preocupan sino de devorar las almas (personas) y tesoros del prójimo;

y no se paran ni ante la muerte de éstos, multiplicando en medio de ella las viudas (v.25). La frase

es de gran efecto, pues se destaca la malicia de los opresores al traficar con la suerte de personas

que han de quedar en la mayor desolación. Los segundos grandes responsables del estado

caótico actual son los sacerdotes, oficialmente encargados por Dios de promover las observancias

de la Ley y de los preceptos cultuales n. Entre sus deberes estaba el instruir al pueblo sobre

la distinción entre lo santo y lo profano., entre lo puro y lo inmundo (v.26) desde el punto de vista

ritual12. Sobre todo no se preocupan de la observancia del sábado, que en la mentalidad de

Ezequiel tiene una especialísima importancia para la formación religiosa del pueblo 13.

Por fin, el profeta, después de repetir que los príncipes o altos funcionarios son como lobos

rapaces, que hacen presa en las almas o personas de los necesitados (v.27), fustiga a la tercera

clase de dirigentes de Judá, los profetas. Estos habían sido escogidos por Yahvé para mantener

el fuego religioso en toda su pureza, desarrollando el contenido espiritualista y ético de la Ley

frente al formalismo ritualista de los sacerdotes. Pero al lado de los verdaderos profetas surgieron

espíritus aprovechados, que utilizaron este nombre para medrar en sus intereses, anunciando

cosas que halagaban las pasiones populares, en contra de los verdaderos intereses de Yahvé. Contra

éstos tuvieron los verdaderos profetas que mantener gran lucha desde los tiempos de Elias.

Según Ezequiel, los falsos profetas revocan con barro, contemplando visiones vanas. (v.28), es

decir, aprueban la conducta del pueblo, dando por buenas acciones que debían recriminar,

procurando sostener sus opiniones, como el albañil que embadurna con barro un muro que se

resquebraja 14.

Mientras tanto, la corrupción social iba en aumento, y el pueblo de la tierra oprime, roba,

hace violencia al desvalido. (v.29). La expresión pueblo de la tierra designa muchas veces en la

Biblia al pueblo bajo, en contraposición a las clases socialmente elevadas; pero quizá aquí designe

a los terratenientes, que abusaban de sus bienes en tiempos de extrema necesidad. La situación,

pues, no puede ser más caótica, y la depravación es tan general, que Yahvé ha buscado al

menos uno que pudiera hacer frente a la corriente general, para hacerse responsable ante Dios

y trabajar por mejorar el estado social: busqué yo quien levantase un muro y se pusiese en la

brecha frente a mí en favor de la tierra, para que yo no la devastase. (ν.30). Dios busca un justo

en la ciudad que pueda contrarrestar con su conducta la depravación general y preservar a la ciudad

del castigo. Pero la constatación es dolorosa: y no lo hallé. De nuevo nos encontramos aquí

con las frases hiperbólicas, que no han de tomarse al pie de la letra. De hecho sabemos que en

ese tiempo estaban Jeremías y Baruc luchando por los intereses de Dios y por levantar el muro

del orden social, basado en el cumplimiento del deber 15. La frase exagerada de Ezequiel tiene

por objeto destacar el grado de depravación a que había llegado la sociedad de Jerusalén: todos,

en las altas capas sociales y en el pueblo sencillo, prevarican, olvidando los preceptos de Yah2277

vé. Por tanto, está justificado el derramamiento de la ira de Yahvé sobre los responsables de esa

situación general de pecado (ν.31).

1 Sobre los pecados de homicidio en Jerusalén cf. Ez 11:9; 16:38; y sobre la idolatría cf. Ez 5:6s; 6:3-7; 11:13; 7:9; 8:16; 20:305. — 2

Cf. Ex 22:21; Dt 24:17; Lev 19,335; Ez 7:10; 9:9; 16:38. — 3 Cf. Ez 20:12-13; 44:24. — 4 En contra del precepto del Decálogo:

Ex 20:12; Dt 5:16. — 5 Cf. Jer 9,3. Prohibida en Ex 23:1; Lev 19:16. — 6 El incesto con la madrastra o las concubinas del padre

está prohibido en Lev 18,7; 20:11; 2 Sam 16:22. El adulterio está prohibido en Lev 18:20. También estaba prohibido tener relaciones

sexuales con la “mujer durante el menstruo” (cf. Lev 18:19; 20:18). — 7 Prohibido por la Ley: Ex 23:8; Dt 16:19; cf. Is

1:23; Miq 3:11. — 8 En contra de lo prescrito en Ex 22:24; Dt 25:363; Ez 7:125. — 9 La expresión batir palmas puede tener sentido

de alegría o de indignación, según el contexto. Cf. Ez 6:11; 21:19.22. — 10 Cf. el mismo símil, aunque con diferente sentido,

en Is 1:22.25; Jer 6:27-30; Mal 3:2-3. — 11 Cf. Os 4:6; Ag2,n. — 12 Cf. Lev ιο,ιο; ii,4? — 13 Cf. Ez 44:24. — 14 La frase aquí

es paralela a la más explícita de Ez 13:10: “Por tanto, por haber engañado a mi pueblo, diciendo: “Paz,” no habiendo paz, y porque,

mientras mi pueblo alzaba una pared, ellos la jarreaban con barro.” — 15 Cf. Ez 9:4; Jer 45. En Jer 5:1 se dice: “Recorred

las calles de Jerusalén, ved e informaos, buscad por sus plazas, a ver si halláis un varón, uno solo, que obre según justicia, que

guarde fidelidad, y le perdonaré.” Esto recuerda el coloquio de Dios con Abraham en Gen 18:22.32, a propósito de la suerte de

Sodoma; unos pocos justos serían suficientes para que perdonase a la ciudad.

23. Los pecados de Samaría y de Jerusalén.

Este capítulo es paralelo al c.16. Con toda crudeza se declaran los pecados de Israel y Judá a

través de su historia. Samaría y Judá aparecen simbolizadas en dos doncellas que se han prostituido

a los dioses de Asiría y de Egipto. Sus alianzas políticas no han sido sino ocasión para fomentar

la idolatría. El profeta quiere mostrar ante los exilados el grado de culpabilidad de ambas

hermanas, las cuales, por tanto, no pueden quedar sin el correspondiente castigo. Samaría desapareció

como nación en el 721 bajo la invasión de Sargón II, y Judá desaparecerá aniquilada por

las tropas de Nabucodonosor en 586. Judá es más culpable, porque debía haber cambiado de

conducta ante la ruina de su hermana mayor.

El estilo del capítulo es vigoroso y por su crudeza choca con nuestra sensibilidad; pero

las ideas son claras: Yahvé amó como esposas a las dos hermanas OhoJá y Oholiba, pero éstas

adulteraron con los ídolos, y por ello serán duramente castigadas.

Introducción: las dos hermanas (1-4).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Había dos mujeres hijas de la

misma madre. 3 Se prostituyeron en Egipto al tiempo de la mocedad; allí fueron estrujados

sus pechos y manoseado su seno virginal. 4 Llamábanse Oholá, la mayor, su

hermana Oholibá. Fueron mías y parieron hijos e hijas. Oholá es Samaría; Oholibá,

Jerusalén.

El profeta empieza a describir la historia de Israel-Samaría y Judá-Jerusalén, considerando a

ambos reinos de origen común: Había dos mujeres hijas de la misma madre (v.2). Tanto el reino

de Israel como el de Judá, separados después de Salomón, tuvieron un común origen l, el patriarca

Jacob. Desde su mocedad, o albores de su historia, se prostituyeron en Egipto (v.3). El

hagiógrafo considera a ambos reinos ya formados y separados después de Salomón, cuando empezaron

a tener vida propia.

Jeroboam, fundador del reino del norte, había ido a buscar refugio en Egipto, huyendo de

Salomón 2. Roboam, rey de Judá, hijo de Salomón, prácticamente estaba sometido a Egipto en su

política exterior 3. Los dos reinos hermanos, pues, tenían alianza con Egipto, y por eso se dice

que desde su mocedad se prostituyeron a Egipto (v.2). Con las influencias políticas de la nación

protectora venían las influencias idolátricas. Los profetas consideran las alianzas diplo2278

máticas de su pueblo con naciones extrañas como “prostituciones,” porque se buscaban apoyo

fuera de Yahvé, que era el único que podía salvarlos. Israel y Judá, al entregarse políticamente

a Egipto, fueron mancilladas y violadas por la voracidad insaciable del Estado protector. El

amante fuerte abusó de ellas descaradamente, arruinándolas4. La mayor de las hermanas (reino

de Israel) se llamaba Oholá. Es mayor porque este reino estaba constituido por diez tribus, mientras

que Judá estaba sólo integrada fundamentalmente por dos tribus. Oholá significa “la que tiene

su propia tienda”; y Oholibá quiere decir: “mi tienda en ella.”5 Quizá Ezequiel aluda con estos

nombres al grito de independencia dado por las tribus al separarse: “¡A tus tiendas, Israel!” 6

Las dos hermanas tenían su propia tienda, en cuanto que se constituyeron en reino aparte. Ambas

hermanas pertenecían a Yahvé.

Infidelidades de Samaría (5-10).

5 Oholá me fue infiel y se enloqueció por sus amantes, sus vecinos los asirios. 6 Iban

vestidos de púrpura, eran jefes y oficiales, todos jóvenes codiciables y que montaban

caballos. 7 Se prostituyó a ellos, la flor de los hijos de Asiría, y se contaminó con todos

los ídolos de aquellos de quienes se enamoró. 8 Tampoco dejó sus prostituciones

con Egipto, porque eran los que se habían acostado con ella en su mocedad y habían

manoseado sus senos virginales y derramado sobre ella sus impurezas. 9 Yo, por eso,

la entregué en manos de sus amantes, en manos de los hijos de Asiría, de quienes estaba

enamorada. 10 Ellos descubrieron sus vergüenzas, le arrebataron sus hijos y sus

hijas, y a ella le hicieron perecer a la espada. Vino a ser famosa entre las mujeres

por la justicia que en ella se hizo.

Samaría se dejó subyugar por el poderío militar asirio y quiso hacer alianza con ella. La impresión

del ejército asirio con sus oficiales, vestidos de púrpura, cabalgando apuestos sobre sus caballos,

hería la mentalidad provinciana de los habitantes de Samaría. Por eso Oholá (reino de Israel:

Samaría) se enamoró de ellos y trató de hacer alianzas políticas con la gran nación invasora:

se prostituyó a ellos (ν.7). Después de su entrega política vino su entrega religiosa, pues

adoptó los ídolos asirios. Sabemos que el culto asirio tuvo fuerte eco en Jerusalén en tiempos de

Manases y de Acaz 7.

Por otra parte, Samaría siguió sus antiguas relaciones políticas con Egipto, con quien

había tenido efusiones amorosas en su mocedad (v.8) 8. El castigo de sus veleidades amorosas le

va a venir precisamente de uno de sus amantes: Dios la entregó en manos de los hijos de Asiría

(V.9), los cuales invadieron el reino del norte y tomaron Samaría, después de duro asedio, en 721

a.C. 9 Por cruel ironía de la historia han sido sus amantes los que le trajeron la ruina. Los asirios

mostraron ante todos los pueblos la conducta infamante de Samaría, que había abandonado a su

Dios para ir tras de dioses extraños (v.10). En castigo, sus hijos y sus hijas fueron llevados en

cautividad, y la capital, Samaría, desapareció bajo las ruinas 10. Su castigo la hizo famosa entre

los demás pueblos.

Conducta infiel de Judá (11-21).

11 Viendo esto Oholibá, su hermana, fue más estragada que ella en su pasión, y sus

prostituciones sobrepasaron a las de su hermana. 12 Encendióse en amor por los

hijos de Asiría, jefes y oficiales, nobles vestidos magníficamente, caballeros en sus

caballos, jóvenes todos y codiciables. 13 Yo vi que se habían contaminado, que ambas

habían seguido el mismo camino. 14 Pero ésta fue más lejos en sus fornicaciones; vio

2279

hombres pintados en la pared, figuras de caldeos trazadas con minio, 15 ceñidos sus

lomos de sus cinturones, y tiaras de varios colores a la cabeza, todos con apariencia

de jefes, figuras de hijos de Babilonia, de Caldea, su patria. 16 Y en viéndolos se encendió

en amor por ellos, y mandó embajadores a Caldea, 17 y entraron a ella los

hijos de Babilonia, al lecho de sus amores, y la mancharon con sus inmundicias, y

ella se contaminó con ellos hasta hartar su deseo. 18 Hizo patentes sus fornicaciones

y descubrió su ignominia, y yo me asqueé de ella, como me había asqueado de su

hermana. 19 Mas todavía acrecentó sus fornicaciones, trayendo a su memoria los días

de su mocedad, cuando había fornicado en la tierra de Egipto. 20 Y ardió en lujuria

por aquellos lujuriosos, que tienen carne de burro y flujo de garañones 21 y renovaste

las fornicaciones de tu mocedad, cuando los egipcios estrujaban tus pechos y

manoseaban tu seno juvenil.

La pésima conducta de Samaría fue sobrepasada por la de su hermana Judá; en vez de escarmentar

en la suerte trágica de aquélla, se entregó a mayores desvarios amorosos con las potencias

extranjeras y con sus dioses (v.11) n. También se dejó fascinar por el brillo militar asirio (v.12).

Las relaciones amistosas de Judá con Asiría comenzaron en tiempos del impío rey Acaz, cuando

en 735 los ejércitos coligados de Siria y de Samaría atacaron a Judá. En contra de los consejos

del profeta Isaías, el rey pidió auxilio a Teglatfalasar III 12. Pero Judá no se contentó con establecer

relaciones con Asiría, sino que quiso también hacerse aliada de Babilonia. Ya bajo el piadoso

rey Ezequías recibió con demasiados honores (700 a.C.) a Merodacbaladán, el gran paladín de la

independencia babilonia contra los asirios 13. Judá se dejó fascinar al verlos pintados en pared.,

ceñidos sus lomos. (v.15). El profeta presenta a Judá como a una doncella enamoradiza, que a la

primera vista de un joven que le agrada se enamora de él. Tal es la conducta de Judá. Al oír

hablar de los babilonios y conocerlos sólo de referencia por pinturas, se dejó fascinar de lo que

decían de sus palacios bellamente policromados en las paredes. Así como antes se enamoró del

atuendo militar magnífico de los asirios, ahora se enamora de las decoraciones palaciegas babilónicas,

que conoce de referencia. Es una bella descripción de las veleidades amorosas de la superficial

Oholibá-Juda. En seguida mandó embajadores a Caldea (v.16). No sabemos nada de

una embajada en tal sentido; quizá el rey Ezequías correspondió con una embajada a Merodacbaladán

por la visita que le había hecho 14. En 593, Sedecías fue con una embajada a la corte de

Nabucodonosor 15. Desde el 605 a.C., los babilonios se apoderaron de Palestina, tratando a Judá

con demasiada inconsideración (v.17). Judá se entregó a sus pecados en tal forma, que Yahvé

sintió asco de ella, como lo había sentido de su hermana Samaría (v.18), y ella, cansada de sus

relaciones amorosas con Babilonia, se dirigió a Egipto, como en los días de su mocedad (V.19).

El profeta parece aludir al hecho de que el rey Sedecías enviara una embajada en busca de auxilio

al faraón egipcio. El profeta trata con el mayor desprecio a los egipcios (v.20), causantes de la

defección de Judá.

El castigo de Judá (22-35).

22 Por eso, Oholibá, así dice el Señor, Yahvé: Yo suscitaré contra ti a tus amantes,

aquellos de que hartaste tus deseos, y los haré venir contra ti en derredor. 23 Los

hijos de Babilonia y todos los caldeos, los de Peqod, los de Soa, los de Qoa, y con

ellos todos los hijos de Asiría, mozos guapos, jefes y capitanes todos, nobles y notables,

todos a caballo. 24 Y vendrán contra ti con estrépito de carros y ruedas, con escudos,

paveses y capacetes; se ordenarán en batalla de todas partes contra ti. Yo les

2280

he entregado a ellos tu juicio y te juzgarán según sus leyes. 25 Desencadenaré mi celo

contra ti, y te tratarán con furor. Te cortarán la nariz y las orejas, y tu prole caerá a

la espada. Llevaránse a todos tus hijos y tus hijas, y tu progenie será consumida por

el fuego. 26 Te desnudarán de tus vestidos y te arrebatarán todos los ornamentos de

tu hermosura. 27 Yo haré que cese la lujuria y tus prostituciones con Egipto, y no alces

ya más los ojos a ellos, y no te acuerdes más de Egipto. 28 Porque así dice el Señor,

Yahvé: Te entrego en las manos de aquellos a quienes llegaste a aborrecer, de

quienes se hartaren tus deseos. 29 Y te tratarán con odio, se apoderarán de todo el

fruto de tu trabajo y te dejarán desnuda y en cueros, y se descubrirán las vergüenzas

de tus prostituciones. Tu lujuria y tus fornicaciones 30 son causa de todo esto.

Por haber fornicado con las gentes y haberte contaminado con los ídolos. 31 Has seguido

los caminos de tu hermana, y pondré en tus manos el cáliz suyo. 32 Así habla el

Señor, Yahvé: Beberás el cáliz de tu hermana, hondo y ancho,de gran capacidad 16.

33 Te llenarás de embriaguez y de tristeza; es el cáliz de horror y desolación, el cáliz

de tu hermana Samaría. 34 Lo beberás hasta las heces, lo morderás y romperás con

los dientes, y con sus fragmentos te rasgarás el seno, porque yo he hablado, dice el

Señor, Yahvé. 35 Puesto que me dejaste y echaste a tus espaldas, también yo echaré

sobre ti tu lujuria y tus prostituciones.

Dios va a enviar el castigo definitivo a Judá, trayendo contra ella a los que fueron sus amantes,

los caldeos, aquellos que buscó para hacer alianza con ellos (aquellos de que hartaste tus deseos,

v.22). Los babilonios, con los pueblos circunvecinos, caerán sobre ella. Entre los invasores, el

núcleo principal era caldeo; pero con ellos iban mercenarios de otros pueblos, integrados en el

gran imperio babilónico 17. Los invasores, sus antiguos amantes, la aplastarán (v.24) con su fuerza

militar y la tratarán como a una esclava, mutilándola espantosamente 18. Sus hijos serán llevados

en cautividad, y, al fin, Jerusalén (tu progenie, v.25) será consumida por el fuego, como tuvo

lugar bajo Nabuzardán, lugarteniente de Nabucodonosor, después de la toma de la ciudad 19. Judá,

que se ha portado como una cortesana para atraer a sus amantes (naciones extranjeras), será

deshonrada públicamente: Te desnudaran. (v.26).

Con el castigo, Judá no volverá a buscar alianza en Egipto (v.27), pues esta nación se ha

mostrado impotente a la hora de la prueba, y la ha abandonado a su suerte. Entonces se mostrará

plenamente a los ojos de todos sus pecados (se descubrirán tus prostituciones., v.29). Toda su

tragedia le ha sobrevenido por haber buscado alianzas extranjeras y haberse entregado a prácticas

idolátricas (v.30). Con esto no ha hecho sino seguir los caminos de su hermana mayor Oholá

(Samaría) (v.31), y, como ella, va a tener que beber su cáliz o porción asignada conforme a su

conducta. Será el cáliz del horror y de la desolación (v.33), pues está decretada la devastación y

la ruina sobre ella 20.

Acusaciones colectivas contra Samaría y Judá (36.-49)

36 Díjome Yahvé: Hijo de hombre, ¿no juzgarás tú a Oholá y a Oholibá? ¿No les

echarás en cara sus abominaciones? 37 Dié-ronse al adulterio y mancharon de sangre

sus manos. Adulteraron con sus ídolos, y aun los hijos que me parieron los pasaron

por el fuego para que les sirviesen a ellos de comida. 38 Hasta eso hicieron, contaminando

también mi santuario y profanando mis sábados, 39 pues, luego de sacrificar

sus hijos a sus ídolos, entraban el mismo día en mi santuario, contaminándolo. Eso

hicieron con mi casa. 40 Y aun han hecho venir de lejos hombres a los que enviaron

2281

mensajeros, y al venir ellos te lavaste, te pintaste los ojos y te ataviaste con tus joyas,

41 y, echada en suntuoso estrado, te pusiste a la mesa que aderezaste para ellos, poniendo

en ella mis perfumes y mi óleo 42 entre el rumor clamoroso de los cantos, a

causa de la multitud de hombres venidos del desierto, los cuales ponían manillas en

sus manos y coronas en sus cabezas 21. 43 Y dije de la envejecida en adulterios: Ahora

se consumarán los adulterios de ella. 44 Pues venían ellos como quien viene a la

ramera, así vinieron a Oholá y a Oholibá, las depravadas. 45 Pero hombres rectos te

juzgarán según la ley de las adúlteras y las sanguinarias, porque adúlteras son,

manchadas de sangre están sus manos. 46 Pues así dice el Señor, Yahvé: Trae turbas

contra ellas, y sean entregadas' al maltrato y a la rapiña, 47 y las turbas las apedrearán

y las acuchillarán, matarán a sus hijos y a sus hijas y prenderán fuego a sus casas.

48 Y haré cesar en la tierra la depravación, y escarmentarán las mujeres y no

imitarán vuestras torpezas. 49 Y harán recaer sobre vosotras vuestras obscenidades,

y pagaréis los pecados de vuestra sidolatrías, y sabréis que yo soy Yahvé.

El profeta vuelve de nuevo a resumir los principales pecados de ambas hermanas, Samaría y Judá:

la idolatría y los sacrificios humanos en honor de los ídolos. El cuadro aparece recargado para

impresionar al auditorio y convencerle de que el castigo que iba a enviar Dios era muy justo y

necesario. Samaría y Judá eran realmente adúlteras ante los ojos de Yahvé, porque le habían dejado

como verdadero Esposo y habían ido tras de dioses ajenos. El colmo de la maldad y cinismo

de los habitantes de Samaría y de Judá es que, después de manchar sus manos sacrificando a sus

hijos a Moloc, iban a presentar sus homenajes al santuario de Yahvé (v.39).

Por otra parte, Jerusalén ha buscado, ataviándose como una cortesana, a hombres venidos

de lejos (v.40), es decir, ha buscado hacerse amiga de pueblos extranjeros, como los babilonios,

y ha adoptado sus prácticas idolátricas, entregándose a banquetes sacrificiales en honor de los

ídolos (te pusiste a la mesa que aderezaste, v.41). Por su parte, los amantes prodigaban sus regalos

a la que tan bien los había recibido (ponían manillas en sus manos., v.42). El profeta utiliza

las costumbres de la época para expresar sus ideas: la conducta de Judá ha sido la de una vulgar

cortesana. Por eso será juzgada como adúltera (v.45), y, como tal, será lapidada y entregada a la

espada (v.47). En su castigo como mujeres adúlteras escarmentarán otras mujeres (v.48), las naciones

paganas.

1 Cf. Ez 19:2; 16:1-7. — 2 Cf. 1 Re 12:2; 11:40. — 3 El faraón Sesac había conquistado la ciudad de Gezer; cf. 1 Re 9:16. — 4 De

hecho conocemos la invasión del faraón Sesac o Sheshonq en el 929 a.C., cinco años después de la separación de las tribus. — 5

El matiz de la traducción varía en cada autor, pero lo que es claro en ambos nombres es el substrato común de “tienda.” — 6 Cf. 1

Re 12:16. — 7 Cf. 2 Re 17:16; Am 5:26. — 8 Cf. 2 Re 17:14; Os 7:11; 12:2. — 9 2 Re 17:4. 10 Cf. 2 Re 17:6. — 11 Cf. Ez

16:47; Jer 3:8-11. — 12 Cf. 2 Re 16:17s. — 13 Cf. 2 Re 20:12-29; Is 39. — 14 2 Re 20:12-19. — 15 Cf. Jer 29:3; 51:59- — 16

Suprimimos con los LXX la frase del TM “servirá de mofa y de irrisión,” que rompe el contexto entre este estico y el anterior. —

17 Peqod es el Puqudu de las inscripciones cuneiformes (cf. Jer 50,21), tribu aramea en la frontera elamítica junto al golfo Pérsico;

Soa es el Suíu asirio, y Qoa es el Quíu de la literatura asiro-babilónica (véase F. Abel, Géogr. I 245), al este del Tigris. — 18

En Egipto la mutilación de la nariz era el castigo de las adúlteras (cf. DIOD., Sic., I 78). — 19 Cf. Jer 52:12-13. — 20 Cf. Ab 2:16.

Sobre el cáliz de la ira cf. Jer 25:15-28; 51:2; Is 51:17.22; Sal 75:9. — 21 La primera parte del verso está ininteligible. Las traducciones

son muy diversas. La nuestra se acerca a la adoptada por la Bible de Jérusalem.

24. Anuncio del asedio de Jerusalén.

En este capítulo encontramos dos oráculos del profeta relativos a la suerte de Jerusalén: a) parábola

de la caldera al fuego (1-14); b) orden de no hacer luto por su esposa (15-17). Son las dos

últimas profecías de Ezequiel contra Jerusaién.

2282

La parábola de la olla al fuego (1-14).

1 El año nono, el mes décimo, el día décimo del mes, me fue dirigida la palabra de

Yahvé, diciendo: 2Hijo de hombre, consigna por escrito la fecha de este día. En este

día, el rey de Babilonia se ha echado sobre Jerusalén. 3 Compon una parábola para

la casa rebelde, y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Arrima la olla, arrímala, y echa

también agua; 4 echa en ella trozos, todos los trozos selectos, la pierna y la espalda;

llénala, de lo mejor de los huesos. 5 Toma lo mejor del rebaño, 1 pon debajo la leña,

que hierva a borbotones, que se cuezan hasta los huesos. 6 Porque así dice el Señor,

Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! ¡Ay de la caldera herrumbrosa cuya herrumbre

no ha sido quitada! Vacíala trozo a trozo, sin echar suerte sobre ella. 7 Porque

tiene dentro la sangre suya, la ha derramado sobre piedra lisa, no la derramó sobre

la tierra para que la cubriese el polvo. 8 Para provocar la ira y traer la venganza, coloqué

su sangre sobre una piedra lisa, sin que pueda cubrirse. 9 Por lo cual dice el

Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También yo aumentaré la hoguera. 10

Acumula leña, atiza el fuego, cuece la carne y condimenta la mezcla; que se quemen

los huesos, que se cueza la carne. 11 Déjala vacía sobre las brasas, que se ponga al rojo

y se caliente el cobre, y se funda dentro de ella su suciedad, y se consuma su

herrumbre. 12 En vano me fatigué 1; no desapareció su herrumbre ni con fuego. 13 Es

execrable tu suciedad; yo he querido limpiarte, pero no te limpiaste. No quedarás

purificada de tu suciedad hasta que no derrame yo mi fuego sobre ti. 14 Yo, Yahvé,

he hablado: vendré, lo haré, no me volveré atrás, no tendré piedad, no me arrepentiré.

Según tus caminos y tus obras así serás juzgada, dice el Señor, Yahvé.

La datación que nos da en el v.1 nos lleva a principios del 588 a.C. 2. El año nono está calculado

a partir de la deportación de Jeconías, cuando fue entronizado Sedéelas (598 a.C.). Es el hecho

del que parte toda la cronología de Ezequiel 3. El mes décimo es el mes de Tebeth (enero). En la

fecha en que comienza el asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor (v.2). El día décimo

nos llevaría a principios de enero del 588. Es el gran día memorable para los exilados, pues

se van a cumplir las terribles predicciones de Ezequiel. El Señor quiere que ahora exprese el porvenir

de Jerusalén por medio de una parábola (ν.3). En ella (v.3-14) encontramos dos enseñanzas

diferentes: a) la olla con los trozos selectos, cociéndose, significa a Jerusalén sufriendo terriblemente

durante el asedio (v.3-5); b) la herrumbre de la olla que se resiste a desaparecer simboliza

la actitud pertinaz de Judá en el mal. Para impresionar al auditorio (la casa rebelde) debió

Ezequiel poner la parábola en acción. Podemos, pues, suponer que el profeta realmente metió en

una olla trozos selectos de carne y la calentó al fuego.

En 3:11 se dice que los israelitas se creían seguros en Jerusalén como la carne en la olla.

El profeta ahora toma el mismo símil y va a mostrar cómo aun dentro de la ciudad no están seguros,

pues tendrán que sentir el calor del fuego de los asediantes. En vez de serles medio de preservación,

la ciudad será instrumento de sufrimiento, como la olla al fuego. En realidad, a los

israelitas que se hallan dentro de la ciudad les esperan más sufrimientos que a los que están por

la campiña, pues se quemarán hasta los huesos (v.5); la frase indica que afectará a todos. Quizá

en los tronos selectos haya que ver una alusión a las clases dirigentes, mientras que en los huesos

se aludiría a la clase baja. Puede que no tengan valor alegórico estos detalles y sean un simple

relleno literario para completar el cuadro. La lección general dé la parábola es que los que ahora

están dentro de las murallas de Jerusalén no se verán libres de los máximos sufrimientos.

2283

La segunda parábola (v.6-14) nos presenta una nueva lección: la herrumbre de la olla es

símbolo de la maldad a la que está unida pertinazmente Jerusalén. Llega el momento en que la

olla (Jerusalén) va a ser vaciada de todo su contenido, trozo a trozo, sin echar suertes sobre ella

(v.6); la destrucción va a ser tal, que no habrá necesidad de echar a suertes sobre los que se han

de salvar o han de perecer. La causa de todo es que Jerusalén es una ciudad sanguinaria y

herrumbrosa por sus homicidios y su corrupción moral de todo género. La conducta de Jerusalén

ha sido tan insolente, que al derramar sangre inocente no se ha preocupado de cubrirla para que

no clamase venganza al cielo, como la de Abel4, sino que la ha derramado sobre piedra lisa

(ν.7)5, y en ella se conserva, pidiendo justicia a Dios. Toda la sangre derramada está presente a

los ojos divinos, y por eso Dios no puede menos de castigar a la gran sanguinaria. Por otra parte,

la herrumbre o maldad de ella es tal, que no basta el fuego para que se desprenda de ella, sino

que es necesario destruir la misma olla. Yahvé ha querido limpiarla (v.13), pero todo ha sido en

vano, ya que chocó con la malicia pertinaz de la ciudad. Por eso la intervención definitiva de la

justicia divina no puede tardar (v.14)6.

Prohibición de duelo por su esposa (15-27).

15 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 16 Hijo de hombre, voy a quitarte

de repente la delicia de tus ojos, pero no te lamentes ni llores, no derrames una lágrima.

17 Suspira en silencio, sin llevar luto por el muerto; ponte el turbante en la

cabeza y calza tus pies, no te cubras la barba ni comas el pan del duelo7. 18 Yo había

estado hablando al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi mujer. A la mañana

siguiente hice lo que me había mandado, 19 y la gente me decía: ¿No nos explicarás

lo que significa lo que haces? 20 Yo les respondía: Yahvé me ha hablado, diciendo:

21Di a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: Mirad, voy a profanar mi santuario,

gloria de vuestra fuerza, delicia de vuestros ojos y anhelo de vuestra alma;

vuestros hijos y vuestras hijas caerán a la espada, 22y entonces haréis vosotros lo que

ahora hago yo: no os cubriréis la barba ni comeréis el pan de duelo, 23 llevaréis en

vuestra cabeza los turbantes y calzaréis vuestros pies, no os lamentaréis ni lloraréis,

sino que os consumiréis en vuestra iniquidad y gemiréis unos con otros. 24 Ezequiel

será para vosotros una señal; cuando esto llegue, haréis vosotros lo que él hace ahora,

y sabréis que yo soy Yahvé. 25 Y tú, hijo de hombre, el día que yo les arrebatare a

ellos su fortaleza, el orgullo de su gloria, la delicia de sus ojos, el anhelo de sus almas”

sus hijos y sus hijas

26 vendrá a ti un huido para darte la noticia, 27 y aquel día

se abrirá tu boca a la llegada del fugitivo y hablarás, no estarás mudo, y serás señal

para ellos, y sabrán que yo soy Yahvé.

Dios anuncia al profeta que va a morir su esposa, la delicia de sus ojos (v.16), prohibiéndole

hacer toda señal de duelo, como ejemplo a imitar por los exilados cuando llegue la noticia de la

toma de Jerusalén por los caldeos y de la destrucción de la delicia de sus ojos, el templo de Yahvé.

Debe abstenerse de todos los signos externos de duelo, como descubrirse la cabeza, descalzarse,

etc. (ν.17), y no debe organizar un banquete funerario: no comas el pan del duelo 8. Guando

uno estaba en duelo, venían sus amigos a participar con él en un banquete funerario en honor

del difunto 9. Su esposa murió en la tarde del día en que había anunciado el principio del asedio

de Jerusalén (v.18). Los compatriotas exilados no comprenden la conducta del profeta, que no

cumple los ritos ordinarios de duelo. En ello ven algo misterioso, y preguntan: ¿no nos explicaras

lo que significa lo que haces? (v.20). El profeta les responde que él en su persona es una se2284

ñal para la casa de Israel, e.d., los israelitas del exilio. No deben hacerse ilusiones sobre el porvenir

de la Ciudad Santa, pues se les va a quitar lo más caro a su corazón, el santuario, delicia de

sus ojos. (v.21).

Habían depositado en él una confianza supersticiosa 10, como si la presencia del templo,

morada de Yahvé, fuera garantía segura contra toda incursión enemiga. En realidad, todo aquel

maravilloso conjunto de edificios que constituían el templo de Jerusalén, centro de todos los pensamientos

de los israelitas (anhelo de vuestras almas, v.21), sería profanado y pasto de las llamas,

y todos los habitantes de la ciudad caerán a la espada. Es el anuncio que desde hacía años

les estaba comunicando, pero ahora estaban en el principio de la realización. Como él, deben

abstenerse de señales exteriores de duelo y sufrir sólo interiormente en la compunción del corazón

(v.23). Deben concentrarse en sí mismos y pensar en las causas reales de tal catástrofe, procurando

desagraviar la justicia divina ultrajada.

Como conclusión de todas estas predicciones siniestras contra Jerusalén, se inserta aquí el

anuncio de su caída por uno de los fugitivos. Si tomamos al pie de la letra lo que se dice en el

v.26, tenemos que deducir que el mismo día en que cayó Jerusalén le llegó un fugitivo con la noticia,

lo que no era factible. En 33:21 se dice que llegó el fugitivo un año y medio después de la

toma de Jerusalén, según el TM, y después de seis meses según el texto griego de los LXX. La

frase, pues,”el día que les arrebatare. (v.25), hay que interpretarla en.el sentido genérico de

cuando les arrebatare.” En el texto se dice que Ezequiel, al llegar el fugitivo, recobrará el habla

(v.27). En 3:24-27 se, dice que por orden divina,.el profeta quedó privado del habla. ¿Es una alusión

a esta etapa de la vida del profeta? Algunos autores creen que se relacionan ambos fragmentos

y que uno de ellos está fuera de lugar. Se puede suponer también que el profeta, después de la

muerte de su mujer, quedó recluido en su casa sin hablar con nadie, como señal para los exilados,

que debían meditar en silencio la gran tragedia de su pueblo que había sido anunciada por

él. Con esta indicación se cierra la primera parte del libro de Ezequiel, dedicado a preparar espiritualmente

a los exilados para la gran prueba, ya que de aquellos exilados había de surgir el núcleo

de restauración para empalmar con los tiempos mesiánicos 11.

1 En hebreo lit. “ella me ha fatigado por sus trabajos.” En los LXX falta esta frase, que algunos consideran como simple ditografía. —

2 Cf.-2 Re 25:1; Jer 52:4. — 3 Cf. Ez 1:2. — 4 Cf. Gen 4:10. — 5 Cf. Ez 23:45; Jer 7:6; Job 16:18. — 6 Sobre esta acción simbólica

véase D. BUZY, Les symboles de I'Anden Testament (París — 1923) P.IQ8-205- — 7 El TM y los LXX leen “pan de hombres.” El

Targum y la Vulgáta leen “pan de aflicción,” que hemos preferido. — 8 Sobre las señales de duelo entre los antiguos israelitas

puede verse la obra de P. HEI-NISCH, Die Trauergebrauche bei den Jsraditen: “Biblische Zeitfragen,” 13 (Munster 1931) ?s·. — 9

Cf. Jer 17:7; 2 Sam 3:3:5, — 10 Jer 7:4; Miq 3:11. — 11 Ez 11:14-21; 14:223; 20:32-44.

25. Oráculos contra las naciones vecinas de Judá.

Con este capítulo se abre la segunda parte del libro de Ezequiel, dedicada a las naciones paganas

(c.25-32). La primera parte ha estado dedicada a anunciar la triste suerte del pueblo escogido.

Pero Dios no permite que las otras naciones queden impunes en sus pecados, y por eso también

para ellas llega la hora de la justicia divina. Todas las naciones que han instigado a Judá para rebelarse

contra Babilonia recibirán su merecido: Amón, Moab, Edom, Filistea, Tiro, Sidón y

Egipto. Todas han contribuido a la ruina del pueblo israelita, y como transgresoras serán tratadas

por la omnipotencia divina, que se extiende a todos los pueblos. La diferencia del contenido

de los oráculos contra Judá y de los proferidos contra las naciones paganas estuvo en que para

aquélla había siempre una esperanza y promesa de rehabilitación, mientras que a éstas les alcanza

la ruina definitiva.

2285

Oráculo contra Amón (1-7).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, tiende tu vista

hacia Amón y profetiza contra él. 3 Di a los hijos de Amón: Oíd la palabra del Señor,

Yahvé. Así habla el Señor, Yahvé: Pues que tú dijiste “Bien” cuando era profanado

mi santuario y la tierra de Israel era asolada y llevada la casa de Judá al cautiverio,

4 por eso yo te entregaré en poder de los hijos del Oriente, que pondrán en ti su

campamento y alzarán en ti sus tiendas, y comerán tus cosechas y beberán tu leche.

5 Y haré de Rabbá pastizal de camellos, y de las ciudades de Amón, rediles de ovejas.

Y sabréis que yo soy Yahvé. 6 Porque así habla el Señor, Yahvé: Pues que batiste

palmas y pateaste con los pies, y te regocijaste en el alma con desprecio para la

tierra de Israel, 7 por eso heme aquí, tenderé mi mano contra ti, y te daré en presa a

las gentes, y te extirparé de entre los pueblos de la tierra, y te haré desaparecer del

número de ellos. Te exterminaré y sabrás que yo soy Yahvé.

La fecha de composición es ciertamente posterior a la catástrofe del 586, ya que se habla de la

actitud hostil de los habitantes de Amón frente a la desgracia de su vecino y aliado Judá (ν.3).

Existía una tradicional enemistad de vecinos entre ambos reinos l. Se les llama los hijos de Amón

según la denominación común en la Biblia 2. El reino de Amón estaba enclavado en la actual

Transjordania, entre el Arnón, al sur, y el Yabbok, al norte, y su capital era Rabba-Amón, la actual

Ammán. Durante los siglos ix y VIII estuvo bajo el dominio asirio 3. En el 6oi se unió con

Edom y Moab contra el rey Joaquim de Jerusalén, que se había rebelado contra Babilonia. Más

tarde, en el 594, los amonitas, unidos a Edom, Moab, Tiro y Sidón, trataron de convencer al rey

Sedecías para que se rebelase contra Nabucodonosor 4, lo que consiguieron en el 5885. A pesar

de ser aliados, después de la destrucción de Jerusalén sienten los amonitas un malévolo gozo de

satisfacción (v.3). Un enviado del rey de Amón mató a Golodías en Mispa, gobernador impuesto

por los babilonios, sin duda para evitar la reconstrucción de Judá 6.

Por esta actitud hostil hacia Judá, Dios enviará un terrible castigo sobre Amón: de un lado,

los beduinos, las gentes del desierto, invadirán el país, lo arrasarán todo, comiendo sus cosechas

y su leche (v.4). La misma capital del reino, Rabba, se convertirá en pastizal de camellos

(y.6). Los beduinos, con su mentalidad primaria, no saben apreciar los refinamientos de la vida

sedentaria, y todo lo arrasan en sus incursiones. Cuando los amonitas vean su país devastado,

sabrán por experiencia quién es Yahvé, Dios de los judíos, que castiga a su pueblo, pero que a la

vez mantiene las exigencias de su justicia entre los pueblos paganos. Además, esta incursión de

los beduinos sobre el país no es sino el preludio de otra invasión más cruel, que los hará desaparecer

como pueblo (v.7). Aunque el profeta no menciona al invasor, parece deducirse que son los

caldeos, como lo anuncia en el capítulo 21. Amón no volvió a reconstruirse como nación después

de la invasión caldea: te haré desaparecer del número de los pueblos de la tierra (ν.7).

Oráculo contra Moab (8-11).

8 Así dice Yahvé: Puesto que Moab 7 ha dicho: He aquí que la casa de Judá es entre

los pueblos uno de tantos, 9 por eso yo abriré el flanco de Moab desde las ciudades

fronterizas, gloria de la región, Bet-Yesimot, Maal-Meón y Quiryatayim. 10 Doy su

tierra a los hijos del oriente para que no sean contados más entre los pueblos. También

haré justicia en Moab.

2286

También los moabitas se han alegrado de la ruina de Judá 8. Al ver su destrucción, han comprendido

que Judá, lejos de ser un pueblo aparte de todos, como sus habitantes decían, por ser parte

de Yahvé, ha tenido que sufrir la suerte común de los vencidos: He aquí que la casa de Judá es

entre los pueblos uno de tantos (v.8). Esto no lo puede consentir Yahvé, que vela por el honor

de su nombre, y por eso va a castigar severísimamente a los moabitas, y para ello va a abrir brecha

en la zona que se creía inexpugnable, las fortalezas del^anco de Moab (V.9), es decir, la región

accidentada y montañosa del oeste, protección natural del país. El enemigo, por permisión e

incitación divina, echará por tierra las fortalezas de sus principales ciudades amuralladas: Yasimot,

etc. 9 Los invasores serán también los hijos de oriente, o beduinos del desierto, como en el

caso de Amón, país fronterizo de Moab.

Oráculo contra Edom (12-14).

12 Así dice el Señor, Yahvé: Por el comportamiento de Edom, que tomó venganza de

la casa de Judá y se manchó sobremanera vengándose de ellos, 13 por eso, así dice el

Señor, Yahvé: También yo tenderé mi mano sobre Edom, y exterminaré hombres y

bestias, y lo reduciré a ruinas; desde Teman hasta Dedán caerán a la espada. 14 Y

pondré la venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que tratará a Edom

conforme al furor de mi ira, y sabrán que yo soy Yahvé y que es mía la venganza.

Así dice el Señor, Yahvé.

Los edomitas eran, según la tradición bíblica, parientes próximos de los israelitas, ya que aquéllos

provenían de Esaú, hermano de Jacob 10. Por tanto, tenían obligación especial de mostrar su

compasión para con sus consanguíneos. Estaban establecidos al sudeste del mar Muerto11. Cuando

los israelitas pidieron paso hacia Canaán, se lo negaron 12. Más tarde hubo empeñada lucha

entre edomitas e israelitas 13. Después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, los

edomitas se vengaron en los vencidos israelitas ^. Por eso Yahvé tenderá su mano sobre Edom

(ν.13), es decir, le enviará un duro castigo 15: el exterminio total desde el norte (Teman) hasta el

sur (Dedán) 16. El mismo pueblo israelita tomará venganza directa de Edom (v.14). Esto se cumplió

materialmente en tiempo de Juan Hircano (126 a.C.), que conquistó Idumea y obligó a sus

habitantes a circuncidarse y sumarse al pueblo judío 17.

Oráculo contra Filistea (15-17).

15 Así habla el Señor, Yahvé: Por haber obrado vengativamente los filisteos y haberse

vengado con odio en el alma, exterminando con odio secular, 16 por eso dice el Señor,

Yahvé: Yo tenderé mi mano contra los filisteos y exterminaré a los cereteos.

Haré perecer hasta los restos de los habitantes de la orilla del mar. 17 Haré con ellos

grandes venganzas, con furor los castigaré, y sabrán que yo soy Yahvé cuando haga

en ellos mi venganza.

Los filisteos, establecidos en la costa entre Egipto y Fenicia, provenían de Creta o del Asia Menor

18. Empujados por otras invasiones, intentaron establecerse en el delta del Nilo, pero fueron

derrotados por Ramsés III (1190 a.C.), y entonces se fueron a la costa occidental de Canaán,

donde adquirieron carta de naturaleza y terminaron por dar nombre en la literatura helenística a

toda la región entre Fenicia y el Sinaí (Palestina), Fueron enemigos tradicionales de los hebreos.

Eran los extranjeros por excelencia, sobre todo porque eran “incircuncisos.” Durante toda la historia

hubo una pugna de los filisteos por entrar en la zona israelita de Palestina, y de los hebreos

2287

por llegar hasta la costa 19. Varias son las profecías que en la Biblia encontramos contra los filisteos20.

Ezequiel en este oráculo les echa en cara su espíritu de venganza y su odio secular contra

el pueblo elegido (v.15). Por eso, Yahvé los exterminará juntamente con los cereteos, habitantes

ambos de la orilla del mar. Suelen nombrarse en la Biblia juntamente los “filisteos y cereteos” 21.

Ambos provenían de las “islas del mar,” es decir, del Mediterráneo. Originariamente pudieron

ser dos pueblos emparentados etnográficamente, provenientes de Creta (kereteo), o de Caftor

(Creta? Asia Menor?). Aparecen en la guardia personal privada de David juntamente con los “feleteos”

(filisteos ?) 22. Ciertamente no eran semitas, y en esto convenían con los “filisteos.”

1 Cf. Jue 3:13; 10:16-17; 1 Sam ii,i-n. Ocuparon Galaad después de la deportación del reino de Samaría: 2 Re 15-29; Jer 39,is; Am

1:13-15, alude a actos de hostilidad contra Israel de parte de los amonitas. — 2 Sólo dos veces se llama Amón: Sal 83:8; 1 Sam

ιι,ιι. La expresión hijos de Amón es paralela a la asiría de los textos cuneiformes: Bit-Ammana. — 3 Los reyes de Amón aparecen

como tributarios de Teglatfalasar III (728), de Senaque-rib (701) y de Asaradón (673). Cf. H. Gressmann, Alt. Texte (Berlín-

Leipzig 1928) 116. 120.123. Véase también Dhorme, Les pays bibliques et l'Assyrie: RB (1910) 199.508; (1911) 21i. — 4 Cf. Jer

27:1-1. — 5 Cf. Ez 21:28-32. — 6 Cf. Jer 40,14. — 7 El TM añade Seir, que falta en los LXX.8 Cf. Is 15-16; Jer 48,i-47- — 9

Bet-Yesimot: la actual Kh. Sueime, a 18 kms. al sudeste de Jericó. Baal-Meón: la actual Main. Quíriaía/yim: actual Kh. el-Qureyat.

— 10 Gen 25:29. — 11 Dt 2:12-22. — 12 Núm 20:14-21; Jue 11:17. — 13 2 Sam 8:135; 1 Re 11:143. Fue muy sonada la victoria

del rey Amasias (798-780) contra los'edomitas; 2 Re 14:7. Edom es mencionada en los documentos cuneiformes; cf. H. Gressmann,

Alt. Texte 120.123. — 14 Cf. 2 Re 24:2; Jer 27:1-11. Oráculos contra Edom aparecen en Is 34:5-17; Jer 49,7-22; Lam

4:21s; Sal 137:7; Ez 0.35; Mal 1:1-4. — 15 Para la frase “extender la mano” en sentido amenazador, cf. Ez 4:7; 13:9. — 16 Teman,

la actual Shaubak (cf. Jer 49,7), al norte de Edom, famosa por su sabiduría: Jer 49,7; Bar 3:22. Dedán, al sur, la actual Él-

Ela: Jer 25:23; Is 21:13; cf. Abel., Géog. I 285; II 4793. — 17 Cf. 1 Mac 5:65; 2 Mac 10:16. — 18 Fih'steo, en egipcio Purasati,

asirio Palastu. Según la Biblia, provenían de Caftor, que hasta hace poco se identificaba con Creta. Hoy día más bien se identifica

con Asia Menor (según Eusebio, Capadocia). Sería el egipcio Keftiu, que designa Panfilia, Cilicia y la costa occidental de Asia

Menor. Cf. Abel, Géog. I 261-270; L. Speelers, Egypte: DB, Suppl. II (1932) 756-919. Véase Spadafora, Ezechiele p.2O2. — 19

Cf. 1 Sam 18-19; 2 Sam 5:175; 21:15-22; 23:9-17; 1 Re 15:27; 16:155; Jue 14:3; 15:18. — 20 Am i,6ss; Is 14:29-32; 11:14; Jer

47; Sof 2:4-7; Zac 9:53. — 21 Cf. Sof 2:5. Los LXX los llaman κρήτες. La Vulgata, CerethaeL — 22 Cf. 2 Sam 20,23.

26. Oráculo contra Tiro.

Los capítulos 26 y 27 están dedicados a anunciar la triste suerte de Tiro, la gran metrópoli comercial

fenicia1. Asentada en una isla roqueña (de ahí su nombre semítico de Sur: “roca”) frente

a otra ciudad gemela continental, filial suya, era considerada como inexpugnable. Comercialmente

tenía por rival a Sidón, a pocos kilómetros al norte. Después de la época de dominio egipcio

(reflejada en las cartas de Tell-Amarna), Tiro recuperó su gran poder comercial frente a Sidón,

y fue el gran proveedor de los pueblos del Mediterráneo. Sus marinos llegaron hasta Occidente,

en España, y hasta el mar Rojo. Son los propagadores del alfabeto, asimilado por los griegos.

La industria metalúrgica, la de tejidos y la de púrpura les habían dado un poder comercial

inmenso. Tiro era realmente el emporio comercial del Antiguo Oriente. Los israelitas habían tenido

grandes relaciones con ellos. De Tiro fueron los arquitectos y constructores principales del

templo de Salomón 2. Jezabel, la esposa de Acab, era hija del rey de Tiro 3. En tiempos de Ezequiel,

Tiro era uno de los promotores de la rebelión contra Nabucodonosor. En 594 envió una

embajada con este fin a Jerusalén, a la que respondió adecuadamente Jeremías4, y sabemos que

Nabucodonosor atacó a Tiro después de haber tomado Jerusalén5. Pero el rey de Babilonia no

pudo vencerla a causa de su aislamiento en el mar6. Sólo Alejandro Magno, después de unirla a

tierra por un dique artificial, logró tomarla y destruirla en 332 a.C.

Los oráculos de Ezequiel contra Tiro son varios. Este capítulo suele dividirse en tres partes:

a) asedio y destrucción de Tiro (1-14); b) impresión de la catástrofe en las islas (15-17); c)

submersión de la ciudad (18-21).

2288

Asedio y destrucción de Tiro (1-14).

1 El año undécimo, el día primero del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo:

2 Hijo de hombre, por haber dicho Tiro de Jerusalén: ¡Bien! Ha sido rota la

puerta de los pueblos, vendrán a mí, yo me llenaré, y ella está desierta! 3 Por eso así

dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh Tiro! Yo haré subir contra ti pueblos

numerosos, como hace subir el mar sus olas” 4y destruirán las murallas de Tiro y

abatirán sus torres. Y barreré de ella hasta el polvo y haré de ella una desnuda roca,

5 Será en medio del mar tendedero de redes, porque yo he hablado, oráculo de Yahvé;

será presa de las gentes, 6 y sus hijas, las que están en el campo, serán pasadas a

cuchillo, y sabrán que yo soy Yahvé. 7 Porque así habla el Señor, Yahvé: He aquí

que yo enviaré desde el septentrión, contra Tiro, a Nabucodonosor, rey de Babilonia,

rey de reyes, con carros, caballos y jinetes, y gran muchedumbre de pueblo. 8

Pasará al filo de la espada a tus hijas del campo, pondrá contra ti cerco, levantará

baluartes y alzará, escudos. 9 Pondrá contra ti arietes, derrumbará tus murallas, y

con sus ingenios echará por el suelo tus torres. 10 La polvareda que levantarán sus

caballos te cubrirá, y al estrépito de sus caballeros, sus carros y sus ruedas retemblarán

tus muros cuando entre él por tus puertas como se entra en ciudad conquistada.

11 Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles, y pasará a tu pueblo

al filo de la espada, y caerán a tierra tus estelas colosales. 12 Darán al saqueo todas

tus riquezas, al pillaje todas tus mercancías. Demolerán tus murallas y derribarán

tus magníficos palacios; hasta las piedras, las maderas y el escombro lo arrojarán al

mar. 13 Haré cesar el estrépito de tus cantares, no se oirá más el sonido de las cítaras.

14 Te tornaré en desnuda roca, apta para tender en ella las redes, y no serás jamás

reconstruida, porque yo, Yahvé, he hablado, oráculo del Señor, Yahvé.

En la datación falta el mes, que seguramente se ha perdido en la transcripción del texto. El año

undécimo (tomando como punto de partida la subida al trono de Sedéelas en 597) coincide con el

586, año en que tuvo lugar la caída de Jerusalén, en el mes de junio-julio. El profeta echa en cara

a Tiro el haberse alegrado por la destrucción de Jerusalén, que era considerada como un obstáculo

a su comercio. Quizá esperaba, con la desaparición del reino de Judá, tener camino más libre

para sus negocios con otras naciones, como Egipto y Arabia; en este sentido se puede hablar de

Jerusalén como puerta de los pueblos (v.2). Las caravanas del desierto que subían por TransJordania

llegarían más fácilmente a los mercados de Tiro sin tener que pasar por Damasco. Así, la

devastación de Judá será fuente de riquezas para la comercial Tiro: yo me llenaré, y ella esta desierta.

Pero también al gran emporio comercial fenicio le llega su hora. Yahvé, el Dios del país

vencido, Judá, no permite que sus enemigos se rían impunemente de su pueblo: Heme aquí contra

ti (ν.3). El estilo es directo, y, como es corriente en los oráculos proféticos, se atribuye directamente

a Dios cosas que realizaron sus instrumentos, los cuales aquí son los pueblos numerosos,

es decir, el ejército abigarrado de Nabucodonosor con sus múltiples mercénanos, que caerá

sobre, el fortín de Tiro como las. olas del mar.contra sus acantilados (v.3). La devastación será

total, y la ciudad — isla de Tiro — será barrida como por un turbión del mar, de modo que quede

convertida en un desnudo escollo sin vida, un tendedero de redes (ν.6), donde los pescadores podrán

tranquilamente remendarlas y extenderlas. La frase es profundamente irónica para una ciudad

donde afluían todas las riquezas de los pueblos mediterráneos. Y no sólo le alcanzará la des2289

gracia a la isla inexpugnable de Tiro, sino a sus hijas, Tiro continental y las ciudades dependientes

comercialmente de aquélla.

El instrumento de la justicia divina será el rey de Babilonia, rey de reyes (ν.7), que viene

del septentrión7, la ruta normal de las invasiones asirías, babilónicas y persas, y aun de Alejandro

Magno. Los babilonios, para llegar a Fenicia, utilizaban la ruta caravanera que bordeaba el Eufrates,

y se volvían hacia el occidente por Palmira o, más al norte, por Alepo, según la actual ruta

del ferrocarril. Las tropas de Nabucodonosor atacarán primero a las hijas del campo (v.8), es decir,

a las ciudades dependientes de la insular Tiro, que estaban asentadas en el continente; después

organizará el asedio con baluartes, arietes. (v.8). El profeta describe el cerco de Tiro de

modo convencional, según los modos generales de la guerra; sus frases no deben tomarse al pie

de la letra cuando se trata de su cumplimiento. Tiro era una isla y no podía ser atacada con baluartes,

sino por mar, como lo hizo Alejandro después de construir un dique de 600 metros de

largo.

El ejército invasor caerá como una tromba, hollando todo lo que encuentre por delante y

echando a tierra las estelas colosales (v.11) de la ciudad, probable alusión a las dos columnas, de

oro y de vidrio de esmeralda, que estaban a la entrada principal del templo de Melkart 8. De los

magníficos palacios y de sus riquezas no quedará nada, convirtiéndose en desnuda roca apta para

tender en ella las redes (v.14). El asedio de Tiro por Nabucodonosor duró trece meses, pero el

rey de Babilonia no logró entrar, por no tener barcos para el ataque. Sólo Alejandro Magno logró

entrar en la isla después de construir el famoso dique. Por eso muchos autores creen que aquí el

profeta hablaría de la invasión del gran macedonio. Pero no debemos perder de vista el modo

artificial con que los profetas hablan del futuro, conforme a módulos literarios prefabricados. Sin

duda que el asedio del rey babilonio fue una gran prueba para la orgullosa ciudad, y en este sentido

la profecía de Ezequiel se cumplió sustancialmente 9.

Consternación ante la destrucción de Tiro (15-18).

15 Así ha hablado el Señor, Yahvé, de Tiro: Al fragor de tu caída, al gritar de tus

heridos, a las matanzas que en ti harán, temblarán las islas. 16 Todos los príncipes

del mar bajarán de sus tronos, se despojarán de sus mantos y de sus recamadas vestiduras,

se vestirán de espantos y se sentarán en tierra” TemBlarán a cada momento

y estarán consternados ante ti. 17 Cantarán una elegía y te dirán: ¿Cómo has perecido

tú, habitada por los del mar 10, la ciudad tan celebrada, tan poderosa en el mar,

ella y sus moradores, los que infundían el terror a todo el continente?11 18 Ahora estremeceránse

las islas el día de tu caída, se espantarán de tu fin las islas del mar.

Tiro era la gran metrópoli marítima del Mediterráneo. El profeta presenta a la ciudad comercial

como un imponente edificio que se viene abajo entre el estupor de sus antiguos admiradores. Las

islas son las ciudades costeras del Mediterráneo, que en gran parte eran tributarias comercialmente

de la ciudad fenicia. Muchas de ellas eran “colonias” fundadas por Tiro, y, como tales,

sentían lo que pasaba en la metrópoli. De ahí las grandes manifestaciones de duelo de los príncipes

del mar (v.16) o jefes de las ciudades tributarias del Mediterráneo: se despojarán de sus

mantos., se vestirán de espanto (v.16), sobrecogidos, ante la posibilidad de que les llegue lo

mismo que a la metrópoli, o, en todo caso, por sentirse desamparados en sus negocios por la que

era la clave del comercio. Sentados en tierra 12, cantarán una elegía a la ciudad venerada y admirada:

el gran emporio comercial se ha convertido en una ruina. La que era habitada por los del

mar (ν.17), gentes hechas al peligro y a la aventura, ha perecido como una de tantas ciudades

2290

conquistadas. La que era celebrada con sus moradores, llevados en trirremes, infundía terror a

las ciudades costeras, ha caído sin gloria. Las islas del mar (ciudades costeras en general del

Mediterráneo) sentirán un profundo estremecimiento al ver el fin desastroso de la gran metrópoli

comercial fenicia.

Aniquilamiento de Tiro (19-21).

10 Pues así dice el Señor, Yahvé: Cuando yo te torne en ciudad desierta, como las

ciudades deshabitadas; cuando haga yo subir el abismo contra ti y te cubra la inmensidad

de las aguas, 20 te haré bajar con los que cayeron en la fosa, con los pueblos

de otros tiempos, y te pondré en las profundidades de la tierra, en las eternas

soledades, junto a los que bajaron a la fosa, y no serás habitada jamás, y daré tu

gloria a la tierra de los vivientes. 21 Te reduciré a la nada 13, no serás ya más. Te

buscarán, y nunca más te hallarán, dice el Señor, Yahvé.

El profeta presenta la desaparición de Tiro como una inmersión en el abismo del mar. La gran

metrópoli, que había hecho sus riquezas y dominio en el mar, sería al fin tragada por éste (V.19);

allí, en las profundidades del océano, se encontrará con la gran fosa o seol, morada de los muertos.

La ciudad es personificada en un ser humano que después de la muerte se reúne con los que

cayeron en la fosa, los que le precedieron en la muerte. Son las eternas soledades de la región de

los muertos 14. Y la gloria de Tiro la heredarán otros vivientes (v.20). Tiro desaparecerá para

siempre, reducida a la nada como nación (v.21). La frase es naturalmente hiperbólica. Desde

luego nunca volvió a ser la gran metrópoli del Mediterráneo. En el 1291 d. C. fue destruida casi

totalmente por los sarracenos. Hoy día es un modesto puerto de pesca marítimo, sin competencia

con Beirut y Haifa. Podemos decir, pues, que la profecía de Ezequiel se cumplió sustancialmente,

aunque Nabucodonosor no la hubiera destruido a pesar del asedio de trece meses 15. Destruyó

la Tiro continental, pero la insular subsistió, si bien perdiendo la hegemonía comercial para

siempre.

1 Tiro en hebreo es Sor; asirlo: Surru; egipcio: Dar. Según Herodoto, el templo de Melkart en la Tiro insular fue fundado en 2750 (II

44). — 2 1 Re 5; 9:25. — 3 1 Re 16. — 4 Jer 27:2-11. — 5 Ez 26:3. — 6 Cf. Flavio Josefo, Ant, Jud. 10:11:1; Abel, Géog, II

4885; I 250-258, — 7. El título rey de reyes aparece en las inscripciones.asirías (shar sharran1) aplicado a Tc-glatfalasaí I (1115-

1102), y según Dan 2:3.37, era un título áulico-en la corte del rey de Ba-bilonia. Los persas lo generalizaron. — 8 Cf. Herodoto, II

44. — 9 En el libro de Isaías se describe la toma de Babilonia por Ciro también de un modo ideal: los invasores pasarán a cuchillo

a todos los habitantes. Sin embargo, sabemos que los soldados de Persia fueron muy indulgentes con los vencidos. En Is 10,285 se

anuncia el itinerario del invasor asirio por el norte de Jerusalén, cuando sabemos que las tropas de Sena- — 10 La frase del TM

parece incompleta. El texto griego lee “has desaparecido.” Así traduce la Bible de Jérusalem. — 11 El TM dice “habitantes de

ella.” Con una ligera transposición de las consonantes se puede leer “tierra seca”: el continente. — 12 Una de las manifestaciones

de duelo era “sentarse en el suelo” (Is 3:26; 47:1) y despojarse del manto. — 13 Lit. el hebreo “te convertiré en objeto terrorífico.”

La Bible de Jérusalem: “te convertirá en objeto de terror.” — 14 Cf. Sal 63:11; Lam 3:55; Dt 32:22; Job 11:8; Is 14:9-11. — 15

Así lo atestigua Flavio Josefo, C. Αρ. Ι 21.

27. Elegía Sobre La Ruina De Tiro.

Después de anunciar la destrucción y aniquilamiento de Tiro, el profeta entona una bellísima

elegía a la pasada gloria de la gran metrópoli comercial. La ciudad es presentada como una nave

majestuosa construida con los mejores materiales. Todas las riquezas de Oriente y de Occidente

iban a engrosar la secular opulencia de la ciudad fenicia. Pero esa nave majestuosa quedó un día

anegada en las olas del mar.

El capítulo se divide en tres partes: a) descripción de la nave (1-9a); b) Tiro, centro co2291

mercial del mundo (9b-25a); c) ruina de la nave (25-36).

Tiro, simbolizada en ana nave (l-9a).

1 Fuerne dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Tú, hijo de hombre, compón a Tiro

una elegía. 3 Di a Tiro: ¡Oh tú la que te asientas a la entrada del mar, la que comercias

con los pueblos de numerosas islas! Así habla el Señor, Yahvé: Tiro, tú te

decías: Yo soy (un navío) de perfecta hermosura1. 4En el corazón de los mares están

tus confines; los que te edificaron te hicieron perfectamente hermosa; 5de cipreses

de Sanir hicieron tus quillas; de cedros de Líbano tus mástiles; 6 tus remos, de encinas

de Basan; tus bancos, incrustado de marfil, traído de las islas de Kittim. 7De lino

recamado de Egipto eran tus velas para servir de enseña; de jacinto y púrpura de

las islas de Elisa tus toldos. 8 Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros, y

los más expertos entre ti, ¡oh Tiro! tus pilotos. 9 Ancianos de Guebal, con sus más

hábiles obreros, calafateaban tus junturas.

Tiro, en su posición insular, era como una inmensa nave anclada a la entrada del mar (ν.3), y,

como tal, con una vocación marinera comercial universal; las numerosas islas o puertos del Mediterráneo

son sus clientes comerciales. Es su vocación atávica y su mayor gloria. Las riquezas

de todos los pueblos han afluido en masa hacia la metrópoli fenicia. Esta se sentía orgullosa por

su opulencia material (soy una nave de perfecta hermosura). Pero esta altivez será la causa de su

ruina. Es cierto que se halla en una posición geográfica inigualable: en el corazón de los mares

están sus confines (v.4). Tiene factorías comerciales en todos los puntos principales del Mediterráneo.

Tiro, como una nave majestuosa, se abre camino hacia el mar en su posición insular. Y a

realzar esta posición privilegiada concurrieron los mejores artífices. Nada se ha ahorrado para

dotar a la magnífica nave: los cipreses de Sanir 2, los cedros del Líbano, las encinas de Basan 3 y

la mejor madera de boj trabajado en marfil se ha puesto a su disposición para su estructura exterior

(v.5). El mejor lino de Egipto, los toldos más bellos de color, de púrpura de Elisa4, sirvieron

para dar realce y magnificencia a la magnífica construcción. Y en correspondencia a la categoría

de la espléndida nave estuvo el personal que la sirvió: los remeros de Sidón y de Arvad5 y los

mejores armadores de Guebal 6. Nada se ahorró para que la obra saliera perfecta. Tiro era realmente

una reina entre los mares, y por su hermosura y su posición geográfica logró convertirse

en centro comercial del universo. El profeta va a enumerar los distintos pueblos y mercancías

que afluían a la gran ciudad fenicia. El fragmento es interesantísimo desde el punto de vista histórico

y geográfico, ya que encontramos la enumeración de los distintos productos de las diversas

regiones del mundo entonces conocido.

Tiro, centro comercial del orbe (9b-25a).

9 Todas las naves del mar, con sus navegantes, estaban dentro de ti para cambiar tus

mercancías. 10 De Paras, de Lud y de Put eran los soldados de tu ejército, tus hombres

de guerra. Suspendían en medio de ti escudos y yelmos, dándote esplendor. n

Hijos de Arvad y de Jelec guarnecían tus murallas, y los Gammadim tus torres; todos

en torno, en tus murallas colgaban sus escudos, coronando tu belleza. 12 Los de

Tarsis traficaban contigo en gran abundancia de productos de toda suerte: en plata,

hierro, estaño y plomo te pagaban tus mercancías. 13 Ja van, Túbal y Mesec comerciaban

también contigo y cambiaban tus mercaderías por esclavos y objetos de

bronce. 14 Los de la casa de Togorma pagaban sus mercancías con caballos de tiro,

2292

corceles y mulos. 15 Los hijos de Dedán traficaban contigo; el comercio de numerosas

islas estaba en tus manos, y te pagaban con colmillos de marfil y con ébano. 16

Edom 7 cambiaba contigo sus muchos productos, y te pagaba con malaquita, púrpura,

recamados, lino, coral y rubíes. 17 Contigo comerciaban Judá y la tierra de Israel,

y te daban como precio el trigo de Minnit, perfumes, miel, aceite y bálsamo. 18

Traficaba contigo Damasco, pagándote con sus muchos productos y sus bienes de

toda suerte, vino de Jelbón y lana de Sajar. 19 Los de Vedan y Yaván de Uzal te pagaban

con hierro elaborado, casia y caña aromática. 20 Dedán traficaba contigo en

sillas de cuero para monturas. 21 La Arabia y los príncipes de Cedar eran tus proveedores

y comerciaban con corderos, carneros y machos cabríos. 22 Los mercaderes

de Sebá y de Regma comerciaban contigo, cambiaban tus mercancías por los más

exquisitos aromas, piedras preciosas y oro. 23 Jarán, Canne y Edén, Asiría y Kilmad

traficaban contigo. 24 Negociaban contigo en muchas cosas, vestidos preciosos, mantos

de jacinto recamado, tapices tejidos en varios colores, fuertes y retorcidas cuerdas.

25 Las naves de Tarsis eran las caravanas que traían tus mercancías.

Esta sección está escrita en prosa y es considerada por algunos autores como adición erudita posterior.

El autor sagrado declara en principio que todos los pueblos se daban cita con sus navegantes

para llevar y cambiar las mercancías con la reina del comercio de la época. En primer término

enumera los pueblos que contribuían con sus mercenarios de guerra a crear el gran imperio fenicio:

de Paras, Lud y Put8, regiones del nordeste de África, cuyas gentes habían sido tomadas

como soldados mercenarios de los comerciantes de Tiro. También contribuían con gentes de guerra

al servicio de Tiro las gentes de Arvad y de Jelec y los Gammadim, de la costa siria 9.

Después de enumerar a los pueblos que suministraban sus guerreros a Tiro, el autor comienza

a enumerar las regiones con que traficaba y los productos que recibía a cambio de sus

múltiples mercancías. En primer lugar, la lejana Tarsis con sus tradicionales productos'metálicos

de plata, hierro y estaño 10. Dentro de la zona del Mediterráneo estaban Javan, Túbal y Mesec 11,

que proporcionaban esclavos y bronce. Los pueblos de origen indoario ofrecían sus característicos

caballos y corceles 12. En el mar Rojo estaba Deddn 13, que ofrecía el marfil recibido de la

India. Edom, al sudeste del mar Muerto, servía de intermediario para recibir los productos típicos

de la península arábiga, púrpura, recamados, coral y rubíes, productos todos provenientes de

otros comercios del mar Indico. Entre los pueblos con los que comerciaba Tiro no faltaban Juda

e Israel, que entregaban sus recursos naturales de aceite, miel y trigo de Minnit, ciudad de

Amón, en TransJordania 14, que daba nombre a una clase de trigo que después se cultivaba en

Palestina. Damasco ofrecía sus finos de Jelbón y lana de Sajar 15. Las ciudades de Arabia, como

Vedan y Yaván de Uzal, ofrecían sus característicos productos aromáticos y aun hierro 16. Deddn,

también en esta zona del desierto arábigo, ofrecía sus sillas de montar 17. Las tribus típicamente

beduinas de Cedar 18 aportaban la carne de sus rebaños esteparios. Y de nuevo las ciudades de

Arabia Sebd y Regma traían sus aromas y piedras preciosas 19. No faltaban las aportaciones de

Mesopotamia: Jarán, Carine, Edén, Asiría y Kilmad 20. Con estos nombres se cierra la prolija

enumeración de los pueblos que traficaban con Tiro. El autor sagrado ha logrado en ella dar una

profunda impresión de la opulencia de la ciudad fenicia, que ha de contrastar con la trágica suerte

que le espera.

Ruina de la majestuosa nave de Tiro (25b-36).

25 b Así llegaste a ser opulenta y muy rica en el corazón de los mares. 26 Pero en las

2293

grandes aguas, adonde te conducían tus remeros, el viento solano te precipitará al

seno del mar. 27 Tus riquezas, tus mercancías, tu tráfico, tus marineros, pilotos y calafates,

los mercaderes de tu tráfico, todos los guerreros que en ti hay, con toda la

muchedumbre que te llena, caerán en el corazón del mar el día de tu ruina. 28 Al estrépito

de los gritos de tus marineros temblarán las costas. 29 Bajarán de tus naves

cuantos manejan el remo, y todos, marineros y pilotos del mar, se quedarán en tierra.

30 Alzarán a ti sus clamores y darán amargos gritos, echarán polvo sobre sus

cabezas y se revolcarán en la tierra. 31 Se raerán por ti los cabellos en torno y se vestirán

de saco; te llorarán en la amargura de su alma con acerba aflicción; 32 te lamentarán

con elegías, y dirán de ti: ¿Quién había que fuera como Tiro, ahora silenciosa

en medio del mar? 33 Con las mercancías que tú sacabas de los mares, tú saciabas

a numerosos pueblos; con la muchedumbre de tus riquezas y de tu comercio

enriquecías a los reyes de la tierra, 34 y yaces ahora sepultada en el mar, en lo profundo

de las aguas, y contigo cayeron tu tráfico y toda la gran muchedumbre. 35

Quedáronse atónitos sobre ti i los habitantes de las islas, y los reyes de ellas están

temblando de espanto, demudado el rostro. 36 Los mercaderes de los pueblos silban

contra ti; has venido a ser objeto de espanto, ya no serás más por los siglos.

A pesar de que Tiro se creía segura en su opulencia comercial, también para ella le llegará la

hora del máximo castigo. Sus negocios han sido demasiado lucrativos, abusando de su posición

comercial excepcional. Todos los pueblos dependían en cierto modo de sus mercancías, y en este

sentido había mantenido una hegemonía tiránica sobre pueblos menos prósperos. Tiro caerá al

mar empujado por el viento solano (v.26), el ejército de Nabucodonosor, que viene del oriente en

una primera embestida, y después el de Alejandro Magno, quien, después de vencer a Darío en

Licia, cayó sobre la costa fenicia, subyugándola totalmente. La caída de Tiro en el corazón del

mar, con todos sus mercaderes y marineros, causará el estupor de sus admiradores (v.28). Los

marineros de otras naves, consternados y temerosos de que les suceda lo mismo, se bajarán a tierra

y entonarán una elegía por la triste suerte de la que era reina de los mares, con las típicas demostraciones

de duelo: gritos de desesperación y de dolor, polvo sobre la cabeza 21, revolcones

en tierra, rasura de los cabellos 22 e indumentaria de saco. Todos los que recibían beneficios de la

gran metrópoli, los habitantes de las islas (v.35), las costas del Mediterráneo, sentirán el escalofrío

del miedo, pues no estarán seguros, habiendo caído la que parecía omnipotente.

Pero no faltará quien se alegre por la destrucción de Tiro. Ella se había alegrado de la

ruina de Jerusalén 23, pero ahora los mercaderes de los pueblos silbaran (ν.3ό) irónicamente contra

ella, pues ha desaparecido la gran competidora comercial, la monopolista de las riquezas de

la tierra: la magnífica entre todas las ciudades se ha convertido en objeto de espanto para todos

los pueblos, porque han visto a donde ha llegado tanta gloria pasada: ya no seras más por los siglos,

es el terrible veredicto del que dirige los hilos secretos de la historia, del omnipotente Yahvé

de Judá.

1 Por razones métricas parece que debe suponerse perdida la palabra hebrea equivalente a nave, que caería por haplografía. — 2 Sanir

es el Antilíbano, o cordillera que desciende paralela al Líbano. Es el Saniru de los textos asirios; el Syrion de los fenicios. Cf. Dt

3:9; véase Abel, Géog. I 347. — 3 Basan, en el norte de TransJordania, a los pies del Hermón, famosa por sus bosques y pastizales

(Dt 2:13; Jos 12:2). — 4 Elisa: para unos es el Peloponeso o Sicilia. Otros más bien la identifican con la Alasia de las cartas

del Tell-Amarna, y entonces sería Chipre (Gen 10:4). — 5 Arvad es la Arwada de Tell-Amarna, la actual Ruad, entre Trípoli (Líbano)

y Lataquia (Siria). En asirio: Armada o Amada (Gen 10:18). — 6 Guebal, la actual Gebeil (la Byblos griega), al norte de

Beyrut. — 7 En el TM se dice Aram (Siria), pero como en el v.18 se habla de los productos de Damasco, lo mejor es suponer con

algunos manuscritos que en el texto primitivo estaba la pa-palabra Edom, que en hebreo tiene una grafía extremadamente parecida

a Aram. — 8 Estos tres pueblos hay que colocarlos juntos, porque así suelen aparecer en varios textos bíblicos (Jer 46:9; Ez 30:5;

38,5; Is 66:19); parecen estar enclavados en el África oriental. Algunas veces aparecen citados junto a Kush (Etiopía). Paras pu2294

dieran ser los Perossi de Plinio (5:1.8; 6:35) y Pharussi de Estrabón (II 131; Plin., 5:1.10). Lud (Gen 10,22) son los Luddu de los

textos cuneiformes, los lidios. Put sería el actual Sudán. — 9 Arvad: cf. v.8. Jelec, seguramente Cilicia. Los Gammadim serían los

Kamadu de los textos egipcios y los Kumidi de las cartas de Tell-Amarna, es decir, el actual Kamid-al-Loz, junto al Hermón. —

10 Tarsis es la Tartessos de los griegos, en Huelva, famosa por sus minas de plata, plomo, etc. Sus naves eran famosas por su mayor

tonelaje. Cf. Polibio (3:24:2); S. De Ausejo, El problema de Tartessos: “Sefarad,” 2 (1942) 171-191; cf. Is 23; Jer 10,9; 1 Sam

10,22; Gen 10:4. — 11 Javán son los jonios o griegos: Gen 10,2; Is 66:19. Túbal es el asirio Tabal, los tibare-nos, al sudeste del

mar Negro (Gen 10:3; Ez 32:26; 38:23). Mesec es el asirio Mushku, en Armenia. Junto a Tiflis se conserva el nombre Mzjet. — 12

Togorma (Gen 10:3), también en esta región de Armenia, famosa por sus caballos (HEROD., I 194; ESTRABÓN, 11:14:9). Algunos

lo identifican con el asirio Tilgarimmu, en Capadocia. — 13 Dedán, junto al mar Rojo, en Arabia, o al sur de Edom (cf. Abel, o.c.,

I 293)· — 14 Minnit aparece en Jue 11:33 como ciudad de Amón (Abel, o.c., II 388). — 15 Jelbón, el actual Jelbun (asirio: Jilbunu),

al noroeste de Damasco, famoso por su vino. Sajar, no identificada, pero que se supone está en la región de Siria. Se la ha

querido identificar con la actual Sadad, al sudeste de Homs. Cf. ABEL, I 303. — 16 Vedan, una localidad junto al mar Rojo, quizá

la llamada en egipcio Wdn. Yaván: nombre dudoso. Los LXX leen “vino.” Uzal se supone que está en esta región, pero no está

identificado. — 17 Dedán, al noroeste de Arabia (Gen 25:3). — 18 Cedar, tribu árabe muy citada en la Biblia, en el desierto siróarábigo

(Gen 25:13; Is 21:16; Jer 2:10; Sal 120:5; Cant 1:5). Plinio habla de los Cedrei (Hist. nat. 2:12); en los textos cuneiformes

se los llama Qidri. — 19 Sebá, al sur de Arabia, de donde era la famosa reina de Saba (Is 60,6; Jer 6:20; Gen 10,7), Era famosa

por su incienso y especias. Cf. Abel, o.c., I 293. Regma: Gen 10,7. Estrabón cita a los “zammanitas” (16:4.24), junto al golfo Pérsico.

— 20 Jarán, asirio Jarranu, en la Alta Mesopotamia (cf. Gen 11:31; 12:5; Is 37:12). Es la segunda patria de Abraham. Canne

(asirio: Kannu), quizá Kaiwai, junto al Tigris; leyendo Calne (asirio: kullan1) sería la actual Kullanhu o Killani, en Siria. Edén

(asirio: Bit-Adinu), en el Medio Eufrates (cf. 2 Sam 19:12; Is 37:12). Kilmad, la actual Kilwadha, junto a Bagdad. — 21 Cf. Miq

1:10; Lam 2:10. — 22 Cf. Lev 19:27. — 23 Cf. Ez 26:2.

28. Oráculos contra el rey de Tiro y contra Sidón.

Continúan los trágicos anuncios contra la gran metrópoli fenicia, ahora dirigidos contra su rey,

que se ha creído un dios en su opulencia comercial. Después de una dura invectiva contra el rey

de Tiro (1-10), el profeta entona una elegía irónica sobre el mismo (11-19). A continuación el

profeta se ocupa de la otra gran metrópoli fenicia, Sidon, cuya suerte no es mejor que la de su

rival Tiro (20-24). Por fin, el capítulo se cierra con una promesa consoladora sobre la rehabilitación

de Israel como pueblo (25-26).

Invectiva contra el rey de Tiro (1-10).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, di al príncipe de

Tiro: Así habla el Señor, Yahvé: Por cuanto se ensoberbeció tu corazón y dijiste:

“Soy un dios, habito en la morada de Dios, en el corazón de los mares,” y siendo tú

un hombre, no un dios, igualaste tu corazón al corazón de Dios, 3 y creyéndote más

sabio que Daniel; que ningún secreto se te ocultaba; 4 que con tu sabiduría y tu prudencia

creaste tu poderío y acumulaste el oro y la plata en tus tesoros, 5 y con tu

gran sabiduría y tu comercio acrecentaste tu poder y en tu potencia se ensoberbeció

tu corazón, 6 Por eso así dice el Señor, Yahvé: Pues que hiciste tu corazón igual al

corazón de Dios, 7 yo traeré contra ti a extranjeros, a los más feroces de los pueblos,

que desenvainarán la espada contra la belleza de tu sabiduría y profanarán tu esplendor.

8 Te harán bajar a la huesa, y morirás con la muerte de los que mueren en

medio de los mares. 9 ¿Dirás ya ante tu matador: Yo soy un dios? Hombre eres, no

eres dios en las manos de tu matador. 10 Morirás la muerte de los incircuncisos, a

manos de extranjeros, porque he hablado yo, dice el Señor, Yahvé.

La principal acusación lanzada contra el rey de Tiro es su arrogancia e insolencia al presentarse

como un dios porque ha logrado un grado de riqueza para su pueblo desorbitada, que él atribuye

a su sagacidad y prudencia. Aquí no se alude, como en el capítulo anterior, a su actitud de burla

por la ruina de Jerusalén. Aunque la invectiva va contra el rey, no se trata sino de una personificación

de la misma opulenta ciudad de Tiro. En tiempos de Ezequiel reinaba en Tiro Itobaal III.

2295

Aquí es símbolo de la ciudad, que se consideraba fundada por el dios Melkart, y, según la mitología

de la ciudad, Tiro había sido la morada de los dioses, y a eso parece aludir la frase habito

en la morada de Dios (v.2). Es la mayor blasfemia para los oídos de un fiel israelita.

El rey de Tiro se consideraba superior al famoso sabio Daniel o Danel 1. Por eso el castigo

divino no ha de tardar, ya que Yahvé enviará contra Tiro a los más feroces de los pueblos

(v.7), e.d., a los invencibles babilonios, famosos por su crueldad 2. Ellos se encargarán de medir

la belleza de su sabiduría, su sabiduría arrogante, apagando su ficticio esplendor. El rey de Tiro,

con su magnificencia, bajará a la huesa (v.8), o gran hoya donde están los muertos, el seol, o región

de sombras, lugar de cita para todos los que abandonan esta vida 3. El magnifícente rey sufrirá

la suerte común de los asesinados violentamente. Cuando se vea ante su matador, perderá

su pretensión antigua de considerarse como un dios. El sarcasmo del profeta no puede ser más

sangriento: el antiguo dios se halla impotente ante su asesino (V.9). La muerte del rey de Tiro

será igual a la de los incircuncisos (v.10). La expresión en boca de un israelita es equivalente al

impío4, que no reconoce los derechos divinos, y al que, por tanto, no le queda sino una muerte

prematura y violenta en castigo por sus pecados. Dios no puede permitir — en la mentalidad

antigua hebrea — que prosperen indefinidamente los impíos, paganos e incircuncisos, porque su

justicia está sobre todo.

Elegía irónica dedicada al rey de Tiro (11-19).

11 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 12 Hijo de hombre, canta una elegía

al príncipe de Tiro y dile: Así habla el Señor, Yahvé: Eras el sello de la perfección,

lleno de sabiduría y acabado en belleza. 13 Habitabas en el Edén, en el jardín de

Dios, vestido de todas las preciosidades:” el rubí, el topacio, el diamente, el crisólito,

el ónice, el berilo, el zafiro, el carbunclo, la esmeralda y el oro te cubrían; llenaste

tus tesoros y tus almacenes. El día en que fuiste creado, 14te pusiste junto al querube,

colocado en el monte santo de Dios, y andabas en medio de piedras de fuego 5. 15

Fuiste perfecto en tus caminos desde que fuiste creado hasta el día en que fue hallada

en ti la iniquidad. 16 Por la muchedumbre de tus contrataciones se llenaron tus

estancias de rapiñas, y pecaste, y te arrojé del monte santo y te eché de en medio de

las piedras de fuego, ¡oh querube protector! 17 Ensoberciese tu corazón de tu hermosura

y se corrompió tu sabiduría por tu esplendor; por tierra te he derribado, ante

los reyes te he colocado, y te entregué en espectáculo a los reyes 18 por la muchedumbre

de tus iniquidades; en la injusticia de tu comercio, profanaste tus santuarios,

y yo haré salir de en medio de tí un fuego devorador y te reduciré a cenizas sobre

la tierra a los ojos de cuantos te miran. 19 Todos cuantos de entre los pueblos te

conocían se asombrarán de ti. Serás el espanto de todos y dejarás de existir para

siempre.

La elegía, como otras de Ezequiel, tiene un carácter irónico: el rey de Tiro (personificación de la

ciudad) se consideraba corno el dechado de perfección: eras el sello de la perfección, lleno de

sabiduría y acabado en belleza (v.12). Por sus riquezas podía considerarse habitando en el Edén,

en el jardín de Dios (v.15). En el v.2 decía de sí mismo que habitaba en una morada de Dios.

Sus palacios y vestidos estaban hechos con toda clase de piedras preciosas6. Ya desde el día en

que fue creado estuvo en el monte santo de Dios. Según la mitología fenicia, los dioses tuvieron

su morada en la isla de Tiro. El profeta juega en su descripción irónica con elementos mitológicos

paganos y con datos bíblicos. Así, presenta al rey de Tiro en el jardín de Dios, Edén. Y des2296

pués lo presenta, según la mitología tiria, habitando en el monte de Dios el día que fue creado.

La mención del Edén le trae a la memoria el querube que guardaba el jardín de Dios7, y

así, por asociación de ideas, nos presenta al rey de Tiro junto al querube (v.14), en el monte santo

de Dios. Y allí caminaba en medio de piedras de fuego (v.14). El fuego en el A.T. es símbolo

de la santidad divina, en cuanto que es un aislante de todo lo profano, que a su contacto queda

consumido. En la visión inaugural, Ezequiel ve a Dios en un carro rodeado de fuego por todas

partes 8. Yahvé se apareció a Moisés en una zarza ardiendo 9. En el Apocalipsis de Henoc 10, éste,

en su viaje por el cielo, ve “una construcción de cristal, y dentro piedras de lenguas de fuego.”

Ezequiel, pues, idealiza la supuesta morada primitiva del rey de Tiro en la asamblea de los dioses.

Al principio el rey se portó con modestia; mientras Tiro se fue formando como ciudad,

nada había reprochable: fuiste perfecto en tus caminos desde que fuiste creado. (v.15); pero con

la afluencia de riquezas de todas partes se corrompió y fue hallada la iniquidad. Por sus rapiñas,

Yahvé le va a castigar, y le arrojará del monte santo (v.16), es decir, de la ciudad de Tiro, en otro

tiempo morada de los dioses Bel y Melkart. El rey de Tiro ha sido desposeído de sus palacios, de

su Edén, de sus riquezas, y arrojado fuera. La frase ¡oh querube protector! es terriblemente irónica.

El rey de Tiro había sido asociado al querube en su vida en el Edén; por tanto, asimilado en

cierto modo a aquél; pero ahora es arrojado fuera. Por la soberbia de su corazón ha sido derribado

de su poder, y se ha convertido en espectáculo de los reyes (ν.17). La injusticia en sus transacciones

comerciales ha hecho que fueran profanados sus santuarios (v.18), poniendo las riquezas

de todos los pueblos mal adquiridas al servicio de sus divinidades. Pero esa injusticia será la

causa de su ruina: haré salir de ti un fuego devorador, que reduzca todo a cenizas. Se convertirá

así en objeto de espanto para todos los pueblos que antes admiraban a la gran ciudad fenicia.

La descripción ha sido desbordante y con colores apocalípticos. El profeta, después de

haber presentado a Tiro como una majestuosa y rica nave que se va a los abismos, presenta al rey

de Tiro en una condición privilegiada de origen, pero que por su soberbia ha sido castigado a

perder su estado de privilegio 11.

Oráculo contra Sidón (20-24).

20 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 21 Hijo de hombre, vuélvete de cara

a Sidón y profetiza contra ella. 22 Di: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra

ti, Sidón. Yo seré glorificado en medio de ti, y sabrán que yo soy Yahvé 1 cuando la

juzgue y yo me santifique en ella. 23 Mandaré contra ella la peste y sangre en sus calles,

y yacerán heridos de muerte en medio de ella por la espada, que les rodeará por

doquier, y sabrán que yo soy Yahvé. 24 Y no será ya para la casa de Israel un aguijón

punzante, un espino desgarrador en medio de cuantos la rodean y la aborrecen,

y sabrán que yo soy Yahvé.

Sidón fue la gran rival comercial de Tiro 12; estuvo largo tiempo subordinada a Tiro, pero después

del asedio de ésta logró crecer en su importancia comercial. El vaticinio de Ezequiel no tiene

nada de particular, pues sólo se anuncia en general que será destruida 13. Quizá haya sido insertado

este oráculo para completar el número septenario de los enemigos de Judá e Israel. Dios

va a castigar a Sidón, sin especificar su culpabilidad, como en los otros oráculos. Y esa manifestación

de la justicia divina redundará en honor de Dios: Seré glorificado en medio de ti

(v.22). Al castigar a los pueblos paganos, Yahvé se glorifica, en cuanto muestra su omnipotencia

y su justicia. En el castigo que envía reconocen todos los pueblos al Yahvé omnipotente e intran2297

sigente con la maldad. Al juzgar punitivamente a un pueblo, Yahvé se santifica, es decir, muestra

su carácter de santo e intransigente (v.22). Por otra parte, castigando a Sidón, ya no será una

constante amenaza contra los israelitas: No será ya para la casa de Israel un aguijón punzante,

un espino desgarrador (v.24). No sabemos que Sidón haya tenido especiales rivalidades con Israel.

El profeta aquí piensa en todos los enemigos que rodeaban al pueblo elegido. La frase está

calcada en Núm 33:55 y vale para todas las circunstancias históricas de peligro.

Rehabilitación de Israel (25-26).

25 Así dice el Señor, Yahvé: Cuando reúna yo a la casa de Israel de en medio de todos

los pueblos en que se dispersó, yo me glorificaré ante las gentes, y habitarán en

la tierra que di a mi siervo Jacob; 26 habitarán en ella seguros, y construirán en ella

casas y plantarán viñas; habitarán en seguridad cuando haga yo justicia en todos

aquellos que en torno a ella le aborrecen, y sabrán que yo, Yahvé, soy su Dios.

Después de anunciar el exterminio de todos los pueblos enemigos de Israel, el profeta entrevé

una época de restauración nacional. Yahvé reunirá los dispersos y se glorificará ante las gentes

(ν.2ζ) al manifestar su omnipotencia absoluta sobre los pueblos y, sobre todo, al reunir de modo

milagroso a su pueblo languideciente en la diáspora. Aunque antes anunció el castigo de Israel,

sin embargo, deja la ventana abierta a la esperanza, mientras que para las naciones enemigas paganas

no queda sino la desaparición total y el exterminio. De nuevo los exilados volverán a su

tierra para restaurar el hogar común de todos.

Yahvé habla con ternura de su siervo Jacob. En realidad, las promesas antiguas son la razón

de la futura liberación 14. Una vez integrados a la patria, trabajarán por edificarla de nuevo

(construirán casas.,, plantarán viñas, v.26), iniciando un período de seguridad, pues Yahvé

habrá despejado el peligro, castigando a las naciones enemigas circunvecinas. Naturalmente, en

todas estas frases hay mucho de convencional. Los profetas idealizan las situaciones. En realidad,

sabemos que la seguridad de los repatriados fue muy relativa después del decreto de Ciro;

pero, con todo, lograron crear de nuevo un hogar nacional15.

1 Sobre la identificación de este legendario sabio Daniel o Danel y el de los documentos de Ras Shamra véase el comentario a 14:14

de Ezequiel. — 2 Sobre este calificativo aplicado a los babilonios cf. Ez 7:21; 30:11. — 3 Cf. Is 51:14; Job 33:22.24.28. — 4 Sobre

la palabra incircuncisos cf. Ez 31:18; 32:19; 21:24-26. — 5 Este verso y el siguiente están muy oscuros en el original hebreo.

Hemos seguido la versión de los LXX. Bible de Jérusalem: “el oro de que están hechos tus tambores y tus flauta fueron preparados

el día de la creación. Con un querubín protector yo te había colocado; tú estabas sobre el monte santo de Dios, caminabas en

medio de carbones encendidos.” — 6 La enumeración de las piedras preciosas está conforme a la descripción del pectoral de Aarón

(Ex 28:1755; 39,ioss). — 7 Cf. Gen 21:5. — 8 Cf. Ez c.1. — 9 Ex 3:23. — 10 Henoc 71:53. — 11 En algunos manuales de

teología se cita este texto para probar el pecado de los ángeles. Nada en el contexto avala esta opinión, pues el autor trata únicamente

del encumbramiento de Tiro como ciudad soberana y de su caída estrepitosa. — 12 Sidón es la actual Salda, al norte de Tiro.

En Gen 10:15 se llama a Sidón primogénito de Ganaán. En la literatura cuneiforme se la llama Sidunu, y en egipcio Siduna.

Cf. Abel, Géog. I 12; II 255-58. En la época de dominación persa, Sidón es la principal ciudad persa (Herodoto, VII 99.98; VIII

67). Fue destruida por Artajerjes III (348). — 13 Algunos autores suponen que es adición posterior redaccional, en una época en

que Sidón tenía cierta preeminencia en Fenicia. — 14 La expresión mi siervo Jacob aparece, sobre todo, en la segunda parte de

Isaías. La reunión de los dispersos de Israel aparece reiteradamente en Ezequiel (11:17; 20:34; 20:36-38). — 15 Sobre estos dos

capítulos relativos a Tiro pueden verse los trabajos siguientes: P. Che-Minant, Les prophéties d'Ez. centre Tyr (26-28:19) (París

1912) 1-129; P. Dhorme, Amarna: DBS I (1928) 211s; F. M. Abel, Arad: DBS I 597; Spadafora, o.c., p.209-223.

29. El Orgullo de Egipto.

En este capítulo se inauguran una serie de oráculos (siete en total) contra Egipto. El gran pecado

de Egipto para el profeta es haber instigado a Judá a levantarse contra Babilonia, comprome2298

tiendo así su vida nacional. El c.29 puede dividirse en las siguientes secciones: a) oráculo contra

el faraón (1-6a); b) anuncio de la devastación de Egipto (6b-12); c) promesa de restauración de

Egipto (13-16); d) promesa a Nabucodonosor de que le será entregado Egipto (17-21).

Oráculo contra el faraón (1-12).

1 El año décimo, el décimo mes, a doce del mes, fue me dirigida la palabra de Yahvé,

diciendo: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el faraón, rey de Egipto, y profetiza

contra él y contra Egipto entero; 3 habla y di: Así dice el Señor, Yahvé: Heme

aquí contra ti, ¡oh faraón! rey de Egipto. Cocodrilo gigantesco echado en medio de

tus ríos, te dijiste: Míos son los ríos, yo mismo los he excavado. 4 Yo pondré un aro

en tus quijadas, y pegaré los peces de tus ríos a tus escamas, y te sacaré de en medio

de tus ríos con los peces de tus ríos adheridos a tus escamas, 5 y te arrojaré al desierto

a ti y a todos los peces de tus ríos, y caerás en la superficie del campo; no serás recogido

ni sepultado, y te daré en pasto a las fieras de la tierra y a las aves del cielo. 6

Y todos los habitantes de Egipto sabrán que yo soy Yahvé, por haber sido báculo de

caña para la casa de Israel, 7 que te quebraste cuando te tomaron con la mano, traspasando

su costado. Y cuando en ti se apoyaron te quebraste, deslomándolos enteramente.

8 Por eso así dice el Señor, Yahvé: Yo haré venir la espada sobre ti y exterminaré

hombres y bestias, 9 y la tierra de Egipto se tornará soledad y desierto, y

sabrán que yo soy Yahvé. Por haber dicho: Míos son los ríos, yo los he excavado, 10

por eso heme aquí contra ti y contra tus ríos, y yo haré de Egipto desierto y soledad

desde Migdol hasta Siene, hasta las fronteras de Etiopía. 11 No pasará por él pie de

hombre, ni pie de animal pasará por allí, y quedará por cuarenta años deshabitado.

12 Yo haré de Egipto tierra desierta entre las desiertas, y serán sus ciudades entre las

ciudades desiertas durante cuarenta años, y diseminaré a los egipcios entre las naciones

y los dispersaré por las tierras.

La datación de este oráculo — tomando como punto de partida la deportación de Jeconías en 598

— nos lleva al año 587 (diciembre-enero). En esa época, las tropas de Nabucodonosor llevan ya

asediando a Jerusalén durante un año largo. Sabemos por Jeremías que, durante este tiempo, las

esperanzas de los habitantes de Jerusalén estaban puestas en el auxilio prometido de Egipto. Decepcionados

en esta esperanza 2, los judíos creen que todo está perdido. En efecto, derrotado el

faraón por Nabucodonosor, vuelve éste a reanudar el cerco de Jerusalén.

Los israelitas exilados en Mesopotamia tenían también las esperanzas puestas en Egipto.

Por eso Ezequiel, que ha anunciado reiteradamente la suerte trágica que espera a Jerusalén, lanza

ahora un oráculo amenazador contra Egipto por dar falsas esperanzas de liberación a los judíos

de Jerusalén. Se encara con el faraón 3 y le llama despectivamente cocodrilo gigantesco. El cocodrilo

aparece en las monedas de Egipto de la época de Augusto como símbolo de Egipto. La

imagen buscada de cocodrilo por Ezequiel está en relación con el Nilo, la única riqueza de Egipto.

Se representa al faraón como un cocodrilo echado en el Nilo en medio de los otros ríos o bifurcaciones-

canales del Delta. En un himno a Tutmosis III se le llama a éste “cocodrilo.”4

Ezequiel le echa en cara su orgullo al considerar el Nilo con sus canales como obra suya:

yo mismo los he excavado (v.3). En realidad, sabemos que el faraón Hofra (contra el que Ezequiel

dirige el oráculo por ser su contemporáneo e instigador de la resistencia de Judá contra Babilonia)

construyó nuevos canales en el Nilo y facilitó la navegación por éste. Herodoto nos dice

de este faraón que se consideraba tan fuerte, que ni aun los mismos dioses podían derribarle 5.

2299

Ezequiel, despectivamente, dice que Dios le va a tratar como a un cocodrilo y sacar fuera de su

río, sujetándole con anillos, como se cazaba al cocodrilo 6. Y con él, adheridos a sus escamas,

saldrán sus peces, los habitantes de Egipto (v.4), o los soldados de su ejército. Yahvé los hará

perecer a todos en el campo sin sepultura, expuestos sus cadáveres a las fieras de la tierra y a las

aves del cielo (v.5). Era el castigo más temido de los antiguos, ya que, aparte del deshonor que

esto suponía, el alma o substrato humano, que supervivía, no encontraba reposo fuera de la tumba7.

Para un faraón, el quedar sin honores fúnebres era mayor castigo, pues, según la mentalidad

egipcia, el cuerpo era el sustentáculo del alma, y por ello se debía procurar la no descomposición

de aquél.

La razón del castigo, aparte del orgullo, está en haber dado falsas promesas de auxilio a

Judá. Se ha ofrecido como un báculo de ayuda y ha resultado un báculo de caña frágil, que se

quebró y se clavó en las manos de los que en él se apoyaron (v.7). Yahvé enviará la espada contra

Egipto, que sembrará la devastación y la ruina. Todo se convertirá en soledad y desierto

desde Migdol (frontera nororiental, junto al actual canal de Suez) hasta Siene, la actual Asuan, en

la frontera sur con Etiopia, Sudán y Nubia 8. Durante una amplia generación no habrá señales

de vida en todo el país: no pasara por él el pie de hombre, ni pie de animal.,, (v.11). La expresión

es, naturalmente, hiperbólica para encarecer la gran devastación y soledad en que se hallará

el país. Tampoco la cifra de cuarenta años se ha de tomar al pie de la letra, sino como un largo

lapso de tiempo 9. Egipto sufrirá la misma suerte que Judá: será disperso entre las naciones

(v.12). Nabucodonosor entró en Egipto en 568 a.C., y esto señaló un período de decadencia para

la región del Nilo. Sustancialmente, pues, la profecía se cumplió.

Promesa de rehabilitación para Egipto (13-16).

13 Así dice el Señor, Yahvé: Al cabo de cuarenta años reuniré a Egipto entre los

pueblos a que le había dispersado, 14 y mudaré la suerte de Egipto, y le llevaré a la

tierra de Patros, a la tierra de sus orígenes, y allí formará un modesto reino; 15 será

el más humilde de los reinos y no volverá a lanzarse sobre las naciones. Le disminuiré

para que no pueda enseñorearse de las gentes. 16 No será ya este reino para Israel

apoyo de confianza, sugestión de iniquidad, a la cual se vuelva, y sabrán que yo soy

Yahvé.

Después de haber anunciado la devastación y la ruina, se promete a Egipto un período de rehabilitación,

si bien no en las proporciones del antiguo imperio dominador, sino en plan modesto, de

forma que no vuelva a tener pretensiones de dominio sobre otros pueblos. Esta promesa de

restauración no puede compararse con el grandioso horizonte que se ofrece a Israel 10. Para que

no vuelvan a inquietar a Israel, Yahvé los llevará a Patros, en el Alto Egipto, con Tebas por capital

n. Los egipcios se consideraban originarios de esta región 12, y a ella han de volver según la

descripción convencional de Ezequiel. Para encarecer que Egipto no volverá a constituir peligro

para Israel, coloca al nuevo reino lejos de las fronteras de éste. De hecho sabemos que en Egipto

hubo siempre una lucha entre Tebas y Menfis por la hegemonía. El triunfo de aquélla suponía un

descenso de la vida política y comercial en el Delta.

Dios entrega Egipto a Nabucodonosor (17-21).

17 El año veintisiete, el primer mes, en el primer día del mes, me fue dirigida la palabra

de Yahvé, diciendo: 18 Hijo de hombre, el rey Nabucodonosor, rey de Babilonia,

ha hecho prestar a su ejército un largo servicio contra Tiro. Encalveciéronse todas

2300

las cabezas, todos los hombres quedaron molidos, y no hubo ni para él ni para su

ejército paga de Tiro por el servicio prestado contra ella. 19 Por tanto, así dice el Señor,

Yahvé: Doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; él tomará

sus riquezas y tomará sus despojos. Pillará su botín, y ésta será la paga para su ejército.

20 En pago del servicio prestado contra Tiro, yo le doy Egipto, porque fue para

mí para quien trabajaron, dice el Señor, Yahvé. 2l En ese día yo haré nacer un cuerno

a la casa de Israel. Y abriré en medio de ellos tu boca, y sabrán que yo soy Yahvé.

Este oráculo es interesantísimo, porque en él se presenta al rey de Babilonia como bienhechor,

como instrumento de la justicia divina contra Tiro. La datación del mismo nos lleva a marzo -

abril del 571 a.C. (v.1). Es probablemente el último oráculo del profeta. Nabucodonosor, después

de trece años de asedio (comenzado en 587), abandona el intento de tomar la isla de Tiro en 573

a.C. Ha sido un trabajo ímprobo, en el que encalveciéronse todas las cabezas, todos los hombres

quedaron molidos, y no hubo para él ni para su ejército paga de Tiro (v.18). Los soldados babilonios

no recibieron la compensación a sus trabajos ocupando la ciudad y su botín. Sin embargo,

hay autores que dicen que Nabucodonosor tomó realmente la ciudad 13. En ese caso, quizá el largo

asedio había acabado con todo lo que pudiera constituir botín para las tropas de Nabucodonosor.

Es muy verosímil que los asediados, desesperados, hayan arrojado al mar todo su ajuar antes

de dejarlo caer en manos del ejército invasor. En todo caso, el profeta constata aquí que los soldados

de Nabucodonosor no recibieron un pago proporcionado a sus trabajos.

En compensación, Yahvé va a entregarles el gran país de Egipto (V.19). Es la gran presa

anhelada. Hasta fines del siglo pasado no teníamos noticias de una expedición de Nabucodonosor

contra Egipto. En 1878 se publicaba un fragmento de una inscripción babilónica en la que se

hablaba de una expedición de Nabucodonosor a Egipto en el año 37 de su reinado, es decir, en el

568 a.C. No están concordes los orientalistas sobre la extensión de esta expedición, pues mientras

unos dicen que Nabucodonosor llegó hasta Asuán, otros creen que sólo ocupó el Delta 14. La

profecía, pues, de Ezequiel, análoga a la de Jer 43:8-13, se cumplió sustancialmente. Es interesante

la afirmación puesta en boca de Dios de que Nabucodonosor trabajó para El (v.20), y

por eso, en recompensa, le entrega la tierra de Egipto. Es la afirmación constante en los profetas

de que Dios es el Señor de la historia de todos los pueblos y de que aun los grandes potentados

paganos, como Nabucodonosor, son meros instrumentos de su justicia.

A continuación el profeta anuncia una época de resurgimiento para Israel: En ese día.; la

expresión puede referirse simplemente al día del cumplimiento de la profecía anterior sobre la

caída de Egipto; quizá mejor será la consabida fórmula para insertar un vaticinio mesiánico. En

este caso, la expresión en ese día se referiría a la inauguración de la era mesiánica, en que Yahvé

daría un cuerno a Israel, es decir, le haría resurgir con un poder especial. El cuerno en la literatura

bíblica del A.T. simboliza la fuerza y el poder 15.

Se ha querido relacionar este texto de Ezequiel con el del salmo 132:17: “Aquí haré crecer

altamente el cuerno de David, y prepararé la lámpara a mi ungido,” dando un sentido personal

a la palabra cuerno, como alusión a un personaje futuro, que pudiera ser Zorobabel16 o el

mismo Mesías. En este caso, el texto sería paralelo al germen justo de Jer 23:5, o rey futuro que

habría de instaurar un reinado de justicia 17, el Mesías.

El oráculo de Ezequiel se termina anunciando que Yahvé abrirá su boca ante los exilados,

de modo que se pueda confirmar después del cumplimiento de los hechos la veracidad de sus antiguos

vaticinios. El profeta entonces podrá con particular autoridad predicar a los exilados,

puesto que todas sus profecías se han cumplido literalmente. Con ello desaparecerá la distancia

que existía entre él y ellos y podrán dialogar en orden a las esperanzas futuras. La misión de

2301

Ezequiel en el destierro era precisamente mantener la conciencia religiosa de los desterrados como

pueblo elegido, a pesar de la catástrofe de Jerusalén. De ellos habría de surgir el futuro núcleo

de restauración nacional.

1 Esta última frase, con los peces. a tus escamas, falta en los LXX, y parece una repetición innecesaria. — 2 Jer 27:1-10; 30:32-34.37-

39. — 3 Faraón es la traducción del hebreo par'oh, que a su vez es una adulteración del egipcio Par-O (“gran casa,” título del rey

de Egipto, como el de “sublime puerta” lo era para el sultán turco). — 4 “Yo hago considerar tu majestad como un cocodrilo, el

terrible dueño de las aguas, al que no se puede acercar” (J. H. Breasted-Ranke, Geschichte Aegiptiens 1910 267. Citado por

Spadafora, o.c., p.225). — 5 Herodoto, II 169. — 6 Cf. Job 41:2; Herodoto, II 70. — 7 Cf. Dt 28:26; Jer 8:2; 16:4; 19,7; 34:20.

Véase M. J. LAGRANGE, Eludes sur les religions sémitiques (París 1905) 325-335. — 8 Migdol es^el Magdali de las cartas de Tell-

Amarna, hoy Tell-el-Cher. Cf. Mallon, Les hébreux en Égypte 1675. Siene es el egipcio Swn, copto Suan, y en árabe actual Asuán,

en la orilla oriental del Nilo, frente a Elefantina, en la frontera entre Egipto y Sudán. Sobre la imagen de la “caña” que se quiebra

aplicada a Egipto cf. 2 Re 18:21; Is 36:6. — 9 Algunos quieren computar estos años a partir del 568, en que Nabucodonosor entró

en Egipto, hasta el 538, decreto de Ciro. Pero no es necesario acudir a la aritmética. Aquí tenemos más bien una cifra simbólica.

— 10 Cf. 16:53-63; 17:22, etc. — 1l Patros es la transcripción del egipcio P-to-res, que significa sur, y es el Alto Egipto, con Tebas

por capital, en contraposición a Misrayim (todo Egipto) y Kush (Etiopía). En los textos cuneiformes se llama a Asaradón “rey

de Μι/sur, Paturisi y Ktwsí.” Cf. Spadafora, o.c., p.22? — 12 Así lo afirma Herodoto, II 4.15. — 13 Así lo sostienen Albrigh: JBL

(1932) p.9S; P. Cheminant, Les proph. d'Ez. Contre Tyr ni n.3. — 14 Sobre esta expedición cf. Keilinschriftliche Bibliothek III 2

p.140. Véase el artículo de PLESSIS, Babylone et la Bible: DB I (1928) 797. — 15 Cf. Jer 48:25; Sal 75:11; Lam 2:3. — 16 Zac

6:12. — 17 Jer. 33:5

30. Nuevos oráculos contra Egipto.

En este capítulo se anuncia con profusión de detalles la ruina de Egipto. Tiene dos partes: a)

anuncio de devastación del país (1-19); b) oráculo contra el faraón (20-26). Por las repeticiones y

frases convencionales de los fragmentos, algunos autores creen que es una adición posterior que

detalla la ruina de Egipto anunciada por Ezequiel en el capítulo anterior.

Anuncio de la destrucción de Egipto (1-9).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, profetiza y di:

Así habla el Señor, Yahvé: Vocifera: ¡Desdichado día! 3 porque se acerca el día de

Yahvé, día tenebroso; llega la hora de las gentes. 4 Vendrá la espada sobre Egipto, y

la angustia sobre Etiopía, cuando caigan los muertos de Egipto y sean apresadas sus

riquezas l y destruidos sus cimientos. 5 Los de Etiopía, los de Put, de Lud, toda suerte

de pueblos, las gentes de Cub y los hijos de los países aliados caerán con ellos a la

espada. 6 Así dice Yahvé: Caerán los apoyos de Egipto, se desvanecerá la altivez de

su poderío. Desde Migdol hasta Siene caerán a la espada, dice el Señor, Yahvé. 7

Quedará desolado entre las tierras desoladas, y sus ciudades entre las ciudades en

ruina. 8 Se sabrá entonces que yo soy Yahvé, cuando pegue fuego a Egipto y quebrante

todos sus apoyos. 9 Aquel día partirán mensajeros en navios de mi parte, que

irán a esparcir el terror en la confiada Etiopía, y serán presa de la angustia cuando

venga a Egipto su día. l0 Así dice el Señor, Yahvé: Haré cesar el tumultuar de Egipto

por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia. A1 El y sus gentes, los más violentos

entre los pueblos, serán llevados a devastar la tierra, y desenvainarán su espada contra

Egipto, y llenarán de muertos su tierra, 12 y secaré sus ríos, venderé esa tierra a

gentes feroces y devastaré su tierra y cuanto en ella hay por mano de extranjeros;

yo, Yahvé, lo digo. 13 Así dice el Señor, Yahvé: Haré desaparecer los falsos dioses de

Menfis, y no se alzará ya príncipe alguno en la tierra de Egipto. 14 Echaré el terror

sobre la tierra de Egipto, devastaré a Patros, pegaré fuego a Tanis, haré justicia en

Tebas, 15 derramaré mi ira sobre Sin, el baluarte de Egipto, y exterminaré a la mu2302

chedumbre de Tebas. l6 Pondré fuego a Egipto, Sin se dolerá sobremanera, se abrirá

brecha en Tebas, y Menfis será presa de enemigos diurnos. 17 Las juventudes de

Heliópolis y de Bubastis caerán a la espada, y sus mujeres irán al cautiverio. 18 En

Tafnes se oscurecerá el día, cuando destroce los cetros de Egipto y aniquile el orgullo

de su fuerza. Quedará envuelto en tinieblas, y sus hijas serán llevadas cautivas. 19

Haré justicia en Egipto, y sabrá que yo soy Yahvé.

Con acento siniestro, el profeta anuncia que ha llegado el día de Yahvé, el de su manifestación

airada 2; es la hora de las gentes, es decir, la hora de pedir cuentas a las naciones paganas (v.3).

Un ejército destructor va a caer sobre Egipto y Etiopía. Caerán también los pueblos especialmente

vinculados a la suerte de Egipto, como Put (Sudán o Somalia), Lud (Lidia?) 3 y Cub, pueblo

desconocido (quizá transcripción defectuosa por Lub: Libia ?). Todo caerá, desde el norte (Migdol)

hasta el sur (Siene: Asuán), en poder del enemigo 4. Muchos egipcios huirán hacia Etiopía,

llevando la noticia del desastre (v.8). La confiada Etiopía, asegurada por Egipto, vivía despreocupada

de toda invasión por parte del coloso mesopotámico; pero ahora será presa de angustia

ante la inminencia de una invasión proveniente del mismo Egipto derrotado. Nabucodonosor, de

hecho, se apoderará de toda la riqueza de Egipto (v.10), que se le ha dado como salario 5. Serán

devastados los principales centros de idolatría: Menfis, capital del Bajo Egipto (v.15), cerca de El

Cairo actual, residencia de las primeras dinastías egipcias; Patros, Tanis y Tebas 6, capital del

Alto Egipto, serán también arrasadas hasta los cimientos, y la ciudad que constituía la clave de

entrada al país, Sin (v.16), sentirá el paso del invasor7, doliéndose de su impotencia para resistirle.

Las juventudes de Heliópolis y Bubastis 8 caerán a la espada. Sobre Tafnes 9, el ejército invasor

caerá como una nube, que oscurecerá todo, y se romperán los cetros de Egipto (v.18), probable

alusión a los cetros del Alto y Bajo Egipto o a los numerosos cetros de los reyezuelos de los

“nomos” del país del Nilo.

Nuevo oráculo contra el faraón de Egipto (20-26).

20 El año undécimo, el primer mes, el día siete del mes, me fue dirigida la palabra de

Yahvé, diciendo: 21 Hijo de hombre, yo he roto el brazo del faraón, rey de Egipto, y

no le ha sido vendado, ni fajado, ni entablillado para soldar la rotura y que pueda

manejar la espada. 22 Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra el faraón,

rey de Egipto. Yo le romperé los dos brazos, el sano y el quebrado, y haré que

la espada se le caiga de la mano, 23 y diseminaré a los egipcios entre las gentes y los

aventaré por las tierras, 24 y fortaleceré los brazos del rey de Babilonia y pondré mi

espada en su mano, pero quebraré los brazos del faraón, que delante de aquél gemirá

con gemidos de muerte. 25 Fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, y se caerán

los brazos del faraón, y sabrán que yo soy Yahvé, cuando ponga mi espada en mano

del rey de Babilonia y la esgrima él contra la tierra de Egipto. 26 Esparciré a los

egipcios entre las gentes y los aventaré por las tierras, y sabrán que yo soy Yahvé.

Este nuevo vaticinio es dirigido contra el faraón, personificación de Egipto. El faraón de entonces

era Hofra. La datación nos lleva al año 586, en el mes de marzo-abril, es decir, tres meses

después del primer vaticinio. Egipto sigue intrigando en la corte de Jerusa-lén para que resista,

prometiendo vanas ayudas. Sólo faltan dos meses para el fin trágico del asedio. Ezequiel anuncia

que es inútil esperar en el faraón Hofra, pues ha sido quebrantado. Yahvé le ha roto el brazo

(v.21), pues el faraón ha sufrido una grave derrota, de la que no ha sido repuesto. Durante el ase2303

dio de Jerusalén hubo un momento en que los babilonios aflojaron el cerco, sin duda para hacer

frente a un ejército del faraón. Este debió de sufrir una gran derrota; Jeremías dice simplemente

que volvió a Egipto 10. Ezequiel aquí concreta diciendo que fue derrotado. Pero esta derrota no

fue sino el preludio de otra mucho mayor que sufrirá de manos del rey de Babilonia:yo le romperé

los dos brazos, el sano y el quebrado. (v.22). Como consecuencia, los egipcios serán deportados

entre las naciones (v.26).

1 Esta última frase falta en los LXX. — 2 Cf. Is 13:6; Jl 1:135; Sof 1:7:14- — 3 Sobre la identificación de estos pueblos cf. coment. a

27:10. — 4 Cf. coment. a 29:10. — 5 Cf. 29:183. — 6 Patros, cf. coment. a 29:14; Tanis o Soan, es el actual San en el delta oriental

(Núm 13:22;Is 19:1; Sal 78:12, etc.). — 7 Sin es el Peíusium de los griegos, al nordeste de Egipto. — 8 Heliópolis, en egipcio

On, al norte de Menfis. Bubasíis, en egipcio Oa Bast (casa de Bast, diosa a la que le era consagrado el gato), hoy íelí Basta, al norte

de El Cairo. Cf. Herodoto, II 1378. — 9 Tafnes (escrito en hebreo, Tehafiíehes) es el actual tell Defenne, cerca de Pelusium, en

la frontera con Asia. — 10 Cf. Jer 37:5-10; 34:21s.

31. Nuevo anuncio de la ruina de Egipto.

Ezequiel quiere probar sus oráculos contra el país del Nilo acudiendo a la historia de Asiría. En

612 cayó Nínive, la capital de aquel gran imperio. En la memoria de muchos exilados debía de

estar aún el recuerdo de aquella fecha. El poderío asirio era inmenso, y sucumbió estrepitosamente

ante el empuje del nuevo imperio babilónico con Nabopolasar, padre de Nabucodonosor,

al frente. Asiría parecía omnipotente y, sin embargo, cayó y desapareció. Es lo que sucederá a

Egipto. El profeta expresa su pensamiento en una bellísima alegoría, que podemos dividir del

modo siguiente: a) descripción de Asiría como un árbol frondoso (1-9); b) su destrucción (10-

14); c) impresión por el desastre (15-18). La primera parte está en verso. Por razones internas,

algunos autores creen que las dos últimas partes son de un redactor posterior a Ezequiel.

Asiría, árbol frondoso (1-9).

1 El año undécimo, el tercer mes, el primero del mes, fueme dirigida la palabra de

Yahvé, diciendo: 2Hijo de hombre, di al faraón, rey de Egipto, y a su multitud: ¿A

quién te igualaste en tu grandeza? 3 He aquí que Asur era un cedro del Líbano de

bello ramaje, frondoso y de sublime estatura, que mecía su copa entre las nubes. 4

Las aguas le hicieron crecer, el abismo le encumbró; hizo correr ríos en torno al lugar

en que estaba plantado, y mandaba sus acequias a todos los árboles del campo. 5

Por eso se encumbró sobre todos los árboles del campo y se multiplicaron sus ramas,

y su fronda se extendió por la abundancia de aguas. 6 Anidaban en sus ramas todas

las aves del cielo, y parían bajo su copa todas las bestias del campo, y eran muchos

los pueblos que habitaban a su sombra. 7 Era hermoso por su grandeza, por la extensión

de sus ramas, por tener sus raíces metidas en abundantes aguas. 8 No le sobrepujaban

los cedros del jardín de Dios, no se le asemejaban en la fronda los cipreses,

no eran los plátanos comparables en su fronda, ningún árbol del jardín de Dios

le igualaba en hermosura. 9 Yo le había hecho hermoso y frondoso, y todos los árboles

del Edén que había en el jardín de Dios le miraban con envidia.

Este vaticinio contra Egipto fue proferido en mayo-junio del 586, dos meses antes de la destrucción

de Jerusalén. El profeta se encara con el faraón y su multitud, o pueblo de Egipto. El faraón

ha tenido los mismos sentimientos de soberbia por los que fue castigada Asiría: ¿a quién te igualaste.?

(v.2). Ante su insolencia, Ezequiel no hace sino recordar la historia de Asiría: era un ce2304

dro del Líbano (v-3). El profeta escoge la imagen apropiada según el país: a Israel la compara a

una vid 1, que abunda en Palestina; a Tiro, a una nave, por ser ciudad eminentemente marítima 2,

y a Egipto, a un cocodrilo 3, animal característico de esa región; y ahora Asiría es comparada a

un cedro del Líbano 4, que formaba parte de su vasto imperio. La majestad del cedro del Líbano

es proverbial en la Biblia. Asiría se desarrolló como un cedro inmenso, porque estaba plantado

junto a abundantes aguas: el abismo le encumbró. (v.4). Según la mentalidad semítica, la tierra

descansaba sobre las aguas del abismo 5, y de él provenían los diferentes ríos que la regaban. El

gran cedro está plantado junto al gran depósito del abismo, mientras que los otros árboles (pequeñas

naciones) son regadas por pequeñas acequias, que no pueden competir con aquél. Ningún

árbol podía hacer competencia con él, ni los cipreses, ni los plátanos, ni los cedros del jardín de

Dios (v.8). La frase es enfática para encarecer las proporciones del gran árbol, Asiría, entre las

otras naciones. A su sombra habitaban muchos pueblos (v.6). Los pequeños reinos integrados en

el gran imperio asirio se recogían a su sombra contra las incursiones de otros pequeños estados.

Nadie podía medirse con el gran coloso asirio. El majestuoso árbol había crecido sobremanera,

de forma que los árboles del Edén le miraban con envidia (v.8). La descripción no puede ser más

hiperbólica y florida. El profeta recarga las tintas para después medir la magnitud de la catástrofe.

Destrucción de Asiría (10-14).

10 Por eso, así dice el Señor, Yahvé: Ya que por ser encumbrado en altura, alzando

su cima hasta las nubes, se embriagó su corazón de la propia alteza, n le he dado yo

en las manos de un fuerte de las gentes, que le tratará según su maldad; le he desechado

por su impiedad. 12 Extranjeros, los más feroces de los pueblos, le abatieron;

cayeron sus ramas por los montes y por todos los valles, quedó destrozada su fronda

por todas las pendientes de la tierra, y, esquivando su sombra, todos los pueblos de

la tierra le abandonaron.13 Posáronse sobre sus restos todas las aves del cielo, y en

sus ramas hicieron sus yacijas todas las bestias del campo, 14 para que no se exalten

todos los árboles de junto a las aguas, y no lancen su cima hasta las nubes, y no confíen

en su altura cuantos son regados por las aguas, porque todos están destinados a

morir, a ir a la morada subterránea entre los hijos de los hombres que bajan a la fosa.

El orgullo fue la perdición del majestuoso árbol. Se creyó Asiría que lo que tenía lo había adquirido

por sus propias fuerzas, y no había pensado que su situación privilegiada junto a las aguas

era una situación transitoria en la que Yahvé le había colocado. Se había encumbrado hasta las

nubes, y ahora va a bajar hasta las profundidades de la fosa o seol, región subterránea, morada de

los muertos.

El instrumento para abatir este árbol descomunal fue un fuerte de las gentes con los más

feroces de los pueblos (v.12), alusión al nuevo coloso babilonio. Sobre sus ramas abatidas posáronse

las aves e hicieron yacijas las bestias del campo (ν.13). Todos los pueblos antes sometidos

a su sombra se volvieron contra el árbol caído, aprovechándose de sus ruinas. Y el profeta declara

abiertamente que todo esto sucedió para que otros pueblos prósperos, plantados junto a las

aguas (v.14), no levanten demasiado la cabeza ni confíen demasiado en su situación privilegiada,

porque todos están destinados a morir. El Seol, o morada subterránea, será el gran punto de cita

de todos los hombres y pueblos.

2305

Descenso de Asar al seol (15-18).

15 Así dice el Señor, Yahvé: El día en que bajó al “seol” enluté el abismo, retuve el

curso de los ríos y se estancaron las aguas caudalosas; entristecí al Líbano por él y se

secaron todos los árboles del campo. l6 Con fragor de su ruina hice temblar a las

gentes. Cuando le hice bajar al “Seol” entre aquellos que bajan a la fosa, se consolaron

en la morada subterránea todos los árboles del Edén, y los más hermosos y selectos

del Líbano, todos regados por las aguas. 17 También bajaron ellos al “Seol”

junto a los muertos a la espada, los que fueron su brazo y se acogieron a su sombra

en medio de las gentes. 18 ¿A quién te asemejas tú por gloria y por grandeza entre

los árboles del Edén? Pues también serás llevado con los árboles del Edén a la morada

subterránea. Yacerás entre los incircuncisos, con los traspasados por la espada.

Eso será del faraón y de toda su gente, dice el Señor, Yahvé.

Este fragmento describe la desaparición del imperio asirio, causa de consternación para muchos

pueblos y de alegría para otros. La caída de Asiría representó un luto general en la naturaleza: se

secó el abismo de las aguas, se retuvo el curso de los ríos y, como consecuencia, vino la sequía

general y el duelo para el frondoso Líbano (entristecí el Líbano por él, v.15) y se secaron los arboles

del campo. Las gentes temblaron ante el fragor de su caída (v.16), y los habitantes del seol,

la región subterránea, se alegraron al ver caer al gran opresor. Aquí los árboles del Edén, los más

selectos del Líbano., son los otros reinos que también habían prosperado junto a las aguas, pero

que les había llegado la hora de la ruina. Mientras en la tierra reina el terror por la caída del coloso

asirio, en la región tenebrosa del seol todo es alegría y exultación.

En el c.14 de Isaías encontramos escenas parecidas de alegría entre los príncipes del seol

al entrar en la morada subterránea el rey de Babilonia, el tirano de todos: “¿Cómo caíste del cielo,

lucero brillante, hijo de la aurora? ¿Echado por tierra el dominador de las naciones? Tú que

decías en tu corazón: Subiré a los cielos, en lo alto, sobre las estrellas de Dios; elevaré mi trono,

me instalaré en el monte santo, en las profundidades del aquilón. Subiré sobre la cumbre de las

nubes y seré igual al Altísimo. Pues bien, al sepulcro has bajado, a las profundidades del abismo.”

En el pasaje de Ezequiel que comentamos ocupan un lugar especial de ignominia, dentro

del seol, los que fueron su brazo y se acogieron a su sombra (ν.17), es decir, todos los reinos que

colaboraron en las demasías de Asiría. Parece que los muertos a la espada, los asesinados o ejecutados

por la justicia, ocupaban un lugar más oprobioso en el seol con los incircuncisos (v.18).

Es el lugar destinado al faraón de Egipto: ¿A quien te asemejas por tu gloria.? El profeta

se encara con el faraón. Por mucho que éste quiera ser, no sobrepasará el poder y gloria de Asiría,

y, como este imperio, el de Egipto está destinado a la ruina. Como el rey de Asiría, el faraón

tendrá que descender a la morada subterránea. Se consideraba entre los más selectos de los arboles

del Edén, entre los primeros reinos de la tierra, y en realidad no va a tener otro destino que

el de ocupar un lugar triste entre los incircuncisos y traspasados por la espada.

1 Cf. Ez 10:10. — 2 Cf. 27:5s. — 3 Cf. 29:3; 32:2.5. — 4 Algunos autores modernos han querido suprimir la palabra Asur y aplicar la

alegoría directamente a Egipto. Así Heinisch, Bertholet. Pero todas las versiones lo ponen. Véase el artículo de Joüon, Notes phílolog,

iques: “Bíblica,” ιοί 1929) 309 11:1; cf. Spadafora, o.c., 235. — 5 Gen 2:8.

2306

32. Elegías sobre Egipto.

En este capítulo se incluyen dos fragmentos elegiacos: a) canto fúnebre al faraón por su triste

muerte (1-16); b) descripción del descenso del faraón a la región lúgubre de los muertos (17-32).

Elegía sobre la suerte del faraón de Egipto (1-16).

1 El año duodécimo, el duodécimo del mes, el día primero del mes, me fue dirigida la

palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, canta una elegía al faraón, rey de

Egipto, y di: Eras como el león de las gentes, eras como el cocodrilo de los mares i;

con tus narices hacías hervir las aguas 2 y las enturbiabas con tus patas, y hollabas

sus canales. 3 Así dice el Señor, Yahvé: Yo te tenderé la red con una turba de pueblos

que te subirán en mi esparavel, 4 y te echaré en tierra seca, y te dejaré en medio

del campo. Haré venir sobre ti todas las aves del cielo y saciaré de ti a todas las bestias

de la tierra. 5 Esparciré tus carnes por los montes y llenaré de tu carroña los valles.

6 Regaré con tu sangre la tierra sobre los montes y de ella se llenarán los torrentes.

7 Al apagar tu luz, velaré los cielos y oscureceré las estrellas. Cubriré de nubes el

sol, y la luna no resplandecerá. 8 Todos los astros que brillan en los cielos los vestiré

de luto por ti, y cubriré de tinieblas la tierra, dice el Señor, Yahvé. 9 Y llenaré de

horror el corazón de muchos pueblos cuando lleve al cautiverio a los tuyos, a tierras

que no conocen. 10 Dejaré por ti atónitos a muchos pueblos y a sus reyes, que temerán

por ti cuando yo blanda mi espada ante ellos el día de tu ruina. 11 Porque así dice

el Señor, Yahvé: La espada del rey de Babilonia te alcanzará. 12 Yo haré caer a tu

multitud con la espada de los valientes, todos ellos los más violentos de los pueblos,

que destruirán la soberbia de Egipto, y todas sus muchedumbres quedarán deshechas.

13 Y haré perecer todos tus ganados de sobre las muchas aguas, que no enturbiará

ya más pie de hombre ni pezuña de bestia. 14 Entonces haré que se limpien

sus aguas y que se deslicen sus canales como aceite, dice el Señor, Yahvé. 15 Cuando

tornare en desierto la tierra en Egipto y asolare cuanto la llena, cuando hiriere a

cuantos la habitan, entonces sabrán que yo soy Yahvé. 16 Esta es la elegía que cantarán:

la cantarán las hijas de las gentes, la cantarán sobre Egipto y sobre toda su

muchedumbre, dice el Señor, Yahvé.

El año duodécimo, el día primero del duodécimo mes (Adar) es el febrero-marzo del 585, es decir,

unos siete meses después de la caída de Jerusalén (junio-julio del 586 a.C.) 3. La elegía va

dirigida al faraón como personificación del país de Egipto, como antes el rey de Tiro personificaba

a su ciudad. El profeta canta irónicamente la supuesta omnipotencia de Egipto, que en un

tiempo fue considerado como el león de las gentes (v.2), el máximo imperio, esperanza de las

pequeñas naciones contra otras grandes potencias, como Asiría y Babilonia. Se le consideraba

como el arbitro de las relaciones internacionales entre aquellos reyezuelos de Palestina y Siria

que buscaban su protección, los cuales le adulaban como el león o arbitro de la política internacional;

la frase es irónica.

Pero esta estimación era excesiva, ya que Egipto, en el concierto internacional, no era

más que el señor de su país, un simple cocodrilo, que no puede vivir sino en las zonas acuosas y

ribereñas 4. Egipto no ha podido parangonarse con los grandes imperios mesopotámicos, pues ha

sido uno de tantos árboles privilegiados asentados junto a las aguas, que sentían envidia del inmenso

poder de Asiría, el gran cedro, que daba sombra a los pequeños reinos del Próximo Orien2307

te. Egipto no podía competir con Asiría. Lo más que podía hacer era enturbiar con sus patas las

aguas del Nilo, es decir, tener influencia en su propia tierra. Es una frase despectiva muy característica

en Ezequiel, el cual nunca sintió simpatía por el país del Nilo, causante de la ruina de Judá

con sus falsas promesas e instigaciones a la rebelión contra el coloso babilónico.

Por sus pretensiones y orgullo, Yahvé le tenderá una red, tomando como instrumento a

una turba de pueblos, el ejército abigarrado de mercenarios de diversos países, que le tomarán en

el esparavel (v.3) y lo arrojarán a tierra para ser pasto de las aves del cielo y de las fieras (v.4) 5.

Sufrirá la más afrentosa de las muertes, quedando sin sepultura honorífica. Todo el país padecerá

las consecuencias de la invasión, pues toda la tierra quedará regada en sangre (v.6). El profeta

habla de montes y valles de modo convencional, suponiendo que la topografía de Egipto fuera

como la de Palestina. Ese día será el día de la manifestación de la justicia del Señor, el día de

Yahvé, el cual es descrito con los tradicionales rasgos apocalípticos: oscurecimiento del sol y de

las estrellas (ν.7) 6. Estas frases no han de tomarse al pie de la letra, pues son expresiones hiperbólicas

para encarecer la magnitud de la catástrofe.

La devastación y la ruina harán temblar a muchos pueblos (v.8), que sentirán de cerca la

espada en manos de Yahvé, que no es otra que la del rey de Babilonia (v.11), el cual, con los

más feroces de los pueblos, caerá sobre el poderoso reino de Egipto, reduciéndolo a la miseria y

a la impotencia (v.12). Todos los ganados de sobre las muchas aguas, e.d., que vivían en los

abundantes pastos de las riberas de los canales del Nilo, sentirán también la fuerza destructora

del invasor y desaparecerán totalmente, en tal forma que las aguas del Nilo y de sus canales no

volverán a enturbiarse por pies de hombre y pezuña de bestia (v.13). Las aguas quedarán tan

limpias que se deslizarán como el aceite (v. 14). La frase tiene un sentido amenazador, ya que

esa limpieza de las aguas se deberá a que no habrá ya animales ni hombres que las enturbien. En

el v.15 se insiste en que la devastación y la ruina dominarán por doquier, y por ella sabrán que

yo soy Yahvé.

La intervención justiciera de Yahvé, humillando al orgulloso reino de Egipto, hará abrir

los ojos a los otros pueblos para que vean quién es el Dios de Israel. Las hijas de las gentes, o

naciones paganas, serán las encargadas de recordar en cantos funerarios la gran catástrofe de

Egipto enviada por la mano vengadora de Yahvé (v.16).

Elegía sobre el descenso del faraón a la región de. los muertos (17-32)

17 El año duodécimo, el quince del mes, fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo:

18 Hijo de hombre, compone un canto lúgubre a la muchedumbre de Egipto.

Precipítale a él y a las hijas de las gentes fuertes a las profundidades de la tierra, con

los que bajan a la fosa. 19 ¿Conque nos sobrepasabas por belleza? Baja, baja a la fosa

y yace entre los incircuncisos. 20 Cae en medio de los muertos a la espada, que la

espada ya ha sido entregada; traedlo con toda su pompa7. 21 En el “seol” se dirigirán

a él los valientes, diciéndole a él y a sus auxiliares: Han bajado a la fosa y yacen entre

los incircuncisos, entre los muertos a la espada. 22 Allí está Asur con todos sus

ejércitos, cuyos sepulcros están en torno de él. 23 Están sepultados en lo profundo de

la fosa, rodeándole en torno, todos traspasados por la espada, los que sembraron el

terror en la tierra de los vivos. 24 Allí está Elam con todas sus mesnadas en torno de

su sepulcro; todos los muertos a la espada cayeron, y bajaron incircuncisos a lo profundo

de la fosa. Los que esparcieron el terror en la tierra de los vivos, trajeron su

ignominia a lo profundo de la fosa. 25 En medio de los muertos pusieron su lecho para

él y sus muchedumbres. Sus sepulcros lo rodean, todos incircuncisos, muertos a

2308

la espada. Sembraron el espanto en la tierra de los vivos, pero vinieron con su ignominia

a unirse con los que bajaron al “seol” y yacen en medio de los muertos. 26 Allí

Mesec y Túbal, con todos sus ejércitos, cuyos sepulcros le rodean; todos incircuncisos,

muertos a la espada, los que aterrorizaban a la tierra de los vivos. 27 No yacen

con los héroes los caídos de antiguo, que descendieron a la morada de los muertos

con sus armas de guerra, la espada bajo sus cabezas y el escudo sobre sus huesos,

con haber sido el terror de los guerreros en la tierra de los vivos. 28 También tú serás

quebrantado entre los incircuncisos y yacerás con los muertos a la espada. 29 Allí está

Edom, sus reyes y sus príncipes todos, que, a pesar de su valor, yacen entre los

muertos a la espada y duermen con los incircuncisos, con los que bajaron a la fosa.

30 Allí están todos los príncipes del septentrión y todos los sidonios, que con su ignominia

descendieron a los muertos a pesar del terror que inspiraba su valor. Incircuncisos

se acostaron con los muertos a la espada, y comparten su ignominia con los

que bajan a la fosa. 31 El faraón los verá y se consolará de su muchedumbre, de los

suyos muertos a la espada y de todo su ejército, dice el Señor, Yahvé. 32 Porque yo

sembraré mi terror en la tierra de los vivos, y se acostarán en medio de los incircuncisos,

con los muertos a la espada, el faraón y toda su muchedumbre, dice el Señor,

Yahvé.

La elegía fue compuesta, según la datación del texto, en el 586 a.C., es decir, después de la caída

de Jerusalén. El texto no nos da el mes; probablemente se ha perdido en la transcripción. La elegía

versa sobre el descenso de Egipto y las otras grandes naciones paganas (las hijas de las gentes

fuertes, v.18). El profeta enumera los principales pueblos que han tenido importancia histórica

en el concierto político del Antiguo Oriente, y, sobre todo, a los pueblos que tuvieron una relación

con Israel, como Edom y Sidón. Él canto fúnebre se abre con una mordaz ironía: ¿Conque

nos precedías en belleza? (V.19). Egipto se gloriaba de ser superior a todos los pueblos. Estos

declaran de que nada le ha servido esta supuesta precedencia, ya que tiene que descender al país

de los muertos, como los demás pueblos: Baja a la fosa y yace entre los incircuncisos. El contraste

es fuerte: Egipto se creía superior y algo aparte de los otros pueblos, pues también será en

el seol algo aparte, puesto que tendrá que formar fila con los incircuncisos, a quienes les estaba

reservado un lugar ignominioso especial. Los moradores más nobles de la reglón subterránea dirán

irónicamente: Han bajado a la fosa y yacen entre los incircuncisos. (v.21); los moradores de

Egipto han sufrido la suerte dé los muertos a la espada, asesinados oprobiosamente.

El profeta enumera a los principales reinos que precedieron a Egipto en el descenso a la

morada tenebrosa. La enumeración está sujeta a un esquema artificial de exposición: han sido

pueblos que han abusado de su poder, y han terminado violentamente su historia por la espada de

algún enemigo invasor, y ahora están en. la morada subterránea en la zona de los incircuncisos

muertos a la espada. Los pueblos aparecen en el seol formando colonias, o agrupaciones regionales

con sus sepulcros, entorno a sus capitanes o. reyes. En la enumeración abre la marcha Asiría

(v.22), la gran opresora de Oriente en el siglo VIII. Sus grandes reyes, Sargón, Senaquerib,

Asurbanipal, habían sido el terror de los pequeños reinos de Palestina y Siria. Eran famosos por

su extrema brutalidad y crueldad con los vencidos. Parecían invencibles, pero al fin fueron derrotados

y suplantados por la coalición de medos y babilonios en 612, fecha de la caída de Nínive.

Elam (v.24), entre Babilonia y Media-Persia, había tenido su importancia con sus dos capitales

de Susa y Anzán; fueron derrotados por Asurbanipal (649 a.C.), desapareciendo como gran nación

8. Mesec y Túbal (v.2¿) son dos pueblos de Armenia 9, región de donde provenían los escitas

que en el siglo VII a.C. sembraron el pánico y la ruina en Palestina. Según Ez 39:1s, de ese pue2309

blo sale Gog, el gran enemigo del reino de Dios. Edom, como hemos visto ya, es la región que se

extiende al sudeste del mar Muerto. Originariamente era afín al pueblo hebreo, ya que Esaú, el

supuesto antepasado, era hermano de Jacob. Históricamente, los edomitas fueron los grandes

enemigos de Israel, y le negaron el paso cuando Moisés iba con el pueblo hebreo camino de Canaán

10. Es el enemigo tradicional del pueblo israelita. Los príncipes del septentrión (v.30) deben

de ser los reyes de Siria y regiones adyacentes, vecinos de los sidonios. Con este nombre se cierra

la enumeración, que no es muy completa, pero en el propósito del profeta basta para probar

que todos los pueblos que han abusado de su fuerza no han tenido otro destino que el común de

todos los demás pueblos humillados, y aún estarán en peor situación, ya que ocuparán el lugar

reservado a los incircuncisos y muertos por la espada.

El faraón, al hacer su ingreso en la morada subterránea, se consolará (v.31) al ver que

también otros pueblos han recibido la misma humillación y suerte que él. En esta frase del profeta

hay una dosis de ironía contra el faraón: el que antes se gloriaba de ser algo excepcional entre

todos los pueblos, considerándose como inmortal, tiene que contentarse con formar parte del cortejo

de los imperios desaparecidos. Triste consuelo en boca del que simbolizaba el orgullo y la

insolencia. De hecho sabemos que Nabucodonosbr invadió Egipto en el 568, derrotando al ejército

del faraón.

Con esta elegía termina la primera parte del libro de Ezequiel. El profeta ha hecho ver a

los exilados que la dureza con que Yahvé trataba a su pueblo era bien merecida, y, por otra parte,

que Dios castiga a los pueblos paganos que se han excedido en su papel de instrumentos de la

justicia divina.

1 La palabra hebrea tanim tiene el sentido amplio de monstruo de los mares, y puede significar cocodrilo, hipopótamo, serpiente marina

en la mitología popular, dragón, etc. Hemos escogido cocodrilo en consonancia con la fauna especial del Nilo. — 2 El TM

“con sus ríos.” Con un ligero cambio tenemos con tus narices. — 3 Los LXX y la versión siríaca tienen “año undécimo” (585

a.C.). — 4 Cf. 29:3. — 5 Cf. 29:5; 31:13; 39.I7S. — 6 Frases similares las encontramos en Is 13:10; Jl 2:10; 3:15; Sof 1:15. — 7

El texto no está claro, y en detalle las versiones difieren, pero el sentido general es claro. — 8 Sobre Elam (as. Elamtu, en griego

Susiana) véase Gen 10,22; 14:1:9; Is 21:2; 22:6; Jer 49,35-39- — 9 Sobre su identificación véase coment. a 27:13. — 10 Sobre

Edom véase coment. a 25:12-14. En el texto de los LXX, en vez de Edom se lee Asur, que ya ha salido. Algunos quieren cambiar

Edom en Aram o Siria.

33. El Profeta, Atalaya del pueblo.

Después de esta primera parte de vaticinios conminatorios contra Judá y las naciones paganas,

viene ahora una serie de capítulos que versan sobre la rehabilitación del pueblo elegido en el futuro.

Ha pasado la hora de la ira divina y se acerca la de la misericordia. El profeta ha tenido

que desmontar las falsas ilusiones de los exilados sobre la supuesta invencibilidad de Jerusalén.

Después de consumada la catástrofe y confirmados sus oráculos siniestros, el profeta, con plena

autoridad, trata de formar la nueva conciencia de los exilados. La caída de Jerusalén trajo como

consecuencia una crisis de la conciencia nacional. Yahvé parecía que había abandonado a su

pueblo, y, por tanto, era inútil mantener ilusiones nacionales sobre el futuro. Todo estaba perdido.

Contra esta posición desesperada se levanta Ezequiel, el cual se esfuerza en sembrar una esperanza

de resurrección nacional. Todo lo pasado no ha sido más que una prueba de purificación,

pero se acercan días de gloria para el pueblo israelita. El futuro es deslumbrante y glorioso,

y, por tanto, los supervivientes deben prepararse para hacerse dignos de la nueva teocracia.

Esta última parte del libro de Ezequiel puede dividirse en dos partes: a) promesa de restauración

y paz perpetua (c.33-39); b) estructura interna del nuevo Israel (c.40-48). El estilo es

difuso y convencional, y faltan en general indicaciones cronológicas.

2310

El c.33, que vamos a comentar, es como un mosaico de fragmentos, que sirven de transición

entre los oráculos conminatorios que hemos estudiado en la primera parte del libro y los de

consolación que van a predominar en la última sección de los escritos de Ezequiel. Se suele dividir

en las partes siguientes: a) Ezequiel, responsable de su misión de centinela del pueblo israelita

(1-9); b) responsabilidad personal de los oyentes (10-20); c) anuncio de la caída de Jerusalén

(21-22); d) amenaza contra los judíos supervivientes en Palestina (23-29); e) frivolidad de los

exilados (30-33).

El profeta, atalaya del pueblo (1-9).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, habla a los hijos

de tu pueblo y diles: Si hiciera yo venir la espada sobre una tierra, y la gente de la

tierra toma un hombre de su territorio y lo pone de atalaya, 3 y éste, viendo venir la

espada sobre la tierra, toca la bocina para dar al pueblo la alarma, 4 si el que oye el

sonido de la bocina no se apercibe y, llegando la espada, le hiere, su sangre será sobre

su cabeza. 5 Oyó el sonido de la trompeta y no se apercibió; su sangre será sobre

él; si se hubiese apercibido, habría salvado su vida, 6 Mas, si el atalaya, por el contrario,

viendo llegar la espada, no toca la trompeta para que la gente se aperciba, y,

llegando la espada, hiere a alguno de ellos, éste quedará preso en su propia culpa,

pero yo demandaré su sangre al atalaya. 7 Pues tú, hijo de hombre, te he constituido

por atalaya de la casa de Israel. Cuando oigas de mi boca la palabra, apercíbelos de

parte mía. 8 Si yo digo al impío: “¡Vas a morir!” si tú no hablas al impío para apercibirle

de su mal camino, el impío morirá por su culpa, pero de su sangre te pediré

yo cuenta a ti. 9 Pero, si tú apercibiste al impío de su camino para que se apartase de

él, y él no se apartó, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu alma.

Esta sección parece una repetición ampliada de 3:16b-21. Ezequiel se compara a sí mismo a un

centinela militar encargado de dar la voz de alarma ante el peligro. El profeta se siente responsable

de la suerte espiritual de su pueblo, y por eso se cree en la obligación de mantenerse vigilante

frente a los peligros que sobre él se ciernen. Es la misión de Ezequiel entre los exilados de Babilonia.

Ha anunciado primero la destrucción de Jerusalén en castigo de los pecados acumulados

durante generaciones por la comunidad israelita. Ahora tiene que anunciar nuevos peligros para

la vida religiosa de los exilados y formar la conciencia de éstos en orden a la constitución del

nuevo núcleo de restauración nacional. Como portavoz de la palabra de Dios, tiene que anunciar

los peligros para que el pueblo se aperciba de ellos. Si no quieren oírle, no tendrá responsabilidad

alguna en la muerte de ellos, como en el caso del centinela militar. Al contrario, si éste no

cumple su misión de anunciar el peligro de la invasión del enemigo, será responsable de lo que

pasare y pagará con su vida su falta en el cumplimiento del deber. Este sentido de responsabilidad

preocupa extremadamente a Ezequiel, como preocupará a San Pablo su misión de evangelizar:

“¡Ay de mí si no anunciare el Evangelio!”1

Responsabilidad personal de los individuos (10-20).

30 Di, ¡oh hijo de hombre! a la casa de Israel: Vosotros decís: “Llevamos sobre nosotros

nuestros pecados y nuestras rebeliones, y por eso nos vamos consumiendo;

¿cómo vamos a vivir?” u Diles: Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que yo no me gozo

en la muerte del impío, sino en que se retraiga de su camino y viva. Volveos, volveos

de vuestros malos caminos. ¿Por qué os empeñáis en morir, casa de Israel? 12 Hijo

2311

de hombre, di también a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no le salvará el

día en que pecare, y la impiedad del impío no le será estorbo el día en que se convierta

de su iniquidad, como no vivirá el justo por su justicia el día que pecare. 13

Diciendo yo al justo: “De cierto vivirás,” si él, fiado en su justicia, comete maldad,

no serán traídas a la memoria todas sus justicias, sino que por la iniquidad que cometió

morirá. 14 Y diciendo yo al impío: “De cierto morirás,” si él se convirtiere de

su pecado e hiciere juicio y justicia, 15 si devolviere la prenda, restituyere lo robado

y caminare por los mandatos de la vida, no haciendo iniquidad, ciertamente vivirá,

no morirá. 16 No se recordará ninguno de los pecados que cometió; hizo juicio y justicia,

y de cierto vivirá. 17 Y dirán los hijos de tu pueblo: No es recta la vía del Señor.

¡Las suyas sí que no son rectas 18 Si el justo se aparta de su justicia y hace iniquidad,

morirá por ésta; 19 y si el impío se aparta de su iniquidad y hace juicio y justicia, por

eso vivirá. 20 Y decís: “¡No es recta la vía del Señor!” Yo os juzgaré, ¡oh casa de Israel!

a cada uno conforme a sus caminos.

Las reflexiones aquí expuestas son paralelas a las que hemos visto en 8:21-32; pero las circunstancias

no son idénticas. En el c.18 se trata de contestar a las reacciones insolentes de los exilados,

que creen que es una injusticia echar sobre ellos la culpabilidad de sus antepasados. Aquí la

característica del auditorio es de desesperación. El castigo de Dios sobre Judá ha demostrado que

Yahvé ha abandonado a su pueblo, y los exilados se sienten pecadores, y, como tales, lejos de la

providencia especial de Yahvé: Llevamos sobre nosotros nuestros pecados. (v.10). Ezequiel les

recuerda que la situación no es desesperada, pues ante Dios no cuenta tanto la culpabilidad pasada

cuanto las buenas disposiciones de arrepentimiento actuales. Dios no se complace en castigar,

sino que busca ante todo el retorno del pecador: No me gozo en la muerte del pecador,

sino en que se retraiga de su camino y viva (v.11). La respuesta de Yahvé está basada en la idea

de que es ante todo amoroso y misericordioso, y, como tal, está buscando siempre que el corazón

del impío se convierta y vuelva a su buen camino, para poder prodigarle sus misericordias: Volveos.

¿Por qué os empeñáis en morir? (v.11).

La frase de los exilados nos vamos consumiendo., llevamos nuestros pecados (v.10) tiene

un aire de desesperación, de rabia y de cinismo, y no de compunción. Por eso, su situación espiritual

no es buena. No quieren nada con un Dios que los ha castigado. Es preciso una enmienda

de vida. No bastan las buenas acciones pasadas del justo si éste en la actualidad anda

por las sendas de la impiedad (v.12). Naturalmente, no es que el profeta quiera subestimar las

acciones del pasado, pecaminosas o virtuosas, sino que quiere resaltar que, de hecho, en orden a

la salvación de cada uno, interesan sobre todo las acciones buenas presentes. Sobre un pasado

pecador se puede extender el velo del olvido de parte del Señor, siempre que el presente sea digno

de la amistad y misericordia divinas.

En la perspectiva de Ezequiel se trata de la salvación de los israelitas en su destino de

comunidad nacional y en su porvenir en esta vida. Nada en el libro de Ezequiel supone la creencia

en la retribución de ultratumba. La perspectiva del profeta, como la de todos los libros del

A.T. antes del libro de la Sabiduría, se proyecta sólo al horizonte terreno. No se trata, pues, en

estas frases de Ezequiel del problema de la salvación eterna del alma de los israelitas. No obstante,

su doctrina es válida en el nuevo estadio ideológico del N.T. También en la perspectiva

doctrinal del Ν. Τ. valen, sobre todo, ante Dios, las disposiciones actuales, en tal forma que un

sincero arrepentimiento es suficiente para borrar un pasado pecaminoso, y viceversa, un pecado

actual basta para anular todas las obras buenas de un pasado virtuoso.

Es importante la doctrina expuesta por Ezequiel, en cuanto hace resaltar el poder del libre

2312

albedrío en el sere humano en sus disposiciones actuales, como superación de una mentalidad

entonces muy extendida sobre la influencia del pasado en la vida del hombre en orden a su reconciliación

con Dios. Hemos dicho que Ezequiel ha sido saludado con el título de campeón del

individualismo, no sólo en cuanto que desconecta al individuo de la responsabilidad colectiva,

sino que aun le desconecta de su pasado personal en el sentido de que ante Dios interesan sobre

todo las buenas disposiciones actuales, aunque sean superpuestas a un pasado pecaminoso.

Aquí nos encontramos sólo ante una exposición parcial del problema de la responsabilidad

del individuo y de sus relaciones con Dios según la mentalidad del A.T. Como decíamos antes,

la tesis del profeta es un positivo avance sobre el ambiente conceptual de la época, en cuanto

que se destaca el individualismo como base de las relaciones con Dios. Tan revolucionaria es la

tesis de Ezequiel, que sus oyentes exilados le dicen abiertamente: No es recta la vía del Señor

(ν.17). No pueden comprender que Dios haga tabla rasa de un pecado pecaminoso o virtuoso en

aras de un arrepentimiento o pecado actual. Para ellos pesaba más el pasado que el presente, y se

les hace difícil que Dios les perdone sus pecados. La doctrina, pues, de Ezequiel es un horizonte

nuevo para aquellas mentalidades, anquilosadas y abrumadas por el peso de la tragedia de su

pueblo: yo juzgaré a cada uno conforme a sus caminos (v.20).

La noticia de la caída de Jerusalén (21-22).

21 El año duodécimo de nuestro cautiverio, el mes décimo, a cinco del mes, vino a mí

un escapado de Jerusalén, diciendo: “La ciudad ha sido tomada.” 22 La tarde anterior,

antes que llegase el fugitivo, había sido sobre mí la mano de Yahvé, que abrió

mi boca a la llegada del fugitivo, a la mañana; abrióse mi boca, y en lo sucesivo ya

no estuve mudo.

La datación nos lleva al año 586 a.C., en el mes de diciembre-enero (Tebeth). El cautiverio de

que habla es el iniciado con la deportación del rey Jeconías (598). Así, pues, el fugitivo llega con

la noticia de la caída de Jerusalén medio año después del hecho. Seguramente que ya tenían noticias

de ello antes por la información de los mismos vencedores babilonios, pero ahora se trata de

la llegada del primer testigo ocular judío, escapado de la catástrofe 2. El día antes de la llegada de

este fugitivo fue sobre Ezequiel la mano de Yahvé (v.22); expresión que equivale a recibir una

nueva revelación 3 para que terminara su prolongado mutismo. Desde el comienzo del asedio de

Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, Ezequiel no transmitió ningún mensaje especial a los

exilados. Dejó que los acontecimientos hablaran por sí mismos en confirmación de sus oráculos

anteriores. Ahora, consumada la catástrofe, es hora de iniciar una nueva etapa de predicación entre

los exilados para levantar los ánimos y formar de nuevo la conciencia religiosa y nacional

de ellos, tomando como base un grupo selecto 4.

Amenaza contra los judíos que quedaron en. Palestina (23-29)

23 Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 24 Hijo de hombre, los que en la

tierra de Israel moran, en aquellas ruinas andan diciendo: Abraham era él solo, y

poseyó la tierra; pues nosotros somos muchos, poseeremos la tierra. 25 Diles, pues;

así habla el Señor, Yahvé: Vosotros banqueteáis por los montes, alzáis los ojos a

vuestros ídolos, derramáis la sangre, y ¿vais a poseer la tierra? 26 Vosotros os apoyáis

sobre vuestras espadas, hacéis abominaciones, y cada cual contamina a la mujer

de su prójimo, y ¿vais a poseer la tierra? 27 Diles: Esto dice el Señor, Yahvé: Por mi

vida que los que moran entre las ruinas perecerán a la espada, y los que están en

2313

campo abierto los daré en pasto a las fieras, y los que se esconden en las rocas y en

las cuevas morirán de peste. 28 Y desolaré la tierra hasta destruir su soberbia y su

fortaleza, y los montes de Israel serán asolados, sin que haya quien por ellos pase, 29

y sabrán que yo soy Yahvé cuando convierta la tierra en un desierto por todas las

abominaciones que han cometido.

Después de la caída de Jerusalén, los babilonios organizaron una deportación en masa de las

fuerzas vivas de las naciones: jefes e industriales fueron llevados a Mesopotámia. Sólo dejaron

los campesinos y gente de la clase baja, para que no tuvieran pretensiones nacionalistas. Al frente

de esta comunidad depauperada pusieron los babilonios, como gobernador, al judío Godolías 5,

el cual trabajó con todas sus fuerzas por organizar de nuevo la vida nacional, estableciendo su

capital en Mispah. Sin embargo, había bandas incontroladas de nacionalistas por el campo, con

falsas ilusiones de una pronta reconstrucción nacional, para de nuevo alzarse contra el invasor

babilónico. Godolías fue muerto violentamente por estos nacionalistas a ultranza, excitándose de

este modo la ira del coloso caldeo. El mismo profeta Jeremías fue llevado a Egipto por estas

bandas incontroladas6. En Jer 53:30 se alude a una nueva deportación de judíos realizada por las

tropas de Nabucodonosor en 582. Por otra parte, los babilonios no transportaron al reino de Judá

poblaciones extrañas, como lo habían hecho los asirios en Samaría. Judá, pues, quedó semiabandonada.

Por lo que dice Ezequiel, parece que los exilados tenían puestos los ojos en los que habían

quedado en Palestina para una pronta reconstrucción nacional. Por eso ahora el profeta quiere

deshacer esta última vana ilusión. Los que quedaron en Palestina se creen los herederos legítimos

de Abraham, y se hacen el cálculo que, si el gran patriarca, siendo solo, llegó a poseer la tierra,

ellos, siendo bastantes, lo lograrían con más facilidad (v.24). La argumentación es infantil para

un israelita, ya que el triunfo de Abraham descansó únicamente en la promesa de Dios, no

en los esfuerzos del patriarca.

La respuesta de Yahvé es terminante: Abraham recibió la promesa por su fidelidad,

mientras que ellos continúan su conducta pecaminosa, haciendo sacrificios a los ídolos en los

lugares altos (banqueteáis por los montes, v.25)7, derramando sangre inocente, prodigando los

homicidios8. Para ellos no existe más ley que la de la fuerza y la espada (os apoyáis sobre vuestras

espadas, v.26), entregándose a todas las abominaciones, sin respeto para la mujer del prójimo

9. Por todas estas demasías, que son continuación de la pésima conducta antigua, Yahvé los

destruirá totalmente, haciéndoles morir devorados por las fieras o por la peste. Nadie podrá huir

de la ira de Dios. Sólo así sabrán quién es Yahvé, intransigente con la maldad y la vana presunción.

Contra la frivolidad de los exilados (30-33).

30 Y tú, hijo de hombre, mira que los hijos de tu pueblo se burlan de ti junto a las

paredes y a las puertas de sus casas, y hablan los unos con los otros, cada uno a su

prójimo, diciendo: Ea, vamos a oír qué palabra sale de Yahvé! 31 Y vienen a ti como

en las asambleas del pueblo, y se sientan delante de ti los de mi pueblo para escuchar

tus palabras, pero luego no las ponen por obra, y, mientras halagan con su boca,

se va su corazón tras su avaricia. 32 Eres para ellos como una canción de amor

(cantada) con hermosa voz y agradable instrumento; oyen tus palabras, pero de ponerlas

por obra, nada. 33 Mas, cuando ello viniere, y viene ya, sabrán que hubo entre

ellos un profeta.

Los hechos habían dado la razón a Ezequiel, pues todos sus oráculos sobre la destrucción de Je2314

rusalén se habían cumplido a la letra. Con ello el profeta alcanzó gran autoridad entre los exilados,

los cuales hablan en público y en privado de las revelaciones de él, y así van a oírle como si

se tratara de la convocación de una asamblea del pueblo para tratar de una cuestión de interés

público (ν.31). Pero esto no debe impresionar demasiado a Ezequiel, ya que es sólo apariencia

externa, pues se limitan a escuchar sus palabras, sin preocuparse de poner por obra sus consejos

y mandatos de parte de Dios. Los oyentes aprueban sus palabras y halagan con su boca (ν.31),

pero su corazón sigue apegado a sus intereses personales. El profeta debe resaltar el carácter espiritual

de entrega a Dios que debe caracterizar al nuevo núcleo de restauración nacional, heredero

de las promesas y bendiciones de Dios. Los exilados creen que pueden compaginar la protección

divina con su conducta materialista. Oyen el mensaje del profeta con agrado, como se escucha

una canción de amor agradable, acompañada de un instrumento apropiado; pero después lo

olvidan, como se olvida el canto que durante unos momentos cautivó el oído (v.32). Pero llegará

un día, cuando se realicen las predicciones de salvación del profeta, en que reconocerán que ha

habido entre ellos un profeta (v.33).

1 Cf. 1 Cor 9:1-6. — 2 Sin duda que el fugitivo lardó mucho en llegar a Tell Abib. Sabemos que Esdras, con su caravana numerosa,

tardó ciento ocho días desde Babilonia a Jerusalén (Esd 7:9; 8:31). Quizá el fugitivo tuvo que esconderse mucho tiempo de la policía

babilónica. — 3 Ez 3:14.22; 8:1; 37:1; 40:1. — 4 Muchos autores relacionan este mutismo con el descrito en 3:24-27 y

24:27, y suponen que Ezequiel, de naturaleza enfermiza, sufrió un nuevo ataque de afasia al conocer la catástrofe de Judá, conocida

antes de que llegara el fugitivo, — 5 Cf. 2 Re 25:12.22; Jer 42:36. — 6 Cf. Jer 40:7-43:7 — 7 Literalmente, el TM y los LXX

leen “coméis con sangro, en cuyo caso se aludiría a comer carnes sin haberlas sangrado, lo que resultaba un gran pecado para los

judíos (Act 15, 20.29). Nuestra traducción se basa en un ligero cambio de letras en la palabra hebrea equivalente a sangre. En ese

caso la acusación sería paralela a 18:6. — 8 Cf. 22:6.9. — 9 Cf. 18:6.

34. Los malos Pastores y el buen Pastor.

En este capítulo se contraponen dos situaciones: la pasada del pueblo israelita bajo la égida de

pastores depravados, que sólo se han preocupado de sí mismos, dejando el rebaño a la intemperie,

expuesto a todos los peligros, por lo que Yahvé los ha de castigar severamente, y la situación

futura, en la que el pueblo vivirá bajo la inmediata protección de Dios, con un nuevo buen pastor,

representante suyo.

El capítulo puede dividirse en las siguientes secciones: a) pésima conducta de los antiguos

pastores de Israel (1-10); b) Yahvé gobernará directamente la grey israelita, imponiendo un

reinado de justicia y de equidad (11-22); c) el nuevo Pastor fiel (23-31) 1.

Los malos pastores de Israel (1-10).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2Hijo de hombre, profetiza contra

los pastores de Israel. Profetiza diciéndoles: Así habla el Señor, Yahvé: Ay de los

pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! Los pastores ¿no son para apacentar

el rebaño? 3 Pero vosotros coméis la leche 2, os vestís de su lana, matáis las cebadas,

no apacentáis a las ovejas. 4 No confortasteis a las flacas, 110 curasteis a las enfermas,

no vendasteis a las heridas, no redujisteis a las descarriadas, no buscasteis a

las perdidas, sino que las dominabais con violencia y con dureza. 5 Y así andan perdidas

mis ovejas por falta de pastor, siendo presa de todas las fieras del campo. 6

Andan errantes por montes y collados, derramadas por toda la haz de la tierra, sin

que haya quien las busque y las congregue. 7 Oíd, pues, pastores de Israel, la palabra

de Yahvé: 8 Por mi vida, dice Yahvé, que, pues mi rebaño ha sido depredado y

2315

han sido presa mis ovejas de todas las fieras del campo por falta de pastor, pues no

iban mis pastores en pos de mi rebaño, sino que lo abandonaron, apacentándose a sí

mismos, no a mi grey; 9 oíd, por tanto, ¡oh pastores! la palabra de Yahvé: 10 Así

habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra los pastores para requerir de su mano mis

ovejas. No les dejaré ya rebaño que apacienten, no serán más pastores que a sí mismos

se apacienten. Les arrancaré de su boca mis ovejas, no serán ya más pasto suyo.

Los principales responsables de la catástrofe del pueblo judío fueron sus jefes o pastores. En vez

de mirar por los intereses espirituales y materiales del pueblo, no se han preocupado sino de explotarlo

y de aprovecharse, en interés propio, de sus bienes. La alegoría es bella y aparece reiteradamente

en la Biblia 3. En Jer 23:1-4 encontramos un fragmento muy parecido a este de Ezequiel4.

Aquí el profeta del exilio, antes de hablar del futuro radiante que espera a Israel, quiere

hacer un recuento del triste pasado para, por contraste, presentar la figura luminosa del buen Pastor

futuro, adornado de los principios de la más perfecta justicia y equidad. En paralelismo antitético

nos presenta a los pastores pasados en contraposición al Pastor venidero. Los dirigentes del

pueblo de Israel (sacerdotes, profetas y jefes políticos) debían guiar la vida nacional conforme a

principios de justicia y de equidad y conforme a las exigencias de la ley de Yahvé 5. En vez de

pastores, se han convertido en lobos rapaces 6. No han hecho sino buscar sus propias satisfacciones

(se apacientan a sí mismos, v.2), sin preocuparse de su misión de mirar por los intereses del

rebaño: los pastores, ¿no son para apacentar el rebaño?

El profeta enumera los distintos deberes de los pastores: fortalecer a los débiles prodigándoles

la protección que necesitan de la autoridad; curar a los enfermos, buscar a los descarriados

(v.4). Por no cumplir con su deber, las pobres ovejas andan descarriadas sin pastor por

los montes y lugares inaccesibles, perdiendo los mejores pastos (v.6). Es la situación trágica de

los deportados israelitas y de los que aún andaban por los lugares desiertos escapando de los soldados

de Nabucodonosor. Sólo la intervención de Yahvé podrá arreglar la trágica situación de su

pueblo arruinado. Exigirá cuenta estrecha de la mala conducta de los perversos pastores. Yahvé

va a romper con el pasado y va a crear un nuevo orden de cosas. Los antiguos dirigentes de Israel

se han convertido en lobos, que devoran lo mejor del rebaño, y Yahvé les arrancará de su boca

las ovejas (v.10), que son en realidad propiedad exclusiva suya. Se creará un nuevo estado de

cosas, de forma que el pueblo viva más directamente bajo la égida de Yahvé, como en los tiempos

de la primitiva teocracia del Sinaí.

La nueva teocracia, bajo la dirección inmediata de. Yahvé (11-22)

11 Porque así dice el Señor, Yahvé: Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y las reuniré.

J2 Como recuenta el pastor a sus ovejas el día en que la tormenta dispersa la grey,

así recontaré yo mis ovejas, y las pondré en salvo en todos los lugares en que fueron

dispersadas el día del nublado y de la tiniebla, 13 y las retraeré de en medio de las

gentes, y las reuniré en todas las tierras, y las llevaré a su tierra, y las apacentaré

sobre los montes de Israel, en los valles y en todas las regiones del país. 14 Las apacentaré

en pastos pingües y tendrán su ovil en las altas cimas de Israel. Allí tendrán

cómoda majada y pingües pastos en los montes de Israel. 15 Yo mismo apacentaré a

mis ovejas y yo mismo las llevaré a la majada, dice el Señor, Yahvé. 16 Buscaré la

oveja perdida, traeré la extraviada, vendaré la perniquebrada y curaré la enferma,

y guardaré 6 las gordas y robustas, apacentaré con justicia. 17 Y tú, rebaño mío, así

dice el Señor, Yahvé: Yo mismo juzgaré entre oveja y oveja y entre carneros y ma2316

chos cabríos. 18 ¿No os bastaba a vosotros apacentaros en lo mejor de los pastos, que

pisoteabais además con vuestras pezuñas el resto del pasto? ¿Beber el agua clara y

no enturbiar con vuestras pisadas la que queda? 19 ¿Mis ovejas van a tener que comer

lo que vosotros hollasteis con los pies, y beber lo que con ellos enturbiasteis?

20Por eso así dice el Señor, Yahvé: Yo juzgaré entre la oveja gorda y la flaca. 21Y

como empujáis con el flanco y las espaldas y acorneáis con los cuernos a las débiles,

hasta que las echáis y las hacéis descarriar, 22yo protegeré a mis ovejas para que no

se descarríen, y yo juzgaré entre oveja y oveja.

En adelante la grey de Israel estará bajo el gobierno directo de Yahvé. Han sido dispersadas en la

tempestad, y, por tanto, como un buen pastor, las va a reunir y contar cuidadosamente (v.12), de

modo que todas puedan ponerse a salvo. Los israelitas han sido dispersados entre las naciones,

pero van a ser juntados de nuevo en su tierra, donde volverán a disfrutar de pastos pingües. en

las altas cimas de Israel. (v.14). Allí estarán bajo la égida del buen Pastor, Yahvé, que se encargará

de tratar a cada oveja según su situación: buscará la perdida, vendará la perniquebrada y curará

la enferma (v.16), y pondrá a salvo las gordas y robustas para que no las asalten las fieras,

que se van sobre las más apetitosas. Yahvé apacentará con justicia; la equidad será la característica

del nuevo orden de cosas, en contraposición al estado injusto pasado. Desaparecerán las injusticias

sociales, porque Yahvé conocerá las necesidades de cada una: yo juzgaré entre oveja y

oveja. (ν.17).

En el antiguo estado de cosas, los más fuertes y poderosos abusaban de su situación, pisoteando

los derechos de los más débiles. No se contentaban con lo suyo, sino que procuraban

hacer daño a los demás que no tenían defensa: ¿No os bastaba apacentaros de lo mejor., que pisoteabais

con vuestras pezuñas el agua clara? (ν. 18). El símil está tomado de lo que pasa en los

rebaños. Las reses más robustas van desflorando los mejores pastos, pasando de unas hierbas a

otras, dejando el resto para las que no han podido llegar a lo mejor de los pastos. Las más robustas

empujan con el flanco y las espaldas, y acornean a las ovejas débiles hasta echarlas de los

buenos pastos. Es justamente lo que hicieron los dirigentes de Israel (v.21). Se han cogido lo mejor,

han apartado de su usufructo a los impotentes y débiles.

En el nuevo orden de cosas, Yahvé juzgará entre la oveja gorda y la flaca (v.20), es decir,

dará a cada una lo que le corresponde y no permitirá que la más robusta oprima a la débil,

dando, en caso contrario, el castigo merecido a la culpable.

La paz mesiánica y el buen Pastor (23-31).

23 Suscitaré para ellas un pastor único, que las apacentará. Mi siervo David, él las

apacentará, él será su pastor. 24 Yo, Yahvé, seré su Dios, y mi siervo David será

príncipe en medio de ellas. Yo, Yahvé, lo he dicho. 25 Haré con ellas alianza de paz,

haré desaparecer de la tierra las fieras, y andarán tranquilas por el desierto y se reposarán

en la selva. 26 Haré de ellas y de los alrededores de mi collado una bendición.

Mandaré a su tiempo las lluvias, lluvias de bendición. 27 Darán sus frutos los

árboles del campo, y la tierra los suyos. Habitarán en su tierra en seguridad, y sabrán

que yo soy Yahvé cuando rompa las coyundas de su yugo y las arranque de las

manos de los que las esclavizaron. 28 No serán ya más presa de las gentes, las devorarán

las fieras del campo, sino que habitarán en seguridad, sin que nadie las espante.

29 Les suscitaré una prole de renombre; no los consumirá ya más el hambre ni serán

más el escarnio de las gentes. 30 Conocerán entonces que yo, Yahvé, soy su Dios,

2317

y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, dice el Señor, Yahvé. 31 Rebaño mío, vosotros

sois las ovejas de mi grey, y yo soy vuestro Dios, dice el Señor, Yahvé.

La alegoría del pastor y de la grey es muy repetida en el A. Τ. 7 Ezequiel, después de presentar la

conducta de los malos pastores, declara que el nuevo pastor fiel en la nueva restauración nacional

será el mismo David. Una providencia particular sobre su grey israelita hará que triunfe el principio

de la justicia y de la equidad. Ahora anuncia que Yahvé establecerá sobre esa nueva sociedad

teocrática a un lugarteniente personal suyo, el pastor único que las apacienta, al que se le

llama mi siervo David (v.24), que gobernará la grey en calidad de príncipe.

El nuevo Pastor regirá a todas las tribus de Israel. Desaparecerá la tradicional división,

iniciada con la escisión de Jeroboam a la muerte de Salomón (930 a.C.). En la etapa definitiva de

Israel en los tiempos mesiánicos, Israel se verá de nuevo bajo la égida de un único Pastor, que

será como una reencarnación del gran antepasado David. Se le llama al futuro Pastor mi siervo

David, porque provendrá de su estirpe y emulará con creces las hazañas del añorado rey fundador

de la dinastía bendecida por Yahvé con promesas de permanencia eterna. Como el antiguo

David8, el nuevo Pastor será siervo de Yahvé de modo especialísimo, ya que en todo gobernará

conforme a las directrices divinas.

La nueva era, presidida por el nuevo Pastor, estará caracterizada por una paz paradisíaca,

en la que no habrá lugar para el temor (v.25). Las ovejas, los ciudadanos de la nueva teocracia,

nada tendrán que temer de los asaltos de las fieras, que desaparecerán de la tierra. En la literatura

profética tradicional se anuncia ya esta paz edénica con el cambio radical de los instintos hostiles

de las fieras 9. La descripción de los nuevos tiempos mesiánicos es convencional e idealizada:

habrá paz, lluvia abundante y frutos ubérrimos por doquier (v.27). Todo ello como consecuencia

de una nueva alianza de paz (v.25). El centro de las bendiciones divinas de toda índole será el

collado de Yahvé, la colina de Sión (v.26) 10.

La fertilidad de los campos en la era mesiánica era también un tópico en la literatura profética

n. Los profetas coloreaban sus vaticinios mesiánicos conforme a las exigencias del

ambiente. En todas las profecías hay un núcleo sustancial espiritual, que es el centro del vaticinio,

y una corteza externa, en la que entra mucho la imaginación desbordada oriental. Sustancialmente

las promesas se cumplen, si bien en lo accidental de un modo muy diverso a como lo

presentaban los profetas del A.T. En realidad, éstos se han quedado cortos en sus descripciones

ideales, ya que el mundo de la gracia — síntesis de las íntimas relaciones de Dios con la

humanidad — supera con mucho a todo lo que pudieran entrever los grandes profetas del A.T.

12 No debemos perder de vista la perspectiva doctrinal del A.T. Los profetas son hombres excepcionales,

pero de su tiempo, y del futuro sólo conocían lo que expresamente les revelaba Dios, y

en estas revelaciones hay un núcleo sustancial espiritual; pero, al proponerlas al pueblo, ellos

presentaban esa realidad sustancialmente espiritual de modo gráfico, con concepciones tomadas

de su ambiente histórico.

Ezequiel, en este oráculo, describe a los exilados la restauración de Israel como nación,

entrando en una nueva etapa libre de temores. Han sufrido tanto de los pueblos enemigos, que

sólo la idea de paz centraba las ansias de todos. Les anuncia solemnemente que los enemigos

tradicionales de Israel serán vencidos definitivamente, rompiendo las coyundas de su yugo

(v.27), con la consecuente liberación de los oprimidos. Israel se volverá a constituir sin temor a

invasiones de las gentes, creando un nuevo núcleo nacional, una prole de renombre (v.29); es

decir, los descendientes de los exilados volverán a constituir una comunidad nacional renombrada

entre las naciones, para no volver a ser más el escarnio de las gentes. La catástrofe nacional y

la cautividad habían dado ocasión a que las naciones paganas se mofaran del pueblo israelita,

2318

interpretando su derrota como un signo de impotencia de Israel y de su Dios. Pero, en el futuro,

la progenie de Jacob volverá a ser el rebaño de Yahvé (ν.31), el pueblo elegido, dirigido bajo

una providencia especialísima divina: yo soy vuestro Dios. La antigua propensión a la idolatría

desaparecerá e Israel reconocerá a Yahvé como su único Señor.

1 Muchos cíe los conceptos de este capítulo aparecen en los últimos capítulos del libro. Así 1-16 es paralelo a 48:35; 23-24 es similar

al contenido de los €.45-48; los v.25-10 son muy parecidos a 47:1-12. — 2 Hemos traducido leche según los LXX. El TM puntúa

la misma palabra hebrea con sentido de grey. Creemos que en el contexto se adapta mejor nuestra versión, ya que se habla de leche,

lana, productos todos del rebaño. — 3 Zac 11:4-17; 2 Sam 5:2; Sal 23; Mt 18:12-14; Le 15:4-7, Y sobre todo la bellísima parábola

del buen Pastor (Jn 10:1-18). — 4 “¡Ay de los pastores que dispersan y destrozan el rebaño de mi pastizal! Por eso dice

Yahvé de los que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis descarriado y no habéis cuidado de ella;

yo me cuidaré de pediros cuenta de vuestra conducta.” — 5 Cf. Ex 19:5. — 6 Cf. Ez 22:23-31. — 6 Así según los LXX. El TM

dice: “destruiré.” La confusión de una letra por otra parecida en el hebreo (resh por daleth) explica esta versión, que no parece encaje

en el contexto. — 7 Cf. 2 Sam 5:2; 1 Re 22:17; Sal 23; 74:1; 79.131 Os 13:6; Miq 5:4; 7:14! Is 40,11; Jer 13:17; 23:1; 50,19;

Zac 10:3; 11:7. — 8 Esta denominación de siervo aplicada a David aparece en 2 Re 8:18; Sal 19:1; 36:1; 89:4 11. — 9 Is 11:6-9;

Jer 23:5-6; Os 2:2os; Miq 5:5. — 10 Cf. Is 2:2 Sal 2:6; 110,2; Jl 2:32; 3:17, — 11 Cf. Am 9:13; Os 2:23; Is 0:3.6; 11:6-9; 32:1-

5.15-18. — 12 Sobre esta cuestión pueden verse los siguientes trabajos: B. Frey, Le conflit cnire le Messiahisme de Jesús et le

Messianisme de son ternps: B1 14 (1933) 133-149.269-293; A. Meli, / beni ternporali nelle profezie messianiche: Bi 18 (1935)

307-329; M. García Cordero, Hipérbole, paradoja y realidad en las profecías mesiánicas: CT (1959) 353-82.

35. Oráculo Contra Edom.

De nuevo el profeta lanza un oráculo contra Edorn 1. La explicación de que este vaticinio conminatorio

contra una nación pagana esté aquí en medio de estas profecías sobre la restauración

de Israel, hay que buscarla en el hecho de que los edornitas, después de la caída de Jerusalén,

invadieron el territorio de Judá, contribuyendo a una mayor desolación. El profeta, pues, antes de

hablar de la restauración de Israel en su tierra de Palestina, anuncia que los habitantes de Edom,

que se aprovecharon de la triste situación del pueblo israelita, deberán ser aniquilados por la justicia

divina. Este castigo divino, pues, contra Edom es el preludio del establecimiento del reino

nuevo de Israel.

La asolación del territorio de Edom (1-15).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro

hacia el monte Seir y profetiza contra él. 3 Dile: Así habla el Señor, Yahvé: Heme

aquí contra ti, ¡oh monte Seir! También sobre ti tenderé mi mano, 4 y te tornaré en

desierto, reduciendo a ruinas tus ciudades. Serás asolado y sabrás que yo soy Yahvé.

5 Porque en tu secular enemiga contra Israel pasaste a sus hijos a la espada el día fatal

de la desventura, cuando llegó a su término la iniquidad. 6 Por mi vida, dice el

Señor, Yahvé, por haber pecado contra la sangre, la sangre te perseguirá, 7 y haré

del monte Seir desierto y soledad, sin que haya quien por él vaya ni venga, 8 y henchiré

de muertos tus colinas; en tus montes y en tus valles, en el lecho de todos tus

torrentes, yacerán los muertos a la espada. 9 Te reduciré a eterna soledad; no serán

ya habitadas tus ciudades, y sabrás que yo soy Yahvé, 10 pues que te dijiste: Míos serán

ambos pueblos y ambas tierras, nosotros los poseeremos, aunque allí esté Yahvé.

11 Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que te trataré conforme a tu ira y al furor con

que en tu odio los trataste. 12 Y sabrás que yo soy Yahvé cuando te juzgue. He oído

todas las injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: “¡Destruidos!

Nos los dan para que los devoremos” 13 Y os insolentasteis de boca contra mí, y multiplicasteis,

oyéndolas yo, vuestras palabras contra mí. 14 Así dice el Señor, Yahvé:

2319

Alegrándose la tierra toda, a ti te tornaré en desierto. 15 Como te gozaste en la desolación

de la heredad de la casa de Israel, asimismo haré yo contigo; os tornaréis en

desierto, ¡oh montes de Seir! y con vosotros Idumea toda entera, y se sabrá que yo

soy Yahvé.

El profeta no precisa la fecha en que profirió este oráculo conminatorio contra el país cíe Edom,

pero puede lógicamente relacionarse con el vaticinio anterior. Antes de que los israelitas se instalen

en la tierra patria, Yahvé se encargará de aniquilar a los edomitas, enemigos tradicionales,

que se han aprovechado de la situación triste de Judá, instalándose incluso en su territorio. Por

orden de Dios, Ezequiel debe dirigir su rostro hacia el monte Seir, expresión característica para

indicar que el oráculo es amenazador 2. El monte Seir es la región montañosa de Edom, al sudeste

del mar Muerto 3. Sobre esta región montañosa, donde estaba asentada la población edomita,

el profeta extiende la mano en nombre de Yahvé con gesto amenazador 4. Desde los tiempos más

remotos, los habitantes de Edom se habían comportado hostilmente contra sus hermanos los israelitas

5. El rencor, reconcentrado durante varios siglos de humillación por el poderío judío, estalló

furiosamente cuando cayó Jerusalén en manos del invasor babilónico, colaborando los

edomitas con los caldeos y persiguiendo despiadadamente a los fugitivos 6.

En ese día fatal de la desventura (v.5), los edomitas colmaron su iniquidad, excitando así

la contenida ira divina. Edom ha cometido un pecado de lesa sangre al oprimir y matar al que era

pariente suyo, ya que Israel descendía de Jacob, hermano de Esaú, el epó-nimo de los edomitas 7.

La frase la sangre te perseguirá parece una alusión al hecho de que el mismo Israel (pariente de

Edom) ejecutará el castigo sobre su opresor, Edom. En 25:14 se dice que Yahvé pondrá por obra

su venganza contra Edom tomando como instrumento al mismo Israel.

La devastación será general (v.8). Las frases sobre la asolación general son hiperbólicas,

para encarecer la catástrofe (henchiré de muertos tus colinas.). Edom ha querido anexionarse el

territorio de Judá: Míos serán ambos pueblos y ambas tierras. (v. 10). Después de la toma de Jerusalén

por los caldeos, el territorio se convirtió en tierra de nadie, y es muy probable que los

edomitas hayan penetrado en el territorio. La expresión ambos pueblos se refiere al reino de Judá

y al antiguo territorio de Samaría. En los últimos siglos antes de Cristo, los habitantes de Edom

se trasladaron al sur de Judá empujados por las tribus arábigas nabateas, que se establecieron en

la antigua región de Edom. Ezequiel anuncia contra los edomitas el mismo trato que éstos dieron

a los judíos vencidos (v.11). En su audacia habían pretendido vencer al mismo Yahvé (Míos

serán los pueblos. aunque esté Yahvé, v.8). Esto era una verdadera blasfemia. El castigo será

ejemplar; toda la tierra se alegrará de ello (v.14).

1 Ex 25:12-14. — 2 Sobre esta idiomática expresión profética cf. Ez 6:2; 13:17. — 3 La parte meridional de Traiisjordania es llamada

hoy día Esh-Shera (acaso el Sherí de las cartas de Tell-Amarna), y que parece corresponder al nombre de Seir. Cf. Gen 24, 6;

32:4. — 4 Sobre esta expresión véase Ez 13:9; 14:9.13; 16:27. — 5 Cf. Núm 20,21; Tue 11:17; 1 Sam 14:47; 2 Sam 8:13. — 6 Cf.

Abd 11.14. — 7 Hemos seguido a los LXX en la traducción del verso. La Bible de Jérusalem traduce: “te pondré en sangre, y la

sangre te perseguirá.”

36. La Restauración completa de Israel.

Después de hablar de la destrucción de los enemigos seculares de Israel como condición previa

para el retorno de los israelitas a su tierra patria, el profeta habla de la restauración de la nación.

El capítulo contiene dos partes: a) anuncio de la bendición de Yahvé sobre los montes de Israel,

en oposición a la desolación sobre los montes de Edom (1-15); b) el castigo de Judá fue mereci2320

do; pero, por honor de su nombre, Yahvé hará retornar a los exilados, les dará un nuevo corazón,

y en Palestina los colmará de todo bien. La nueva tierra de promisión se transformará en un

maravilloso edén para felicidad de los repatriados (16-38).

La bendición sobre los montes de Israel (1-15).

1 Y ahora, hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel y di: Oíd, montes de Israel,

la palabra de Yahvé: 2 Así habla el Señor, Yahvé: Pues que el enemigo dijo de

vosotros: ¡Ea! Son ruinas perpetuas, se nos dan en posesión a nosotros. 3 Habla y di:

Así habla el Señor, Yahvé: Por eso, porque os asolaron y tragaron de todas las partes,

dándoos por heredad a las gentes y haciéndoos objeto de habladurías y de escarnios,

4 por eso, ¡oh montes de Israel! oíd la palabra de Yahvé: Así dice el Señor,

Yahvé, a los montes y a los collados, a los lechos de los torrentes y a los valles, a las

ruinas desoladas y a las ciudades desiertas que fueron la presa y el sarcasmo de los

que de los pueblos circunvecinos quedaban. 5 Por eso, así habla el Señor, Yahvé: Sí,

en mi celo y en mi furor hablé contra los escapados de los pueblos, y contra Idumea

toda entera, que se apropiaron mi tierra con corazón alegre y el desprecio en el alma

para despoblarla y depredarla. 6 Por eso, profetiza a la tierra de Israel, y di a los

montes y a los collados, a los lechos de los torrentes y a los valles: Así habla el Señor,

Yahvé: Heme aquí, en mi celo y en mi furor lo digo: Ya que habéis soportado el escarnio

de las gentes, 7 así habla el Señor, Yahvé: Alzo mi mano y juro que las gentes

que os rodean soportarán vuestro escarnio, 8 y vosotros, montes de Israel, germinaréis,

daréis ramas y frutos a mi pueblo Israel, que va a volver. 9Porque heme aquí, a

vosotros me acerco, a vosotros me vuelvo. Todavía seréis labrados y sembrados, 10

multiplicaré en vosotros a los hombres, la casa de Israel toda entera, y serán repobladas

las ciudades y reconstruidas las ruinas. 11Multiplicaré en vosotros a los hombres,

y se multiplicarán los ganados, y estaréis poblados como antiguamente, y más

todavía que al principio, y sabréis que yo soy Yahvé. 12 Haré volver a vosotros a los

hombres, mi pueblo Israel, que os poseerá, y les seréis en heredad, y no volveréis a

devorarlos. 13 Así dice Yahvé: Pues que andan diciendo de ti: Eres una devoradora

de hombres y has privado a tu nación de tus hijos, 14 no devorarás ya más a los

hombres, ni a tu nación privarás de hijos, dice el Señor, Yahvé, 15 y nunca más te

haré oír los insultos de las gentes, ni tendrás que oír los escarnios de los pueblos, y

no quedarán los tuyos privados de hijos, dice el Señor, Yahvé.

En este fragmento, el país de Judá es simbolizado metonímicamente en sus montes (v.1) 1. De

hecho, el reino de Judá comprendía precisamente la zona montañosa al sur de Palestina. La expresión

Israel tiene el sentido de nación israelita en general, sin contraponerlo a Judá. El profeta

echa en cara a las naciones enemigas, sobre todo a Edom, que se alegraran de la desolación del

país de Israel (v.2). Los pueblos vecinos de Judá creían que la situación de Palestina como tierra

de nadie habría de permanecer indefinidamente, y por eso piensan instalarse en ella. Judá se

había convertido en objeto de escarnio (v.3) para las otras naciones. Su supuesta superioridad

religiosa de nada le sirvió en el momento del turbión de la guerra.

Yahvé, en su celo, no puede soportar la burla de su pueblo, y se propone castigar a los escapados

de los pueblos (v.5), las bandas ambulantes que se habían librado de los soldados caldeos

y andaban por los desiertos atacando al pueblo judío que había quedado en su tierra. Días

llegarán en que los escarnecedores serán escarnecidos, mientras que los montes de Israel serán

2321

glorificados de nuevo al ser repoblados con las gentes judías repatriadas (v.8). Yahvé tendrá una

particular providencia de la tierra de Palestina: α foso tros me acerco, a vosotros me vuelvo (v.8).

Se había alejado momentáneamente para castigar a su pueblo por sus pecados, pero les siguió en

el exilio, y volverá a protegerlos, devolviéndolos a sus hogares antiguos. Los montes volverán a

ser sembrados y labrados, y las ciudades a ser repobladas (v.10). La prosperidad será la nota de

la nueva situación en Palestina, de forma que se superarán los tiempos antiguos, y esa situación

será definitiva, ya que Yahvé no volverá a castigarlos: no volveréis a devorarlos (v.12).

Por fin se establecerá una paz permanente en la tierra de Palestina, que, por ser una encrucijada

geográfica, fue siempre lugar de lucha permanente. De ahí el título que se le da de devoradora

de hombres (ν.13). Siempre había sido campo de choque y de batalla entre las grandes

potencias, y también objeto de incursiones y razzias de parte de las poblaciones vecinas de

TransJordania. La ir ase parece calcada en la información dada por los exploradores israelitas de

Canaán: “Es una tierra que devora a sus habitantes.” 2 El profeta Ezequiel, pues, recoge la expresión

para aplicarla a la situación anterior al exilio, cuando Palestina había sido asolada y llevados

cautivos sus habitantes, y contraponerla a la nueva situación. En el futuro, todo será paz, porque

Yahvé tomará al país bajo su especial protección (v.14). Palestina no devorará ya mas a los

hombres (v.14), sino que será el lugar edénico en el que todos vivirán en paz, sin temor a enemigos

exteriores e interiores.

Yahvé salvará a Israel por el celo de su gloria (16-24).

16 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 17 Hijo de hombre, cuando moró

en su tierra la casa de Israel, la contaminaron con sus malas obras y sus pecados. Su

obrar ante mí fue como de inmundicia de menstruada. 18 Por eso descargué yo mi

ira sobre ellos, por la sangre que derramaban en la tierra y por los ídolos con que la

contaminaron. 19 Y los he dispersado entre las gentes y han sido esparcidos por todas

las tierras, juzgándolos conforme a sus caminos y a sus obras, 20 y, llegados a las

gentes a donde fueron, éstas profanaron mi santo nombre, diciendo de ellos: “Estos

son el pueblo de Yahvé, han sido echados de su tierra.” 21 Pero he tenido lástima de

ellos al ver mi santo nombre profanado, por causa de la casa de Israel, entre las gentes

a las que han sido llevados. 22 Di, pues, a la casa de Israel: Así habla el Señor,

Yahvé: No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino más bien por el honor de mi

nombre, profanado por causa vuestra entre las gentes a que habéis ido. 23 Yo santificaré

mi nombre grande, profanado entre las gentes a causa de vosotros en medio

de ellas, y sabrán las gentes que yo soy Yahvé, dice el Señor, Yahvé, cuando yo me

santificare en vosotros a sus ojos. 24 Yo os tomaré de entre las gentes, y os reuniré de

todas las tierras, y os conduciré a vuestra tierra.

Ya en el c.20 el profeta había explicado claramente que Dios volvería a preocuparse de Israel por

el celo de su gloria. De suyo, Israel, por sus pecados, no hubiera merecido que se acordara de él,

pero su desgracia ha sido ocasión de que los enemigos paganos se burlaran, diciendo: Estos son

el pueblo de Yahvé, han sido echados de su tierra (v.20). La frase es irónica y parece insinuar

que el Dios de Israel ha sido impotente para salvar a su pueblo. En realidad, Yahvé expresaba

rechazo hacia Israel por sus pecados tradicionales de idolatría y homicidios (v.18), y lo consideraba

impuro como una mujer menstruada (v.17). La Ley declaraba impuro a todo lo que tocare

a una mujer en este estado 3. Es una metáfora muy expresiva para reflejar la situación abominable

en que se hallaba Israel respecto de su Dios. Nada en él había que atrajera sus miradas por

2322

sus múltiples pecados, y por eso le castigó duramente con el exilio; pero esto dio lugar a que las

otras naciones profanaran el nombre de Yahvé al considerarle impotente en su protección sobre

la nación vencida.

Por eso ya es cuestión de salvar el honor de su santo nombre profanado (v.21)4. Israel,

con sus pecados, ha dado ocasión a esta profanación del nombre de Yahvé entre los gentiles, ya

que con sus aberraciones se hizo acreedor a los mayores castigos y aun de la destrucción de la

nación como tal. El exilio había desacreditado a Yahvé ante las gentes, le había profanado, y

ahora Yahvé, movido de su celo, quiere santificarse ante ellos (v.23), es decir, mostrar su poder

y santidad o carácter moral y trascendente; es decir, hará ver a los gentiles que, si permitió la

destrucción de su pueblo, no fue por impotencia, sino por exigencias de su justicia y santidad,

que reclamaban un castigo purificador. Yahvé no puede permitir impunemente el pecado, sino

que en todos sus actos se mueve por sus imperativos morales intransigentes. Cuando haga retornar

a los israelitas a su patria, entonces los gentiles sabrán quién es Yahvé en su omnipotencia y

grandeza.

Purificación y arrepentimiento de los israelitas (25.-32)

25 Y os aspergeré con aguas puras y os purificaré de todas vuestras impurezas, de

todas vuestras idolatrías. 26 Os daré un corazón nuevo y pondré en vosotros un espíritu

nuevo; os arrancaré ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne. 27

Pondré dentro de vosotros mi espíritu y os haré ir por mis mandamientos y observar

mis preceptos y ponerlos por obra. 28 Entonces habitaréis la tierra que yo di a vuestros

padres, y seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. 29 Os libraré de todas vuestras

impurezas, y llamaré al trigo y lo multiplicaré, y no tendréis hambre. 30 Multiplicaré

los frutos de los árboles y el de los campos, para que nunca más os escarnezcan

las gentes porque padezcáis hambre. 31 Vosotros, por vuestra parte, os acordaréis

de vuestros malos caminos, de vuestras obras, que no fueron buenas, y sentiréis

vergüenza de vosotros mismos por vuestras iniquidades y vuestras abominaciones. 32

No lo hago por vosotros, dice el Señor, Yahvé; sabedlo, confundios y avergonzaos de

vuestras obras, ¡oh casa de Israel!

Yahvé, al reintegrar al pueblo israelita, quiere que constituya una nueva comunidad totalmente

distinta a la anterior al destierro en cuanto a sus sentimientos religiosos internos. Los vicios tradicionales

de idolatría e injusticias sociales no deben prevalecer en la nueva teocracia, y de

ahí que Yahvé los someta a una purificación lustral interna (v.25) 5. Y esta purificación no será

sólo negativa, haciendo desaparecer los pecados tradicionales pasados, sino que transformará

interiormente a los nuevos ciudadanos de Israel: Os daré un corazón nuevo, os arrancaré ese

corazón de piedra y os daré un corazón de carne (v.26). Los israelitas anteriores al exilio habían

tenido un corazón de piedra, insensible a los mandatos de Yahvé. En adelante los israelitas tendrán

un espíritu nuevo, proveniente de su Dios, de modo que sientan instintiva atracción hacia

los caminos rectos 6.

El profeta entrevé la nueva etapa mesiánica, en que los imperativos del espíritu serán los

móviles de una nueva generación: el cristianismo. De hecho sabemos que los israelitas reintegrados

a su patria después del exilio no volvieron a sentir veleidades idolátricas, sino que más

bien se cerraron en un sano monoteísmo intransigente. Es la primera etapa de la nueva era vislumbrada

por Ezequiel. Con la aparición del Mesías vendrá el culto de Dios “en espíritu y en

verdad”7, síntesis del mensaje evangélico. Pero el profeta en este oráculo se fija en la primera

2323

etapa, idealizándola: el Israel histórico volverá a ser realmente el pueblo de Yahvé (v.28), ya que

los corazones de los israelitas vivirán centrados en torno a su Dios. La profecía es paralela a la de

Jeremías: “en aquel día seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellos serán mi pueblo. Yo

pondré mi ley en ellos y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” 8.

Como consecuencia de esta vinculación a Yahvé, vendrán toda clase de bendiciones sobre

la nueva teocracia: en primer lugar, la purificación de todas las impurezas idolátricas pasadas,

y después la fertilidad exuberante de la naturaleza: llamaré al trigo y lo multiplicaré (v.29)

9. Será entonces cuando se vean participantes de las bendiciones de Dios, cuando reconozcan

plenamente sus yerros pasados 10, entrando por la vía de una conversión sincera. Pero el profeta

cierra la perícopa repitiendo que la restauración de Israel no fue debida a los méritos realizados

por la Nación, sino más bien al celo de Yahvé por su nombre entre los pueblos (v.32). Deben

tener en cuenta que la historia de Israel es la historia de deserciones y crímenes de todo género,

y, por tanto, deben sentir vergüenza del pasado: confundios y avergonzaos de vuestras obras.

Prosperidad del nuevo Israel (33-38).

33 Así habla el Señor, Yahvé: El día en que os habré purificado de todas vuestras

iniquidades, repoblaré las ciudades y reconstruiré las ruinas. 34 La tierra desolada

en que el caminante no ve más que desolación, volverá a ser labrada, 35 y se dirá:

Aquella tierra inculta se ha convertido en jardín de Edén; las ciudades arruinadas,

asoladas y desiertas están fortificadas y pobladas, 36 y los pueblos que en torno vuestro

han sido dejados, sabrán que yo, Yahvé, he edificado vuestras derribadas ruinas

y he repoblado de árboles la tierra devastada. Yo, Yahvé, lo he dicho y lo haré. 37

Así dice el Señor, Yahvé: Aun a esto más me dejaré inducir a realizar por la casa de

Israel: Multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños; 38 a modo de ovejas

consagradas, de ovejas de Jerusalén, en sus solemnidades, así serán las ciudades

arruinadas, llenas de rebaños humanos, y sabrán que yo soy Yahvé.

El profeta idealiza la situación de la tierra de promisión de los repatriados. Palestina se convertirá

en un verdadero Edén, admiración de todas las gentes. En otros tiempos, Moisés había prometido

al pueblo de Israel salido de Egipto una tierra que “manaba leche y miel.”11 La nueva reinstalación

de los exilados será también en una tierra feracísima. Los campos desolados recobrarán su

frondosidad perdida, y las ciudades serán repobladas en número desbordante. El cuadro presentado

por el profeta es cautivador para aquellos pobres exilados, acostumbrados a trabajar en los

campos e industrias de los caldeos. De nuevo tenemos que repetir que debemos distinguir en estos

oráculos lo sustancial espiritual del ropaje accesorio literario.

Ezequiel no encuentra mejor modo de atraer la atención de aquellos exilados, sumidos en

la desesperación, que presentarles un cuadro exuberante de restauración en la tierra ahora hollada

por el enemigo. La imaginación oriental del profeta reviste la nueva realidad de la repatriación

— hecho sustancial de sus vaticinios — con colores vivos y atrayentes, conforme a las exigencias

de la mentalidad de los oyentes. En el recuerdo de todos estaban las solemnidades en el templo,

con los miles de ovejas apretujándose en los atrios exteriores del templo de Jerusalén preparadas

para el sacrificio: ovejas consagradas (v.38). El profeta afirma que en la repoblación

humana de la actualmente deshabitada Judá se repetirá un espectáculo semejante (v.38). Los exilados

creían que la nación se extinguiría como comunidad nacional, ya que la espada, el hambre

y el cautiverio habían acabado casi con la población de Judá. ¿Cómo habría de repoblarse de

nuevo el hogar patrio? El profeta anuncia en nombre de Dios que llegarán días en que la patria

2324

volverá a ser desbordada de gentes repatriadas con ánimos de reconstruir la nación.

1 Ez 6:2; 35:12. — 2 Núrn 13:32; Lev 18:28. — 3 Cf. Lev 15:10-20. — 4 Cf. Is 43:22-25; 48:11. — 5 Las abluciones lústrales simbolizaban

el perdón de los pecados (Gen 35:2; Ex 30:17). — 6 Cf. Is 32:5; Jl 2:28; Zac 4:6. Véase el artículo de P. Van Imschoot,

L'esprit de Yahvé, principe de vie dans VA.T.: “Ephem. Theol. Lovari.,” 16 (1939) 457-467. — 7 Cf. Jn4:14. 8 Cf. Jer31:1.33. —

9 Expresión análoga para predecir la fertilidad del campo la encontramos en Os 2:21-22. — 10 Cf. Ez 20:43; Is 64:6; Jer 2:23. —

11 Ex 3:8; 17:13; 33:3; Lev 20:24.

37. Resurrección de la Nación Israelita.

Las afirmaciones precedentes de Ezequiel, sin duda que suscitaban en la mayor parte de los

oyentes escepticismo. ¿Cómo Judá habrá de verse algún día restaurada en su patria con plena libertad?

El imperio de Nabucodonosor parecía omnipotente, y, por tanto, su opresión habría de

permanecer por siglos. El profeta, para realzar más sus promesas, les comunica una visión que ha

tenido sobre la restauración de Israel. Cierto que el pueblo israelita había sido reducido a un estado

esquelético, pero la omnipotencia divina puede de nuevo reanimar estos huesos disecados.

Israel será restaurado como nación, y de nuevo todos los israelitas, dejando sus anteriores tradiciones

cismáticas, se unirán para formar un solo reino futuro. El capítulo se divide netamente en

dos partes: a) visión sobre la restauración de la comunidad israelita (1-14); b) acción simbólica

sobre la unión de los dos reinos israelitas, Judá y Efraím (15-28).

Visión de los huesos secos (1-10).

1 Fue sobre mí la mano de Yahvé, y llevóme Yahvé fuera y me puso en medio de un

campo que estaba lleno de huesos. 2 Hízome pasar por cerca de ellos todo en derredor,

y vi que eran sobremanera numerosos sobre la haz del campo y enteramente

secos. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿revivirán estos huesos? Y yo respondí: Señor,

Yahvé, tú lo sabes. 4 Y él me dijo: Hijo de hombre, profetiza sobre estos huesos y diles:

Huesos secos, oíd la palabra de Yahvé. 5 Así dice el Señor, Yahvé, a estos huesos:

Voy a hacer entrar en vosotros el espíritu y viviréis, 6 y pondré sobre vosotros nervios,

y os cubriré de carne, y extenderé sobre vosotros piel, y os infundiré espíritu, y

viviréis y sabréis que yo soy Yahvé. 7 Entonces profeticé yo como me mandaba, y a

mi profetizar se oyó un ruido, y hubo un agitarse y un acercarse huesos a huesos. 8

Miré y vi que vinieron nervios sobre ellos, y creció la carne y los cubrió la piel, pero

no había en ellos espíritu. 9 Díjome entonces: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de

hombre, y di al espíritu: Así habla el Señor, Yahvé: Ven, ¡oh espíritu! ven de los

cuatro vientos y sopla sobre estos huesos muertos, y vivirán. 10 Profeticé yo como se

me mandaba, y entró en ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie, un ejército

grande en extremo.

El cuadro que presenta el profeta es espeluznante: un campo lleno de huesos secos. En nombre

de Dios proclama un nuevo oráculo a los exilados. La expresión fue sobre mí la mano de Yahvé

indica en la literatura profética un influjo divino especial irresistible sobre el vidente ! La visión

aparece perfectamente escenificada. El profeta da vueltas al campo apocalíptico de esqueletos

humanos expuestos a la intemperie. Todo era impresión de muerte. De un lado, Ezequiel ve que

estos huesos eran incalculables, y por otro sabe que están completamente secos, sin nervaduras ni

carne. Ya hacía tiempo que el soplo vital había partido de ellos. El Señor le interroga sobre la

2325

posibilidad de que estos esqueletos sean de nuevo reanimados por la vida (v.3). El profeta no

niega la posibilidad de la resurrección de estos huesos 2, pues sabe que Dios es omnipotente: Señor,

tú lo sabes, es la respuesta prudente de Ezequiel (v.3).

Sin duda que en la visión el profeta nota que Yahvé quiere hacer algo excepcional. Por

orden suya profetiza sobre los huesos secos. Ezequiel aparece como instrumento de esta resurrección,

en cuanto que será el paladín de la esperanza de la resurrección nacional de Israel en el

cautiverio. La palabra profetiza indica que Ezequiel debe conducirse como profeta, es decir,

transmisor de un designio divino. La vivificación de los huesos aparece altamente dramatizada:

primero se juntan los nervios, después se llenan de carne y, por fin, son vivificados por el hálito

vital (v.6). Según la mentalidad popular, la vida venía directamente de Dios, quien infundía a

cada ser el soplo vital 3.

Aquí este espíritu es lo último que sobreviene al esqueleto ya articulado con los nervios y

la carne. En la formación del primer hombre se sigue el mismo orden, pues el hálito vital es infundido

después que ha sido configurado el hombre en lo material externo. En la visión de Ezequiel,

el hálito vital o espíritu (rúaj) ha de venir de los cuatro vientos (V.9), porque debía informar

a todos los huesos que en el campo estaban esparcidos en las cuatro direcciones. Ninguno

debe quedar sin ser vivificado. Como consecuencia de la invocación del profeta al espíritu sobre

aquellos huesos secos, éstos se vivificaron, y ante los ojos atónitos del vidente había allí un ejército

inmenso de hombres resucitados (v.10).

Explicación de la visión (11-14).

11 Díjome entonces: Hijo de hombre, esos huesos son la entera casa de Israel. Andan

diciendo: Se han secado nuestros huesos, ha fallado nuestra esperanza, estamos perdidos.

12 Por eso profetiza y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Yo abriré vuestros sepulcros

y os sacaré de vuestras sepulturas, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel,

13 y sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestros sepulcros y os saque de

vuestras sepulturas, pueblo mío, 14 y ponga en vosotros mi espíritu y viváis, y os dé

reposo en vuestra tierra, y sabréis que yo soy Yahvé, lo dije y lo hice, oráculo de

Yahvé.

La explicación de la apocalíptica visión es clara en el contexto y la declaración subsiguiente: los

huesos resucitados son los exilados de Israel, que se creen ya sin esperanza de resurrección nacional:

estamos perdidos. (v.11). La desesperación era la característica de los exilados después

de la ruina definitiva de Jerusalén. Se creen totalmente abandonados de su Dios. Ezequiel quiere

levantar los ánimos. La visión que acaba de exponer es el mejor símbolo de lo que va a suceder

en el futuro, pues Israel será de nuevo reanimado, con la ayuda de Dios, y reintegrado a su

patria. Los israelitas exilados están como muertos en sus sepulcros, pero Yahvé los va a sacar de

este estado, vivificándoles para hacerlos volver a la tierra de Palestina (v.14). Nada en el contexto

favorece la opinión de que aquí se trata de la resurrección de los muertos, aun limitada al pueblo

israelita como en Dan 12:24.

Un solo reino bajo el cetro único del nuevo David (15-28).

15 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 16 Hijo de hombre, toma un palo y

escribe en él: “Judá y los hijos de Israel que le están unidos.” Toma luego otro y escribe

en él: “José, el báculo de Efraím y de toda la casa de Israel que le está unida.”

17 Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y uno solo hagan en tu

2326

mano. 18 Y cuando te pregunten los hijos de Israel: ¿No nos enseñarás qué es eso? 19

Diles: Así habla el Señor, Yahvé: He aquí que yo tomaré el báculo de José, que está

en manos de Efraím y de las tribus de Israel que le están unidas, y lo pondré sobre el

báculo de Judá, haciendo un solo báculo, y será uno solo en mi mano. 20 Que estén a

sus ojos los palos en que escribas, y diles: 21 Así dice el Señor, Yahvé: He aquí que yo

tomaré a los hijos de Israel de entre las gentes a que han ido, juntándolos de todas

las partes, y los traeré a su tierra. 22 Y haré de ellos en la tierra, en los montes de Israel,

un solo pueblo, y todos tendrán un solo rey; nunca más serán dos naciones,

nunca más estarán divididos en dos reinos, 23 nunca más se contaminarán con sus

ídolos; los libraré de todas las rebeliones con que pecaron y los purificaré, y serán

mi pueblo, y yo seré su Dios. 24 Mi siervo David será su rey, y tendrán todos un solo

pastor, y caminarán por las sendas de mis mandamientos, y guardarán mis preceptos,

poniéndolos por obra. 25 Y habitarán la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en

que habitaron vuestros padres. Ellos la habitarán y los hijos de sus hijos por los siglos

de los siglos, y por los siglos será su príncipe David, mi siervo. 26 Estableceré

con ellos un pacto de paz que será pacto eterno; los asentaré, los acrecentaré y pondré

mi santuario en medio de ellos por los siglos. 27 Pondré en medio de ellos mi morada,

y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 28 Y sabrán las gentes que yo, Yahvé,

santifico a Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos por los siglos.

Después de anunciar solemnemente, en la explicación de la visión anterior, la repatriación de los

exilados, el profeta anuncia que en el futuro desaparecerá la tradicional división de las diez tribus

del norte, con Efraím a la cabeza, y las dos del sur, con Judá por capital. Esta unión de las doce

tribus la expresa Ezequiel con una acción simbólica para llamar más la atención de los oyentes.

Por orden divina, el profeta toma dos palos; en uno debe escribir: Judá y los israelitas que le están

unidos; y en otro: José y la casa de Israel que le esta unida (v.16). El primer palo, pues, simbolizaba

el reino del sur, y el segundo el reino del norte, en el que descollaba la tribu de Efraím,

hijo de José. En efecto, por su belicosidad y los muchos caudillos que dio, Efraím se constituyó

en cabeza moral de las tribus cismáticas del norte después de la muerte de Salomón 5. En lo futuro,

las doce tribus volverán a reunirse bajo un solo rey. El profeta, para significar esto, junta

un palo al otro (ν.17). Días llegarán en que Yahvé reunirá a todos los componentes de todas las

tribus dispersas entre las gentes y las volverá a su tierra (v.21). Juntas constituirán un solo pueblo,

bajo un solo rey, al que se le llama mi siervo David (v.24). De nuevo se repite que la futura

teocracia estará calcada sobre la añorada época de David. El profeta une siempre la repatriación

de los exilados a la inauguración de los tiempos mesiánicos. De hecho, el retorno de los exilados

fue el principio de la nueva comunidad nacional, en la que había de aparecer el Mesías. En los

profetas suele faltar la perspectiva histórica, y viven de la esperanza mesiánica. En sus ansias

de realización, la presentan como próxima para reavivar las esperanzas en el pueblo, decaído de

ánimos. Es justamente lo que hace Ezequiel entre sus compañeros de destierro. Con estas ansias

de levantar los ánimos, el profeta idealiza el futuro, y piensa en la nueva era, en que reinará la

paz y equidad como consecuencia de una nueva alianza (v.26), que será definitiva por los siglos.

Dios volverá a ser el centro de los corazones de los israelitas 6, pues volverá a establecer su morada

entre ellos en su santuario cíe Jerusalén. Entonces sabrán las gentes que Yahvé ha santificado

a Israel (v.28), es decir, lo ha separado de entre las naciones para ser pueblo suyo y entrar

en la atmósfera de santidad e incontaminación que exige la presencia divina. El cumplimiento

de este vaticinio se da en la Iglesia como Israel espiritual, heredero de las promesas del antiguo

Israel histórico. El profeta, pues, entrevé la gran realización, si bien la condiciona a la mentalidad

2327

viejotestamentaria de su tiempo.

1 Cf. Ez 1:3; 8:1. — 2 En la tradición bíblica hay casos de resurrecciones individuales (cf. 1 Re 17:175; 2 Re 4:18s). Pero se trataba de

individuos recién fallecidos. Pero aquí se trata ya de huesos secos. Desde luego, no se plantea aquí el problema de la resurrección

universal. En el contexto se trata de una visión simbólica sobre la resurrección colectiva de Israel como nación. — 3 Cf. Sal

104:2955; Job 32:45; 34:14s; Ex 15:8; 2 Sam 22:16; Sal 18:16. Véase P. Van Imschoot, L'esprit de Yahvé, source de vie dans

l'A.T.: RB 44 (193S) 481-501. — 4 Cf. D. Buzy, O.C., p.200-210. — 5 Cf. Sal 78,67; Os 4:17; 5:9; — 6 Cf. Jer 31:31-1:21 5:8.

38. Invasión de Gog. Destrucción de su Ejercito.

Los capítulos 38-39 son netamente apocalípticos por su estilo; en ellos se describe primero la

invasión de un pueblo guerrero venido del norte con un caudillo llamado Gog. Después de cumplir

su misión de castigo sobre el pueblo de Israel, los invasores son, a su vez, destruidos por la

mano omnipotente de Yahvé. El estilo es desbordante dentro de la línea de los libros llamados

apocalípticos, que tanto pululan entre los judíos en los siglos inmediatamente anteriores y posteriores

a Cristo. Por esto, muchos autores independientes pretenden que estos dos capítulos son

una adición posterior redaccional, insertados por un compilador de época tardía. El autor de estos

fragmentos apocalípticos quiere destacar el asalto definitivo de las fuerzas enemigas del pueblo

de Dios contra éste para que no se establezca la era mesiánica anunciada por los profetas.

Gog representa aquí a todos los poderes del mal, que se oponen a la instauración del reino

de Dios en la tierra. Es un símbolo colectivo, en cuanto que representa a los jefes de todos los

pueblos que a través de la historia se oponen al pueblo de Dios y a los designios mesiánicos divinos.

Es el prototipo del anticristo, como síntesis de la oposición a Dios en el A.T. 1

Preparación de la invasión de Gog (1-9).

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro a

Gog, de la tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec, de Túbal, y profetiza contra

él, 3 y di: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, príncipe soberano de

Mesec y Túbal; 4 yo te atraeré y pondré freno en tus mandíbulas, y te sacaré a ti y a

todos tus ejércitos, caballos y jinetes, de todo en todo equipados; muy gran muchedumbre

con rodelas y escudos, todos con espada. 5 Paras, Etiopía y Put los acompañan,

todos con escudo y yelmo. 6 Gomer y todas sus mesnadas, la casa de Togorma,

los extremos confines septentrionales y todas sus hordas, pueblos innumerables,

contigo. 7 Prepárate, apréstate tú y toda la innumerable muchedumbre reunida en

torno tuyo: sé su jefe 2. 8 De aquí a muchos días te será dada la orden. Al cabo de

años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de entre muchos pueblos, sobre

los montes de Israel, que habían sido reducidos a eternas ruinas. Ha sido sacada

de entre las gentes y habita confiadamente. 9 Tú la invadirás, llegando allí como un

torbellino; como tormenta que envolverá la tierra serás tú, con todos tus ejércitos y

los innumerables pueblos que están contigo.

La fórmula introductoria es semejante a la que hemos visto a propósito del oráculo contra Edom

3. El profeta debe dirigir su rostro hacia el norte, donde reina un tirano llamado Gog, quizá personaje

ficticio, tipo del agresor pagano contra el pueblo de Dios4. Ciertamente que el profeta lo

presenta viniendo de la región de Armenia, de donde en el siglo VII vino la famosa invasión de

los escitas, tribus guerreras indoeuropeas que con sus caballos arrollaron a los pueblos del Antiguo

Oriente. En el texto que estudiamos, el profeta presenta al caudillo bárbaro interpelado hos2328

tilmente por Yahvé (Heme aquí contra tí., v.3). Aunque se le permite invadir el territorio del

pueblo de Dios, debe saber de antemano que al fin será derrotado. Le tratará a su antojo, poniéndole

freno en sus mandíbulas (v.4). Su invasión no tendrá más alcance que el que le permita

Dios, que le enfrena por la boca como a un corcel indómito.

Gog, pues, va a invadir la tierra de Yahvé, secundado por otros pueblos 5. Sin saberlo es

un juguete en las manos de Dios, que le invitará a invadir la tierra salvada de la espada (v.8), es

decir, Palestina. La frase prepárate, apréstate. del ν.7 tiene un carácter irónico. La expresión al

cabo de años indica en el contexto profético simplemente el futuro 6, pero a veces alude a la inauguración

de la era mesiánica7. Aquí en Ezequiel parece aludir a ambas cosas a la vez, ya que

presiente cercano el día de la manifestación mesiánica, que, por otra parte, ha de ser precedido

de un último ataque a la teocracia judía, dirigido por ese ejército que viene del septentrión. Gog

caerá como un ciclón con sus ejércitos sobre los montes de Israel (V.9).

Insolencia del invasor (10-16).

10 Así dice el Señor, Yahvé: En aquellos días se alzarán en tu corazón los pensamientos

y concebirás malvados designios, 11 Tú dirás: Voy a subir contra una tierra indefensa,

iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente, todas sin murallas,

sin puertas ni cerrojos, 12 a robar, a saquear, a poner tus manos sobre ruinas repobladas,

sobre un pueblo reunido de entre las gentes, que tiene ganados y propiedades

y habita en el ombligo de la tierra. 13 Sebá y Dedán y los mercaderes de Tarsis y

todos sus jóvenes leones te dirán: ¿Vienes en busca de botín? ¿Has reunido toda esa

muchedumbre para saquear, en busca de plata y de oro, para robar ganados y riquezas,

para hacer gran botín? 14 Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog:

Así habla el Señor, Yahvé: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite confiadamente,

¿te pondrás en camino? 15Y vendrás desde tus moradas, desde las extremas

regiones del septentrión, tú, y contigo numerosos pueblos, todos a caballo, una

inmensa muchedumbre, un ejército poderoso, 16 que avanzará contra mi pueblo, Israel,

como nublado que va a cubrir la tierra. Al cabo de los días yo te haré marchar

contra mi tierra, para que me conozcan los pueblos, cuando a sus ojos en ti, oh Gog!

seré santificado.

Ha llegado el momento de la invasión, y el caudillo de los pueblos enemigos del pueblo de Dios

concibe perversos designios en su corazón, ya que no piensa sino en la devastación y el saqueo.

Su cinismo es tanto mayor cuanto que tiene conciencia de atacar a un pueblo indefenso (v.11) 8,

que habita en el ombligo de la tierra, o región central del mundo 9. Los pueblos que tradicionalmente

se dedicaban al comercio, al oír las nuevas de la próxima invasión, se preparan para

acompañar a las tropas en provecho propio, y así preguntan ansiosos a Gog: ¿Vienes en busca de

botín? (v.13). Son como jóvenes leones que van sobre la presa 10. Las antiguas expediciones militares

iban seguidas de voraces mercaderes, ávidos de esclavos y de botín para comprarlos a los

soldados y después venderlos en los mercados internacionales.

El profeta, después de aludir a esta costumbre de la época, anuncia que Gog se pone, finalmente,

en camino desde las extremas regiones del septentrión (v.14), e.d., de Armenia y Asia

Menor, para caer con sus caballos — fuerza militar característica de las hordas escitas de origen

indoeuropeo — sobre Israel, el pueblo de Yahvé. Dios hace que marchen contra El y su pueblo

para santificarse, es decir, mostrar después su omnipotencia y superioridad, derrotándole,

ante los ojos de los gentiles (v.16). En definitiva, el triunfador será Yahvé, que vencerá a los

2329

enemigos de Israel en su última tentativa de hacerle desaparecer.

La destrucción del invasor (17-23).

17 Así habla el Señor, Yahvé: ¿No eres tú aquel de quien hablé yo en tiempos pasados

por medio de mis siervos los profetas de Israel, que desde años profetizaron que

yo te traería contra ellos? 18 En aquel día, cuando marche Gog contra la tierra de

Israel, dice el Señor, Yahvé, subirá la ira a mis narices, 19 y en mi celo, en el incendio

de mi furor, juro que habrá aquel día gran temblor en la tierra de Israel. 20 Y temblarán

ante mí los peces del mar y las aves del cielo, los animales del campo y todos

los reptiles que se arrastran por la tierra, y los hombres que hay en la tierra. Y los

montes se desmoronarán, y caerán las rocas, y todos los muros se vendrán al suelo.

21 Y llamaré contra él la espada por todos sus montes, dice el Señor, Yahvé, y la espada

de cada uno será contra su hermano. 22 Y haré justicia en él con peste y con

sangre y lloveré contra él y contra los numerosos pueblos que le acompañan lluvia

torrencial piedras de granizo, fuego y azufre, 23 y me magnificaré y haré muestra de

mi santidad, y me daré a conocer a pueblos numerosos, que sabrán que yo soy Yahvé.

Ezequiel quiere autorizar su vaticinio citando a los antiguos profetas que le precedieron (v.17).

No sabemos en concreto a qué profecías se refiere, pues en absoluto pudiera el profeta aludir a

oráculos no registrados en los libros canónicos. Desde luego podemos rastrear en la literatura

profética canónica fragmentos en los que se habla de la derrota de las potencias paganas que se

empeñaban en oponerse a Israel 11. La intervención airada divina es descrita con colores apocalípticos:

toda la naturaleza se conmoverá, y con ella todos los animales (v.18). Naturalmente, las

expresiones no han de tomarse a la letra, ya que son hipérboles orientales para describir el efecto

de la venganza divina sobre el ejército invasor 12. Los flagelos de peste, hambre y espada serán

los instrumentos de la justicia divina (v.22). La dramatización del cuadro es imponente y muy

conforme con la imaginación desbordada oriental. El profeta quiere impresionar al auditorio con

esta descripción altisonante. Era tradicional presentar a Yahvé rodeado de majestad y furor, como

en las teofanías del Sinaí. En esas manifestaciones airadas veían los israelitas reflejada la

santidad de su Dios, es decir, su incontaminación, su trascendencia y su carácter numénico: y me

magnificaré y haré muestra de mi santidad. (v.23).

1 Cf. M. J. Lagrange, Le Juda'isme avant J.-C. (París 1931); Allo, Apocalypse (1933) p.315; D. Buzy, Antechrist: DBS I 2975. — 2

El. TM lee: “al servicio de ellos.” Los LXX: “a mi servicio.” — 3 Cf. Ez c.35. — 4 Se ha pretendido identificar a este invasor

Gog con algún personaje histórico. Así se ha propuesto al legendario Guges (o Gugu de la literatura cuneiforme), rey de Lidia, en

el Asia Menor, del siglo VII a.C. Cf. Herodoto, I Ss. Algunos autores han preferido fijarse en el nombre sumerio Gug o Kug, que

significa “tinieblas,” rey de Magog, que sería en sumerio Mat Gug (“país de las tinieblas”). Cf. Scheil: RB (1901) p.68. Se le ha

relacionado también con los gagaia de las cartas de Tell-Amarna, etc. Desde luego, Ezequiel hace venir al invasor de la zona del

Cáucaso por donde estaban los reinos de Mesec y Túbal, sobre cuya identificación véase coment. a 27:13. Sobre todo esto, cf.

Spadafora, o.c., p.278-279. — 5 Los nombres de Paras, Etiopia y Puf (v.5) chocan en el contexto, pues son del sur. Parece una

glosa. Sobre su identificación cf. 27:10. Los de Comer son los gimtrrai de los textos asirios, los cimerios de la literatura griega

(Odisea II 14), en la actual Crimea, que emigraron en el siglo VIII hacia Armenia. Cf. Gen 10:2; 1 Crón 1:53. Togorma: véase

comenv a 24:14 la Armenia actual. — 6 Cf. Gen 39:1; Núm 24:14; Dt 4:30; 31:29; Jer 48:47; 49:6. — 7 Cf. Is 2:3; Miq 4:1; Os

3:5. — 8 Cf. Dt 3:5; 1 Sam 6:18; Zac 2:4-5; Jer 49:31. — 9 Así lo creían los judíos (cf. Jubileos 8:19; Henoc 26:1). Los griegos

decían de Delfos que era el ombligo del orbe (Píndaro, Pitag. 4:31). — 10 Cf. 1 Mac 3:41; 2 Mac 8:10s; 14:34. — 11 Cf. Sof

1:145; 3:8ss; Miq 4:11-13; 5:14; Jl 3:9-17. — 12 Sobre la frase antropomórfica “subirá la ira a mis narices,” véase Ez 5:13; 24:7;

Sal 18:9; Dt 32:22.

2330

39. Fin Desastroso de Gog.

El profeta continúa describiendo la invasión y el castigo que le espera al invasor. La derrota será

tal, que los judíos se dedicarán durante siete años y siete meses a quemar las armas del enemigo

vencido y a enterrar sus cadáveres. El género apocalíptico se despliega aquí en toda su ampulosidad

imaginativa. Con la victoria grandiosa de Yahvé, los gentiles reconocerán la omnipotencia

y justicia de Yahvé, el Dios de los judíos.

La derrota de Gog (1-8).

1 Tú, pues, hijo de hombre, profetiza contra Gog y di: Así habla el Señor, Yahvé:

Heme aquí contra ti, ¡oh Gog! príncipe soberano de Mesec y Túbal; 2 yo te atraeré,

yo te guiaré y te haré subir de los confines del septentrión y te llevaré a los montes

de Israel, 3 y romperé en tu mano izquierda el arco y haré caer de tu diestra las saetas.

4 Caerás en los montes de Israel con todos los ejércitos y todos los pueblos que

contigo estén. Te destino para pasto de aves rapaces de todo plumaje, de las fieras

del campo. 5 Serás abatido sobre la haz del campo, porque lo digo yo, dice el Señor,

Yahvé. 6 Y encenderé en Ma-gog un fuego y en las islas que habitan confiadamente,

y sabrán que yo soy Yahvé. 7 Haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo

Israel, no dejaré más que sea profanado mi santo nombre, y sabrán las gentes que

yo soy Yahvé, el Santo de Israel. 8 Y llegarán estas cosas, vendrán, diré el Señor,

Yahvé: Es el día de que he hablado yo.

El profeta se encara de nuevo con el invasor y le recuerda irónicamente que en todos sus movimientos

invasores no es sino instrumento de la voluntad divina, que lo empuja sobre Israel para

demostrar la omnipotencia de Yahvé al derrotarlo totalmente. En su itinerario desde el septentrión

(v.2), su patria de origen, Armenia o montes caucásicos, no hace Gog sino cumplir los designios

divinos. Y es inútil que se presente con un ejército bien armado, porque sus armas se les

caerán de las manos (ν.3). No les espera sino morir en el campo de batalla, quedando sus soldados

insepultos para pasto de las aves y de las fieras del campo. Era la mayor ignominia para un

caudillo guerrero el quedar insepulto sin tener honores fúnebres. Y no sólo los invasores sufrirán

esta terrible suerte, sino hasta su país de origen, Magog, será pasto de las llamas (v.6). Las islas

en la literatura profética son una designación vaga para indicar las ciudades paganas costeras del

Mediterráneo. Aquí, según el texto hebreo, están asociadas a la suerte de Magog; pero, según la

versión griega, “las islas serán habitadas en paz,” lo que sorprende en el contexto; probablemente

es glosa.

Con la derrota estruendosa del invasor de Israel se manifestará el santo nombre de Yahvé

(v.7). Al ser vencidos los judíos, los paganos habían profanado el nombre de Yahvé al hacer befa

de El, declarándole impotente para defender a su pueblo. Ahora, en cambio, al manifestarse

plenamente la omnipotencia divina, reconocerán que es el Santo de Israel (v.7), es decir, el

que, por un lado, es trascendente e incontaminado, y, por otro, está vinculado a Israel, en cuanto

que le ha escogido como pueblo suyo.

Proporciones desorbitadas de la derrota de Gog (9.-20)

9 Y saldrán fuera los habitantes de las ciudades de Israel, y darán al fuego y quemarán

armas, escudos y paveses, arcos y flechas, mazas y lanzas, y harán lumbre con

2331

ellas por siete años. 10 No tendrán que traer leña del campo ni cortarla en los montes;

harán el fuego con las armas, y expoliarán a sus expoliadores, y depredarán a

sus depredadores, dice el Señor, Yahvé. 11 Aquel día daré yo a Gog un lugar de sepultura

en Israel: el valle de los Abarim, al oriente del mar; allí será sepultado Gog

con todas sus muchedumbres, y se llamará el valle de Amón-Gog. 12 Le dará sepultura

la casa de Israel, para purificar la tierra, y estará sepultándolos durante siete

meses. 13 Los sepultará todo el pueblo de la tierra, y quedará famoso para ellos el día

en que yo seré glorificado, dice el Señor, Yahvé. 14 Designarán hombres que vayan

por la tierra continuamente reconociéndola, para dar sepultura a los invasores, enterrando

a los que quedan sobre la haz de la tierra; la recorrerán buscando por espacio

de siete meses, 15 y cuando al recorrerla vean osamentas humanas, tendrán alzada

junto a ellas una señal, hasta que los enterradores las sepulten en el valle de

Amón-Gog. 16 Así purificarán la tierra. 17 Y tú, hijo de hombre, así habla el Señor,

Yahvé: Di a las aves de toda especie y a todas las bestias del campo: Reunios y venid.

Juntaos de todas partes para comer las víctimas que yo inmolo para vosotras,

sacrificio inmenso, sobre los montes de Israel. Comeréis las carnes y beberéis la sangre,

18 comeréis carne de héroes, beberéis sangre de príncipes de la tierra; carneros,

corderos, machos cabríos y toros gordos como los de Basan. 19 Comeréis gordura

hasta saciaros, beberéis sangre hasta embriagaros de las víctimas que para vosotras

inmolaré. 20 Os saturaréis a mi mesa de caballos y jinetes, de héroes y guerreros de

toda suerte, dice el Señor, Yahvé.

El profeta sigue describiendo las proporciones de la catástrofe del ejército invasor. Será tal su

derrota y el número de sus guerreros caídos en la batalla, que los israelitas tendrán provisión de

leña para siete años con las armas de los invasores (V.9). Gog encontrará su sepultura en la zona

dominada por Israel, en el valle de Abarim, al este del Jordán, lugar de muchos monumentos megalíticos.

1 Se cambiará el nombre en Amón-Gog, o muchedumbre de Gog (v.11), porque allí fue

sepultado su ejército. Los israelitas tendrán que dedicarse con ahinco a enterrar los miles de cadáveres

que yacen en el campo durante siete meses. Esta expresión, como la anterior de siete

años, indica simplemente un largo lapso de tiempo. Los cadáveres mancillaban con impureza

legal el lugar donde se encontraban 2; por eso era preciso buscarlos cuidadosamente, de modo

que la tierra de Yahvé no estuviera contaminada. Para facilitar el trabajo a los enterradores, se

nombraría una comisión de hombres para reconocer el terreno, los cuales debían poner una señal

donde encontraban un cadáver (v.14). Los enterradores debían recoger el cadáver, señalado con

una indicación por los miembros de la comisión investigadora, y los trasladaban al valle de

Amón-Gog, fuera de los límites de la Tierra Santa (v.16). En la estructura que Ezequiel va a trazar

en los capítulos siguientes para la Tierra Santa, exige que ésta se vea libre de toda contaminación

ilegal 3.

El profeta invita, además, a todas las aves del cielo y a las fieras del campo a participar

del banquete del sacrificio inmenso de la gran hecatombe4. En los sacrificios del templo, una parte

de la víctima inmolada la comían los oferentes y convidados. Aquí son convidados por Yahvé

las fieras del campo y las aves del cielo a participar de la carroña de los restos del ejército que ha

quedado tendido en los montes de Israel (ν.17). Las frases de invitación son duras e irónicas:

comeréis carne de héroes. (v.18). Los mejores guerreros del ejército invasor serán pasto ignominioso

de las aves y fieras. Toda esta hecatombe ha sido como un sacrificio que ha inmolado

Yahvé (V.19) en honor de estos animales carniceros.

2332

Glorificación del nombre de Yahvé (21-29).

21 Haré ante las gentes muestra de mi gloria, y todas verán las justicias que yo hago

y los castigos con que hiere mi mano. 22 La casa de Israel sabrá para adelante que yo

soy Yahvé, su Dios. 23 Y las gentes conocerán que por sus iniquidades fue llevada la

casa de Israel al cautiverio, porque se había rebelado contra mí, y yo escondí de ella

mi rostro y la entregué en manos de sus enemigos, para que todos juntos cayesen a

la espada, 24 tratándolos según sus inmundicias y sus transgresiones y escondiendo

de ellos mi rostro. 25 Por tanto, dice el Señor, Yahvé: Ahora voy a hacer volver la

cautividad de Jacob, y tendré misericordia de la casa de Israel, velando por mi santo

nombre. 26 Y ellos olvidarán los oprobios sufridos y sus rebeldías contra mí, cuando

habiten seguros en su suelo, sin que nadie los perturbe; 27 cuando los saque de entre

las gentes y los reúna de las tierras de sus enemigos y me santifique a los ojos de las

gentes: 28 sabrán que yo soy Yahvé, su Dios, lo mismo cuando los llevé al cautiverio

entre las gentes que cuando los reuní en su tierra. No dejaré allí ni uno solo, 29 ni les

esconderé mi rostro, porque habré derramado mi espíritu sobre la casa de Israel,

dice el Señor, Yahvé.

La gran victoria sobre el enemigo invasor será ocasión de reconocer la gloria de Yahvé, pues

todos serán testigos de la implacable justicia suya, que envía sus castigos, sin dejar nada impune.

De un lado, la casa de Israel reconocerá a Yahvé por su Dios, que los ha castigado primero y

los ha salvado después, y de otro, las gentes reconocerán que, si Israel fue vencido y llevado al

cautiverio, no fue por impotencia de su Dios, sino por sus rebeldías y pecados, que exigían el

castigo divino, y sobre todo el mayor de todos: que Yahvé escondiera su rostro para que Israel

se sintiera solo entregado a sus propias fuerzas ante sus enemigos (v.23).

Pero, después de haberlos castigado según sus merecimientos, Dios ha decidido salvarlos

de nuevo para mostrar su amor hacia Israel y su omnipotencia ante los gentiles, velando por su

santo nombre (v.25). Por el celo de su honor, Yahvé ha hecho volver a los israelitas del cautiverio

y ha vencido estrepitosamente a sus enemigos. Con este milagroso retorno, Yahvé aparecerá

santificado a los ojos de las gentes (v.27), es decir, se le reconocerá su santidad al castigar a su

pueblo, y su omnipotencia al liberarlo. Tanto cuando los envió al cautiverio como cuando los

hizo retornar de él, se mostró la grandeza del Dios de Israel (v.28). Ya no volverá a esconder

su rostro de ellos, sino que los protegerá indefinidamente, pues les infundirá un espíritu nuevo

sobre los ciudadanos de la nueva teocracia, de forma que siempre vivan vinculados a El, sin

que vuelvan a sus transgresiones pasadas (v.29) 5.

La Nueva Teocracia de Israel (c. 40-48).

La misión de Ezequiel era consolar a los exilados y alentar en ellos la esperanza de la resurrección

nacional. En los capítulos anteriores ha hablado insistentemente sobre el triunfo definitivo

de Israel sobre los enemigos. Ahora va a abordar la cuestión sobre la restauración del templo

y del nuevo culto. El templo de Jerusalén había sido el centro de la vida religiosa antes del

exilio y ahora estaba totalmente destruido. En la nueva reconstrucción nacional no faltará el templo

como centro de la vida de los ciudadanos de la nueva teocracia. La descripción es idealista: la

nueva Tierra Santa debe estar totalmente libre de pecado, y los israelitas del futuro sentirán una

espacialísima veneración por todo lo sagrado relacionado con Yahvé. Esta preocupación cultual

es característica de esta última parte del libro de Ezequiel. Desde el punto de vista literario, la

2333

descripción detallada de la nueva estructura de Israel es muy convencional y simbólica: el nuevo

Israel aparece organizado teocráticamente bajo Yahvé como rey, que tiene su residencia en

el templo de Jerusalén y desde allí gobierna y preside todas las actividades del pueblo.

La descripción del templo-palacio de Yahvé es minuciosa, para impresionar al auditorio

(c.40-43); y toda la vida de culto aparece con un boato y magnificencia que oscurece a las del

antiguo templo de Salomón (c.44-46). La idea central de estos capítulos es la santidad de Yahvé,

que exige perfección y pureza máxima en todo. Hasta las proporciones del templo deben estar

presididas por la máxima simetría, símbolo de lo perfecto. En lo esencial, la descripción del templo

está calcada sobre lo que nos dice la Biblia acerca del antiguo de Salomón. En lo interior hay

modificaciones conforme a la estructura ideológica que el profeta quiere imprimir a cada detalle.

El templo — morada de Yahvé — estará más aislado de lo profano que el antiguo, destruido en

586 a.C. El honor y la majestad de Dios exige que se guarden las distancias, de forma que

nada que no sea santo se acerque a su recinto. Naturalmente, este templo soñado por Ezequiel

nunca tuvo realización, y permaneció “en los archivos de la escatología” 6. Ezequiel es un profeta

que juega con ideas, y a éstas queda todo subordinado, tanto en la estructura del templo como

en la organización del futuro culto. Su misión como profeta era consolar y sembrar esperanza,

y, con esta preocupación, idealiza la estructura de la nueva Tierra Santa y de su templo, lo mismo

que idealizan los profetas los tiempos mesiánicos.

1 Cf. F. Abel, Géog. pal. II 259. — 2 Núm 19:11; 15:18; 31:19. — 3 Cf. Ez 43:7-9- — 4 Cf. Is 30:31; 34:6; Jer 46:10; Sof 1:7-8. — 5

Cf. Ez 36:26-27; 11:19. — 6 G. Ricciotti, Storia d'Israele II 119.

40. El nuevo Templo de Jerusalén.

El capítulo puede dividirse en dos partes: a) el atrio exterior y sus puertas (1-27); b) el atrio interior

y sus puertas (28-47). En la primera parte, después de una introducción sobre las circunstancias

de la visión (1-4), se describen: el muro y puerta exterior oriental (5-16), el atrio exterior

y sus cámaras (17-19), la puerta exterior septentrional y meridional (20-27), las puertas del atrio

interior (28-37), los utensilios y disposición en la puerta oriental (38-43), las salas junto a la

puerta septentrional y meridional (44-47) y el vestíbulo del templo (48-49).

Circunstancias de la visión (1-5).

1 El año veinticinco de nuestro cautiverio, al comienzo del año, el diez del mes, el año

catorce de la toma de la ciudad, aquel día mismo fue sobre mí la mano de Yahvé,

que me condujo, 2 en visión divina, a la tierra de Israel y me puso sobre un montón

altísimo, sobre el cual había al mediodía como una edificación de ciudad. 3 Llevóme

allá, y un varón de aspecto como de bronce bruñido, que tenía en su mano una

cuerda de lino y una caña de medir, estaba en pie a la puerta. 4 Díjome aquel varón:

Hijo de hombre, mira con tus ojos y atiende con tus oídos, y pon tu atención a lo que

yo te vaya mostrando, pues para que te lo haga ver has sido traído, y para que se lo

cuentes todo a la casa de Israel. 5 Mira, pues, ahí la muralla exterior que rodea la

casa por todas partes.

En la datación se nos dan dos puntos de partida: el de la deportación (598) y el de la destrucción

de la ciudad de Jerusalén (586). El año veinticinco de nuestro cautiverio y el año catorce de la

toma de la ciudad (v.1) nos llevan al 573-572 a. G. El comienzo del año desde el exilio era en

2334

otoño (septiembre-octubre), el mes de Tishri (mes séptimo según el cómputo que parte de marzoabril:

Nisán) 1. No sabemos a punto fijo cuál es el cómputo que sigue Ezequiel. Si efectivamente

supone el comienzo de año en otoño, tenemos que el i o del mes coincidía con la gran fiesta de la

expiación 2. En esa fecha hacía trece años que Ezequiel había pronunciado sus últimos oráculos,

relatados en su libro.

El profeta se siente en este otoño del 573 bajo una impresión especial de Dios: aquel día

fue sobre mi la mano de Yahvé 3. En fisión fue trasladado a la tierra de Israel sobre un monte

altísimo. Se trata de una visión imaginaria, la normal en los profetas 4. Llevado de la imaginación,

el profeta aparece sobre un monte altísimo, idealización de la modesta colina de Sión. Ya

Isaías había presentado a Jerusalén, centro de la teocracia judía, sobre el monte más alto, dominando

a todos los montes 5. Para los profetas, Sión, en la nueva era mesiánica, debía ocupar un

lugar privilegiado. Al mediodía, o sur del monte, estaba una edificación de ciudad (v.2), es decir,

Jerusalén, y, sobre todo, el recinto sagrado del templo con sus múltiples y grandiosas construcciones.

La localización de la ciudad está sobre la antigua, es decir, en la parte meridional del tradicional

atrio del templo, mirando hacia el sur, en la falda de la gran colina.

Ezequiel está frente al lado oriental del muro exterior (v.6), y a la entrada de este lado está

un varón de aspecto como de bronce bruñido (v.3), un ser resplandeciente como el bronce

bruñido, lo que caracteriza a los seres celestiales6. Este varón deslumbrante tiene en sus manos

los instrumentos de medir: una cuerda de lino, para las dimensiones más largas, y una caña, para

las más pequeñas 7. El profeta es invitado a prestar especial atención, pues tiene que comunicarlo

a la casa de Israel. Es su misión de profeta: transmitir mensajes divinos al pueblo en orden a sus

intereses religiosos 8. El misterioso varón intérprete le invita a extender su mirada sobre la muralla

exterior (v.5a), que separaba el sagrado recinto de lo profano. Era lo primero que aparecía a

su vista, y simbolizaba la distinción entre lo santo y lo profano, que es la clave para entender esta

enmarañada descripción arquitectónica que va a seguir.

Descripción del muro y de la puerta exterior oriental (5-16).

5b La caña de medir que aquel varón tenía en la mano era de seis codos de un codo y

un palmo. Midió con ella el espesor del muro, y era de una caña, y su altura era de

una caña. 6 Vino luego a la puerta que mira hacia el oriente, subió sus siete gradas y

midió su umbral, de una caña de ancho. 7 Las cámaras tenían cada una caña de largo

y una caña de ancho, y había entre cámara y cámara cinco codos, 8 y el umbral

de la puerta por dentro, junto al vestíbulo, de una caña. 9 Midió el vestíbulo de la

puerta, de ocho codos, y sus pilastras, de dos codos; el vestíbulo de la puerta estaba

de la parte de dentro. 10 Tenía la puerta oriental tres cámaras de un lado y tres del

otro, todas de la misma medida, y de una misma medida también, a una y otra parte,

las pilastras. 11 Midió la anchura del vano de la puerta, de diez codos, y la longitud

del portal, de trece codos. 12 Había delante de las cámaras una barrera, de un

lado y de otro, de un codo, y cada cámara tenía seis codos de un lado y seis del otro.

13 Midió la puerta desde el techo de una cámara hasta el techo de la de enfrente,

veinticinco codos de anchura, puerta contra puerta. 14 E hizo las pilastras de sesenta

codos, y en las pilastras comenzaba el atrio que rodeaba la puerta todo alrededor. 15

Y desde la delantera de la puerta de entrada hasta la puerta interior, cincuenta codos.

16 La puerta tenía todo en derredor ventanas aspilleradas, que hacia el exterior

se estrechaban, y estaban en las cámaras y en sus pilastras, y lo mismo había también

ventanas que daban al interior del atrio en derredor, y en cada una de las pilas2335

tras había palmas.

El profeta, al empezar la descripción detallada, nos da la amplitud de la caña de medir, que era

de seis codos, y cada codo era equivalente a un codo (ordinario) y un palmo (v.5b). Existían dos

tipos de codos: el real o grande, que incluía siete palmos (el palmo eran cuatro dedos de la mano

juntos) 9, y el codo ordinario, que equivalía a seis palmos 10. El profeta, pues, especifica que la

caña que utilizaba el intérprete de Ezequiel era de seis codos grandes. Con ella midió el espesor

del muro, que resultó ser de una caña, es decir, de unos tres metros largos. La altura era de la

misma medida. Después pasó a medir la puerta oriental, que resultó ser de la misma anchura que

el muro: tres metros largos. Antes de la puerta había que subir siete gradas, que tienen importancia

simbólica, ya que, a medida que uno se acercaba a la morada de Dios, el santo de los santos,

debía elevarse. Así, del atrio exterior al interior hay que subir ocho gradas (ν.31), y después, de

éste al santuario propiamente tal, se subían aún diez gradas. La santidad del recinto va aumentando

a medida que, se suben las gradas, y el que ascendía por ellas debía pensar que, cuanto

más se acercaba a la morada de Dios, debía santificarse interiormente.

Una vez descrita la puerta oriental, el profeta avanza por el pórtico, que tiene tres cámaras

de cada lado, para los servicios de guardia y de conservación, como en los palacios. Las cámaras

tenían cada una de ancho y de largo como el espesor del muro, es decir, unos tres metros

amplios. Cada cámara estaba separada de la siguiente. Estas cámaras estaban separadas entre sí

por unos contrafuertes o pilastras de cinco codos (ν.7), e.d., unos dos metros y medio amplios. La

última cámara daba hacia el vestíbulo, separada de éste por una caña (3:15 m.), que es el grosor

del muro externo. El vestíbulo, que daba acceso al atrio exterior, tenía ocho codos (4,20 m.), y

tenía dos pilastras de dos codos de anchura (1,05 m.). De esta descripción se deduce que este

pórtico oriental era un rectángulo de 50 codos de largo (26:25 m.) y de 25 de ancho (13,125 m.).

El v.11 es muy oscuro y difícil de conciliar con lo anterior, pues depende del sentido de la palabra

hebrea Orej, que hemos traducido por longitud 11.

Ante cada cámara había una barrera o enrejado, quizá para protegerlas (v.12), de un codo

de alto (poco más de medio metro), que debía de estar entre pilastra y pilastra. El espacio libre,

abertura o puerta entre el techo de una cámara (v.13) y el techo de la que estaba enfrente, medía

25 codos (unos 13 m.). Las pilastras que daban acceso al atrio interior, al final del pórtico descrito,

medían 6o codos (31:50 m.), las cuales por su altura nos recuerdan las enormes columnas que

daban acceso a los templos egipcios. Todo el pórtico o corredor de entrada medía cincuenta codos

(26:25 m.), que es el resultado de las medidas parciales antes indicadas 12. Hacia el interior

del corredor, sobre las cámaras, se abrían ventanas aspilleradas (v.16), más abiertas hacia el exterior,

o abocinadas, como en los castillos medievales y en las construcciones fenicias antiguas.

Su forma se ordenaba a la mejor defensa desde el interior. Así, pues, el acceso al atrio exterior

estaba organizado como una fortaleza preparada para la defensa. Sobre las pilastras enormes que

daban acceso al atrio exterior había capiteles en forma de palmas, adorno tradicional en los templos

egipcios 13.

El atrio exterior (17-19).

17 Llevóme luego al atrio exterior, en el cual había cámaras y estaba solado todo en

derredor, treinta cámaras había en derredor del atrio. 18 El solado a los lados de las

puertas correspondía a la anchura de ellas mismas, el solado inferior. 19 Midió la anchura

entre la puerta de la fachada inferior hasta el frontispicio del atrio interior

por fuera, cien codos hacia oriente y norte.

2336

El profeta es introducido por su guía en el atrio exterior después de atravesar el corredor o pórtico

de ingreso, que acaba de describir. Adosadas a los muros exteriores del atrio ve cámaras, semejantes

a las del templo de Salomón 14, y en derredor del atrio había un solado o pavimento

empedrado, que es llamado inferior (v.14) por contraposición al pavimento del atrio interior, que

estaba en un nivel más alto. El número de las cámaras es de treinta (ν.17). No dice cómo estaban

distribuidas. Lo mejor es suponer que en cada lado norte, sur y este había ocho, y seis en el lado

oeste, donde había que dejar lugar para una construcción particular que enumera en 41:12. Más

tarde dirá el uso que tendrán estas cámaras 15. Después el guía midió el espacio que hay entre el

pórtico o corredor antes descrito (v.6-12), la fachada inferior, y el pórtico o frontispicio que da

acceso al atrio interior, y el resultado fue de cien codos (52:50 m.). Esta misma distancia habrá

de los pórticos septentrional y meridional (v.23.27).

La frase hacia oriente y norte (v.18) parece glosa introductoria para pasar a describir el

pórtico del norte.

El pórtico septentrional (20-23).

20 Midió el ancho y el largo de la puerta que está al norte, al atrio exterior; 21 sus

cámaras, tres a un lado, tres al otro; las pilastras y el vestíbulo eran de las mismas

dimensiones que las de la puerta primera, cincuenta codos de largo y veinticinco de

ancho. 22 Sus ventanas, su vestíbulo, sus palmas, tenían las mismas dimensiones que

las de la puerta que da al oriente. Se subía a ella por siete gradas, y delante de ella

estaba el atrio. 23 Frente por frente de este pórtico septentrional había en el atrio interior

una puerta como la oriental. Midió la distancia entre puerta y puerta: cien

codos.

La disposición del nuevo pórtico y sus particularidades, como cámaras y pilastras, era totalmente

igual a la de la puerta oriental descrita. La forma de todo el conjunto del atrio exterior y sus muros

es un cuadrado perfecto, y la distribución, completamente simétrica. Frente al pórtico exterior

oriental del atrio inferior se alzaba el pórtico oriental del atrio interior, y frente a la puerta septentrional

del atrio exterior se alzaba la puerta septentrional del atrio interior, que estaba enclavado

dentro del exterior y en un nivel superior. La distancia entre la puerta septentrional de ambos

atrios es de cien codos, como la que había entre los pórticos orientales de ambos atrios. El profeta

concibe la morada de Yahvé perfectamente aislada de lo profano por atrios concéntricos, que

se van elevando a medida que se acercan al santuario o santo de los santos.

El pórtico meridional (24-27).

24 Llevóme después al lado del mediodía, donde estaba la puerta que da al mediodía,

y, medidas las pilastras y el vestíbulo, tuvieron las mismas dimensiones que las

otras. 25 Había en torno de ella y del vestíbulo ventanas iguales a las otras, cincuenta

codos de largo y veinticinco codos de ancho. 26 Las gradas de subida a la puerta eran

siete, y delante de ellas estaba el vestíbulo. Había a cada lado palmas en las pilastras.

27 Había también puerta hacia el mediodía en el atrio interior, y entre puerta y

puerta midió cien codos.

La descripción anterior, con las mismas particularidades, se repite para esta puerta meridional.

La simetría es perfecta, y el simbolismo el mismo. Ezequiel tiene aquí un espíritu rectilíneo

2337

geométrico, que es símbolo de la perfección divina, que debe inundar el recinto del templo ideal.

Como antes hemos dicho, la disposición es totalmente convencional en función de ideas teológicas,

si bien conservando ciertas grandes líneas del trazado del templo salomónico.

Las puertas del atrio interior (28-37).

28 Llevóme por la puerta del mediodía al atrio interior, y midió la puerta del mediodía,

y tenía las mismas dimensiones; 29 sus cámaras, sus pilastras y el vestíbulo, de

las mismas dimensiones. La puerta y su vestíbulo tenían ventanas en derredor y cincuenta

codos de largo y veinticinco de ancho. 30 (16). 31 El vestíbulo daba al atrio exterior;

en sus pilastras había palmas, y las gradas de subida eran ocho. 32 Llevóme

luego al atrio interior por el camino de oriente, y midió la puerta, de las acostumbradas

dimensiones. 33 Las cámaras, las pilastras y el vestíbulo, de las mismas dimensiones,

con ventanas en ellas, y en el vestíbulo, cincuenta codos de largo y veinticinco

de ancho. 34 Su vestíbulo daba al atrio exterior; en las pilastras, a uno y otro

lado, había palmas, y las gradas de subida eran ocho. 35 Llevóme luego a la puerta

del septentrión, y midió, hallando las dimensiones de las otras 36 para cámaras, pilastras

y vestíbulos, y en torno las ventanas, cincuenta codos de largo y veinticinco

de ancho. 37 Sus vestíbulos daban al atrio exterior, y había en ellos pilastras con

palmas, a uno y otro lado, y las gradas de subida eran ocho.

El profeta entra con su guía por la puerta del mediodía, que acaba de describir, hacia el atrio interior,

que por el norte, el oriente y el mediodía tiene pórticos análogos a los descritos para el

atrio exterior, con la diferencia de que se sube a ellos por ocho gradas, en vez de siete, y de que

las grandes pilastras de acceso dan hacia el atrio exterior y no al atrio interior.

Utensilios para degollar las víctimas (38-43).

38 Había también allí una cámara que se abría hacia las pilastras de las puertas; era

donde habían de lavarse los holocaustos. 39 En el vestíbulo de la puerta había a cada

lado dos mesas, en las que se había de degollar el holocausto para el sacrificio por el

pecado y por el delito. 40 En el lado exterior, al norte de quien subía por la entrada

de la puerta, había otras dos mesas, y otras dos al otro lado, cerca del vestíbulo de la

puerta. 41 Había, pues, a cada lado de la puerta cuatro mesas de una parte y cuatro

de otra, ocho mesas, en las que se hacía la inmolación. 42 Había, además, otras cuatro

mesas para los holocaustos, de piedra tallada, codo y medio de largas, codo y

medio de anchas y un codo de altas, sobre las cuales se ponían los instrumentos con

que se inmolaban los holocaustos y los otros sacrificios. 43 Tenían las mesas en derredor

un reborde alto de un palmo, y sobre ellas se ponía la carne de las víctimas.

En el atrio interior, frente al santuario o santo de los santos, estaba el altar de los holocaustos,

donde se quemaban las víctimas y se derramaba su sangre. Los actos de descuartizar y preparar

la víctima eran realizados junto al vestíbulo del pórtico oriental. En una cámara aneja se lavaban

las víctimas (ν.36), y a cada lado de la puerta del vestíbulo estaban las mesas para degollar a las

víctimas de los holocaustos y de los sacrificios por el pecado y por el delito (v.39). En la entrada

exterior de la puerta, a un lado y otro de la escalinata, de ocho gradas, al lado norte de la puerta

oriental, había dos mesas para la inmolación (v.41). Había, pues, ocho mesas, cuatro en el interior

del vestíbulo (dos de cada lado) y cuatro en el exterior (dos de cada lado). Junto a cada una de

2338

las cuatro parejas de mesas había otras cuatro mesas de piedra, cuadradas (de 78,7 cm. de largo,

por otro tanto de ancho y 52:5 cm. de altas), en las que se depositaban los utensilios para degollar

las víctimas. El v-43 ha sido muy diversamente traducido 17. Según la versión que hemos dado,

las mesas eran un poco levantadas por los lados exteriores, para contener las carnes de las víctimas.

Cámaras de los sacerdotes y santuario (44-49).

44 Fuera de la puerta interior, en el atrio interior, había dos cámaras 18, una al lado

de la puerta del norte, y que se abría hacia el mediodía; otra al lado de la puerta del

mediodía, que se abría hacia el norte. 45 Y me dijo: Esta cámara que se abre hacia el

mediodía es para los sacerdotes que hacen la guardia del templo, 46 y la que mira al

norte es la de los sacerdotes que hacen la guardia del altar. Son los hijos de Sadoc,

que entre los hijos de Leví se acercan a Yahvé para servirle. 47 Midió el atrio, cien

codos de ancho y cien codos de largo, cuadrado, y en él, delante de la casa, estaba el

altar. 48 Llevóme al vestíbulo de la casa, midió cada una de las pilastras, cinco codos

el de una parte, cinco codos el de la otra. La puerta tenía catorce codos de ancha, y

los lados de la puerta eran tres codos de un lado y tres de otro 19. 49 Tenía el vestíbulo

veinte codos de largo y doce codos de ancho, y se subía a él por diez gradas. Había

junto a las pilastras columnas, una a un lado y otra al otro.

En el atrio interior había dos cámaras, una junto al pórtico septentrional y la otra junto al meridional.

Ambas, pues, se hallaban frente a frente (v.44). La del lado norte estaba reservada a los

sacerdotes que se encargaban de los servicios auxiliares (v.45), como guardar el templo y otros

servicios más humildes, en contraposición a los que tienen el servicio del altar (v.46), es decir,

los que quemaban las víctimas sobre el altar y hacían las abluciones rituales, los cuales pertenecían

a la familia de Sadoc 20. Los otros, pues, llamados sacerdotes encargados de servicios auxiliares,

eran simplemente levitas, o sacristanes en la nomenclatura de hoy 21. El atrio interior es un

cuadrado perfecto (de 52:5 m. de largo por otro tanto de ancho: cien codos, v.47); en él estaba el

altar de los holocaustos, probablemente frente a la fachada del santuario o santo de los santos.

No obstante, Ezequiel no concreta su posición exacta y dimensiones. Ahora, después de atravesar

y describir el atrio interior, el profeta avanza dirigido por su supuesto guía y entra en el vestíbulo

del santuario, o edificio más sagrado del recinto. Allí comenzaba el templo propiamente tal, llamado

la casa de Yahvé (v.48).

El umbral o puerta tenía una anchura de 7:25 metros (14 codos) y dos pilastras o muros

que la delimitaban por ambos lados, de 2:62 metros (cinco codos). Cada muro en el interior del

vestíbulo es de 1:57 metros de largo (tres codos). De este modo, la largura total del vestíbulo era

de 20 codos (14 del umbral y 3+ 3 de los muros laterales o pilastras). Y su anchura era de 6:3

metros (12 codos). Al vestíbulo se subía por diez gradas.

Tenemos, pues, que el conjunto de edificaciones del recinto sagrado estaba constituido

por tres terrazas superpuestas, que progresivamente se elevaban sobre el suelo: del terreno profano

se subía al atrio exterior por siete gradas; del atrio exterior se subía al interior por ocho gradas,

y del atrio interior al santuario se subía por diez gradas. Algunos autores han querido ver en

esta disposición ideal de Ezequiel un calco de las construcciones de los zigurat, o pirámides escalonadas

de Mesopotamia, que constituían la morada de la divinidad. No obstante, en la distribución

del templo más bien se inspiró Ezequiel en el recuerdo del antiguo salomónico. Así, a la

entrada del santuario, o casa de Yahvé, pone junto a las pilastras dos columnas, que parecen un

2339

eco de las famosas salomónicas de bronce, llamadas Booz y Yakin.

1 Muchos autores creen que Ezequiel aquí, en la frase principio de año, se refiere a marzo-abril (Nisán). Así Knab., Heinisch. Sobre

estos cómputos véase F. X. KORTLEITNER, Arch. (1906) 304; F. X. KÜGLER, Von Moses bis Paulus (Münster 1922) 134-150. — 2

Cf. Lev 23:2755; i6,is. — 3 Cf. Ez 1:3; 3:14; 8:1. — 4 Cf. ST. Thom., ST II-II i73:3c; 175:10c. — 5 Cf. Is 2:2; Miq 4:1,· Ez 17:22;

Zac 14:10. — 6 Cf. Ez 1:7. Quizá este personaje sea el mismo hombre vestido de lino de 9:2. En 44:1-2 se identifica con Yahvé.

— 7 Cf. Ez47:3; 40:5 — 8 Cf. Tomás, ST II-II 172:40. — 9 Cf. Jer 52:21. — 10 Los babilonios distinguían dos tipos de “codos”:

a) real o grande, de 550 mm., y otro, b) ordinario, de 495 mm. Los egipcios: a) común, de 450 mm.; b) real, de 525 mm. Cualquiera

de éstos podía estar en vigor en Palestina, aunque Ezequiel se acomodaría al uso babilónico. Cf. A. Barrois, La métrologie

dans la Bible: RB 40 (1931) 185-213; 41 (1932) 50-76. — 11 Algunos autores han querido dar a la palabra Orej un sentido de altura,

pero no es probable. — 12 Es decir, seis codos el muro externo, 6 X 3 las cámaras, más seis los muros que las separaban,

ocho el vestíbulo y dos la pilastra. — 13 Sobre el adorno de las pilastras cf. 1 Re 6:29; 2 Par 3:5. — 14 Cf. i Par 28:12; Esd 10,6;

Jer 35:4; 36:10. — 15 Ez 45:5 — 16 El v.30 en el TM dice: “y los vestíbulos todo alrededor, de veinticinco codos de largo por

cinco de ancho,” que es ditografía. Falta en C. — 17 Los LXX: “y un reborde de un palmo alrededor, y sobre las mesas un tejadillo

para proteger de la lluvia y del calor.” — 18 El TM dice: “fuera de la puerta interior había salas de cantores.” Nuestra traducción

se basa en los LXX, comúnmente seguida aquí por los comentaristas. — 19 Las 'palabras “catorce codos y los lados de la

puerta” faltan en TM, y las hemos tomado de los LXX. — 20 Sadoc descendía de Aarón por la rama de Eleazar (Núm 3:1-4) y era

célebre en la historia de Israel por su fidelidad a David (2 Sam 15:245; 17:15; 1 Re 1:8.38). Por esto Salomón le dio el cargo de

sumo sacerdote, que hasta entonces ostentaba Abiatar (i Re 2:35). Algunos autores creen que esta frase relativa a los hijos de Sadoc

es glosa posterior. — 21 Cf. Ez44:10.

41. El Nuevo Templo de Jerusalén en su parte Santísima.

Sigue la descripción empezada en el capítulo anterior, pero ahora el profeta detalla la parte más

santa del recinto sagrado, la casa de Yahvé por antonomasia. Los atrios y vestíbulos anteriores

no tenían otro objeto que preparar al fiel israelita para acercarse, en una atmósfera de mayor separación

de lo profano o santidad, a lo que constituía el núcleo fundamental del recinto sagrado,

morada de Yahvé.

El santuario y el santo de los santos (1-4).

1 Me introdujo en el templo, midió las pilastras, ancho seis codos de un lado y seis

codos del otro; tal era la anchura de las pilastras. 2 El vano de la puerta era de diez

codos, y los lados de la puerta, cinco codos a una parte y cinco codos a la otra. Midió

también el largo, y eran cuarenta codos, y el ancho eran veinte codos. 3 Pasó luego al

interior y midió cada pilar de la puerta, dos codos, y la puerta misma, seis codos, y

la anchura de la entrada, siete codos. 4 Midió también el largo, y eran veinte codos, y

el ancho sobre el frente del templo, veinte codos, y me dijo: Este es el santísimo.

El profeta, dirigido por su guía imaginario, entra en el templo o hekal, que era la parte de la casa

entre el vestíbulo y el santísimo. Las pilastras son los dos muros, análogas a los del vestíbulo,

pero más anchas: 3:15 metros cada una (seis codos). El vano de la puerta, o espacio entre ambas

pilastras, era de 5:25 metros (10 codos). Los lados o paredes laterales eran de 2:62 metros (cinco

codos) cada uno. El hekal, o santuario, pues, era un rectángulo de 21 X 10:5 (40 X 20 codos). El

profeta penetró más adentro, ya en la zona más sagrada y misteriosa, llamada santísimo o “santo

de los santos.” Los contrafuertes de la entrada, o pilares, medían 1,05 metros de grosor (dos codos),

y la anchura de la puerta era de 3:15 metros (seis codos). Por el v.23 sabemos que el santísimo

tenía dos puertas, con dos batientes cada una. Entre ambas puertas debía de haber un cuerpo

central o columna, lo que nos daría con su grosor la anchura de la entrada, de siete codos (3:67

m.), de que habla el v.3 1.

Es interesante ver cómo en el santísimo sólo entra el guía, y no Ezequiel, el cual, por ser

simple sacerdote, no tenía acceso a este sacratísimo recinto 2. El santísimo era un cuadrado de

2340

10:5 metros (20 codos). Son casi las medidas del templo salomónico 3. El guía denomina enfáticamente

aquel lugar el santo de los santos, hebraísmo que nosotros traduciremos por santísimo.

Es el recinto cuadrado separado del hekal o santuario, antes descrito, y que se consideraba como

la morada de la divinidad. Sólo el sumo sacerdote, una vez al año, el día de la expiación, tenía

acceso a este misterioso recinto, en el que en los primeros tiempos se guardaba el arca de la

alianza, y después se caracterizaba por el vacío total. Era la mejor atmósfera para la trascendencia

del Dios de Israel, que debía habitar fuera de lo que pudiera ser contaminado y profano.

El edificio lateral (5-15).

5 Midió luego el grueso del muro de la casa, seis codos, y la anchura del edificio lateral,

cuatro codos, todo en torno de la casa. 6 Las cámaras laterales estaban sobrepuestas

unas a otras, treinta en cada uno de los pisos 4. Había retallos en el muro de

la casa en derredor, para que en ellos se apoyasen las vigas de las cámaras sin entrar

en el muro. 7 Había mayor anchura en las cámaras hacia arriba de piso en piso,

porque el corredor de la casa iba creciendo todo alrededor; por esto la anchura de

la casa era mayor hacia arriba 5. Del piso inferior se podía subir al de en medio y de

éste al superior. 8 Vi que la casa todo en torno estaba sobre una elevación. Los cimientos

de las cámaras laterales eran de una caña entera, seis codos hacia el ángulo.

9 La anchura del muro exterior del edificio lateral era de cinco codos, igual al espacio

de las cámaras de dentro. 10 De las cámaras a la casa había una anchura de veinte

codos en derredor de la casa. 11 Las puertas de las cámaras, una del lado del norte

y otra del lado del mediodía, daban a un espacio vacío que rodeaba toda la casa,

cinco codos de ancho. 12 Una construcción separada que había frente del espacio vacío,

al lado de occidente, tenía setenta codos de ancho. El muro del edificio tenía cinco

codos de grueso todo en derredor, y su largo era de noventa codos. 13 Luego midió

la casa: largo, cien codos; el espacio vacío, las edificaciones y los muros, cien codos

de largo; 14 la anchura de la delantera de la casa con espacio vacío a oriente, cien

codos.15 Midió la longitud de la edificación frente al espacio separado, hacia atrás, y

los portales de uno y otro lado, cien codos.

La casa aquí comprende el vestíbulo, el santuario o hekal y el santísimo. En torno al santuario y

al santísimo se extendía, por el norte, mediodía y oeste, un nuevo edificio anejo, que resultaba de

la adición de otro muro a breve distancia del muro del santuario y del santísimo. El espacio resultante

entre ambos muros se dividía en pisos superpuestos, en los que había treinta cámaras (v.6)

en cada piso, según la lectura que hemos seguido de los LXX. El muro del santuario, a medida

que se elevaba, perdía en grosor, de modo que las cámaras de los pisos superiores se iban ensanchando

progresivamente (v.7). Parece que había una escalera que subía del piso inferior a los

otros dos, y que delante de las cámaras había un corredor (la palabra hebrea que así hemos traducido

es de sentido incierto). El supuesto corredor daría hacia el santuario, mientras que las

cámaras darían al exterior. El texto no dice si éstas tenían ventanas, aunque puede suponerse.

El santuario estaba sobre una elevación (v.8), quizá una nueva plataforma sobre el nivel

del atrio interior. Entre las cámaras y la casa había un espacio vacío de 20 codos (10:5 m.)6. En

la parte occidental había un edificio especial, cuyo uso no se especifica. Estaba detrás del templo

y tenía la forma de un rectángulo de 47:25 metros (noventa codos) X 36:75 metros (setenta codos),

con unos muros de 2:55 metros de espesor (cinco codos). A continuación el profeta da las

medidas de todo el conjunto: la longitud del templo, loo codos7; la longitud del edificio anejo

2341

occidental con el espacio libre, los muros y el interior importa también 100 codos (v.13) 8. La

anchura de la fachada del templo, con los dos espacios vacíos a derecha e izquierda, es también

de 100 codos 9. La anchura del edificio posterior es también de 100 codos 10.

Ornamentación del templo (15-26).

15b El templo interior y los vestíbulos del atrio, 16 el umbral, las ventanas aspilleradas,

los portales todo en torno; los tres pisos estaban cubiertos de madera. Desde el

suelo hasta las ventanas — las cuales estaban cubiertas — , 17 hasta encima de las

puertas, en el interior de la casa y en el exterior, hasta las paredes de lo interior y

del exterior, estaban cubiertas de relieves, 18 representando querubines y palmas.

Había una palma entre querubín y querubím, 19 y cada querubín tenía dos aspectos,

aspecto de hombre hacia una palma y aspecto de león hacia la otra, y así todo en

torno de la casa. 20 Desde el suelo hasta la altura de las puertas había querubines y

palmas esculpidos por todos los muros de la casa. 21 Los pilares del templo eran

cuadrangulares, y enfrente del santísimo había una cosa que parecía 22 un altar de

madera, tres codos de alto, dos de largo y dos de ancho, y tenía sus cuernos, sus pies

y sus costados de madera. Y me dijo: Es la mesa que está delante de Yahvé. 23 Había

dos puertas, la del santo y la del santísimo. 24 Cada puerta tenía dos hojas que se

plegaban en dos partes, dos partes para una hoja y dos para la otra. 25 En las puertas

había grabados querubines y palmas, como en las paredes, y en la fachada del

atrio exterior había un portal de madera, 26 y había ventanas aspilleradas y palmas

a cada lado de las paredes laterales del vestíbulo, en las cámaras laterales de la casa

y en los cornisamentos.

El profeta describe al detalle la ornamentación interna del vestíbulo, del santuario y del santísimo.

Como se halla situado fuera del santísimo, es decir, en el santuario, llama parte interna al

santísimo. El -profeta puntualiza que todos los compartimentos y partes del edificio estaban revestidos

de adornos y relieves, que representaban querubines y palmas (v.18). La decoración es

análoga a la del templo salomónico. La palma era característica de la decoración egipcia, y los

querubes, de la mesopotámica. El profeta trabaja en su imaginación con el recuerdo del antiguo

templo destruido por los babilonios.

Los pilares del templo, o mejor, la puerta del hekal, con un pilar cuadrangular que la dividía,

recordaban también el templo salomónico. Ezequiel tiene preferencia por la arquitectura

cuadrada. La puerta del santísimo tenía dos batientes, y cada uno de éstos doble hoja, que se plegaban

(v.24). Frente al recinto del santísimo estaba una mesa de madera (v.22), que debía de ser

donde ponían los “panes de la proposición,” considerados como la “comida de Yahvé”12. Los

cuerpos del altar eran los rebordes levantados de los ángulos 13.

1 En el texto griego lee: “la puerta, seis codos, y los muros laterales, siete codos a un lado y siete al otro lado.” — 2 Cf. Lev 16:2. — 3

Cf. 1 Re 6:10s. — 4 Así según los LXX, pero el TM dice que había sólo treinta y tres cámaras (“treinta y tres veces”). — 5 Versículo

muy oscuro y casi ininteligible. La Bible de Jérusalem: “La anchura de las celdas aumentaba de un piso a otro, porque rodeaban

al templo en pisos alrededor.” — 6 Los cinco codos del v.11 parecen glosa de un copista que se confundió con lo que se

dice en el v.9, pues en el v.10 se dice que el espacio vacío entre cámaras y templo medía veinte codos. — 7 Esta cifra resulta de la

suma siguiente, de este a oeste: muro del vestíbulo (5 codos), vestíbulo (12 c.), muro del santuario (6 c.) santuario (40 c.), muro

del santísimo (2 c.), santísimo (20 c.), muro del templo (6 c.), cámaras laterales (4 c.), muro de éstas (6 c.). — 8 Resultado: espacio

libre (20 c.), muros (5 x 2), interior (50 c.): 100 codos. — 9 La cifra total resulta de: anchura del santuario (20 codos), espesor

de los muros (12 c. = 6 X 2), cámaras laterales (8 c. = 4 x 2), muros de las cámaras (10 c. = 5 X 2), plataforma (10 c. = 5 x 2), espacio

lateral del atrio (40 c. = 20 x 2). — 10 Cien codos, que resultan de las sumas parciales siguientes: 90 codos espacio interno,

más espesor de los muros (5 x 2). — 11 Cf. 1 Re 6:29-30. — 12 Cf. Lev 21:6; 8:17.21. — 13 Cf. Ex 27:2; 30.2.

2342

42. Descripción de las Dependencias del Templo.

Prosigue la descripción del recinto sagrado. El texto no es seguro, y por eso muchas veces no es

fácil reconstruir claramente lo que el profeta describe.

Cámaras del norte y del mediodía (1-12).

1 Sacóme al atrio exterior, al lado del septentrión, y me llevó al departamento que

está frente al espacio cercado y a la construcción que mira al norte. 2 Era de un frente

de cien codos de largo al lado norte, y tenia cincuenta codos de ancho, 3 dando (al

espacio vacío) de veinte codos del atrio interior y al enlosado del atrio exterior, terraza

contra terraza en tres pisos. 4 Delante de las cámaras había un corredor de

diez codos de ancho y cien codos de largo; sus puertas daban al norte. 5 Las cámaras

superiores, como las terrazas, quitaban espacio; eran más estrechas que las inferiores

y las intermedias del edificio, 6 pues los pisos eran tres, pero sin columnas, como

las columnas de los atrios. Por eso las superiores eran más estrechas que las de abajo

y las de en medio. 7 El muro exterior de fuera, delante de las cámaras, que daba al

atrio exterior, frente a las cámaras, tenía cincuenta codos de largo, 8 pues el largo de

las cámaras del lado del atrio exterior era de cincuenta codos; pero del lado del

templo, de cien codos. 9 Más abajo de las cámaras había una entrada que daba a

oriente, para el que venía del atrio exterior. 10 Del lado del mediodía, frente al espacio

vacío y delante del edificio había cámaras; 11 delante de ellas, un corredor, como

el de las cámaras que dan al norte; su largo y su ancho eran los mismos, y también

iguales las salidas y toda su disposición. Como las puertas de las primeras 12 eran las

puertas de las cámaras que daban al mediodía, y había unas puertas al comienzo del

corredor, en el muro correspondiente para quien venía del oriente.

El profeta es llevado por su guía hacia el atrio exterior y entra en un edificio hacia el norte, frente

al edificio anejo al santuario. Este edificio constaba de dos series de cámaras en tres pisos, con

un corredor en el medio (v.4). La longitud de este edificio era diferente en el sector que daba al

santuario (100 codos) y en el que daba al atrio exterior (50 codos). Había una entrada del lado

oriental hacia este anejo, probablemente por el corredor entre las dos series de cámaras (v.8). La

disposición del anejo del mediodía era totalmente igual a la descrita en el lado septentrional

(v.10-11). Tenemos, pues, que a los dos lados del santuario había dos edificios anejos para los

sacerdotes, como se describe a continuación.

Destino de las cámaras del edificio añejo (13-20).

13 Díjome: Las cámaras del norte y las cámaras del mediodía que dan al espacio cercado

son las cámaras del santuario, donde los sacerdotes que se acercan a Yahvé

comerán las cosas santísimas, es decir, las oblaciones y las víctimas por el pecado y

por el delito, pues este lugar es santo. 14 Cuando los sacerdotes entraren, no saldrán

del lugar santo al atrio exterior, sino que dejarán allí las vestiduras con que ministran,

pues son santas, y, vestidos de otras, se acercarán así a lo destinado al pueblo.

15 Cuando hubo acabado de medir la fábrica interior, sacóme fuera por la puerta

que da al oriente y midió el perímetro. 16 Midió el lado de oriente con la caña de me2343

dir, quinientos codos de la caña de medir; se volvió, 17 y midió el lado del norte, quinientos

codos de la caña de medir. 18 Midió el lado del mediodía, quinientos codos de

la caña de medir. 19 Se volvió al lado de occidente, y midió quinientos codos de la caña

de medir. 20 Midió el muro de cintura a los cuatro vientos; tenía quinientos codos

de largo y quinientos codos de ancho, y separaban lo santo de lo profano.

El destino de estas cámaras laterales era principalmente el facilitar a los sacerdotes que comieran

en ellas las partes que les pertenecían de los sacrificios santísimos y de las ofrendas por el pecado

y por el delito (ν.13). Las partes consumibles de estos sacrificios eran sagradas y, por tanto,

debían comerse en lugar apropiado, no fuera del recinto del templo1. Las oblaciones propiamente

tales consistían en ofrendas de productos vegetales, sólidos o líquidos, sin derramamiento de

sangre. Los sacrificios por el pecado son sacrificios expiatorios por pecados de comisión que no

herían los derechos del prójimo 2. En ellos, parte de la víctima se quemaba sobre el altar, y la otra

se reservaba a los sacerdotes. Los sacrificios por el delito eran también expiatorios por daños

ocasionados al prójimo con omisiones o comisiones 3. Una segunda finalidad de las susodichas

cámaras del edificio anejo era para depositar las testiduras (v.14), pues no era lícito salir con los

vestidos de ceremonia al lugar profano.

Finalmente, el profeta da las dimensiones de todo el conjunto de edificaciones del recinto

sagrado. Según estas medidas, el conjunto formaba un colosal cuadrado de 500 codos de lado 4.

El muro exterior separaba lo profano de lo sagrado. Los fieles que se acercaran a la casa de Yahvé

debían pensar en el significado de estos muros y construcciones, símbolo de la separación de

Yahvé — que habita en inaccesible santidad — y lo profano o común.

1 Cf. Lev 2:3; 2:10; 6:17.22; 7:1-7. — 2 Lev 6:18.23; Ez 40:39; 45.193; Es 8:35. — 3 Cf. Lev 5:15-18; 6:10; Ez 40:39; 44:29; 46:20.

Véase el artículo de Medebiélle, Expiation: DB, Suppl. III (1938) 56-59.663. — 4 El cómputo se descompone en las cifras parciales

siguientes, dirección este-oeste: puerta oriental externa (50 c.), atrio externo (100 c.), puerta oriental interna (50 c.), atrio interno

(100 c.), santuario y santísimo (100 c.), edificio occidental (100 c.)· Total: 500 codos. Dirección sur-norte: las mismas dimensiones

exactas (cf. 40,25.27.29; 47:19.21.23 respectivamente). Algunos autores siguen al TM y leen “500 cañas” (cada caña, seis

codos). Así, el conjunto tendría 1.575 m. (la caña, 3:15 m.).

43. La Gloria de Yahvé vuelve al Templo. Medidas del Altar.

Una vez descrito el sagrado recinto del templo, geométricamente concebido, el profeta anuncia

la vuelta de la gloria de Yahvé a su morada sagrada, abandonada cuando Jerusalén fue tomada

por Nabucodonosor. El capítulo puede dividirse en las siguientes partes: a) retorno glorioso de

Yahvé (1-9); b) declaración del lugar sagrado y medidas del altar (10-17); c) dedicación del altar

(18-27).

Retorno glorioso de Yahvé a su templo (1-9).

1 Llevóme luego a la puerta que da al oriente, 2 y vi la gloria del Dios de Israel venir

del oriente. Se oía un estrépito como el estrépito de caudalosas aguas, y la tierra resplandecía

del resplandor de la gloria. 3 El aspecto de lo que veía era como lo que vi

cuando vino Yahvé a destruir la ciudad, y en todos los aspectos como los de la visión

que vi cerca del río Kebar. Caí rostro a tierra, 4 mientras la gloria de Yahvé penetró

en la casa por la puerta de la fachada que da al oriente. 5 El espíritu me levantó y me

llevó al atrio exterior, y vi la gloria de Yahvé llenar la casa, 6 y oí que alguno me

2344

hablaba desde dentro de la casa, mientras el varón aquel estaba en pie junto a mí 7 y

me decía: Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, el escabel de las plantas de

mis pies, donde habitaré para siempre en medio de los hijos de Israel. La casa de Israel

no profanará ya más mi santo nombre, ni ella ni sus reyes, con sus fornicaciones

ni con los cadáveres de sus reyes, con sus lugares altos; 8 pusieron su umbral junto a

mi umbral, y sus postes junto a mis postes, y pared sólo por medio, contaminaron

mi santo nombre con las abominaciones que cometieron. Por eso, en mi furor los

consumí. 9 Pero ahora arrojarán lejos de mí sus fornicaciones y los cadáveres de sus

reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre.

En la visión inaugural del ministerio profético, Ezequiel contempló al Señor en su gloria, exilándose

con los exilados. Yahvé abandonaba el templo de Jerusalén, su morada permanente en la

tierra, para habitar con los desterrados. Ahora el profeta contempla el retorno radiante de la gloria

de Yahvé a su antigua morada. Han pasado los días de purificación y de prueba. Con la primera

visión, Ezequiel quería hacer ver a los desterrados la futura destrucción de Jerusalén y la

profanación del templo santo. Ahora quiere dar a entender a sus compatriotas que después de la

catástrofe hay una nueva era de esperanza. Yahvé da por cancelada la deuda contraída por el Israel

pecador, para inaugurar una nueva teocracia, presidida también por la presencia de

Yahvé en su templo reconstruido. Han pasado los tiempos de las idolatrías y abominaciones,

para entrar en la nueva alianza, basada en la entrega de los corazones a Yahvé.

El Señor entra solemnemente por la fachada oriental del templo, por donde en otro tiempo

había salido 1; aparece en toda su majestad, escoltado de los querubines, que con sus alas

hacen un estrépito como el estrépito de caudalosas aguas (v.2) 2. Yahvé se le había aparecido en

la misma forma majestuosa cuando se disponía a destruir la ciudad (ν.3) y en la visión junto al

río Kebar 3. Desde el atrio exterior, Ezequiel contempla la gloria de Yahvé, es decir, a Yahvé

glorioso, entrando en el templo y llenándolo con su majestad. Cuando tomó posesión del tabernáculo

del desierto y del antiguo templo de Salomón, se dice que una nube de humo, símbolo de

la presencia divina, llenó el sagrado recinto 4. Ahora va a tomar definitivamente posesión de su

trono, el escabel de sus pies (v.7). En otro tiempo lo abandonó por los pecados de su pueblo, pero

ahora, en la nueva etapa, las cosas serán de otro modo, porque el pueblo se apartará definitivamente

de sus inveterados pecados idolátricos o fornicaciones espirituales en los lugares altos

(v.7) 5. Otro abuso que cesará en la nueva era será el de enterrar a los reyes cerca del templo,

como era costumbre en los tiempos antiguos 6.

Yahvé se queja también de que los reyes hubieran establecido su palacio tan cerca del recinto

sagrado, de modo que sólo había pared por medio, poniendo su umbral junto a mi umbral

y sus postes o columnas junto a los de Yahvé (v.8). En adelante, toda la colina de Sión debe ser

considerada como territorio sagrado dedicado exclusivamente a Yahvé. Aunque el palacio real

fue concebido primitivamente como custodia del templo y éste como capilla real para guardar el

arca de la alianza, sin embargo, la proximidad del palacio al lugar santo trajo muchos compromisos

a los intereses de Dios, pues la vida de la monarquía israelita fue muy poco edificante, y así

no faltaron abominaciones idolátricas y crímenes sangrientos en aquellos muros regios. En la estructura

futura, la casa del príncipe estará alejada del templo 7, y la zona que antes ocupara el palacio

real será añadida a la gran explanada del templo como zona sagrada. Ezequiel, al hablar del

futuro teocrático de su pueblo, considera a Yahvé como jefe único e inmediato de su pueblo, y

por eso al jefe político futuro le da el nombre de príncipe y no de rey, reservado a Yahvé 8.

La institución de la monarquía fue, en realidad, funesta para los intereses religiosos de

Israel, como había previsto y anunciado el fundador de ella, Samuel. Los reyes israelitas organi2345

zaron una corte y un harén al estilo oriental, en detrimento de los intereses económicos del pueblo

y, sobre todo, con menoscabo de los derechos de Yahvé. En la nueva era, las cosas serán de

otro modo: desaparecerá totalmente la idolatría, y los cadáveres de los reyes serán arrojados fuera

de su lugar, para convertir a éste en cosa sagrada aneja al templo (V.9). En todos estos anuncios

profetices tenemos que tener en cuenta que se trata de idealizaciones para hacer resaltar la

idea del carácter sagrado de la colina de Sión y excitar la imaginación y las esperanzas de los

exilados. No es necesario, pues, tomar las palabras de Ezequiel a la letra.

Descripción del altar de los holocaustos (10-17).

10 Y tú, hijo de hombre, describe a la casa de Israel este templo. n Si se avergüenzan

de lo que han hecho, muéstrales la traza y el diseño de esta casa, sus salidas y sus entradas

y toda su disposición, sus ritos y sus leyes, y ponia por escrito ante sus ojos,

para que guarden todos sus ritos y sus reglas y los pongan por obra. 12 Esta es la ley

de la casa: sobre la cumbre del monte, todo en derredor, su término será santísimo.

Esta es la ley del templo. 13 He aquí las medidas del altar en codos de codo y palmo:

el canal 9, de un codo de alto y un codo de ancho, y el reborde que lleva en torno, un

palmo. Tal es el zócalo del altar. 14 Desde el canal sobre el suelo al plano inferior, dos

codos, y la anchura de su vuelo, un codo. Del plano inferior al plano superior, cuatro

codos, y la anchura, de un codo. 15 El “ariel” tenía cuatro codos, y de él emergían

cuatro cuernos.16 El “ariel” tenía doce codos de ancho y doce codos de largo, formando

un cuadrado perfecto. 17 La basa tenía catorce codos de largo y catorce de

ancho a los cuatro lados, y en torno de ella había una cornisa de medio codo, y el

canal de un codo todo en derredor, y sus gradas estaban al lado oriental.

El Señor invita al profeta a que exponga a sus compañeros de exilio los detalles del recinto sagrado,

para que lo admiren y se ilusionen con él. No deben dejarse fascinar con los templos de

Bel y Marduk, pues el que se va a reconstruir sobre la colina de Sión los superará a todos. La característica

del recinto sagrado es que será santísimo (v.12). Pero deben avergonzarse de su pasado

pecaminoso y rebelde y entrar por el cumplimiento de las leyes del Señor (v.11). Sólo así

podrán participar del nuevo culto en el nuevo templo. Y el profeta describe a continuación el altar

de los holocaustos.

El altar que describe está constituido de tres plataformas superpuestas en forma de zigurat

o torre escalonada. La base inferior sobresale un codo (52:5 cm.), y es también de un codo de

alta. Era como el zócalo del altar, que está enterrado bajo el nivel del pavimento, y tenía un reborde

de un palmo de alto (7:5 cm.), que sobresalía sobre el pavimento. El altar propiamente tal

se alzaba sobre esta base y estaba formado por tres cuadrados superpuestos. El inferior, más ancho,

tenía dos codos de alto (1,05 m.), y sobresalía un codo (52:5 cm.) respecto de la plataforma

superior, que tenía cuatro codos (2:10 m.) y sobresalía sobre su inmediata superior un codo (52:5

cm.). La plataforma superior es llamada ariel (“hogar” u horno), porque en ella se quemaban las

víctimas.

En sus cuatro ángulos había cuatro cuernos similares a los del altar del templo de Salomón,

que era una copia del altar del tabernáculo del desierto 10. Los cuernos eran símbolo del

poder de la divinidad en la mitología mesopotámica. El ariel era un cuadrado de 12 codos en cada

lado (6:30 m.). El cuadrado intermedio (inferior al ariel) era de 14 codos (7:35 m.), y la última

plataforma inferior es de 16 codos (8:40 m.), y la base, en la parte saliente del reborde, es de

19 codos (9:28 m.). La altura total de las tres plataformas o cuadrados es de n codos (5:75 m.).

2346

Se subía a la parte superior de esta pirámide escalonada por unas gradas que daban al oriente.

Los cuernos del altar simbolizaban la omnipotencia divina, y sobre ellos se esparcía la sangre

de los sacrificios 11, y el que se tomaba a ellos adquiría derecho de asilo 12.

Ritos de consagración del altar (18-27).

18 Díjome: Hijo de hombre, así habla el Señor, Yahvé: Estas son las leyes del altar

para cuando sea construido para ofrecer en él holocaustos y derramar la sangre de

ellos. 19 A los sacerdotes, levitas de la posteridad de Sadoc, que serán los que a mí se

han de acercar para servirme, dice el Señor, Yahvé, les darás un novillo para el sacrificio

por el pecado. 20 Tomarás de su sangre y untarás con ella los cuatro cuernos,

y los cuatro ángulos del cuadro, y el borde todo en torno. Así harás la expiación y la

propiciación del altar. 21 Tomarás luego el novillo del sacrificio por el pecado, que

quemarás en el lugar de la casa designado fuera del santuario. 22 Al día siguiente

ofrecerás por el pecado un macho cabrío sin defecto y expiarás el altar, como lo

hiciste con el novillo. 23 Cumplido que hayas el rito expiatorio, ofrecerás un novillo

sin defecto y un carnero de la grey sin defecto. 24 Los ofrecerás a Yahvé; los sacerdotes

ofrecerán sobre ellos la sal, y los ofrecerán a Yahvé como holocausto. 25 Por siete

días sacrificarás por el pecado un macho cabrío por día; ofrecerás además un novillo

y un carnero de la grey sin defecto. 26 Por siete días se hará la propiciación del altar,

se purificará y se consagrará. 27 Pasados estos días, del día octavo en adelante,

los sacerdotes ofrecerán en el altar vuestros holocaustos y vuestros sacrificios pacíficos,

y yo os seré propicio, dice el Señor, Yahvé.

El altar, que estará enclavado en el centro del atrio interior, será destinado sobre todo a los holocaustos

— los sacrificios en los que se quemará toda la víctima 13 — y para derramar la sangre

de las víctimas en los sacrificios no holocaustos 14. El profeta describe a continuación el rito de la

consagración, que durará siete días. En el primer día se sacrificará un novillo, y parte de su sangre

será derramada sobre los cuernos del altar, y parte sobre los ángulos del cuadrado, o basa, y

sobre su borde. La expresión sacerdotes-levitas indica la pertenencia a la tribu de Leví, dentro de

la cual figuraba la familia de Sadoc 15. Es una denominación genérica para indicar gentes consagradas

a Dios en sus funciones sacerdotales. En otros textos, levita tiene el sentido específico de

clase inferior a la sacerdotal 16. Ezequiel tiene preferencias por la familia de Sadoc 17. El sacrificio

expiatorio de que aquí habla debe realizarse en el lugar designado (v.21), sin especificar más

su localización. Se han hecho diversas conjeturas: alrededor del santuario, detrás del santuario,

etc. No faltan quienes suponen que ese lugar está fuera del recinto sagrado, incluido en el muro

exterior.

En el segundo día de expiación se utilizará un macho cabrío (v.22), un novillo y un carnero

(v.23), acompañados de sal18. Una vez terminados los ritos de los siete días, los sacerdotes

ofrecerán los sacrificios ordinarios, pues el altar ya ha sido purificado y consagrado definitivamente

para el culto. Los sacrificios ordinarios eran los holocaustos, en los que se quemaba toda

la víctima, y los pacíficos o saludables o eucarísticos, según se traduzca la palabra misteriosa

hebrea shelamim, aplicada a los sacrificios 19. Eran sacrificios cruentos ofrecidos por personas ya

reconciliadas con Dios en acción de gracias (de ahí eucarístico) o para pedir un favor divino.

El ritual de consagración del altar que aquí presenta Ezequiel difiere en muchas particularidades

del prescrito en el Pantateuco 20. Lo que indica que el profeta trabaja con su imaginación,

como lo hizo para la reconstrucción del templo, con toda libertad, si bien inspirándose sustan2347

cialmente en la tradición. Debemos pensar que los detalles en Ezequiel no tienen sino valor simbólico,

tanto en sus descripciones sobre el templo como en las particularidades del culto. De

hecho sabemos que en la reconstrucción del templo, después del decreto de Ciro (538), los repatriados

no pretendieron ajustarse a los moldes propuestos por el gran profeta del exilio ni sus

puntos de vista en la organización del culto. Importa señalar las diferencias de Ezequiel con la

legislación levítica para probar que ésta no es obra del profeta, como pretende la escuela de

Well-hausen.

1 Cf. Ez 10:19; II.22S. — 2 Cf. 1-24; 3:12s. — 3 Cf. c.8-10 ye. 1. — 4 Cf. Ex 40:32-36; 1 Re 8:10s; 1 Crón 5:13s; 7:1s. — 5 Cf.

C.8.16; 23. — 6 El texto griego dice: “los homicidios obrados por los jefes en medio de ellos.” Sabemos que el rey Manases derramó

mucha sangre inocente (2 Re 21:45). Pero creemos que se debe mantener la lección del TM por exigencias de lo que se dice

en el v.9- Algunos autores dan a la palabra que hemos traducido por cadáveres el sentido de “estela” idolátrica (cf. Lev 26:36). En

ese caso se aludiría al culto pagano de los reyes de Israel. — 7 Cf. Ez 48:8-21. — 8 Cf. Ez 45:8-9. — 9 Lit. en hebreo seno, equivalente

al cimiento o cavidad que enmarcaba el altar. — 10 Cf. Ex 27:2; 30,2. Muchos autores prefieren leer Harel, y así relacionan

este nombre con el arallu babilónico, que era el mundo subterráneo y Ja montaña donde nacieron los dioses. Así, el Harel sería

la “montaña de Dios.” Generalmente se sigue la lectura que hemos expuesto con el sentido de “hogar de Dios.” — 11 Cf. Ez

29:14; Lev 4:25; 30:34· — 12 Cf. 1 Re 1:50s; 2:28. — 13 Cf. Ez 40:38. — 14 Cf. Lev 1:5; 3:2; 4:53. — 15 Cf. £240:46; 44:15- —

16 Cf. Dt 17:9-18; 18:1; 24:8; Jos 3:3; 8:33; Is 66:21; Jer 33:18; Ez 43:19. — 17 Cf. Dt 18:1; Is 66:21; Jer 33:18. — 18 Cf. Lev

2:13. — 19 Los LXX traducen pacíficos. Su ritual aparece en Lev 3. — 20 Las diferencias son las siguientes: a) Ezequiel nada dice

de la unción del altar prescrita en Ex 29:36 y Lev 8:11. b) En Ezequiel, el novillo sólo debe ofrecerse el primer día, y en los

otros días un macho cabrío, mientras que en Ex 29:36 se dice que había de ofrecerse durante siete días, como expiación, un novillo,

c) Según Ezequiel, la sangre ha de derramarse también sobre los cuatro ángulos, mientras que en Ex 29:12 y Lev 8:15 se ordena

que la sangre se derrame sobre los cuernos del altar, y el resto se eche a los pies del altar, d) Según Lev 9,iss, el octavo día

era solemnísimo, mientras que en Ezequiel es un día cualquiera con los ritos ordinarios.

44. Las nuevas leyes del Culto.

Una vez descrito el templo y su altar, Ezequiel aborda la cuestión del culto en la nueva casa de

Dios. Sólo los sacerdotes propiamente tales podrán acercarse al altar de Yahvé; los levitas quedarán

reducidos a un puesto secundario en el servicio del templo. Y los extranjeros no deben entrar

en el recinto sagrado.

El uso de la puerta oriental (1-4).

1 Llevóme luego de nuevo a la puerta de fuera del santuario que daba al oriente, pero

la puerta estaba cerrada, 2 y me dijo Yahvé: Esta puerta ha de estar cerrada; no

se abrirá ni entrará por ella hombre alguno, porque ha entrado por ella Yahvé, Dios

de Israel; por tanto, ha de quedar cerrada. 3 Por lo que hace al príncipe, podrá sentarse

en ella para comer el pan en la presencia de Yahvé; entrará por el vestíbulo de

la puerta y por el mismo saldrá. 4 Llevóme hacia la puerta del norte por delante de

la casa, y miré y vi que la gloria de Yahvé llenaba la casa de Yahvé, y me postré rostro

a tierra.

El profeta es transportado a la puerta oriental, que estaba cerrada y nadie podía entrar por ella,

pues estaba santificada por haber penetrado por ella Yahvé 1. Al decir que estaba cerrada, insinúa

el profeta que Yahvé no volverá a abandonar el templo, como lo había hecho antes. Sólo el príncipe

tendrá acceso a la puerta oriental desde el interior del recinto sagrado. No podrá salir por

ella, pues debe permanecer cerrada indefinidamente 2. El príncipe podrá comer en dicha puerta la

parte de las víctimas ofrecidas al Señor, especialmente en los sacrificios pacíficos 3.

2348

Personas admitidas al santuario (5-9).

5 Yahvé me dijo: Hijo de hombre, pon atención, mira con tus ojos y oye con tus oídos

todo lo que voy a hablar contigo sobre todas las ordenaciones de la casa de Yahvé

y todas sus leyes; pon atención a todas las entradas de la casa y a todas las salidas

del santuario, 6 y di a los rebeldes, a la casa de Israel: Así dice el Señor, Yahvé: Basta

ya de abominaciones, ¡oh casa de Israel! 7 de traer extranjeros, incircuncisos de

corazón y de carne, para que entren en mi santuario, contaminen mi casa, mientras

vosotros me ofrecéis mi pan, el sebo y la sangre, quebrantando así mi alianza con

todas vuestras abominaciones 8 y no guardando lo establecido acerca de mis cosas

santas, antes imponiéndolos como ministros de mi culto en mi santuario en lugar

vuestro. 9 Así dice el Señor, Yahvé: Ningún extranjero, incircunciso de corazón y de

carne, de cuantos están en medio de Israel, entrará en mi santuario.

Enfáticamente, Yahvé dice directamente al profeta que le preste especial atención a lo que sigue.

Lo que indica que en la mente del profeta tiene una especialísima importancia en la organización

de la nueva teocracia. Según el v.4, la gloria de Yahvé llenaba el templo; el profeta, sobrecogido

por la presencia majestuosa de su Dios, escucha anonadado sus palabras solemnes y las transmite

así para que el pueblo se percate de la trascendencia de lo que va a decir. Ante todo se ha de

evitar la profanación del sagrado recinto, introduciendo personas no aptas para entrar en él, y

menos para tomar parte en su culto. En el antiguo templo se permitía cierta participación de extranjeros

en oficios subsidiarios y humildes 4. En adelante, todo el servicio del templo, en todos

sus detalles, será exclusivo de los miembros de la tribu de Levi.

El profeta llama a sus compatriotas rebeldes (v.6), porque constantemente han hecho caso

omiso de la ley del Señor. En el templo habían permitido la presencia de extranjeros incircuncisos

de carne y de corazón (ν.7). Poco a poco, gentes no israelitas se habían agregado al pueblo

elegido en calidad de prosélitos, siendo admitidos a los oficios más humildes de culto. Así, encontramos

los nethinim, o “donados,” llamados también “hijos de los siervos de Salomón.”5 Muchos

provenían de prisioneros que habían sido dados como esclavos a los levitas 6. Se les había,

pues, utilizado en el templo para servicios que debían hacer los levitas. Los israelitas se limitaban

a ofrecer el pan de Yahvé, hermosa frase para designar los sacrificios en los que se quemaba

el sebo y se derramaba la sangre en honor de la divinidad (ν.7) 7. La sangre era, en la mentalidad

semítica, el vehículo de la vida que pertenecía a Dios. A Yahvé no le agradaba la presencia de

gentes no pertenecientes a su pueblo en los sacrificios.

Ezequiel exige de sus compatriotas una rectificación de vida en sus costumbres y una exclusión

total de los extranjeros en el nuevo culto (V.9). Según la antigua Ley, los extranjeros podían

ofrecer sacrificios delante del tabernáculo 8, excluyéndoles sólo de la celebración de la Pascua

9. Salomón ora por los paganos que vayan al templo de Jerusalén a suplicar a Yahvé 10. En

cambio, Ezequiel tiene un concepto tan elevado de la santidad del santuario, que excluye totalmente

a los extranjeros del culto. Este exclusivismo ha sido una de las características de la comunidad

israelita después del exilio. El profeta urge esta separación de los gentiles para prevenirlos

contra una posible absorción por parte de éstos. Esdras y Nehemías se moverán en el mismo

plano en sus relaciones con el extranjero, negándose a admitir la colaboración de los samaritanos

en la reconstrucción del nuevo templo.

2349

Los oficios serviles de los levitas (10-14).

10 Los levitas, que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus

ídolos, llevarán su iniquidad. 11 Servirán en mi santuario de guardias de las puertas

de la casa y de servidores de la casa misma, degollarán los holocaustos y las víctimas

del pueblo y estarán ante él para servirle. 12 Por haber servido a sus ídolos y haber

sido para la casa de Israel tropiezo de iniquidad, alzo mi mano, dice el Señor, Yahvé,

y juro que llevarán sobre sí su iniquidad, 13 que no se acercarán a mí para servirme

en las funciones sacerdotales y para tocar mis cosas santas ni las santísimas,

sino que llevarán sobre sí la vergüenza y la pena de las abominaciones que cometieron.

14 Los dejo reducidos a hacer solamente la guardia de la casa y el servicio en lo

que en ella haya de hacerse.

En la denominación de levitas hay que incluir aquí a los sacerdotes que no cumplieron con su

deber. Según la legislación mosaica, todo lo perteneciente al culto estaba reservado a los de la

tribu de Leví . La potestad propiamente sacerdotal, de ofrecer sacrificios, quedaba vinculada a

los descendientes de Aarón, hermano de Moisés, en quien éste delegó por inspiración divina la

potestad sacerdotal, quedándose él con la dirección cívico-religiosa dentro de la amplitud que le

daba la organización teocrática de la sociedad. Los demás pertenecientes a la tribu de Leví fueron

encargados de los oficios mecánicos y serviles, como auxiliares de los sacerdotes propiamente

tales. Así, durante la peregrinación por el desierto tenían que transportar el bagaje del tabernáculo.

Los levitas sustituían a los primogénitos (de madre), que por ley debían ser consagrados a

Yahvé 12. En la repartición de la tierra de Canaán no se asignó parcela a los de la tribu de Leví

para que pudieran dedicarse mejor al culto divino. Como compensación debían ser alimentados y

sostenidos con ingresos de las otras tribus. La herencia de Leví era Dios 13. Los sacerdotes, o

descendientes de Aarón, eran los encargados de los oficios más nobles en el templo: ofrecer sacrificios,

asperger con sangre y dar la bendición 14.

Ezequiel tiene la particularidad de considerar como sacerdotes a los de la familia de Sadoc,

considerando a los de la familia de Abiatar como simples levitas 15, por haber sido infieles

en sus funciones, practicando cultos idolátricos. Según Ezequiel, los levitas propiamente tales

serán los encargados de las guardias de las puertas de la casa, y prepararán las víctimas para el

sacrificio, tanto los holocaustos como las otras (v.11); pero no pueden quemarlas sobre el altar ni

derramar la sangre 16, ni tampoco reservarse una parte de las ofrendas en los sacrificios “por el

pecado y por el delito”17. Habían cometido la iniquidad de darse al culto idolátrico fuera del

templo de Jerusalén. Los sacerdotes de los santuarios locales fuera de Jerusalén quedaron así degradados

y reducidos a la categoría de levitas o sacristanes.

Funciones y leyes de los sacerdotes (15-31).

15 Los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento de mi santuario

cuando se apartaron de mí los hijos de Israel, serán mis allegados para ministrar

ante mí y ofrecerme la grosura y la sangre, dice el Señor, Yahvé. 16 Esos entrarán

en mi santuario y se llegarán a mi mesa, guardando mi ordenamiento. 17 Cuando

entren por las puertas del atrio interior, se vestirán de vestiduras de lino; no llevarán

sobre sí lana cuando oficien en las puertas del atrio interior y dentro del templo.

18 Llevarán tiaras de lino sobre sus cabezas, y calzones de lino a sus lomos, y no

2350

se ceñirán para no sudar.19 Pero, cuando hayan de salir al atrio exterior, al pueblo,

se quitarán las vestiduras con que se hace el servicio y, dejándolas en las cámaras

del santuario, se vestirán otro vestido para no santificar al pueblo con sus vestiduras.

20 No se raparán la cabeza ni dejarán crecer sus cabellos, motilando sus cabezas.

21 Ningún sacerdote beberá vino cuando haya de entrar en el atrio interior. 22 No

tomarán por mujer ni viuda ni repudiada, sino virgen de la casa de Israel o viuda de

sacerdote. 23 Enseñarán a mi pueblo a distinguir entre lo santo y lo profano y a discernir

entre lo puro y lo impuro. 24 Juzgarán los pleitos conforme a mis leyes, y

guardarán mis leyes y mis preceptos en cuanto a todas mis solemnidades, y santificarán

mis sábados. 25 No entrarán a muerto alguno para no contaminarse; sólo por

el padre o la madre, el hijo o la hija, el hermano o la hermana que no haya tenido

marido, se contaminarán. 26 Después de su purificación contarán siete días, 27 y el

día en que entren en el santuario, en el atrio interior, para oficiar en el santuario,

ofrecerán su expiación, dice el Señor, Yahvé. 28 En cuanto a su heredad, seré yo; no

les daréis posesión en Israel, pues su posesión seré yo. 29 Se alimentarán de las

ofrendas, de los sacrificios por el pecado y por el delito, y será para ellos cuanto en

Israel sea dado al anatema. 30 Las primicias de todos los primeros frutos de toda

suerte, de cuanto ofreciereis, serán para los sacerdotes, y daréis también a los sacerdotes

las primicias de vuestras masas, para que en vuestras casas repose la bendición.

31 No comerán mortecino alguno ni desgarrado, sea ave o bestia.

Sólo los descendientes de Sadoc, nombrado sumo sacerdote por Salomón en sustitución de Abiatar

18, tendrán la categoría de sacerdotes, por su fidelidad a Yahvé en medio de la apostasía

general (v.15) 19. Sus funciones en el templo serán: poder entrar en el santuario, preparar las

lámparas, ofrecer el incienso 20 y quemar los sacrificios sobre el altar, derramando la sangre. Pero

tienen que atenerse a ciertas prescripciones rígidas, para resaltar más ante el pueblo el carácter

sagrado de su ministerio excepcional. Tendrán que utilizar en sus funciones vestiduras de

lino (ν.17), símbolo de pureza interna, siguiendo la prescripción mosaica21. Las ropas de lana,

ordinariamente usadas, por el calor favorecían el sudor y, con ello, las impurezas rituales. Los

sacerdotes, pues, cuando actúen como ministros en las puertas del atrio interior donde estaba el

altar de los holocaustos, deben mantener la máxima pureza ritual. Deben ir cubiertos con una tiara,

o turbante de lino, y también llevar calzones de la misma tela 22.

Y al terminar sus funciones sacerdotales deben despojarse de sus vestidos de ceremonia

para no santificar al pueblo (V.19), es decir, comunicar cierto carácter sagrado al pueblo con el

contacto de las vestiduras sagradas, y por ello inhabilitarle para ciertos trabajos profanos 23.

La santidad era considerada como un fluido contagioso y peligroso. Yahvé era santo, y todo lo

que tocaba lo santificaba, ocasionando algunas veces la muerte del que entraba en su atmósfera

de santidad, que es como un aislante que le separa de lo profano y terrestre 24. Los sacerdotes debían,

además, llevar los cabellos cortos 25, pues el rasurarse los cabellos o dejarlos demasiado

largos era señal de luto 26, lo que no convenía a los que estaban entregados a las funciones sacrales.

Mientras están en funciones en el templo, no deben probar el vino (v.21). En la ley mosaica,

además, se añadía la prohibición de toda bebida que provocara la embriaguez. Y, por fin, Ezequiel

impone una prescripción a los sacerdotes que antes era sólo obligatoria para el sumo sacerdote:

que no pueden casarse con una viuda, a menos que lo sea de un sacerdote 27. Con ello quiere

resaltar la pureza y categoría especial de los sacerdotes. Por otra parte, Ezequiel no habla, en

su proyecto de la futura teocracia, del sumo sacerdote.

Finalmente, el profeta recuerda la otra gran misión de la institución sacerdotal: sus com2351

ponentes deben enseñar la Ley, sobre todo lo concerniente a la distinción de las impurezas rituales.

Ezequiel tiene una mentalidad ritualista y quiere ante todo inculcar el sentido de santidad y

de consagración que debe presidir la vida israelita, simbolizada en la distinción de lo “puro e impuro.”

Los sacerdotes debían, además, dirimir los pleitos y litigios 28. Deben urgir el cumplimiento

de la observancia del sábado y las solemnidades (v.24). Y, por otra parte, deben abstenerse

de tocar cadáveres, pues éstos contagiaban su impureza al que se acercara a ellos. Sólo se

les permite tocarlos cuando son de familiares muy próximos 29. Si se han contaminado con cadáveres,

deben considerarse impuros durante siete días, y en el octavo ofrecer un sacrificio expiatorio

de purificación (v.27).

Para su sostenimiento no les será adjudicada ninguna parcela de tierra, pues su posesión

peculiar o patrimonio es Yahvé. Deben vivir de las ofrendas y sacrificios por el delito y por el

pecado (v.29). También les pertenecerá lo que se declare “anatema” (jerem) o consagrado a Dios

30. También les estaban reservadas las primicias de los frutos de todo género: trigo, cebada, uvas,

higos, aceitunas, granadas y miel 31, productos propios de Palestina. No se determinaba la cantidad,

pero prácticamente solía ser la 1/50 parte de todos los ingresos agrícolas 32. Por fin, se especifica

que los sacerdotes no deben comer nada mortecino o desgarrado (v.31), para evitar toda

contaminación 33.

1 Cf. Ez 43.2SS. — 2 No hay fundamento alguno para ver analogía entre esta puerta y la “puerta santa” (babú ellu) del templo de

Marduk, Esagil y Etemenanki, en Babilonia, que se abría sólo dos.dos veces al año PATRA sacar la estatua de Marduk. — Teodoreto:

PG 81; San Ambrosio, De institutione virginis c.8 n.52; Tomás, Sum. Theol. III 28:3, sed contra. El texto de Ezequiel sólo se

puede aplicar a la virginidad de María de un modo acomodaticio, pues nada en el contexto avala un sentido literal o típico. — 3

Cf. Lev 7:15; Dt 12:7.18. — 4 Cf. Jos 9:27; Dt 29:10; Lev 26:41. — 5 Los nethinim aparecen como clase distinta de los sacerdotes

y levitas. Cf. i Crón 9:2; Neh 7:57.60; 11:3. — 6 Cf. Esd 2:43.55.58; 8:10 (dados por David a los levitas). — 7 Cf. Lev 3:11;

21:6.8; Jer 11:11; Mal 1:7. — 8 Cf. Lev 17:8; Núm 15:13. — 9 Cf. Ex 12:43. — 10 Cf. 2 Crón 6:32s. — 11 Antes, los representantes

de cada familia ofrecían sus sacrificios como en los tiempos patriarcales. En Egipto y Babilonia existía ya en tiempos de

Moisés una jerarquía sacerdotal, y sólo los que pertenecían a la clase sacerdotal podían ejercer actos de culto oficialmente. — 12

Cf. Núm 1:505; 3:53. — 13 Cf. Jos 13:33; 18,7; Núm 3:10; 17-18:1-7. — 14 Cf. Ex 28:1; 2 Grón 6:48-53; 1 Sam 2:28; 2 Crón

26:18. — 15 Cf. Núm 3:1-13. — 16 Cf. Lev 2:3.10. — 17 Cf. Lev 6:18; 17:1. — 18 C£ 1 Re 2:27.35. — 19 Sobre Sadoc cf. 2

Sam 15:355; 17:15-22; 1 Re 1:32-45. Sadoc descendía de Aarón por Eleazar (Núm 3:1-4), que heredó los poderes sacerdotales de

Aarón (Núm 20,25-28). — 20 Cf. Lev c.1-7; 10,8-11; 12:7; 14; 17:555. — 21 Cf. Ex 28:39-43. — 22 Cf. 28:42; 39:28; Lev 6:3;

Eclo 45:8. — 23 Cf. Ex 29:37; 30,29; Lev 6:18.27; Lev 21:1-8. — 24 Cf. Is 65:5. — 25 Cf. Lev 21:5.10. — 26 cf. Is 22:12; Jer

16:6; Ez 7:18. — 27 Cf. Lev 21:7.135. — 28 Los LXX añaden “pleitos de sangre,” e.d., en los que se decidía sobre la vida o

muerte de algún litigante (cf. Dt 21:1-2). Sobre los deberes de los sacerdotes en materia de enseñanza de la Ley cf. Lev 10,ios; Dt

17:85; 19:17; 21,is; Os 4:6; Ez 18,5; 20,20; Ag 2:11. — 29 Cf. Lev 21:1-4; Núm 6:6; 19:11-19; Lev 15:13.28. — 30 Jerem (que

los LXX y la Vg traducen por anatema) significa “separado”; y es lo que ha sido separado o reservado a Dios en un botín. Era doble:

“jerem de abominación,” porque se destruía para que nadie pudiera participar de él (Jos c.6-7; Lev 27:29), y “jerem de ofrenda”),

es decir, de oblación o dedicación de una cosa a Dios (Lev 27:28; Núm 18:14; Ez 44:29). De éste se trata aquí, pues los sacerdotes

podían, según Ezequiel, participar de esta ofrenda hecha a Yahvé. — 31 Cf. Dt8:8. — 32 Según Schürer, éstos eran los

ingresos materiales de los sacerdotes: en los sacrificios: a) las víctimas por los sacrificios de expiación, excepto en dos casos que

se quemaba totalmente (Lev 5:13; 6:9.225; Núm 18:9-20); b) las víctimas de los sacrificios por el delito (Lev 7:6s; Núm 18:95); c)

la mayor parte de las oblaciones, pues sólo una parte se esparcía sobre el altar; d) los doce panes de la proposición, que se cambiaban

semanalmente; e) en los sacrificios pacíficos quedaban para los sacerdotes el pecho y el muslo derecho (Lev 7, 30-34;

10:14-15); f) la piel de las víctimas quemadas en holocausto. Cf. E. Schürer, Ge-schichte des jüdischen Volkes II (1898) 247 (4.a

ed. 1909). — 33 Cf. Lev 17:15; 22:

45. Nueva distribución de la Tierra Santa.

El profeta distribuye idealmente la futura tierra de promisión. Después de describir el templo y

las condiciones que deben cumplir los sacerdotes y levitas para hacer resaltar mejor la santidad

del lugar y de sus funciones, asigna ahora una parte central del territorio israelita al templo, y en

torno a éste la porción territorial de los sacerdotes y del príncipe. Después determina la tributación

que se ha de seguir en la nueva teocracia para que nada falte al culto. Puede dividirse el

capítulo en las siguientes perícopas: a) distribución territorial asignada al templo, a los sacerdo2352

tes, levitas, ciudad de Jerusalén y príncipe (1-8); b) exhortación al príncipe a no oprimir al pueblo;

c) diezmos que pagará el pueblo al príncipe, el cual debe aportar lo necesario a los sacrificios

(9-17); d) días de expiación y fiestas de Pascua y Tabernáculos (18-25).

Territorio asignado al templo, a los sacerdotes y a. los príncipes (1-8)

1 Cuando distribuyáis por suerte la tierra para poseerla, reservaréis una porción a

Yahvé, que le consagraréis en la tierra, de veinticinco mil codos de largo y veinte mil

de ancho *, que en todo su término en derredor será santa. 2 De ella será para el santuario

un cuadro de quinientos por quinientos codos, que tendrá en torno un espacio

libre de cincuenta codos. 3 De esa extensión la medirás, de un largo de veinticinco

mil codos y un ancho de diez mil, y en ella quedará el santuario, el santísimo. 4 Esta

porción santa de la tierra será para los sacerdotes, que se acercan a ministrar a

Yahvé y servirá para sus casas y como lugar santo para el santuario. 5 Asimismo,

veinticinco mil de largo y diez mil de ancho para los levitas que hacen el servicio de

la casa, y en ella tendrán ciudad de habitación. 6 Para propiedad de la ciudad destinaréis

cinco mil codos de ancho y veinticinco mil de largo, paralelamente a la porción

santa reservada, que pertenecerá a la casa de Israel. 7 El príncipe tendrá su

parte, lindando de ambos lados con la parte del santuario y la parte de la ciudad del

lado occidental hacia occidente, y del lado oriental hacia el oriente, y de una longitud

igual a una de las partes, desde la frontera occidental a la oriental. 8 Esta será su

propiedad, su posesión en Israel, y así mis príncipes no oprimirán nunca más a mi

pueblo y dejarán la tierra a la casa de Israel por sus tribus.

Ezequiel nos presenta en este capítulo una distribución simétrica y sistemática ideal de la nueva

Tierra Santa. Se trata de una idealización utópica en función de ideas teológicas. El centro de la

nueva Tierra de Promisión será el templo, morada de Yahvé.' Las tribus serán sistemáticamente

distribuidas al norte y al sur del recinto sagrado. La nueva vida nacional debe ser teocrática en el

sentido pleno y efectivo de la palabra; de ahí la presencia de Yahvé en el centro geográfico de

Tierra Santa. Como la descripción es ideal, prescinde el profeta de las particularidades geográficas

y demográficas. Primeramente nos presenta la parte central del territorio- — que será considerada

como sagrada, reservada a Yahvé — , de 25.000 codos de larga (unos 13 km.) y 20.000

codos de ancho (unos 10 km.) 2.

Toda esta zona será considerada como santa (v.1), perteneciente a Yahvé. El centro de

ésta estará reservada al santuario en una extensión de “quinientos por quinientos codos” (unos

250 X 250 metros, que es la extensión que nos dio en 42:15-20 para las dimensiones del templo).

En torno a este sagrado recinto habrá “un espacio libre de cincuenta codos” (unos 25 m. largos).

Dividiendo el rectángulo descrito (v.1) de 25.000 X 20.000 codos en dos partes a lo ancho, tenemos

dos rectángulos adyacentes de 25.000 de largo por 10.000 de ancho (v.3). Uno de éstos es

destinado a los sacerdotes (v.4), y en su centro está propiamente el templo 3. El otro rectángulo,

al norte del anterior, está reservado a los levitas (ν.6). Paralela a la porción santa (v.6), al sur de

la zona asignada a los sacerdotes, estará la parte reservada a la ciudad, de 25.000 codos de largo

por 5.000 de ancho (unos 2:5 km.).

La porción asignada al príncipe se extiende al oriente y occidente de las zonas asignadas

a los sacerdotes, levitas y ciudad (v.7). Su anchura es de 25.000 codos (13 km.), igual a la porción

reservada a la zona consagrada. La parte, pues, reservada al príncipe estaba en el centro

geográfico de Tierra Santa, dividiendo las tribus del norte de las del sur, como veremos a conti2353

nuación. Además, la zona del príncipe estaba interrumpida por la zona sagrada, que forma un

cuadrado. El profeta, con esta distribución, quiere simbolizar la fuerza teocrática de la nueva

organización nacional y asentar que el príncipe no tiene derecho a apropiarse nada de las tribus,

ya que tiene una posesión muy vasta y en el mejor lugar del país4.

Deberes y derechos tributarios del príncipe (9-17).

9 Así dice el Señor, Yahvé: ¡Basta, príncipes de Israel! Dejad la violencia y la rapiña”

Haced juicio y justicia, no haya de parte vuestra exacciones sobre mi pueblo, dice

el Señor, Yahvé. 10 Sean justas vuestras balanzas, justo vuestro “efá,” justo vuestro

“bat.” 11 El “efá” y el “bat” sean de la misma medida, de suerte que el “bat” contenga

un décimo del “jómer,” y una décima parte del “jómer” el “efá.” Uno y otro

corresponderán al “jómer.” 12 El “siclo,” veinte “güeras.” Los cinco siclos habrán de

ser cinco; los diez, diez, y cincuenta siclos la “mina.” 13 La ofrenda que reservaréis

será ésta: un sexto de “efá” por “jómer” de trigo, y un sexto de “efá” por “jómer”

de cebada. 14 Y la ley para el aceite, para el “bat” de aceite, ésta: la décima parte de

un “bat” por “kor.” Diez “batos” son el “jómer” 5, pues diez “batos” hacen un

“kor.” 15 De las reses, una por manada de doscientas de los pastos regados de Israel

6, para el sacrificio pacífico y para el expiatorio, dice el Señor, Yahvé. 16 Todo el

pueblo de la tierra hará esta oblación al príncipe de Israel, 17 y cuenta del príncipe

será dar el holocausto, la ofrenda y la libación en las fiestas, en los novilunios, en los

sábados y en todas las solemnidades de la casa de Israel, y él ofrecerá el sacrificio

expiatorio, la ofrenda, el holocausto y el sacrificio eucarístico para expiar la casa de

Israel.

Los grandes responsables de la catástrofe de Israel fueron los magnates y los reyes de Israel. Con

sus rapiñas y violencias sembraron la injusticia y la desesperación en el pueblo 7. En adelante

deben los príncipes dar ejemplo de justicia, siendo escrupulosos en sus balanzas (v.9.), sin deformar

su capacidad y el precio 8.

A continuación especifica concretamente el valor de cada medida de áridos y de líquidos.

El jómer, equivalente a la carga de un asno (de ahí su nombre, que significa asno), contenía

392:8 litros. El efá es la medida de sólidos, equivalente al bat, medida de líquidos, las cuales valían

la décima parte del jómer, es decir, 39,3 litros 9. El siclo (de sheqel: peso) era de oro o de

plata. Este último equivalía a 14:200 gramos. El güera era la 1/20 parte del siclo 10. Cincuenta

siclos valían una mina (v.12). El profeta urge que los valores reales y nominales deben corresponderse

en los pesos y medidas. El pueblo debe contribuir al sostenimiento de los gastos del

culto con 1/6 de efá (unos seis litros) por cada, jómer o kor (393:8 1.) u. De las reses ovinas, por

cada 200 debían ofrecer una. Es bastante menos de lo que exigía la ley mosaica 12.

Estas ofrendas eran para los sacrificios “pacíficos y expiatorios”; en aquéllos había un

banquete sacrificial con participación de los oferentes y sacerdotes. Todos los no levitas, el pueblo

de la tierra (v.16), debían contribuir con estas ofrendas y diezmos. Por su parte, el príncipe

es el encargado de proveer a toda clase de sacrificios, los holocaustos, en los que se quemaba

toda la víctima sobre el altar; las ofrendas incruentas de frutos del campo y las libaciones de

aceite que habían de derramarse sobre el altar 13, y esto no sólo en el sacrificio cotidiano, sino en

los novilunios o neomenias (principio de cada mes), en los que había sacrificios específicos 14, y

en las otras solemnidades, como la Pascua, Pentecostés y Tabernáculos 15.

2354

Sacrificios en las principales solemnidades (18-25).

18 Así dice el Señor, Yahvé: El día primero del primer mes tomarás un novillo sin

defecto y harás la expiación del santuario. 19 El sacerdote tomará de la sangre de la

víctima expiatoria y la pondrá sobre los postes de la casa, y sobre los cuatro ángulos

de la basa del altar, y sobre los postes de las puertas del atrio interior. 20 Y así harás

también el día siete del mes 16 para los que pecan por ignorancia o por error, y así

purificaréis la casa. 21 El día catorce del primer mes tendréis la Pascua. La fiesta

durará siete días, y se comerá durante ellos pan ácimo. 22 Ese día ofrecerá el príncipe

por sí y por todo el pueblo de la tierra un novillo en sacrificio expiatorio, 23 y durante

los siete días de la fiesta ofrecerán en holocausto a Yahvé siete novillos y siete

carneros sin defecto, cada uno de los siete días, y un macho cabrío en sacrificio expiatorio

cada día. 24 Añadirá la ofrenda de un “efá” por toro, un “efá” por carnero y

un “hin” de aceite por “efá.” 25 El día quince del séptimo mes, en la solemnidad,

ofrecerá durante siete días los mismos sacrificios expiatorios y la misma ofrenda con

su aceite.

Los autores suelen hacer hincapié en las divergencias existentes entre las prescripciones de Ezequiel

aquí expuestas y las tradicionales mosaicas. De nuevo tenernos que repetir que el gran profeta

no hace sino idealizar el futuro culto en la nueva teocracia. Nunca sus prescripciones se

pusieron por obra en contra de las tradicionales. Debemos, pues, atender al simbolismo que entraña

la nueva organización propuesta por Ezequiel, como lo hemos hecho al estudiar la estructura

del nuevo templo por él diseñado. El profeta habla de los futuros sacrificios siempre con la

preocupación ritualista de la pureza.

El primero de todos es el del primer día del nuevo año (primero de Nisán: marzo-abril),

en el que se debe sacrificar un novillo en expiación para purificar el templo. Se aspergerá con su

sangre los postes o columnas que del atrio interior daban acceso al santuario, la basa del altar de

los holocaustos 17 y las columnas de las tres puertas que introducen al atrio interior (V.19). Sobre

el holocausto hablará en 46:6. El día séptimo del mismo mes se hará un sacrificio análogo por los

pecados de ignorancia o error (v.20) del pueblo. Estos pecados son pecados materiales sin plena

advertencia, en contraposición a los cometidos “con mano alzada”18. Difiere esta prescripción de

la mosaica en cuanto que Ezequiel señala una fecha determinada para la expiación de los susodichos

pecados posibles del pueblo, mientras que en la ley mosaica se prescribía, en general, que

debía ofrecerse ese sacrificio expiatorio siempre que se cometieran esos pecados. Además, según

la antigua Ley, en el sacrificio con el novillo había que ofrecer un macho cabrío 19.

La Pascua debía celebrarse el 14 de Nisán (marzo-abril), y durante siete días no debía

comerse pan fermentado; el príncipe debía ofrecer en este día un novillo en expiación, y en cada

uno de los días, siete novillos y siete carneros y un macho cabrío como expiación (v.23). Estos

sacrificios debían ir acompañados de un efá de flor de harina (39 1.) 20 pOr cada novillo y otro

tanto por cada carnero. Además, cada efá de flor de harina será acompañado de un hin (1/6 del

bat, es decir, unos 6:5 L).

Tampoco aquí coinciden las prescripciones de Ezequiel con las mosaicas 21. Vemos,

pues, que el profeta, aunque trabaja con datos de la tradición, los cambia a su gusto, según el sentido

simbólico que les quiere dar. Ezequiel no dice nada de los corderos que cada familia sacrificaba

en la cena del 14 de Nisán 22.

2355

1 Leemos con los LXX veinte mil, con preferencia al TM, que lee diez mil, pues la parte reservada a los levitas también es santa. — 2

Algunos autores, como Spadafora, interpretan estas cifras de cañas de medir, y no de codos. Con lo que las dimensiones serían

seis veces mayores de las que hemos expuesto, pues la caña valía seis codos. La mayoría de los autores prefieren leer codos, aunque

el TM no dice ni codos ni cañas. — 3 Los LXX leen: “y será un lugar para cosas puestas aparte por su santidad.” Falta “será

una parte santa” en el griego. — 4 Cf. Miq 2,iss; 3,Qss; 6:10-11. — 5 “Diez batos hacen un jómer” falta en los LXX. — 6 La traducción

“pastos regados” no es segura. — 7 Cf. Jer 6:7; 20:8; Am 3:10; Hab 1:3; 1 Re 21; Is s,8s. — 8 La frase del v.10 aparece

en Lev 19,36; cf. Dt 25:13-15; Miq 6:10-11; Prov n,i; 16,ι ι; 2θ,ιο. — 9 La equivalencia de estas medidas susodichas hebreas con

las nuestras fluctúan según los autores. Así, el jómer (el imeru asirio) equivale, según Kortleitner, a 364:4 litros. El jómer aparece

reiteradamente en la Biblia (cf. Lev 27:16; Núm 11:32; Is 5:10; Os 3:2). Los LXX traducen por κόρος. — 10 El güera es el

όβολος de los LXX (cf. Am 8,5; Ex 30:13; Lev 27:25; Núm 3:47; 18:48). El sido es el σίκλοs de los LXX, que también traducen

por διδράχμον. La mina es el maneh del hebreo, que es transcrito por los LXX μνα. Sobre el valor de estas medidas véase el artículo

Medidas, pesos, monedas en “Verbum Dei,” I p.272ss (Barcelona 1956). — 11 El jómer y el kor son equivalentes; el primero

era medida de áridos, y el segundo de líquidos. — 12 Cf. Lev 27:32; los LXX en el texto de Ezequiel leen diez en vez de doscientos.

— 13 Cf. Lev 23:13-18; Núm 6:15. — 14 Cf. Lev 23:24; Núm 10:10. — 15 Cf. Lev 23:2; Núm 15:3. — 16 Los LXX traducen

“en el mes séptimo.” El TM dice lit. “en el séptimo, en el mes.” — 17 Cf. £243:20. — 18 Cf. Núm 15:30; Lev 4:2; Núm

15:22-27. — 19 Cf. Núm 15:24. — 20 Cf. Núm 28,5; 15:4; 28,5. — 21 Según Núm 28:19-22: “en el primer día se ofrecerían en

holocausto dos novillos, un carnero y siete corderos de un año.” — 22 Cf. Ex 12:6s.

46. Ofrendas del Príncipe. Inalienabilidad de su territorio.

Siguen las prescripciones relativas a las obligaciones del príncipe en materia de ofrendas y las

regulaciones sobre la participación de los laicos en el culto. Puede dividirse el capítulo en tres

partes: a) contribuciones a los diferentes sacrificios (1-15); b) posesión territorial del príncipe

(16-18); c) descripción de los lugares donde los levitas preparaban los sacrificios (19-24).

Ofrendas del príncipe (1-15).

1 Así dice el Señor, Yahvé: La puerta del atrio interior del lado de oriente estará cerrada

los seis días de trabajo, pero se abrirá el día del sábado y en los novilunios. 2

El príncipe entrará por el vestíbulo de la puerta exterior y se estará junto a las jambas

de la puerta; los sacerdotes ofrecerán sus holocaustos y sus sacrificios eucarísticos,

y él se prosternará en el umbral de la puerta; luego saldrá, y la puerta no se cerrará

antes de la tarde. 3 El pueblo de la tierra se prosternará ante Yahvé a la entrada

de esta puerta los sábados y los novilunios. 4 El holocausto que el príncipe

ofrecerá a Yahvé los sábados será de seis corderos sin defecto y un carnero sin mácula,

5 y su ofrenda de un “efá” por el carnero y de lo que él quiera por los corderos,

con un “hin” de aceite por “efá.”6 En los novilunios ofrecerá un novillo sin defecto,

seis corderos y un carnero sin defecto, 7 y su ofrenda será de un “efá” por el novillo,

un “efá” por el carnero y lo que él pueda por los corderos, y un “hin” de aceite por

“efá.” 8 Cuando el príncipe entre, entrará por el vestíbulo de la puerta, y por el

mismo camino saldrá. 9 Pero, cuando el pueblo de la tierra se presente ante Yahvé

en las solemnidades, el que entre por la puerta del norte para prosternarse, saldrá

por la puerta del mediodía, y el que entre por la puerta del mediodía saldrá por la

puerta del norte; no se saldrá por la puerta por donde se entró, sino que se saldrá

por la opuesta. 10 El príncipe entrará con ellos cuando entren y saldrá con ellos

cuando salgan. 11 En las fiestas y en las solemnidades, la ofrenda será de un “efá”

por el novillo, un “efá” por el carnero y lo que pueda por los corderos, con un “hin”

de aceite por “efá.” 12 Si el príncipe ofreciere a Yahvé un holocausto voluntario o un

sacrificio eucarístico voluntario, se le abrirá la puerta del lado de oriente y ofrecerá

su holocausto y su sacrificio eucarístico, lo mismo que en los sábados, y luego saldrá,

y cuando haya salido se cerrará la puerta. 13 Ofrecerás cada día en holocausto a

2356

Yahvé un cordero primal sin defecto, todas las mañanas, 14 y todas las mañanas

añadirás la ofrenda: un sexto de “efá” y un tercio de “hin” de aceite para amasar la

harina. Esta es la ofrenda a Yahvé, ley perpetua para siempre. 15 Se ofrecerá todas

las mañanas el cordero y la ofrenda con el aceite como holocausto perpetuo.

Durante los días laborables estaba cerrada la puerta oriental que daba acceso al atrio interior (la

del atrio exterior debía estar siempre cerrada). Los sábados y primeros de mes, novilunios, se

abrirá aquélla para que entre únicamente el príncipe. Debe permanecer en el vestíbulo de dicha

puerta, sin entrar en el atrio interior, y desde allí asistir al sacrificio de las víctimas que los sacerdotes

inmolarán sobre el altar de los holocaustos (v.2). Como es laico, no puede entrar en la zona

reservada a los sacerdotes durante las funciones. El pueblo de la tierra 1, o la masa laical popular,

ebe permanecer en el atrio exterior (ν.3). El príncipe, por su parte, debe ofrecer especiales

sacrificios los sábados: seis corderos y un carnero con la oblación de un efá de harina (39 1.) por

el carnero, y otra cantidad, según sus posibilidades, por los corderos, y un hin de aceite (6:5 1.)

por efá (v.5). En los días primeros de mes, novilunios, debe ofrecer un novillo, más lo que ofrecía

los sábados (v.7). Estas prescripciones son diferentes de las tradicionales mosaicas 2.

Se señala que el príncipe no debe pisar el atrio interior, y, por tanto, que debe salir por la

puerta que entró, sin sobrepasar el umbral (v.8). El pueblo de la tierra, en cambio, no debe salir

por la puerta que entró (V.9): el que entró por la puerta norte debe salir por la del sur, y viceversa.

La puerta oriental permanecía siempre cerrada. Y el príncipe debe entrar al mismo tiempo que el

pueblo (v.10). En las gestas y solemnidades se ofrecerá un efá de harina (39 1.) por el novillo,

otro por el carnero; una parte prudencial libre por los corderos, y un hin de aceite (6:5 1.) por cada

efá. Estos eran sacrificios reglamentarios obligatorios; pero, además, se podían ofrecer otros

espontáneamente 3. En ese caso, el príncipe entrará por la misma puerta oriental, que se abría los

sábados, y saldrá como está prescrito para esos días (v.12). Además, debía ofrecerse el sacrificio

perpetuo o cotidiano1: todas las mañanas se ofrecerá un cordero en holocausto y un sexto de efá

(6:5 1.) de flor de harina 5. Nada se dice del holocausto de la tarde, como se prescribía en la legislación

mosaica 6.

Inalienabilidad de la posesión territorial del príncipe. (16-18)

16 Así dice el Señor, Yahvé: Si el príncipe hiciera a uno de sus hijos un don tornado de su

heredad, el don pertenecerá al hijo y será propiedad suya como heredad. 17 Pero si el don

tornado de su heredad lo hace a uno de sus servidores, le pertenecerá a éste hasta el año

de remisión; luego volverá al príncipe, y su heredad será de sus hijos. 18 No podrá tomar

el príncipe nada de las heredades del pueblo, despojándolos de su posesión. De lo suyo

heredará a sus hijos, para que mi pueblo no salga de la heredad de cada uno.

El profeta quiere evitar los antiguos abusos de la monarquía, prohibiendo al príncipe que enajene

sus bienes y que tome de los bienes de sus subditos. Sólo podrán heredarle legítimamente sus

hijos, de forma que, si el príncipe cedió alguno de sus bienes a sus subditos, éstos disfrutarán de

la posesión sólo hasta el año de remisión (v.17), es decir, sólo podrán usufructuarlo durante siete

años, ya que cada siete años tenía lugar el año de remisión1. Es el año de la emancipación de los

esclavos. De este modo se salva perpetuamente la división del territorio hecha en principio, y el

príncipe siempre tendrá lo que se le asignó y no se verá obligado por la necesidad a apropiarse de

los bienes de sus subditos.

2357

Las cocinas del templo (19-24).

19 Metióme luego por la entrada que está al lado de la puerta, en las cámaras santas

destinadas a los sacerdotes, hacia el norte, y vi que había un lugar en el fondo del

lado de occidente, 20 y me dijo: Ese es el lugar donde los sacerdotes harán cocer la

carne de los sacrificios por el delito y por el pecado y donde se cocerán las ofrendas

para no llevarlas al atrio exterior, santificando al pueblo. 21 Llevóme luego al atrio

exterior, y me hizo pasar por los cuatro ángulos del atrio, y vi que a cada ángulo del

atrio había un patio 22 de cuarenta codos de largo y treinta de ancho, todos cuatro

de las mismas medidas en cada uno de los cuatro ángulos, 23 y en todos ellos había

en torno una pared y abajo fogones alrededor de las paredes, 24 y me dijo: Estas son

las cocinas donde los servidores de la casa cocerán el sacrificio del pueblo.

Los departamentos dedicados a cocer las carnes de ciertos sacrificios, los de expiación y por el

delito, estaban al occidente (V.19). Este fragmento parece fuera de lugar en este capítulo, y más

bien encaja a continuación de 42:14. Se da la razón de por qué el cocimiento de dichas carnes se

hacía en lugar aparte: para no santificar al pueblo, que está en el atrio exterior, es decir, comunicarle

la santidad inherente a dichas víctimas destinadas al sacrificio, inhabitándolos para los actos

profanos de la vida cotidiana 8.

Las cocinas para las carnes que ofrecían los laicos están dispuestas en cuatro pequeños

atrios en los cuatro ángulos del templo (v.21). Son de unos 20 metros de largo por unos 15 de

ancho (v.22), y a lo largo de la pared estaban los fogones con el instrumental necesario. Allí cocían

los del pueblo las carnes que les pertenecían de los sacrificios. Esos fogones debían de ser

unas piedras distribuidas debidamente para colocar sobre ellas la olla que se había de calentar.

Los servidores de la casa que intervienen en estas faenas son los levitas 9, dedicados a servicios

auxiliares en el recinto del templo, como ayudantes de los sacerdotes, y entre ellos este de preparar

las carnes a los laicos que celebraban sus banquetes familiares en determinados sacrificios 10.

47. La Fuente del Templo. Las fronteras del Nuevo Israel.

Podemos dividir este capítulo en tres secciones bien claras: a) la descripción del torrente que

sale del templo y se dirige por el desierto hasta el mar Muerto, vivificando la región y las aguas

de éste (1-12); b) fronteras de la nueva tierra de promisión (13-21); c) ordenaciones sobre la buena

acogida de los extranjeros que habiten en la Tierra Santa (22-23).

El torrente que sale del nuevo templo (1-12).

1 Llevóme luego otra vez a la entrada del templo, y vi que debajo del templo, al

oriente, brotaban aguas, pues la fachada del templo estaba al oriente, y las aguas

descendían debajo del lado derecho del templo, del mediodía del altar. 2 Me llevó

por el camino de la puerta septentrional y me hizo dar la vuelta por fuera hasta el

exterior de la puerta oriental, y vi que las aguas salían del lado derecho. 3 Al salir

hacia oriente llevaba aquel varón en la mano un corderillo, y midió mil codos, y me

hizo atravesar las aguas; llegaban hasta los tobillos. 4 Midió otros mil, y me hizo

atravesar las aguas; llegaban hasta las rodillas. Midió otros mil, y me hizo atravesar

2358

las aguas; llegaban hasta la cintura. 5 Midió otros mil, y era ya un río, que me era

imposible atravesar, porque las aguas habían crecido y tenían que pasarse a nado;

era un torrente que no podía atravesar. 6 Díjome: ¿Has visto, hijo de hombre? Luego

me hizo volver siguiendo la orilla del río. 7 Y entonces vi que en una y otra parte

había en la ribera muchos árboles, 8 y me dijo: Hijo de hombre, estas aguas van a la

región oriental, bajan al Araba y desembocan en el mar, en aquellas aguas pútridas,

y éstas se sanearán. 9 Y todos los vivientes que nadan en las aguas, por dondequiera

que entre este río, vivirán, y el pescado será allí abundantísimo, porque, al llegar estas

aguas, las del mar se sanearán y los peces tendrán vida hasta donde llegue el río.

10 Junto a sus orillas estarán los pescadores, y desde Engadi hasta En-Eglayim será

un tendedero de redes, y por sus variadas especies será el pescado tan numeroso

como los del mar Grande. n Sus charcas y sus lagunas no se sanearán, serán dejadas

para salinas. 12 En las riberas del río, al uno y al otro lado, se alzarán árboles frutales

de toda especie, cuyas hojas no caerán y cuyo fruto no faltará. Todos los meses

madurarán sus frutos, por salir sus aguas del santuario, y serán comestibles, y sus

hojas, medicinales.

El horizonte grandioso de la visión de Ezequiel se va completando con este cuadro idílico, en el

que la mísera tierra palestiniana aparecerá transformada. El centro geográfico de la nueva Tierra

Santa es el templo, donde habita Yahvé. De él irradiará toda bendición en el orden espiritual y

material. Su poder bienhechor será tan grande, que podrá transformar las estepas calcinadas del

desierto de Judá y las fétidas aguas del mar Muerto. El profeta asiste imaginariamente a la vivificación

de aquellas tierras. Su guía le lleva de nuevo a la entrada del templo para que asista a un

espectáculo grandioso: del lado oriental del recinto sagrado brotaba un caudaloso torrente, que

sale del lado derecho del templo (v.1), es decir, de la pared lateral del templo que da hacia el sur.

Allí está la famosa fuente de Gihón, llamada hoy de la Virgen. En efecto, sus aguas parecen venir

de la misma montaña donde está la gran explanada del templo. Ezequiel, pues, trabaja con la

imaginación, idealizando las situaciones, pero basado en ciertos datos topográficos reales.

En la descripción del profeta surgen las aguas del altar de los holocaustos, que está en el

centro del atrio interno. El profeta salió del atrio por la puerta septentrional, pues la oriental, mejor

situada para contemplar el curso de las aguas, estaba cerrada, y, dando un rodeo, se colocó

fuera del atrio exterior frente a la puerta oriental. Desde allí podía contemplar el espectáculo maravilloso:

las aguas salían del lado derecho o meridional de dicha puerta. El guía que lleva la

cuerda de medir le hace andar mil codos (525 m.), y allí le invita a entrar en el torrente para que

constate la cantidad de agua que lleva. Por ahora es modesta, pues llega sólo hasta el tobillo

(v.3). Mil codos más allá ya llegaba a las rodillas, y mil más allá llegaba hasta la cintura (v.4).

Mil codos más allá en dirección del mar IVluerto, el profeta no puede pasar por la cantidad de

agua que lleva el torrente (v.5).

Volviendo sobre sus pasos, Ezequiel se da cuenta de la fertilidad que ha surgido con las

aguas, pues a ambos lados hay abundancia de árboles (v.7). El guía le explica, sin seguir más,

que el río surgido en el templo se dirige hacia la región esteparia del Araba (v.8), la depresión

que, descendiendo por el Jordán y mar Muerto, llega hasta el golfo de Elán. Al llegar al mar

Muerto, llamado así por la carencia de vivientes en él a causa de las emanaciones bituminosas y

sulfurosas de su fondo, las aguas se sanearán, poblándose de toda clase de peces, como el mar

Grande o Mediterráneo (v.10). La abundancia de peces será tal, que desde En-gadi 11, a la mitad

de la orilla occidental del mar Muerto, hasta En-Eglayim (v.10), en la desembocadura del Jordán

2359

12, se extenderá un tendedero de redes de los muchos pescadores que allí trabajarán. Y, aparte de

esta riqueza piscícola, estarán las salinas que abundarán en las numerosas charcas y recodos del

río.

La idealización llega a su colmo al decir que los árboles que crezcan a las orillas del torrente

darán doce frutos al año, según los doce meses, y hasta sus hojas servirán para preparados

medicinales. Es el nuevo Edén de la nueva teocracia hebrea. Ezequiel no podía presentar nada

más atrayente a los ojos de los pobres exilados.

Las fronteras de la nueva Tierra Santa (13-20).

13 Así dice el Señor, Yahvé: Estas son las fronteras de la tierra que distribuiréis a las

doce tribus de Israel; a José una parte doble. 14 Cada uno de vosotros tendrá su parte

igual que la de los otros, de lo que yo, alzando mi mano, juré dar a vuestros padres,

y ésta será la tierra de vuestra heredad. 15 Estas, pues, serán las fronteras: del

lado del norte, desde el mar Grande, camino de Jetlón, hasta llegar a Sedad, 16 Jamat

Berota, Sibraim, entre la frontera de Damasco y la frontera de Jamat; Jaser-

Enón, en la frontera de Haurán. 17 Así la frontera correrá desde el mar hasta Jaser-

Enón, dejando al norte el territorio de Damasco al lado de la frontera de Jamat. Esta

es la frontera septentrional. 18 Del lado de oriente, la frontera entre Haurán, Damasco,

Galaad y la tierra de Israel será el Jordán; mediréis desde el confín hasta el

mar Oriental hasta Tamar 13. Esta es la frontera oriental. 19 Del lado del sur, al mediodía,

desde Tamar hasta las aguas de Meribat-Qades, en la dirección del torrente

hasta el mar Grande. Esta es la frontera meridional, la del mediodía. 20 Del lado de

occidente, la frontera será el mar Grande hasta frente a Jamat. Esta es la frontera

occidental.

La distribución de Tierra Santa será en partes iguales. Gomo la tribu de Leví no tenía porción, se

compensaba dando el doble a José (ν.13) para sus dos hijos Efraím y Manases. Los límites septentrionales

son iguales a los señalados en Núm 37,yss: desde el mar Mediterráneo hasta Jaser-

Enón (v.16), que se ha querido identificar con el actual el-Hedar, al pie del Hermón, cerca de las

fuentes del Jordán. Los autores no convienen en la identificación de los nombres que nos da el

texto, y hay dos corrientes de opinión, pues unos toman la línea de demarcación septentrional en

una zona alta que parte del centro del Líbano hacia Trípoli, pasando por Damasco 14; en cambio,

otros creen que la frontera señalada por Ezequiel hay que buscarla no más arriba del norte de Galilea

15. La demarcación oriental de Tierra Santa parte de la zona de Damasco y desciende por el

Jordán, el mar Muerto, el Araba hasta Tamar 16. La delimitación meridional parte de esta última

localidad, atraviesa el Negueb por Qades y llega al Mediterráneo o mar Grande (V.IQ) 17. La

frontera occidental se limita por el Mediterráneo desde la región indicada hasta Jamat, en la alta

Siria.

Protección de los extranjeros (21-23).

21 Partiréis esta tierra entre vosotros, según las tribus de Israel, 22 y echaréis suertes

sobre ella para heredad vuestra y de los extranjeros que entre vosotros peregrinan y

entre vosotros han engendrado hijos, pues los tendréis como naturales entre los

hijos de Israel, y entrarán en suerte con vosotros para heredarse entre las tribus de

Israel. 23 En la tribu en que peregrinare el extranjero, en ella le daréis su heredad,

dice el Señor, Yahvé.

2360

Este fragmento relativo a los extranjeros interrumpe la ilación natural entre el v.21 de este capítulo

y el primero del siguiente. Muchos críticos lo consideran adición posterior en tiempos en

que el universalismo religioso tenía más cabida en la mentalidad israelita, como se refleja en el

libro de Joñas y en el de Job. Sin embargo, ya en la tradición mosaica había una ley que protegía

a los extranjeros. Así se dice en el Levítico: “Si viene un extranjero para habitar en vuestra tierra,

no le oprimáis; tratad al extranjero que habita en medio de vosotros como al indígena de entre

vosotros: amale como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto” 18. La recomendación

no puede ser más bella y generosa. Esta tenue tradición universalista existió en

toda la historia de Israel y fue creciendo en los años de la literatura sapiencial después del exilio.

1 Se llama así al pueblo en general, en contraposición a los de la tribu de Leví, porque tenían todos una porción de tierra asignada en

propiedad; en tiempos de Cristo tenía un sentido despectivo; equivalía a ignorantes de la Ley. — 2 Según Núm 28:9, en el sábado

sólo dos corderos, además de los dos del sacrificio cotidiano. — 3 Cf. Lev 7:16; 22:18.21; Am 4:5. — 4 Cf. Ex 29:38-42. — 5 Cf.

Lev 2:1; 1 Re 5:2. — 6 Cf. Núm 28:3.5. — 7 Cf. Is 61:1; Jer34:8.15ss. — 8 Cf. Ez 44:19. — 9 Cf. 44:11. — 10 Cf. Lev 7:15-18;

22:28-30; Dt 27:7- — 11 Es el actual Ain-gido, “fuente del cabrito.” — 12 Cf. Abel, Géog. II 3163. La localización es dada por

San Jerónimo. Parece ser la actual Aín Η agía. — 13 Hasta Tamar es generalmente intercalada, siguiendo algunas versiones, como

la siríaca. Un simple cambio de letras en el TM nos da Tamar, que encaja bien en el contexto como término sur, según se ve

en el verso siguiente. — 14 Los que sostienen una demarcación alta, es decir, desde Trípoli a Homs, hacen las siguientes identificaciones:

Jetlón, el actual Heitela, al este de Trípoli. Jamat, la actual Jama, a 50 kms. al norte de Homs. Sedad, la actual Sadad, al

sudeste de Homs. Berota, la actual Bereitan, al sudeste de Baalbek. Sibraim, el actual Someriye, al este del lago de Homs. Jauran,

la actual Hawarin, al este de Sadad, en el camino de Damasco a Palmira. Cf. ABEL, o.c., I 301-304. — 15 Según esta opinión, las

identificaciones geográficas serían: Jetlón, el actual Adían, al sur de Sarepta, entre Tiro y Sidón: Aiterun, en la Galilea superior.

Las otras identificaciones son más difíciles en esta segunda opinión. — 16 Tamar se suele identificar con Jasón-Tamar, entre Cades

y Sodoma, al sur del mar Muerto. Cf. ABEL, o.c., I 304-306. — 17 Qades es el actual Ain Qedeis (Núm 20:1-13). Cf. Abel,

ibid., I 301. El torrente es el famoso “torrente de Egipto,” el actual Wady el-Aris, la primera ciudad egipcia. Llamado en Am 6:14

torrente de la estepa, y en los documentos cuneiformes najal Musur (río de Egipto), equivalente al najal Misrayim de la Biblia.

Cf. Abel, o.c., I 301. — 18 Cf. Lev 19,33-34·

48. Repartición del País. Las doce puertas de Jerusalen.

Idealmente, el profeta reparte la tierra de Palestina, prescindiendo de todos los accidentes geográficos.

Desde el norte al sur, el país es dividido en doce tiras corno en un papel, teniendo como

centro la zona religiosa reservada al templo y a los de la tribu de Leví. Las tribus están distribuidas

siete al norte de la zona sagrada y siete al sur, sin que ninguna quede en TransJordania, como

en la antigua repartición de Josué. La distribución es totalmente convencional y simbólica. Las

más próximas al centro, privilegiadas como cercanas al templo, son Juda, heredera de las promesas

mesiánicas, que tuvo la dirección en la época de David y de Salomón 1, y Benjamín, por la

predilección de Jacob por su epónimo 2. Las tribus más extremas son las provenientes de las esclavas

de Jacob: Dan, Neftalí, hijos de la esclava de Raquel; Aser y Gad, hijas de Lía 3. Todas las

tribus tendrán sustancialmente los mismos derechos y serán iguales, descartándose los privilegios

conquistados por la fuerza.

Las tribus septentrionales (1-7).

1 Estos son los nombres de las tribus, partiendo de la frontera septentrional, a lo

largo del camino de Jetlón, que lleva a Ja-mat, hasta Jaser-Enón, dejando al norte la

frontera de Damasco, a lo largo de Jamat: Dan, una parte. 2 Junto a Dan, desde el

lado de oriente hasta la orilla del mar, Aser, una parte. 3 Junto a Aser, desde el lado

de oriente hasta la orilla del mar, Neftalí, una parte. 4 Junto a Neftalí, desde el lado

2361

de oriente hasta el mar, Manases, una parte. 5 Junto a Manases, desde el lado de

oriente hasta el mar, Efraím, una parte. 6 Junto a Efraím, desde el lado de oriente

hasta la orilla del mar, Rubén, una parte. 7 Junto a Rubén, desde el lado de oriente

hasta la ribera del mar, Judá, una parte.

La enumeración empieza por la frontera norte, determinada en el capítulo anterior 4. La enumeración

es reiterada y cansina. Todas las tribus tienen una parte igual, es decir, una franja que va

desde la frontera oriental al mar Mediterráneo. No se especifica la anchura de la franja territorial.

La parte central sagrada y del príncipe (8-22).

8 Junto a Judá, desde el lado de oriente hasta la orilla del mar, estará la porción que

reservaréis de veinticinco mil codos de ancho, y larga cuanto cada una de las partes

de oriente a occidente, y en medio de ella estará el santuario. 9 La porción que reservaréis

para Yahvé tendrá veinticinco mil codos de largo y diez mil de ancho. 10 Esta

porción pertenecerá a los sacerdotes y será santa, veinticinco mil codos por el norte,

diez mil codos de anchura al occidente, diez mil de anchura al oriente y veinticinco

mil de longitud por el mediodía, y en medio de ella estará el santuario de Yahvé. 11

Pertenecerá a los sacerdotes consagrados, a los hijos de Sadoc, que hicieron el servicio

en mi santuario y no se descarriaron, como se descarriaron los levitas cuando se

descarriaron los hijos de Israel. 12 Les pertenecerá como porción santísima reservada

de la porción de tierra que se reserva, al lado de la de los levitas. 13 Los levitas

tendrán, paralelamente al límite de los sacerdotes, veinticinco mil codos de largo y

diez mil de ancho, veinticinco mil en toda la longitud y diez mil en la anchura. 14 No

podrán vender ni permutar nada ni exportar las primicias de la tierra, porque están

consagradas a Yahvé. 15 Los cinco mil codos restantes, en la anchura de los veinticinco

mil, serán profanos, para la ciudad, para las casas y los alrededores; la ciudad

estará en medio. 16 Estas serán sus medidas: a la parte del norte, cuatro mil quinientos

codos, y cuatro mil quinientos codos a la parte del mediodía; a la parte de oriente,

cuatro mil quinientos codos, y cuatro mil quinientos codos a la parte de occidente.

17 El contorno de la ciudad será: al norte, de doscientos cincuenta codos, y de

doscientos cincuenta al mediodía; al oriente, de doscientos cincuenta codos, y de

doscientos cincuenta al occidente. 18 Lo que queda de longitud delante de la porción

santa, diez mil codos al oriente y diez mil al occidente, los que quedan, serán para

que de su producto se mantengan los que trabajan para la ciudad. 19 La labrarán los

operarios de la ciudad, tomados de entre todo Israel. 20 La parte reservada tendrá

en conjunto veinticinco mil codos por veinticinco mil, y para propiedad de la ciudad

tomaréis la cuarta parte de la porción consagrada. 21 De lo que queda a ambos lados

de la porción santa y de la propiedad de la ciudad, a lo largo de los veinticinco mil

codos de la porción santa hasta el oriente, y a occidente a lo largo de los veinticuatro

mil codos hacia la frontera occidental, paralelamente a las partes, será para el príncipe.

Eso será lo del príncipe; así, la porción santa y el santuario estarán en el medio.

22 De este modo, la parte del príncipe será la comprendida desde la porción de

los levitas y la porción de la ciudad, entre el límite de Judá y el límite de Benjamín.

Junto a la tribu de Judá está la zona sagrada reservada a Yahvé para su templo y para sus sacerdotes

y levitas. La parte sagrada y la ciudad es un cuadrado de 25.000 codos de lado (v.8). Este

2362

cuadrado se divide en tres rectángulos. El recinto sagrado propiamente tal comprende 25.000 codos

de largo y 20.000 de ancho. En el centro está el templo (v.11). Este rectángulo está destinado

a los sacerdotes, descendientes de Sadoc 5. Al norte del rectángulo asignado para los sacerdotes

está la parte que les corresponde a los levitas, en todo igual a la de aquéllos (ν.13). No podrán

enajenar nada de su territorio. Está consagrado a Yahvé, y, por tanto, no pueden desprenderse de

las primicias de la tierra, o parte más selecta del territorio. Al sur de la parte asignada a los sacerdotes

hay un rectángulo más reducido, de 25.000 codos de largo por 5.000 de ancho (unos

12:5 km. de largo por 2:5 de ancho), que está reservado a la ciudad (v.15). La ciudad propiamente

tal forma un cuadrado de 4.500 codos de cada lado (unos 2:5 km.) (v.16) y estará rodeada de

una zona libre de 250 codos de cada lado (unos 125 m.). Sumando estas medidas a las anteriores,

tenemos los 5.000 codos del v.15.

Esa zona libre tenía por fin separar la ciudad de la zona sagrada. La parte que queda fuera del

perímetro de la ciudad, tocando con la porción santa (10.000 codos al oriente y otros tantos al

occidente: unos cinco km. en cada parte), estará reservada para proveer a la alimentación de la

ciudad (v.18). Los componentes de la ciudad pertenecerán a todas las tribus de Israel (V.19). El

conjunto de las partes reservadas a los sacerdotes, los levitas y la ciudad es un cuadrado de

25.000 codos de largo por otro tanto de ancho (unos12:5 km. de lado), y para la ciudad se reservará

sólo la cuarta parte. Lo que queda al oriente y al occidente de la parte central, reservada a

Dios (sacerdotes, levitas y ciudad), será reservado al príncipe (v.21). La zona, pues, de éste se

extiende desde el cuadrado central asignado a Yahvé hasta el Jordán, y de aquél hasta el Mediterráneo.

Y en cuanto a lo ancho, está limitada por las tribus de Judá y de Benjamín (v.22).

Distribución de la Tierra Prometida según Ezequiel.

Dan

Aser

Neftalí

Manases

Efraim

Rubén

Juda

Porción del Principe

Porción de los Levitas

Porción de los Sacerdotes

Porción del Principe

Benjamín

Simeón

Isacar

Zabulón

Gad

Las tribus meridionales (23-29).

23 He aquí las otras tribus: Desde el oriente hasta la orilla del mar, Benjamín, una

parte. 24 Al lado de Benjamín, desde oriente a la orilla del mar, Simeón, una parte. 25

Al lado de Simeón, desde oriente hasta el mar, Isacar, una parte. 26 Al lado de Isacar,

desde oriente hasta el mar, Zabulón, una parte. 27A1 lado de Zabulón, desde

oriente hasta el mar, Gad, una parte. 28 Al lado de Gad, al lado meridional, hacia el

2363

mediodía, correrá la frontera desde Tamar hasta las aguas de Meribat-Qades, a lo

largo del torrente hasta el mar Grande. 29 Tal es la tierra que partiréis en heredad a

las tribus de Israel, y tales sus partes, dice el Señor, Yahvé.

Después de describir la zona central, el profeta termina la repartición asignando a las tribus restantes

su heredad. La enumeración empieza por Benjamín, como más próxima a la zona sagrada,

por ser la de mayor relieve entre todas, después de la de Judá, en las bendiciones de Jacob. Parte

de la tribu de Benjamín había quedado vinculada al reino de Judá. Por otra parte, Jerusalén, donde

había de estar el templo, está enclavada en los límites de las tribus de Judá y de Benjamín en

la antigua repartición de tribus. Debían, pues, mantener su proximidad a la zona sagrada.

Las doce puertas de la ciudad (30-35).

30 Estas serán las salidas de la ciudad: al lado del norte medirá cuatro mil quinientos

codos. 31 Las puertas de la ciudad tendrán los nombres de las tribus de Israel. Tendrá

al norte tres puertas: una la puerta de Rubén, otra la puerta de Judá, y la otra

la puerta de Leví. 32 Al lado oriental, cuatro mil quinientos codos y tres puertas: una

la puerta de José, otra la puerta de Benjamín y otra la puerta de Dan. 33 Del lado del

mediodía medirá cuatro mil quinientos codos y tendrá tres puertas: la puerta de

Simeón, una; la puerta de Isacar, una; la puerta de Zabulón, una. 34 Del lado de occidente,

cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de Gad, una; la puerta

de Aser, una; la puerta de Neftalí, una. 35 El perímetro, dieciocho mil codos, y el

nombre de la ciudad será desde aquel día “Yahvé allí.”

El cuadrado de la ciudad tendrá 12 puertas, nombradas según las doce tribus de Israel. Sobre esta

descripción ideal se basa la descripción del Apocalipsis 6. El orden de los nombres de las tribus

es diferente del de la enumeración arriba dada en la repartición del territorio. Como los habitantes

de la ciudad pertenecerán a todas las tribus de Israel, de ahí que la ciudad tenga una puerta

para cada tribu. Todo en la descripción de Ezequiel es artificial y simbólico. No habla de muralla

protectora de la ciudad, aunque se suponga en el hecho de que tenga puertas. El perímetro de la

ciudad era de 18.000 codos (unos nueve km. largos en total). Ezequiel tiene preferencia por lo

geométrico, y esto lo lleva hasta el último detalle. La nueva ciudad de la nueva teocracia será

perfecta. La vida estará totalmente sistematizada, y en tal forma sus ciudadanos vivirán vinculados

a su fe, que la ciudad se llamará Yahvé allí. Es el mejor nombre para calificar la nueva

era mesiánica entrevista por el gran profeta del exilio. Los profetas, en sus idealizaciones mesiánicas,

habían escogido diversos nombres para caracterizarla en su fase definitiva mesiánica. Isaías

la llama “ciudad de justicia, ciudad fiel” 7, “la ciudad de Yahvé, la Sión del Santo de Israel” 8,

“no te llamarán la Desamparada, sino 9Mi complacencia en ella,” “Desposada” 9. Jeremías llama

a la futura Jerusalén “trono de Yahvé” 10. Todos estos nombres no hacen sino expresar parcialmente

los aspectos de la nueva Jerusalén. La denominación de Ezequiel va más al fondo: la ciudad

se llamará Yahvé allí, porque la presencia de Yahvé es la prenda de la felicidad de los

corazones de los ciudadanos de la nueva gran metrópoli. Para los exilados, que se consideraban

abandonados definitivamente por su Dios, esta denominación hacía despertar en ellos las esperanzas

más queridas, ya completamente olvidadas. La misión de Ezequiel era consolar a los exilados.

Su descripción idealizada de la nueva Tierra Prometida y de la Ciudad Santa es la síntesis

de su labor misionera entre los desterrados. Había sido enviado a una nación rebelde, y después

de anunciarle el debido castigo, le presenta el horizonte glorioso de la restauración.

2364

1 Cf. Gen 49:10; 2 Sam 7:14. — 2 Cf. Gen 0.43-44. — 3 Cf. Gen 30:1-13. — 4 Cf. Ez 47.I5SS. — 5 Ez 44:10.15. — 6 Ap OC

21:125. — 7 Is 1:26. — 8 Is 60,14. — 9 Is 62:4.12. — 10 Jer 3:17.

Daniel.

Introducción.

Vida Del Profeta.

El protagonista del libro de Daniel es un personaje de la nobleza judía, llamado en hebreo

Dani'el (“Dios es mi juez”), el cual de niño fue llevado cautivo a Babilonia por Nabucodonosor

en el 605 a.C. (tercer año del reinado de Joaquim) 1. Educado con otros dos jóvenes judíos en la

corte· babilonia en calidad de paje, llegó a granjearse la amistad de Nabucodonosor después de

haberle revelado el sentido de un misterioso sueño profético 2. Consiguió así ocupar altos puestos

en la corte babilónica, siendo objeto de conspiraciones de los altos funcionarios, que estaban celosos

de su privilegiada posición palaciega 3. Según el relato bíblico, Daniel vivió por lo menos

hasta el tercer año de Ciro (536 a.C.) 4.

En Ezequiel aparece un sabio, modelo de virtud y de rectitud moral, llamado Daniel, y

que se supone vivió en tiempos antiguos con Noé y Job 5. En las listas posteriores a la cautividad

encontramos de nuevo el nombre de Daniel 6.

Contenido y estructura del libro.

Según el texto de los LXX y de la Vg, el libro incluye dos grandes secciones: una protocanonica,

escrita en hebreo y arameo, que comprende los doce primeros capítulos, y otra deuterocanónica,

que incluye los c.13 y 14 y el fragmento lírico 3:24-90. La parte protocanónica se

divide en dos partes por el contenido: a) histórica 1:1-6:29(28); b) profético-visionaria (7:1-

12:13).

A) Sección protocanónica:

1. Parte histórica: 1:1-6:29(28).

a) Introducción histórica: Daniel en la corte real: 1:1-21.

b) Sueño de Nabucodonosor e interpretación: 2:1-40.

c) Los tres niños en el horno: 3:1-30(97).

d) Locura de Nabucodonosor y curación: 3:31(98)-4:34.

e) Banquete de Baltasar: 5:1-30(31).

f) Daniel en el foso de los leones: 6:1-29(28).

Parte profético-visionaria: 7:1-12:13. Visión de las cuatro bestias: 7:1-28. Visión del carnero y

del macho cabrío: 8:15-28. Visión de las setenta semanas: 9:1-27. Visión sobre la suerte futura

del pueblo: 10:1-12:13.

B) Sección deuterocanónica: 3:24-90; 13:1-14:42

a) Oración de Azarías y cántico de los tres niños: 3:24-90.

b) Historia de Susana: 13:1-64.

c) Historia de Bel y el dragón: 13:65-14:42.

2365

Las perspectivas históricas de las dos grandes secciones (histórica y prof ética) difieren grandemente

entre sí, ya que la primera (histórica) tiene por fondo hechos de la época del imperio babilónico

y persa, mientras que la segunda (profética) supone el ambiente histórico de la época de

los Seléucidas (s.II a.C.); son tiempos de persecución de los fieles israelitas, y el profeta los consuela

con perspectivas próximas salvadoras.

Problema lingüístico.

El libro de Daniel, como hoy lo tenemos, está escrito en tres lenguas: a) hebrea: 1:1-2:4a

y 8:1-12:13; b) aramea: 2:4b-7:28; c) griega: 3:24-90; 13:1-14:42. Las partes escritas en hebreo

y arameo aparecen en el TM, mientras que la parte griega sólo en los LXX.

Esta diversidad lingüística plantea un problema no fácil de resolver, ya que no se ve la

razón de por qué la parte histórica — homogénea por el contenido — esté escrita en hebreo y en

arameo, y lo mismo, por qué el c.7, de contenido visionario y muy ligado al c.8, esté en arameo,

mientras éste está en hebreo, y por qué el c.1 está en dos lenguas. Se han propuesto diversas soluciones,

pero ninguna es totalmente convincente.

Unos suponen que primitivamente fue escrito todo en arameo y que después, para ocultar

al vulgo el contenido misterioso de los capítulos “visionarios,” se los tradujo al hebreo, lengua

accesible sólo a los eruditos e iniciados. Pero entonces queda el misterio de por qué el c.7, de

contenido “visionario,” está en lengua vulgar aramea. Y, al mismo tiempo, por qué el c.1, de

contenido histórico, está en hebreo, y lo mismo los v.1 y 2a del c.2.

Otros proponen la hipótesis contraria: originariamente habría sido escrito todo el libro

(protocanónico) en hebreo; después se tradujo parte al arameo, dejando en hebreo la parte “visionaria”

apocalíptica y el c.1, para que así tuviera más fácil acceso al canon judaico.

No faltan quienes suponen que el autor de todo el libro redactó desde el principio unas

partes en hebreo y otras en arameo por razones que no conocemos. Lo más fácil es suponer que

el libro, tal como ahora lo tenemos, es una recopilación de textos que corrían indistintamente en

hebreo o arameo, y un redactor los juntó tal como los encontró. Así, pues, podemos concebir que

corrían hojas sueltas con las narraciones históricas y visionarias, unas en hebreo y otras en arameo

(sin que sepamos cuál era la lengua original), y que el compilador las reunió tal como las

halló.

En todo caso es de notar que, a pesar de la diversidad de lenguas, existe una sustancial

unidad de desarrollo lógico en todos los capítulos, lo que prueba que las dos lenguas son expresión

de dos recensiones distintas, que, encontradas fragmentariamente en cada lengua, fueron

juntadas por el compilador para completar el contenido ideológico.

Las partes deuterocanónicas, que, aunque están en griego, parecen ser traducción de un

original arameo o hebreo 7, fueron añadidas después a la compilación del TM.

Composición y autenticidad.

Si complejo es el problema lingüístico del libro de Daniel, no lo es menos el de su origen

y autenticidad. Dos son las opiniones sobre el origen y composición del libro de Daniel. Una que

podemos llamar tradicional, según la cual el libro de Daniel, tal como hoy ha llegado a nosotros,

es obra del propio protagonista del libro, Daniel. Es la tesis de la tradición judaica, aunque en el

canon judaico el libro no haya figurado entre los profetas, sino entre los hagiografos.

Flavio Josefo dice que el libro de Daniel fue presentado a Alejandro Magno en Palestina

para que viese en él cumplidas las antiguas profecías 8. En el libro I de los Macabeos parece se

2366

alude al de Daniel 9. Jesucristo cita profecías del libro de Daniel10. Por otra parte, el autor del libro

parece conocer bien el ambiente cortesano de Babilonia y las costumbres de la época (suplicio

de fuego y de las fieras).

Los críticos modernos, en general, no admiten que el libro de Daniel sea obra del famoso

protagonista que vivía en la época babilónica, por razones históricas y lingüísticas. En efecto, al

describir el autor los hechos del tiempo del imperio babilónico, incurre en una serie de inexactitudes

históricas, difícilmente explicables en un· autor contemporáneo de los hechos. Así, a Baltasar

se le presenta como hijo de Nabucodonosor, cuando en realidad fue hijo de Nabónides 11, el

cual no era descendiente directo de Nabucodonosor. Por otra parte, aparece un misterioso personaje,

llamado “Darío el Medo,” gobernador de Babilonia antes de Ciro 12. Además, en 9:1 se le

llama hijo de Asuero (Jerjes). Así, pues, de un lado, el autor supone un gobernante medo, sucesor

del rey babilonio y antecesor al persa, Ciro, y del otro aparece como hijo de un rey persa muy

posterior a Ciro.

Por otra parte, los lexicólogos insisten en que el hebreo del libro de Daniel es tardío, posterior

al del siglo VI a.C., y el arameo parece también posterior al de los papiros egipcios de Elefantina,

del siglo V a.C. 13 Además, hay unas 15 palabras persas y tres de origen griego, lo que

hace suponer una época de composición posterior al siglo VI.

Se insiste también en el hecho de que este libro de Daniel no figure en el canon judaico

entre los pro/éticos, sino entre los hagiógrafos, y, por otra parte, en el elogio que el autor del

Eclesiástico hace de los padres del A.T. no cita a Daniel como personaje famoso y digno de veneración,

mientras cita a Isaías, a Jeremías y a Ezequiel14.

En contraste con las imprecisiones e inexactitudes de la parte histórica relativa al período

babilónico-persa están las alusiones concretas históricas de la parte visionaria, donde el fondo

histórico lo constituyen ciertamente las vicisitudes de la comunidad judía frente a la persecución

de los Seléucidas sirios. En vez de perspectivas vagas, como es habitual en los escritos profetices,

los c.7-9 Y sobre todo, el n nos dan una serie de puntualizaciones de tipo histórico que coinciden

claramente con los hechos que conocemos de la lucha de los Seléucidas contra el pueblo

judío y de las relaciones de aquéllos con los Ptolomeos de Egipto. Por estas razones, la mayor

parte de los críticos actuales suponen que el libro de Daniel ha sido redactado en el siglo n,

cuando la comunidad judía vivía bajo la persecución de Antíoco IV Epífanes (171-164 a.C.)15.

Más en concreto, el libro parece redactado entre la profanación del templo de Jerusalén por Antíoco

IV (168 a.C.) y su nueva consagración por Judas Macabeo (165 a.C.). Al menos, la última

redacción del libro parece debe colocarse en esta época, sin que esto quite la posibilidad de que

el redactor haya utilizado tradiciones y documentos más antiguos. Entre los autores católicos de

nota, esta tesis está bastante generalizada 16.

Carácter apocalíptico del libro.

El P. Lagrange, al explicar las profecías mesiánicas del libro de Daniel, dice taxativamente:

“El libro que lleva el nombre de Daniel es el primero y más perfecto de los apocalípticos” 17.

Realmente, este libro difiere mucho de los escritos proféticos que hasta ahora hemos examinado,

y quizá por ello en el canon judaico se le incluya entre los hagiógrafos y no entre los proféticos.

Propio de los escritos apocalípticos es el aludir a hechos concretos históricos con profusión de

imágenes simbólicas y desorbitadas. En los apocalípticos apócrifos del judaísmo, que empiezan

a pulular desde el siglo III a.C., el autor se apropia el nombre de algún famoso personaje del A.T.

(Henoc, Elias, Isaías) y transmite de parte de Dios “revelaciones” (αποκάλυψη) relativas a

hechos presentes y futuros del pueblo judío. Esas “revelaciones” contienen dos partes: una ante2367

rior al autor del libro, en la que bajo forma externa profética se describen hechos históricos concretos

(se relatan hechos pasados como si fueran futuros), y otra parte relativa a hechos que han

de suceder realmente en el futuro, los cuales se describen con imágenes nebulosas, sin concretar

detalles. Las ideas se pierden en una maraña de imaginación desorbitada.

En el libro de Daniel encontramos, en efecto, una parte histórica, en la que se estratifican

los imperios que se suceden desde el babilonio al seléucida, pasando por el persa y el griego de

Alejandro Magno. Todos se suceden históricamente según el plan providencial de Dios, hasta

que llega el momento crucial de la aparición del “reino de los santos,” la inauguración mesiánica,

precedida de una gran tribulación. Después la perspectiva del futuro es vaga e imprecisa, ya que

se superponen los planos históricos y se confunden los hechos, pues, de un lado, se anuncia la

inauguración mesiánica, y del otro, la resurrección de los cuerpos de los justos 18, es decir,

según nuestra perspectiva evangélica, se confunden el plano de la iniciación del “reino de

los santos” (era mesiánica) y la consumación del estadio terrestre, que culmina en la inauguración

de la etapa mesiánica definitiva celeste. Así, lo escatológico se mezcla con lo histórico,

porque la visión del futuro está totalmente diluida, sin contornos.

En esta parte segunda visionaria de Daniel, la perspectiva de una inminente irrupción de

la era mesiánica lo domina todo. El profeta tiene prisa en acelerar los acontecimientos para consolar

a sus contemporáneos, oprimidos por la persecución seléucida. Por eso presenta como inmediata

la inauguración de los tiempos mesiánicos, y por otra parte destaca como modelo de fidelidad

a las tradiciones judías al gran protagonista Daniel, fiel en todas las persecuciones sufridas

en un ambiente pagano. Así, el libro tiene la finalidad de edificar piadosamente y la de consolar

a los que sufren, presentando como inminentes las perspectivas mesiánicas.

Pero el carácter apocalíptico del libro de Daniel difiere totalmente del de los apócrifos en

la elevación de pensamientos y al prescindir de fantasías cosmogónicas y de nociones ultranaciona-

listas. El hagiógrafo ha creído conveniente utilizar este procedimiento literario apocalíptico

para expresar sus ideas religiosas sobre la necesidad de ser fieles a la Ley de Dios y sobre el

triunfo definitivo de Dios sobre los enemigos que históricamente se oponen a la implantación

del “reino de los santos.”

San Juan utilizará este mismo procedimiento apocalíptico para presentar las grandes

ideas del triunfo de Cristo sobre los anticristos, que se oponen a la expansión de su Iglesia en la

historia. El vidente de Patmos utilizará mucho la “imaginería” del libro de Daniel, dando un sentido

neo-testamentario. La finalidad, pues, de ambos libros es la misma, colocándose cada autor

en su perspectiva vieja o neo-testamentaria. Y ambos autores no han creído indigno de la palabra

de Dios este vehículo de transmisión apocalíptico, muy en consonancia con las modas literarias

de su época en los medios culturales judaicos.

Texto y versiones.

El texto de las partes aramea y hebraica del TM es bastante deficiente. Muchas veces las

antiguas versiones, que reflejan otro texto original premasorético, resultan más claras en determinados

pasajes. Las indicaciones cronológicas que preceden a algunos capítulos son consideradas

por algunos críticos como adiciones de escribas. La versión más antigua de estas partes aramaico-

hebreas es la de los LXX, que parece ser del siglo 11 a.C. Como difiere bastante del TM,

la Iglesia nunca aceptó oficialmente la versión de los LXX 19. Muchos autores creen que estas

divergencias proceden de que el traductor tenía delante un texto diferente del TM.

La versión de los LXX fue desplazada por la de Teodoción, que es más concisa. Algunos

críticos consideran la versión de Teodoción como una revisión de otra versión griega más anti2368

gua 20. Los papiros Chester Beatty (del s.11 d. C.) contienen la versión de los LXX. La Vg está

hecha sobre un texto hebreo-aramaico muy afín al TM; pero San Jerónimo en la versión tiene en

cuenta las versiones precedentes latinas y la griega de Teodoción. Para las partes deuterocanónicas,

San Jerónimo se limitó a revisar una versión anterior muy afín a la de Teodoción.

Canonicidad.

En el TM, el libro de Daniel está, como hemos indicado, entre los hagiógrafos. En los

LXX y la Vg está inmediatamente después del libro de Jeremías. San Jerónimo, en su famoso

Prologus galeatus, sigue el orden del canon judío reflejado en el TM 21. Sin embargo, hay indicios

de que aun entre los judíos se enumeraba el libro de Daniel entre los profetas 22. En la Iglesia

cristiana no ha habido ninguna dificultad en la admisión del libro en el canon, si bien respecto

de las partes deuterocanónicas hubo algunas dudas, como ocurrió respecto de todos los libros

escritos en griego 23.

Doctrina teológica.

Como hemos dicho antes, este libro tiene una doble finalidad parenética: exhortar a la fidelidad

a la Ley de los padres, presentando para ello el ejemplo insigne de fidelidad a Dios de

Daniel en la corte corrompida e idolátrica de Nabucodonosor, y consolar en las tribulaciones

presentes, presentando como inminente la inauguración de los tiempos mesiánicos, el “reino de

los santos,” en el que desaparecería totalmente el pecado, para dar paso a la justicia perfecta. Se

presenta al Dios de los judíos (nunca se le llama Yahvé) como el Dios único, omnipotente, omnisciente,

que protege a sus siervos y aun los libera milagrosamente en premio a su fidelidad.

El Dios de Israel es el que dirige el curso de la historia universal, de forma que la sucesión

de los imperios paganos no es sino el cumplimiento de los designios eternos de Dios en orden

a la manifestación del reino de los santos. Este “determinismo” providencia-lista aparece en

el grandioso esquema histórico, en el que el autor de Daniel nos presenta el gran combate entre

Dios, que quiere establecer su “reino,” y los poderes históricos — encarnados en los grandes imperios

— , que se oponen a su instauración. Esta visión esquemática de la historia no tiene otra

finalidad que destacar la grandeza de la inauguración mesiánica, obra culminante de la omnipotencia

divina. Dios habita en los cielos y gobierna el mundo por medio de ciertos agentes espirituales-

angélicos, que ayudan y protegen al que es fiel a la Ley divina.

El mesianismo del libro de Daniel está totalmente dominado por la idea escatológica, en

conformidad con el género apocalíptico adoptado para su formulación. Todos los imperios históricos

son derrocados, para ser suplantados por el reino de los santos, que es la “piedra caída del

monte, no por mano del hombre” 24, y el “Hijo del hombre” 25, que recibe el “señorío, la gloria y

el imperio” del “antiguo de días,” que no es otro que el mismo Dios eterno, que preside los aconteceres

de la historia humana, particularmente la suerte de los imperios.

El reino de los santos será el reinado de la justicia 26 y se extenderá a toda la tierra.

No se habla de bendiciones terrenales, sino de manifestaciones puramente espiritualistas. Pero,

en la mente del profeta, el estadio terrestre y celeste de la era mesiánica parecen confundirse,

superponiéndose los planos históricos y metahistóricos; por eso anuncia la resurrección de los

muertos (los justos israelitas) para que éstos asistan a la manifestación de la plena era mesiánica.

Es un caso de falta de perspectiva en el tiempo. Los profetas viven de la esperanza de las grandes

realizaciones mesiánicas, y, en su afán de acelerar su cumplimiento, juntan las perspectivas,

“quemando” las etapas históricas.

2369

1 Dan 1:1. Según Flavio Josefo, pertenecía a la familia real de Sedéelas (Ant. 10.10:1), — 2 Dan 2:195. — 3 Dan 6:1s. — 4 Dan 10:1.

— 5 Cf. Ez 14:4.20; 28:3. Muchos autores creen que el Dn'l de Ezequiel es el famoso sabio de Ras Samra Danel. Cf. P. Joüon: Bi

(1938) 283-5; P. Heinisch, Das Buch Ezechiel 77; L. Dennefeld, Daniel 631. — 6 Cf. Esd 8:2; Neh 10,7. — 7 En los recientes

hallazgos de Qumrán se ha descubierto un texto hebreo. — 8 Flavio Josefo, Ant. 10:11:4.7; 11.8,5. — 9 Cf. 1 Mac 2:595 y Dan

3:1-30; 6:11-29; 1 Mac 1:54 y Dan 9:27. — 10 Cf. Mt 24:15: “abominationem desolationis quae dicta est a Daniele propheta”

(Dan 9:27). — 11 Dan 5.2. — 12 Dan6:1; 9:1. — 13 Cf. G. R. Driver: JBL (1926) p.115. — 14 Cf. Eclo49. — 15 El primero que

propuso esta hipótesis fue el neoplatónico Porfirio (t 304 d·C.). Entre los críticos modernos, esta opinión fue seguida por Eichhorn,

Ewald, Hitzig, Driver, etc. — 16 Se inclinan por esta solución M. J. Lagrange, Les prophéties messianiques de Daniel: RB

(1904) 4945; bigot, art. Daniel: Dthc IV (1911) colóos; E. Bayer, Danielstudien (1912); L. Dennefeld, Daniel: “La Sainte Bible,”

VII p.ósS; Gottsberger, Das Buck Daniel p.12; Charlier, La lecture chrétienne de la Bible ρ,ΐζΒ. — 17 Μ. J. Lagrange, art. cit,

p.494. — 18 Dan 12:2. — 19 Cf. San Jerónimo, Prol. in Dan,: PL 25:493; In Dan. 4:5: PL 25:514. — 20 Cf. H. B. Swete, Introduction

to the Oíd Testament in Greek p.48. — 21 Cf. San Jerónimo, Praef. in libros Samuel et Malachiam: PL 28,5533. — 22 Cf. Flavio Josefo,

Contra Apion. 1:8: Canon de Meliton de Sardes (Euseb., Hist. Eccl 4:26: PG 20:396; R. DE Journel, Ench. Patr. 190); Orígenes

(Euseb., Hist. Eccl 6:25: PG 20,25; R. De Journel, Ench. Patr. 484). — 23 Cf. San Jerónimo, Prol. Galeatus: PL 28,596 (600-

602); Ep. 53 ad Paul n.8: PL 22:545s. — 24 Dan 2:45. — 25 Dan 7:13. — 26 Dan 9:243.

1. Daniel en el palacio del Rey de Babilonia.

Podemos considerar este capítulo como la introducción histórica a la primera parte del libro. El

autor quiere destacar la fidelidad a la ley mosaica de los tres jóvenes en medio de un ambiente

pagano de la corte babilónica. Por otra parte, quiere hacer ver a los lectores que Dios tiene una

especial protección sobre los que le son fieles en las circunstancias adversas. La vida de estos

jóvenes se desarrolla, según la narración, en tiempos de Nabucodonosor. En el comentario tendremos

ocasión de ver bastantes anormalidades históricas en muchos detalles. El estilo es bastante

convencional.

Deportación de Daniel y su estancia en la corte (1-7).

1 El año tercero del reinado de Joaquim, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia,

fue contra Jerusalén y la asedió. 2 Y entregó el Señor en sus manos a Joaquim,

rey de Judá, y parte de los vasos de la casa de Dios, y los trajo a la tierra de Sanaar,

a la casa de su dios, y metió los vasos en la casa del tesoro de su dios. 3 Dijo el rey a

Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real y del

de sus nobles, 4 cuatro mozos en los que no hubiera tacha, de buen parecer, de talento,

instruidos en toda suerte de sabiduría, dotados intelectualmente y educados, capaces

de servir en el palacio del rey, y a quienes se les instruyese en las letras y la

lengua de los caldeos. 5Asignóles el rey para cada día una porción de los manjares

de su mesa, del vino que él bebía, y mandó que los criasen durante tres años, al cabo

de los cuales entrasen a servir al rey. 6 Fueron de ellos, de entre los hijos de Judá,

Daniel, Ananías, Misael y Azarías, 7 a los cuales el jefe de los eunucos puso por

nombre: a Daniel, Baltasar; a Ananías, Sidraj; a Misael, Misaj, y a Azarías, Abed-

Nego.

El fondo histórico de estas narraciones aparece perfectamente datado: el año tercero del reinado

de Joaquim, es decir, en el 606-605 a.C., pues Joaquim sucedió a su padre Josías después de la

batalla de Megiddo, en 609 a.C. No sabemos que Nabucodonosor haya asediado a Jerusalén en

este año. El primer asedio conocido de la Ciudad Santa por los babilonios es en 598 a.C. Para

conciliar los datos del libro de Daniel se supone que Nabucodonosor, generalísimo de las tropas

caldeas y lugarteniente militar de su padre Nabopolasar, después de haber vencido a Necao en

Carquemis 1 en 605 a.C., avanzó hacia Egipto, y en esta expedición puso un cerco momentáneo a

Jerusalén, tomando como botín los vasos de la casa de Dios u objetos sagrados del templo, en2370

tregados por el mismo rey Joaquim como oferta para que el caudillo caldeo se alejara de la ciudad,

y llevándose éste como rehenes parte de la nobleza judía, entre los que estaría el mismo Daniel.

En 2 Par 6-7 se dice que el rey Joaquim fue llevado en cautividad y que el templo fue saqueado

por Nabucodonosor. Según esto, tenemos que suponer que Joaquim estuvo poco tiempo

cautivo, pues aparece como rey de Jerusalén y muere en el asedio de ésta del 598, suce-diéndole

su hijo Jeconías.

El lugar de la deportación es Babilonia, llamada tierra de Sennaar, según la antigua denominación

bíblica 2. Los objetos preciosos fueron depositados en el templo de Bel-Marduk, dios

de la gran metrópoli. Por orden del rey de Babilonia son llevados a su corte cuatro jóvenes israelitas

de la nobleza, que habían de estar bajo la tutoría de un alto oficial de palacio, llamado Aspenaz3.

Estos jóvenes debían ser iniciados en las ciencias y cultura caldea, entre la que tenía gran

importancia la iniciación en la magia. Podemos suponer que en el palacio de Nabucodonosor

había una escuela de formación como el paedagogium del Palatino en Roma. Los jóvenes participan

del pathbag, palabra persa, que después pasó al siríaco con la significación de platos exquisitos

y delicados. Deben permanecer en calidad de educandos o pajes durante tres años4.

Conforme a la costumbre, se les cambian los nombres hebreos en otros babilónicos 5.

Fidelidad de los cuatro jóvenes a la ley judía (8-16).

8 Se propuso Daniel en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del

rey ni con el vino que él bebía, y rogó al jefe de los eunucos que no le obligara a contaminarse.

9 Hizo Dios que hallase Daniel gracia y favor ante el jefe de los eunucos;

10 y el jefe de los eunucos dijo a Daniel: Tengo miedo de mi señor el rey, que ha determinado

lo que habéis de comer y beber, porque, si viere vuestros rostros más macilentos

que los de los mozos de vuestra edad, condenaréis mi cabeza ante el rey. 11

Dijo entonces Daniel al cortesano 6 a quien el jefe de los eunucos había puesto para

velar sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12 Prueba, te ruego, a tus siervos por

diez días, y que nos den a comer legumbres y agua a beber, 13 y compara luego nuestros

rostros con los de los mozos que comen los manjares del rey, y haz después con

tus siervos según veas. 14 Concedióles lo que le pedían y los probó por diez días,15 al

cabo de los cuales tenían mejor aspecto y estaban más metidos en carnes que los

mozos que comían los manjares del rey. 16 El cortesano se llevaba sus manjares y su

vino y les daba legumbres.

La vida que habían de llevar los cuatro jóvenes israelitas en la corte era comprometida desde el

punto de vista de fidelidad a la Ley. En primer lugar, el comer de los manjares del rey los exponía

a comer comidas prohibidas por la Ley 7, o carnes que habían sido sacrificadas a los ídolos 8.

Los judíos tenían la preocupación de la contaminación con los paganos. El joven Daniel, atrayente,

se atreve a proponer a su jefe inmediato una prueba de que no le va a perjudicar el régimen

vegetariano que quiere seguir (v.12), pues tiene la seguridad de que Dios le ayudará y que no

aparecerán desmejorados, como así resultó, después de diez días de régimen.

Los cuatro jóvenes ante el rey (17-21).

17 Otorgó Dios a los cuatro mancebos sabiduría y entendimiento en todas las letras y

ciencias, y Daniel interpretaba toda visión o sueño. 18 Pasados los días al cabo de los

cuales había mandado el rey que se los llevasen, el jefe de los eunucos se los presentó

a Nabucodonosor. 19 El rey habló con ellos, y entre todos los mozos no había ningu2371

no como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y fueron puestos al servicio del rey. 20

En cuantas cosas de sabiduría y entendimiento el rey les preguntó, hallólos diez veces

superiores a todos los magos y astrólogos que había en su reino. 21 Así estuvo

Daniel hasta el año primero del rey Ciro.

Dios premió la fidelidad de sus siervos, pues no sólo les dotó de buen aspecto externo, sino que

los colmó de toda clase de sabiduría, de forma que ante el rey quedaron muy por encima de los

otros jóvenes compañeros. Sobre todo, Daniel se mostraba maestro en la interpretación de las

visiones y sueños 9, y que era extremadamente estimado entre los babilonios, dados a la adivinación.

El autor sagrado quiere preparar los relatos que siguen, adelantando que la sabiduría especial

de Daniel era una ciencia infusa, totalmente diferente de la de los adivinos y astrólogos de su

tiempo. En la mente del hagiógrafo, la sabiduría del joven Daniel era totalmente milagrosa, como

se demostrará en la interpretación del sueño de Nabucodonosor.

Su ascendiente fue tal en la corte babilónica, que permaneció en ella como principal intérprete

y sabio hasta el año primero de Ciro (v.21), como rey de Babilonia, es decir, hasta el

538 a.C. No quiere decir esto que Daniel haya muerto en esta fecha, pues aparece haciendo revelaciones

en el año tercero de Ciro 10, sino que se quiere destacar que no perdió su influencia en

la corte hasta la extinción de la dinastía babilónica, suplantada por la persa.

1 Cf. Jer 46:2. Nabucodonosor es transcrito en Daniel Nebucadnessar, como en Esdras. En Jeremías y Ezequiel, Nebucadressar, que

corresponde al babilónico Nabu-kudurri-usur (Nebo, protege el mojón). — 2 Cf. Gen 10:10; Jos 7:21. — 3 En los LXX se lee

Abiesdri, que puede ser una deformación del nombre judío Abieser. “Jefe de eunucos” es título equivalente a alto oficial o mayordomo.

— 4 Sobre la educación de los jóvenes en la corte persa véase Platón, Alcibíades I 37; Jenofonte, Ciropedia I 2. — 5 Los

nombres de los cuatro jóvenes en hebreo eran teóforos, como solía acontecer en la onomástica judía: Daniel significa “Dios es mi

juez”; Ananías, “Yahvé hace gracia”; Misael, “¿Quién es lo que Dios?”; Azarías, “Yahvé ha ayudado.” Los nombres fueron cambiados

en otros babilónicos para nacionalizarlos. A Daniel se le da el nombre de Baltasar, que es la transcripción del babilónico

Baíaísu-usur (“protege su vida”). En el hebreo se transcribe Belteishassar. En 5:1 aparece otro Belshasar, que tiene diferente etimología.

A Ananías se le puso el nombre Shadraj, que significa “siervo de Aku,” que es el equivalente sumerio del dios lunar

“Sin.” A Misael se le llamó Mishaj: “¿quién como Aku?” y a Azarías se le impuso el nombre de Abed-Nego: “siervo de Nebo” (Is

46:1). Véase A. JEREMÍAS, Das A.T. im Lichte des A. Or. (Leipzig 1916) 629. — 6 En el original, Hamelsar, que parece un título,

equivalente al asirio massaru, que pudiera traducirse por “mayordomo, despensero.” La Vg lee Μα/asar, como nombre propio.

Los LXX: Amelsad, que algunos suponen deformación del babilónico Ameíu-usur (“protege al hombre”), y entonces quizá fuera

nombre propio. — 7 La Ley prohibía comer la sangre y las grasas (Lev 3:17; 235) y los animales impuros (Lev 11:2-45; 20,25).

— 8 Cf. Dt 32:38. — 9 Entre los orientales, la interpretación de sueños y visiones tenía una gran importancia. En la Biblia reiteradamente

se afirma que los sueños y visiones son uno de los medios que utiliza Dios para comunicarse a los hombres (Núm 12:6;

Jer 23:28; Jl 3:1; Zac 10,2; Mt 1:20). — 10 Dan 10:1.

2. El Sueño de Nabucodonosor.

Una vez que se ha mostrado el origen de la sabiduría extraordinaria de Daniel, el hagiógrafo

quiere probarla en un hecho concreto resonante, que iba a darle gran ascendencia en la corte babilónica.

En este capítulo encontramos esbozadas las ideas teológicas del libro de Daniel, que se

repiten constantemente en sus diferentes capítulos: a) la omnipotencia y supremacía del Dios de

Israel, que comunica a Daniel una sabiduría superior a la de los magos; b) la sucesión de los

grandes imperios está sujeta a la Providencia divina; c) sentido mesiánico de la historia: llegará

un momento en que se implantará un nuevo reino judío, que sucederá a todos los reinos

paganos. Estos no hacen sino preparar su venida, aunque sus protagonistas no lo sepan. De ahí la

finalidad práctica del libro de exhortar a los judíos a permanecer fieles a su Ley, pues al fin han

de triunfar, ya que las épocas de los imperios no son sino etapas de preparación de la manifestación

del reino de Dios. La actual narración sobre el sueño de Nabucodonosor se parece en muchos

detalles a la del Génesis sobre el sueño del faraón y su interpretación por José 1; pero en el

2372

caso de Daniel toda la interpretación es en función de una profecía mesiánica concreta; es decir,

todos los imperios pasarán y a todos los sustituirá uno definitivo que no ha de pasar, el mesiánico

judío, culminación de la historia.

Los magos, incapaces de interpretar el sueño (1-12).

1 El año doce del reinado de Nabucodonosor tuvo éste un sueño y turbóse en su espíritu,

sin que pudiera dormir. 2 Hizo llamar el rey a magos y astrólogos, encantadores

y caldeos, para que explicasen al rey su sueño. Vinieron, pues, y se presentaron

ante el rey. 3 El rey les dijo: He tenido un sueño y estoy agitado, porque 110 sé ya

cuál fue. 4 Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Vivas para siempre,

oh rey! Di a tus siervos el sueño y te daremos su interpretación. 5 Respondió el

rey diciendo a los caldeos: Palabra segura de mi parte, si no me mostráis el sueño y

su interpretación, seréis descuartizados, y vuestras casas convertidas en muladares,

6 mientras que, si me decís el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones y

mercedes y mucha honra; decidme, pues, el sueño y su interpretación. 7 Respondiéronle

diciendo por segunda vez: Diga el rey el sueño a sus siervos y le daremos su interpretación.

8 El rey respondió diciendo: Veo claro que ponéis dilaciones, porque

veis que la cosa se me ha ido. 9 Si no me decís el sueño, caerá sobre todos vosotros la

misma sentencia. De cierto que pretendéis prepararos para decirme falsedades y

mentiras mientras pasa el tiempo. Decid, pues, el sueño y conoceré que sois capaces

de darme su interpretación. 10 Los caldeos respondieron al rey, diciéndole: No hay

hombre sobre la tierra que pueda decir lo que el rey pretende; jamás tampoco rey

alguno, por grande y poderoso que fuese, exigió cosa semejante de mago, astrólogo o

caldeo. 11 Lo que pide el rey es imposible, y no hay nadie que al rey pueda decírselo,

a no ser los dioses, que no moran entre los hombres. 12 El rey, con ira y gran furor,

mandó matar a todos los sabios de Babilonia.

La datación del sueño se pone en el segundo año de Nabucodonosor, lo que parece prematuro,

supuesto que los jóvenes hayan pasado tres años de aprendizaje. Por eso muchos autores leen

año doce del reinado de Nabucodonosor. El rey tuvo un sueño que le inquietó, y quiso saber su

sentido de los adivinos o caldeos, que en la terminología de los autores griegos era sinónimo de

astrólogo, por la importancia que los caldeos daban a los estudios sobre el curso de los astros en

orden al gobierno de la vida. Tiránicamente, Nabucodonosor exige de ellos que le digan primero

el sueño que tuvo y después su interpretación. Quizá lo había olvidado en los detalles o tenía sólo

una idea general, o aparentaba no recordarlo para probar la sagacidad de sus magos y adivinos.

La pretensión era inaudita y despótica. Los magos le piden que les narre el contenido del

sueño 2. La frase vivas para siempre, ¡oh rey! es la usual en los formularios cortesanos orientales,

como expresión de buen augurio 3. La reacción del despótico monarca fue amenazarlos con

la muerte y la conversión de sus casas en un muladar4. Al contrario, si le dan a conocer su sueño

e interpretación, los colmará de honores y de mercedes, pues habrán probado su sabiduría de excelentes

adivinos. La prueba era difícil y cae dentro de la verosimilitud en los modos despóticos

de los monarcas orientales de todos los tiempos. Los magos reconocen que no pueden conocer

los pensamientos íntimos de un hombre. Sólo pueden acudir a los medios adivinatorios normales

(v.10).

La pretensión, pues, del rey era algo inaudito en los anales de la magia. La respuesta de

los adivinos, perfectamente razonable, exacerbó la ira del tirano, el cual mandó matar a todos los

2373

sabios y magos. Debemos notar cómo el hagiógrafo destaca la inutilidad de los hechiceros paganos

para que por contraste brille más la intervención de la ciencia oculta de Daniel. No cabe duda

que en todas estas narraciones hay mucho de convencional, pues es fácil captar las ideas teológicas

que presiden los relatos.

Intervención de Daniel (13-28a).

13 Publicóse la orden, y ya iban a ser llevados a la muerte los sabios, y buscaban

también a Daniel y a sus compañeros para matarlos. 14 Habló entonces Daniel avisada

y prudentemente a Arioj, capitán de la guardia del rey, que había salido para

matar a los sabios de Babilonia. 15 Habló y dijo a Arioj, capitán del rey: ¿Por qué esta

orden del rey tan rigurosa? Entonces explicó Arioj la cosa a Daniel, 16 y Daniel,

entrando al rey, le pidió que le diese tiempo y daría al rey la declaración. 17 Fue luego

Daniel a su casa y comunicó el asunto a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros,

18 instándoles a pedir al Dios de los cielos que les revelase aquel misterio para

que no hiciese perecer a Daniel y a sus compañeros con el resto de los sabios de Babilonia.

19 Entonces el misterio fue revelado a Daniel en visión nocturna, por lo cual

Daniel bendijo al Dios de los cielos,20 diciendo: Bendito sea el nombre de Dios de siglos

en siglos, porque suya es la sabiduría y la fuerza. 21 El es quien ordena los tiempos

y las circunstancias, depone reyes y los entroniza, da la sabiduría a los sabios, y

la ciencia a los entendidos. 22 El revela lo profundo y lo oculto, conoce lo que está en

tinieblas, y con El mora la luz. 23 A ti, Dios de mis padres, te confieso y te alabo, que

me has dado sabiduría y fortaleza, y me has dado a conocer lo que te hemos pedido,

y nos has revelado el secreto del rey. 24 Después de esto fue Daniel a Arioj, a quien

había mandado el rey matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No extermines a

los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, que yo le daré la explicación.

25 Llevó entonces Arioj prestamente a Daniel a la presencia del rey, y díjole así: He

hallado a uno de los deportados de Judá que dará al rey la explicación. 26 Respondió

el rey, diciendo a Daniel, a quien llamaban Baltasar: ¿Podrás tú declarar el sueño

que vi y su interpretación? 27 Daniel respondió delante del rey diciendo: Lo que pide

el rey es un misterio que ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos son capaces

de descubrir al rey; 28 pero hay en los cielos un Dios que revela lo secreto y que ha

dado a conocer al rey Nabucodono-sor lo que sucederá en el correr de los tiempos.

Daniel interviene ante decreto tan brutal, y habla con el capitán que iba a ser el que presidiría el

piquete de ejecución, Arioj 5. La intervención del sabio hebreo es en extremo insinuante y prudente,

de forma que logra convencer al capitán de que él puede interpretar lo que los magos babilonios

no pudieron. El hagiógrafo tiene cuidado en notar que Daniel no fue consultado con el

conjunto de los adivinos, porque su ciencia era muy superior. Es más, cuando Daniel se ofrece

para interpretar, aún no sabe el sueño ni el sentido de él, pero tiene confianza absoluta en el poder

de su Dios. Para 4 recibir la esperada comunicación divina se reunió con sus compañeros, para

pedir juntamente la gracia extraordinaria a su Dios, por la que había de resplandecer la omnipotencia

y providencia divinas. La plegaria fue escuchada al punto, y Daniel comprendió el

misterioso sentido del sueño de Nabucodonosor. La primera reacción de Daniel fue dar gracias

por la revelación comunicada (v.21).

Una vez más Dios se ha acordado de sus siervos, como lo había hecho con los antepasados

de Israel. El Dios de los judíos es quien da sabiduría a los sabios y quien dirige el curso de la

2374

historia, entronizando y destronando reyes (v.21). Esta confesión alude ya al contenido de la revelación.

Aunque el rey de Babilonia parecía firmemente establecido en su trono, sin embargo,

llegará un día en que por designio divino será suplantado en su trono por otros reinos.

Después Daniel se ofrece para presentarse a Nabucodonosor y explicar su sueño. Ante el

despótico monarca, el joven judío hace en el exordio constar que la revelación que va a comunicar

no la ha obtenido por medios mágicos, como lo podrían hacer los demás adivinos babilónicos

(v.27), sino que proviene del Dios que está en los cielos, que revela los secretos.

El sueño de Nabucodonosor (28-35).

28 He aquí tu sueño y la visión que has tenido en el lecho. 29 En tu lecho, ¡oh rey! te

vinieron pensamientos de lo que vendrá después de este tiempo, y el que revela los

secretos te dio a conocer lo que sucederá. 30 Si este misterio me ha sido revelado, no

es porque haya en mí una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para

que yo dé a conocer al rey la explicación y llegues a conocer los pensamientos de tu

corazón. 31 Tú, ¡oh rey! mirabas y estabas viendo una gran estatua. Era muy grande

la estatua y de un brillo extraordinario. Estaba en pie ante ti, y su aspecto era terrible.

32 La cabeza de la estatua era de oro puro; su pecho y sus brazos, de plata; su

vientre y sus caderas, de bronce; 33 sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de hierro

y parte de barro. 34 Tú estuviste mirando, hasta que una piedra desprendida, no

lanzada por mano, hirió a la estatua en los pies de hierro y de barro, destrozándola.

35 Entonces el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro se desmenuzaron juntamente

y fueron como tamo de las eras en verano; se los llevó el viento, sin que de

ellos quedara traza alguna, mientras que la piedra que había herido a la estatua se

hizo una gran montaña, que llenó toda la tierra.

El sueño de Nabucodonosor era muy extraño. Mientras el rey cavilaba sobre proyectos imperiales

y sobre los posibles hechos que habían de sobrevenir sobre su imperio, tuvo un sueño que

había de tener un sentido profético. El misterioso sueño tiene relación con lo que ha de suceder

en los postreros días (v.28), frase que en la literatura profética alude a la época inmediata al establecimiento

del reino mesiánico6. En ese sueño se ha revelado la sucesión de los imperios hasta

la manifestación del reino mesiánico.

La introducción de Daniel es solemne, como corresponde a la importancia del sueño. En

primer lugar confiesa humildemente que lo que va a decir no se debe a su sabiduría puramente

humana. Y después concreta el sueño del monarca: ante sus ojos apareció una estatua colosal en

forma humana. El coloso, sin embargo, no estaba hecho de un material homogéneo, y en esto

estribaba la particularidad de la misma. Diversos metales estaban representados en su composición:

la cabeza, de oro; el pecho y brazos, de plata; el vientre, de bronce; las piernas, de hierro, y

los pies, mitad de hierro, mitad de bronce. La calidad de los metales va decreciendo a medida

que se desciende de la cabeza a los pies. En el simbolismo que después explicará la diversidad

cualitativa de los metales representaba también el valor diferente de los imperios simbolizados.

Nabucodonosor, en su sueño, consideraba admirado la estatua, cuando una piedra desprendida,

no por mano (v.34), fue a dar contra la estatua, derribándola y descomponiéndola como

tamo que se lleva el viento. Por otra parte, esa minúscula piedra fue después creciendo hasta

convertirse en una gran montaña (v.35). Al decir que la piedra fue desprendida sin que la lanzara

mano alguna, alude a un poder secreto divino, como explicará en la interpretación.

2375

Interpretación del sueño (36-45).

36 He aquí el sueño. Daremos también al rey su interpretación. 37 Tú, ¡oh rey! eres

rey de reyes, porque el Dios de los cielos te ha dado el imperio, el poder, la fuerza y

la gloria. 38 El ha puesto en tus manos a los hijos de los hombres, dondequiera que

habitasen; a las bestias de los campos, a las aves del cielo, y te ha dado el dominio de

todo; tú eres la cabeza, de oro. 39 Después de ti surgirá otro reino menor que el tuyo,

y luego un tercero, que será de bronce y dominará sobre toda la tierra. 40 Habrá un

cuarto reino, fuerte como el hierro; como todo lo rompe y destroza el hierro, así él

romperá todo, igual que el hierro, que todo lo hace pedazos. 41 Lo que viste de los

pies y los dedos, parte de barro de alfarero, parte de hierro, es que este reino será

dividido, pero tendrá en sí algo de la fortaleza del hierro, aunque viste el hierro

mezclado con el barro. 42 Y el ser los dedos parte de hierro, parte de barro, es que

este reino será en parte fuerte y en parte frágil. 43 Viste el hierro mezclado con barro

porque se mezclarán por alianzas humanas, pero no se pegarán unos con otros, como

no se pegan el hierro y el barro. 44 En tiempo de esos reyes, el Dios de los cielos

suscitará un reino que no será destruido jamás y que no pasará a poder de otro

pueblo; destruirá y desmenuzará a todos esos reinos, mas él permanecerá por siempre.

45 Eso es lo que significa la piedra que viste desprenderse del monte sin ayuda

de mano, que desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El Dios

grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder después. El sueño es verdadero,

y cierta su interpretación.

Daniel empieza enfáticamente a exponer su interpretación, alabando la grandeza material de Nabucodonosor,

conforme a las costumbres cortesanas. Se le da el título de rey de reyes (v.3y), corriente

en la época persa. Las frases son absolutas: Nabucodonosor aparece como rey de los

hombres y de los animales. La expresión plural “daremos la interpretación” puede considerarse

como fórmula retórica, asociando a sus compañeros judíos a su revelación. Una vez captada la

benevolencia del monarca con las alabanzas más desorbitadas, Daniel expone la interpretación:

la estatua, con sus diferentes metales, representa diferentes imperios que se sucederán. La cabeza

de oro simboliza el reino de Nabucodonosor (v.38). Las otras partes de la estatua simbolizan

otros tantos reinos que sucederán al babilónico; el que sucederá a éste será menor que él (el pecho,

de plata), mientras que el tercero (vientre de bronce) dominará sobre la tierra (v.39). A éste

le sucederá otro que se distinguirá por su agresividad, rompiendo todo como el hierro (v.40). Este

cuarto reino será, por un lado, fuerte como el hierro, pero también frágil como la arcilla, simbolizado

en los pies de la estatua, mitad de hierro, mitad de barro (v.42). El profeta concreta diciendo

que ese cuarto reino se tratará de reforzarlo con alianzas humanas, que al fin resultarán

ineficaces (v.43). Este detalle es de sumo interés para encontrar la clave de identificación de

este misterioso reino agresivo, fuerte y débil a la vez, como veremos a continuación. A este último

reino suplantará un reino que no será destruido jamás. (v.44), simbolizado en la piedra que

cae sobre la estatua, destruyéndola y convirtiéndose en una gran montaña.

Identificación de los Cuatro Reinos.

El profeta sólo nos da la identificación del primer reino, que es el babilónico. Por otra

parte, da muchos detalles sobre el cuarto reino, que le preocupa de un modo especial, como veremos

en las visiones de los capítulos séptimo y octavo, en que se concretarán más las particula2376

ridades de dicho reino. En realidad, esta visión de la estatua y la de las cuatro bestias del c.7 se

explicitan mutuamente. Esto supuesto, ¿cuáles son los reinos simbolizados en la misteriosa estatua

simbólica?

Los exegetas, en realidad, sólo convienen en el primero (la cabeza de oro), que, según la

explicación misma de Daniel, es el reino de Nabucodonosor. En cuanto a la identificación de los

otros tres reinos, las opiniones son varias: a) San Jerónimo, siguiendo a Josefo y al autor del

cuarto libro de Esdras7, los identifica del modo siguiente: 1) neobabilónico: reino de Nabucodonosor

(cabeza de oro); 2) imperio medo-persa (pecho de plata); 3) imperio griego de Alejandro y

sucesores (vientre de bronce); 4) imperio romano (piernas, de hierro). Esta tesis estuvo muy en

boga en la exégesis tradicional católica, b) Recientemente se ha preferido entre los exegetas católicos

de mayor relieve la ecuación siguiente: 1) imperio neobabilónico; 2) imperio medo-persa;

3) imperio griego de Alejandro; 4) imperio de los Seléucidas de Siria y de los Lagidas de Egipto.

Nosotros preferirnos esta última combinación, y explicamos nuestro punto de vista siguiendo a

Lagrange 8. Respecto de la identificación del segundo reino (pecho de plata), convenimos con la

posición tradicional en que se trata del imperio medo-persa, que sucedió históricamente al babilónico.

En el c.8, Daniel identifica explícitamente al carnero con dos cuernos con los reyes de

Media y de Persia 9. Esto es muy importante para buscar la identificación de las partes de nuestra

estatua. El tercer reino, que domina toda la tierra, es el imperio de Alejandro Magno, según se

indica en 8:21 al identificar al macho cabrío que abate al carnero (Media y Persia) con el rey de

Grecia. La parte más discutible es la identificación del cuarto reino, que se distingue por su

agresividad. En nuestra tesis es el imperio de los sucesores de Alejandro, los “Diadocos,” que

dominaron Palestina, es decir, los Seléucidas y los Lagidas. De nuevo tenemos que acudir para

su identificación a lo que se nos dice en las visiones de las cuatro bestias del c.7 y a los cuatro

reyes que salen del gran cuerno del rey de Grecia de 8:22, vencedor del carnero medo-persa.

Además, en 11:4-45 encontramos la clave para interpretar las alianzas humanas que simbolizan

el hierro y el barro que caracterizan al cuarto reino (v.43). En ese capítulo se habla de las

alianzas matrimoniales que entablarán los Seléucidas de Siria y los Lagidas de Egipto para unirse

en la posesión de Palestina. Sin embargo, las tentativas fueron inútiles, y las dos grandes familias

no pudieron fundirse, como no se pegan el hierro y el barro (v.41). Por otra parte, en 7:7 se

habla de una bestia feroz “con grandes dientes de hierro,” que es suplantada por el reino de los

santos. Como veremos en su lugar, esa bestia es fácil de identificar, por sus pormenores, con los

Seléucidas, perseguidores del pueblo israelita en tiempo de los Macabeos. Ya San Jerónimo confiesa

que el pequeño cuerno de la cuarta bestia del c.7 y el hombre despreciable de 11:21 designan

a Antíoco IV Epífanes, perseguidor de los judíos en la época macabea.

Vemos, pues, que en las visiones del libro de Daniel hay una graduación en cuanto a la

explicitación de su contenido: primero, en la visión de la estatua hay como un diseño general, y

después, en las visiones sobre las cuatro bestias del c.7 y en las del carnero y macho cabrío del

c.8, y, sobre todo, en las particularidades del c.11 se concretan más los detalles, llevándonos claramente

a las incidencias de la época macabea, como veremos en su lugar.

En el c.7, el reino de los santos sucede al imperio de la cuarta bestia con dientes de hierro.

Aquí, en la visión de la estatua, la piedrecita que derrumba el coloso con pies de barro es el

reino que no será jamás destruido (v.44). Es el reino mesiánico, que permanecera para siempre

(v.44). Su inauguración sucederá al colapso del último de los reinos, aunque en la perspectiva

histórica no es necesario que la implantación de la nueva era mesiánica le siga inmediatamente.

De hecho sabemos que desde la época de los Macabeos, en que termina la perspectiva del

2377

profeta, hasta la aparición del Mesías, hay siglo y medio. Los profetas suelen prescindir en sus

vaticinios mesiánicos del estadio intermedio que hay entre la época en que manifiestan el oráculo

y la realización del mismo en la época mesiánica. Como hombres de su tiempo, están preocupados

por la solución de los problemas candentes de sus contemporáneos, y, por otra parte, viven

obsesionados con la era venturosa del Mesías, solución de todos los problemas. En su ansia

de consolar a sus compatriotas, presentan como próxima muchas veces la aparición de la era deseada,

si bien en cuanto al tiempo de su manifestación no hayan recibido luz particular de

Dios.

Hemos visto esto en el caso del vaticinio del Emmanuel en Isaías, presentado por éste

como solución al peligro creado por la invasión asiría. En realidad, el Niño excepcional no había

de aparecer sino siete siglos largos más tarde. De igual modo, el autor del libro de Daniel vive

preocupado por la tragedia de la guerra de Antíoco IV Epífanes contra el pueblo de Dios, y

anuncia a sus contemporáneos la definitiva derrota de aquél, seguida de la instauración del reino

de Dios, como veremos al explicar las visiones de los capítulos de la segunda parte. El autor del

libro de Daniel concibe la historia como una colisión de fuerzas, simbolizadas en los diversos

imperios, que se oponen a la instauración del reino por excelencia, el de los santos 10. En el capítulo

12 veremos dramatizada esta lucha entre imperios y la especial protección que tiene el reino

de los santos bajo la tutela del arcángel Miguel .

Daniel, jefe de los sabios caldeos (46-49).

46 Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro y se prosternó ante Daniel, y

mandó que le dieran ofrendas y perfumes. 47 Dirigió el rey la palabra a Daniel y dijo:

En verdad que vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los reyes y que

revela los secretos, pues tú has podido descubrir este misterio. 48 En seguida el rey

engrandeció a Daniel, y le hizo muchos y grandes dones, y le constituyó gobernador

de la provincia de Babilonia, y le hizo jefe supremo de todos los sabios de ésta. 49

Daniel rogó al rey que diese la intendencia de la provincia a Sidraj, Misaj y Abed-

Nego. Pero Daniel permaneció en la corte del rey.

El rey quedó profundamente impresionado con la revelación del sueño y de su sentido, y le dio

honores divinos a Daniel. Este los acepta como homenaje a su Dios, de quien había recibido la

sabiduría (ν.28). Con su revelación se había manifestado la grandeza del Dios de Israel, reconocido

por Nabucodonosor como Dios de todos los dioses. Toda la narración se ordenaba a

este reconocimiento de la superioridad del Dios de los judíos. En premio a la interpretación se le

nombra gobernador de la provincia de Babilonia, y éste pide la participación en el gobierno para

sus compañeros, que le han ayudado con sus oraciones.

En todo esto salta a la vista el estilo convencional del relato, muy similar al del libro de

Ester, donde se habla del encumbramiento de Mardoqueo. Todo parece suponer que nos hallamos

ante una composición didáctica religiosa al estilo de los libros de Job, Ester, Judit y Tobías,

en los que las narraciones en torno a un protagonista se amoldan para resaltar determinadas ideas

religiosas. El autor del libro de Daniel, viviendo en tiempo de los Macabeos, compone una serie

de relatos en torno al gran personaje legendario Daniel, en los que se destaca la providencia del

Dios de los judíos sobre sus siervos a través de la historia.

1 Cf. Gen 41. — 2 El texto dice en lengua aramea, lo que parece glosa debida a un copista posterior, que creía que la lengua de la corte

babilónica era el arameo, como lo fue más tarde en la época persa. — 3 Así entre los persas (CuRT., Hisíor. VI 5). Lo mismo en

las cartas de Tel-Amarna. — 4 Cf. 2 Re 10,27; Esd 6:11. — 5 En Gen 14:1 aparece un Arioj rey de Ellasar, o Larsa, en Mesopotamia

(cf. Jdt 1:6). — 6 Cf. Is 2:2; Miq 4:1. — 7 Cf. 4 Esd 12:10-12; Flavio Josefo, Antiq. X 10:3; San Jerónimo: PL 25:504.530.

2378

— 8 Cf. M. J. Lagrange: RB (1904) 5035; D. Buzy, Lessymbolesde l'Ancien Testament (1923) 266-80: RB (1918) 403-26; Dennefeld,

Le Messianisme (1929) 173; J. Chaine, Introduction a la lecture des prophétes (1932) 260; M. Becher, Verbwn Domini

(1924) 206-10. — 9 Driver ve en los medos y los persas dos “reinos” diferentes. Cf. The Book of Daniel (1900) p.28-29 (Cambridge

Bible). Pero en Dan 7:21 se identifican. — 10 Dan 7,18s. — 11 Sobre estas profecías de Daniel puede verse el artículo de

A. Colunga Los vaticinios mesiánicos de Daniel: 21 (1920) 285-305. Saydón, siguiendo a Junker, se inclina a suponer que los

cuatro famosos reinos no tienen un valor histórico, sino que la cifra de cuatro indica sólo la totalidad de los reinos que había de

haber antes de la era mesiánica. Cf. Verbum Dei II p.625 (Barcelona 1956).

3. La Estatua de Nabucodonosor. Los tres jóvenes en el horno.

En el capítulo anterior ha quedado patente la sabiduría del Dios de los judíos sobre todos los

dioses; ahora se va a mostrar su omnipotencia. El hagiógrafo quiere animar a sus contemporáneos

a permanecer fieles a la ley de su Dios en las circunstancias más adversas, y para ello les

presenta el ejemplo de los jóvenes de Babilonia.

La erección de la estatua de oro y orden de adorarla. (1-7)

1 Hizo el rey Nabucodonosor una estatua de oro, alta de sesenta codos y seis codos de

ancha. Alzóla en el llano de Dura, de la provincia de Babilonia, 2 y mandó el rey

reunir a todos los sátrapas, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces

y a todos los gobernadores de las provincias para que viniesen a la dedicación de la

estatua que había alzado el rey Nabucodonosor. 3 Reuniéronse, pues, los jefes, prefectos,

bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y todos los gobernadores de las

provincias para la dedicación de la estatua alzada por el rey Nabucodonosor, y se

pusieron ante la estatua que Nabucodonosor había alzado. 4 Un pregonero clamaba

en voz alta: Ved lo que se os ordena, pueblos, naciones y hombres de toda lengua. 5

En cuanto oigáis el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las

gaitas y toda suerte de instrumentos, adorad, postrados, la estatua de oro que ha alzado

el rey Nabucodonosor. 6 Todo aquel que no adore, postrándose al instante, será

echado en un horno encendido. 7 Por tanto, los pueblos todos, al oír el sonido de las

trompetas, las arpas, los salterios, las gaitas e instrumentos músicos de toda suerte,

todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua se prosternarán y adorarán la

estatua de oro alzada por el rey Nabucodonosor.

El rey manda erigir en su honor una colosal estatua de 30 metros de alto y 3 de ancho. Para salvar

la desproporción entre ambas medidas, se ha supuesto que la anchura pertenecía sólo a la estatua,

mientras que la altura correspondería a la estatua y al pedestal. El lugar de su erección es

Dura (v.1), que en babilonio significa “muro.” Junto a Babilonia hay ahora dos localidades con

el nombre de Dura l. Con motivo de su inauguración hubo una concentración de todas las jerarquías

del imperio en todas sus modalidades.

Es interesante la mención de los sátrapas, palabra persa que significa “protectores del reino.”

La división del imperio persa en satrapías fue obra de Darío, sucesor de Cambises. Esta

mención de la palabra persa indica que el redactor compone su obra después de la época persa.

De Daniel no se dice nada, aunque en el capítulo anterior se había dicho que era “gobernador” de

Babilonia. En la gran concentración no faltaban los numerosos representantes de las colonias extranjeras,

tan numerosas en el emporio comercial de Babilonia. Esclavos y comerciantes de todas

las naciones del Próximo Oriente estaban representados en Babilonia, y todos debían adorar la

colosal estatua: hombres de toda lengua se prosternarán (ν.7). La impostura de esta orden está

2379

dentro de la verosimilitud del despotismo de los reyes babilónicos, aunque no sabemos por las

crónicas de la época que haya tenido lugar tal hecho.

Los tres jóvenes judíos se niegan a adorar la. estatua (8-18)

8 Con ocasión de esto vinieron algunos caldeos y denunciaron a los judíos. 9 Hablaron

al rey Nabucodonosor, diciendo: Vivas para siempre, ¡oh rey! 10 Tú, ¡oh rey! has

dado una ley por la cual todo hombre, al oír el son de las trompetas, las cítaras, las

arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, ha de adorar

postrado la estatua de oro, 11 y que quien no se postre y adore, será arrojado a un

horno encendido. 12 Pues hay unos hombres, judíos, a quienes has encomendado tú

la dirección de los negocios de la provincia de Babilonia, Sidraj, Misaj y Abed-Nego,

que, sin tenerte en cuenta para nada, ¡oh rey! no sirven a tus dioses y no adoran la

estatua que has alzado. 13 Irritado y furioso entonces Nabucodonosor, dio orden de

que trajeran a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Traídos éstos a la presencia del rey, 14

Nabucodonosor les habló diciendo: ¿De verdad, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, no servís

a mis dioses y no adoráis la estatua de oro que yo he alzado? 15 Ahora, pues,

aprestaos, y, en oyendo el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios,

las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, postraos y adorad la estatua que yo

he hecho, y si no la adoráis, al instante seréis arrojados a un horno encendido. ¿Y

quién será el Dios que os libre de mis manos? 16 Sidraj, Misaj y Abed-Nego respondieron

al rey diciendo: Nabucodo-nosor, no tienes por qué esperar más nuestra respuesta

en esto, 17 pues nuestro Dios, al que servimos, puede librarnos del horno encendido

y nos librará de tu mano. 18 Y si no quisiere, sabe, ¡oh rey! que no adoraremos

a tus dioses ni nos postraremos ante la estatua que has alzado.

Los babilonios notaron la abstención de los judíos en el acto de adoración de la estatua, aceptado

por todos los pueblos. Fueron al punto denunciados 2 ante el rey, sin duda porque sentían envidia

de sus puestos de intendentes de la provincia. Nabucodonosor les invita, cuando fueron llevados

a su presencia, a que acaten la orden, e insolentemente les dice que de otro modo no podrán librarse

de su castigo, pues ¿quién sera el Dios que los libre de sus manos? (v.15). La frase suena

en los oídos de los fieles judíos a blasfemia, y con toda entereza proclaman que tienen fe en

su Dios, que los podrá librar del horno encendido. Debemos notar en esta narración que Nabucodonosor

aquí no reconoce la superioridad del Dios de los judíos, como lo había hecho ante Daniel

con ocasión de la revelación del sueño. Estas inconsecuencias son bastante corrientes en estas

narraciones del libro de Daniel, que tiene el aire de un mosaico de relatos muy artificialmente

unidos.

Los tres mancebos en el horno ardiendo (19-23).

19 Lleno entonces de ira Nabucodonosor, demudado el rostro contra Sidraj, Misaj y

Abed-Nego, habló, mandando que se encendiese el horno siete veces otro tanto de lo

que encenderse solía, 20 y mandó a hombres muy robustos de su ejército que atasen

a Sidraj, Misac y Abed-Nego y los echasen al horno de fuego ardiente. 21 Entonces

estos varones, atados con sus mantos, sus túnicas, sus turbantes y sus vestiduras,

fueron arrojados en medio del horno ardiente. 22 Y como la orden del rey era apremiante

y había mandado encender el horno tanto, las llamas abrasaron a los que

habían echado en él a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. 23 Y los tres varones cayeron ata2380

dos en medio del horno encendido.

La narración es en extremo pintoresca y de estilo midrasico; en los detalles se procura resaltar lo

milagrero y colorista en función de ideas teológicas que aquí son la providencia y justicia divina.

El horno fue encendido de un modo excepcional, y las llamas abrasaron a los que echaron a los

santos mancebos en su interior. Con ello resalta la especial protección del Dios de los judíos.

Oración de Azarías (24-45).

24 Se paseaban en medio de las llamas, alabando a Dios y bendiciendo al Señor. 25

Azarías, puesto en pie, abriendo sus labios en medio del fuego, oró de esta manera y

dijo: 26 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Digno de alabanza y glorioso es

tu nombre, 27 porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros, y todas tus obras

son verdad, y rectos tus caminos, y justos todos tus juicios. 28 Y has juzgado con justicia

en todos tus juicios,en todo lo que has traído sobre nosotros y sobre la ciudad

santa, la de nuestros padres, Jerusalén, pues con juicio justo has traído todos estos

males a causa de nuestros pecados. 29 Porque hemos pecado y cometido iniquidad,

apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido, 30 y no hemos obedecido a tus preceptos,

no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que

fuéramos felices, 31 y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho

con nosotros, con justo juicio lo has hecho. 32 Nos entregaste en poder de enemigos

injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, 33

y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre

tus siervos y sobre todos los que te veneran. 34 Por tu nombre no nos deseches para

siempre, no anules nuestra alianza, 35 no apartes tu misericordia de nosotros, por

Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, 36 a quienes prometiste

multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en

las orillas del mar. 37 Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las

naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. 38

Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni

ofrenda e incienso, 39 ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia.

Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. 40

Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos

corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues

no serán confundidos los que en ti esperan. 41 Ahora nosotros de todo corazón te seguimos

y te tememos y buscamos tu rostro. 42 No nos confundas, antes obra con nosotros

según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. 43 Líbranos en virtud

de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre; 44 queden avergonzados los

que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha.

45 Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra.

Este fragmento, y el que sigue (46-51), es decir, el cántico de Azarías y el himno de alabanza de

los tres jóvenes en el horno no están en el texto hebreo, sino que forman parte de las secciones

griegas llamadas deuterocanónicas. Parece una interpolación insertada por el último redactor a la

parte hebrea y aramea. La oración de Azarías gira en torno a la tragedia del pueblo israelita, castigado

por Dios con el exilio; es una confesión del pueblo por sus pecados, puesta en labios de

Azarías por el compilador de esta antología fragmentaria que es el libro de Daniel.

Por el estilo se ve que el griego está calcado en un original semítico. Las fórmulas de

2381

confesión de los pecados son estereotipadas y corrientes en la literatura de los Salmos: Israel ha

sido castigado por sus pecados justamente, y parece como si Dios hubiera retiíado las promesas

de su alianza. Israel se halla como una grey dispersa, sin jefe ni caudillo, sin profeta que les comunique

las revelaciones de su Dios. En sustitución de los sacrificios, que no se pueden ofrecer

porque no tienen templo, el protagonista se ofrece humildemente a Dios. Sólo Dios, por su misericordia,

puede salvar a su pueblo; su ofrenda es un corazón contrito y humilde. El arrepentimiento

es seguido de sinceros propósitos de una vida nueva. La oración, pues, es bellísima, pero

sin originalidad.

La generalidad de los autores de nota creen que esta composición es del tiempo en que la

vida de los repatriados de Palestina se desenvolvía en medio de las mayores dificultades de todo

género. La afirmación de que no hay profeta hace claramente pensar que han pasado los tiempos

en que las figuras de Jeremías y Ezequiel dominaban el horizonte del exilio israelita. El compilador

ha querido ponerla en boca del joven Azarías con el fin de hacer resaltar más su heroica conducta

en la hora de mayor sufrimiento, como estímulo para los que sufrían persecuciones en la

época macabea.

El ángel del Señor en el horno (46-50).

46 Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con

betún, estopa, pez y sarmientos, 47 hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos

por encima del horno, 48 y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos

estaban alrededor del horno; 49 pero el ángel del Señor había descendido al horno

con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que

el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, 50 y el fuego no

les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia.

Este relato es continuación del v.22 3. La providencia del Dios de los judíos protege de un modo

especialísimo a los tres valerosos jóvenes. El hagiógrafo se complace en los detalles pintorescos

para hacer resaltar más su idea: de un lado, los ministros del rey encienden animosamente el horno

hasta hacer subir sus llamas a unos 25 metros de altura, siendo abrasados por éstas, que se extienden

más de lo esperado, y de otro, los jóvenes en el horno se sentían libres del calor, como si

el horno estuviera refrigerado por un viento fresco que soplara en su interior. De nuevo tenemos

que resaltar el carácter artificial del relato, en el que lo portentoso ocupa el primer lugar, como

en el libro de Joñas. En todos estos detalles el hagiógrafo quiere destacar la providencia que Dios

tiene sobre los que le son fieles en las contradicciones y peligros de la vida.

Cántico de los tres jóvenes en el horno (51-90).

51 Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno,

diciendo: 52 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado

por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado

por los siglos. 53 Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado

y glorificado por los siglos, i 54 Bendito tú, que penetras los abismos, digno de

alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,

digno de alabanza, ensalzado por los siglos. 55 Bendito en tu trono real, digno de

ser cantado y celebrado por los siglos. 56 Bendito tú en el firmamento de los cielos,

digno de ser cantado y glorificado por los siglos. 57 Bendecid al Señor todas las obras

del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 58 Bendecid al Señor, ángeles del Señor,

2382

cantadle y ensalzadle por los siglos. 59 Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle

por los siglos. 60 Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle

y ensalzadle por los siglos. 61 Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle

y ensalzadle por los siglos. 62 Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle

por los siglos. 63 Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por

los siglos. 64 Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 65

Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 66 Bendecid,

fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 67 Bendecid, fríos y

heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. 68 Bendecid, rocío y escarcha,

al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 69 Bendecid, frío y fresco, al Señor,

cantadle y ensalzadle por los siglos. 70 Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y

alabadle por los siglos. 71 Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los

siglos. 72 Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 73

Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 74 Bendiga

la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. 75 Bendecid, montes y collados,

al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos; 76 Bendecid al Señor cuanto brota

en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. 77 Bendecid, mares y ríos, al Señor,

cantadle y ensalzadle por los siglos. 78 Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle

por los siglos. 79 Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las

aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. 80 Bendecid todas las aves del

cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 81 Bendecid todas las bestias y ganados

al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 82 Bendecid, hijos de los hombres,

al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 83 Bendice, Israel, al Señor, i

cántale y ensálzale por los siglos. 84 Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle

y ensalzadle por los siglos. 85 Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle

por los siglos. 86 Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y

ensalzadle por los siglos. 87 Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle

y ensalzadle por los siglos. 88 Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor,

cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la

muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en

medio del fuego. 89 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

90 Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle

gracias, porque es eterna su misericordia.

Este cántico, atribuido a los tres jóvenes en el horno ardiendo, es un salmo en forma de letanía,

como el salmo 135, que debía recitarse en el templo, y que el autor sagrado ha querido poner en

boca de los tres héroes para expresar sus sentimientos de gratitud a Dios por haberlos liberado de

las llamas. La composición salmódica tiene dos partes: a) oración a Dios, que se ha manifestado

a Israel, en su alianza y en su templo de Jerusalén, como Dios glorioso que habita sobre los querubines

(51-56); b) invitación a todas las criaturas a que alaben a Dios (57-90). La enumeración

es muy prolija, pues todas las obras de la creación, en sus diversas manifestaciones, son invitadas

a alabar al Creador, desde los ángeles hasta las bestias de la tierra y los mismos seres inanimados,

como el fuego, la escarcha, los ríos, los vientos, las fuentes. Toda la naturaleza debe ser

un canto al Dios providente y eterno. Y, sobre todo, el hombre en su múltiple manifestación

de la vida debe alabar al Dios providente y eterno, y particularmente los sacerdotes, levitas y

santos del Señor, como porción elegida, deben una particular alabanza al Señor.

La composición es bellísima y similar a otras composiciones salmódicas que conocemos

2383

de la Biblia4. Empieza por alabar al Dios de los padres, que con ellos ha hecho alianza y que se

ha manifestado glorioso en su nombre en la historia prodigiosa de Israel (v.51). A pesar de

haberse manifestado a los antepasados de Israel, sin embargo, sigue altísimo y trascendente, sentado

sobre los querubines y penetrando con su mirada lo más profundo de los abismos5. Su trono

real es el firmamento de los cielos (v.55). Desde allí asiste majestuoso, desplegando su providencia

sobre su pueblo y sobre los justos. Por eso, toda la naturaleza, desde los ángeles hasta las

bestias, debe alabarle sin fin, y a esta alabanza son asociados los tres héroes del horno de Babilonia,

porque los ha sacado del infierno (v.88), es decir, del peligro de muerte, por la que irían

destinados al seol o región de los muertos, que los LXX traducen por hades, y la Vg por infernus.

Nabucodonosor glorifica al Dios de los judíos (91.-100)

91 (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y,

dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres?

Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! 92(25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí

cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto

de ellos parece un hijo de dioses. 93(26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la

entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos

del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj

y Abed-Nego, 94(27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros

del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de

aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus

ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. 95(28) Tomó entonces la

palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego,

que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron

la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios

alguno fuera de su Dios. 96(29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera

que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del

Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar,

porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. 97(30) Luego el rey engrandeció

a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. 98(31) Nabucodonosor,

rey, a todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua que habitan

en toda la tierra: Paz abundante. 99(32) Me ha parecido bien daros a conocer las señales

y prodigios que el Dios supremo ha hecho conmigo. 100(33) ¡Cuan grandes

han sido sus señales 1 Cuán potentes sus prodigios! Su reino es reino eterno, y su

dominación perdurará de generación en generación.

Esta perícopa enlaza en el texto arameo con el v.23; por eso hemos puesto las dos numeraciones,

la del TM y la griega, con la adición deuterocanónica que hemos comentado. De nuevo tenemos

que llamar la atención por el carácter convencional de la narración. No es muy verosímil esta

conversión del rey Nabucodonosor, pero el hagiógrafo quiere destacar el triunfo total del Dios de

los judíos sobre las imposiciones tiránicas del rey de Babilonia. Ante todo, su providencia está

sobre los reyes más poderosos, y nunca deja abandonados a sus siervos.

Como-en el relato sobre el sueño de Nabucodonosor del c.2, también aquí el rey hace públicamente

confesión de la grandeza del Dios de los judíos, y, con la anuencia de sus consejeros,

da un edicto de reconocimiento para todo el imperio. En el libro de Jonas encontramos un edicto

semejante, al mandar el rey de Nínive que hagan penitencia según la predicación de Jonas, y en

2384

el libro de Ester, también el soberano persa reconoce la grandeza y superioridad del Dios de los

judíos. Nos encontramos, pues, ante escritos de género literario muy similar, que pudieran caracterizarse

como composiciones didácticas, en las que la ficción está al servicio de ideas teológicas.

El hagiógrafo bien pudo escoger este género de escribir en orden a la edificación de los

fieles bajo la inspiración del Espíritu Santo. El compilador del libro de Daniel ha creído apropiado

a su fin, de animar a sus compatriotas en la lucha contra las imposiciones de Antíoco IV

Epifanes, reunir ciertos relatos prodigiosos recibidos de la tradición popular en torno al gran personaje

Daniel, que aparece en el libro de Ezequiel juntamente con Job y Noé como modelos de

virtud y de justicia.

1 A ocho kilómetros al sudeste de Babilonia hay una localidad llamada Tolul Dura, y al sur, a unos diez kilómetros, la colina de Dura,

junto al río del mismo nombre. — 2 En el arameo original, en que está escrito el fragmento, se dice literalmente “comieron sus

porciones” (o carnes de los judíos), frase equivalente a nuestro calumniar. — 3 Este fragmento (v.46-5o) está sólo en el texto

griego. — 4 Cf. Sal 103.145.148; Is 44:23; 49:13; 55:12. — 5 Cf. Job 28:14; 38:16; Eclo 1:2.

4. Nueva visión de Nabucodonosor interpretada por Daniel.

Sigue la finalidad apologética del libro. Hasta ahora ha demostrado la superioridad del Dios de

los judíos y su providencia particular sobre sus siervos fieles. Ahora va a demostrar ese poder

omnímodo que tiene Dios sobre los reyes, humillándolos hasta el extremo. El omnipotente y

despótico rey de Babilonia es reducido al estado de bestia como castigo divino hasta que reconociera

el poder del Dios de los judíos. El estilo se mueve en la misma línea que los capítulos anteriores.

Y su historicidad ha de juzgarse según los principios antes expuestos. El esquema del relato

es en todo similar a lo que se dice en lo referente a la visión de la estatua.

La visión del árbol (1-15).

l Yo, Nabucodonosor, vivía tranquilo en mi casa, feliz en mi palacio, 2 y tuve un sueño

que me espantó, y los pensamientos que me perseguían en mi lecho y las visiones

de mi espíritu me llenaron de turbación. 3 Hice que vinieran ante mí todos los sabios

de Babilonia para que me diesen la interpretación del sueño. 4 Vinieron, pues, los

magos, los astrólogos, los caldeos y los adivinos, y les expuse el sueño; pero nunca

pudieron darme la interpretación, 5 hasta que vino ante mí Daniel, cuyo nombre es

Baltasar, del nombre de mi dios, y en el cual reside el espíritu de los dioses santos.

Expliquéle mi sueño, dicíéndo-dole: 6 Baltasar, tú, jefe de los magos, que tienes en ti,

yo lo sé, el espíritu de los dioses santos y a quien ningún misterio se oculta, dame la

explicación de las visiones que en sueño he tenido. 7 He aquí las visiones de mi espíritu

mientras estaba en mi lecho. Miraba yo y vi en medio de la tierra un árbol alto

sobremanera. 8El árbol había crecido y se había hecho muy fuerte, y su cima tocaba

en los cielos, y se le veía desde los confines de toda la tierra. 9 Era de hermosa copa y

de abundantes frutos, y había en él mantenimiento para todos. Las bestias del campo

se resguardaban a su sombra, y en sus ramas anidaban las aves del cielo, y todos

los vivientes se alimentaban de él. 10 En las visiones de mi espíritu en mi lecho vi que

bajaba del cielo uno de esos que velan y son santos, 11y, gritando fuertemente, dijo:

Abatid el árbol y cortad sus ramas, sacudid su follaje y diseminad los frutos, que

huyan de debajo de él las bestias y las aves del cielo de sus ramas; 12 pero dejad en la

2385

tierra el tronco con sus raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce, y quédese

así entre las hierbas del campo, que le empape el rocío y tenga por parte suya, como

las bestias, la hierba de la tierra. 13 Quítese su corazón de hombre y désele un corazón

de bestia, y pasen sobre él siete tiempos. 14 Esta sentencia es decreto de los vigiles,

es resolución de los santos, para que sepan los vivientes que el Altísimo es dueño

del reino de los hombres y lo da a quien le place, y puede poner sobre él ai más bajo

de los hombres. 15 Este es el sueño que tuve yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Baltasar,

da la interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido dármela, tú

puedes darla, porque tienes en ti el espíritu de los dioses santos.

El relato del sueño está en estilo directo en los mismos labios de Nabucodonosor. El modo artificial

del relato salta a los ojos. La moraleja que el hagiógrafo quería sacar de la visión la expresa

el mismo rey, a saber, que el Altísimo es dueño del reino de los hombres (v.14). El conjunto del

relato da la impresión de ser como una parábola en la que los protagonistas expresan alternativamente

la evolución del pensamiento del hagiógrafo conforme a las ideas teológicas que quiere

inculcar. De nuevo se pone de relieve la impotencia de los magos y adivinos de Babilonia para

interpretar el sueño del rey (ν.3).

En un momento de euforia por sus triunfos, estaba considerando el rey su imperio y se

comparaba a un gran cedro que bajo su sombra cobijaba a todos los pueblos. Exaltado por estos

pensamientos megalómanos, tuvo un sueño que nadie pudo interpretar. En sueños vio un árbol

inmenso muy semejante al que nos describe Ezequiel simbolizando a Asiría 1. Quizá el hagiógrafo,

al componer su narración, se sirvió de la descripción de aquél. De todos modos, el árbol parece

simbolizar al propio Nabucodonosor, como explicará Daniel. El árbol frondoso es abatido por

orden de un ser misterioso al que se le llama vígil y santo (v.10), que en el contexto es un ángel,

llamado así por estar siempre pronto a cumplir las órdenes de Dios 2. Es la primera vez que aparece

el nombre de vígil aplicado a los ángeles, pero esa denominación se hace común en la literatura

apócrifa judía posterior 3. El árbol debe ser podado de ramas,.quedando sólo el tronco, y éste

rodeado de cadenas (v.12), cuyo simbolismo aparecerá en la explicación ulterior.

El hagiógrafo pasa del símbolo a la cosa significada, y así, del árbol pasa al personaje representado

por él, es decir, el mismo Nabucodonosor, al que se le quita su corazón de hombre y

se le da un corazón de bestia (v.15), viviendo durante siete tiempos, o años4, en el campo como

una bestia del campo, sintiendo sobre sus espaldas el rocío y comiendo la hierba de la tierra

(v.12). La frase corazón de hombre alude a la inteligencia 5 y a los afectos humanos. El castigo,

pues, consistirá en que el rey perderá su conciencia de hombre, cayendo en un estado amenté,

creyéndose una bestia; es la enfermedad llamada zoantropía o lycantropia, bajo cuyo efecto el

hombre se considera un animal. Este castigo decretado contra el rey es obra de los vigiles o ángeles,

que constituyen como un consejo celestial6. Son los mandatarios de Dios, y por eso su sentencia

es la sentencia de Dios mismo. El hagiógrafo hace confesar al propio Nabucodonosor que

todo lo que va a suceder proviene de los ángeles de Dios, para que quede claro que el Altísimo

es dueño de los reinos (v.14).

Una vez expuesto el sueño, el rey invita a Daniel a exponer su sentido. Le llama por su

nombre, Baltasar, aludiendo a la etimología de este nombre relacionada con el “dios” de Nabucodonosor,

Bel-Marduk7. Confiesa que en él reside el espíritu de los dioses santos (v.6), como

había quedado patente en la interpretación del sueño anterior.

2386

Interpretación del sueño (16-24).

16 Entonces Daniel, llamado Baltasar, se quedó por algún tiempo estupefacto y turbado

por sus pensamientos. Díjole el rey: Baltasar, que no te turbe el sueño y su interpretación.

Y Baltasar respondió: Mi señor, que el sueño sea para tus enemigos, y

la interpretación para tus adversarios. 17 El árbol que viste que se había hecho

grande y fuerte, y que con su cima tocaba los cielos y que se veía desde toda la tierra,

18 de hermosa copa y de tan abundante fruto que había en él alimento para todos,

y bajo el cual se resguardaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban

las aves del cielo, 19 eres tú, ¡oh rey! que has venido a ser grande y fuerte, y cuya

grandeza se ha acrecentado y ha llegado hasta los cielos, y cuya dominación se extiende

hasta los confines de la tierra. 20 Vio el rey bajar de los cielos a uno de esos

que velan y son santos, y decir: Abatid el árbol y destruidle, pero dejar en la tierra

el tronco con las raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce entre la hierba

del campo; que le empape el rocío del cielo y tenga su parte con las bestias del campo

hasta que sobre él pasen siete tiempos. 21 He aquí, ¡oh rey! la interpretación y el

decreto del Altísimo, que se cumplirá en mi señor, el rey. 22 Te arrojarán de en medio

de los hombres y morarás entre las bestias del campo, y te darán a comer hierba

como a los bueyes, te empapará el rocío del cielo y pasarán sobre ti siete tiempos

hasta que sepas que el Altísimo es el dueño del reino de los hombres y se lo da a

quien le place. 23 Lo de dejar el tronco donde se hallan las raíces, significa que tu reino

te quedará cuando reconozcas que el cielo es quien domina 8. 24 Por tanto, ¡oh

rey! sírvete aceptar mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades

con misericordia a los pobres, y quizá se prolongará tu dicha.

Daniel se siente embarazado antes de contestar, pues sabe que lo que va a decir es contrario a los

intereses del rey. Al fin habla y le declara el sentido de la misteriosa visión: el árbol frondoso es

Nabucodonosor mismo (v. 17). Será abatido y cortado hasta el tronco y será encadenado como

amenté (v.21), siendo arrojado al campo para llevar vida de bestia (v.22). El árbol no fue totalmente

desenraizado, sino que ha sido dejado con tronco (v.23), para indicar que volverá a brotar

cuando pase la prueba y reconozca sus pecados y sea misericordioso con los pobres.

Locura y curación de Nabucodonosor (25-34).

25 Todo esto tuvo cumplimiento en Nabucodonosor, rey. 26 Al cabo de doce meses,

mientras se paseaba en su palacio de Babilonia, 27 se puso a hablar, y dijo: ¿No es ésta

Babilonia la grande, que yo, por el poder de mi fuerza y la gloria de mi magnificencia,

he edificado para residencia real? 28 Todavía estaba la palabra en su boca,

cuando bajó del cielo una voz: 29 Sabe, ¡oh rey Nabucodonosor! que te va a ser quitado

el reino. Te arrojarán de en medio de los hombres, morarás con las bestias del

campo y te darán a comer hierba como a los bueyes, y pasarán sobre ti siete tiempos

hasta que sepas que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y se lo da a quien

le place. 30 Al momento se cumplió en Nabucodonosor la palabra: fue arrojado de en

medio de los hombres y comió hierba como los bueyes, y su cuerpo se empapó del

rocío del cielo, hasta que llegaron a crecerle los cabellos como plumas de águila, y

las uñas como las de las aves de rapiña. 31 Al cabo del tiempo señalado, yo, Nabucodonosor,

alcé mis ojos al cielo y recobré la razón. Yo bendigo al Altísimo, alabo y

2387

glorifico al que domina con eterno dominio y cuyo reino perdura de generación en

generación. 32 A sus ojos, todos los habitantes de la tierra son nada, y con el ejército

de los cielos y con los habitantes de la tierra hace según su voluntad, sin que nadie

pueda resistir a su mano y decirle: ¿Qué es lo que haces? 33 Recobré “ entonces la

razón y me fueron devueltas la gloria de mi reino, mi. magnificencia y mi grandeza,

y rne llamaron mis consejeros y mis grandes, y fui restablecido en mi reino, y todavía

se acrecentó mi poderío; 34 y ahora yo, Nabucodonosor, ensalzo y glorifico al Rey

del cielo, cuyas obras todas son verdad, cuyos caminos son todos justos y que puede

humillar a los que andan en soberbia.

El hagiógrafo destaca que el castigo de Nabucodonosor le sobrevino por su orgullo e insolencia,

al considerar como suya la grandeza y opulencia de la ciudad de Babilonia. En la mentalidad del

autor sagrado sólo Dios es quien entroniza y destrona, y los imperios sucesivos en la historia no

son sino etapas pasajeras ordenadas por Dios hasta la manifestación del reino de Dios. La locura

de Nabucodonosor le sobrevino después de doce meses (v.25), lapso de tiempo necesario para

que pudiera arrepentirse, según le anunció Daniel. En su vanagloria hizo caso omiso de la

predicción de éste, y Dios le castigó con la mayor humillación que puede sufrir un hombre: perder

la conciencia de su personalidad humana.

La frase orgullosa del rey está muy en consonancia con las inscripciones que nos dejó en

sus numerosas construcciones mastodónticas, en las que habla de “mi querida Babilonia, la ciudad

que yo amo,” y “el palacio, la admiración del pueblo, el sitial de la realeza, la morada de la

felicidad.” Aquí Nabucodonosor se deja llevar de su vanidad. Al punto es castigado por Dios con

la enfermedad de lycantropía o zoantropía, perdiendo su conciencia de hombre y pretendiendo

llevar una vida como las bestias, dejándose crecer los cabellos y las uñas desmesuradamente

(v.30). La frase del hagiógrafo es irónica, pues quiere contrastar la grandeza anterior con la realidad

presente.

En realidad no sabemos por la historia extrabíblica que Nabucodonosor haya sufrido tal

amencia y haya abandonado el reino por algún tiempo. Algunos autores creen que debe sustituirse

el nombre de Nabucodonosor por el de Nabónides, que durante algún tiempo dejó el poder a

su hijo Baltasar y se retiró a Tema, en Arabia 9. Eusebio cuenta un relato de Nabucodonosor que

pudiera tener alguna analogía con el relato bíblico 10, pero en el fondo no se trata de una pérdida

de la razón del monarca. No debemos perder de vista el fin didáctico del fragmento en la mente

del hagiógrafo, y, por otra parte, la forma artificial con que el hecho es presentado por el mismo

Nabucodonosor, que no parece muy verosímil en los modos de ser del déspota babilonio, sobre

todo las confesiones de fe y de reconocimiento al Dios de los judíos.

El compilador, pues, pudo recoger tradiciones populares de la época del exilio, adornándolas

conforme a sus finalidades temáticas de exposición. Algunos autores incluso han querido

ver en el nombre de Nabucodonosor un seudónimo del perseguidor Antíoco IV Epifanes, pero

nada favorece esta hipótesis, ya que no sabemos que el perseguidor de los judíos haya reconocido

la supremacía del Dios de éstos. Es más sencillo suponer que nos hallamos ante relatos en los

que lo ideológico priva sobre lo histórico.

1 Cf. Ez 32:1ss. — 2 1 Re 22:19; Dan 7:10; Tob 12:15; Job 1:8; 2:3; Is 62:6. — 3 Apocalipsis de Henoc 12:4; 13:10. — 4 Para esta

denominación equivalente a años cf. 7:27; Gen 10:18. Siete puede designar simplemente largo tiempo (3:19). — 5 Sobre el corazón

como sede de la inteligencia véase 1 Re 10,24; Jer 5:21; Sal 90,12; Prov 15:14; Job 9:4; 36:5. — 6 Cf. 1 Re 22:195; Job 1:6;

2:1; 15:8. — 7 El nombre Baltasar en babilonio puede considerarse como teóforo, descomponiéndolo así: Bel-balatsu-usur =

“Bel protege su vida.” — 8 Cielo aquí equivale a Dios. Es una denominación que sólo aparece en la época macabea: 1 Mac 3:18-

19; 4:10; 24:55; 2 Mac 9:20. Es un indicio más de la época de composición del libro de Daniel. — 9 Sobre esta interpretación

véase E. Dhorme: RB 9 (1912) 373; I. Plesis, en Dict. óe la Bible Suppl. I (1928) 799. — 10 Según Eusebio, que sigue la historia

2388

asiría de Abideno (200 a.C.), Nabucodonosor, estando sobre la terraza de su palacio, se sintió invadido por el espíritu de profecía

y anunció la invasión de Ciro, al que llamó “mulo persa”; después de lo cual desapareció de repente de la sociedad. Pero no se

alude a su locura. Véase Eusebio, Praep, Evang. 9:41: PG 21:762A.

5. El Festín de Baltasar. La misteriosa escritura en la pared.

Este capítulo es famoso por sus dificultades históricas, pues se dice, entre otras anomalías, que

Baltasar era hijo de Nabucodonosor. Por otra parte, aparece un misterioso Darío el Medo, que es

muy difícil de compaginar con lo que sabemos de la historia de Babilonia después de ser tomada

por las tropas de Ciro. Pero también aquí hemos de pensar más en la finalidad teológica del relato

que en las pequeñas contradicciones históricas, que para el hagiógrafo no tienen importancia.

En los capítulos anteriores ha querido patentizar cómo la sabiduría y poder de Dios están sobre

todos los reyes, aun los más poderosos. Ahora quiere mostrar que el castiga de Dios llega a quienes

se han permitido sacrilegios con las cosas más santas, reservadas a Dios.

El banquete de Baltasar (1-4).

1 El rey Baltasar dio un gran banquete a mil de sus príncipes, y con ellos se dio a beber

vino. 2 Excitado por el vino, mandó Baltasar que le llevasen los vasos de oro y

plata que Nabucodonosor, su padre, había tomado del templo de Jerusalén, y que se

sirviesen de ellos para beber el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. 3

Le trajeron, pues, los vasos de oro que habían sido arrebatados al templo de Dios de

Jerusalén, y con ellos bebieron el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.

4Bebían el vino y alababan a sus dioses de oro y de plata, de hierro y de bronce, de

madera y de piedra.

La escena tiene lugar, no en tiempos de Nabucodonosor (605-563), sino en tiempos del rey Baltasar,

hijo de Nabónides, el último monarca de la dinastía babilónica, suplantada por la persa. El

hagiógrafo da el título de rey a Baltasar ! aunque propiamente nunca reinó, pero tuvo temporalmente

potestades delegadas de su padre. Se dice de él que era hijo de Nabucodonosor, cuando-en

realidad lo era de Nabónides. La dificultad puede explicarse fácilmente pensando que el hagiógrafo

no pretende dar precisiones históricas, sino que habla de un modo popular, suponiendo que

Baltasar, por el hecho de ser sucesor de Nabucodonosor, sea su hijo, aunque en realidad no sea ni

nieto 2.

La escena que nos describe la Biblia es perfectamente verosímil en las cortes despóticas

orientales: un banquete a más de mil invitados. Entre éstos estaban también sus esposas, que, según

la costumbre babilónica, eran admitidas a estas funciones de alta sociedad. En un momento

de euforia, excitado por el vino, el rey mandó traer los vasos sagrados del templo de Jerusalén,

que había traído como botín Nabucodonosor cuando tomó la Ciudad Santa. El sacrilegio culminó

cuando, al amor del vino bebido en los vasos sagrados, alababan a sus dioses, que el hagiógrafo

despectivamente considera como meros objetos de oro., madera y piedra.

La escritura misteriosa en la pared (5-12).

5 En aquellos momentos aparecieron los dedos de una mano de hombre que escribían

delante del candelero, en el revoco de la pared del palacio real, viendo el rey el

extremo de la mano que escribía. 6 Mudó entonces el rey el color, y sus pensamientos

2389

le turbaron, se relajaron los músculos de sus lomos, y sus rodillas daban una contra

otra. 7 Gritó el rey con una voz muy fuerte que llamasen a los magos, caldeos y adivinos,

y habiéndoles, dijo: El que descifre esta escritura y me la interprete será vestido

de púrpura, llevará collar de oro al cuello y será el tercero en el gobierno del reino.

8 Entraron todos los sabios del rey, pero ninguno pudo descifrar la escritura ni

dar al rey su interpretación. 9 Turbóse sobremanera el rey Baltasar, mudó de color

y se consternaron sus príncipes. 10 La reina, llevada del clamoreo del rey y de los

príncipes, entró en la sala del banquete y, tomando la palabra, dijo: Vive por siempre,

¡oh rey! que no te turben tus pensamientos ni se demude tu rostro, 11 que hay en

tu reino un hombre que tiene en sí el espíritu de los santos dioses, y ya en los tiempos

de tu padre, el rey, fue hallada en él una sabiduría semejante a la sabiduría de los

dioses, y el rey Nabucodonosor, tu padre, ¡oh rey! le hizo jefe de magos, astrólogos,

caldeos y adivinos, 12 porque se halló en Daniel, llamado Baltasar por el rey, un espíritu

superior de ciencia e inteligencia, la facultad de interpretar los sueños, de explicar

los enigmas, de resolver las dudas. Llama, pues, a Daniel y él te dará la interpretación.

Cuando la francachela llegaba a su punto culminante, apareció una mano misteriosa que dibujaba

signos enigmáticos en la pared. El rey, sumamente turbado, llamó a los adivinos para que le descifrasen

la misteriosa escritura, prometiéndoles las mayores mercedes y ofreciendo al que le dijese

el sentido de ella la categoría de príncipe, con sus atributos de vestido de púrpura y collares 3.

E incluso le promete darle la categoría de tercero en el reino, probablemente el tercer puesto

después del suyo y el de su padre Nabónides, o bien después del suyo y el de la reina4.

Ante la imposibilidad de interpretar la escritura mostrada por los magos, aparece en escena

la reina (v.10), probablemente la reina madre, esposa de Nabónides, pues la esposa del rey

estaba en el banquete. Aquélla se acuerda de que en tiempos de Nabucodonosor hubo un varón

de Judá llamado Daniel que resolvió sueños enigmáticos al rey5. Las calificaciones que da a Daniel

son similares a las que aparecen en el decreto de Nabucodonosor, que hemos ya estudiado6.

Daniel tiene el espíritu de los dioses santos7, es decir, un espíritu divino capaz de conocer los

mayores secretos y de interpretar los sueños (v.12).

Daniel interpreta la misteriosa escritura (13-31).

13 Fue, pues, introducido Daniel a la presencia del rey, y tomando el rey la palabra,

dijo a Daniel: ¿Eres tú Daniel, de los hijos de Judá, a quien el rey, mi padre, trajo de

Jerusalén? 14 Me han dicho de ti que tienes el espíritu de los dioses y que hay en ti

luz, entendimiento y gran sabiduría. 15 Ahora acaban de traerme sabios y astrólogos

para leer esta escritura y darme su interpretación, pero ninguno ha podido explicarme

la cosa. 16 He oído de ti que puedes resolver las dudas y aclarar las oscuridades.

Si me lees esa escritura y me das su interpretación, llevarás al cuello collar de

oro y serás el tercero en el reino” 17 Respondió entonces Daniel, diciendo al rey:

Sean para ti tus dones, ¡oh rey! y haz a otro tus mercedes. Yo leeré al rey lo escrito y

le daré la interpretación. 18 El Dios Altísimo, ¡oh rey! dio a Nabucodonosor, tu padre,

el reino, la grandeza, la gloria y la magnificencia. 19 Por la grandeza que le dio,

temblaban ante él y le temían todos los pueblos, naciones y lenguas. Mataba a quien

quería, y a quien quería daba la vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería

le humillaba. 20 Mas, cuando su corazón se ensoberbeció y su espíritu se endureció

2390

altivo, fue depuesto del trono de su reino y despojado de su gloria. 21 Fue arrojado

de entre los hijos de los hombres, se hizo semejante a las bestias y moró con los asnos

salvajes. Diéronle a comer hierba como a los bueyes y se empapó su cuerpo del

rocío del cielo, hasta que conoció que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y

pone sobre él a quien le place. 22 Y tú, Baltasar, hijo suyo, sabiendo esto, no has

humillado tu corazón. 23 Te has alzado contra el Señor de los cielos, han traído ante

ti los vasos de su casa y os habéis servido de ellos para beber vino tú y tus grandes,

tus mujeres y tus concubinas; has alabado a dioses de plata y oro, de bronce y de

hierro, de madera y de piedra, que ni ven ni entienden, y no has dado gloria al Dios

que tiene en sus manos tu vida y es el dueño de todos los caminos. 24 Por eso ha

mandado El esa mano que ha trazado esa escritura. 25 La escritura es: “Mené, mené,

teqel, ufarsin”; 26 y ésta es su interpretación: “mené,” ha contado Dios tu reino y le

ha puesto fin; 27 “teqel,” has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso; 28

“ufarsin,” ha sido roto tu reino y dado a los medos y persas. 29 Mandó entonces Baltasar

vestirle de púrpura, y poner a su cuello el collar de oro, y pregonar de él que

era el tercero en el reino. 30 Aquella misma noche fue muerto Baltasar, rey de los

caldeos, 31 y Darío, rey de Media, se apoderó del reino a los sesenta y dos años.

El rey invita a Daniel a que descifre la escritura, reconociendo sus cualidades excepcionales de

adivino. Este rechaza sus dádivas, pero está dispuesto a darle la interpretación en nombre de

Dios, a quien Baltasar ha ultrajado. Le recuerda antes a éste que Nabucodonosor fue castigado

por su insolencia, pero que tuvo lugar para la penitencia. Ahora, en cambio, la sentencia es inexorable,

ya que el sacrilegio de los vasos sagrados ha colmado la medida de la cólera divina. La

misteriosa escritura es un anuncio de la suerte fatal del reino de Baltasar.

Las palabras misteriosas: Mené, mené, teqel, ufarsin, según la transcripción aramea del

TM, han sido diversamente interpretadas 8. La interpretación más usual es la que toma dichas

palabras por participios pasivos. Así, la interpretación es: mené: “contado” (de manah: “contar”);

teqel: “pesado” (de taqal: “pesar”), y ufarsin: “separado, roto” (dejaras: “separar”). Es la interpretación

que da el mismo Daniel (v.26-28). El profeta, en su interpretación, ha jugado con el

valor consonantico de las palabras, y ha visto en ellas la suerte del imperio babilónico: ha sido

contado por Dios, pesado (encontrándose en déficit) y dividido, para ser entregado a los persas 9.

A fines del siglo pasado ha sido propuesta otra interpretación a base de considerar las palabras

como nombres específicos de pesos y medidas con valor numismático. Es decir, que el

mené correspondería a una mina; el teqel al sido (en hebreo sheqel), y el ufarsin sería el plural de

peres, que equivalía a media mina 10. Así, pues, el sentido sería que cada uno de estos pesos

equivaldría a un rey. El mené o mina sería Nabucodonosor; el tequel o sido sería Baltasar, muy

inferior en poderío al primero (el sido valía 1 160 de la mina), y el ufarsin serían los medos y

persas (dos medias minas).

Esta interpretación es ingeniosa y paga su tributo a la erudición; pero debemos tener en

cuenta que el relato sobre la cena de Baltasar es popular, y, por consiguiente, en el juego de palabras

se fija el hagiógrafo en el sentido general de las raíces semíticas de las palabras misteriosas.

No sabemos la forma en que aparecieron las palabras en la pared; quizá en escritura cuneiforme

o en caracteres árameos. Lo importante no era leerlas, sino interpretarlas, y esto es la gran

hazaña de Daniel, premiada por Baltasar conforme a su promesa (v.29). De nuevo se pone de

relieve el triunfo de Daniel sobre los adivinos paganos, como en el caso de la interpretación del

sueño de la estatua.

Nadie puede competir con el Dios de Israel, ni en ciencia ni en poder, y sobre todo nadie

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puede impunemente ofenderle con actos sacrilegos. Tal es la lección que el hagiógrafo quiere dar

a sus lectores. Los hechos confirmaron el triste vaticinio de Daniel, pues aquella misma noche

Baltasar fue muerto de modo violento, dejando su reino en manos de los invasores medo-persas,

al frente de los cuales está, según la Biblia, Darío, rey de Media (ν.31).

La presencia de este nombre resulta embarazosa para los exegetas. ¿Quién es este misterioso

Darío el Medo? En 6:28 aparece mencionado antes de Ciro, y en 11:1 se supone que el

primer año de Darío es anterior al tercero de Ciro (10:1). De esto se deduce que el hagiógrafo

interpone un imperio medo entre el babilónico y el persa de Ciro. Por otra parte, según los datos

históricos extrabíblicos, está fuera de duda que Ciro es el conquistador de Babilonia e inmediato

sucesor del imperio babilónico n. Se han hecho varias hipótesis sobre la posible identificación del

misterioso Darío el Medo; así, algunos lo identifican con el famoso rey Darío Histaspes, que sucedió

a Cambises 12, que hubiera sido gobernador interino de Babilonia con poderes de virrey.

Otros piensan que es el conocido gobernador persa de Babilonia, Gobrías (en los textos cuneiformes

Gubaru), que entró al frente de las tropas persas en la gran metrópoli mesopotámica. Se

le ha querido identificar con Cambises, hijo de Ciro; con Astiages, último rey de Media, vencido

por Ciro; con Ciáxares, hijo de Astiages.

Lo más fácil es suponer que el compilador del libro de Daniel no tenía ideas muy precisas

sobre la historia de Babilonia, y como antes llamó a Baltasar hijo de Nabucodonosor en sentido

amplio, así ahora, recogiendo una tradición confusa y desfigurada, presenta al famoso Darío, rey

de Persia, tercer sucesor de Ciro, pero organizador máximo del imperio persa en satrapías 13 y

muy familiar a la tradición judía por su intervención a favor de la reconstrucción de Jerusalén,

suplantando al imperio babilónico. No olvidemos que el hagiógrafo está preocupado por hacer

una apología religiosa, en la que los datos históricos en sus detalles muchas veces son dados de

lado, interesándose sólo por los que tienen especial importancia en el aspecto religioso que quiere

destacar. Según esto, no debemos urgir demasiado la precisión histórica en la Biblia en detalles

que ni le van ni le vienen a la verdad religiosa.

Otro problema que tendremos que solucionar de modo similar es el de las circunstancias

de la muerte trágica de Baltasar. Según la Biblia, el sacrilego rey fue muerto aquella misma noche

(ν.31). ¿Quiénes.fueron sus asesinos? ¿Los invasores persas? Desde luego no están claras las

circunstancias de la entrada de las tropas de Ciro en Babilonia, aunque parece desprenderse de

los textos cuneiformes que los conquistadores fueron benignos con los vencidos. No parece que

haya habido fuerte lucha por la toma de la ciudad; sin embargo, esto no quita que haya habido

encuentros parciales con las tropas invasoras y luchas intestinas dentro de la ciudad, corno suele

ocurrir cuando una ciudad es asediada, pues no faltan facciones que quieren abrir las puertas al

enemigo, mientras que otras se muestran nacionalistas hasta el último momento.

En el libro de Daniel no se dice expresamente que Baltasar haya muerto a manos de los

persas invasores; por otra parte, sabemos por los escritores griegos que en Babilonia hubo orgías

y francachelas entre la alta sociedad mientras los persas penetraban en la ciudad 14. Durante una

de éstas, bien pudo haber una mano desesperada que diera muerte al que hacía las veces de rey

en ausencia de Nabónides, que estaba en Sippar después de su retiro de Teima. En todo caso, en

la tradición judía había una historia sobre el fin trágico del sacrilego rey babilonio, que se transmitía

de generación en generación como muestra de la justicia divina vengadora. El compilador

del libro de Daniel se hace eco de esta tradición y la presenta como lección religiosa a sus contemporáneos,

que vivían bajo la tiranía de otro rey sacrilego, Antíoco IV Epífanes, pues había

intentado saquear el templo de Jerusalén.

2392

1 El nombre en asirio es Beíshar-usur (“Bel, protege al rey”) y aparece como hijo de Nabónides en la llamada Crónica de Nabónides

(Col 2,18s; en Gressmann, Altor. Texte 367). — 2 Nabónides era usurpador, y no descendía, por la sangre, de Nabucodonosor

(605-562 a. C:. He aquí los nombres de los sucesores de Nabucodonosor: Ewilmerodac (562-560), Neriglisar (560-556), Labosordac

(Labashi-Marduk, 556) y Nabónides (556-539), padre de Baltasar, último rey de los babilonios. Sobre éste véase Herodoto (I

188). Se ha supuesto-que Nabónides se casó con una hija de Nabucodonosor, y entonces, por la madre, Baltasar sería nieto del

gran rey babilonio, y, por tanto, hijo en sentido amplio del lenguaje semítico. Esta madre de Baltasar pudiera ser la reina-madre,

que conoce los detalles sobre Daniel en tiempos de Nabucodonosor (v.10-n). — 3 Estos signos de distinción los encontramos en

Est 8:15; Gen 41:42; cf. Jenofonte, Anab. I 5:8; Ciroped. I 3:2; 1 Mac 10,20. — 4 Se ha sugerido que el término arameo Talti,

equivalente al hebreo shalshi, sería el paralelo ^del shalshu asirio, que designa un alto funcionario. En las inscripciones hititas

aparece el título shalish con este mismo sentido. — 5 Los que quieren ver en esta reina a una hija de Nabucodonosor, madre de

Nabucodonosor y esposa de Nabónides, recuerdan lo que dice Herodoto de la astucia de Notocris, hija de Nabucodonosor (Herodoto,

I 185-87). — 6 Cf. Dan 4:5-6; 6:3. — 7 Los LXX leen “un espíritu santo.” — 8 Los LXX y la Vulgata leen Mane, Thecel,

Phares, suprimiendo el primer mené que leemos en el arameo. — 9 Algún autor ha reparado en la identidad de consonantes en la

palabra par sin y persas, y, en ese caso, la última palabra aludiría a los invasores, como explica después Daniel. — 10 El primero

que propuso esta interpretación fue Clermont-Ganneau. Hoy le siguen Linder, Marti, Driver, Bouzy, etc. Véase el libro de éste Les

symboles de ΓAnden Testament P-303-306 (París 1923). — 11 Los persas entraron en Babilonia el 16 de Tishri (octubre); Ciro entró

en Babilonia el 3 de Marjeswan (fines de octubre); y hay una tableta de contrato fechada el 24 de Mar-jeswan (noviembre) en

la que se llama a Ciro “rey de Babilonia.” — 12 El principal documento para conocer la historia de la caída de Babilonia es la

llamada Crónica de Nabónides, según la cual los hechos se desarrollaron según el orden siguiente: el 14 de Tishri (septiembreoctubre),

Ciro tomó Sippar sin resistencia. Nabónides huyó, siendo hecho prisionero unos días después. El 16 de Tishri, Gubaru,

general de las tropas de Ciro, entra en Babilonia sin resistencia. El 3 de Marjeswan (octubre-noviembre), Ciro entra en Babilonia y

declara terminada la guerra, enviando a Nabónides a Carmama. La conquista, pues, de Babilonia fue pacífica. Cf. GRESSMANN, Altor.

Texte 36653; Cilindro de Ciro lyss. En estos documentos nada se dice de Baltasar. — 13 Dan 6:1. — 14 Cf. Herodoto, I 191;

Jenofonte, Ciroped. 7:5:155. Véase B. Alfrink, Der letze Kónig von Babylon: Bi (1928) 187-205.

6. Daniel, arrojado al foso de los leones.

Este capítulo es muy similar al c.3 por su contenido. Una denuncia de los babilonios dio pie para

que Daniel fuera puesto en peligro de muerte, como antes los tres jóvenes echados al horno

ardiente, siendo salvado milagrosamente como éstos. Y su liberación fue también seguida de un

edicto de reconocimiento de la superioridad del Dios de los judíos. El hagiógrafo quiere aquí

destacar la providencia especial que tiene Dios sobre los que son fieles a las tradiciones religiosas

de los judíos.

Denuncia de los cortesanos contra Daniel (1-9).

1 (2) Resolvió Darío constituir en su reino ciento veinte sátrapas que lo gobernasen, 2

(3) y sobre ellos tres presidentes, de los cuales uno fue Daniel, a quien diesen cuenta

los sátrapas para que no fuese perjudicado el rey. 3 (4) Era Daniel superior a sátrapas

y presidentes, porque había en él más espíritu, y el rey pensó en ponerle sobre

todo el reino. 4 (5) Entonces, presidentes y sátrapas buscaron ocasión de acusar a

Daniel en lo tocante a la administración del reino, mas no hallaron ninguna cosa por

qué denunciarle, pues era fiel y no se veía en él falta ni negligencia. 5 (6) Dijeron entonces

aquellos hombres: No hallaremos en Daniel cosa de qué acusarle si no es por

la ley de su Dios. 6 (7) Vinieron, pues, presidentes y sátrapas a la presencia del rey y

le dijeron así: ¡Vive por siempre, rey Darío! 7 (8) Todos los príncipes de tu reino,

presidentes, sátrapas, magistrados y jueces han acordado en un consejo que se promulgue

y confirme un real edicto mandando que cualquiera que en el espacio de

treinta días hiciera petición alguna a dios u hombre fuera de ti, ¡oh rey! sea arrojado

en el foso de los leones. 8 (9) Confirma, pues, ¡oh rey! el edicto y fírmalo para que

no pueda ser revocado, conforme a la irrevocable ley de Media y de Persia. 9 (10)

Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.

Después de la caída del imperio babilónico, Daniel sigue teniendo mucha ascendencia entre los

2393

conquistadores persas, ya que ocupa uno de los puestos principales de la administración. El rey

es Darío, que, para mejor gobierno, dividió el imperio en 120 satrapías o provincias (v.1). Esta

indicación confirma la hipótesis de una confusión con el famoso Darío Histaspes (521-485), sucesor

de Cambises y gran organizador burocrático del imperio conquistado por Ciro y Cambises

1. Herodoto nos habla de esta división hecha por Darío Histaspes, aunque dice que las satrapías

eran 20 2. No sabemos nada de la organización de los tres superintendentes, entre los que estaba

Daniel. De todos modos, sabemos que los judíos lograron escalar los primeros puestos de gobierno

en la época del dominio persa, como lo prueba el caso de Nehemías.

La preeminencia de Daniel, atribuida a sus excepcionales dotes de espíritu, suscitó la envidia

de los demás cortesanos. La pretensión de éstos de imponer un decreto al soberano parece

que está dentro de las costumbres de la corte persa, gobernada prácticamente por ciertas familias

patricias. Herodoto habla del culto a la persona del rey en Persia 3. Los enemigos de Daniel quisieron,

pues, tomar pie de las prácticas religiosas de Daniel para presentarle como enemigo del

rey (v.7). El foso de los leones al que debía ser arrojado Daniel era una gran cavidad profunda en

tierra, en la que estaban las fieras destinadas a las luchas de animales, a las que eran aficionados

los reyes babilonios. Por Herodoto sabemos que algunas veces eran arrojados a ese foso los criminales

con sus mujeres, e hijos4. La alusión a la irrevocabilidad de las leyes persas está confirmada

por lo que se nos dice en el libro de Ester 5.

Daniel es acusado de no cumplir el edicto (10-15).

10 (11) Cuando supo Daniel que había sido firmado el edicto, entróse en su casa, y,

abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia la ciudad de Jerusalén, hincábase

de rodillas tres veces al día y oraba, confesando a su Dios, como solía hacerlo

antes. 11 (12) Entonces apresuráronse a venir aquellos hombres y hallaron a Daniel

orando y rogando a su Dios. 12 (13) Llegáronse luego al rey y le hablaron acerca del

real edicto: ¿No has firmado tú un decreto mandando que cualquiera que en el espacio

de treinta días hiciese petición a dios u hombre, sino a ti, ¡oh rey! sea arrojado

al foso de los leones? Respondió el rey, diciendo: Así es según la ley de Media y de

Persia, que no puede revocarse. 13 (14) Entonces respondieron ellos diciendo al rey:

Pues Daniel, de los hijos de la cautividad de los judíos, no teniendo cuenta de ti, ¡oh

rey! ni del edicto firmado, tres veces al día hace oración. 14 (15) Al rey, cuando esto

oyó, pesóle sobremanera, y se propuso salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo

haciendo esfuerzos para librarle. 15 (16) Pero aquellos hombres se reunieron ante

el rey y le dijeron: Has de saber, ¡oh rey! que es la ley de Media y de Persia que

edicto u ordenanza que el rey firma es irrevocable.

Daniel hizo caso omiso del injusto edicto, y fiel a sus tradiciones religiosas, hizo en la parte superior

de su casa, con las ventanas abiertas, su oración tres veces al día, mirando hacia Jerusalén,

la Ciudad Santa 6. Los tres tiempos de oración solían ser en la época posterior al exilio: 1) a la

mañana temprano, a la hora del sacrificio matutino en el templo; 2) hacia las tres de la tarde,

cuando se ofrecía el sacrificio vespertino; 3) al caer el sol 7. Los envidiosos cortesanos sabían

seguramente cuáles eran las horas habituales de oración de Daniel, por haberle visto en otras

ocasiones, y así le espían y denuncian al rey (v.13).

Los reyes de la dinastía aqueménida, inaugurada por Ciro, eran extremadamente tolerantes

con los principios religiosos de los pueblos vencidos. Nunca pretendieron imponer su religión

persa. El edicto, pues, hay que entenderlo como una imposición al rey Darío por sus cortesanos.

2394

Este, al oír la acusación, quiso salvar a Daniel, por el afecto que le guardaba y sin duda movido

de su política de tolerancia religiosa, impuesta en su imperio por el conquistador Ciro. Al fin cede

ante la argumentación de sus cortesanos de que los decretos reales son irrevocables.

Daniel, arrojado al foso de los leones (16-24).

16 (17) Mandó entonces el rey que trajeran a Daniel y le arrojaran al foso de los leones.

Y, hablando el rey a Daniel, le dijo: Quiera salvarte tu Dios, a quien perseverante

sirves. 17 (18) Trajeron una piedra, que pusieron sobre la boca del foso de los

leones, y la selló el rey con su anillo y con los anillos de sus grandes para que en nada

pudiera mudarse la suerte de Daniel. 18 (19) Fuese luego el rey a su palacio, y se

acostó ayuno; no se tocaron ante él instrumentos de música y huyó de sus ojos el

sueño. 19(20)Levantóse, pues, muy de mañana y se fue apresuradamente al foso, 20(21)

y acercándose al foso de los leones, llamó con tristes voces a Daniel, y, hablando el

rey a Daniel, decía: Daniel, siervo del Dios vivo, el Dios tuyo, a quien perseverante

sirves, ¿ha podido librarte de los leones? 21 (22)Entonces dijo Daniel al rey: ¡Vive por

siempre, oh rey! 22(23)Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los

leones para que no me hiciesen mal, porque delante de El ha sido hallada en mí justicia,

y aun contra ti, ¡oh rey! nada he hecho de malo. 23(24)Púsose entonces muy contento

el rey, y mandó que sacasen del foso a Daniel. Este fue sacado del foso, y no

hallaron en él herida alguna, porque había tenido confianza en su Dios. 24 (25) Mandó

el rey que los hombres que habían acusado a Daniel fueran traídos y arrojados al

foso de los leones, ellos, sus hijos y sus mujeres, y antes de que llegasen al fondo del

foso, los leones los agarraron y quebrantaron todos sus huesos.

El relato se desenvuelve en el modo convencional que hemos visto al estudiar la adoración de la

estatua de Nabucodonosor. Aquí se pone de relieve el estado pesaroso de Darío al condenar injustamente

a un inocente. Sabía que era un fiel servidor de su reino, y, por otra parte, reconocía

la grandeza del Dios de su ministro, esperando que le salve. El foso fue sellado cuidadosamente

para que nadie pudiera liberar a Daniel. Parece que los desconfiados y envidiosos ministros exigieron

todas las garantías. El rey aquella noche se abstuvo de toda manifestación festiva, pensando

en su fiel Daniel, condenado a un injusto castigo. Muy de mañana se fue a verle, con la esperanza

de que el Dios de los judíos lo hubiera guardado indemne. El resultado fue reconfortante.

Allí estaba Daniel totalmente indemne. El diálogo es bello y conmovedor. Daniel reconoce que

un ángel de su Dios le ha preservado de todo mal, como a los niños en el horno ardiendo.

Convencido el rey del milagro, liberó a Daniel y arrojó en el foso de los leones a sus acusadores.

El triunfo, pues, del fiel siervo de Dios fue total. El hagiógrafo ha querido recoger esta

historia de la época de la cautividad para animar a sus conciudadanos. Siempre está la providencia

de Dios sobre todas las vicisitudes de la vida, y, sobre todo, su protección para con sus siervos

nunca ha quedado desmentida. Es la gran lección religiosa de su libro.

El rey Darío reconoce la grandeza del Dios de Daniel (25-28)

25 (26) Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que

habitan en toda la tierra: “Paz abundante. 26 (27) Mando que en toda la extensión de

mi reino teman todos y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel, porque El es el

Dios vivo, y eternamente subsiste su reino, porque no será jamás destruido, y su

dominación perdurará hasta el fin. 27(28) El libra y salva y obra señales y portentos

2395

en los cielos y en la tierra. El ha librado a Daniel del poder de los leones.” 28 (29) Daniel

prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa.

El triunfo de la causa religiosa de Daniel fue total. El rey, como lo había hecho Nabucodonosor 8,

reconoce en un edicto la superioridad y poder del Dios de Daniel, y pide que todos los pueblos

de su imperio le acaten y reverencien. Desde luego que no tenemos ninguna noticia de este decreto

favorable a los judíos. De nuevo, para valorar la historicidad de este relato, debemos acudir

al género literario empleado en los tratados religioso-apologéticos. Por nuestra parte, creemos

que todos estos relatos de esta primera parte del libro de Daniel hay que colocarlos en el género

de las composiciones didáctico-religiosas, como los libros de Job, Ester, Judit y Tobías.

El hagiógrafo, según el modo de escribir los autores antiguos, se permite poner en boca

de los soberanos paganos ideas y doxologías que expresan sus propios sentimientos teológicos.

Es decir, que, en torno a ciertos hechos históricos que se han transmitido de generación en generación,

los presenta en forma que favorezca el efecto apologético-religioso sobre los lectores. Es

el género literario midrashico, tan corriente en la literatura judía.

1 Cf. Lagrange: RB (1904) 501. — 2 Herodoto, 3:89. Según el libro de Ester, las satrapías eran 127 bajo Jerjes (Asuero). Cf. Est 1:1;

8:9. Es el número que dan los LXX en el texto de Daniel. Flavio Josefo lo recoge (Ant. 10:11:4). — 3 Herodoto, I 99; Plutarco,

Temist. 27:4; Diodor. DE Sic., 3:5. — 4 Cf. Herodoto, 3:11. — 5 Est 1:19; 8:8. — 6 Cf. 1 Re 8:35.38.44.48. — 7 Cf. Sal 33:18.

Véase sobre esto E. Schürer, A Hístory of the Jewish people in the time of Jesús Christi 2:1 p.2go 11.248. — 8 Cf. Dan 3:98-100;

4:31-34

7. Visión de las cuatro Bestias.

Con este capítulo se abre la segunda parte del libro de Daniel, de carácter visionario. El profeta

ahora se presenta como profeta que recibe mensajes de Dios por intermedio de sus ángeles. Sustancialmente,

el esquema ideológico de estas visiones está en la interpretación de la visión de la

estatua que hemos estudiado en el capítulo segundo. Aquel diseño general en el que se anunciaba

una sucesión de reinos históricos que habían de ser suplantados por un reino definitivo teocrático,

va adquiriendo nuevos detalles y relieves.

Aunque las visiones aparecen encuadradas en la época babilónica, sin embargo, las alusiones

a hechos de la época de la persecución de los judíos por los reyes de Siria sitúan al redactor

de estas visiones — puestas en boca de la gran figura tradicional de Daniel — en la época

macabea, es decir, en pleno siglo II a.C. Los rasgos históricos van intercalados con alusiones a

una época escatológica pintada con caracteres apocalípticos. Muchas veces los planos histórico y

escatológico se superponen. Esta oscuridad, característica de la literatura apocalíptica, hace muchas

veces difícil adivinar el pensamiento del hagiógrafo.

Visión de las cuatro bestias (1-8).

1 El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, tuvo Daniel un sueño, y vio visiones

de su espíritu mientras estaba en su lecho. En seguida escribió el sueño. 2 Yo miraba

durante mi visión nocturna, y vi irrumpir en el mar Grande los cuatro vientos del

cielo 3 y salir del mar cuatro bestias, diferentes una de otra. 4 La primera bestia era

como león con alas de águila. Yo estuve mirando hasta que le fueron arrancadas las

alas y fue levantado de la tierra, poniéndose sobre los pies a modo de hombre, y le

fue dado corazón de hombre. 5 Y he aquí que una segunda bestia, semejante a un

oso, y que tenía en su boca entre los dientes tres costillas, se estaba a un lado, y le di2396

jeron: Levántate a comer mucha carne. 6 Seguí mirando después de esto, y he aquí

otra tercera, semejante a un leopardo, con cuatro alas de pájaro sobre su dorso y

con cuatro cabezas, y le fue dado el dominio. 7 Seguía yo mirando en la visión nocturna,

y vi la cuarta bestia, terrible, espantosa, sobremanera fuerte, con grandes

dientes de hierro. Devoraba y trituraba, y las sobras las machacaba con los pies. Era

muy diferente de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos. 8 Estando yo contemplando

los cuernos, vi que salía de entre ellos otro cuerno pequeño, y le fueron

arrancados tres de los primeros, y este otro tenía ojos como de hombre y una boca

que hablaba con gran arrogancia.

La datación de la visión en el año primero de Baltasar es considerada por muchos intérpretes

como adición erudita de un glosista. No sabemos cuándo empezó a reinar Baltasar, hijo de Nabónides,

aunque propiamente nunca llegó a la categoría plena de rey. Algunos creen que fue asociado

al reino con su padre Nabónides en 550-49 a.C. Según el texto bíblico, Daniel tuvo en ese

año una visión. El contenido de la visión es muy peregrino: En el mar Grande irrumpen los cuatro

vientos del cielo (v.2). La expresión mar Grande designa muchas veces al Mediterráneo, pero

aquí puede aludir al caos primitivo, al abismo revuelto por los cuatro vientos, símbolo de las

fuerzas perturbadoras y nocivas, donde, según la mentalidad popular, habitaban los grandes

monstruos, símbolo del mal.

En efecto, de ese caos tempestuoso van a surgir cuatro bestias, que simbolizarán cuatro

reinos que se oponen al establecimiento del reino de los santos. La primera de las bestias era semejante

a un león con alas de águila (v.4). La enumeración de éstas hay que entenderla paralelamente

a la de los diferentes metales de la estatua vista por -Nabucodonosor (c.2). Esta primera

bestia, pues, corresponde a la cabeza de oro de aquella visión. Aquí el león con sus alas parece

ser un calco de las representaciones de los querubes alados, tan frecuentes en la estatuaria babilónica.

Es el símbolo más apropiado, pues, para representar al imperio babilónico de Nabucodonosor.

Debemos tener en cuenta, por otra parte, que el hagiógrafo nos presenta estos símiles de

bestias como aproximaciones. Así dice: “era como león., como leopardo…” Estas frases nos llevan

de lleno al género literario apocalíptico, en el que la imaginación va delante de la inteligencia,

de tal forma que muchas veces se dan detalles que no tienen en realidad valor simbólico conceptual.

Como en la visión de la estatua aparecía simbolizado el reino babilónico por el metal más

noble, y la parte superior del cuerpo (cabeza de oro), así también ahora va a ser simbolizado en

los dos animales más nobles: el león y el águila; el primero, rey de los animales terrestres, y la

segunda, reina de las aves. Hay en el libro de Daniel cierta benevolencia y admiración por los

babilonios, como la hay en el libro de Ezequiel. El profeta puntualiza que a ese león alado le fueron

arrancadas las alas, poniéndose en estado de erección con un corazón de hombre (v.4). La

primera bestia perdió su carácter monstruoso que le daban la mezcla de león y de águila al quitársele

las alas; pero también el león fue humanizado al levantarse sobre sus pies e infundírsele

un corazón de hombre.

Quizá en esto haya una alusión al reconocimiento hecho por Nabucodonosor del Dios de

Daniel, deponiendo así su hostilidad de fiera contra el reino de Dios (3:98-100). O bien en esa

humanización hay que ver una alusión a 4:13, donde se habla de Nabucodonosor convertido en

bestia y después restablecido en su categoría humana al recobrar su conciencia de hombre.

La segunda bestia era semejante a un oso (v.5). Corresponde al pecho de plata de la estatua.

El animal y el metal aquí son de categoría inferior y simbolizarán el mismo reino, es decir, el

medo-persa. Esta segunda bestia estaba alzada de un lado, simbolizando quizá la posición de

2397

acecho, o mejor, la supremacía persa sobre la meda, como parece insinuarse en 8:20. Este oso

tiene en su boca tres costillas, posible alusión a la invasión llevada a cabo por Ciro en tres direcciones:

Lidia (Asia Menor), Babilonia y Egipto. Veremos en el c.8, en la visión del carnero y el

macho cabrío, que el carnero, representante de Persia, según dice el ángel Gabriel, acornea en

tres direcciones: norte, sur y oeste, justamente las tres direcciones que llevaron los soldados de

Ciro y Cambises. Su voracidad de conquistadores queda representada en la frase levántate a comer

mucha carne (ν.6).

La tercera bestia era semejante a un leopardo y corresponde a las piernas de bronce de la

visión de la estatua (c.2). Esta bestia tiene cuatro alas sobre su dorso, para indicar la celeridad de

águila en sus conquistas en las cuatro direcciones del viento. Es el imperio de Alejandro Magno,

el conquistador-relámpago. El profeta ha escogido al leopardo para representar la agilidad inenarrable

de este coloso de la conquista. Las cuatro cabezas de esta excepcional bestia parecen ser

los cuatro sucesores de Alejandro, o Diadocos, que se repartieron el imperio del inmortal macedonio.

Otros prefieren ver en las cuatro cabezas los cuatro reyes de Persia suplantados por Alejandro,

según 11:2. Pero creemos que en el contexto (y por lo que veremos en el capítulo siguiente)

se alude más bien a los cuatro Diadocos.

La cuarta bestia, que es la obsesión del profeta, es mucho más terrible y espantosa (ν.7),

y también más complicada y misteriosa. Corresponde a los pies de barro y de arcilla de la estatua

de Nabucodonosor del c.2. Es tan rara esta bestia, que no encuentra el profeta con qué compararla.

Por otra parte, es de una fiereza y voracidad sin límites, con grandes dientes de hierro, la

cual no se contentaba con comer la presa, sino que machacaba las sobras con sus pies, solazándose

en todo lo que fuera destrucción. Y su agresividad aumentaba porque tenía diez cuernos,

entre los que sobresalía un nuevo cuerno pequeño especial, que, para que creciera, hubieron de

ser arrancados tres cuernos de los diez anteriores. Por otra parte, ese pequeño cuerno tenía ojos

como de hombre y una boca que hablaba con gran arrogancia (v.8).

La descripción es compleja y pormenorizada. Sin embargo, nos da la clave para la identificación

de esta misteriosa cuarta bestia, que no es otra cosa que el imperio seléucida, opresor del

pueblo de los santos, la nación judía en tiempo de los Macabeos. Sus diez cuernos son los diez

predecesores de Antíoco IV Epífanes, que es el cuerno pequeño. que habla con arrogancia (v.8)

! Los tres cuernos arrancados son tres predecesores que han sido muertos por instigación de Antíoco

IV Epífanes, a saber, Seleuco IV, su padre, Heliodoro, y Demetrio, hijo de Seleuco. Vemos,

pues, aquí alusiones claras a hechos políticos de la época de los Macabeos. Esta impresión

la veremos confirmada en la exégesis de los capítulos siguientes. Las arrogancias de Antíoco IV

Epífanes aparecen declaradas en la historia de las guerras contra la nación judía en tiempo de los

Macabeos y culminaron en la abominación de la desolación, a la que se alude en el c.8.

El anciano de días y el juicio (9-12).

9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un anciano de muchos

días, cuyas vestiduras eran blancas como la nieve, y los cabellos de su cabeza como

lana blanca. Su trono llameaba como llamas de fuego, y las ruedas eran fuego ardiente.

10 Un río de fuego procedíay salía de delante de él, y le servían millares de

millares y le asistían millones de millones; el tribunal tomó asiento, y fueron abiertos

los libros. 11 Yo seguía mirando a la bestia a causa de las grandes arrogancias que

hablaba su cuerno, y la estuve mirando hasta que la mataron, y su cuerpo fue destrozado

y arrojado al fuego para que se quemase. 12 A las otras bestias se les había

quitado el dominio, pero les había sido prolongada la vida por cierto tiempo.

2398

El vidente está consternado ante el espectáculo de aquellas bestias, que emergían del océano o

abismo como principios maléficos; y, meditando sobre esta visión, ve en el cielo un espectáculo

grandioso que le reconforta en sus sombríos pensamientos: un tribunal de justicia presidido por

un anciano de días, escoltado por miríadas de seres que le glorifican (v.8). Su trono está envuelto

en llamas de fuego, símbolo de la santidad de Dios, que todo lo purifica a su contacto. La

descripción recuerda la de Ez 1. Ese anciano, venerable por sus días y por sus cabellos blancos,

no es otro que el Eterno, que va a juzgar a los reinos de las naciones, simbolizados en las cuatro

bestias. Ante El están abiertos los libros, en los que se registran las acusaciones y en los que se

han de estampar las sentencias.

El juicio de las bestias comienza con la más maligna y perniciosa, la cuarta, que con sus

arrogancias excitaba la ira divina. Fue condenada al fuego, como Asiría en la profecía de Isaías 2.

Su destrucción será completa y definitiva. Las otras bestias reciben una sentencia más benigna,

pues aunque se les quita el dominio, sin embargo, no se las condena a la total destrucción, sino

que se les permite continuar como naciones, pero sin imperio. Con la desaparición de los cuatro

reinos, simbolizados en las cuatro bestias y en los diversos metales de la estatua del c.2, se cierra

el ciclo histórico de la oposición al reino de los santos, que va a hacer irrupción inmediatamente,

como aquella piedrecita que cayó sobre la estatua de múltiples metales y se convirtió en un monte

elevado, símbolo de un reinado de definitiva estabilidad.

El Hijo de Hombre (13-22).

13 Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi venir sobre las nubes del cielo a un

como Hijo de Hombre, que se llegó al anciano de muchos días y fue presentado ante

éste, 14 Fuele dado el señorío, la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y

lenguas le sirvieron, y su dominio es dominio eterno, que no acabará, y su imperio,

imperio que nunca desaparecerá. 15Túrbeme sobremanera yo, Daniel, en mi cuerpo,

y las visiones de mi mente me desasosegaron. 16 Llegúeme a uno de los asistentes y le

rogué que me dijera la verdad acerca de todo esto. Hablóme él y me declaró la interpretación.

17 Esas grandes bestias, las cuatro, son cuatro reyes que se alzarán en

la tierra. 18 Después recibirán el reino los santos del Altísimo y lo retendrán por siglos,

por los siglos de los siglos. 19 Sentí entonces el deseo de informarme más exactamente

acerca de la cuarta bestia, tan diferente de todas las otras, sobremanera espantosa,

de dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba y hollaba

las sobras con sus pies, 20 así como también acerca de los diez cuernos que tenía en la

cabeza y de aquel otro que le había salido, y ante el cual se le habían caído tres, y

que tenía ojos y boca que decía grandes arrogancias, y parecía más grande que todos

los otros. 21 Vi yo que este cuerno hacía guerra a los santos y los vencía, 22 hasta

que vino el anciano de muchos días y se hizo justicia a los santos del Altísimo, y llegó

el tiempo en que los santos se apoderaron del reino.

En las nubes del cielo, en contraposición al mar Grande, de donde venían las bestias, contempla

el profeta a un como hijo de hombre, es decir, algo parecido a un hombre. Como las bestias eran

semejantes a un león., a un leopardo, así ahora lo que ve en lo alto es semejante a un hombre,

que se acerca al anciano de días, “el Juez eterno” (v.13). La expresión hijo de hombre significa

en la Biblia, como hemos visto en el libro de Ezequiel, simplemente uno que pertenece a la especie

humana. Todo aquí tiene un valor simbólico, pues los cuatro reinos son simbolizados en cuatro

bestias que vienen del mar, mientras que el nuevo reino que los suplanta definitivamente es

2399

muy superior a aquéllos, y por eso es figurado no en una bestia, sino en un hombre, y no viene de

abajo, sino de lo alto, es decir, viene de Dios.

En la visión de la estatua de los múltiples metales, una piedrecita, no arrojada por mano

de hombre, la derrumba y suplanta a los reinos simbolizados en los diversos metales. Pues aquí

un reino que viene de lo alto, de Dios, recibe el señorío, la gloria y el imperio (v.14). Algunos

autores han querido ver en esta procedencia, en las nubes del cielo, una alusión a un personaje de

origen divino 3; pero en el contexto ese hijo de hombre no es propiamente una persona, sino una

colectividad, el reino de los santos del Altísimo, como se dice en el ν.17. Las cuatro bestias simbolizaban

cuatro reinos o colectividades nacionales; el contexto, pues, exige que también lo simbolizado

en el hijo de hombre sea una colectividad nacional, la comunidad teocrática de los

tiempos mesiánicos.

Esto no excluye que en un segundo plano, y en un sentido pleno, esa comunidad esté

representada por un personaje cumbre que la sintetice, el Mesías. De hecho sabemos que

Cristo se apropió el título de Hijo del hombre en su predicación y aludió a su aparición solemne

en las nubes del cielo4. El sentido mesiánico, pues, del fragmento es claro, sea que se trate de la

colectividad mesianica o del Mesías personal, y así lo ha entendido la tradición judía y cristiana

5.

En el contexto de la profecía de Daniel se trata del anuncio de un futuro señorío e imperio,

reconocido por iodos los pueblos y naciones, y ese dominio será eterno. (v.14); expresiones

que en la literatura bíblica del A.T. se aplican siempre a la edad definitiva del mesianismo 6. Así

lo declara uno de los asistentes al trono al propio Daríiel, cuando dice que después de los cuatro

reinos surgirá el reino de los santos del Altísimo, que lo retendrá por los siglos de los siglos

(v.18); y lo mismo se repite en el v.22. Esos santos del Altísimo no son otros que los judíos fieles

(v.25), que serán los ciudadanos del reino mesiánico. Contra ellos se alzaba el pequeño cuerno

de la cuarta bestia (v.20), es decir, Antíoco IV Epífanes. Este será al fin vencido, y los santos

empezarán a sentirse ciudadanos de un nuevo reino como premio a sus sufrimientos.

El cuarto reino (23-28).

23 Díjome así: La cuarta bestia es un cuarto reino sobre la tierra, que se distinguirá

de todos los otros reinos y devorará la tierra toda y la triturará. 24 Los diez cuernos

son diez reyes que en aquel reino se alzarán, y tras ellos se alzará otro que diferirá

de los primeros y derribará a tres de estos reyes. 25 Hablará palabras arrogantes contra

el Altísimo, y quebrantará a los santos del Altísimo, y pretenderá mudar los

tiempos y la Ley. Aquéllos serán entregados a su poder por un tiempo, tiempos y

medio tiempo. 26 Pero se sentará el tribunal y le arrebatarán el dominio, hasta destruirle

y arruinarle del todo, 27 dándole el reino, el dominio y la majestad de todos

los reinos de debajo del cielo al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino será

eterno, y le servirán y obedecerán todos los señoríos. 28 Aquí acabó la plática. Yo,

Daniel, anduve sobremanera turbado por mis pensamientos, demudado el color, y

guardé todo esto en mi corazón.

En este fragmento se concreta bien la cuarta bestia en sus luchas contra el reino de los santos, el

pueblo judío. La pretensión de mudar los tiempos y la Ley es una clara alusión a las tentativas de

los reyes seléucidas, sobre todo Antíoco IV Epífanes, para suprimir la religión judía en lo referente

al culto y a la Ley en general7. El opresor se adueñará de los santos por un tiempo, tiempos

y medio tiempo (ν.26), es decir, por tres años y medio, que es lo que duró la expoliación del tem2400

plo de Jerusalén, desde mediados del 168 a.C. al 25 de diciembre (Quisleu) del 164 a.C., en que

fue purificado de nuevo el templo8.

Será la máxima prueba de los fieles judíos, pero al fin se les hará justicia, ya que el tribunal,

o consejo judicial divino, arrebatará el dominio al perseguidor y lo dará a los santos, que lo

retendrán por los siglos de los siglos (v.27). El desquite de éstos será total. Antíoco, vencido, es

considerado por la tradición cristiana como tipo del anticristo, derrotado al fin del mundo. El

profeta, después de anunciar todo esto, se siente pensativo (v.28), pues aún no comprende plenamente

muchas cosas que ha visto. Es un modo de decir que el esclarecimiento vendrá en los

capítulos que siguen.

1 He aquí la lista de los diez predecesores de Antíoco IV Epífanes: 1) Alejandro Magno (336-323), creador del imperio; 2) Seleuco I

Nicator (312-280); 3) Antíoco I Soter (280-261); 4) Antíoco II Theos (261-247); 5) Seleuco II Calínico (246-226); 6) Seleuco III

Cerauno (226-222); 7) Antíoco III el Grande (222-187); 8) Seleuco IV Filopator (186-176); 9) Heliodoro (176); i o) Demetrio I

Soter (176). — 2 Cf. Is 30:33. — 3 Cf. Ex 14:24; 16:10; Lev 16:2; Núm 9:15; 10:34; 11.25; Dt 31:15; Is 19:1; Ez 1:4. — 4 Cf. Mt

16:27; 24:30; 26:64; Me 13:26; Lc 21:27; Ap 1:7; 14:14. — 5 Los judíos llegaron a dar al Mesías el título de Anani, que significa

“El de las nubes.” Cf. M. J. Lagrange, Le Messianisme chez les Juifs (1909) p.224-228; ID., Le Judaisme av. . C. (1930) 62-69. En

la tradición cristiana es común la aplicación a Cristo, interpretando sus palabras ante Caifas: San Justino, Dial, cum Tryph. 76.79:

PG 6:651.662; San Ireneo, Contra haereses c.2O n.n: PG 7:1039-1040; Tertuliano, Adv. Marc. III 7; IV 39: PL 2, 358.488; San

Jerónimo, In Dan. 7:13: PL 25:533; San Juan Crisóstomo, Adh. ad Theodo-rum lapsum 12; Homil. n contra Anamaeos 3; Expos.

in Ps. no n.2: PG 47:294; 55:281; Eusebio, 'Demonst. Ev. 1.9 n.17: PG 22:806. — 6 Sobre el sentido de este vaticinio cf. M. J.

Lagrange, Les Prophéties messianiques de Daniel: RB 13 (1904) 504; D. Buzy, Les symboles de VA.T. (París 1923) p.29os; J.

Gotts-Berger, Das Buch Daniel (Bonn 1929) p-56; S. R. Driver, The book of Daniel (Cambridge Bible, 1900) p.io2s; E. KÓNIG,

Die Messianische Weissagungen (Stuttgart 1923) p.296-297; J. Chaine, Introd. a la lecture des Prophétes (1929) Ρ·261; Saydon,

Verbum Dei (Barcelona 1956) p.641s; Auge, Daniel: “Biblia de Montserrat” (1954) p.114s; G. Rinaldi, Dámele (Torino 1947)

p.85s. — 7 Cf. 1 Mac 44-49· — 8 La frase un tiempo, tiempos y medio tiempo reaparece en 12:7.11.12, donde se habla de mil

trescientos treinta y cinco días; Ap 11:2; 13:5. En Dan 8:14 se habla de mil ciento cincuenta días, y en 12:11 de mil doscientos

noventa días, que vienen, grosso modo, a equivaler a tres años y medio, que duró la profanación del templo. Cf. 1 Mac 1:20.29;

4:52-53.

8. Visión del Carnero y del Macho Cabrío.

Las vicisitudes del pueblo judío van a ser reflejadas con más detalles en estos capítulos que siguen.

La datación de la visión es del año tercero de Baltasar, pero su contenido se refiere detalladamente

a la época de los Seléucidas de Siria, opresores de Palestina en el siglo II. Este capítulo

está redactado en hebreo, mientras que el anterior lo estaba en arameo; pero es una clara

continuación de éste. La disposición es muy similar: visión (1-14) y explicación hecha por un

ángel (15-27).

Contenido de la visión (1-14).

1 El año tercero del reinado de Baltasar, yo, Daniel, tuve una visión, a más de la que

había tenido anteriormente, 2 y, estando en la visión, me pareció hallarme en Susa,

la capital, en la provincia de Elam, y estar durante la visión cerca del río Ulai. 3 Alcé

los ojos y miré, y vi un carnero que estaba delante del río. Tenía dos cuernos, y aunque

ambos eran altos, el uno era más alto que el otro, habiendo crecido más después

del otro. 4 Vi al carnero acornear a poniente, a norte y mediodía, sin que bestia alguna

pudiera resistirle y sin que nadie pudiera librarse de él. Hacía cuanto quería y

se engrandeció. 5 Pero en esto vino un macho cabrío sin tocar la tierra con sus pies y

con un cuerno entre los ojos. 6 Llegó al carnero de los dos cuernos que había visto

delante del río, y corrió contra él con la furia de su fortaleza. 7 Vi que le acometía,

rompiéndole ambos cuernos, sin que el carnero tuviera fuerza para resistirle, y,

echándole por tierra, le pisoteó, sin que nadie pudiera librar al carnero. 8 El macho

2401

cabrío llegó a ser muy potente; pero, cuando lo fue, se le rompió el gran cuerno, y en

su lugar le salieron cuatro cuernos, uno a cada uno de los vientos del cielo. 9 Del uno

de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho hacia el mediodía y el oriente y

hacia la tierra gloriosa, 10 engrandecióse hasta llegar al ejército de los cielos, y echó

a tierra estrellas y las holló. 11 Aun contra el príncipe del ejército se irguió, y le quitó

el sacrificio perpetuo y destruyó su santuario. 12 Convocó impíamente ejércitos contra

el sacrificio perpetuo, echó por tierra la verdad, hizo con buen éxito lo que quiso.

13 Entonces oí hablar a uno de los santos, respondiendo a otro santo que le preguntaba:

¿Hasta cuándo va a durar esta visión de la supresión del sacrificio perpetuo

de la asoladora prevaricación y déla profanación del santuario?14 Entonces dijo:

Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas. Luego será purificado el gran santuario.

La datación en el año tercero de Baltasar quiere indicar que esta visión es continuación de la del

capítulo anterior. Quizá esta datación es obra de un glosista posterior. Daniel es transportado

imaginariamente a Susa, capital de Elam, destruida por Asurbanipal, reconstruida por Darío Histaspes

(521-485) y lugar de residencia de los reyes persas en invierno. Por esa capital pasaba el

río Ulai, que es el Eulaeus de los escritores clásicos 1. Elam era una provincia de la nueva Persia.

Daniel ve imaginariamente a un carnero que está delante del río (v.3), que simbolizaba el imperio

medopersa. La elección del carnero para designar a Persia es muy apropiada, porque, según

la astronomía babilónico-persa, el reino de Persia estaba subordinado al signo del zodíaco del

ariete. El carnero que veía Daniel tenía dos cuernos, uno mayor que el otro, es decir, el conglomerado

étnico medo-persa.

El más alto correspondía a Persia, que había suplantado a Media en la hegemonía nacional

(habiendo crecido mas después del otro, v.3). Ciro, príncipe de la provincia del norte de Persia,

Anzán, venció al rey de Media, Astiajes, y se declaró soberano de Persia y de Media en 549

a.C. Después se lanzó hacia occidente. Es lo que quiere indicar el profeta al decir que el carnero

acorneaba a poniente, a norte y a mediodía (v.4), las direcciones seguidas por los invasores persas:

Babilonia, Lidia (Asia Menor) y Egipto, en tiempos de Cambises, sucesor de Ciro. Es la segunda

bestia, semejante al oso que hemos visto en 7:5 con tres costillas entre los dientes. El poderío

persa fue exorbitante, de forma que nadie podía con él. Todos los pueblos le estaban sometidos

y no había esperanzas de liberarse de él.

Pero inesperadamente aparece en escena un macho cabrío que avanza tan apresuradamente,

que apenas toca la tierra con sus pies (ν.6). Es la tercera bestia o leopardo con cuatro

alas del 0.7, es decir, Alejandro Magno, que vertiginosamente se hace dueño del Próximo Oriente.

Acometió al carnero de los dos cuernos, es decir, al imperio medo-persa, rompiéndole ambos

cuernos. La victoria fue total. Alejandro Magno atravesó el Helesponto en 334, derrotó al rey de

Persia Darío Codomano en 333, cruzó Palestina, conquistó Egipto y fundó Alejandría y después

se dirigió a Persia, venciendo a los restos del imperio persa en Arbela en 331. La carrera militar

no pudo ser más vertiginosa. El profeta quizá escogió la figura del macho cabrío para designar a

Alejandro Magno, porque Siria (cuya provincia habían de regentar los sucesores de él, los Seléucidas,

opresores de los judíos) está bajo el signo del Capricornio en la distribución astronómica

de los babilonios. En todo caso, el único cuerno del macho cabrío simboliza a Alejandro Magno

(v.5). Después creció desmesuradamente su imperio, llegando hasta la India (v.8); pero en su

pleno apogeo murió el gran macedonio (se le rompió el gran cuerno) en 323, a la edad de treinta

y dos años.

Al desaparecer el imperio se desmembró en cuatro partes, adjudicadas a los cuatro Dia2402

docos (y en su lugar le salieron cuatro cuernos, uno a cada uno de los vientos del cielo, v.8), que

son: 1) Casandro (Macedonia y Grecia), al occidente; 2) Lisímaco (Asia Menor, con Paflagonia y

el Ponto), al norte; 3) Seleuco (Siria, Babilonia hasta el Indus), al este; 4) Ptolomeo (Egipto), al

sur. Al menos así quedó dividido el imperio en 301 después de la batalla de Ypso, en Frigia,

aunque hubo antes un período de luchas por el imperio entre los generales.

Los Seléucidas son los que más preocupan al profeta, por la importancia que tienen en los

asuntos del pueblo judío, sobre todo Antíoco IV Epifanes, que es el cuerno pequeño, salido de

uno de los cuatro (v.9), y que se extendió hacia el mediodía, el oriente y hacia la tierra gloriosa

(V.9), es decir, hacia Egipto, Mesopotamia y Palestina, respectivamente. En 165 a.C., Antíoco IV

Epifanes hizo una expedición contra las regiones del Tigris y Eufrates. La tierra gloriosa o hermosa

es la tierra de los judíos 2, por ser el lugar de morada del pueblo elegido. En efecto, Antíoco

IV invadió reiteradamente la Palestina en su paso hacia Egipto, intentando ahogar los sentimientos

religiosos de los judíos. En su arrogancia pretendió igualarse a Zeus, poniendo en sus

monedas una estrella en la frente 3.

Quizá aquí la expresión ejército de los cielos aluda al pueblo de Dios, llamado también

pueblo de los santos4, y entonces se comprende bien la frase siguiente de que echó a tierra estrellas

y las holló, es decir, con sus opresiones logró hacer abandonar la religión judía a muchos de

los más altos representantes del pueblo judío. El príncipe del ejército en ese caso es Dios, que en

el v.25 se llama príncipe de príncipes, y en 11:36 Dios de los cielos. El profeta quiere decir que

el pequeño cuerno atacó el centro religioso donde moraba Dios, el templo de Jerusalén, suprimiendo

el sacrificio perpetuo (v.1-1), es decir, el sacrificio cotidiano, que se ofrecía por las mañanas

y las tardes5. La alusión es clara a la profanación del templo de Jerusalén por Antíoco IV

Epifanes en 168 a.C., suprimiendo con ello el sacrificio diario6; y echó por tierra la verdad

(v.12), es decir, trató de destruir la fe monoteística de los judíos.

La profanación culminó en laasoladora prevaricación (v.13), que la Vg traduce por la

abomination desolationis,” que no es sino la entronización del ídolo abominable sobre el altar

de los sacrificios 7. Esto representaba para el alma judía el mayor sacrilegio concebible. Justamente

la supresión del sacrificio y profanación del santuario duró unos tres años y medio, que es

lo que respondió a uno de los santos otro santo, que parece ser Gabriel. Daniel finge un diálogo

celeste entre los ángeles para dar más impresión de misterio. En 10:5-6 aparece un personaje

misterioso, que puede ser también uno de estos interlocutores.

En la literatura apocalíptica es muy común esta multiplicación de interlocutores, que no

tienen otra misión que rodear de misterio y de interés los diálogos imaginativos. Así, el autor del

libro de Daniel presenta a su protagonista dialogando con seres misteriosos celestiales en torno a

problemas que inquietan al lector. Uno de ésos dice que la supresión del sacrificio durará dos mil

trescientas tardes y mañanas (v.14), es decir, mil ciento cincuenta días, o sea, unos tres años y

medio. La frase corresponde a un tiempo, tiempos y medio tiempo que hemos visto en 7:25. El

santuario fue profanado en junio del 168 a.C. y consagrado de nuevo en diciembre del 165 a.C. 8

Quizá el punto de partida en el cómputo sea el 15 de diciembre del 168, en que se erigió el ídolo

abominable. El autor dice tardes y mañanas, en vez de días, para computar el número de sacrificios

omitidos, que debían ofrecerse uno por la mañana y otro por la tarde. Este período de tres

años y medio es computado de modo diferente en distintos textos en cuanto al detalle 9, pero sustancialmente

parece clara la alusión al período que duró la profanación del templo bajo Antíoco

IV. La época de desolación terminará con la purificación del santuario, que se cumplió en el 25

de diciembre (Quisleu) de 165 a.C., después de la victoria de Judas Macabeo 10.

2403

Interpretación de la visión (15-27).

15 Mientras yo, Daniel, contemplaba la visión y buscaba la inteligencia, púsose ante

mí un como hombre, 16 y oí una voz de hombre que de en medio del Ulai gritaba y

decía: Gabriel, explícale a éste la visión. 17 Vino éste luego cerca de donde estaba yo,

y al acercarse me sobrecogí y caí sobre mi rostro. El me dijo: Atiende, hijo de hombre,

que la visión es del fin de los tiempos. 18 Al hablarme caí entontecido sobre el

rostro, pero él me tocó y me hizo estar en pie, 19 y me dijo: Voy a enseñarte lo que

sucederá al fin del tiempo de la ira, pues tendrá fin ese tiempo. 20 El carnero de dos

cuernos que has visto son los reyes de Media y de Persia; 21 el macho cabrío es el rey

de Grecia, y el gran cuerno de entre sus ojos es el rey primero; 22 el romperse y salir

en su lugar otros cuernos, cuatro reyes que se alzarán en la nación, mas no de tanta

fuerza como aquél.23 Al final de su dominación, cuando se completen las prevaricaciones,

levantaráse un rey imprudente e intrigante; 24 su poder crecerá, no por su

propia fuerza, y producirá grandes ruinas y tendrá éxitos, y destruirá a poderosos y

al pueblo de los santos. 25 Por sus prosperidades y por el éxito de sus intrigas, se llenará

de arrogancia su corazón, y hará perecer a muchos que vivían apaciblemente,

y se levantará contra el príncipe de los príncipes, pero será destruido sin que intervenga

mano alguna. 26 La visión de las tardes y mañanas es verdadera; guárdala en

tu corazón, porque es para mucho tiempo. 27 Yo, Daniel, quedé quebrantado y estuve

enfermo algunos días, y cuando convalecí, me ocupé en asuntos del rey. Estaba

asombrado de la visión, pero nadie la supo.

Daniel va a transmitir personalmente la interpretación de la visión sobre el carnero y el macho

cabrío, que ya hemos explicado.

Para dar mayor interés al relato, finge un diálogo con un intérprete oficial, según es ley en

los libros apocalípticos. Gabriel, el intérprete oficial en sus comunicaciones con los hombres, le

adelanta a Daniel que la visión se refiera al v.11 de los tiempos (ν.17). En el v.18 puntualizará

que se trata del fin del tiempo de la ira, que, como veremos, no es sino la terminación de la época

de persecución de Antíoco IV Epífanes.

Sigue luego la identificación del carnero y macho cabrio, como hemos visto anteriormente;

es decir, los reyes de Media y de Persia, el de Grecia y sus cuatro sucesores. El rey imprudente

e intrigante no es otro que el pequeño cuerno, es decir, Antíoco IV, que hizo guerra a la

tierra gloriosa y contra el principe de los príncipes, que es el Dios de los judíos (v.25). Después

el ángel intérprete le invita a prestar atención a la fisión de tardes y mañanas, es decir, a los

hechos que han de transcurrir durante esos tres años y medio, en los que culminará la persecución

de los fieles. Daniel quedó quebrantado y enfermo por la impresión recibida.

1 Cf. Plinto, Hist. Nat. 6:27. Sobre Susa cf. Neh 1:1; Est 1:1. — 2 Cf. 11:16.42. — 3 Cf. 2 Mac 9:10. — 4 Cf. 7:17.27; Henoc 90,24.

— 5 Cf. Ex 29:38-42. La expresión holocausto perpetuo sólo aparece aquí en el A.T., pero se hace corriente en la literatura rabínica

posterior. — 6 Cf. 1 Mac 1:45.59; 4:52-53. — 7 Cf. 1 Mac 1:57. — 8 Cf. 1 Mac 21:24.49-57; 4:26-59. — 9 Cf. 7:25; 9:27;

12:11. — 10 Cf. 1 Mac 1:54; 4:525.

9. Profecía de las Setenta Semanas.

Daniel está pensativo sobre el fin de la cautividad y sobre las palabras que le han comunicado.

2404

El profeta Jeremías había anunciado que la cautividad duraría setenta años. Este lapso de tiempo

está pronto a cumplirse; por otra parte, Gabriel le ha dicho que lo que le anuncia es para el fin de

los tiempos. ¿Cómo compaginar ambos datos? De nuevo el arcángel Gabriel le aclara que la profecía

de Jeremías se cumplirá puntualmente en lo relativo a la reconstrucción de la Ciudad Santa;

pero, respecto al fin de las calamidades, los setenta años se convertirán en semanas de años.

Introducción (l-4a).

1 El año primero de Darío, hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser

rey del reino de los caldeos, 2 el año primero de su reinado, yo, Daniel, estaba estudiando

en los libros el número de los setenta años que había de cumplirse sobre las

ruinas de Jerusalén, conforme al número de años que dijo Yahvé a Jeremías, profeta.

3 Volví mi rostro al Señor, Dios, buscándole en oración y plegaria, en ayuno, saco

y ceniza, 4a y oré a Yahvé, mi Dios, y le hice esta confesión:

La datación presenta una de las anomalías históricas clásicas en el libro de Daniel, pues se presenta

a Darío, rey de Media y de los 'caldeos, como hijo de Asuero o Jerjes, que más bien era

hijo de Darío. De nuevo tenemos que acudir al modo popular de escribir del compilador del libro

de Daniel, el cual, viviendo en el siglo π a.C., se hacía eco de tradiciones cuya historicidad en los

detalles es muy relativa. Siempre debemos volver a la idea de que esta antología fragmentaria

que es el libro de Daniel es de tipo apologético-religioso, sin pretensiones de crítica histórica.

Así, muchas veces las dataciones históricas resultan anacrónicas. El carácter artificial de esta

compilación heterogénea explica todas estas anomalías críticas.

Según la datación del libro, lo que va a narrar tuvo lugar bastante tiempo después de la

visión del capítulo anterior, ya que aquélla fue en el año tercero del rey Baltasar, mientras que

ahora se pone la meditación de Daniel el primer año de Darío, después de la conquista de Babilonia

en 538 a.C. Daniel meditaba sobre el contenido de la famosa profecía de Jeremías de que la

cautividad duraría setenta años. Es una alusión a Jer 25:11 y 29:10, donde el profeta anuncia a

los desterrados que deben prepararse para un largo destierro. Naturalmente, las palabras de Jeremías

no han de tomarse en sentido matemático de setenta años, sino en el amplio de una larga

generación. De todos modos, el redactor del libro de Daniel va a jugar con la cifra matemática en

sus cálculos sobre la interpretación de la profecía.

En efecto, en el primer año de Darío estaban para cumplirse literariamente (partiendo del

605 a.C.) los setenta años de Jeremías, y el redactor del libro de Daniel presenta a su protagonista

inquieto porque la situación de la cautividad lleva camino de alargarse. Daniel se decide a renovar

sus prácticas de penitencia para que Dios abrevie la cautividad y le esclarezca la profecía.

Oración y confesión de Daniel (4b-19).

4b Señor, Dios grande y temible, que guardas la alianza y la misericordia con los que

te aman y cumplen tus mandamientos: 5 Hemos pecado, hemos obrado la iniquidad,

hemos sido perversos y rebeldes, nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus

juicios, 6 no hemos hecho caso a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron

a nuestros reyes, a nuestros príncipes y a todo el pueblo de la tierra. 7 Tuya es, Señor,

la justicia, y nuestra la vergüenza en el rostro, que llevan hoy todos los hombres

de Judá, los moradores de Jerusalén, todos los de Israel, los de cerca y los de lejos,

en todas las tierras a que los arrojaste por las rebeliones con que contra ti se rebelaron.

8 ¡Oh Yahvé! nuestra es la vergüenza en el rostro de nuestros reyes, de nuestros

2405

príncipes, de nuestros padres, porque contra ti pecamos. 9 Pero es de Yahvé, nuestro

Dios, el tener misericordia y el perdonar, aunque nos hayamos rebelado contra El. 10

No obedecimos a la voz de Yahvé, nuestro Dios, andando en sus leyes, que por mano

de sus profetas puso delante de nosotros, 11 y todo Israel traspasó tu Ley, alejándose

para no oír tu voz. Por eso vino sobre nosotros la maldición y el juramento escrito

en la Ley de Moisés, siervo de Dios, por haber pecado contra El. 12 El ha cumplido

su palabra, la que dijo de nosotros y de los jefes que nos gobiernan, trayendo sobre

nosotros males tan grandes como no los hubo nunca debajo del cielo, cual fue el

hecho en Jerusalén. 13 Vino todo este mal sobre nosotros como está escrito en la Ley

de Moisés, y no hemos implorado a Yahvé, nuestro Dios, con virtiéndonos de nuestras

iniquidades y reconociendo tu verdad. 14 Por eso veló Yahvé sobre este mal y lo

trajo sobre nosotros, porque justo es Yahvé, nuestro Dios, en todas cuantas obras

hace, pues no obedecimos a su voz. 15 Ahora, pues, Señor Dios nuestro, que sacaste a

tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa y te hiciste nombre cual lo tienes

hoy, hemos pecado santo, pues por nuestros pecados y las iniquidades de nuestros

padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de cuantos nos rodean. 17 Oye, pues,

Dios nuestro, la oración de tu siervo, oye sus plegarias, y por amor de ti, Señor, haz

brillar tu faz sobre tu santuario devastado. 18 Oye, Dios mío, y escucha. Abre los

ojos y mira nuestras ruinas, mira la ciudad sobre la que se invoca tu nombre, pues

no por nuestras justicias te presentamos nuestras súplicas, sino por tus grandes misericordias.

19 ¡Escucha, Señor! ¡Señor, perdona! ¡Atiende, Señor, y obra; no tardes,

por amor de ti, Dios mío, ya que es invocado tu nombre sobre tu ciudad y sobre tu

pueblo!

Esta oración es hermosa sin duda, pero no tiene nada de originalidad, ya que está hecha sobre un

patrón literario común en la Biblia, adaptable a toda situación de angustia nacional. Primero se

confiesan sinceramente los pecados, reconociendo la justicia divina al castigar a Israel por sus

infidelidades, y por fin se pide misericordia, apelando al honor del nombre de Yahvé, que es

invocado por su pueblo l. Pues que la justicia divina ha sido satisfecha, el profeta espera y pide

que se acelere la hora de la misericordia.

Ya Moisés había anunciado grandes castigos al que no fuera fiel a la observancia de las

leyes por él impuestas en nombre de su Dios 2. Por tanto, los judíos no deben extrañarse de la

dureza del castigo. Durante generaciones la ira divina se ha ido colmando, y ahora tienen que

expiar por los propios pecados y por los de sus reyes, príncipes y pueblo en general. Pero, como

en otro tiempo Dios manifestó su poder en los milagros del Éxodo, debe ahora desplegar su omnipotencia

en bien de su pueblo, desterrado de nuevo en Mesopotamia. El estilo de la oración es

ampuloso y artificial.

La profecía de las setenta semanas (20-27).

20 Todavía estaba yo hablando, rogando, confesando mi pecado y el pecado de mi

pueblo, Israel, y presentando mis súplicas a Yahvé, mi Dios, por el monte santo de

mi Dios; 21 todavía estaba hablando en mi oración, y aquel varón, Gabriel, a quien

antes vi en la visión, volando rápidamente, se llegó a mí, como a la hora del sacrificio

de la tarde. 22 Vino y, hablando conmigo, me dijo: Daniel, vengo ahora para

hacerte entender. 23 Cuando comenzaste tu plegaria, fue dada la orden, y vengo para

dártela a conocer, porque eres el predilecto. Oye, pues, la palabra y entiende la vi2406

sión: 24Setenta semanas están prefijadas sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa para

poner fin a la prevaricación y cancelar el pecado, para expiar la iniquidad y traer

la justicia eterna, para sellar la visión y la profecía y ungir el santo de los santos. 25

Sabe, pues, y entiende que desde la salida del oráculo sobre el retorno y edificación

de Jerusalén hasta un ungido príncipe habrá siete semanas, y en sesenta y dos semanas

se reedificarán plaza y foso en la angustia de los tiempos. 26 Después de las

sesenta y dos semanas será muerto un ungido, sin que tenga culpa. Y destruirá la

ciudad y el santuario el pueblo de un príncipe que ha de venir, y su fin será en una

inundación, y hasta el fin de la guerra están decretadas desolaciones. 27 Y afianzará

la alianza para muchos durante una semana, y a la mitad de la semana hará cesar el

sacrificio y la oblación y habrá en el santuario una abominación desoladora 3 hasta

que la ruina decretada venga sobre el devastador.

Mientras el profeta confesaba su pecado, es decir, el pecado colectivo de su pueblo, en el que se

incluía él mismo, como hemos visto en la oración anterior, se le apareció Gabriel, como lo había

hecho en la visión anterior4. Era la hora de la ofrenda de la tarde 5, cuando Daniel está reconcentrado,

pensando en la profecía de Jeremías. El ángel le comunica que desde que comenzó su oración

había sido dada la orden o declaración sobre la profecía de Jeremías que va a seguir (v.24-

27). Dios ha respondido con prontitud, porque Daniel es su predilecto por su fidelidad en todo.

La aclaración que le va hacer Gabriel es complicada y le pide la máxima atención. Aquí

parece que nos hallamos de nuevo ante artificios de la literatura apocalíptica, en la que juega una

parte muy importante lo convencional. La clave de toda la interpretación es el número de setenta

semanas de la profecía reiterada de Jeremías 6. Ya hemos indicado que este número no ha de tomarse

aritméticamente, sino como simbólico, en el sentido de una generación amplia. El número

setenta ha sido quizá escogido por la combinación de la multiplicación de 7 X 10, guarismos

muy preferidos en la literatura bíblica como símbolo de multitud y de plenitud.

El ángel quiere mostrar que la salvación esperada llegará, pero después de un lapso de

tiempo muy largo, que quiere enmarcar en el número recibido de setenta semanas, pero de años.

Las semanas de años eran conocidas de los judíos en las leyes del año sabático y del jubileo7. El

ángel Gabriel anuncia al ansioso Daniel que han sido prefijadas por Dios setenta semanas. Es

decir, que el número de setenta años de la profecía de Jeremías se ha convertido en setenta semanas

de años. El horizonte, pues, de expectación se amplía considerablemente. Aún deben pasar

muchos años antes de que el pueblo y la ciudad de Jerusalén adquieran la plena liberación

como consecuencia de la cancelación de la prevaricación y del pecado (v.24). Con esta frase, la

profecía se dirige claramente a la era mesiánica. La principal característica de los tiempos mesiánicos

en la literatura profética tradicional es la desaparición del pecado, el reinado de la justicia y

de la equidad 8.

En la perspectiva, pues, del autor del libro de Daniel no se trata tanto de la reconstrucción

de Jerusalén después del exilio cuanto de la manifestación de la teocracia mesiánica, cuando se

establezca la justicia eterna y se selle la visión y la profecía, es decir, se cumplan los esperados

vaticinios mesiánicos. El mejor sello de las profecías es su cumplimiento, pues con él demuestran

su autenticidad y origen divino. Israel en su historia había vivido de las esperanzas de la

época venturosa mesiánica. Y una de las señales del advenimiento de la era mesiánica es la unción

del santo de los santos; expresión que en la Biblia se suele aplicar a cosas sagradas, como el

altar de los holocaustos, la tienda de la alianza y los vasos sagrados 9. Por las particularidades y

alusiones históricas que veremos al estudiar el v.27, parece que aquí el santo de los santos es la

nueva dedicación del templo y del altar del templo de Jerusalén, realizada por los Macabeos en

2407

165 a.C., después de la profanación del mismo por Antíoco IV Epífanes.

La perspectiva del hagiógrafo se centra en la historia de las persecuciones de los Macabeos,

como veremos más adelante. Para el autor sagrado, la nueva dedicación del templo de Jerusalén

señala una nueva era de ventura, que puede considerarse como el umbral de los tiempos

mesiánicos. En su deseo de sembrar esperanzas entre sus contemporáneos, perseguidos por los

Seléucidas, el hagiógrafo les presenta como próxima la inauguración de la era mesiánica anhelada,

en la que desaparecería toda angustia e injusticia. Después de anunciar a Daniel el largo lapso

de tiempo que ha de haber para el cumplimiento de estas cosas que reflejan el advenimiento de

la era mesiánica, el ángel intérprete, Gabriel, va a especificar más en concreto los detalles de

hechos que han de ocurrir en el término de estas setenta semanas de años, que aritméticamente

nos dan cuatrocientos noventa años, aunque debemos volver a insistir en el valor convencional

del número setenta.

El hagiógrafo, en la elaboración de la profecía, está trabajando con el pie forzado de los

setenta años de la profecía de Jeremías y procura amoldarse, en general, a ese número, transformado

por él en setenta semanas de años. Teniendo en cuenta esto, no debemos dar mucha importancia

a las cifras concretas que va a dar a continuación. Ciertamente lo esencial profetice del

fragmento está en este v.24, donde se habla de la implantación de la justicia eterna y del sello de

la visión y de la profecía, que el hagiógrafo presenta como futuro inmediato a su generación

oprimida del siglo II a.C. Todo lo demás (v.25-27) parece una mera esquematización histórica de

hechos conocidos y realizados, presentados, conforme al género apocalíptico, como futuros.

El ángel intérprete, Gabriel, divide el período de setenta semanas en tres partes: a) siete

semanas de años (cuarenta y nueve años), que se cancelan con la aparición de un ungido príncipe;

b) sesenta y dos semanas (cuatrocientos treinta y cuatro años), durante las cuales se reedificarán

plaza y foso en la angustia de los tiempos (v.25) y se cerrarán con la muerte de un ungido

sin que tenga culpa 10; c) con la muerte de éste se inaugura la última semana, que se caracterizará

por una encarnizada persecución de todo lo sagrado, realizada por el pueblo de un príncipe

que ha de venir (v.26b). Pero, al fin, este príncipe será aniquilado ante la inundación de la justicia

divina, que caerá como una tromba, aunque hasta entonces habrá desolaciones por doquier.

El hagiógrafo está obsesionado por los acontecimientos de esta terrible última semana,

que se abre con la muerte de un ungido inocente y se cierra con la muerte de un príncipe perseguidor.

La obra persecutoria culminará en la mitad de la última semana, cuando este príncipe

haga cesar el sacrificio y la oblación (v.27), buscando alianza con muchos. Su labor de captación

será grande. Como veremos, esta alianza parece ser una alusión a los esfuerzos de Antíoco

IV Epífanes por atraerse a su programa de helenización a los judíos n. Su obra paganizadora culminará

al profanar el santuario, colocando sobre el altar del templo la estatua de Júpiter Olímpico,

que será la abominación desoladora, o, traducida con un semitismo, “la abominación de la

desolación,” según los LXX y la Vg. Esta situación durará hasta que sea aniquilado el devastador

(v.27) 12·

Interpretación Mesiánica De Las “Setenta Semanas.”

En el campo católico podemos distinguir dos interpretaciones corrientes, según se acepte

la división tripartita del oráculo, conforme al texto hebreo, o la bipartita, seguida por la Vulgata y

los LXX. Todo depende del terminus a quo que se tome en el cómputo. Los que aceptan la lectura

de la Vg movidos de un interés apologético, procuran retrasar en lo posible el punto de partida

en el cómputo de las famosas setenta semanas. La palabra clave para basar el cómputo matemático

de la profecía está en el ab exitu sermonis, que hemos traducido por desde la salida del orá2408

culo del v.25. ¿A qué se refiere en el contexto esta palabra u oráculo?

En el contexto parece claro que las palabras de Gabriel se refieran al oráculo de Jeremías

sobre la duración de la cautividad, que debía durar setenta años. Sobre este oráculo versaba la

meditación e inquietud de Daniel cuando se le apareció el arcángel para explicarle su sentido.

Ciertamente que éste meditaba sobre la profecía de Jeremías, expresada en 25:11 y 29:10 del libro

de Jeremías, que hoy tenemos como canónico. En 25:11, Jeremías habla de la destrucción de

Babilonia después de setenta años, lo que suponía el fin del cautiverio de los judíos. Y esta profecía

está fechada en el año 605 a.C. 13 En 29:10 de Jeremías se anuncia no sólo la destrucción de

Babilonia, sino que expresamente se vaticina el retorno del pueblo exilado después de setenta

años de cautiverio. Y este oráculo fue proferido en 596 a.C. 14

Por otra parte, en las palabras de Gabriel a Daniel se menciona expresamente el oráculo

sobre el retorno y reconstrucción de Jerusalén, que va unido al retorno de los exilados. En el

contexto, pues, el oráculo no es otro que la profecía de Jeremías sobre la que meditaba Daniel;

en consecuencia, al hacer el cómputo de años de las semanas, hay que partir de una de las fechas

en que Jeremías profirió su oráculo, es decir, en 605 o en 596 a.C.

A pesar de esto, muchos exegetas católicos, pensando más en el término ad quem, toman

otro punto de partida, que no avala el contexto. Es decir, preocupados con dar un sentido matemático

a la profecía en lo tocante a la aparición del Mesías-Jesucristo, buscan un punto de partida

que cubra las sesenta y nueve semanas de años de la Vg; y así, tomando como referencia la

muerte de Cristo (término ad quem) hacia el 30 d. C., calculan los 483 de las sesenta y nueve semanas

hacia atrás, y llegan a un decreto de Arta-jerjes que dio a Esdras en el 458 a.C. 15 en favor

de los judíos, o a ptro decreto que dio el mismo rey a Nehemías en 445 a.C. 16 Esta posición será

muy apologética, pero muy poco científica, ya que nada insinúa en el contexto de Dan 9:25 que

el sermo se refiera a este decreto. Por otra parte, el verdadero decreto de retorno y edificación de

la ciudad lo dio Ciro en 538 a.C.

Según la opinión que comentamos, y que sigue la distribución de la Vg, la primera parte

del período sería siete y sesenta y nueve semanas de años, que se cierran con la aparición de un

Christum ducem, que es el mismo Christus muerto, que aparece después de las sesenta y dos semanas

en el v.25. Pero entonces ¿cómo se explica la distinción de siete y sesenta y dos semanas

para significar sesenta y nueve? Por otra parte, según esta hipótesis, la última semana sería el

tiempo que va desde la muerte de Cristo (hacia el 30 d. C.) hasta la destrucción de Jerusalén por

Tito (70 d. C.), en que se cumpliría la abominación de la desolación de que habla Dan 9:27. En

este supuesto, ¿cómo se ha de encajar en una semana de año (siete años} el tiempo que va desde

el año 30 al 70 d. C. ? Los que patrocinan esta opinión dan un valor matemático exacto al cómputo

de las setenta semanas, y entonces deben dar razón de la distribución matemática de los distintos

números. Por otra parte, ¿cómo explicar la división de la última semana en dos mitades?

(v.27).

La otra hipótesis, que nos parece más razonable, se basa en la, distribución que leemos en

el texto hebreo, y que, por otra parte, no da un valor excesivamente matemático a las cifras, sino

que supone como base el valor simbólico del número setenta, tanto en la profecía de Jeremías

como en la explicación de Gabriel a Daniel. Según esta opinión, el punto de partida (desde la

salida del oráculo) es la reiterada profecía de Jeremías de que la cautividad durará setenta años.

Sobre este número simbólico, con significación de una amplia generación, el autor del libro de

Daniel distribuye sus cálculos artificialmente, preocupándose, sobre todo, de la última semana,

que le obsesiona, y cuyas particularidades refleja morosamente. Todo el período anterior es un

encasillado artificial en orden a lograr un cómputo de setenta semanas de años, conforme a los

2409

setenta años de la profecía de Jeremías. El autor, pues, trabaja con un pie forzado, que es el número

setenta. La distribución que va a dar de los dos períodos primeros es sólo aproximativa.

Distingue, pues, esta segunda opinión tres períodos: el primero dura siete semanas de

años, a partir del oráculo de Jeremías proferido en 605 y en 596 a.C. Computando, a partir de

cualquiera de esas fechas, cuarenta y nueve años grosso modo, nos lleva hacia el 538 a.C., en que

hace su aparición un ungido príncipe, Ciro, el libertador de los judíos, que por su obra en favor

de los judíos es saludado en Is 45:1 como ungido de Yahvé, y en 45:13 se dice de él que edificara

mi ciudad. La primera parte, pues, de siete semanas se cierra con la aparición de este gran

bienhechor del pueblo israelita.

Con el decreto de libertad de los judíos y la protección que les dio en la reconstrucción de

su ciudad y templo, se abre la nueva etapa del vaticinio, que dura sesenta y dos semanas de años,

es decir, cuatrocientos treinta y cuatro años. Durante este tiempo se reedificará la plaza y el foso

en la angustia de los tiempos (v.25b). En estas palabras quedan reflejadas las angustias y estrecheces

con que se cumplió la reconstrucción de la Ciudad Santa, tal como lo conocemos por los

libros de Esdras y de Nehemías 17. Se nos dice en estos libros que los que reconstruían la ciudad

tenían que tener en una mano la azada y en la otra la espada, para defenderse contra las incursiones

de samaritanos y amonitas.

Esta segunda etapa del oráculo de Daniel se cierra con la muerte de un ungido 18, que parece

ser, por el contexto siguiente, el sumo sacerdote Onías III, que fue asesinado en Antioquía

en 171 a.C. 19 Con la muerte de éste, la profecía entra en su tercera etapa, que dura una semana,

dividida en dos partes. Durante esta última semana de años ocurren las grandes desgracias a que

se alude en los v.26b y 27.

Sabemos por la historia de los Macabeos que Antíoco IV Epífanes, después de su expedición

a Egipto, expolió el templo de Jerusalén 20 (un pueblo con un jefe destruirá la ciudad y el

santuario, v.26, e inició una labor de captación entre los judíos para ganarlos a su causa de helenización

y de abandono de las leyes patrias 21, culminando su obra disolvente en la prohibición

de la ofrenda y el sacrificio 22 y la erección, en el 15 de Quisleu (diciembre) de 168 a.C., del ídolo

abominable (abominación desoladora o abominación de la desolación, v.27) 23 justamente a

la mitad de la semana de años, que se inicia en el 171 a.C. con la muerte del ungido del Señor,

Onías III. La cesación del sacrificio, más o menos, duró media semana de años (tres años y medio),

pues en el 25 de Quisleu (diciembre) del 165 a.C. tuvo lugar la purificación y la nueva dedicación

del templo 24.

Por fin, esta semana de años angustiosa termina con la muerte desastrosa del devastador

Antíoco IV, que muere en el 164 a.C., desesperado y despreciado de todos25. Tenemos, pues, que

desde el 171 a.C. (muerte de Onías II1) hasta el 164 a.C. (muerte del perseguidor Antíoco IV)

hay justamente siete años (una semana de años). Al estudiar los c.11-12 de Daniel veremos más

particularidades, que se cumplen al detalle en estos turbulentos días de persecución del tiempo de

los Macabeos.

Como verá el lector, esta interpretación, más conforme al contexto y a las exigencias del

texto mismo 26, supone que sólo el v.24 es netamente mesiánico, pues en él se anuncia, después

de las setenta semanas de años, la implantación de un reinado de justicia, con la desaparición del

pecado. Lo que se dice en los v.25-27 cae fuera de la perspectiva mesiánica, y más bien refleja

hechos históricos” contemporáneos del hagiógrafo anteriores, expresados en forma profética,

conforme al modo de escribir de los apocalípticos.

Por otra parte, esta interpretación, como antes hemos indicado, no da un valor matemático

a los números, sino que los considera aproximativos con valor simbólico. El hagiógrafo quiere

2410

encajar dentro del número setenta tradicional de la profecía de Jeremías hechos muy distantes de

la historia, y tiene una preocupación obsesionante por los hechos de la última semana; de ahí que

todo lo anterior lo considere como accidental y sin mayor importancia.

Esta es la explicación de que el número cuatrocientos treinta y cuatro años, exigido por

las sesenta y dos semanas de la segunda parte de la profecía, resulte demasiado grande para medir

el período que va desde el 538 (aparición de Giro, ungido) a 171 a.C. (muerte del ungido

Onías II1).

Se suele objetar contra esta interpretación la declaración de Cristo en el sermón escatológico:

“Cuando viereis la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel en el lugar

santo, entonces los que estén en Judea huyan a los montes.”27. Sin duda que el Señor, con estas

palabras, se refería a los hechos trágicos que iban a suceder en Jerusalén con el asedio de Tito en

el año 70 d. C. La expresión abominación de la desolación aparece tres veces en el libro de Daniel

28. En dos de ellas, ciertamente el autor del libro de Daniel se refiere a la devastación realizada

por Antíoco IV Epífanes en tiempos de los Macabeos. En 12:11 se dice que la profanación

del templo y el tiempo de la duración de la abominación de la desolación durará mil doscientos

noventa días (es decir, media semana de años; tres años y medio más o menos), lo que coincide

con lo que se dice en el texto que comentamos sobre las setenta semanas en Dan 9:27. Ahora

bien, ¿a cuál de estos textos del libro de Daniel se refiere Jesucristo ?

En cualquiera de estos textos parece que la abominación de la desolación en el libro de

Daniel se refiere a la profanación del templo por Antíoco IV Epífanes. Cristo pudo tomar el texto

de Daniel sobre la profanación del templo en la época de los Macabeos como tipo de la otra gran

profanación que tendrá lugar en el año 70 d. C. con ocasión de la destrucción de Jerusalén por el

ejército romano 29.

Ahora queda la dificultad general: si en esta profecía se anuncia la inauguración de los

tiempos mesiánicos, como se dice en el v.24, después de la época macabea (supuesta nuestra interpretación),

¿cómo puede conciliarse este vaticinio con el hecho de que el Mesías haya aparecido

realmente ciento sesenta y cuatro años después? Esta dificultad debe resolverse al tenor de

lo que hemos dicho al explicar la profecía del Emmanuel de Isaías, es decir, teniendo en cuenta

que los profetas carecen de perspectiva histórica del tiempo y, por tanto, superponen los planos

históricos muchas veces en el horizonte profético. Es decir, el profeta vive preocupado con los

problemas de su tiempo, y su misión en tiempos de angustia y de crisis de la conciencia nacional

es reavivar la esperanza de salvación en virtud de las tradicionales promesas mesiánicas.

Los profetas son hombres de su tiempo y de la era mesiánica, en cuanto que todas sus esperanzas

se centran en torno a los tiempos gloriosos de la aparición del Mesías. Tienen muchas

veces revelaciones especiales sobre el hecho mesiánico, aunque se les oculten las circunstancias

del mismo. Para ellos, el espacio de tiempo que hay entre su época y la mesiánica no tiene

importancia, y, por otra parte, en sus ansias de reavivar las esperanzas en el pueblo, anuncian

la era mesiánica como próxima, aunque en realidad no saben cuándo vendrá.

En el caso concreto de nuestra profecía del libro de Daniel, el hagiógrafo, que vive las

angustias de la persecución religiosa contra su pueblo en tiempo de los Macabeos, anuncia como

próxima la inauguración de los tiempos mesiánicos. Para excitar más la curiosidad de sus lectores

ha estructurado la historia de su pueblo tomando como base el número setenta de la profecía

de Jeremías y distinguiendo etapas históricas, que se han cumplido, para entrar ya en la zona del

misterioso futuro que se abre al cerrarse la época macabaica 30.

1 Tenemos ejemplos de oraciones similares en Esd 9:6-15; Bar 1:15-3:8; Dan 3:25-45. Sobre las coincidencias de fraseología cf. Neh

1:5; Dt 7:9; 1 Re 8:47; Dt 17:20; Jer 44:4.21 ; Neh 9,34. — 2 Sobre estas amenazas cf. Lev 26; Dt 28:36-37.63-68; 29:24-28;

2411

30:1-10. — 3 El TM dice literalmente: “y sobre el ala horrores, devastaciones, hasta que la consumación decretada se derrame sobre

el desolador.” Nuestra traducción es una combinación del texto hebreo y del griego, que nos parece más inteligible en el contexto.

La Bible de Jé-rusalem traduce: “sobre el ala (del templo) será la abominación de la desolación hasta el fin, hasta el término

asignado al desolador.” — 4 Cf. 8:15-18. 6 Cf. Jer 25:11; 29:10. — 5 Cf. Ex 29:383; Núm 28:45. 7 Cf. Lev 25:2.4.5; 26:34.35.43;

2 Par 36:21. — 8 Cf. Is 1:26; 9:6; 4:3. — 9 Cf. Ex 29:36; 30,26-28; 40,11; Lev 8:10-11; Núm 7:1.10.84.88. Sólo en 1 Crón 23:13,

por metonimia, se aplica la frase a Aarón. — 10 Así traducimos según la reconstrucción de Lagrange, basada en el paralelismo de

Teodoción: “no hay juicio para él.” Parece que ha habido una confusión de palabras hebreas. Cf. Lagrange, La prophétie des

soixante-dix semaines de Daniel: RB 39 (1930) p.15s. — 11 Cf. 1 Mac i,lis. — 12 El P. Abel supone que había alguna inscripción

con dedicatoria a Júpiter Olímpico, que en hebreo es Baal Shamayim (“Señor de los cielos”), con cuyo nombre haría juego de palabras

el shomen (“desvastador”). Cf. ABEL, Vivre et Penser (1941) p.244. Esta división del oráculo en tres partes es según el texto

hebreo, pues la Vulgata lo divide en dos partes: — a) siete y sesenta y dos semanas, que se cerrarían con la aparición de un Christum

ducem; b) la última semana. Así, pues, sesenta y nueve semanas serían la primera parte del vaticinio, y una semana la segunda

y última parte. Según esta lectura, la interpretación será diferente de la que vamos a exponer conforme a nuestra versión del

texto hebreo. — 12 Cf. Jer 20:1. — 13 Cf. Jer 25:1. — 15 Cf. Esd7:8; 11-26. — 16 Cf. Neh 1:1; 2:1-9. — 17 Cf Esd 4,rs; Neh

6:1s; 9,37- — 18 El texto hebreo no dice “el ungido,” con artículo, sino que está indeterminado, lo que indica que no es el mismo

que el ungido príncipe, cuya aparición cerraba las siete semanas de — años primeras. Por otra parte, nada insinúa en el contexto

que ese nuevo ungido sea el Mesías. Los LXX y la versión de Teodoción traducen por unción (χρίσμα), es decir, una cosa ungida,

traducción que pasó a la Vetus Latina. Los Padres griegos y latinos así lo entendieron, y no aplicaron este texto a Jesucristo. 22 Cf.

1 Mac 1:47. — 19 Cf. 2 Mac 4:7s. 23 Cf. 1 Mac 1:5? — 20 Cf. 1 Mac 1:21; 2 Mac 5:11. 24 Cf. 1 Mac 4:52. — 21 Cf. 1 Mac

1:31.45.55; 2 Mac 4:12. 25 Cf. 1 Mac 6:16; 2 Mac 9:9.28. — 26 Esta interpretación es seguida por Lagrange, Ceuppens y gran parte

de los exegetas católicos actuales. — 27 Cf. Mt 24:15. — 28 Estos textos de Daniel son, además de este de 9:27, que ahora estudiamos,

11:31: “A su orden (de Antíoco IV) se presentarán tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y harán cesar el sacrificio perpetuo y alzarán la

abominación desoladora.” Y en 12:11: “Después del tiempo de la cesación del sacrificio y del alzar la abominación desoladora, habrá mil doscientos

noventa días.” — 29 No puede esgrimirse como argumento contra nuestra interpretación la supuesta unanimidad de los Santos Padres, ya que

ésta no existe sino en el sentido general mesiánico que hemos propuesto. Cf. San Hipólito: PG 10,746; San Jerónimo: PL 25:542; San Hilario:

PL 9:1054; San Ambrosio: PL 15:1808; San Agustín: PL 33:899. — 30 Sobre esta profecía véase Lagrange, a.c., y RB (1904) 514; Bigot:

DTC IV 75-102; Uppens, De prophetiis messianicis in A.T. 505-2; Saydon, Verbum Dei II p.6o4ss (Barcea 1956); Chaine,

o.c., 2625; A. Colunga: “Ciencia Tomista,” 21 (1920) 285-305.

10. Luchas del pueblo de Dios y liberación.

Es la última visión del libro de Daniel. Está datada en el año tercero de Ciro y es como una introducción

a las revelaciones de los c.11-12, donde hablará de las incidencias y luchas entre los

Seléucidas de Siria y los Ptolomeos de Egipto. El estilo es plenamente apocalíptico. Los personajes

e interlocutores se multiplican, y la dramatización de las escenas domina el carácter literario

del mismo. De nuevo encontraremos aquí el diálogo de ideas teológicas plasmadas en personajes

imaginarios.

Aparición de un ángel resplandeciente (1-7).

1 El año tercero de Ciro, rey de Persia, fue hecha a Daniel, llamado Baltasar, una

revelación. Esta revelación es verdadera y anuncia una gran calamidad. Puso atención

a la palabra y tuvo la inteligencia de la visión. 2 Por aquellos días, yo, Daniel,

estuve en duelo tres semanas. 3 No comí manjar delicado ni entró carne ni vino en

mi boca, ni me ungí, hasta que no pasaron las tres semanas. 4 El día veinticuatro del

primer mes hallábame a las orillas del gran río Tigris. 5 Alcé los ojos y miré, viendo

a un varón vestido de lino y con un cinturón de oro puro. 6 Su cuerpo era como de

crisólito; su rostro resplandecía como el relámpago; sus ojos eran como brasas de

fuego; sus brazos y sus pies parecían de bronce bruñido, y el sonido de su voz era

como rumor de muchedumbre. 7 Yo solo, Daniel, vi la visión; los que conmigo estaban

no vieron nada, pero se sobrecogieron de terror y huyeron a esconderse.

La datación es considerada por muchos autores como adición erudita de un glosista, pues es extraño

el título rey de Persia en vez de Babilonia i. También es extraño el cambio de la tercera

persona en la primera. Daniel tuvo, según el texto, una revelación en la que se anunciaba una

2412

gran calamidad para su pueblo. El profeta estaba ansioso por conocer lo que acaecería a su pueblo

en los días posteriores (v.14), y por eso se pone en estado de ayuno y de duelo. La visión tuvo

lugar en el veinticuatro del primer mes, que en el cómputo babilónico es el de Nisán (marzoabril).

Era el mes en que se celebraba la Pascua de los panes ázimos, en cuyos días había que

comer el pan de la aflicción. El lugar de la aparición, a orillas del gran río Tigris (v.4). Generalmente

se considera la palabra Tigris como glosa, ya que en la Biblia el gran río es siempre el

Eufrates 2, en cuyas orillas se asentaba Babilonia, donde se hallaba Daniel.

Ante sus ojos se desplegó una visión parecida a la de la inauguración del ministerio profético

de Ezequiel, dominada por la aparición de un varón vestido de lino y con un cinturón de

oro (v.5). Es un ser celestial, desbordante de esplendor 3. El color del vestido de lino y el oro recalcan

la idea de luminosidad característica de los seres celestiales en la Biblia. El aspecto de ese

ser superior es tan impresionante, que Daniel quedó aterrado. Sus acompañantes no ven nada,

como en el caso de la visión de San Pablo camino de Damasco 4.

Daniel, reconfortado (8-21).

8 Quédeme yo solo, y vi esta gran visión. No quedaron en mí fuerzas; se demudó el

color de mi rostro, quedé desencajado y perdí todo mi vigor. 9 Oí el sonido de sus

palabras, y, en oyendo el sonido de sus palabras, caí aturdido rostro a tierra. 10 Pero

me tocó una mano, sacudiendo mis rodillas y mis manos, n y me dijo: Daniel, varón

predilecto, está atento a las palabras que voy a decirte, y ponte en pie en el lugar en

que estás, pues he sido enviado a ti. Una vez que me habló, púseme en pie temblando.

12 Díjome: Nada temas, Daniel, pues desde el primer día en que diste tu corazón

a entender y a humillarte en presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y por

ellas he venido yo a ti; 13 pero el príncipe del reino de Persia se me opuso veintiún

días; mas Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi ayuda, y yo prevalecí

allí sobre los reyes de Persia 5. 14 Vengo ahora para darte a conocer lo que sucederá

a tu pueblo en los tiempos venideros, pues a estos tiempos se refiere la visión. 15

Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra y mudo, 16

cuando he aquí que uno que parecía un hijo de hombre tocó mis labios; abrí la boca

y hablé, diciendo al que delante de mí estaba: Mi señor, la visión me ha llenado de

espanto y he perdido todo vigor. 17 ¿Cómo va a poder el siervo de mi señor hablar a

mi señor? Me faltan las fuerzas y no tengo aliento. 18 Entonces el que parecía hijo

de hombre, me tocó de nuevo y me confortó. 19 Luego me dijo: ¡Nada temas, varón

predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas,

y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido. 20 El me dijo: ¿Sabes para qué

he venido yo a ti? Porque tengo que volverme luego a luchar con el príncipe de Persia,

y, saliendo yo, vendrá el príncipe de Grecia. 21 Pero yo te daré a conocer lo que

está escrito en el libro de la verdad. Nadie me ayuda contra ellos, si no es Miguel,

vuestro príncipe.

Este fragmento es sumamente curioso por su contenido, y es preciso entenderlo a la luz de este

simbolismo característico de los escritos apocalípticos, viendo en los personajes sobre todo la

personificación de ideas teológicas. Ya hemos tenido ocasión de ver en los capítulos anteriores

cómo el autor del libro de Daniel concibe la historia como una sucesión de imperios que van

preparando, sin saberlo, la irrupción del reino de los santos. En la visión de la estatua de diversos

metales del c.2 encontramos el esquema general ideológico de todas las visiones siguientes. En

2413

los capítulos 7 y 8, las líneas generales de este esquema se van explicitando, y en este capítulo 10

encontramos el desarrollo de la misma línea simbólica: Daniel está aturdido por la gran visión

que acaba de tener; un ángel le toca y le habla, disculpándose de no haber venido antes, aunque

su oración fue oída desde que puso su corazón a entender (v.12), es decir, desde que se decidió

Daniel a hacer penitencia y humillarse ante Dios para comprender la visión.

El hagiógrafo quiere destacar la eficacia de la oración del fiel judío Daniel. Lo interesante

de la declaración del ángel es que éste confiesa que un principe del reino de Persia no le permitió

llegar, deteniéndole veintiún días antes de socorrer a Daniel (ν.13). Sólo después que recibió

la ayuda de Miguel, uno de los príncipes supremos, pudo venir en auxilio del angustiado Daniel.

Pero después tiene que volver a luchar con el príncipe de Persia (v.20), sin decir que le vencerá,

aunque añade que aparecerá el rey de Grecia. Todas estas palabras parecen extremadamente

enigmáticas si se prescinde del modo de escribir de los autores apocalípticos. Podemos decir que

aquí el autor del libro de Daniel no hace sino dramatizar la historia en función de determinadas

ideas teológicas. ¿Quiénes son este príncipe de Persia que detiene al ángel, y el rey de Grecia

que aparecerá después de la lucha entre el ángel misterioso y aquél?

En la tradición teológica ha estado bastante extendida la opinión de que aquí los príncipes

de Persia y de Grecia y el hombre que habla a Daniel con Miguel son los angeles protectores de

los respectivos pueblos de Persia, Grecia e Israel. Todos defienden los derechos de sus pueblos, y

de ahí esa colisión entre ellos. No parece muy teológico esto de suponer que los angeles buenos

protectores luchen entre sí, oponiéndose a la realización de los designios divinos. Por otra parte,

el género literario del fragmento bíblico que comentamos nos da una explicación mucho más

sencilla. Estos príncipes no son sino una personificación dramatizada de los respectivos reinos de

Persia y Grecia, que se oponen al advenimiento del reino de los santos, patrocinado por el

ángel intérprete y el protector por excelencia del pueblo judío, Miguel.

El representante de los intereses del pueblo de los santos ha tenido que luchar denodadamente

por vencer primero al reino de Persia y después al de Grecia (de cuyos sucesores, los Seléucidas

y Ptolomeos, se va a ocupar en los capítulos siguientes) antes de que triunfe la causa del

reino de los santos, que no es otro que la piedra que derrumbó la estatua de los múltiples metales

del sueño de Nabucodonosor. El ángel, o personaje resplandeciente vestido de lino que hemos

visto al principio del capítulo, es la personificación del designio providencial de Dios en la historia,

que va preparando la inauguración del reino de los santos, es decir, de la era mesiánica,

venciendo las resistencias de los imperios que le precedieron. En su lucha es auxiliado poderosamente

por el protector tradicional de Israel, el arcángel Miguel (v.21).

La gran lucha, vencido el príncipe de Persia, va a comenzar con el rey de Grecia (los Seléucidas

y Lagidas), como se expresará en el capítulo siguiente. Por fin, el designio de Dios (personificado

en ese personaje refulgente como el bronce) triunfará de la última oposición a la instauración

del reino de los santos, que es la lucha contra el pueblo judío y sus instituciones en

tiempo de los Macabeos. Por eso anuncia este personaje a Daniel que le comunicará lo que sucederá

en los tiempos venideros (v.14), es decir, la última tentativa de oponerse a la instauración

del reino de los santos, que terminará con la victoria total de la causa de Dios, lo que supone

la inauguración de la era mesiánica.

1 Los LXX leen “en el año primero de Ciro.” — 2 Cf. Gen 15:18; Jos 1:4. — 3 Algunos autores identifican este misterioso personaje

interlocutor con el de 8:16 — 4 Act 9. — 5 Los LXX traducen: “yo le he dejado.” Con un ligero cambio del hebreo, notarti en

hotarti, tenemos he prevalecido; así Teodoción.

2414

11. Las luchas entre Siria y Egipto. Persecución de los Judíos.

En este capítulo encontramos explicitados al detalle hechos que en los capítulos anteriores fueron

anunciados de un modo más general. Aunque no se dan nombres concretos — según el estilo

de la literatura apocalíptica — , sin embargo, los detalles que se describen son tales, que no es

difícil identificarlos históricamente. La narración empieza de modo más genérico, con alusiones

al reino de Persia y de Grecia, para centrarse en las relaciones minuciosas de los dos reinos —

seléucida de Siria y lagida de Egipto — que tenían más trascendencia en la vida política y religiosa

del pueblo judío.

Luchas entre los reyes de Siria y de Egipto (1-19).

1 El año primero de Darío el medo, yo estuve allá para animarle y sostenerle. 2 Y

ahora voy a darte a saber la verdad: Habrá todavía tres reyes en Persia, y el cuarto

acumulará más riquezas que los otros; cuando por sus riquezas sea poderoso, se levantará

contra el reino de Grecia. 3 Pero se alzará un rey valeroso que dominará

con gran poder y hará cuanto quiera. 4 Y cuando esté en la altura, se romperá su reino

y será dividido hacia los cuatro vientos; no será de sus descendientes ni ya tan

poderoso como fue, pues será dividido y pasará a otros distintos de ellos. 5 El rey del

mediodía vendrá, se hará fuerte, pero uno de sus jefes será más fuerte que él y dominará,

siendo potente su dominación. 6 Al cabo de algunos años se aliarán, y la hija

del rey del mediodía vendrá al rey del norte para restablecer la concordia, pero no

conservará ella la fuerza de su brazo ni permanecerá él en su brazo; ella será entregada,

y con ella los que la trajeron, con su padre y con el que entonces había sido su

sostén. 7 Un retoño de sus raíces se alzará en su lugar y vendrá con ejército y entrará

en las plazas fuertes del rey del norte; dispondrá de ellas y se hará poderoso. 8 Aun a

sus dioses, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y oro los cogerá y

se los llevará a Egipto. Estará luego algunos años alejado del rey del norte, 9 y éste

marchará contra el rey del mediodía y se volverá a su tierra. 10 Su hijo saldrá a

campaña y reunirá una muy fuerte muchedumbre de tropas, avanzará y se derramará

como un torrente; se desbordará, pero se volverá, y llevará las hostilidades

hasta la Fortaleza, 11 El rey del mediodía se enfurecerá, y, saliendo, atacará al rey

del norte, levantará una gran muchedumbre, y las tropas del rey del norte serán

puestas en sus manos. 12 Esta muchedumbre se ensoberbecerá, y el corazón del rey

se hinchará, derribará a muchos millares, pero no triunfará, 13 porque el rey del

norte volverá con una muchedumbre más numerosa que la primera, y al cabo de algún

tiempo marchará con un gran ejército y muchos aprestos. 14 Entonces se alzarán

muchos contra el rey * del mediodía, y hombres violentos de su pueblo se rebelarán

para cumplir la visión y sucumbirán. 15 El rey del norte avanzará y alzará baluartes

y se apoderará de ciudades fuertes. Los ejércitos del mediodía no resistirán, faltos

de fuerza para resistir. 16 El que avanza contra él hará lo que quiera y nadie podrá

resistirle, y se quedará en lo mejor de la tierra, exterminando cuanto caiga en su

mano. 17 Querrá adueñarse de todo el reino del mediodía, y le dará su hija por mujer

con la intención de llevarle a la ruina; pero no sucederá esto, la cosa no le saldrá

como quería. 18 Volverá sus ojos del lado de las islas y tomará muchas, pero un jefe

pondrá fin al oprobio que sobre ellas quiso echar, y el oprobio recaerá sobre él. 19

Acogeráse luego a las fortalezas de su tierra, pero se tambaleará y caerá y no se le

2415

hallará.

La frase del ν. ι el año primero de Darío el medo parece glosa de un escriba que quiere datar la

profecía al estilo de otros capítulos anteriores 1. El texto exige continuar el relato anterior, en que

está hablando el ser refulgente que es la personificación del designio de Dios en la historia, el

cual es ayudado por Miguel, el valedor de los derechos del pueblo judío. Va a explicitar lo que

antes dijo, empezando por la historia de los reyes de Persia. Los cuatro reyes de Persia de que

habla, parecen ser: Ciro (550-529), Cambises (529-521), Darío Histaspes (521-485), y el cuarto,

famoso por sus riquezas, que hará la guerra a Grecia, es Jerjes (485-465), el cual en 480 intentó

invadir el continente europeo para derrotar a Grecia 2. Aunque los persas fueron derrotados en el

sigloV reiteradamente por los valerosos griegos (en Platea, Salamina, Maratón), sin embargo, el

que dará el golpe de gracia al imperio persa es Alejandro Magno, que es el rey valeroso del ν.3.

Pero su imperio será efímero, pues en el cénit de sus victorias militares y en plena juventud morirá

en Babilonia en 323 a.C., siendo dividido su reino hacia los cuatro vientos, es decir, entre los

cuatro generales o Diadocos 3. Ninguno de ellos será de sus descendientes (v.4). En efecto, los

dos hijos de Alejandro fueron asesinados unos trece años después de la muerte del gran macedonio4.

Por otra parte, el imperio desmembrado nunca llegó a ser tan poderoso como en tiempo de

Alejandro. El hagiógrafo, después de enumerar a grandes rasgos la historia de Persia y de Grecia

bajo Alejandro, pasa a hablar detalladamente de las incidencias político-militares dé dos de los

sucesores del caudillo macedonio (los Seléucidas de Siria y los Lagidas de Egipto), porque afectan

a la trayectoria histórica del pueblo judío. El rey del mediodía es el de los Ptolomeos de

Egipto; luchará denodadamente por la posesión de Palestina, que se hallaba en la encrucijada

geográfica de ambos reinos rivales. En la distribución del imperio de Alejandro, Egipto y Libia

quedaron bajo la égida del general Ptolomeo I, hijo de Lagos (de ahí el nombre de lagida dado a

su dinastía). Desde el 322 al 306 a.C. gobernó sus provincias con la categoría de estratega, pretendiendo

después el título de rey. Es el rey del mediodía de que habla el v.5.

Uno de sus jefes o generales llegó a ser más fuerte que él. Se trata del general Seleuco

Nicator, a quien en principio le correspondió la satrapía de Babilonia y Siria en la convención de

Triparadisus del 321 a.C.; pero por las intrigas de Antígono (a quien había correspondido el Asia

Menor) tuvo que refugiarse en Egipto, sirviendo como general de Ptolomeo I Lagos. Después de

la batalla de Gaza en 312 y después de recuperar su satrapía de Babilonia, fundó un reino propio

en Siria (de su nombre Seleuco se llamará la dinastía de Siria de los Seléucidas) 5. Su dominación

fue creciendo desmesuradamente al vencer a su contrincante Antígono en Ipso (301 a.C.); y su

reino comprendía entonces desde Frigia y Capadocia hasta el Indus, siendo en realidad un gran

imperio, cuya capital desde el año 300 es Antioquía de Siria.

Naturalmente, al punto surgieron los choques con los Lagidas de Egipto. El hagiógrafo,

deseoso de centrar su narración en la época de los Macabeos, pasa por alto las incidencias habidas

entre el sucesor de Seleuco I (Antíoco I Soter: 281-261/60) y los Lagidas, diciendo que después

de algunos años (v.6) se entablaron conversaciones diplomáticas para poner fin a las hostilidades.

Para ello, Ptolomeo II Filadelfo (285-246) intentó casar a su hija Berenice con su rival

Antíoco II Theos (261/60-247/46) de Siria, pero poniendo como condición que éste se divorciara

de su mujer Laodice, y, en consecuencia, los hijos habidos de ésta renunciaran a la herencia del

trono. Con ello, Ptolomeo creía poder un día anexionarse el imperio de Siria.

Pero, a la muerte de éste, Antíoco II de Siria se divorció de Berenice, tomando su antigua

mujer. Es a lo que alude el v.6, al decir que la hija del rey del mediodía no conservará la fuerza

de su brazo. Y esto es un eco de la famosa frase de la mezcla de hierro y de arcilla de los pies de

la estatua de diversos metales del c.2, donde en el v.43 se habla de alianza humana. La afrenta

2416

fue vengada por un retoño de sus raíces (v.7), es decir, un hermano de ella, llamado Ptolomeo III

Evergetes (264-221), que emprendió una campaña contra el ejército de Seleuco II Calínico de

Siria (246-226), sucesor de Antíoco II. El rey del mediodía (Egipto) se apoderó de las plazas

fuertes del rey del norte (v.7), es decir, de Seleucia, puerto de Antioquía de Siria, llegando hasta

Babilonia y volviendo después a Egipto con un gran botín (v.8).

Después de unos años de paz entre Siria y Egipto, el rey del norte (Siria), Seleuco II Calínico,

dirigió una campaña de revancha contra el rey del mediodía (Egipto), pero fue derrotado,

y tuvo que volverse a su tierra defraudado (v.8). Pero su hijo Antíoco III el Graude (223-187)6

atacó Palestina, que estaba bajo el dominio de Ptolomeo -IV Filopator (221-203), rey de Egipto.

Al principio, aquél tomó la mayor parte del país (avanzará, se derramará como un torrente.,

v.10), pero al fin fue derrotado en Rafia (217 a.C.) (la Fortaleza del rey de Egipto), con lo que

Palestina volvió a quedar bajo la férula de los Ptolomeos. Entonces el rey del mediodía, Ptolomeo

Filopator, tomará la revancha después de haber reunido una gran muchedumbre de ejército

(70.000 de infantería, 5.000 de caballería y 73 elefantes), y derrotará al rey del norte, cuyo ejército

estaba formado por 62.000 soldados de infantería, 6.000 de a caballo y 102 elefantes.

Palestina quedó de nuevo bajo Egipto. Pero el rey de Egipto no supo aprovechar su victoria,

mientras que Antíoco III el Grande, después de haber tenido espectaculares victorias en Persia

y Asia

Menor, reunió un gran ejército y atacó de nuevo a Egipto (v.13), llegando hasta Gaza, en

la misma frontera egipcia, siendo favorecido por las luchas intestinas habidas en Egipto bajo la

minoría de edad de Ptolomeo V Epífanes (203-181), hijo de Ptolomeo IV (v.14)7·

A los insurrectos egipcios se les sumaron hombres violentos (v.14), que parecen ser los

del partido de Tobías Amonita, que en su lucha contra los judíos favorecían a los Seléucidas de

Siria, pues los egipcios eran tolerantes 8. Con su conducta hostil a los judíos cumplirán la visión

relativa a la persecución de la época macabea, tal como está en el libro de Daniel (v.14). El rey

del norte, Antíoco el Grande, vencerá a los ejércitos del mediodía (Egipto) en la famosa batalla

de Banias (Cesárea de Filipo de los Evangelios) en 198 a.C. Como consecuencia de esta victoria,

el rey de Siria se quedará con lo mejor de la tierra, que es la tierra hermosa del 8:9, es decir,

Palestina 9. Queriendo dominar Egipto, ofreció su hija (v.16), Cleopatra, al rey de Egipto Ptolomeo

V. No quería atacar militarmente a Egipto, porque entonces había de chocar con el poder del

imperio romano, cuyos embajadores, venidos a Egipto para llevar la noticia de la victoria sobre

Aníbal, le habían dicho en Alejandría a Antíoco III el Grande que no tocase el reino de Ptolomeo

V.

El rey de Siria logró casar a su hija con Ptolomeo V, celebrándose las bodas en Rafia,

donde poco antes había sido derrotado. Pero, a pesar del éxito inicial diplomático, la cosa no le

saldrá como quería (ν.17), porque su hija seguirá más bien una política favorable a su marido.

Empujado por sus éxitos, quiso extender su dominio a las islas (v.18) o costas del Mediterráneo.

En efecto, en 197 a.C. ocupó el Asia Menor y en 192 a.C. desembarcó en Grecia, apoderándose

de la parte situada al norte de Corinto. Pero en 191 a.C. le salió al paso el ejército romano, venciéndole

en las Termopilas y después definitivamente en Magnesia, bajo las órdenes de Lucio

Cornelio Escipión el Asiático. Con esta victoria, el caudillo romano le devolverá el oprobio

(v.18) o insulto que Antíoco el Grande había hecho a los embajadores de Roma, que le reprochaban

el haber recibido al vencido Aníbal10. Después de la derrota de Magnesia tuvo Antíoco III el

Grande que abandonar el Asia Menor, retirándose a las fortalezas de su tierra de Siria (v.18);

hasta que al fin caerá asesinado en Elimaide por haber querido apoderarse del tesoro del templo

(187 a.C.).

2417

La persecución de los judíos (20-45).

20 El que le sucederá mandará al ornamento del reino un exactor, pero en pocos días

será quebrantado, y no por ira ni por guerra. 21 Un hombre despreciable ocupará su

puesto, sin estar investido de la dignidad real. Aparecerá de improviso y se apoderará

del reino por la intriga. 22 Las tropas, que se derramarán como un torrente, quedarán

sumergidas ante él y aniquiladas, así como también un príncipe de la alianza.

23 Después de haberse concertado con él, usará de engaños, se pondrá en marcha y

con poca gente vencerá. 24 Entrará de improviso en los lugares más fértiles de la

provincia y hará lo que no hicieron sus padres ni los padres de sus padres. Repartirá

el botín, los despojos y las riquezas, y traerá designios contra las fortalezas; todo

esto durante algún tiempo. 25 Al frente de un gran ejército empleará su fuerza y su

ardor contra el rey del mediodía. El rey del mediodía se empeñará en la guerra con

un ejército poderoso y muy numeroso, pero no le resistirá, porque le harán traición.

26 Los que comen su pan le quebrantarán y su ejército será destruido, cayendo muchos

muertos. 27 Los dos reyes meditarán en su corazón hacerse mal, y, sentados a la

misma mesa, hablarán falazmente, mas no les servirá de nada, porque llegará el fin

al tiempo señalado. 28 Volverá a su tierra con grandes riquezas y será en su corazón

hostil a la alianza santa, y obrará contra ella; luego se volverá a su tierra. 29 Al

tiempo determinado marchará de nuevo contra el mediodía, pero esta última vez no

sucederán las cosas como en la primera; 30 vendrán contra él naves de Italia, y descorazonado,

retrocederá. Luego, furioso contra la alianza santa, no se quedará inactivo,

y volverá a concertarse con los que abandonaron la alianza santa. 31 A su orden

se presentarán tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y harán cesar el

sacrificio perpetuo, y alzarán la abominación desoladora. 32 Seducirá con sus halagos

a los traidores a la alianza santa, pero el pueblo que conoce a Dios obrará con

firmeza, 33 y los sabios entre ellos instruirán a la muchedumbre. Caerán de entre

ellos por un tiempo a la espada, al fuego, al cautiverio y al pillaje, 34 y, mientras sucumben,

tendrán poco socorro, y muchos se unirán a ellos hipócritamente. 35 Sucumbirán

también algunos de los sabios para que sean depurados, purificados y

blanqueados, hasta que llegue el fin, que no llegará sino al tiempo determinado. 36 El

rey hará lo que quiera, y se gloriará por encima de todos los dioses, y del Dios de los

dioses dirá cosas increíbles. Prosperará hasta que llegue la ira a su consumación,

porque lo que está decretado se cumplirá. 37 No respetará ni aun al dios de sus padres

ni a la delicia de las mujeres; no respetará dios alguno, porque se glorificará a

sí mismo por encima de todos. 38 Honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios

que no conocieron sus padres; le honrará con oro y plata, con piedras preciosas y

cosas de gran valor. 39 A ese dios extraño dedicará las plazas fuertes, y colmará de

honores a los que le reconozcan, y los hará dominar sobre muchos, distribuyéndoles

tierras en merced. 40 Al fin de los tiempos, el rey del mediodía chocará con el del

norte, y el rey del norte caerá sobre él como una tempestad, con carros y jinetes y

numerosas naves; avanzará por las tierras, se derramará como un torrente y se desbordará.

41 Entrarán en la tierra gloriosa y sucumbirán muchos, pero Edom, Moab

y los príncipes de los hijos de Amón se librarán de sus manos. 42 Extenderá su mano

sobre muchas tierras, y no escapará la de Egipto; 43 se adueñará de tesoros de oro y

plata y de todas las preciosidades de Egipto; libios y etíopes le seguirán. 44 Pero nue2418

vas venidas del oriente y del norte le asustarán, y partirá muy enfurecido, con ánimo

de exterminar a muchos. 45 Alzará la tienda de su palacio entre los mares y el monte

glorioso y santo. Mas luego llegará su fin sin que nadie pueda socorrerle.

El sucesor de Antíoco III el Grande, Seleuco IV Filopator (187-175), enviará a un exactor (v.20),

Heliodoro, ministro de finanzas, a Jerusalén para apoderarse del tesoro del templo 11, como lo

había hecho su padre en el templo de Elimaide. Necesitado de dinero después de la gran derrota

ante los romanos, y para cumplir lo pactado en la paz de Apamea, el sucesor de Antíoco III el

Grande se decidió a llenar sus arcas en Palestina, el ornamento del reino, frase que es paralela a

la tierra hermosa del v.16. El hagiógrafo reserva para el país donde moran los adoradores del

verdadero Dios los mejores calificativos. Pero el rey de Siria será quebrantado, y no en lucha

campal cuerpo a cuerpo, sino dolosamente (no por ira ni por guerra, v.20), sino envenenado a

instigación de su ministro Heliodoro.

El hombre despreciable (v.21) que por la intriga se apodera del reino, es Antíoco IV Epífanes

(175-163), hermano de Seleuco IV, que estaba como rehén en Roma, según lo estipulado

entre los romanos y su padre Antíoco III el Grande. Su hermano Seleuco le rescató, enviando en

su sustitución a su hijo Demetrio. Al morir inesperadamente Seleuco IV, llegaba Antíoco IV a

Antioquía, y con el apoyo del rey de Pérgamo logró asegurarse el trono, vacante por la muerte de

su hermano, en contra de los derechos del príncipe heredero, Demetrio, que estaba en Roma. El

hagiógrafo le llama hombre despreciable (en 1 Mac 1:11 se le llama “raíz de pecado”), quizá en

oposición al título que se había dado de Epífanes, que significa manifiesto, esplendente (el título

completo es “dios manifiesto,” como si fuera una encarnación de la divinidad).

Al poco de subir al trono invadió Judá, destituyendo al príncipe de la alianza (v.22), el

sumo sacerdote Onías III, llamado príncipe de la alianza por ser jefe religioso de la comunidad

israelita, que tenía un régimen teocrático, basado en la alianza entre Yahvé e Israel12. El sumo

sacerdote depuesto buscó refugio en Dafne (cerca de Antioquía de Siria), y allí fue asesinado

en 171 a.C. 13 Como hemos visto en 9:25, es el ungido-jefe asesinado mencionado en la profecía

de las setenta semanas. Antíoco IV tuvo que hacer frente al ejército acaudillado por Heliodoro,

venciéndole (las tropas, que se derramarán como un torrente, quedaran sumergidas ante él.,

v.22). En su labor de captación para la helenización del pueblo judío usó de engaños, ganando al

principio poca gente. Deseoso de captarse amigos, multiplicaba sus prodigalidades a costa de

expolios en las provincias más fértiles. y en las fortalezas de su reino (v.24) 14.

Repuesto de las derrotas militares de su padre, quiso tentar fortuna, atacando al rey del

mediodía, Ptolomeo VI Filometor, nieto, por su madre, de Antíoco III el Grande y sobrino, por

tanto, de Antíoco IV Epífanes. La campaña tuvo lugar en 169 a.C. El rey de Egipto fue derrotado

en Pelusio, siendo hecho prisionero; el desastre se debió, sobre todo, a los malos consejos de los

tutores del rey, Euleo y Leneo, que le instigaron a atacar al rey de Siria. Se dice de ellos que comen

su pan (v.26), por la gran intimidad que tenían con el rey egipcio. Fueron los causantes de la

derrota del ejército, en el que hubo muchos muertos. Una vez en poder de Antíoco IV, su sobrino

Ptolomeo Filometor trató de ganarle a su causa, y ambos reyes mantuvieron una paz aparente,

pero interiormente estaban buscando la ocasión de revancha (meditaron en su corazón hacerse

mal, y, sentados a la misma mesa, hablaban falazmente., v.27).

Antíoco quiso hacer ver a su sobrino que, conquistando él Egipto, aquél estaría más seguro

en el trono; pero la estratagema no les servirá de nada, porque en los designios divinos llegará

al fin el tiempo señalado, es decir, la derrota de los planes del rey sirio. Acompañado de su

sobrino Ptolomeo, el rey sirio avanzó sobre Menfis, pero una facción nacionalista proclamó en

Alejandría como rey de Egipto a Ptolomeo Fiscón, hermano de Ptolomeo Filometor. Antíoco IV

2419

intentó tomar la ciudad rebelde; pero, convencido de su inexpugnabilidad, se volvió, cargado de

grandes riquezas (v.28), a su tierra siria 15. Al pasar por Palestina saqueó el templo de Jerusalén

(su corazón fue hostil a la alianza, v.28). Todos los expolios le eran insuficientes para su prodigalidad

16.

Después de saquear el templo de Jerusalén, dejó en la ciudad una guarnición siria 17; un

año más tarde emprendió una nueva campaña contra Egipto (v.29), enfurecido porque su sobrino

Ptolomeo Filometor se había aliado con su hermano Ptolomeo Fiscón en contra de sus intereses

políticos sobre Egipto. Pero el fracaso en esta^expedición fue total, ya que tuvo que habérselas

con los temibles* romanos 18. En efecto, al llegar a Alejandría se encontró con Popilio Laenas,

que traía un ultimátum del senado romano, en el que se le exigía la inmediata evacuación de

Egipto. Antíoco IV pidió tiempo para pensar y consultar la resolución, pero el delegado romano,

trazando un círculo con su bastón alrededor de Antíoco, le dijo que no saliera de éste mientras no

diera respuesta a su ultimátum. La humillación no pudo ser mayor. El rey sirio dijo que “haría lo

que pedía el senado” romano.

No le quedó, pues, sino retornar a su país; pero, enfurecido, desahogó su cólera contra

Palestina, persiguiendo a los judíos (la alianza santa, v.30), concertándose con los judíos apóstatas

que abandonaron la alianza santa. Su plan era helenizar al pueblo judío para asimilarlo a su

reino, creando así una fuerza política más vigorosa 19. Su obra persecutoria empezó por fundar

un gimnasio al estilo griego y culminó en la profanación del templo y la fortaleza, o colina fortificada

sobre la que se asentaba el santuario, haciendo cesar el sacrificio perpetuo y erigiendo en

el altar de los holocaustos la abominación desoladora (v.31), o ídolo de Júpiter Olímpico 20. Su

obra helenizadora, basada en halagos y facilidades a los apóstatas de la religión judía, tuvo cierto

éxito, pero el pueblo que conoce a Dios reaccionó con firmeza (v.32). Es una alusión a las gestas

heroicas del anciano Eleazar con su protesta enérgica y de la madre de los siete hijos, que dio la

mayor lección de fortaleza religiosa de la historia universal21. El hagiógrafo llama a los piadosos

que resistieron a la helenización Zos sabios; son los asideos, de que nos hablan los libros de los

Macabeos 22. Este grupo fiel predicaba la lealtad a la ley judía, siendo ayudado por el reducido

socorro de los Macabeos (v.34).

La guerra contra los sirios será cruenta y muchos morirán a la espada y al fuego (v.33).

En la persecución perecerán algunos de los sabios y fieles mantenedores de los derechos religiosos

judíos, durando esta situación hasta que llegue el fin, que no llegará sino al tiempo determinado

(v.35) en los designios divinos. La persecución servirá para que sean depurados, purificados

y blanqueados en sus ideales religiosos. En estos tiempos de lucha, muchos se unirán hipócritamente

(v.34) a los mantenedores de los derechos de Dios, pero no con sinceridad, sino por

cálculos humanos y por miedo al castigo de Judas Macabeo 23.

Antíoco IV, en el colmo de su delirio, se asimila al Júpiter Olímpico, cuyos emblemas

hace representar sobre sus monedas (v.36), hablando blasfemamente del Dios de los dioses, que

es Yahvé. Pero le llegará su hora, porque lo que está decretado se cumplirá. El hagiógrafo constantemente

alude a los designios de Dios sobre la historia de su pueblo, y piensa en la hora de su

manifestación airada para vengar tantos ultrajes contra su pueblo. El soberbio rey de Siria no

respetó siquiera al dios de sus padres (v.37), Apolo, cuya imagen aparece en las monedas de los

predecesores de Antíoco IV, y la sustituyó por la de Júpiter Olímpico, con el que llegó a identificarse

24. La delicia de las mujeres es la divinidad Adonis-Tammuz, de origen sirio-babilónico,

cuya muerte era ritualmente lamentada por las mujeres de Siria 25. Como expoliador de templos,

se puede decir en verdad que Antíoco IV no respetará dios alguno, suplantando a las divinidades

tradicionales de su país y proponiendo como divinidad a adorar al dios de las fortalezas (v-38),

2420

probablemente Júpiter Capitolino (o Zeus Olímpico), cuya imagen había visto muchas veces durante

su estancia en Roma cuando era rehén. Sabemos que a este dios le dedicó un suntuoso templo

en Antioquía 26 y las plazas fuertes (v.39), como Dura-Europos, en el desierto sirio; Beisán,

Gerasa, e intentó hacer lo mismo en Jerusalén27. A los que se prestaban a su política de helenización

les daba con largueza honores. y tierras a merced 28.

Después de habernos presentado al detalle la historia de Antíoco IV Epífanes, anuncia el

profeta su futuro desastroso. Hasta ahora las indicaciones eran netamente históricas, pero en adelante

va a entrar en la zona de la profecía propiamente tal, como lo indica la expresión al fin de

los tiempos (v.40), que para él es el fin de la persecución y el principio de una nueva era venturosa,

la del mesianismo, anunciada en 9:24. En la parte propiamente profética, los detalles son nebulosos

y no se pueden controlar históricamente. El autor del libro de Daniel como profeta había

tenido una revelación sobre el fin deshonroso del perseguidor del pueblo judío, y nos la describe

en sus detalles a base de elementos y clisés tradicionales en la literatura bíblica anterior 29.

No sabemos que haya habido otra expedición de Antíoco contra Egipto, como parece indicarse

en el v.40 30. Muchos autores creen que en estos versículos se trata de una recapitulación

de las anteriores campañas de Antíoco IV. Los v.40-45 serían, según esta hipótesis, como un duplicado

de lo que se dice en los v.21-39, añadido por algún compilador posterior. Pero, como antes

dijimos, es preferible considerar estos versos como pro/éticos; y, por tanto, sus detalles no

han de tomarse al pie de la letra; lo sustancial del hecfco es el fin desastroso del perseguidor Antíoco

IV Epífanes. El hagiógrafo-profeta supone al ejército de éste invadiendo la tierra gloriosa,

o Palestina (v.41), dejando de lado, por razones estratégicas, a Edom, Moab y Amón, en Trans-

Jordania. Después de haber conseguido grandes victorias en Egipto y Libia, se volverá precipitadamente

a causa de las nuevas venidas de oriente y del norte (v.44); como hizo Senaquerib

cuando asediaba a Jerusalén 31.

Al volver de Egipto, alzará la tienda de su palacio (v.45), o tienda real de campaña 32, entre

los mares y el monte glorioso y santo, es decir, entre el Mediterráneo y la colina de Sión. Antíoco

IV, que había perseguido enconadamente al pueblo judío, debía morir (por idealización

profética) en tierra de Palestina, frente a la colina majestuosa de Yahvé, donde tantas profanaciones

se habían cometido. Esto es ya un clisé de la literatura profética, pues Ezequiel, Joel y Zacarías

presentan también a los enemigos de Israel derrotados y muertos en las proximidades de

Jerusalén 33. De hecho sabemos que Antíoco IV Epífanes murió cerca de Susa, en Persia 34. Al

sublevarse los armenios y partos, se dirigió hacia oriente, y en Elimaida intentó saquear el templo,

como su padre; pero no se lo permitió el pueblo amotinado; allí se enteró de la derrota de su

ejército a manos de Judas Macabeo 35; quiso volverse con su ejército a Palestina con ánimos de

arrasarla 36, pero cayó enfermo y murió en Tabae, cerca de Susa 37. Cuando el autor del libro de

Daniel redactó su compilación, aún no había tenido lugar la muerte del perseguidor, pero la

anunció concretamente, si bien idealizándola en los detalles, conforme a la tradición profética

bíblica.

1 Cf. 7:1; 8:1; 9:1; 10:1. — 2 Cf. Herodoto, 7:20-99, donde se detalla la fuerza y riqueza de Jerjes. — 3 Sobre la división del imperio

de Alejandro entre sus generales, véase lo que heraos dicho en el capítulo anterior. — 4 Parece que el instigador del asesinato de

los dos hijos de Alejandro (el legítimo — nacido después de su muerte — , habido de Roxana, se llamaba Alejandro, y el ilegítimo,

de Barsine, se llamaba Heracles) fue Casandro. Cf. Diodoro DE Sic., XIX 105; XX 22. — 5 En 312 comenzó la “era de los

Seléucidas,” seguida en la cronología de los libros de los Macabeos. Cf. 1 Mac 1:10. — 6 A Seleuco II Calínico le sucedió su hijo

Seleuco III Ceraunos, que sólo reinó dos años (226-223), siendo asesinado. Su sucesor fue su hermano Antíoco III el Grande. — 7

Cf. Polibio, XV 25:34. — 8 Cf. Flavio Josefo, Ant. 12:4:6. — 9 En Jer 2:19, Palestina es llamada “la más bella heredad,” y en Ez

20,6.9, “la tierra que es la más hermosa de las tierras.” — 10 Según Tito Livio (XXXIII 40), Antíoco había respondido a la reclamación

de los romanos que “no les importaba lo que hacía Antíoco en Asia, como no importaba a éste lo que hacían los romanos

en Italia.” — 11 Cf. 2Mac3:7s. — 12 Sobre el carácter de Antíoco IV Epífanes véase el artículo de F. M. ABEL, Antiochus Epiphane,

en “Vivre et penser”: RB (1941) 231-54. — 13 En Eclo 50,1-21 se hace el cálido elogio de Onías III ,1o que indica la alta

2421

estima en que estaba en los medios cultos del judaismo. — 14 Cf. 1 Mac 3:30; Τίτο Livio, 41:20; Polibio, 26:10. — 15 Cf. 1 Mac

1:19. — 16 Los embajadores de Antíoco IV Epífanes llevaron a los romanos una corona de cincuenta talentos, y en Grecia repartieron

regalos exorbitantes entre sus habitantes. Cf. Polibio, XXVIII 18. — 17 Cf. 1 Mac 1:20-25; 2 Mac 5:11-21. — 18 En

hebreo se dice “naves de Kittim,” literalmente “naves de Chipre”; pero esta denominación después designó a las costas del Mediterráneo

en general (cf. Jer 2:10; Ez 27:6); y en la época de los Macabeos, los pueblos marítimos occidentales (cf. 1 Mac 1:1; 8,5).

En él “Comentario de Habacuc” de ios rollos hallados junto al mar Muerto se llama a los romanos kittim. — 19 Cf. 1 Mac 1:11-

15; 2 Mac 4:4-17. — 20 Cf. 1 Mac 1:41-53-543; Dan 8:3; 9:27; 12:11; 1 Mac 1:54. — 21 Cf. 2Mac6,18s; 7,is. — 22 Cf. 1 Mac

7:13; 2 Mac 14:5. — 23 Cf. 1 Mac 6:21; 7:13; 9:23. — 24 “Desde 169 al 166 es representado en las monedas con los emblemas

de la divinidad, y la inscripción “Antíoco, dios manifiesto.” Desde 166, su imagen es la de Zeus Olímpico con la inscripción “Rey

Antíoco, dios manifiesto, victorioso” (F. M. ABEL, a.c., 2545). Lo que se dice aquí de Antíoco corresponde a lo que se dijo del pequeño

cuerno del 0.7, del macho cabrío del c.8. Así se dice de él: “hará lo que le plazca” (8:25); “se exaltará a sí mismo”

(8:10.11.25); “hablará altaneramente” (7:8.25), etc. (SAYDON, o.c., p.661). — 25 Cf. Is 17:10; Ez 8:14. — 26 Tito Livio, XLI 20.

— 27 Cf. Abel, a.c., 242. — 28 Cf. 2 Mac 4:8-10,24. — 29 Cf: Is 10,28-34; 37:7; Ez 39:4; Jl 3:2.12-13; Zac 14:2. — 30 Porfirio

dice que hubo otra expedición contra Egipto de Antíoco IV en el año n de su reinado. Cf. SAN JERÓNIMO, In Dan. 9:40: PL

25:572. Pero probablemente Porfirio depende del texto bíblico. El autor racionalista quería a toda costa aplicar los versos de la

Biblia a Antíoco IV. — 31 Cf. 1837:7. — 32 La palabra empleada por palacio es persa y sólo aparece aquí en el A.T. — 33 Cf. Ez

39:4; Jl 3:2.12-13; Zac 14:2. — 34 Cf. 1 Mac 3:31-37- — 35 Cf. 1 Mac 6:1-7; 2 Mac 9:1-3. — 36 Cf. 2 Mac 9:4- — 37 Cf. Polibio,

31, II.

12. Triunfo del Pueblo Elegido.

Este breve capítulo puede dividirse en dos partes: a) anuncio de la salvación de los fieles judíos

y de la resurrección de sus muertos (1-4); b) epílogo a la revelación comenzada en 11:2 y al libro

en general, con la confirmación de lo antes dicho.

Salvación de los justos y resurrección de los muertos (1-4).

1 Entonces se alzaré. Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y

será un tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta

ese día. Entonces se salvarán los que de tu pueblo estén escritos en el libro. 2 Las

muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para

la eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión. 3 Los sabios brillarán con

el esplendor del firmamento, y los que enseñaron la justicia a la muchedumbre resplandecerán

por siempre, eternamente, como las estrellas. 4 Tú, Daniel, ten en secreto

estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos lo leerán y acrecentarán

su conocimiento.

El profeta anuncia un último gran ataque contra el judaísmo, en el que los fieles serán protegidos

por Miguel, el valedor de los intereses religiosos del pueblo judío. La perspectiva profética se

extiende en un período no muy definido, pero parece que el contexto exige que el tiempo de angustia

sea el de la época macabea, como veremos en seguida. No obstante, este tiempo de prueba

puede considerarse como tipo de la aflicción de los justos al fin del mundo, y, en este sentido, la

perspectiva puede ser de algún modo escatológica 1.

Después de esta prueba purificatoria para los justos, se salvaran los que de tu pueblo están

escritos en el libro (v.1). En los capítulos anteriores, el autor sagrado habla reiteradamente

del reino de los santos, que sustituirá a los imperios históricos. Sin duda que el hagiógrafo piensa

aquí en la nueva teocracia mesiánica, de la que serán ciudadanos sólo los que han sido fieles, los

sabios, que han vencido la prueba de la persecución y que han enseñado con su conducta y consejos

a otros a vencerla. De este modo, como triunfadores, se salvarán. los escritos en el libro

(v.2), o registro de la vida, en el que están inscritos los que han de sobrevivir 2. Dios lleva la contabilidad

de las acciones de los judíos, y, conforme a su conducta, los inscribe o rechaza del libro

de la vida. Y de esta salvación no sólo participarán los judíos que sobrevivan a la persecución

2422

después de haber sido fieles a la ley de Dios, sino que aun los muertos resucitarán, unos para recibir

el galardón de la vida eterna y otros para eterna vergüenza (v.2).

La perspectiva parece limitada en este texto a los judíos y a los perseguidores, si bien no

se excluye la extensión de la resurrección en un sentido más universal. Se trata de una resurrección

individual, no colectiva, nacional. En Is 26:19 hemos visto que se anunciaba una resurrección

de los individuos para participar en la era mesiánica de la nueva teocracia. Ahora el autor

del libro de Daniel anuncia también una resurrección de los judíos que han sufrido la persecución,

leales a su ley religiosa, para participar de una vida eterna, que no se concreta más; al contrario,

los que no han sido fieles a su ley o quizá los perseguidores resucitarán para eterna vergüenza

y confusión. Entre los resucitados para la vida eterna destacarán los sabios, que con su

palabra y ejemplo han enseñado la conducta que se debe seguir en los tiempos de persecución.

Ellos han enseñado la justicia, es decir, el camino del temor de Dios y de la lealtad a sus preceptos,

y como tales brillarán en la nueva era luminosa, que se abre con un fulgor comparable al de

las estrellas.

Después de anunciar la distinta suerte de los justos y de los culpables, Daniel recibe la

orden de mantener ocultas las revelaciones que le acaba de hacer hasta el tiempo del fin (v.4), es

decir, hasta el tiempo de su cumplimiento. Esta orden, redactada en el lenguaje de los libros apocalípticos,

pretende excitar la curiosidad del lector. No es necesario, pues, urgir el sentido misterioso

de estas palabras. El libró puede referirse a las diversas visiones contenidas en el actual libro

de Daniel o sólo a la última, que acaba de explicar, iniciada en el c. 11. Los libros apocalípticos

judíos tenían un carácter esotérico, para que sólo los iniciados pudieran entenderlos. Daniel

debe, pues, tener en secreto lo que acaba de ver y oír hasta que llegue la hora de su manifestación.

En 8:26 se hace la misma recomendación esotérica. A medida que los hechos se vayan desenvolviendo,

muchos lo leerán y acrecentarán su conocimiento 3.

Confirmación detallada de la revelación anterior (5-13).

5 Yo, Daniel, miré y vi a dos hombres que estaban en pie, el uno al lado de acá del

río, el otro del lado de allá, 6 y uno de ellos dijo al varón vestido de lino que estaba

sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin y sucederán esas maravillas? 7 Y oí al

varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, que, alzando al cielo su derecha

y su izquierda, juró por el que eternamente vive que eso será dentro de un

tiempo, de tiempos y de la mitad de un tiempo, y que todo esto se cumplirá cuando

la fuerza del pueblo de los santos estuviera enteramente quebrantada. 8 Yo vi, pero,

no entendiendo, pregunté: Mi señor, ¿cuál será el fin de estas cosas? 9 Y él respondió:

Anda, Daniel, que esas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10

Muchos serán purificados, emblanquecidos y depurados; los impíos seguirán el mal,

y ninguno de los malvados entenderá, pero los que tienen entendimiento comprenderán,

11 Después del tiempo de la cesación del sacrificio perpetuo y del alzar de la

abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12 Bienaventurado el

que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 Y tú camina a tu fin y

descansarás, y al fin de los días te levantarás para recibir la heredad.

La perspectiva de persecución, que antes se presentaba nebulosa, se concreta ahora al tiempo de

los Macabeos. Es la conclusión de la visión precedente. Ahora aparecen dos interlocutores en el

estilo convencional apocalíptico. Los dos hombres deben de ser dos testigos oficiales de lo que

acaba de decirse y de lo que se dirá con juramento solemne 4. Estos dos aparecen a ambos lados

2423

del río Eufrates 5. El personaje famoso vestido de lino, personificación del designio de Dios en la

historia, como hemos visto anteriormente, con gesto solemne (alzando al cielo su derecha y su

izquierda, ν.7) responde con juramento 6 que todo ello ocurrirá dentro de un tiempo, de tiempos y

medio tiempo (ν.7), es decir, tres años y medio, que es justamente lo que duró la persecución de

Antíoco IV, tal como se describe en 11:31-36. La expresión es idéntica a 7:25 y se ha de entender

en el mismo sentido, y así la entendió ya San Jerónimo.

En el v.11 concreta más este período de persecución, que se caracterizará por la cesación

del sacrificio perpetuo y la erección de la abominación desoladora, o ídolo de Júpiter Olímpico.

La persecución durará mil doscientos noventa días, un poco más que los tres años y medio (mil

doscientos setenta y siete días en 7:25 y 12:7). En 8:14 se habla de mil ciento cincuenta días de

persecución (mil trescientas tardes y mañanas). Globalmente, la cifra es la misma y designa el

tiempo que duró la profanación del templo de Jerusalén desde mediados del 168 a.C. hasta fines

del 165 a.C., en que fue purificado el templo por Judas Macabeo.

El hagiógrafo termina llamando bienaventurado al que asista al cumplimiento de todo esto

después del fin de la persecución. En su perspectiva profética se añaden nuevos días para que

pueda ser testigo de la nueva era venturosa: bienaventurado el que llegue a mil trescientos treinta

y cinco días (v.12). La cifra puede ser convencional, apocalíptica, para expresar que después

del fin de la persecución aún hay que esperar algo más antes de entrar en la plena edad mesiánica.

La perspectiva profética, pues, se alarga, e insinúa que Daniel no asistirá vivo al cumplimiento

de todo esto, pero que resucitará para recibir la heredad (v.15). Con estas palabras se cierra la

parte protocanónica del libro de Daniel.

1 Cf. San Jerónimo, In Dan. 12:1; San Crisóstomo, Adv. lud. Hom. 5:7. — 2 Sobre la expresión libro de la vida cf. Ex 32:21: “Perdónales

su pecado o bórrame de tu libro, del que tú tienes escrito.” Is 4:3; Ez 13:9; Sal 69:29: “Sean borrados del libro de la vida.”

En la literatura apócrifa es común esta concepción (cf. Jub 30,23; Henoc 81:4; 4 Esd 6:20, etc.). La imagen pasa al Ν. Τ. (Filp 4:3;

Ap 3:5). — 3 La traducción de la última parte de este verso no es segura. — 4 Cf. Dt 19:15; Mt 18:19; 2 Cor 13:1. — 5 En

hebreo, yeor, que significa primitivamente el Nilo, pero después significó río en general. Y aquí es el del 10:4, es decir, el Eufrates.

— 6 Sobre este modo de jurar cf. Dt 32:40; Dan 4:31; Ap 10:6.

13. Historia de la Casta Susana.

Este capítulo y el siguiente pertenecen a la parte deuterocanó-nica del libro de Daniel, y han

llegado a nosotros sólo en griego. En la Vulgata y los LXX aparece este relato de Susana después

del c.12, pero en la traducción de Teodoción está al principio del libro. Se ha discutido si el texto

que tenemos griego es traducción de otro semítico o si, más bien, el relato ha sido escrito ya en

griego desde el principio.

Presentación de la virtuosa Susana (1-9).

1 Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. 2 Había tomado por mujer

a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, 3 pues

sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. 4 Era Joaquín

muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por

ser él el más ilustre de todos. 5 Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos,

de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos

en jueces, que parecían gobernar al pueblo. 6 Frecuentaban éstos la casa de

Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. 7 Hacia el mediodía, cuando el

pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, 8 y,

2424

viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. 9 Y,

pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los

justos juicios.

El autor no nos dice nada de la fecha en que tuvo lugar lo que va a narrar. Los nombres de Joaquín

y de Releías eran muy comunes entre los judíos. El de Susana (“lirio, azucena,” muy en

consonancia con su conducta pura) aparece sólo aquí en el A.T. Como perteneciente a una familia

de alta posición social, había recibido una esmerada educación, según las tradicionales leyes

judías (v.3). Su casa se convirtió en centro de reunión de los exilados por ser su marido muy considerado

entre ellos. La expresión aquel año parece indicar que se ha perdido algún versículo en

el que se aludiría a las circunstancias cronológicas del hecho. Puede también tener el sentido de

en cierto año. Nada sabemos de la institución de los ancianos como jueces entre los exilados,

aunque es muy verosímil. En el libro de Ezequiel se habla reiteradamente de los ancianos como

representantes de los intereses de los exilados 1. Los judíos en el destierro tuvieron que improvisar

un régimen judicial propio, conforme a sus leyes mosaicas, y pudieron muy bien tomar como

modelo la institución de los ancianos de la época del desierto.

Por lo que aquí se insinúa, cada año se nombraban dos ancianos para presidir los tribunales

propios judíos. El lugar de reunión de éstos era la casa de Joaquín, que por su amplitud se

prestaba a ello. La tradición judía los ha identificado con los dos falsos profetas Acab y Sedecías,

de que habla Jeremías en 29:23. La cita del v.5 (salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos

contituidos en jueces.) nos es desconocida en la Biblia, pero puede ser una frase de algún profeta

que no haya sido consignada en las actuales Escrituras canónicas, o quizá una alusión parafraseada

al pasaje de Jer 23:145. De hecho, los dos ancianos se dejaron seducir por la belleza corporal

de Susana y sintieron una ardiente pasión sexual por ella. La descripción de lo que sigue es

muy pormenorizada y realista, no exenta de ironía. Llevados de sus malos deseos, olvidaron los

justos juicios de Dios sobre los prevaricadores, a pesar de ser los representantes de la justicia de

la Ley de Moisés.

Intento de violación de Susana (10-27).

10 Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre

sí, n porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que

tenían de unirse a ella, 12 y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. 13 Dijéronse,

pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron

el uno del otro. 14 Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose

la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder

hallarla sola. 15 Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al

jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el

jardín, porque hacía calor. 16 Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos,

la acechaban. 17 Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad

las puertas, que voy a bañarme. 18 Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando

las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les

había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. 19 En cuanto salieron

las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, 20 diciéndole:

Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti;

consiente, pues, y entrégate a nosotros; 21 de lo contrario, daremos testimonio contra

ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. 22 Rompió a llo2425

rar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que

proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos.

23 Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. 24 Y levantando

Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. 25 Corrió

uno de los dos a abrir las puertas del jardín. 26 Apenas oyeron los gritos los que estaban

en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba,

27 y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos,

porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana.

El hagiógrafo, irónicamente, destaca el contraste entre la mala conducta de los ancianos, que debían

dar ejemplo de virtud por su edad y su calidad de jueces, y la virtud heroica de la bella Susana,

que 110 quiso consentir a sus vergonzosas propuestas. Esta sabía que, si consentía, debía

ser condenada a muerte 2. La amenaza calumniosa de los ancianos hizo que ella prorrumpiera en

gritos de auxilio como único modo de salvar la situación. La narración está cuidada al detalle, y

los contrastes se suceden con gran efecto literario.

Susana es acusada de adulterio (28-41).

28 Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron

asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a

quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: 29 Enviad por Susana, hija de

Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. 30 Llegó Susana, y con ella sus

padres, hijos y todos sus parientes. 31 Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto.

32 Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse

de su hermosura. 33 Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. 34 Levantáronse

los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza

de Susana, 35 que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el

Señor. 36 Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró

ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. 37 En seguida

se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. 38 Y

hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y

los vimos que estaban pecando, 39 pero no pudimos detener al joven, por ser más

fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. 40 Pero sorprendimos a ésta, y

preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio.

41 Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura,

jueces, los creyó y la condenaron a muerte.

El supuesto adulterio de Susana corrió por toda la comunidad de exilados. Susana pertenecía a lo

más escogido de la sociedad y era conocida por su honestidad. La acusación, pues, conmovió a la

muchedumbre. Susana fue presentada al tribunal acompañada de sus parientes e hijos, avergonzados.

La acusada era hermosa en extremo; como todas las mujeres, iba con la cabeza cubierta.

Los ancianos, para saciar su sensualidad, la descubrieron c.32). Según la Ley, a la mujer sospechosa

de adulterio debía quitársele el velo de la cabeza 3, pero en época posterior se exceptuaba

de esto a las mujeres que eran extremadamente hermosas4. De ahí la observación del hagiógrafo

sobre la mala intención de los lujuriosos ancianos.

Estos la acusaron públicamente poniendo sus manos sobre la cabeza de Susana (v.34),

según era costumbre, pues los ancianos ahora actuaban no como jueces, sino como testigos 5. La

2426

simpatía de los asistentes estaba por Susana, por la buena reputación que tenía; pero, ante el

hecho consumado, se vieron obligados a dar la razón a los dos inicuos ancianos, que ejercían de

jueces en el pueblo por aquel entonces. La honorabilidad de los mismos era una garantía de su

veracidad. La acusación de éstos está urdida con todo detalle para hacerla más verosímil ante la

muchedumbre.

El éxito fue completo, ya que la asamblea los creyó, y el mismo pueblo dio el veredicto:

Susana debía ser condenada a muerte (v.41). A la infortunada mujer no le quedó sino encomendar

su inocencia al cielo, para que Dios la manifestara ante todos (v.35). Por encima de todos los

tribunales humanos apeló al infalible y supremo de Dios, que, como veremos, hará resplandecer

su inocencia. Los dos ancianos habían actuado como testigos y, por tanto, no podían dar sentencia

de jueces. Es el clamor popular el que la da, convencido de la culpabilidad de Susana. Pero

Dios hará que de nuevo el clamor popular exija la rehabilitación de la pobre acusada y la condenación

de los falsos testigos.

Daniel defiende la inocencia de Susana (42-64).

42 Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto,

que ves las cosas todas antes que sucedan ! 43 Tu sabes que han declarado falsamente

contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado

inicuamente contra mí.” 44 Oyó el Señor su voz, 45 y mientras era llevada a la

muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, 46 que con

voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. 47 Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole:

¿Qué significan esas palabras que has proferido? 48 Y él, puesto en medio

de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro

la verdad, condenáis a esa hija de Israel? 49 Volved al tribunal, porque éstos han testificado

falsamente contra ella. 5o Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos

le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te

ha dado el don de la ancianidad. 51 Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que

voy a interrogarlos. 52 Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de

ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que

tantas veces hiciste, 53 juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo

a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. 54 Dinos,

si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco.

55 Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel

de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. 56 Y haciéndole retirar, mandó

traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión

pervirtió tu corazón. 57 Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían;

pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad. 58 Ahora, pues, ¿bajo

qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una

encina. 59 Díjole Daniel: Muy bien, has mentido tú también contra tu cabeza, pues el

ángel de Dios tiene pronta ya la espada para rajarte por medio, para aniquilaros. 60

Y toda la asamblea levantó la voz bendiciendo a Dios, que salva a los que en El esperan.

61 Y se lanzaron contra los dos viejos, a quienes Daniel había convencido por su

propia declaración de haber falsamente testificado. 62 Y, según la Ley de Moisés, les

hicieron como ellos mismos habían maquinado contra su prójimo. Diéronles muerte,

y se salvó en aquel día la sangre inocente. 63 Helcías y su mujer alabaron a Dios por

la salvación de su hija, y con ellos Joaquín, su marido, y todos sus parientes, porque

2427

no fue hallada en ella torpeza. 64 Y desde aquel día en adelante, Daniel se hizo famoso

en su pueblo.

Susana apeló al tribunal de Dios para que en última instancia declarase públicamente su inculpabilidad.

La oración de la virtuosa mujer fue oída al punto. Dios tomó como instrumento para declarar

la inocencia de Susana a un jovencito llamado Daniel. Sobre él envió el espíritu santo

(v.45), o carisma de adivinación y discernimiento, para declarar la verdad oculta. Impulsado por

una fuerza superior, el niño dijo a gritos que él era inocente de la sangre de la infortunada mujer

(v.46). La intervención del jovencito causó sensación, y tan decididas eran sus palabras, que vieron

en su grito un mensaje divino. Daniel les reprochó la ligereza en condenar a Susana sin haber

probado totalmente su culpabilidad. La muchedumbre estaba bien dispuesta a favor de la condenada,

y por eso la invitación a una revisión del proceso pareció muy bien a todos.

Los que formaron el tribunal, unos ancianos diferentes de los dos viejos lujuriosos que

habían actuado de testigos, vieron en Daniel a un enviado de Dios y le invitaron a declarar la

verdad, como si tuviera ya el don de la ancianidad (v.52), es decir, la madurez de juicio requerida

para intervenir en una decisión judicial. Lo que va a hacer Daniel es lo primero que debían

haber hecho los que condenaron a Susana para comprobar la veracidad de la acusación de los dos

viejos calumniadores. A la pregunta del joven sobre la clase de árbol en que vieron a Susana pecar

con el supuesto joven, la respuesta es discorde: uno dice que debajo del lentisco, mientras

que el otro dice que bajo la encina 6. Daniel a uno le llama raza de Canaán, porque imita sus

costumbres corrompidas7, y anuncia que el ángel del Señor va a cumplir la sentencia de muerte

sobre cada uno de ellos para que expíen la calumnia que acaban de hacer y las anteriores iniquidades

cometidas, abusando de su calidad de jueces del pueblo de Israel.

La sentencia del joven Daniel fue confirmada por el pueblo, y los dos viejos lujuriosos

fueron ejecutados, conforme estaba prescrito en la Ley mosaica en caso de la falsa acusación 8.

La inocencia de Susana quedó así públicamente reconocida, y todos alabaron a Dios porque

había manifestado la verdad por su siervo Daniel, que desde entonces se hizo famoso en su pueblo

(v.64). Los familiares de la acusada vieron rehabilitada la fama de ésta, y con ello se salvó la

honorabilidad de toda la parentela.

1 Cf. EZ 14:1; 20:1. — 2 Cf. Lev 20:10; Dt 22:21-22; Jn 8:4-5. — 3 Cf. Núm 5,18. — 4 Cf. Mishna, Sota 1:5. — 5 Cf. Lev 24:14· —

6 En griego hay un juego de palabras entre lentisco (σχΐνον) y partir por medio (σχίσει) del v.55, y encina (rrpívov) y rajar

(κατάπρίοτ)). Esta paranomasia fue ya puesta de relieve por Julio el Africano y Porfirio para probar que el relato había sido escrito

originalmente en griego. Cf. San Jerónimo: PL 25:492.582. — 7 Sobre la corrupción de los cananeos cf. Gen 15:16; Lev 18:24-30;

Sab 12:3-6; 14:23-26; Ez 16:3.45. — 8 Cf. Dt 19:16-21.

14. Bel y el Dragón.

Es un nuevo apéndice a la ya compleja antología de narraciones del libro de Daniel. Se trata

ahora de poner en ridículo ante los creyentes israelitas el culto idolátrico de la omnipotente Babilonia,

objeto de admiración de los pequeños pueblos del antiguo Oriente. En los LXX se dice que

la narración está tomada de “la profecía de Ambacum (o Habacuc), hijo de Jesús, de la tribu de

Leví,” lo que parece indicar que formaba parte de otra colección de relatos. Él fondo histórico es

nebuloso.

Daniel rehusa adorar al ídolo Bel (1-7).

1 Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. 2 Era Da2428

niel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. 3 Tenían los

babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina,

cuarenta ovejas y seis metretas de vino. 4 El rey le veneraba e iba cada día a adorarle,

pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? 5 A lo

que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino

al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. 6 El rey le

replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? 7

Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es

barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás.

La datación del v.1 no aparece en los LXX. Se ha supuesto que esta narración debía seguir a la

del c.6, pues es muy análoga por su contenido. El v.1 es casi idéntico al 6:28, cambiando en Astiages

el nombre de Darío. Astiages fue el último rey de Media, vencido y suplantado por Ciro 1,

que anexionó el reino de aquél al imperio persa que éste creó. El rey de que se habla en este capítulo

parece ser Ciro, aunque no se especifica expresamente. Bel era la divinidad patronal de Babilonia,

llamada también Marduk2. Las ofrendas eran muy considerables. De ellas nos hablan los

textos cuneiformes y el mismo Herodoto 3. Las cantidades que da la Biblia son exorbitantes: doce

artabas de flor de harina (seis hectolitros)4, que correspondía a la oblación al ídolo; cuarenta

ovejas (sacrificio cruento) 5 y seis metretas de vino (libaciones), es decir, unos dos hectolitros de

vino 6.

Ciro fue muy condescendiente con los cultos religiosos de los pueblos vencidos. Aquí

aparece como muy devoto del dios babilonio Bel. Naturalmente, Daniel, como en el c.6, no admite

más Dios que el de sus padres, Creador de todo y soberano de toda carne (v.5), es decir, de

todos los hombres. Sólo Yahvé es el Dios vivo, mientras que el ídolo de Babilonia es de barro

por dentro y de bronce por fuera. El rey le replica que también es vivo, puesto que come grandes

cantidades de ofrendas. La respuesta de Daniel es irónica y da lugar a una apuesta ofrecida por el

mismo rey.

Daniel prueba que Bel no es un dios (8-22).

8 Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume

todas estas provisiones, moriréis; 9 pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume,

morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey:

Hágase según tu palabra. 10 Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres

e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, 11 y le dijeron los sacerdotes: Nosotros

saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás

la puerta y la sellarás con tu anillo, 12 y si al venir por la mañana no hallamos que

los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel

nos habrá calumniado. 13 Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa

habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir

las provisiones. 14 Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó

Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron

por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de

sellarlas con el sello real, se retiraron. 15 Por la noche vinieron, como de costumbre,

los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. 16

Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, 17 y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos

los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey.18 Abrió luego las puertas y miró el

2429

rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. 19

Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento

y ve de quién son estas pisadas. 20 Respondió el rey: Veo pisadas de hombres,

de mujeres y de niños. E irritado el rey, 21 hizo prender a los sacerdotes, a sus

mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir

lo que se colocaba sobre la mesa, 22 y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel,

que lo destruyó, así como su templo.

El rey sospechó algún fraude de parte de los sacerdotes y propuso una comprobación del hecho.

Los sacerdotes y Daniel aceptan. Aquéllos habían hecho una puerta oculta para entrar sin romper

el sello que el rey puso en la entrada oficial. La sagacidad de Daniel sospechó esto, y sin que los

sacerdotes supieran nada, mandó echar ceniza por el pavimento. Por la noche los sacerdotes y

sus familias entraron en el templo y se llevaron las provisiones. El rey, al día siguiente, constata

con Daniel que las provisiones han desaparecido sin que el sello de la puerta haya sido roto.

Cuando empieza a cantar un himno de reconocimiento a Bel, Daniel le hace observar las pisadas

en el pavimento. El rey se convence del fraude y manda matar a los impostores y destruir el ídolo

y el templo.

No consta en los documentos profanos que Giro haya destruido el famoso templo de Bel-

Marduk de Babilonia, como se indica en el v.22. Por Herodoto sabemos más bien que fue saqueado

por Jerjes en el siglo V a.C., mucho tiempo después de Ciro. Estas imprecisiones históricas

son frecuentes en el libro de Daniel, cuyos relatos, de muy diversa índole, han sufrido muchos

retoques redaccionales. De su historicidad ha de juzgarse teniendo en cuenta la índole literaria

midráshica del mismo, como en páginas anteriores hemos anotado reiteradamente. El

hagiógrafo ha querido recoger relatos tradicionales en los que brilla el poder del Dios único para

edificación de sus lectores. Y muchas veces, no siempre, el sentido de precisión histórica preside

sus relatos de índole netamente religiosa.

Daniel mata al dragón (23-31).

23 Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. 24 Dijo el rey a

Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe;

de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues. 25 A lo que Daniel contestó:

Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. 26 Si tú, rey, me lo permites,

yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está.

27 Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que

luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais.

28 Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron

contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado

al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. 29 Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos

a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa. 30 Y viéndose el rey muy acosado,

les entregó a Daniel a la fuerza, 31 y le arrojaron al foso de los leones.

Sigue la narración apologética para destacar la omnipotencia del Dios de los judíos y la inanidad

de los ídolos paganos. Ahora es un dragón, el adorado como dios por los babilonios, la víctima

de la intransigencia monoteística de Daniel. Las serpientes eran muy veneradas entre los babilonios

(la teriolatría), y parece que hay indicios de que se daba culto a serpientes vivas7. El dragón

era símbolo de Tiamat, el dragón-océano de la antigua mitología mesopotámica.

2430

Daniel, despectivamente, se compromete a matar sin armas al dragón venerado por los

babilonios; en efecto, le da de comer cosas indigeribles, y el dragón muere al punto 8. La noticia

de la muerte del dragón irritó a los habitantes de Babilonia, que van a pedir cuentas al rey, al que

consideran convertido al judaismo por consentir en todo lo que pedía Daniel. El rey, atemorizado,

les entrega a Daniel, el cual fue arrojado de nuevo al foso de los leones.

Daniel, auxiliado por Dios en el foso de los leones. (32-39)

32 Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día

dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada

para que devorasen a Daniel. 33 Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual,

cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los

segadores. 34 Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes

preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. 35 Y contestó

Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. 36 Y

tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a

Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. 37 Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.

Paniel! toma la comida que Dios te envía. 38 Y contestó Daniel: En verdad, ¡oh

Dios! te has acordado de mí, pues no abandonas a los que te aman. 39 Y levantándose,

comió, y al instante el ángel de Dios restituyó a Habacuc a su lugar.

El relato se desarrolla siempre con recargo de lo milagroso, muy en consonancia con el género

literario midrdshico (novela edificante al estilo de la “leyenda dorada” de Jacobo de Vorágine).

Los prodigios se multiplican: Daniel estuvo siete días en el foso con siete leones hambrientos, a

los que se privaba de la ración diaria de dos cuerpos humanos 9 y de dos ovejas; y, sin embargo,

se abstuvieron de tocarle; por fin, Dios le envió desde Judea al profeta Habacuc para que le trajera

la comida 10. Daniel la recibe y da gracias a Dios, que no le abandonó en el foso de los leones.

El rey da gloria a Dios (40-43).

40 Al día siguiente vino el rey a llorar a Daniel, y, llegando al foso, miró y vio a Daniel

sentado. 41 Entonces, levantando la voz, dijo: ¡Grande eres, Señor, Dios de Daniel,

y no hay otro fuera de ti! 42 Y le sacó del foso y arrojó en él a los causantes de

su condena, que al instante en su presencia fueron devorados. 43 Entonces el rey dijo:

Teman todos los moradores de la tierra al Dios de Daniel, porque es el verdadero

salvador, que hace milagros y maravillas en la tierra y ha librado a Daniel del foso

de los leones.

La conclusión del episodio es en todo similar a la de 6:25. Allí Nabucodonosor fue a ver lo que

había pasado a su amigo; aquí es Ciro el persa. La situación es en todo semejante, y el estilo

convencional del relato, el mismo: Daniel es liberado, y el rey reconoce públicamente la omnipotencia

del Dios de Daniel y arroja en el foso a los que le habían condenado. Todo ello cae dentro

del género literario midráshico, que es una de las características del libro de Daniel.

1 Cf. Herodoto, I 130. — 2 Bel equivale al Baal (“señor”) de los semitas occidentales. — 3 Cf. Herodoto, I 183. — 4 La arlaba era

una medida persa de medio hectolitro de capacidad. — 5 Los LXX ponen cuatro ovejas. Hemos seguido la lección de Teodoción,

admitida en la Vg como más apropiada en consonancia con las otras medidas. — 6 La metreta equivalía a unos 39 litros. Cf. Jn

2:6. Los LXX leen aceite en vez de vino. — 7 Cf. Landersdorfer, Der Orache von Babylon: “Biblische Zeitschrift” (1913) p-3- —

8 Herodoto habla de algo parecido (8:41). — 9 Los LXX añaden “de condenados a muerte.” — 10 La palabra profeta falta en los

LXX. Conocemos un profeta de este nombre entre los profetas menores, pero la identidad de nombre no basta para su identifica2431

ción con este del libro de Daniel. En la Biblia se habla de otros traslados milagrosos por el aire (cf. 1 Re 18:12; 2 Re 2:11.16; Ez

8:3; Mt 4:5.8; Act 8:39-40).

 

Oseas.

Introducción.

Nombre y Vida del Profeta.

La Biblia no da ninguna indicación sobre el lugar de nacimiento de Oseas (en hebreo

Hosea: “Yahvé salva”). Únicamente conocemos el nombre de su padre, Beeri! El nombre coincide

con el del último rey de Israel 2, y no debía de ser raro en la época. Como la predicación de

Oseas se desarrolla en el reino del norte, se supone que es oriundo de esta zona septentrional israelita;

pues, por otra parte, en el libro se refleja la situación política del reino de Samaría. No

sabemos a qué clase social pertenecía, probablemente a la de agricultor, a juzgar por las numerosas

alusiones a la vida agrícola 3. No obstante, algunos autores creen que era de la clase sacerdotal

o que formaba parte de las asociaciones “proféticas” profesionales. Pero nada de esto se insinúa

en el libro.

En sus oráculos, el profeta nos habla de su vida familiar. Por orden de Dios contrajo matrimonio

con una mujer de mala vida, o con una mujer que le fue infiel en el matrimonio, de la

que tuvo tres hijos, con nombres simbólicos relacionados con la conducta pecadora de Israel como

pueblo. Los autores disputan sobre el sentido de estas narraciones, y así, mientras unos entienden

estos relatos en sentido historicista, es decir, como reflejo de la vida familiar real del profeta,

otros más bien creen que estas narraciones son en el fondo parábolas en acción. Desde luego,

el carácter esquemático y apresurado de la narración — siempre en función de simbolizar las

relaciones de Yahvé con Israel — parece favorecer la tesis parabolista. Es decir, que nos hallaríamos

ante un caso similar a. las parábolas expuestas como una realización real por Natán a

David y por un profeta anónimo a Acab 4.

Ambiente histórico.

La época en que se desarrolló la vida del profeta fue tumultuosa en extremo. Después de

un reinado de esplendor, encarnado en Jeroboam II (783-743), el cual, después de haber vencido

a los sirios, logró una era de prosperidad comercial para su país, éste entró en un período completo

de descomposición política como consecuencia de la invasión de Teglatfalasar III (745-

727). Después de la -muerte de Jeroboam II se sucedieron vertiginosamente los reyes. Su hijo

Zacarías apenas reinó un año (743), pues fue asesinado por Sellum (743), el cual a su vez lo fue

por Menajem (743-738). El hijo de éste, Pecaya, fue asesinado por Pecaj (737-732) 5. Este se alió

con Rasín de Damasco contra Asiría 6, pero Teglatfalasar les venció, ocupando Damasco (732) y

parte del reino israelita del norte, que fue anexionado como provincia tributaria a Asiría, deportando

a sus habitantes7. El reino del norte quedó reducido al territorio de Efraím, y oficialmente

en estado de vasallo.

En la capital, Samaría, había una fuerte facción egiptófila, y parece que Pecaj la favorecía.

Por ello fue asesinado por el asirófilo Oseas (732-724), que fue el último rey de Samaría,

ocupada por los asirios en 722-21 a.C. Al principio Oseas entregaba sumisamente el tributo al

rey de Asiría, Teglatfalasar; pero, al morir éste, con su sucesor, Salmanasar V (727-722), las relaciones

se endurecieron; a causa de la afición del rey Oseas hacia Egipto, rehusó pagar el tributo

2432

acostumbrado. Oseas fue depuesto (725-24), y después de tres años de asedio, Samaría, capital

del reino, cayó en manos de los asirios (722-21). En este ambiente de zozobra y de conspiraciones

en la corte se desarrolló la vida profética de Oseas.

Con el bienestar conseguido en tiempo de Jeroboam II, las costumbres se relajaron y el

culto cismático de Yahvé sufrió profundas infiltraciones idolátricas, con lo que surgió una religión

sincretista, contra la que luchó denodadamente el profeta. El culto oficial del Estado se centraba

en la adoración del “becerro de oro,” representación sensible de Yahvé 8; lo que era un

primer paso para la idolatría, a la que era tan propenso el pueblo hebreo. Desde los tiempos de

Acab (s.IX), los cultos fenicios habían penetrado hondamente en la vida religiosa del reino septentrional

9. El profeta Oseas luchó contra estas infiltraciones paganas, pues prácticamente Yahvé

había sido reducido a la categoría de un Dios principal en un panteón. Por otra parte, las manifestaciones

culturales externas, como ofrendas de sacrificios, observancia del sábado y de las fiestas

anuales 10, no tenían el contenido religioso interno de entrega a Dios y a sus preceptos. De ahí la

religión hipócrita y formularia, que era en realidad una caricatura de la tradición religiosa de Israel.

Contenido y estructura del libro..

La predicación de Oseas es esencialmente afectiva, y por eso no es fácil hacer un esquema

ideológico de sus oráculos. La idea central de su mensaje es la contraposición del amor de

Yahvé y la ingratitud de Israel, que no ha sabido corresponder a su calidad de pueblo elegido. En

realidad, Yahvé se ha unido con su pueblo en una alianza matrimonial, pero Israel la ha quebrantado.

Por eso Yahvé le castigará, pero amorosamente, para atraerle a buen camino, a la reconciliación.

Conforme al orden actual del libro que se atribuye a Oseas, podemos hacer el siguiente

esquema de sus oráculos:

A) Relaciones amorosas de Yahvé e Israel (1:1-3:5):

El matrimonio con una mujer de mala vida simboliza la infidelidad de Israel a Yahvé.

Reconciliación con la mujer infiel.

Los nombres de los hijos de Oseas, símbolo de las relaciones entre Yahvé e Israel.

B) Oráculos conminatorios (4:1 -14:10):

Se declara la culpabilidad y el castigo de Israel. Impenitencia de Israel y Judá. Anuncio

de la cautividad.

Invitación al arrepentimiento.

La primera parte está en prosa, mientras la segunda en poesía. Pero la identidad ideológica es

total, y la ilación lógica es muy normal, en tal forma que la segunda parte parece un desarrollo de

la del esquema teológico de la primera. Ambas partes terminan con el anuncio trágico de la destrucción

del reino del norte. Los nombres de sus hijos Jezrael, Lo-Rujamá (“sin compasión”) y

Loami (“no mi pueblo”) son un símbolo del castigo material de Israel y del abandono por parte

de Dios hasta que entre por las vías del arrepentimiento. El recuerdo de la llanura de Jezrael,

donde en otro tiempo Jehú extirpó la dinastía de Acab, será el símbolo de la nueva carnicería que

se cierne sobre la casa real de Samaría. Pero, una vez que se cumpla la justicia de Yahvé e Israel

vuelva a su Esposo, ese nombre, de recuerdo siniestro, se convertirá en símbolo de bendición,

manifestada en la feracidad edénica de la tierra (Jezrael: “Yahvé siembra”), y, por otra parte, Israel

volverá a ser el pueblo elegido de su Dios, de forma que Yahvé podrá llamarle “Pueblo mío”

y “Misericordia,” porque sobre él se derramará su piedad salvadora.

2433

Autenticidad y transmisión textual.

En general no hay razones serias que objetar a la unidad de autor del libro de Oseas. No

obstante, en sus oráculos hay intercalaciones de un compilador posterior, que en Judá dio la última

redacción a los escritos atribuidos a Oseas 11.

En cambio, el problema textual es atormentador, ya que el estado actual del TM es sumamente

deficiente. Hay pasajes ininteligibles y es preciso recurrir a las versiones para reconstruir

una posible lectura original satisfactoria 12. La versión de los LXX está hecha sobre un texto

muy corrompido, y por eso es preciso acudir a las exigencias del contexto y de la métrica para

rastrear el posible sentido original. En la segunda parte, poética, muchas veces los incisos y esticos

están desplazados. Es célebre la frase de San Jerónimo: “Oseas commaticus est, et quasi per

sententias lo-quens13. Este estilo entrecortado y sentencioso hay que atribuirlo a su temperamento

afectivo y emocional. A través de sus frases misteriosas y entrecortadas se percibe la hondura

de su alma, enamorada de su pueblo. De ahí que a veces falta el encadenamiento lógico,

porque las explosiones afectivas dominan la frase. No obstante, tiene una gran riqueza de imaginación,

con propensión a tomar los símiles de la naturaleza; conoce bien las leyes del paralelismo

y los recursos de la paranomasia; alude frecuentemente a las tradiciones antiguas de Israel; sobre

todo siente nostalgia de la vida del desierto, cuando las relaciones entre Yahvé e Israel eran más

sinceras; conoce muchos incidentes y hechos de la historia sagrada, del Pentateuco y del libro de

los Jueces 14.

Mensaje doctrinal.

a) Oseas centra su predicación en torno a las relaciones de Yahvé con Israel como pueblo

elegido: por eso no hay en sus oráculos anuncios relativos a las naciones paganas ni a Judá, a pesar

de que debía de conocer los oráculos de Amos. Abiertamente declara el monoteísmo estricto.

Yahvé es el Dios exclusivo de Israel15, pero es también el único Dios, ya que los baales cananeos

no son nada, sino obra del hombre 16. El gran pecado de Israel es la idolatría, que en el fondo

procede de la ignorancia 17. Pero, ante todo, Yahvé es el Dios de Israel, porque le ha elegido

entre todos los pueblos.

Sus relaciones son tan amorosas, que son comparables al amor íntimo de dos esposos. Este

símil del matrimonio para expresar las relaciones entre Yahvé e Israel es expresado por primera

vez por Oseas, pero queda después acuñado para reaparecer en los oráculos de Isaías 18, Jeremías

19, Ezequiel 20 y en la literatura sapiencial, sobre todo en el Cantar de los Cantares. Y aún el

símil penetra en los escritos del Ν. Τ. 21 Oseas describe dramáticamente las tentativas amorosas

de Yahvé por atraerse a su pueblo, al que ama, pero que le es infiel. A pesar de sus infidelidades,

le busca una y otra vez hasta hacerle comprender — por las privaciones y castigos — que su bien

está sólo en acercarse a su Esposo, el de su juventud.

Desde el punto de vista del culto religioso, el profeta rechaza todas las manifestaciones

culturales, que están inficionadas de cultos idolátricos extraños 22. En general, ante todo urge el

cumplimiento de los valores morales. El culto externo sólo es aceptable por Yahvé en la medida

en que va acompañado del reconocimiento íntimo de sus derechos y de la entrega del corazón a

sus preceptos. El profeta urge sistemáticamente el cumplimiento de los preceptos del decálogo

al acusar a sus contemporáneos: “perjuran, mienten, matan, roban, adulteran, oprimen, y las sangres

se suceden a las sangres”23. Se opone a todo culto a las imágenes24 y supone la existencia

del descanso sabático 25.

b) La idea mesiánica queda perfectamente expresada al anunciar una nueva alianza ma2434

trimonial indefectible: “Seré tu esposo para siempre, te desposaré conmigo en justicia, en juicio,

en misericordias y en piedades, y yo seré tu esposo en fidelidad, y tú reconocerás a Yahvé.”26 El

profeta anuncia aquí una nueva era en la que desaparecerá el pecado y las relaciones de Israel

con Dios se basarán en la “justicia, el juicio y la misericordia,” de forma que podrá ser Yahvé de

nuevo y definitivamente el Esposo en fidelidad, basándose las nuevas relaciones en el reconocimiento

de los derechos divinos 27.

Como consecuencia, Dios bendecirá a su pueblo, que será “como las arenas del mar, que

son sin medida y sin número, y en el lugar-mismo en que se les dijo: “Vosotros no sois mi pueblo,”

se dirá de ellos: “Los hijos del Dios vivo.” Los hijos de Judá y los hijos de Israel se juntarán

en uno y se darán un jefe único y se desbordarán de la tierra, pues será grande el día de Jezrael.”

28 El profeta piensa en los tiempos en que, pasada la hora de prueba, el castigo de la cautividad,

volverán Judá e Israel a constituir un solo pueblo con un solo jefe: “Volverán los hijos de

Israel y buscarán a Yahvé, su Dios, y a David, su rey, y se apresurarán a venir temerosos a Yahvé.”

29 Es el anuncio de la nueva teocracia, que será como una superación de los tiempos

gloriosos de David.

Y el profeta, ante esta perspectiva, suelta su imaginación, presentándonos un cuadro idílico

en el que aparecen las fieras amansadas y los campos dotados de feracidad edénica: “En aquel

día haré en favor de ellos concierto con las bestias del campo, con las aves del cielo y con los

reptiles de la tierra, y quebraré en la tierra arco, espada y guerra, y haré que reposen seguros. En

aquel día yo seré propicio — dice Yahvé — a los cielos, y los cielos serán propicios a la tierra; la

tierra, propicia al trigo, al mosto y al aceite, y éstos, propicios a Jezrael.” 30 Esta perspectiva de

paz total y de feracidad edénica se convertirá en tópico en la literatura profética posterior 31. Es el

ansia de paz y de felicidad inherente a su corazón humano, que será colmada en los tiempos

mesiánicos.

1 Os 1:1. — 2 Cf. 2 Re 17:1. Oseas es el nombre original de Josué (Núm 13:17). — 3 Cf. Os4:16; 6:3; 8,7; 9:2.10; 10:1; 13:3; 14:6-8.

— 4 Cf. 2 Sam 12:1-7; 1 Re 20:35-43. — 5 Cf. 2 Re 15:10; 2 Re 15:17.23-25. — 6 Cf. 2 Re 16:5; Is 7. — 7 Cf. 2 Re 15:29. — 8

Lo que estaba prohibido en Ex 20:4. — 9 Cf. 1 Re 16:30. — 10 Cf. Os 2:11; 4:15; 8:4; 13:2. — 11 Se consideran obra de un glosista

los fragmentos 2,isb-25; 14:2-10. — 12 Por ejemplo, Os 4:19; 6:11; 7:1. — 13 SAN JERÓNIMO, Praef. ín XII Proph.: PL

28:1015. — 14 Cf. Os 9:4 y Ex 3:14; Os 11:8 y Gen 19:243; Dt 29:22; Os 9:10 y Núm 25; Os 13:1 y Núm 16; Dt u,6; Os 2:17 y

Jos 7:24-26; Os 9:9 y 10,95 y Jue 195; Os 13:10 y 1 Sam 8. — 15 Os 3:5; 4:6-12. — 16 Os 8:4-6; 13:2. — 17 Os 4:6. — 18 Is

50,1; 54:5·ΐο; 62:4-5. — 19 Jer 2:1-7; 3:15; 31:22. — 20 Ez c.ió y 23. — 21 Cf. Os n,i y Mt 2:15; Os 6:6 y Mt 9:13; Os 10,8 y Le

23:30; Os 2:25 y Rom 9:25; Os 13:14 y i Cor 15:55; Is 1:6.9; 2:3 y i Pe 2:10. — 22 Cf. Os 7:14; 8:4-6.11; 10,is. — 23 Os 4:2. —

24 Os 8:4; 10:2-5; 13:2. — 25 OS 2:11. — 26 Os 2:19(21)3. — 27 Jer 31:33-34· — 28 Os 1:11. — 29 3:5. — 30 2:22. — 31 Cf. Is 51:3;

31:1s; 41:18; 43:10; Ez 47.

1. El Matrimonio de Oseas.

Los tres primeros capítulos del libro de Oseas se refieren a la experiencia personal del propio

Oseas en su vida familiar y son como una introducción simbólica al mensaje de amor profundo

que Yahvé tiene para con su pueblo Israel.

Introducción histórica.

1 Palabra de Yahvé dirigida a Oseas, hijo de Beeri, en tiempos de Ozías, Joatán,

Acaz y Exequias, reyes de Judá, y en tiempos de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel.

Este título del libro, sin duda añadido por el compilador de las diversas profecías de Oseas, nos

2435

presenta el marco histórico máximo en el que el profeta desarrolló su ministerio. Como en otros

profetas, se dan sincronizados los reyes de Judá y de Israel. La actividad profética de Oseas se

desarrolla, según los datos que aquí nos da, desde el 750 a.C., más o menos, hasta poco antes de

la caída de Samaría en 722-721. Algunos autores creen que deben considerarse como glosas los

nombres de Acaz y Ezequías. En las profecías se presenta como futuro el hecho de la caída de

Samaría (722-21), y como no hay alusiones a la invasión de Judá por Pecaj de Samaría y Rasín

de Damasco en 734 a.C., bajo el reinado de Judá, se circunscribe generalmente la actividad profética

de Oseas entre el 750 al 735 a.C. 1

Orden de casarse con una prostituta.

2 Comienzo del hablar de Yahvé en Oseas: Dijo Yahvé a Oseas: Ve y toma por mujer

a una prostituta y engendra hijos de prostitución, pues que se prostituye la tierra

apartándose de Yahvé.

Dios le da al profeta una orden extraña: la de casarse con una prostituta para que engendre hijos

de prostitución. Como veremos después, esta orden tiene una significación simbólica: la de figurar

los amores de Yahvé para con Israel, esposa infiel. La palabra prostituta puede tener el sentido

de mujer pública, deshonrada ya antes de que la tomara por esposa Oseas, o de adúltera por la

conducta infiel en el matrimonio. En este último caso, Oseas se habría casado con una mujer

honrada normal, pero que le fue infiel después durante el matrimonio; por eso sus hijos son adulterinos.

Esta segunda interpretación se prestaría mejor para el simbolismo que quiere expresar el

profeta, a saber, que la tierra de Israel se prostituye, apartándose de Yahvé, yendo tras otros

amantes, los ídolos cananeos.

Primer hijo de Oseas (3-5).

3 Fue, pues, y tomó por mujer a Gomer, hija de Diblayim, que concibió y le parió un

hijo, 4 y le dijo Yahvé: Ponle por nombre Jezrael, porque de aquí a poco visitaré yo

las matanzas de Jezrael sobre la casa de Jehú y pondré fin al reino de la casa de Israel.

5 Aquel día romperé yo el arco de Israel en el valle de Jezrael.

El profeta cumplió al punto la orden de Dios, casándose con una mujer llamada Gomer, hija de

Diblayim (v.3). El nombre no tiene nada de misterioso en la onomástica hebrea, y, por tanto, no

debemos buscar ocultos sentidos alegóricos en el significado de los mismos. Los que interpretan

esta historia familiar de la vida de Oseas en sentido histórico suelen hacer hincapié en los nombres

propios aquí consignados. Ya veremos después el valor de este argumento cuando estudiemos

la historicidad de estos relatos. De todos modos, aquí el profeta no presta importancia al

sentido simbólico posible de su mujer, sino al de su hijo Jezrael (v.4), que habría de recordar las

matanzas de Jehú, fundador de la dinastía a la que pertenecía Jeroboam II, en el valle de Jezrael

2. Jehú había sido instrumento de la justicia divina para castigar las idolatrías de Joram, Acab y

Jezabel; pero ahora llegaba la hora de pedir cuentas a la dinastía de Jehú (841-814/3), que era tan

culpable ante Yahvé como la extinguida por éste.

Con Jeroboam II, el reino del norte, Israel, había llegado a un alto nivel económico y militar.

Esto hizo que surgiera el vicio por doquier. Sobre todo, las clases sociales elevadas hacían

caso omiso de las prescripciones de la Ley mosaica; contra sus abusos predicó por este tiempo el

profeta Amos.

El hijo, pues, de Oseas simbolizará con su nombre de Jezrael la justicia de Dios sobre la

2436

dinastía inaugurada en las matanzas de la llanura de Jezrael, entre el Carmelo y Beisán. El primer

hijo de Oseas simbolizará el ocaso del reino de la casa de Israel (v.4). Dios pedirá cuenta

por las matanzas de Jezrael, llevadas a cabo por el fundador de la dinastía, Jehú, y romperá el

arco (la fuerza) de Israel en el valle de Jezrael (v.5), lugar tradicional de batallas. El nombre,

pues, del primer hijo de Oseas tendrá un significado siniestro para los destinos del reino de Israel,

cuya capital era Samaría.

Nombres simbólicos de los otros hijos de Oseas (6-9).

6 Concibió ella de nuevo y parió una hija, y Yahvé dijo a * Oseas: Dale el nombre de

“Lo-Rujamá,” porque ya no me compadeceré de la casa de Israel, no la perdonaré

jamás. 7 Pero tendré misericordia de la casa de Judá, y los salvaré por Yahvé, Dios;

no los salvaré con arco, ni con espada, ni con guerra, ni con caballos, ni con jinetes.8

Luego de destetar a “Lo-Rujamá,” volvió a concebir y parió un hijo, 9 y dijo Yahvé:

Llámalo “Lo-Ammí,” porque vosotros no sois mi pueblo, y yo no soy vuestro Dios.

Como al primer hijo de Oseas se le impuso un nombre simbólico (Jezrael), para significar la

próxima ruina del reino de Israel, así los otros hijos tendrán un significado siniestro para la suerte

del reino del norte. La hija se llamará Lo-Rujamá (“sin misericordia”), porque Yahvé ya no volverá

a sentir piedad por el reino de Israel. Ha colmado la maldad, y llega la hora de la justicia

divina, que descargará sin misericordia, pues Israel ya no es el pueblo de

Yahvé. Al tercer hijo se le pone el nombre simbólico de Lo-Ammí (“no pueblo mío”)

(V.9). Se ha roto la alianza que le vinculaba a Israel, y Yahvé le tratará como si no fuera “su pueblo.”

El v.8 parece una glosa intercalada por el compilador para contraponer la triste suerte del

reino del norte, Israel, al de Judá, que gozará de una especial protección de Yahvé. De hecho, el

reino de Judá sobrevivió al de Israel unos ciento cuarenta años. Yahvé tendrá misericordia de

Judá y lo salvará en los momentos críticos sin fuerza militar (arco, espada.), con sólo su omnipotencia.

Bendición de los tiempos mesiánicos (10-2:1).

10 (1) Y será la muchedumbre de los hijos de Israel como las arenas del mar, que son

sin medida y sin número, y en el lugar mismo en que se les dijo: “Vosotros no sois

mi pueblo,” se dirá de ellos: “Los hijos del Dios vivo,” 11 (2) Los hijos de Judá y los

hijos de Israel se juntarán en uno y se darán un jefe único y se desbordarán de la

tierra, pues será grande el día de Jezrael. 21 (3) Decid, pues, a vuestro hermano

“Ammí” y a vuestra hermana “Rujamá.”

Los v.10 y 11 corresponden en el TM a los tres primeros del c.2. Algunos autores, como Hoonacker,

los consideran continuación del v.7 del c.1 y creen están traspuestos. Su lugar debido sería

a continuación del v.25 del c.2, donde parecen una explanación lógica de las promesas de rehabilitación

de Judá e Israel que allí se expresan. Pueden ser también debidos a un glosista posterior,

que en medio de las amenazas de abandono hechas por Oseas contra Israel ha creído conveniente

recordar las promesas mesiánicas que Dios reiteradamente ha hecho a su pueblo. En todo

caso, se quiere hacer constar que el castigo de Dios sobre Israel será pasajero, pues llegarán días

en que volverá a multiplicarse como las arenas del mar. Es la fórmula de la promesa hecha a

Abraham (Gen 22:17) y reiterada en otros profetas (Is 10:22; Jer 33:22). Aunque Dios les ha di2437

cho que no son su pueblo, volverán a llamarse los hijos del Dios vivo (v.10), como pueblo que

está bajo la protección inmediata de un Dios vivo, que, como tal, les dispensará su ayuda en todo,

en contraposición a los ídolos impotentes, que no tienen vida.

La perspectiva venturosa se completará al juntarse de nuevo los reinos de Israel y de Judá

bajo un único jefe, como en los tiempos pasados (v.11). Indudablemente que el fragmento se refiere

a los tiempos mesiánicos, en que un nuevo caudillo, el Mesías, reunirá bajo su mando a los

dos pueblos, separados después de la muerte de Salomón. Serán tan numerosos, que se desbordarán

de la tierra (v.11), incapaz de contenerlos. Entonces los nombres en otros tiempos siniestros

de Jezrael, Lo-Rujama y Lo-Ammí cambiarán de sentido, y significarán más bien las bendiciones

de Yahvé a su pueblo. Así, Jezrael simbolizará la feracidad de la llanura de Jezrael, que

será propicia al trigo, al mosto y al aceite (v.24). Y los nombres de los otros hermanos se cambiarán

en Rujamá (“misericordia”) y Ammí (“mi pueblo”) (v.2,1).

Es corriente en la literatura profética intercalar vaticinios conminatorios y de misericordia

para, de un lado, sembrar el temor al castigo merecido, y de otro, no caer en la desesperación. Es

el caso que aquí comentamos. Quizá el compilador juzgó prudente trasponer esta promesa de misericordia

para contrarrestar el anuncio de castigo sobre Israel para que el lector no quedara demasiado

impresionado por estos vaticinios amenazadores contra el reino del norte.

1 He aquí la cronología de los reyes de Judá y de Israel mencionados en el texto: En Judá: Oirías, llamado también Azarías en la Biblia

(768-740/39), Joatán (740/39-736/35), Acaz(736/35-727), Ezequías (727-698/7). En Israel: Jeroboam II (782/1-753). El autor

no menciona otros reyes de Israel. Después de Jeroboam le sucedieron vertiginosamente: Zacarías (753/2), Sellum (752-752/1),

Menajem (752-742/1), Pecaya (742/1-740/39), Pecaj (740/39-730/29). — 2 Cf. 2 Re 9:21-26.30-37.

2. Providencia de Yahvé sobre Su Pueblo.

Infidelidad de Israel a Yahvé (2-5).

2 (4) Protestad de vuestra madre, porque ni ella es mi mujer ni yo soy su marido. Que

deje de su rostro sus fornicaciones y de entre sus pechos sus prostituciones, 3 (5) no

sea que yo la despoje, y, desnuda, la ponga como el día en que nació, y la convierta

en desierto, en tierra árida, y la haga morir de sed. 4 (6.) Y no tendré piedad de sus

hijos, porque son hijos de prostitución. 5 (7) Su madre se prostituyó; la que los concibió

se deshonró y dijo: Me iré tras de mis amantes, que ellos me dan mi pan y mi

agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida.

El profeta, después de dramatizar su situación familiar, quiere sacar la lección que de ella se desprende.

El matrimonio suyo con Gomer simbolizaba el matrimonio de Yahvé con Israel. Este (la

esposa infiel) se había ido tras de los ídolos, engendrando hijos bastardos, simbolizados en los

nombres de los tres supuestos hijos de Oseas. Yahvé, por el profeta, invita a sus hijos bastardos

(los israelitas) a echar en cara a su madre (Israel) su vergonzosa conducta: Protestad de vuestra

madre. (v.2), pues por sus fornicaciones, o flirteos con los cultos idolátricos, se ha divorciado de

su verdadero Esposo, Yahvé: Ni ella es mi mujer ni yo soy su marido.

Si no deja su conducta deshonrosa, Yahvé la abandonará y la dejará sola, abandonada

como un desierto., como el día en que nació (v.5). Estas palabras aluden a la estancia de Israel en

el desierto, cuando estaba abandonada de todos y sólo la especial providencia de Yahvé la salvó

de la muerte, llegando su prodigalidad a darle una tierra feraz, la de los cananeos. Una vez que

Israel logró organizarse como nación en Canaán, se creyó ya suficientemente fuerte y se olvidó

2438

de su Dios, yéndose tras de los ídolos cananeos. Pero Yahvé le puede castigar y volverla en tierra

árida, quedando totalmente desamparada, con peligro de morir de sed 1.

Israel se fue tras de sus amantes (ν.6), los ídolos, porque creía que así se multiplicarían

sus bienes, su dote: me dan mi pan., mi lana., mi aceite. La feracidad exuberante de Canaán, en

comparación de las estepas del Sinaí, había fascinado la imaginación rudimentaria de los israelitas

al instalarse en Canaán, los cuales habían creído que los dioses locales eran más pródigos con

sus adoradores que el adusto Dios del Sinaí. Esto exaspera al verdadero Esposo de Israel, que no

va a tener piedad de los israelitas porque son hijos de prostitución (v.4).

Yahvé castiga a Israel para atraerle (6-13).

6 (8) Por eso voy yo a cercar sus caminos con zarzas y a alzar un muro para que no

pueda ya hallar sus sendas. 7 (9) Irá en seguimiento de sus amantes, pero no los alcanzará;

los buscará, mas no los hallará, y se dirá: Voy a volverme con mi primer

marido, pues mejor me iba entonces que me va ahora. 8 (10) No ha querido reconocer

que era yo quien le daba el trigo, el mosto y el aceite, y la plata que yo pródigamente

le di, igual que el oro, se lo consagró a Baal. 9 (n) Por eso voy a recobrar mi trigo a su

tiempo y mi mosto a su sazón, y me tomaré mi lana y mi lino, que habían de cubrir

su desnudez, 10 (12) y voy a descubrir sus vergüenzas a los ojos de sus amantes. Nadie

la librará de mi mano. J1 (13) Haré cesar todas sus alegrías, sus fiestas, sus novilunios,

sus sábados y todas sus solemnidades. 12 (l4) Talaré sus viñas y sus higuerales,

de los que decía: Es el salario que mis amantes me dan. La reduciré a un matorral y

la devorarán las bestias del campo. 13 (15) La castigaré por los días en que incensaba

a los baales y, adornándose con sus anillos y sus collares, se iba con sus amantes y

me olvidaba a mí, dice Yahvé.

Puesto que Israel está ciega, siguiendo a sus amantes, los ídolos, Yahvé, su verdadero Esposo,

movido de extrema solicitud y amor por su esposa, va a tomar medidas extremas, privándola de

muchas cosas, hasta que vea la inutilidad de seguir su conducta idolátrica. Yahvé se comporta

aquí como un Esposo celoso y enamorado de su esposa, extraviada en amores adulterinos. Podía

abandonarla, pero la ama tanto, que la va a hacer volver empleando medios extraordinarios.

Yahvé va a sembrar de zarzas y de obstáculos, levantando un muro para que Israel se extravíe en

su camino emprendido tras de sus amantes, los ídolos. El profeta presenta a Israel saliendo de su

hogar, caminando en busca de sus ídolos; pero le sale al paso Yahvé, bloqueando sus sendas, para

que se extravíe y no acierte con el camino acostumbrado hacia los santuarios de los ídolos.

Después de probar diversas nuevas sendas extraviadas, se convencerá de la inutilidad de sus esfuerzos

en seguimiento de sus amantes (ν.7-9), y al no alcanzar su objetivo, se acordará de su

legítimo hogar, y, volviendo en sí, retornará a su legítimo Esposo: voy a volverme con mi primer

marido.

La decepción ha sido completa, y en la amargura de su alma comprende que su bien estaba

en ser fiel a su verdadero Esposo.

Su conducta ha sido tan alocada, que ni siquiera se ha dado cuenta que sus bienes venían

de Yahvé, su Esposo (v.8-10), y en su extravío llegó a utilizar su plata para consagrarla a Baal

(utilizándola para hacer ídolos). Así, no sólo no ha reconocido los beneficios recibidos, sino que

ha abusado de ellos, poniéndolos al servicio de los baales de Canaán. En castigo a su pérfida

conducta, Yahvé la va a privar de todos los bienes que le había prodigado: por eso voy a recobrar

mi trigo a su tiempo y mi mosto a su sazón. (v.9-11), es decir, en la época de recolección. Al

2439

verse en la total indigencia, comprenderá que de nada le sirvieron sus coqueteos con los ídolos.

Yahvé le privará de todo, para que aparezca en toda su desnudez e indigencia.

Israel será privada de cosechas y de todo medio de subsistencia, y entonces será despreciada

de todos los pueblos paganos. Nadie podrá ayudarla, porque Yahvé ha decidido castigarla:

nadie la librará de mi mano. Israel será reducida a un estado de indigencia tal, que desaparecerán

sus acostumbradas alegrías en las solemnidades tradicionales, en los novilunios y sábados (v. 11-

13). Las solemnidades anuales, es decir, las fiestas de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos, tenían

por objeto festejar la presentación y recolección de los cereales y frutos. Eran fiestas originariamente

agrícolas. Yahvé ahora, al privar a su pueblo de la recolección de los bienes agrícolas,

convertiría en días de luto los tradicionales días de algazara. Particularmente en la fiesta de los

Tabernáculos, en el otoño, la alegría popular se desbordaba, porque coincidía con la vendimia y

la recolección de frutos en general 2.

Israel, al entregarse a sus amantes los ídolos cananeos, consideraba los frutos de las viñas

e higuerales como el salario que como a cortesana le pagaban aquéllos: Es el salario que mis

amantes me dan (v.12-14). La idolatría es considerada aquí como una prostitución espiritual. En

los profetas posteriores, esta comparación aparece reiteradamente. Es una consecuencia de considerar

las relaciones entre Yahvé e Israel como las íntimas de dos esposos unidos solemnemente

por la alianza matrimonial del Sinaí. Así anuncia Oseas que-Yahvé va a privar a su esposa, Israel,

de sus bienes, convirtiéndola en un matorral, expuesto a todas las bestias del campo (v.12-

14). Y todo ello ha sido por los días en que incensaba a los baales (v. 13-15), o dioses cananeos,

que se multiplicaban según las localidades. La idolatría ha sido la causa de la ruina de Israel como

nación. Yahvé no podía transigir con un pecado que implicaba un abandono total de sus intereses,

reconocidos en la alianza del Sinaí.

Promesas de rehabilitación (14-24).

14 (16) Así, la atraeré y le llevaré al desierto y le hablaré al corazón, 15 (17) y fuera ya

de allí, yo le daré sus viñas y el valle de Acor como puerta de esperanza, y allí cantará

como cantaba los días de su juventud, como en los días en que subió de la tierra

de Egipto” 16(18) Entonces, dice Yahvé, me llamará”!shí,” no me llamará “Baalí.” 17

(19) Quitará de su boca los nombres de los baales, para que rio vuelva nunca a mencionarlos

por su nombre. 18 (20) En aquel día haré en favor de ellos concierto con las

bestias del campo, con las aves del cielo y con los reptiles de la tierra, y quebraré en

la tierra arco, espada y guerra, y haré que reposen seguros. 19 (21) Seré tu Esposo

para siempre y te desposaré conmigo en justicia, en juicio, en misericordias y piedades,

20 (22) y yo seré tu Esposo en fidelidad, y tú reconocerás a Yahvé. 21 (23) En aquel

día yo seré propicio, dice Yahvé, a los cielos, y los cielos serán propicios a la tierra, 22

(24) la tierra, propicia al trigo, al mosto y al aceite, y éstos, propicios a Jezrael. 23 (25)

Yo sembraré en la tierra para mí, y me compadeceré de “Lo-Rujamá 24 y diré a

“Lo-Ammí”: “Tú eres mi pueblo”; y él me responderá: “Tú, mi Dios.”

Como es ley en los vaticinios profetices, después de anunciar el más duro castigo, se presenta el

horizonte más luminoso. Las relaciones entre Yahvé e Israel descansaban sobre las promesas

mesiánicas. Israel se había comprometido en el Sinaí a ser fiel a su Dios; de lo contrario, habría

de sufrir los rigores de la justicia divina ultrajada. Pero el castigo de Yahvé sobre su pueblo nunca

es de exterminio total, sino de purificación y expiación. Por eso, después que Israel haya reconocido

sus yerros, Yahvé volverá a tener intimidades con él como en la época del desierto.

2440

Yahvé se presenta aquí como un Esposo que, después de haber atraído de nuevo a su esposa,

en un tiempo extraviada, la invita a la intimidad amorosa, y para ello la lleva al desierto,

aislándola de las influencias paganas de la vida sedentaria en Canaán, La vida.sencilla de Israel

en las peregrinaciones por las estepas del Sinaí era nostálgicamente recordada por los profetas

como la época ideal de la historia de Israel, pues en el desierto, Israel, totalmente impotente, vivía

de la providencia especialísima de su Dios. Cuando se constituyó en nación en Canaán, se

creyó fuerte para prescindir de su Dios, y de ahí su tragedia histórica 3.

El profeta aquí presenta a Yahvé llevando a Israel al desierto para hacerla reflexionar sobre

sus caminos, mientras le habla al corazón, siguiendo el símil del matrimonio. Quizá en la

palabra desierto haya una alusión al futuro exilio babilónico con sus privaciones, similares a las

de Israel en la vida campamental por las estepas del Sinaí. De todos modos, anuncia claramente

que después de la dura prueba vendrá de nuevo la esperanza, recuperará sus viñas; y como en

otro tiempo hizo su entrada en Canaán por el valle de Acor 4, así también en el futuro Israel retornará

a su patria con la alegría con que en otro tiempo pasó el Jordán y se adentró por el valle

de Acor, que se convertirá en puerta de esperanza (v. 15 -17)· Israel volverá a sentirse optimista

y vigorosa como en los días de su juventud. al salir de Egipto.

Y aleccionado por la prueba sufrida, no volverá a tener veleidades idolátricas (quitaré de

su boca los nombres de los baales.). Y sentirá tal repugnancia Israel por los baales, que no llamará

a Yahvé más baalí (“mi dueño”), sino ishí (“mi esposo”). El nombre genérico de baal entrañaba

como una alusión a los baales cananeos y no debía aplicarse en adelante a Yahvé. De

hecho, después del exilio, Israel no volvió a caer en la tentación de la idolatría. Es el cumplimiento

literal de la. profecía.

El profeta, después de haber anunciado que Israel volverá a reinstalarse en Canaán con

sus finas, se traslada mentalmente a la venturosa era mesiánica y la idealiza imaginariamente

conforme al estilo oriental. El temor desaparecerá totalmente, y la paz reinará de modo absoluto,

en tal forma que hasta las bestias del campo perderán sus instintos feroces en virtud de un pacto

que Yahvé hará con ellas (v. 18-20). Isaías desarrollará la idea con más imaginación: “habitará el

lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el

león, y un niño pequeño los pastoreará. La vaca pacerá con la osa, y el león, como el buey, comerá

paja; el niño de teta jugará junto a la hura del áspid, y el recién destetado meterá la mano en la

caverna del basilisco. No habrá ya más daño ni destrucción, porque estará la tierra llena del conocimiento

de Yahvé, como llenan las aguas el mar”5. El cuadro idílico se completa con la destrucción

de todo artefacto de guerra: quebraré en la tierra arco, espada y guerra. (V.9-11). Este

ideal de paz edénica será repetido reiteradamente en los profetas posteriores6.

Oseas presenta este cuadro deslumbrador mesiánico como consecuencia de unas bodas

eternas que va a sellar Yahvé con su esposa Israel: Seré tu esposo para siempre y te desposaré

conmigo en justicia, en juicio, en misericordias y en piedades (v. 19-21). Es la nueva alianza indestructible,

que nos describirán otros profetas, caracterizada por el reinado de la justicia 7. Y

todo ello será consecuencia de las misericordias y piedades de Yahvé. Oseas es el profeta afectivo

por antonomasia, quizá sólo superado en esto por Jeremías, y concibe siempre las relaciones

de Yahvé con su pueblo como un matrimonio íntimo, surgido del puro amor. En la nueva era

mesiánica, el conocimiento de Yahvé será la base de esas relaciones mutuas de amor.

Como consecuencia de esa entrega total a Yahvé por parte de Israel, Yahvé le colmará de

toda clase de bienes: en aquel día yo seré propicio a los cielos; los cielos serán propicios a la tierra;

la tierra, propicia al trigo, al mosto, al aceite. (21-23); es decir, Yahvé será propicio a la llamada

de los cielos, enviándoles nubes; éstos a la tierra, enviando agua, y la tierra, propicia al tri2441

go, mosto, aceite, ofreciéndolos con prodigalidad; y estos productos serán propicios α Jezrael, es

decir, al pueblo de Israel, castigado en otro tiempo cruelmente, cuyo castigo estaba simbolizado

en el nombre de Jezrael, que recordaba la matanza de Jehú. Las relaciones armoniosas entre

Yahvé y su pueblo tendrán como efecto que los nombres siniestros de Lo-Rujamá (“sin misericordia”)

y Lo-Ammi (“no mi pueblo”) desaparecerán, porque Yahvé volverá a tener misericordia

de Israel, y éste podrá ser llamado por Dios: Tú eres mi pueblo; a lo que responderá éste: Tú, mi

Dios.

1 Como adúltera, debía ser despojada de sus vestiduras (Ez 16:39; Lev 20:10; Dt 22:12). El día del nacimiento de Israel es el día que

salió de Egipto, completamente inerme. En n,is, Oseas recordará que Israel era un niño que no podía valerse ni defenderse (cf.

2:17). Israel como nación surgió en las estepas del Sinaí (Os 9:10; 12:10). En Ez 16:5 encontramos un cuadro muy similar al presentado

por Oseas, pero mucho más detallado y realista: Israel fue hallado en el desierto como una recién nacida en su sangre, y

fue la solicitud de Yahvé la que le limpió y crió hasta organizaría como nación fuerte. — 2 Cf. Jue 21:195; 1 Sam 1:3ss; 7:20; Ex

34:22. — 3 Cf. Os 2:5; Ez 16:45; Os 7:12; Ez 12:13; 17:20; 20:345. — 4 Cf. Jos 7:24-26. — 5 Cf. Is 11:6ss. — 6 Cf. Is 9:55; Miq

5:95; Zac 9:10. — 7 Cf. Is 55:3; Jer 31:3:-34; 32:40; Ez 16:60; 34:25; 37:26. Esta alianza traerá la paz y la segundad (Is 11:19; Ez

34:25; Miq 5:9).

3. Retorno de Israel a Su Dios.

Reconciliación de Oseas con su mujer adúltera (1-5).

1 Díjome Yahvé: Ve otra vez y ama a una mujer amante de otro y adúltera; ámala

como ama Yahvé a los hijos de Israel, a pesar de que se van tras otros dioses y se deleitan

con las tortas de pasas. 2 La compré por quince siclos de plata, un “jómer” de

cebada y un “letej” de vino 2. 3 Díjele: Has de estarte reservada para mí mucho

tiempo, no te prostituyas, no te entregues a hombre alguno; también yo me reservaré

para ti, 4 porque mucho tiempo han de estar los hijos de Israel sin rey, sin jefe, sin

sacrificio y sin cipos, y sin “efod” y sin “terafim.” 5 Luego volverán los hijos de Israel

y buscarán a Yahvé, su Dios, y a David, su rey, y se apresurarán a venir temerosos

a Yahvé y a su bondad al fin de los días.

La vida del profeta Oseas debía ser un símbolo de las relaciones amorosas de Yahvé con Israel,

su pueblo. Por orden divina, el profeta debe amar a una mujer amante de otro (v.1). ¿Quién es

esta mujer que después es calificada como adúltera? ¿Es la misma “Gomer, hija de Diblayim”

del c.17 Por el calificativo de adúltera que se le da, nosotros creemos que es la misma que Oseas

había tomado por esposa. A pesar de sus extravíos e infidelidades, Oseas debe reconciliarse con

ella y amarla como ama Yahvé a los hijos de Israel, a pesar de que se van tras otros dioses. Todo

aquí parece indicar que se trata de una alegoría sin realidad histórica. Los personajes son artificialmente

escogidos para significar ideas teológicas. En este caso, las infidelidades de la supuesta

esposa adúltera de Oseas representan los coqueteos idolátricos de los hijos de Israel, que

se deleitan con las tortas de pasas; alusión a la costumbre de presentar tortas de pasas en los altares

de los ídolos cananeos.

Oseas debe comprarla en una suma de dinero equivalente, más o menos, a 30 siclos, que

era el precio de un esclavo 3. Parece deducirse de esto que la mujer — esposa de Oseas — vivía

con su amante en calidad de esclava concubina. La Ley prohibía al marido volver a casarse con

su antigua esposa que había oficialmente sido divorciada 4. No hay ninguna alusión en estos relatos

al divorcio de Oseas y de su esposa. Más bien parece inferirse que la esposa de Oseas, por su

propia cuenta, se fue a vivir con otro amante, y que Oseas, viendo en sus tragedias familiares al2442

tos sentidos simbólicos por ordenación divina, no quiso divorciarse oficialmente de ella.

Para los que interpretan todos estos relatos en sentido alegórico, sin base histórica, no

hay dificultad en todas estas combinaciones artificiales, ya que Oseas, en su predicación, bien

pudo crear una parábola en la que los detalles se ordenaban exclusivamente a reflejar un sentido

simbólico conceptual. El profeta debe simbolizar el amor de Yahvé por los hijos de Israel,

que con sus cultos idolátricos cometen actos de adulterio espiritual. El profeta, para recalcar

más su amor por la esposa infiel (símbolo del amor de Dios para con Israel), pone de relieve sus

sacrificios por recuperar el amor de su esposa, y así, no sólo la admite a la reconciliación, sino

que, en un gesto de desbordamiento amoroso, ofrece dinero para recuperarla. Este detalle se

presta muy bien para encarecer el amor de Yahvé para con Israel, que le lleva a multiplicar sus

solicitudes a través de la historia para atraerle al buen camino. Yahvé sólo exige a su pueblo, para

la reconciliación, que se aparte de sus caminos perversos, que es justamente lo que exige

Oseas a su esposa recuperada: no te prostituyas. (ν.3).

La supuesta mujer comprada por Oseas debe pasar una temporada de pruebas reservada,

para significar la situación de prueba en que se va a ver Israel: porque mucho tiempo han de estar

los hijos de Israel sin rey. (v.4); es la prueba del exilio, en que Israel desaparecerá como nación,

siendo privada de su jefatura política y de su templo (sin sacrificio.). Los cipos son las estelas

o masseba, piedras verticales erigidas con carácter sagrado junto a los altares en los cultos

idolátricos cananeos 5 y fenicios. Los israelitas se habían aficionado a un culto sincretista, mezclando

las prácticas mosaicas y la de los pueblos paganos.

El efod debía de ser un objeto idolátrico empleado en la adivinación6, comparado por su

riqueza de piedras preciosas al efod o pectoral del sumo sacerdote. Los terafim eran los dioses

penates, o ídolos familiares, utilizados también en la adivinación7. El profeta, pues, aquí anuncia

que los israelitas se verán privados de las cosas más queridas, aludiendo, sin duda, a la prueba

del exilio babilónico. De hecho, poco después de estas predicciones, empezó la deportación de

los israelitas del reino del norte llevada a cabo por Teglatfalasar III, completada después por Sargón

II, una vez conquistada Samaría por los asirios (721 a.C.).

Como siempre, después de anunciar el castigo, el profeta vaticina la rehabilitación de Israel

como pueblo. En efecto, después de la cautividad, los hijos de Israel buscarán a Yahvé, su

Dios, y a David, su rey. (v.5). La mente del profeta se proyecta hacia el Rey futuro o Mesías, figurado

en la persona histórica de David, que en la tradición hebrea quedaba como el símbolo de

la monarquía en su mayor esplendor 8. La expresión al fin de los días está consagrada en la literatura

profética para designar los tiempos mesiánicos 9, que se caracterizarán por un sentido

de entrega a Yahvé, de forma que los israelitas en esos días se apresuraran a venir temerosos a

Yahvé y a su bondad.

Realidad Histórica de los Relatos de Oseas.

Ante los extraños relatos que acabamos de estudiar, la pregunta primera que se presenta

al lector es: estos relatos, ¿tienen un valor real histórico, o más bien son cuadros literarios puramente

alegóricos en función del simbolismo, tan claramente destacado, de los protagonistas de

estas escenas de la vida familiar de Oseas?

Los intérpretes no han convenido en la solución, siendo legión los representantes de ambas

hipótesis 10. San Jerónimo sostiene con vigor la tesis alegorista, entre otras razones porque,

para él, el hecho de que Oseas se hubiera casado con una mujer fornicaria es inmoral n. Este escrúpulo

no es aceptado hoy día, pues no hay ninguna inmoralidad en que el profeta se casara por

orden divina con una cortesana o una mujer que le fuera después infiel en el matrimonio. No se

2443

trataría, en este caso, de una unión carnal fornicaria, sino de una unión normal matrimonial, aunque

la esposa de Oseas haya sido antes prostituta. El gran doctor escriturista reforzaba su tesis

acudiendo a otros lugares bíblicos paralelos, como la acción de Jeremías escondiendo su cinturón

en el Eufrates por orden divina 12 y la inmovilidad de Ezequiel durante trescientos noventa días

15.

Los partidarios del sentido histórico en los relatos de Oseas mantienen la historicidad de

los hechos mencionados en Jeremías y Ezequiel, y para mantener su tesis hacen hincapié, sobre

todo, en el nombre propio de la esposa de Oseas (Gomer, hija de Diblayim) y en los nombres

simbólicos de sus hijos. Y refuerzan su opinión resaltando que entre la progenie de Oseas hay

una hija y dos hijos. ¿Para qué esta distinción, si no hubiera sido esto conforme a la historia? Finalmente,

creen que, para que la predicación del profeta tuviera más eficacia, era conveniente

que no quedara la trama en pura parábola, sino que tuviera realización histórica 14.

Los alegoristas salen al paso de estas objeciones diciendo que también en las puras parábolas

aparecen a veces nombres propios, como en la del rico epulón y Lázaro 15. Oseas bien

pudo escoger un nombre para su supuesta mujer con el fin de concretar más la relación. Por otra

parte, la mención de una hija es exigida por el nombre que había de llevar, que es femenino en

hebreo (Lo-Rujamá). Desde el punto de vista de eficacia sobre los destinatarios a los que se dirigía

la predicación de Oseas, no creemos que fuera favorecida por hechos puramente íntimos y

familiares de éste. Más bien interesaría la parábola como tal por su simbolismo. Por nuestra parte,

nos sentimos inclinados a la interpretación alegorista. Todo en el relato nos parece artificial y

convencional. Parece que nos hallamos ante una parábola en la que la mayor parte de los detalles

tienen sentido alegórico simbólico. Este simbolismo preconcebido hace crear imaginativamente

los personajes apropiados que han de servir de protagonistas en la exposición teológica, que es el

nervio de las narraciones: Oseas ha querido así dramatizar las situaciones, concretándolas en supuestos

hechos de su vida para impresionar más al auditorio, pero en el fondo todo parece alegoría.

1 El TM vocaliza “amada del prójimo” (Rea'). Los LXX traducen “amante del mal.” (Ra'J. La Bible de Jérusalem: “amada de su cónyuge.”

— 2 Así según los LXX, pues el TM dice “cebada.” Así la Bible de Jérusalem. — 3 El jómer equivalía a unos 365 1. y el

letej era. la mitad de un jómer. Suponiendo, según 2 Re 7:18, que el seah (1/30 del jómer) valiera medio siclo, tenemos que un

jómer y medio equivalía a unos 15 siclos, que, sumados a los otros 15 que nos da Oseas, totalizan 30 siclos, que era el precio de

una esclava (Ex 21:32). — 4 Cf. Dt 24,is; Jer 1:1s. — 5 Cf. Ex 34:13; Dt 16:21-22; Miq 5:13; r Sam 15:12; Is 19:19. Sobre estas

estelas o belilos, véase M. J. LAGRANGE, Études sur les religions sémitiques p.20435. — 6 Cf. Jue 17:5; 18:14.17.18; 1 Sam

14:18. — 7 Cf. Ez 21:26; Zac 10,2; 1 Sam 15:23. — 8 Cf. Jer 30:9; Ez 34:23; 37:24- — 9 Cf. Is 2:2; Jer 23:20; Miq 4:1. — 10

Alegoristas: San Jerónimo, Trochon, Crampón, Van Hoonacker, Desnoyers, Tobac, etc. Historicistas: San Agustín, Tomás, Estío,

A Lapide, Calmet, Vigouroux, Buzy, Cru-veilhier. — 11 San Jerónimo llama a los historicistas “contentiosus interpres,” y cree

que lo de Oseas debe haber sucedido “in typo, quia si fíat, íurpissirnum est” (PL 25:842). — 12 Cf. Jer 13:1s. — 13 Ez 3:25; 4:4-

6. — 14 Véase la argumentación detallada en D. Buzy, Les symboles de VAncienTestament p.36ss. — 15 Lc 16.20SS.

4. Reproches por los Pecados.

Los tres primeros capítulos pueden considerarse como una introducción teológica a la predicación

de Oseas. Ahora empiezan los discursos conminatorios contra Israel, que seguirán hasta el

final del libro. Todas las clases sociales son culpables de graves transgresiones, y, por tanto, la

justicia divina va a descargar sobre Israel de modo inexorable. El pecado más grave es la idolatría.

2444

Los sacerdotes, responsables de la corrupción. general (1-10)

1 Oíd la palabra de Yahvé, hijos de Israel, que va a querellarse Yahvé contra los

habitantes del país, porque no existe ni fidelidad, ni amor, ni conocimiento de Dios

en el país. 2Perjuran, mienten, asesinan, roban, adulteran, oprimen, y las sangres se

suceden a las sangres. 3Por eso está en luto el país y desfallecen cuantos en él moran;

aun las bestias salvajes y las aves del cielo y hasta los peces del mar perecen. 4Pero

nadie protesta, nadie reprende. También contra vosotros me querello, oh sacerdotes!

5Tropezarás en pleno día, y contigo tropezará también el profeta de noche, y tú

haces perecer a tu pueblo2. 6 Perece mi pueblo por falta de conocimiento; 1 por

haber rechazado tú el conocimiento, te rechazaré yo a ti de mi sacerdocio; por haber

olvidado tú la ley de tu Dios, yo me olvidaré también de tus hijos. 7Cuantos son ellos,

tantos fueron sus pecados contra mi; trocaron su gloria por la ignominia 3. 8 Se alimentan

de los pecados de mi pueblo y codician sus iniquidades. Y lo que del pueblo

será, eso será también del sacerdote. Yo los castigaré según sus caminos y los retribuiré

según sus obras. 10Comerán y no se saciarán, fornicarán y no se multiplicarán,

porque se obstinaron en abandonar a Yahvé.

El profeta apostrofa al pueblo israelita en nombre de Yahvé, que va a entablar una querella oficial

por su depravada conducta, caracterizada por la falta de fidelidad, o de sinceridad honrada en

el trato mutuo. Faltan las virtudes sociales elementales para la convivencia: no existe misericordia,

o sentido de comprensión para con el prójimo, y todo ello porque falta el conocimiento de

Yahvé como reconocimiento práctico de sus mandatos. Por eso el perjurio, la mentira, el robo y

el asesinato están a la orden del día (v.2), de forma que las sangres se suceden a las sangres.

Como castigo a tanto crimen impune, Dios ha enviado una sequía general: está en luto el

país y desfallecen cuantos en él moran, aun las bestias salvajes. (ν.3). El país está agostado sin

su verdor habitual, como en luto, y sus animales están privados de sus medios de subsistencia, y

hasta los peces del mar perecen privados de su elemento vital. La frase es hiperbólica para encarecer

la sequía general, que había afectado hasta el mar.

A pesar de la situación general de desorden y prevaricación reinante en la sociedad, nadie

protesta, nadie reprende (v.4). Ni siquiera los que por oficio debían levantarse contra este estado

de cosas protestan en nombre de la ley de Dios. La clase sacerdotal, establecida para dirigir espiritualmente

al pueblo, no se preocupa de la conculcación de las leyes más elementales contra el

orden natural y divino. Por eso Oseas se encara con los representantes de esta clase privilegiada:

Contra vosotros me querello, ¡oh sacerdotes! 4 Por eso el castigo vendrá sobre ellos como sobre

los profetas. Dios los hará caer bajo el peso de su justicia: tropezaras de día, y contigo. el profeta

de noche (v.5). El castigo de Dios caerá sobre ellos sucesivamente, como se suceden el día y la

noche. Y todo ello se debe a que hacen perecer al pueblo con su mal ejemplo y su falta de interés

en corregirle, pues lo que le falta al pueblo es conocimiento de Dios (v.6).

Ha perdido la conciencia de sus deberes religiosos y éticos precisamente porque los sacerdotes

y profetas no se lo dan a conocer. Yahvé los castigará, retirándoles su categoría sacerdotal

por haber olvidado su ley. La enseñanza de la Ley o Toráh es lo característico de la clase sacerdotal,

como el consejo caracteriza al sabio y el oráculo al profeta 5. Es el conjunto de ordenaciones

tradicionales por las que se había de regir la teocracia hebrea 6. Es no tanto un código cerrado

cuanto una institución viviente, que se va enriqueciendo con nuevas leyes, pero conforme a

principios sustanciales recibidos cié la tradición 7.

2445

A pesar de la obligación de los sacerdotes de enseñar la Ley, no han hecho sino pecar contra

todos los preceptos, cambiando su gloria (Yahvé) por la ignominia (ν.7), los ídolos vergonzosos,

pues han procurado fomentar la idolatría para sacar provecho de los pecados de mi pueblo

(v.8). El profeta alude a las múltiples manifestaciones culturales idolátricas y sincretistas, fomentadas

por los sacerdotes del reino cismático del norte con vistas a su lucro personal. Muchos autores,

sin embargo, creen que la frase se alimentan de los pecados de mi pueblo se refiere más

bien al provecho excesivo que sacaban legalmente los sacerdotes de las carnes en los sacrificios

“por el pecado” 8. En ese caso, la recriminación se refería a que fomentaban el culto únicamente

por obtener estas participaciones de los sacrificios en los que no se quemaba toda la víctima.

En todo caso, en las prácticas cultuales había muchos abusos que estaban clamando por la

intervención de la justicia divina; por eso, lo que del pueblo será, eso será también del sacerdote

(v.8). Yahvé los castigará por su voracidad insaciable a sentir hambre y miseria. Han querido

alimentarse con pretexto de los pecados del pueblo, pero llegará un día en que comerán, pero no

se saciarán (v. 10). La frase debe entenderse de modo análogo a la de Amos 11:11: “los israelitas

edificarán casas, pero no las habitarán; plantarán viñas, pero no beberán el vino.” Los sacerdotes,

por más que coman, no se saciarán, y sus relaciones matrimoniales serán meras fornicaciones,

y, como tales, serán estériles: fornicarán, pero no se multiplicarán. Dios les castigará con

la esterilidad y la miseria total. Es una maldición de Dios, pues se declara que las funciones primordiales

de la naturaleza para la conservación del individuo y de la especie quedarán sin eficacia.

Este parece ser el sentido obvio, y no es necesario suponer una alusión del profeta a las prácticas

licenciosas sexuales que tenían lugar en los lugares de culto cananeo.

Prácticas idolátricas del pueblo (11-14).

11 Fornicación, vino y mosto quitan el juicio. 12 Mi pueblo pregunta al leño, y su bastón

le hace revelaciones, porque el espíritu de fornicación le ha descarriado y fornicaron,

alejándose de su Dios. 13 Ofrecen sacrificios en las cimas de los montes, y en

los collados queman incienso bajo la encina, bajo los álamos, bajo los terebintos de

grata sombra, Por eso se prostituyen vuestras hijas y adulteran vuestras nueras, 14 y

no castigaré las fornicaciones de vuestras hijas ni los adulterios de vuestras nueras,

porque ellos mismos se van aparte con rameras y con las hieródulas ofrecen sacrificios,

y el pueblo, por no entender, perecerá.

Las prácticas licenciosas y el abuso del vino conducen a las mayores aberraciones (v.11), sobre

todo a las prácticas supersticiosas e idolátricas, como la rabdomancia: mi pueblo pregunta al leño,

y su bastón le hace revelaciones (v.12). Parece que se alude al empleo de la varita adivinatoria

y a la suerte de las flechas 9. El espíritu de fornicación (o idolatría) los ha descarriado. Nada

más insensato que consultar a un leño para obtener adivinaciones. En los tradicionales lugares de

culto idolátrico (los collados y bajo la encina.) se llevan a cabo las prácticas más licenciosas. Los

árboles frondosos eran lugares de culto entre los cananeos, como símbolo de la fuerza vital de la

naturaleza 10. Por eso, junto a los altares se solían plantar bosques artificiales, o asherim 11. En la

Ley mosaica se permitía al pueblo tener altares particulares junto al santuario de Yahvé para inmolar

los animales destinados a la consumición ordinaria 12, pero esto degeneró al introducirse

prácticas idolátricas.

La corrupción ha llegado a tal extremo, que los pecados de fornicación y adulterio de las

hijas y nueras no merecen el castigo en comparación con las prácticas vergonzantes que los padres

cometían con las hieródulas o prostitutas sagradas de ambos sexos de los lugares de culto

2446

pagano 13: no castigaré las fornicaciones de vuestras hijas., porque ellos mismos. con las hieródulas

ofrecen sacrificios (v.14). Es el colmo de la corrupción moral y religiosa, ya que a sus excesos

sexuales les dan un sentido de culto idolátrico. La situación es desesperada y sin remedio,

porque el pueblo ha perdido el discernimiento por sus excesos sensuales: el pueblo, por no entender,

perecerá. Es la amarga constatación de una realidad vergonzante.

Admonición a Jada para no seguir la conducta de. Israel (15-19)

15 Si tú, Israel, te prostituyes, que al menos no se haga culpable Judá. No vayáis a

Guilgal, no subáis a Bet-Aven y no juréis (diciendo): ¡Vive Yahvé! 16 Porque, como

novilla cerril, es cerril Israel; por eso en adelante los apacentará Yahvé como a oveja

en lugar amplio. 17 Efraím se ha adherido a los ídolos; déjale. 18 Su vino se les ha

subido (a la cabeza) 14, se han dado a la fornicación; a la gloria de Yahvé han preferido

la ignominia 15. 19 Arrebataráles el viento en sus alas y se avergonzarán de sus

sacrificios.

El profeta advierte a Judá que no debe seguir las prácticas idolátricas de Israel; por tanto, no debe

frecuentar los lugares de culto de Guilgal 16 y Bet-Aven (“casa de la vanidad”), denominación

despectiva en vez de Bet-El (“casa de Dios”) 17. Israel es como una novilla cerril, que no se deja

gobernar para ir a buenos pastos; por eso Yahvé la tratará como a oveja en lugar amplio (ν. 16);

es decir, la dejará pastar a su antojo en campo abierto, sin preocuparse de guardarla en el redil,

quedando así expuesta al ataque de las fieras del campo. En efecto, Efraím (tribu principal del

reino de Israel y símbolo de ella) se ha extraviado, adhiriéndose a los ídolos. Han perdido el juicio

por efecto de sus excesos en el beber y su propensión a la fornicación, o afición a los cultos

paganos: han preferido a la gloria de Yahvé la ignominia, o imágenes idolátricas.

Pero de nada les servirá, pues llegará el castigo divino en forma de invasión extranjera,

que los arrebatara (como el viento) en sus alas (V.19). Es el torbellino de la guerra, que los envolverá

y los lanzará en cautividad, llevados del viento, a tierras extrañas. Y entonces comprenderán

lo insensato de su conducta y se avergonzarán de sus sacrificios ante los altares paganos al

ver que sus ídolos no los han podido librar de la catástrofe, como esperaban.

1 El TM lee según traduce la Vulgata: “et populus tuus sicut hi qui contradicunt sacer-doti.” Pero es difícil compaginar esta versión

con el contexto. La Bible de Jérusalem traduce: “Es a ti, sacerdote, contra quien tengo” (una acusación). Es más o menos la versión

de Hoonacker, que hemos seguido nosotros, haciendo un ligero cambio en la distribución de las consonantes hebreas. — 2 El

TM: “el profeta tropezará de noche, y yo haré perecer a tu madre.” Un ligero cambio nos da nuestra versión, que es también la de

la Bible de Jérusalem. Hoonacker hace una reconstrucción un poco violenta: “la noche será la imagen del día.” — 3 El TM:

“cambiaré la gloria de ellos en ignominia.” — 4 Los que siguen la lección del TM lo explican diciendo que aquí el profeta reprocha

a sus oyentes que no le hacen caso, como los “que resisten al sacerdote” (Dt 17:12). Otros traducen: “nadie reprenda porque

mi pueblo es semejante a los sacerdotes.” Es decir, no hacen sino seguir la mala conducta de los representantes de la clase sacerdotal,

que por su vocación debían dar ejemplo. — 5 Cf. Jer 18:18; Ag 2:11; Mal 2:6.7.83. — 6 Cf. Is 2:3; 5:24; 8:16.20; 30:9;

42:4.22.24; 51.4.7; Miq 4:2. — 7 Cf. Is 24:5; Jer 2:8; 8:8; 11:12; Ez 22:26; 43:11s; Sof 3:4. — 8 Cf. Lev 6:1753. — 9 Cf. Ez

21:26. — 10 Cf. Dt 12:2; Is 1:29; Jer 2:20; 3:6-13; Ez 6:13; 20,28; 1 Re 14:23; 2 Re 16:4; 17.10·Os 57:5; 2 Crón 27:4. — 11 Miq

5:13. Sobre estas prácticas véase Lagrange, o.c., p.iógss. — 12 Cf. Ex 20:245; Lev 3:16s; 7:225; 1 Sam 14:335. — 13 Cf. Dt

23:18-19; 1 Re 14:24. — 14 Así Hoonacker, siguiendo el significado paralelo de una palabra árabe. — 15 Versión de Hoonacker,

supuesto un ligero cambio de letras en hebreo. 10 Cf. Arn 5:5. 17 En Am 5:5 se hace el mismo juego de palabras.

5. Contra los Sacerdotes y los Príncipes.

Nueva denuncia de la idolatría en Israel (1-7).

1 Oíd esto, sacerdotes. Escucha, ¡casa de Israel! Presta oído, ¡casa del rey! ¡que es

2447

contra vosotros la sentencia, pues habéis venido a ser un lazo para Mispá y una red

tendida en el Tabor. 2 Los perseguidores llevaron la perversidad al extremo! pero yo

los castigaré a todos ellos. 3 Yo conozco a Efraím, e Israel no se me oculta. Pues ahora

te has prostituido, Efraím; se ha contaminado Israel. 4 No dirigen sus obras a

volver hacia Dios, porque un espíritu de fornicación hay en su interior y desconocen

a Yahvé. 5 La arrogancia le sale a Israel a la cara, pero tropezarán Israel y Efraím

en su iniquidad, y con ellos tropezará también Judá. 6 Con sus ovejas y sus vacadas

irán en busca de Yahvé, pero no le hallarán, porque Yahvé se ha retirado de ellos. 7

Han hecho traición a Yahvé, engendrando hijos extraños. Ahora un conquistador

los devorará con sus campos.

El profeta se encara con las clases dirigentes, anunciándoles la sentencia dictada por Yahvé. Tanto

los sacerdotes como los profetas y cortesanos de la casa del rey, con su pésima conducta idolátrica,

han sido un lazo en la colina de Mispá 2 y una red tendida en el Tabor, pues al frecuentar

estos lugares de culto a los ídolos han dado ocasión al pueblo para caer en la idolatría. Por otra

parte, en sus abusos sociales se han portado como perseguidores3 del pueblo sencillo, colmando

su perversidad, lo que está reclamando la intervención de la justicia divina: los castigaré a todos

ellos (v.2), Yahvé conoce perfectamente las disposiciones internas de Efraím-Israel, con su propensión

a la idolatría (ν.3). Están ciegos en sus caminos, porque llevan dentro de sí un espíritu de

fornicación (v.4), es decir, una inclinación innata a todo lo que sea apartarse de Yahvé y seguir

a los ídolos.

Esta conducta resulta insolente ante Dios, pues es un desprecio manifiesto de parte de Israel:

la arrogancia le sale a Israel a la cara (ν.5)4 pues se considera segura fuera de la protección

de su Dios. Pero les llegará la hora del castigo y tropezaran Israel y Efraím para caer irremisiblemente.

A ellos se unirá en su desgracia la ingenua Judá, que no hace sino imitar los pasos

de su hermana mayor. El prestigio y riquezas del reino de Samaría bajo Jeroboam II hacían que

el pequeño reino de Judá buscara imitar en todo al reino de Israel en su política y en sus costumbres.

Por eso el castigo alcanzará a ambos 5, pues cuando llegue el momento de la catástrofe de

nada les servirán sus muchos sacrificios para aplacar a Yahvé airado: Con sus ovejas y vacadas

irán en busca de Yahvé, pero no le hallaran (v.6). Es demasiado tarde para aceptar estos medios

de expiación, que no responden a disposiciones internas del corazón: Yahvé se ha retirado de

ellos. La frase del profeta es amenazadora en extremo, pues sin Yahvé nada podrán hacer.

Anuncio de la invasión inminente (8-15).

8 ¡Tocad la bocina en Guibá! ¡Tocad la trompeta en Rama ! ¡Sonad alarma en Bet-

Aven! ¡Benjamín está aterrado! 6 9 Efraím será campo de devastación el día del castigo;

en las tribus de Israel anunció cosas ciertas. 10 Los príncipes de Judá se han

hecho como los que mudan los linderos; sobre ellos derramaré mi ira como agua. ll

Efraím está oprimido, conculcado el derecho, porque se esfuerza en seguir la regla.

12 Yo seré, pues, como polilla para Efraím y como carcoma para la casa de Judá. u

Efraím ve su debilidad, y ve Judá su llaga. Y Efraím se vuelve a Asiría, y mandó

embajadores al rey grande 7, pero no podrá curaros ni sanar la llaga, 14 Porque yo

seré como león para Efraím y como cachorro de león para la casa de Judá. Yo, yo

mismo cogeré la presa y me iré; yo la arrebataré, y nadie la salvará. 15 Me iré, mas

volveré a mi lugar hasta que hayan expiado su pecado y busquen mi rostro. En su

angustia ya me buscarán.

2448

Es inminente la invasión en la perspectiva del profeta, que manda a los centinelas que den

la voz de alerta en Guibá y en Bet-Aven, en la tribu de Benjamín, al sur del reino de Israel, en las

fronteras de Judá. La devastación será general, tanto para Efraím como para Judá (v.8). La expresión

tribus de Israel se refiere a los dos reinos, de Samaría y de Judá, originarios del mismo

padre Jacob. La depravación ha sido general, y, sobre todo, las clases dirigentes han hecho caso

omiso de la ley de Dios: Los príncipes de Judá se han comportado con Yahvé de un modo fraudulento,

como los que secretamente mudan los linderos (v.10) de las posesiones y campos 9. Han

estado jugando con su Dios, y por eso su ira se derramará como agua.

El ejército invasor, instrumento de la justicia divina, lo anegará todo como un torrente

impetuoso de aguas desbordadas. Los del reino del norte (simbolizados en su principal tribu,

Efraím) no se han portado mejor, ya que ha sido conculcado el derecho, siguiendo sólo la regla

de sus cultos idolátricos 10. Por eso Yahvé actuará contra Efraím y Judá como un agente disolvente

(yo seré como polilla., como carcoma para la casa de Judá, v.12). En vez de protegerlos y

ayudarlos, trabajará por su destrucción como naciones en castigo a sus prevaricaciones de todo

género. Y de nada les servirá entonces pedir auxilio a grandes reinos como Asiría, porque no lo

podrán remediar 11. No sabemos a qué embajada concreta alude el profeta, pero podemos suponer

que refleja el estado psicológico de los pequeños reyes de la costa fenicia y cananea, que en

sus luchas constantes buscaban el apoyo del coloso asirio, que amenazaba caer como una inundación

sobre el occidente semítico, como lo hizo Teglatfalasar III poco tiempo después, al invadir

la parte septentrional del reino de Israel.

El profeta, aunque vive en los tiempos prósperos de Jeroboam II con su perspectiva profética,

anuncia la ruina del reino de Samaría y de Judá en tiempos no lejanos. La ruina de Samaría

y de Judá será segura, ya que es efecto de la justicia divina, que los va a asaltar como un león

para Efraím y como cachorro de león para Judá (v.14). Nadie podrá librarlos de sus potentes

garras. La copa de la ira divina está colmada, y ha pasado el tiempo de la misericordia.

No obstante, esta ruina de Judá e Israel no es definitiva, ya que, en los designios divinos,

el castigo no tiene otra finalidad que purificarlos y hacerlos reflexionar y volver al buen camino.

Yahvé se retirará momentáneamente de Israel (me iré, v.16) y se volverá a su lugar, que es su

morada de los cielos, abandonando al pueblo hasta que hayan expiado su pecado. El desamparo

en que quedarán los hará sentir una orfandad glacial, y entonces se acordarán de su verdadero

bien y protector y buscarán el rostro de Yahvé. La hora de la angustia será la hora de la sinceridad

y de la reflexión, que les hará ir en busca de su Dios. La prueba es el mejor medio de

hacerlos volver al buen camino.

1 Así según una reconstrucción hecha a base de la versión de los LXX, propuesta por Hoonacker. El TM literalmente parece decir:

“han profundizado la fosa de la aberración.” — 2 Hoonacker traduce esta palabra por vigía en vez del nombre de localidad. Y, en

ese caso, el sentido sería: las clases dirigentes están maquinando contra el vigía (el propio Oseas), tendiéndole lazos y redes cuando

él se halla en las alturas del Tabor en su oficio de vigía, anunciando los peligros a su pueblo. — 3 El TM: “los de Sttíim cavaron

una fosa profunda.” Esto aludiría a la defección idolátrica en Baal-Peor (Núm 25:1). Sería, pues, un nombre despectivo dado

por Oseas a sus enemigos. — 4 La Bible de Jérusalem: “la arrogancia de Israel testimonia contra él.” — 5 Algunos autores, como

Harper y Martí, consideran la emoción de Judá como adición de un glosista. — 6 La traducción “Benjamín está aterrado” se obtiene

por un ligero cambio de consonantes. En el TM se dice literalmente “tras de ti Benjamín,” que también hace sentido. — 7 El

TM dice “rey belicoso” o pendenciero. Suprimiendo un yod, tenemos la lección de rey grande, seguida por gran parte de comentaristas

y por la Bible de Jérusalem. — 8 Bet-Aven aparece junto a Bet-El en Jos 7:2; 18:12; 1 Sam 13:5; por tanto, situada en la tribu

de Benjamín, al norte de Jerusalén. — 9 Estaba rigurosamente prohibido cambiar los mojones o linderos que delimitaban las

posesiones (cf. Dt 19:14). — 10 Los LXX traducen “van detrás de las vanidades” o ídolos. Así la versión siríaca y el Targum, lo

que supone que leían shau en vez de sau. — 11 Cf. Os 10:6.

2449

6. Falsa conversión de los Israelitas.

1 En su angustia me buscarán (diciendo): Venid y volvamos a Yahvé; El desgarró, El

nos curará, El hirió, El nos vendará. 2 El nos dará vida en dos días y al tercero nos

levantará y viviremos ante EL 3 Reconozcamos y apresurémonos a conocer a Yahvé.

Como aurora está aparejada su aparición; vendrá como lluvia impetuosa, como lluvia

primaveral que riega la tierra. 4 ¿Qué voy a hacerte a ti, Efraím? ¿Qué voy a

hacerte a ti, Judá? Vuestra piedad es como lluvia mañanera, como rocío matinal,

pasajero. 5 Por eso yo los he tajado por medio de los profetas, los he matado por las

palabras de mi boca, y mis juicios han brotado como la luz l.6 Pues prefiero la misericordia

al sacrificio, y el conocimiento de Dios al holocausto. 7 Pero ellos, como

hombres, violaron la alianza2, obraron pérfidamente contra mí. 8¡Galaad, ciudad de

malhechores, de sangrientas huellas; 9 tú, cuya fuerza son los bandidos, si asesinaras

a esa banda de sacerdotes a lo largo del camino de Siquem, porque obran criminalmente!

3 10 Espantoso es lo que he visto en la casa de Israel. Allí se prostituye Efraím,

allí se contamina Israel. 11 Pero en ti, ¡oh Judá! injertaré yo una rama cuando

haga volver la cautividad de mi pueblo 4.

El profeta presenta a los israelitas angustiados en la adversidad, decididos a retornar a Yahvé

como único punto de salvación: Venid y volvamos. (v.1). En su ruina reconocen que todo lo que

les ha sucedido ha sido enviado por Dios para hacerlos volver al buen camino, y, por tanto, sólo

El podrá sanarlos: El desgarró. nos vendará. Es inútil esperar en la ayuda de los hombres, aunque

fueran los grandes reyes de Asiría. Sólo Yahvé es poderoso para salvar la situación. Reconocen

su omnipotencia, capaz de rehabilitar a Israel: nos dará vida en dos días y al tercero

nos levantará (v.2). No tienen otro anhelo que volver a participar de la amistad divina: viviremos

ante El. El pueblo se siente como tierra sedienta, y por eso clama por la protección bienhechora

de Yahvé: Apresurémonos a conocer a Yahvé; vendrá como lluvia. primaveral que riega

la tierra (ν.3). El símil expresa bien lo que significa la aparición de Yahvé, que es comparada

también a la aurora, recibida con alegría después de las tinieblas de la noche.

Los sentimientos, pues, de arrepentimiento están bellamente expresados por el profeta, el

cual a esta actitud, aparentemente sincera, contrapone la reacción de Yahvé, que se muestra desconfiado

por este movimiento de acercamiento a El por parte de Israel. ¡Tantas veces ha dicho

que se volvía a su Dios y después le abandonaba! Por eso Yahvé está perplejo y duda en aceptar

las actuales manifestaciones de arrepentimiento: ¿Qué voy a hacerte, Efraim? ¿Qué voy a hacerte,

Judá? (v.4). Desconfiado por decepciones anteriores, no cree en la sinceridad y constancia de

la actual conversión, que es pasajera como lluvia mañanera, como rocío matinal., que con los

primeros ardores del sol se evapora. Así es la piedad o sentimiento de reconocimiento de los derechos

de Yahvé.

Dios los ha probado y tajado por medio de los profetas, anunciándoles vaticinios conminatorios

que realmente provenían de su boca, y sus juicios o sentencias debían haber surtido

efectos de arrepentimiento, como la luz (ν.6). Los profetas, transmitiendo sus oráculos amenazadores,

son comparados a piedras cortantes, que tajan al pueblo en orden para inclinarlos a la luz

de la Ley divina. La frase es enérgica e incisiva y refleja bien la misión, muchas veces punitiva,

de los profetas. A pesar de sus amenazas, los israelitas, como hombres, violaron mi alianza (v.7).

Aquí la palabra hombres parece tener un sentido peyorativo, aludiendo a la condición falsa del

hombre que, llevado de sus pasiones, no sabe corresponder a los compromisos de la alianza con

Dios 5. Por eso añade: obraron pérfidamente contra mí, pues le abandonaron para irse tras de los

2450

ídolos.

Es tal el estado de perversidad que reina en Israel, y sobre todo en la clase sacerdotal, que

invita a los bandidos de Galaad (famosa por las bandas de asesinos que pululaban en sus frondosos

bosques) 6 a que sean los ejecutores de la justicia divina contra los sacerdotes: Tú, cuya fuerza

son los bandidos, si asesinaras. a lo largo del camino de Siquem (v.8). La frase es oratoria y

expresa el estado de culpabilidad a que han llegado los sacerdotes del reino del norte, simbolizado

aquí en la ciudad de Siquem, cerca de Samaría. Los cultos paganos y sincretistas constituyen

el pecado principal del reino: allí se prostituye Efraím. (v.10). Los sacerdotes son los principales

responsables de esta situación, ya que evitan que los israelitas vayan a cumplir sus prácticas religiosas

a Jerusalén.

El v.11 parece desconectado del contexto, y puede ser una glosa en la que un autor posterior

contrapone la suerte triste que aguarda al reino del norte a la gloriosa que le espera a Judá.

Yahvé injertará una rama7 o retoño que lo hará vivificar cuando vuelva de la cautividad. En este

supuesto nos encontraríamos con una profecía mesiánica al estilo de otras similares de los escritos

proféticos 8, en la que se insiste en la renovación vigorosa obrada por Yahvé en Judá (yo injertaré

una rama.) después de la prueba del exilio. Como siempre, esta intercalación de una profecía

esperanzadora tiene por fin aliviar al lector de la impresión recibida anteriormente al anunciar

un castigo inexorable de parte de Yahvé sobre su pueblo. La justicia y la misericordia divinas

son los dos polos sobre los que alternativamente gira la teología de los profetas respecto de

los destinos de Israel.

7. Anarquía social y petición de ayuda al extranjero.

En los c.7-9 se refleja la anarquía reinante después de Jeroboam II. Los desórdenes sociales están

al orden del día. La nación se siente insegura, y busca nerviosa auxilio tan pronto en Asiría

como en Egipto. En el terreno religioso, la idolatría y la impiedad crecen por doquier. De hecho

sabemos que, después de la muerte de Jeroboam II, las dinastías se sucedieron con pasmosa rapidez,

pues los reyes eran asesinados y suplantados sistemáticamente por generales insurrectos, a

su vez devorados por el torbellino de la anarquía social. Son los años en que Teglatfalasar III

hace sus primeras incursiones por la costa sirofenicia y amenaza caer sobre Palestina (entre el

750 al 735 a.C.).

Conspiraciones contra los gobernantes (1-7).

1 Cuando yo quería sanar a Israel, se ha revelado la iniquidad de Efraírn y la perversidad

de Samaría; obra fraudulentamente; entra el ladrón dentro, y fuera hace

sus correrías el bandido. 2 No reflexionan en su corazón que yo tengo presente su

maldad; ahora sus obras les rodean y están patentes ante mí. 3 Regocijan al rey con

sus malicias, y con sus mentiras a los príncipes, 4 mientras que todos respiraban furor,

como horno a punto de abrasar la hornada 9. Cesa el hornero de enrojar mientras

se amasa y fermenta lo amasado. 5 Ya el día mismo de “nuestro rey” comienzan

los príncipes a encenderse por el vino, mezclados en compañía de bandidos 10. 6 Pues

como horno ardieron sus corazones en intrigas; su furor ha descansado durante la

noche, pero a la mañana como llama de fuego. 7 Todos se encendieron como horno y

devoraron a sus jueces. Todos sus reyes sucumbieron, pero nadie de entre ellos clamó

a mí.

2451

La anarquía social es general. El robo y asesinato están a la orden del día (v.1), y se hacen de

modo tan descarado, que sus autores no tienen interés en ocultar las fechorías: sus obras les rodean

(como un vestido) y están patentes a mí (v.2). A continuación, el profeta describe al detalle

y de modo poético la trama de una de tantas conspiraciones habidas contra los gobernantes de

aquel tiempo de descomposición política y social. De un lado, los subditos se muestran zalameros

y adulan al rey y a los príncipes (regocijan al rey con sus mentiras, v.3), mientras que están

tramando interiormente su muerte. Después de la muerte de Jeroboam (753), los atentados se sucedieron

en masa. Quizá se aluda aquí a la conspiración de Sellum contra el rey Zacarías (753-

52), hijo de Jeroboam II y último rey de la dinastía de Jehú. El usurpador, Sellum, fue muerto por

otro usurpador (Menajem, 752 — 742/1) un mes después 11.

El relato de Oseas puede ser un eco de estas intrigas. Supone el profeta que se celebró

una fiesta en honor del rey, en la que no faltaban las alabanzas y adulaciones propias de las circunstancias.

Mientras tanto, hervían furiosos en odio, tramando la ruina del rey. El profeta compara

los conspiradores a los horneros que encienden el horno y preparan la pasta (los planes del

regicidio), para esperar el momento oportuno. Dejan que fermenten sus planes, y cuando los

príncipes y el rey están despreocupados, encendidos por el vino, entonces se echan sobre ellos,

asesinándolos (v.7). Es la historia de las conspiraciones que tuvieron lugar en los años que van

desde el 750 al 735 a.C. El profeta refleja en este relato una de tantas conspiraciones, sin concretar

ninguna en nombres. Los términos literarios pueden aplicarse a todas ellas. El quiere hacer

ver que la anarquía y el libertinaje campean en la sociedad, porque nadie se acuerda de Dios: nadie.

clamó a mí (v.7).

Israel, en busca de ayuda extranjera (8-16).

8 Efraím se aceita de las gentes, es como torta a que no se dio vuelta. 9Los extraños

devoran su sustancia, sin que él se dé cuenta; ya tiene canas, y no se ha apercibido.

10A Israel le sale a la cara su arrogancia 12, y no se vuelven a Yahvé, su Dios, y, con

todo esto, no le han buscado. n Efraím se ha tornado en paloma estúpida, sin juicio;

acuden a Egipto, se dirigen a Asiría. 12 Tan pronto como vayan, yo les tiendo mi red

y los haré caer en ella como aves del cielo, Yo los castigaré según lo decretado contra

sus maldades13. 13¡Ay de ellos por haberse apartado de mí! ¡Ruina sobre ellos por

haberse rebelado contra mí! Yo los salvaba y ellos me mentían. 14 No me invocan de

corazón, sino que ululan sobre sus almohadillas; por el grano y por el mosto se

hacen incisiones 14. Son rebeldes contra mí. 15 Yo los eduqué y fortalecí sus brazos,

pero maquinaban contra mí. 16 Se vuelven hacia los que de nada sirven 15; se han

convertido en arco engañoso. Sus príncipes caerán a la espada por sus insolentes

bravatas 16; es decir, serán la irrisión en la tierra de Egipto.

Irónicamente se compara a Efraím (reino del norte) a una torta a la que no se dio vuelta (v.8), y

por ello a medio cocer. Ha querido impregnarse de costumbres paganas (se aceita de los pueblos),

y el resultado es que no es ni yahvista ni pagano. No tiene apego a su personalidad y tradiciones

nacionales, y, por otra parte, las costumbres y usos adoptados de los pueblos gentiles no le

van a su medida. Es una torta a medio cocer. No se da cuenta que, con esta política de mimetismo

extranjero, los extraños devoran su sustancia (V.9), debilitándola en su vida nacional; y así,

sin darse cuenta, es presa de una vejez nacional prematura (ya tiene canas), sin que se aperciba

de ello.

2452

No reconoce su debilidad y sus yerros, y por eso su conducta es insolente y desafiante para

los intereses de Yahvé: a Israel le sale a la cara su arrogancia (v.10). En su autosuficiencia,

no se creen los israelitas necesitados de auxilio, y por eso no se vuelven a Yahvé, su Dios; a pesar

de lo que han sufrido: y, con todo esto, no le han buscado. Su ceguera será su castigo. Tan infatuado

está, que, en vez de dirigirse a Yahvé, ha buscado ingenuamente, como paloma estúpida,

sin juicio, ayuda de las grandes potencias, Asiría y Egipto, que terminarán por absorberlo políticamente.

La frase parece aludir a la política inconsistente de Israel en aquel tiempo, cuando Teglatfalasar

III de Asiría hacía irrupción en la costa sirofenicia y se preparaba a avanzar por Palestina

para chocar contra Egipto.

Las facciones políticas de Israel eran diversas, ya que unos propugnaban aliarse con el

coloso asirio que avanzaba, mientras que otros eran partidarios de escudarse en la potencia del

faraón para hacer frente a la invasión. Los profetas, en esta situación, predican siempre la política

de Dios, que es abstenerse de entrar en ligas extranjeras, que no hacen sino perjudicar a los intereses

religiosos del pueblo elegido, y encomendarse a la ayuda omnipotente de Yahvé. Isaías y

Jeremías serán los grandes campeones de esta tesis eminentemente “yahvista.” De hecho, de nada

les servía a los políticos israelitas el buscar alianzas extranjeras, pues por haber despreciado y

desconfiado en Yahvé, caerían en la red que les tendía como aves del cielo (v.12).

En la escuela de los fracasos militares y políticos iba Yahvé adoctrinando a su pueblo, de

dura cerviz (yo los castigaré.), que tenía sueños de gran nación. El apartarse de Yahvé traía como

consecuencia la ruina (v.13). La ingratitud de Israel desbordaba toda medida, y, sobre todo,

su falta de sinceridad en sus actos de culto no hacía sino atraer la ira divina. En realidad, no les

importan los intereses de su Dios, sino que ululan sobre sus almohadillas y por el grano y por el

mosto hacen incisiones (v.14). El texto alude a la costumbre de prosternarse en los lugares de

culto, extendiendo en el suelo el manto o pequeños lechos (almohadillas), haciéndose incisiones

(v.14) rituales en señal de dolor por los pecados y para manifestar una piedad extraordinaria 17.

Los israelitas adoptaron prácticas culturales de los cananeos aun en el santuario de Yahvé,

pero, además, participaban de los ritos sagrados en los lugares de culto idolátrico con sus

grandes aberraciones. El profeta destaca la ingratitud inmensa que esto supone, ya que Israel debía

su existencia como nación exclusivamente a la elección y protección de Yahvé (yo los eduqué

y fortalecí sus brazos, v.15), pero ellos han correspondido con la rebelión y el engaño, yéndose

tras de los ídolos: se vuelven hacia los que de nada sirven (v.16). Han resultado a Yahvé tan

traicioneros como el arco engañoso que se vuelve contra el que lo maneja 18. Israel no ha querido

ser instrumento dócil en las manos de Yahvé, y se ha vuelto contra El, prefiriendo a los ídolos de

las naciones y buscando alianzas paganas.

Pero en esto encontrarán el castigo, pues los que más abogan por la alianza con las naciones

como Egipto y Asiría caerán a la espada por sus insolentes bravatas. La frase puede ser una

alusión al ardor con que combatían las distintas facciones políticas (egiptófilos y asirófilos) en la

corte de Samaría. La última frase, serán la irrisión de la tierra de Egipto, es considerada por algunos

autores como glosa posterior que interpreta los hechos a la luz de la caída de Samaría en

721 a.C.

1 El TM dice: “Tus juicios brotan (como) la luz.” Los LXX leen “mi juicio como la luz.” Hemos preferido esta última, como más

adaptable al contexto. — 2 Otros traducen “ellos, como Adam, violaron la alianza.” La palabra hebrea Adam puede tener sentido

colectivo, y así lo hemos interpretado. — 3 Así según la reconstrucción de Hoonacker. El texto es oscuro y discutido su sentido.

He aquí otra versión: “Gomo bandidos en emboscada, una banda de sacerdotes asesina sobre el camino de Siquem” (Bible de Jérusalem).

— 4 Texto discutido. Nuestra versión es la de Hoonacker. La Bibíe de Jérusalem traduce: “A ti también, Judá, yo destino

una cosecha cuando restablezca a mi pueblo.”5 En Job 31:23 encontramos este mismo sentido peyorativo de hombre (adam).

— 6 En Jue 10:17 aparece Galaad como ciudad. Algunos ejemplares de los LXX, pertenecientes a la recensión de Luciano, leen

Caígala. — 7 La palabra hebrea qaúr sígrúnca “. generalmente, pero también rama (cf. Sal 8o, 12; Job 14:9, etc.). — 8 Cf. Is ii,is;

2453

Jer 23:5; Ez 17:22. — 9 Literalmente el TM dice: “Todos ellos son adúlteros, como horno encendido por el hornero. Cesa de atizar

el fuego desde el amasado de la pasta hasta su fermentación.” La Bible de Jérusalem traduce: “Todos están jadeantes, arden

como horno, cuyo panadero no atiza el fuego desde que amasó la pasta hasta que es fermentada.” — 10 El TM dice: “el día de

nuestro rey pusiéronse enfermos los príncipes con el ardor del vino; él tendió su mano a los brillantes” (¿embriagados?) Los LXX:

“con las pestes.” Indudablemente el texto está corrompido. Un ligero cambio de letras da la versión que hemos tomado de Hoonacker.

— 11 Cf. 2 Re 15:10s. — 12 Otros traducen: “la gloría de Israel da contra él testimonio.” Así Cantera. Bible de Jérusalem:

“la arrogancia de Israel testimonia contra él.” — 13 Así según un ligero cambio de letras (versión seguida por la Blble de Jérusalem).

El TM dice: “según lo oído en sus asambleas.” — 14 Así según los LXX. El texto del TM no da sentido aceptable. —

15 El texto original es oscuro. Un ligero cambio de consonantes da la traducción que hemos propuesto, siguiendo a Hoonacker.

Bible de Jérusalem: “se vuelven hacia Baal.” — 16 Lit. “por la ira de su lengua.” La frase siguiente es considerada por muchos

autores como glosa posterior. — 17 Estaba prohibida esta práctica en Lev 19:28; 21:5; Dt 14:1. Sobre su extensión en Ganaán cf.

1 Re 18:28; Jer 16:6; 41:5. 47:5; 48:37. Véase el artículo de Vigouroux Les pré-tres de Baal et leurs successeurs: RB 5 (1896)

p.227s. — 18 Cf. Sal 78:57.

8. La invasión asiria, castigo por los pecados de Israel.

En este capítulo encontramos una serie de acusaciones que justifican la ruina de Israel: violación

de la alianza, dinastías ilegítimas, adoración del becerro, petición de ayuda exterior e idolatría.

Anuncio de la invasión y de la cautividad (1-6).

1 ¡Emboca la trompeta! Como buitre se abate sobre la casa de Israel por haber quebrantado

mi alianza y haber prevaricado contra mi ley. 2 Clamarán a mí: “¡Dios

mío!” Pero te conocemos, Israel. 3 Israel ha rechazado el bien, y el enemigo le perseguirá.

4 Se dieron reyes, pero no elegidos por mí; constituyeron príncipes sin yo saberlo;

de su oro y su plata se hicieron ídolos, mas para su perdición. 5 Yo rechazo tu

becerro, Samaría; mi furor se ha encendido contra ellos. ¿Hasta cuándo no lograrán

purificarse? 6 Porque de Israel son, son obra de artífice, no son de Dios, y será llevado

cautivo el día de Yahvé l el becerro de Samaría.

La invasión es inminente; por eso se invita a un imaginario centinela a dar el grito de alarma

(emboca la trompeta), pues en su perspectiva profética, Oseas ve ya planear al ejército asirio,

que como un buitre se abate sobre la casa de Israel (v.1). El anuncio se expresa en sentido entrecortado

para dar mayor impresión de nerviosismo. El símil del buitre sirve para expresar la

rapacidad del ejército invasor *. La causa del castigo es la infidelidad a la alianza y a la Ley.

Siempre los profetas hacen hincapié en las razones teológicas que dirigen las vicisitudes históricas

del pueblo elegido. Las circunstancias políticas históricas no cuentan para ellos, sino las

exigencias de la alianza del Sinaí entre Yahvé y su pueblo. Conforme a este pacto, la historia de

Israel se desenvuelve en una alternativa de castigos o bendiciones, según su fidelidad o deslealtad

al mismo por parte del pueblo elegido.

Por eso ahora Yahvé no hace caso del grito angustiado de Israel: ¡Dios mío! pues su conversión

no brota de la sinceridad del corazón. Yahvé conoce sus veleidades (Te conocemos, Israel,

v.2) y, por tanto, espera las pruebas de su arrepentimiento 2. Israel se ha trazado un plan de

vida totalmente al margen de la ley de Dios, en lo que ésta implica de bendiciones (Ha rechazado

el bien, v.3), y por eso Yahvé lo entregará al enemigo, que le perseguirá. La vida nacional no

ha sido controlada conforme a las exigencias de la teocracia: se dieron reyes, pero no elegidos

por mi. (v.4). El reino del norte era ilegítimo por su origen cismático después de la muerte de

Salomón.

Jeroboam I, su primer rey, además de ser ilegítimo usurpador, instauró la taurolatría, o

2454

culto de Yahvé bajo la forma de toro 3, lo que estaba prohibido por la Ley. En el nuevo reino floreció

la idolatría en sus diversas formas, como fruto normal del sincretismo religioso adoptado

(de su oro y plata se hicieron ídolos), lo que contribuyó a la perdición del reino. Yahvé no puede

aprobar este culto taurolátrico (yo rechazo tu becerro, Samaría, ν.6). El culto cismático, con

grandes infiltraciones idolátricas, practicado en Betel y Dan, no podía ser aprobado por Yahvé,

que había señalado como único lugar de culto a Jerusalén, y por eso Yahvé condenará al pueblo

de Samaría a la cautividad. Han confiado en sus ídolos de oro, y de nada les servirá en el día de

Yahvé, o de la manifestación de su ira. El becerro de Samaría, o ídolo del reino del norte, será

llevado cautivo como sus adoradores, que se avergonzarán de él.

Anuncio del exilio (7-14).

7 Pues siembran vientos, recogerán tempestades. La espiga no dará fruto ni formará

harina,y si algunas la dieren,las devorará el extranjero. 8 Devorado será Israel; ahora

ha sido considerado entre las naciones como vaso del que no se hace aprecio. 9

Por ellos subieron a Asiría. El onagro busca estar solo, Efraím se entregó a los

amantes 4. 10 Aunque sean entregados a las naciones, al presente los guardo reunidos,

para que sufran algún tiempo la carga del rey y de los príncipes 5. n Efraím ha

multiplicado sus altares para pecar; sólo para pecar le han servido. 12 Escribí para

él las palabras de mi Ley 6, pero las tienen por palabras de extranjeros. 13 ¡Aman los

sacrificios, que sacrifiquen! ¡(Aman) la carne, que la coman! Yahvé no se agrada de

ellos. Ahora se acordará de sus iniquidades y castigará sus pecados. Volverán a

Egipto 7. 14 Israel se olvidó de su Hacedor y construyó palacios; Judá multiplicó sus

ciudades fuertes, pero yo daré sus ciudades al fuego, que devorará sus palacios.

Israel, con su conducta desafiante, se está haciendo acreedora a un castigo. Está buscando relaciones

políticas con Asiría y terminará absorbida por esta nación imperialista. Todos estos malos

pasos no son sino los primeros indicios de la catástrofe: siembra vientos y recogerán tempestades

(ν.7). El proverbio expresa bien el final que tendrá la mala política internacional de Israel. La

cosecha que les espera no será precisamente de trigo ni de harina. Verán espigas, pero no darán

fruto. El profeta parece aludir aquí al ejército invasor, que arrasará las cosechas, y las pocas espigas

que haya, las devorara el extranjero.

Israel, en efecto, ha sido despreciado y tratado como un vaso del que no se hace aprecio

(v.8). A pesar de esto, la conducta de Israel es inexplicable, ya que ha ido a buscar a sus invasores

(subieron a Asiría, v.8), y en esto se muestran menos inteligentes que el onagro, que ama la

soledad y la independencia8. En cambio, Efraím (reino del norte) ha ido con dádivas tras los

amantes o invasores, probable alusión a las ofrendas que presentaban como tributo al coloso asirio

9. Con ello no hará sino acelerar la ruina de la nación y la cautividad. El profeta les anuncia

que ésta ciertamente vendrá, aunque todavía subsistan como nación durante algún tiempo, para

que experimenten la anarquía y el desorden interno político: Aunque sean entregados a las naciones,

al presente los guardo reunidos para que sufran algún tiempo la carga del rey y de los

príncipes (v.10). El pueblo debe experimentar lo que supone la funesta política de las clases dirigentes

10. Antes de que llegue la tempestad del cautiverio, deben probar los vientos que la prepararon,

es decir, la política suicida que los llevará a la catástrofe.

Después de aludir a la situación política, el profeta se vuelve de nuevo a la tragedia religiosa

de aquel pueblo que ha abandonado a Yahvé para entregarse a la más crasa idolatría: Efraím

ha multiplicado sus altares para pecar (v.11). Los lugares de culto idolátrico no le han servi2455

do sino para facilitar toda clase de transgresiones contra la Ley recibida de Yahvé. Como consecuencia

de esta defección en lo cultual, sobrevino la defección en la práctica de la Ley, pues los

israelitas consideran las palabras de la Ley divina como algo extraño a ellos, como palabras de

extranjeros. De nada les servirán sus sacrificios y sus banquetes con motivo de los actos de culto,

porque Yahvé no se agrada de ellos (v.15). Dios quiere ante todo la entrega sincera de los

corazones. Por su hipocresía y deslealtad los castigará, y reconocerán sus iniquidades. Volverán

a repetirse los tristes días de la servidumbre de Egipto (volverán a Egipto), si bien esta vez en el

exilio de Mesopotamia.

El v.14 es muy semejante, por el estilo, a los oráculos de Amos 11, y puede ser una inserción

hecha por un glosista, inspirada en los escritos del profeta de Tecoa. Israel y Judá se han

creído fuertes, levantando palacios y ciudades fuertes, olvidándose de buscar la ayuda en su

Hacedor; por eso serán castigados, y sus ciudades y palacios entregados al fuego. El texto alude a

la destrucción de las ciudades de ambos reinos como efecto de la invasión asiría, que culminará

en la ocupación de Samaría en 721 a.C. por Sargón II.

1 Así según un reajuste muy plausible del texto, propuesto por Hoonacker. El TM dice lit.: “rotos Yahvé el becerro de Samaría,” lo

que es ininteligible. Los LXX: “porque se descarriaba tu becerro, Samaría.” — 2 Cf. Ez 10:1. Los invasores son frecuentemente

comparados a aves de presa en la Biblia (Dt 28:49; Jer 48:40; Hab 1:8). — 3 Cf. 1 Re 12. — 4 El texto está oscuro, y las traducciones

no coinciden. Bible de Jérusalem: “Han subido a Asiría — onagro que vive aislado — . Efraím se ha comprado amantes.”

— 5 La Bible de Jérusalem: “que se compren entre las naciones, yo voy a dispersarlos, y cesarán pronto de ungir reyes y príncipes.”

— 6 El TM es oscuro. Un ligero cambio de letras da la versión, propuesta por Hoonacker. — 7 Los LXX añaden: “y comerán

inmundicias en Asiría.” — 8 Cf. Job 39:5-8. Probablemente el profeta ha escogido la comparación del onagro por la paranomasia

que hay en hebreo entre Fere (onagro) y Efraím. — 9 Cf. 5:13; 7:11; 12:2. — 10 La versión de los LXX supone otro original:

“y cesarán un poco de ungir reyes y gobernantes.” La Bible de Jérusalem: “yo voy a dispersarlos, y cesarán pronto de ungir

reyes y jefes.” — 11 Cf. Am c.1-2.

9. El castigo de Efraím.

La cautividad de Israel está a la vista (1-6).

1 No te goces, Israel; no te regocijes corno las gentes, porque has fornicado fuera de

tu Dios. Fuiste en busca del salario sobre toda era de trigo. 2 Pero la era y el lagar

los desconocerán ! y el mosto les defraudará. 3 No quedarán en la tierra de Yahvé,

sino que Efraím volverá a Egipto, y en Asiría comerán manjares inmundos. 4 No

harán más a Yahvé libaciones de vino ni le presentarán sus sacrificios, su pan será

pan de duelo; cuantos lo coman se contaminarán, porque su pan será para ellos

mismos, no entrará en la casa de Yahvé. 5 ¿Qué haréis en el día de la asamblea, en el

día de la fiesta de Yahvé? 6 Porque he aquí que se han marchado de la (tierra) devastada,

y Egipto los reunirá. Menfis los sepultará. Sus preciosidades de plata las

heredarán las ortigas; los cardos (heredarán) sus tiendas.

El anuncio de la próxima cautividad aparece expresado con toda claridad. Israel sigue inconsciente

su vida de alegría y regocijos, pero en esto se muestra estúpida y sin inteligencia, porque

el castigo no se hará esperar por haber abandonado a Yahvé, yéndose tras los ídolos: has fornicado

fuera de tu Dios (v.1). Se ha conducido como una cortesana, en busca de salario sobre toda

era de trigo; es decir, ha participado en todos los jolgorios y prácticas supersticiosas y paganas

que tenían lugar con motivo de la recolección 2. Pero, por haber tomado parte en fiestas idolátricas

con motivo de la recolección, Yahvé castigará a Israel a una gran escasez: la era y el lagar

los desconocerán (v.2), e.d., los frutos no responderán a la llamada y espera de los habitantes de

2456

Israel al cultivar el campo; el mosto los defraudara en su esperanza.

Pero esto no será sino el principio del fin, ya que el exilio será el destino definitivo de Israel.

El profeta concibe la futura cautividad en Asiría al estilo de la antigua de Egipto: Efraím

volverá a Egipto (v.3). En Asiría comerán manjares impuros. Privados del templo, ya no podrán

presentar sus primicias, que consagraban la cosecha (no entrará en la casa de Yahvé, v.4). Por

eso, ese pan sólo valdrá para ellos mismos, e.d., para saciar su hambre, pero no para reconocer

en él la mano pródiga de Yahvé: su pan será un pan de duelo. La casa donde había muerto alguno

era considerada como contaminada durante siete días 3, y los familiares tenían banquetes funerarios

en un ambiente de duelo y de tristeza4. La tristeza lo invadirá todo en el exilio, y los israelitas

se sentirán en perpetuo duelo.

Desaparecerán las tradicionales fiestas y asambleas del pueblo (v.5). Al desaparecer el

templo no habrá ocasión de reunirse el pueblo y celebrar la tradicional fiesta de Yahvé, e.d., los

novilunios, y las fiestas mayores de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos. Las gozosas asambleas

en torno al templo de Sión serán sustituidas por la dolorosa concentración de exilados en el extranjero:

Egipto los reunirá (v.6), y allí, en la tierra tradicional de la servidumbre (simbolizada en

la capital, Menfis), encontrará Israel triste sepultura, mientras que en Palestina los palacios y moradas

de los israelitas (con sus preciosidades de plata) serán invadidas por las ortigas y los cardos.

Asechanzas de los israelitas al profeta (7-10).

7 Llegaron los días del castigo, llegaron los días de la paga. Clama Israel: “El profeta

es un insensato, presa de delirio el hombre del espíritu.” A la enormidad de tu iniquidad

se añade la enormidad de la persecución. 8 El profeta centinela de Efraím, en

unión con su Dios, (halla) en todos sus caminos el lazo del cazador y la persecución

en la casa de su Dios. 9 Profundamente se corrompieron, como en los días de Guibá.

El se acordará de su iniquidad y castigará sus pecados. 10 Como uvas en el desierto

hallé yo a Israel, como brevas en la higuera en su principio contemplé a vuestros

padres, los cuales, llegados a Baal-Peor, se consagraron a la infamia y se hicieron

abominables como lo que amaron.

El profeta anuncia la proximidad de los días del castigo, y, sin embargo, no encuentra sino hostilidad

e incredulidad. Se le trata como insensato poseído de un espíritu maniático pesimista. No

sólo prevarican, sino que le persiguen (v.8). Oseas, como profeta, se declara el centinela de Efraím,

siempre alerta para dar la voz de alarma ante los peligros que se avecinan, y, sin embargo, no

se le reconoce su misión, sino que por doquier se le ponen lazos en sus caminos, como el cazador

lo hace en busca de la presa (v.8). La casa de su Dios parece tiene aquí el sentido amplio de territorio

perteneciente a Yahvé, es decir, el reino de Israel. El profeta, que no hace sino vivir en comunicación

con su Dios, es hostigado en el territorio propiedad del mismo Dios. La corrupción

de sus perseguidores es comparable a la de los habitantes de Giiibá5. Quizá la mención del crimen

abominable de los benjaminitas contra uno que pedía hospitalidad sea relacionado con la

negativa del asi lo a que como profeta tenía Oseas en el territorio de Israel. Le niegan algo que

afecta a sus derechos naturales como israelita, y más como representante de Yahvé. Oseas clama

a la justicia divina para que salga por sus derechos: El se acordará de su iniquidad. (v.8).

Yahvé sintió un placer especial al entrar en relación con Israel en el desierto, comparable

al viajero que encontró, sin esperar, uvas en el desierto, o como el que prueba las brevas en la

higuera, encontradas inesperadamente antes de que llegue la época de la maduración de los higos

2457

(v.10). Yahvé amó y protegió a su pueblo con paternal solicitud cuando Israel empezó a formarse

como nación; pero, a pesar de todos los beneficios que le prodigó, Israel se entregó a los ídolos

en la primera ocasión que encontró: Llegados a Baal-Peor, se consagraron a la infamia (nombre

despectivo para designar los ídolos) y se hicieron abominables. (v.10). Baal-Peor es una localidad

de Moab, donde los israelitas prevaricaron en masa en su paso hacia Ganaán 6. El profeta

contrapone en este cuadro el afecto y solicitud de Yahvé por su pueblo y la conducta desagradecida

de éste al abandonarle e irse tras de los ídolos de Moab, entregándose a las costumbres licenciosas

que solían acompañar a los actos de culto idolátricos.

La exterminación de Efraím (11-17).

11 Se volará como pájaro la gloria de Efraím, y no habrá ya ni parto, ni maternidad,

ni embarazo. 12 Si crían hijos, los despojaré de ellos, privándolos de hombres, y jay

de ellos cuando yo me aleje de ellos! 13 Efraím, yo lo he visto, ha hecho de sus hijos

presa de caza, y Efraím sacará sus hijos para el asesino 7. 14 Dales, ¡oh Yahvé! ¿Qué

les has de dar? Dales entrañas estériles y senos enjutos. 15 Toda su perversidad está

en Guilgal; allí los aborrecí. Por la perversidad de sus obras los arrojé de mi casa;

no volveré a amarlos. Todos sus príncipes son rebeldes. 16 Efraím está herido; su raíz

está seca, no dará fruto; aunque parieren, haré morir a los tesoros de su seno. 17

Los rechazará mi Dios por no haberle escuchado e irán errantes entre las gentes.

Supuesta la inveterada prevaricación de Efraím, iniciada ya en los albores de su historia, como

prueba el hecho de Baal-Peor, Yahvé ha decidido exterminarlo como pueblo. Su gloria o vigor,

manifestado en la fecundidad y proliferación de sus hijos, volará como pájaro (v.11). Será condenado

a la absoluta esterilidad (No habrá ni parto, ni maternidad.). Y si aún nacieren niños,

Yahvé se los arrebatará (v.12), entregándolos a la espada y al cautiverio. Efraím, pues, no ha

hecho sino criar hijos para ser presa de caza (v.15) de los invasores asesinos 8.

La maldición de Yahvé es inexorable, y es tal, que el profeta se resiste a pronunciarla:

Dales, ¡oh Yahvé! y dialoga consigo mismo: ¿Qué les has de dar? Y, por fin, con la mayor repugnancia,

proclama la maldición divina: dales entrañas estériles y senos enjutos (v.14). El profeta

pide la extinción del pueblo por su depravación general, reprimiendo sus sentimientos primarios

de piedad. La terrible sentencia está justificada por las abominaciones que cometen en'

los santuarios idolátricos como Guilgal 9. Por eso los arrojará de su casa, del territorio de Palestina,

que le pertenece a Yahvé. Las clases dirigentes, los príncipes, con sus rebeldías, son los

primeros responsables de la ruina. La exterminación y el exilio serán la triste suerte de un pueblo

que había sido elegido por Dios como único entre las naciones (v. 16-17).

1 Desconocerán, siguiendo a los LXX, en vez de “los apacentará” del TM. — 2 Véase el artículo de Jaussen Coatümes árabes: RB

(1903) p.258. — 3 Cf. Núm 19:14; Dt 26:14. — 4 Cf. Jer 16:7. — 5 Sobre la conducta abominable de los benjaminitas en Guibá o

Gabaón cf. Jue C.IQ. — 6 Cf. Núm 23:28. — 7 Él TM dice lit.: “Efraím, según vi, era Tiro plantada entre pastos.” La Bible de Jérusalem:

“Efraím, yo le he visto, ha hecho de sus hijos una caza; Efraím deberá entregar sus hijos a la carnicería.” Nuestra versión

supone un ligero retoque en una palabra del texto (Sid, “caza,” en vez de sur: Tiro). Hoonacker hace una bella reconstrucción, pero

muy problemática: “Como la cierva cría sus pequeñuelos para la caza.” — 8 En él supuesto de mantener la lección del TM

(“Efraím era Tiro rodeado de pradería”), el sentido sería que Efraím estaba destinada a ser gloriosa y rica como Tiro. Pero la comparación

no se adapta bien al contexto, y es preferible buscar una reconstrucción. — 9 Cf. 4:15; 12:12.

2458

10. Inminencia del Castigo.

Proliferación de la idolatría (1-8).

1 Israel es una viña frondosa que da fruto proporcionado; pero a medida de la

abundancia de su fruto hizo multiplicar sus altares, y a la medida de la riqueza de

su tierra, hizo ricos a sus cipos. 2 Su corazón es mendaz, y ahora pagarán las culpas;

él quebrantará sus altares y demolerá sus cipos. 3 Que si dice ahora: “No tengo rey,

porque no hemos temido a Yahvé, y el rey, ¿qué haría por nosotros?” 4 Pronuncian

discursos, juran en falso, contraen alianzas, pero el juicio (condenatorio) germinará

como planta venenosa en los surcos del campo. 5 Los moradores de Samaría están

llenos de temor por el becerro de Bet-Aven; su pueblo está en duelo, y sus sacerdotes

se lamentan por él, por su gloria, que ha emigrado lejos de él. 6 Hasta él mismo será

llevado a Asiría como presente para el gran rey; Efraím cosechará la vergüenza, e

Israel se cubrirá de deshonor por sus consejos. 7 Se acabó Samaría. Su rey es como

espuma sobre la superficie de las aguas. 8 Destruidos serán los altos de la impiedad 2,

el pecado de Israel. Las zarzas y los abrojos treparán sobre sus altares. Dirán a los

montes: “¡Cubridnos!” y a los collados: “¡Caed sobre nosotros!”

La riqueza de Israel, en vez de contribuir a alabar a Yahvé por los abundantes bienes materiales,

no ha servido sino para multiplicar los lugares de culto idolátrico. Los altares y cipos (estelas de

culto) se multiplicaron por doquier en honor de los baales de cada lugar, al estilo cananeo. En

esto Israel se ha mostrado mendaz, ya que, aunque confiesa a Yahvé con los labios, su corazón

está muy alejado de El (v.2). De un lado, los israelitas constatan la situación política caótica al

decir no tenemos rey (probable alusión a la sucesión de usurpadores y cambios de dinastías que

se siguieron a la muerte de Jeroboam I1), y aun confiesan que de nada les serviría el rey si no

tienen temor de Dios (porque no hemos temido a Yahvé, y el rey, ¿qué haría por nosotros?); pero

estos sentimientos, expresados sólo en determinados momentos de angustia, quedan ahogados

por sus actos pecaminosos: juran en falso, hacen alianzas (v.4) con potencias extranjeras, como

Asiría y Egipto.

Esta situación no puede prolongarse, y el juicio condenatorio de parte de Yahvé está a

punto de caer sobre la nación, que la invadirá como planta venenosa o maldita en todos sus estratos

sociales. La nación es comparada aquí a un campo con surcos (v.4) o del irritaciones, según

la estratificación de clases sociales, lo que facilitará la propagación de la planta venenosa, que no

es otra que el castigo justiciero de Yahvé. En el v.12, Israel es comparado con un campo no trabajado

o erial. Aquí el profeta se fija en la facilidad de propagación de la ira divina, que cae como

un veneno sobre Israel.

Una vez anunciado el castigo, el profeta presenta la ejecución del mismo. Ha llegado la

invasión; los santuarios idolátricos serán arrasados y sus adoradores estarán consternados por la

suerte del becerro de Samaría (v.5). El pueblo hará manifestaciones de duelo, y los sacerdotes se

lamentarán al perder lo que les daba opíparas ganancias: su gloria ha emigrado lejos de él; e.d.,

sus tesoros fueron llevados por los conquistadores; y hasta el mismo ídolo (becerro de Samaría)

será transportado como tributo al gran rey de Asiría 3. Esta será la gran vergüenza de Israel, que

les ha venido por sus consejos (v.6) o malos cálculos políticos. Este será el trágico final del reino

del norte.

Mientras llega la hora de la invasión, la nación es presa de la anarquía y de las facciones

políticas, siendo el rey llevado como espuma sobre la superficie de las aguas (v.7), juguete de

2459

los partidos políticos. El profeta parece aludir a la inseguridad política y social que existió del

750 al 735 a.C., cuando los usurpadores políticos se sucedían vertiginosamente y la opinión pública

se dividía en las facciones asirófila y egiptófila.

Como colofón de tanta confusión anárquica vendrá al final la temida invasión; los lugares

de culto (los altos de la impiedad, v.8) serán destruidos, y sus altares se cubrirán de zarzas y de

abrojos, mientras que los habitantes, aterrados ante tanta ruina, pedirán a los montes y collados

que los cubran para no ver tanta desolación y miseria: Dirán a los montes: “¡Cubridnos!”; y a los

collados: “¡Caed sobre nosotros!” (v.8).

La destrucción inmediata de Israel (9-15).

9 Has pecado, Israel, desde los días de Guibá. Allí permanecieron: ¿No les va a alcanzar

la guerra en Guibá a los hijos de la iniquidad? 10 Yo iré a castigarlos; los

pueblos se reunirán contra ellos por un común compromiso a causa de su doble

crimen. 11 Efraím es una novilla domesticada, que gusta de trillar; pero yo domaré

con el yugo el vigor de su cerviz 4; yo unciré a Efraím; Judá tirará del arado, Jacob

tendrá que rastrillar. 12 Sembrad en justicia, cosechad en misericordia, roturad

vuestro barbecho, pues es tiempo de buscar a Yahvé hasta que venga y os enseñe la

justicia. 13 Habéis cultivado la impiedad, habéis cosechado iniquidad y habéis comido

fruto de mentira. Porque confiaste en tus carros, en la muchedumbre de tus guerreros,

14 se alzará alboroto en tu pueblo, y todas tus fortalezas serán destruidas,

como destruyó Salmáii a Bet-Arbelen el día del combate, cuando fue estrellada la

madre con sus hijos. 15 Así haré de vosotros, casa de Israel, por vuestra perversa

maldad. Al alba será totalmente arruinado el rey de Israel.

Israel ha sido prevaricador desde tiempos antiguos, desde los días de Guibá5. Los benjaminitas

fueron atacados por las demás tribus coligadas6, y permanecí ero η inmóviles en sus posiciones,

creyendo que no se les atacaría; pero su prevaricación fue de tal magnitud, que no podía menos

de afectarles la guerra: ¿No les va a alcanzar la guerra en Guibá a los hijos de la iniquidad?

(v.8). Su confianza era suicida, como lo es la de los contemporáneos de Oseas. Se creen éstos

seguros y siguen pecando, sin pensar que Dios ha de descargar su ira sobre ellos.

Yahvé se encargará de darles el merecido, utilizando como instrumentos de su justicia a

pueblos que se reunirán por un común compromiso a causa de su doble crimen (v.10). Sigue el

profeta aludiendo a la coligación de todas las tribus de Israel para castigar el doble crimen de los

benjaminitas, que les negaron la hospitalidad y después abusaron de modo nefando de los que

tenían derecho a ella 7. Así, los invasores coligados caerán sobre Efraím para castigar sus múltiples

pecados.

Hasta ahora la vida de Israel fue fácil, sin mayores trabajos. Su labor se reducía a la de

una novilla domesticada que gusta de trillar (v.11), libre de todo yugo y con la facilidad de comer

lo que se le antojaba en la era 8. Pero ahora Yahvé la va a emplear en trabajos desacostumbrados,

de forma que quede domada con el yugo el vigor de su cerviz. Antes había llamado el

profeta a Israel novilla cerril 9, porque no quiere someterse al yugo; pero ahora será entregada

por la fuerza a las duras pruebas de la cautividad, con las penalidades propias de los esclavos:

Israel tendrá que rastrillar 10. El símil es gráfico y expresivo. Israel volverá a las penalidades de

la servidumbre de Egipto por no haber querido ser fiel a los preceptos de su Dios y no haberle

reconocido como su legítimo dueño.

Finalmente, Oseas hace un llamamiento a un cambio de conducta si quieren evitar los ri2460

gores de la justicia divina: Sembrad en justicia. Sólo así pueden pensar cosechar misericordia

(v.12) de parte de Yahvé. Israel, en el estado actual, es comparado a un campo sin cultivar, que,

por su abandono en sus deberes religiosos, está como un erial o barbecho; por eso es necesaria

una labor dura para remover la insensibilidad moral y religiosa a que han llegado: roturad vuestro

barbecho (v.12), como único medio de buscar a Dios para que les enseñe la justicia o rectitud

de vida conforme a sus preceptos.

Hasta ahora no han hecho sino sembrar impiedad y cosechar iniquidad, lejos de los caminos

de su Dios (ν.13). Toda su vida no ha sido sino un engaño, un fruto de mentira, pues no han

sabido ser consecuentes en su vida práctica con sus convicciones. Han creído poder vivir sin la

ayuda de Yahvé, confiando en su fuerza militar (v.13); pero llegará la hora de la verdad, y entonces

se convencerán del engaño en que han vivido. La invasión vendrá, y todas sus fortalezas serán

arrasadas, y la población sufrirá la suerte de Bet-Arbel 11, destruida por Salmán, probablemente

un rey moa-bita, mencionado en una estela asiría 12. Es la suerte que espera a la casa de

Israel, que será arruinada con su rey en breve plazo, como el despuntar del alba después de la

noche.

1 Los LXX traducen “como trozo de madera seco sobre las aguas,” que se adapta bien al conjunto del símil. — 2 Quizá aquí habría

que traducir “los altos de (Bet)-Aven,” como lugar de culto idolátrico. Aven significa impiedad, y así hemos traducido. Pero puede

ser la última parte del nombre de la localidad conocida de Bet-Aven, tantas veces mencionada como lugar de culto idolátrico por

Oseas y Amos. — 3 Cf. 8,6. — 4 E1 TM dice: “yo hice pasar sobre su hermoso cuello.” Un ligero cambio de vocalización nos da:

“yo domaré con el yugo.” Así Hoonacker. — 5 Cf. 9:9. — 6 Cf. Juec.19. — 8 cf. Dt 25:4. — 9 Cf. Os 4:6. — 7 Cf. Jue 19,30; 20:1:8;

21:7. — 10 La inclusión de “Judá tirará del arado”) parece fuera de sitio y es considerada por muchos autores como glosa. — 11 Una localidad

al este del Jordán. — 12 En los anales de Teglatfalasar III aparece un rey moabita llamado Saímanu.

11. Ingratitud de Israel.

Solicitud paternal de Yahvé para con su pueblo (1-7).

1 Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. 2 Cuanto más se les

llama, más se alejan. Ofrecen sacrificios a los baales e incienso a los ídolos. 3 Yo enseñé

a andar a Efraím, lo levanté en mis brazos, pero no reconoció mis desvelos por

curarle. 4 Los atraí con ligaduras humanas, con lazos de amor. Fui para ellos como

quien alza una criatura contra su mejilla, y me bajaba hasta ella para darle de comer

*. 5 Pero se volverá a Egipto 2, y Asiría será su rey, porque rehusó convertirse. 6

Se cebará en sus ciudades la espada, exterminará a sus hijos 3 y los consumirá por

sus consejos. 7 Los de mi pueblo serán colgados junto a sus moradas, ante los que

suben a sus ciudades, y no habrá quien los levante 4.

El profeta recuerda los orígenes de Israel como pueblo. La solicitud de Yahvé fue realmente la

de un padre que enseña a dar los primeros pasos a su hijito, librándole de los pueblos enemigos y

prodigando milagros hasta robustecerle con pleno acceso a la eda'd de adulto. Israel estaba sujeto

a la servidumbre en Egipto, y desde allí le llamó (v.1) para elegirlo como pueblo aparte de todos

los pueblos, con una misión excepcional. Sin embargo, Israel, ya establecido en Canaán, se entregó

a la idolatría (v.2), sin acordarse de ios desvelos paternales que Yahvé le había prodigado

(ν.3). Α pesar de tanta ingratitud, Yahvé mostró su amor para con Israel, atrayéndole con ligaduras

humanas (v.4) o muestras tiernas de comprensión. La imagen de ligaduras humanas,

supuesto el contexto, parece aludir a las cuerdas con que la madre ata solícitamente a su pequeñuelo

a su cuerpo para que no se caiga: como quien alza una criatura contra su mejilla.

2461

Israel, pues, ha sido llevado en brazos, protegido por Yahvé y sustentado por El (y me bajaba

hasta ella para darle de comer) de modo milagroso en el desierto para que no desfalleciera

en su infancia como nación. Pero la defección e ingratitud del pueblo elegido no tuvo límites, y

por eso volverá a la servidumbre (se volverá a Egipto), y a trueque de Yahvé, a quien no se le ha

querido reconocer como Rey, Israel sufrirá la mano dura de otro monarca despótico: Asiría será

su rey. Es el anuncio del exilio en Mesopotamia, castigo de su apostasía: porque rehusó convertirse.

El destino del pueblo elegido será trágico, ya que la espada y el cautiverio se cebarán en

él, que se consumirá por sus consejos o desafortunados cálculos políticos, en contra de la predicación

de los profetas, que postulaban una política exclusivamente religiosa. El v.7, si es legítima

la lectura propuesta, parece aludir a la costumbre de los invasores asirios de empalar a los enemigos

vencidos a la puerta de las ciudades 5.

Yahvé se apiada de Israel (8-11).

8 ¿Cómo te he de entregar, Efraím? ¿Cómo he de darte, Israel? ¿Cómo voy a reducirte

a lo de Admá? ¿Cómo voy a ponerte como a Seboím? Mi corazón se ha vuelto

contra mí, a una se han conmovido mis entrañas. 9 No llevaré a efecto el ardor de mi

cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque yo soy Dios y no un hombre, soy santo

en medio de ti y no me complazco en destruir 6. 10 Irán en pos de Yahvé, que rugirá

como león, porque rugirá El y se precipitarán sus hijos desde el occidente, 11 y

acudirán presurosos desde Egipto como pájaros, y de Asiría como palomas, y los

haré habitar en sus casas — oráculo de Yahvé — .

Como es ley en los oráculos proféticos, después de anunciar el castigo viene la contrapartida del

ofrecimiento del perdón y de la misericordia de parte de Dios. En todo caso, aunque el castigo se

anuncie como cierto, se declara que éste tiene un carácter purificatorio y que Yahvé no condena

a Israel al exterminio total, porque tiene designios de salvación sobre él conforme a antiguas

promesas. Así, pues, Oseas, después de anunciar la triste suerte que le espera a Israel, se apresurará

a proclamar los planes salvíficos de Yahvé sobre el mismo.

Yahvé no puede tratar del mismo modo a su pueblo, elegido para sus grandes designios,

que a las ciudades malditas de la Pentápolis, Admá y Seboím, anegadas por el mar Muerto7:

¿Cómo he de entregarte, Efraím? (v.8). En la mente divina pesan mucho los destinos de Israel

y no puede aniquilarle como a aquellas ciudades paganas. El afecto que le profesa le impide

exterminarlos, aunque lo merezcan por sus prevaricaciones: mi corazón se ha vuelto contra mí.

Por otra parte, Yahvé es Dios, y no se puede dejar llevar de una venganza implacable, como pudieran

hacerlo los hombres; por eso reprimirá el ardor de su cólera. Como santo, debe ante todo

mantener sus promesas antiguas de salvación hechas a Israel y no puede complacerse en destruir

(V.9).

Una vez pasada la prueba purificatoria del castigo, en la que Israel será diezmado, pero

no totalmente destruido, vendrá la restauración y la repatriación del cautiverio. Volverán en masa

en pos de Yahvé (v.10), que abrirá la marcha y rugirá como un león, causando la consternación y

el terror entre los enemigos del pueblo de Israel. Aunque estén dispuestos en las regiones extremas

del occidente, todos se congregarán en torno a Yahvé, triunfador de sus enemigos. De todas

las partes, desde occidente, Egipto y Asiría (v.10), volverán presurosos, con la celeridad de los

pájaros y las palomas, a sus hogares, donde Yahvé los hará habitar en paz, sin temor a nuevos

enemigos invasores. Es la profecía del retorno de la cautividad, que aparece reiteradamente en

2462

los diversos escritos profetices.

1 El TM: “fui para ellos como quien alza el yugo de sobre sus mejillas.” Nuestra traducción está basada en un ligero cambio de letras,

seguida por Hoonacker y la Bible de Jérusalem. — 2 El- TM: “no se volverá a Egipto.” En nuestra versión hemos traducido el no

(negación lo') por para él (lo, participio y sufijo). — 3 El TM dice lit: “consumirá sus cerrojos.” Un ligero cambio de letras nos da

“sus hijos,” como hemos traducido, y parece más en consonancia con el contexto. — 4 Este verso en el original es muy oscuro.

Hemos seguido en la versión la restitución del texto propuesta por Hoonacker, que encaja bien con la idea de exterminio reflejada

en el contexto. La Bible de Jér. hace también una reconstrucción: “Mi pueblo está enfermo de su infidelidad; invocan a baal, pero

no les levanta.” — 5 Senaquerib dice en su famoso prisma (llamado también de Taylor, col.III 1.2): “Llegué a Accarón; a los jefes

y magnates que habían prevaricado los condené a muerte y suspendí sus cadáveres de palos alrededor de la ciudad.” Lo mismo dice

Asurbanipal en el cilindro de Rassam (col.II iss). — 6 El TM: “y no entraré en la ciudad,” que sorprende algo en el contexto.

Nuestra versión está basada en una ligera reconstrucción, propuesta por Hoonacker. — 7 Cf. Gen 19:243; Dt 29:22.

12. Acusaciones contra Israel.

Los c.12-14 contienen una serie de acusaciones de Dios contra Israel, que desde sus primeros

albores históricos fue fraudulento e idólatra. Por ello le vendrán grandes castigos de parte de

Yahvé airado. Como siempre, el anuncio del castigo se cierra con una exhortación al arrepentimiento

como condición de un futuro perdón.

Veleidades políticas de Israel (1-7).

1 Efraím me envuelve en la mentira, y la casa de Israel en el fraude. Y Judá es un

testigo traidor a Dios, pero fiel a las hieródulas. 2/1 Efraím se apacienta de viento y

persigue al viento solano, cada día multiplica la falsedad y la frivolidad 2; hace

alianza con Asiría y lleva el aceite a Egipto. 3/2 Yahvé se querella contra Efraím, y

tratará a Jacob según lo que merece y le retribuirá según sus obras. 4/3 En el seno

suplantó a su hermano 3 y en su vigor luchó con Dios. 5/4 Luchó con el ángel y le venció,

lloró y suplicó gracia. En Bet-El le halló, y allí habló con nosotros. 6/5 Y Yahvé es

el Dios de los ejércitos, Yahvé es su nombre. 7/6 Tú a tu Dios retornarás. Guarda la

piedad y la justicia y pon siempre en Dios tu esperanza.

Yahvé se presenta morando en medio de Israel, su pueblo, pero rodeado por doquier de malas

obras: Efraím me envuelve en la mentira. (v.1). Judá, por su parte, no es mejor que el reino del

norte, ya que es traidor a Yahvé, mientras que es fiel a sus prácticas idolátricas, donde no faltaban

las prostitutas sagradas o hieródulas, que atraían a los santuarios a los devotos 4.

El profeta echa en cara a Efraím el que ande en busca de alianzas, creyendo encontrar seguridades

donde no las hay. Sus esperanzas son ilusorias (se apacienta de viento., v.a). Se deja

engañar continuamente con falsos cálculos y promesas (cada día multiplica la falsedad y la frivolidad,

v.2). Es ingenua al ofrecer sus productos a Asiría y a Egipto en espera de su auxilio. Las

facciones políticas de Samaría andan en busca de ayuda, unas en Asiría y otras en Egipto, y nadie

piensa en Yahvé, que es el único que puede ayudarlos. En los v.4-7, el profeta contrapone la

conducta del gran antepasado Jacob a la infidelidad de sus contemporáneos. El fragmento es interesante

por las alusiones a hechos conocidos del Génesis, lo que prueba que entonces por lo

menos parte del Pentateuco era conocido del profeta y de su auditorio. Se ha supuesto en este

fragmento como un diálogo implícito entre Oseas y su auditorio, el cual relataría frases de un

repertorio poético popular sobre las gestas del gran antepasado Jacobs. Al anunciar el profeta que

Yahvé castigaría a Jacob según sus obras (v.3), surgió en la mente del auditorio el recuerdo de

las gloriosas gestas del gran patriarca, orgullo de sus descendientes; se sienten solidarios de las

2463

victorias de aquél: primero sobre su hermano Esaú al suplantarle al nacer (v.4)6, y después en la

lucha con Dios7 y con su ángel 8. Por fin, recuerdan la gracia obtenida por Jacob en Bet-El 9, actual

lugar cismático de culto, del que los contemporáneos estaban orgullosos: allí habló con nosotros

(v.5). Para recalcar la veneración que tenían por este santuario, que se remontaba a los

tiempos de Jacob, proclaman enfáticamente la doxología Yahvé es el Dios de los ejércitos., como

dando a entender que el Dios de Bet-El no era una divinidad cualquiera.

El v.7 parece ser la respuesta de Dios a la angustiada súplica del patriarca, en la que se le

promete el retorno a Canaán: Tú a tu Dios retornarás. Después se le exhorta a la piedad y justicia

como medio de atraerse la protección de Dios.

Depravada conducta de Israel (8-15).

8/7 Mercader en cuya mano hay balanza engañosa, amigo de hacer violencia. 9/s Efraím

dice: Me he enriquecido, he encontrado riquezas; en todas mis ganancias no se

hallará culpa que haya cometido 10. 10/9 Pues yo soy Yahvé, tu Dios, desde la tierra de

Egipto; aún te haré habitar en las tiendas 1 como en los días de asamblea. 11/10 Y yo

hablé por los profetas, yo multipliqué la visión y por los profetas propuse parábolas

11. 12/11 Si Galaad es vanidad, ciertamente son nada 12; sacrifican sus bueyes en Guilgal;

majanos de piedra serán sus altares sobre los surcos del campo. 13/12 Jacob huyó

a la tierra de Aram, y sirvió Israel por una mujer, y por una mujer apacentó ganados.

14/13 Yahvé sacó a Israel de Egipto por mano de un profeta, y por un profeta fue

guardado. 15/14 Efraim ha provocado la ira amargamente. Su Señor le imputará las

sangres vertidas por él y le devolverá los ultrajes que le ha hecho.

De nuevo el profeta fustiga la depravada conducta de Israel, corno puede verse por su proceder

injusto en la práctica, tanto en sus transacciones comerciales (v.8) como en sus atropellos personales

(amigo de hacer violencia) 13. Oseas les echa en cara estos abusos en contestación a sus

jactancias por el proceder de Jacob, amigo de Dios. El profeta quizá insinúa en su respuesta que

no todo fue digno en la vida de Jacob, ya que se condujo con falsía con Esaú y Labán. Sus descendientes

sólo han imitado lo malo del patriarca y han dejado de lado sus buenas cualidades de

sumisión a Dios.

Con su conducta mala, Efraím ha logrado prosperidad material (v.8); pero sus palabras

resultan jactanciosas al querer justificar estos lucros, no siempre bien conseguidos (en todas mis

ganancias no se hallará culpa.). Yahvé no puede aprobar su conducta, que resulta ingrata, ya

que Israel debe su existencia como nación a la lección divina: Yo soy Yahvé, tu Dios, desde la

tierra de Egipto (v.10). Quizá el nombre de Yahvé alude aquí a la alianza del Sinaí, cuando Dios”

se mostró a su pueblo bajo un nombre misterioso. En todo caso, el profeta anuncia al pueblo que

Yahvé va a castigar de nuevo a su pueblo por su depravada conducta; Israel, que ahora vive jactancioso

en la opulencia de sus ricas ciudades, volverá a la vida nómada, como en otro tiempo

durante la dura peregrinación en el desierto (Te haré habitar en las tiendas). Al presente las tiendas

eran símbolo de regocijo, pues en la fiesta de los Tabernáculos (los días de asamblea) los

israelitas iban al campo y a las viñas a celebrar con jolgorio la fiesta de la vendimia, habitando

en tiendas. Israel volverá a habitar en tiendas, pero para repetir la vida errante y dura de la estepa,

cuando suene la hora del exilio.

Y todo ello vendrá por la ceguera de Israel, pues la solicitud de Yahvé para con su pueblo

no se limitó a sacarle de Egipto y formarle como nación, sino que reiteradamente le envió profetas

y oráculos para que le advirtieran el peligro que se cernía sobre él como consecuencia del ol2464

vido de los derechos de su Dios: Hablé por los profetas, multipliqué la visión., propuse parábolas

(v.11). Sin embargo, de nada han servido tales predicaciones saludables, porque en Galaad se

fueron tras de la vanidad, o los ídolos, y en Guilgal sacrifican bueyes a las divinidades locales

(v.12). Pero todos sus altares se convertirán, cuando llegue el castigo divino, en majanos de piedra,

abandonados de sus adoradores, y los mismos surcos del campo quedarán en estado inculto,

haciendo triste cortejo a los montones de ruinas en que se convertirán los actuales santuarios.

El v.13 parece que está fuera de lugar y debe considerarse formando parte de la perícopa

de los v.4-7, donde se habla de la vida de Jacob, que, como se indicaba antes, podía ser parte de

fragmentos literarios populares sobre la vida del gran patriarca. Quizás haya una contraposición

entre los v.13 y 14. Los contemporáneos de Oseas se gloriaban de los grandes éxitos de sus antepasados,

y creían que, como descendientes suyos, podían hacer frente a las recriminaciones de

los profetas como Oseas. Pero éste hace ver que la misión del gran profeta Moisés (prototipo de

profetas) fue muy superior a lo que realizó Jacob, ya que éste, cuando huyó a la tierra de Arara

por temor de su hermano Esaú, sirvió por una mujer., es decir, se sacrificó sólo por un interés

personal, mientras que el profeta Moisés fue el instrumento de Dios para salvar a su pueblo:

Yahvé sacó a Israel por mano de un profeta (ν.13), y aun toda la vida nacional de Israel fue organizada

por él: y por un profeta fue guardado.

Por fin, Oseas vuelve a amenazar a Efraím, que con su conducta insolente ha provocado

la ira divina. Todos los homicidios y ultrajes hechos a Yahvé y a sus siervos los profetas serán

debidamente retribuidos. Es la continuación de la idea del v.12, donde se habla de la destrucción

de los lugares de culto.

1 Este último dístico está muy oscuro en el original. Nuestra traducción parece recomendada por el contexto. Los LXX traducen:

“Ahora los conoce Dios, y el pueblo se llamará santo de Dios.” Es más o menos la versión de la Bibíe de Jérusalem. — 2 El TM:

“destrucción.” Btb. de Jér.: “violencia.” — 3 Lit. en hebreo: “agarró por el calcaño.” — 4 cf. 4:14. — 5 Es la interpretación de

Hoonacker (o.c., 112). — 6 Cf. Gen 25:218. — 7 Cf. Gen 25:29. — 8 El P. Lagrange cree que la palabra ángel es adición posterior para salvar

la trascendencia divina. Véase su artículo L'Ange de Yahvé en RB 12 (1903) p.218 — 9 Cf. Gen 35, is. — 10 La Bible de Jérusalem: “Mas de

todas sus ganancias nada le quedará, porque se ha hecho culpable de iniquidad.” — 11 Así, según el TM. Hoonacker vocaliza el

verbo de otro modo y traduce: “por los profetas los he hecho perecer.” Así más o menos la Bib. de Jér. — 12 Así lit. según el TM,

que resulta algo incongruente. Cantera: “Si los galaditas son impíos, secan reducidos a la nada en Guilgal, en donde inmolaron toros.”

La traducción de la Bib. de Jér. es extremadamente libre: “Galaad no es más que iniquidad, no son más que mentira; en

Guilgal sacrifican toros.” La Vulgata: “Si Galaad idolum, ergo frustra erunt in Galgal bobus immolantes.” — 13 Muchos autores

prefieren traducir la palabra hebrea Canahan por el nombre etnográfico de Canaán. Los fenicios o cananeos eran considerados

por los antiguos como los representantes del comercio; de ahí el significado de mercader dado también a la palabra (Sof 1:14).

13. Condenación definitiva.

Israel se olvidó de Yahvé, su bienhechor (1-6).

1 Cuando Efraím hablaba, era el terror; se levantó en Israel, pero se hizo culpable

con Baal y murió *. 2 Y ahora continúan pecando; de su plata se hacen obras fundidas,

ídolos de su invención, obra de artífices todo ello. Y a ellos dirigen la palabra,

ofrecen sacrificios. ¡Hombres dando besos a los becerros! 3 Por eso serán como nube

mañanera, como pasajero rocío matinal, como paja arrebatada por el viento t y como

humo de la chimenea. 4 Pero yo soy Yahvé, tu Dios, desde la tierra de Egipto, y

no has de reconocer a dios alguno sino a mí; fuera de mí no hay salvador. 5 Yo te

conocí en el desierto, en la tierra abrasada. 6 Se hartaron en sus pastos, y, hartos, se

ensoberbecieron, y por eso me olvidaron.

Efraím era la tribu más representativa y belicosa del reino del norte (v.1); pero, en su arrogancia,

2465

se olvidó de Yahvé y se fue tras de los cultos de Baal. Sus arrebatos idolátricos llegaron al colmo,

pues se fabrican sus ídolos, a ellos dirigen la palabra., dando besos a los becerros (v.2). La

frase es irónica.

Efraím ha pretendido organizar su vida con independencia de sus tradiciones yahvistas,

pero los arrebatará el viento de la invasión y desaparecerán como nube mañanera, como rocío

matinal (v.5). No han querido basar su vida nacional sobre el hecho de que el único Dios es

Yahvé, que los sacó de Egipto (v.4) y los creó como nación. Es inútil que busquen otro salvador

fuera de Yahvé, pues no lo hay. En el desierto, tierra abrasada, Yahvé selló un pacto con ellos;

fueron reconocidos como pueblo de Dios (Yo te conocí en el desierto, v.5); por eso no deben

ellos reconocer otro Dios que Yahvé. Los profetas siempre apelan a la vida de Israel en el desierto

como la época de oro de las relaciones entre el pueblo elegido y su Dios. Entonces los israelitas,

desprovistos de todos los medios materiales, tenían que vivir de la intervención milagrosa de

Yahvé; pero después en la tierra de Canaán, cuando empezaron a prosperar en su vida nacional,

se olvidaron del que les había creado como pueblo: Se hartaron en sus pastos. y me olvidaron

(v.6). Lejos de reconocer que su prosperidad les venía de Yahvé, le abandonaron, y atribuyeron

su bienestar a los ídolos cananeos 2.

Anuncio de la ruina de Israel (7-15).

7 Yo seré, pues, para ellos como león; como pantera en el camino acecharé. 8 Me

echaré sobre ellos como osa privada de sus crías, desgarraré como cachorro sus corazones

3, los devoraré allí como león; las fieras del campo los harán pedazos. 9Te

traigo la ruina, ¡oh Israel! y ¿quién podrá socorrerte? 10 ¿Dónde está, pues, tu rey,

para salvarte en todas tus ciudades? ¿Dónde tus jueces, de quienes decías: “Dame

rey y príncipes”? 11 Yo te doy un rey en mi furor, y en mi ira te los quito. 12 La iniquidad

de Efraím está agavillada, su pecado está reservado. 13 Vendrán sobre él dolores

de parto, pejro será (el parto de) un hijo necio, 1 que no sabrá ponerse al tiempo

oportuno a la abertura del seno. 14 ¿Los rescataré del poder del “seol”? ¿Los redimiré

de la muerte? ¿Dónde están, oh muerte! tus epidemias? ¿Dónde tu peste, oh

“seol”? La compasión se oculta a mis ojos. 15 Ciertamente es fecundo entre sus hermanos,

pero vendrá el solano; el viento de Yah-vé subirá del desierto. y secará su

fuente, y agotará sus manantiales; él saqueará el tesoro y todos los objetos preciosos.

Ese desprecio sistemático de Israel para con su Dios, al que le debe su existencia, no puede quedar

impune. Yahvé mismo irrumpirá sobre él como un león que está al acecho, y será inútil que

busque ayuda en otras naciones o en sus ídolos, porque nadie podra socorrerle (V.9). De nada le

servirán sus instituciones sociales, como la monarquía y la judicatura. Israel se creía seguro con

su rey, y había solicitado reiteradamente a Yahvé que les concediera un rey para asegurar

su vida nacional4. Yahvé se mostraba reacio a esta petición, porque sabía que la nueva institución

no favorecería la teocracia en Israel. Quería que dependieran sólo de su providencia y que

no hubiera más rey que El mismo.

La historia comprobó estos temores, pues los reyes de Israel, a medida que fueron prosperando,

se fueron apartando de Yahvé, buscando su salvación en sus ejércitos y en la política de

ayuda al extranjero. Yahvé les dio un rey en su furor (v.11), es decir, como castigo merecido a la

desconfianza del pueblo israelita en su Dios, y ahora se acerca el momento de quitarles el rey

también en su ira. Cuando Oseas profiere este oráculo, la monarquía del reino del norte está a

punto de desintegrarse. Los usurpadores y las dinasiías efímeras se suceden, con la consiguiente

2466

anarquía política. Todo ello no es sino parte del castigo merecido por Efraím, cuya iniquidad esta

agavillada (v.12), es decir, almacenada desde hace tiempo, clamando por la intervención de la

venganza divina.

La magnanimidad de Yahvé para con su pueblo ha sido interpretada como derecho a la

impunidad; pero, en realidad, el pecado de Efraím esta reservado, es decir, guardado cuidadosamente

para el día de la cuenta. Toda la nación va a sufrir dolores de parto (invasiones, rapiñas,

atropellos), y lo peor es que éstos serán estériles, porque el niño que ha de nacer (el pueblo, considerado

como nueva generación en el tiempo) es un hijo necio, que en el momento del alumbramiento

no se pone en el lugar debido (en la abertura del seno, literalmente en hebreo “en la

rompiente de los hijos,” ν.13), para nacer a nueva vida. En la comparación juegan las ideas de

Israel como nación que da a luz, y el pueblo como tal, fruto de la nación organizada. El profeta

quiere decir que de nada sirven tantas pruebas y crisis a la nación, porque el pueblo no sabe ver

en ellas la mano de Dios, para emprender una nueva vida digna de las bendiciones de Yahvé.

Por eso, las convulsiones y disturbios actuales de la nación (dolores de parto) van a ser estériles

en orden a la regeneración del pueblo.

La situación ha llegado a tal extremo, que ha pasado la hora de la compasión. Efraím, con

una política al margen de los derechos divinos, sigue pecando, y el pueblo vive de espaldas a

Yahvé; por eso ha llegado la hora de la explosión de la ira divina. El profeta dramatiza la situación,

y presenta en colisión los atributos de la justicia y de la misericordia divina; finge un diálogo

dentro del mismo Dios: ¿Los rescataré del seol? (la región de los muertos). Israel es digno de

ser condenado a muerte con sus habitantes; ¿los redimiré de la muerte? Y en un momento de

desahogo de su ira, Yahvé implora a todos los colaboradores de la muerte para que descarguen

sobre el pueblo ingrato y pecador: ¿Dónde están, ¡oh muerte! tus epidemias? ¿Dónde tu peste,

oh “seoh? Según la mentalidad popular de la época, las enfermedades y epidemias provenían de

la región de los muertos 5. La frase de Oseas es oratoria y expresa las exigencias de la justicia

divina contra el pueblo israelita pecador 6.

Después anuncia el castigo, ejecutado por un invasor, instrumento de la justicia divina.

Ahora Efraím (el reino del norte) es fecundo entre sus hermanos, porque ha prosperado más que

las otras tribus; pero esta situación es sólo momentánea, porque va a ser agostado por el viento

solano, el ejército asirio, que viene del desierto como viento de Yahvé (v.15). Todo quedará seco

a su paso, pues el turbión de la invasión lo arrasará como el viento solano, y todos sus tesoros y

objetos preciosos serán sistemáticamente saqueados.

1 Así con la Bib. de Jér., respetando al máximum el original, que parece algo corrompido. — 2 Cf. Dt 8:11-15; 31:20; 32:15- — 3

“Gomo cachorro” (leyendo kagur en vez de Segor, que significa envoltura). — 4 Cf. 1 Sam c.8. — 5 Uno de los nombres que se

da al seol es el de Abaddon (destrucción, porque de él viene la destrucción y la ruina de los hombres; cf. Job 26:6; Prov 27:20; Sal

88:12). La concepción popular hebrea del seol es muy similar a la del arallu babilónico, del que procedían las enfermedades, las

pestes y las epidemias. — 6 Los LXX dan otra versión: “¿Dónde está, ¡oh muerte! tu victoria; donde, ¡oh hades! tu aguijón?” San

Pablo utiliza esta traducción para aplicar el texto en sentido acomodaticio al triunfo de Cristo sobre la muerte por la resurrección

(cf. 1 Cor 15:54-57)·

14. La Rehabilitación de Israel.

Invitación a retornar a Yahvé (1-10).

l Viene sobre Samaría el castigo porque se rebeló contra su Dios. Caerán a la espada

sus párvulos, serán estrellados, y sus mujeres encinta serán hendidas. 2 Vuelve, Israel,

vuelve a Yahvé, tu Dios, \ pues has caído por tus iniquidades. 3 Buscad palabras

2467

y retornad a Yahvé, diciendo: Perdona toda iniquidad y acepta lo bueno, y pagaremos

con el fruto de nuestros rediles1. 4 No nos salvará Asiría. No montaremos “a caballo,

nunca llamaremos más “dioses nuestros” a las obras de nuestras manos, pues

en ti halla compasión el huérfano. 5 Yo curaré su rebeldía y los amaré generosamente,

pues se ha apartado de ellos mi cólera. 6 Yo seré como rocío para Israel, que florecerá

como lirio y extenderá sus raíces como el álamo2. 7 Crecerán sus ramas, y será

su floración como la del olivo, y su aroma como la del incienso. 8 Volverán a habitar

bajo su sombra, creciendo como el trigo 3, pujando como la vid, y su fama será

como la del vino del Líbano. 9 ¿Qué tendrá que ver ya Efraím con los ídolos? 4 Yo,

que le afligí, le haré dichoso 5. Por mí, que soy como ciprés, siempre verde, recogerá

él sus frutos. 10 ¿Quién es sabio para entender estas cosas, prudente para conocerlas?

Pues son del todo rectos los caminos de Yahvé, por ellos van los justos, pero los

malvados resbalarán en ellos.

Ante el espectáculo de mortandad que se abre ante los ojos del profeta, se invita a Israel a emprender

el camino del retorno a Yahvé como único medio de conjurar tanta desgracia. Deben

sentirse movidos de la más íntima compunción, acompañando sus preces de ofrendas dignas de

sus rediles a Yahvé (ν.3). Yahvé prefiere la entrega de los corazones, pero no excluye los sacrificios

si van movidos por la íntima entrega de los oferentes y, sobre todo, si están en los caminos

del arrepentimiento. Deben reconocer que ha sido erróneo acudir en busca de ayuda al extranjero:

no nos salvara Asiría (v.4.). La política exterior de buscar auxilio en pueblos paganos ha sido

una de las causas de la gran catástrofe, juntamente con el pecado de la idolatría. Deben desechar

los ídolos que se han fabricado: no llamaremos dioses nuestros a la obra de nuestras manos. La

adversidad ha mostrado la inanidad de los mismos. Sólo Yahvé puede rehacer de nuevo la nación.

Una vez arrepentidos de sus pecados, Yahvé promete curarlos (v.5), actuando como rodo

bienhechor que haga vivificar el campo, agostado por el viento solano, el invasor (v.6). Israel

volverá a florecer como el álamo. La nación prosperará, y su fertilidad volverá a aparecer en la

tierra (v.8). La providencia permanente de Yahvé es simbolizada en el ciprés, siempre verde

(V.9), de la que depende la salvación y felicidad de Israel.

El ν.10 parece una glosa sapiencial6.

1 Rediles según un reajuste de consonantes propuesto por Hoonacker. El TM dice “fruto de nuestros /tibios.” Seguido por la Bib. de

ér. — 2 Leyendo Libneh (álamo) en vez de Lebanón (Líbano), pues se adapta quizá mejor al símil. Así Hoonacker y la Bib. de

Jér. — 3 Creciendo. Corrección de Hoonacker. El TM dice “viviendo.” — 4 El TM dice: “que hay para respecto a los ídolos”

(habla Yahvé). La corrección “para él” (Efraím) parece se adapta mejor en el contexto. — 5 “Le haré dichoso.” Reconstrucción.

El TM dice: “velaré sobre él.” — 6 Cf. Jer 4:11; Sal 107(106),43.

Joel.

Introducción.

La persona del Profeta y época de su ministerio.

La Biblia no nos da de Joel (en hebreo Yo'el: “Yahvé es Dios”) más datos que el nombre

de su padre, Petuel 1. Nada dice sobre la época ni sobre las circunstancias históricas de sus oráculos,

como suele ocurrir en los encabezamientos de los escritos de otros profetas. Como sus

oráculos hacen frecuentes alusiones a Judá y a Jerusalén, se supone que el profeta es oriundo del

2468

reino del sur. Por otra parte, se refleja en ellos el interés por el templo de Jerusalén, por el ritual

del culto y por los sacerdotes 2. De ahí que muchos autores infieran que pertenecía a la clase sacerdotal.

Otros, en cambio, por el modo de dirigirse a los sacerdotes, creen que no era de la casta

sacerdotal, sino que más bien pertenecía al movimiento nebiista o profetice, especie de institución

laica que se ocupaba especialmente de todo lo que se relacionaba con lo religioso.

Respecto de la época en que desarrolló su ministerio, los autores no están concordes, pues

mientras unos suponen que vivió en el siglo IX (en ese caso sería el primer profeta escritor), bajo

el rey Joás de Judá (836-797), otros más bien creen que es abiertamente postexílico. Los que sostienen

la primera opinión se fundan en el hecho de que en sus oráculos aparecen como enemigos

del pueblo hebreo fenicios, filisteos3, egipcios y edomitas4, y no los clásicos enemigos — asirios,

sirios, babilonios — que durante el siglo VI y VII aparecen en los escritos de Amos, Isaías y Jeremías.

Por otra parte, no aparecen como enemigos de Judá los amonitas y sarnaritanos, que después

del destierro babilónico hostigaron a los repatriados judíos que pacientemente trabajaban en

la reconstrucción de su patria y de la ciudad de Jerusalén. Además, en el siglo IX, bajo Joram de

Judá, los edomitas sacudieron el yugo de Judá y se convirtieron en enemigos de sus antiguos

opresores 5. Por aquel tiempo, los filisteos y árabes saquearon Jerusalén 6.

Además, los sostenedores de esta hipótesis creen encontrar confirmación de ella en el

hecho de que parece que Amos conoce la predicación de Joel, cuando exclama: “Yahvé ruge

desde Sión y da su voz desde Jerusalén”7, y cuando, al hablar de los tiempos mesiánicos, dice

Amos que “los montes destilarán mosto.”8 Y explican él hecho de que en el libro de Joel no aparece

el rey suponiendo que el profeta ejerce su ministerio cuando el rey Joás era aún un niño y

estaba bajo la tutela del sumo sacerdote Joyada; así se explica que el profeta se dirija a los sacerdotes.

Algunos autores, aun suponiendo que Joel es preexílico, rebajan su época al siglo VIII 9.

Pero la opinión moderna más en boga es que el libro de Joel ha sido compuesto en la época persa

o griega, desde luego después del destierro 10, entre el 500 y el 300 a.C. Creen los autores de esta

opinión que sólo así se pueden entender las alusiones a la dispersión de los judíos n y al hecho de

que los judíos fueran vendidos a los griegos 12. Por otra parte, la ausencia del rey en los escritos,

la suposición de que el reino de Israel está unificado y el hecho de que el profeta se dirija a los

sacerdotes, parecen suponer la época de reconstrucción nacional de los tiempos de Esdras o inmediata

posterior.

Los mantenedores de esta opinión creen que la coincidencia de citas entre Amos y Joel

antes indicada se explica suponiendo que éste haya copiado a aquél, y no viceversa.

De este modo se explica el carácter escatológico del libro de Joel, ya que la literatura escatológica

parece fruto de los últimos tiempos del judaismo. Todos estos hechos, en efecto, parecen

indicar que el libro de Joel es claramente postexílico, sin que esto merme en nada su carácter

profético sobre las futuras bendiciones mesiánicas y sobre el juicio y la efusión del Espíritu

de Dios.

División y estructura del libro.

Los oráculos del libro de Joel pueden dividirse claramente en dos partes 13:

A) Invitaciones a la penitencia: 1:1-2:17.

a) Descripción de una plaga de langostas: 1:2-12.

Amonestación con invitación a la penitencia: 1:13-18.

Oración del profeta: 1:195.

2469

b) Oráculo con motivo de otra plaga de langostas que se presenta como inminente: 2:1-

17.

El “día de Yahvé”: 2:1-11. Exhortación a la penitencia: 2:12-17.

B) Vaticinios de salvación: 2:18-4(3).21.

a) Promesa de la felicidad futura: 2:18-27.

b) Los bienes mesiánicos: 3:1(2:28)-4(3):21.

Efusión del Espíritu de Yahvé: 3:18(2:285).

El “día de Yahvé” sobre todos los vivientes: 3:3; 2:30-4(3):16.

Día de salvación para el pueblo de Dios: 4(3):16d-21.

Carácter apocalíptico del libro.

De estas dos partes, la primera se presenta como un hecho histórico que sirve de introducción

a las exposiciones apocalípticas de la segunda parte, que tiene un carácter marcadamente

escatológico. Los autores discuten sobre el sentido real de la descripción de la invasión de langostas,

que por su realismo parece ser eco de un hecho real, aunque puede ser una creación imaginaria

a base de un hecho fácilmente constatable por los destinatarios de los oráculos, ya que la

invasión de las langostas es un fenómeno que se repite cada poco tiempo, por ser Palestina fronteriza

con el desierto, de donde vienen las famosas plagas de langostas. En todo caso, para el

compilador de los oráculos del libro de Joel, las calamidades que son inherentes a la devastación

de la langosta son un anticipo de las calamidades escatológicas del día de Yahvé.

El profeta ve en este castigo una manifestación de la justicia vengadora de Yahvé, y por

eso hace una llamada desesperada a la penitencia, como único medio de conjurar los castigos del

día de Yahvé. La invasión de las langostas simboliza bien a los ejércitos invasores, que se habían

paseado por Palestina, arrasando todo lo que encontraban a su paso.

La conversión del pueblo judío hará que las amenazas se conviertan en bendiciones, y por

eso aquéllas descargarán exclusivamente sobre los enemigos del pueblo de Dios. Como consecuencia

de estas bendiciones de Yahvé se seguirá una fertilidad edénica, que compensará las devastaciones

anteriores simbolizadas en la plaga de langostas 14; y esas bendiciones terrenales serán

símbolo de bendiciones de índole espiritual15.

Los pueblos que han hecho sufrir a Judá serán juzgados solemnemente en el valle de Josafat,

símbolo del triunfo de Yahvé sobre los pueblos que se oponen en la historia a la implantación

de la teocracia mesiánica en Israel. La mente del profeta, pues, se traslada mentalmente a un

juicio discriminador sobre los pueblos, que está dramatizado en el valle de Josafat, lugar ideal

creado por la imaginación del profeta en función del acto que en él había de tener lugar (Josafat:

“Dios juzga” o “juicio de Dios”). Es un nombre simbólico en consonancia con escenas de tipo

imaginario apocalíptico.

El profeta alude también a transformaciones cósmicas que acompañarán a la manifestación

judiciaria de Yahvé. Es la imaginación desbordada apocalíptica, cuyas descripciones, naturalmente,

no han de ser tomadas a la letra, sino como expresión del juicio discriminador de Dios

sobre los pueblos que en la historia se han opuesto al pueblo elegido. En este sentido, el mejor

comentario al libro apocalíptico de Joel son las “visiones apocalípticas” del libro de Daniel, en

las que se habla de suplantación de los imperios históricos por el reino de los santos. En el c.y de

Daniel se dice que las bestias fueron matadas y que el reino fue heredado por el Hijo del hombre

(símbolo de la comunidad judaica en la era mesiánica). El pueblo judío, pues, recibe del “antiguo

de días” el “señorío, la gloria y el imperio” 16, después que ha sido matada la “cuarta bestia,” encarnación

de la rabiosa oposición a la inauguración del reino de los santos, la era mesiánica.

2470

Ambos libros son apocalípticos, y, por tanto, en sus dramatizaciones ideales hay que conservar

sólo la idea sustancial de triunfo de Dios sobre el mal, encarnado en los imperios históricos o naciones

enemigas del “pueblo de Dios,” que en los planes providenciales está históricamente lanzado

hacia una era definitiva, en la que Yahvé reinará plenamente sobre sus elegidos. En todos

los fragmentos apocalípticos hay que descartar lo hiperbólico para retener el mensaje espiritualista.

Unicidad de autor y autenticidad.

Conceptualmente existe un orden lógico en las dos partes del libro de Joel. Lo que parece

indicar que es uno mismo el autor de ambas secciones. Sin embargo, hay diferencias estilísticas

notables, pues la primera parte está escrita en poesía llena de claridad y lirismo, mientras que la

segunda está redactada en prosa, en estilo más bien embarazoso y desaliñado, y, desde luego, sin

la claridad que caracteriza la exposición de la primera parte.

Por estas razones, muchos críticos hablan de dos autores, es decir, suponen que un redactor

posterior añadió a la primera parte poética de Joel una parte en prosa para comentar apocalípticamente

el sentido de la primera parte. En este caso, la segunda parte sería una versión escatológica

de la predicación sencilla de la primera, en la que, a propósito de una invasión devastadora

de langostas, Joel habría predicado la penitencia para impetrar bendiciones a Dios. Entonces el

fragmento 2:18-27, relativo al día de Yahvé, sería la pericopa de unión de ambas composiciones.

En este supuesto, el libro de Joel sería de un doble autor: la primera parte de Joel, que

podría ser del siglo v, mientras que la segunda parte sería de un autor posterior, comentarista

apocalíptico de Joel, que podría vivir en el siglo ni o n a.C. 17

Mensaje doctrinal.

El contenido teológico del libro de Joel es ante todo un llamamiento a la penitencia como

medio de conjurar los estragos que se avecinan enviados por la justicia vengadora de Yahvé. En

esto se halla en la línea general de los profetas. Pero el mensaje específico es el anuncio de la

“efusión del espíritu” sobre “toda carne”18. En la tradición israelita, el “espíritu de Dios,” o energía

carismática divina, se había manifestado esporádicamente en algunos insignes personajes,

objeto de la elección divina. Pero en la nueva teocracia, el profeta anuncia una efusión general

del espíritu, en tal forma que todos los miembros de las clases sociales se verán beneficiados con

este carisma: “profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros ancianos tendrán sueños, y

vuestros mozos verán visiones.” Es el anuncio de la posesión de Dios de los corazones de los

ciudadanos de la nueva teocracia. San Pedro, el día de Pentecostés, vio cumplida esta profecía en

el don de lenguas 19. Por ello, Joel ha quedado como el “profeta de Pentecostés,” el vaticinador

de la plena efusión del espíritu multiforme de Yahvé, que tendrá múltiples manifestaciones carismáticas

en los que tengan la dicha de asistir a la inauguración de los tiempos mesiánicos.

1 Jl 1:1. — 2 Cf. Jl 1:9.13-16; 2:15-17- — 3 Jl 4(3),4 — 4 Jl 4(3):I9· — 5 Cf. 2 Re 8:20s. — 6 Cf. 2 Crón 21:16s; 22:1. — 7 Am 1:2 y

Jl 4:16. — 8 Cf. Am 9:13 y Jl 4:18. Mantienen esta opinión Kaulcn-Hcberg, Vigouroux, Fillon, Theis, Baudissin. — 9 Así opinan

Cornely-Hagen, Kutal, Kónig, Goetsberger. — 10 Es la opinión de Van Hoonacker, Cornill, Holscher, Tobac, Chaine, Rinaldi.

Esta opinión es juzgada por H. Hópfl-Miller-Metzinger del modo siguiente: “haec sententia reapse maiore gaudet probabilitate”

(Introd. Spec. in V. T. Roma 1946 p.502). — 11 Jl 4:2. — 12 Jl4.6. — 13 El libro de Joel en el TM está dividido en cuatro capítulos,

mientras que en la Vul-gata está destribuido en tres capítulos. Por eso, en las citas damos ambas numeraciones. El esquema

divisorio del libro está tomado de H. Hopfl-Miller-Metzinger, o.c., p.503. — 14 J12.21S. — 15 Jl 3:1(2:285). — 16 Dan 7:14. —

17 Niegan la unidad de autor Rothstein, Duhm, Bewer. Cf. Micah. Joel, del International Critical Commentary (Edimburgo 1948)

p.49. — 18 Jl 3:1(2:285). La efusión abundante del espíritu en los tiempos mesiánicos aparece en Is 32:15; 44:3; 59:21; Ez 36:27;

39:29; Zac 12:10. — 19 Afct 2:105.

2471

1. La Justicia de Yahve.

Devastación general del país (1-4).

1 Palabra de Yahvé dirigida a Joel, hijo de Petuel: 2Oíd esto, ¡oh ancianos! Prestad

oído todos los habitantes del país. ¿Sucedió esto en vuestros días o en los días de

vuestros padres? 3Contádselo a vuestros hijos, y vuestros hijos a los suyos, y sus

hijos a la generación venidera. 4Lo que dejó el “gazam,” lo devoró el “arbé”; lo que

dejó el “arbé,” lo devoró el “yeleq”; lo que dejó el “yeleq,” lo devoró el “jasil.”

El profeta, con tono enfático, llama la atención sobre el carácter extraordinario de lo que va a

comunicar. La desolación del país es de tales proporciones, que nadie entre los nacidos ha podido

ser testigo de semejante catástrofe. Parece que alude a una plaga de langostas que ha caído

sobre el país, arrasándolo todo. Enumera cuatro clases de insectos de la familia de las langostas,

cuya traducción no es fácil concretar, pues los nombres aparecen sólo aquí.

El profeta quiere recalcar que la devastación ha sido total: lo que dejó una langosta lo

comieron los otros insectos, de forma que en el campo no queda nada para los hombres y las bestias.

Las frases son absolutas, y el estilo de las afirmaciones es pomposo e hiperbólico. En Palestina

no son raras las invasiones de langostas, que provienen del desierto siroarábigo, traídas por

el viento solano o jamshim. En ocasiones bastaron unas horas para que los campos quedaran totalmente

asolados. Es lo que debió de ocurrir en tiempos de Joel, pero en proporciones desorbitadas,

de forma que ni los más viejos podían recordar semejante catástrofe.

Lamentación general en todas las clases sociales. (5-12)

5 ¡Despertaos, borrachos, y llorad! Gemid, bebedores todos de vino por el mosto,

pues se os ha quitado el vino de la boca. 6 Ha invadido mi tierra un pueblo fuerte e

innumerable. Sus dientes son dientes de león; sus mandíbulas, de leona. 7 Ha devastado

mi viña, ha hendido mis higueras, las descortezó y derribó, dejando blancos sus

sarmientos. 8 Laméntate como virgen ceñida de saco por el prometido de su juventud.

9 Han cesado la ofrenda y la libación en la casa de Yahvé. Los sacerdotes, los

ministros de Yahvé, están en duelo. 10 Los campos, devastados; la tierra, en luto,

porque el trigo ha sido destruido, el mosto se ha secado, se ha agotado el aceite. 11

Confundios, labradores; lamentaos, viñadores, por el trigo y la cebada, pues se ha

perdido la cosecha del campo. 12 La viña se ha secado, la higuera está enferma; el

granado, como la palmera y el manzano y todos los árboles del campo, están secos.

La alegría (ha huido), avergonzada, de entre los hombres.

El duelo por la devastación debe ser general. En primer término deben lamentarse los borrachos,

que, somnolientos por el efecto del vino, no se han dado cuenta de la pérdida que para ellos supone

la pérdida del mosto en las viñas (v.5).

La plaga de langostas es comparada a un ejército invasor (pueblo fuerte, v.2), que todo lo

arrasa l. Algunos autores creen que aquí se alude no a una invasión de langostas, sino a un ejército

enemigo invasor al que no se nombra; pero la generalidad de los comentaristas se inclina por

la opinión de que el profeta piensa en una invasión de langostas.

La devastación afecta a todo el reino vegetal: las viñas, higueras. (ν.7). Las langostas han

descortezado los árboles, dejando blancos sus sarmientos o ramas. Ante tal ruina, el profeta invi2472

ta solemnemente al duelo a todo el pueblo para que se lamente como virgen ceñida de saco por

el prometido de su juventud. La comunidad israelita es presentada a veces en los escritos proféticos

como la hija de mi pueblo 2 o la hija de Juda 3. El lamento de la doncella por su prometido

da idea de la gran amargura del pueblo por la catástrofe. La consternación es general, y hasta los

mismos sacerdotes están en duelo, porque con la escasez reinante han cesado la ofrenda y la libación

en el templo (V.9). Los labradores están avergonzados, decepcionados en sus esperanzas,

porque no han conseguido nada de lo que prometían sus sudores de la siembra y del laboreo del

campo (v.11). Todo es desolación y ruina, y por eso la alegría se ha retirado avergonzada, como

sintiéndose fuera de lugar entre los hombres, donde todo es duelo y consternación (v.12).

Exhortación al ayuno (13-20).

13 ¡Ceñios y lamentaos, sacerdotes; llorad, ministros del altar! ¡Venid, pasad la noche

cubiertos de saco, ministros de mi Dios! Porque las ofrendas y libaciones han

desaparecido de la casa de vuestro Dios. 14 Promulgad ayuno santo, pregonad asamblea,

congregad a los ancianos y a todos los habitantes del país en la casa de Yahvé,

vuestro Dios, y clamad a Yahvé. 15 ¡Ay aquel día, pues el día de Yahvé está próximo!

Vendrá como asolación del Todopoderoso. 16 ¿No ha desaparecido de nuestros ojos

el mantenimiento, y de la casa de nuestro Dios la alegría y el júbilo? 17 La simiente

se pudre debajo de los terrones 4; los graneros están devastados;los alfolíes, destruidos,

porque ha faltado el trigo. 18 ¡Cómo mugen las bestias! Los hatos de reses vacunas

andan errantes por no tener pastos, perecen los rebaños. 19 ¡Oh Yahvé! a ti clamo,

porque el fuego ha devorado los pastizales del desierto y las llamas han abrasado

todos los árboles del campo. 20 Las fieras del campo se vuelven a ti también ávidas,

porque se han secado las corrientes de aguas, y el fuego ha devorado los prados

del desierto.

El profeta invita a los sacerdotes a proclamar el ayuno y la penitencia para que Yahvé se aplaque

y ponga término a tanta desolación (v.15). Todo el pueblo, ancianos y gentes humildes, deben

estar presentes en el duelo general. Va a llegar el día de Yahvé, el tiempo de su manifestación

airada para con su pueblo. La invasión de las langostas, con la consiguiente desolación del país,

no es sino el anuncio de la asolación del Todopoderoso. Si tales son los signos precursores, ¡qué

rio será el día de la ira divina! No hay más solución que la penitencia para que Yahvé se aplaque

en su enojo.

Después de esta invitación a la penitencia, el profeta vuelve a describir la desolación presente:

los graneros, devastados; las bestias andan mugiendo sin pastos, pues hasta los pequeños

oasis o pastizales del desierto o estepa han sido abrasados por el fuego. Hasta las mismas fieras

del campo buscan a Yahvé, porque no encuentran alimento.

1 En Prov 30,253 se llama pueblo también a las agrupaciones de insectos. — 2 Cf. Jer I4,i7. — 3 Cf. Lam 1:15. — 4 Esta primera parte

del verso es oscura en el original. Los LXX traducen: “Las terneras patalean en los establos.” La Vulgata: “Computruerunt iumenta

in stercore suo.” La cío. de Jér.: “Los granos se han endurecido bajo sus terrones.”

2473

2. Exhortación a la Penitencia.

El día de Yahvé está cerca (1-11).

1 ¡Tocad la trompeta en Sión! ¡Dad en mi monte santo la voz de alarma! Tiemblen

los habitantes todos de la tierra, que viene el día de Yahvé. 1 Ya está cerca. 2 Día de

tinieblas y de oscuridad, día de nublados y de densa niebla. Se extiende sobre los

montes como la aurora ! un pueblo numeroso y robusto; i semejante a él no ha existido

desde los siglos, ni después de él volverá a existir por generaciones de generaciones.

3 Delante de él va el fuego consumiendo, y detrás la llama abrasa. Delante de

él es la tierra como el paraíso de Edén, detrás queda convertida en desolado desierto;

ante él no hay quien escape. 4 Parecen caballos, y corren cual jinetes. 5 Como

ruido de carros sobre las cimas de los montes, como crepitar de las ardientes llamas

que devoran la paja, como pueblo robusto en orden de batalla. 6 Ante él las gentes se

llenan de zozobra, todos los rostros se demudan. 7Corren como valientes, asaltan los

muros como hombres de guerra, marchan cada uno por su senda y no confunden

sus caminos. 8Ni aprieta ninguno a su vecino; va cada uno por su calzada, y aun

atravesando por entre las armas se precipitan sin romperse. 9Asaltan la ciudad, corren

por las murallas, escalan las casas y entran por las ventanas como ladrones.

10Ante ellos tiembla la tierra, se conmueven los cielos, se oscurecen el sol y la luna, y

las estrellas extinguen su brillo. 11Yahvé hace sonar su voz ante su ejército. Su campamento

es inmenso, pues es fuerte el ejecutor de sus palabras. Grande es el día de

Yahvé, sobremanera terrible; ¿quién podrá, pues, soportarlo?

En este fragmento la perspectiva es distinta, pues la invasión de las langostas es inminente, pero

aún no ha llegado. La descripción es altamente poética, y unas veces se presenta la invasión como

futura y otras se dan detalles de su realización pasada. Los profetas juegan en sus oráculos

con varias perspectivas, la histórica pasada y la futura, y muchas veces los dos planos se superponen

o confunden. El estilo es nervioso y entrecortado, para reflejar la inquietud del momento.

Con toda celeridad se manda dar la señal de alarma ante el peligro, pues se acerca, inminente,

el día de Yahvé. El profeta aparece, según es tradición en la literatura profética, como el

centinela de Israel, que vela por sus intereses y da a tiempo la voz de alarma. El día de Yahvé es

descrito como un día de confusión y de tinieblas *. Las langostas son tantas, que parecen oscurecer

el sol, hecho que el mismo Plinio comprueba: “tanto volant pennarum stridore ut aliae alites

credantur solemque obumbrare, sollicitis su-spectantibus populis ne suas operiant térras.”2

Esta invasión destructora de las langostas va acompañada del viento solano o jamshim, el

terror de los beduinos, porque todo lo asóla y abrasa: delante de él (el ejército de langostas) va el

fuego consumiendo (ν.3). Los lugares más fértiles y frondosos, semejantes al paraíso de Edén,

quedan arrasados y convertidos en desolado desierto 3. Las langostas son descritas como caballos,

que arrogantemente avanzan en escuadrones en orden de batalla (v.4). El ruido que hacen al

volar es comparable al de carros de guerra que avanzan sobre las cimas de los montes (ν.6)4.

Ante su presencia devastadora, los habitantes de las ciudades se llenan de espanto (v.6),

porque saben que no hay escondrijo donde guarecerse, porque como soldados de un ejército invasor

asaltan los muros., escalan las casas y entran como ladrones por las ventanas (v.8). La

descripción de Joel es literal, pues las langostas avanzan en escuadrones, siguiendo cada una su

calzada. La alineación de la marcha es perfecta, sin que haya confusión ni desorden en el enjambre:

marchan cada una por su senda, no confunden sus caminos, ni aprieta ninguna a su vecino.

2474

(ν.7). La frase hiperbólica oscurecen el sol y la luna. (v.10) la encontramos en diversos profetas5,

y llega a convertirse en una expresión estereotipada de la literatura apocalíptica, que tiene sus

preferencias por las comparaciones cósmicas.

El profeta asocia aquí estas imágenes a la invasión de las langostas para destacar el carácter

tenebroso del día de Yahvé, del que la invasión de éstas son el anuncio y su primera manifestación.

El profeta ve en este castigo de la plaga de langostas un principio de otro castigo mayor

que se desencadenará en el pleno día de Yahvé.

Por eso, el enjambre de langostas es considerado como el ejército de Yahvé y el ejecutor

de sus palabras o sentencias de castigo sobre Israel (v.11). Y el ruido que hace el enjambre de

langostas es la voz de Yahvé, porque ha utilizado a éstas como instrumento de su justicia vengadora.

De ahí que nadie puede soportarle o hacer frente al destino señalado por Yahvé mismo.

Exhortación al arrepentimiento (12-17).

12 Por eso, pues, ahora dice aún Yahvé: Convertios a mí de todo corazón en ayuno,

en llanto y en gemidos, 13 Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras, y convertios

a Yahvé, vuestro Dios, que es clemente y misericordioso, tardo a la ira y rico

en benignidad, y se arrepiente en castigar) 6. 14 ¿Quién sabe si se volverá y se apiadará,

y dejará tras sí bendición, ofrenda y libación para Yahvé, vuestro Dios? 15 Tocad

la trompeta en Sión, promulgad ayuno, convocad asamblea. 16 Reunid al pueblo,

promulgad santa congregación, convocad a los ancianos, reunid a los niños, aun a

los niños de pecho. Que deje el esposo su cámara, y su tálamo la esposa. 17 Entre el

pórtico y el altar oren los sacerdotes, ministros de Yahvé, y digan: Perdona, ¡oh

Yahvé! a tu pueblo y no des al oprobio tu heredad para que se enseñoreen de ella las

gentes. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: “Dónde está su Dios”?

Bellísima invitación a la penitencia después de anunciar el castigo del día de Yahvé, iniciado con

la invasión de las langostas. Todos los oráculos de Yahvé contra Israel suelen tener el carácter de

conminatorios, porque siempre dejan la puerta abierta al arrepentimiento, a la misericordia y el

perdón divinos. El profeta, pues, consciente de su misión de centinela de los intereses materiales

y espirituales de su pueblo, le hace una última invitación al arrepentimiento y a la penitencia sincera:

rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras (v.13). Yahvé quiere ahora sentimientos

verdaderos y no mera farsa externa. El es el único modo de conjurar la ruina que se cierne

sobre Israel.

Dios es siempre clemente y misericordioso y está más dispuesto a perdonar que a castigar

(v.13); por eso no deben desesperar los israelitas en su situación de penuria actual, ya que Yahvé

puede apiadarse de ellos y dejar tras de sí bendición de bienes materiales, con los que puedan

volver a presentar oblación y libación al altar (v. 14). Ante esta posible alternativái ,el profeta

invita a la penitencia a todas las clases sociales como signo de arrepentimiento, sincero (v.16); ni

siquiera los niños de pecho deben estar ausentes de esta manifestación colectiva de duelo nacional

por haber pecado contra Yahvé. Y al frente de todos, los sacerdotes, como ministros de Yahvé,

deben dirigir las manifestaciones litúrgicas de penitencia entre el pórtico y el altar (v.17), es

decir, entre la parte anterior del edificio del templo que da al oriente y el altar de los holocaustos,

6 Lit. “se arrepiente de (hacer) mal.” que se encontraba en el atrio interior, al que sólo tenían acceso

los sacerdotes 7.

Pero hay que notar que la súplica de los sacerdotes ahora no es para que libre al pueblo de

la invasión de las langostas y de la ruina del campo, sino para que los libre de caer entre las gen2475

tes, que es el oprobio de Israel, pues siendo la heredad de Dios, son objeto de irrisión entre los

pueblos: ¿Dónde esta su Dios? (ν.17) 8.

El perdón de Yahvé (18-20).

18 Entonces Yahvé, encendido en celo por su tierra, perdonó a su pueblo, 19 y respondió

a su pueblo, diciendo: Os mando el trigo, el mosto y el aceite, y os saciaréis

de ello, y no os expondré ya más al oprobio de las gentes. 20 Y alejaré de vosotros al

norteño y le echaré a tierra desierta y árida, poniendo sus vanguardias hacia el mar

oriental, y su retaguardia hacia el mar occidental; y subirá su hedor y exhalará

hediondez, pues ha hecho Yahvé grandes cosas.

Aunque el profeta no dice expresamente que el pueblo hizo las manifestaciones sinceras de penitencia

que había pedido, se sobrentiende por el cambio de tono y de perspectiva. Yahvé está

aplacado, y, encendido en el celo por su tierra, perdonó a su pueblo (v.18). Por ello, les otorga

en abundancia las cosas que habían perdido con la plaga de langostas, y, además, promete que no

volverán a ser el oprobio o ludibrio entre las gentes. No volverá a desamparar a su pueblo, de

forma que Israel vuelva a ser presa de las naciones paganas.

Y, por fin, añade que el enemigo norteño será alejado definitivamente hacia una zona desértica

con su vanguardia hacia el mar oriental 9, y su retaguardia hacia el mar occidental 10. En

esa zona entre el mar Muerto (oriental) y el Mediterráneo (occidental) se supone que se corrompe

el ejército de ese norteño.

Pero ¿quién es este supuesto enemigo? Algunos autores creen que es el viento que empujó

la plaga de langostas desde el norte (la inVasión de langostas en Palestina suele venir del desierto

oriental o de la estepa sinaítica), que iban a morir entre el mar Muerto y el Mediterráneo.

San Jerónimo se inclina por esta interpretación, y dice que, en su tiempo, nubes de langostas morían

empujadas hacia el Mediterráneo y eran devueltas por las olas hacia las costas palestinenses,

con el consiguiente hedor en la región afectada. Pero es un hecho que este v.20 tiene, por

su.contenido, muchas analogías con algunos textos de Ezequiel u, en los que se habla de un enemigo

(Gog y Magog) que es desbaratado entre el mar Muerto y el Mediterráneo.

El norte era el lugar tradicional de las invasiones asirías, babilonias y escitas. De ahí que,

en la literatura profética, el norte es sinónimo de región enemiga, de donde vienen los castigos de

Yahvé sobre su pueblo 12. Aquí, pues, Joel parece aludir al castigo que sufrirá un supuesto enemigo

del pueblo israelita procedente del norte. En Joel, el elemento escatológico tiene gran importancia,

y, como veremos, el profeta supone que antes de la inauguración de la era mesiánica

habrá un castigo ejemplar sobre los enemigos del pueblo elegido. En esta perspectiva tenemos

que colocarnos para comprender este pasaje, que es, sin duda, paralelo al de Eze-quiel sobre la

invasión y derrota de Gog entre el templo de la nueva teocracia y el mar Mediterráneo.

Anuncio de nueva prosperidad (21-27).

21 No ternas, suelo; alégrate y gózate, porque son muy grandes cosas las que Yahvé

va a cumplir. 22 No temáis, animales del campo, que reverdecerán los pastizales del

desierto, y darán fruto los árboles, y la higuera y la vid riqueza. 23 Alegraos y gózaos,

hijos de Sión, en Yahvé, vuestro Dios, que os dará la lluvia a su tiempo y hará

descender sobre vosotros la lluvia otoñal y primaveral como al principio. 24 Y rebosarán

de trigo las eras, y de mosto y aceite los lagares. 25 Y os compensaré de los

años en que lo comieron (todo) el “arbé,” el “yéleq,” el “jasil” y el “gazam,” mi gran

2476

ejército, que mandé contra vosotros. 26 Y comeréis hasta la saciedad y alabaréis el

nombre de Yahvé, vuestro Dios, que hizo con vosotros maravillas, y jamás será confundido

mi pueblo. 27 Sabréis que en medio de Israal estoy yo y que yo soy Yahvé,

vuestro Dios, y no hay otro; y jamás será mi pueblo confundido.

Ha pasado la hora de temor y de la desolación, y por eso, una vez reconciliados con Yahvé, deben

alegrarse todos, porque va a cambiar totalmente el panorama: son muy grandes las cosas que

Yahvé va a cumplir (v.21). Con la bendición divina reverdecerán los pastizales, no faltará la lluvia,

y de nuevo las cosechas ubérrimas alegrarán a los agricultores (v.24).

La efusión del espíritu de Yahvé (28-32).

28(31) Después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros

hijos y vuestras hijas, y vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros mozos verán

visiones. 29/2 Aun sobre los siervos y las siervas ) derramaré mi espíritu en aquellos

días, 30/3 y haré prodigios en el cielo, y en la tierra sangre y fuego y columnas de

humo. 31/4 Y el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el

día grande y terrible de Yahvé. 32/5 Y todo el que invocare el nombre de Yahvé será

salvo, porque en el monte de Sión y en Jerusa-lén estará el resto de los salvados, como

lo ha dicho Yahvé, y lo mismo será de los escapados, llamados por Yahvé.

Después de anunciar la abundancia de bienes materiales en compensación por la penuria sufrida,

el profeta anuncia también la sobreabundancia de bienes espirituales, simbolizados en la efusión

pródiga del espíritu profético. Hasta ahora los hombres que eran favorecidos con visiones y oráculos

eran una minoría privilegiada. En el futuro (después de esto tiene un sentido amplio de

proyección mesiánica), Yahvé se comunicará a los ciudadanos de la nueva teocracia en unas

proporciones no soñadas. Zacarías anuncia la efusión de “un espíritu de gracia y de plegaria” sobre

la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén 13. Joel concreta más, y anuncia que todos

los representantes de las distintas clases sociales participarán de la efusión del espíritu de

Yahvé.

San Pedro, en su discurso el día de Pentecostés, vio el cumplimiento de la profecía en la

comunicación sobreabundante del Espíritu Santo a los reunidos en el cenáculo 14. Joel concibe

la inauguración de la era mesiánica como la eclosión plena del espíritu de Dios, que se comunica

sobreabundantemente a todos los que formen parte de la nueva teocracia. Jeremías habla de

un nuevo pacto entre Dios y su pueblo, basado en la entrega de los corazones 15; Joel se mantiene

en esta línea espiritualista, suponiendo que lo esencial de la era mesiánica será la íntima comunicación

entre Yahvé y los miembros de su pueblo elegido. Su profecía se cumplió plenamente

en la Iglesia fundada por Cristo, donde abundaron los carismas de todo género, sobre todo

en la primitiva generación apostólica.

Al lado del anuncio de la efusión universal del espíritu, el profeta proclama un juicio vindicativo

sobre las naciones paganas para hacer justicia al pueblo elegido, por ellas perseguido.

Será el día de Yahvé, en el que hasta la misma naturaleza se trastocará. Las frases que aquí se

consignan sobre el oscurecimiento del sol y de la luna, que antes se aplicaron a la invasión de las

langostas, no han de tomarse al pie de la letra, sino dentro del género literario del lenguaje apocalíptico,

en el que siempre entran las convulsiones cósmicas como arte integrante del juicio de

Dios sobre los hombres. El profeta intenta encarecer el terror y transformación universal que

producirá la manifestación justiciera de Dios. En ese juicio terrorífico se salvará sólo el que

invocare el nombre de Yahvé (v.32), es decir, los que pertenezcan a la comunidad teocrática

2477

hebrea, los invocadores y adoradores del nombre de Yahvé.

1 Cf. Am 5:18.20; Sof 1:15; Ez 30:3. — 2 Plinio, Hist. Nat. XI 29. — 3 Sobre la expresión paraíso de Edén véase Ez 36:35; Is 51:3;

Gen 13:10; 2:8. — 4 Hoonacker cita el testimonio de Fpskal (Descr. animal. p.81) para corroborar esta observación: “transeúntes

grylli super verticem nostrum, sonó magnae catarrhactae fervebant.” — 5 Cf. Is 13:10; Ez 32:7. — 7 Cf. Flavio Josefo, Cont. Ap.

II 9. — 8 Cf. Jer 24:9. — 9 Lit. “mar anterior” (supuesta la orientación en dirección al este). — 10 Lit. “Mar posterior” (colocado

a la espalda del que se orienta hacia el este). — 11 Cf. Ez 26:7; 38,6.15; 39:2. — 12 Cf. Jer 1:13-15; 4:1.22; 10,22. — 13 Cf. Zac

12:10. — 14 Cf. Act 2:17; 10:445. — 15 Cf. Jer 31:31

3. Juicio punitivo sobre las naciones gentiles.

Este capítulo, que es el cuarto en el TM y el tercero en los LXX y la Vg, versa sobre el juicio

terrible sobre las naciones paganas, del que,se habían dado los signos precursores en las transmutaciones

cósmicas de la naturaleza. El estilo es vigoroso y escalofriante, conforme al radicalismo

de expresión de la poesía oriental apocalíptica. Reiteradamente se habla en la literatura profética

de un juicio discriminador de los pueblos antes de la inauguración de la era mesiánica, pero en

ningún otro lugar la idea es representada con más dramatismo y exaltación. En la segunda parte

(16-21) se anuncia la paz mesiánica total.

Juicio en el valle de Josafat (1-15).

1 Pues he aquí que en aquellos días, cuando haga yo volver la cautividad de Judá y

de Jerusalén, 2 reuniré a todas las gentes y las haré bajar al valle de Josafat, y litigaré

en juicio con ellos a propósito de mi pueblo y de mi heredad, que ellos dispersaron

entre las naciones, repartiéndose mi porción, 3 echando suertes sobre mi pueblo,

dando un mozo por una prostituta, y una doncella por vino que se bebían. 4 Y vosotros

también, ¿qué sois para mí, Tiro y Sidón, y todos los términos de la Filistea?

¿Es que queréis vengaros de mí? Si vosotros queréis vengaros de mí, al punto haréis

retornar sobre vuestras cabezas vuestra venganza. 5 Vosotros, que os apropiasteis

mi plata y mi oro y metisteis mis preciosidades en vuestros palacios; 6 que vendisteis

los hijos de Judá y los de Jerusalén a los hijos de los griegos para que los llevasen lejos

de sus territorios; 7 he aquí que yo los alzaré del lugar para donde los vendisteis,

y haré recaer vuestra acción sobre vuestras cabezas, 8 y venderé vuestros hijos y

vuestras hijas a los hijos de Judá, para que ellos los vendan a los sábeos, nación

apartada, oráculo de Yahvé. 9 ¡Pregonad esto entre las gentes, proclamad la guerra

santa, despertad a los valientes, acerqúense y suban todos los hombres de guerra! 10

¡Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces! Diga el flaco: ¡Yo

soy valiente! 11 Precipitaos y venid todas las gentes de en derredor y congregaos.

Haz bajar allá, ¡oh Yahvé! a tus valientes. 12 Que se alcen y suban las gentes al valle

de Josafat, porque allí me sentaré yo a juzgar a todas las gentes de en derredor. 13

Meted la hoz, que está ya madura la mies. Venid, pisad, que está lleno el lagar y se

desbordan las cubas,porque es mucha su maldad. 14 Muchedumbres, muchedumbres

en el valle del juicio, porque se acerca el día de Yahvé en el valle del juicio. 15 El

sol y la luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo.

Después de anunciar que los israelitas participarán del nuevo estado venturoso de cosas como

consecuencia de la reconciliación con su Dios, el profeta va a vaticinar la suerte que correrán las

naciones paganas que se han aprovechado de la desgracia de Judá. La escena apocalíptica que va

2478

a describir está situada después de la restauración de Israel, pasada ya la cautividad (v.1). Para

los profetas, la repatriación de los exilados es la primera fase en la preparación de la manifestación

gloriosa mesiánica.

El triunfo de los judíos va a ser espectacular, de forma que todas las naciones paganas,

tradicionalmente enemigas, tendrán que reconocer su derrota definitiva a manos del Dios de Israel.

Todas las gentes serán convocadas en el valle de Josafat (v.2), nombre simbólico escogido

para expresar el juicio condenatorio que van a sufrir las naciones paganas. Algunos autores creen

que Josafat aquí alude al rey de este nombre que, según 2 Crón 5:12, derrotó estrepitosamente a

los ejércitos coligados de Moab, Amón y Edom, los enemigos tradicionales de Judá. Joel, pues,

en ese caso, habría escogido el nombre del victorioso rey Josafat (870-849) como símbolo de la

otra victoria que Yahvé habría de obtener sobre todos los enemigos del pueblo elegido.

Sin embargo, el nombre hebreo Josafat (“Yahvé juzga” o “juicio de Yahvé”) se presta a

un juego de palabras, y en este sentido bien pudo haber sido elegido para designar el juicio de

Dios sobre las naciones paganas. De ahí que no falten comentaristas que traduzcan el pasaje de

Joel: “reuniré. en el valle del juicio de Yahvé.” No se debe, pues, insistir sobre la localización de

ese famoso valle, que no es sino un nombre literario simbólico-apocalíptico. La tradición judía

dio el nombre del valle de Josafat a la depresión formada por el torrente Cedrón, al este de Jerusalén.

Los Santos Padres trasladaron la perspectiva de Joel al fin de los tiempos, y han supuesto

que el juicio final tendría lugar en ese famoso valle de Josafat. Pero el profeta no

habla del juicio al fin de los tiempos, sino del que debe preceder a la inauguración mesiánica;

en ese juicio sólo son juzgados y condenados los pueblos gentiles, mientras que los israelitas son

reservados para formar parte de la nueva teocracia hebrea.

Nada en el contexto favorece una interpretación del juicio de los individuos de toda la

humanidad en el día del juicio universal al fin de los tiempos; no obstante, este juicio anunciado

por Joel puede ser tipo del universal.

Las naciones paganas serán juzgadas por los atropellos que han cometido con el pueblo

elegido: litigaré con ellos a propósito de mi pueblo y de mi heredad, que dispersaron entre las

naciones, repartiéndose mi porción (v.2), o territorio palestino. Evidentemente, el profeta alude

aquí a las incursiones de los moabitas, amonitas y edomitas, que hicieron en el antiguo territorio

de Israel después que sus habitantes fueron deportados a Mesopotamia a raíz de la toma de Jerusalén

por las tropas de Nabucodonosor. Los vencedores y sus aliados trataron de modo indigno a

la población vencida, dando un mozo por una prostituta (v.3), e.d., disponiendo de la suerte de

los jóvenes de Judá como si fuesen un salario barato destinado a las cortesanas. Y los mismos

dispusieron de las doncellas como si fueran el precio bajo que se da por vino que se bebían. Las

dos comparaciones sirven para resaltar el desprecio con que los enemigos de Judá trataron a la

población vencida.

Yahvé alcanzará en su juicio condenatorio a todas las naciones paganas1, incluso las omnipotentes

Tiro y Sidón, que parecen alejadas ahora del escenario de la guerra. Es inútil que quieran

librarse del castigo, y sobre todo no podrán hacer nada contra Yahvé, que se dispone a castigar

a los pueblos enemigos de Judá, porque, si lo intentan, recibirán el merecido: Si queréis vengaros

de mí (Yahvé), al punto haré retornar sobre vuestras cabezas vuestra venganza (contra

Yahvé) (v.4). Es un modo de decir que también los filisteos y los fenicios caerán dentro de la

sentencia dictada por Yahvé contra los enemigos de Judá, las naciones circunvecinas, Edom,

Amón y Moab. Yahvé les echa en cara que, como mercaderes sin escrúpulos, se han aprovechado

de la situación de derrota de Judá para cometer expoliaciones sacrilegas (os apropiasteis mi

oro y mi plata, v.5), vendiendo a los hijos de Judá a los hijos de los griegos (v.6). Se sabe por los

2479

autores clásicos que los esclavos sirios eran muy buscados por los griegos 1. Los fenicios tenían

especiales relaciones comerciales con las costas griegas; por eso, el tráfico de esclavos se dirigía

especialmente a esta zona mediterránea. Yahvé les amenaza con pagarles en la misma medida,

pues hará que los judíos vendan los hijos de los fenicios a los sábeos, nación apartada, al sudoeste

de la península arábiga, con los que tenían tráfico comercial a través de las rutas caravaneras

de TransJordania 2.

Enfáticamente se desafía a todos los pueblos enemigos de Judá para que vengan a luchar

con el pueblo de Dios. Antes había anunciado Yahvé que iba a reunir a las gentes en el valle

de Josafat; ahora los invita irónicamente a presentarse. Deben proclamar la guerra santa

(V.9) para luchar contra Yahvé, el Dios de los judíos. La frase es irónica y desafiante. La guerra

santa es aquí equivalente a guerra total; por eso les invita a cambiar sus instrumentos agrícolas

de paz en instrumentos de guerra: ¡Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras

hoces! (v.10). La idea que late en la expresión irónica es que todo será poco para luchar con

Yahvé y no bastarán los depósitos normales de espadas para la gran batalla. Todos los componentes

de las naciones, no sólo los guerreros de oficio, deben aprestarse al combate: diga el flaco:

¡Yo soy valiente! La victoria de Yahvé debe ser total, y por eso no debe faltar ninguno a la

cita del combate, para que resplandezca la fuerza del Dios de los judíos. Yahvé aparece nervioso

porque no acaban de concentrarse en el lugar de la batalla, y los excita al encuentro: Precipitaos

y venid. (v.11).

Una vez que el ejército enemigo está concentrado para medir sus armas con Yahvé, el

profeta pide a Yahvé que descienda al campo de batalla con su ejército celestial, sus ángeles, que

han de luchar por su causa: Haz bajar, ¡oh Yahvé! a tus valientes (v.11). Yahvé responde diciendo

que antes deben reunirse todos los enemigos: que se alcen y suban las gentes al valle de Josafat

(v.12). La dramatización llega a su punto culminante. Yahvé va a dar el juicio condenatorio

sobre todas las gentes, e invita a sus cohortes celestiales a iniciar el estrago: Meted la hoz, que

está madura la mies. Pisad, que está lleno el lagar y se desbordan las cubas. Las naciones, por

su maldad, están maduras para la siega trágica del juicio de Yahvé, y han acumulado tantos pecados,

que se desbordan las cubas. El mejor comentario a esta escena terrorífica es el texto de Is

63:1-6: “¿Quién es aquel que avanza enrojecido, con vestidos más rojos que los de un lagarero.,

avanzando en toda la grandeza de su poder? ¿Cómo está, pues, rojo tu vestido, y tus ropas como

las de los que pisan en el lagar? He pisado en el lagar yo solo, y no había nadie enemigo de las

gentes. He pisado con furor, he hollado con ira, y su sangre salpicó mis vestiduras y manchó mis

ropas. Porque estaba en mi corazón el día de la venganza. y aplasté a los pueblos en mi ira y los

pisoteé en mi furor, derramando en la tierra su sangre.” Tanto en Isaías como en Joel, los pueblos

pecadores son exprimidos como en un lagar. Las imágenes son radicales e hiperbólicas, conforme

al ardor de una imaginación oriental sobreexcitada. Por otra parte, el carácter apocalíptico del

pasaje exige tonos descriptivos subidos e impresionantes.

Joel cierra el fragmento reflejando el rumor de los pueblos reunidos en el valle del juicio

3: muchedumbres, muchedumbres en el valle del juicio, porque se acerca el día de Yahvé en el

valle del juicio. El día de Yahvé, al principio, se anunciaba como el día del castigo de los pecadores

de Judá. La invasión de las langostas fue el signo precursor del castigo. Pero la penitencia

sincera del pueblo hizo que Yahvé perdonara a su pueblo y el castigo se tornara sobre los

pueblos enemigos de Judá. La primera perspectiva cambia, y el profeta, para animar a sus compatriotas

a sufrir los duros días de prueba posteriores a la repatriación, les anuncia que habrá un

juicio definitivo sobre todas las naciones que han contribuido a la ruina del pueblo elegido. Después

del juicio vendrá la era mesiánica, como anuncia a continuación.

2480

Para medir el alcance de las predicciones de Joel no debemos perder de vista el carácter

apocalíptico del pasaje, y, dejando de lado las hipérboles y frases radicales, buscar la medula teológica

del mensaje: Dios salvará a su pueblo arrepentido y castigará a los pecadores. Toda la

dramatización de las escenas del valle de Josafat debemos considerarla como puro artificio literario.

De hecho sabemos que esa aparatosa concentración de las naciones no se dio antes de la

inauguración mesiánica. Aquí tenemos que acudir al modo de presentar los profetas el reino

mesiánico. Conforme a la expectación del ambiente, presentaban al Mesías como un Rey

triunfador que había de aplastar a los enemigos (como el “alfarero a sus vasos”)4, y a Israel organizado

en esplendoroso reino bajo la ley dé la justicia divina. En este supuesto conciben también

un juicio previo sobre las naciones para vengar los ultrajes cometidos contra el pueblo elegido.

La realización histórica fue muy otra. El Mesías fue “humilde y manso de corazón” 5, y

su reino no era de este mundo. El mismo Bautista, precursor inmediato del Mesías, no captaba

los modos suaves de Jesucristo, y predicaba una penitencia brusca y deshumanizada, conforme a

los cánones del más rabioso ascetismo oriental. Anunciaba también un juicio selectivo sobre los

mismos judíos; Dios tenía en la mano el arnero para limpiar su era.

Cristo dice que El no vino a juzgar6, sino que cada uno se juzga a sí mismo en la actitud

que tome — de aceptación o repulsa — frente a su persona y doctrina. He ahí de hecho

en qué terminó el juicio discriminativo anunciado por los profetas. Una vez más tenemos que

repetir que los profetas, a pesar de ser iluminados con revelaciones especiales directas de Dios,

eran mentalidades del A.T., y, si bien conocían el hecho de la venida del Mesías y de la inauguración

del reinado de justicia, no conocían el modo de esta nueva teocracia puramente espiritual,

el reino de los cielos predicado por Jesucristo. La única profecía que llegó a captar más el

modo de la realización histórica del mesianismo inaugurado por Cristo fue la de los cánticos del

Siervo de Yahvé, en los que se da de lado a todas las concepciones tradicionales sobre un Mesías

glorioso y Rey terrenal y se presenta una figura del Mesías que parece tomada de los evangelios.

Seguridad y prosperidad del pueblo elegido (16-21).

16 Ruge Yahvé desde Sión y hace oír su voz desde Jerusa-lén; los cielos y la tierra se

conmueven, pero Yahvé será un refugio para su pueblo y una fortaleza para los

hijos de Israel” 17 Y sabréis que yo soy Yahvé, vuestro Dios, moradores de mi monte

santo, y santa será Jerusalén y no pasarán por ella los extraños. 18 Y sucederá en

aquel día que los montes destilarán mosto, y leche los collados; correrán las aguas

por todas las torrenteras de Judá y brotará de la casa de Yahvé una fuente que regará

el valle de Sitim. 19 Egipto se trocará en desolación, y Edom se convertirá en

asolado desierto, por el cruel trato a los hijos de Judá, derramando en su tierra sangre

inocente. 2° Pero Judá será por siempre habitado, y Jerusalén por generaciones

y generaciones. 21 Yo vengaré su sangre, no la dejaré impune, y Yahvé morará en

Sión.

Después del juicio punitivo sobre las naciones, se inaugura solemnemente la era mesiánica, como

consecuencia del poder omnímodo de Yahvé, que ha vencido a los enemigos. de Judá: Ruge

Yahvé desde Sión..(v.16) 7. Todos los pueblos, y hasta los cielos, se conmueven ante el rugido de

la voz de Dios, que lanza su veredicto de condenación sobre las naciones. Pero este.rugido de

condenación para los gentiles es al mismo tiempo el clarinazo solemne que anuncia la salvación

2481

de los judíos, cuyo refugio es Yahvé. Es la inauguración solemne de la era venturosa mesiánica

soñada y anhelada por las generaciones pasadas. Jerusalén será entonces una cosa santa, de

suerte que no volverá a ser hollada y contaminada por los extranjeros: no pasaran por ella los

extraños (ν.17)8.

Y con la seguridad que dará la protección divina, vendrá la abundancia como consecuencia

de las bendiciones de Yahvé: en aquellos días destilarán mosto los montes. (v.18) 9. Si en

otro tiempo sufrieron la sequía y la penuria, ahora la perspectiva es muy otra, pues los wadys o

torrenteras, antes secos, se llenarán de copiosas aguas. Pero, además, una fuente brotará de la

casa de Yahvé que regará el valle de Sitim (v.18). Es la misma concepción de Ezequiel y de Zacarías.

En el nuevo orden de cosas, la misma naturaleza se transformará, y el centro de todas las

bendiciones sobre el país será el templo, la casa de Dios. Ezequiel anuncia que ese torrente

que procede del templo vivificará el mar Muerto, dotándole de una prodigiosa fecundidad 10. Según

Zacarías, las aguas irán al oriente y al occidente n. Aquí Joel anuncia que una nueva feracidad

exorbitante surgirá por doquier como consecuencia de la abundancia de aguas. El valle de

Sitim aparece en la Biblia al este del Jordán 12, ya en territorio moabita. Algunos comentaristas

prefieren traducir valle de las acacias, y buscan su localización en la zona esteparia del Araba,

en la depresión que desciende desde el mar Muerto al golfo elanítico.

En contrapartida a las bendiciones de que gozará Judá, sus enemigos tradicionales, como

Egipto y Edom, sufrirán los rigores de la ira divina, pues sus tierras se convertirán en desolado

desierto (V.19). Y la razón de este castigo especial para estas dos naciones estriba en que se han

ensañado con los judíos, derramando sangre inocente, después de la catástrofe del 586 a.C.

Yahvé no puede dejar impune tales crímenes (v.21). Es el Dios de la justicia, y, como tal, castiga

al culpable y salva al inocente.

1 El tráfico de esclavos es reprochado reiteradamente a Tiro en los profetas (cf. Am 1:9; Ez 27:13; 1 Mac 3:41; 2 Mac 8.11). — 2 Cf.

1 Re 10,2.10; Jer 6:20. — 3 La valle de palabra hebrea jarus, que hemos traducido por juicio o decisión (los LXX: “en el vane ,αο

la victoria”), es traducida por algunos: “del machucamiento.” Pues jarus en Is 27:27; Am 1:3, significa el instrumento que utiliza

el agricultor para batir el trigo. — 4 Cf. Sal 2:9. — 5 Mt 11:29. — 6 Jn 3:17; 12:47; 3,18. — 7 La expresión “Yahvé ruge desde

Sión” aparece literalmente en Am 1:2. — 8 Cf. ZacQ.8; Is 51:23. — 9 En Am 9:13 encontramos, más o menos, las mismas expresiones

sobre la abundancia edénica de los tiempos mesiánicos. — 10 Cf. Ez 47:1. — 11 Zac 14:8. — 12 Cf. Núm 25:1; Jos 2:1;

Diq 6:5; Núm 33:49.

Amοs.

Ιntroducción.

Vida del profeta.

Amos (en hebreo 'Amos: “¿portador?”) era oriundo de Tecua, a nueve kilómetros al sudeste

de Belén, en los confines del desierto de Judá, y de profesión pastor . Alternaba sus trabajos

de pastor con el de preparar y recoger los frutos de sicómoro 2. Los símiles que utiliza en su

predicación están tomados de la vida pastoril y campestre 3. Criado en un ambiente de austeridad

y pobreza, tenía una especial repugnancia por todo lo que significara derroche y lujo en la vida

sedentaria, y así, en su predicación aparece como el gran recriminador de los excesos de las

clases pudientes y de sus extorsiones para con los pobres.

El profeta no pertenecía a ninguna de las asociaciones profesionales proféticas, como él

mismo declara con énfasis al sacerdote de Betel4, y fue sorprendido por el llamamiento divino

cuando se hallaba dedicado a sus faenas habituales de pastor y recolector de frutos de sicómoro 5.

2482

El profeta se fue al reino del norte a ejercer su ministerio profético en medio de una sociedad

hostil y extranjera. Predicó especialmente en las cercanías del santuario cismático de Betel, donde

tuvo que enfrentarse con los intereses creados del sacerdote Amasias, el cual llegó a denunciarle

a Jeroboam II, rey de Israel. Pero parece que el rey no le hizo caso, y entonces el sacerdote

intimó al profeta a que se fuera a ganar su vida haciendo de profeta, o ganapán visionario, tomando

aquí profeta en el sentido despectivo de explotador de la credulidad pública. Amos contestó

airado que no había venido a lucrarse ni estaba aleccionado por ninguna escuela profética,

sino que obraba a impulsos de la inspiración divina: No so;y profeta ni hijo de profetas. Yahvé

me tomó de detrás del ganado, y me dijo: “Ve a profetizar a mi pueblo Israel” 6. Y, en prueba de

su calidad de verdadero profeta enviado por Yahvé, le anuncia que su mujer será violada, y sus

hijos asesinados por los invasores asirios7. Profetizó también la próxima cautividad de Israel8.

Ambiente histórico.

Según indicación del título de los escritos de Amos, éste ejerció su ministerio profético

en tiempo de Jeroboam II de Israel (783-743) y de Ozías o Azarías de Judá (789-738), dos años

después del terremoto 9. Bajo el reinado de Jeroboam II, el reino de Israel había llegado a su esplendor

económico y a la máxima expansión geográfica. A fines del siglo IX, los sirios hicieron

incursiones en el reino de Israel, anexionándose las regiones transjordánicas de Basan y Galaad

10. Pero, al expansionarse Asiría hacia el occidente en tiempos de Adadnirari III (805-782), se

debilitó el reino de Siria, y, en consecuencia, el reino de Israel pudo rehacerse y llegar a su apogeo.

Podemos, pues, suponer que el profeta empezó su predicación oracular en los últimos años

de Jeroboam II, hacia el 760 a.C., poco antes de la iniciación del ministerio profético de Oseas.

El ambiente histórico, pues, es semejante en ambos profetas. La indicación cronológica de dos

años antes del terremoto resultaba muy precisa para los lectores contemporáneos, pero no para

nosotros, pues no sabemos nada de esta conmoción sísmica que habría impresionado tanto a los

moradores del reino del norte 11.

Por el contenido de la predicación de Amos vemos que la situación económica era próspera,

y las clases altas se movían con excesiva desenvoltura y desenfreno, esperando confiados el

día de Yahvé como día de triunfo pleno material12. El profeta saldrá al paso de estas falsas suposiciones

anunciando una serie de castigos devastadores, e incluso la ruina total del reino y la cautividad

de sus ciudadanos.

División y estructura del libro.

Se puede dividir el libro por su contenido en tres partes:

1. Parte introductoria: Vaticinios contra las naciones paganas, castigadas por sus crímenes

contra naturaleza: contra Siria, Filistea, Tiro, Édom, Anión, Moab, y, por fin, contra

Judá e Israel (c.i-2).

2. Sermones contra los abusos de las clases sociales por su excesivo lujo y materialismo.

Oráculos contra los que participan de los cultos idolátricos (c.3-6).

3. Cinco visiones, en las que se simbolizan plásticamente los castigos que enviará Yahvé

contra la sociedad corrompida de Samaría (c.7-9; 10).

Por fin, el libro se cierra con un anuncio de restauración mesiánica, con todo lo que implica de

abundancia de bendiciones temporales (9:11-15).

La disposición no es cronológica, ni siquiera perfectamente lógica, y se ve que es obra de

un compilador posterior al profeta. Sobre todo, algunas de las visiones del final del libro parecen

2483

estar desplazadas y debieran figurar entre los primeros oráculos del profeta, según se desprende

de su contenido doctrinal. Esta compilación parece que ha sido llevada a cabo en el reino de Judá,

pues se da precedencia al rey de Judá, Ozías, sobre el de Israel, Jeroboam, en el título de la

compilación. Esto parece confirmarse por el énfasis de la conclusión, en la que se destaca la resurrección

del tugurio de David, o dinastía davídica, reducida a una choza, salvada de la catástrofe

de la invasión, sin duda alusión a la permanencia del minúsculo reino de Judá.

Autenticidad.

En general no hay razones serias para negar la autenticidad global de los oráculos del libro

de Amos. Sus palabras están en consonancia con el ambiente histórico que hemos descrito

antes y se adaptan bien a las necesidades religiosas de la época. Sin embargo, muchos críticos

dudan de la autenticidad de algunos pasajes 13, sobre todo la conclusión del libro, netamente mesiánica

14. Extraña su carácter prosaico en un conjunto poético, como son todos los oráculos de

Amos, y, por otra parte, se refieren más al reino de Judá que al de Israel. Por eso no faltan comentaristas

que atribuyen este fragmento a una mano posterior, incluso postexílica, que ha querido

desvirtuar la impresión excesivamente pesimista de los últimos anuncios de castigo de

Amos: Daré la orden y zarandearé a la casa de Israel entre las gentes, como se zarandea con la

criba. A la espada perecerán todos los pecadores de mi pueblo 15; sin embargo, es usual en los

profetas alternar amenazas con promesas de restauración en su predicación, para, de un lado, invitar

a la penitencia y cambio de vida, y de otro, evitar que caigan en la desesperación total. Los

castigos de Yahvé sobre su pueblo son siempre pruebas purificatorias, en espera de una

etapa esplendorosa que seguirá después.

Estilo.

San Jerónimo define a Amos como “imperitum sermone”16. Sin embargo, esta afirmación

es injusta, ya que dentro de la sencillez y aun desaliño hay un fondo poético de gran inspiración.

Es verdad que su estilo resulta algo cansino y uniforme, como consecuencia de las múltiples repeticiones

e incluso de frases hechas. Pero esta repetición da más vigor a sus oráculos. Es clásico

su modo de comenzar los oráculos punitivos contra las naciones paganas: Por tres pecados y por

cuatro no revocaré 17, para indicar la multiplicidad. Tiene también tendencia a acumular imágenes

para expresar la misma idea, pero son sumamente originales y de bellísimo significado 18.

Multiplica los ejemplos para probar una afirmación 19. En general, los estilistas modernos consideran

a Amos como un artista literario, pues sus repetidas imágenes y períodos argumentativos

logran impresionar favorablemente al lector. Este hecho prueba que tenía su formación literaria,

a pesar de que se presentaba como un humilde pastor de Tecua.

Texto y versiones.

En general, el texto hebreo de Amos está bien conservado. Sin embargo, parece que algunos

esticos están desplazados de su lugar normal. La versión griega de los LXX difiere a veces

del TM, pero en los casos dudosos y oscuros no resulta más clara que el texto masorético. En el

TM, el libro de Amos sigue al de Oseas y Joel, a pesar de ser Amos el primero cronológicamente.

En los LXX y en las versiones que dependen de esta versión aparece inmediatamente después

de Oseas, seguido de Miqueas y de Joel 20.

2484

Mensaje doctrinal.

La teología del libro de Amos es muy rica de contenido, ya que encontramos en él afirmaciones

netas sobre la omnipotencia divina y su providencia sobre los pueblos, aun paganos;

sobre la elección de Israel y sobre los deberes sociales con el prójimo.

a) Monoteísmo estricto. — Yahvé es el Creador de todo cuanto existe en la naturaleza, es

el formador de las montañas y creador de los vientos como fuerzas cósmicas. Hizo las constelaciones

21, y puede oscurecer el firmamento con las nubes 22, regula el curso del día y de la noche

23; las olas del mar obedecen puntuales a su mandato 24.

Por otra parte, es Señor y arbitro de todos los pueblos y naciones. Trajo a los filisteos de

Caftor y a los árameos de Quir 25; y, en consecuencia, es el director verdadero de los hilos de la

historia humana. Por eso es el Juez de todas las naciones, a las que castiga por sus crímenes “contra

naturam” 26. Estos postulados éticos elementales son algo sagrado, por los que Yahvé

mira como cosa intangible. No se puede conculcar impunemente las leyes del corazón humano

impresas por Dios. A las naciones paganas no las castigará Yahvé por transgresiones de leyes

positivas que no conocen, sino por infracciones contra el derecho natural.

b) Elección de Israel. — A pesar de que Yahvé es el Señor y Juez de todos los pueblos,

lo es de modo particular de Israel, porque gratuitamente lo ha elegido para vivir en comunicación

íntima con El. Por eso hizo una alianza solemne con Israel después de haberle liberado de Egipto

27. Para que pudieran intimar con El, les dio un código de leyes y les envió profetas 28. Pero esto

no debe cegar a los israelitas, como si Yahvé se viera obligado necesariamente a protegerles,

pues en realidad la elección ha sido sin méritos por parte de ellos 29.

Si bien gobierna todos los pueblos y los somete a las leyes generales de su justicia, los israelitas,

por ser un pueblo de elección, están obligados especialmente al cumplimiento de determinadas

leyes positivas, estipuladas en la alianza como base de buenas relaciones entre ambas

partes contratantes 30. Por tanto, los crímenes de Judá y de Israel revisten una particular malicia

de ingratitud y de rebelión 31; por eso Yahvé llama a las naciones paganas como testigos del castigo

que va a infligir a Samaría 32,

c) Cultos idolátricos. — En el reino del norte existía un culto sincretista escandaloso, sobre

todo en los santuarios locales de Betel, Guilgal y Dan. Yahvé aparecía prácticamente tan desfigurado

en el culto, que Amos consideraba aquellos actos de culto como totalmente idolátricos.

Las infiltraciones paganas eran ya más que la herencia yahvista, anterior a la separación de las

tribus. Lo que había empezado por un simple culto cismático, había terminado por una idolatría,

sin faltar el becerro de oro, símbolo del Yahvé adorado por los del reino del norte 33. La justicia

divina procede de Yahvé, que mora en Sión 34.

d) Ritualismo externo religioso. — Amos, como todos los profetas del siglo viii que le siguen,

se levanta contra la doblez de corazón, contra los actos de culto externos, vacíos de contenido

espiritual interno. Las manifestaciones religiosas en este plan le son odiosas 35, porque faltan

las correspondientes disposiciones morales, que son la base de una religiosidad digna y elevada.

e) Justicia social. — Es característica de la predicación de Amos urgir el cumplimiento

de los deberes éticos para con el prójimo. Sus diatribas contra las clases ricas destacan sus opresiones

y exacciones sobre los pobres y desheredados. El profeta les echa en cara a los ricos el

que vivan en casas labradas en piedra, con incrustaciones de marfil, y que se entreguen a la vida

de desenfreno, despreciando a los pobres.

La sequía y las devastaciones habían arruinado totalmente a los pequeños propietarios 36,

2485

y por eso la miseria, en la mayor parte de la población, era un mal que laceraba el corazón recto

del profeta. Consecuencia de esa situación es que los pobres tenían que pedir prestado dinero a

los pudientes, los cuales se aprovechaban de la miseria para incautarse de los bienes de aquéllos;

e incluso el arruinado tenía que venderse por esclavo, a pesar de las leyes levíticas 37. El profeta

se alza, enérgico, contra estos abusos 38. La mala administración de la justicia es una provocación

constante a la ira divina. En lugar de sembrar paz, siembran malestar social 39, pues el

lujo desorbitado es un insulto a la miseria40; la corrupción moral rebasa todas las medidas41.

1 Am 1:1. — 2 Am 7:14. — 3 Así habla del rugido del león (3:4), de la caza de las aves con trampa (3:5), del pastor que rescata de las

fauces del león los restos de la oveja (3:12), de la serpiente escondida en la grieta de la casa (5:19), del torrente siempre fluyendo

(5:24). — 4 Am 7:14. — 5 Am 7:15. — 6 Am 7:14. — 7 Am 7.17. — 8 Am 7:17· — 9 Am 1:1. — 10 Cf. 2 Re 10:325; 2 Re

13:7.25. — 11 Zac 14:5 habla de este temblor de tierra en tiempo de Ozías de Judá y del espanto que produjo a los israelitas. Pero

parece depender de la alusión de Amos 1:1. — 12 Cf. Am4:1; 6:1s. — 13 Así extraña la narración en tercera persona de 7:10-17,

y parecen manipulación posterior ciertos fragmentos del himno al Creador: 4:13; 5:8-9; 9:5-6. — 14 Am 9:11-15. 17 Am 1:6s. —

15 Am 9:10. 18 Am 9:1-4; 4:6-11 — 16 San Jerónimo, Pról a Amos: PL 25:990 (1038). 19 Am 2,V8.' — 20 Amos aparece citado

en Tob 2:6 y Zac 14:5, Y en el Ν. Τ. en Act 7:42-43 (Am 5:25- 27) y Act 15:16-17 (Am 9:11-12). Citados según la versión griega,

que aquí difiere mucho del TM. — 21 Am5:8. — 22 Am4:13. — 23Ams,8. — 24 Am 5:8; 97 25 Am 9,7. — 26 Amc.1-2. —

27 Am 2:11; 3:7· — 28 Am 3:7. — 29 A™ 9:7 — 30 Am3:1-2. — 31 Am 3:2. — 32 Am 3:9.12s. — 33 Am 7:9; 9:1-4; 4:4. — 34

Am 1:5. — 35 Am 4:21. — 36 Am c.1-3. — 37 Cf. Lev 25:255. — 38 Am 2:6-8; 3:9-10; 5:11; 8:4-6. — 39 Am 5:7.10.12; 6:12.

— 40 Am 3:15; 5:11, 6:4-6. — 41 Am4:1; 6:1-6.

1. Conminaciones contra las naciones paganas circunvecinas.

En los c.1-2 encontramos una serie de oráculos conminatorios contra las naciones paganas que

rodeaban a Israel; después el profeta lanza un vaticinio amenazador contra el propio Israel por

sus especiales pecados de injusticia social e ingratitud para con Yahvé. Amos supone que Yahvé

gobierna no sólo sobre Israel, sino sobre todos los otros pueblos paganos, y, como Señor de todos

los pueblos, pide cuenta de los pecados contra el derecho natural cometidos por los gentiles.

Por otra parte, supone que Israel y Judá, como pueblos elegidos por Dios, tienen obligaciones

especiales, por las que se les ha de pedir estrecha cuenta.

Presentación introductoria (1-2).

1 Palabras de Amos, de los pastores de Tecoa, de la visión que tuvo sobre Israel en

los días de Ozías, rey de Judá, y en los días de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel,

dos años antes del terremoto. 2 Dijo: Yahvé rugirá desde Sión, y desde Jerusalén

emitirá su voz, y estarán en duelo los pastizales de los pastores y secaráse la cima del

Carmelo.

La sincronización cronológica es clara para determinar el tiempo en que Amos desarrolló su ministerio

profético. El título parece ser adición posterior de un redactor. Amos desarrolló su actividad

profética entre los años 760 a.C. y 750 a.C., ya que Ozías (Azarías) reinó en Judá del 768

al 740-39, y Jeroboam II en Israel desde el 787 al 740. Por eso parece que es cronológicamente el

primer profeta escritor de la Biblia, ligeramente anterior a Oseas. La frase antes del terremoto

indica claramente que esta nota cronológica es posterior al mismo, cuando aún permanecía vivo

el famoso terremoto. En Zac 14:5 se habla de un terremoto ocurrido en tiempos del rey Ozías de

Judá, pero este dato parece depender del libro de Amos. Por otra parte, la Biblia no nos suministra

ninguna indicación sobre este terremoto, que se había hecho famoso y le servía al redactor

para datar el principio de la actividad profética de Amos.

A la indicación cronológica, el redactor añade la condición social del profeta, que era

2486

pastor de una localidad meridional llamada Tecoa, a unos nueve kilómetros al sudeste de Belén

1, en plena zona desértica.

La introducción de los oráculos de Amos es solemne y enfática: Yahvé rugirá desde Sión,

y desde Jerusalén emitirá su voz. (v.2). Es la síntesis de la predicación del profeta, el cual levantará

su voz como un rugido de león contra los abusos de Israel y de Judá 2. Por otra parte, afirma

enfáticamente que la morada permanente de Yahvé está en Sión, la capital verdadera y única de

la teocracia hebrea. Sus mensajes contra el reino de Samaría serán una constante invitación a

volver a la unidad primera con el reino de Judá. Ese Yahvé que habita en Jerusalén se levanta

ahora como Juez para castigar los pecados reiterados de una sociedad que ha olvidado su vocación

de pueblo elegido.

Por eso, ante el rugido de león de Yahvé están en duelo los pastizales del desierto (v.2).

Como pastor, Amos anuncia que los oasis de la estepa, únicos lugares de pastos para los ganados,

se enlutarán al secarse por falta de lluvia. Esta sequía afectará al reino del sur con sus pastizales

del desierto y al reino del norte con su orgullosa cima del Carmelo, tradicionalmente verde

y poblada de numerosos rebaños. Su mismo nombre de Carmelo (“huerto feraz”) indica la abundancia

de pastos; y en la literatura bíblica aparece como lugar tradicional de fertilidad 3. El profeta,

pues, abre sus oráculos anunciando un castigo general para Judá e Israel, pues ambos reinos

serán sometidos a un largo período de extenuante sequía.

Oráculo contra Siria (3-5).

3 Así dice Yahvé: Por tres crímenes de Damasco y aun por cuatro no revocaré yo (mi

fallo). Por haber triturado con trillos de hierro a Galaad, 4 yo pondré fuego a la casa

de Hazael, que consumirá los palacios de Ben-Hadad. 5 Yo quebrantaré las barras

de Damasco y exterminaré a cuantos habitan en Biqat-Awen 4 y a quien empuña el

cetro de Bet-Eden, y el pueblo de Aram será deportado a Quir,dice Yahvé.

Después de anunciar de modo general que Yahvé castigará a Judá e Israel, antes de concretar

más su oráculo punitivo contra ellos, pasa revista a las naciones circunvecinas de Palestina para

anunciarles también a ellas el castigo merecido por sus crímenes contra los' postulados elementales

de la ética natural. Implícitamente, el profeta supone que Yahvé tiene dominio también sobre

estos pueblos, a los que castiga por sus transgresiones. La serie de amenazas comienza por Siria,

con Damasco por capital. El reino sirio había llegado a su punto culminante político en el siglo

IX, y durante un siglo había luchado contra Israel, obteniendo resonantes victorias; finalmente,

fue vencido por Jeroboam II en el siglo VIII, poco antes del vaticinio de Amos.

Los oyentes de la predicación de Amos eran vecinos del que había sido poderoso reino de

Damasco, y, como tales, guardaban particular animosidad contra él. Siria iba a ser la primera víctima

de la invasión asiría bajo Teglatfalasar III, que estaba ya amenazando hacia la costa sirófenicia

del Mediterráneo. Amos anuncia el castigo contra Siria, porque han cometido muchos

pecados, que están reclamando la venganza divina. La expresión por tres crímenes de Damasco y

por cuatro. (v.3), que se repite machaconamente en este capítulo, indica la multiplicidad de pecados,

por los que se hace acreedor al castigo divino 5.

El crimen específico de Siria, citado expresamente por el profeta, es haber triturado con

trillos de hierro a Galaad, provincia israelita del reino del norte, situada al otro lado del Jordán,

la cual había sufrido mucho de las incursiones sirias en tiempos de Hazael contra Jehú de Israel6.

Quizá la frase sea sólo metafórica, para indicar la terrible opresión a que sometieron los sirios a

los habitantes de Galaad; pero de hecho parece que David pasó materialmente a los habitantes de

2487

Rabbat-Amón bajo los trillos7, y, dada la crueldad con que los enemigos vencidos eran tratados,

no es de extrañar que los sirios hayan hecho ese crimen contra naturaleza.

Yahvé destruirá la casa de Hazael, es decir, la dinastía inaugurada por este rey sirio, que

usurpó el poder en tiempos del rey Joram de Israel (850-843), hijo de Acab8. Mantuvo una serie

de guerras contra Israel y aun contra Judá, lo mismo que su hijo Ben-Hadad III, el cual fue derrotado

por Jeroboam II de Israel (787-747?). Sus atropellos e incursiones injustas van a ser castigadas

ahora, pues Yahvé consumirá los palacios de Ben-Hadad (v.4). El exterminio alcanzará no

sólo a Damasco, la capital, cuyas barras o puertas serán rotas por Yahvé, sino a todo el territorio

del reino, como Biqat-Awen, que parece ser la actual El-Biqa'a, o depresión entre el Líbano y

Antilíbano, la Celesiria de los escritores clásicos. La palabra Awen (“vanidad”), que se añade a

Biqat, puede ser un juego de palabras despectivo del profeta, en vez de la vocalización On que

transcriben los LXX, y que es el nombre de Heliópolis, la actual Baalbek, donde se daba culto a

un dios solar de Egipto 9. Bet-Eden parece ser el Bit-Adini de las inscripciones cuneiformes, junto

al Eufrates medio. En este supuesto, Amos nombraba estas dos localidades como los dos extremos

(sudoeste y nordeste) del reino de Siria, para indicar que todo el reino sería devastado por

los invasores asirios.

La devastación irá acompañada de la deportación del pueblo de Arara a Quir (v.5), localidad

desconocida, de donde supone Amos que procedían los árameos 10. Se supone que Quir está

en la Alta Mesopotamia, pues en Is 22:6 es nombrada junto a Elam.

Oráculo contra Fuiste a (6-8).

6 Así habla Yahvé: Por tres crímenes de Gaza y por cuatro no revocaré (mi fallo).

Por haber deportado muchedumbres enteras de cautivos para entregárselos a

Edom, 7 yo pondré fuego a los muros de Gaza, que devorará sus palacios, 8 y exterminaré

a cuantos habitan en Asdod y quien empuña el cetro en Ascalón. Volveré mi

mano contra Ecrón, y perecerán las reliquias de los filisteos, dice el Señor, Yahvé.

La acusación contra la Pentápolis filistea está literariamente concebida en los mismos términos

que la anterior, y el molde se repetirá en los oráculos siguientes. También Gaza, la principal ciudad

de los filisteos, ha colmado la iniquidad con multitud de crímenes contra la naturaleza (Por

tres crímenes de Gaza y por cuatro., v.6). El crimen específico de esta ciudad es el dedicarse a

vender cautivos como esclavos a Edom, región transjordana por la que pasaba la ruta caravanera

con Arabia, y se dedicaba al tráfico de esclavos entre las ciudades costeras de Palestina y la península

de Arabia. No se especifica de dónde son los prisioneros. En Joel se acusa a Tiro y Sidón

de vender esclavos a los griegos 11. El tráfico de prisioneros de guerra para esclavos era uno de

los grandes negocios de la antigüedad pagana.

Los filisteos eran oriundos de Greta, o mejor de Panfilia, en el Asia Menor, de raza indoeuropea,

y se establecieron en la costa cananea (de ahí el nombre de Palestina dado por los

griegos a esta región), después de haber sido rechazados por Ramsés III en el siglo XI cuando

quisieron invadir Egipto. Son llamados por los hebreos despectivamente incircuncisos, porque no

practicaban la circuncisión, muy extendida en Egipto y entre algunos pueblos semíticos. Aquí

Amos anuncia la ruina de las ciudades filisteas confederadas, Gaza, Asdod, Ecrón. Falta Get, que

probablemente en aquel tiempo formaba parte del reino de Judá.

Oráculo contra Tiro (9-10).

9 Así habla Yahvé: Por tres pecados de Tiro y por cuatro no revocaré yo (mi fallo).

2488

Por haber entregado a Edom muchedumbres enteras de cautivos, sin acordarse de

la alianza fraternal, 10 yo pondré fuego a los muros de Tiro, que devorará sus palacios.

A Tiro se le hace el mismo reproche, pero con la agravante de que la gran metrópoli ha hecho

tráfico con gentes que tenían una alianza fraternal. ¿De qué alianza fraternal se trata? Algunos

autores han supuesto que se aludiría aquí a la ruptura de la antigua alianza entre Fenicia e Israel

en tiempos de David. Y así se le reprocharía aquí el que Tiro se dedicara a traficar con cautivos

hebreos en detrimento de la antigua alianza.

Pero no es verosímil que el profeta llamara a esta alianza fraternal. Por eso otros han preferido

ver una alusión al hecho de que Tiro se dedicara a vender como esclavos a cautivos israelitas

a Edom, que étnicamente tenía un origen de sangre común con Israel, ya que los edomitas

provenían, según la Biblia, de Esaú, hermano de Jacob, padre de los israelitas. Pero debemos notar

que en el contexto nada indica que se trate de tráfico de cautivos “hebreos,” y por tanto esa

alusión a la alianza fraterna más bien habría que entenderla en el sentido de que Tiro traficaba

con esclavos de ciudades fenicias o filiales de ella en el Mediterráneo, lo que no es inverosímil

dado el espíritu esencialmente comercial de los fenicios, a los que Joel les echa en cara la venta

de esclavos a los griegos 12.

Oráculo contra Edom (11-12).

11 Así habla Yahvé: Por tres pecados de Edom y por cuatro no revocaré yo (mi fallo).

Por haber perseguido a la espada a su hermano, ahogando la piedad, durando

siempre su cólera, y obstinándose hasta el fin en su rabia, 12 yo pondré fuego en Teman,

que devorará los palacios de Bosra.

El profeta echa en cara a Edom, como crimen específico, que no haya cejado en su odio ancestral

contra su hermano Israel. Ya su antepasado Esaú persiguió a Jacob 13, y después sus sucesores se

opusieron a sus hermanos los israelitas, primero no permitiéndoles pasar con Moisés cuando subían

del Sinaí hacia Canaán 14, y después en las hostilidades constantes que mantuvieron a través

de la historia.

Israel llegó a someterlos bajo Amasias (800-791), pero después otra vez los edomitas se

independizaron, haciendo todo el daño posible a los israelitas, sobre todo después de la destrucción

de Jerusalén por Nabucodonosor 15. Yahvé castigará este odio inveterado con la destrucción

de su país, representado en sus principales ciudades, Teman y Bosra 16.

Oráculo contra Amón (13-15).

13 Así habla Yahvé: Por tres crímenes de los hijos de Amón y por cuatro no revocaré

(mi fallo). Por haber abierto en canal a las encinta de Galaad para extender su territorio,

14 yo encenderé fuego en los muros de Rabbá, que devorará sus edificios entre

clamores el día del combate, en medio de la tempestad el día de la tormenta, 15 y su

rey irá al cautiverio, y con él sus príncipes todos juntos, dice Yahvé.

El crimen característico de los amonitas (población de Trans-jordania, al norte de Moab) es similar

al que hemos visto en el oráculo contra Damasco (v.3), pues en su crueldad han llegado a

abrir en canal a las mujeres encinta (ν.13). Es un crimen refinado contra naturaleza, que pide divina

venganza. El reino, simbolizado en su capital, Rabbá (la actual Aman), será arrasado total2489

mente como consecuencia de una guerra. Su rey 17 será llevado cautivo, y el reino desaparecerá

como tal.

1 Cf. 2 Crón 20,22; 1 Mac 9:13; cf. San Jerónimo, In ler. VI I. — 2 La frase “Yahvé ruge desde Sión” aparece en Jl 4(3):16. — 3 Cf.

Cant 7:5; Is 35:2; Jer 4:26; 50,10; Nah 1:4. — 4 La Vg.: “in campo idoli.” Los LXX: “en la llanura de On.” — 5 Este giro para indicar

multiplicidad in crescendo aparece reiteradamente en el Antiguo Testamento: Sal 62:12; Job 33:14; 40:5 (una vez, dos veces)

33:19 (dos veces, tres veces); Prov 30:15; 18:21; Ecl 26:5; Prov 6:16; Ecl 25:7(9) (nueve, diez). — 6 Cf. 2 Re 32-33 — 7 Cf.

2 Sam 12:31. — 8 Cf. 2 Re 8,7-15. — 9 Hoonacker prefiere traducir por “valle de iniquidad,” aunque sería mejor “valle de vanidad.”

Véase o.c., p.21i. — 10 Cf. Am 9,7; 2 Re 16:9. — 11 Cf.Jl 1:6. — 12 Cf. Jl 4:6. — 13 Cf. Gen 25:21s. — 14 Cf. Dt 2:4;

23:7; Abd 10:12. — 15 Cf. Is 34:55; Ez 25:12-14; Sal 137:7; Abd. 10. — 16 Teman estaba cerca de Petra, al sur de Edom. Era

famosa por sus sabios (cf. Jer 49:71Abd 9). Bosra es el actual El-Buseire, al sudeste del mar Muerto. Aparece en Gen 36:33; Is

34:6. — 17 La Vg., siguiendo a Sím. y a Aq., lee, en vez de su rey del TM (Malkam), Milcom, el dios nacional de los amonitas.

Cf. Jer 49:3.

2. Nuevos Vaticinios Conminatorios.

Oráculo contra Moab (1-3).

1 Así habla Yahvé: Por tres pecados de Moab y por cuatro no revocaré yo (mi fallo).

Por haber quemado los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos, 2 yo pondré fuego

en Moab, que devorará los palacios de Queriyot, y Moab hallará la muerte en medio

del estruendo, entre los clamores y los sonidos de la trompeta, 3 y extirparé de él a su

juez, y con él haré morir a todos los príncipes, dice Yahvé.

El crimen especial imputado a los moabitas es haber extremado su crueldad, quemando los huesos

del rey de Edom (v.1). Una vez más Yahvé castiga los crímenes cometidos contra naturaleza.

No sabemos a qué hecho concreto alude el profeta, pero tampoco esta crueldad era insólita en la

antigüedad 1. Yahvé vela por los postulados éticos primordiales de la sociedad humana, y por

eso, en calidad de Juez supremo, envía el castigo merecido a los habitantes de Moab, que verán

abrasados por el fuego los palacios de Queriyot (v.2). Esta localidad aparece citada en la famosa

estela del rey moabita Mesa, aunque no ha logrado ser localizada con certeza. Moab desaparecerá

como nación en el fragor de la guerra, siendo su juez o rey 2 extirpado, y sus príncipes entregados

a la muerte.

Oráculo contra Jada (4-5).

4 Así habla Yahvé: Por tres pecados de Judá y por cuatro no revocaré yo (mi decisión).

Por haber menospreciado la Ley de Yahvé y no haber guardado sus mandamientos,

descarriándose por las mentiras tras las cuales se fueron sus padres, 5 yo

pondré fuego a Judá, que devorará los palacios de Jerusalén.

Los crímenes antes imputados a las naciones paganas eran transgresiones de la ley natural. Ahora

la perspectiva de las acusaciones cambia al enfrentarse con las responsabilidades de Judá e Israel.

Como pueblos elegidos que se han comprometido a cumplir las condiciones de un pacto,

plasmado en la Ley, se les reprocha su infidelidad a lo pactado (no han guardado sus mandamientos,

v.4). Dios tenía derecho a exigir más de ellos que de los otros pueblos, y por eso no los

juzga conforme al código amplio del derecho natural, sino conforme a las estipulaciones positivas

del Sinaí. Han abandonado a Yahvé, yéndose tras de las mentiras (ν.6) ο ídolos, siguiendo la

conducta extraviada de sus antepasados. Por eso Yahvé los castigará también como a las naciones

gentiles. Su calidad de pueblo elegido, lejos de garantizar la impunidad, reclamará más

2490

severidad en el castigo divino.

Oráculo contra Israel (6-8).

6 Así habla Yahvé: Por tres pecados de Israel y por cuatrono revocaré yo (mi fallo),

por haber vendido al justo por dinero, y al pobre por un par de sandalias. 7 Aplastan

sobre el polvo de la tierra la cabeza de los pobres, y estorban el camino de los

humildes 3, y van padre e hijo a la doncella 4, profanando mi santo nombre. 8 Sobre

ropas tomadas en prenda se echan junto a un altar cualquiera, y beben el vino de los

multados en la casa de su dios.

Después de pasar revista a los pueblos de alrededor, Amos centra su predicación conminatoria en

torno a Israel, o reino de Samaría. Y le echa en cara los atropellos sociales, cuya fustigación será

la característica de este profeta, llamado el “profeta socialista del A.T.,” precisamente por sus

reivindicaciones sociales en favor de los humildes y los desvalidos. Las clases dirigentes de Israel

son tan inconsideradas con éstos, que venden al justo. por un par de sandalias (v.6), es decir,

conculcan los derechos de los humildes por causas fútiles.

Estorban en lo que pueden el camino o proyectos de los humildes, haciéndoles la vida

imposible, y tienen relaciones sexuales incestuosas el hijo y el padre con la misma doncella, quizá

la esclava de servicio en la casa, conculcando de este modo las leyes elementales de Dios, con

lo que estos actos adquieren el carácter de una profanación del nombre santo de Yahvé. Algunos

autores ven en estas prácticas una alusión a las aberraciones sexuales que tenían lugar en los lugares

de culto cananeo. En ese caso, la doncella sería la hieródula del templo que se ofrecía a los

devotos, y entonces se comprende mejor que tal práctica, denunciada por Amos, tuviera el carácter

de una profanación del nombre de Yahvé (ν.7), ya que se le daba un carácter religioso, y, en

consecuencia, el pecado revestía una mayor gravedad. El contexto del v.8 parece avalar esta interpretación,

pues se supone que los abusos en los lugares de culto estaban a la orden del día.

Según la ley mosaica5, si un pobre había empeñado su manto por no poder cubrir una

deuda, debía devolvérsele antes de la puesta del sol para que pudiera pasar la noche. Los ricos de

Samaría, según Amos, en vez de cumplir esta ley, utilizaban las ropas tomadas en prenda como

alfombras para sus orgías religiosas junto a un altar cualquiera (v.8), bebiendo el vino de los

multados, es decir, el vino conseguido con las multas que imponían, en nombre de la supuesta

justicia, a los pobres desvalidos que por necesidad tenían que vivir fuera de la ley. La frase la

casa de su dios se refiere a los lugares de culto de los dioses cananeos.

Ingratitud de los israelitas (9-16).

9 Yo exterminé ante ellos a los amorreos,altos como cedros y fuertes como encinas;

destruí su fruto arriba, y abajo sus raíces. 10 Yo os saqué de la tierra de Egipto y durante

cuarenta años os conduje por el desierto para que ocuparais las tierras de los

amorreos. 11 Yo suscité profetas de entre vuestros hijos, y nazarees entre vuestros

mancebos, ¿no es así, hijos de Israel? dice Yahvé. 12 Pero vosotros hicisteis beber vino

a los nazareos, y a los profetas mandasteis, diciendo: No profeticéis. 13 He aquí

que haré crujir (el suelo) bajo vuestros pies, como lo hace crujir el carro sobrecargado

de gavillas 6, 14 y el ágil será incapaz de huir, y al fuerte no le servirá de nada

su fuerza, y el valiente no escapará con vida; 15 el arquero no resistirá, el de ágiles

pies no escapará, el jinete no se salvará, 16 y el de más esforzado corazón entre los

valientes huirá desnudo aquel día, dice Yahvé.

2491

La conducta infiel de Israel es incomprensible, puesto que Yahvé le ha protegido siempre de un

modo particular cuando se afirmaba como nación, exterminando a los amorreos o cananeos, que

se oponían a su penetración en Canaán7; y de nada les sirvió su vigor y desmesurada estatura 8.

Son comparados a un árbol al que se le han quitado sus frutos y raíces, de modo que no puede

volver a reverdecer 9. Yahvé los ha exterminado para entregar a los israelitas la tierra de Ganaán

como culminación de la protección que los dispensó al sacarlos de Egipto y conducirlos paternalmente

por el desierto.

Es más, en su voluntad de ayudarles suscitó profetas para que los adoctrinaran y fueran

como los intérpretes de la voluntad divina en las vicisitudes difíciles de la vida 10, y escogió israelitas

que se le consagraran con particulares votos como los nazareos (v.13), que debían abstenerse

de bebidas alcohólicas 11; pero el pueblo israelita obligó a los nazareos a romper sus votos

sagrados (v.13).

El voto de nazareato era como una consagración a Dios. El ser infiel a los votos suponía,

pues, una ofensa contra El. De ahí la gravedad de los israelitas, que obligaron a los nazareas a no

cumplir sus votos.

Por otra parte, lejos de reconocer la gracia que suponía el que Yahvé les enviara profetas,

no quieren oír su predicación y los rechazan como importunos: no profeticéis (v.12). En el fondo,

pues, hay en estos recalcitrantes una rebeldía contra su Dios, ya que no quieren guiarse por sus

preceptos y sus mensajeros los profetas. Por eso el castigo no tardará en llegar: he aquí que haré

crujir (el suelo) bajo vuestros pies. (ν.13), es decir, Yahvé va a intervenir como un terremoto enviando

la espada y la guerra; y todos se verán envueltos en el torbellino, sin que nadie pueda sentirse

seguro; y hasta el mismo suelo se tambaleará y crujirá como el carro sobrecargado de gavillas

hace crujir (el suelo).

Nadie se librará cuando llegue la hora del castigo, pues hasta los más ágiles y fuertes caerán

a la espada. Los mismos guerreros armados de arcos huirán despavoridos, dejando sus mantos

(desnudos ) al enemigo.

1 Cf. 2 Re 23:16. — 2 Cf. Os 7:7; 13:10, donde se llama jueces a los altos gobernantes de un país. — 3 Hoonacker prefiere corregir el

texto y traduce: “Aplastan sobre el polvo del suelo y en las encrucijadas de los caminos a los pobres.” — 4 Lit. el TM: “un individuo

y su padre.” — 5 Cf. Ex 22:25.26; Dt 24,12s. — 6 Hoonacker prefiere traducir (siguiendo una etimología árabe): “Yo haré

que vuestros pies se estorben, como se embaraza el carro cargado de hierbas.” Leahy: “Yo haré que se balancee (el suelo) bajo

vuestros pies, como se tambalea el carro sobrecargado de haces.” — 7 Cf. Gen 48:22; Dt 1:7; Jue 1:34; 2 Sam 21:2. Los amorreos

eran los habitantes de la zona sirio-fenicia (los Amuríu de las inscripciones cuneiformes). — 8 Cf. Núm 13:33; Dt 1:28. — 9 En la

inscripción del rey de Sidón Eschmunazar encontrarnos una frase similar: (el que viole la tumba) “que no tenga raíces abajo ni

fruto en lo alto.” — 10 Cf. Dt 18:18. — 11 Cf. Núm 6:1s; Jue 13; 1 Sam 1:11.28.

3. Crímenes de Israel.

Anuncio del castigo (1-8).

1 Oíd esta palabra que Yahvé ha pronunciado sobre vosotros, hijos de Israel; sobre

todas las familias que hice subir de la tierra de Egipto, diciendo: 2 Sólo a vosotros

conocí yo de entre todas las estirpes de la tierra; por eso he de hacer justicia de todas

vuestras iniquidades. 3 ¿Podrán caminar dos juntos sin estar de acuerdo? 4

¿Rugirá el león en el bosque no habiendo presa? ¿Dejará oír su rugido el leoncillo

en su cubil sin haber despojos? 5 ¿Se dejará caer el ave sobre la red en tierra si no

hubiere lazo? ¿Se levantará del suelo la red sin haber cazado nada? 6 ¿Tocarán la

2492

trompeta en la ciudad sin que se alarme el pueblo? ¿Habrá en la ciudad calamidad

cuyo autor no sea Yahvé? 7 Porque no hace nada el Señor, Yahvé, sin revelar su designio

a sus siervos los profetas. 8 Rugiendo el león, ¿quién no temerá? Hablando el

Señor, Yahvé, ¿quién no profetizará?

El oráculo se refiere a Israel, si bien puede aplicarse también al reino de Judá, ya que la recriminación

se basa en la falta de fidelidad a Yahvé, que los sacó de Egipto con toda liberalidad.

El pueblo israelita es un pueblo excepcional, pues es el único que ha sido elegido entre todos los

pueblos para ser amigo y aliado de Yahvé: sólo a vostros conocí de entre todas las estirpes de la

tierra. (v.2). Pero este honor fuera de serie suponía obligaciones; de ahí que las iniquidades de

Israel revistan la particular malicia de ingratitud e infidelidad; por ello que el castigo para ellos

será duro e inexorable.

La culpabilidad reiterada de Israel ha roto las relaciones con su Dios; por eso no es posible

que caminen de acuerdo en adelante: ¿Podran caminar dos juntos sin estar de acuerdo?

(ν.3). Israel, pues, no puede pretender gozar de la protección divina mientras siga sus perversos

caminos. Es más, como pueblo rebelde, que no ha cumplido sus compromisos, debe sufrir los

rigores de la justicia divina. El castigo es inminente, e Israel puede ya columbrar su trágico destino

por las amenazas que Yahvé lanza por sus profetas; como el león no ruge sino cuando tiene

la presa delante (¿rugirá el león. no habiendo presa.? v.4), así, cuando Yahvé lanza sus rugidos y

amenazas, es que la presa (Israel) está ya al alcance de su mano.

Con una nueva comparación expresa el profeta la inminencia del castigo. Yahvé ha extendido

una red para que caiga en ella Israel, y no levantará el lazo hasta que haya hecho presa,

como el cazador no quita la trampa hasta que haya logrado cazar: ¿se levantará del suelo la red

sin haber cazado nada? (v.5). Un nuevo símil recalca la inminencia del castigo: cuando se toca

la trompeta en la ciudad, es que el peligro es inminente, y, en consecuencia, el pueblo se alarma

y se apresta a la defensa (v.6). Amos, como profeta, es el centinela de su pueblo, que anuncia la

inminencia del castigo enviado por Yahvé, y todos deben aprestarse al arrepentimiento, alarmados

ante la próxima manifestación de la inexorable justicia divina.

La calamidad que se abate sobre la ciudad no es de un enemigo cualquiera, del cual puedan

librarse: ¿Habrá en la ciudad calamidad cuyo autor no sea Yahvé? (v.6b). Los que desprecian

al profeta y sus amenazas deben pensar que los castigos y calamidades que anuncia vienen,

en definitiva, de Dios, y, por tanto, no deben burlarse de ellos, porque la venganza será inexorable.

La idea está expresada en sentido interrogativo para dar un carácter enigmático al enunciado.

No deben, pues, los israelitas jugar con sus amenazas, porque, en definitiva, están jugando con la

justicia divina.

Deben tener en cuenta que los profetas son los mensajeros de los designios divinos, pues

Dios les comunica de antemano sus planes de destrucción y de bendición: Porque no hace nada

Yahvé sin revelar' sus designios a sus siervos los profetas (ν.7). Amos, pues, se presenta como

enviado de Yahvé y siente una fuerza secreta interior que le obliga a anunciar estas amenazas:

Rugiendo el león, ¿quién no temerá? hablando Yahvé, ¿quién no profetizará? (v.8). Como es

inevitable sentir escalofríos de temblor al oír el rugido de un león enfurecido, así el profeta, al oír

los vaticinios conminatorios de Yahvé, no puede menos de profetizar, comunicándolos a sus destinatarios.

La ruina de Samaria (9-15).

9 Echad pregón en los palacios de Asdod 1 \ y en los palacios de Egipto, diciendo:

2493

Reunios en los montes de Samaría para ver los grandes desórdenes que hay en ella y

las violencías de su interior. 10 No saben obrar rectamente, dice Yahvé, atesorando

en sus palacios rapiñas y despojos. 11 Por eso así dice el Señor, Yahvé: Rodeará la

tierra el enemigo, que robará tus fuerzas y saqueará tus palacios. 12 Así dice Yahvé:

Como rescata el pastor de las fauces del león un par de patas o la punta de una oreja,

así escaparán los hijos de Israel. Vosotros, los que estáis sentados en Ascalón en

el ángulo de un diván, o en Damasco sobre un lecho 2, 13 escuchad y dad testimonio

contra la casa de Jacob, dice Yahvé, Dios de los ejércitos. 14 Porque el día que haga

yo justicia sobre Israel por sus crímenes, haré justicia de los altares de Bet-El y serán

derribados los cuernos del altar y caerán a tierra. 15 Y derribaré las casas de invierno

sobre las casas de verano, y serán destruidos los palacios de marfil, y desaparecerán

muchas casas, oráculo de Yahvé.

El profeta, con énfasis, convoca a las naciones paganas (Asdod y Egipto) para que sean testigos

de los desórdenes y abusos que se cometen en Samaría, de forma que quede justificada la intervención

punitiva de Yahvé (V.9). Las opresiones sociales se acumulan, como lo prueban las rapiñas

y despojos que han atesorado oprimiendo al débil (v.10). Por tales abusos son merecedores

del máximo castigo, y por eso Yahvé les enviará un enemigo que les robará sus fuerzas, destruyendo

sus fortalezas, y después saqueara sus palacios (v.11). El exterminio será de tales proporciones,

que apenas se salvarán algunos de la catástrofe (como rescata el pastor de las fauces del

león un par de patas, v.12). Amos, como pastor, había tenido que luchar más de una vez con las

fieras para rescatar sus ovejas de sus garras 3. La imagen es expresiva para describir la situación

de angustia en que se hallarán los hijos de Israel cuando llegue el invasor asirio.

El profeta, en un arranque oratorio, invita a los ricos (sentados en el diván) de Ascalón y

de Damasco a que den testimonio del castigo a que ha sido sometido Jacob (Israel) por sus pecados

(v.15). La destrucción del reino de Israel alcanzará a los altares de los ídolos de Bet-El (v.14)

y a los palacios de invierno y de verano de las clases dirigentes y opulentas (v.15). Los palacios

de marfil4, o construcciones con decoraciones en marfil, han sido encontrados en las excavaciones

recientes de Samaría, precisamente en los estratos arqueológicos correspondientes a esta

época del profeta Amos.

Algunos autores creen que la mención de los altares de Betel (v.14) se debe a una glosa,

o está fuera de lugar, pues no se ha hecho mención de este lugar de culto en estos tres capítulos

primeros. Parece que su lugar propio debiera ser después de 4:4. Los cuernos del altar son los

ángulos del mismo, que eran ungidos con la sangre de las víctimas 5 y tenían un carácter propiciatorio,

de forma que los perseguidos que se acogían a dichos cuernos o ángulos del altar debían

ser preservados de la muerte6.

1 En los LXX, en vez de Asdod, se lee Asiría, lo que hace buen paralelo con Egipto del mismo dístico. — 2 La inserción de Ascalón

en vez de Samaría es una suposición de Hoonacker por paralelismo con el Asdod del V.9. Otros prefieren traducir: “así serán librados

los hijos de Israel que están sentados en Samaría, ya en el ángulo de un diván, ya en cojinetes de Damasco de una cama”

(Cantera). Esta es más o menos la traducción de la Bib. de Jér. — 3 Según la Ley, si el pastor lograba presentar alguna parte de

una oveja muerta con la señal de los dientes de la ñera, quedaba libre de restitución. Cf. Ex 22:13. — 4 Sobre las “casas de marfil”

cf. Sal 45:8; 1 Re 22:39. — 5 Cf Ex 29:12; Lev 4:7; 18:25. — 6 Cf. 1 Re 1:50; 2:28.

2494

4. La Corrupción de la alta sociedad de Samaria.

Lujo y desenfreno de las Mujeres (1-5).

1 Oíd esto, vacas de Basan, que moráis en la montaña de Samaría, las que oprimís a

los débiles, maltratáis a los pobres y decís a vuestros señores: ¡Traed que bebamos! 2

Yahvé, el Señor, ha jurado por su santidad que vendrán días sobre vosotros en que

os levantarán con bicheros, y a vuestros descendientes con arpones, 3 y saldréis por

las brechas cada una frente a sí, y seréis arrojadas hacia el Hermón, oráculo de

Yahvé. 4 Id a Betel a prevaricar, a Guilgal a multiplicar vuestras prevaricaciones.

Ofreced vuestros sacrificios matinales y cada tres días vuestros diezmos. 5Pregonad

el sacrificio de alabanza i. Proclamad las ofrendas voluntarias, pregonadlas, pues

que así lo queréis, hijos de Israel, oráculo de Yahvé.

El profeta se encara con las mujeres disolutas y lascivas de Samaría, a las que despectivamente

llama vacas de Basan (v.1), la región fértil de TransJordania, famosa por sus pastos y ganados

bien alimentados 2. Estas mujeres opulentas de Samaría oprimen a los débiles y se entregan ininterrumpidamente

a la bebida con sus señores o amantes: ¡Traed que bebamos! Este estado de

cosas no puede continuar indefinidamente, pues se colma la copa de la ira divina y se acercan

días en que serán enterradas entre las ruinas de sus palacios, de donde tendrán que sacarlas con

bicheros. y arpones (v.2). Tendrán que salir por las brechas de los muros de la ciudad o de su

casa cada una delante de sí (v.3), es decir, sin poder volverse ni a derecha ni a izquierda. Y después

no les quedará otro camino que el cautiverio en Asiría (seréis arrojadas hacia el Hermón).

El monte Hermón se hallaba en la ruta caravanera que por Damasco se dirigía hacia Mesopotamia.

Irónicamente, el profeta les invita a asistir a los tradicionales lugares de culto cismáticos

del reino del norte: Id a Betel., a Guilgal. (v.4). Esas mujeres son tan cumplidoras de sus deberes

religiosos en esos lugares de culto, que ofrecen sacrificios matinales, es decir, todos los días,

cuando sólo estaban obligadas a hacerlo algunas veces al año, y lo mismo presentan sus diezmos

cada tres días (v.4), cuando sólo les obligaba hacerlo cada tres años 3. Irónicamente les dice que

proclamen los sacrificios de alabanza y ofrendas voluntarias que prescribía la Ley, puesto que

son muy propensos a guardar los actos de culto: pues que así lo queréis (v.5).

Ceguera del pueblo israelita (6-13).

6 Pero yo os he hecho estar a diente limpio en vuestras ciudades, y a falta de pan en

todos vuestros lugares, y no os habéis vuelto a mí, oráculo de Yahvé. 7 También os

negué la lluvia desde tres meses antes de la siega; hice llover en una ciudad y no hice

llover en otra, llovió en una parte y en otra no llovió y se secó. 8 Venían dos o tres

ciudades a otra para beber el agua, sin poder saciarse, y, con todo, no os convertisteis

a mí, oráculo de Yahvé. 9 Os herí con añublo y con tizón, devasté vuestras huertas

y vuestras viñas, la langosta devoró vuestras higueras y vuestros olivos, pero no

os convertisteis a mí, oráculo de Yahvé. 10 Os castigué con plagas a modo de las de

Egipto, maté a vuestros mancebos a la espada, di al cautiverio a vuestros caballeas,

y en mi furor abrasé con el fuego vuestros campos, pero no os convertisteis a mí,

oráculo de Yahvé. 11 Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y Gomora;

fuisteis como tizón sacado del fuego, pero no os convertisteis a mí, oráculo de Yahvé.

2495

12 Por tanto, mira lo que voy a hacerte, Israel; mira lo que te haré. Apréstate a comparecer

ante tu Dios, Israel, 13 el que formó los montes y creó los vientos y pone al

desnudo ante el hombre los pensamientos de éste; el que del alba hace tinieblas y

marcha por las alturas de la tierra; Yahvé, Dios de los ejércitos, es su nombre.

Yahvé ha probado con diversas adversidades a su pueblo para hacerle volver al buen camino,

pero ha sido todo en vano. Les ha enviado la sequía y el hambre (v.6-8); y los moradores de una

ciudad han tenido que ir a otra en busca del agua, que se les acabó en las propias cisternas. Además,

les envió toda clase de plagas: el añublo, el tizón, las langostas (V.9), y por fin los sometió a

la terrible prueba de la guerra (v.10). Y aún les envió terremotos (1:1), trastornando el país, como

en otro tiempo lo hizo con Sodoma y Gomorra (v.10) 4.

Israel se ha escapado de la ruina total a duras penas, como un tizón sacado del fuego

(v.11). Todo ha sido en vano, y por eso Yahvé va a someter a Israel a un castigo definitivo y supremo:

apréstate a comparecer ante tu Dios, Israel (v.12). El Dios de los ejércitos, cuyo poder

es sin límites, es el mismo que formó los montes y los vientos y que dirige el curso de la naturaleza

(hace del alba tinieblas., v.13) y en su majestad se pasea sobre las alturas de la tierra. El

profeta describe enfáticamente a Yahvé como Señor del universo para infundir mayor terror a

Israel, que debe presentarse ante el juicio divino 5. Yahvé es Dios de los ejércitos, es decir, Señor

de las constelaciones celestiales, que avanzan como un ejército en orden, y el Señor de las batallas,

cuya victoria está garantizada por mil gestas de la historia del pueblo hebreo. La expresión

les recordaba a los israelitas la protección que en otro tiempo les había dispensado Yahvé frente

a los enemigos tradicionales del pueblo elegido. Amos acumula los epítetos y los títulos de la

grandeza divina para impresionar al auditorio, que sigue impenitente. La ira divina será terrible,

pues proviene del Señor de todo lo creado; por tanto, es una locura desafiarla insolentemente con

una conducta depravada.

1 Así según una reconstrucción de Hoonacker. El TM dice: “sacrificad del fermento, la alabanza.” Según Lev 7:12, el sacrificio de

alabanza era a base de pan sin levadura. Supuesta la lectura del TM, el profeta les echaría en cara que ofrecieran esos sacrificios

con panes fermentados, lo que era ilegal. — 2 Cf. Dt 32:14; Ez 39:18; Is 2:13, etc. — 3 Cf. Dt 14:28-29; 26:12-13. — 4 La misma

comparación aparece en Dt 29:22; Is 13:19; Jer 49:18: 50:4. — 5 Cf. Miq 1:3; Is 19:1; Sal 104:3; Am 5:8-9; 9:5-6.

5. Las Prevaricaciones de Israel.

Exhortación a la conversión sincera (1-6).

1 Escuchad esta palabra: Es la lamentación que entono sobre vosotros, casa de Israel:

2Cayó la virgen de Israel, no podrá ya levantarse; yace en tierra abandonada,

no hay quien la levante. 3 Porque así dice el Señor, Yahvé: La ciudad que salía en

campaña con mil (guerreros), se quedará con ciento; la que salía con cien, se quedará

con diez en la casa de Israel. 4 Así, pues, dice Yahvé a la casa de Israel: ¡Buscadme

y viviréis! 5 No busquéis a Betel, ni vayáis a Guilgal, ni paséis a Bersabé, porque

Guilgal será llevada al cautiverio y Betel será destruida. 6 Buscad a Yahvé y vivid,

no sea que abrase la casa de José con fuego devorador, sin que tenga Betel quien lo

apague.

Después de invitar a Israel a comparecer ante la majestad cegadora de Yahvé, el profeta presenta

la catástrofe del pueblo elegido cumplida el día de la manifestación de la ira divina desencadena2496

da. Conmovido ante tanta desgracia, entona una elegía sobre la suerte de Israel. La nación castigada

(reino del norte: Samaría) es personificada en una virgen que yace en tierra abandonada de

todos, sin poder levantarse (v.2).

Israel se sentía orgullosa de su fuerza militar, pero no debe estar confiado en ella, porque

va a ser diezmada su población, de forma que sus ciudades no podrán aportar el censo de soldados

normal para el alistamiento: La ciudad que salía en campaña con mil (guerreros) se quedara

con ciento. (v.3). Y todo ello como consecuencia del castigo enviado por Yahvé por su infidelidad.

Por tanto, si quiere librarse de la catástrofe total, debe volver a su Dios: Buscadme y viviréis

(v.4).

Se han ido tras de los ídolos en los dos lugares de culto tradicionales en el reino del norte:

en Betel y Guilgal ! Pero es inútil que frecuenten estos lugares, porque llega la hora en que desaparecerán,

sin que sus ídolos les puedan librar del turbión de la guerra y de la cautividad: Guilgal

será llevado al cautiverio. (v.5). El profeta juega con la palabra Guilgal y cautiverio (en

hebreo galah) para anunciar el exilio a la población de Israel, que se irá con sus ídolos, en los

que confió. Y de nuevo les invita al retorno a Yahvé como único medio de librarse del incendio

en que sería abrasado José (v.6), es decir, Efraím (hijo de José), la principal tribu del reino del

norte.

Torcida conducta de Israel (7-13).

7 Tornan el juicio en ajenjo y echan por tierra la justicia. 8 El hizo las Pléyades y el

Orion, El torna las tinieblas en aurora y del día hace noche oscura, llama las aguas

del mary las derrama sobre la haz de la tierra. Yahvé es su nombre. 9 El desencadena

la ruina sobre la fortaleza y trae la destrucción sobre la ciudadela 2. 10 En las

puertas detestan al censor y aborrecen al que habla rectamente. 11 Pues, porque pisoteáis

al pobre y le exigís la carga del trigo, las casas que de piedras talladas os

habéis construido no las habitaréis; de las deleitosas viñas que habéis plantado no

beberéis el vino. 12 Porque yo sé que son muchas vuestras prevaricaciones y cuan

grandes son vuestros pecados, opresores del justo, que aceptáis soborno y en las

puertas hacéis perder al pobre su causa. 13 Por eso el hombre prudente ahora tiene

que callarse, porque son malos tiempos.

La invectiva contra los habitantes del reino del norte es mordaz y despiadada. La injusticia está a

la orden del día: Tornan el juicio en ajenjo (ν.7), es decir, con sus inicuos juicios y decisiones, en

vez de ser equitativos y con ello sembrar la paz social y el bienestar, fomentan el malestar general,

y así, sus decisiones o juicios se convierten en veneno corrosivo y amargo como el ajenjo. La

situación social está tan pervertida, que no toleran en las puertas (lugares tradicionales de juicio)

al censor que sale por los fueros de la verdad: aborrecen al que habla rectamente (v.10). Las exacciones

se multiplican, y los tributos sobre los pobres (cargas de trigo) resultan insoportables

para quienes tienen que vivir de su modesto trabajo (v.11).

Por eso, Dios enviará el castigo sobre las altas clases sociales que viven del soborno, de

la injusticia y de las exacciones. Se han enriquecido indebidamente, fabricándose casas de piedras

talladas y plantando deleitosas viñas; pero no las podrán usufructuar, porque se está colmando

la copa de la ira divina. Dios no puede dejar impunes tanta prevaricación y opresión, sobre

todo las arbitrariedades en las puertas o lugares de juicio, donde el pobre es condenado sin

defensa (v.12). La situación de injusticia y opresión ha llegado a tal estado, que el hombre prudente

(o astuto y calculador) tiene que callarse, porque son malos los tiempos. En el v.10 se de2497

cía que se odiaba al que levantase la voz de censura sobre el injusto estado de cosas social; de ahí

que nadie se atreva ya a protestar, pues cada uno mira a su interés y nadie mantiene los derechos

de Dios y de los pobres.

Los v.8-9 parecen desplazados, y generalmente son trasladados al final del capítulo anterior,

donde se habla del poder de Dios sobre los elementos de la naturaleza: señorea sobre las

montañas, rige la marcha de las constelaciones celestes y hace que la aurora y las tinieblas se sucedan

intermitentemente. Es una especie de doxología oratoria para encarecer el poder de

Yahvé, a quien nadie puede oponerse. Por eso, cuando llega el caso, desencadena la ruina sobre

la fortaleza y la ciudadela. (v.8), pulverizando toda resistencia humana, basada en las ciudades

amuralladas y fortalezas. Nada puede hacer frente al enojo divino desencadenado cuando se

trata de reivindicar los derechos de la justicia.

El día de Yahvé (14-20).

14 Buscad el bien y no el mal, para que viváis, y así Yahvé, Dios de los ejércitos, será

con vosotros, como afirmáis. 15 Aborreced el mal y amad el bien y haced justicia en

las puertas; quizá Yahvé, Dios de los ejércitos, tenga piedad del resto de José. 16 Por

tanto, así dice Yahvé, Dios de los ejércitos, el Señor: Habrá llanto en todas las plazas,

y en todas las calles clamarán: ¡Ay, ay! y convocarán al labrador a duelo y a la

lamentación en las filas de las plañideras, 17 Y habrá llanto en todas las viñas cuando

pase yo por medio de vosotros, dice Yahvé. 18 Ay de aquellos que desean el día de

Yahvé ¿De qué os servirá el día de Yahvé? Será día de tinieblas, no de luz. 19 Es como

quien, huyendo del león, diera con el oso; como quien, al entrar en casa y poner

su mano sobre la pared, fuera mordido por la serpiente. 20 ¿No es tinieblas el día de

Yahvé y no luz, oscuridad sin resplandor?

Después de una exhortación al arrepentimiento, como único medio de librarse de los rigores de la

justicia divina (v.15), el profeta describe dramáticamente el duelo general por la ruina y devastación

del país (v.16). El duelo será tan universal, que hasta los labradores, y no sólo las plañideras

de oficio, tomarán parte en él. Hasta en las viñas, donde reina habitualmente la alegría por la

vendimia, habrá manifestaciones de llanto (ν.17). Tan terrible será el día de Yahvé, en que se

desencadenará la cólera de Dios.

Muchos esperaban, presuntuosos, en el día de Yahvé como un día de triunfo sobre los

enemigos. Pero, lejos de ser un día de radiante esperanza y alegría, será un día de tinieblas

(v.18), porque Yahvé sembrará la destrucción y la ruina en la sociedad israelita pecadora. Serán

tantas las calamidades que en ese día se darán cita, que será difícil escapar de ellas: como quien,

huyendo del león, diera con el oso. (v.18). Las calamidades se sucederán unas a otras y no será

fácil huir de una sin caer en otra: quien se salve de la ruina material caerá a la espada, y quien se

salve de ésta irá a parar al cautiverio. El profeta piensa en la invasión asiría que se cierne sobre el

reino de Samaría.

Los sacrificios no bastarán para apartar la ira de. Dios (21-27)

21 Yo odio y aborrezco vuestras solemnidades y no me complazco en vuestras congregaciones.

22 Si me ofrecéis holocaustos y me presentáis vuestros dones, no me

complaceré en ellos ni pondré mis ojos en los pacíficos de vuestras cebadas víctimas.

23 Aleja de mí el ruido de tus cantos, que no escucharé el sonar de tus cítaras. 24 Como

agua impetuosa se precipitará el juicio; como torrente que no se seca, la justicia.

2498

25 ¿Me ofrecisteis sacrificios y oblaciones en el desierto en cuarenta años, casa de Israel?

26 Mas llevaréis a “Sikkut,” vuestro rey, y a “Kewan,” vuestros ídolos, la estrella

de vuestro dios que os habéis fabricado. 27 Y os deportaré más allá de Damasco,

dice Yahvé, cuyo nombre es Dios de los ejércitos.

El profeta quiere dejar bien asentado que sólo una conversión sincera del corazón puede conjurar

los peligros que se ciernen sobre la sociedad israelita, y de nada servirán las manifestaciones de

culto en los lugares no reconocidos por Yahvé como legítimos. Las puras manifestaciones externas

de culto, lejos de agradar a Yahvé, le enojan, pues no tolera la doblez de corazón 3. Ni los

sacrificios (holocaustos en los que se quemaba toda la víctima en honor de Yahvé) ni los dones u

ofrendas (de harina y otras sustancias vegetales)4 servirán para aplacar a Dios. Los pacíficos son

los sacrificios en que no se quemaba toda la víctima, sino sólo sus partes grasas, sobre el altar; el

resto era consumido por los sacerdotes y los oferentes5. Amos enumera las distintas clases de sacrificios

y de ofrendas según el orden en que están en el Levítico, lo que indica que conocía la

legislación mosaica6.

Todo el sonoro esplendor de las manifestaciones religiosas no es sino un ruido molesto a

Yahvé. Ni los cantos ni las citaras podían agradar a un Dios que busca ante todo la entrega del

corazón. Por consiguiente, estas manifestaciones de culto puramente externas no pueden aplacarle;

de ahí que como agua impetuosa se precipitará el juicio; como torrente que no se seca, la

justicia (v.24). Se trata del juicio vindicativo de Dios y de su justicia inexorable, que se desbordará

como un torrente impetuoso, que lo arrastrará todo consigo. El profeta vuelve a indicar que

los sacrificios solos, sin conversión sincera, no sirven para hacer frente a la manifestación de la

ira-divina, como no sirvieron los sacrificios de los padres en él desierto durante cuarenta años

para acelerar la entrada en la tierra dé-pro-, misión: ¿Me ofrecisteis sacrificios y oblaciones en

el-desierta en cuarenta años, casa de Israel? (v.25). La'respuesta no es negativa, sino concesiva:

a pesar de los sacrificios ofrecidos durante tanto tiempo, la entrada en Canaán se retrasó por la

pésima conducta de los israelitas 7.

En la situación actual tampoco los sacrificios servirán para liberarlos de la ruina y de la

cautividad más vergonzosa.

Se han entregado a la idolatría más crasa, admitiendo dioses extranjeros; por eso Yahvé

les hará ir al cautiverio con sus dioses queridos: Mas llevaréis a Sakkut, vuestro rey, y a Kewan,.,

la estrella de vuestro dios que os habéis fabricado (v.26). El profeta alude a los cultos astrales,

que por influencia asiría habían penetrado en el reino del norte. Sakkut es un epíteto del dios asirio

Kewan (en asirio ka-ai-va-nu), que no es otro que el planeta Saturno (la estrella de vuestro

dios). Los israelitas irán con sus dioses postizos más allá de Damasco (ν.17), es decir, a Mesopotamia.

1 La frase ni paséis a Bersabé es considerada por muchos autores como glosa, ya que no encaja la mención de una localidad tan meridional

como Bersabé (que pertenecía al reino de Judá), junto a las norteñas Betel y Guilgal. — 2 Hemos seguido en este verso la

versión de los LXX, que también es aceptada por la Bib. de Jér. — 3 Cf. Is 1:10ss; Os 5:6; 6:6; 8:13. — 4 Cf. Lev 2. — 5 Cf. Lev

3:7.nss; Núm 18:18; Dt 18:1-3. — 6 Cf. Lev 0.1-3. — 7 Algunos autores dan a la frase una contestación negativa, como si Amos

quisiera acusar a sus compatriotas de no haber ofrecido sacrificios en el desierto.

2499

6. Anuncio de la invasión asiria.

Conducta disoluta e insolente de los ricos (1-6).

1 Ay de los descuidados en Sión! Ay de los confiados en Samaría ! Atended a las más

antiguas de las naciones e id a ellas, casa de Israel. 2 Pasad a Calne y ved; id desde

allí a Jamat la grande, bajad a Gat de los filisteos. ¿Son mejores que estos reinos o

su territorio es más vasto que vuestro territorio? 3 Pretendéis lejano el día de la calamidad,

agarrándoos al presente de un reposo pernicioso. 4 Ved cómo se tienden en

marfileños divanes, e, indolentes, se tumban en sus lechos. Comen corderos del rebaño

y terneros sacados del establo. 5 Bailan al son de la cítara e inventan — como

David — instrumentos músicos. 6 Beben vino en copas y se ungen con el más exquisito

óleo, y no sienten preocupación alguna por la ruina de José.

El profeta se encara resueltamente con los principales responsables de la catástrofe, las clases

dirigentes de Samaría y de Jerusalén: ¡Ayde los descuidados en Sión! ¡Ay de los confiados en

Samaría! (v.1). En su inconsciencia y fatuidad, se entregan, sin preocupaciones, a gozar de sus

riquezas, suponiendo que su situación privilegiada ha de durar siempre. Deben tener en cuenta la

suerte que han sufrido otros pueblos más antiguos que Israel, y que ahora se hallan en la miseria:

Atended a las mas antiguas naciones. (v.1). Calne debe de ser la Kullanu de los textos cuneiformes,

en el nordeste de Siria. Jamat es la. conocida ciudad junto al Orontes, en la Alta Siria,

pompada por. Jeroboam II poco antes de la predicación de Amos2·. Qatt p.Geth,.es una de las

cinco ciudades de los filisteos,: no mencionada en el c.1 quizá por estar anexionada a Judá.

El profeta parece que cita estas tres localidades para advertir a Samaría que no debe confiarse

demasiado, pues aunque ahora es fuerte, como lo fueron estas ciudades, le puede ocurrir lo

que les acaeció a ellas: ¿Son mejores que estos reinos, o su territorio es más vasto que vuestro

territorio? (v.2); e.d., estos reinos, que en otro tiempo han sido grandes pueblos, han quedado

reducidos a una situación inferior a la de Israel en cuanto a delimitación de sus fronteras y a independencia

política. Son, pues, una advertencia para el confiado Israel, que se cree suficientemente

fuerte para hacer frente al porvenir. Su situación próspera actual es inestable y efímera.

Las clases adineradas se creen seguras en su situación social, y no esperan que les amenace

ninguna desgracia (Pretendéis lejano el día de la calamidad., v.5), siguiendo confiados en

un reposo pernicioso, por las consecuencias que les traerá esta inconsciencia buscada. Llevan

una vida apoltronada y lasciva, en marfileños divanes (v.4) 3, entregándose a la bebida y a la frivolidad,

y aun pretenden rivalizar con el mismo David al querer inventar instrumentos músicos

(v”5). La frase es irónica y despectiva: los ricos de Samaría quieren emular las fiestas cortesanas

del tiempo de David, el gran rey músico y poeta de Israel.

Anuncio de la invasión y de la cautividad (7-15).

7 Por eso irán ahora al cautiverio a la cabeza de los deportados, y cesará el clamoreo

de los disolutos. 8 Por su vida ha jurado el Señor, Yahvé; lo afirma Yahvé, el Señor

de los ejércitos: Yo abomino la soberbia de Jacob, detesto sus palacios, y entregaré

la ciudad con todo cuanto encierra. 9 Y sucederá que, si de una casa quedaren diez

hombres, morirán también. 10 Y quedará un corto número de escapados 4 para llevarse

de la casa los huesos, y el uno dirá al otro que está en el fondo de la casa:

¿Queda alguno más contigo? 11 Υ responderá: Ninguno. El otro le dirá: ¡Calla, que

2500

no ha de mentarse el nombre de Yahvé! 12 (11) Porque he aquí que va a dar Yahvé la

orden; en las casas grandes abrirá brechas, y grietas en las pequeñas. 13 (12) ¿Galopan

los caballos por las rocas? ¿Se ara el mar con bueyes? 5 Pues vosotros hacéis del

juicio veneno, y del fruto de la justicia, ajenjo. 14 (13) Os envanecéis por lo de Lodebar,

y decís: ¿No hemos tomado con nuestra fuerza Qarnayim? 15 (14) Pero he aquí

que voy a suscitar contra vosotros, ¡oh casa de Israel! dice Yahvé, Dios de los ejércitos,

un pueblo que os oprimirá desde la entrada de Jamat hasta el torrente del Araba.

Las orgías y desenfrenos de los ricos de Samaría van a terminar trágicamente, ya que éstos tendrán

que encabezar las filas de los deportados al exilio (v.7). Yahvé no puede tolerar más la insolencia

y orgullo de Jacob (Israel) y los palacios fastuosos de Samaría (v.8); por eso va a entregar

al enemigo la ciudad con cuanto encierra.

La destrucción será general, de forma que morirán todos (V.9). La expresión del profeta

es radical e hiperbólica, y no ha de entenderse al pie de la letra, ya que a continuación habla de

un corto número de escapados de la catástrofe (v.10).

El profeta dramatiza la situación para dar una impresión de la ruina. Supone que la casa

de diez hombres se ha desmoronado con los que en ella había y que se acercan algunos supervivientes

amigos a buscar entre las ruinas por si alguno queda con vida; y finge un diálogo: uno

preguntará si aún hay supervivientes. Ante la respuesta negativa del que se halla indagando entre

las ruinas, el que está afuera le dice taxativamente: ¡Calla, que no ha de mencionarse el nombre

de Yahvé! (v.11). Esta frase misteriosa e incoherente parece suponer que el que había dicho que

no quedaba ninguno vivo, iba a iniciar manifestaciones de duelo invocando el nombre de Yahvé.

Pero el que está fuera le dice que se calle, pues la ciudad está como maldita bajo el peso del castigo

divino, y, por tanto, no debe recordarse el nombre de Yahvé, ya que es El quien ha causado

la ruina, pues por orden suya se abrirá brecha en las casas grandes. (v.12).

La devastación será general, y esto es una exigencia de la justicia, pues el estado social

actual de Israel es tan caótico, que no puede continuar, como no es posible caminar rápidamente

sobre una superficie rocosa: ¿Galopan los caballos por las rocas? tampoco es posible abrir surcos

permanentes en el mar: ¿Se ara el mar con bueyes? (v.13). No puede, pues, continuar el estado

actual de Samaría, ya que se pisotean los derechos más elementales: Vosotros hacéis del

juicio veneno, y del fruto de la justicia, ajenjo (v.14). La justicia, por definición, está destinada a

mantener el equilibrio y los respectivos derechos de cada uno, fomentando así una paz saludable;

pero han corrompido la justicia, administrándola caprichosamente, conforme a sus intereses y

caprichos, y así se convierte en veneno corrosivo que destruye el mismo orden social. Querer,

pues, que las cosas continúen mucho tiempo así, es pretender arar en el mar o galopar por las rocas

con caballos.

Se creen los israelitas seguros porque han reportado ciertas victorias políticas contra Siria

(Os envanecéis por lo de Lodebar y decís: Hemos tomado Qarnayim, v.14); pero ¿qué es eso en

comparación con el desastre general que les espera?6 En efecto, Yahvé suscitará un pueblo que

les oprimirá (v.15); es la nación asiría, que con sus ejércitos los aplastará, dominando toda Siria

y Palestina de norte a sur: desde la entrada de Jamat (en la Alta Siria) hasta el torrente del Araba,

en los confines de Egipto. Es el territorio que se atribuye (con evidente exageración) a Israel

durante el reinado de Jeroboam II, contemporáneo de Amos 7.

1 El TM es oscuro. La Bib. de Jér.: “Creéis retrasar el día de la desgracia, mientras que aceleráis el reino de la violencia.” Cantera:

“aproximáis el imperio de la violencia”. — 2 Cf. 2 Re 14:25.28. — 3 En el prisma de Senaquerib, o cilindro de Taylor, se habla de

los “divanes de marfil” cogidos a Ezequías, rey de Judá, como botín. — 4 Así según una plausible reconstrucción de Hoonacker.

2501

El TM es traducido literalmente por la Vg.: “et tollet eum patruus suus et combustor suus.” Cantera: “Y le alzará a uno su tío paterno

y le quemará.” — 5 Lit. el TM: “¿se ara con ganado vacuno?” (sin determinar el sujeto). — 6 Lodebar y Qarnayim son dos

localidades de la alta TransJordania (en Galaad), que pudieron ser conquistadas por Jeroboam II, de lo que los compatriotas de

Amos estarían muy orgullosos. Cf. Jos 13:26; 2 Sam 9:4; 17:27; 1 Mac 5:42; Gen 14:5: en los LXX. — 7 Cf. 2 Re 14:25.

7. Visiones Proféticas.

Inminencia del castigo (1-9).

1 El Señor, Yahvé, me dio a ver esto: he aquí que criaba langostas al tiempo que comenzaba

a crecer la hierba primaveral, y que venía después de la corte del rey, 2 e

iban a acabar de devorar el verdor de la tierra. Yo dije: ¡Oh Señor, Yahvé, ten piedad!

¿Cómo va a sostenerse Jacob, siendo tan pequeño? 3 Y Yahvé se compadeció

por esto, y dijo: No será así. 4 Hízome ver también esto Yahvé, el Señor; y he aquí

que Yahvé se aprestaba a castigar con fuego i, que había de devorar el gran abismo

e iba a consumir la heredad. 5 Yo dije: ¡Oh Señor, Yahvé! ¡Detente, por favor!

¿Cómo va a sostenerse Jacob siendo tan pequeño ? 6 Yahvé se compadeció por esto y

dijo: Tampoco será esto. 7 También me dio a ver esto: Estaba Yahvé cerca de un

muro y en su mano tenía la plomada. 8 Yahvé me preguntó: ¿Qué es lo que ves,

Amos? Yo respondí: Una plomada. Y dijo el Señor: He aquí que yo pongo la plomada

en medio de mi pueblo, Israel. Ya no le perdonaré más tiempo. 9 Los altos de

Isaac serán devastados, y destruidos los santuarios de Israel. Me alzaré con la espada

contra la casa de Jeroboam.

Los c.7-9 incluyen una serie de visiones simbólicas en las que se destaca la longanimidad y paciencia

de Yahvé para con su pueblo y el castigo que infaliblemente vendrá sobre Israel como

consecuencia de su obstinación en el pecado 2.

En la primera visión, el profeta contempla un enjambre de langostas, criado por Dios para

enviarlo sobre el país de Israel, precisamente cuando comenzaba a brotar la hierba primaveral

(v.1), de cuyas reservas habían de vivir los ganados durante el estío. La amenaza de invasión de

langostas para consumir esta preciosa reserva queda agravada por el hecho de que este año la recolección

de heno seguía a un año en que se había hecho la corta del rey, es decir, se había dado

como tributo real la última cosecha de heno. Así, la situación deficiente del pueblo era mayor, y,

en consecuencia, la desaparición de la nueva hierba primaveral revestía los caracteres de una

verdadera catástrofe 3.

El profeta intercede ante Yahvé para que no envíe tan gran castigo, ya que entonces no

podría sostenerse como nación Jacob-Israel, pues es pequeño o débil, incapaz de sufrir grandes

pruebas. Yahvé accede a su ruego y no envía el castigo que tenía preparado, esperando que Israel

cambie de conducta.

La segunda visión es paralela a la primera. Yahvé quiere enviar una sequía general como

castigo para consumir su heredad, la tierra de Israel. Llama al fuego como instrumento de su justicia

para litigar con el pueblo pecador. Yahvé, pues, quiere enviar el fuego sobre el abismo, o

depósito de aguas subterráneas, de donde provenían los ríos y las fuentes, para secarlo y así privar

de agua a la heredad o tierra de Palestina (v.4). Amos, aterrado por el castigo, suplica en los

mismos términos compasión para su pueblo, que es pequeño e incapaz de subsistir a tal prueba.

Yahvé accede de nuevo a las súplicas del profeta en un último arranque de longanimidad (v.6).

En una tercera visión, Yahvé estaba junto a un muro con una plomada en la mano, como

2502

si fuera un constructor que cuidadosamente mide las proporciones del muro, que parece ser Israel

(v.8). El pueblo de Dios ha sido edificado como nación por Yahvé, pero ahora su edificio

está desnivelado, y Yahvé está comprobando con su plomada lo defectuoso del mismo. Descontento

por su situación, decide destruirlo totalmente con el cuidado con que antes lo había hecho,

tomando las medidas a plomada: He aquí que yo pongo la plomada en medio de mi pueblo, Israel

(v.8); pero ahora, para destruirlo sistemáticamente hasta los cimientos, con el cuidado con

que un constructor mide y ajusta los niveles del edificio a levantar 4.

En efecto, Yahvé va a enviar la devastación y la ruina contra la casa de Jeroboam (V.9),

fundador del reino cismático del norte después de la muerte de Salomón. Los altos de Isaac son

santuarios de Israel o lugares de culto en el reino cismático de Samaría. Isaac aquí está en vez

de Jacob. Sólo en este verso y en el v.16 se encuentra la designación casa de Isaac en vez del

usual casa de Jacob, equivalente a la de pueblo de Israel.

Disputa con Amasias, sacerdote de Betel (10-17).

10 Amasias, sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboam: Amos está conspirando

contra ti en medio de la casa de Israel. La tierra no puede ya soportar sus palabras.

11 Pues Amos va diciendo: Jeroboam morirá a la espada, e Israel irá al cautiverio,

lejos de su tierra. 12 Amasias dijo a Amos: Vidente, ve y escapa a la tierra de Judá y

come allí tu pan, haciendo el profeta. 13 Pero guárdate de volver a profetizar contra

Betel; mira que éste es un santuario del rey y una casa real. 14 Amos respondió a

Amasias, diciendo: Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador

de sicómoros. 15 Yahvé me tomó detrás del ganado y me dijo: Ve a profetizar

a mi pueblo, Israel. 16 Escucha, pues, ahora la palabra de Yahvé: Tú me dices: No

profetices contra Israel ni hagas predicciones contra la casa de Isaac 17 Por eso así

dice Yahvé: Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos caerán a la espada, tu

tierra será repartida a cordel, tú morirás en una tierra contaminada, e Israel irá al

cautiverio lejos de su tierra.

Amos acaba de anunciar la ruina de Israel y de la dinastía de Jeroboam. Es una denuncia valiente,

que se atrae las iras de los que gozaban de los privilegios de la situación. Un sacerdote de Betel

llamado Amasias le acusa al rey de conspirador contra la casa real, pues la tierra no puede

soportar sus palabras (v.10). Los vaticinios del profeta de Tecoa resultaban una insolencia y un

desafío para los poderes constituidos, ya que sembraban el derrotismo en el pueblo. Después de

denunciarle ante el rey, Amasias habla personalmente a Amos para convencerle por las buenas

de que no debe continuar su predicación. A su entender, es un intruso que ha querido venir al reino

de Samaría a ganar su pan dándoselas de profeta. Lo mejor que puede hacer es volver a Judá

y allí continuar su labor de profeta: Vidente (término entonces despectivo), escapa a tu tierra y

come allí tu pan haciendo de profeta (v. 12).

La insinuación es injuriosa, pues Amasias considera a Amos como uno de tantos ganapanes

que se presentaban como profetas al pueblo, embaucándolos con sus promesas y lucrándose

de su profesión. Ya en tiempos de Elíseo se habían organizado unas asociaciones de profetas (los

hijos de los profetas), con vida común, los cuales se reunían para vivir mejor los postulados del

yahvismo, conforme a la predicación de los grandes profetas, como Elias y Elíseo 5; pero estas

asociaciones degeneraron, y así, no pocos vagos se alistaban en ellas para vivir sin trabajar. De

ahí que el término hijo de profeta llegó a tener un sentido despectivo e injurioso. En este sentido

se expresa el sacerdote de Betel, que ve comprometidas sus ganancias en los ricos santuarios de

2503

Betel, considerado como santuario nacional (santuario del rey, v.15), y, como tal, tenía pingües

ingresos pecuniarios. Por otra parte, su culto es el oficial del Estado de Israel, y atentar contra el

santuario es atentar contra los intereses del Estado.

Las palabras de Amasias indignaron al celoso profeta de Dios, Amos, que había venido a

predicar sin buscar ningún provecho de su ministerio. Amasias debe tener en cuenta que él no es

un profeta de profesión ni hijo de profeta (v.14), es decir, perteneciente a las asociaciones de

profetas. El tenía su modo de vivir asegurado como boyero y cultivador de higos de sicómoros,

especie de higuera salvaje, que abunda en las zonas semidesérticas6. Amos, pues, al mismo tiempo

que cuidaba de sus rebaños, se dedicaba a recoger y preparar los higos de los sicómoros para

venderlos después en las localidades inmediatas, como Belén y Hebrón. Pero por inspiración divina

dejó su negocio y se fue a predicar al reino del norte, en contra de sus intereses materiales:

Yahvé me tomo detrás del ganado y me dijo: Ve a profetizar a mi pueblo, Israel (v.16). Su vocación

profética, pues, procede exclusivamente de Dios, y se siente revestido de una autoridad

especial para predicar donde Dios le manda.

Es el representante de los intereses de Yahvé, y, por tanto, oponerse a su predicación es

oponerse a los designios divinos.

Y precisamente por no haberle reconocido como enviado de Dios,” Amasias será el primero

en sentir la prueba de la autenticidad de que Amos es profeta, ya que en nombre de Yahvé

le anuncia la ruina de su posición y familia: su mujer será deshonrada; sus hijos,, pasados a la

espada, y sus posesiones, repartidas a cordel a manos de los invasores asirios, y él será llevado

cautivo a tierra contaminada (v.17), es decir, al país idolátrico de Asiría. En efecto, sabemos que

Teglatfalasar III inició la deportación de los habitantes del reino del norte antes del 734, y, finalmente,

con la ocupación de Samaría por Sargón en 721, lo más escogido de la población de

Israel fue camino del destierro mesopotámico. Es el cumplimiento de la profecía de Amos.

1 Lit.: “He aquí que llamaba para litigar con fuego,” e.d., defender su causa, enviando fuego como castigo. — 2 Sobre símiles parecidos

acerca del futuro de la nación cf. Jer i,n; 24,iss. — 3 Sobre los diezmos debidos al rey cf. 2 Sam 8:15. — 4 Condamin lee hierro

en vez de plomada, y supone que se alude al hierro de la espada asiría, que caería en Israel para devastarla. Cf. RB 9 (1900)

5865. — 5 Cf. 1 Sam 10:3.ios; 10:208; 1 Re 17; 2 Re 1; 2 Re 3:383; 6:1; 2 Re 4:8. — 6 Cf. Is 9:9; 1 Re 10:27; 1 Grón 27:28; Sal

78:47.

8. Nuevos anuncios de castigo.

Israel, maduro para el castigo (1-3).

1 El Señor, Yahvé, me dio a ver esto: He aquí que había un cestillo de fruta madura,

2 y me dijo: ¿Qué es lo que ves, Amos? Yo le respondí: Un cestillo de fruta madura.

Yahvé me dijo: Ha llegado el fin a mi pueblo, Israel. No le perdonaré ya más tiempo.

3 En aquel día se trocarán en lamentaciones los cantos del templo1 — oráculo del

Señor, Yahvé — ; serán muchos los cadáveres, que serán arrojados en silencio en

cualquier lugar.

Esta visión sigue la línea de las anteriores del c.7. En éstas se había hecho resaltar la longanimidad

de Yahvé, que pacientemente perdona a su pueblo; pero la medida de la prevaricación de

Israel se ha colmado, y, por tanto, no puede tardar la intervención de la justicia divina, ya que

Israel está maduro para su castigo. La suerte de Israel es expresada en un juego de palabras en

hebreo. El profeta ve un cestillo de fruta (qayis), que simbolizará el fin (qés) de Israel: Ha llega2504

do el fin a mi pueblo (v.2). Que pudiéramos parafrasear con un juego aproximado en nuestra lengua:

el profeta ve un cestillo de frutas maduras (es la significación exacta de qayis), porque maduro

está Israel para el castigo.

Yahvé no puede soportar más sus reiterados pecados: No le perdonaré ya mas tiempo. Es

el anuncio de la venganza divina, que se manifestará trayendo la ruina al pueblo de Israel. Días

de duelo esperan a Israel por sus continuas transgresiones: se trocaran en lamentaciones los cantos

del templo (ν.3). Desaparecerán las solemnidades gozosas, porque por doquier se encontrará

el macabro espectáculo de los cadáveres. arrojados en silencio en cualquier lugar 2. La consternación

será general, y aun faltarán los tradicionales lamentos de las plañideras. Un silencio trágico

sustituirá las ruidosas solemnidades de los entierros, pues los cadáveres serán arrojados en

cualquier lugar por el invasor asirio.

Voracidad insaciable de los ricos (4-7).

4 Escuchad esto los que aplastáis al pobre y aniquiláis a los desgraciados del país, 5

diciendo: ¿Cuándo pasará el novilunio para que vendamos el trigo, y el sábado para

que abramos los graneros, achicaremos el “efá,” y agrandaremos el siclo, y falsearemos

fraudulentamente las balanzas, 6 compraremos por dinero a los débiles, y a

los pobres por un par de sandalias, y venderemos hasta las ahechaduras del trigo? 7

Yahvé ha jurado por el orgullo de Jacob: ¡No olvidaré jamás vuestras obras!

El profeta vuelve de nuevo a la carga contra las injusticias sociales, como en los primeros capítulos,

y presenta a los ricos insaciables de Israel nerviosos por adquirir nuevas ganancias. En su

impaciencia por acumular riquezas, se les hacen largos los días feriados del novilunio (primero

de mes) y del sábado, en que estaban prohibidas las transacciones 3. Además, procuraban hacer

todos los fraudes posibles: achicaremos el efá” (medida de áridos, equivalente a unos 39 litros),

para dar menos de lo debido, y agrandaremos el siclo (unos 13 gramos), para exigir más a los

compradores (dar menos cantidad a más precio); además se proponen falsear las balanzas (v.5).

No se puede reflejar mejor la avaricia sin conciencia de las clases pudientes. Abusando

de su situación privilegiada, trafican con las conciencias de los pobres, comprándoles por un par

de sandalias (v.6). Aprovechándose de la situación angustiosa de los desheredados por deudas

mínimas, les embargan los pocos bienes que tienen y aun los someten a la esclavitud: compraremos

por dinero a los débiles. En contraste con este crimen de pisar la personalidad de los demás

comprándola al precio mínimo, se atreven a vender hasta las ahechaduras del trigo. Todo esto

está clamando por la intervención de la mano justiciera de Dios. Por eso ha jurado por el orgullo

de Jacob 4, es decir, a causa de la insolencia y obstinación pecadora de Israel, que no echará en

olvido sus obras pecaminosas. Su paciencia se está agotando, y aunque aparentemente parece

que olvida las transgresiones de Jacob-Israel, sin embargo, todo, es tenido en cuenta. para el día

de la ira”

El día del duelo nacional (8-14).

8 ¿No ha de estremecerse por esto la tierra? En duelo quedarán cuantos la habitan.

Alzaráse toda ella como el Nilo, temblará y se abajará como el río de Egipto. 9 Aquel

día, dice el Señor, Yahvé, haré que se ponga el sol al mediodía, y en pleno día tenderé

tinieblas sobre la tierra. 10 Tornaré en duelo vuestras solemnidades y en elegías

vuestros cantos; haré que todos cubran de saco sus ríñones y se rapen las cabezas.

Será duelo como el duelo por unigénito, y su remate será un día amargo. 11 Vienen

2505

días, dice Yahvé, en que mandaré yo sobre la tierra hambre, no hambre de pan ni

sed de agua, sino de oír la palabra de Yahvé, 12 y andarán errantes de mar a mar y

de norte al oriente en busca de la palabra de Yahvé, y no la hallarán. 13 Aquel día

las hermosas doncellas y los mancebos desfallecerán de sed. 14 Los que juran por el

pecado de Samaría y dicen: “Vive tu Dios, ¡oh Dan!” y “Vive tu protector, ¡oh Bersabé!”

sucumbirán para no levantarse jamás.

Los crímenes de Samaría están clamando justicia, y por eso no puede estar lejano el día de Yahvé

en que se manifieste la ira divina: ¿No ha de estremecerse por esto la tierra? (v.8). Antes

había aludido a un terremoto 5, y ahora afirma que esto es lo menos que puede suceder por tanta

iniquidad. El profeta compara a la tierra con-mocionada por el terremoto a las ondulaciones del

Nilo, que sube y baja en tiempo de las crecidas anuales. Estas convulsiones de la tierra irán

acompañadas de otras conmociones cósmicas, como eclipses de sol. Los autores recuerdan a este

propósito un eclipse total de sol visible en Palestina en el 784 a.C., poco antes de la predicación

de Amos, que pudo sugerir la descripción del profeta. Según Driver, hubo también un eclipse de

sol visible en Jerusalén en 763 a.C.

En todo caso, la descripción de Amos puede ser meramente literaria, presentando las cosas

al estilo apocalíptico 6, sin que ello suponga necesariamente alusión a hechos reales históricos.

El profeta lo que quiere destacar es el duelo general, del que participará hasta la misma naturaleza.

Desaparecerán las solemnidades o fiestas bullangueras y todos los signos de alegría, que

serán sustituidos por externas manifestaciones de duelo: todos se vestirán de saco y se rasurarán

la cabeza, ritos externos tradicionales expresivos de máximo idolor7. Todos los habitantes se sentirán

abandonados de Yahvé en medio de una orfandad glacial, y, al verse solos, andarán ansiosos

buscando a su Dios: habrá no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Yahvé

(v.11). Ahora rehúsan escuchar a los mensajeros de Dios, los profetas; pero llegarán días que

pandarán en busca de un enviado de Yahvé que les comunique algo en su, nombre, y no lo encontrarán;

Como en tiempos de sequía las gentes andan sedientas en busca, de. agua, de un lugar a

otro? así entonces andarán errantes dé mar a mar (del Mediterráneo.al mar Muerto: ,de oeste. a

este) y. del norte al oriente (v.12). Hasta las nuevas generaciones, que constituyen la esperanza

de la nación (las hermosas doncellas y los mancebos, v.13), sentirán la necesidad de la palabra

de Yahvé, y, al no encontrarla, desfallecerán de sed. En estos términos, Amos anuncia que llegarán

días muy críticos para la nación, y entonces buscarán consejos y aliento en algún profeta, que

les transmita la palabra de Yahvé, pero no la hallarán.

Es la hora de la invasión del ejército asirio, escogido por Dios como instrumento de castigo

sobre el reino infiel de Israel. Sobre todo, los pecados de idolatría reclaman el castigo divino;

por eso, los que juran por el pecado de Samarla (v.14), es decir, el ídolo llamado en Os 8:6 el

becerro de Samaría, y los que en general frecuentan los lugares de culto, como Dan (vive tu

Dios, ¡oh Dan!), en el extremo norte, y de Bersabé (vive tu protector, ¡oh Bersabé!), en el sur de

Palestina 9, sucumbirán para no levantarse jamás. Es el anuncio de la ruina total a los habitantes

de Israel.

1 Hoonacker, siguiendo a los LXX y a la Vg, traduce: “los artesonados del templo se lamentarán en ese día, oráculo de Yahvé” (leyendo

shoderot en vez de shirot). En ese caso, por prosopopeya, se asociarían los artesonados del templo en ruinas a la catástrofe

de la ciudad. La Β ib. de Jér.: “los cantores del templo se lamentarán.” — 2 La palabra hebrea Has, que hemos traducido por en

silencio, como construcción adverbial, es traducida por otros comentaristas por ¡silencio! como imperativo. — 3 Cf. 2 Re 4:23. —

4 Algunos autores prefieren traducir por la gloria de Jacob; pero, como en 6:8 se trata abiertamente del orgullo de Jacob, parece

que debemos mantener también aquí la misma traducción. — 5 Cf 1:1; 4:11. — 6 Cf. Sof 1:14; Is 13:10; Jl 2:2. — 7 Cf. Is 3:24;

2506

Miq 1:16; Jer 6:26; Zac 12:10. — 8 Cf. 4:8. — 9 Lit. el TM dice: “Vive el camino de Bersabé,” aludiendo a la ruta de peregrinos

que afluiría a este lugar. Hoonacker, corrigiendo derej en dodja, lee “tu patrón.” Cf. LAGRANGE: RB ίο (1901) p-533·

9. Intervención justiciera de Yahvé.

Imposibilidad de huir del castigo inexorable divino. (1-6)

1 Vi al Señor junto al altar, y dijo: Rompe los capiteles, que se estremezcan los umbrales,

y abátelos sobre las cabezas de todos ellos, y a los que queden los mataré a

espada. Nadie se salvará huyendo, nadie podrá escapar. 2 Aunque se oculten en el

“seol,” de allí los tomará mi mano; aunque subiesen hasta los cielos, de allí los haría

bajar. 3 Aunque se escondieran en la cumbre del Carmelo, allí los buscaría y los tomaría;

aunque se ocultaran a mis ojos en el fondo del mar, allí mandaría a la serpiente

para que los mordiera. 4 Y aunque marcharen en cautiverio ante sus enemigos,

daría a la espada la orden de asesinarlos; y tendré puestos mis ojos sobre ellos

para mal, no para bien. 5 El Señor, Yahvé de los ejércitos, toca la tierra, y ésta se disuelve,

y hacen duelo cuantos en ella habitan; se levanta toda entera como el Nilo y

mengua como el río de Egipto. 6 El edificó en los cielos su morada y asentó sobre la

tierra su bóveda. El llama las aguas del mar y las derrama sobre la haz de la tierra;

Yahvé es su nombre.

El profeta describe la realización del castigo divino. Ve a Yahvé junto al altar (v.1), dispuesto a

dar la orden de destrucción del templo de Betel mientras los adoradores de los ídolos están reunidos

en su recinto. Yahvé da la orden de destrucción: Rompe los capiteles. y abátelos sobre las

cabezas de todos ellos. ¿Quién recibe la orden destructora? ¿Un ángel, o agente de Yahvé, o el

mismo profeta? En este casó, Amos sería el instrumento de la destrucción como mensajero de la

voluntad divina, que decide traer la ruina sobre el lugar de culto idolátrico. Nadie podrá salvarse

de la catástrofe, pues los que se libren en el primer momento caerán a la espada del invasor asirio.

Es inútil que quieran buscar refugio, pues aunque se vayan a los lugares más lejanos y recónditos,

como el seol, morada subterránea de los muertos, o suban a los cielos, allí los alcanzaría

la mano vengadora de Yahvé. La hipérbole es expresiva para indicar la imposibilidad de salvación.

Ni la cumbre del Carmelo, con sus numerosas cavernas frente al mar, podría dar asilo a

los escapados, pues hasta allí llegaría la mirada inquisidora de Yahvé. Ni siquiera el fondo del

mar (en contraste con la cima del Carmelo, que se destaca sobre el Mediterráneo) podría dar albergue

tranquilo a los fugitivos, ya que allí mismo mandaría Yahvé a la serpiente que les mordiera

(v.3). Sin duda que el profeta alude aquí al monstruo marino Leviatán, el cual, según la

imaginación popular, se paseaba en las profundidades del abismo. Amos, pues, como Isaías 1 se

acomoda aquí al folklore mitológico del ambiente para expresar la imposibilidad de salvación

para los fugitivos.

Tampoco la última alternativa del cautiverio podrá librarlos de la persecución divina, ya

que Yahvé pondrá sobre los cautivos sus ojos para mal y no para bien (v.4); es decir, en lugar de

mirarlos con ojos benevolentes y protectores 2, los perseguirá hasta hacerlos morir a la espada.

Naturalmente, en todas estas expresiones hay mucho de hipérbole, y, por tanto, no han de entenderse

en el radicalismo en que aparecen, sino que simplemente quieren encarecer la universalidad

de la ruina.

2507

La razón de ello es la omnipotencia y majestad divina; nadie puede enfrentarse con Yahvé,

que es el Rey majestuoso, a cuyo paso tiembla la tierra, se disuelve como cera y se conmueve

como el Nilo en sus crecidas y resacas (v.5). Yahvé tiene su morada en lo alto de los cielos, y

domina majestuosamente la tierra, sobre cuya bóveda o firmamento extiende su trono (v.6). Esta

doxología, similar a la de 4:13, no tiene otra finalidad que encarecer la indefectible acción punitiva

de Dios sobre los pecadores como Señor del universo: Yahvé es su nombre. Es la gran

garantía de todo lo que el profeta anuncia. Su palabra no se basa en cálculos humanos, sino en

la del que dirige el curso de los elementos de la naturaleza: llama las aguas y las derrama sobre

la haz de la tierra.

Israel, por ser pueblo elegido, no está inmune de la. destrucción (7-10).

7 Hijos de Israel, ¿no sois para mí como hijos de etíopes? ¿No hice yo subir a Israel

de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y a los árameos de Quir? 8 He aquí

que los ojos del Señor, Yahvé, están puestos sobre el reino pecador y los exterminaré

de la haz de la tierra. Pero no destruiré del todo la casa de Jacob, oráculo de Yahvé.

9 Pues he aquí que yo daré orden y zarandearé a Israel entre todas las gentes como

se zarandea (la arena) en la criba; ni una chinita caerá en tierra 3. 10 A la espada perecerán

todos los pecadores de mi pueblo, los cuales dicen: “No se acercará ni nos

sorprenderá la desdicha.”

Israel se creía al abrigo de la destrucción porque se consideraba el pueblo elegido entre las naciones,

sobre el que Yahvé tenía que tener una providencia particular en orden a su conservación

como nación. Esta presunción era totalmente gratuita, ya que no existían vínculos naturales necesarios

entre Yahvé e Israel. Había sido elegido líberrimamente por Dios, que dirige el curso de la

historia de todos los pueblos, y hubiera podido escoger cualquier otro pueblo. En este sentido, los

israelitas están en el mismo plan que los despreciados etíopes: Hijos de Israel, ¿no sois para mí

como hijos de etíopes? (ν.7). Y si bien es cierto que Yahvé hizo subir a Israel de la tierra de

Egipto, también lo es que trajo a los filisteos de Caftor y a los árameos de Quir4.

Todos los pueblos están igualmente sometidos a Yahvé, Señor de la historia universal.

Por eso, si no hubiera intervenido una elección gratuita de Israel por parte de Yahvé, los israelitas

estarían en el mismo plano que los etíopes, considerados de raza inferior, y los árameos, tradicionales

enemigos de Israel. La elección de Israel por parte de Yahvé, lejos de garantizarles

inmunidad contra sus transgresiones, crea nuevas obligaciones y vínculos5. La justicia divina tiene

sus exigencias, y de ahí que Yahvé tenga puestos sus ojos sobre el reino pecador (Israel) para

castigarlo debidamente y aun exterminarlos, si bien no destruirá del todo a la casa de Jacob (Israel),

precisamente porque le hizo objeto de una particular elección.

Pero le someterá a una prueba para purificarlo, zarandeándolo entre las naciones como se

zarandea (la arena) en la criba. (v.10). Israel será cribado en el destierro para probar lo que hay

de bueno y de malo en él. Y como al cribar la arena sólo pasa ésta, quedando en la criba las piedrecillas,

así, al probar Yahvé a Israel, hará que sólo subsistan los fieles, mientras que los pecadores

quedarán en la prueba, sin que caiga una chinita (los pecadores indignos) en tierra (v.8).

Los que prefieren ver en la comparación una alusión a la labor que se hace en la era con el trigo,

suponen que el buen grano (los israelitas fieles) quedarán en el harnero, de forma que ningún

grano (chinita) caiga en el suelo para perderse.

Yahvé tendrá especial providencia de los justos, pero los pecadores, obstinados en su presunción

de inmunidad (no se acercará. la desdicha, v.10), perecerán a la espada. Sólo, pues, un

2508

resto se salvará para constituir el núcleo de restauración del pueblo elegido. Los profetas nunca

pierden de vista, al anunciar sus vaticinios conminatorios, el destino glorioso de Israel como nación

en los tiempos mesiánicos; por eso nunca anuncian la destrucción total del pueblo escogido.

Promesa de restauración (11-15).

11 Aquel día levantaré el tugurio caído de David, repararé sus brechas y alzaré sus

ruinas y le reedificaré como en los días antiguos, 12 para que conquisten los restos de

Edom y los de todas las naciones sobre las cuales sea invocado mi nombre, dice

Yahvé, que cumplirá todo esto, 13 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé —

en que sin interrupción seguirá al que ara el que siega, el que vendimia al que siembra.

Los montes destilarán mosto, y se derretirán todos los collados. 14 Yo haré retornar

a los cautivos de mi pueblo, Israel; reedificarán las ciudades devastadas y las

habitarán, plantarán viñas y beberán su vino, harán huertos y comerán sus frutos.

15 Los plantaré en su tierra y no serán ya más arrancados de la tierra que yo les he

dado, dice Yahvé, tu Dios.

Después de anunciar que en la catástrofe perecerán sólo los pecadores, el profeta se proyecta directamente

hacia la realidad del futuro venturoso de los tiempos mesiánicos. Después de la destrucción

de Israel vendrá la restauración, vinculada al resurgimiento de la casa de David, que ha

sido convertida en un tugurio o choza de campaña, expuesto a todas las rapiñas. Volverán los

días gloriosos de la dinastía davídica y de nuevo las doce tribus se reunirán en torno a la colina

de Sión. Oseas, profeta oriundo del reino del norte, anunció la restauración de Israel (reino del

norte), retornando a David 6. Amos había dicho que Yahvé ruge como un león desde Sión 7, y

ahora termina con la atención puesta de nuevo en la colina de Sión, donde debía asentarse de

nuevo el futuro trono de David.

Algunos autores creen que la frase restauraré las brechas y ruinas del tugurio de David

alude a la derrota infligida a Judá por Joás de Israel 8; pero es mejor suponer que el profeta, conociendo

por revelación la ruina futura del reino de Judá (casi dos siglos más tarde), la asociara a

la de su hermano Israel, que había de perecer pronto bajo la invasión asiría, para resurgir ambos

reinos, unificados de nuevo, bajo la égida de un descendiente de David. Será entonces cuando el

pueblo elegido tomará la revancha sobre las naciones paganas, particularmente Edom (v.12), que

se aprovecharon de su ruina. Todas las naciones serán patrimonio de Yahvé (sobre las cuales sea

invocado mi nombre) 9, y el pueblo israelita, como representante de los derechos de su Dios,

tendrá el dominio sobre todas ellas.

Los últimos versos nos presentan el idilio de los tiempos mesiánicos conforme a la desbordada

imaginación oriental. Será tal la fertilidad de la tierra, que el que siega seguirá al que

ara, y el que vendimia al que siembra.; los montes destilarán mosto. (V.15). Son las expresiones

de abundancia y prosperidad material que encontramos en otros profetas de los cuales, para levantar

los ánimos de los oyentes en tiempos de tribulación, presentan la felicidad de los tiempos

mesiánicos con los colores más vivos. De hecho, todas estas descripciones se han quedado cortas

al querer reflejar la realidad de la felicidad espiritual del nuevo Israel de los tiempos mesiánicos.

Las realidades de la vida de la gracia, vividas con la intensidad que exige la vocación cristiana,

superan a todo lo que podían soñar los profetas del A.T.

1 Cf. Is27:1. — 2 Cf. Gen 44:21; Jer 39:12; 40:4. — 3 AsílaBzb.defér. — 4 Sobre la identificación de Quir véase coment. a 1:55s.

Caftor, probablemente Creta o Chipre. Cf. Gen 10:14; Dt 2:23; Jer 27.4. — 5 Cf. 3:1-2. — 7 Cf. Am 1:2. — 8 Cf. Os 3:5 — 9

“Invocar el nombre” sobre alguno equivale a dominarlo. Así, en 2 Re 12:28 se invita a David para que asedie Rabbat-Amón y no

sea tomado por Joab: “que no sea mi nombre el que sea proclamado sobre ella.” En Dt 28:10: “todos los pueblos de la tierra verán

2509

que el nombre de Yahvé es proclamado sobre ti” (Israel), e.d., que Israel pertenece a Yahvé (cf. Jer 7:10). — 10 Cf. Is 65:21; Sof

1:13; Jl 4:18; Os 14:10.

Abdías.

Introducción.

Personalidad del profeta.

Ninguna filiación patronímica ni geográfica se da en la Biblia del profeta Abdías (en

hebreo Obadyah: “siervo de Yahvé”); y su pequeño escrito — el más breve de los escritos proféticos

— está lleno de oscuridades y de alusiones misteriosas, difíciles de identificar. Por eso San

Jerónimo dice de este escrito: “quanto brevius est, tanto difficilius. Parvus propheta, versuum

supputatione, non sensuuml. En realidad, no es fácil su interpretación por su brevedad y estilo.

Incluso se ha supuesto que su nombre sería un seudónimo para ocultar su verdadera personalidad,

pero no es raro este nombre en el A. Τ. 2

Contenido y división del libro.

El tema general del escrito es la humillación total del orgullo de Edom, seguida del establecimiento

del reino de Yahvé:

a) Juicio divino sobre Edom (1-9).

b) El pecado de Edom (10-15).

c) Instauración del reino de Yahvé (16-21).

La acusación general contra los edomitas se basa en que se han ensañado con los judíos cuando

éstos estaban humillados y devastados por pueblos enemigos. El profeta apela a la comunidad

fraternal de sangre entre Edom y Jacob para justificar la enormidad de la conducta fratricida de

los edomitas.

Fecha de composición y autenticidad.

En el librito de Abdías se alude a una serie de hechos concretos, que son los únicos datos

posibles para poder localizar la época de composición del mismo. Así, se supone que Jerusalén

ha sido invadida por los extranjeros y que sus habitantes huyen de la ciudad 3; que Edom se unió

a los invasores en el saqueo general4; que Israel y Judá están en la cautividad, y que Edom se

siente segura; pero el profeta anuncia que será arruinada por sus antiguos enemigos5.

Los autores se dividen al localizar históricamente todos estos datos. Así, podemos distinguir

dos hipótesis: a) la que supone que el libro es anterior al exilio babilónico 6. Abdías, en este

caso, habría predicado en tiempos de Joram de Judá (849-842), durante cuyo reinado su tierra fue

invadida por los filisteos y árabes7. Para probar esta tesis, suponen que Joel y Jeremías conocen

la profecía de Abdías 8. Otra hipótesis, más común hoy día, es que Abdías es posterior al destierro,

pues los hechos aludidos sobre la invasión de Jerusalén por los extranjeros y el mal trato dado

por los edomitas a los judíos vencidos se explican mejor en el supuesto de que se refiera a la

destrucción de Jerusalén por los babilonios (587-86), con cuya ocasión los edomitas hicieron

causa común con los vencedores en la conculcación de los vencidos 9.

2510

Autenticidad y unidad de autor.

Los críticos han encontrado muchas diferencias de perspectiva histórica y aun literarias

entre la primera parte (1-15b) y la segunda (15a-21). En aquélla, el castigo sobre Edom se presenta

como realidad histórica pasada, mientras que en la segunda parte se habla de un juicio sobre

las naciones, entre las que está Edom, y esto como un hecho futuro. Los edomitas serán entonces

totalmente exterminados, mientras que en la primera profecía se habla de una humillación

cumplida.

Y, sobre todo, en la segunda parte el castigo afecta a todos los pueblos, mientras que en la

primera sólo a Edom. En la primera, los instrumentos de la justicia divina contra Edom son las

naciones paganas aliadas, mientras que en la segunda parte el instrumento de la justicia divina

sobre Edom es el propio Israel, cuyo furor vengador se extenderá a otras naciones.

Por estas razones, no pocos autores creen que la segunda parte, de tipo apocalíptico, es

una adición posterior a la primera profecía de Abdías. Como en esta primera parte se supone a

los edomitas ya expulsados de su territorio y ocupada su capital-refugio, Petra, se cree que el autor

es del siglo IV 10. La parte apocalíptica sería posterior, cuando los judíos aún no poseíam

Efraím, Samaría ni Galaad.

1 San Jerónimo, Comm. in Abd. i: PL 25:1100 (1153). — 2 Cf. 1 Re 18:3. La Vg transcribe Abdías. Los LXX, según los códices, Abdías

u Obdías, que es más conforme al TM. — 3 Abd 11-14. . — 4 Abd 10-14. — 5 Abdi-Q. — 6 Es la opinión de Knabenbauer,

Kaulen-Hoberg, Vigouroux, Theis, Cornely-Hagen, Kutal, Orelli, Bruston, Keil. — 7 Cf. 2 Grón 21:16. — 8 Cf. Abd ib y jer

49:14; Abd 2 y Jer 49:15; Abd 4 y Jer 49:16; Abd n y Jl 3:3; Abd 15 y Jl 1:15; Abd 17 y Jl 2:32 (3:5). Parece mejor suponer que

Abdías depende de éstos. — 9 Cf. Ez 35:1-15; Lam 4:21; Sal 137 (136),7· — 10 Según Diodoro De Sicilia (XIX 94), Petra fue

tomada a los edomitas en 312 a.C. Sostienen la fecha postexílica de composición de Abdías: Halevy, Tobac, Hoonacker, Chaine,

Sellin, Robinson, Smith, Holscher.

Capítulo único. La Justicia de Yahvé.

Vaticinio sobre la ruina de Edom (1-9).

1 Visión de Abdías: Así dice de Edom el Señor, Yahvé: Hemos oído de parte de Yahvé

un rumor, y un heraldo ha sido enviado a las gentes: ¡Arriba! ¡Alcémonos en

guerra contra él! 2He aquí que te he hecho pequeño entre las gentes, eras sobremanera

despreciable. 3El orgullo de tu corazón te ha engañado. Quien habita en las cavernas

de las rocas y cuya morada son las alturas, se dice a sí mismo: ¿Quién me

hará bajar a tierra ? 4Pues aunque te subas tanto como el águila y pongas en las estrellas

tu nido, yo te derribaré — oráculo de Yahvé —. 5Si vinieran a ti de noche ladrones,

¿no se llevarían lo que necesitaran? Si vinieran vendimiadores a vendimiarte,

¿no dejarían rebusco? 6¿Cómo has sido saqueado! ¡Cómo está Esaú de hollado y

de rebuscados sus escondrijos! 7 Hasta la frontera todos tus aliados te arrojaron. Te

cercaron, te derrotaron tus amigos. I Tus asociados pusieron trampas debajo de ti 2.

No hay en él cordura. 8 ¿No haré yo aquel día — oráculo de Yahvé — desaparecer

de Edom los sabios, y del monte de Esaú la prudencia? 9 Tus guerreros, ¡oh Teman!

se sobrecogerán de terror para que todo varón sea exterminado de las montañas de

Esaú.

Nada se dice en el título sobre la personalidad de Abdías ni de la época en que profetizó. El vati2511

cinio empieza ex abrupto, con lo que la impresión es más fuerte en el lector. El profeta se hace

eco de un mensaje divino (Hemos oído un rumor de parte de Yahvé (v.1) relativo a un ataque de

las gentes contra Edom. Para dramatizar más la situación, presenta a un heraldo convocando a

todos los pueblos al ataque: Alcémonos en guerra contra él. Las gentes, al atacar a Edom, no

hacen sino cumplir un designio divino de castigar y humillar su poderío: Te he hecho pequeño

entre las gentes. sobremanera despreciable (v.2).

Para dar mayor efectividad al vaticinio, se presenta ya el hecho como cumplido. Yahvé

ha querido humillar a Edom precisamente por su insolencia y el orgullo de su corazón (v.3) al

considerarse inexpugnable en su pétrea orografía. La capital de Edom era Petra (en hebreo Selah),

verdadera fortaleza natural, ya que está excavada en roca viva 3; sus habitantes habitaban

materialmente en las cavernas de las rocas, en cimas difícilmente accesibles (cuya morada son

las alturas). Militarmente, el territorio de Edom parecía inexpugnable; de ahí el sentimiento de

autosuficiencia de la nación: ¿Quién me hará bajar a tierra? Pero de nada le servirán sus nidos

de águila, ya que la mano de Yahvé es poderosa para derribarlos (v.4)4.

La ruina de la nación será completa fuera de toda medida. La catástrofe que se avecina no

se puede comparar a la incursión de unos ladrones que roban sólo lo que necesitan (v.5). Quedará

más asolada que una viña después de la vendimia, pues después de ésta siempre queda un rebusco,

mientras que la ruina que Yahvé va a traer sobre Edom la dejará totalmente desolada:

¡Cómo has sido saqueado! ¡Cómo esta Esaú de hollado! (v.6). Los enemigos invasores de Edom

no se marcharán hasta que hayan rebuscado sus escondrijos 5.

Y, para mayor escarnio, los que causarán esta ruina serán los que antes eran considerados

como sus aliados (ν.7). El profeta probablemente alude a tribus árabes invasoras que en otro

tiempo fueron auxiliares de los edomitas contra los países vecinos. En el siglo IV a.C. las tribus

nabateas se establecieron en el territorio de Edom, suplantando la nacionalidad de los edomitas,

de tal forma que éstos tuvieron que emigrar al sur de Palestina: Hasta la frontera todos los aliados

te arrojaron.

El exterminio de Edom traerá como consecuencia la desaparición de los sabios renombrados

en la antigüedad (v.8) 6. Es el día de la manifestación de la ira divina, y por eso nada tendrán

que hacer sus guerreros (V.9). Teman, una de las famosas ciudades de Edom, simboliza aquí

a todo el reino edomita, castigado por la justicia divina. Otra denominación paralela es la de

montañas de Esaú, que alude al mismo tiempo al carácter montañoso del país y a la procedencia

de los edomitas del antepasado-epónimo Esaú (Edom), hermano de Jacob.

Venganza de la cruel conducta de los edomitas contra los israelitas (10-16).

10 Por la mortandad, por la violencia infligida contra tu hermano Jacob, te cubrirá

la vergüenza y serás extirpado para siempre. 11 El día en que, estando tú presente, el

día en que los extranjeros saqueaban sus riquezas y los extraños penetraban por sus

puertas y echaban suertes sobre Jerusalén, fuiste también tú uno de tantos. 12 No

contemples el día de tu hermano, el día de su desastre. No te goces de los hijos de

Judá el día de su perdición. No profieras arrogancias con tu boca el día de la tribulación.

13 No entres por las puertas de mi pueblo el día de su ruina ni te estés contemplando

su desgracia el día de su desastre. No tiendas las manos sobre sus riquezas

el día de su ruina. 14 No te pongas en la encrucijada para exterminar a los fugitivos.

No entregues sus evadidos el día de la tribulación. 15 Porque se acerca el día de

Yahvé para todos los pueblos. Como hiciste, así te harán a ti; tu merecido caerá sobre

tu cabeza. 16 Como bebisteis vosotros (mi copa), los de mi monte santo, así bebe2512

rán siempre todas las gentes. Beberán y sorberán, y serán como si no hubieran sido.

El profeta echa en cara a Edom sus crímenes e injusticias cometidas contra su hermano Jacob

(Israel) (v.10). Con ocasión de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, los habitantes de

Edom — ávidos de revancha contra Judá, al que habían estado sometidos — se unieron a los invasores

en el despojo y en la mortandad de los vencidos. Abdías les aconseja no participar en

este ultraje, porque también para ellos llegará la hora del castigo. Aunque el profeta supone ya

los hechos ocurridos, por artificio literario los presenta como futuros para preparar el anuncio de

la ruina de Edom7. Los edomitas llegaron a exterminar a los fugitivos de Judá8. Esta conducta

cruel tendrá su merecida retribución (v.15). Todas las gentes tendrán que beber el cáliz de la cólera

divina, como en otro tiempo lo hicieron los judíos, moradores de su monte santo (la colina

de Sión) 9. Tantos crímenes no pueden quedar impunes.

La restauración gloriosa de Sión (17-21).

17 Pero en el monte de Sión habrá una porción salvada, y será santa, y la casa de Jacob

despojará a los que la despojaron. 18 La casa de Jacob será el fuego, la casa de

José será la llama y la casa de Esaú será la paja. La encenderán aquéllos y los devorarán,

y no quedará superviviente de la casa de Esaú, porque Yahvé ha hablado. 19

Ocuparán los del Negueb la montaña de Esaú, y los de la “Sefela” (el país de los filisteos,

y ocuparán la campiña de Efraím y el campo deSamaría; y los de Benjamín,

a Galaad 10; 20 y los cautivos de este ejército de los hijos de Israel ocuparán (el país)

de los cananeos hasta Sarepta 11, y los cautivos de Jerusalén que están en Sefarad

ocuparán las ciudades del mediodía, 21 Subirán salvadores al monte de Sión para

juzgar la montaña de Esaú, y a Yahvé pertenece el imperio!

Realizado el juicio punitivo sobre las naciones, sobre todo sobre Edom, se iniciará el período

glorioso de Israel. Yahvé se reservará una porción salvada o rescatada de las ruinas. Será el resto

glorioso, núcleo de restauración de la futura teocracia que tendrá su sede en el monte de Sión,

que será santo, porque volverá a vivir en él Yahvé, y porque sus ciudadanos serán santos o

consagrados a Dios como heredad de bendición (v.17). Por otra parte, hará que el pueblo israelita

tome su revancha sobre sus tradicionales enemigos los edomitas. La casa de Jacob y la

casa de José parecen designar, respectivamente, al reino del norte, Israel, y el del sur, Judá. José

era el padre de Efraím, la tribu principal del reino del norte. De nuevo las doce tribus se unirán y

serán como un fuego abrasador sobre la casa de Esaú (Edom), que será consumida como paja

(v.18).

Los confines del antiguo reino davídico volverán a restaurarse: Los del Negueb, e.d., los

judíos habitantes del sur de Palestina, ocuparan la montaña de Esaú, la región de Edom que se

extiende al este del Araba. Los de la Sefela, e.d., la región que, paralela a la costa, se extendía

desde la zona montañosa hasta la llanura costera, ocuparán el (país) de los filisteos, e.d., la parte

occidental de Palestina, juntamente con la campiña de Efraím y de Samaría, es decir, la parte

central de Palestina; y los de Benjamín, tribu al norte de Jerusalén, ocuparán la parte de Galaad,

en el nordeste de Transjordania. El profeta, pues, acaba de anunciar que los israelitas, dispersos

en la tierra de Palestina, ensancharán sus fronteras hasta volver a reconstruir el imperio de los

tiempos de David y de Salomón.

A continuación su mirada se dirige a los de la Diáspora, exilados en las más lejanas naciones.

Parte de ellos ocuparán la región de los cananeos hasta Sarepta (ν.20), ο parte septen2513

trional de Palestina, colindante con Fenicia 12. Y otra parte procedente de Sefarad ocupará el

Mediodía, o sur de Palestina. ¿Qué localidad es esta de Sefarad? Los LXX traducen Efrata, lo

que no hace sentido. La Vg, Bosforo. San Jerónimo nos dice que un judío le dijo que era la región

donde Adriano había deportado a muchos judíos. En el Siríaco, el Targum y en la literatura

rabínica de la Edad Media se identificaba con España (de ahí el nombre de sefarditas dado a los

judíos de procedencia hispánica, en contraposición a los askenazim del centro de Europa).

Algunos autores han creído identificar Sefarad con la Shaparda (en el Asia Menor: Sardis?)

de las inscripciones persas y aun con Esparta. Generalmente se cree hoy día que Sefarad

designa una localidad mesopotámica, que pudiera ser la Shaparda de las inscripciones cuneiformes

del tiempo de Sargón, que se hallaba al sudoeste de Media, cerca de Babilonia. Desde luego,

la mención de los cautivos de Jerusalén parece favorecer esta opinión, ya que sabemos que los

habitantes de Jerusalén fueron llevados en cautividad a Mesopotamia por Nabucodonosor 13.

El profeta anuncia solemnemente la repatriación de los exilados, que volverán como salvadores

o héroes 14 al monte de Sión (v.21), para desde allí regir y juzgar la montaña de Esaú, o

Edom, símbolo de las naciones paganas, que se convertirán en vasallos del pueblo elegido, porque

a Yahvé pertenece el imperio. Es la hora de Yahvé, que inaugura su reinado universal

sobre los pueblos, con Jerusalén como capital. El pueblo judío será el primogénito entre todos

los de la tierra, quedando así compensado de todas sus aflicciones pasadas.

1 “Cómo has sido saqueado” está traspuesto del verso anterior, pues en el lugar actual interrumpe el sentido. — 2 Tus asociados, reconstrucción

a base de un ligero cambio de letras. — 3 Cf. Jer 49:15; Gant 2:14. — 4 Cf. Jer 49:16. 3 Cf. Jer 49:9-6 Cf. Job. 2:11.

— 7 Cf. Ez 2S,is. — 8 Cf. Ez 25:5. — 9 Sobre el cáliz de la cólera divina cf. Jer 25,i5s; 27:28. — 10 Algunos autores prefieren leer

(suprimiendo la part. et): “Efraím poseerá la región de Samaría.” Cf. S. Bullough, Verbum Dei II p.?2g. — 11 La traducción que

hemos adoptado sigue la versión de los LXX y la Vg. La Bib. de Jér. sigue la versión de los LXX. — 12 El TM está oscuro y parece

que falta el nombre de una localidad paralela a la de Se-farad. — 13 Sobre la localización de Sefarad véase la revista Sefarad

(1944) 349S, y Shrader, Die Keilinschriften und das Alte Testament 2.a ed. (1883) p.446s. — 14 Cf. Jue3:9.15.

Jonas.

Introducción.

Personalidad de Jonas.

Según el relato bíblico, Jonas (en hebreo Yonah: “Paloma”) recibió orden divina de predicar

en Nínive la penitencia. El profeta desoyó la orden de Dios y en Jope tomó un barco en dirección

contraria, hacia Tarsis. Por su desobediencia se suscitó una tempestad, y los marinos,

después de consultar a suertes y caer ésta sobre Jonas, le arrojaron al mar. Un pez inmenso lo

tragó y lo devolvió incólume a la orilla. Jonas, agradecido a esta liberación milagrosa, se fue a

predicar a Nínive. El éxito de su predicación fue total, ya que, por orden del rey, todos los ninivitas,

incluso las bestias, hicieron penitencia.

El profeta, malhumorado porque sus predicciones de exterminio no se cumplieron (pues

Yahvé los perdonó por su penitencia), es reprendido por Dios por su espíritu mezquino, falto de

liberalidad y de comprensión. Tal es el contenido del relato del libro de Jonas, cuyo protagonista

lleva el mismo nombre patronímico de otro Jonas, hijo de Amitay, que profetizó a Jeroboam II la

nueva extensión de su reino como en tiempos pasados 1. Pero este profeta era oriundo del norte

de Palestina 2, mientras que el protagonista del libro de Jonas parece oriundo del reino del sur, ya

que, después de recibir la orden de ir a Nínive, tomó un navio en Jope, en la costa meridional.

2514

Carácter histórico-literario del libro.

Salta a la vista la diferencia del contenido del libro de Jonas respecto de los tradicionales

escritos profetices, pues lejos de ser, como éstos, un repertorio de oráculos, es más bien una narración

ano velada de un hecho concreto atribuido a un profeta. Por ello, los autores no concuerdan

al juzgar de la historicidad de sus narraciones. Unos, siguiendo la opinión tradicional, toman

la narración al pie de la letra, como un hecho histórico con grandes intervenciones milagrosas de

Dios. Así, el Jonas del libro que lleva su nombre sería el mismo que profetizó en tiempo de Jeroboam

II (787-746).

Los que sostienen esta opinión3, además de basarse en la tradición judaica4, apelan a las

alusiones de Jesucristo a hechos de la vida de Jonas, como el haber estado tres días y tres noches

en el vientre del pez5 y haber conseguido que los ninivitas hicieran penitencia6.

Otros autores, en cambio, basándose en ciertas anomalías y singularidades del libro de

Joñas, suponen que éste es una composición didáctica a base de un personaje imaginario, cuyos

hechos y reacciones debían expresar enseñanzas doctrinales. La narración, pues, según estos autores7,

sería una parábola dramatizada, en la que aparece un protagonista con nombre propio, al

estilo de la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. Desde luego son tales las inverosimilitudes

que aparecen en la narración de Jonas, que se tiene la impresión de que el autor del libro ha

dejado suelta la imaginación, creando hechos para adaptarlos a una enseñanza teológica.

Así, Jonas recibe orden de trasladarse a Nínive, metrópoli que estaba a más de mil kilómetros

de distancia de Palestina, patria de Jonas; arrojado al mar, es engullido por un cetáceo, en

cuyo vientre permanece incólume tres días y tres noches, y Jonas, durante ese tiempo, tiene la

tranquilidad para componer una bella oración rimada 8; su predicación de penitencia tiene tal éxito,

que la ciudad en pleno se convierte, con el rey a la cabeza, el cual promulga un ayuno general:

Hombres y animales, bueyes y ovejas, no probarán bocado, no comerán ni beberán nada.

Cúbranse de saco hombres y animales. 9

Y Jonas, en lugar de alegrarse por el fruto de su predicación, la penitencia — lo que es

normal en todos los profetas — , se disgustó por ello, y, malhumorado, salió a un altozano para

contemplar la ciudad. Milagrosamente creció un ricino para darle sombra, y al punto se secó,

porque dispuso Dios un gusano que lo atacó de raíz 10.

No es verosímil que un predicador hebreo haya convertido en unos días a una ciudad pagana

como Nínive. Por otra parte, conocemos muy bien la historia asiría de los siglos IX al VI, y

no encontramos ningún eco de esta conversión en masa al Dios de los hebreos. Además, los milagros

y portentos se suceden artificialmente, pues apenas se desencadena la tormenta, le traga el

pez y le deja incólume en la playa; en Nínive, después de la predicación, viene la conversión total

de sus habitantes, y después un árbol crece milagrosamente en un día, y en una noche muere.

Todo esto da la impresión de ser escenas que imaginariamente se suceden en el escritor que las

creó en función de ideas teológicas a expresar.

Indudablemente que el autor va tras de tesis concretas, y de ahí lo convencional de las narraciones.

Por otra parte, hay ausencia sistemática de anotaciones geográficas e históricas relativas

a la patria del protagonista y al nombre del rey de Nínive. De este modo, la narración parece

más aérea y elástica. Por todas estas indicaciones parece que nos hallamos ante una composición

didáctica ano velada, con unas enseñanzas doctrinales muy claras, como vamos a ver; se trata de

una composición satírica en forma de parábola.

2515

Tesis doctrinal del libro.

Aquí encontramos satirizadas las ideas particularistas judaicas respecto de la salvación de

los otros pueblos. El judío, hermético y despectivo, por pertenecer al pueblo elegido, desprecia a

todos los pueblos, y cree que éstos, por desconocer al verdadero Dios, están destinados al exterminio.

Así, un amplio sector del pueblo hebreo esperaba impaciente el día de Yahvé, como un

día de la manifestación de la ira divina sobre los pueblos gentiles.

Los profetas, por su parte, con sus generalizaciones sobre el castigo de Yahvé sobre las

naciones, habían sobreexcitado estas esperanzas ultranacionalistas. El autor del libro de Jonas

quiere demostrar prácticamente cómo muchas veces esos vaticinios conminatorios de los profetas

son en el fondo condicionados. Jonas anunció en forma absoluta la destrucción de Nínive, y,

sin embargo, la gran capital fue perdonada. La lección doctrinal es que todas las profecías conminatorias

tienen eficacia sólo en el supuesto de que aquellos contra quienes se dirigen se obstinen

en el pecado. Es la primera lección del libro de Jonas.

Pero lo principal es la afirmación de la tesis universalista. Dios no sólo perdona a los

componentes de su pueblo elegido, sino a los pecadores paganos que cambien de conducta. Jonas

— protagonista del libro — es la encarnación del particularismo judaico frente a las tenues corrientes

universalistas que poco a poco se iban abriendo paso en la tradición israelita. Es el conflicto

constante entre las ideas particularistas y universalistas, cuyo choque se agudiza en la época

postexílica. Nehemías exige la separación de judíos de los moabitas y amonitas n, y Esdras

prohíbe los matrimonios con los extranjeros 12.

Por otra parte, la comunidad judaica aceptaba los prosélitos procedentes del paganismo

13. En el libro de Zacarías (en la segunda parte), de un lado se refleja el espíritu de revancha sobre

las naciones opresoras, y de otro, aparecen claros vaticinios universalistas 14. Malaquías, que

protesta contra los matrimonios mixtos15, anuncia una ofrenda en todo el mundo a Yahvé 16. Esta

corriente universalista tenía sus antecedentes en la tradición. Rut la moabita aparece entre los

antepasados del gran rey David y se presenta como modelo de virtudes domésticas; más tarde, en

la literatura sapiencial, Job, modelo de rectitud y temor de Dios, es un edomita.

El autor del libro de Joñas empalma con esta tradición universalista y ridiculiza satíricamente

la posición cerrada y exclusivista judaica, simbolizada en el protagonista Joñas, que, en

vez de alegrarse con la conversión de los ninivitas — buscada por Dios — , se entristece porque

se les ha otorgado el perdón. Con su libro, el autor del libro de Joñas quiere dar a entender

a sus compatriotas que los oráculos de destrucción contra las naciones lanzados por los profetas

no se han de cumplir necesariamente.

Por otra parte, al presentar la conversión en masa de los ninivitas, el hagiógrafo ridiculiza

irónicamente a los israelitas, que, a pesar de haber oído tantas predicaciones proféticas, no se han

convertido aún a Yahvé, quedando ante El en peor condición. Es lo que Jesucristo dirá a los de

Cafarnaúm y de Betsaida que no han querido recibir su doctrina: “Los ninivitas se levantarán en

el día del juicio contra esta generación y la condenarán; hicieron penitencia a la predicación de

Joñas, y aquí hay algo más que Jonas” 17.

El panorama, pues, doctrinal del libro de Jonas no puede ser más amplio: Yahvé es el

Señor del universo, que domina las fuerzas del mar, a los animales, y que llama a la penitencia

a los paganos que no le conocen; los ninivitas — símbolo del mundo pagano — responden mejor

que los judíos a las llamadas de su Dios; los mismos marineros oran a sus dioses, mientras Joñas

— símbolo del espíritu encanijado y exclusivista judío — está durmiendo tranquilamente en la

nave. En todas estas narraciones hay una fina ironía contra las concepciones estrechas de los ju2516

díos. Por otro lado, el hagiógrafo destaca la superioridad religiosa de Israel frente a las otras naciones

paganas, pues de Israel proviene la salvación de los mismos gentiles. Estas son las grandes

directrices doctrinales que enseña el libro de Jonas. Los episodios particulares deben entenderse

pues, como una parábola continuada, con muchas alusiones alegóricas.

Fuentes bíblicas y extrabíblicas del libro.

Ya hemos visto cómo los hagiógrafos suelen apoyarse muchas veces en sus afirmaciones

sobre autoridades proféticas anteriores. Así, la doctrina del resto, que aparece por primera vez en

Amos, es repetida en Isaías, Jeremías y Ezequiel. En los autores postexílicos se acentúa esta tendencia

de los hagiógrafos a buscar apoyo en la tradición profética anterior al exilio. Teniendo en

cuenta esto, el autor de este libro bien pudo tomar como protagonista de su composición didáctica

a un personaje llamado Jonas, que en 2 Re 14:25 aparece esporádicamente profetizando a Jeroboam

II y, por ser de época remota, se prestaba mejor para una ficción literaria.

Es lo que hará el autor del libro de Job. La tradición hablaba de un venerable personaje,

modelo de virtud y amigo de Dios, llamado Job 18, y el autor lo escogió como protagonista de su

composición didáctica para probar plásticamente que no existe ecuación entre virtud y premio en

esta vida, ni entre castigo y pecado. En el libro de Jonas encontramos una serie de conceptos que

bien pueden basarse en tradiciones escritas anteriores, como los libros de Jeremías, Ezequiel y

los mismos Salmos 19.

Algunos autores acatólicos han pretendido encontrar antecedentes del libro de Jonas en

las mitologías paganas. Así, traen a colación la historia del poeta griego Arión, arrojado al mar

por los piratas y salvado por un delfín encantado con la música de su lira. Como en el caso de

Joñas, los marineros deliberan sobre la suerte del pasajero que van a echar al agua 20. En una leyenda

india, el hijo de un comerciante de Benarés, Mittavindaca, se embarcó a pesar de la prohibición

de su madre; el barco fue detenido por una fuerza misteriosa. Se buscó la causa de este

contratiempo entre los marineros, y la suerte cayó en Mittavindaca, y los marineros le pusieron

en una balsa, diciendo: “Muchos no deben perecer a causa de uno”21; y el barco pudo surcar libremente

el mar. En un texto egipcio del siglo ni, un funcionario naufragó en su viaje hacia tierras

lejanas; desaparece su equipaje, y él permanece tres días agarrado a un poste en el agua, hasta

que una ola lo lleva a una isla; después de tres días, una serpiente le llevó en su garganta a su

morada, y allí le anuncia que después de cuatro meses será devuelto por el mismo mar a su patria.

Como puede colegirse de estos relatos, las semejanzas son puramente tangenciales y no

prueban dependencia sustancial alguna, ya que la tesis del libro de Jonas es totalmente religiosa

y completamente original 22.

Autor y fecha de composición.

Joñas aparece citado siempre en tercera persona, y no se pretende que el protagonista

mismo haya compuesto el libro. Naturalmente, si el libro fuera escrito por el protagonista, no se

hubiera colocado en un papel tan poco airoso como aparece en el libro canónico que lleva su

nombre. Del contenido del libro sólo podemos deducir que el autor es un judío, que destaca la

superioridad de Yahvé sobre todos los dioses y que participa de las corrientes universalistas,

que se estaban abriendo paso en Judá, sobre todo después del exilio. Como el libro de Joñas

aparece ya entre los escritos proféticos en el siglo n, cuando fue compuesto el Eclesiástico, y

como, por otra parte, en el lenguaje abundan los arameísmos, se puede suponer que fue compuesto

en los siglos IVy III a.C.

2517

La historicidad de los hechos del libro de Jonas y las alusiones de Jesucristo

Como antes hemos indicado, los autores que sostienen la historicidad de los hechos narrados

en el libro de Jonas se basan en las alusiones de Cristo: “Como Jonas estuvo tres días en el

vientre del pez, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el seno de la tierra” 23;

“Los ninivitas se levantarán el día del juicio contra esta generación y la condenarán; hicieron penitencia

a la predicación de Joñas, y hay aquí algo más que Jonas” 24. ¿Cómo se salva la base de

la argumentación de Cristo, si los hechos del libro de Jonas son mera ficción literaria ?

A nuestro entender, para que su argumentación probara, basta que los oyentes de Jesús

creyeran en la realidad histórica de los hechos aludidos. Jesús, en ese caso, no habría hecho sino

acomodarse a esta mentalidad concreta, sin prejuzgar el problema exegético de la historicidad del

libro de Jonas. San Pablo argumenta a veces en sus epístolas a base de tradiciones legendarias, de

historicidad más que dudosa. Así alude a una tradición del Targum: “Quemadmodum autem

loannes et Mambres restiterunt Moysi, ita et hi resistunt veritati.25 Y en 1 Cor 20:4: “Bibebant

autem de spiritali, consequente eos petra, petra autem erat Christus.” En la epístola de San Judas

nos encontramos con otra alusión a leyendas judaicas: “Cum Michael archangelus cum diabolo

disputans altercaretur de Moysi corpore, non est ausus iudicium inferre blasphemiae, sed

dixit: Imperet tibí Dominus..” La cita está tomada de la Asunción de Moisés.

De estas citas colegimos la libertad con que los autores sagrados utilizan la Sagrada Escritura

canónica y aun los hechos de libros apócrifos, conocidos de los lectores, para los que probaban

la argumentación en cuanto que recibían esos hechos como históricos. Así, Nuestro Señor

bien pudo utilizar el mismo modo de argumentación, como cuando, adaptándose a la mentalidad

del ambiente, alude a los espíritus malignos que andan por el desierto y, después de vagar por las

zonas áridas, vuelven a la casa, que encuentran más limpia 26.

En la liturgia de la Iglesia latina tenemos varios casos de este tipo. En la misa de difuntos

se dice: “Ut cum Lázaro quondam paupere aeternam habeat réquiem.” ¿Es que el uso de este

texto en la liturgia supone la existencia histórica del Lázaro de la parábola del Señor? Lázaro

aquí es un tipo literario que simboliza una idea teológica en la parábola. Del mismo modo, en

la argumentación de Cristo, Jonas es un tipo literario aceptado por sus oyentes; y, por tanto, es

lícita la argumentación a base de su supuesta existencia, sin que esto indique que Cristo enseñe

formalmente que Jonas haya existido ni la penitencia de los ninivitas 27.

1 Cf. 2 Re 14:25. — 2 Era de Gath-Gefer, localidad identificada generalmente con Kh. Ez-zerra, a unos cinco kilómetros al nordeste de Nazaret. — 3

Haneberg-Weinhart, Zschokke, Kaulen-Hoberg, Knabenbauer, Vigouroux, Lippi, Kennedy. — 4 Cf. Targum de Jonathan; 3 Mac 6:8. La tradición

cristiana primitiva refleja la misma sentencia historicista: San Jerónimo: PL 25:1132; San Agustín: PL 33:382; Tertuliano: PL 2:840; Ireneo:

PG 7:942; San Justino: PG 6:7243. — 5 Lc 11:30. — 6 Mt 12:40. — 7 Así San Gregorio Nacianceno, Or. 2:106-109: PG 35:505-

508; Teofilacto, Expos. in Ion. 4: PG 126:960-965; Driver, Gigot, A. van Hoonacker, H. Lesétre, E. Tobac, A. Bras-sac, M. Meinertz,

Feuillet, etc. — 8 Jon 2:3. — 9 Jon 3:75. — 10 Jon 4:7. — 11 Cf. Neh 13:1-3; 13:28. — 12 Esdg,c12; Dt 23:7. — 13 Neh

10,29; Esd 6:21. — 14 Zac 9:6-7; 14:16-21. — 15 Mal 2:10-12. — 16 Mal 1.11. — 17 Mt 12:41. — 18 Cf. Ez 14:14.20. — 19 Cf.

Jer 18,7-8; 26:13; Ez 26:16 y Jon 3:6. La oración de Joñas es muy similar a muchas expresiones de los Salmos (cf. Jon 2:3a y Sal

18:3; Jon 3:5 y Sal 120:1; Jon 3:4a y Sal 31” 23, etc.). — 20 Sobre todas estas leyendas y las posibles influencias bíblicas véase el

luminoso artículo de A. Feuillet, Les sources du livre de Joñas y Le sens du livre de Joñas: RB 54 (1947/ 161-86.340-61. — 21

Cf. Jon 1:14. — 22 Hoonacker trae otros dos ejemplos: Semíramis, hija de la diosa Derketo, transformada en pez, llegó de Ascalón

a Nínive, donde fue transformada en paloma (en hebreo, Yonah: Joñas). Cf. Diod. DE Sic., II 5:20. Incluso se han relacionado

Yonah con el Oannes, dios pez, citado por Beroso. Véase Hoonacker, o.c., p.318-319. — 23 Mt 12:41. — 24 Mt 12:41. — 25 Este

hecho es mencionado en el Targum de Jonatan y en el Talmud. — 26 Lc 13:15. — 27 Sobre toda esta argumentación véase la exposición

excelente de Hoonacker, o.c., P-323-325.

2518

1. Orden divina de predicar a los ninivitas.

Desobediencia de Jonas (1-3).

1 Llegó a Jonas, hijo de Amitay, palabra de Yahvé, diciendo: 2 Levántate y ve a Ninive,

la ciudad grande, y predica contra ella, pues su maldad ha subido ante mí. 3

Levantóse Jonas para huir lejos de Yahvé a Tarsis, bajó a Jope y halló un barco que

estaba para ir a Tarsis. Pagó el pasaje y entró en él para irse con ellos a Tarsis, lejos

de Yahvé.

La narración se abre sin concretar la época y patria del protagonista, Jonas, hijo de Amitay. Conocemos

un profeta de este nombre que profetizó en tiempos de Jeroboam II (787-756 a.C.) l. Es

la época de la dominación incipiente asiría. El hagiógrafo bien pudo escoger este personaje como

protagonista de una historia que se había de centrar en torno a la gran metrópoli de Ninive. Jonas

recibe la orden de ir a predicar la penitencia en la ciudad grande de Ninive, símbolo del paganismo

desenfrenado y símbolo también de la hostilidad contra Israel.

La misión de Jonas era realmente desconcertante para un judío, que creía sólo que su

pueblo tenía derecho a gozar de la benevolencia y misericordia de Yahvé, su Dios. Como veremos,

la tesis central del libro es el universalismo religioso. Para probarla, nada mejor4 que presentar

a la capital del imperio asirio como acogida a la misericordia divina, después de haber

manifestado claros signos de arrepentimiento y de penitencia. Yahvé no sólo se preocupa de los

israelitas, sino que también tiene providencia de los paganos, y por eso quiere ofrecer una oportunidad

de penitencia a los ninivitas, cuya maldad había subido hasta El (v.2).

Esta amplitud de miras y esta magnanimidad no es comprendida por el espíritu mezquino

del judío Jonas, que no quiere saber nada de la conversión de los paganos, enemigos de su pueblo.

Por eso, en vez de secundar la orden recibida, encaminándose hacia Mesopotamia, toma el

camino contrario, hacia occidente, esperando huir lejos de Yahvé. En su estrecha mentalidad cree

que fuera de Palestina, la tierra de Yahvé, se encontrará libre de la influencia de su Dios, que

concibe como divinidad nacional, si bien le reconoce como el Creador de los cielos y de los

mares (v.9).

En su afán de huir de Yahvé, toma en Jope (la actual Jαfα, junto a Tel-Aviv) un barco para

dirigirse a Tarsis, la región más lejana y occidental de entonces. Generalmente se identifica a

Tarsis con la Tartessos de los griegos y romanos, en la desembocadura del Guadalquivir, en España.

Los fenicios tenían grandes relaciones con la costa meridional de España, y de hecho Tarsis

llegó a significar la península Ibérica, el extremo occidental del mundo clásico conocido2. Por

ello, las naves de gran tonelaje eran llamadas “naves de Tarsis,” pues eran las que solían hacer el

recorrido de una punta a otra del Mediterráneo. Es interesante cómo el autor sagrado destaca la

voluntad rebelde de Jonas al no querer obedecer, buscando una ruta totalmente opuesta a la debida.

Más tarde (4:2) Jonas lamentará no haber podido llegar efectivamente al objetivo de su viaje,

hacia Tarsis, para verse libre de la ingrata misión de predicar a los ninivitas.

La tormenta en el mar (4-9).

4 Yahvé levantó en el mar un violento huracán, y fue tal la tormenta en el mar, que

creyeron se rompería la nave. 5 Llenos de miedo, los marineros invocaban cada uno

a su dios, y echaron al mar lo que llevaban en la nave para aligerarla de ello. Jonas,

que había bajado al fondo de la nave, se había acostado y dormía profundamente. 6

2519

Llegóse a él el patrón del barco y le dijo: ¿Qué estás ahí tú durmiendo? Levántate y

clama a tu Dios. Quizá se cuidará de nosotros y no pereceremos. 7 Dijéronse unos a

otros: Vamos a echar suertes a ver por quién nos viene este mal. Echaron suertes, y

la suerte cayó en Jonas. 8 Entonces le dijeron: A ver, ¿de dónde vienes, cuál es tu tierra

y de qué pueblo eres? 9 El les respondió: Yo soy hebreo y sirvo a Yahvé, Dios de

los cielos, que hizo los mares y la tierra.

El hagiógrafo destaca cómo, a pesar de la decisión de Jonas, Yahvé le obligará a la fuerza a

cumplir su orden. Para ello levanta un huracán que hace imposible el viaje (v.4). La situación

de la nave es desesperada. Para salvarla, los marineros arrojan las mercancías al mar. Irónicamente,

el autor sagrado contrapone la actitud piadosa de los marineros paganos, que invocan a

sus dioses respectivos, a la del hebreo Jonas, que, despreocupado, duerme tranquilo en el fondo

de la nave (v.5). El patrón del barco le despierta y le invita a orar también a su propio Dios para

que los libre de la muerte. En la mentalidad sincretista y mercantil de los fenicios, cada pueblo

tenía su dios y su poder particular. Al invitar a Jonas, no sabía que el Dios de éste era el Señor

del universo, como lo declara el propio Jonas.

Los marineros, supersticiosos, creyeron que había entre ellos alguno que había ofendido a

su dios, contra el que éste descargara su ira. Por suertes, como era usual, decidieron buscar al

culpable, y la suerte cayó precisamente en el indolente hebreo que dormía en el fondo de la nave.

Designado Jonas, le preguntaron por su procedencia y origen para descubrir su culpabilidad respecto

a su Dios. El viajero hebreo declara su patria y religión, y paladinamente confiesa que su

Dios es el Señor de los cielos y de los mares, insinuando así que El ha tenido que enviar la espantosa

tormenta.

La trama del relato es perfecta, no exenta de artificialidad literaria. El hagiógrafo contrapone

bien las situaciones y las conductas de los respectivos personajes en orden a hacer resaltar

su idea teológica sobre la omnipotencia divina y sus designios sobre Jonas, que, contra su voluntad,

tendrá que rendirse a la tesis del universalismo religioso que late en toda la narración del

libro.

Joñas es arrojado al mar (10-16).

10 Aquellos hombres se atemorizaron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho

esto? Pues sabían que iba huyendo de Yahvé, porque él se lo había declarado. 11 Dijéronle:

¿Qué vamos a hacer contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar

iba embraveciéndose cada vez más. 12 El les respondió: Agarradme y echadme al

mar, y el mar se os aquietará, pues bien sé yo que esta gran tormenta os ha sobrevenido

por mí. 13 Aquellos hombres hicieron por volver la nave a tierra, mas no pudieron,

pues el mar cada vez más se embravecía. 14 Entonces clamaron a Yahvé, diciendo:

¡Oh Yahvé! Que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre y no

nos imputes sangre inocente, pues tú, ¡oh Yahvé! has hecho como te plugo. 15 Y agarrando

a Jonas, le echaron al mar, y el mar se aquietó en su furia. 16 Temieron aquellos

hombres a Yahvé y le ofrecieron sacrificios y le hicieron votos.

Los marineros quedan consternados al saber lo que había hecho Jonas con su Dios, y le preguntan

por qué ha desobedecido. Llevados de su profundo sentimiento religioso, sabían que no se

podía desafiar la ira de ningún Dios. En este caso, Jonas había sido un loco, y ahora insinúan que

deben deshacerse de él para aplacar a Yahvé, aunque no se atreven a proponerlo claramente:

2520

¿qué vamos a hacer contigo.? (v.11). El mar seguía cada vez más encrespado, sin duda porque el

Dios de Jonas sigue terriblemente enojado. No se atreven a tomar la iniciativa contra Joñas, y es

éste quien se ofrece a ello, pues reconoce noblemente que ha sido la causa de la desesperada situación

de la nave. Quiere aplacar a Yahvé para que se salven los inocentes marineros.

Los marineros, sin embargo, hacían lo posible por acercar la nave a tierra, por si podían

salvarse sin acudir al extremo de atentar contra la vida de Jonas (v.15). Pero todo fue inútil, y,

decididos a deshacerse del infortunado hebreo, piden a Dios perdón por la acción que se ven

obligados a cumplir; piden al Dios de Jonas que no se les impute la sangre de Jonas, al que consideran

inocente por no haber cometido ninguna acción a sabiendas contra ellos (v.14); pero se

someten a sus designios, pues ha dispuesto que sucediera así. Decidieron, pues, arrojar a Jonas al

mar, y al punto la tempestad cesó. Reconocieron la omnipotencia del Dios de Jonas y trataron

de ganar su benevolencia haciendo sacrificios y votos en acción de gracias (v.16).

1 Cf. 2 Re 14:25. — 2 Cf. Is 66:19; Sal 72:10; Ez 27:12.

2. Salvación milagrosa del Profeta.

Jonas en el vientre del cetáceo (1-11).

1 Yahvé había dispuesto un pez muy grande para que tragase a Jonas, y Jonas estuvo

en el vientre del pez por tres días y tres noches. 2 Desde el vientre del pez dirigió

Jonas su plegaría a Yahvé, su Dios, diciendo: 3 Clamé a Yahvé en mi angustia y El

me oyó. Desde el seno del “Seol” clamé, y tú escuchaste mi voz. 4 Echásteme a lo profundo,

al seno de los mares; envolviéronme las corrientes; todas tus olas y tus ondas

pasaron sobre mí. 5 Y dije: Arrojado soy de delante de tus ojos. ¿Cómo volveré a

contemplar tu santo templo ? 6 Las aguas me estrecharon hasta el alma, el abismo

me envolvió, las algas se enredaron a mi cabeza. 7 Había bajado ya a las bocas del

hades, la región cuyos cerrojos (se echaron) sobre mí para siempre 2; pero tú, Yahvé,

mi Dios, salvaste mi vida del sepulcro. 8Cuando desfallecía mi ánima, me acordé

de Yahvé, y mi súplica llegó a ti, a tu santo templo. 9 Los servidores de fútiles vanidades

abandonan su benevolencia. 10 Pero yo te ofreceré víctimas acompañadas de

alabanzas, te cumpliré mis votos. De Yahvé es la salvación, 11 Dio Yahvé orden al

pez, y éste vomitó a Jonas en la playa.

Según el relato, Jonas fue tragado por un pez, sin que se especifique la naturaleza de éste. Los

antiguos han pensado en un tiburón o en un cachalote, que se encuentran en el Mediterráneo. Milagrosamente,

Jonas permaneció en el vientre del pez tres días y tres noches. Jesucristo alude a

este relato al argumentar con los fariseos sobre su resurrección: “Como Jonas estuvo tres días y

tres noches en el pez, así el Hijo del hombre estará el mismo tiempo en el seno de la tierra para

resucitar después.”3 Jesucristo, al expresarse así, no pretende esclarecer el hecho de si realmente

Jonas estuvo en el pez tres días y tres noches, sino que, conformándose a la interpretación que

daban entonces sus oyentes al relato, utiliza el relato bíblico para argumentar en favor de su resurrección.

La oración de Jonas proferida en el vientre del cetáceo tiene todos los visos de ser una

composición artificial, de estilo salmódico, redactada por el hagiógrafo. Es una acción de gracias

por haberle librado de la muerte. Aparte de la inverosimilitud de que Jonas hubiera compuesto

2521

esta oración en el vientre del pez, hay una serie de detalles que indican el carácter convencional

de la misma. Así, se supone que las algas se enredaron en la cabeza de Jonas (v.6), como si el

infortunado Jonas hubiera estado vagando por las profundidades del abismo antes de ser tragado

por el cetáceo. Es fácil ver en la oración de Jonas un mosaico de citas de salmos4, lo que prueba

la tardía composición del libro.

El hagiógrafo procura adaptar la oración a la supuesta situación de Jonas en medio de las

olas del mar. El profeta se siente en el seno del seol (v.3), o en peligro de muerte, cara ya a la

región tenebrosa subterránea donde moran los que han dejado esta vida. Y por eso se siente alejado

de los ojos de Yahvé (v.5). El fiel israelita cifraba su máxima felicidad en asistir a las funciones

litúrgicas solemnes del templo de Jerusalén; por eso ahora Jonas siente no poder contemplar

su santo templo. El infortunado profeta se considera ya bajado a las bocas del hades (ν.7),

la región sin retorno, cuyos cerrojos se echaron sobre él para no abrirse jamás 5.

Ante esta perspectiva, no cabía sino encomendarse a Yahvé para que lo salvara (v.8). Su

deseo fue cumplido, y así probó su omnipotencia, que se manifiesta sólo a sus fieles, ya que los

servidores de fútiles vanidades, o ídolos, se hallan totalmente desamparados (v.8). En consecuencia,

Jonas promete víctimas y votos en acción de gracias (v.10). Tal es la hermosa plegaria

puesta en boca de Jonas por el hagiógrafo para dar gracias por su liberación milagrosa. Yahvé

oyó su súplica y ordenó al cetáceo que lo arrojara en la orilla del mar.

1 Así según una ingeniosa reconstrucción de Hoonacker, que lee, en vez de Harim (montes), Hadis (Hades), que en hebreo tiene una

grafía muy similar. El TM dice literalmente: “en las raíces de los montes.” — 2 Hoonacker, con un ligero cambio de letras, lee:

“La región cuyos cerrojos son barras eternas” (lee Badey en vez de bahady). — 3 Mt 12:40(Cf. I Sam 30:128) — 4 Cf. v.3 y Sal

18(17),6; 120(119),! v.4: Sal 42(41),8; v.5: Sal 18(17),5; 69(68X2; v.8: Sal 142(141X4; I43(142),4; Sal 5:8; 18(17),? 88(87X3;

v.10: Sal 50:49X14. — 5 Cf. Job 10,21.22. — 6 Cf. Diodoro, II 3· 7 Herodoto, V 53. — 8 El estadio griego equivalía a unos

195 metros. — 9 Los LXX leen “dentro de tres días.” Los números son simbólicos. — 10 Jesucristo trae como ejemplo la conversión

de los ninivitas (Mt 12:41; Le 11:32), contraponiendo su actitud a la incredulidad de la generación de su tiempo. El valor argumentativo

se salva en el supuesto de que los oyentes de Cristo interpretaran la historia del libro de Joñas como algo estrictamente

histórico. Jesús, en ese caso, pudo acomodarse a su mentalidad, sin prejuzgar el hecho histórico en sí mismo.

3. Jonas en Nínive.

Predicación de Jonas (1-4).

1 Llegó por segunda vez la palabra a Jonas, diciendo: 2 Levántate y ve a Nínive, la

ciudad grande, y pregona en ella lo que yo te diré. 3 Levantóse Jonas y fuese a Nínive,

según la orden de Yahvé. Era Nínive una ciudad grande sobremanera, de tres

días de andadura. 4 Comenzó Jonas a penetrar en la ciudad camino de un día, y

pregonaba diciendo: De aquí a cuarenta días, Nínive será destruida.

En este capítulo se mostrará de nuevo cómo Yahvé impone su voluntad para extender su voluntad

salvífica sobre la nación pagana. Jonas, mero instrumento suyo, anuncia la proximidad del

castigo a los ninivitas, aunque Yahvé permanece libre respecto a su cumplimiento, ya que dicho

anuncio es condicional, es decir, en el supuesto de que no hagan penitencia.

Es sorprendente la facilidad con que ahora Jonas se traslada a Nínive, como si fuera una

ciudad no lejana de Palestina. El hagiógrafo recalca las dimensiones grandes de la ciudad (Era

Nínive una ciudad grande sobremanera, lo que parece indicar que el redactor es posterior a la

desaparición de la ciudad famosa). La frase tres días de andadura es interpretada por San Jerónimo

en el sentido de la circunferencia de la ciudad, lo que se ajusta a las medidas dadas por

Diodoro de Sicilia para su perímetro (480 estadios) 6. Según Herodoto7, un día de camino eran

2522

150 estadios8. Diodoro de Sicilia afirma que el diámetro de Nínive era de 150 estadios, justamente

el camino de un día (v.4), que anduvo el profeta, según el hagiógrafo, para predicar por toda la

ciudad. El autor sagrado quiere ante todo resaltar la extensión de la ciudad, para después valorar

la magnitud del efecto conseguido por la predicación de Joñas. Para ello exagera quizá las proporciones.

La predicación conminatoria es taxativa: dentro de cuarenta días Nínive será destruida 9.

El profeta obra por inspiración de Dios, sin conocer plenamente los designios divinos. El hagiógrafo

se complace en presentar a Jonas implacable con la ciudad pagana de Nínive, para contrastar

su mezquino punto de vista judío con la magnanimidad divina, que admite a la penitencia y a

la misericordia aun a los gentiles. Es la tesis del libro, que, como hemos indicado en la introducción,

tiene todos los visos de una composición imaginaria didáctica al estilo del libro de Job.

Penitencia y perdón de los ninivitas (5-10).

5 Las gentes de Nínive creyeron a Dios, y pregonaron ayuno y se vistieron de saco

desde el más grande al más pequeño. 6 Llegó la noticia al rey de Nínive, y, levantándose

de su trono, se desnudó de sus vestiduras, se vistió de saco y se sentó sobre el

polvo, 7 e hizo pregonar en Nínive una orden del rey y de sus príncipes, diciendo:

Hombres y animales, bueyes y ovejas, no probarán bocado, no comerán nada ni beberán

agua. 8 Cúbranse de saco hombres y animales y clamen a Dios fuertemente, y

conviértase cada uno de su mal camino y de la violencia de sus manos. 9 ¡Quién sabe

si se apiadará Dios y se volverá del furor de su ira y no pereceremos! 10 Vio Dios lo

que hicieron, convirtiéndose de su mal camino, y arrepintiéndose del mal que les dijo

había de hacerles, no lo hizo.

El éxito de la predicación de Joñas no pudo ser más rotundo. Toda la población, desde el más

grande al más pequeño, dio muestras de penitencia, vistiéndose de saco. El mismo rey dio ejemplo

a sus subditos con su conducta, mandando asociar hasta los mismos animales a las manifestaciones

externas de penitencia de los ninivitas. El hecho es totalmente insólito en la historia de

todos los pueblos. Aquí la inverosimilitud desborda todo lo imaginable, pues Nínive, la gran metrópoli

asiría, aparece convertida en masa a la sola predicación de un profeta judío. De hecho, en

la historia de Asiría no encontramos la más mínima alusión a lo narrado aquí. En el libro de Daniel

encontramos relatos parecidos en los que se habla de la conversión de Nabucodonosor ante

las maravillas obradas por Dios en beneficio de su siervo Daniel. El estilo convencional de todos

estos relatos salta a la vista, y de ahí que muchos autores acudan al género literario bíblico midráshico

(enseñanza religiosa en la que se recarga el elemento milagroso para fomentar la piedad)

para explicar todos estos portentos del libro de Jonas. La enseñanza fundamental que se

quiere hacer resaltar en este libro es la posibilidad que tienen los pueblos paganos de reconciliarse

con el Dios verdadero de Israel, único Señor de todos los pueblos. Como veremos a continuación,

el hagiógrafo contrapone la mezquina mentalidad judía de Jonas, que se molesta por la

conversión de los ninivitas, y la magnanimidad de Dios, que los admite a la penitencia 10.

Despecho de Joñas (1-4).

1 Apesadumbróse sobremanera Jonas, se enojó 2 y oró a Yahvé, diciendo: ¡Cómo,

Yahvé! ¿no es esto lo que me decía yo estando en mi tierra? Por eso, precaviéndome,

quise huir a Tarsis, pues sabía que eres Dios clemente y misericordioso, tardo a la

ira, de gran piedad, y que te arrepientes de hacer el mal. 3 Ahora, pues, Yahvé, quí2523

tame la vida, porque mejor me es la muerte que la vida. 4 Díjole Yahvé: ¿Te parece

que haces bien con enojarte así?

La penitencia de los ninivitas, lejos de alegrar a Jonas, le contrista sobremanera, y éste se queja a

Dios porque han resultado fallidos sus anuncios sobre la próxima destrucción de la ciudad. El

temperamento mezquino y cerrado del profeta no puede ser mejor reflejado. Cree que se ha comprometido

su buen nombre al no realizarse sus funestas predicciones, y no le importa la gloria

que supone para su Dios la conversión de una ciudad populosa en pleno. El hagiógrafo se complace,

pues, en contrastar la actitud cerrada y malhumorada de Jonas con la magnanimidad abierta

del Dios de los judíos.

De hecho, todos los profetas del A.T. se alegran del arrepentimiento de los destinatarios

de sus vaticinios conminatorios, y predican siempre en el supuesto de que Yahvé da el perdón a

quien sinceramente se vuelve a El. Jonas, en cambio, aquí simboliza al judío resentido, que

considera los gentiles como destinados necesariamente a la reprobación, sin esperanza de rehabilitación.

Es un indicio más del carácter artificial de la narración.

Reprensión de Dios (5-11).

5 Salióse Jonas de la ciudad y se sentó al lado oriental de ésta, y, haciendo un chozo,

metióse en él, a la sombra, hasta ver lo que era de la ciudad. 6 Dispuso Yahvé, Dios,

un ricino, que creció hasta por encima de Jonas, y haciendo sombra sobre su cabeza,

le defendía del calor. Jonas se alegró mucho por el ricino, 7 pero dispuso Dios un gusano

que a la mañana siguiente atacó al ricino, y éste se secó. 8 Al salir el sol mandó

Dios un recio viento solano, y el sol hirió en la cabeza a Joñas, que, angustiado, se

deseaba la muerte, diciendo: ¡Mejor sería para mí morir que vivir! 9 Entonces dijo

Yahvé a Jonas: ¿Te parece bien enojarte por el ricino? Y él respondió: Sí; me parece

bien enojarme hasta la muerte. 10 Yahvé le dijo: Tú tienes lástima del ricino, en el

cual no trabajaste por hacerle crecer, que en el espacio de una noche nació y en el de

otra noche pereció, 11 ¿y no voy a tener yo piedad de Nínive, la gran ciudad, donde

hay más de ciento veinte mil hombres que no distinguen su mano derecha de la izquierda,

y, además, numerosos animales ?

Yahvé no encuentra razonable el enojo del profeta: ¿Te parece que haces bien con enojarte así?

(v.4). Los designios de la Providencia son secretos, y no puede Yahvé castigar a una ciudad sólo

porque quede en buen lugar la fama de Jonas. Aunque le moleste el quedar ante la opinión pública

como soñador del castigo de la ciudad, debe pensar ante todo en el bien inmenso que consiguió

con su predicación conminatoria. ¿Cómo había de permitir Dios la destrucción de la gran

ciudad, sabiendo que hay en ella ciento veinte mil que no distinguen su mano derecha de la izquierda

(v.11); es decir, niños que no han llegado al uso de la razón y, por tanto, son totalmente

inocentes? La historieta del ricino que crece para sombrear a Jonas, y su desaparición, sirve para

mostrar el carácter antojadizo y ruin de Jonas, que se molesta por la desaparición del arbusto que

le daba sombra, mientras que no le da pena de la muerte de miles de inocentes en la ciudad.

El contraste entre la actitud magnánima de Dios y la mezquina de Jonas es irónica, y

puede considerarse como la tesis general del libro. Dios admite también a la penitencia a los paganos.

Es la tesis universalista, que se va abriendo paso en la literatura tardía del judaismo.

En el libro de Job es un oriental (no judío) el máximo dechado de rectitud moral. En el libro de

Jonas se critica la tesis del exclusivismo judío, según la cual sólo los pertenecientes al pueblo

elegido tenían derecho al arrepentimiento y perdón de parte de Dios. Como el libro de Job,

2524

este de Jonas reviste las características de una novela religiosa didáctica, en la que se contrastan

dos ideas teológicas: el exclusivismo judío tradicional y el universalismo, que va adquiriendo

carta de naturaleza en la época postexílica.

Miqueas.

Introducción.

El profeta.

Miqueas (en hebreo Mikah-abreviación de Mikayahu — : “¿Quién como Yahvé?”) es

contemporáneo de Isaías. Su nombre entra dentro de la onomástica común judaica 1. Es originario

de Moreset, a unos 45 kilómetros al sudoeste de Jerusalén. Como Isaías, profetizó en los

tiempos de Joatam (739-735), Acaz (735-727) y Ezequías (727-693). Puesto que Miqueas anuncia

el castigo de Samaría como futuro 2, sigúese que comenzó su predicación antes del 722-21,

fecha de la caída en poder de los asirios de la capital del reino septentrional. Jeremías alude a una

de las profecías de Miqueas proferida en tiempo del rey Ezequías, relativa a la destrucción de

Jerusalén 3.

No sabemos ninguna otra particularidad de su vida privada o profética, ni siquiera sobre

sus posibles y verosímiles relaciones con su contemporáneo Isaías. Algunos autores han querido

considerar a Miqueas como del grupo de discípulos de Isaías, pero no hay ningún dato concreto

para suponerlo. Como Isaías, tuvo que vivir años de zozobra ante las inminentes y reiteradas invasiones

de los ejércitos de Asiría; y, como enviado de Dios, tuvo que luchar contra todas las

combinaciones políticas para conjurar las invasiones.

Contenido y división del libro.

Como Amos, el profeta Miqueas anuncia a sus compatriotas que el día del Señor es un

día de tinieblas y no de luz; es decir, en vez de ser el día de la manifestación vengadora de Yahvé

sobre los enemigos de Israel — como esperaban sus contemporáneos — , será, ante todo, -día

de purificación y de prueba para el pueblo elegido. Antes de que llegaran los tiempos gloriosos

del triunfo habrían de venir los de castigo merecido por tantos pecados. Podemos dividir en

tres partes el libro de Miqueas:

I. Juicio divino sobre Israel y Judá: 1:1-2:13. La venida del Señor para juzgar: 1:2-7. Devastación

de la tierra: 1:8-16. Contra las injusticias: 2:1-11. Salvación del resto escogido: 2,c12s.

II. Juicio contra los jefes y falsos profetas: 3:1-5:14. Crímenes de los príncipes y falsos

profetas: 3:1-12. Futura gloria de la nueva Sión: 4:1-7. Castigo y rehabilitación de Jerusalén por

el Mesías: 4:8-5:9. Purificación de la tierra y del pueblo: 5:9-14.

III. Confesión y restauración del pueblo reprobado: 6:1-7:20. Ingratitud del pueblo; culto

externo e injusticias: 6:1-12. Justa pena: 6:13-16. Quejas del profeta contra la inmoralidad reinante:

7:1-7. Restablecimiento y exaltación de Sión: 7:8-20 3.

Por este esquema vemos que en el libro las amenazas y promesas alternan de modo regular,

por lo que algunos críticos creen que esta distribución es artificial, fruto de reajustes posteriores

redaccionales. El profeta empieza enfáticamente apelando a todos los pueblos y a la tierra

misma para que asista al castigo de Yahvé contra Israel4. A este encuadramiento cósmico responde

la elevación de Sión sobre todos los pueblos, que corren en masa para adoctrinarse en las

2525

leyes del Señor 5. Las naciones serán juzgadas por Yahvé a causa de su soberbia, para que se

avergüencen de su fuerza y se acerquen, humildes, a Yahvé 6. En el libro, pues, late la idea de

un juicio universal sobre todos los pueblos para encaminarlos a Yahvé.

Autenticidad.

Está bastante generalizada la opinión entre los críticos de que el libro llamado de Miqueas

es obra de varios autores. En general se adjudican a Miqueas los tres primeros capítulos,

porque parecen reflejar mejor el ambiente del siglo VIII. Esta serie de amenazas está conforme al

estilo profetice de la época; pero las secciones de promesas (2:12-13 y 4:1-5:8) son atribuidas

por estos críticos modernos a una mano posterior. En realidad, por sólo el hecho de que hable de

promesas de victoria, no se sigue que no sean de Miqueas, ya que en el género profético está la

costumbre de alternar amenazas con promesas, para, de un lado, invitar a una vida de penitencia,

y, del otro, alentar las esperanzas de restauración en los momentos de crisis.

Tambien la sección 6:1-7 es considerada por muchos autores como obra de otro profeta,

pues el tono de amenazas es menos tajante, y el estilo literario más lírico. Como no menciona a

Jerusalén y se dirige a Israel, parece que el autor es del reino del norte, pues en los reproches coincide

con las acusaciones de Amos y Oseas7. Como en 6:16 parece suponerse la existencia de

Samaría, este fragmento sería compuesto antes del 722-21. Así, esta sección puede concebirse

como un oráculo aparte que fue unido por el compilador a los fragmentos anteriores, y puede ser

del mismo Miqueas, ya que es posible que en su fraseología se haya dejado influir por los escritos

de Amos y de Oseas.

Texto y versiones.

El estado del TM actual está bastante deficiente, pues hay pasajes ininteligibles, y otros

están desplazados de lugar. Para subsanar estas deficiencias y obscuridades es necesario buscar

reconstrucciones del texto, tomando como base las versiones de los LXX, la paráfrasis aramea

del Targum y las leyes de la métrica hebraica.

Mensaje doctrinal.

Miqueas en su predicación repite los lugares comunes de los mensajes profetices anteriores

de Amos y de Oseas. Pero, aunque no haya originalidad en el contenido sustancial de su

mensaje, la hay en el vigor de su expresión. Habla después que se han cumplido muchos vaticinios

de Amos relativos al castigo de Yahvé sobre su pueblo, y por eso su lenguaje es más lacerante

e incisivo. A pesar de la predicación de Amos y de Oseas, Israel continuaba confiada en

que Yahvé no permitiría el desastre nacional, porque habitaba en medio de ellos8. El profeta sale

al paso de esta falsa confianza, dando a entender que, si Israel ha sufrido mucho, todavía tendrá

que sufrir más.

Los contemporáneos de Miqueas creían que podrían mantener buenas relaciones con

Yahvé a base de manifestaciones externas de culto, con sacrificios y ofrendas. Como Amos,

Oseas e Isaías, el profeta Miqueas exige una religión ante todo del corazón, una entrega sincera

a Dios, cumpliendo sus preceptos. Ante todo, justicia y misericordia. Los que más han

conculcado estos derechos han sido las clases dirigentes, y, en consecuencia, son los primeros

responsables de la catástrofe que se avecina. Por eso, Samaría y Jerusalén, donde éstos residen,

serán totalmente destruidas.

Es el primer profeta que anuncia la total destrucción de Jerusalén. Esto parecía in2526

creíble para los ciudadanos de Jerusalén, ya que allí estaba el templo, la Casa de Yahvé. En

esto, el profeta ha mostrado una independencia de carácter y una valentía que será seguida después

por otros, como Jeremías. Nacido en un ambiente rural, Miqueas se alza contra las clases

amaneradas y corrompidas de la capital, esperando la resurrección de la nación a base de las clases

sanas del campo.

Su estilo literario es vivo y dramático, con cambios bruscos de persona.

1 Cf. 1 Re 22, donde se habla de un “Miqueas de Yemla.” — 2 Miq 1:6. — 3 Cf. Jer 26:18, citando a Miq 3:12. 3 Es la división propuesta

por H. HOPFL-MILLER-METZINGER, o.c., 517. Otros autores (entre ellos Hoonacker) prefieren hacer una división cuatripartita:

a) 0.1-3: amenazas; b) 4-5' promesas; c) reproches y amenazas (6:1-7:6); d) esperanzas (7:7-20). — 4 Miq i,21. — 5 Miq 4,is.

— 6 Miq 7:165. — 7 Cf. Miq 6,ios y Am 8:5-6; Miq 6:15 y Am 5:11; Miq 6:14 y Os 4:10. — 8 Miq 3:11.

1. Vaticinios contra Israel y Juda.

Yahvé va a descargar su ira sobre su pueblo elegido. Primeramente el reino del norte, simbolizado

en su capital, Samaría, sufrirá las consecuencias del enojo divino. Después Jerusalén, por

haber imitado la conducta perversa del reino del norte, sufrirá también la destrucción y la ruina.

El estilo es solemne e impresionante, como el de Isaías.

El día de la cólera de Yahvé está próximo (1-4).

1 Palabra de Yahvé, que fue dirigida a Miqueas, de Morasti, en los días de Jotán,

Acaz y Ezequías, reyes de Judá, lo que vio sobre Samaría y sobre Jerusalén: 2 ¡Escuchad,

pueblos todos! ¡Atiende tu tierra y cuanto en ella se contiene! Que el Señor,

Yahvé, va a litigar con vosotros; el Señor, desde su santo templo. 3 Pues he aquí que

Yahvé va a salir de su lugar, va a descender para caminar sobre las cumbres de la

tierra, 4 y bajo él se fundirán los montes y se hendirán los valles, como al fuego se

derrite la cera, como aguas que se precipitan por un despeñadero.

Miqueas es del reino de Judá, de una localidad (Morasti) que es localizada por San Jerónimo

cerca de la actual Bet-Gebrin, entre Jerusalén y Gaza. En la Biblia aparece otro Miqueas hijo de

Jimia. Sin duda que el compilador de los escritos de nuestro profeta quiere distinguirlo de éste al

decir que era de Morasti, que los LXX interpretan en sentido étnico, no geográfico.

La época en que se desarrolló su actividad profética es bien concreta, y coincide en general

con la de Isaías, es decir, en el siglo VIII a.C., bajo los reinados de Jotam (740/39 — 736/35),

Acaz (736/5 — 727) y Ezequías (727 — 698/7). Al dar estos tres nombres, el compilador muestra

que la actividad profética de Miqueas duró largo tiempo. Son los años en que el antiguo

Oriente vivía bajo la obsesión del peligro asirio, en los tiempos de Teglatfalasar III (745-727),

Salmanasar V (727-722), Sargón (722-705) y Senaquerib (705-681).

Los oráculos de Miqueas se refieren tanto al reino del norte (Samaría) como al reino del

sur (Jerusalén). Enfáticamente invita el profeta a todos los pueblos a ser testigos del juicio que

Yahvé va a decretar contra su pueblo. El Dios de Israel, que mora en su santo templo (de Jerusalén),

tiene un litigio pendiente con su pueblo y lo quiere ventilar a las luces de todos los pueblos

para escarmiento general. Ha llegado la hora de la cólera divina, pues Yahvé va a salir de su lugar

(la morada de los cielos), caminando sobre las nubes o cumbres de la tierra. Como un gigante,

va atravesando las cordilleras, envueltas en nubes, para hacer justicia en la tierra l. Ante su

avance majestuoso se fundirán los montes y se hendirán los valles, incapaces de soportar tanta

2527

grandeza, como al fuego se derrítela cera. No podía el profeta escoger una introducción más solemne

e impresionante a sus oráculos que esta descripción de la majestad de Yahvé avanzando

en medio de las conmociones cósmicas de una naturaleza que se asocia a su Creador para dar a

entender a los hombres su grandeza y omnipotencia, que se va a manifestar en el juicio sobre su

pueblo escogido.

La ruina de Samaría y de Jerusalén (5-9).

5 Todo por la prevaricación de Jacob, todo por los pecados de la casa de Israel.

¿Cuál es la prevaricación de Jacob? ¿Acaso no es Samaría? ¿Y cuáles los excelsos de

Judá? ¿Acaso no es Jerusalén? 6 Pues yo convertiré a Samaría en majano campestre,

en plantaciones de viñas, y arrojaré sus piedras en el valle, y pondré al desnudo

sus cimientos. 7Y todas sus esculturas serán abatidas, y todos sus salarios serán

abrasados por el fuego, todos sus ídolos serán arruinados, porque son mercedes de

prostitución, y en salario de prostitución se convertirán. 8 Por eso yo gimo y me lamento,

y voy descalzo y desnudo, y aúllo como chacal, y gimo como avestruz. 9 Porque

su desastre es irremediable y ha invadido a Judá, llegando hasta la puerta de mi

pueblo, hasta Jerusalén.

La prevaricación de Jacob está resumida en la prevaricación de su capital, Samaría. Sin duda

que el profeta alude a los cultos idolátricos y cismáticos del reino del norte. La prevaricación de

Judá está resumida en sus lugares excelsos o bamot, en los que se daba culto a Yahvé, pero con

fuertes infiltraciones paganas cananeas. Los profetas de Judá siempre lucharon contra estas prácticas,

y de hecho la reforma de Ezequías (contemporáneo de Miqueas) tuvo por objetivo principal

centralizar el culto en el templo, acabando con los cultos en los bamot, fuente de muchas

idolatrías 2. Miqueas, pues, declara que el pecado específico de Judá son los bamot o lugares excelsos,

sobre las colinas que rodeaban Jerusalén.

Yahvé castigará al reino del norte, simbolizado en su capital, Samaría, a la que convertirá

en majano campestre (v.6), o montón de ruinas. Será totalmente derruida, y sus piedras serán

lanzadas en el valle (Samaría estaba asentada sobre una elevada colina). Las esculturas de sus

lugares de culto serán abatidas, y todos sus salarios o ganancias conseguidas con el culto idolátrico

(mercedes de prostitución, v-7) serán pasto de las llamas, como cosas viles y despreciables.

Después de anunciar el terrible castigo sobre Samaría, el profeta se siente profundamente

conmovido, entregándose al duelo más sincero: gimo., voy descalzo. (v.8). Miqueas simboliza en

este duelo sin consuelo a la nación desolada 3. El aullido lúgubre de los chacales y el gemido doloroso

del avestruz son un tópico literario 3*, que expresa bien el estado de ánimo triste del profeta.

En la destrucción de Samaría ve una amenaza inminente del reino de Judá (V.9). En efecto,

las tropas asirías ocuparán pronto Samaría bajo Sargón II en 721 a.C.; pero en el 705 a.C. el

ejército de Senaquerib pondrá sitio a Jerusalén. La amenaza, pues, afectaba a los dos reinos por

igual.

La inminencia de la invasión asiría sobre Judá (10.-16)

10 No vayáis a pregonarlo en Gat ni a llorarlo en Acco 4. Revolveos en el polvo en

Bet-le-Afrá. 11Os han traicionado los de Safir, las ciudades de la vergüenza 5. No salieron

a campaña los habitantes de Saanán 6; la casa vecina os traicionó 7, os negó su

apoyo. 12 Los habitantes de Marot esperan sacar bien, porque ha descendido de

2528

Yahvé el mal a las puertas de Jerusalén. 13 Uncid al carro los corceles, habitantes de

Lakis. Es el comienzo del castigo para la hija de Sión, pues en ti se han hallado las

prevaricaciones de Israel. 14 Por eso habrás de aportar la dote de Moreset-Gat; las

casas de Akzib serán un engaño para los reyes de Israel. 15 Aún os traeré un poseedor,

moradores de Maresá, y la gloria de Israel emigrará a Elam 8. 16Motílate y ráete

por los hijos queridos, ensancha tu calvicie como la del buitre, porque fueron deportados

lejos de ti.

En este fragmento se describe con estilo nervioso la inminencia de la invasión: abundan los juegos

de las palabras en hebreo y son intraducibies. Muchas de las localidades son citadas sólo para

hacer juegos de palabras con la idea a expresar. Así, Miqueas pide a sus compatriotas que no

vayan a llorar su situación, en demanda de ayuda, a los filisteos y a los fenicios (no vayáis a pregonarlo

en Gat ni a llorarlo en Acco) 9, sino que hagan públicas manifestaciones de penitencia y

duelo en Bet-le-Afrá 10.

Israel se siente aislado y abandonado de sus supuestos aliados: Os han traicionado los de

Safir n. El profeta parece aludir a defecciones de ciudades que estaban obligadas a defenderse

mutuamente. Cuando Salmanasar V (728-21) atacó Tiro y Samaría, muchas ciudades fenicias

abandonaron aquélla a su suerte 12. Quizá la frase ciudades de la vergüenza (v.11) aludan a este

hecho. Tampoco los egipcios cumplieron su palabra de subir en epoyo de Israel: No salieron a

campaña los habitantes de Saanán o de Soan (Tanis, en el delta egipcio). La casa vecina puede

ser Fenicia en general, región fronteriza con Israel, que les traicionó y negó su apoyo. Es más,

los aprovechados fenicios se han alegrado del infortunio de Israel, pues esperaban, llevados de su

espíritu mercantil innato, sacar bien de la situación.

Los habitantes de Marot (v.12) parecen ser los habitantes de la ciudad fenicia Marat, entre

Arad y Simyra 13. El profeta les echa en cara el haberse alegrado porque ha descendido de

Yahvé el mal a las puertas de Jerusalén. Es el anuncio de la invasión asiría, que amenaza ya a la

Ciudad Santa. El profeta ve tan inminente la incursión del ejército asirio sobre el reino de Judá,

que invita a una de las ciudades fortificadas de éste, Lakis, situada al sudoeste de Jerusalén, a

hacer los preparativos de defensa: Uncid al carro los corceles, habitantes de Lakis (v.13) 14. Es

la hora del castigo de la hija de Sión, Jerusalén, porque ha imitado las prevaricaciones de Israel,

el reino cismático del norte. El reino de Judá, simbolizado en Jerusalén, su capital, va a tener que

ceder parte de su territorio como dote al invasor, y esta dote será Moreshet-Gat, localidad cercana

a la filistea Gat. El profeta está jugando con nombres geográficos en consonancia con las

ideas que quiere expresar 15.

Los reyes de Israel han confiado en sus aliados fenicios, pero las casas de Akzib serán un

engaño para ellos 16. La invasión se realizará porque Yahvé lo ha determinado así: Os traeré un

poseedor (conquistador), moradores de Maresa (v.15), localidad del reino de Judá, al sudoeste

de Jerusalén, que también aquí simboliza a Judá, y que es nombrada para hacer juego de palabra

con poseedor 17. La consecuencia de la invasión asiría será la deportación de Israel a Mesopotamia:

y la gloria de Israel emigrará a Elam (v.16) 18. Por eso, el profeta invita al duelo general

con las tradicionales manifestaciones externas de dolor: motílate y ráete., ensancha tu calvicie

como la del buitre (v.16). Es la suerte de la nación la que está en juego; sus hijos queridos serán

llevados al exilio. Ya en tiempos de Teglatfalasar III (745-727) empezó el desplazamiento de

poblaciones israelitas a Mesopotamia y a las montañas contiguas de Elam. En el 721, con la caída

de Samaría, la deportación de la población israelita del reino del norte al destierro fue masiva.

2529

1 Cf. Am4:13. — 2 Cf. 2 Re 18:4.22. — 3 Cf. Is 20,2. 3 Cf. Job 30,29. — 4 E. TM: “llorar” (bacó). El paralelismo exige un lugar

geográfico: Acco. — 5 El TM: “en desnudez vergonzosa.” Una ligera combinación de consonantes da nuestra versión, propuesta

por Hoonacker. — 6 Hoonacker propone leer Sidón en vez de Saanán; pero este nombre debe de estar por Soan (Tanis). — 7 Lit.

el TM: “lamentación de Bet-Esel.” Por razones de paralelismo hemos preferido ia corrección de Hoonacker. — 8 Lit. el TM: Adullam,

que resulta extraño. Hoonacker propone Elam, lugar de deportación de los judíos. — 9 Acco, la San Juan de Acre de los cruzados,

junto al actual Haifa, en la frontera con Fenicia. — 10 El profeta juega con la palabra Afra (quizá la ciudad Ofra del territorio

de Manases: Jue 8:27) y la palabra hebrea Hafar (polvo): “revolcaos en el polvo.” — 11 Safir, que algunos han querido identificar

con Sharmr de Jos 15:48 o de Jue 10:1; quizá sea la ciudad fenicia Symyra, al sur de Arad. — 12 Cf. 2 Re 17:5. — 13 Algunos

leen Berut (Berytus: Beyrut). — 14 Lakis era lugar de concentración de carros de combate (i Re 10,26; 2 Crón 1:14; 8,6). —

15 El nombre de la localidad geográfica Moreshet juega con la palabra hebrea Me'orashah (“desposada”), de cuya dote se habla

aquí. — 16 La localidad de Akzib juega con la palabra akzab (<engañoso”), que se suele aplicar al wady que no lleva agua, y así

decepciona al caminante sediento que esperaba saciar su sed (cf. Jer 15:18). — 17 Juego de palabras entre yoresh (poseedor) y

Mershah, localidad. — 18 Los que mantienen el Adullam del TM interpretan esto en el sentido de que Israel se verá obligado a llevar

una vida errante como David, huyendo de Saúl en la región de Adullam (desierto de Judá).

2. Anuncios de castigo.

Invectivas contra los ricos desaprensivos (1-5).

1 Ay de los que en sus lechos maquinan la iniquidad para ejecutarla al amanecer,

porque tienen en sus manos el poder! 2 Codician campos, y los roban; casas, y se

apoderan de ellas; y hacen violencia al dueño y a su casa, al hombre y a su heredad.

3 Por tanto, así dice Yahvé: He aquí que yo estoy maquinando contra esta estirpe un

mal del que no podréis librar vuestros cuellos, y no andaréis ya erguidos, porque es

el tiempo de la desventura. 4 En aquel día se compondrá una sátira sobre vosotros y

se cantará una elegía, diciendo: “Hemos sido destruidos por completo. ¡Se ha mudado

la suerte de mi pueblo! ¡Cómo arrebata para no devolver y reparte nuestros

campos! 5 Ya no tendrás quien por suertes distribuya lotes en la comunidad de Yahvé.

Como su antecesor Amos, el profeta Miqueas se levanta contra los abusos de las clases pudientes.

El castigo que Yahvé va a enviar está justificado, porque están conculcadas las elementales

normas de convivencia social. Los adinerados no piensan sino en maquinar la iniquidad para ponerla

por obra cuanto antes (al amanecer), oprimiendo a las clases débiles de la sociedad. Nada

llena su codicia: campos, casas, heredades. (v.2).

Pero Yahvé no se duerme, y también El está maquinando un mal contra esa estirpe inicua.

Vendrá la invasión asiría, y entonces los pudientes de Israel no volverán a andar erguidos y

altaneros (v.3), porque van a ser humillados por la desventura, en la que perderán todas sus posesiones.

Es la hora de la prueba, en que tendrán que oír la sátira irónica: Hemos sido destruidos.

Se ha mudado la suerte de mi pueblo (ν.6). La prosperidad de Israel era sólo aparente, y ahora es

el invasor el que arrebata para no devolver, y reparte sus campos, tan codiciados. Ya no habrá

quien distribuya los lotes por suertes al modo tradicional (v.5).

La hora de la justicia vindicativa de Dios (6-11).

6 ¡No vaticinéis! ¡No vaticinen respecto de esto! ¡El oprobio no (nos) alcanzará! 2 7

No se dice la casa de Jacob: “¿Se ha acortado la paciencia de Yahvé? ¿Dónde están

sus obras?” 3¿Mis palabras no están plenas de bondad para los que caminan en rectitud?

8 Pero vosotros ayudáis al enemigo contra mi pueblo. Delante de Salmanasar

arrebatáis el botín de guerra a los que confiados van su camino. 9Arrojáis a las mujeres

de mi pueblo de su querido hogar y arrebatáis para siempre de sus hijos mi

2530

gloria. 10 Levantaos y echad a andar, que no es tiempo de holganza. Por su inmundicia

será atormentado con horrible tormento. 11 No profetiza falsamente el hombre

inspirado. Yo te profetizo el vino y la bebida embriagadora de que rebosa este pueblo.

Miqueas hace frente a los falsos vaticinios de los profetas mendaces que anuncian prosperidades

al pueblo: ¡No vaticinéis.! Se creían al abrigo de toda adversidad política: el oprobio no nos alcanzara

(v.6). Muchos autores creen, sin embargo, que el profeta trae aquí las protestas del pueblo

contra los anuncios tristes proclamados por Miqueas: ¡No vaticinen.! El oprobio no nos alcanzara,

y, en ese caso, parece lógica la ilación del pensamiento del ν.7: ¿Se ha acortado la paciencia

de Yahvé? ¿Dónde están sus obras? El pueblo judío se creía al abrigo de toda catástrofe

nacional, confiando en la tradicional protección de Yahvé. La historia mostraba que su Dios

había sido muy paciente con las pasadas generaciones; no iba, pues, a cambiar ahora de proceder.

Más bien el texto parece sugerir que el auditorio de Miqueas está consternado ante sus

amenazas, y se pregunta si Yahvé no ha cambiado de conducta, pues en tiempos anteriores había

ayudado y perdonado a su pueblo conforme a su paciencia, pero ahora sí son verdad las amenazas

de Miqueas: ¿Se ha acortado la paciencia de Yahvé? ¿Dónde están sus obras o manifestaciones

de perdón otorgadas anteriormente? El profeta proclama que Yahvé no ha cambiado en su

proceder, sino que da a cada uno conforme a su conducta moral: ¿Mis palabras no están plenas

de bondad para los que caminan en rectitud? Es bueno para los que siguen las sendas del

bien.

Las amenazas proclamadas por el profeta son consecuencia de sus pecados, que reclaman

justicia. Las clases dirigentes expolian al pueblo, y en ello no hacen sino adelantarse al despojo

que va a realizar Salmanasar con su ejército; en esto son auxiliares del conquistador asirio: Ayudáis

al enemigo contra mi pueblo. Delante de Salmanasar arrebatáis el botín de guerra a los

que confiados van su camino (v.8)4, es decir, al pueblo sencillo, que camina confiadamente, sin

dobleces en la vida y sin esperar que los magnates se aprovechen de su posición para expoliarlos.

Esta conducta contribuirá a que Yahvé envíe el terrible castigo al invasor asirio, que llevará cautivos

a los israelitas: Arrojáis a las mujeres de mi pueblo de su querido hogar (V.9), y, con ello,

sus hijos serán privados de la gloria de Yahvé, pues no podrán considerarse hijos de Israel en su

patria, con el privilegio de asistir a los cultos del Dios nacional. Yahvé había prometido su protección

y bendición a su pueblo, pero ahora llega el castigo por sus pecados, y las próximas generaciones

se sentirán huérfanas de su Dios, lo que constituía su gloria.

El castigo es tan inminente, que el profeta invita a sus oyentes pecadores a ponerse en

marcha hacia el exilio antes de que llegue de hecho: Levantaos y echad a andar. (v.10). Toda la

tierra de Israel está contaminada con la inmundicia del pecado, que va a ser castigado con horrible

tormento5. Por ello, el profeta hace una llamada a sus corazones: él es profeta y, como tal, no

profetiza falsamente 6. No puede ocurrir que uno que esté inspirado de Dios pueda anunciar algo

falso, y, por tanto, deben atender a la profecía de Miqueas que anuncia el despliegue de la ira divina:

yo te profetizo el vino y la bebida embriagadora de que rebosa este pueblo. Supone el profeta

que Yahvé va a dar a beber del cáliz embriagador de su ira 7. Es la hora de su justicia punitiva.

Nadie puede librarse de ella, a menos que se cambie de vida. Estas profecías conminatorias

son siempre condicionadas.

La intervención salvadora de Yahvé (12-13).

12 Yo te reuniré, Jacob, todo entero; yo reuniré los restos de Israel, yo los congregaré

2531

corno ovejas en el aprisco, corno rebaño en medio del pastizal, y, llenos de espanto,

huirán ante el desastre8. 13 Irá delante de ellos el que rompe la marcha; irrumpirán

y traspasarán la puerta y saldrán por ella, y delante de ellos marchará su rey, y a su

cabeza Yahvé.

Estos versos han sido diversamente interpretados. Muchos autores ven aquí un anuncio del retorno

glorioso del exilio, con Yahvé a la cabeza. Quizá sea mejor considerarlos como continuación

de la amenaza anterior. El profeta acaba de conminarlos para que se lancen a la huida antes de

que llegue la catástrofe. Ahora parece anunciarles que el mismo Yahvé les ayudará a abrirse paso

en la huida. Yahvé los va a reunir como un rebaño en su aprisco para emprender la huida todos

juntos bajo su protección. Probablemente la frase es irónica: Yahvé siempre los había congregado

para salvarlos, pero ahora es para mandarlos al destierro, si bien en ello hay un sentido de salvación,

pues es el único modo de librarse de la muerte.

El profeta describe a Israel como un rebaño que va tras el macho cabrío: ira delante de

ellos el que rompe la marcha (ν.13); es el rey o jefe político, que debe abrir la marcha en la huida.

La frase y a su cabeza Yahvé es considerada por muchos autores como glosa. Pero bien puede

ser de Miqueas, que, para anunciar la inminencia de la catástrofe, presenta a Yahvé ayudando a

su pueblo a salvarse en su trágica huida.

Como dijimos antes, este fragmento es considerado por muchos como el anuncio del retorno glorioso

del exilio, al estilo de Is 52:12. Así, Condamin cree que debe colocarse después de 4:7.

1 Así según un ligero cambio propuesto por Hoonacker. Cantera: “Como es arrebatada de mí (la porción de mi pueblo). Entre los

apóstatas nuestros campos son repartidos.” — 2 Así según la Bib. de Jér. . ~ — 3 La Bib. de Jér.: “¿La casa de Jacob será maldita?

¿Yahvé ha perdido la paciencia? ¿Es éste su modo de obrar?” — 4 La traducción es según la reconstrucción de Hoonacker. El

verso es oscuro. La Bible de Jérusalen: “Vosotros os levantáis como enemigos contra mi pueblo. Al que es irreprochable le quitáis

el manto; a quien se cree en seguridad le infligís desastres de guerra.” — 5 La última parte es traducida por la Bib. de ér,: “Por

causa de nada conseguís con extorsiones una prenda aplastante.” — 6 Verso oscuro. Cantera: “Si yo fuera un hombre que corriese

tras el viento y mintiera falsedades, yo te predicaría de vino e hidromiel, y ése sería el profeta adecuado para este pueblo.” La traducción

de la Bib. de Jér. es parecida a ésta. Según ella, el sentido sería que el profeta apropiado para Israel sería el que halagara

sus pasiones y caprichos. — 7 Cf. Is 14:14; 29:95; Jer 25:16.27; 49:12; Hab 2:16; Zac 12:2. — 8 Así según la reconstrucción

plausible de Hoonacker. El TM parece decir: “producirán gran tumulto por la gente.” La Bibíe de Jér. propone esta lectura corregida:

“No tendrán temor de nadie.”

3. Los Falsos Profetas.

Acusaciones contra los abusos de la clase dirigente (1-4).

1 Yo digo: Oíd, caudillos de Jacob y jueces de la casa de Israel: ¿No os toca a vosotros

conocer el derecho? 2 Aborrecedores del bien y amadores del mal, arrancan la

piel de sobre ellos y la carne de sobre sus huesos, 3 y luego de haberse comido la carne

de mi pueblo y de haberle arrancado la piel, y haberle roto los huesos, y haberle

descuartizado como carne para la olla o carne para el caldero, 4 entonces clamarán

a Yahvé, pero no les oirá, pues les ocultará su rostro en aquel tiempo porque obraron

perversamente.

El profeta se levanta enérgicamente contra las injusticias sociales, como lo había hecho su predecesor

Amos en Samaría, cuyo estilo aparece reflejado en estas vigorosas frases. Las imágenes

son muy crudas, pero expresivas. Los jefes de Israel tratan al pueblo sencillo como a una oveja a

la que arrancan su piel y aprovechan después su carne para la olla. Nada se libra a sus arbitrarias

exacciones; pero, cuando llegue la hora de la angustia y el castigo, de nada les servirá el clamar a

2532

Yahvé, que los dejará a su suerte, ocultando su rostro para que no sientan su protección esperada.

Yahvé no puede aprobar su conducta perversa y su falsa religión, puramente externa.

Contra los falsos profetas (5-8).

5 Así habla Yahvé contra los profetas que descarrían a mi pueblo, que muerden con

sus dientes mientras claman: “Paz,”y al que no les pone algo en la boca, le declaran

la guerra santa. 6 Por eso la visión se os hará noche, y la adivinación tinieblas, y se

pondrá para los profetas el sol, y el día se les oscurecerá. 7 Los videntes serán avergonzados,

y confundidos los adivinos, y se cubrirán todos la barba, pues Dios no dará

ya respuesta. 8 Yo, empero, estoy lleno de la fuerza del espíritu de Yahvé y de juicio

y fortaleza para denunciar a Jacob sus prevaricaciones y a Israel sus pecados.

Miqueas arremete ahora contra los que se presentaban como profetas, sin serlo realmente, ante su

pueblo. En sus discursos no buscaban sino halagar, para después lucrarse de la simpatía ganada.

Así, de un lado esquilman al pueblo (muerden con sus dientes, ν.6), mientras que de otro anuncian

una paz que no llegará. Se prestan a toda clase de comunicaciones mientras les hagan dones

(al que les pone algo en la boca); pero al que no les da nada, le declaran la guerra santa, considerándole

como enemigo de Dios. Se consideran los monopolistas de la religión, y, como tales,

se atreven a condenar a los que no se doblegan a sus ambiciones.

Pero Dios castigará sus abusos, y así les negará toda comunicación profética: la visión se

os hará noche. (v.6); quedarán avergonzados ante el pueblo, ya que no acertarán en sus supuestos

vaticinios por no proceder del mismo Dios, que es el único que conoce el futuro. Así, en signo

de postración moral y de duelo, se cubrirán la barba (ν.7), como tenía que hacerlo el leproso

1 cuando se encontraba con alguno. En contraposición a esta actitud humillante, Miqueas podrá ir

con la cabeza erguida, porque sus predicciones resultarán veraces, pues se siente poseído del espíritu

de Yahvé (v.8), y su misión es desenmascarar las prevaricaciones y pecados de Israel. Lejos

de adular al pueblo anunciándole una paz ficticia, Yahvé le empuja a anunciar castigos por

los pecados de Israel.

Anuncio de la destrucción de Jerusalén (9-12).

9 Oíd, pues, cabezas de la casa de Jacob y jueces de la casa de Israel, que aborrecéis

el derecho y torcéis todo lo recto; 10 que edificáis a Sión con sangre y a Jerusalén con

iniquidad, 11 Sus cabezas sentencian por cohecho, sus sacerdotes enseñan por salario,

sus profetas adivinan por dinero y se apoyan sobre Yahvé, diciendo: “¿No está

entre nosotros Yahvé? ¡No nos sobrevendrá la desventura!” 12 Por eso, por vosotros

será Sión arada como un campo, y Jerusalén se convertirá en ruinas, y el monte del

templo será un breñal.

Conforme a la actitud antes enunciada, Miqueas proclama la inminencia del castigo sobre las

clases dirigentes, responsables de todas las injusticias sociales. Los jueces, los profetas y los sacerdotes

ejercen su ministerio por puro lucro, y con ello no hacen sino dar pie para los mayores

crímenes, edificando a Sión con sangre y a Jerusalén en iniquidad (v.10). La ira divina vendrá

devastadora y Jerusalén sufrirá la suerte de Samaría 2, siendo totalmente arrasada. Aquí nos encontramos

con un caso típico de profecía conminatoria condicionada, ya que Jerusalén no fue

destruida por los asirios, como lo fue Samaría.

En tiempos de Jeremías, los ancianos de la ciudad tratan de salvar la vida del profeta ale2533

gando que también Miqueas anunció la destrucción de Jerusalén y que, gracias a la penitencia del

rey Ezequías y del pueblo, no se cumplió el terrible castigo 3. De hecho, Jerusalén será destruida

en el 586 a.C. por las tropas de Nabucodonosor, pero parece que el anuncio de Miqueas se refería

a una invasión asiría, aunque el vaticinio era condicionado, es decir, en el supuesto de que Jerusalén

no se arrepintiera de sus pecados.

1 Cf. Lev 13:45; Ez 24:17.22. — 2 Cf. Miq 1:6. — 3 Cf. Jer 26:185.

4. Promesa de restauración y de Paz.

Jerusalén, centro religioso del mundo en la era. mesiánica (1-5).

1 Y sucederá al fin de los días que el monte de la casa de Yahvé se asentará a la cabeza

de los montes, se elevará sobre los collados, y los pueblos correrán a él, 2 y vendrán

numerosas naciones, diciendo: Venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa

del Dios de Jacob, que nos enseñe sus caminos para que marchemos por sus sendas,

pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahvé. 3 Y juzgará a muchos

pueblos y ejercerá la justicia hasta muy lejos con poderosas naciones, que de

sus espadas harán azadas, y de sus lanzas hoces; no alzará espada gente contra gente

ni se adiestrarán ya para la guerra. 4 Sentaráse cada uno bajo su parra y bajo su

higuera, y nadie los aterrorizará, porque lo dice la boca de Yahvé de los ejércitos. 5

Porque todos los pueblos marchan cada uno en el nombre de sus dioses, pero nosotros

marcharemos siempre en el nombre de Yahvé, nuestro Dios por siempre jamás.

Los c.4-5 nos presentan una perspectiva muy diversa de la de los tres capítulos anteriores. En

éstos se anunciaba el castigo inminente y la destrucción de Jerusalén; ahora, en cambio, se habla

de una era mesiánica venturosa, en la que la ciudad santa de Sión será el centro religioso de todas

las naciones, y si se alude a desgracias presentes o futuras, es para contrastarlas con la felicidad

de los tiempos mesiánicos. No pocos autores suponen por esto que los c.4-5 son posteriores

a Miqueas, del tiempo postexílico. Sin embargo, quizá la nueva perspectiva alentadora refleja el

optimismo de Miqueas con motivo de la reforma de Ezequías, que siguió a su predicación de

amenazas. Al menos en tiempos de Jeremías, los ancianos creían que los peligros y castigos de

que había hablado Miqueas habían sido alejados a causa del arrepentimiento del pueblo. En este

ambiente esperanzador podemos explicar la efusión mesiánica del profeta en tiempos en que

Isaías consolaba a Judá con vaticinios de liberación mesiánica.

Los v.1-4 del c.4 se hallan casi literalmente en Is 2:2-4. Se ha discutido mucho la paternidad

genuina del pasaje. Hay quienes suponen incluso una fuente común a ambos fragmentos. De

todos modos, parece que en Miqueas está dentro del contexto de liberación, y bien puede suponerse

que un redactor posterior la haya insertado en el libro de Isaías.

La mente del profeta se traslada a los días venturosos de la era mesiánica, al fin de los días

(v.1), en que Jerusalén será el punto de atracción religiosa de todas las naciones. Ahora

es un punto insignificante en el globo, pero llegarán días en que todos los pueblos volverán sus

ojos hacia la colina de Sión, que idealmente es presentada a la cabeza de los montes, como faro

luminoso al que puedan orientar sus pasos los gentiles. Movidos de su íntimo instinto, las naciones

reconocerán que la Ley salvadora vendrá de Jerusalén (v.2), pues es expresión de la palabra

de Yahvé.

2534

Israel se encontrará entonces en situación privilegiada, como arbitro de los destinos de los

pueblos: Juzgará a muchos pueblos y ejercerá la justicia hasta muy lejos (v.3), y como consecuencia

de ello, reinará una paz edénica, en la que no habrá temores de guerra. Los mismos instrumentos

belicosos se convertirán en instrumentos de paz: de sus espadas harán azadas, y de

sus lanzas hoces (v.5). Es la idealización de los tiempos mesiánicos. Isaías proclama que en esos

días los animales salvajes perderán sus instintos salvajes y que el Niño-Mesías acabará con todo

atuendo militar belicoso 1. Miqueas, contemporáneo suyo, se sitúa en la misma perspectiva y

anuncia que las gentes no se adiestrarán para la guerra, y se sentará cada uno bajo su parra y

bajo su higuera (v.4). La expresión es proverbial 2 y refleja bien los tiempos mesiánicos, en que

no habrá sobresaltos ni temores: nadie los aterrorizará (v.4).

Las genes de Palestina de tiempos del profeta vivían angustiadas con la amenaza de alguna

invasión extranjera, asiría o egipcia, y de ahí el profundo anhelo de paz que surgía de todos

los corazones. La era mesiánica sería, pues, el remedio de todos los males. Naturalmente, en todas

estas descripciones hay mucho de hipérbole oriental, y de hecho sabemos que esa paz total

no se logrará más que en el cielo, la etapa definitiva del mesianismo.

La Iglesia es la continuación y heredera de las promesas del Israel del A.T.; la profecía de

Miqueas se cumplió sustancialmente, ya que la Iglesia es el faro que ilumina al mundo, predicando

el espiritualismo y el retorno de los pueblos a Dios. Históricamente Jerusalén ha perdido

toda categoría como capital de la espiritualidad en el mundo, porque el pueblo judío no reconoció

al Mesías cuando hizo su aparición en la historia. Los judíos no veían en las profecías mesiánicas

más que el ropaje exterior literario en el que se hablaba de un reino terrenal, y no quisieron

ver el contenido sustancial espiritualista que en ellas late, y de ahí su incomprensión del mensaje

de Cristo. Si Jerusalén hubiera aceptado al Mesías, sería, en efecto, el centro del espiritualismo

mundial. La Iglesia de Roma es el Israel de Dios de que habla San Pablo, heredero de las promesas

mesiánicas del A.T. A través de la historia ha sido el centro del espiritualismo de ese movimiento

que aspira a aunar los corazones bajo la Ley de Dios.

Y el profeta concreta la razón de esta situación privilegiada de Jerusalén en los tiempos

mesiánicos: porque todos los pueblos marchan cada uno en el nombre de sus dioses, pero nosotros

marcharemos siempre en el nombre de Yahvé, nuestro Dios. (v.5). Es la afirmación de la

elección de Israel por Dios. Yahvé ha hecho promesas a la casa de Jacob, y El es la garantía de

su cumplimiento en los tiempos mesiánicos. Los otros pueblos se apoyan en ídolos, mientras

que Israel se apoya en el único Dios viviente que dirige la marcha de la historia.

Rehabilitación de Sión (6-13).

6 En aquel día — dice Yahvé — yo recogeré a la coja y traeré a la descarriada, a la

que yo castigué; 7 y de la coja yo haré un resto y de la descarriada haré un pueblo

poderoso, y Yahvé reinará sobre ellos en el monte de Sión desde ahora para siempre.

8 Y tú, torre del rebaño, colina de la hija de Sión, volverá a ti tu antiguo poderío

y la realeza que es propia de la hija de Sión. 9 ¿Por qué, pues, tantos clamores? ¿No

hay rey en ti o te falta tu consejero, que te dueles como mujer en parto? 10 Duélete y

gime, hija de Sión, como mujer en parto, porque vas a salir ahora de la ciudad y

morarás en los campos, y llegarás hasta Babilonia, pero allí serás librada, allí te redimirá

Yahvé del poder de tus enemigos. 11 Ahora se han juntado contra ti muchas

gentes y dicen:Que sea profa” nada y logren verlo nuestros ojos en Sión. 12 Pero no

conocen los pensamientos de Yahvé, no penetran sus designios. El los ha juntado

cual gavillas en la era. 13 Álzate y trilla, hija de Sión, que haré yo tu cuerno cuerno

2535

de hierro, y tus pezuñas, pezuñas de bronce, y aplastarás a muchos pueblos, y consagrarás

a Yahvé sus despojos, y sus riquezas al Señor de toda la tierra.

Después de anunciar los tiempos gloriosos mesiánicos, el profeta declara que para llegar a esa

era venturosa es preciso pasar por la prueba. Israel es como un rebaño que ha sido atacado, del

que han quedado muchas ovejas maltrechas. Los ejércitos invasores han arruinado al pueblo elegido,

pero Yahvé volverá a restablecerlo en su integridad; y así, es presentado como un pastor

solícito que se cuida particularmente de la oveja renga y descarriada, es decir, del pueblo judío,

castigado por El. La prueba fue de purificación, no de exterminio; por eso, en su providencia,

dejó un resto o núcleo de restauración: de la renga haré un resto (v.4).

Amos e Isaías hablaban de un resto que se salvaría en todos los momentos críticos de

la nación para heredar las promesas de restauración mesiánica 3. Israel será como un rebaño

esquilmado, pero con la ayuda de Yahvé volverá a ser un pueblo poderoso, en el que Yahvé reinara.

para siempre. Es un nuevo anuncio mesiánico. Por muy grandes que sean en la historia las

pruebas a que será sometido el pueblo elegido, volverá a renacer porque las promesas mesiánicas

tendrán necesario cumplimiento. Jerusalén volverá a ser cabeza de un reino que restablecerá

el antiguo poderío de los tiempos de David. El profeta la llama cariñosamente torre del rebaño

(v.8), conforme al símil anterior. En la campiña había apriscos con torres de vigía para guardar

el ganado. Es la misión que está reservada a Jerusalén, como guardiana de los intereses del

rebaño de Yahvé, Israel.

Ante este horizonte de triunfo, el profeta se encara con la depresión moral del pueblo en

la época del peligro ante el invasor, y pide a sus compatriotas que consideren el futuro glorioso

como antídoto a sus angustias: ¿Por qué tantos clamores? (v.8). En la mente del profeta aparece

la consternación general ante el invasor, y para levantar los ánimos declara que la situación no es

desesperada, ya que todavía tienen una organización jerárquica, que puede hacer frente a la situación:

¿No hay rey en ti o te falta tu consejero? La realeza actual es prenda de la realeza futura

mesiánica (v.8).

El v.10 es considerado por muchos autores como una interpolación posterior de un glosista,

que, al leer el interrogante de Miqueas (¿te dueles como mujer en parto?), lo haya aplicado a

la situación posterior al 586, en que tuvo realidad la deportación en masa a Babilonia. Sin embargo,

otros prefieren mantener la autenticidad del pasaje; y entonces la mención de Babilonia

como lugar de la deportación se explicaría, o bien por la previsión a distancia del profeta, que en

espíritu asistiría a la catástrofe del 587, o bien suponiendo que Babilonia es un término genérico

equivalente a Mesopotamia.

Pero no es fácilmente conciliable la contraposición de pensamiento del v.9 y el v.10. En

el primero, el profeta echa en cara a Judá que se deja impresionar, gimiendo como mujer en parto,

por la crítica situación, como si no hubiera salvación; en cambio, en el v.10 se invita a Jerusalén

a dolerse y gemir como mujer en parto. No hay ilación lógica, pues, entre ambos versos, y

creemos que el ν. ι ο es glosa adicional.

El v.11 sigue la idea de consolación del v.8. Aunque de momento se vea Jerusalén rodeada

de muchas gentes, que están tramando su destrucción (dicen: sea profanada.), sin embargo,

debe permanecer impávida, ya que no prevalecerán contra los pensamientos de Yahvé, que no

conocen (v.12). La mente del profeta parece que se traslada a un horizonte escatológico, cuando

se dé la gran batalla contra las naciones opresoras de Israel, que ha de preceder a la inauguración

mesiánica. Las naciones paganas se han reunido para cercar al pueblo elegido, pero, en realidad,

no conocen los designios de Dios, que les ha hecho caer en un lazo, pues las ha juntado como

gavillas en la era (v.12) para triturarlas. Israel las va a triturar como el buey en la era. Su poder

2536

será irresistible, ya que sus cuernos serán como de hierro, y sus pezuñas de bronce. Es el triunfo

de Israel en los tiempos mesiánicos. Todos los pueblos le estarán sometidos, y sus despojos serán

consagrados como anatema a Yahvé, Señor de toda la tierra.

1 Cf. Is n,6ss; 9:55S. — 2 Cf. 1 Re 5:5; 2 Re 18:31; Zac 3:10. — 3 Cf. Is 1:245; 4:35; 6:13.

5. El Rey Vencedor.

El Salvador de Israel, nacido en Belén (1-6).

1 (14) Ahora rodéate de muros, Bet-Gader. Nos cercan, hieren con la clava las mandíbulas

las tribus de Israel 2 (1) Pero tú, Belén de Efratá, pequeño entre los clanes de

Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes serán de antiguo, de

días de muy remota antigüedad. 3 (2) Por eso los entregará hasta el tiempo en que la

que ha de parir parirá,y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. 4 (3) Y

se afirmará y apacentará con la fortaleza de Yahvé y con la majestad del nombre de

Yahvé, su Dios, y morarán tranquilamente, porque entonces será grande hasta los

confines de la tierra. 5 (4)Y así será la paz 2: cuando invada Asur nuestra tierra para

hollar nuestros palacios, suscitaremos contra él siete pastores y ocho príncipes3, 6 (5)

y regirán la tierra de Asur con la espada, la tierra de Nemrod con la espada desnuda.

El nos librará de Asur cuando venga contra nuestra tierra para hollar nuestras

fronteras.

El v.1 de la Vulgata es el v..14 del c.4 en el TM. El profeta parece contraponer dos situaciones:

una de crisis, en que se halla Judá, y otra de liberación por efecto de un misterioso Libertador. El

profeta quiere hacer un juego de palabras con el verbo hebreo, que traducimos por rodéate de

muros, y así escoge Bet-Gader, localidad de Judá que será como el símbolo de la nación en peligro.

Judá no debe desfallecer al verse rodeada de enemigos, sino que debe resistir, porque al fin

saldrá victorioso. La crisis es momentánea, pues las tribus de Israel, ahora humilladas, volverán

a recuperar su antiguo esplendor, porque Yahvé hará surgir un líder victorioso que será el libertador

de sus compatriotas, el cual será oriundo de este reino de Judá ahora en peligro de desaparecer.

En efecto, de una de las localidades más modestas saldrá el que señoreará en Israel

(v.2/1). Ese lugar, que ahora es considerado como pequeño entre los clanes de Judá, lleva el

nombre de Belén Efrata o de los efrateos. Los habitantes de Belén procedían de Efratá, en la tribu

de Benjamín, al norte de Jerusalén. De ahí que el profeta puntualice Belén de Efratá, sin duda

para distinguirlo de otro Belén que estaba en el norte en la tribu de Zabulón4. Belén aparece aquí

en paralelo con Bet-Gader, simbolizando al reino de Judá. De hecho sabemos que los habitantes

de ambas localidades tenían un mismo antepasado, Caleb 5.

Se comprende así bien por qué escogió el profeta a Bet-Gader para simbolizar al reino de

Judá en peligro, contraponiéndolo a la gloria inmensa que había de surgir de otra localidad de

Judá, Belén de Efratá, la patria del que señoreará en Israel, que no es otro que el Mesías, como

veremos después. Los rabinos judíos dijeron a Herodes, cuando fueron consultados, que Belén

sería la patria del Mesías, citando el texto de Miqueas. San Mateo lo cita ad sensum, dando por

cumplida la profecía, y así aparentemente parece en contradicción con el texto de Miqueas, pero

en el fondo significa lo mismo. En Mt 2:6 se dice: “Y tú, Belén, de ningún modo eres pequeña

2537

entre los príncipes de Judá.” El evangelista se pone en la perspectiva de la profecía ya cumplida,

y así, al citar el texto, constata que Belén ha dejado de ser pequeña para ser muy gloriosa. Miqueas,

en cambio, contrapone la situación modesta de Belén en su tiempo (eres pequeña entre

los clanes de Judá), pero llegará un día en que será muy grande, por el gran personaje que ha de

nacer en ella. Es interesante esta confrontación de textos para ver cómo los autores del N.T. citan

el A.T. libremente ad sensum, sin preocupaciones literalistas exegéticas.

La nueva dignidad de Belén consistirá, pues, en ser la patria del gran personaje que

habría de señorear en Israel, al que se le considera perteneciente a una familia de antiguo y glorioso

linaje: cuyos orígenes serán de antiguo, de días de muy remota antigüedad (v.2/1). La Vg

traduce a diebus aeternitatis, y, conforme a esta versión, los exegetas y teólogos antiguos veían

en esta frase una alusión al origen divino del Mesías. Sin embargo, la palabra hebrea O'olam, que

la Vg traduce por aeternitatis, tiene un sentido amplio en hebreo y generalmente significa un largo

lapso de tiempo. En concreto, el profeta con su frase cuyos orígenes son de antiguo parece

aludir a la dinastía gloriosa de David, procedente de Belén 6.

Isaías habla de un retoño de Isaí (padre de David), que será el Niño misterioso que tendrá

sobre sus hombros “la soberanía, y se llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, príncipe de la

paz, para dilatar el imperio y para una paz ilimitada, sobre el trono de David y sobre su reino,

para afirmarlo y consolidarlo en el derecho y la justicia desde ahora para siempre jamás” 7. Es el

mejor comentario a la expresión señoreará en Israel del texto de Miqueas, profeta contemporáneo

de Isaías.

En el v.3/2 encontramos un nuevo paralelo con la profecía de Isaías sobre el Emmanuel.

Miqueas, después de anunciar la situación privilegiada de que gozará Belén como lugar de nacimiento

del que señoreará en Israel, alude de nuevo a la triste situación en que ahora se encuentra

el reino de Judá, sometido a un ataque enemigo: Por eso los entregará hasta el tiempo en que la

que ha de parir parirá (v.3/2). El castigo a que entregará Yahvé a su pueblo, anunciado en 4:14,

durará poco tiempo, hasta que una mujer misteriosa dé a luz a un Niño también misterioso, que

el profeta parece relacionar con el que señoreará en Israel del v.2. En este supuesto, vemos aquí

un perfecto paralelo con la virgen o doncella que va a dar a luz un niño admirable, que ha de ser

el Salvador de Judá frente a los asirios 8. Las dos profecías se completan y explicitan mutuamente.

En la profecía de Miqueas, además de insinuarse que la aparición del que señoreará en Israel

señalará la salvación de Judá de sus enemigos asirios, se indica expresamente que con él

tendrá lugar el restablecimiento del pueblo israelita en su integridad primordial: el resto de sus

hermanos volverá a los hijos de Israel (v.3/2). La frase parece aludir a la reincoporación de los

hermanos cismáticos del reino de Samaría al reino de Judá.

Sobre este reino, con inclusión de todas las tribus israelitas, se afirmará el que ha de ser

Dominador en Israel, el cual gozará de la protección especial de Yahvé. Su dominio, con la fortaleza

de Yahvé, se extenderá hasta los confines de la tierra (v.4/3). Con esta frase, el profeta

recalca la perspectiva mesiánica del vaticinio. Toda la tierra está sometida a ese que señoreará en

Israel, que no parece ser otro que el hijo de la que ha de dar a luz. Bajo su égida, los subditos

morarán tranquilamente, sin temores a enemigos invasores, porque le protegerá la fortaleza de

Yahvé. Es el paralelo de principe de la paz del vaticinio de Isaías 9.

La frase del v.5/4, y asi será la paz: cuando invada Asur nuestra tierra para hollar a nuestros

palacios, suscitaremos contra él siete pastores y ocho príncipes, y regirán la tierra de Asur

con la espada, la tierra de Nemrod con la espada desnuda, es considerada por no pocos autores

como glosa explicativa de la expresión siguiente: El nos librará de Asur cuando venga contra

2538

nuestra tierra para hollar nuestras fronteras (v.6/5) 10. Asur aquí aparece como tipo de los enemigos

de Israel, que han de ser vencidos por el que señoreará en Israel 11. Los profetas, al describir

la victoria del Mesías sobre los enemigos del pueblo elegido, presentan como enemigo concreto

al que constituía el peligro inmediato para Judá e Israel en su tiempo.

Las perspectivas proféticas se superponen, y el juicio profético cabalga sobre la realidad

histórica concreta de los tiempos del profeta. Por eso Miqueas presenta al futuro Mesías venciendo

a Asur cuando venga contra nuestra tierra. En los c.1-3 la invasión asiría se presentaba

como inminente y se exhortaba a la defensa; ahora la perspectiva se alarga, y se supone que vendrá

otro gran ataque contra Judá de parte del enemigo tradicional, Asina; pero este pueblo invasor

será derrotado por un personaje misterioso que gozará de la fortaleza de Yahvé.

El glosista, que habla de siete pastores y ocho principes que se opondrán al invasor, piensa

en los numerosos jefes 12 con que contará Judá para cuando llegue el momento crítico del ataque.

Su victoria será tan completa, que no sólo el país de Judá se verá libre, sino que hasta la

misma tierra de Asur o país de Nemrod 13 caerá bajo la férula de los jefes salvadores de Judá.

Esta intervención de los siete pastores y ocho principes, o caudillos militares de la glosa, parece

minimizar el papel que jugará en la victoria sobre los asirios el que señoreará en Israel, la gran

figura excepcional nacida en Belén.

La crítica racionalista supone que los c.4-5 del libro de Miqueas son de tiempo posterior

al exilio 14. El anuncio de la cautividad de Babilonia de 4:10 puede explicarse teológicamente

suponiendo que Miqueas, por especial revelación divina, vio de antemano un hecho que habría

de cumplirse siglo y medio más tarde. Pero también Babilonia puede aquí ser sinónimo de Mesopotamia;

por otra parte, sabemos que el rey asirio Sargón II (721-705 a.C.) llevó a muchos de

sus cautivos hasta la misma Babilonia.

El optimismo que se refleja en estos c.4-7 puede explicarse en un tiempo en que los habitantes

de Judá, bajo Ezequías, emprendieron el camino de retorno a Yahvé impresionados por las

amenazas de Miqueas 15. De momento, el peligro asirio se alejó después de conquistada Samaría

por Sargón (721 a.C.); luego el nuevo rey tuvo que hacer frente a dificultades políticas y militares

en la zona de Babilonia, y por ello tuvo que interrumpir sus campañas en la costa sirófenicio-

palestina. Podemos suponer en este lapso de tiempo la composición de estos vaticinios de

salud de Miqueas.

La tradición judaica y cristiana ha visto siempre en este fragmento de 5:1-6 un claro

vaticinio mesiánico. Los rabinos judíos, consultados por Heredes, dicen claramente que el Mesías

debe nacer en Belén, porque así lo ha anunciado Miqueas 16. Y los interlocutores judíos dicen

que Jesús de Nazaret no puede ser el Mesías, porque dice la “Escritura que del linaje de David

y de la aldea de Belén, de donde era David, había de venir el Mesías”17. Esta creencia aparece

también en el Talmud 18.

La tradición cristiana es unánime desde el principio en reconocer el carácter mesiánico

del texto de Miqueas 19. Este misterioso Dominador en Israel que salva a su pueblo de los asirios

y reúne a los dispersos del pueblo elegido para establecer un dominio hasta los confines de

la tierra, no es otro que el Emmanuel de las profecías de Isaías, contemporáneo de Miqueas; y la

mujer que ha de dar a luz no es sino la virgen de Is 7:14, que da a luz un Niño misterioso adornado

de cualidades excepcionales y vencedor del invasor asirio 20.

Israel, señor de las naciones (7/6-9/8).

7 (6) Y el resto de Jacob será en medio de numerosos pueblos como rocío de Yahvé,

como lluvia sobre la hierba, que no tiene que esperar de nadie ni necesita nada de

2539

los hijos de los hombres. 8 (7) Será el resto de Jacob entre las naciones, en medio de

numerosos pueblos, como león en medio de las “bestias de la selva, como cachorro

de león en medio de rebaño de ovejas, que pasa, pisa y desgarra (la presa), sin que

haya quien (se la) arranque. 9 (8) Se alzará tu mano sobre tus enemigos, y todos tus

contrarios serán exterminados.

Después del triunfo sobre los enemigos se anuncia la prosperidad de Israel entre los pueblos. El

pueblo elegido será como un rocío de Yahvé, que hace brotar la hierba sin concurso del hombre:

no tiene que esperar de nadie. (v.7/6). Israel vivirá de la fortaleza que le dé Yahvé y prosperará

como la hierba que ha recibido el rocío bienhechor. El pueblo elegido será dotado de un vigor

especial entre los pueblos y será temido como león en medio de las bestias de la selva, como cachorro

en medio de un rebaño de ovejas (v.8/7). El triunfo sobre sus enemigos será como el

animal señor de la selva, que pasa, pisa y desgarra sin que nada se oponga a su poder. Las expresiones

son duras, conforme a la mentalidad de revancha del A.T. El profeta quiere hacer ver a

sus oyentes que Israel triunfará totalmente de sus enemigos y se convertirá en señor de las naciones:

Se alzará tu mano sobre tus enemigos, y todos tus contrarios serán exterminados (v.9/8).

La paz religiosa de los tiempos mesiánicos (10/9-14).

10 (9) Y sucederá en aquel día — oráculo de Yahvé — que quitaré de en medio de ti

tus caballos, y destruiré tus carros, 11 (10) y abatiré las ciudades de tu tierra, y arrasaré

todas tus fortalezas. 12 (11) Y te quitaré de las manos tus hechicerías y no habrá

más agüeros en ti. 13 (12) Y destruiré tus esculturas y tus cipos de en medio de ti, y

nunca más te prosternarás ante la obra de tus manos. 14 (13) Y arrancaré de en medio

de ti tus “asneras,” y destruiré tus ciudades, 15 (14) y haré con ira y furor venganza

en las gentes que no quisieron escuchar.

Con la victoria militar vendrá el triunfo de la religión en toda su pureza. Una vez vencidos los

enemigos de Israel, éste no tendrá necesidad ya de sus caballos y carros de guerra. La paz será

total. Yahvé mismo se encargará de desmontar las fortalezas y ciudades fortificadas (v.11/10).

En el orden religioso, las prácticas quedarán libres de todas las hechicerías y agüeros, que eran la

lacra de la religión popular, contaminada con los usos cananeos. Todo vestigio de idolatría desaparecerá:

los cipos o masseboh (piedras o postes verticales, que constituían el elemento de culto

esencial en el templo cananeo al aire libre) desaparecerán21.

Y las asheras o bosques artificiales, en los que se daba culto a la fuerza generadora de la

naturaleza (simbolizada en Astarté), serán arrancadas, quedando sólo el culto puro a Yahvé en su

templo 22. La idolatría era el vicio capital de los israelitas anteriores al destierro. Los profetas lucharon

contra todas las prácticas idolátricas como base de un retorno de los corazones a Yahvé.

En los tiempos mesiánicos desaparecerán todos los vestigios politeístas; con ello Israel podrá

presentarse como señor de todas las naciones, y los pueblos que no quieran aceptarle como soberano,

sufrirán la ira y venganza de Yahvé, protector del pueblo elegido.

1 Esta traducción está hecha a base de la reconstrucción propuesta por Hoonacker. El texto es oscuro. Bet-Gader significa “casa del

vallado”), o lugar fortificado. El TM lee: “hija de ladrón,” como traduce la Vulgata. La Bib. de Jér.: “¡Ahora fortifícate, Fortaleza!

Han establecido un cerco sobre nosotros. A golpes de vara golpean la mejilla del juez de Israel.” — 2 El TM dice literalmente:

“y éste será la paz.” Así traducen la Bib. de Jér. y Cantera. Nuestra traducción es la de Hoonacker y Ceuppens. — 3 Bib. de Jér.:

“ocho jefes de hombres.” — 4 Cf. Jos 19:15. Los habitantes de Belén son llamados efrateos en Rut 1:2; 1 Sam 17; 12 y en Jos

15:19 (LXX). — 5 Cf. 1 Grón 2:50-51. — 6 Bien Parece en el Α· τ· como localidad sin importancia en muchos lugares: Jos 15, 59

(LXX); Esd 2:21; Neh 7:26. Así, en Flavio Josefo es llamado χωρίον, ο vülorrio (Ant. Jud. 5:2.5). — 7 Is 9:6. — 8 Cf. Is 7:14. —

9 Cf. Is 9:6. — 10 Cf. Hoonacker, O.C., p.39I. — 11 Es el mismo caso que el “Emmanuel” de Is 8:8-9. — 12 La expresión “siete

2540

pastores y ocho príncipes” para indicar multitud es paralela a la de tres y cuatro. de Am 1:3. — 13 Nemrod (probablemente el

Gilgamés de la literatura mesopotámica, “robustus venatpr coram Domino”) aparece como antepasado de los reinos de Senaar o

Mesopotamia (cf. Gen 10,8-9). — 14 Así B. Stade y K. Martí. — 15 Cf. Jer 26:18-19. — 16 Cf. Mt 2:5. — 17 Cf. Jn 7:41-42. —

18 Cf. Talmud, tr. Pesajim y Ned fol51 c-.1arim fol.39 c.2. — 19 Cf. San Justino, Dial, cum Tryph. 78: PG 6:658; Tertuliano, Adv.

lud. c.12: PL 2:673; Eusebio, Demonstr. Evang. 2:4:51: PG 22:107; Cirilo Jer., Catech. n, de Filio unigénito n.2o: PG 33:715; Crisóstomo,

Homil in diem Natalem n.2: PG 56:389. — 20 Además de los comentarios generales citados para el estudio del profeta

Miqueas, véanse los estudios particulares sobre el tema siguientes: W. E. BARNES, Λ messianic Pro-phecy Mich: 4:8-5:6: “The

Expositor” (1904) p.376s; E. Tobac, Commentaeire de Michée V 3: Et tu Bethlehem-Ephrata: “Vie Diocesaine” (Malinas 1909)

130-133; S. Protin, La Vierge mere chez Michée V 2: “Revue Augustin.,” 15 (1910) 589-592; E. Kónig, Die messian. Weissagungen:

Der Herrscher aus Bethlehem, Micha 5:1 (Stuttgart 1923) 191-201; L. Den-Nefeld, Messianisme: DTC 10 (1921) 1444-

1446; J. CHAINE, L'introduction a la lecture des Prophétes (París 1932) 79-84; F. Ceuppens, De prophetiis messianicis in Antiquo

Testamento (Roma 1935) 339-357; K. Smyth, Verbum Dei II p.745s (Barcelona 1956). — 21 Sobre los masseboth o estelas, objeto

de culto, véase Os 3:4; 10:12. — 22 Sobre los ashera véase Dt 16:21; 1 Re 14:23; 2 Re 17:10. Cf. Lagrange, Etudes sur les religions

sémitiques 2.a ed. (1905) p.102s; H. Vincent, Canaan d'aprés l'exploration recente (1907) p.i41s.

6. Reprensión de Israel por sus Transgresiones.

Los c.6-7 constituyen una nueva sección, y en ellos se expresa, de modo dramático, la interpolación

de Yahvé a su ingrato pueblo por sus iniquidades. La requisitoria de Yahvé recuerda a Israel

su olvido de los antiguos beneficios conferidos al salir de Egipto. Yahvé dirige sus quejas

contra Israel, que puede aplicarse al reino del norte, con Samaría por capital (y en este caso el

oráculo sería anterior a la destrucción de Samaría, 721 a.C.) o a las doce tribus de Jacob en general.

Querella de Yahvé con Israel (1-5).

1 Oíd, pues, lo que dice Yahvé: ¡Levántate, queréllate contra los montes y que oigan

tu voz los collados! 2 ¡Oíd, montes, la querella de Yahvé; prestad oído, cimientos de

la tierra! Porque tiene Yahvé querella con su pueblo y va a altercar con Israel. 3

¿Qué te he hecho yo, pueblo mío? ¿En qué te he molestado? ¡Respóndeme! 4 Porque

yo fui quien te hizo subir de la tierra de Egipto, te redimí de la casa de la servidumbre

y mandé a tu frente a Moisés, Aarón y María. 5 Acuérdate, pueblo mío, de qué

pedí a Balac, rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim

hasta Guilgal, para que reconozcas las justicias de Yahvé.

La requisitoria es tierna y dramática. Enfáticamente se invita a los montes y collados a ser testigos

de esta querella contra la ingratitud de Israel para que lo transmitan a las generaciones futuras.

Los montes y collados representan aquí a la nación israelita, a la que Yahvé va a llamar a

litigio. De ahí la expresión queréllate contra los montes del v.1. La tierra de Israel era casa particular

del Dips de Israel. Las transgresiones del pueblo elegido la habían maculado, y por eso se

invita al profeta a pedir cuenta a los accidentes geográficos de la “tierra santa” por antonomasia.

Con acento tierno, Dios se presenta a su pueblo como inocente. Durante toda la historia

no ha hecho sino acumular beneficios. Jamás le ha inferido mal: ¿en qué te he molestado? (v”3).

Es el grito de un corazón lacerado por la ingratitud de un pueblo que no ha comprendido los beneficios

recibidos desde que empezó a formarse como nación: yo te hice subir de la tierra de

Egipto (v.4). En la peregrinación azarosa por el desierto, Yahvé les dio un guía en Moisés y

unos consejeros en Aarón y María 1.

Y poco antes de entrar en Canaan, las bendiciones sobre Israel se volvieron a repetir por

boca de Balaam, falso profeta contratado por el rey de Moab, Balac, para maldecir al pueblo israelita

acampado en la estepa moabita 2. La expresión desde Sitim hasta Guilgal parece aludir a

2541

la protección especial de que fue objeto Israel desde que terminó su peregrinación por el desierto

(cuya última etapa fue Sitim) hasta que entró en Canaán, al otro lado de Ganaán, acampando en

Guilgal 3.

Yahvé guió, pues, a Israel desde las estepas del Sinaí hasta la tierra de promisión, colmándole

de bendiciones y protegiéndole contra todo evento. Aquí se recuerdan estos beneficios

para hacer resaltar la ingratitud del pueblo elegido: para que reconozcas las justicias de Yahvé,

es decir, su generosidad para con Israel. Toda la historia del pueblo elegido es un trenzado de

hechos providenciales, a veces espectaculares, en favor de los descendientes de Jacob; son las

justicias de Yahvé, prontas a proteger al pueblo que había de ser el vehículo de transmisión de las

promesas salvíficas sobre la humanidad entera.

Israel, dispuesto a aplacar la ira de Yahvé (6-7).

6 ¿Con qué me presentaré yo ante Yahvé y me postraré ante el Dios de lo alto?

¿Vendré a El con holocaustos, con becerros primales? 7 ¿Se agradará Yahvé de los

miles de carneros y de las miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mis primogénitos

por mis prevaricaciones, y el fruto de mis entrañas por los pecados de mi alma?

El profeta, ante las exigencias y reconvenciones de Yahvé, enojado por tanta ingratitud, presenta

al pueblo preocupado por dar satisfacción a su Dios. Pero en su simpleza no se le ocurre sino

apelar a los medios tradicionales de culto externo: holocaustos a base de miles de carneros con

abundantes oblaciones de aceite (v.6). En realidad, los sacrificios como tales, si no van acompañados

de la compunción del corazón y el arrepentimiento de los pecados, no tienen ningún valor.

Por eso, aunque se multiplicaran por miles los carneros y por miríadas los arroyos de aceite (expresiones

hiperbólicas para recalcar más la idea de impotencia en cuanto a la expiación), Yahvé

no habría recibido satisfacción alguna4.

Y aunque entregaran sus primogénitos, sus seres más queridos, fruto de sus entrañas, no

aplacarían al Dios enojado. No es que aquí el profeta admita los sacrificios humanos como lícitos

(jamás en la Biblia son considerados como lícitos; al contrario, los hagiógrafos expresan el

horror por los sacrificios de niños entre los cananeos y moabitas), sino que hiperbólicamente el

profeta indica que ni la entrega a Dios de lo más querido, como son los hijos, serviría para satisfacer

a la ira divina. Dios quiere, ante todo, de su pueblo la entrega íntima de su corazón. Es

la enseñanza que a continuación va a proclamar el profeta.

Yahvé, intransigente con las injusticias de los. israelitas (8-16)

8 ¡Oh hombre! bien te ha sido declarado lo que es bueno y lo que de ti pide Yahvé:

hacer justicia, amar el bien y caminar en la presencia de tu Dios. 9 La voz de Yahvé

interpela a la ciudad (sabiduría es temer tu nombre): Oye, tribu; oye, asamblea de

la ciudad 5: 10 ¿Voy a perder de vista la casa del impío 6, los tesoros de iniquidad y el

detestable “efá” escaso ? 11 ¿Voy a perdonar a pesar de las balanzas falsas y de las

bolsas de pesas fraudulentas? 12 Por haberse llenado sus ricachos de violencias y

haber hablado falsamente a sus habitantes, llevando en su boca una lengua mendaz,

13 por eso me he puesto yo también a herirte y a devastarte a causa de tus pecados. 14

Comerás y no te saciarás, y el hambre te roerá las entrañas; apartarás, pero no lo

librarás, y lo que librares, yo lo daré a la espada. 15 Sembrarás y no cosecharás; pisarás

la aceituna, pero no te ungirás con su óleo; el mosto, pero no beberás su vino,16

Has guardado los mandatos de Ómrí y todas las obras de la casa de Acab, y has an2542

dado según sus consejos para que yo te entregue a la devastación y dé tus habitantes

al escarnio. Llevaréis, pues, sobre vosotros el oprobio de mi pueblo.

El profeta declara, en nombre de Dios, que para agradar a Dios hay que atender sobre todo a la

práctica de las virtudes morales. La expresión ¡oh hombre! bien te ha sido declarado lo bueno

puede aludir a las exigencias de la ley natural, conocidas por el hombre como tal, o a la predicación

de los profetas anteriores, como Amos y Oseas7, que tanto habían inculcado pocos años antes,

en el reino de Samaría, el cumplimiento de los deberes naturales con los desvalidos y desheredados:

hacer justicia, amar el bien y caminar en la presencia de Dios (v.8). Este es el gran

programa que exige Dios de los israelitas, y no puede ser sustituido por las prácticas meramente

externas de culto en orden a agradarle.

Precisamente por no haber sido fiel a estos preceptos, Yahvé va a-interpelar a la ciudad

(probablemente Samaría) (v.8). La frase sabiduría (o cordura) es temer tu nombre es como un

paréntesis doxológico, que puede ser de un redactor posterior. La requisitoria de Yahvé se dirige

directamente a la tribu y asamblea de la ciudad, es decir, a todo el reino del norte, y en particular

a los habitantes de Samaría. Los términos de acusación están en parte tomados de Amos y de

Oseas, quienes con toda crudeza habían condenado los procedimientos fraudulentos de los ricos

en la explotación de los pobres 8.

Yahvé no puede pasar por alto las transgresiones elementales de la justicia social: ¿Voy a

perder de vista la casa del impío? (v. 10). Sus tesoros de iniquidad, e.d., amontonados con los

procedimientos más inicuos e injustos, están clamando por la intervención de la justicia divina.

Yahvé no puede aprobar las fraudulencias que se realizan en las transacciones, reduciendo el efá

(medida de áridos equivalente a unos 39 litros). La corrupción es general, y, por eso, las balanzas

falsas y las pesas fraudulentas están a la orden del día. Todo es violencia y falsía. La ira divina

tiene que descargar necesariamente en defensa de los derechos de la justicia conculcada. Vendrá

la devastación, traída por el invasor asirio.

Y el profeta vuelve a recordar el vaticinio siniestro de Oseas: comerás y no te saciarás

(v.14) 9. De nada les servirá a los israelitas el comer, pues no lograrán satisfacer sus necesidades,

y, aunque pretendan salvar algo de la catástrofe, al fin todo quedará en poder del enemigo: apartarás

(parte de tus bienes e hijos para salvarlos), pero no lo librarás, porque todo será entregado

por Yahvé a la espada. Tampoco lograrán cosechar lo que sembraron (v.15). Sus trabajos serán

totalmente estériles 10: pisarás la aceituna, pero no te ungirás con su óleo. Todo quedará en poder

del implacable invasor. Y todo ello como castigo de sus iniquidades.

Los habitantes de Samaría no han hecho sino imitar la pésima conducta de sus antepasados:

Has guardado los mandatos de Omrí y las obras de la casa de Acab (v.16). Omrí (885-874),

padre de Acab (874-853), había fundado la ciudad de Samaría y es el fundador de una dinastía.

Dejó fama de impío y de tirano n, lo mismo que su hijo Acab, el gran perseguidor del profeta

Elias. Miqueas, en este fragmento, echa en cara a los moradores del reino del norte el haber seguido

los malos ejemplos de los dos reyes impíos. Por eso Yahvé los entregará a la devastación.

Es el anuncio solemne de la ruina de Samaría, que tuvo lugar el 721 a.C., y que aquí tiene caracteres

de maldición: llevaréis sobre vosotros el oprobio de mi pueblo. La frase va dirigida contra

los individuos del reino del norte, que han de participar del oprobio o maldición que recaerá sobre

todo el pueblo como colectividad, la nación condenada a la ruina.

1 Cf. Ex 15:208. — 2 Cf. Núm 22ss. — 3 Cf. Núm 22:1; Jos 3:1; 4:19; Jl 4:18. — 4 Sobre las víctimas para los holocaustos véase Ex

12:5; Lev 9:3; Núm 15:27. — 5 Así siguiendo el texto griego. — 6 Así según una reconstrucción de Hoonacker. La Bib. de Jér.:

“¿Puedo yo soportar una medida falsa?” Cantera: “¿Puedo soportar la casa del impío.?” — 7 Cf. Am 5:14.21; Os 6:6. — 8 Cf. Am

8,5-6. — 9 Cf. Os 4, 1 o. — 10 Cf. Am 5:11. — 11 Cf. 1 Re 16:31; 18:18; 22:26.

2543

7. La depravación social.

Denuncia de la corrupción general del pueblo (1-6).

1 ¡Ay de mí, que he venido a ser corno quien hace la recolección en otoño, como

quien hace rebusco tras la vendimia No hay un racimo para comer, anhelando mi

alma los primeros frutos. 2 Han desaparecido de la tierra los piadosos, no hay ninguno

recto entre los hombres; todos acechan la sangre, unos a otros se tienden la

red. 3 Las manos están prontas a hacer diestramente el mal: El príncipe reclama, el

juez (sentencia) por cohecho, y el grande sentencia a su capricho, 4 y han pisado a

los buenos 2 como a rama de zarza que sale derecha del seto. Es el día anunciado por

tus atalayas, viene tu castigo, llega ahora su confusión. 5 No os fiéis del compañero ni

confiéis en el amigo; de la que se acuesta en tu seno guarda las confidencias de tu

boca. 6 Porque el hijo afrenta al padre, la hija se alza contra la madre, la nuera contra

la suegra, y los enemigos son sus mismos domésticos.

No cabe cuadro más siniestro que el descrito por el profeta; la corrupción es general. El profeta

se presenta como el recolector, que después de la vendimia anda en busca de algunos frutos de

calidad, comparables a los primeros, los más ansiados; pero no encuentra nada que merezca la

pena: no hay un racimo para comer. Busca ansioso buenas obras en Israel, y no encuentra nada:

han desaparecido de la tierra los piadosos. (v.2). La situación es anárquica, y la violencia reina

por doquier: todos acechan la sangre. La situación parece ser la que precedió a la caída de Samaría,

cuando las dinastías y los tiranos se sucedían ininterrumpidamente 3. Las injusticias sociales

y las sentencias por cohecho se multiplican en las clases dirigentes de la sociedad: los príncipes,

jueces y magnates, al administrar justicia, lo hacen por lucro, pisando a los buenos como a rama

de zarza que sale derecha del seto (v.4.). El símil parece aludir al hecho de que el justo es apartado

y pisado con desprecio, como una zarza molesta que se atraviesa en el camino; su vida es

como una acusación viviente, que se ha de suprimir sin consideración.

Por eso no tardará en aparecer el día del castigo, el día de la manifestación de la ira divina,

que ha sido anunciado por tus atalayas o profetas. Estos se consideraban como los vigías,

que de antemano anunciaban los peligros que esperaban a su pueblo. Miqueas en esto se hace

solidario de las amenazas que sus antepasados Oseas y Amos habían lanzado años antes. Samaría

está ya madura para el castigo, porque hasta la fidelidad elemental entre amigos y familiares es

quebrantada: No os fiéis del amigo. (v.5).

Arrepentimiento del pueblo (7-10).

7 Mas yo dirigiré mis miradas a Yahvé y esperaré en el Dios de mi salvación, y me

escuchará mi Dios. 8 ¡No te regocijes de mí, enemiga mía! pues si caí, me levantaré, y

si moro en tinieblas, Yahvé será mi luz. 9 Habré de soportar la ira de Yahvé, porque

pequé contra El, hasta que juzgue mi causa y me haga justicia. 10 Lo verá mi enemiga,

se cubrirá de vergüenza, ella que me decía: ¿Dónde está Yahvé, tu Dios? Mis

ojos lo habrán de ver. Ahora será pisoteada como el fango de las calles.

Después de cumplido el castigo, después de la manifestación de la ira divina, el pueblo reconoce2544

rá sus pecados pasados y se volverá a su Dios. Las perspectivas de los profetas cambian constantemente

en un contrabalanceo de esperanzas y de castigos. Una vez anunciado el juicio purificatorio

sobre Israel como pueblo pecador, la mente del profeta se transporta a la hora de la restauración

con el propósito de levantar los ánimos de sus oyentes. La justicia divina tiene sus exigencias,

pero las promesas mesiánicas hechas a los antepasados permanecerán; de ahí que,

tras de la hora aciaga, venga la hora luminosa de esperanzas. El castigo no tenía otra finalidad

que hacer entrar en sí al pueblo israelita, despreocupado y materializado.

La tragedia nacional hará que los espíritus reflexionen sobre su pasado y sobre la causa

de la ruina general. Como consecuencia de ello, vendrá el arrepentimiento y el retorno a Dios,

que, si envió el castigo desolador, será también el que envíe la salvación. La nación expresa

ahora sus sentimientos de reconciliación con Yahvé: esperaré en el Dios de mi salvación (ν.7).

La confesión no puede ser más humilde y sincera: si caí, me levantaré, y si moro en tinieblas,

Yahvé será mi luz (v.8). Las naciones gentiles (su enemiga) se alegraban al ver la ruina de Israel,

que se consideraba al abrigo de toda catástrofe por ser el pueblo de Dios. Con la mejor de las

disposiciones, Israel reconoce que era necesario pasar por la prueba purificatoria del castigo:

Habré de soportar la ira de Yahvé, porque pequé contra El (v.8).

Estas tinieblas son pasajeras, pues volverá a recuperar la amistad con Yahvé una vez que

se haya cumplido el castigo, y entonces el mismo Yahvé saldrá por sus derechos como nación:

Hasta que juzgue mi causa y me haga justicia. Frente a las naciones invasoras, Israel mantendrá

sus derechos de nación, porque están fundados en las promesas del mismo Dios. La ruina actual

no es definitiva, sino que volverán otra vez los tiempos de triunfo. Entonces su enemiga (Asiría)

contemplará el triunfo de Israel en virtud de la protección de Yahvé, y se cubrirá de vergüenza

(v.10). La derrota de Israel había dado ocasión para que el invasor se regocijara sarcásticamente

del pueblo elegido al verle desprovisto de la protección de su Dios: ¿Dónde está Yahvé, tu Dios?

Pero también llegará la hora de la justicia divina para Asiría, y entonces Israel asistirá gozosa al

castigo de su antiguo invasor: Mis ojos lo habrán de ver. Ahora será pisoteada como el fango de

las calles. El juicio del Dios de Israel alcanzará a todos.

Anuncio de restauración (11-20).

11 Es el día de la reconstrucción de tus muros! ¡Es el día en que se alejarán tus fronteras!

4 12 En ese día se llegará a ti desde Asiría a Egipto, y desde Egipto hasta el río,

del uno al otro mar, del uno al otro monte, 13 y la tierra será devastada a causa de

sus habitantes, por sus obras. 14 Apacienta con tu cayado a tu pueblo, el rebaño de

tu heredad, que habita aislado en la selva,en medio del Carmelo; que se apacientan

en Basan y Galaad como en tiempos pasados. 15 Como en los días de tu éxodo de

Egipto, le haré ver prodigios. 16 Lo verán las gentes y se avergonzarán de toda su

prepotencia; pondrán la mano sobre su boca y ensordecerán sus oídos. 17 Lamerán

el polvo como la serpiente; como los reptiles de la tierra,saldrán espantados de sus

escondrijos, y despavoridos, se volverán a Yahvé, nuestro Dios, y se sobrecogerán de

temor ante ti. 18 ¿Qué Dios hay como tú, que perdonas la maldad y pasas por alto el

pecado del resto de tu heredad? No persiste por siempre en su enojo, porque gusta

de la piedad. 19 Volverá a compadecerse de nosotros, conculcará nuestras iniquidades

y arrojará a lo hondo del mar nuestros pecados. 20 Serás fiel a Jacob y propicio a

Abraham, como a nuestros padres juraste desde tiempos antiguos.

Después de constatar el arrepentimiento del pueblo pecador, el profeta anuncia el futuro glorioso

2545

que espera a Israel, que verá reconstruidos sus muros y dikttadas sus fronteras, extendiendo su

dominio desde Asiría a Egipto y desde Egipto hasta el río (Eufrates). La expresión del uno al

otro mar parece aludir al Mediterráneo y al mar Muerto; son los límites de Palestina. El v.13 parece

aludir a la devastación de esta tierra por los invasores, por lo que parece fuera de lugar, y

más bien hay que colocarlo después de 6:16, en que se habla de la ruina de Israel por sus pecados.

En todo caso, en el lugar en que está ahora parece interrumpir el anuncio de restauración,

que parece ser la idea central del fragmento de los v.11-20.

El profeta pide a Yahvé en una hermosa oración que el pueblo se congregue de nuevo

después de la dispersión que siguió a la invasión: apacienta con tu cayado a tu pueblo, el rebaño

de tu heredad (v.14). Israel está disperso como rebaño sin pastor, aislado en la selva, y el profeta

pide a su Dios que lo lleve a los feraces pastos del Carmelo, de Basan y de Galaad (v.14). El

profeta está seguro de que Yahvé renovará los prodigios del éxodo de Egipto en favor de su pueblo,

y con ello las gentes y naciones paganas se avergonzarán al ver que nada servirá su prepotencia

contra la omnipotencia divina (v.16).

Los v. 18-20 son como un epílogo de alabanza a Yahvé por la gran misericordia que ha

hecho a Israel pecador al perdonarle sus transgresiones, manteniendo las promesas hechas a Jacob

y a Abraham en tiempos antiguos.

1 La Bib. de Jér,: “He venido a ser como recolector en otoño.” — 2 Lit. el hebreo: “Lo han torcido.” — 3 Cf. Os 4:2; 7:3s. — 4 Así

con Bib. de Jér.

Νahum.

Introducción.

Personalidad del profeta y época de su ministerio.

Nahurn (en hebreo Najum: “Consolado”) aparece en el encabezamiento de sus oráculos

sin ninguna determinación patronímica. Únicamente se dice que era 'elqosi (Vg “Elceseus”), que

se suele traducir como natural de 'Elqos, que comúnmente se localiza en el reino del sur, cerca de

la actual Beit Gibrin (“Eleuterópolis” de la época bizantina), 30 kilómetros al sudoeste de Jerusalén,

cerca de la Pentápolis filistea *. No obstante, San Jerónimo pretende que se hallaba en Galilea

2; no faltando quienes la quieren identificar con el Alqus, al norte de Nínive, en Mesopotamia,

donde se muestra su tumba, y es lugar de peregrinación para cristianos, judíos y musulmanes.

Suponiendo que fuera de esta región, se explica mejor la descripción topográfica que el profeta

da de la ciudad de Nínive 3.

Respecto de la época en que profetizó tenemos dos datos en sus oráculos: un terminus a

quo, la conquista de Tebas (No-Amon), en Egipto, en 663 a.C. por Asurbanipal, y un terminus ad

quem, el 612, fecha de la caída de Nínive en poder de la coalición medo-babilónica. Como el

profeta no echa en cara a sus compatriotas acusaciones graves de tipo moral y religioso (único

caso en la literatura profética), es de suponer que predique cuando estaba en buena marcha la

famosa reforma de Josías, comenzada en 622-621 a.C. Por otra parte, como el profeta presenta

como inminente la caída de Nínive, bien podemos suponer que sus oráculos son de la penúltima

década del siglo VII a.C., cuando ejercían su ministerio profético Sofonías, Jeremías y Habacuc,

e.d., entre los años 620 y 612 a.C.

2546

Contenido y estructura del libro.

La idea fundamental de la predicación de Nahum es la justicia divina, que se ejerce sobre

todos los opresores. El profeta centra su atención en el castigo de Nínive, capital de la nación

opresora por excelencia, Asiría. Durante siglo y medio, el ejército asirio fue la pesadilla de las

pequeñas naciones de la costa siro-fenicio-pales-tina. Ahora le tocaba el momento de su ocaso

definitivo. La descripción es vivida y vigorosa, no exenta de belleza literaria, reflejando bien la

impresión de la caída de la ciudad opresora. Podemos dividir sus oráculos en tres partes, precedidas

de una oda triunfal:

Introducción: himno a Dios vengador y justo: 1:2-8.

I. Conminación contra Nínive: 1:9-14.

II. Descripción de la destrucción de Nínive: 2:1-4.

III. Lamentación irónica sobre Nínive: 3:1-19.

Autenticidad.

El primer problema es el de la autenticidad del c.1, que en sus primeros nueve versos es

acróstico o alfabético, como otras composiciones poéticas4. Parece un himno u oda triunfal, que

puede ser adición posterior a Nahum, antepuesta como introducción a los oráculos del profeta.

Muchos críticos consideran esta composición acróstica del primer capítulo de Nahum como demasiado

artificial y mecánica, en contraposición al estilo vigoroso y fresco de los oráculos siguientes.

El estilo del primer capítulo es salmódico, mientras que los otros capítulos del libro son

claramente oraculares, de estilo netamente profético. Por otra parte, la ideología teológica del

primer capítulo es abstracta, mientras que las ideas de los capítulos siguientes están expresadas

de modo concreto y vivido; en aquél, el lenguaje es reflexivo y frío, falto del fuego oracular de

los capítulos posteriores.

A esto se debe añadir la falta de alusiones al enemigo concreto asirio en el primer capítulo,

mientras en los capítulos siguientes la mente del profeta está obsesionada por el inmediato

castigo del opresor asirio. En el c.1, la ira de Dios se derrama sobre Basan, el Carmelo y el Líbano,

mientras que en los c.2-3 sobre la capital asiría 5. Por todas estas razones somos inclinados a

pensar que este poema introductorio (acróstico por lo menos en parte) ha sido añadido posteriormente

a los oráculos de Nahum.

Texto y versiones.

Los oráculos de Nahum están bastante bien conservados en el TM, con algunas glosas y

transposiciones. El salmo acróstico es incompleto. La versión de los LXX da algunas veces un

sentido más claro y preferible al TM, pero en general se puede seguir el texto hebreo con seguridad.

Mensaje doctrinal.

Como antes indicamos, los vaticinios de Nahum se refieren a un único tema: la inminente

destrucción de Nínive. En esto se diferencia de todos los profetas anteriores, ya que el profeta

no se ocupa de fustigar los desvarios y pecados de Israel o de Judá ni de hacer llamamientos al

arrepentimiento para ser gratos a Yahvé. Nahum se enfrenta con los enemigos de Judá y desahoga

furiosamente sus sentimientos de revancha, entonando un himno de triunfo sobre el enemigo

2547

vencido.

En esto, su posición psíquica como profeta difiere totalmente de Jeremías. Este sólo se

preocupa de llamar a su pueblo al buen camino, mientras que no se preocupa de la trascendencia

del colapso de Asiría, mientras que Nahum centra su atención en torno al castigo definitivo

del invasor. Al temperamento profundo y afectivo de Jeremías — preocupado sólo del bien espiritual

de su pueblo — le interesaba poco la suerte de las naciones opresoras de Judá como tales;

mientras que para Nahum, de temperamento más recio e hirsuto, lo fundamental es el cumplimiento

de la justicia divina sobre el enemigo tradicional, que hizo desaparecer el reino del

norte y estuvo a punto de liquidar el propio reino de Judá. La descripción del opresor no puede

ser más incisiva y vigorosa: “Ay de ti, ciudad sanguinaria; toda llena de mentira y de violencia y

de inexhaustas rapiñas! Restallido de látigo, galopar de caballos y rebotar de carros, jinetes enhiestos,

espadas relampagueantes, lanzas fulgurantes. Muchedumbre de heridos, montones de

cadáveres, cadáveres sin fin.” Naturalmente, en estos desahogos hay que ver algo más que un

mero deseo de revancha nacionalista. Es el triunfo de la justicia de Yahvé sobre los tradicionales

enemigos de su pueblo elegido, que debe continuar su historia en relaciones amorosas con su

Dios. Por eso, en el canon judaico ha sido recibido entre los libros religiosos y proféticos.

Estilo literario.

Si bien en contenido teológico el libro de Nahum figura entre los más pobres de la literatura

profética, en su aspecto literario es de lo más selecto y brillante. El estilo es nervioso, entrecortado,

lleno de vigor y de viveza. Se percibe a través de sus períodos apresurados un alma vibrante

y cálida, de forma que es considerado por muchos críticos como el profeta de estilo más

varonil y vigoroso. Las descripciones son radicales e impresionantes y aun en las versiones modernas

reflejan su vigor fundamental y sus períodos escalofriantes. No se puede describir de modo

más patético la destrucción de una ciudad como Nínive, capital de un pueblo esencialmente

imperialista y dominador.

1 El que primero propuso esta identificación fue el Pseudo-Epifanio (PG 43:409). — 2 San Jerónimo, Comm. m Nah. pról.: PL

25:1232 (12915). — 3 Cf. Nah 2:6(7). — 4 Cf. Sal 24.33.110.144.9.36.118; Lam y Prov 31:10-31 — 5 Véase J. M. P. Smith,

Nahum: ICC p.268 (Edimburgo 1948).

1. Yahvé, Señor de los pueblos.

El poder arrollador de Yahvé (1-10).

1 Oráculo sobre Nínive. Libro de la visión de Nahum de Elqosh: 2 Yahvé es un Dios

celoso y vengador, es vengador Yahvé y pronto a la ira; Yahvé se venga de sus enemigos

y es inflexible para sus adversarios. 3 Yahvé es paciente y grande en poderío y

no deja a nadie impune. Marcha en el torbellino y en la tempestad, y las nubes son el

polvo de sus pies. 4 Amenaza a los mares y los seca y agota los ríos todos. El Basan y

el Carmelo desfallecen y se marchita el verdor del Líbano. 5 Tiemblan los montes

ante El y se disuelven los collados. Se agita la tierra ante El, el orbe y cuantos lo

habitan. 6 ¿Quién podrá permanecer ante su ira? ¿Quién arrostrará el ardor de su

cólera? Su furor se difunde como fuego y ante El se quebrantan las rocas. 7 Es bueno

Yahvé como protección en el día de la angustia, y conoce a los que a El se acogen.

8 Cuando sobreviene la inundación, aniquila a los que se dirigen contra El1 y a sus

2548

enemigos los lanza a las tinieblas. 9 ¿Qué maquináis contra Yahvé? El va a producir

completo estrago, no se levantará dos veces la opresión. 10 Pues aunque sean corno

zarzas enmarañadas y están embebidos en su embriaguez, serán devorados enteramente

como paja seca.

Este oráculo punitivo, o masa, está concebido en su introducción como un salmo, en el que se

canta la omnipotencia avasalladora de Yahvé como garantía del triunfo sobre el gran enemigo,

Asiría. Nahum es calificado con el nombre gentilicio de Elqoshita, oriundo de Elqosh, localidad

aún no claramente identificada. Los autores modernos se inclinan por su localización en Judea,

cerca del Beth-Gibrin actual, la Eleuterópolis de la época bizantina. San Jerónimo relaciona el

nombre de Elqosh con el de una aldea de Galilea de su tiempo, llamada Elcesi.

El profeta presenta a Yahvé como un gigante que avanza por el cielo dispuesto a dar el

ataque frontal al invasor asirio. Toda la naturaleza le está sometida: los mares, los bosques de

Basan y el Carmelo se marchitan a su paso. Es ridículo, pues, que el hombre se oponga a su poder

descomunal. Sus enemigos, inconscientes en sus propósitos (embebidos en su embriaguez,

v.10), desaparecerán como zarzas enmarañadas, devorados como paja seca por el fuego de la ira

divina.

La destrucción total de Nínive (11-14).

11 De ti salió quien maquinó contra Yahvé, quien trazó malvados designios. 12 Así dice

Yahvé: Aunque estén completos y sean tan numerosos, serán cortados, perecerán

2. Yo te he humillado y no volveré a humillarte. 13 Y ahora voy a quebrantar su yugo

de sobre ti, yo voy a romper tus cadenas. 14 Yahvé ha decretado contra ti: No quedará

ni memoria de tu nombre. Yo extirparé de la casa de tus dioses las imágenes esculpidas

y los ídolos fundidos y haré de tu sepultura una ignominia 3.

Parece que el profeta tan pronto se dirige al opresor asirio como a Judá. Así parece que en el ν.

11 el autor se encara con Asiría por sus maquinaciones contra el pueblo de Dios. Por eso Yahvé

les enviará el castigo, aunque ahora sus ejércitos se sientan intactos, completos y numerosos

(v.12). A continuación parece que el profeta se dirige a Israel, que ha sido humillado y devastado

en castigo de sus pecados; pero esto no volverá a repetirse: Yo te he humillado y no volveré a

humillarte (v.12b). Ha logrado quebrantar el yugo que pesaba sobre el pueblo elegido y romper

las cadenas que le tenían esclavizado. Yahvé ha decretado la extirpación total del opresor: de

Nínive no quedará ni la memoria de su nombre (v.14); sus templos serán saqueados y las imágenes

esculpidas e ídolos fundidos, orgullo de los asirios, desaparecerán, y toda la ciudad de Nínive

quedará convertida en un montón de ruinas, un inmenso sepulcro ignominioso.

1 El verso es oscuro y diversamente traducido. Nuestra versión es similar a la de la Bib. dejér. — 2 Así según la Bib. de Jér. — 3

Nuestra versión se basa en una reconstrucción seguida por Hoonacker y la Bib. de Jér.

2. Caída y ruina de Nínive.

Invitación a Judá a regocijarse por la liberación. (v.15-2:1)

15 ¡He aquí sobre los montes los pies del mensajero de albricias, del que anuncia la

paz! Celebra, ¡oh Judá! tus festividades, cumple tus votos, que no volverá a pasar

2549

sobre ti Belial, que ha sido enteramente destruido.

Una vez cumplida la justicia divina sobre el opresor injusto, el profeta entona un cántico de exultación

a Judá, invitando a gozarse de las buenas nuevas o albricias que trae el mensajero de la

paz. Ha llegado la hora de que Judá se entregue confiada a sus festividades en el templo para dar

gracias a Dios con sus votos por la liberación cumplida. Ha pasado el invasor aBelial, el “perverso”

por excelencia) y ya no volverá a ensañarse contra el pueblo de Dios.

El ataque a Nínive (1/2-7/8).

1 (2) Sube un destructor frente a ti; guarda la plaza fuerte, escruta el camino, cíñete

los lomos, concentra tu poder. 2 (3) Pues Yahvé restablecerá la viña de Jacob ! restaurará

la gloria de Israel, por cuanto la habían devastado los saqueadores que destruyeron

sus cepas, 3 (4) El escudo de sus guerreros está teñido de rojo, sus soldados

visten púrpura, sus carros son como hachas encendidas; al atacar, sus caballos son

un torbellino 2 a través de los campos. 4 (5) Sus carros ruedan con estruendo por las

plazas, brillan como antorchas y se lanzan como el relámpago. 5 (6) Sus príncipes se

aperciben, van tropezando en su marcha, corren a los muros, preparan las defensas.

6 (7) Se abren las puertas de los ríos, el palacio está sumido en el terror, 7 (8) la reina

es desnudada y sacada a luz 3, sus servidoras lloran y gimen como palomas y se dan

golpes de pecho.

En la mente del profeta se agolpan las escenas del ataque a la ciudad de Nínive. La descripción

es vigorosa y llena de patetismo. Las frases entrecortadas se suceden. Primero invita irónicamente

a Nínive a prestarse a la defensa: cíñete los lomos. (v.1/2). Y a continuación describe con vivo

colorido al ejército invasor de Nínive. Los soldados enemigos avanzan vestidos de escarlata, con

sus escudos color de sangre; sus carros ruedan estrepitosamente y sus caballos inundan el campo

de batalla como un torbellino (c.3/4-5)· Ante su avance arrollador, los príncipes asirios se aperciben

del peligro y emprenden la huida, tropezando en la marcha, y, en un último esfuerzo desesperado,

corren a los muros para preparar las defensas.

Pero los enemigos conocen el punto débil de la fortaleza, y así abren las esclusas de los

canales para que inunden la fortaleza, último reducto de la resistencia: se abren las puertas de

los ríos (v.6/7), y el palacio es inundado, con el consiguiente pavor: el palacio está sumido en el

terror. Autores antiguos, como Ktesias y Diodoro-de Sicilia, dicen que Nínive fue anegada por

una inundación del Tigris. En todo caso, el profeta nos da una descripción muy plausible de la

invasión y destrucción de Nínive por los invasores babilonios y medos en 612 a.C. En su perspectiva

pro/etica, muchos detalles no han de tomarse al pie de la letra; los profetas sólo suelen

resaltar lo esencial de los hechos, que aquí es la certeza de la destrucción de la gran metrópoli

asiría.

Lo demás es ropaje literario y esfuerzo de la imaginación para presentar con vivos colores

el acontecimiento a sus lectores. Uno de estos detalles es el referente al expolio del templo de

Istar, la diosa de la fecundidad, identificada con Venus: La reina es desnudada y sacada a luz

(ν.7/8). Quizá se aluda al hecho de que la imagen de la diosa fuese despojada de sus adornos y

sacada de su recinto sagrado, sumido en la oscuridad. Es el fin de su culto. Por ello, sus servidoras

(hieródulas, mujeres dedicadas al culto sexual, al servicio del templo) lloran y gimen como

palomas. Al desaparecer la reina, se terminan los ingresos lucrativos que su culto proporcionaba

4.

2550

El v.2/3 parece que está fuera de lugar, pues el contexto no favorece su situación actual.

La alusión a la restauración de Judá después de la devastación parece exigir se traslade a continuación

del v.15 del c.1, donde se habla de la paz traída por el mensajero a la nación israelita.

El saqueo de la ciudad de Nínive (8/9-13/14).

8 (9) Nínive parece un estanque de aguas, pero de aguas que se van. ¡Alto! Pero ninguno

vuelve. 9 (10) ¡Saquead la plata, saquead el oro! No tienen fin Jos tesoros, es

una riqueza inmensa de todo género de preciosidades. 10(11) ¡Saqueo, pillaje, devastación,

corazones llenos de espanto, rodillas temblorosas, estremecimiento de ríñones,

rostros demudados!11 (12) ¿Dónde está el cubil de leones, la que era guarida de

cachorros de león, adonde el león llevaba sus cachorros y donde nadie podía perturbarlos?

12 (13) Arrebataba el león lo necesario para sus cachorros, estrangulaba para

sus leonasy llenaba la caverna de presas, y su cubil de despojos. 13 (14) Heme aquí

contra ti, dice Yahvé de los ejércitos. Yo convertiré en humo tus carros; la espada

devorará a tus cachorros; raeré de la tierra tus rapiñas. Ya no se oirá más la voz de

tus embajadores.

El fragmento es vigoroso e impresionante. No cabe describir con más patetismo el momento del

saqueo de la gran metrópoli asiría. Esta es comparada a un estanque de aguas que se van (v.8/9);

es el éxodo de los fugitivos, que abandonan su ciudad por todas partes como agua que a borbotones

sale de un estanque con muchas filtraciones. Es inútil que algunos den la voz de ¡Alto! a los

fugitivos, pues nadie se vuelve a la ciudad, que está a punto de perecer.

Al mismo tiempo se oye una voz de los invasores que invita al saqueo de la gran capital,

almacén de inmensas riquezas, acumuladas con las expoliaciones de los pueblos sojuzgados:

¡Saquead la plata, saquead el oro! (V.9/10). Y al punto el profeta presiente el efecto de la invitación

a los invasores: por doquier, saqueo, pillaje, devastación (v.10/11); la consternación de los

habitantes de Nínive no tiene límites: corazones llenos de espanto, rodillas temblorosas. No cabe

descripción más patética y expresiva.

Ante este espectáculo, el profeta recuerda lo que fue Nínive en el pasado, cuando con toda

impudencia invadía a los pueblos vencidos y los privaba de sus riquezas, reuniéndolas en la

gran capital convertida en cubil lleno de rapiñas. Todo era poco para sus caprichos. El imperio

asirio es comparado aquí al león, que, abusando de su fuerza, arrebata todo lo que se le antojaba

para distribuirlo entre sus cachorros (v.12/13).

Pero ha llegado la hora del castigo a la despótica metrópoli del imperio asirio, la hora de

experimentar la ira de Yahvé. Todo su poderío se esfumará, y de nada le servirán sus tesoros,

fruto de sus rapiñas (v.13/14). Asiría desaparecerá como nación y ya no se oirá mas la voz de

sus embajadores, que antes se presentaban a las cortes de los pueblos pequeños con exigencias

exorbitantes e injustas. Como siempre, los profetas ven en todas las vicisitudes de los grandes

imperios (en su nacimiento y en su ocaso) la mano de la Providencia divina, que dirige los hilos

de la historia. Ahora ha llegado la hora del exterminio a Asiría, como más tarde llegará a Babilonia.

1 La viña es una corrección plausible (seguida por la Bib. de ér.) en sustitución de orgullo o gloria del TM. — 2 Caballos según una

aceptable corrección del TM, que dice abetos (perostiim en vez d< beroshim). — 3 Así la Bib. de Jér. El texto es oscuro. — 4 Algunos

autores toman la palabra reina en sentido propio y creen que se habla de la reina de Asiría, que es desnudada y violada.

2551

3. La hora del castigo divino.

Los crímenes y la ruina de Nínive (1-7).

1 ¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de violencia y de inexhaustas

rapiñas! 2 ¡Restallido de látigo, estruendoso rodar de ruedas, galopar de caballos y

rebotar de carros, jinetes enhiestos, espadas relampagueantes, lanzas fulgurantes! 3

Muchedumbre de heridos, montones de cadáveres, cadáveres sin fin, por doquier se

tropieza con ellos. 4 Por las numerosas fornicaciones de la ramera, de encantadores

atractivos, maestra en brujerías, que con sus fornicaciones seducía a las naciones y

con sus hechicerías engañaba a los pueblos. 5 Heme aquí contra ti, dice Yahvé de los

ejércitos; yo alzaré tus faldas hasta tu cara, descubriendo a las gentes tu desnudez y

mostrando a los reinos tus vergüenzas. 6 Arrojaré sobre ti tus inmundicias, te cubriré

de ignominia y te daré en espectáculo. 7Y sucederá que cuantos te vean se apartarán

de ti, diciendo: ¡Ha sido destruida Nínive! ¿Quién se compadecerá de ella?

¿Dónde buscaré consoladores?

De nuevo el profeta describe la invasión de los enemigos de Nínive, que llevan la mortandad y la

devastación. Se acusa a Nínive de haber cometido fornicaciones, seduciendo a las naciones (v.4).

En la literatura profética, la palabra fornicación, aplicada a Israel, tiene el sentido de idolatría,

pues Israel estaba unida con un pacto a Yahvé como único Esposo l; por eso sus idolatrías representaban

una infidelidad a este matrimonio espiritual. Pero en el caso de Nínive no parece que

encaje esta acepción de fornicación aplicable a la idolatría. Más bien parece que aquí se presenta

a la gran metrópoli como una meretriz, que con sus seducciones engañaba a las pequeñas naciones

para que le entregaran sus tesoros.

Por otra parte, la expresión maestra en brujerías a parece aludir a las encantaciones que

tanto se cultivaban en Mesopotamia, y de cuyas prácticas queda una abundante literatura. En todo

caso, aquí el símil central es el de la cortesana desvergonzada, que abusa de su situación privilegiada

para atraerse amantes (los pueblos limítrofes). Como a tal la va a tratar Yahvé, ya que

descubrirá sus vergüenzas ante las naciones para que la reconozcan como cortesana (ν·5) Υ 1a

desprecien como tal. Al caer en manos de sus enemigos invasores, las naciones antes seducidas

se apartarán de ella espantadas: ¡Ha sido destruida Nínive! (v.7). Y entonces a la hora de la ruina

nadie se compadecerá de ella.

Asiría seguirá la suerte de Egipto (8-10).

8 ¿Eres tú mejor que No-Amón, la que se asentaba entre ríos, la rodeada de aguas,

cuyo baluarte era el mar y cuyas murallas eran las aguas? 9 Su fuerza eran Etiopía y

Egipto, no tenía fin; Put y Libia eran sus mercenarios, 10 y, con todo, se fue prisionera

al desierto, y sus niños fueron estrellados en las encrucijadas de todas sus calles, y

sus nobles fueron echados a suertes, y sus grandes fueron cargados de cadenas.

Asiría no debe confiar en su poderío actual, pues otro imperio tan fuerte como el suyo (Egipto)

desapareció: ¿Eres tú mejor que No-Amón? (Tebas). Amón era el dios principal de Tebas, y No

es el nombre que en la Biblia y en las inscripciones de Asurbanipal se da a Tebas2, la capital del

Alto Egipto. Aquí, pues, No-Amón es el símbolo del imperio de los faraones, venido a menos

desde que los imperios mesopotámicos hicieron irrupción en la costa siro-fenicio-palestina. La

2552

situación privilegiada de Egipto (sentada entre ríos o canales del Nilo) no lo salvó en el tiempo

de la invasión.

De hecho, los reyes de Asiría Asaradón y Asurbanipal llegaron hasta el mismo Tebas en

663 a.C. Nahum se hace eco de este acontecimiento insólito, e insiste en que, a pesar de estar

Egipto separado por las aguas, fue presa del coloso asirio, sin que le valiera la ayuda que le prestaron

Etiopia, Put y Libia (V.9). La dinastía XXV egipcia, con capital en Tebas, era de origen

etiópico, y fue la que sufrió el desastre bajo Asurbanipal. Put se suele identificar con la zona

geográfica que actualmente ocupa Somalia; era famosa por sus riquezas y como punto de convergencia

comercial con Arabia y la India. Libia es la región que actualmente lleva el mismo

nombre al oeste de Egipto.

El profeta destaca estas naciones auxiliares de Egipto para mostrar que, a pesar de la

fuerza conjunta de ellas, el imperio de los faraones se hundió estrepitosamente cuando los ejércitos

asirios hicieron irrupción en el Alto Egipto en la segunda expedición de Asurbanipal en 663

a.C. Este rey en sus crónicas se gloría de haber saqueado totalmente a Tebas, llevando a su población

cautiva al destierro. Es a lo que se refiere Nahum en su oráculo: Se fue prisionera.; sus

nobles fueron echados a suerte y sus grandes fueron cargados de cadenas (v.10). El invasor asirio

sufrirá la misma suerte. El profeta vaticina el desastre de Nínive unos cuarenta años después

de la ruina de Tebas, cuando el imperio asirio empieza a declinar en los últimos años de Asurbanipal

(668-625 a.C.).

La ruina total de Nínive (11-19).

11 También tú serás embriagada, serás objeto de escarnio 3; también tú irás en busca

de un refugio contra el enemigo. 12 Todas tus plazas fuertes son higueras con brevas,

que al sacudirse caen en la boca de quien las come. 13 He aquí que tu pueblo es en

medio de ti (como) mujeres. Las puertas de tu país se abren de par en par al enemigo;

el fuego devora las barras de tus puertas. 14 Abastécete de agua para el asedio,

fortifica tus plazas, pisa el barro, amasa la arcilla y coge el molde de los ladrillos.

15 Allí te devorará el fuego, allí te exterminará la espada, te devorará como te devora

la langosta. Multiplícate como la langosta, amontónate como el salta-monte. I 16

Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo; la langosta se deslarva y

se va. 17 Tus dignatarios *son como saltamontes,y tus escribas como enjambre de

langostas', que en día de frío se amontonan sobre el vallado, sale el sol y levantan el

vuelo, sin que pueda conocerse el lugar adonde se fueron. 18 Tus pastores, ¡oh rey de

Asur! están dormidos; tus grandes, tumbados; tu pueblo está disperso por los montes,

sin que haya quien le congregue. 19 Tu ruina no tiene remedio, tu herida es incurable.

Cuantos oigan hablar de ti batirán palmas por tu causa, porque ¿sobre quién

no descargó sin tregua tu maldad?

El profeta anuncia claramente que la suerte de Asiría no va a ser mejor que la del imperio faraónico,

pues tendrá que experimentar los efectos de la justicia vengadora de Yahvé: Tú también

serás embriagada (con la copa de la ira divina). Es inútil que Nínive intente defenderse ante los

invasores, pues está madura para la derrota, y sus fortalezas caerán con la facilidad con que caen

las brevas al sacudirse en la boca de quien las come (v.12). Los varones de Asiría no opondrán

resistencia, pues son débiles como mujeres (v.13); por eso las puertas se abren de par en par al

enemigo.

Irónicamente, el profeta invita a los habitantes de Nínive a apresurar los trabajos de de2553

fensa: Abastécete de agua para el asedio, amasa la arcilla. (v.14). Pero de nada servirán estos

esfuerzos postumos, porque lo devorará todo el fuego (v.15). La gran metrópoli perecerá en un

momento, como consumida por un fuego devorador o un enjambre de langostas. La mención de

la langosta4 le sirve al profeta para ampliar la comparación e invitar sarcásticamente a los ninivitas

a multiplicarse como las langostas y emprender el vuelo, librándose del peligro: multiplícate

como la langosta. (v.15).

La frase multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo parece fuera de lugar,

y probablemente es una glosa alusiva al emporio comercial de Nínive en sus tiempos de gloria.

El glosista pudo intercalar entre las amenazas del profeta este recuerdo irónico para los felices

tiempos pasados. La frase la langosta se deslarva y se va puede aludir al carácter efímero de

la prosperidad comercial de Nínive, que desapareció como las langostas después que han salido

de su estado larvario; y debe de ser glosa de la misma mano que la anterior.

De nuevo la imagen de las langostas es aplicada por el profeta a los funcionarios asirios.

El imperio está al caer, y sus dignatarios y escribas, o funcionarios públicos, están como aletargados,

sin saber reaccionar como enjambre de langostas en día frío sobre el vallado (ν.17); pero

llegan los primeros calores del sol y levantan el vuelo. Así, los responsables de la dirección del

imperio están tranquilos; pero, cuando se acerque la hora de peligro, abandonarán su puesto, como

un enjambre de langostas, dispersándose para salvar su vida.

El imperio se halla en una situación débil y expuesta a todo peligro, ya que sus responsables,

sus pastores y grandes, están como adormilados, sin darse cuenta del peligro (v.18), entregados

a un puro mecanismo burocrático desganado, sin autoridad e incapaz de resistir los ataques

que se avecinan. Como consecuencia de esta indolencia, el pueblo se halla como un rebaño disperso

por los montes, inconsciente del peligro que se avecina; y, por otra parte, no hay voces

responsables que le congreguen. El imperio asirio morirá de agotamiento y cansancio, como todos

los imperios. Su ruina, pues, no tiene remedio, ya que está herido con herida incurable

(V.19). Y los pueblos sojuzgados están esperando la hora de levantar la cabeza y batir palmas por

la desaparición del imperio tiránico asfixiante. Todos los pueblos han sufrido sus arbitrariedades

y sus exacciones (¿sobre quién no descargó sin tregua tu maldad? V.19), y por eso todos se sentirán

alegres por la destrucción de Nínive, símbolo de la opresión esclavizadora.

1 Cf. Os 2:4ss. — 2 Cf. Jer 46:25; Ez 30:145. — 3 Bib. de Jér.: “serás dominada.” — 4 Las palabras que hemos traducido por langostas

y saltamontes son en hebreo yeleq, que parece ser la larva de la langosta, mientras que el arbeh sería ya la langosta formada.

Ηαbacuc.

Introducción.

Personalidad del profeta y época de su ministerio.

Habacuc (en hebreo Jabaquq: “Abrazo”?) l es calificado expresamente con el título de

profeta, lo que parece indicar que pertenecía al grupo de profetas o nabis, que se dedicaban a

fomentar la vida religiosa en el pueblo, aunque puede ser simplemente una calificación del compilador

en razón de sus oráculos. Tampoco de Habacuc se hace ninguna referencia patronímica

ni geográfica. Por lo que se dice en 3:16, parece deducirse que habitaba en Jerusalén. En Dan

14:32-38 se habla de un profeta llamado Habacuc, que fue llevado milagrosamente por un ángel

a Babilonia para alimentar a Daniel, que estaba en el foso de los leones. Pero no hay ninguna ra2554

zón para identificarlos 2. Algunos autores han supuesto que Habacuc pertenecía a la clase sacerdotal

o levítica, porque en 3:19 encontramos alusiones salmódico-litúrgicas.

No concuerdan los autores respecto a la determinación histórica de la predicación de

Habacuc. La opinión tradicional es la que supone que el profeta ejerció su ministerio en los días

de Jeremías, cuando Babilonia se formaba como imperio y no era todavía amenaza para Judá, es

decir, en el último cuarto del siglo VII a.C. 3 De hecho, en 1:6 el profeta habla de los caldeos

como del instrumento de la justicia divina sobre la tierra. Pero algunos autores han supuesto que

el profeta más bien aludiría al castigo de Asiría a manos de los caldeos, instrumento de la justicia

divina para humillarlos 4.

Algunos han cambiado el nombre de caldeos (en heb. Kasdim) en griegos (en heb. Kittim,

o de Creta) e insisten en ciertos detalles que parecen explicarse mejor en la invasión de Alejandro

Magno. Así se alude al empleo de la caballería 5, a la rapidez de su invasión 6, a la conquista

de Tiro por medio de un terraplén. Estos autores, pues, suponen que el libro ha sido compuesto

en los años de la invasión del gran macedonio, entre la batalla de Iso y la de Arbela, hacia

el 331 a.C.

Contenido y estructura del libro.

La idea fundamental del libro es la exaltación de la justicia divina, que castiga inexorablemente

los pecados y retribuye a los que permanecen fieles a Dios en las calamidades. El

libro tiene dos partes:

1. Anuncio del castigo: 1:1-2:20.

Quejas del profeta por los pecados del pueblo: 1:2-4.

El castigo merecido infligido por mediación de los caldeos: 1:5-11.

Disputa del profeta con Yahvé: 1:12-2:1.

Respuesta de Yahvé: “El justo vive en su fe”: 2:2-5.

Cinco “ayes” contra los caldeos: 2:6-20.

2. Cántico y oración: 3:1-19.

Invocación del juicio divino contra Babilonia: 3:1-2.

Descripción del juicio: 3:2.

Confianza del profeta en Dios Salvador: 3:16-19 8.

En la primera parte, el profeta protesta por el triunfo de la injusticia, pues el impío aplasta al justo.

Yahvé contesta que no tardará en llegar el castigo al pecador, particularmente al enemigo invasor.

Después el profeta se calma y entona un canto de alabanza por la realización del castigo

merecido.

Autenticidad.

No pocos autores suponen que el c.3 es una adición posterior de tipo litúrgico. Es la descripción

bellísima de una teofanía de Yahvé, que viene del desierto como un turbión a castigar a

los enemigos. Sin embargo, bien podemos suponer que, aunque sea de Habacuc, ha sido retocada

para el uso litúrgico en el templo; de ahí las indicaciones musicales 9. El estilo es vigoroso y

aplastante, en consonancia con el estilo heroico de los dos primeros capítulos. Las imágenes son

sumamente atrevidas; las frases, nerviosas y entrecortadas, utilizando el autor la geografía, la naturaleza

y las tradiciones históricas para expresar la gran teofanía de Yahvé-Juez sobre los

2555

pueblos.

Texto y canonicidad.

El TM está en estado bastante deficiente, con trasposiciones y algunas glosas. Recientemente

se ha descubierto un nuevo texto hebraico en el desierto de Judá, que es un buen auxiliar

de la crítica textual de Habacuc. La versión de los LXX difiere algunas veces del TM, y sirve

para esclarecer pasajes oscuros.

Respecto de la canonicidad, no ha habido dificultad en ser recibido en el catálogo judaico

y cristiano. Habacuc aparece citado en Act 13:49 (Hab 1:5), en Rom 1:17 (Hab 2:2) y en Gal

3:11 (Hab 2:4). Y muchos Santos Padres han considerado al cántico de Habacuc como mesiánico,

en sentido literal o típico10.

1 La grafía en las transcripciones griegas varía mucho: Amakum, Abbafeum, Ambakuk. Supuestas estas transcripciones, algunos autores

relacionan el nombre de Habbaquq con el hambaququ asirio, nombre de una planta. — 2 Lo identifica, entre otros, SAN

JERÓNIMO, Comm. m Hab. pról.: PL 25:1274. — 3 Es la opinión de Vigouroux, Tobac, Goetsberger, Hoonacker, etc. — 4 Así

Budde. — 5 1:8; 3:15. — 6 Hab i,6.8.11. — 7 Hab 1:10. — 8 Cf. Hopfl-Miller-Metzinger, O.C., P-553- — 9 Estas son las palabras

misteriosas Selah y Lmnaseaj, que aparecen reiteradamente en los Salmos. — 10 Así Eusebio, Dem. Evang. 6:15: PG 22:441-448; San Cipriano,

Test. adv. lud. 2:21: PL 4:7i5 (744); San Jerónimo, Comm. in Hab 3: PL 25:1307-1338 (1339-1402); San Agustín, De civ. Dei 18:32: PL 41:588-

591.

1. El invasor caldeo.

La justicia, conculcada por doquier (1-4).

1 Oráculo que vio Habacuc profeta: 2 ¿Hasta cuándo, ¡oh Yahvé! suplicaré sin que

me oigas; clamaré a ti: ¡Violencia! sin que envíes tu salvación? 3 ¿Por qué me haces

ver la iniquidad, y soportas la vista de la aflicción,y la opresión y la violencia se

hallan ante mí, y surgen la querella y la discordia?4 Por eso se embota la ley, y el derecho

no resplandece, pues el impío asedia al justo;por ello el derecho se tuerce.

El oráculo de Habacuc tiene un sentido punitivo y amenazador; de ahí su nombre específico de

masa , que ya hemos visto en las profecías de Nahum. Antes de anunciar el castigo, el profeta

reacciona contra las injusticias reinantes en la sociedad. Llevado de su sentido de justicia, protesta

ante Yahvé porque permite tanta iniquidad, contraria a sus atributos divinos. Se discute sobre

el sentido de estas protestas del profeta, pues unos autores creen que Habacuc no hace sino

hacerse eco de la situación injusta de la sociedad judía de su tiempo, con sus extorsiones y

opresiones, como lo habían hecho otros profetas.

Otros exegetas, en cambio, creen que Habacuc protesta por la opresión de Judá por los

extranjeros: han pasado los asir los, después los egipcios (el piadoso rey Josías murió en la batalla

de Megiddo en 609, contra Necao II de Egipto, el cual depuso al candidato rey, Joacaz, escogido

por los judíos), y, por fin, ve como inminente la invasión caldea dirigida por el implacable

Nabucodonosor. Nosotros nos inclinamos por la primera interpretación, y creemos que el profeta

anuncia la invasión babilónica como castigo por el injusto estado social en que se debatía la sociedad

contemporánea, como vemos por el mismo Jeremías, su coetáneo.

Anuncio de la invasión caldea (5-11).

5 Mirad a las naciones y ved, y quedaréis sobrecogidos y estupefactos, pues está para

2556

cumplirse en vuestros días una obra que, si os la contaran, no la creeríais. 6 Pues he

aquí que voy a suscitar a los caldeos, pueblo feroz y arrebatado, que marchará por

las anchuras de la tierra para conquistar moradas ajenas. 7 Es espantoso y terrible;

su derecho y su elación sólo de él emanan. 8 Sus caballos son más ligeros que el tigre,

más voraces que lobos nocturnos. Sus jinetes avanzan con insolencia, sus caballos

vienen de lejos, volando como el águila que se precipita para devorar. 9 Todos llegan

para entregarse a la violencia. Sus rostros ardientes son (como viento) solano y

amontonan cautivos como arena. 10 Se burla de los reyes, se mofa de los príncipes,

se ríe de todas las plazas fuertes; alza un terraplén y las toma; 11 luego el huracán

muda de dirección y pasa. Es un criminal que hace de la fuerza su dios 2.

El profeta presenta a Yahvé describiendo al terrible invasor. El fragmento es sobrecogedor y vigoroso

por la expresión. Los caldeos, suscitados por Yahvé — como instrumentos de su justicia

— , pasan como un huracán, que todo lo arrebata. Los caldeos, o Kashdim de la literatura cuneiforme,

eran tribus montañeras del sudeste de Mesopotamia, que habían luchado contra los asirios

en tiempos de Senaquerib por su independencia. Obligados a retirarse a las montañas que bordean

la Media, se aliaron con los habitantes de esta región, y así estuvieron esperando el momento

en que Asiría se mostrara más débil militarmente. Al morir Asurbanipal (625 a.C.), se lanzaron,

capitaneados por Nabopolasar y Ciaxares, sobre Nínive, que sucumbió en 612 a.C., lo que

supone la liquidación del imperio asirio. Nabucodonosor, hijo de Nabopolasar, sucedió a éste en

605 a.C. y dirigió las incursiones militares sobre Palestina, resultando tan brutales como las de

los conquistadores asirios anteriores.

La descripción del profeta es semejante a la de sus contemporáneos Jeremías 3 y Sofonías4.

La caballería avanza con estrépito, sin que nadie pueda detenerla, y el ejército invasor, con

sus rostros ardientes por el ansia de pillaje, es como el viento solano o jamshim, que trae la desolación

y la muerte, anegándolo todo en un mar de arena (v.8). Nadie puede detener la marcha, y

los reyes y fortalezas caen ante la mejor organización militar del terrible invasor. Es el eterno

conquistador, que cree que la ley es la fuerza: es un criminal que hace de la fuerza su dios (v.11).

El juicio del profeta no puede ser más severo. Aunque el invasor sea suscitado por Yahvé para

castigar la injusticia de Judá, sin embargo, sus procedimientos de violencia tendrán también un

día su castigo.

Protesta del profeta por la crueldad del invasor (12.-17)

12 ¿No eres tú desde antiguo Yahvé, mi Dios, mi Santo, tú que no puedes morir?5 Tú,

Yahvé,no dejarás perecer al estableciste para la justicia y lo fundaste como roca para

castigar. 13Muy limpio eres tú de ojos para contemplar el mal, y no puedes soportar

(la vista) de la miseria. ¿Por qué, pues, miras a los pérfidos y callas, mientras el

impío devora al que es más justo que él, 14como si hicieras a los hombres semejantes

a los peces del mar o a los reptiles de la tierra, que no tienen dueño? 15 El lo pesca

todo con sus anzuelos, lo apresa en sus mallas, lo recoge en sus redes, y por ello se

alegra y regocija. 16 Por eso ofrece sacrificios a sus mallas, y ofrendas humeantes a

sus redes,pues por ellas acrecienta su provisión y es pingüe su comida; 17 y vacía sin

tregua su red 6, (asesinando sin piedad a los pueblos.

El profeta protesta contra los abusos del invasor, que parece tener carta blanca para sus atropellos

de todo género, y apela a la santidad eterna de Yahvé, intransigente con la impiedad: ¿No

2557

eres desde antiguo Yahvé, mi Santo? (v.12). Es cierto que el invasor caldeo ha sido escogido

como instrumento de la justicia divina para castigar las infidelidades de Judá (Tú, Yahvé, lo estableciste

para la justicia y lo fundaste como roca para castigar, v.12b), pero no para imponer su

capricho contra toda equidad. La misma santidad divina parece que está comprometida al permitir

el triunfo de la opresión. Yahvé no puede complacerse en el triunfo de la maldad, porque sus

ojos son puros y no pueden contaminarse contemplando benévolamente el triunfo de la maldad y

de la perfidia, con la consecuente opresión de los justos (ν.13).

Si Yahvé no protege a los hombres contra la injusticia, entonces parece que los deja desamparados,

como si fueran peces o reptiles de la tierra (v.14), siempre a merced del primer cazador

que llega. Precisamente por esta abstención de parte de Dios, los hombres están a merced

del cazador o pescador caldeo, que tira su red impunemente para cogerlos en sus mallas, sin que

aquéllos tengan defensa: lo pesca todo con su anzuelo, lo apresa en sus mallas. (v.15). Es una

alusión a las incursiones de los caldeos por tierras de Palestina, llevando consigo a poblaciones

inocentes como botín de victoria. El profeta parece que se hace eco del estado de ánimo de incertidumbre

ante la invasión de los babilonios. Para los invasores, esas incursiones son un paseo

militar, pues apenas encuentran resistencia y tienen plena libertad para el pillaje: por ello se alegra

y regocija.

Después se entregan a orgías religiosas, celebrando sus triunfos y conquistas: Ofrece sacrificios

a sus mallas, y ofrendas humeantes a sus redes (v.16). A propósito de esto se ha recordado

que Herodoto dice que los escitas prestaban adoración a la espada, instrumento de conquista

7. Sin embargo, la frase de Habacuc ha de entenderse en sentido figurado. Para él, las mallas y

redes eran un símil para destacar la facilidad con que los caldeos conquistaban, como el pescador

que coge en las suyas a los indefensos y desprevenidos peces. En este supuesto, la afirmación

de que ofrecían sacrificios a sus mallas ha de interpretarse en el sentido de que celebraban con

festines religiosos sus triunfos militares, glorificando sus medios de conquista.

1 Verso oscuro. El TM dice literalmente: “el ardor de sus rostros.” Nuestra versión es similar a la de la Bib. de Jér. — 2 Así según la

Bib. de Jér. — 3 Cf. Jér 4:13. — 4 Sof 3:3. — 5 Lit. en hebreo dice “no moriremos.” Un ligero cambio da nuestra versión, que es

la de la B¿b. de Jér. Hoonacker traduce: “Harás morir.” — 6 La tradución sin tregua es según el manuscrito encontrado en Qumrán.

— 7 Cf. Herodoto, IV 59:62.

2. Respuesta de Dios.

El justo vive por su fidelidad (1-4).

1 Yo me estaré de pie en mi puesto de guardia, en pie permaneceré sobre la fortaleza,

y me mantendré alerta a ver qué me dice y qué responde a mi querella. 2 Yahvé

me respondió diciendo: Escribe la visión y grábala en tabletas, de modo que pueda

leerse de corrido. 3 Porque la visión es para tiempo fijado, y ciertamente ha de realizarse

sin falta; espérala, que ciertamente llegará, no faltará. 4 He aquí que sucumbe

el que no tiene alma recta, mas el justo por su fidelidad vivirá.

El profeta se presenta como el centinela, que vela por los intereses espirituales de su pueblo 2, y,

como tal, espera poder transmitir a éste la respuesta de Yahvé a sus angustias. Yahvé responde

que le va a comunicar una revelación que debe poner por escrito en caracteres bien legibles:

Escribe la visión. de modo que pueda leerse de corrido (v.2). La comunicación divina debe ser

cuidadosamente conservada para instrucción del pueblo, pues así servirá de testimonio para

2558

cuando los hechos tengan lugar 3. Yahvé quiere insistir en que el cumplimiento de lo que aquí se

anuncia se realizará ciertamente, pues es para tiempo fijo (ν.3). La palabra divina está comprometida

en su ejecución.

El profeta debe tener en cuenta, mientras se realiza la profecía, que el que no tiene alma

recta, sucumbe, mientras que la fidelidad del justo es la mejor prenda de su triunfo definitivo,

porque tiene la protección divina (v.4). La frase es un enunciado general que el profeta debe

tener siempre en cuenta en todas las vicisitudes de la historia. Dios no puede permitir que el

impío triunfe indefinidamente, dejando al justo sin darle lo merecido.

Maldiciones contra el opresor (5-8).

5 ¡Ciertamente la riqueza es pérfida 4, (como) el hombre insolente que no se aquieta,

que ensancha su alma como el “seol,” y es insaciable como la muerte, y se apodera

de todas las naciones, y amontona en torno a sí a todos los pueblos! 6 ¿No habrán de

alzar todos éstos contra él proverbios, burlas y sátiras, diciendo: ¡Ay del que amontona

lo que no es suyo (¿Hasta cuándo será?) y acrecienta sobre él deudas! 7¿No se

alzarán de repente tus acreedores, no se levantarán tus exactores, y serás presa de

ellos? 8Porque has despojado a muchas gentes, todos los pueblos que quedan te despojarán

a ti por la sangre humana derramada y la violencia hecha al país, a la ciudad

y cuantos en ella habitan.

La opresión no puede quedar impune indefinidamente. El conquistador babilónico es insaciable

en su hambre de pueblos, y así ensancha su alma como el seol. (v.5); la región tenebrosa de los

muertos o seol, igual que la muerte, son como dos tiranos insaciables, que nunca se cansan de

tronchar vidas humanas5. Es el mejor símil para caracterizar la voracidad insaciable del conquistador

caldeo. Pero llegará la hora de revancha, y los pueblos oprimidos se levantarán contra él,

cantando proverbios y sátiras por su derrota. El conquistador se ha apropiado bienes que no son

suyos, y algún día tendrá que devolverlos a sus acreedores reales, sus antiguos propietarios (ν.7).

Los pueblos oprimidos le pedirán cuenta de la sangre derramada y de las violencias cometidas

contra todos (v.8).

Contra la codicia y las extorsiones (9-14).

9 ¡Ay del que codicioso enriquece injustamente su casa y quiere poner muy alto su

nido para escapar al infortunio! 10 Has tramado lo que es vergonzoso para tu casa,

asolaste a muchos pueblos, y tu alma ha pecado, 11porque chilla en el muro la piedra

y la responde en el enmaderado la viga. 12¡Ay del que edifica con sangre la ciudad y

la cimenta sobre la iniquidad! 13¿No es de Yahvé de los ejércitos que los pueblos

trabajan para el fuego y las gentes se fatigan por la vanidad ? 14 Llenaráse la tierra

del conocimiento de la gloria de Yahvé como las aguas llenan el mar.

El invasor ha obrado como el codicioso que ha querido crearse una fortuna grande con medios

deshonestos. Ese codicioso sin escrúpulos ha querido ponerse a salvo de toda necesidad poniendo

muy alto el nido para escapar al infortunio (v.8). El rico desconsiderado es comparado aquí a

un pájaro que pone en roca inaccesible su nido para no ser presa de otros animales. Pero, a pesar

de esto, no se verá libre de la ruina cuando llegue. El profeta alude al bandolerismo de los conquistadores

babilónicos, que no han perdonado medios para enriquecerse indebidamente. Ahora

el poderío caldeo parece inaccesible, como un nido de águila; pero también a ellos les llegará la

2559

mano justiciera de Dios. Puesto que ha obrado vergonzosamente, su pecado pesa sobre él

(v.10).

Ha edificado su casa con medios inhonestos, y todo está clamando por la intervención de

la ira divina. Hasta sus muros protestan contra tanta injusticia: chilla en el muro la piedra.

(v.11). Todo ha sido amasado con opresión y violencia, y los elementos de que está formada su

casa o imperio protestan del mal uso de ellos. La opresión y la violencia no pueden constituir la

base de una sociedad organizada (v.12). Todos los esfuerzos por querer construir una ciudad en

la injusticia terminarán en tragedia. En realidad, es un decreto de Yahvé que las gentes, por mucho

que trabajen, si lo hacen con procedimientos injustos, no hacen sino trabajar para el fuego,

para la destrucción, y fatigarse por la vanidad (v.13). En Jer 51:58 se dice de Babilonia, condenada

a la destrucción: “trabajaron en vano tantas gentes, y las naciones para el fuego se han cansado.”

Quizá Habacuc aluda a este oráculo divino al decir: ¿No es (proviene) de Yahvé de los

ejércitos (el dicho de) que los pueblos trabajan para el fuego y las gentes se fatigan por la vanidad?

(v.13). Es inútil que los babilonios se esfuercen, pues al final será el triunfo total de Yahvé,

y todos los pueblos lo reconocerán: Llenaráse la tierra del conocimiento de la gloria de Yahvé.

(v.14). En Is 11:9 encontramos una frase paralela: “Estará llena la tierra del conocimiento de

Yahvé, como llenan las aguas el mar,” aunque en este caso está circunscrita la perspectiva al

monte santo de Sión.

Contra los lujuriosos (15-17).

15 ¡Ay del que da a beber a su prójimo y derrama su veneno hasta embriagarlo 6 para

contemplar sus desnudeces! 16 ¡Estás saciado de ignominia en vez de honra! ¡Bebe

a tu vez y tambaléate! A ti se te dará el cáliz de la diestra de Yahvé, y en vez de gloria,

vergüenza. 17 Porque la violencia hecha al Líbano te cubrirá, y la destrucción de

los animales te será causa de terror por la sangre humana derramada y la violencia

hecha al país, a la ciudad y a cuantos en ella habitan.

El profeta compara la conducta del conquistador caldeo, oprimiendo a los pueblos vencidos, con

la del lujurioso que embriaga a su prójimo con fines nefandos. Babilonia se ha excedido en su

cometido y se complace en la destrucción y humillación de los pueblos más débiles. Pero también

a Babilonia le llegará la hora de beber del cáliz de la ira divina, y se tambaleara como un

ebrio (v.16), y entonces se saciara de ignominia, avergonzada ante todos los pueblos.

Los pueblos vencidos tomarán su revancha, y hasta los montes del Líbano, -tan despiadadamente

tratados por los monarcas babilonios, que allí cortaban sus maderas para las grandes

construcciones de Mesopotamia, se volverán contra el que los taló; y los mismos animales, perseguidos

en las cacerías reales, serán causa de terror para el tambaleante imperio caldeo (ν.17).

Los profetas suelen asociar a los seres inanimados de la naturaleza y a los representantes del reino

animal a las vicisitudes de los pueblos. Aquí el profeta quiere resaltar la hostilidad con que se

va a encontrar Babilonia a la hora de la cuenta, pues no sólo los pueblos se levantarán contra ella,

sino hasta la misma naturaleza maltratada y expoliada se levantará contra el antiguo exactor.

Contra los idólatras (18-20).

18 ¿De qué sirve la escultura que su autor esculpió, de qué la imagen fundida y el

oráculo mendaz, para que el que la hizo ponga la confianza en ella, por haberse fabricado

ídolos mudos? 19¡Ay del que dice al leño: “¡Despierta!” y a la piedra: “¡Levántate!”

Esos no enseñan sino a enmudecer8. He aquí que están cubiertos de oro y

2560

de plata, pero no hay en ellos el menor hálito de vida. 20 Yahvé mora en su santo recinto.

Calla ante él, ¡oh tierra toda!

El profeta se burla de la idolatría de los conquistadores. Sus prácticas son insensatas, ya que sus

ídolos no tienen vida, sino que son trozos de piedra o de madera 9. Por eso es ridículo y estúpido

decir a una piedra: ¡Levántate! y a un leño: ¡Despierta! Son elementos mudos, que a lo más pueden

invitar a enmudecer y no a dirigirles oraciones y súplicas. No tienen hálito vital, y, por tanto,

no pueden conocer las necesidades de sus adoradores. Es ridículo, pues, que el mismo que los ha

esculpido ponga su confianza en ellos (ν. 18) 10. En contraposición a ellos está Yahvé, Dios vivo,

que habita en su santo recinto. Su majestad invita a que todos se callen ante El: ¡Calle toda la

tierra! (v.20).

1 Así según una corrección de Hoonacker, seguida por la Bib. de Jér. — 2 Cf. Os 5:1; 9,8; Miq 7:4; Jér 6:17; Ez 3:17. — 3 Cf. Dan

10:14. — 4 Así según la Bib. de Jér. El TM dice lit. “el vino pérfido.” Nuestra versión es conforme al texto descubierto en Qumrán.

— 5 Cf. Prov 27:20; 30:155. — 6 Así según la Bib. de Jer., que a su vez sigue el texto encontrado en Qumrán. — 7 Seguimos

la corrección de Hoonacker. Lit. el TM dice: “muestra tu prepucio.” — 8 Traducción dudosa. Bib. de Jér.: “es el oráculo.” — 9

Cf. Os 8:4.6; 13:2; Jer 10; Is 40:19. — 10 Hoonacker y la Bib. de Jér. ponen el v.18 después del V.19.

3. Plegaria y canto triunfal del Profeta.

Este maravilloso salmo épico-lírico cierra el libro de Habacuc. Por su semejanza con algunos

salmos, algunos autores creen que se trata de una composición litúrgica añadida como apéndice

al libro de Habacuc. Pero, en general, las ideas son semejantes a las del libro del profeta que acabamos

de comentar, pues se canta a Yahvé como a un guerrero majestuoso que avanza contra los

enemigos, que no especifica, pero bien pueden ser los caldeos. La expresión es vigorosa, y la

imaginación, ardiente. Es una de las más bellas composiciones poéticas de la Biblia.

Teofanía triunfal de Yahvé (1-4).

1 Plegaria de Habacuc, profeta, en el tono de “shiguinot.” 2 Yo, ¡oh Yahvé! oí tu renombre

y he temido, ¡oh Yahvé! tus obras. Dales existencia en el transcurso de los

años, manifiéstalas en medio de los tiempos. En la ira acuérdate de la misericordia. 3

Llega Dios de Teman, y el Santo del monte Farán. (Selah), u majestad cubre los cielos,

y la tierra se llena de su gloria. 4 Su resplandor es como la luz; de sus manos salen

como cuernos, con que vela su poder. 5 Delante de El va la mortandad, y a su zaga

va el azote. 6 Si se detiene, hace temblar la tierra, y si mira, se conmueven las naciones.

Los montes eternos se resquebrajan, se abajan los eternos collados, sus antiguos

caminos.

La indicación introductoria indica el uso litúrgico de la composición, que debía ser cantada en un

tono para nosotros desconocido, llamado shiguinot. El hecho de que encontremos la palabra musical

selah a lo largo de la composición prueba el carácter salmódico de esta maravillosa poesía

épico-lírica. La descripción de la imponente teofanía se abre con una exclamación enfática: El

profeta ha sentido el rumor de la presencia de Dios, que se acerca, y es sobrecogido de reverente

temor. Hasta los mismos amigos de Dios tiemblan ante su presencia, porque sienten escalofrío de

su santidad.

Ahora Dios se presenta con una imponente escolta de destrucción (la mortandad y el azote,

o epidemia, v.5). El profeta presiente en ello la próxima manifestación de secretas obras o

2561

prodigios, y, en su ansia de ver triunfar la gloria de Dios, pide que las manifieste ante las naciones:

Dales existencia en el transcurso de los años. (ν.3). Por otra parte, Yahvé ya ha manifestado

su justicia vengadora sobre su pueblo, y ahora el profeta pide que esa cólera desatada se convierta

en compasión para Israel: En la ira acuérdate de la misericordia (v.2). Asiste tembloroso a la

aparición majestuosa de Yahvé, que viene del oriente para castigar a sus enemigos.

Conforme a la tradición antigua, supone que Yahvé avanza desde el desierto del Sinaí

desde Teman y el monte Farán. Como en otro tiempo Yahvé avanzaba protegiendo a Israel a través

de los territorios de Edom, camino de la tierra de promisión *, así ahora viene también envuelto

en la nube, cubriendo con su majestad los cielos y llenando con su gloria y resplandor la

tierra. Viene envuelto en la luz como en la tempestad del Sinaí, y de sus manos salen cuernos.

La teofanía está calcada sobre la del Sinaí. Dios es demasiado trascendente y santo para manifestarse

tal cual es, y por eso con sus cuernos vela su poder. Es una clara alusión a los cuernos que

salían del rostro de Moisés después de entrar en contacto con la divinidad 2.

Los cuernos eran símbolo de la divinidad, como expresión del poder. Los dioses mesopotámicos

iban cubiertos con una tiara de siete cuernos enroscados hacia arriba. En la Biblia, el

cuerno es símbolo de poder. Habacuc se conforma a estas ideas para describir la majestuosa aparición

de Yahvé, que avanza como un guerrero indómito escoltado de dos poderes formidables:

delante de El va la mortandad y a su zaga va el azote (v.5), instrumentos de su justicia. A su presencia,

la misma tierra es siente sobrecogida de temblor ,(v.6), y a su mirada se conmueven las

naciones. Y hasta los montes se sienten débiles para soportar el peso de Yahvé: Los montes eternos

se resquebrajan. (v.6b). En la literatura profética del A.T. es corriente presentar a Yahvé

como un gigante que avanza por las cimas de los collados.

El poder de Yahvé sobre la naturaleza (7-11).

7 Llenas de terror veo las tiendas de Kusán 3, ( tiemblan los campamentos de Madián.

8 ¿Acaso, Yahvé, se enciende tu ira contra los ríos o es contra los mares tu furorcuando

subes sobre tus caballos, sobre tus carros de victoria? 9 Pones al desnudo

tu arco y llenas de saetas tu aljaba 4. (Selah.) Hiendes con torrentes la tierra. 10 A tu

vista tiemblan las montañas, irrumpen diluvios de aguas, alza su voz el abismo del

mar, hacia la altura sus manos eleva. 11 El sol y la luna se quedan en su morada ante

la luz de tus saetas,ante el resplandor de tu lanza fulgurante.

El profeta, a la vista de la manifestación terrorífica de Yahvé, que va a descargar sobre los enemigos

de Judá, piensa en las victorias antiguas sobre Kusán en tiempos del juez Otoniel y sobre

Madián en tiempos de Gedeón5. Los recuerdos de guerra se mezclan con los lirismos de la naturaleza.

Ante la majestad de Yahvé vuelven a temblar las tierras de Kusán y los campamentos de

Madián (ν.7). El profeta, al ver a Yahvé como un guerrero que se prepara al combate, piensa que

es para algo más que para descargar sobre la naturaleza, que domina sin rival: ¿Acaso, Yahvé, se

enciende tu ira contra los ríos.? (v.8). Yahvé avanza sobre sus caballos y carros de victoria, que

son las nubes huracanadas, cargadas de siniestros diluvios. Y el profeta se complace en describir

la manifestación del poder de Dios en la tempestad como introducción a la descripción dé sus

efectos terroríficos sobre los malvados y enemigos de Israel.

Yahvé en la tempestad se porta como un guerrero, que desnuda su arco y se provee de

saetas (rayos) para lanzarlos contra la tierra. A su mandato viene la lluvia torrencial y se hiende

con torrentes la tierra (V.9). La conmoción de la naturaleza es total; las torrenteras lo invaden

todo, y las aguas, provenientes del abismo del mar, dan bramidos aterradores (alzan su voz). Por

2562

unos momentos, mientras ruge la tempestad, el sol y la luna están como acobardados, y se quedan

en su morada, aterrados ante la luz de las saetas (relámpagos) y ante el resplandor de la

lanza fulgurante de Yahvé (sus rayos devastadores).

El poder de Yahvé sobre sus enemigos (12-15).

12 En tu ira huellas la tierra, en tu furor trillas los pueblos. 13 Sales a campaña para

salvar a tu pueblo, para libertar a tu ungido. Abates la cúspide de la casa del impío,

desnudando sus cimientos hasta la roca. (Selah.) 14 Atraviesas con tus lanzas las cabezas

de sus guerreros, que irrumpen para desbaratarme, exultan como quien devora

al desvalido en secreto. 15 Te sumerges en la mar con tus caballos, i en el hervidero

de las grandes aguas.

Después de la patética descripción del poder de Dios sobre la naturaleza, el profeta canta el triunfo

de Yahvé sobre los enemigos de Israel. Los pueblos, como la tierra, están sometidos a su furor

(v.12); Yahvé sale a campaña para luchar por los intereses de su pueblo, para libertar a su ungido,

que puede ser el rey de Judá o el mismo pueblo israelita6. Yahvé vela por los derechos de la

justicia, y por eso castiga duramente al impío, destruyéndole su casa, desnudando sus cimientos

hasta la roca. Cuando llega el momento de pelear contra los enemigos de Israel, Yahvé se lanza

a la batalla, sembrando la mortandad (v.14), y como en los días del paso del mar Rojo, se sumerge

en el mar con sus caballos en persecución de sus enemigos.

Triunfo de Dios y consolación del profeta (16-19).

16 Y lo oí y se estremecieron mis entrañas; al estruendo temblaron mis labios, se reblandecieron

mis huesos, y mis pasos se hicieron vacilantes. Tranquilo espero el día

de la aflicción, que vendrá sobre el pueblo que nos oprime, 17 Que no dé sus yemas la

higuera ni sus frutos la vid, falte la cosecha del olivo y no den mantenimiento los

campos. Desaparezcan las ovejas del redil y no haya bueyes en los establos; 18 yo me

alegraré en Yahvé y me gozaré en el Dios de mi salvación. 19 Yahvé, mi Señor, es mi

fortaleza, que me da pies como de ciervo y me hace correr por las alturas. Al maestro

de canto. A las cuerdas.

El profeta, ante el estrago producido por la intervención de Yahvé contra los enemigos, siente un

íntimo estremecimiento (v.16). Es el escalofrío consiguiente a la presencia majestuosa del Dios

de los ejércitos. Pero, por otra parte, experimenta una íntima tranquilidad al ver la justicia de su

Dios cargando sobre el pueblo que los oprime. Ni siquiera la aflicción consiguiente a la esterilidad

del campo puede inquietar al profeta, que ha asistido al castigo de sus enemigos. Es una

aflicción pasajera sobre el país, que se ha de compensar con la conciencia de sentirse seguros en

Yahvé, Dios de su salvación. (v.18). Yahvé es su fortaleza, que le da la agilidad del ciervo para

correr por los montes.

Muchos autores creen que los ν.17-iQ son adiciones salmódicas posteriores que un glosista

colocó como colofón del cántico de Hahacuc. Has indicaciones musicales al maestro de

canto. A las cuerdas, neginot, parecen avalar esta opinión 7.

1 Cf. Dt 33:2; Jue 5:4. Sobre la identificación de Teman no hay duda, pues aparece reiteradamente en la Biblia junto a Bosra, en Edom

(Abd V.9). Farán es, según unos, la cordillera que se extiende al sur de Ain-Kades (el Djebel Magrah), y según otros es la que se

extiende desde el Sinaí hasta el golfo de Elán. — 2 Cf. Ex 34.295. — 3 Así según la Bib. de Jér. Lit. el hebreo dice: “bajo la maldad

contemplé las tiendas de Kusán.” — 4 Reconstrucción problemática por paralelismo. El hebreo dice lit.: “los juramentos de

las tribus o de las varas,” lo que no parece hacer sentido. — 5 Cf. Jue 3:8.10; 7:1s. — 6 El pueblo de Israel es muchas veces lla2563

mado ungido de Yahvé (cf. Sal 18:8; 84:10; 89, 39.52). El mismo título se da al rey (cf. 1 Sam 24:7; 26:9; Lam 4:20). — 7 Cf. Sal

18:335.

Suponías.

Introducción.

La persona del profeta y época de su ministerio.

Sofonías (en hebreo Sefanyah: “Yahvé ha guardado”) 1. El nombre aparece en diversos

textos del A.T. Nuestro profeta es presentado como descendiente de un tal Ezequías, que algunos

críticos identifican con el famoso rey reformador del tiempo de Isaías. De hecho se dan varios

progenitores hasta llegar al de Ezequías. Pero el bisabuelo de Sofonías (Amarías) que es presentado

como hijo de Ezequías, nos es desconocido como hijo del famoso rey. Algunos autores explican

la minuciosa y amplia genealogía del profeta porque aparece como hijo de Cusí (el etíope);

y entonces el hagiógrafo tiene interés en aclarar su verdadera ascendencia judaica. No faltan

comentaristas que han querido identificar a nuestro profeta con el Sofonías sacerdote que aparece

en tiempos de Sedecías 2.

Como sus oráculos se centran en torno a Jerusalén, se supone que la capital era el lugar

de su residencia, y quizá de su nacimiento. El título del libro sitúa la actividad profetica de Sofonías

en tiempos de Josías (640-609), sin concretar más. Pero como en sus oráculos se habla de

los abusos de prácticas idolátricas de tipo asirio, se sigue que su predicación tuvo lugar antes de

la reforma religiosa del piadoso rey Josías, en el año 622-21, en que fue hallado el libro de la Ley

en los fundamentos del templo 3. Así, parece que ejerció su ministerio antes de Jeremías, quien

comenzó hacia el 627 a.C. Como Nahum, anuncia la ruina de Nínive, aunque sin el relieve y

dramatismo con que la describe este profeta 4.

Contenido y estructura del libro.

Como otros profetas, Sofonías centra su atención en el llamamiento a la penitencia del

pueblo, anunciando el terrible juicio de Dios. El estilo es conminatorio y terrorífico (Dies irae,

dies illa, 1:15): “Se acerca el día de Yahvé.; el estruendo del día de Yahvé es horrendo. Día de

ira es aquél, día de angustia y de congoja, día de ruina y asolamiento, día de tiniebla y oscuridad,

día de sombras y densos nublados, día de trompeta y alarma.”5. Estos vaticinios conminatorios se

dirigen contra Jerusalén, pero también contra las naciones paganas.

Podemos dividir los oráculos de Sofonías del modo siguiente:

1. Parte conminatoria: 1:2-3:8.

Juicio sobre Judá: 1:1-2:3.

Juicio contra los gentiles: 2:4-15.

Juicio sobre Jerusalén: 3:1-8.

2. Parte consolatoria: 3:9-20.

Fruto del juicio: et conocimiento de Dios: 3:95.

La salvación mesiánica: 3:11-20.

En este esquema encontramos la disposición general de los libros de Isaías y de Ezequiel: juicio

sobre Judá, juicio sobre las naciones, y promesas de restauración. Esta distribución lógica proba2564

blemente es obra del compilador posterior, como lo es en los otros dos profetas citados. La nota

religiosa del libro de Sofonías es su interés por los valores éticos fundamentales. En esto se sitúa

en la línea de Amos, Isaías y Jeremías. El castigo de Dios es inexorable, porque Judá es pecador

y contumaz en la rebeldía. Pero Dios quisiera privarle de esta prueba punitiva 6.

Autenticidad.

La crítica racionalista ha querido negar en gran parte la paternidad literaria de este libro a

Sofonías. Hoy día los críticos se muestran más moderados, y, aun admitiendo que hay pasajes

que parecen llevan un sello posterior, admiten la autenticidad del libro tal como lo proclama la

tradición. En general, los críticos desconfían de la autenticidad del c.3 y de los vaticinios contra

Moab y Amón 7, y aun del anuncio de la ruina de Nínive 8. Los fundamentos para estas dudas

son de índole literaria.

Texto, versiones y canonicidad.

En general, el TM es bastante bueno, y 110 encontramos muchas transposiciones, aunque

no faltan algunas glosas.

Las versiones confirman estas suposiciones y contribuyen a aclarar algunos pasajes oscuros.

En cuanto a la canonicidad del libro, no ha habido dificultad alguna para admitirlo en el

catálogo de libros sagrados entre los judíos y cristianos. En el Τ. Ν. no encontramos ninguna alusión

clara a Sofonías; en el A.T., sin embargo, se discuten las relaciones literarias entre Ez 22:24-

28 y Sof 3:1-4; Jl 2:2 y Sof 1:15. En la liturgia latina, el Dies illa dies irae del oficio de difuntos

está tomado de Sof 1:15.

1 La grafía de Sofonías de la Vulgata deriva de la versión de los LXX. — 2 Cf. 2 Re 25:18. — 3 Cf. 2 Re 22:3-23:3. — 4 Cf. Sof

2:13-15. — 5 Sof 1:14-16. — 6 Sof 3:17. — 7 Sof 2:8-11. — 8 Sof 2:15.

1. El Día de Yahvé.

Oráculo contra los idólatras (1-6).

1 Palabra de Yahvé dirigida a Sofonías, hijo de Cusí, hijo de Guedalías, hijo de

Amarías, hijo de Exequias, en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá: 2 Yo

haré perecer totalmente cvianto hay sobre la haz de la tierra, oráculo de Yahvé. 3

Haré perecer hombres y animales, aniquilaré las aves del cielo y los peces del mar.

Yo haré tropezar a los impíos y exterminaré a los hombres de sobre la haz de la tierra,

oráculo de Yahvé. 4 Yo tenderé mi mano sobre Judá y sobre todos los moradores

de Jerusalén y exterminaré de este lugar los restos de Baal y el nombre mismo de

los arúspices entre los sacerdotes, 5 y a los que en los terrados se postran ante la milicia

de los cielos,y a los que, postrándose ante Yahvé, juran por Milcom, 6 y a los

que se apartan de Yahvé y no le buscan ni se acuerdan de EL.

La larga genealogía parece que obedece a la preocupación de llegar a un. personaje importante

llamado Exequias, que bien puede ser el famoso rey de Judá (727-698 a.C.). El ministerio de Sofonías

se desarrolló durante el reinado del piadoso Josías (640-609), muerto en la batalla de Me2565

giddo contra Necao II de Egipto (609 a.C.). En su tiempo se emprendió una reforma religiosa

inspirada en la predicación de Jeremías, como la anterior de Ezequías había sido promovida por

Isaías.

El oráculo de Sofonías se abre ex abrupto anunciando un castigo general sobre todos los

pecadores de Judá en sus distintas clases. La oratoria es altisonante y enfática, pues se dice con

hipérbole que desaparecerán en el castigo todos los seres vivientes: hombres, animales, aves y

peces del mar (v.3). Es la preocupación de los profetas por asociar la naturaleza a las manifestaciones

punitivas y misericordiosas de Yahvé, Señor de todo lo creado.

Después de la hiperbólica introducción amenazadora, el profeta dirige sus palabras contra

los que se entregan a prácticas idolátricas en Judá. Los profetas fueron siempre los campeones

del yahvismo puro, sin infiltraciones idolátricas; y por eso lucharon contra las contaminaciones

cultuales de los baales cananeos. Ahora el profeta anuncia que serán exterminados los últimos

restos de Baal (v.4) 1, y con ellos hasta el nombre de los arúspices o kemarim, los sacerdotes de

los ídolos, que podían haberse infiltrado entre los sacerdotes de Yahvé.

Yahvé va a hacer una limpia de los propagadores de la idolatría o del culto sincretista, en

el que se da parte de culto a Yahvé y parte a los ídolos. Después de anunciar el castigo de los

promotores de la idolatría, el profeta anuncia también el exterminio de los que sobre los terrados

se postran ante la milicia del cielo (ν.6), clara alusión a los cultos astrales, que se habían puesto

de moda en tiempos de los reyes Acaz y Manases como consecuencia de la influencia asiría 2.

También serán castigados los que adoran juntamente a Yahvé y juran por Milcom, dios de los

amonitas 3, cuyo nombre era paralelo al del Moloc de los moabitas, relacionados con la palabra

semita melek (rey).

Contra los dignatarios de Judá (7-11).

7 ¡Silencio en la presencia del Señor, Yahvé! Porque se acerca el día de Yahvé. Porque

ha preparado Yahvé un sacrificio y ha santificado a sus invitados, 8 Sucederá en

el día del banquete de Yahvé que yo visitaré a los príncipes y a los hijos del rey y a

todos los que visten con vestiduras extranjeras. 9 Visitaré en aquel día a los que corretean

por el umbral e hinchen las casas de sus señores de rapiñas y de fraudes. 10

Y en aquel día, dice Yahvé, se alzaré, gran gritería desde la puerta de los Peces,y

gran clamor desde la Ciudad Nueva, y gran estruendo desde las colinas.

11Lamentaos, moradores de la Muela, porque todo el pueblo de mercaderes ha sido

destruido, han sido exterminados todos los que traían cargas de plata.

Este oráculo de exterminio va dirigido contra los altos dignatarios “de la corte, responsables de la

situación social, y contra los mercaderes desaprensivos, causantes con sus exacciones del malestar

general. Enfáticamente, el profeta invita a todos al silencio para asistir como testigos mudos a

la gran hecatombe que va a realizar Yahvé: ¡Silencio en la presencia del Señor, Yahvé! (v.7). Se

acerca el día de Yahvé, día de castigo para los prevaricadores. Yahvé ha preparado un sacrificio

o inmolación de pecadores4. Sus invitados han sido santificados por el mismo Yahvé, e.d., tratados

como víctimas purificadas de sus máculas para ser aptas para el sacrificio. La imagen es la

de un banquete sacrificial para el que han sido escogidas y santificadas con purificaciones rituales

las víctimas.

Y entre las víctimas estarán en primer lugar los principes e hijos del rey y los que se visten

con vestiduras extranjeras, e.d., los que se habían extranjerizado en sus modas y costumbres,

con el consecuente desprecio de las costumbres religiosas patrias. La expresión los que corretean

2566

por el umbral (v.8) parece aplicarse a los cortesanos que servilmente entran y salen por el umbral

de los palacios de los señores con ánimo de colaborar en sus rapiñas y fraudes. A todos

ellos les espera un gran castigo. El profeta oye ya el griterío en toda la ciudad desde la puerta de

los Peces, que estaba al norte de la ciudad 5, hasta la ciudad nueva o segunda, que parece ser el

ensanche septentrional de la antigua, asentada sobre la colina de Sión 6.

El profeta parece aludir a la invasión del enemigo por la parte vulnerable del norte, por

donde entraron siempre los invasores en Jerusalén. Las colinas sobre las que está asentada la

ciudad se hacen también eco del gran estruendo provocado por la incursión enemiga. El profeta

invita al duelo a los moradores de la Muela, que puede ser el nombre de un barrio o bien un

nombre simbólico, inventado por el profeta para indicar el trato que habían de sufrir sus moradores,

que iban a ser triturados como en un mortero o Muela. En todo caso, en esta parte del oráculo

el profeta hace hincapié en la suerte que han de sufrir los comerciantes que traficaban con

cargas de plata (v.1 1).

Contra los escépticos (12-13).

12 Y sucederá en aquel tiempo que escudriñaré a Jerusalén con linternas y visitaré a

los que se sientan sobre sus heces, diciéndose en su corazón: “No hace Yahvé ni bien

ni mal.” 13 Su opulencia será dada al pillaje, y sus casas asoladas. Levantarán casas,

y no las habitarán; plantarán viñas, y no beberán su vino.

El profeta ahora se encara con los epicúreos y materialistas, que no se preocupan sino de satisfacer

sus bajas apetencias (se sientan sobre sus heces, v.12), sin pensar que Dios ha de pedir cuenta

de su conducta adormilada. Tantas veces han oído a los profetas anunciar infortunios, que no

creen ahora en sus oráculos. Para ellos Dios no se preocupa de lo que pasa en este mundo, y las

cosas seguirán su curso normal; por eso dicen escépticamente: No hace Yahvé ni bien ni mal. Es

el canto a la indolencia y al materialismo. Pero Yahvé les pedirá estrecha cuenta, escudriñando

cuidadosamente con linternas todos los escondrijos de Jerusalén para desenmascararlos y hacer

caer sobre ellos el peso de su ira vengadora. Su actitud despreocupada les costará cara, pues perderán

su opulencia y sus casas, que serán asoladas. La frase levantarán casas y no las habitaran.

la leemos en Am 5:11, y bien puede depender de la predicación de este profeta, que había anunciado

la destrucción de las casas ricas de Samaría un siglo antes 7.

El día de Yahvé (14-18).

14 Se acerca el gran día de Yahvé, viene presuroso;el estruendo del día de Yahvé es

horrible, hasta los fuertes dan gritos amargos. 15 Día de ira es aquél, día de angustia

y de congoja, día de ruina y de asolamiento, día de tinieblas y oscuridad, día de

sombras y densos nublados, 16 día de trompeta y alarma en las ciudades fuertes y en

las altas torres. 17 Aterraré a los hombres, que andarán como ciegos; por haber pecado

contra Yahvé, su sangre será derramada como se derrama el polvo, y tirados

sus cadáveres como estiércol. 18 Ni su oro ni su plata podrán librarlos i en el día de

la ira de Yahvé, pues toda la tierra será consumida en el fuego de su furor, pues

consumará la ruina, la pérdida repentina de todos los moradores de la tierra.

La perspectiva del profeta se amplía, y ante sus ojos aparece el día de la manifestación de la ira

divina como un día de castigo para todos los pecadores. La descripción es sonora e impresionante.

La liturgia ha tomado de aquí el maravilloso exordio del Dies irae, dies illa, transportando el

2567

sentido al día del juicio final. La perspectiva de Sofonías se limita al juicio de Dios sobre los pecadores

antes de la manifestación mesianica. Los judíos habían soñado en el día de Yahvé como

en un día de triunfo sobre las naciones; pero ya Amos les había anunciado que sería un día

de luto nacional, el día de la manifestación de la justicia vengadora de Yahvé para purificar a su

pueblo en orden a la preparación de una nueva teocracia, que tendría su plena manifestación

en los tiempos mesiánicos. Sofonías se sitúa en la misma línea y anuncia también sobre su

pueblo un juicio purificador de discriminación.

1 Cf. Is 14:22; Am 4:2. — 2 Cf. 2 Re 23:12; Jer 19:3. — 3 Cf. 2 Re 23:13; véase Lagrange, Reí. sem. — 4 Cf. Is 34>5s; Jer 46:10; Ez

39,i?s. — 5 Cf. Neh 3:3; 12:39; 2 Crón 33:14. — 6 Sobre este barrio nuevo cf. 2 Re 22:14; Neh 11:9. Según 2 Crón 33:14, Manases

cerró un nuevo barrio en la parte septentrional, incluyendo en él a la puerta de los Peces. — 7 Cf. Miq 6:15; Dt 28:383; Ez

28:26; Is 65:218.

2. Devastación de las naciones paganas.

Exhortación a la penitencia (1-3).

1 Ajustaos a la regla y disciplinaos, pueblo rebelde 1, 2antes que la cólera os pulverice

como tamo 2,antes que caiga sobre vosotros el ardor de la ira de Yahvé, antes que

llegue sobre vosotros el día de la ira de Yahvé. 3 Buscad a Yahvé los humildes de la

tierra, que practicáis su ley; buscad la justicia, buscad la mansedumbre; quizá quedaréis

al abrigo de la ira de Yahvé.

Ante la perspectiva de la destrucción que acaba de anunciar, el profeta hace una llamada a la disciplina

y a la ley como medio de conjurar tantos males (v.1). Sobre todo, el profeta invita a los

fieles a que practiquen la ley, a que hagan obras de justicia para quedar, al menos ellos, al abrigo

de la ira de Yahvé. En los profetas siempre encontramos la teología del resto que se salva periódicamente

de las catástrofes nacionales para ser en los tiempos futuros el núcleo de restauración

mesiánica.

Contra los filisteos (4-7).

4 Pues Gaza será abandonada y Ascalón asolada, Azoto saqueada en pleno día y

Acarón extirpada. 5 ¡Ay de los habitantes de la costa del mar, del pueblo de los cereteos!

La palabra de Yahvé se alza contra vosotros: Canaán, tierra de filisteos, yo te

destruiré hasta no dejar en ti habitante, 6 y serás convertida en pastizales de pastores

y en rediles de ovejas 3. 7 Y será el litoral (marítimo) para el resto de la casa de

Judá, allí apacentará. Dormirán por la noche en las casas de Ascalón, porque los visitará

Yahvé, su Dios, y los restaurará.

En 1:18 se hablaba de la amenaza en el día de Yahvé contra toda la tierra. Ahora el profeta va

concretando los oráculos conminatorios, comenzando por los habitantes de Filistea, en la costa

de Palestina. Nombra cuatro de las cinco ciudades filisteas. Falta Geth, quizá porque en ese

tiempo formaba parte del reino de Judá 4. De Azoto se dice que será saqueada en pleno día, para

indicar el carácter organizado militar de los invasores caldeos, que no obrarán como bandidos, en

ataques esporádicos de noche, sino que llevarán la guerra planificada en su pleno sentido. La

destrucción, pues, será más completa y llevada al detalle, sin haber posibilidad de salvación.

A los filisteos se les llama habitantes de la costa del mar (v.5). En efecto, los filisteos se

2568

establecieron en el siglo XI a.C. en la costa palestina después de ser rechazados por Ramsés III.

Provenientes de Creta (aunque eran oriundos del Asia Menor), eran llamados también cereteos5.

Como se establecieron en Canaán (zona costera), de ahí que se designe su tierra con este nombre.

Dedicados al comercio, en relaciones con los fenicios, habían llegado a un alto grado cultural

y eran un emporio comercial. Ahora el profeta anuncia que sus ciudades serán destruidas y

que su tierra se convertirá en pastizales de pastores y en rediles de ovejas (v.6). Judá extenderá

su imperio a esas regiones. Sus habitantes se establecerán en las ciudades filisteas con sus rebaños:

dormirán por la noche en las casas de Ascalón.

Contra Moab y Amón (8-11).

8 He oído los ultrajes de Moab y los denuestos de los hijos de Amón, que afrentaron

a mi pueblo y se engrandecieron con su territorio. 9 Por eso, por mi vida, dice Yahvé

de los ejércitos, el Dios de Israel, que Moab será como Sodoma, y los hijos de Amón

como Gomorra, ortigales, minas de sal y desolación eterna. El resto de mi pueblo los

saqueará, y los sobrevivientes de mi pueblo los heredarán. 10Este será el pago de su

soberbia por haber ultrajado a mi pueblo y haberse insolentado contra el pueblo de

Yahvé de los ejércitos. 11 Yahvé será terrible contra ellos y destruirá a todos los dioses

de la tierra, y todos, cada uno desde su lugar, y todos los de las islas de las gentes

le adorarán.

Los reinos de TransJordania, Moab, Amón y Edom fueron enemigos tradicionales de Israel ya

desde los tiempos en que éste avanzaba hacia Canaán. El profeta alude aquí a hechos de insolencia

por parte de Moab y de Amón contra Judá. Yahvé pedirá cuenta de este orgullo expresado

contra su pueblo. Moab será devastado, y el resto de Israel heredará su territorio. El fragmento

conminatorio se termina con un anuncio del universalismo mesiánico. Yahvé será reconocido

como Dios por todos los habitantes de la tierra (v.11). Las islas de las gentes son los pueblos de

la costa mediterránea, incluidas las islas de Grecia.

Contra Etiopía y Asiría (12-15).

12 También vosotros, etíopes, seréis abatidos por la espada, 13Y tenderá su mano

hacia el aquilón, y destruirá a Asur, y hará de Nínive un campo de devastación, árido

como desierto. 14En medio de él dormirán los rebaños y todos los animales de los

pantanos 6; el pelícano y el erizo pernoctarán en sus capiteles. En los huecos canta el

buho, en los atrios el cuervo; los artesonados de cedro han sido arrancados. 15 Hela

aquí la ciudad exultante, que habitaba confiada, la que se decía en su corazón: “¡Yo

y nadie más que yo!” ¡Cómo ha sido devastada, hecha una guarida de fieras! Cuantos

pasen cerca de ellas silbarán y moverán sus manos.

El oráculo contra Etiopía es sumamente breve y es extraña su inserción aquí. Quizá haya sido

puesto para completar los cuatro puntos cardinales: Filistea al oeste, Moab y Amón al este, Etiopía

o Egipto (Sudán-Nubia) al sur, para centrar la atención al final en el norte, Asiría.

El profeta detalla la destrucción de Nínive, porque había sido la opresora de las pequeñas

naciones. La capital asiría cayó en poder de los babilonios y medos en 612 a.C. y desapareció

para siempre en la historia. Aún hoy día es un montículo informe de ruinas, en las que, en efecto,

han hecho su guarida toda clase de animales, como detalla el profeta 7.

2569

1 El verso es oscuro. Hemos seguido la reconstrucción de Hoonacker. La Bib. de Jér.: “nación sin deseo.” — 2 Traducción según la

reconstrucción de Hoonacker. Bib. de Jér.: “Antes de que seáis cazados como la semilla que desaparece un día.” — 3 Así según

Hoonacker y la Bib. de Jér. — 4 Cf. Am 1:6-8. — 5 Sobre los filisteos y cereteos véase com. a Am 9,7, y J. M. LAGRANGE, Le livre

des Juges p.262s. — 6 Pantanos, reconstrucción de Hoonacker. El TM dice naciones. — 7 La identificación de los distintos

animales no es segura, pero para nuestra versión hemos tenido en cuenta las raíces árabes afines y la versión de los LXX.

3. El Juicio punitivo de Dios.

Oráculo contra Jerusalén (1-8).

1 ¡Ay de la rebelde, de la contaminada, de la ciudad opresora ! 2 No quiso escuchar,

no se dejó enseñar, no quiso acercarse a su Dios. 3 Sus príncipes son en medio de ella

rugientes leones; sus jueces, lobos nocturnos, que no dejan nada que roer para la

mañana. 4 Sus profetas son fanfarrones y pérfidos, sus sacerdotes profanan las cosas

santas y violan la Ley. 5 Yahvé es justo en medio de ella, no hace El iniquidad; todas

las mañanas establece su juicio a la luz, no falta nunca y no hay en El iniquidad. 6

Yo he exterminado a las naciones, he asolado sus torres y devastado sus caminos, sin

que haya quien pase por ellos, y sus ciudades fueron saqueadas y no queda en ellas

morador. 7Me dije: De cierto me temerás y aceptarás la corrección, y no se borrarán

de sus ojos todos los castigos que le envié; pero se han apresurado a pervertir sus

obras, 8Por eso, dice Yahvé, esperadme para el día en que me levantaré como testigo.

Porque es mi propósito reunir a las gentes y juntar a los reinos para derramar

sobre ellos mi ira, porque la tierra toda será consumida por el ardor de mi cólera.

El profeta designa a Jerusalén con el calificativo de rebelde l por sus transgresiones de la ley de

Yahvé. Toda ella está contaminada, pues se ha apartado de su Dios, y las clases directoras, corno

los príncipes, sacerdotes y profetas, han sido los primeros en delinquir, aprovechándose de su

situación social 2. Por su voracidad insaciable son comparados a leones rugientes y a lobos nocturnos,

que, abusando de su fuerza, esquilman al pueblo sencillo, sin dejar que roer para la mañana

(ν.3).

Los profetas falsos son fanfarrones, pues presentan con arrogancia oráculos de parte de

Dios, cuando en realidad no son sino invenciones suyas para halagar al pueblo 3. Los sacerdotes,

en vez de procurar que el pueblo reciba la ley de Dios, profanan las cosas santas, utilizando el

santuario como medio exclusivo de lucro. Frente a esta conducta provocadora, el profeta presenta

el proceder de Dios, siempre justo, y como todos los días sale la luz para iluminar a todos,

así su juicio se manifiesta cada mañana en beneficio de todos.

Por otra parte, Yahvé ha mostrado tantas veces su omnipotencia, exterminando a las naciones

enemigas de Judá (v.6), que era de esperar que su pueblo tomara escarmiento de estos juicios

punitivos (v.7). Pero llega el momento solemne en que Yahvé se levantará como testigo contra

todos los pecadores de las gentes y de Judá (v.8), y entonces será la hora de la cólera divina.

Judá y Jerusalén están comprendidas en este juicio sobre todos los pueblos. A cada una les pedirá

cuenta por su comportamiento frente a Dios. Es el juicio purificador que precederá a la manifestación

mesidnica.

Anuncio de un reinado de justicia (9-13).

9 Entonces devolveré yo a los pueblos labios limpios para invocar todos el nombre de

Yahvé y servirle con un solo hombro. 10 Desde más allá de los ríos de Etiopía, mis

2570

adoradores, mis dispersos, me traerán mis ofrendas. 11 En aquel día no te avergonzarás

por las acciones con que prevaricaste contra mí, porque quitaré de en medio

de ti a tus fanfarrones jactanciosos, y no volverás a engreírte por mi monte santo. 12

Dejaré en medio de ti como resto un pueblo humilde y modesto, que esperará en el

nombre de Yahvé.13 El resto de Israel no hará iniquidad, no dirá mentira ni tendrá

en su boca lengua mendaz, y se apacentarán y reposarán sin que haya nadie que los

espante.

Tras del castigo purificatorio surge la nueva teocracia. El triunfo de Israel en las naciones traerá

como consecuencia que todas adopten a Yahvé como su Dios único. Los labios de los paganos

serán purificados para poder alabar a Yahvé con dignidad (V.9). Y como consecuencia de ese reconocimiento

de Yahvé, los que se hallan en las tierras lejanas, mas allá de los ríos de Etiopía

(v.10), traerán sus ofrendas al Dios común. La expresión mis dispersos 4 en boca de Yahvé no

significa necesariamente los judíos de la dispersión, como han supuesto algunos autores, pues

conforme a la afirmación del V.9 de que Yahvé dará labios limpios a los pueblos en general, parece

normal que el v.10 se entienda en la misma acepción, y entonces mis dispersos se explica

perfectamente en la boca de Yahvé, ya que todos le han reconocido para servirle con un solo

hombro.

Después de este anuncio universalista mesiánico, el profeta vuelve a Jerusalén, que no ha

de avergonzarse por las acciones. con que prevaricó. El sentido parece ser que, en ese día de reconocimiento

por parte de todos los pueblos de Yahvé, Jerusalén no sentirá vergüenza de sus acciones

malas pasadas, porque será purificada de todos los fanfarrones jactanciosos, o responsables

de los errores pasados, pues los dirigentes se creían al abrigo de todo castigo divino por

considerarse el pueblo predilecto de Yahvé.

Este orgullo no volverá a repetirse en los nuevos tiempos: no volverás a engreírte por mi

monte santo (v.11b). Los ciudadanos de la nueva teocracia, salvados del castigo purificador,

constituirán un resto. humilde y modesto (v.12). Los profetas habían echado en cara frecuentemente

a sus contemporáneos la presunción y el orgullo, porque creían que podían salvar las situaciones

con su fuerza material y alianzas políticas, prescindiendo de Yahvé5. En la nueva teocracia,

el pueblo se comportará con espíritu de sinceridad ante su Dios (v.13). En recompensa,

Yahvé los hará habitar en seguridad y paz, sin peligro de que los enemigos vuelvan a inquietarlos.

La restauración de Jerusalén (14-20).

14 ¡Exulta, hija de Sión! ¡Da voces jubilosas, Israel! ¡Regocíjate con todo el corazón,

hija de Jerusalén! 15 Que Yahvé ha revocado los decretos dados contra ti y ha rechazado

a tu enemigo. El rey de Israel, Yahvé, está en medio de ti.No verás ya más el infortunio.

l6 Aquel día se dirá a Jerusalén: No temas, Sión. No desmayen tus manos, 17

que está en medio de ti Yahvé como poderoso Salvador;se goza en ti con alegría, te

renovará en su amor 6, exultará sobre ti con júbilo 18 como en los días de fiesta 7. Yo

haré perecer a los que te han abatido 8, se han convertido en afrentosa carga 9. 19 He

aquí que en aquel tiempo arruinaré a todos tus opresores 10, y salvaré a la renga, y

recogeré a la descarriada,y las haré objeto de alabanzas, y su confusión la haré gloria

de la tierra toda. 20 En aquel tiempo os traeré,y entonces os congregaré y os haré

objeto de gloria y alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando yo haga volver

ante vuestros ojos a vuestros cautivos, dice Yahvé.

2571

Después de la prueba purificatoria se inaugura una era gloriosa para Jerusalén, que debe exultar

llena de júbilo. Yahvé ha revocado los decretos dados contra ti (v.15). Por muy dura que

haya sido la prueba, se ha reservado un resto, que será el núcleo de la nueva teocracia. Ha pasado

la hora de temor. El enemigo ha sido rechazado. El v.19 está tomado de Miq 4:6. Israel es comparado

a un rebaño maltrecho y descarriado, que va a ser recogido amorosamente por Yahvé. La

perspectiva del profeta se dirige al retorno de la cautividad (v.20).

1 Quizá haya un juego de palabras en el vocablo hebreo more'ah (“rebelde”) y Moría, la colina sobre la que, según la tradición, se

asentaba Jerusalén (2 Crón 3:1). — 2 Cf. Miq 3,is; Jer 2:26. — 3 Cf. Am 8:14; Jer 23:32. — 4 La traducción es según los LXX.

La palabra hebrea se presta a más interpretaciones, pues no es clara. — 5 Cf. Os 14:4; Is 30:16; 31:1. — 6 Así según los LXX. —

7 Según el texto griego de los LXX. — 8 Reconstrucción seguida por Hoonacker, que propone trasponerlo después del v.lt? — 9

Bib. de Jér.: “para que no lleves el oprobio” (versión fundada en el texto griego). — 10 Bib. de Jér.: “Heme aquí a la obra con todos

tus opresores.”

Ageo.

Introducción.

La personalidad del profeta.

Ageo (en hebreo Jaggai : “Alegre”: Hilario) representa una nueva época profética, puesto

que pertenece a los repatriados de Babilonia, establecidos en Palestina después del decreto de

retorno de Ciro, dado a los judíos en 537 a.C. La Biblia no nos da ninguna indicación patronímica

del profeta; únicamente la fecha de su predicación. Por su interés por las cosas del templo,

algunos autores quieren colegir que era de la clase sacerdotal, pero no hay indicación clara sobre

el particular. Lo que sí parece cierto es que estaba en relaciones muy estrechas con la clase sacerdotal,

como se infiere de la consulta que el profeta hizo a los sacerdotes sobre las leyes de impureza

l. Aparece mencionado en el libro de Esdras 2.

Ambiente histórico de su ministerio.

Según la indicación cronológica que encabeza su libro, Ageo profetizó en el año segundo

del rey Darío, siendo gobernador de Jerusalén Zorobabel, jefe civil de los repatriados — y conductor

de la primera caravana de retorno — , y sumo sacerdote Josué 3. Es decir, la predicación

de Ageo tuvo lugar hacia el 520 a.C., ya que el rey Darío de Persia reinó del 521 al 486 a.C. En

el año 537 a.C., los judíos recibieron la autorización de Ciro para retornar a Judá; e incluso el rey

persa les prometió ayuda en la reconstrucción del templo.

En el 536 a.C. comenzaron los trabajos de reconstrucción del templo, limpiando la explanada,

levantando el altar de los holocaustos y echando los cimientos del nuevo templo4. Los comienzos

de la restauración son tan modestos, que los ancianos, que habían conocido el antiguo

templo de Salomón, lloraban desconsoladamente5. Para colmo de males, los samaritanos estorban

los trabajos de reconstrucción, por lo que se detienen los trabajos hasta el segundo año de

Darío 6. Fue un intervalo de crisis entre los repatriados, pues por la penuria reinante apenas se

pudieron reunir las colectas indispensables para las obras.

En este ambiente de angustia y de penuria extrema, acompañada de descorazonamiento

general en la comunidad judía, hay que entender el mensaje de consuelo y confortamiento del

profeta Ageo. Ya no son los tiempos de peligro de invasiones inminentes de grandes ejércitos

2572

enemigos, en los que Isaías y Jeremías tienen que anunciar mensajes de castigo y llamadas a la

penitencia. Tampoco son los días tristes del exilio, cuando Ezequiel tiene que hacer frente a los

peligros de la idolatría en el ambiente mesopotámico. Ahora el imperio dominante — el persa —

es sumamente tolerante desde el punto de vista religioso. Judá forma parte de una satrapía persa,

con Samaría por capital, y los judíos son protegidos oficialmente por los mandatarios persas. Al

menos Ciro se mostró magnánimo con los judíos y les facilitó la restauración nacional y religiosa.

Pero la crisis actual que padecen los repatriados es de índole psicológica. Los profetas

preexílicos habían anunciado una restauración gloriosa después del destierro, y he aquí que la

vida de Judá se desarrolla penosamente en medio de toda clase de dificultades. Por eso los profetas

de esta época tendrán que sostener los ánimos anunciando una nueva era de esplendor y de

gloria y exhortando a reedificar las ruinas como base de la futura restauración mesiánica.

Contenido y estructura del libro.

Sustancialmente, el mensaje de Ageo se reduce a una exhortación a la reedificación del

templo — después de bastantes años de paralización de las obras reconstructivas — como condición

y símbolo de la nueva restauración gloriosa nacional anunciada por los profetas. Su libro

contiene cuatro exhortaciones habidas en el 520 a.C:

1. Exhortación a la edificación del templo: 1:1-15.

2. Gloria del nuevo templo: 2:1-9(10).

3. Vaticinio a los sacerdotes sobre la edificación del templo: 2:10-19(11-20).

4. Vaticinio o promesa a Zorobabel: 2:20-23(21-24).

El estilo literario, desde el punto de vista de expresión lingüística, es decadente en comparación

con la edad de oro anterior de la lengua hebrea, ya que el lenguaje hebraico post-exílico está lleno

de arameísmos. Los discursos están en prosa. El texto está bastante bien conservado, y sólo

parece que hay algunas glosas.

No hay dificultad crítica alguna en adjudicar los oráculos al profeta Ageo, ya que responden

bien, por su contenido, al ambiente histórico de su tiempo.

1 Ag 2:11. — 2 Cf. Esd 5:1; 6:14- — 3 Ag 1:1. — 4 Esd 3:2.8.10. — 5 Esd 3:12; Ag 2:4. — 6 Cf. Esd 4:5-24.

1. Υahvé se queja contra su pueblo.

Exhortación a la reconstrucción del templo (1-11).

1 En el año segundo del rey Darío, el mes sexto, el día primero, fue la palabra de

Yahvé, por mano de Ageo, profeta, a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá,

y a Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, diciendo: 2 Así habla Yahvé de los

ejércitos: Este pueblo dice: No ha venido aún el tiempo de reedificar la casa de Yahvé.

3 Fue, pues, la palabra de Yahvé por mano del profeta Ageo, diciendo: 4 ¿Ha venido

para vosotros el tiempo de morar en casas artesonadas, mientras está en ruinas

esta casa? 5 Pues así dice Yahvé de los ejércitos: Pensad bien en vuestra conducta. 6

Sembráis mucho y encerráis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no os hartáis; os

2573

vestís, y no os calentáis, y el que anda a jornal echa su salario en bolso roto. 7 Así dice

Yahvé: Pensad bien en vuestra conducta. 8 Subid al monte y traed maderas y reconstruir

la casa, y yo hallaré en ella mi gozo y mi gloria, dice Yahvé. 9 Esperabais

mucho, y habéis hallado poco; almacenabais, y yo he soplado en ello. ¿Por qué? dice

Yahvé de los ejércitos. Por estar mi casa en ruinas, mientras que todos os apresurabais

a haceros la vuestra. 10 Por eso retuvieron los cielos sobre vosotros el rocío y no

dio sus frutos la tierra, 11 y llamé la sequía sobre la tierra, y sobre los montes, y sobre

el trigo, y sobre el vino, y sobre el aceite, y sobre cuanto produce la tierra, y sobre

los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de vuestras manos.

Según la indicación cronológica introductoria, esta profecía fue proferida en 520 a.C. (segundo

de Darío: 521-485 a.C.), a mediados de agosto (el mes sexto, el día primero). Este Darío, sucesor

de Cambises, es el mismo que fue derrotado en Maratón en 490 a.C. por los griegos. Zorobabel,

nieto del rey Jeconías, llevado en cautividad en 597 a.C. 1 es el que dirigió la primera expedición

de retorno de los exilados 2. Se le da el título de gobernador o pejah, que es el título persa

equivalente al de alto comisario o representante oficial de la colonia judía ante la corte persa 3.

Josué era el sumo sacerdote, nieto de Seraya, que había sido muerto en Ribla cuando la conquista

caldea en 586 a.C. 4

El profeta Ageo se dirige a las dos autoridades, civil y religiosa, como responsables principales

de la incuria por no continuar las obras del templo, comenzadas quince años antes (537

a.C.), a raíz del retorno del exilio5. La interrupción de las obras fue debida a los manejos de gentes

hostiles, que indispusieron a las autoridades persas contra los judíos 6. El profeta les echa en

cara a sus contemporáneos la negligencia, pues mientras se han preocupado de levantar sus casas

artesonadas, con relativo lujo, no se han preocupado de la casa de Yahvé. Por eso Dios los

castiga a vivir en un estado de penuria. Las cosechas son escasas y reina el hambre y la necesidad

(v.6). Yahvé no puede bendecir una sociedad que no se preocupa de su Dios.

Los judíos reemprenden la reconstrucción del. templo (12-15)

12 Oyó Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y todo

el pueblo la voz de Yahvé, su Dios, y las palabras de Ageo profeta, conforme a la misión

que Yahvé, su Dios, le había encomendado para ellos, y temió el pueblo ante

Yahvé. 13 Entonces Ageo, el enviado de Yahvé, habló por mandato de Yahvé al pueblo,

diciendo: Yo soy con vosotros, dice Yahvé. 14 Y despertó Yahvé el espíritu de

Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué, hijo de Jeosadac,

sumo sacerdote, y el espíritu de todo el pueblo, y vinieron y se pusieron a la

obra de la casa de Yahvé de los ejércitos, su Dios, (15) el día veinticuatro del mes sexto

del segundo año del rey Darío.

La reacción de los jefes de la comunidad judía y del mismo pueblo fue favorable a la predicación

del profeta, y así pusieron manos a la obra. Se da la fecha exacta del principio de los trabajos. A

Ageo se le da el título de ángel (o enviado) de Yahvé; es la primera vez que se da este título a un

profeta (ν.13). Algunos autores creen que es una interpolación. Nosotros hemos traducido por

enviado en sentido general, con lo que se evita el sentido de un ser sobrenatural. No faltan quienes

prefieren poner la palabra ángel de Yahvé en boca del mismo Ageo, traduciendo: “Entonces

Ageo dijo: El ángel del Señor, con el mensaje del Señor para el pueblo, dijo: Yo estoy con vosotros,

dice el Señor”7. Pero la frase resulta algo forzada.

2574

1 Cf. 1 Crón 3:17; 2 Re 24:8s; 25:273; Jer 52:313. — 2 Cf. Esd 2:1, 3:1s. Se le relaciona con Zerub-Babel (“aplasta a Babilonia”) o

con Zir-Babil (“semilla de Babilonia”). — 3 Generalmente se identifica a Zorobabel con el Shesbassar designado por Ciro como

pajah de Judá. Cf. Esd 5:14.16; 6:7, llamado también príncipe de Judá (Esd 1:8). — 4 Cf. 2 Re 25:18.21; Neh 12:10s. — 5 Cf.

Esd 3. — 6 Esd 4:1-5. — 7 Así S. Bullough, Verbum Dei II p.??2.

2. Futuro glorioso de la comunidad teocrática.

La gloria del nuevo templo (1-10).

2 (1) El séptimo, a los veintiuno, fue palabra de Yahvé por mano del profeta Ageo,

diciendo: 3 (2) Habla ahora a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a

Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y al resto del pueblo, y diles: 4 (3) ¿Quién

queda de vosotros que viera esta casa en su primera gloria y cual la veis ahora? ¿No

es verdad a vuestros ojos como nada? 5 (4) ¡Pues anímate, Zorobabel, dice Yahvé;

anímate tú también, Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y cobra ánimo, pueblo

todo de la tierra, dice Yahvé, y a la obra! porque soy yo con vosotros, dice Yahvé de

los ejércitos. 6 (5) Conforme a la alianza que con vosotros hice a vuestra salida de

Egipto, estará en medio de vosotros mi espíritu, no temáis. 7 (6) Porque así dice Yahvé

de los ejércitos: De aquí a poco haré aún temblar los cielos y la tierra, los mares y

lo seco, 8 (7) y haré temblar a las gentes todas, y vendrán las preciosidades de todas

las gentes, y henchiré de gloria esta casa, dice Yahvé de los ejércitos. 9 (8) Mía es la

plata, mío es el oro, dice Yahvé de los ejércitos. 10 (9) La gloria de esta postrera casa

será más grande que la de la primera, dice Yahvé de los ejércitos, y en este lugar daré

yo la paz, dice Yahvé de los ejércitos.

Una vez puestos a la obra, el profeta quiere animar a los jefes y al pueblo, anunciándoles que la

gloria del futuro templo superará a la del antiguo de Salomón a pesar de su aparente modestia.

Los ancianos, que habían visto la grandiosidad del antiguo templo, destruido por los caldeos, debían

de sentir gran nostalgia al ver la pobreza del- que ahora se levantaba. Pero el profeta contrapone

la modestia de la nueva construcción con la grandeza moral que le está reservada.

El primero, salomónico, con toda su magnificencia, pereció en la catástrofe, mientras que

el que ahora se levanta será el centro religioso del mundo en la nueva teocracia. La mente del

profeta se proyecta a la esplendorosa era mesidnica, que será precedida de una conmoción general

del mundo. Las ideas escatológicas y cósmicas aparecen ligadas en la mente profética a la

inauguración mesiánica: Haré temblar los cielos y la tierra. (v.7/6). La frase es hiperbólica,

conforme a la idealización profética. Ageo quiere hacer ver a sus oyentes que Dios transformará

el mundo totalmente hasta convertir a su templo en centro del mismo.

Los repatriados estaban tristes, porque las grandes promesas de los profetas no se habían

cumplido. Habían vuelto a la patria, pero tenían que estar sometidos a yugo extranjero. El profeta

sale al paso de estos pesimismos, e indica que la gran era está aún por inaugurar y que Yahvé se

encargará de trastocar todas las cosas hasta centrar a los pueblos en torno a Jerusalén y a su templo,

pues todos los pueblos vendrán al templo con sus preciosidades (v.9/8). La Vulgata traduce:

Et veniet Desideratus cunctis gentibus,” el Deseado de las naciones, el Mesías personal. Pero

tanto el texto masorético como la versión de los LXX no autorizan a entenderlo en este sentido

personal, pues literalmente se dice que “vendrá lo deseable de todas las naciones,” e.d., lo más

precioso, aplicado a objetos. La forma plural del verbo hebreo excluye la interpretación personal

2575

de la palabra jemdat (deseable) y exige un sentido colectivo. El contexto pide que eso deseable

sean los tesoros preciosos de todos los pueblos que han de afluir para enriquecer el nuevo templo,

que, como el antiguo de Salomón, será lleno de la gloria de Yahvé (v.8/7) 1.

El pueblo impuro (11/10-15/14).

11 (10) A veinticinco del noveno mes del año segundo de Darío fue la palabra de Yahvé

por mano del profeta Ageo, diciendo: 12 (11) Así dice Yahvé de los ejércitos: Pregunta

esto a los sacerdotes: 13 (12) Si uno lleva en las haldas de su vestido carnes consagradas

y con sus haldas toca pan, manjares cocidos, vino, aceite o un alimento

cualquiera, ¿quedará esto santificado? Los sacerdotes respondieron diciendo: No. 14

(13) Y dijo Ageo: Y si un inmundo por un cadáver tocare alguna cosa de éstas, ¿serían

inmundas? Y respondieron los sacerdotes diciendo: Inmundas serían. 15 (14) Y

replicó Ageo, diciendo: Pues así era este pueblo y esta gente delante de mí, dice

Yahvé, y así toda la obra de sus manos y cuanto ofrecían era inmundo.

Este discurso fue pronunciado tres meses después de haber comenzado los trabajos. El 24 del

noveno mes debía de ser hacia mediados de diciembre. En esta consulta a los sacerdotes, el profeta

quiere poner de relieve el estado de impureza del pueblo por sus malas disposiciones. El

primer caso es el siguiente: si alguno lleva a su casa algo de carne bendita (la parte que le corresponde

después del sacrificio) en las haldas, o regazo formado con la túnica recogida hacia arriba,

aunque estas haldas toquen otros alimentos profanos, no los santifican, es decir, no comunican el

carácter sagrado a dichos alimentos, que continúan profanados, porque lo santo santifica sólo lo

que toca directamente, que son las haldas (v.13/12). Así lo reconocen los sacerdotes.

Pero Ageo, por contraste, les pone ahora el caso contrario, para resaltar la idea que quiere

inculcar: un hombre impuro por haber tocado a un cadáver contamina a todo lo que toca después

2. Es el caso del pueblo judío. Está impuro en sus disposiciones internas, y así contamina todo lo

que hace, incluso lo que ofrecían en el altar (v.15-14), y por eso no pueden agradar a Dios. De la

comparación de los dos casos parece deducirse que lo impuro tiene más poder contagioso que lo

santo, aunque el primer caso sólo sea propuesto quizá para contraponerlo al segundo como artificio

argumentativo.

El castigo será cambiado en bendición (16-20).

16 (15) Poned, pues, vuestra atención ahora desde este día en adelante; antes del día

en que pusierais una piedra sobre otra en el templo de Yahvé,17 (16) ¿qué os pasaba?

Venían al montón de veinte, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta, y

había veinte. 18 (17) Os hería con tizón, añublo y con granizo toda obra de vuestras

manos, mas no os volvíais a mí, dice Yahvé. 19 (18) Poned vuestra atención desde este

día en adelante, desde el veinticuatro del noveno en adelante, desde que ha sido cimentado

el templo de Yahvé. 20 (19) ¿No está aún la simiente en los graneros? ¡Todavía

la vid, la higuera, el granado y el olivo no han dado fruto! Desde este día daré yo

bendición.

El profeta, después de insistir en las mezquinas disposiciones del pueblo, que todo lo contaminan,

y por ello pierden la protección de Yahvé, les dice que a causa de ellas tuvieron que sufrir

necesidades. Por ello les invita a recordar el triste pasado antes de haber puesto una piedra sobre

otra en el templo de Yahvé (v. 17/16). Así, venían al montón (que aparentaba tener) veinte (me2576

didas) de grano, y no había más que diez; y lo mismo, iban al lagar a sacar cincuenta (medidas),

y había (sólo) veinte. En cambio, desde ahora (veinticuatro del mes noveno en adelante) cambiará

todo, pues se han decidido a reconstruir el templo de Yahvé. Y así les anuncia una bendición

divina para la futura cosecha. La simiente está aún en el granero, pero a tiempo de recibir la

bendición para que fructifique en la próxima cosecha; y los árboles frutales aún no tienen fruto

(habla en diciembre); pero, en virtud de la bendición que Yahvé va a otorgar, fructificarán en

una magnífica cosecha (v.20-18).

Promesa a Zorobabel (21-24).

21 (20) Fue por segunda vez la palabra de Yahvé a Ageo, a los veinticuatro del mismo

mes, diciendo: 22 (21) Habla a Zorobabel, gobernador de Judá, y dile: Yo conmoveré

los cielos y la tierra, 23 (22) y trastornaré los tronos de los reinos, y destruiré la fuerza

del reino de las gentes, y volcaré el carro y a los que en él suben, y se vendrán abajo

los caballos y los que en ellos cabalgan, los unos por la espada de los otros. 24 (23)

Aquel día, dice Yahvé de los ejércitos, te tomaré a ti, Zorobabel, hijo de Sealtiel, mi

siervo, dice Yahvé, y te haré como anillo de sello, porque yo te he elegido, dice Yahvé

de los ejércitos.

Finalmente, el profeta dirige un mensaje de predilección a Zorobabel, promotor principal de la

restauración del templo y aun de toda la organización de la vida de la comunidad judía postexiliana.

De nuevo su mente se proyecta hacia los tiempos mesiánicos, que han de ser precedidos de

un derrocamiento de los reinos con la conmoción de los cielos y la tierra (v. 22-21), según expresión

estereotipada de la literatura apocalíptica. Zorobabel es saludado con el título excepcional

de siervo de Dios (v.24-23) por su obra en favor de la restauración de la vida religiosa entre los

repatriados, y, en premio a ello, Yahvé le da una bendición especial, pues será considerado como

anillo de sello, es decir, lo más preciado, el objeto del que jamás se separa por ser el testimonio

de la identificación personal. En Gen 41:42 se dice que el faraón dio a José su sello personal 3.

Nada insinúa en el contexto que Ageo considere a Zorobabel como la encarnación del

Mesías personal futuro. Para el profeta, Zorobabel era el representante de una dinastía de la que

había de surgir el verdadero predilecto de Yahvé, el Mesías. En este sentido, Zorobabel ya tenía

una gloria especialísima y aun única. Es inverosímil suponer que Ageo esperara inmediata la

aparición del Mesías, como para identificar a Zorobabel con él. Las circunstancias eran demasiado

adversas y míseras en su tiempo como para dar pábulo a tan insensato optimismo. Para Ageo,

Zorobabel es el gran anillo de la cadena dinástica que habría de desembocar en la aparición del

Mesías.

1 Cf. 1 Re 8:10. — 2 Cf. Lev 22:4; Núm 5:2; 9:10. — 3 Cf. Cant 8,6; Jer 22:24; Est 3:10.

 

Zacarías.

Introducción.

Personalidad del profeta y ambiente histórico de su ministerio.

Zacarías (en hebreo Zekariyah: “Yahvé se acuerda” o “Se acuerda de Yahvé”) es con2577

temporáneo de Ageo, y predicó su mensaje en las mismas circunstancias históricas1. En Zac 1:1

es llamado hijo de Baraquías, hijo de Addo, mientras que en Esd 5:1 se omite el nombre de su

padre y se le llama hijo de Addo 2. Algunos autores creen que el hijo de Baraquías es adición del

glosista, basándose en Is 8:2 3.

En la lista sacerdotal de Neh 12:16 no aparece el nombre de Zacarías, a pesar de que los

vaticinios del libro de Zacarías tienen un marcado sello levítico. Podemos considerar, pues, al

profeta como perteneciente al grupo de los laicos que fomentaban la vida religiosa, y que

tenían por ello relaciones estrechas con los de la clase sacerdotal.

Zacarías es contemporáneo de Ageo, y su predicación se desenvuelve en el mismo ambiente

de dificultades que la de aquél. Su preocupación principal es también la de la terminación

de las obras del templo, como preámbulo de la restauración mesiánica. Según las indicaciones

cronológicas de sus vaticinios, Zacarías profetizó entre el 520 y el 518 a.C., cuando reinaba en

Persia Darío I Histaspes (522-586), sucesor de Cambises 3. A pesar de que Zacarías tiene también

la obsesión de la reedificación del templo destruido, como en Ageo, se preocupa más que

éste de los valores morales, y en esto empalma con la tradición profética preexílica.

Contenido y estructura del libro.

El actual libro canónico, atribuido a Zacarías, se divide claramente en dos partes: una de

tipo apocalíptico (c.1-8), visionaria, y otra narrativa, parenético-mesiánica (c.9-14). He aquí el

esquema detallado, que nos da una idea clara de su contenido:

Introducción: Exhortación a la conversión: 1:1-6. A) Restauración y salvación:

1. Ocho visiones nocturnas: 1:7-8:23.

Los caballos en el valle: 1:7-17. (Jerusalén reedificada.)

Los cuatro cuernos y los cuatro artesanos: 1:18-21(2:1-4).

(Los opresores serán destruidos.)

El ángel con la cuerda de medir: 2:1-13(2:5-7).

(Los desterrados volverán a Jerusalén y las naciones.)

El sumo sacerdote Josué: 3:1-10.

(Josué invitado a su nueva labor en el templo.)

El candelabro de oro entre los dos olivos: 4:1-14.

(El templo reedificado por Zorobabel y Josué.)

El rollo volando: 5:1-4.

(La tierra será limpiada de la injusticia.)

La mujer y el efd: 5:5-11”

(La iniquidad será alejada de Palestina.)

Los cuatro carros: 6:1-8.

(Los opresores serán castigados.) Coronación del sumo sacerdote: 6:9-15. Disposición recta

para la salvación: 7:1-8:23.

Juicios divinos y promesa de salvación: 9:1-14:21.

1. Juicio entre los gentiles y salvación de Israel: 9:1-11:17.

Juicio contra los gentiles vecinos: 9:1-7.

El reino mesiánico: 9,8-11:3.

Los pastores, bueno y malo: 11:4-17.

2. Salvación y glorificación de Israel: 12:1-14:21.

Liberación de Jerusalén: “El Salvador, traspasado”:

2578

12:1-14.

Fuente de salvación: la purificación del pueblo: 13:1-9.

Ultima tribulación de Jerusalén y salvación mesiánica:

14:1-21.

Autenticidad.

Los críticos modernos urgen las diferencias conceptuales y literarias de la primera y segunda

parte. Y, sobre todo, las alusiones de tipo histórico de ambas partes parecen reflejar distintas

épocas de composición. Así, distinguen por lo menos dos autores en la actual compilación de

vaticinios del libro de Zacarías; y, como en el caso del libro de Isaías, hablan del Proto-Zacarías,

Deutero-Zacarías y aun Trito-Zacarías. En efecto, en la segunda parte del libro de Zacarías (c.9-

14) hay ausencia total de indicaciones cronológicas, que abundan en la primera parte.

Además, tampoco aparece el nombre del profeta, sino que parece obra de un autor anónimo

que cultiva el género antológico, es decir, que para expresar sus ideas se inspira en autores

profetices anteriores al destierro babilónico. Se mencionan naciones y pueblos que en la época de

Zacarías no tenían relieve histórico, como Asiría4, los jebuseos5, los filisteos6. Asimismo, las expresiones

Efraím, la casa de Jacob1, parecen referirse al desaparecido reino del norte en 721 a.C.

Se alude al terremoto de los tiempos de Ozías, rey de Judá 8, que tuvo lugar hacia el 750 a.C. Por

otra parte, estos autores pretenden ver alusiones a hechos de los siglos VI-IV, como la fecha del

comienzo del exilio (586), el retorno bajo Zorobabel (537), la terminación del templo (515), el

retorno bajo Esdras (458), la terminación de los muros de Jerusalén (444), la victoria de Alejandro

Magno sobre los persas en I so (333), la dominación seléucida sobre Palestina (197-142) y la

insurrección de los Macabeos (175-161).

Además, mientras en la primera parte del libro de Zacarías la obsesión del profeta es la

reconstrucción del templo jerosolimitano, en la segunda no se alude a esta cuestión, ni tampoco a

los pilares del judaísmo en la época de la reconstrucción del templo, como son Zorobabel y Josué,

personajes en torno a los cuales giran las enseñanzas de las cisiones de la primera parte. A

esta diferencia de enfoque hay que añadir el hecho de que los vaticinios de la primera parte son

datados y expresamente atribuidos a Zacarías, mientras que los de la segunda parte aparecen

anónimos y sin indicaciones cronológicas.

La perspectiva es diferente, y el género literario de expresión también, pues en la primera

parte los vaticinios están en forma de fisiones de tipo apocalíptico — probablemente ficciones

literarias y no cisiones reales — , mientras que en la segunda parte desaparece el carácter misionario

oracular, que es sustituido por una exposición difuminada, con menos originalidad personal,

en la que prevalece el estilo antológico o imitativo de frases y concepciones proféticas anteriores

al exilio babilónico. Por todas estas razones, la mayoría de los críticos modernos distinguen

diversos autores al estudiar el origen de los vaticinios del actual libro de Zacarías 9.

Frente a esta posición, muchos autores más conservadores pretenden explicar estas anomalías

que acabamos de apuntar, en el supuesto de que el profeta Zacarías es el autor de las dos

partes del libro de Zacarías 10. Así, creen que la diversidad de enfoque general en ambas partes se

debe a la diversa época de la vida de Zacarías en que habrían sido compuestas cada una de las

partes. La primera sería del profeta cuando era joven, y el problema acuciante lo constituía la reconstrucción

del templo. Más tarde, cuando el templo había sido ya inaugurado y habían muerto

los dos corifeos del judaismo del retorno, Zorobabel y Josué, el profeta no tiene por qué aludir a

esta situación y a estos personajes.

Así, suponen que la primera parte habría sido escrita hacia el 520 a.C., mientras que la

2579

segunda sería del mismo autor, pero escrita ya cuando se cuarteaba el imperio persa — época de

las derrotas de ¿alamina (480), de Platea (479) — por efecto de la sublevación de muchas satrapías,

como la de Egipto. Las diferencias de estilo habría que atribuirlas, en este supuesto, a la

diferencia de edad del mismo autor u. Y las menciones de Asiría, Filisteo, losjebuseos, han de

explicarse como arcaísmos artificialmente buscados para empalmar con la gran literatura profética

de la época preexílica. Esta explicación sería válida también para las menciones de Efraím y

José como sinónimos de Israel.

Mensaje doctrinal.

Las dos ideas teológicas fundamentales del libro de Zacarías son la Providencia divina,

que tiene un cuidado especial de su pueblo 12, y sobre todo de Jerusalén, capital de la nueva teocracia

13, en la reconstrucción del templo 14, y sobre las naciones 15. Como los profetas preexílieos,

Zacarías urge ante todo una religión espiritualista, no meramente manifestada con ritos

externos cultuales. Ante todo, la verdad, la misericordia, el juicio justo, de modo que nadie maquine

el mal en su corazón 16. Con esta doctrina ético-espiritualista, Zacarías se acerca mucho

ya al ideal del sermón de la Montaña.

Otra idea fundamental en el libro de Zacarías es la de la expectación mesiánica. En la

primera parte del libro — centrada en torno a la persona de Zorobabel como símbolo de la reconstrucción

nacional — aparece éste como tipo del Mesías, futuro redentor. En la segunda parte

desaparece la figura de Zorobabel, y la mente del profeta se proyecta directamente sobre la persona

del Libertador que ha de venir y sobre el triunfo de la nueva Jerusalén. El Mesías es anunciado

como Rey 17, justo y victorioso, cuyo reino abarca de un mar al otro; pero al mismo

tiempo pobre, cabalgando sobre un asno 18, inaugurando un reino mesiánico universal 19 en el

día de Yahvé, que será de triunfo y de luz 20. Las ideas escatológicas se mezclan en la última parte

del libro, y la perspectiva se alarga y difumina sin contornos.

Estilo literario.

San Jerónimo define así el estilo del libro: “Obscurissimus líber Zachariae prophetae et

ínter duodecim longissimus” 21. El estilo es apocalíptico y visionario en gran parte del libro. Las

visiones parecen un artificio literario empleado por el autor para expresar simbólicamente ideas

principalmente mesiánicas. El profeta presenta a menudo con él a un ángel intérprete, según es

estilo en la literatura apocalíptica22. La forma literaria de los c.9-14 es más semejante a la de los

profetas anteriores al exilio. Es el estilo antológico o imitativo de los vaticinios de diversos profetas

anteriores, tomando incluso locuciones concretas de éstos para reforzar su punto de vista

ante el auditorio, pero sin citar expresamente la fuente de inspiración.

Texto.

Ya hemos indicado que hay diferencias de estilo y de vocabulario entre las dos partes del

libro. No obstante, los hebraístas sostienen que el lenguaje de Zacarías es, en general, de calidad,

comparable al de los escritos buenos pre-exílieos 23. El TM a veces es oscuro y poco seguro, de

forma que no pocas veces resulta más inteligible el texto de los LXX, que frecuentemente refleja

un original diferente, que no ha sido comprendido bien por el traductor griego. Como en otros

escritos proféticos, algunas veces los versículos están fuera de lugar, y es necesario acudir al

contexto general y al paralelismo para reconstruir la posible lección original.

2580

Canonicidad.

El libro de Zacarías figura sin dificultad, desde los primeros tiempos, tanto en el canon

judaico como en el cristiano. En el Ν.Τ., este libro es citado varias veces por Cristo y los apóstoles

24.

1 El nombre de Zacarías es muy común en el A.T. La grafía de la Vulgata está calcada sobre la de los LXX, pues en hebreo es Zekaryah.

— 2 En Is 8:1 se habla de Zacarías, hijo de Yerebequías, del que puede ser una variante Ba-raquías. — 3 Cf. Zac 1:1.7; 7:1.

— 4 Zac 10:10. — 5 Zac 9,7. — 6 Zac 9:6. — 7 Zac 9:10.13; 10,7. — 8 Zac 14:5. — 9 Hiteig y Ewald opinan que los c.g-14 son

anteriores al exilio (sus alusiones a Asiría, los filisteos, los jebuseos, Efraím) y fueron incorporados al libro de Zacarías en el siglo

v. Driver y Stade, Nowack, suponen más bien que estos capítulos son de la época de Alejandro Magno (s.iv); de ahí la mención de

Grecia (Zac 9:13). En cambio, Kennet, Peake, Wellhau-sen y Martí sostienen que son obra de un autor del siglo u, de la época de

los Macabeos. — 10 Es la opinión tradicional sostenida por Kaulen-Hoberg, Knabenbauer, Goetsberger, Cornely-Merck, Junker,

Wright. Cf. VAN HOONACKER, Les douze Petits Prophétes p.579-81. 650-62; S. BULLOUGH, Verbum Del II p.?8o; HOPFL-MILLERMETZINGER,

o.c., 531. — 1l Los que sostienen la unidad de autor urgen el hecho de que frases como el ojo de Dios están en ambas

partes del libro (cf. 1:6.12; 2:11; 9:15; 10:3; 12:5). — 12 Zac 8,7-8. — 13 Zac 1:14; 8:2. — 14 Zac 4:10 — 15 Zac9:5s; 12:2-6;

14:12-15. — 16 Zac 1:4; 5:3-4; 7:5-10; 8:16-19. — 17 Zac 9 9 — 18 ibid. — 19 Zac Ι4:3·4·9. — 20 Zac 14:1.4.6.7.13.20. — 21

San Jerónimo, Comm. in Zach., pról.: PL 25:1417 (1486). — 22 Cf. Dan7:16; 8:16; 9:21; Ap 17:15; 21:9. — 23 Cf. Van Hoonacker,

o.c., p.657-6o. — 24 Mt 21:45 y Jn 12:15 citan a Zac 9:9 al hacer la entrada solemne de Jesús en el templo el domingo de

Ramos; Mt 26:31 cita a Zac 13:7: “percutiam pastorem et dispergentur oves gregis”; Jn 19,37 cita a Zac 12:10: “videbunt in quem

transfuxerunt.”

1. Visiones simbólicas.

Los c.1-6 presentan una serie de visiones simbólicas en las que se encarece la salvación del

pueblo judío y la humillación de sus enemigos. La Providencia divina prepara misteriosamente la

glorificación de los suyos. El profeta con estas visiones no quiere sino levantar los ánimos de sus

compatriotas, haciéndoles pensar en el glorioso futuro que espera al pueblo elegido después de

tantas pruebas.

Exhortación a la penitencia (1-6).

1 El octavo mes del año segundo de Darío llegó la palabra de Yahvé a Zacarías, hijo

de Baraquías, hijo de Iddo, el profeta, diciendo: 2 Yahvé se irritó fuertemente contra

vuestros padres. 3 Diles, pues: Así dice Yahvé de los ejércitos: Volveos a mí, dice

Yahvé de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, dice Yahvé de los ejércitos. 4 No

seáis como vuestros padres, a quienes vocearon los primeros profetas, diciendo: Así

dice Yahvé de los ejércitos: ¡Convertios de vuestros malos caminos y de vuestras

malas obras! Pero ellos no atendieron, no me escucharon, dice Yahvé de los ejércitos.

5 Vuestros padres, ¿dónde están? Y los profetas, ¿viven siempre? 6 Pero mis palabras

y mis mandatos, lo que mandé yo a mis siervos los profetas, ¿no alcanzó acaso

a vuestros padres? Por eso se convirtieron y se dijeron: Ha hecho Yahvé de los

ejércitos con nosotros tal como, según nuestros caminos, decretó tratarnos.

Este primer oráculo, o exhortación a la penitencia, tuvo lugar entre octubre-noviembre del 520

a.C. (octavo mes del segundo año de Darío, v.1). Luego la iniciación del ministerio profético

comenzó unos meses después de la de Ageo. Las circunstancias históricas son las mismas: Judá

está bajo el dominio persa, y la vida de la comunidad se desenvuelve en la mayor penuria económica

y política, pues los enemigos circunvecinos hacen todo lo posible por evitar que la comunidad

de repatriados se organice con vigor. Zacarías es de la clase sacerdotal1, pero se le

2581

llama enfáticamente el profeta por su misión excepcional de mensajero de Dios.

El discurso de exhortación a la penitencia (v.2-6) es como una introducción teológica a la

colección de oráculos visionarios que contiene el libro. El profeta insiste en el castigo infligido a

los antepasados como lección para los presentes. Para ello recalca que la sociedad organizada y

aparentemente gloriosa antigua ha desaparecido: Vuestros padres, ¿donde están? (ν.6). La situación

ahora es bien triste, pues toda la grandeza, orgullo de las generaciones pasadas, ya no existe.

Por otra parte, no deben hacerse ilusiones, pues puede llegar el momento en que Dios

abandone a su pueblo y le retire sus enviados los profetas: y los profetas, ¿viven siempre? Ciertamente

que sus predicciones se cumplen infaliblemente, porque son mensajes de Dios; pero

ellos mismos no son eternos. Zacarías recuerda que los antepasados reconocieron la mano de

Dios en los castigos enviados, y ahora pide a sus contemporáneos que saquen las mismas consecuencias

para que Yahvé vuelva a ellos.

Visión de los caballos y los caballeros (7-17).

7 A veinticuatro del mes undécimo, que es el mes de Sebat, del año segundo de Darío,

fue la palabra de Yahvé a Zacarías, profeta, hijo de Baraquías, hijo de Iddo, diciendo:

8 Vi de noche a un varón que cabalgaba en un caballo rojo y estaba entre los

montes en el valle 2; detrás de él había caballos rojos, alazanes y blancos. 9 Yo entonces

pregunté: ¿Qué son éstos, mi señor? Y el ángel que me hablaba me dijo: Voy

a darte a saber quiénes son éstos; 10 pero el que estaba entre los montes 3 tomó la palabra

y dijo: Estos son los que Yahvé ha mandado a recorrer la tierra. 11 Luego

hablaron ellos al ángel de Yahvé que estaba entre los montes 4 y le dijeron: Hemos

recorrido la tierra, y toda está quieta y tranquila. 12 Y habló el ángel de Yahvé, diciendo:

¡Oh Yahvé de los ejércitos! ¿hasta cuándo no vas a tener piedad de Jerusalén

y de las ciudades de Judá, contra las que estás irritado desde hace setenta años?

13 Y Yahvé dirigió al ángel que conmigo hablaba palabras amables, palabras consoladoras.

14 El ángel que hablaba conmigo me dijo: Clama diciendo: Así dice Yahvé

de los ejércitos: Siento gran amor hacia Jerusalén y hacia Sión, 15 y estoy muy airado

contra las naciones que ahora están tranquilas, porque yo estaba un poco airado,

pero ellas agravaron el mal. 16 Por tanto, así dice Yahvé: Yo me he vuelto misericordioso

hacia Jerusalén, y mi casa será allí reedificada, dice Yahvé de los ejércitos, y

sobre Jerusalén se tenderá el cordel. 17 Clama también diciendo: Así dice Yahvé de

los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades de abundancia de bienes, y Yahvé consolará

a Sión y elegirá a Jerusalén.

La visión es complicada y oscura, pues parece retocada en el texto 5. El profeta en esta visión se

hace eco de las inquietudes de sus contemporáneos, que están ansiosos de la manifestación de la

anunciada era mesiáníca, que debía ser precedida, según las profecías, de una gran conmoción de

las naciones. Zacarías quiere salir al paso del desánimo general, y en esta serie de visiones anuncia

la futura gloria de Jerusalén y del pueblo elegido después de un juicio punitivo sobre las naciones.

En la primera visión intervienen varios personajes, que complican la escena para después

explicar el simbolismo de cada uno. Aparecen claramente en la escena el profeta que recibe la

visión; el ángel intérprete, que explica al profeta el sentido de la visión (v.9.13.14), y Yahvé. Pero,

además, aparece un ángel de Yahvé, que en los v. 11-12 se identifica con el caballero que está

entre los montes. Detrás de él aparecen, según el texto hebreo, tres caballos: rojos, alazanes y

2582

blancos (v.8). Según los LXX, son cuatro caballos: rojos, alazanes, manchados y blancos. Y parece

mejor este número cuádruple en paralelismo a los cuatro carros del c.6 que deben recorrer

la tierra. Por otra parte, Zacarías en su simbolismo tiene preferencia por el número cuatro6. También

en nuestro capítulo los caballos deben recorrer la tierra (v.10).

En este supuesto, los cuatro caballos corresponderían a los cuatro puntos cardinales, que

debían ser visitados por los emisarios de Dios para que se enterasen de la situación de toda la tierra

y lo comunicaran al ángel de Yahvé que estaba entre los montes (v.11). Supuesta esta distribución,

el simbolismo es fácil de captar. El ángel de Yahvé, o caballero entre los montes, es el

valedor o ángel tutelar de los intereses del pueblo elegido. Los cuatro caballeros son cuatro

mensajeros anónimos, que son una dramatización ideal de la Providencia divina, que alcanza a

los cuatro confines del orbe (los colores de los caballos son convencionales, para distinguirlos

entre sí. Los cuatro mensajeros divinos están a las órdenes del ángel tutelar (ángel de Yahvé o

caballero entre los montes) para trasladarse a los cuatro confines del orbe c informarse de su situación

y después entregar la información a su jefe ángel de Yahvé; y, en efecto, le dan cuenta de

su misión (v.11).

La noticia que traen es poco confortadora para el ángel tutelar de los intereses de la comunidad

judía: la tierra está quieta y tranquila; lo que equivalía a decir que las cosas continuarían

como hasta ahora, e.d., no se vislumbraba la conmoción deseada entre las naciones como preludio

de la era mesiánica. De ahí la angustiosa interrogación del ángel de Yahvé (encarnación de

los intereses del pueblo elegido): ¿Hasta cuándo no vas a tener piedad de Jerusalén y de las ciudades

de Judá? (v.12). La tranquilidad reinante bajo Darío parece indicar que la situación actual,

en plan de inferioridad, de Jerusalén y de Judá va a continuar indefinidamente a pesar de las antiguas

promesas de restauración gloriosa después del juicio sobre los pueblos paganos.

En realidad, el castigo sobre Judá sobrepasa ya la antigua profecía de Jeremías, que

hablaba de setenta años de opresión y cautividad7, pues Yahvé sigue airado contra Judá desde

hace setenta años (v.12). El número setenta indica una amplia generación como en la profecía de

Jeremías; pero los años pasan y la restauración gloriosa de Judá no se vislumbra cercana. Esta es

la preocupación angustiosa del ángel de Yahvé (caballero entre las montañas), que representa

los intereses de Judá. La respuesta de Yahvé es consoladora, y es dirigida directamente al ángel

intérprete del profeta: Yahvé dirigió al ángel que conmigo hablaba palabras amables y consoladoras

(v.13).

El mensaje de éste es en extremo esperanzador, pues Yahvé declara que siente un amor

especial por Jerusalén (v.14), y, por otra parte, va a exigir justicia de las naciones que ahora están

tranquilas en razón del enojo transitorio de Yahvé contra su pueblo, permitiendo dominen

sobre ella por algún tiempo; pero se han excedido en su papel de instrumentos de su justicia (pero

ellas agravaron el mal decretado por Dios contra Judá), y por eso llega la hora de la revancha.

Se acerca la hora de la rehabilitación gloriosa de Judá como colectividad. El templo de Yahvé,

símbolo de la protección a su pueblo, volverá a reedificarse (v.16), y en Jerusalén se tenderá el

cordel para reconstruirla como en los tiempos gloriosos pasados. Y de nuevo rebosarán las ciudades

(de Judá) de abundancia de bienes en una nueva teocracia gloriosa 8.

Visión de los cuatro cuernos y de los cuatro. artesanos (18/1-21/4)

18 (1) Luego alcé mis ojos y miré, y vi cuatro cuernos, 19 (2) y pregunté al ángel que

hablaba conmigo: Y éstos, ¿qué son? El me respondió: Estos son los cuernos que

dispersaron a Judá. 20 (3) Mostróme luego Yahvé cuatro artesanos, 21 (4) y yo pregunté:

¿Qué van a hacer éstos? Me respondió, diciendo: Aquéllos son los cuernos

2583

que dispersaron a Judá de modo tal, que no pudo ya levantar cabeza, y éstos vienen

para rodear9 a aquéllos y destruir los cuernos de las gentes que alzaron el cuerno

sobre la tierra de Judá para dispersarla.

Estos dos pequeños oráculos desarrollan las ideas de la anterior visión sobre el castigo de las naciones

y la resurrección de Judá 10. La ilación con la visión anterior es artificial, pues el profeta

las presenta simplemente como un espectador que ve desfilar ante sus ojos diversos cuadros simbólicos.

Naturalmente, en la concepción de estas visiones hay mucho de puro artificio literario.

El sentido de ambas visiones es claro: el profeta ve primero cuatro cuernos o potencias, que

simbolizan el conjunto de poderes o reinos que históricamente han oprimido a Judá. El número

cuatro no tiene más misterio que designar los cuatro puntos cardinales, la totalidad de los reinos

paganos opuestos al pueblo de Dios 11.

A ellos Dios les opone cuatro artesanos (o trabajadores en piedra, metal o madera) que

van a destruir los cuatro cuernos, o potencias paganas opresoras de Judá. Estos cuatro artesanos

son cuatro instrumentos de la justicia divina, que bien pueden ser angeles o personificación de

fuerzas naturales o sobrenaturales utilizadas por Dios para cumplir su justicia sobre las naciones

opresoras paganas.

1 Sobre los nombres que aquí aparecen véase Neh 5:16; 10:35; 12:14. — 2 El TM dice: “entre los mirtos que había en una hondonada

o valle.” Así la Bib. de Jér. Los LXX: “entre los montes.” — 3 TM: “mirtos.” — 4 TM: “mirtos.” — 5 La fecha veinticuatro del

mes undécimo, que es el de Sebat, puede ser indicación cro-nológica^que afectaba a las seis primeras visiones. El mes Sebat era el

undécimo según el calendario asiro-babilónico aceptado, que se distribuía del modo siguiente: i, Nisán; 2, Ijjw, 3, Siwan; 4, Tammuz;

5, Ab; 6, Elul; 7, Tishri; 8, Marjessahwan; 9, Kislew; 10, Tebet; n, Sebat; 12, Adar. — 6 Cf. Zac2,i.3; 6:5. — 7 Cf. Jer 25:12.

— 8 Sobre la interpretación de estos símbolos véase el libro de D. BUZY Les symboles dans

2. La Restauración de Jerusalén.

Visión del varón con la cuerda de medir (1-9).

1 (5) Alcé de nuevo los ojos, miré, y vi a un varón que tenía en la mano un cordel de

medir, 2 (6) y le pregunté: ¿Adonde vas? El me respondió: A medir a Jerusalén para

ver cuánta es su anchura y cuánta su longitud. 3 (7) Apareció el ángel que hablaba

conmigo, y vi que venía a su encuentro otro ángel, 4 (8) que le dijo: ¡Corre! Di a ese

joven: Sin murallas será habitada Jerusalén; tal será en ella la muchedumbre de

hombres y animales. 5 (9) Y yo seré para ella, dice Yahvé, muro de fuego en derredor,

y seré su gloria en medio de ella.

Después de anunciar el castigo sobre las naciones paganas opresoras de Judá, el profeta nos presenta

otra visión en la que se simboliza plásticamente la futura grandeza de Jerusalén. El profeta

contempla en visión a un joven con un cordel de medir, pues quiere saber cuánta es la anchura y

la longitud de Jerusalén (v.2/6). El profeta aquí le pregunta, sin intermediario, al joven qué es lo

que pretende hacer. Después de oír su respuesta, entra en escena el ángel intérprete, dispuesto a

citar explicaciones más amplias al profeta, aunque un nuevo ángel explica al intérprete el verdadero

sentido simbólico de la acción del joven: Jerusalén será tan grande en el futuro, que no tendrá

murallas, y, por tanto, es inútil querer medir su perímetro. Jerusalén será una inmensa ciudad

abierta guardada por el mismo Yahvé, que formará en torno a ella como un muro de fuego infranqueable

a los posibles invasores (v.5/8).

Zacarías no podía presentar a sus compatriotas, que se ocupaban penosamente en recons2584

truir su ciudad, un horizonte más optimista. Jerusalén superará el esplendor antiguo y estará

bajo la especialísima y personal protección de su Dios. Como siempre, los profetas proyectan

su mirada hacia los tiempos mesiánicos, conforme a las promesas recibidas. Su misión era sostener

y fomentar el fuego de la esperanza en sus compatriotas para que no se dejaran llevar del

desánimo y de la desesperación ante tantas pruebas y contrariedades. Los profetas anteriores al

exilio anunciaban la era venturosa mesiánica después del cautiverio babilónico, pero la realidad

en los tiempos de Zacarías era muy otra, y la perspectiva de una inmediata inauguración de los

tiempos mesiánicos se alejaba indefinidamente a menos que hubiera una intervención súbita de

Dios.

Llamamiento a los exilados (6-17).

6 (10) ¡Hala, hala! Huid de la tierra del aquilón, oráculo de Yahvé, pues a los cuatro

vientos del cielo os aventaré, oráculo de Yahvé. 7 (11) ¡Hala, Sión! ¡Ponte a salvo, tú

que habitas en Babel! 8 (12) Porque así dice Yahvé de los ejércitos: Después de la

aflicción me ha enviado a las gentes que os despojaron, porque el que os toca a vosotros

toca a la niña de mis ojos2. 9 (13) Porque he aquí que yo agito mi mano contra

ellos, y serán presa de quienes fueron sus esclavos, y sabréis que Yahvé de los ejércitos

me ha enviado. 10 (14) Jubila y regocíjate, hija de Sión, porque llegaré y habitaré

en medio de ti, oráculo de Yahvé. 11 (15) Aquel día se unirán a Yahvé muchas gentes,

que serán mi pueblo, y yo habitaré en medio de ti, y sabrás que Yahvé de los ejércitos

me ha enviado a ti. 12 (16) Yahvé poseerá a Judá, su heredad, en la tierra santa, y

será Jerusalén su elegida. 13 (17) Calle toda carne ante Yahvé, que se ha despertado

de su santa morada.

La exhortación a salir de Babilonia, la tierra del aquilón, tiene mucho de semejante con Is

48:205: “Salid de Babilonia, huid de los caldeos con cantos de alegría..” Es frecuente la dependencia

^ de Zacarías de oráculos proféticos anteriores. El profeta, por ficción literaria, se traslada

a los tiempos de la cautividad, y anuncia la liberación gloriosa de sus compatriotas. En la visión

anterior se hablaba del castigo que iban a infligir los cuatro artesanos (instrumentos -de la justicia

divina) a los cuatro cuernos, o conjunto de potencias enemigas del pueblo israelita. Ahora en

los v. 10-13 se concreta más el castigo sobre la gran potencia opresora, Babilonia.

Ha llegado la hora de la justicia divina para el opresor y de la liberación para los exilados,

que van a abandonar en masa a la gran metrópoli: a los cuatro vientos os aventaré (v.6/10). Dios

va a castigar a las gentes que despojaron a Israel, su pueblo predilecto, al que no se puede tocar

impunemente: el que os toca a vosotros toca a la niña de mis ojos (v.8/i2b). Es la hora de la revancha

para los exilados, condenados hasta ahora a la esclavitud: serán presa de quienes fueron

sus esclavos (v.9/13). Se abre la nueva era gloriosa para Judá, en laqueYahvé volverá a habitar

en Sión (v. 10/14), y se formará la nueva teocracia de los tiempos mesiánicos, de la que participarán

también los gentiles: aquel día se unirán a Yahvé muchas gentes, que serán mi pueblo (v.

11/15). Es el anuncio del universalismo mesiánico, característico de los grandes vaticinios

mesiánicos 3.

Sin embargo, Judá conservará su rango de nación predilecta, pues en ella morará Yahvé

como en su heredad en la tierra santa, la primogénita y predilecta de las naciones: será Jerusalén

su elegida (v.12/i6). Ante el gran acontecimiento que se avecina, el juicio sobre las naciones,

el profeta invita a un silencio respetuoso: calle toda carne ante Yahvé, que se ha despertado de

su santa morada (v.13/17). Yahvé estaba aparentemente dormido, y había permitido a las nacio2585

nes opresoras que descargaran su rabia sobre Judá; pero de repente ha despertado de su santa

morada, la ciudad de Jerusalén o los cielos superiores donde especialmente reside, desde donde

dirige el curso de la historia humana.

1 Aflicción, traducción de Hoonacker cíe la palabra Kabod, que suele significar gloria. — 2 El TM dice de sus ojos. Pero el cambio de

persona parece exigido por el contexto. — 3 Cf. Miq 4:1s; Zac 8:2os.

3. Cuarta visión.

Rehabilitación del sumo sacerdote (1-5).

1 Y me hizo ver a Josué, el sumo sacerdote, que estaba en pie delante del ángel de

Yahvé y tenia a su diestra a Satán para acusarle. 2 Y (el ángel de) Yahvé dijo a Satán:

¡Que Yahvé te reprima, oh Satán, que Yahvé te reprima, pues El ha elegido a

Jerusalén! ¿No es por ventura ése un tizón que acaba de ser arrebatado a la hoguera?

3 Porque estaba Josué vestido de vestiduras inmundas, y así en pie delante del

ángel. 4 Este mandó, hablando a los que estaban delante de él: Quitadle las vestiduras

inmundas y vestidle las vestiduras de ceremonia, 5 y poned sobre su cabeza una

tiara pura. Ellos pusieron la tiara sobre su cabeza y le vistieron de las vestiduras de

ceremonia, y el ángel de Yahvé, puesto en pie, le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad

y te he vestido de las vestiduras de ceremonia.

Después de anunciar el castigo de los pueblos opresores de Judá y la rehabilitación gloriosa de

ésta, el profeta concreta en esta visión cómo debe organizarse la sociedad. Tres personajes intervienen

en esta escena 1: el ángel de Yahvé, que preside la escena; el Sumo sacerdote Josué, que

es presentado como un tizón que acaba de ser arrebatado de la hoguera (v.2), rescatado del exilio.

Al lado de él aparece Satán o el Adversario, pues éste es significado específico de la palabra

hebrea, y su oficio es probar a los hombres, acusándolos ante Yahvé2. En la escena que estudiamos

parece que quiere oponerse a que se invista a Josué de nuevas vestiduras.

El sumo sacerdote simboliza aquí a la comunidad judía, que debe quitarse sus vestiduras

inmundas, o vicios inveterados, y revestirse de otras nuevas, conforme a las exigencias de la

nueva teocracia. Y particularmente, Josué simbolizaba la clase sacerdotal, cuya apostasía y olvido

de sus deberes había sido causa principal del desvarío del pueblo y, en consecuencia, de la

catástrofe nacional. En el nuevo estado de cosas, el sacerdocio debe aparecer purificado ante

Yahvé, que se encargará de orillar las dificultades que puedan oponerse a la instauración del

nuevo orden de cosas: Que Yahvé te reprima, ¡oh Satán! (símbolo de la oposición al pueblo elegido).

(v.2). Es inútil que Satán se obstine en oponerse a la implantación de la nueva teocracia,

pues Yahvé ha elegido a Jerusalén.

Pero esto exige un nivel de vida religiosamente incontaminado: por eso le quita las vestiduras

inmundas, cambiándoselas por testiduras de ceremonia (v.4). Es la investidura solemne de

Josué como sumo sacerdote, con lo que se indicaba la restauración oficial y plena de la clase sacerdotal

con sus derechos y privilegios. Contra esta resurrección plena del sacerdocio, como base

de la nueva teocracia, lucha Satán, que simboliza aquí a los enemigos del pueblo elegido. No debemos

perder de vista que nos hallamos ante dramatizaciones ideales creadas por el profeta

en función de ideas a expresar.

2586

Promesa a Josué, sumo sacerdote (6-10).

6 El ángel de Yahvé conjuró a Josué, diciendo: Así habla “ Yahvé de los ejércitos: 7

Si andas por mis caminos y eres fiel a mi ministerio, administrarás también mi casa

y guardarás mis atrios, y yo te daré puesto entre estos que están aquí. 8 Escucha,

pues, Josué, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan delante de ti, pues

son varones de presagio. He aquí que yo hago venir a mi siervo “Germen.” 9 Pues he

ahí la piedra que yo he puesto ante Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos, y

labraré yo mismo su escultura, dice Yahvé de los ejércitos, y aquel mismo día quitaré

de la tierra la iniquidad. 10 Aquel día, dice Yahvé de los ejércitos, convidaréis cada

uno a su vecino bajo la parra y bajo la higuera.

Una, vez revestido de atuendos de ceremonia sacerdotales, el ángel de Yahvé invita a Josué a ser

fiel a su vocación de sacerdote, administrando la casa o templo de Yahvé; y como premio se le

da un puesto entre los que están con el ángel de Yahvé (v.7). ¿Quiénes son estos misteriosos

asistentes? La frase es oscura y, dado el ambiente angeológico apocalíptico del fragmento, parece

se insinúa que Josué, como sumo sacerdote, tendrá una misión análoga a la de los ángeles,

que rodean a Dios en el sagrado ministerio. A continuación el ángel de Yahvé se dirige enfáticamente

a Josué y a sus compañeros que se sientan delante (v.8), e.d., sus colegas de inferior

grado en el sacerdocio, y les dice que serán varones de presagio, en cuanto que simbolizan

ahora la restauración plena del culto sacerdotal.

Después la atención de la escena se fija en otro personaje misterioso: He aquí que yo

hago venir a mi siervo Germen” (v.8b). ¿Quién es este Germen que aparece en plan paralelo

con la clase sacerdotal, simbolizada en Josué? El contexto parece sugerir que ese Germen es Zorobabel,

representante de la autoridad civil y principal promotor de la reconstrucción del templo.

Por el v.9 se ve que la preocupación del profeta es el remate de la obra del templo, pues se habla

de una piedra puesta por Dios ante Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos. Es la piedra

cimera del templo, objeto de la especialísima solicitud de Yahvé (y labraré yo mismo su escultura).

Esta piedra está bajo la protección de Dios. Los siete ojos simbolizan la atención extrema

con que Yahvé la considera como objeto de su predilección 3.

Los anhelos del profeta eran la terminación del templo, lo que sería el preludio de los

tiempos mesiánicos: aquel día quitaré de la tierra la iniquidad. Después sigue el consabido cuadro

idílico de los tiempos mesiánicos: Aquel día convidaréis cada uno a su vecino bajo la parra

y la higuera (v.10).

Se ha discutido el carácter mesiánico del fragmento. Unos autores entienden la palabra

Germen en sentido estricto mesiánico directo, como si este vocablo designara expresamente al

Mesías personal futuro 4. Estos autores alegan que la palabra Germen en otros textos proféticos

designa al Mesías propiamente tal5. Por otra parte, Zacarías parece que habla del futuro, mientras

que Zorobabel ya existía cuando hablaba; y, además, supone que al aparecer el Mesías vendrá

la inauguración mesiánica: desaparecerá la iniquidad de la tierra (V.9).

No obstante, los que sostienen que aquí Germen se aplica a Zorobabel6 observan legítimamente

que en Zac 6:12 la palabra Germen se aplica ciertamente a Zorobabel, que tiene por

misión reedificar el templo. Por otra parte, el que el profeta hable en futuro es un artificio literario

apocalíptico, y el hecho de que se presente la inauguración mesiánica después de terminarse

el templo se ha de explicar por la falta de perspectiva histórica que es característica de la revelación

profética.

2587

No obstante, los autores católicos que sostienen que Germen aquí designa primariamente

a Zorobabel le consideran como tipo del Mesías y aun su antepasado real. En Zac 6:12 se dice:

“He aquí que el varón cuyo nombre es Germen (Zorobabel) y del cual se producirá germinación..”

Sin duda que el profeta consideraba a Zorobabel como el anillo de una cadena que había

de desembocar en el Mesías1. Zorobabel era uno de los grandes representantes de la dinastía davídica,

y por su misión de reorganizador de la comunidad de repatriados del exilio era tipo del

gran organizador de la nueva teocracia mesiánica definitiva.

1 El texto es oscuro; hemos preferido el de los LXX, como menos retocado. En el v.2, en vez de Yahvé, leemos con la mayoría ángel

de Yahvé, exigido por el contexto, pues de lo contrario no podría explicarse que Yahvé dijera en tercera persona: “Que Yahvé te

reprima.” — 2 Cf. Job 1:6; 1 Crón 21:1. — 3 Hoonacker, siguiendo a Wellhausen, traduce, en vez de ojos del TM, caras; pero parece

una acepción muy rebuscada. Según su versión, las siete caras simbolizarían la perfección de la escultura de la piedra preciosa.

Nuestra versión coincide con la de la Bible de Jérusalen. — 4 Así M. J. Lagrange, Les propheties messianiques des derniers

prophétes: RB 15 (1906) p.70-72. De la misma opinión son San Jerónimo, Trochen, Crampón, Knabenbauer. — 5 Cf. Jer 23:5;

33:15. — 6 Hoonacker, J. Touzard, D. Buzy (o.c., p.362-368.402-405), E. Tobac, F. Ceuppens. — 7 Sobre esta profecía véanse

M. J. Lagrange, Les propheties messianiques des derniers prophétes:RB 15 (1906) p.7o-72; A. Van Hoonacker, o.c., p.6i2s; D.

Buzy, Les symboles de l'A.T. P.362s; E. Tobac, Les prophétes d'Israel (1921) p.494s; J. Touzard: RB 12 (1913) p.28ys; L. Dennefeld,

Messianisme: DTG 10 (1920) 1486; F. Ceuppens, De. prophetiis messianicis ¡n Aniiqno Testamento (Roma 1935) p.435s; J,

Chaine, /ntroduction á la lecture des prophétes p.226.

4. Visión del candelabro con los dos olivos.

1 El ángel que hablaba conmigo vino y me despertó como a hombre que despierta de

su sueño, 2y me dijo: ¿Qué ves? Yo le respondí: Miro y veo un candelabro todo de

oro, con un vaso encima y sus siete lámparas, y siete tubos desde las lámparas al vaso

que está encima, 3 y a su lado dos ramos de olivo, el uno a la derecha del vaso y el

otro a la izquierda. 4 Y proseguí diciendo al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto,

mi señor? 5 El entonces me habló, respondiendo: ¿No sabes lo que es eso? Yo le

dije: No, mi señor. 6 Entonces él me habló, diciendo: He aquí la palabra de Yahvé a

Zorobabel. Dice: No con ejército, no con fuerza, sino por mi espíritu, dice Yahvé de

los ejércitos. 7 ¿Qué eres tú, montaña grande? Allánate ante Zorobabel. El pondrá la

piedra de remate en medio de aclamaciones: ¡Qué hermosa es, qué hermosa es! 8Y

me llegó la palabra de Yahvé, diciendo: 9 Las manos de Zorobabel cimentaron esta

casa, y sus manos la acabarán, y sabrás que Yahvé de los ejércitos me ha enviado a

vosotros. 10 Porque los que han despreciado el día de las cosas modestas, verán gozosos

en la mano de Zorobabel la piedra reservad. Esos siete son los ojos de Yahvé,

que observan la tierra en toda su redondez. 11 Yo proseguí, diciendo: Y esos dos olivos

a derecha e izquierda del candelabro, ¿qué son? 12 Y tomando por segunda vez

la palabra, pregunté: ¿Qué son esos dos ramos de olivos que están cerca de los tubos

por donde baja el aceite? 13El me respondió, diciendo: ¿No sabes lo que son ésos? Yo

respondí: No, mi señor. 14El me dijo: Son los dos hijos del óleo que están delante del

Señor de toda la tierra.

La visión es complicada: un candelabro con siete brazos o lámparas, que comunican por tubos

con un recipiente superior, y a la derecha e izquierda de éste, dos olivos que proveen de aceite el

recipiente. Las siete lámparas son los siete ojos de Yahvé, que observan la tierra (v.10); e.d., la

providencia minuciosa de Dios, que ahora se preocupa sobre todo del candelabro, que no es otro

que el templo de Jerusalén en construcción. Los dos olivos que proveen de aceite al recipiente,

que a su vez alimenta las lámparas del candelabro, son los dos protagonistas principales de la

reconstrucción del templo: Josué y Zorobabel El candelabro con siete lámparas corresponde a la

2588

piedra sobre la que hay siete ojos de 3:9. Es el símbolo del templo terminado. A Josué y a Zorobabel

se les llama hijos del óleo, e.d., ungidos, porque representaban la doble autoridad religiosa

y civil, y, como tales, son los ungidos del Señor.

Los v.6b-10a parecen desplazados, pues interrumpen la explicación de la visión del candelabro,

mientras que encajan bien a continuación del c.3, donde se habla de la edificación del

templo. Dios dice a Zorobabel que no son los medios humanos los que sólo cuentan para terminar

la gran obra de la reconstrucción del templo, sino el espíritu de Yahvé (v.6b). En 3:9 se decía

que sería Yahvé quien remataría la obra, poniendo la piedra cimera sobre la que descansaban los

siete ojos de su providencia. Ahora en 4:6b se continúa normalmente la misma ilación lógica.

Sin duda que las dificultades que se presentan para terminar la magna obra de la reconstrucción

de la casa de Dios son grandes, pero tendrán que allanarse ante -la decisión de Zorobabel:

¿Qué eres tú, montaña grande? (v.7). Los obstáculos a primera vista se levantan como una

montaña imponente infranqueable; pero, con la ayuda de Dios, todas las dificultades se desvanecerán:

Allánate (o tendrás que allanarte) ante Zorobabel, instrumento de la Providencia omnipotente

divina. Llegará el momento en que éste pondrá la piedra de remate y el pueblo prorrumpa

en aclamaciones de alegría: ¡Qué hermosa es, qué hermosa es! (v.7).

De este modo, el mismo Zorobabel, que había puesto los cimientos inmediatamente después

de la repatriación (año 538 a.C.), pondrá su piedra cimera (v.9). A pesar de los largos años

de interrupción por las dificultades puestas por las poblaciones vecinas, la obra está en vías de

inmediata terminación. Y entonces los que al principio de la reconstrucción se mostraban escépticos

sobre el éxito de la obra, dados los medios modestos con que se contaba (los que han despreciado

el día de las cosas o comienzos modestos, v.10), exultarán al ver en manos de Zorobabel

la piedra reservada o cimera, tan ansiosamente deseada.

1 En hebreo, “la piedra, plomo.” LXX: “piedra de plomo.” Un ligero cambio nos da la versión “piedra reservada” o separada.

5. Nuevas Visiones.

Visión del rollo volando (1-4).

1 Yo alcé de nuevo mis ojos y vi en visión un rollo volando. 2 Preguntóme él: ¿Qué

ves? Respondí: Veo un rollo de veinte codos de largo y diez de ancho que vuela. 3 El

entonces me dijo: Esto es la maldición que sale sobre la haz de la tierra, porque,

conforme a ella, todo ladrón será arrojado de aquí; conforme a ella, todo perjuro

será arrojado de aquí. 4 Yo la he desencadenado, dice Yahvé de los ejércitos, y caerá

sobre la casa del ladrón y sobre la casa del que en falso jura por mi nombre, y permanecerá

en medio de su casa hasta consumir maderas y piedras.

La visión, como conjunto, es clara en su simbolismo. El profeta ve en los aires un rollo volando

de diez metros de largo por cinco de ancho (veinte codos de largo por diez de ancho era la extensión

del recinto llamado santo en el templo). El número no parece tener ningún sentido alegórico.

Zacarías escogió este número según las dimensiones conocidas del santo del antiguo templo.

Como sacerdote, procura sacar sus símbolos de su ambiente cultual, como antes calcó la visión

del candelabro sobre el famoso candelabro del templo con siete brazos. Las dimensiones, pues,

del rollo volando se dan para indicar las grandes proporciones del mismo, lo suficientes para

llamar la atención. Ese rollo volando simboliza la maldición que sale sobre la tierra (v.3).

2589

El profeta, pues, concibe a la justicia divina como planeando sobre la tierra de Palestina

para descargar sus maldiciones sobre los ladrones y perjuros ! Entre los repatriados había muchos

que vivían al margen de la Ley de Dios, a pesar de las pruebas pasadas. Y por eso Dios

quiere purificar la tierra santa de todos los pecadores, que serán arrojados fuera. La maldición

caerá sobre la casa del ladrón,. (v.4) para arruinarla totalmente, consumiendo hasta sus maderas

y piedras. Será como una polilla, que todo lo consume lentamente.

La visión del “efa” volando (5-11).

5 Apareció el ángel que hablaba conmigo, y me dijo: Alza tus ojos y mira lo que aparece.

6 Yo dije: ¿Qué es? Y él me respondió: Es un “efá” que aparece, y añadió: Es

su iniquidad en toda su tierra. 7 Y vi que se alzaba una tapadera de plomo, y en medio

del “efá” estaba sentada una mujer. 8 El me dijo: Ahí tienes a la iniquidad, y la

echó en medio del “efá” y tapó su boca con la tapadera de plomo. 9 Yo alcé los ojos y

vi aparecer dos mujeres. Soplaba el viento en sus alas, que eran como alas de cigüeña,

y alzaron el “efá” entre la tierra y el cielo. 10 Yo dije al ángel que hablaba conmigo:

¿Adonde llevan el “efá”? n El me respondió: A hacerle casa en la tierra de Senaar

para prepararla y colocarla allí sobre su asiento2.

Nueva visión sobre la purificación del país de Yahvé. El profeta ve un efá en el aire (recipiente

de áridos de unos 39 1.); en él, según la explicación del ángel, va la iniquidad, figurada en una

mujer (v.7) que está acurrucada en ella. El ángel abre la tapadera de plomo para que el profeta la

contemple. Como ella hace ademán de querer salir, el ángel cierra de nuevo. Después aparecen

dos mujeres con alas como de cigüeña (V.9), que levantan el efá entre el cielo y la tierra y se lo

llevan a la tierra de Senaar o Babilonia (v.11), donde será depositado para quedar allí de modo

permanente. El simbolismo de la visión es claro, pues el mismo profeta nos da la clave para su

significado. La iniquidad va a desaparecer de la tierra santa para habitar en el sitio tradicional

del paganismo impuro, la Mesopotamia, de tristes recuerdos para los repatriados. La visión, pues,

continúa el pensamiento de la anterior, en cuanto que se urge la pureza ideal en que va a quedar

la tierra de Yahvé para que surja la nueva teocracia.

1 El texto griego dice, en vez de “el ladrón será arrojado,” “será castigado,” versión que prefiere D. Buzy (o.c., p.377)· — 2 El texto

hebreo es oscuro. La Bib. de Jér. traduce: “para preparar un zócalo donde lo colocarán.”

6. El Castigo de los enemigos de Israel.

Visión de los cuatro carros (1-8).

1 De nuevo alcé los ojos, y mirando una visión, vi cuatro carros que salían de entre

dos montes; los dos montes eran de bronce. 2 El primer carro tenía caballos rojos; el

segundo, caballos negros; 3 el tercer carro, caballos blancos, y el cuarto, caballos bayos,

todos muy veloces. 4 Entonces, hablando al ángel que conmigo hablaba, dije: Y

éstos, ¿qué son, mi señor? 5 El ángel respondió, diciendo: Esos son los cuatro vientos

del cielo, que vienen a presentarse al señor de toda la tierra. 6 El de los caballos negros

va al norte; el de los blancos, al occidente *, y el de los bayos, al mediodía. 7 Piafaron,

pues, los corceles, queriendo partir para recorrer la tierra, y él dijo: Id, recorred

la tierra. 8 Me llamó y me habló, diciendo: Los que van hacia el norte han cal2590

mado mi alma en la tierra del aquilón.

La visión es similar a la del c.1. El profeta ve cuatro carros con sus caballos respectivos que salían

entre dos montes (v.1), que bien pueden ser el de Sión y el de los Olivos, entre los que se

asentaba el santuario de Yahvé. Esos dos montes son de bronce, con lo que se indica su estabilidad

inconmovible. Los cuatro carros con sus caballos simbolizan los cuatro vientos, que están al

servicio del Señor de toda la tierra (ν.6) como dóciles ministros. Son una personificación de los

medios que tiene Dios para gobernar y controlar todos los confines del mundo. Como en el c.1

los caballos recorrían toda la tierra para informarse del estado de ella, aquí estos cuatro carros

son mensajeros de Dios a los cuatro vientos para cumplir sus órdenes.

En el v.6 se especifica la misión de cada uno según las cuatro direcciones, aunque falta el

grupo primero de los caballos rojos. Probablemente se perdió en el texto original, pues la construcción

de la frase del texto actual en el v.6 es extraña desde el punto de vista sintáctico2. Por

otra parte, los colores de los caballos no tienen valor alegórico, sino que son para distinguir los

distintos grupos, aunque el color negro, que se dirige al norte para llevar la mortandad y la ruina,

haya podido ser escogido intencionalmente por la relación del color negro y la muerte. La tierra

del aquilón es Mesopotamia, Babilonia, pues las invasiones asirías y babilónicas llegaron a Palestina

por el norte.

Los emisarios, pues, de Yahvé se fueron a esta región, calmando así su alma o ansia de

castigo. Babilonia aquí es el símbolo de las potencias enemigas del pueblo de Dios, que se oponen

a su rehabilitación y, sobre todo, a su esplendor de los tiempos mesiánicos. El fragmento es

apocalíptico y en él se halla en el fondo el juicio sobre las naciones que ha de preceder a la manifestación

mesiánica.

La coronación del sumo sacerdote Josué (9-15).

9 Llegóme la palabra de Yahvé, diciendo: 10Toma de los cautivos repatriados, de Jarim,

de Tobías y de Jedaya, y vete luego a casa de Josías, hijo de Sefanías. 11 Toma

de ellos plata y oro y haz una corona 3y ponía en la caheza de Josué, hijo de Jeosadac,

sumo sacerdote, 12y dile: Así habla Yahvé de los ejércitos, diciendo: He aquí

que el varón cuyo nombre es “Germen,” y del cual se producirá germinación,

13edificará el templo de Yahvé, se revestirá de majestad, se sentará y dominará en su

trono, y el sacerdote se sentará en su solio4, y habrá entre ambos consejo de paz. 14

La corona servirá a Jarim, Tobías y Jedaya de memoria en el templo de Yahvé. 15

Hombres de muy lejos vendrán a trabajar en la construcción del templo de Yahvé, y

sabréis que Yahvé de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Sucederá esto si escucháis

la voz de Yahvé, vuestro Dios.

El primer problema que se plantea al comentar esta perícopa es saber si lo que se refiere es una

nueva visión o un hecho simbólico real al estilo de los de Jeremías y Ezequiel. Los autores difieren

sobre el particular5. Por nuestra parte, creemos que se trata, como en casos anteriores, de

dramatizaciones ideales creadas por el profeta para expresar plásticamente sus ideas. Supuesto

esto, el conjunto de la escena no es difícil de explicar: Zacarías, por orden de Dios, pide a tres de

los repatriados — representación de la comunidad fiel venida del exilio — oro y plata para hacer

una corona que ha de ser colocada sobre la cabeza del sumo sacerdote Josué (v.11).

Después Zacarías, en nombre de Yahvé, presenta a un personaje descollante, al que llama

enfáticamente Germen, porque de él ha de surgir una germinación. Es Zorobabel, que tendrá por

2591

misión edificar el templo, participando de una dignidad real (se sentara y dominara en su trono,

v.13). Junto a él se sentará el sumo sacerdote, manteniéndose entre ambas autoridades (civil y

religiosa) un consejo de paz (v.13); será la plena armonización de las dos potestades. El sumo

sacerdote, por su parte, depositará la corona que le ofrecieron en el templo como exvoto y recuerdo

de sus tres donantes (v.14).

Tenemos, pues, en esta descripción detallada la exaltación del sumo sacerdote Josué, autoridad

religiosa, y de Zorobabel, autoridad civil. El hecho de que se haya puesto la corona sobre

la cabeza de aquél no quiere decir que se le atribuyera el carácter regio, ya que tiene que depositarla

inmediatamente en el templo de Yahvé, como exvoto de los repatriados. Por otra parte, las

prerrogativas que a continuación se atribuyen a Zorobabel indican que la autoridad civil quedaba

en manos de éste. Con la coronación, pues, sólo se quiere insistir sobre la dignidad del sumo sacerdote

dirigente de la vida religiosa de los repatriados y reorganizador del culto en el templo. Y,

por otra parte, el profeta destaca a Zorobabel como el Germen del que saldrá un día el Mesías,

esperanza de todos. En medio de las penurias de aquellos tiempos, estas visiones simbólicas de

Zacarías tenían la virtud de resucitar esperanzas, conforme a los antiguos vaticinios profetices en

lo tocante al resurgir definitivo de la nación.

1 Reconstrucción de D. Buzy. El TM dice: “después (o detrás) de ellos,” lo que no hace sentido paralelo en el contexto. — 2 Cf. D.

Buzy, o.c., p.391. — 3 El TM dice coronas, pero en el v.14 se habla sólo de una corona, — 4 El texto de los LXX dice “a su derecha.”

— 5 Sostienen la interpretación realista, entre otros, D. BUZY, o.c., p-394- Y.la visionaria, VAN HOONACKER, o.c., p.ózgs.

7. Invitación a la vida religiosa interior.

La Importancia del ayuno (1-7).

1 Sucedió que el año cuarto del rey Darío llegó la palabra de Yahvé a Zacarías, el día

cuarto del noveno mes, que es el mes de Casleu. 2 Y envió Bet-El Sareser a Reguem-

Melek con sus hombres para implorar el favor de Yahvé 3 y hablar con los sacerdotes

de la casa de Yahvé de los ejércitos y con los profetas, diciéndoles: ¿He de afligirme

yo el quinto mes y guardar la abstinencia como de tantos años lo he hecho? 4

Y llegó palabra de Yahvé de los ejércitos, diciendo: 5 Habla a todo el pueblo de la

tierra y a todos los sacerdotes, diciendo: Cuando hace setenta años ayunasteis el

quinto y el séptimo mes, ¿ayunasteis para mí? 6 Cuando coméis y bebéis, ¿no coméis

y bebéis para vosotros? 7 ¿No son ésas las palabras que proclamó Yahvé por medio

de los profetas primeros, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, y habitadas

las ciudades de en derredor suyo, el Negueb y la Sefela?

Los discursos de los c.7-8 están datados casi dos años después de las visiones de los capítulos

anteriores: el año cuarto de Darío., día cuarto del mes noveno (v.1), e.d., hacia el 517 a.C., en

los meses noviembre-diciembre. El c.7 se abre con una consulta que un judío 2 hizo a los representantes

de la vida religiosa (sacerdotes y profetas) sobre la obligatoriedad del ayuno del quinto

mes (ν.3), instituido para hacer luto por la destrucción de Jerusalén en 586 a.C. 3 Como había

terminado el exilio, parece que debían también darse por terminadas las manifestaciones de duelo.

Zacarías responde solemnemente al enviado en nombre de Dios, pero públicamente, para

que lo oigan todo el pueblo y todos los sacerdotes. Y recuerda a los consultantes no sólo el ayuno

que hacían setenta años atrás, el quinto mes, sino también el del séptimo mes, en memoria de

2592

la muerte de Godolías 4, gobernador de Judá, que había intentado reorganizar la nación bajo la

tutela de los babilonios. La respuesta es un tanto despectiva para la práctica del ayuno como tal.

En realidad, si en otro tiempo ayunaron los judíos, no era en beneficio de Yahvé, sino de ellos

mismos, como, cuando comen y beben, para ellos es el provecho, no para Yahvé: Cuando ayunasteis.,

¿ayunasteis para mí? Cuando coméis., ¿no coméis para vosotros? (v.6). La interrogación

es una invitación a reflexionar a los solicitantes sobre si, dadas las circunstancias actuales,

deben o no prescindir de los ayunos. Ya los profetas primeros habían hablado de la utilidad del

ayuno para los que lo realizaban, y esto subsiste aún, si bien ellos daban más importancia a las

disposiciones interiores del corazón respecto de Dios y del prójimo, como indica a continuación.

Beneficencia y misericordia, más importantes que el ayuno (8-14).

8 Y fue palabra de Yahvé a Zacarías, diciendo: 9 Así habla Yahvé de los ejércitos:

Juzgad conforme a verdad, practicad la piedad y la misericordia hacia vuestro prójimo;

10 no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero y al pobre; no maquinéis

el mal en vuestros corazones el uno contra el otro, n Pero no quisieron atender, y se

hicieron hombres rebeldes y endurecieron sus oídos para oír.12 Se hicieron un corazón

duro como el diamante, para no escuchar las enseñanzas y palabras que Yahvé

de los ejércitos les mandaba por medio de los profetas primeros, y estalló la gran indignación

de Yahvé de los ejércitos, 13 y sucedió que, así corno El los llamaba y ellos

110 quisieron oírle, llamaron luego ellos, y El no los oyó, dice Yahvé de los ejércitos,

14 y los dispersé entre todas las gentes que ellos 110 conocían, y tras ellos quedó la

tierra devastada, hasta no haber quien fuese ni viniese, y tornaron en desierto la tierra

deleitosa.

El profeta recuerda las causas de la gran catástrofe. Dios, por sus antiguos profetas, había dado a

entender que lo que más interesaba eran los sentimientos de amor y comprensión para los pobres

y desvalidos, y no las meras manifestaciones exteriores de culto y aun de penitencia. Pero las exhortaciones

de los antiguos profetas fueron en vano, y por ello vino la ruina de la nación 5. Siempre

los enviados de Dios urgieron el cumplimiento de los deberes ético-sociales en su mayor pureza.

Zacarías, pues, al declarar esto a sus contemporáneos, no hace sino colocarse en la línea de

los “primeros profetas,” orgullo de la nación y admiración de todos. En nombre de ellos pide de

nuevo que los caminos se dirijan hacia Dios y hacia el prójimo como mejor medio de propiciación,

muy superior al de los ayunos y penitencia.

1 El verso es oscuro en el original. Nuestra versión se ajusta lo más posible al TM. La Bib. de Jér. traduce: “Betel envió a Sereser con

sus gentes.” — 2 Algunos autores han pretendido ver en ese nombre un nombre babilónico, Bei-til-sar-usur, y en vez de Reguem-

Melek, siguiendo a la versión siríaca, algunos han leído Rabmag, que es título de oficial en el ejército (véase S. Bullough, Verbum

Dei, II S49b). — 3 Cf. Jer 52,c12s. — 4 Cf. Jer 41; 2 Re 25:253. — 5 Cf. Am 5:143; Miq 6:8; Is 1:16s; Jer 5:28; 21:12; Ez 8:18.

8. Amor de Yahvé por su Pueblo.

Promesas de bendición sobre Jerasalén (1-8).

!Y fue palabra de Yahvé de los ejércitos, diciendo: 2 Así habla Yahvé de los ejércitos:

Yo siento por Sión un amor extremado y un gran celo. 3 Así habla Yahvé de los

ejércitos: Yo me he vuelto hacia Sión y habitaré en Jerusalén, y Jerusalén será lla2593

mada la ciudad fiel, y el monte de Yahvé de los ejércitos, el monte santo. 4 Así dice

Yahvé de los ejércitos: Aún se sentarán en las plazas de Jerusalén ancianos y ancianas,

que por los muchos años llevarán en la mano su báculo. 5 Las calles de ; la ciudad

estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas. 6 Así dice Yahvé

de los ejércitos: Si esto es difícil a los ojos del resto de su pueblo en estos días, ¿lo

será también a mis ojos? dice Yahvé de los ejércitos. 7 Así habla Yahvé de los ejércitos:

Yo salvaré a mi pueblo de la tierra del levante y de la tierra del poniente, 8 y los

traeré y habitarán en Jerusalén, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios en verdad y

en justicia.

El profeta quiere insistir en el hecho de que los antiguos vaticinios punitivos han tenido ya su

cumplimiento y que llega la hora de la manifestación de la misericordia de Yahvé para con su

pueblo. En la formulación de estas promesas salvadoras, Zacarías depende de la literatura profética

l. Así anuncia la proximidad de una era de paz continuada, en la que los habitantes de Jerusalén

podrán llegar a edad avanzada; y aunque esto parezca difícil en las actuales circunstancias

(v.6), sin embargo, para Dios es muy fácil. Y recuerda a sus compatriotas las antiguas promesas

de salvación formuladas por los profetas: Yo salvaré a mi pueblo de la tierra del levante y de la

tierra del poniente. (v.7). Ha llegado la hora de la protección divina, que se manifestará de un

modo particular 2. De nuevo se formará el pueblo de Dios, con todo lo que esto implica en

cuanto a un derecho especial a gozar de su protección.

Exhortación al trabajo (9-17).

9 Así habla Yahvé de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, vosotros los que en

estos días oís las palabras de los profetas del tiempo en que fue cimentada la casa de

Yahvé de los ejércitos para que el templo fuera reconstruido, 10 porque antes de ese

tiempo no había ni para pagar a los hombres ni para pagar por las bestias, ni paz

alguna para el que entraba y salía a causa del opresor, pues yo había lanzado los

hombres unos contra otros. 11 Pero ahora yo no soy ya lo que era en los días antiguos

para el resto de este pueblo, 12 porque yo sembraré la paz. La vid dará su fruto,

y dará la tierra su rendimiento, y los cielos su rocío, y pondré al resto de este pueblo

en posesión de todo esto. 13 Y así como fuisteis la maldición de las gentes, ¡oh casa de

Judá y casa de Israel! así yo os salvaré y seré bendición. No temas y que se esfuercen

vuestros brazos, 14 porque así dice Yahvé de los ejércitos: Como pensé en haceros

mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Yahvé de los ejércitos, y no

me arrepentí, 15 así, volviéndome, he pensado en hacer bien a Jerusalén y a la casa

de Judá en estos días; no temáis. 16 He aquí lo que vosotros habéis de hacer: hablar

cada cual verdad a su prójimo, juzgar en vuestras puertas conforme a verdad y justicia,

(sembrando) la paz; 17 no maquinar nadie en su corazón el mal de su prójimo

ni jurar en falso, porque todas estas cosas me son abominables, dice Yahvé.

El profeta proclama a sus compatriotas que las promesas de salud ya han comenzado a cumplirse.

El hecho de que el templo haya comenzado a reconstruirse es una prueba de ello. Por eso los

felicita y exhorta a continuar en el camino emprendido, recordándoles que no fueron fallidas las

promesas de los profetas contemporáneos, cuando empezó a cimentarse la casa de Yahvé (V.9),

alusión al primer intento de reconstrucción a raíz del retorno (537 a.C.). Ahora el templo de

Yahvé surge de sus ruinas, lo que es un buen augurio para todos.

2594

Los tiempos pasados han sido duros, pues no había nada con qué pagar los servicios de

los hombres y de las bestias (v.10), y, sobre todo, no había tranquilidad para los trabajos. Ahora

se abre una nueva etapa más próspera, pues Yahvé cambiará la antigua maldición en bendición:

habrá abundancia de frutos de la tierra, y el pueblo podrá disfrutarlos en tranquilidad

(ν.13). Hubo un tiempo en que el pueblo escogido fue la maldición de las gentes (ν.13). El castigo

que cayó sobre él fue enviado por Dios para mantener las exigencias de su justicia; ahora llega

la hora de la misericordia (v.15). Pero es preciso cumplir la justicia y la equidad con el prójimo,

como habían predicado los antiguos profetas (v.16).

Cesación del ayuno (18-19).

18 Fue me dirigida la palabra de Yahvé de los ejércitos, diciendo: 19 Así dice Yahvé

de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo,

y el ayuno del décimo se tornarán para la casa de Judá en gozo y regocijo y en

festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz.

Propiamente ahora se da respuesta a la consulta de 5:75. Ha pasado la hora del duelo y de los sufrimientos

y se abre la de la reconciliación con Dios; por tanto, los ayunos deben cesar y ser sustituidos

por muestras de gozosa alegría. El ayuno del cuarto mes recordaba la toma de Jerusalén

por los caldeos 3; el del quinto, la destrucción por los mismos; el décimo, el principio del asedio,

y el del séptimo, la muerte de Godolías. Todas esas efemérides de luto debían cambiarse en días

de alegría por la restauración. La finalidad de las palabras del profeta era levantar los ánimos y

exhortar a continuar las obras con ilusión.

La vocación de las gentes (20-23).

20 Así dice Yahvé de los ejércitos: Aún vendrán pueblos y moradores de muchas

ciudades, 21 y los moradores de la una irán a los moradores de la otra y les dirán:

Vamos a implorar el favor de Yahvé y a buscar a Yahvé de los ejércitos. Yo también

voy. 22 Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a Jerusalén a buscar a Yahvé

de los ejércitos y a implorar el favor de Yahvé. 23 Así dice Yahvé de los ejércitos: En

aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las gentes cogerán de la orla (del

manto) a un judío, diciéndole: Nos vamos con vosotros, porque hemos oído que con

vosotros está Dios.

La perspectiva del profeta se abre hacia un horizonte luminoso universalista. Viene la hora de la

plena glorificación del Dios de los judíos. Como en Is 2:1-4, Sión se convertirá en el centro de

atracción de todos los pueblos. Los judíos serán envidiados por ser el pueblo escogido de Dios, y

por eso los gentiles se acercarán a éstos como seres privilegiados, pidiendo participar del culto al

verdadero Dios: Hemos oído que con vosotros está Dios (v.23). No se podía ofrecer vaticinio

más consolador para aquellos pobres contemporáneos de Zacarías, que con la mayor penuria y

con el desprecio y hostilidad de las poblaciones gentiles levantaban penosamente los muros del

templo. El profeta quería hacerles ver que las antiguas promesas anunciadas por los grandes

mensajeros de Dios tenían aún vigencia, y que, aunque el retorno y reconstrucción del país devastado

no había ido al ritmo que idealmente aquéllos habían anunciado, sin embargo, la sustancia

de sus vaticinios se realizará, y Jerusalén será realmente el centro y punto de convergencia

de todos los pueblos.

2595

1 Cf. Is 1:26; Jer 31:23; Ez 7:9. — 2 Cf. Jer 30:10.22; 31:75; 32:375. — 3 Cf. Jer 39:2; 52:6-7.

9. La salvación de los tiempos mesiánicos.

Destrucción de los enemigos de Judá (1-8).

1 Oráculo. Palabra de Yahvé. En la tierra de Jadrac y de Damasco será su morada,

porque de Yahvé son las ciudades de Aram i y todas las tribus de Israel. 2 Jamat será

también comprendida en el territorio de ése, así como Tiro y Sidón, que son tan

sabias. 3 Tiro se ha construido un baluarte, y amontonó la plata como el polvo, y el

oro como el lodo de las calles,4 Pero he aquí que el Señor se apoderará de ella y

aplastará en el mar su fortaleza, y quedará consumida por el fuego. 5 Al ver esto se

aterrará Ascalón; Gaza estará en extremo dolor, lo mismo que Ecrón, porque sus

esperanzas fallaron. No habrá ya rey en Gaza, y Ascalón no será habitada. 6 En Azoto

habitará el espúreo, y aniquilaré la soberbia de los filisteos 7 y les quitaré de la

boca su sangre y de entre los dientes sus abominaciones, y serán también un resto

perteneciente a nuestro Dios y como una familia de Judá; y Ecrón tendrá la suerte

del jebuseo. 8 Yo pondré en mi casa guarnición de los que entran y salen, y ya no pasará

opresor alguno contra ellos, porque ahora velaré yo con mis ojos.

Este oráculo se centra en torno a la realización mesiánica. Las fronteras del pueblo israelita se

ampliarán hasta comprender territorios de Siria y Filistea. El profeta, en su formulación, se inspira

en antiguos oráculos proféticos en los que se habla de la sumisión de loa territorios de los tradicionales

enemigos de Israel al Rey mesiánico. Zacarías, pues, se sitúa en la misma perspectiva

mesiánica, y anuncia que Yahvé tendrá su morada en Damasco2, pues todas las ciudades de

Aram le pertenecen (v.1), juntamente con las tribus de Israel. Al mencionar las ciudades, el profeta

desciende desde Damasco por Fenicia (Tiro y Sidón) hasta Filistea, según el itinerario normal

de las invasiones asirías y caldeas.

El oráculo contra Tiro y Sidón está inspirado en Ez 27. Las dos grandes metrópolis fenicias,

a pesar de parecer inexpugnables por su posición geográfica y su poder comercial, caerán

en manos de Yahvé omnipotente. Ante su ruina sentirán pavor las ciudades filisteas, Gaza, Ascalón,

Ecrón y Asdod. La frase Ecrón tendrá la suerte del jebuseo (ν.7) parece desplazada y encaja

mejor en el v.5. Los jebuseos, habitantes de Jerusalén, fueron suplantados por David al ocupar la

colina de Sión, donde estableció la capital de su reino 3. Aquí se anuncia que los filisteos serán

vencidos, y el espúreo, o advenedizo 4, habitará en su territorio (v.6). Pero hasta los mismos filisteos,

después de haber sido humillados, serán incorporados al pueblo de Dios, si bien antes deben

ser purificados de su sangre (vertida de inocentes) y abominaciones (v.7), o prácticas idolátricas.

De este modo constituirán también un resto perteneciente al Dios de Israel, pudiendo vivir como

una familia de Juda. Es el anuncio de la nueva teocracia. Yahvé se encargará de que la nueva

sociedad viva en perpetua tranquilidad: Yo pondré en mi casa guarnición de los que entran y salen

(v.8). El templo de Jerusalén será custodiado por gentes del país que entran y salen, sin necesidad

de guardia especial, ya que todos los ciudadanos del país se considerarán guardianes del

recinto sagrado. Este estado de cosas durará indefinidamente, ya que no pasará opresor contra

ellos (v.8), como en los tiempos antiguos, pues Jerusalén estará bajo la inmediata protección de

Yahvé: Velaré yo con mis ojos.

2596

El Rey manso y pacífico (9-10).

9 Alégrate sobremanera, hija de Sión, Grita exultante, hija de Jerusalén. He aquí

que viene a ti tu Rey, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en un pollino

hijo de asna. 10 Extirpará los carros de Efraim y los caballos en Jerusalén, y será roto

el arco de guerra, y promulgará a las gentes la paz, y será de mar a mar su señorío

y desde el río hasta los confines de la tierra.

En un momento de desbordado optimismo, el profeta contempla la gloria del futuro reino bajo la

égida de un misterioso Caudillo: Alégrate sobremanera, hija de Sión., hija de Jerusalén (v.8).

Como en otros casos, la expresión hija de Jerusalén., de Sión, designa, por metonimia, a los

habitantes de la Ciudad Santa, morada de Yahvé. Aquí el profeta se dirige directamente a ella,

invitándola a alegrarse sin medida, porque se han colmado todas sus esperanzas. A la vista está

su Rey, justo y salvador; pero no viene jactancioso, como los grandes conquistadores guerreros,

sino que avanza humilde, montado en un asno (v.8), en un supremo gesto de paz y mansedumbre

5.

Su entrada triunfal en la Ciudad Santa señala el término de las guerras: extirpará los carros

de Efraim (tribu famosa por su carácter belicoso) y los caballos en Jerusalén (v.10). Los

profetas habían aconsejado la confianza en Yahvé como medio de librarse de las guerras, y

no aprobaban la política de acumular medios de guerra como las demás naciones. Ahora Zacarías

anuncia la era mesiánica, en la que desaparecerá todo instrumento bélico: será roto el arco de

guerra. Es el eco de la profecía de Is 9:5: “Han sido echados al fuego y devorados por las llamas

los zapatos jactanciosos del guerrero y el manto manchado en sangre.” El Mesías establecerá su

reinado en la paz total que promulgará a las gentes o naciones paganas. Su imperio se extenderá

de mar a mar (del mar Muerto al Mediterráneo) y desde el río (Eufrates) hasta los confines de la

tierra, o lejano occidente 6.

El fragmento es claramente mesiánico, y en él se nos presenta al Rey-Mesías de un modo

insólito en el A.T., ya que, en lugar de manifestarse arrogante y dominador como un conquistador

oriental, entra en su ciudad con el continente manso y modesto. Sólo en los vaticinios sobre

el Siervo de Yahvé encontramos algo semejante. Es un nuevo rasgo profético que concreta mejor

el carácter del Mesías. Las revelaciones mesiánicas del A.T. se van completando y aun corrigiendo

sucesivamente, conforme al mayor o menor grado de luz profética recibida.

La tradición judía estaba desconcertada ante este vaticinio de Zac 9:9-10, pues los judíos,

en su mentalidad materialista, no podían comprender a un Mesías venciendo y triunfando pacíficamente

con su modestia y humildad; por eso, al entrar Jesús en Jerusalén en un asno, no supieron

relacionar su misterioso acto con dicha profecía.

Los evangelistas son unánimes en ver en el acto de Jesús el cumplimiento literal del vaticinio

de Zacarías7. La tradición cristiana es unánime en el mismo sentido 8. Por otra parte, el

universalismo del reino inaugurado por el Rey pacífico está en consonancia con las mejores profecías

mesiánicas del A.T. Sólo en Jesucristo se cumplió esta profecía literalmente, pues con su

humildad, modestia y mansedumbre puso los fundamentos de un reino basado en la paz y el

amor. La Iglesia es la continuación de su obra, y su poder se extiende hasta los confines de la

tierra.

La victoria total de Judá (11-17).

11 Υ en cuanto a ti, por la sangre de tu alianza, yo solté a tus cautivos de la fosa sin

2597

agua. 12 Volved, cautivos, a la fortaleza, llenos de esperanza, y yo te restituiré la gloria

al duplo.13 Porque he tensado para mí a Judá, y he puesto en el arco a Efraím; y

blandiré tus hijos, ¡oh Sión! contra tus hijos, ¡oh Ya van! y te convertiré en espada

de héroe. 14 Y aparecerá sobre ellos Yahvé y lanzará sus dardos corno rayos, y el

Señor, Yahvé, hará sonar la trompeta, y marchará entre los torbellinos del austro. 15

Yahvé de los ejércitos los protegerá, y las piedras de la honda devorarán la carne 9,

y beberán la sangre como se bebe el vino; quedarán llenas como vaso de libación y

como los cuernos del altar. 16 Y los salvará Yahvé aquel día como a rebaño de su

pueblo, como piedras de diadema brillantes sobre su país 10. 17 ¡Qué ricos son! ¡Qué

hermosos son el trigo que nutre a los mancebos, y el vino que nutre a las doncellas!11

En el fragmento anterior se proclamaba la paz universal inaugurada por el Rey pacífico. Aquí la

atención se centra en torno al triunfo sobre los enemigos de Judá que ha de preceder a la inauguración

mesiánica. Yahvé se presenta como libertador de los cautivos (v.11) e invita a los liberados

a tomar posición en la. fortaleza, Sión, desde la que se dirigirá la batalla contra los enemigos

de Judá. Yahvé ha salvado a su pueblo porque se sentía obligado por la sangre de la alianza

del Sinaí12. Allí se habían ratificado las promesas hechas a Abraham, que habrían de tener su

pleno cumplimiento en los tiempos mesiánicos.

Después de esta afirmación de principio, el profeta describe el combate de Yahvé y los

suyos contra los enemigos de Sión: He tensado para mí a Judá (como un arco para el ataque) y

he puesto en el arco a Efraím (como una flecha que va a ser lanzada al enemigo). Yahvé va a

poner en tensión a Judá y Efraím, utilizando a todos sus habitantes como soldados de su ejército:

y blandiré tus hijos, ¡oh Sión! y te convertiré en espada de héroe (v.13b). Los habitantes de Sión

y Efraím son comparados a una espada de héroe invencible, que se revuelve y blande contra los

enemigos sin descanso. La frase contra tus hijos, ¡oh Yavan! es considerada como glosa de un

redactor posterior, que ha querido actualizar la antigua profecía aplicándola a los griegos. De

hecho recarga el ritmo en el contexto.

La profecía está concebida en términos genéricos apocalípticos, sin concretar el enemigo.

Yahvé sale valedor de los intereses de su pueblo, haciendo fulminar sus dardos como rayos y

dirigiendo la batalla contra los enemigos de Judá en general. Es el juicio punitivo sobre las naciones

que ha de preceder a la manifestación mesiánica. Yahvé, como un guerrero, lanzará las

piedras de la honda, que harán mella en la carne del enemigo y se empaparán de sangre, como

queda impregnado el vaso de libación y los cuernos del altar (v.15) ungidos con la sangre de la

víctima 13. La batalla se termina con la victoria total sobre los enemigos; Judá quedará bajo el

patronato inmediato de Yahvé, que lo guardará como a un rebaño y lo conservará como a piedras

de diadema brillantes, objeto de suma predilección.

De este modo surgirá una nueva generación llena de juventud y vigor: Qué hermoso el

trigo que nutre a los mancebos, y el vino que nutre a las doncellas! (ν.17). Con la bendición divina,

los campos redoblarán su fertilidad, y entonces la tierra sustentará a una nueva juventud,

esperanza de la nación. El profeta desborda su optimismo al contemplar en espíritu a las nuevas

generaciones, que crecen sin temor y en la abundancia bajo la protección de Yahvé.

1 El TM dice lit. “los ojos del hombre,” que no hace sentido. Un ligero cambio nos da ciudades de Aram, que encaja perfectamente en

el contexto. — 2 Jadrac suele identificarse con el Hatarika de las inscripciones cuneiformes (así Schra-DER: ΚΑΤ 453) o Hazrak

de las inscripciones arameas (cf. RB 1907 p.556); Jamat es la actual Hamat, en la Alta Siria. — 3 Cf. 2 Sam s,6s; 1 Re 9:205. — 4

La palabra hebrea mamzer, que, siguiendo a Hoonacker, traducimos por espúreo o advenedizo, puede ser nombre etnográfico desconocido.

Peiser ha creído ver en la palabra hebrea una analogía con otra asiría, equivalente a “bestia salvaje.” Entonces el sentido

sería: “haré habitar en Asdod a las fieras.” — 5 El asno, como cabalgadura, es un signo de modestia, pues aunque en el A.T. aparece

el asno como cabalgadura de los hijos de Gedeón (Jue 5:10; 10:4) y del mismo Salomón en el día de su coronación (i Re

2598

1:33.38), sin embargo, en la época de Zacarías, el caballo brioso era la cabalgadura propia de los reyes. En nuestro texto, la frase

poZh'no hijo de asna es redundancia literaria. San Mateo, citando libremente a los LXX, los pone por separado (Mt 21:5)” como

dos animales distintos. — 6 Cf. Sal 2:8; 72:8; Miq 5:4- — 7 Cf. Mt 21:2-7; Mc 11:2-7; Lc 10:30-35; Jn 12:14-15, Ln Mateo y

Juan se dice la fórmula consagrada de citación “para que se cumpliera lo dicho por el profeta.” — 8 Cf. Justino, Apol. 1:35: PG

6:383; Dial, con Trif. 53: PG 6:591; San Cipriano, Testim. 2:29: PL 4:749; Eusebio, Demomtr. Christ. 9:17: PG 22:707; San Crisóstomo,

Adv. lud. et Gentes 4: PG 48:818; fiomií. 66(67) inMatth. 20,29.30: PG 58,627; San Jerónimo, Comm. tn Matth. 3:21:

PL 26:152. — 9 Así según la reconstrucción de Hoonacker. E verso es oscuro. Bib. de Jér.: “echarán a sus pies las piedras de la

honda, beberán la sangre como vino y serán saciados como los cuernos del altar.” — 10 Así siguiendo a la Bible de Jérusalem.

11 Bib. de Jér.: “¡Qué dicha, qué belleza! El trigo hará crecer a los jóvenes, y el vino dulce a las doncellas.” — 12 Cf. Ex sang; V-

.I. HX 24:5S. — 13 Los que no admiten esta reconstrucción de Hoonacker interpretan el “beberán la gre como se bebe el vino.”

aplicándola a los judíos, que se saciarán de sangre en el día de la venganza. La imagen es fuerte y salvaje, pero en consonancia

con la mentalidad nacionalista del pueblo israelita del A.T.

10. El Ejército de Yahvé.

Yahvé9 fuente única de bienestar para Judá (1-5).

1 Pedid a Dios la lluvia en la primavera; es Yahvé quien forma los relámpagos, y el

que dispensa la lluvia abundante y a cada uno la verdura de los campos. 2 Porque

los “terafim” dan vanos oráculos y los adivinos tienen mentirosas visiones, y no son

sino sueños vacíos lo que dicen, y consuelos vanos los que prodigan. Por eso se fueron

como rebaño de ovejas, apremiados porque no tenían pastor. 3 Se encendió mi

cólera contra los pastores y castigué a los machos cabríos, pues Yahvé de los ejércitos

ha visitado su rebaño, la casa de Judá, y ha hecho de él su caballo de honor en la

batalla, 4 y a su orden saldrá la tropa y los portadores de estacas y arcos de guerra, y

los jefes todos juntos se pondrán en campaña. 5 Y serán como héroes que pisan el

lodo de las calles en la batalla; combatirán, porque con ellos será Yahvé, y avergonzarán

a los que van sobre caballos.

El v.1 parece continuar la idea de 9:18, donde se habla de la fertilidad de la tierra en los tiempos

mesiánicos. Aquí el profeta quiere destacar que toda la feracidad de los campos se debe a Yahvé,

que envía la lluvia a su tiempo y domina las fuerzas atmosféricas (v.1). En consecuencia, invita a

que confiadamente se dirijan a Él, pidiéndole su bendición sobre los campos.

El v.2 parece un calco de oráculos proféticos preexílieos, pues no es probable que en

tiempos de Zacarías los judíos tuvieran sus teraflm, o dioses domésticos. El destierro había servido

para purificar el alma israelita de su tendencia atávica a la idolatría. Ya hemos dicho antes

que Zacarías depende mucho, en la formulación de sus oráculos, de los profetas anteriores.

También el v.3 parece un calco de vaticinios anteriores. Yahvé proclama que ha castigado

a los principales responsables (pastores y machos cabríos) que descarriaron a su rebaño, el

pueblo de Israel. Pero después vendrá la intervención de Yahvé, que recogerá a su rebaño (la casa

de Judá) y se servirá de él como de un caballo de honor en la batalla para dirigir el gran combate

contra los enemigos. El pueblo israelita se organizará como un ejército a las órdenes de

Yahvé, que hará salir al combate a los portadores de estacas y los arcos de guerra (tropas selectas)

con sus jefes, que saldrán a campaña. Y avanzarán victoriosos sobre los enemigos, pisándolos

como el lodo de las calles (ν.6), sin que de nada puedan servirles a aquéllos sus briosos caballos

de guerra.

Rehabilitación de Judá (6-12).

6 Fortaleceré a la casa de Judá y salvaré a la casa de José;los estableceré porque

2599

tengo compasión de ellos, y serán como si no los hubiera rechazado, porque yo,

Yahvé, soy su Dios y los escucharé. 7 Los de Efraím serán como héroes, y su corazón

estará alegre como por el vino; sus hijos lo verán y se gozarán, y su corazón se regocijará

en Yahvé. 8 Yo les silbaré y los reuniré, porque los he rescatado, y se multiplicarán

sin cesar2. 9 Yo los había dispersado entre los pueblos, pero desde lejos se

acordarán de mí y vivirán con sus hijos y volverán 3. 10 Yo los reconduciré de la tierra

de Egipto, y los reuniré de Asur, y los traeré a la tierra de Galaad y del Líbano,

y no les bastará. 11 Tan estrechos estarán, que pasarán el mar, y en el mar herirán

las olas, y se secarán las profundidades de los ríos, y será abatida la soberbia de

Asur, y Egipto perderá su cetro. 12 Yo los fortaleceré en Yahvé, y ellos marcharán en

su nombre.

Este fragmento tiene mucho de parecido con antiguas profecías preexílicas, y por ello, no pocos

autores sostienen que este vaticinio, como otros del libro de Zacarías, son oráculos antiguos recopilados

por un redactor posterior, que los reunió con otros del profeta Zacarías. La mención de

Asiría y de Egipto (v.11) da pie para esta suposición. No obstante, bien pudo Zacarías utilizar

fragmentos anteriores proféticos, adaptándolos al auditorio y necesidades de su tiempo. En este

caso, los nombres de Asiría y Egipto (los tradicionales enemigos de Israel) serían nombres ficticios

para designar a los enemigos de Israel en general.

En todo caso, la idea central del vaticinio es que Yahvé resucitará a Judá como nación

(v.6) y volverán todos los dispersos entre las naciones, conducidos por Yahvé como supremo

Pastor: los silbaré y reuniré, porque los he rescatado (v.8). El recuerdo del exilio es un tópico en

la literatura profética posterior. Es la hora del castigo purificador del pueblo elegido, pero también

el preludio de su nueva era venturosa. Se acercan los tiempos mesiánicos, en que los repatriados

no encontrarán cabida, no sólo en la tierra de Canaán, pero ni aun en los países vecinos de

Galaad y Líbano (v.10); y, por tanto, tendrán que expandirse más allá del mar, que se secará a su

paso, como en otro tiempo se secó el mar Rojo, y los grandes imperios, enemigos de Israel, dejarán

de existir (v.11). Los israelitas triunfarán sobre todos sus enemigos, porque gozarán de la

protección cíe su Dios (v.12).

1 Este verso es oscuro y muy diferentemente traducido; Bib. de Jér.: “De él van a salir Punta y Estaca (jefes del pueblo), de él el arco

guerrero, de él todos los jefes.” — 2 Otros traducen: “serán numerosos como lo eran” (Bib. de Jér.). — 3 El texto de los LXX:

“educarán a sus hijos”; versión seguida por laBiblede Jérusakm.

11. Anuncios de Castigo.

El juicio vengador de Yahvé sobre las naciones paganas (1-3).

1 ¡Abre, Líbano, tus puertas, que el fuego devora tus cedros 2 Gime, ciprés, porque

ha caído el cedro, porque han sido abatidos los poderosos. ¡Gemid, encinas de Basan,

porque es destruido el bosque impenetrable! 3¡Oyense lamentos de pastores por

la ruina de sus riquezas! Oyense rugidos de leones por la ruina de la gloria del Jordán!

La ruina de los grandes imperios es dramatizada de modo solemne en este bellísimo oráculo punitivo.

Ha llegado la hora del castigo divino sobre los opresores que parecían omnipotentes. El

Líbano es símbolo de las grandes potencias x enemigas de Israel, porque con sus majestuosos ce2600

dros parecía simbolizar el orgullo y la insolencia entre los demás árboles modestos (pequeñas

naciones). Ahora el profeta, en nombre de Yahvé, invita al llanto al Líbano, porque el fuego va a

hacer presa de su colosal bosque. El mismo ciprés (hermano menor del cedro) debe sentirse

amenazado al ver al rey de la selva (el cedro) caer abatido.

Las encinas de Basan (símbolo también de la robustez) deben sentirse amenazadas por el

incendio que se va a declarar en el Líbano: Gemid, porque es destruido el bosque impenetrable

(v.2). La ruina es general, y hasta la gloria del Jordán (v.3), la frondosidad exuberante que rodea

al Jordán, sentirá el paso de la mano vengadora efe Yahvé. Como consecuencia, los pastores entonan

lamentos desoladores al ver perdidas sus praderías, fuente de sus riquezas. Y hasta los leones

que viven en la tupida maleza del Jordán (gloria del Jordán) lanzarán rugidos desesperados

al perder sus habituales guaridas 2.

Con todos estos símbolos (cedros del Líbano, encinas de Basan y leones del Jordán) parece

que el autor quiere dar a entender la ruina de las naciones enemigas de Israel. No obstante,

algunos autores prefieren ver en este fragmento una alusión al castigo que espera a los dirigentes

responsables de la ruina de Judá, los pastores y machos,Cabríos a que se alude en 10:3 3.

La alegoría del profeta pastor (4-14).

4 Así dice Yahvé, mi Dios: Apacienta las ovejas para el matadero, 5 las que matan los

compradores impunemente, mientras sus vendedores dicen: ¡Bendito sea Yahvé,

que me ha enriquecido ! sin que los pastores tengan piedad de ellas; 6 porque no

tendré yo piedad de los moradores de la tierra, dice Yahvé, porque yo mismo entregaré

a las gentes, cada uno en manos de su pastor y en las manos de su rey, y éstos

devastarán la tierra, y yo no la libraré de sus manos. 7 Hícerrie, pues, pastor del rebaño

de la matanza para los compradores del rebaño, y tomé dos cayados, dando al

uno por nombre “benevolencia” y al otro “unión” y me puse a apacentar el rebaño. 8

En un mes hice desaparecer a tres pastores. Entonces tomé aversión del rebaño, el

cual se hastió de mí, 9 y dije: No os apacentaré ya más; la que muera, que muera; la

que se pierda, que se pierda, y las que queden, que se coman unas a otras. 10 Tomé

luego mi cayado “benevolencia” y lo rompí, para deshacer el pacto que había concertado

con todos los pueblos, 11 y quedó deshecho en ese día, y los mercaderes de

ovejas que me observaban conocieron que aquello era cosa de Yahvé. 12 Yo les dije:

Si queréis, dadme mi salario, y, si no, dejadlo; y me pesaron mi salario, treinta monedas

de plata. 13 Y Yahvé me dijo: Tira al tesoro el rumboso precio en que te han

apreciado. Y tomando las treinta monedas de plata, las tiré en la casa de Yahvé al

tesoro 4. 14 Rompí luego el otro cayado, “unión,” para romper la hermandad entre

Judá e Israel.

Esta profecía ha sido calificada por algún autor como la más “enigmática del A.T.” El profeta

debe hacer el papel de buen pastort representando a Yahvé; pero, en realidad, su misión, en vez

de ser de benevolencia, es de justicia. El pueblo israelita es comparado a un rebaño destinado al

matadero, sin que nadie tenga piedad de él: los compradores matan sus ovejas impunemente; los

vendedores se alegran de su ganancia, y los mismos pastores no sienten compasión por ellas

(v.4-5). El profeta debe presentarse como pastor de este rebaño destinado al matadero.

Yahvé entregará a las gentes del país en manos de pastores y reyes, que los tratarán como

reses destinadas al degüello, sin compasión alguna (v.6). Y Yahvé no les prestará auxilio: no los

libraré de sus manos. El profeta, como emisario de Yahvé, se presenta como el pastor del reba2601

ño de la matanza (es decir, del pueblo judío, destinado al sacrificio). Como pastor, tomó dos cayados

5, que con sus nombres simbolizan la misión de benevolencia hacia las ovejas y de unión

entre ellas que debiera en principio mantener. Yahvé le había establecido para ser pastor cuidadoso

de su rebaño, que debe mantener unido; pero las circunstancias exigen que su misión de

benevolencia y unión sea cambiada en una misión justiciera de castigo, como a continuación se

indica.

El v. 8 es sumamente enigmático y ha sido muy diversamente interpretado. Los tres pastores

que desaparecen en un mes en virtud de la intervención del pastor-profeta, representante de

Dios, al castigar a su pueblo, parecen ser los dirigentes indignos de Judá en general. El número

tres sería, pues, meramente simbólico. Quizá el hagiógrafo, al redactar esta profecía, haya pensado

en la narración de Jer 22:6s, donde se habla de pastores que serán aventados a la cautividad.

Justamente en este capítulo de Jeremías aparecen los símiles del Líbano, Galaad y Basan 6 para

designar a la clase directora, responsable de la catástrofe de Judá.

Por otra parte, se habla en este mismo capítulo de tres reyes de Judá que serán castigados

por Yahvé: Joacaz, deportado a Egipto, donde morirá; Joaquim, que no tendrá sepultura real, y

Jeconias, que será llevado en cautividad. Zacarías, pues, bien pudo calcar su profecía sobre la de

Jeremías, de cuyo profeta depende frecuentemente en la formulación de sus oráculos7. En ese

caso, los tres pastores serían, pues, los dirigentes depravados de Judá, que no se preocupan de su

grey y venden sus ovejas para el matadero. El término de un mes dado para la desaparición de los

pastores hay que tomarlo también simbólicamente por un breve lapso de tiempo 8.

Por la mala conducta, el profeta-pastor, representante de Yahvé, sintió aversión hacia el

rebaño, y a su vez el rebaño se desentendió de su verdadero Pastor (v.8b). Consecuencia de ello

es que el profeta-pastor abandona el cuidado de su grey, dejándola a su suerte: la que muera, que

muera. (v.8), alusión a la ruina de Judá, que culminó en la cautividad babilónica. El autor está

trabajando con datos históricos, adaptándolos a la situación presente. El profeta-pastor, que tenía

por misión apacentar normalmente a su grey con los cayados de la benevolencia y de la unión

para protegerla, los rompió (v.10), renunciando así a su misión de pastor, guardián, y convertirse

en juez castigador de su grey.

Como profeta-pastor, debía atraer a sus ovejas (Judá e Israel) a Dios con la benevolencia

y la unión o conciliación; pero ante la falta de correspondencia de los componentes de su grey,

tan cuidadosamente guardada, se desentiende de ella y la abandona a su suerte, rompiendo el

pacto sellado con los pueblos o naciones gentiles, en el que había concertado que 110 atacaran a

Judá. Desde entonces el pastor se comporta como un mercenario, que pone en venta sus ovejas,

diciendo a los mercaderes: si queréis, dadme mi salario, y si no, dejadlo (v.12). Es de notar el

tono displicente del pastor-profeta. Sólo le interesa liquidar de cualquier modo para verse libre

del oficio de pastor de su rebaño. Las deja a cualquier precio, sin apelar a estipulaciones anteriores.

Los mercaderes le dan lo equivalente al precio de un esclavo: treinta monedas de plata

(v.12) 9. El evangelista San Mateo ve en este número una semejanza con las treinta piezas de

plata, o siclos, por los que Judas vendió a Jesús, y ve en ello el cumplimiento de una antigua profecía,

que cita libremente juntamente con otra de Jeremías, al que atribuye todo el vaticinio 10. El

texto es clásico para ver la libertad con que los autores del Ν. Τ. argumentan al aducir textos del

A.T. En nuestro caso, la relación entre el texto de Zacarías y el del Evangelio puede establecerse

apelando al sentido típico o al acomodaticio, que utiliza muchas veces San Mateo n. El evangelista

relaciona el campo del alfarero, comprado con las treinta piezas de plata de Judas, con lo

que se dice en Zac 11:13: Tira al alfarero (según el TM) el rumboso precio en que te han apre2602

ciado. Es una mera relación de semejanza, basada en el nombre de alfarero, que en realidad en el

contexto de Zacarías aparece totalmente extraño.

Creemos que debe adoptarse la lectura de tesoro, que encaja mejor con la casa de Yahvé

del v.15b. El templo era también el depósito del peculio público y de los individuos en los tiempos

posexílicos. En la frase de Yahvé al pastor-profeta hay un deje de ironía: Tira al tesoro (de la

casa de Yahvé) el rumboso precio en que te han apreciado. La labor del pastor ha sido pagada

con el bajo precio de un esclavo (treinta monedas de plata). No merece, pues, que conserve esa

exigua e insultante cantidad, y, por tanto, debe entregarla al erario público. Naturalmente, todo

esto es simbólico, y significa la ingratitud del pueblo israelita para con su pastor-profeta,

que hacía las veces de su Dios.

Israel no ha querido ser gobernado con el cayado de la benevolencia, y lo será con el de

la justicia. Por otra parte, la consecuencia de su defección de Yahvé ha sido la separación de las

doce tribus en dos reinos, Israel y Judá. El pastor-profeta, para indicar esta separación, rompió

su cayado llamado unión (v.14). Con esto se quiere decir contundentemente que Yahvé se desentiende

de su pueblo como Pastor.

El pastor insensato (15-17).

15 Y Yahvé me dijo: Hazte también el pastor insensato, 16 pues he aquí que voy a

suscitar un pastor en la tierra que no se cuidará de que desaparezcan, y no buscará

a las descarriadas, ni curará a las heridas, ni alimentará a las fuertes, pero se comerá

las gordas y les arrancará las uñas. 17 ¡Ay del pastor inútil, que abandona el rebaño!

(Descargará) la espada sobre su brazo derecho, se secará del todo su brazo y

quedará ciego totalmente su ojo derecho.

Como antes el profeta tuvo que hacer de pastor que quiso gobernar su grey con benevolencia y

unión, pero al fin tuvo que abandonarla a la justicia y a la ruina por culpa de sus ovejas, así ahora

el profeta debe encarnar simbólicamente al pastor insensato, que no se cuidará de sus ovejas, sino

que se aprovechará de ellas, matando las más gordas.

¿Quién es este pastor insensato? Como para la identificación de los tres pastores que desaparecen

de 11:8, también aquí se proponen diversos nombres históricos. Se ha propuesto algún

jefe político infiel de los tiempos posexílicos, y parece que en su descripción el profeta — dependiente

de Jeremías — utilizó como modelo la figura histórica del desgraciado rey Sedecías

(598-586 a.C.), el cual llevó una política suicida al enfrentarse con Babilonia. Al entrar los caldeos

en Jerusalén huyó cobardemente, y fue apresado por las tropas de Nabucodonosor y trasladado

al cuartel general de Ribla, donde le sacaron los ojos a presencia del conquistador babilonio.

El v.17 puede ser una alusión a este lastimoso hecho.

1 Cf. Is 10:333; Ez c.31. — 2 La expresión orguíío o gloria del Jordán para significar la maleza espesa sus riberas aparece en Jer 12:5;

44,191 50.44- — 3 Así Hoonacker, o.c., p.671. Supone que estos v.i-3 son la respuesta a 9:16b ; — selvática de 10.2-3ab. — 4 Tesoro,

según el Siríaco y Targum, seguido por la Bib. de Jér. Los LXX: “al horno.” La palabra hebrea yoser (“alfarero”) del TM es

semejante a Oser (“tesoro”), — 5 La sugerencia de los dos cayados puede depender de los dos bastones de Ez 37:15. — 6 Cf. Jer

22:6.20. — 7 En Jer 22:9 se habla también de la ruptura del pacto como en Zac 11:10. — 8 S. Bullough resume así las distintas

identificaciones propuestas para los misteriosos tres pastores: “Se propone para antes de 722 a Zacarías, Sellum y Menajem (2 Re

15); para antes de 286, a Joaquim, Joaquín (Jeconías) y Sedecías, o a Joacaz (Sellum), Joaquim y Je-conías (2 Re 23-24; Jer 22).

Para la época persa, tres sumos sacerdotes desconocidos (Driver); para el período macabeo, Jasón, Menelao y Lisfmaco (2 Mac 4),

o los hijos de Tobías, o bien los satélites de Simón el benjaminita que lucharon contra Onías (2 Mac 3) (Kennett). Otros sugieren

tres potencias extranjeras, tales como los asirios, los babilonios, los persas, o bien los persas, los griegos y los romanos, o bien tres

reyes opresores, como los seléucidas Antío-co IV Epífancs, Antíoco Eupator y Demetrio I (Wright).” Cf. Verbum Dei II n.5510.

— 9 Cf. Ex 21:32. Son treinta siclos, equivalentes a unos 20 dólares. — 10 Cf. Mt 27:8: “Y tomaron treinta piezas de plata, el

precio en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los hijos de Israel, y las dieron por el campo del Alfarero, como el Señor

me lo había ordenado.” — 11 Cf. Mt 2:17-15

2603

12. La Rehabilitación del pueblo de Yahvé.

Jerusalén, cáliz de vértigo para los pueblos (1-9).

1 Oráculo. Palabra de Yahvé sobre Israel. Palabra de Yahvé, que extiende los cielos,

funda la tierra y que forma el aliento del hombre dentro de él. 2 He aquí que voy a

hacer de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos de en derredor. También

para Judá habrá angustia y para Jerusalén. 3 Aquel ¿lía pondré a Jerusalén

como piedra pesada para todos los pueblos, y cuantos con ella carguen se harán cortaduras,

y se reunirán contra ella todas las gentes de la tierra. 4 Aquel día, dice Yahvé,

heriré de terror a todos los caballos y de locura a sus jinetes, pero abriré mis ojos

sobre la casa de Judá, y a todos los caballos de las gentes los heriré de ceguera. 5 Entonces

se dirán los jefes de Judá: La fuerza de los habitantes de Judá está en Yahvé

de los ejércitos, su Dios. 6 Aquel día haré de los jefes de Judá brasero encendido en

medio de leña y antorcha ardiendo en medio de las haces, que consumirá a diestro y

siniestro a todos los pueblos de en derredor, y Jerusalén será de nuevo habitada en

su lugar, en Jerusalén, 7 y salvará primero las tiendas de Judá, para que no se enorgullezcan

contra Judá la casa de David y los habitantes de Jerusalén. 8 En aquel día

escudará Yahvé a los moradores de Jerusalén, y la casa de David será como Dios,

como el ángel de Yahvé ante ellos. 9 Aquel día me pondré yo a destruir a todas las

gentes que vinieron contra Jerusalén.

El oráculo es enfático; procede de Yahvé, que extiende los cielos y funda la tierra. El profeta

apela al Señor de la naturaleza para garantizar su palabra amenazadora contra todos los pueblos

que se atrevan a hacer frente a Jerusalén. Todos se tambalearán cuando quieran probar la copa de

vértigo, Jerusalén, piedra de toque de la omnipotencia divina. En los profetas es frecuente

este símil del cáliz embriagador de la ira divina que Yahvé ofrece a los pueblos para hacerlos

perder el sentido. Aquí Jerusalén, como capital del pueblo de Dios, es presentada como una copa

de vértigo que se derramará sobre los que se atrevan a atacarla.

Judá y Jerusalén serán presas de angustia (v.2), pero se salvarán de la crisis por intervención

divina. Todos los que la ataquen se harán cortaduras, como el que osa ponerse a levantar

una piedra pesada (v.3). En efecto, cuando llegue el momento del ataque de todas las gentes de

la tierra reunidas contra ella, Yahvé tendrá una especialísima protección de Jerusalén (abriré mis

ojos sobre la casa de Judá, v.4), sembrando el terror y la locura (por efecto de la copa de vértigo)

entre los caballos y jinetes enemigos. Será ése el momento del reconocimiento de la omnipotencia

divina por parte de los jefes de Judá (ν.6). Los jefes (o “familias” según otra posible versión)

de Judá, con la ayuda de su Dios, se reavivarán y harán presa en los enemigos que los atacan,

como el brasero encendido lo hace en la leña, y la antorcha en los haces o gavillas que le

sirven de pábulo.

Jerusalén quedará intacta y volverá a ser habitada en su misma colina de Sión; pero

no sólo participarán de la victoria la capital santa y la casa real de David, sino que también

las ciudades del campo tendrán su preeminencia, como la tuvieron en otro tiempo (Hebrón y Belén)

bajo el caudillaje de David; por eso Yahvé salvará primero las tiendas de Judá, es decir, a

las localidades rurales de Judá, para que no se enorgullezcan contra Judá (como región) la casa

de David (la corte) y los habitantes de Jerusalén (v.8). En estas palabras, el profeta fustiga el or2604

gullo de los moradores de la capital, que se consideraban los únicos privilegiados.

Con todo, Jerusalén, como capital de la nueva teocracia, tendrá una especialísima

protección de Yahvé; y la casa de David, o dinastía davídica, será como Dios, es decir, gozará

de un prestigio superior, comparable al de su Dios, verdadero vencedor y organizador de la nueva

sociedad judía. La frase como Dios queda atenuada en el contexto con la aclaración como el

ángel de Yahvé, que bien puede ser explicación erudita teológica posterior para evitar el posible

sentido irreverente de la frase como Dios. En realidad es Yahvé el que da la victoria a su pueblo

contra todos sus enemigos.

En toda esta descripción encontramos la perspectiva del juicio divino sobre las naciones

paganas que precederá a la inauguración mesiánica. Antes de la entrada en la nueva era definitiva

habrá un gran combate sobre las naciones paganas que se impusieron al pueblo de Israel, y Yahvé

les dará el merecido como compensación a los sufrimientos de su pueblo: Aquel día me pondré

yo a destruir a todas las gentes que vinieron contra Jerusalén (V.9). La amenaza es esperanzadora

para los judíos, que penosamente, después del exilio, tuvieron que levantar de las ruinas

la Ciudad Santa y comunidad nacional en medio de la hostilidad de los pueblos gentiles circunvecinos.

Lamentación general de la nación por un misterioso crimen (10-14).

10 Y derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén un espíritu

de gracia y de oración, y alzarán sus ojos a mí. Y aquel a quien traspasaron le llorarán

como se llora al unigénito, y se lamentarán por él como se lamenta por el primogénito.

11 Habrá aquel día gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-

Rimmón en el valle de Megiddo. 12 Se lamentará la tierra, linaje por linaje; el linaje

de la casa de David aparte, y sus mujeres aparte; el linaje de la casa de Natán aparte,

y sus mujeres aparte; 13 el linaje de la casa de Levi aparte, y sus mujeres aparte;

el linaje de Semeí aparte, y sus mujeres aparte, 14 y todos los otros linajes, cada uno

aparte, y sus mujeres aparte.

Este fragmento es también sumamente enigmático y muy diversamente interpretado. El profeta

habla de un misterioso duelo general de la nación por un crimen no menos misterioso. Una razón

de la dificultad en la interpretación del texto estriba en la oscuridad del mismo en su original y

versiones.

El profeta anuncia, después de la victoria sobre los enemigos de Judá, una efusión del espíritu

de gracia y de oración l. La nación, reconocida a los beneficios y protección de su Dios

por la victoria total reportada, se volverá en masa hacia El: 3; alzaran sus ojos a mí (v.10a). A

continuación la mente del profeta se centra en torno a un enigmático duelo general de la nación

sobre un sujeto nebuloso que no concreta.

Para esclarecer el sentido debemos primero buscar una lección aceptable en el confuso y

ambiguo contexto. El TM dice literalmente: “y me contemplarán a mí, al que traspasaron” 2. Según

esta lectura, el objeto de esa contemplación es Yahvé, que es el que habla. Pero a continuación

se dice: “Le llorarán.” El cambio de primera a tercera persona es inexplicable lógicamente

en el contexto gramatical, pues el llanto es sobre una persona distinta de Yahvé. Resulta difícil

entender que hayan traspasado a Yahvé, y, por otra parte, que la lamentación recaiga sobre un

sujeto diferente de Yahvé. La Vulgata sigue literalmente al TM. Los LXX, en cambio, traducen:

“y mirarán a mí, porque (me) insultaron, y le llorarán” 3.

Por otra parte, muchos comentaristas de nota creen que la construcción del texto hebreo

2605

no es regular, y así procuran corregir el texto. Unos creen encontrar la solución admitiendo la

lección de algunos manuscritos, que traen: “contemplarán a él, al que traspasaron” 4. Pero las

versiones de los LXX, la Pcshitta, Vulgata, la de Aquila y Símaco y Teodoción leen unánimemente:

“contemplarán a raí, al que traspasaron.” La lección, pues, de esos manuscritos parece ser

una corrección erudita para evitar la dificultad del texto. Por ello, muchos expositores prestigiosos

prefieren mantener la lección actual del TM, si bien, siguiendo a San Cirilo Alejandrino 5,

dividen el texto como hemos propuesto: “y alzarán sus ojos a mí. Y aquel a quien traspasaron, le

llorarán.”6

Ahora bien, supuesta esta lectura, ¿quién es este sujeto misterioso al que llorarán como

se llora al unigénito? Se ha propuesto que el duelo sería por un mártir desconocido de la época

del profeta, por una víctima de la pasión ciega popular, sobre cuyo crimen reflexionarán más tarde

los judíos, lamentándose de su torpe acción. Diversos nombres han sido propuestos para su

identificación: Zacarías, hijo de Joyada, muerto por orden del rey Joás de Judá (798-782 a.C.);

Urías, hijo de Semeyas, muerto bajo el rey Joaquim de Judá (609-598 a.C.); Godolías, el gobernador

judío puesto por los babilonios después de la toma de Jerusalén en 586, muerto por el nacionalista

Ismael. Se ha pensado incluso en el propio profeta Jeremías, que habría sido víctima

de esta misma facción nacionalista. No faltan quienes proponen a Zorobabel, contemporáneo de

Zacarías. No pocos comentaristas creen que hay que relacionar a este mártir incomprendido con

el Siervo de Yahvé de los famosos cánticos de Is 52:13-53:12.

Los Santos Padres y comentaristas católicos, siguiendo al evangelista San Juan 19,37

(“mirarán al que traspasaron”), ven en esta perícopa una alusión clara al Mesías-Jesús muriendo

en la cruz, víctima de la ciega pasión popular. El contexto parece favorable a ello, ya que el profeta

parece unir la perspectiva mesianica con la compunción general por la víctima inocente.

En efecto, después de hablar del triunfo del pueblo elegido sobre las naciones paganas, se anuncia

la efusión del espíritu de gracia y de oración, como en Jl 3:1. Consecuencia de ello será la

íntima compunción y arrepentimiento por un atropello colectivo cometido contra una víctima

inocente, cuya muerte parece tener relación con la misma salvación del pueblo.

En este supuesto, el fragmento sería paralelo a los cánticos sobre el Siervo de Yahvé de Is

52:13-53:12, donde se habla de un Justo que sufre callado y que muere por los pecados de su

pueblo. Todos estos detalles se cumplen literalmente en Jesús, condenado a muerte por el pueblo

judío, que en su ceguera no comprendió su alto mensaje de redención.

El v.11 habla de la magnitud del duelo que tendrá lugar en la Ciudad Santa por ese misterioso

mártir, y es comparado al llanto de una madre sobre el hijo unigénito perdido para siempre.

Después el profeta añade un enigmático punto de comparación: habrá llanto en Jerusalén como

el llanto de Hadad-Rimmón en el valle de Me-giddo 7. La generalidad de los autores ve aquí asociados

dos nombres geográficos del territorio donde se dio la batalla de Megiddo, en la que pereció

el rey Josías (609 a.C.) en lucha desigual contra el faraón Necao II.

El duelo por esta catástrofe fue muy grande8, ya que Josías había sido uno de los reyes

más religiosos y piadosos de la dinastía davídica. Este duelo debió de hacer época, y a él puede

hacer referencia como punto de comparación el profeta en este vaticinio. San Jerónimo dice que

Hadad-Rimmón sería la localidad de su tiempo llamada Maximianópolis, en la llanura o valle de

Megiddo 9.

En este duelo por la muerte del misterioso mártir participa toda la nación, y el profeta

nombra a cuatro familias principales como símbolo de toda la comunidad 10.

1 Cf.Jl 5.1. — 2 Así traduce Cantera. — 3 La versión de “me insultaron,” en vez de me traspasaron, se explica suponiendo que los traductores

leyeron equivocadamente en el hebreo raqadu en vez de daqaru. — 4 Así Kennicot, Rossi, Konig, Dillman, Kittel. — 5

2606

Cf. Cirilo Alej., In Zach. A/ex.: PG 72:221.224. — 6 Así leen A. Van Hoonacker, o.c., p.623, y RB 11 (1902) 348-349; M. J. Lagrange,

Les prophéties messianiques des derniers prophétes: RB 15 (1906) p.75; A. Gondamin, Le sens messianique de Zacharie

XII, 10: “Recherches de Se. Reí.,” 1 (1910) p.53; E. Tobac, Les prophétes d'Israel 2 (1921) p.521; F. Geuppens, De prophetiis

messianicis in Antiguo Testamento (Roma 1935) p.4?6. — 7 Hoonacker corrige el texto y lee “como la lamentación de Rimmón

en el valle de Mi-grón,” y supone que el profeta alude al “Rimmón en Migrón” de 1 Sam 14:2. En Jue 20:45.47; 21:13, se dice

que los benjaminitas de Guebá se refugiaron en la roca de Rimmón. Entonces la lamentación de que habla Zacarías sería la famosa

de Jue 21, donde se lamenta la suerte de los restos de la tribu de Benjamín. Algunos autores, como Hitzíg, Jeremías y Cheyne,

creen que Hadad Rimmón sería un nombre de Adonis (Tammuz), llorado ruidosamente en Fenicia por las mujeres. — 8 Cf. 2

Crón 35:25. — 9 Se ha querido ver el nombre de Hadad Rimmón en el actual Rummaneh, cercano a Megiddo. Cf. G. MÍTCHELL,

Zechariah: ICC p.332. — 10 Nathan parece ser un hijo de David (2 Sam 5:14). Semel puede ser el de Núm 3:17.

13. El Resto de Yahvé.

Purificación de toda idolatría en la nueva Jerusalén (1-6).

1 Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de

Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia; 2 y aquel día, dice

Yahvé, extirparé de la tierra los nombres de los ídolos, que no serán más recordados,

y haré desaparecer a los profetas y el espíritu impuro. 3 Y cuando alguno se

ponga a profetizar, le dirán su padre y su madre, que le engendraron: No vivirás,

porque has hablado mentira en nombre de Yahvé; y el padre y la madre, los que le

engendraron, le traspasarán cuando se ponga a hablar a lo profeta. 4Aquel día se

avergonzarán de sus visiones, de cuando se las daban de profeta, y no se vestirán

más el manto peludo para mentir. 5 Un tal dirá: Yo no soy profeta, soy labrador del

campo, y un labrador me asoldó desde mi mocedad 6Y le dirán: Pues entonces, ¿qué

heridas son esas que llevas entre tus manos? Y él responderá: Son las que recibí en

la casa de mis amigos.

En la nueva era mesiánica desaparecerá todo vestigio de idolatría en el pueblo, y también los falsos

profetas. Los moradores de Jerusalén serán purificados de toda contaminación idolátrica y de

todo pecado en una misteriosa fuente abierta para la casa de David (v.1). Naturalmente, esta

fuente ha de tomarse metafóricamente como símbolo de la purificación. El texto puede estar inspirado

en Ez 36:25: “Os aspergeré con aguas puras y os purificaré de todas vuestras impurezas,

de todas vuestras idolatrías.” La palabra inmundicia en Zac 13:1 puede tener el sentido técnico

de impureza legal 2, o simplemente de contaminación moral por el pecado en general.

En la nueva teocracia desaparecerá totalmente el pecado y toda veleidad idolátrica, y

también los falsos profetas, que están poseídos de espíritu impuro (v.2), e.d., que no procede de

Yahvé. Los profetas de profesión estaban totalmente descalificados 3, porque utilizaban la religión

como medio lucrativo y, para halagar al pueblo, presentaban como provenientes de Dios sus

imaginaciones y caprichos 4. Ellos fueron en gran parte causa de la catástrofe nacional al prometer

al pueblo cosas que no pudieron cumplirse, apoyando una política nacionalista en contra de

los intereses religiosos de Judá.

Esta clase social de profetas desaparecerá en los tiempos mesiánicos, y si alguno se atreve

a hablar a lo profeta, le considerarán como un sacrilego que osa apropiarse los oráculos divinos,

y, como tal, será muerto por sus mismos padres (v.3) 5. El oficio de profeta estará entonces

tan desacreditado, que se avergonzará de sus visiones, de cuando se las daban de profeta, y nadie

querrá llevar el atuendo característico del profeta: no vestirán mas el manto peludo para

mentir. Los que hasta ahora se presentaban como profetas preferirán ser considerados como labradores

del campo, que no han hecho otra cosa desde su mocedad.

2607

Pero tienen unas cicatrices que les traicionan como profetas (era costumbre entre los falsos

profetas hacerse incisiones)6, y cuando, reparando en ellas, le digan: ¿Qué heridas son esas

que llevas entre las manos? (v.6), contestará que son consecuencia de una reyerta que ha tenido

entre amigos: Son las que recibí en la casa de mis amigos. No puede hacerse una descripción

más irónica del descrédito en que se hallaban los profetas de “profesión,” explotadores del pueblo.

En los tiempos mesiánicos desaparecerá esta plaga social.

El resto salvado de Israel (7-9).

7 Álzate, espada, contra mi pastor, contra el hombre de mi compañía, oráculo de

Yahvé de los ejércitos. Hiere al pastor y que se disperse el rebaño, y yo volveré mi

mano sobre los pequeños. 8 Y sucederá que en toda la tierra — oráculo de Yahvé —

serán exterminados los dos tercios, y perecerán, pero será preservado un tercio. 9 Yo

pondré al fuego este tercio, y lo fundiré como se funde la plata, y lo acrisolaré como

se acrisola el oro. El invocará mi nombre y yo le escucharé. Yo diré: El es mi pueblo;

y él dirá: Yahvé es mi Dios.

Generalmente se cree que esta perícopa debe ir unida a 11:15-17, donde se habla del pastor insensato

y de la espada que hiere al pastor en su brazo y ojo derecho por haber abandonado su rebaño.

Ahora Yahvé invita y apostrofa a la espada para que cumpla su mandato de castigo contra

su pastor. Aunque éste sea infiel, es considerado como asociado a Yahvé por razón de su cargo.

En Is 44:28, Yahvé llama a Ciro también su pastor. Aquí el pastor insensato es llamado por

Yahvé hombre de mi compañía, su asociado en el poder.

Dios quiere castigar al pastor insensato por su mala conducta, e invita a la espada a cumplir

su justicia: hiere al pastor y que se disperse el rebaño (v.7b)7. Su rebaño (Israel) va a ser

sometido a una prueba de selección por el sufrimiento. Será dispersado para ser reunido por el

mismo Yahvé, su verdadero Pastor. El oráculo está calcado sobre los de los profetas preexílicos

que anunciaban la cautividad.

Los desvalidos o pequeños tendrán la predilección divina en la hora de la salvación. La

mayor parte del pueblo (serán exterminados los dos tercios, v.8) desaparecerá en la catástrofe,

pero se salvará un resto o tercio, si bien después de ser purificado por el fuego de la aflicción: lo

fundiré como se funde la plata., como se acrisola el oro 8. La gran prueba servirá para que el

pueblo elegido se vuelva a su Dios con toda confianza, declarándose pueblo suyo exclusivo. Se

establecerá una nueva alianza entre Yahvé y su pueblo: él es mi pueblo. y Yahvé es mi Dios

(v.8).

1 Así lit. según el TM. Hoonacker traduce: “un campo fue mi bien desde mi mocedad.” — 2 Cf. Lev 12:2; 15:24. — 3 Cf. Am 7:14..

— 4 Cf. Os 4:5; Miq 3:5. — 5 Cf. Dt 13:6(5); 18:20. — 6 Sobre las incisiones de los falsos profetas véase 1 Re 18:28. — 7 En

Ivít 26:31 se pone en boca de Jesús el cumplimiento de esta profecía: “Entonces les dijo Jesús: Todos vosotros os escandalizaréis

de mí esta noche, porque escrito está: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas de la manada.” La cita es libre, y prueba la libertad

con que Jesús utiliza la Escritura, pues el paslor rebelde de Zacarías, objeto de la indignación divina, no puede ser tipo de

Cristo. Sin embargo, Jesús utiliza el texto en sentido acomodaticio, por la semejanza de situación en cuanto a la dispersión del rebaño.

— 8 Cf. Is 43:2.

2608

14. La Nueva Gloria de Jerusalén.

Juicio de las gentes (1-5).

1 He aquí que llega el día para Yahvé, y en medio de ti se repartirán tus despojos. 2

Porque yo reuniré a todas las gentes en batalla contra Jerusalén, y será tomada la

ciudad, y saqueadas las casas, y violadas las mujeres, y la mitad de la ciudad irá al

cautiverio, pero el resto del pueblo no será exterminado. 3 Luego se pondrá en campaña

Yahvé, y combatirá a estas naciones como se combate el día de la batalla. 4

Afirmaránse aquel día sus pies sobre el monte de los Olivos, que está frente a Jerusalén,

al lado del levante, y el monte de los Olivos se partirá por medio, de levante a

poniente, como un gran valle, y la mitad del monte se echará al norte, y la otra mitad

al mediodía, 5 y huiréis por el valle de mis montes, porque el valle de los montes

llegará hasta donde os salvaré 6. Huiréis como huísteis cuando el terremoto de los

tiempos de Ozías, rey de Judá, y vendrá entonces Yahvé, mi Dios, y con El todos sus

santos.

La descripción es apocalíptica y escatológica. El profeta presenta a Jerusalén rodeada de las naciones

gentiles que van a dar el ultimo asalto a su fortaleza. Hay un momento en que parece que

el triunfo de los asaltantes está asegurado, pues entran en la ciudad y la entregan al saqueo; pero

Dios se reserva un resto de salvación, que será liberado mediante la intervención prodigiosa personal

de Yahvé, que aparece majestuoso sobre el monte de los Olivos (v.4). A su presencia, éste

se hiende y da paso a los fugitivos, que serán recogidos por Yahvé. El fragmento tiene muchas

analogías con la descripción de la batalla contra Gog de Ez 38, del que parece depender 2.

El carácter apocalíptico de la perícopa nos obliga a no insistir sobre los detalles de la descripción,

que es fruto de una imaginación desbordada. El profeta quiere anunciar una gran prueba

para Judá, que terminará con la manifestación victoriosa de Yahvé con sus santos, o ángeles

de su servicio.

La transformación de Judá (6-11).

6 En aquel día no se extinguirá el brillo de las piedras preciosas 3. 7 Será único ese

día, conocido de Yahvé. No habrá día y noche; de tarde habrá luz. 8 En ese día manarán

de Jerusalén aguas vivas, la mitad hacia el mar oriental y la otra mitad hacia

el occidental, lo mismo en verano que en invierno. 9 Y reinará Yahvé sobre la tierra

toda, y Yahvé será único, y único su nombre. 10 La tierra toda se convertirá en llano

desde Guebá hasta Rimmón del sur, y Jerusalén será enaltecida y habitada en su lugar,

desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la antigua puerta, hasta la puerta

del Ángulo, y desde la torre de Jananel hasta los lagares del rey. 11Y morarán en

ella, y ya nunca más será anatema, y morarán en seguridad.

La descripción de la nueva Jerusalén es deslumbradora, conforme a los cánones de la literatura

apocalíptica. Una gran luz dominará la Ciudad Santa, de forma que las piedras preciosas darán

un brillo perpetuo. No habrá noche (v.7), y desaparecerá toda esterilidad, porque de Jerusalén

manarán aguas vivas, e.d., no estancadas, regando en todo tiempo la parte oriental y occidental

del país (v.8). Este cuadro maravilloso parece una adaptación de la descripción de Ezequiel, que

habla de un río que parte hacia el mar Muerto, regando el desierto de Judá4. Aquí el autor extien2609

de el torrente de agua a la zona del mar Muerto (mar oriental) y del Mediterráneo (mar occidental).

Sobre este territorio paradisíaco reinará sólo Yahvé, sin compartir su imperio con

ningún otro dios (V.9); y hasta la atormentada geografía montañosa de Judá se transformará,

convirtiéndose en llano desde Guebá hasta Rimmón del sur5. Son los límites del reino de Judá:

desde la frontera de Benjamín hasta el Negueb. Y los límites de Jerusalén comprenderán desde la

puerta de Benjamín 6, al norte del templo, hasta la puerta del Ángulo 7, que se supone al occidente

de la ciudad; junto al “segundo muro” y desde la torre de Jananel, al noroeste del actual

Haram, o explanada de la mezquita de Ornar, hasta los lagares del rey, que se suponen al sur,

donde estaban los jardines reales, en la confluencia del Cedrón y el Er-Rabbaby. De aquí se infiere

que el área señalada por el profeta es tan amplia como la de la ciudad amurallada actual, si

bien extendiéndose un poco más hacia el sur y menos al norte. En esta Ciudad Santa reinará la

paz y nunca será ya más objeto de anatema (v.11) 8.

La derrota de las naciones (12-15).

12 He aquí la plaga con que herirá Yahvé a todos los pueblos que combatieron a Jerusalén:

sus carnes se corromperán mientras estén en pie; se consumirán en sus

cuencas los ojos, y su lengua se les deshará en la boca. 13 Habrá aquel día gran perturbación

entre ellos y tomará cada uno de la mano a su vecino y le dará a éste la

suya. 14 Judá luchará en Jerusalén 9 y se reunirán allí las riquezas de todas las gentes,

oro, plata, vestidos en grandísima abundancia. 15 Parecida a ésta será la plaga

que herirá a los caballos, mulos, camellos y asnos, y a todas las bestias que hubiere

en aquellos campos.

Después de anunciar la paz que remará en Jerusalén una vez conseguida la victoria, el profeta

detalla la destrucción de los enemigos que se reunieron para atacar a Jerusalén. La hecatombe

será general, pues tanto los hombres como los animales perecerán y quedará un inmenso botín

para los judíos vencedores. El cuadro belicista está dentro de las descripciones apocalípticas de

los últimos profetas. Es el juicio sobre las naciones antes de la inauguración de la era mesiánica.

La descripción parece que está calcada en la destrucción del ejército de Gog, según Ez

c.38-39. El gran profeta del exilio, como primer autor apocalíptico, fue fuente de inspiración para

los autores apocalípticos posteriores. En este mosaico de fragmentos apocalípticos del libro de

Zacarías encontramos, como ya hemos visto, mucha dependencia de Ezequiel.

Jerusalén, santuario universal (16-21).

16 Todos cuantos quedaren de las gentes que vinieron contra Jerusalén subirán cada

año a adorar al Rey, Yahvé de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los Tabernáculos.

17 Y aquellos que de las gentes no vengan a Jerusalén a adorar al Rey, Yahvé de

los ejércitos, no vendrá sobre ellos la lluvia. 18 Si la gente de Egipto no sube y no viene,

sobre ella se abatirá la plaga con que herirá Yahvé a las gentes que no suban a

celebrar la fiesta de los Tabernáculos. 19 Tal será la expiación de Egipto y la expiación

de todas las gentes que no suban a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. 20 En

aquellos días escribirán en sartenes y ollas 10: “Consagrado a Yahvé,” y las ollas de

la casa de Yahvé serán corno vasos de aspersión delante del altar de los sacrificios. 21

Toda olla en Judá y en Jerusalén será consagrada a Yahvé de los ejércitos, y cuantos

2610

sacrifiquen vendrán, las tornarán y cocerán en ellas, y no habrá aquel día más mercader

en la casa de Yahvé de los ejércitos.

Después de declarar el triunfo aplastante de Yahvé sobre el ejército de las naciones coligadas

contra Jerusalén, el profeta deja abierta la puerta del universalismo religioso a todos los pueblos.

Jerusalén será el centro religioso del orbe, y todas las gentes deberán reunirse en la Ciudad Santa

en la fiesta de los Tabernáculos (en septiembre-octubre) (v.16), en que se daba gracias a Dios

por los frutos y se pedía agua saludable para la futura siembra. El que no vaya a Jerusalén en esta

festividad, se verá privado de esta agua bienhechora, incluso el mismo Egipto, cuyos campos y

cosechas no viven de la lluvia, sino de las inundaciones periódicas del Nilo (v.18). Egipto era el

granero de Oriente, y cuando fallaban las cosechas por falta de lluvias, los pueblos circunvecinos,

como los cananeos, tenían que ir al país de los faraones a comprar el trigo a cualquier precio.

De ello estaban orgullosos los egipcios.

Pero el profeta dice que en los nuevos tiempos de nada les servirá su río, pues, si no van a

Jerusalén, se verán privados de la cosecha como los demás pueblos (v.18). Todos los pueblos

deben congregarse en Jerusalén para la gran festividad de los Tabernáculos, a implorar la lluvia

ofreciendo sacrificios; y para ello podrán utilizar las sartenes y ollas de uso común, a falta de las

consagradas a Yahvé en el templo, porque todas aquel día llevarán la inscripción: Consagrado a

Yahvé (v.20). Todas las ollas de las casas de Judá y de Jerusalén serían válidas en esta ocasión, y

los peregrinos no tendrían necesidad de alquilar los servicios de los mercaderes que en el templo

ofrecían los instrumentos necesarios para los sacrificios (v.21).

1 La palabra hebrea que traducimos por os salvaré ('asal) es considerada por algunos expositores como localidad geográfica. Así la

Bib. de Jér. — 2 Cf. Miq 1:4; Nah 1:5. — 3 Así según Hoonacker, conformándose con el TM. Otros autores prefieren basarse en

los LXX y traducir: “no habrá frío ni helada” (Bib. de Jér.), — 4 Cf. Ez 47:12. — 5 Guebá es la actual Dgeba, en el wady Suweinit,

frente a Mikmas, a unos 11 kilómetros al norte de-Jerusalén. Rimmón del sur o del Negueb es probablemente el actual L/mm

er-Rammamim, a unos 17 kilómetros al nordeste de Berseba. Cf. Neh 11:29; Jos 15:32; 19,7; 1 Sam 14:5; 1 Re 15:22. — 6 Quizá

sea la misma Puerta de las Ovejas de Neh 12:39. — 7 Cf. 2 Re 14:13; 2 Crón 25:23; 26:9; Jer 31:38. La descripción parece ser de

este a oeste y de norte a sur. — 8 Cf. Jer 33:16; Ez 34:27. — 9 El TM y los LXX traducen: “y Judá luchará en Jerusalén.” — 10

Así según la reconstrucción de Hoonacker. El TM dice “campanillas de caballos.” Así la Bib. de Jér. Los LXX: “freno de caballos.”

Malaquías.

Introducción.

Nombre y personalidad del profeta.

Malaquías (en hebreo Mal'aki: “Mi mensajero,” o transcribiendo con los LXX: “Malaquías:

Mal'akiyyah: “Ángel de Yahvé”) l es el nombre que la tradición da al último profeta escritor

del A.T. Sin embargo, son muchos los autores que creen que Malaquías es un seudónimo

(“mi enviado”) adoptado por un escritor anónimo en relación con el mi enviado o mi ángel de

3:1. San Jerónimo adopta la opinión de los judíos de su tiempo de que el autor de estos vaticinios

fue el propio Esdras 2. De hecho, en la paráfrasis aramea del Pseudo-Jonatán aparece el nombre

de Esdras intercalado en el v.1; y los LXX, en vez de transcribir el nombre propio de Malaquias,

traducen “de su mensajero.” En el Talmud babilónico, el libro es atribuido a Mardoqueo 3.

2611

Contenido y estructura del libro.

El tema general es el amor de Yahvé hacia Israel, que no es correspondido por los judíos.

El profeta les presenta la gran protección de Yahvé para con su pueblo en la historia y la ingratitud

de los israelitas para con El. En concreto, los sacerdotes son los que menos corresponden a

esta calidad de elegidos de Dios, y procuran ofrecer en el templo lo peor de sus bienes y ganados.

Por ello, Yahvé sustituirá estos actos de culto impuros por una oblación inmaculada en todo el

orbe. Por otra parte, Yahvé enviará un juicio purificador para consumir a los pecadores. Podemos

dividir el libro en dos partes:

1. Castigo de los pecados: 1:1-2:16.

Amor de Yahvé para con Israel: 1:2-5.

Recriminación a los sacerdotes por sus sacrificios mezquinos:

1:6-14.

Pena de los sacerdotes: 2:1-9. Recriminación al pueblo por sus pecados: 2:10-16.

2. Juicio divino: 2:17-3:24(4:6).

Anuncio del juicio: 2:17-3:5. Exhortación a la conversión: 3:6-12. y Venganza de

Dios dando a cada uno según sus méritos: 3:13-21(4.3)·

Elias, precursor del juicio: 3:22-24(4:4-6).

La sección 3:22-24 del TM, correspondiente al 4:4-6 de los LXX y Vg 4, es considerada como un

apéndice que no encaja en el esquema general del libro. El desarrollo del tema está en forma de

diálogo, distribuido en seis discursos. El esquema es el siguiente: Dios o su profeta lanza una

afirmación, a la que corresponden objeciones de parte del auditorio (sacerdotes o pueblo); después

viene la defensa de la misma, hecha por Dios con reproches y amenazas.

Fecha de composición.

Podemos situar con bastante aproximación la composición del libro dentro del siglo v,

porque aquí encontramos una serie de indicaciones sobre el estado de la vida social de la época

que coinciden con la situación reflejada en los libros de Esdras y Nehemías. Así, se supone que

el templo ya está edificado (fue inaugurado en 515 a.C.) 5; que Judá está sometida a un sátrapa o

pejah 6; que los matrimonios mixtos están a la orden del día7, y que existen muchos abusos sociales

de toda índole. Por todas estas indicaciones podemos colegir que el libro de Malaquías ha sido

redactado a mediados del siglo V, cuando el primitivo fervor religioso de los repatriados se

había entibiado y el culto era atendido sin graneles ilusiones religiosas, pues se ofrecían los dones

más mezquinos 8.

Autenticidad.

No hay grandes dificultades sobre la unidad literaria del libro. Como antes hemos indicado,

algunos autores creen que 3:22-24, por su carácter de apéndice, es una adición del compilador

posterior. También ha suscitado dudas la autenticidad de 1:11-14 y 2:2; pero las razones para

considerar estas secciones como glosas son muy subjetivas. Algunos autores han rebajado la

época de composición del libro hasta los tiempos de los Macabeos 9; pero, en general, los comentaristas

ponderados suponen que el libro es sustancialmente de un autor del siglo V a.C.

2612

Texto y estilo.

El texto del libro de Malaquías está, en general, bastante bien conservado, lo que no quiere

decir que no existan algunas lecciones oscuras e ininteligibles, y aun divergencias entre el TM

y los LXX. El estilo es, como antes hemos indicado, en diálogo y en prosa, aunque ésta incluye

secciones con manifiestos paralelismos de miembros y metro poético.

Mensaje doctrinal.

El profeta tiene que enfrentarse con una sociedad desilusionada que en gran parte ha perdido

la fe en su Dios. Las condiciones de vida son tan miserables y en tan poca consonancia con

las brillantes descripciones de los profetas preexílicos, que el desánimo y la indiferencia religiosa

cundía por doquier. Yahvé parecía injusto con su pueblo elegido, ya que seguía sometido al extranjero;

por otra parte, la sequía aumentaba la miseria general. El profeta sale al paso de estas

cavilaciones, y proclama muy alto que premia la virtud 10 y castiga el pecado n; Yahvé ha tenido

una particular providencia de Israel, pues en vez de castigarle por sus pecados hasta el exterminio,

como hizo con Hedor 12, le ha perdonado. En realidad, Dios es como un padre 13, y es

“grande aun más allá de su territorio.”14

Una característica de Malaquías es su interés por la vida del culto. Los profetas anteriores

al destierro habían urgido sólo el cumplimiento de los deberes ético-sociales y la entrega del

corazón a Dios, pero se desentendían, en general, de los problemas del culto, que concernían a

los sacerdotes. Malaquías, en cambio, es celosísimo del esplendor del culto, como homenaje a

Yahvé. Por eso recalca la obligación que todos tienen de contribuir con sus ofrendas y diezmos

al sostenimiento del culto 15.

En tiempo de Darío I (521-486), el Estado persa proveía a las necesidades de culto; pero

esta situación parece ya ha cambiado en tiempos de Malaquías, y el culto debe ser sostenido por

los contribuyentes judíos. Naturalmente, el profeta no sólo urge la necesidad del cumplimiento

del ritual externo del templo, sino que reclama también, como condición para agradar a Dios, la

religión pura, basada en evitar toda clase de pecados, particularmente el adulterio, la magia y la

opresión de los débiles 16. En esto empalma el profeta con los grandes profetas preexílicos. Como

Esdras y Nehemías, se opone a los matrimonios con mujeres paganas 17.

Los sacerdotes deben dar ejemplo de vida pura e incontaminada y mostrar celo por los

actos de culto 18. Precisamente porque no cumplen sus obligaciones sacrificiales, Yahvé va a inaugurar

un nuevo culto que no va a estar vinculado al templo de Jerusalén, y se le ofrecerá

una ofrenda pura desde “el orto del sol al ocaso.” Puesto que las ofrendas de los sacerdotes de

Jerusalén eran tan mezquinas que no serían aceptadas por el gobernador persa 19, Dios se va a

procurar otras más puras en toda la redondez de la tierra; Yahvé rechaza los sacrificios judíos:

“No tengo en vosotros complacencia alguna, dice Yahvé de los ejércitos; no recibiré ninguno de

vuestras manos.” 20

En su sustitución, Dios acepta las ofrendas puras hechas por el mundo gentil. La tradición

cristiana ha visto en este anuncio el sacrificio de la Eucaristía, ofrecido por sacerdotes que no

pertenecen al linaje levítico de Aarón, sino que en toda la redondez de la tierra levantan la Hostia

pura e inmaculada, de la que los sacrificios del templo de Jerusalén eran su figura, y, por tanto,

éstos habrían de perder su razón de ser al aparecer la Víctima por excelencia, Cristo en la cruz 21.

2613

Canonicidad.

El libro de Malaquías ha sido admitido en el canon judaico y cristiano desde el principio

y es reconocido como libro inspirado en los autores del Ν. Τ. Jesucristo cita a Mal 3:1 (Mt

11:10). San Pablo cita en Rom 9:13 a Mal 1:2s. Como último de los profetas, selló toda la serie

de los vaticinios, anunciando un nuevo orden de cosas cultual, y anunció el juicio que ha de preceder

al advenimiento del Mesías, anunciado por el nuevo Elias, el Precursor, el Bautista 22:

“Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos.” 23

1 En 2 Sam 25:44 aparece un tal Paití, que es abreviación de Paltiel (2 Sam 3:15). — 2 San Jerónimo, Comm. in Mal. pról.: PL

25:15415.1569 (1617); Targum de Jonatán in Mal. 1:1. — 3 Cf. Talmud babilónico, Megillah 153. — 4 Los LXX y la Vulgata

dividen el 0.3 del TM en dos partes; la última de las dos comenzaría en 3:19. — 5 Mal 1:10; 3:1.10. — 6 Mal 1:8. — 7 Mal 2:10-

16; cf. Neh 5:1-3; 6:17-19; 13:7s. — 8 Mal 1:6-8.12-13; 2:17; 3:7-10.14- — 9 Es la opinión de Winckler, Spoer, Holtzmann.

10 Mal 2:5; 3:10-1 2; 4:2. — 11 Mal 2:3; 4:1. — 12 Mal 1:3. — 13 Mal 3:17. — 14 Mal 1:5.11.14. — 15 Mal 1:6; 3:8.10. — 16

Mal 3:5 — 17 Mal 2:11 — 18 Mal 2:7; 11:7 — 19 Mal 1:8 — 20 Mal 1.10 — 21 Cf. Didaché 14:3; San Justino, Dial, cum Triph.

41: PG 6:564; San Ireneo, Adv. haer. 4:17:5: PG 7:10235; San Cipriano, Test. adv. lud. 1:16: PL 4:687 (715); San Agustín, De civ.

Dei 18:35:3: PL 41:594. — 22 Cf. Mal 3:1-4-19-21 (4:1-3). — 23 Mt 3:2.

1. El Amor de Dios a Su Pueblo.

Oráculo contra Edom (1-5).

1 Oráculo. Palabra de Yahvé a Israel por medio de Malaquías: 2 Yo os he amado, dice

Yahvé, 1 y vosotros decís: ¿En qué nos has amado? ¿Esaú no es hermano de Jacob?

oráculo de Yahvé; sin embargo, he amado a Jacob 3y he detestado a Esaú, y he

hecho de sus montañas campo de devastación,y de su heredad, pastizales de desierto.

4Y si Edom dijere: Hemos sido aplastados, pero reconstruiremos las ruinas, así

dice Yahvé de los ejércitos: Ellos reconstruirán, pero yo destruiré. Y los llamarán

“tierra de impiedad” y “pueblo contra el que se irritó para siempre Yahvé.” 5 Vuestros

ojos lo verán y diréis: Grande es Yahvé más allá del territorio de Israel.

En el epígrafe inicial no se dice nada sobre la vida y marco histórico de Malaquías. Incluso su

mismo nombre, que significa ángel de Yahvé, puede ser un seudónimo en consonancia con su

calidad de mensajero de Dios a su pueblo1. Muchos comentaristas modernos suponen que el

primer verso es obra de un redactor posterior, y el nombre de Malaquías provendría, según ellos,

de lo que se dice en 3:1: “enviaré a mi ángel” (en hebreo Mal'akí). Los LXX traducen el v.1:

“palabra del Señor a Israel por mano de su ángel. En todo caso, no se dice nada de su persona, y,

por tanto, bien puede ser un nombre simbólico inventado por un redactor posterior que no conociera

al autor de estos oráculos.

Antes de centrar su atención contra los sacerdotes indignos, el profeta quiere declarar

solemnemente que Yahvé ha amado de un modo particular a Israel, y prueba de ello es que

ha enviado la devastación y la ruina sobre su enemigo tradicional, Esaú o Edom. Con ocasión de

la destrucción de Jerusalén en 586 a.C. por los caldeos, los habitantes de Edom se ensañaron con

los judíos vencidos, uniéndose a los vencedores. Con ello, la tradicional enemistad de los dos

pueblos llegó al paroxismo.

De ahí que ahora el profeta, que habla un siglo después de la gran catástrofe, presente

como un signo de amor particular para con el pueblo elegido la devastación de Edom. El profeta

Abdías se hace eco de una destrucción masiva del país edomita, llevada a cabo probablemente

2614

por las tribus árabes que en el siglo ν invadieron su territorio, estableciéndose allí de modo permanente

y creando el reino nabateo.

Según la Biblia, Esaú (Edom) y Jacob eran hermanos uterinos, que estuvieron siempre en

lucha 2, preludio y símbolo de las hostilidades que los pueblos israelita y edomita habían de mantener

a través de la historia. Yahvé tuvo predilección por el hermano menor, Jacob, mientras que

detestó a Esaú, en. el sentido de que antepuso aquél a éste. El mismo territorio en que Esaú tuvo

que establecerse parece estar bajo una maldición divina, porque sus montañas son el símbolo de

la devastación aun en su contextura geográfica (v.3). Pero, además, en virtud de una invasión

enemiga promovida por Yahvé, su heredad se ha convertido en pastizales del desierto.

Y es inútil que los edomitas quieran reconstruir sus ruinas, porque Yahvé se encargará de

enviar de nuevo la devastación (v.4). En efecto, los edomitas fueron suplantados en su territorio

por los nabateos, que crearon una brillante civilización al contacto con la cultura helénica. Los

edomitas tuvieron que correrse hacia el occidente y penetrar en el territorio meridional de Judá

para poder subsistir. En 125 a.C. fueron sometidos por Juan Hircano y obligados a circuncidarse

3. Edom, pues, no volverá a recuperar su poderío antiguo, y en ello deben ver los judíos la omnipotencia

de Yahvé, que se extiende aun más allá de su territorio de Judá (v.5)4.

Reprensión de los sacerdotes (6-10).

6 El hijo honra a su padre y el siervo terne a su señor,Pues si yo soy padre, ¿dónde

está mi honra Si yo soy Señor, ¿dónde está mi temor? dice Yahvé de los ejércitos a

vosotros, sacerdotes, que despreciáis mi nombre. Decís: ¿En qué menospreciamos tu

nombre? 7Ofrecéis en mi altar pan inmundo y decís: ¿En qué le hemos hecho inmundo?

En decir: la mesa de Yahvé es despreciable. 8 Y ofrecer en sacrificio lo ciego,

¿no es malo? y ofrecer lo cojo o lo enfermo, ¿no es malo? Anda, haz presente de ello

a tu gobernador, a ver si se complace en él y le será grato,dice Yahvé de los ejércitos.

9 Buscad, pues, el favor de Dios para que os sea propicio (por vuestra mano es hecho

esto). ¿Os concederá benevolencia? dice Yahvé de los ejércitos. 10¡Oh si alguno de

vosotros cerrara las puertas y no encendierais en vano el fuego de mi altar! No tengo

en vosotros complacencia alguna, dice Yahvé de los ejércitos; no me son gratas las

ofrendas de vuestras manos.

Si Yahvé ha mostrado su especial predilección por Israel, ¿por qué no se le da el honor debido

como Señor y Padre de su pueblo ? En particular, los sacerdotes, por ser la porción selecta de

Israel, están llamados a dar ejemplo y a dirigir al pueblo, y son los primeros prevaricadores de la

Ley, ya que ofrecen a su Dios un pan inmundo o mancillado por las malas disposiciones interiores

de los oferentes, y, por otra parte, ofrecen las víctimas defectuosas, reservándose para sí las

mejores. Esto es un desprecio implícito a Dios 5. Irónicamente, el profeta les invita a presentar

estas dádivas al gobernador o pejah persa (v.8). Esta indicación es preciosa para encuadrar históricamente

el vaticinio en la época de la dominación persa.

Después el profeta recalca que con estas disposiciones de mezquindad de corazón respecto

de su Señor y Dios es inútil aspirar a conseguir su benevolencia: Buscad el favor de

Dios. (V.9). Ellos son responsables de sus malas acciones (por vuestra mano es hecho esto), y

por eso no es fácil que consigan su gracia: ¿os concederá benevolencia? La respuesta implícita

es negativa. Un culto en tales condiciones no puede agradar a Dios, y sería preferible que cerraran

las puertas del templo y no encendieran en vano el fuego del altar (v.10).

Un culto sacrilego no puede agradar a Dios, sino más bien enojarle. Las ofrendas en estas

2615

condiciones no le son gratas. Tanto las oblaciones incruentas como los sacrificios cruentos llevaban

el sello del desprecio hacia Dios, y, como tales, no son aceptables. Dios, por ello, establecerá

un nuevo sacrificio puro y universal que no estará vinculado a los indignos descendientes

de Leví.

El sacrificio de la nueva Ley (11-14).

11 Porque desde el fondo del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes,

y en todo lugar ha de ofrecerse a mi nombre un sacrificio humeante y una oblación

pura, pues grande es mi nombre entre las gentes, dice Yahvé de los ejércitos. 12 Pero

vosotros lo profanáis, diciendo: La mesa dé Yahvé es inmunda, y despreciables sus

alimentos. 13 Y aun decís: ¡Oh qué fastidio! y lo despreciáis, dice Yahvé de los ejércitos,

y ofrecéis lo robado, lo tomo, lo enfermo; lo presentáis como ofrenda. ¿Voy a

complacerme yo aceptándolo de vuestras manos? 14¡Maldito el fraudulento, que, teniendo

en el rebaño machos y habiendo hecho un voto, sacrifica a Dios lo estropeado!

Porque yo soy Rey grande, dice Yahvé de los ejércitos, y mi nombre es temible

entre las gentes.

En contraposición a los sacrificios mezquinas ofrecidos en el templo de Jerusalén, el profeta

anuncia un nuevo sacrificio humeante y una oblación pura 6 en todo el orbe, desde el fondo del

sol hasta el ocaso; y ese sacrificio es calificado de oblación pura, y, como tal, agradable a Dios.

La perspectiva del profeta se ensancha desmesuradamente, y un vaticinio universalista es proclamado

a todos los pueblos. Se ha discutido mucho el sentido preciso de las palabras cíe Malaquías.

Los comentaristas han dado diversas opiniones.

Asi, se ha propuesto que el profeta pensaba en los prosélitos judíos, que estaban extendidos

por todos los lugares donde había comunidades judaicas en la diáspora. De hecho sabemos

que en la época persa los judíos de la colonia militar de Elefantina, en el Alto Egipcio, tenían su

templo y sus sacrificios, a pesar de la prohibición de la multiplicidad de los lugares de culto. No

han faltado quienes, siguiendo a Teodoro de Mopsuestia, hayan propuesto que Malaquías se refería

con sus misteriosas palabras a los sacrificios que los paganos ofrecían en todo el ámbito del

orbe a sus dioses, como símbolo de sumisión al Dios supremo, que no era otro que el Yahvé de

los judíos; pero es difícil suponer que Malaquías, que rechazaba como impuros los sacrificios del

templo de Jerusalén, aceptara como puros los ofrecidos por los paganos de su tiempo en los templos

idolátricos.

La interpretación más obvia en el contexto es suponer que el profeta piensa en un nuevo

estado de cosas en los tiempos mesiánicos, pues habla de cerrar las puertas del templo y de la

sustitución del sacrificio tradicional de Jerusalén por una oblación pura. En este supuesto, el vaticinio

de Malaquías encuadra bien en el universalismo de otras profecías en las que se habla de

la entrada de los gentiles en la comunidad judía para participar de la Ley y culto de Yahvé 7. El

anuncio, pues, de Malaquías es mesiánico, ya que proclama un nuevo estado de cosas desde el

punto de vista cultual. La ley de la unicidad del culto será abrogada, y un nuevo culto (el profeta

no especifica el modo) se extenderá por todo el universo.

La tradición cristiana ha visto el cumplimiento de esta profecía en el sacrificio de la Eucaristía

y en la adoración en espíritu y en verdad” de todos los seguidores de Cristo 8.

Después de anunciar este sacrificio universalista y superior al actual del templo, el profeta

vuelve a recriminar a los sacerdotes por sus mezquinos sacrificios y por la negligencia con que

cumplen sus deberes rituales (aun decís: ¡Qué fastidio!).

2616

1 Algunos autores antiguos de la época patrística citan el libro como “el del ángel” (cf. Tertuliano, Adi>. íud. 5; San Crisóstomo, Hom.

14 “n Ep. ad Heb.). — 2 Cf. Gen 25:225. — 3 Cf. Flavio Josefo, Ant. XIII 9:1. — 4 Sobre la doctrina del dominio de Yahvé sobre otros

pueblos véase Am c.i-2; 9,?s. — 5 Sobre las cualidades de las ofrendas y víctimas del sacrificio véase Lev 22:225; Dt 15:21. — 6 Los

LXX traducen: “en todo lugar se ofrece incienso a mi nombre y una oblación pura.” — 7 Cf. Miq 4:1; Sof 3:9; Ag 2:7; Zac 8:20s.

e-Jn 4:24.

2. Las Prevaricaciones de Judá.

Conminación a los sacerdotes (1-9).

1 Para vosotros, pues, ¡oh sacerdotes! es este decreto: 2 Si vosotros no escucháis y no

decidís de corazón dar gloria a mi nombre, dice Yahvé de los ejércitos, yo mandaré

sobre vosotros la maldición y haré maldición de vuestra bendición, porque no os decidís

de corazón. 3Por eso os quebrantaré él brazo y os echaré al rostro la inmundicia,

la basura de vuestras solemnidades, y seréis echados donde se echa ella, 4Sabréis

que yo he dado este decreto para que sea real mi pacto con Leví, dice Yahvé de los

ejércitos. 5 Mi pacto con él fue “vida” y “paz,” y se las di; “temor,” y él me temió, y

ante mi nombre se llenaba de temor,6 Tuvo en su boca doctrina de verdad y no hubo

iniquidad en sus labios, anduvo conmigo en integridad y rectitud y apartó del mal a

muchos, 7 pues los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría y de su boca ha

de salir la doctrina, porque es un enviado de Yahvé de los ejércitos. 8 Pero vosotros

os habéis apartado del camino, y habéis hecho tropezar a muchos en la Ley y habéis

pervertido el pacto de Leví, dice Yahvé de los ejércitos. 9 Por tanto, también yo os he

hecho a vosotros despreciables y viles para todo el pueblo, a la medida en que vosotros

no habéis seguido mis caminos ni habéis tenido en cuenta mi Ley.

La infidelidad de la clase sacerdotal obligará a Dios a cambiarles su bendición, o situación privilegiada,

en maldición (v.2). Puesto que las víctimas que le presentan son inaceptables, Yahvé les

arrojará a su rostro la basura de sus solemnidades (v.5), e.d., los restos de las víctimas que se

echaban al depósito de basura después de las solemnidades. Les anuncia el castigo decidido por

un decreto que ha de poner de relieve el pacto con Leví (v.4). En otro tiempo Yahvé había hecho

un pacto con la tribu de Leví con fines benevolentes: de vida y paz, e.d., para asegurar la protección

sobre sus descendientes; y, por otra parte, el pacto que anunciaba promesas de vida y de paz

incluía también amenazas de temor (v.5) en caso de que fueran infieles al pacto.

Y, de hecho, gran parte de los descendientes de Leví fueron fieles al pacto, imitando el

celo del propio Leví por la gloria de Yahvé 1. Malaquías traza en los v.6-7 el ideal del sacerdocio

como institución. El sacerdote debe ser un doctor de la Ley, teniendo en su boca doctrina de

verdad y viviendo en rectitud e integridad, pues es un enviado de Dios. El profeta considera las

funciones rituales como algo relacionado a estas exigencias fundamentales 2. Contra este programa

ideal, los sacerdotes del tiempo del profeta han seguido otra conducta, basada en el egoísmo,

y con su pésimo proceder han sido ocasión de que otros se desviaran de la Ley (v.8). En

consecuencia, Yahvé se siente desligado del pacto que con los descendientes de Leví había sellado

3, y se desentiende de ellos, haciéndolos despreciables al pueblo (V.9).

Abominaciones del pueblo (10-17).

10 ¿No tenemos todos un Padre? ¿No nos ha criado a todos un Dios? ¿Por qué, pues,

2617

obrar pérfidamente unos con otros, quebrantar el pacto de nuestros padres? 11 Pérfido

es Judá, y en Israel y en Jerusalén se cometen abominaciones, pues Judá profana

lo consagrado a Yahvé, lo que El ama, casándose con hijas de un dios extranjero.

12 ¡Quiera Yahvé, a quien tal hace, privarle de testigo y defensor en las tiendas de

Jacob 4 y de que haga (por él) ofrenda de sacrificio a Yahvé de los ejércitos! 13 Y aun

hacéis esta segunda cosa: bañáis de lágrimas el altar de Yahvé — de lloros y gemidos

— porque no atiende a vuestra ofrenda y no acepta de vuestras manos nada grato,

14 y preguntáis: ¿Por qué? Porque Yahvé toma la defensa de las esposas de tu juventud,

a la que has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la esposa de tu alianza

matrimonial. 15 ¿No los hizo para ser un solo (ser) que tiene su carne y su hálito? Y

este único, ¿qué busca sino una posteridad de Dios? 5 ¡Cuidad, pues, de vuestro hálito,

y no seas infiel a la esposa de tu juventud! 16 El que por aversión repudia, dice

Yahvé, Dios de Israel 6, se cubre de injusticia por encima de sus vestiduras, dice

Yahvé de los ejércitos! Cuidad, pues, vuestro hálito y no seáis desleales. 17 Sois pesados

a Yahvé con vuestras palabras, y decís: ¿En qué le somos pesados? En decir: El

que hace el mal es grato a los ojos de Yahvé y en ellos se complace. Sino: ¿Dónde está

el Dios justo?

El profeta recuerda a sus conciudadanos la vinculación que todos tienen con Dios, su Padre, y,

por tanto, de unos con otros entre sí, corno hermanos (v.10). Esta afirmación general es como

una introducción a lo que sigue, pues, supuesta ella, los crímenes que se fustigan adquieren mayor

maldad a los ojos de Dios. Una de las abominaciones que el profeta denuncia es la práctica

de muchos judíos de casarse con extranjeras. Sabemos por los libros de Esdras y Nehemías que

éste fue un grave problema que obstaculizó mucho la formación de la nueva sociedad judía con

plena conciencia religiosa7.

Esta conducta es una profanación de lo consagrado a Yahvé, que no es otra cosa que

el pueblo israelita como pueblo elegido. Por su vocación era algo aparte entre todos los pueblos,

y por eso, al mezclarse con otros pueblos paganos, se profanaba y perdía su carácter de santo, o

consagrado a Yahvé. El profeta lanza un duro anatema contra los que profanan el carácter santo

de su pueblo: Quiera Yahvé, a quien tal hace, privarle de defensor y testigo en las tiendas de Jacob

(v.12), e.d., sea excluido de todos los derechos civiles de la sociedad israelita. Es una verdadera

excomunión, pues se le priva de la defensa jurídica. Pero, además, le desea que se le prive

de sus derechos religiosos, de su derecho a ofrecer sacrificios: Quiera privarle Yahvé. de que

haga ofrenda de sacrificio a Yahvé de los ejércitos.

El profeta lanza un segundo reproche contra sus contemporáneos. Estos creen que Dios es

injusto al no aceptar las ofrendas que le presentan con lágrimas en el altar. La razón de ello es su

perversa conducta, ya que con demasiada facilidad repudian a la esposa de su juventud (v.14).

Con estas palabras parece aludir al hecho de que los judíos procuraban buscarse segundas esposas

entre los extranjeros, dejando a la de su raza, que era su legítima esposa anterior.

El v.15 es extremadamente oscuro y muy diversamente interpretado según la traducción

que se adopte. Supuesta la versión que hemos seguido, parece que el profeta encarece la indisolubilidad

del matrimonio; al menos reacciona contra la facilidad del divorcio de su tiempo. Por

ello recuerda que Yahvé hizo a los que se casan para un solo ser que tiene su carne y su hálito (o

vida) (v.15a), es decir, constituyen como una unidad carnal en orden a la procreación, como a

continuación se indica: y este único (ser), ¿qué busca sino una posteridad de Dios? o consagrada

a Dios 8.

Lo que es claro de toda esta argumentación es la preocupación del profeta por evitar la

2618

facilidad del repudio. Así, dice que el que injustamente repudia a su mujer se cubre de injusticia

por encima de sus vestiduras (v.16), e.d., hace aparecer públicamente su injusticia ante la sociedad,

como si la llevara recubriendo sus propios vestidos 9. En consecuencia, el profeta invita a

sus contemporáneos a ser remisos en esto: Cuidad, pues, vuestro hálito (o vida) y no seáis desleales.

El v.17 parece debe considerarse como introducción a lo que se dice en el c.3 de consolación.

El profeta se hace eco de las quejas de sus compatriotas respecto de la conducta de Dios,

que permite que los impíos prosperen en esta vida, como si tuviera complacencia en ellos: Sois

pesados en vuestras palabras., en decir: El que hace el mal es grato a Dios (ν.17). Creen que

Yahvé no es justo bendiciendo a los pecadores. Los tiempos parecen demasiado penosos para los

fieles a la Ley de Dios, pues los prevaricadores que tienen relaciones con los extranjeros son los

que triunfan en la vida, mientras que los buenos perecen de miseria. En efecto, después de la repatriación,

la situación de los judíos fieles a su Dios fue en extremo penosa. El profeta en el c.3

les presentará a éstos un horizonte de triunfo y de gloria.

1 Cf. Ex 32:268. — 2 Cf. Os 4:55; Lev 10:11; Dt 31:10-13. — 3 Cf. Núm 25,c12s. — 4 Así según Hoonacker. Cantera: “Extermine

Yahvé de las tiendas de Jacob a los hombres que tal hacen, ai maestro y al discípulo.” — 5 Así siguiendo a la Bib. de Jér. y a

Hoonacker. — 6 Bi6. de Jér.: “Yo odio el repudio, dice Yahvé, y que se extienda la injusticia sobre su vestido.” — 7 Cf. Neh

6:17-19. — 8 Esta es la interpretación de Hoonacker y otros comentaristas. Hitzig cree que aquí se alude a la conducta de Abraham.

Sería una objeción de los oyentes a Malaquías. Contra las prédicas de éste creían autorizarse acudiendo a la historia de

Abraham, que tomó una segunda mujer: “¿Qué hizo el único (Abraham) que buscaba la posteridad de Dios?” — 9 Algunos autores,

basándose en el árabe, han creído ver en la palabra testidura una alusión a la esposa misma; pero este sentido no aparece en el

hebreo.

3. El Ángel Precursor.

El día de Yahvé (1-5).

1 He aquí que voy a enviar a mi mensajero, que preparará el camino delante de mí,

y luego enseguida vendrá a su templo el Señor a quien buscáis, y el Ángel de la

alianza que deseáis. He aquí que llega, dice Yahvé de los ejércitos, 2 y ¿quién podrá

soportar el día de su venida? ¿Quién podrá mantenerse firme cuando aparezca?

Porque será como fuego de fundidor y como lejía de batanero, 3 y se pondrá a fundir

y depurar la plata i y a purgar a los hijos de Leví, y los acriso Jará corno al oro y la

plata, \ para que ofrezcan a Yahvé oblaciones en justicia,4 Entonces agradará a

Yahvé la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días antiguos, los años pasados,

5 Y vendré con vosotros a juicio y seré testigo pronto contra los hechiceros, contra

los adúlteros y los perjuros y contra los que oprimen al jornalero,a la viuda y al

huérfano, y agravan al extranjero sin temor de mí, dice Yahvé de los ejércitos.

A la pregunta de por qué los impíos prosperan, el profeta contesta que se acerca el día de la justicia

divina. La manifestación del Señor será precedida de su mensajero o ángel, que en 4:23 es

identificado con Elías. El Ángel de la alianza es el mismo Señor o Yahvé, que realizará el juicio

discriminador sobre los pecadores. El título de Ángel de la alianza hay que relacionarlo con las

expresiones del A.T., donde aparece un ángel como instrumento de la alianza del Sinaí. Por otra

parte, la expresión es paralela a la de Ángel de Yahvé, que muchas veces equivale a Yahvé mismo,

manifestándose en la historia 1. En nuestro texto de Mal 3:1, la expresión Ángel de la alianza

es paralela al Señor, y ha de entenderse como un epíteto explicativo aplicado a Yahvé, que va a

2619

hacer una nueva alianza con su pueblo.

El profeta anuncia la llegada de Dios, que viene a purificar a su pueblo para entrar de

nuevo en relaciones más íntimas con él (v.2). Su obra depuradora se ejercerá, sobre todo, en la

clase sacerdotal, los hijos de Leví (v.3), contra los que había lanzado los mayores reproches por

su infidelidad. Yahvé va a actuar como fuego y como lejía para lavar y acrisolar los valores de la

clase sacerdotal, de forma que subsistan sólo los que son dignos y fieles a su ministerio. Sólo así

podrán presentar sus oblaciones en justicia, e.d., con las debidas disposiciones morales en consonancia

con su misión. La purificación de la clase sacerdotal será seguida de la purificación

de toda la sociedad judía, que estaba llena de hechiceros, adúlteros y perjuros y de opresores de

los débiles y desvalidos. Es la contestación a las impaciencias de los fieles que se quejaban del

triunfo de los pecadores e impíos.

Los diezmos y primicias para el templo (6-12).

6 Porque yo, Yahvé, no me he mudado, y vosotros, hijos de Jacob, no habéis fenecido,

7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis preceptos, no los

habéis guardado. Volveos vosotros a mí y yo me volveré a vosotros, dice Yahvé de

los ejércitos. Pero vosotros decís: ¿En qué hemos de volvernos? 8 ¿Puede el hombre

robar a Dios? Pues vosotros me estáis robando y decís: ¿En qué te robamos? En los

diezmos y en las primicias. 9 Malditos seréis de maldición, porque me estáis robando

la nación toda entera, 10Traed íntegramente los diezmos al alfolí para que haya alimentos

en mi casa, y probadme en esto, dice Yahvé de los ejércitos, a ver si no abro

yo las esclusas del cielo y no derramo sobre vosotros la bendición sin medida. 11 Ε

impediré que la langosta os aflija, devorando los frutos de la tierra; y las viñas de los

campos no os serán estériles, dice Yahvé de los ejércitos. 12 Todas las gentes os llamarán

dichosos, porque seréis una tierra de delicias, dice Yahvé de los ejércitos.

El profeta pone en boca de Dios su carácter inmutable respecto de su pueblo en cuanto a mantener

las promesas y a castigar a los culpables. Yahvé es el mismo de las promesas antiguas, pero

también el controlador de su justicia (Yo no he mudado); y prueba de que Yahvé no abandona

sus promesas es que los israelitas, como nación, a pesar de las muchas prevaricaciones, no

han fenecido (v.6). Toda su historia ha sido una historia de prevaricación; sin embargo, Yahvé

los invita a la penitencia (ν.7). Pero es necesario que cambien de conducta y no defrauden a

su Dios, negándole los diezmos y primicias del templo. Las contribuciones obligatorias para el

culto constituían la parte de Yahvé 2, y, por tanto, al no entregarlas, era defraudarle en sus derechos

(v.8).

Es necesario que enmienden su conducta si aspiran a participar de las bendiciones de su

Dios. Si de veras cumplen sus obligaciones cultuales, la tierra se verá favorecida con la lluvia y

libre de las plagas de langostas, y todos los habitantes serán llamados dichosos por las gentes, ya

que habitarán en una tierra de delicias (v. 10). En la nueva alianza en tiempos de Nehemías, la

comunidad se comprometió a cumplir sus obligaciones de aportar los diezmos y primicias 3.

Dios retribuirá α los que le son fieles (13-18).

13 Vuestras palabras contra mí son insoportables, dice Yahvé. Decís: ¿Qué hemos

hablado contra ti?14 Dijisteis: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha guardar

sus preceptos y caminar en duelo en presencia de Yahvé de los ejércitos? 15 Ahora

llamáis dichosos a los soberbios y prosperan los malhechores, y los que provocan a

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Dios quedan impunes! 16 He aquí lo que unos a otros se dicen los que temen a Yahvé.

Y Yahvé ha prestado atención y ha oído, y ha sido presentado ante El un memorial

en favor de los que temen a Yahvé y reverencian su nombre. 17 Será para mí, dice

Yahvé de los ejércitos, el día en que yo me ponga a hacer posesión propia, y me llenaré

de indulgencia hacia ellos, como indulgente es uno para el hijo que le sirve. 18

Entonces mudaréis de parecer, y echaréis de ver la diferencia entre el justo y el malvado,

entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

De nuevo el profeta sale al paso de las consideraciones insultantes de los que se quejaban de la

providencia de Dios al permitir la prosperidad de los impíos. Llegará pronto el día en que se

hará justicia al bueno y justo, que será tratado por Dios como un hijo predilecto. La prosperidad

actual de los pecadores es engañosa, porque no conocen lo que les espera. La situación actual

tendrá pronto fin, y Dios retribuirá a cada uno según sus obras. Entonces los buenos mudarán

de parecer sobre las permisiones de la providencia de Yahvé.

1 Sobre el sentido de Ángel de Yahvé en el A.T. véase F. CEUPPENS, Theologia Bibli~ ca: II. De Sanctissima Trinitate (Roma 1949)

p.105. El P. Lagrange cree que la expresión Ángel de Yahvé aplicada a Dios es una redundancia, debida a retoques eruditos teológicos

posteriores para salvar la trascendencia de Yahvé. Véase su artículo L'ange de Yahvé: RB

2 Cf. Núm 18:83.20; Dt 18,1s.

3 Cf. Neh 10:383.

4. El Castigo de los Pecadores.

El día de Yahvé (1-6).

1 (19) Pues he aquí que llega el día, ardiente como horno, y serán entonces los soberbios

y obradores de maldad como paja, y el día que viene le prenderá fuego, dice

Yahvé, de suerte que no les quedará ni raíz ni follaje. 2 (20) Mas para vosotros, los

que teméis mi nombre, se alzará un sol de justicia que traerá en sus alas la salud,y

saldréis y brincaréis como terneros (que salen) del establo, 3 (21) y pisotearéis a los

malvados, que serán como polvo bajo la planta de vuestros pies, el día en que yo me

pondré a hacer, dice Yahvé de los ejércitos. 4 (22) Acordaos de la Ley de Moisés, mi

siervo, a quien di yo en Horeb preceptos y mandatos para todo Israel,5(23)He aquí

que yo enviaré a Elias el profetantes que venga el día de Yahvé, grande y terrible. 6

(24) El convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los

padres, no sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema.

El día del juicio es purificador para Judá, pero exterminador como horno ardiendo para los

pecadores (V.1/19) 1. Será el día de la gran separación entre justos y pecadores. Para los primeros,

el día de Yahvé será un sol de justicia, e.d., una nueva aurora prometedora de justicia y

equidad, pues traerá en sus alas la salud. El sol naciente de justicia es comparado a un ave de

buen augurio que trae la salud a los justos. En Sal 139:9 se habla de las alas de la aurora. El sol

era representado en los monumentos como un disco alado. Los justos triunfarán plenamente, lo

que supondrá la humillación de los pecadores (v.3/21).

El v.4/22 parece glosa posterior para encarecer la observancia de la Ley mosaica. La

mención del monte Horeb como lugar donde se dio la Ley a Moisés, parece insinuar que el autor

alude al Deuteronomio como conjunto legal 2.

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El v.23 parece un eco de 3:1, donde se habla de un ángel de Yahvé que prepara el camino

del día de Yahvé, su manifestación punitiva y discriminadora. Este ángel es Elías el profeta revivió,

que será el precursor del día de Yahvé, grande y terrible. Según la tradición, Elías había

sido trasladado vivo en un carro de fuego al cielo. Este hecho dio origen a una expectación en

torno a Elías, que se refleja en la literatura apócrifa judía, de la que participaban los discípulos de

Jesús y los judíos que iban a oír la predicación de Juan en el Jordán. Los evangelistas reiteradamente

dicen que esta profecía de Malaquías se cumplió en Juan el Bautista.

En efecto, según Malaquías, una de las misiones de Elías será trabajar por la reconciliación

de la sociedad: convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a

los padres (v.6/24). En la mente del profeta, la misión de Elías es preparar moralmente a la sociedad

antes de la aparición del día de Yahvé, para aminorar las proporciones de la catástrofe

como consecuencia de la intervención justiciera de Dios sobre los pecadores: no sea que venga

yo y entregue la tierra toda al anatema o exterminio.

Los evangelistas han visto el cumplimiento de la profecía en la misión de Juan el Bautista,

predicando la penitencia a orillas del Jordán. San Lucas es el que nos da la verdadera clave

para interpretar la misión del Bautista: “caminará delante del Señor (son palabras del ángel a Zacarías)

en el espíritu y poder de Elías, para reducir los corazones de los padres a los hijos, y los

rebeldes a los sentimientos de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” 3

En Mt 11:10, Cristo dice a propósito del Bautista: “Este es de quien está escrito: He aquí

que yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que preparará tus caminos delante de ti.” La cita

es de Mal 3:1. Por otra parte, en Me 1:2 se unen las profecías de Mal 3:1 y de Is 40:3: “He aquí

que envío delante de mí a mi ángel, que preparará tu camino. Voz de quien grita en el desierto:

Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos.”

Según Mt 11:14, Jesús declaró solemnemente que Juan “es Elías, que ha de venir.” Más

tarde, cuando los discípulos le ponen la cuestión concreta sobre el advenimiento de Elías, dice

enigmáticamente: “Elías en verdad está para llegar y restablecerá todo. Sin embargo, yo os digo:

Elías ha venido ya y no le reconocieron. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de

Juan Bautista.” Jesucristo, pues, al explicarles el misterioso advenimiento de Elías, indica que,

más que de su persona, se trata de su misión de precursor, como lo había anunciado Mallaquías,

y, en efecto, su misión era la de restablecer todas las cosas en orden a preparar la manifestación

del Mesías. Y después recalca que el protagonista de esta misión,, que encarnó en espíritu y fuerza

de Elías, ya apareció; fue el propio Bautista, que preparó los caminos del Mesías, como culminación

del profetismo.

Elías, pues, ya apareció encarnado en el Bautista, y no es necesario esperar su advenimiento.

En el contexto de Mal 4:5 no se trata del juicio final del mundo, sino del juicio discriminativo

de Yahvé sobre justos y pecadores antes de la inauguración de la era mesiánica. Los profetas

apocalípticos habían hablado de este juicio aparatoso contra las naciones paganas y contra

los pecadores. El Bautista habló del bieldo en manos de Dios para purificar su era Y Jesús habló

del juicio que cada uno se otorga al tomar una actitud de aprobación o reprobación de la doctrina

de Jesús: “El que cree en El, no es juzgado; el que no cree, ya está juzgado, porque no creyó

en el nombre del unigénito Hijo de Dios.4

1 En los LXX y Vulgata comienza un cuarto capítulo. — 2 Cf. Dt 1:6; 4:10; 5:2. — 3 Cf. Le 1:17. — 4 Jn 3:18.